Serie Terminada: The Americans

Allá por 2013 vimos el piloto de The Americans y lo añadimos a la lista para ver pues la serie prometía. Tras seis temporadas terminó este año, así que la vimos del tirón. Y la verdad es que me ha provocado sensaciones enfrentadas. Aún estoy asimilándola. OJO SPOILERS.

La serie se ambienta a comienzos de los años ochenta, en los últimos coletazos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS. Conocemos a Elizabeth y Philip Jennings, una pareja con dos críos adolescentes que tienen una agencia de viajes y viven en las afueras de Washington. La típica familia estadounidense. Solo que en realidad son Nadezhda y Mischa, dos espías soviéticos entrenados para infiltrarse en la sociedad americana. Sus hijos sin embargo desconocen su secreto, y sí que han nacido en Estados Unidos. Así, The Americans arranca con el día a día de esta familia, con su tapadera, con sus misiones ordenadas por Moscú y con la llegada de un nuevo vecino al barrio, Stan Beeman, que resulta ser agente del FBI de contraespionaje.

A lo largo de sus seis temporadas los Jennings se mueven en la cuerda floja entre dos mundos: el familiar como agentes de viaje, padres de familia y amigos de su vecino; y el del servicio a su país con sus seudónimos, pelucas, muertes, robos de información y operaciones secretas.

Las ficciones sobre el espionaje siempre han sido un filón. Ahí lleva años la saga de James Bond en el cine, John le Carré con sus novelas o Alias, 24 y Homeland en la pequeña pantalla. En The Americans sin embargo no vamos a encontrar el lujo de James Bond con persecuciones y yates, coches descapotables y lugares exóticos, tampoco la acción de Alias, ni el ritmo frenético de 24 o los juegos psicológicos de Homeland. Mantiene la esencia de la clásica historia de agentes dobles, pero con un ritmo mucho más reposado y tramas que se dilatan a lo largo de toda la temporada. En parte tiene sentido, ya que la misión de los Jennings es a largo plazo, no se trata de entrar en un edificio, hacerse con un objeto y salir (que también), sino de crear unos personajes, entablar relaciones, conseguir información poco a poco y volver a empezar.

La época en que se ambienta también contribuye a este ritmo pausado. Ahora un espía contaría con tecnología microscópica y con otros métodos para llegar a la información. Y con teléfonos móviles encriptados, nada de cabinas. Lo mismo para la contrainteligencia. En la actualidad un agente del FBI cotejaría unas fotografías en la base de datos con unos segundos, mientras que en los 80 había que hacer un retrato robot y navegar entre miles de archivos.

La Guerra Fría es un escenario perfecto. La estética de los 80 y su música le dan un toque nostálgico a todo. Así, si intercalamos hechos reales con unos personajes ficticios, tenemos un relato más que interesante. El creador, Joe Weisberg, fue oficial de la CIA, así que tenía material con el que trabajar sobre el funcionamiento de los servicios de inteligencia de la época. Además, se basó en notas del libro del agente del KGB, Vasili Mitrojin, y en anécdotas de agentes del FBI. Pero el detonante que le inspiró para los protagonistas fue un caso de 2010 en el que Donald Heathfield y Tracey Foley, que fueron detenidos por el FBI ante la atónita mirada de sus hijos que no entendían nada. Eran dos espías rusos (también conocidos como “ilegales”) que tomaron la identidad de dos bebés muertos en Montreal en los años 60, tuvieron dos hijos en Toronto en los 90 y emigraron a Boston tras un breve paso por Francia.

Y es que, en realidad, aunque haya referencias políticas y el espionaje como hilo conductor, The Americans no pretende hacer crítica sociopolítica, sino que es un drama sobre la familia. Bien es cierto que podríamos decir que los Jennings tienen dos familias: por un lado la Madre Patria y por otro la falsa que han construido en EEUU que incluye a unos hijos que son muy reales y que están en plena adolescencia. Los infiltrados han de compaginar en su día a día las dos facetas y conseguir un equilibrio a la vez de que una parcela no influya en la otra. Algo que no es nada fácil, pues sus misiones son cada vez más exigentes con más problemas y tensiones que tensan la cuerda. Los veremos discutir por la forma en que educar los hijos en plena misión, por ejemplo. Estos altibajos y crisis repercuten en su estabilidad emocional, sobre todo en Philip.

Philip es profesional en sus misiones y cumple con lo que se le exige, pero se le ve sufrir. En más de una ocasión se le ve hacer de tripas corazón cuando ha de aprovecharse de alguna fuente/víctima. Representa la dualidad de la obligación de su trabajo y sus sentimientos, más patentes cuando hablamos de su faceta como padre y marido. Philip ama a sus hijos y con el tiempo también a su falsa esposa, una mujer mucho más fría y pragmática para la que la Madre Rusia es su prioridad. En cualquier caso, ambos forman un buen tándem a pesar de lo complicado de su relación y los vínculos que cada uno tiene fuera del matrimonio. Y funcionan mejor cuando están bien el uno con el otro. Son espías, sí, pero tienen debilidades, no se nos presentan como unos personajes arqueotipados, sino como personas con sus sentimientos y dilemas.

Así que aquí es donde me despistó la serie. Yo esperaba una historia de espías, de intrigas, de acción, de topos y de identidades falsas y en realidad eso es lo que menos peso tiene en The Americans. Además el ritmo, los silencios, la contención de emociones, las escenas de diez minutos sin diálogo, los cortes en las conversaciones a medias… es algo que no es para todo el mundo. Sí que es verdad que la tensión va creciendo a medida que pasan las temporadas, sobre todo con la hija mayor creciendo y haciendo preguntas y quizá las mejores temporadas sean las centrales. De hecho en la cuarta se acabó con varios personajes (Martha, Nina, Arkady Ivanovich, Oleg…) cerrando una etapa.

A partir de la quinta temporada todo se resquebraja poco a poco. Los guionistas ya sabían que la serie iba a concluir en la sexta y parece que quisieron eliminar flecos sueltos y reconducir la historia. La sexta comienza con un salto temporal de tres años. Se sitúa en 1987, cuando las relaciones entre Estados y la URSS comienzan a mejorar. Sin embargo, por el contrario, la de Elizabeth y Philip es cada vez más tensa. Él, superado emocionalmente por el estrés y su crisis existencial, está fuera del KGB. Al dejar atrás esa parte de su vida, el matrimonio está más distanciado que nunca. Philip se vuelca en su hijo Henry, que está estudiando fuera, mientras que Elizabeth estrecha lazos con Paige, que está en la universidad y entregada a la causa soviética.

En la temporada final, y sobre todo en el último episodio, The Americans ha sido fiel a sí misma. Yo me esperaba una conclusión frenética, con persecuciones, tiroteos y que muriera hasta el apuntador. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. The Americans no se reservaba giros espectaculares de guión. Por el contrario tenemos una huida lenta (de unos veinte minutos), sin apenas diálogos, acompañada por música que lo dice todo (ese With or without you de U2). Es un capítulo cargado de intensidad emocional: el abandono de Henry, el cara a cara con Stan poniendo las cartas sobre la mesa, la decisión de Page de no irse con ellos, la vuelta a un país que ya no conocen…

Sin embargo, aunque no haya un rastro de cadáveres o una vertiginosa acción, sí que hay una sensación de final, de pérdida. Porque Elizabeth y Philip (Nadezhda y Mischa de nuevo) a pesar de arriesgar todo y conseguir regresar vivos a la URSS, lo han perdido todo. Su familia ha quedado dividida y han de empezar de nuevo apoyándose el uno en el otro. “Nos acostumbraremos” dice Elizabeth. No tengo yo tan claro de que la estabilidad emocional de Philip le permitiera seguir adelante sin sus hijos. Aunque quizá en Rusia pudiera conocer a su hijo perdido. Y Elizabeth habría caído con la Unión Soviética. Pero nunca lo sabremos, igual que nos quedará la duda de qué pasa con Henry o Page o si la mujer de Stan también era del KBG.

Porque al final todo eso es irrelevante. Lo importante era el camino de ida y vuelta que han hecho estos dos personajes. La historia de espías era mero entretenimiento. Pero hay que reconocer que aunque lenta, tiene una detallada ambientación, una muy buena selección musical, una fotografía muy cuidada y una tensión que parece que no está, pero que va aumentando poco a poco.

En definitiva, volviendo la vista atrás y pensando en global, la serie me ha gustado. Pero claro, venía de Orphan Black, una serie mucho más dinámica, con otro pulso y me ha costado tomar perspectiva. The Americans es para verla reposada, observando cada detalle y prestando atención a cada diálogo y silencio.

Nueva serie a la lista “para ver”: Patriot

Patriot es una serie de espías. Pero no hablamos de espías tipo James Bond donde el protagonista lleva a cabo sus misiones sin fallos, sin despeinarse, sin estrés ni tensión. Por el contrario, esta serie de Amazon, se aleja del mundo de glamour, de las fiestas en yates de altos mandatarios y nos presenta el espía antihéroe.

John Tavner, agente de inteligencia y veterano de la guerra de Irak, está fuera del mundo de los espías mientras intenta superar su estrés postraumático. Para ello se ha ido a vivir a Ámsterdam, donde pasa sus días fumado y componiendo canciones folk que revelan demasiado sobre su pasado. Pero hay una nueva misión, y su padre, Tom Tavner, que además es el Director de Inteligencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos, considera que John es la persona idónea para encargarse de ella.

El encargo es boicotear la carrera armamentística nuclear de Irán y, para ello, John debe infiltrarse en una empresa de tuberías industriales de Milwaukee que sirve como perfecta tapadera ya que tienen negocios con el país de Oriente Medio. Y aquí ya la serie rompe todos los esquemas. No tenemos un salto temporal donde el protagonista está ya en posición listo para derrotar a los malos y salir victorioso de la misión; sino que vemos cómo ha de hacerse pasar por ingeniero y conseguir superar la entrevista de trabajo para ocupar el puesto.

Todo este proceso de selección es una sucesión de excentricidades y momentos absurdos que nos dan una buena idea de lo que es Patriot. Es una serie que parece bebe del estilo de Fargo con un ritmo pausado y alternando los momentos de acción y violencia con otros de comedia negra. Además, hay que prestar mucha atención a la pantalla, pues su desarrollo no es lineal, sino que cuenta con una estructura plagada de saltos temporales que pueden descolocar si parpadeas.

John es un tipo triste, cabizbajo y parco en palabras, sin embargo, cuando las cosas se complican, no duda en tomar las medidas necesarias para cumplir su objetivo sin poner en peligro su identidad. Caiga quien caiga y con decisiones extremas e improvisadas. Así que sigue habiendo temática de espionaje, pero sin duda con una vuelca de tuerca, alejándose de Alias, Homeland, The Americans o 24Le da otra perspectiva al mundo de las agencias de inteligencia mostrando unos jefes incompetentes que a veces cometen errores que dejan al espía en una situación vulnerable y sin cobertura mientras se juegan la vida infiltrados.

Patriot es un thriller de acción en el que no falta violencia, tensión, tapaderas, chanchullos y enredos. Pero deja los clichés de lado y añade un acertado toque de humor negro. Sin duda, una serie original que supone una grata sorpresa en la parrilla televisiva.

La primera temporada cuenta con 10 capítulos y no cierra trama, sino que continúa en los 9 episodios de la segunda tanda.

Nueva serie a la lista “para ver”: Berlin Station

Berlin Station es una serie dramática de la cadena Epix creada por Olen Steinhauer, uno de los escritores de novela de espionaje más conocidos en la actualidad. Así que ya sabemos un poco por dónde van los tiros. Hablamos de una serie de espías, de la CIA contretamente. ¿Algo nuevo?

La trama gira en torno a Daniel Miller, un analista acostumbrado a los despachos que llega a la sede de Berlín para encontrar a Thomas Shaw, una especie de Snowden o Julian Assange que ha filtrado información confidencial a la prensa. El protagonista tendrá que adaptarse al trabajo de campo, con los peligros y engaños que conlleva. En dicha tarea le ayudará el veterano oficial Hector DeJean, bajo el mando de Steven Frost, que es el jefe de la oficina berlinesa.

Parece que en Estados Unidos van abriendo su abanico de escenarios y ya no se limitan al territorio nacional. Y en estos casos Europa va cobrando importancia. Ya ocurrió en 24 live another day, centrada en Londres; o Homeland, también en Alemania. Este cambio le aporta una estética diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en las series estadounidense y la ciudad pasa a ser un personaje más. Sus barrios, sus calles, su gente, sus costumbres…

También es algo más lenta de lo que suelen ser las series de espías, aunque quizá solo sea el piloto, que es un capítulo para presentar la trama, los diferentes personajes y el conflicto. Quizá a eso se deba que no tenga un ritmo frenético, aunque crea atmósfera e intriga. Desde luego no es un 24 o un Alias.

Aún así, a pesar de esta lentitud, hay que prestar atención, puesto que está lleno de subtramas y detalles que abren numerosas puertas creando diferentes hilos que supongo que se irán hilando a lo largo de la temporada. Así pues, habrá que continuar con los episodios para descubrir a qué nos llevan todos estos secretos filtrados y cómo se desarrolla Daniel en una ciudad en la que vivió de pequeño y a la que vuelve ahora con una misión.

De momento a mí me ha convencido. Claro que me das una serie de espías, conspiraciones y además basada en Alemania, y me enganchas.