Balcanes XII. Rumbo a Split

Abandonábamos Zagreb y poníamos rumbo a Split, la principal ciudad de la región de Dalmacia, la capital del condado de Split-Dalmacia y la segunda ciudad con más habitantes del país después de la capital. Asimismo es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático. También es un centro cultural y turístico importante gracias a sus playas y a la ciudad antigua declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

En la época de la Antigua Roma Dalmacia era una de las provincias del Imperio. En Salona, la que fuera su capital, y hoy conocida como Solin, nació en familia humilde un niño que se convertiría años después en el emperador romano Diocleciano. De mayor, este emperador que fue el primero en abdicar (en Maximiliano), se hizo construir un palacio en su tierra natal para retirarse. Al final solo vivió en el tres años, pues se acabó suicidando, pero siguió ocupado durante 300 años por sus sucesores.

La construcción, a pesar de haber nacido con una función residencial, tenía un corte militar y resultaba prácticamente inexpugnable. Así pues, cuando a principios del siglo VI los bárbaros arrasaron Salona, la gente se refugió en su interior convirtiendo el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo en la catedral de la ciudad.

Entre el 812 y 1089 Spalato (el nombre latino de Split) estuvo bajo el dominio del Imperio Bizantino, aunque conservó cierta autonomía.

A comienzos del siglo XII pasó a manos húngaras, pero seguían con ciertas concesiones, pues podían redactar sus propias leyes municipales e incluso acuñar su propia moneda. También respetaron la autonomía los venecianos, quienes llegaron en 1420, aunque quedaban bajo el control de un gobierno municipal dirigido por un príncipe-capitán veneciano. Esta etapa fue la más próspera, gracias en parte a que muchas familias venecianas de la aristocracia se mudaron a la ciudad y esta fue expandiéndose más allá de las murallas.

En 1797 Napoleón disolvió la República de Venecia y Spalato pasó a manos austriacas. En 1809, tras la Batalla de Wagram quedó bajo el dominio francés formando parte del Reino napoleónico de Italia. Más tarde se integraría en las Provincias Ilirias. Poco a poco, con los últimos movimientos, la población italiana fue disminuyendo a medida que aumentaba la croata.

Cuando el Imperio Austrohúngaro desapareció, Dalmacia se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1919 Spalato fue renombrada oficialmente en croata como Split.

Con la invasión de Yugoslavia por parte de los ejércitos del Eje, fue ocupada por Italia en abril del 41 y en mayo pasó a pertenecer a la Gobernación de Dalmacia del Reino de Italia. Fue liberada en septiembre de 1943 por las brigadas de Tito, aunque una semana más tarde quedó ocupada por el Estado Independiente de Croacia, de corte fascista. Fue finalmente recuperada por los partisanos el 26 de octubre de 1944 convirtiéndose en la capital provisional de Croacia hasta el fin de la guerra.

Entre 1945 y 1990, Split fue el centro administrativo de Dalmacia.

Hoy, a unos 400 kilómetros de la capital, es una de las principales ciudades para visitar en el país, no solo por su casco histórico y sus playas, sino porque también sirve como nexo para visitar las islas de Croacia gracias a los ferris que salen de sus puertos. También une Croacia con Italia gracias a la ruta con Ancona. Además del turismo, su economía se basa en la industria naval y en la viticultura.

Nosotros abandonamos Zagreb muy pronto, ya que teníamos el tren a las 7:35 de la mañana. El día anterior en Liubliana ya habíamos hecho compra para desayunar y picotear durante el viaje en previsión de poder aguantar las seis horas que duraría el viaje. Y la verdad es que se me hizo más ameno de lo que pensaba. El tren era bastante moderno y cómodo, además las vistas acompañaban.

Se trata de una ruta panorámica que pasa por zonas menos pobladas del país y atraviesa montañas. Cuando te quieres dar cuenta de repente aparece ante tus ojos la costa y en apenas unos minutos has llegado a Split.

Eso sí, la llegada no es muy glamurosa, puesto que la estación de tren claramente necesita un repaso, y no solo de pintura.

Hacía un calor horroroso y teníamos hambre, por lo que no perdimos mucho tiempo y nos fuimos en busca de nuestro apartamento, que estaba a unos 10 minutos de la estación. Bueno, realmente llamarlo apartamento era mucho, ya que realmente era un local en el bajo de un domicilio que había sido reacondicionado con fin meramente turístico. En un mismo espacio contábamos con dos camas, un sofá cama, un armario, una mesa con tres sillas y una cocina metida con calzador.

El baño sin embargo no estaba mal y tenía unas dimensiones algo más razonables.

Solo íbamos a estar una noche, así que no nos preocupaba mucho, pero la verdad es que para una estancia más larga habría sido claustrofóbico.

Nuestra anfitriona nos explicó dónde estaban las cosas en el pequeño apartamento y después nos mostró en un mapa los puntos más relevantes de la ciudad. Tras despedirnos de ella y de su madre, nos dirigimos a un supermercado para hacer algo de compra. No solo necesitábamos comida, sino que también queríamos dejar zanjado el desayuno y el picoteo del día siguiente, pues teníamos el bus bastante pronto también para Sarajevo. Y bastantes horas en la carretera.

Solucionamos la comida con una ensalada, unos paquetes de pasta fresca y tomate frito. No es que la cocina permitiera mucho movimiento, pero al menos nos daba la posibilidad de comer caliente.

Como habíamos madrugado y hacía demasiado calor para salir a la calle, decidimos echarnos un poco de siesta para reponer fuerzas, y salimos a recorrer la ciudad ya a media tarde.

Balcanes XI. Recorriendo Liubliana III

Seguimos caminando por la ribera del río valorando las opciones para comer. Como no queríamos perder mucho tiempo, pensamos que la mejor opción era buscar una panadería/pastelería. Encontramos un pequeño supermercado en que tenían una zona con bocadillos y este tipo de bollos de hojaldre tan típicos de la zona. Así que nos hicimos con un surtido, algo de beber y nos fuimos al Parque Zveza (Parque Estrella).

El alargado llevaba carne y estaba un poco especiado, con un toque picante. El de en medio sabía a pizza, pues llevaba una salsa de tomate con orégano (además de pollo) y el redondo era como una tartaleta de queso. Ricos y contundentes por unos 5€. De postre, acabamos las moras que nos habían quedado de media mañana, antes de que se nos pusieran malas.

Tras comer y descansar un rato las piernas, continuamos nuestra ruta, no sin antes dar una vuelta al parque.

En realidad el parque forma parte de la Plaza del Congreso (Kongresni trg), un lugar en el que han tenido lugar momentos importantes de la historia del país, como por ejemplo la proclamación de la independencia del gobierno austriaco-húngaro y el establecimiento del Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios en octubre de 1918, el discurso de Tito tras la II Guerra Mundial o la manifestación del 22 de junio de 1988 por la liberación de cuatro periodistas eslovenos que habían sido encarcelados por el ejército yugoslavo que marcó el inicio de la primavera eslovena y condujo a la declaración de la independencia de Eslovenia el 25 de junio de 1991.

La plaza fue construida en 1821 sobre las ruinas de un monasterio medieval capuchino. En ella se estableció el Congreso, de ahí su nombre, aunque lo cambió por Plaza de la Revolución (Revolucije Trg) durante el período comunista. En el lugar que se ubicaba el Congreso de 1902 a 1918, ahora se halla el edificio de la Universidad de Liubliana, la mayor y más antigua universidad eslovena (de hecho hasta la década de los 80 del siglo pasado que se inauguró la de Maribor, era la única).

Fue fundada tras la caída del Imperio Austrohúngaro ante la necesidad de crear una institución en la que se enseñase en esloveno. Hasta el momento los estudiantes tenían que desplazarse a universidades cercanas como Zagreb o Viena.

En el extremo opuesto se encuentra el edificio neoclásico Kazina, usado durante siglos como centro de la vida social de la clase alta de los habitantes de la ciudad.

A él se acudía para relacionarse, así como para ponerse al día con los acontecimientos del mundo político y literario. Contaba con cafetería, dos salas de juego para no fumadores, salas de lectura, sala de billar, un salón para 400 personas, cocina y dos comedores. A finales de siglo XIX se convirtió en el centro de la vida social de los alemanes que residían a la ciudad y fue su lugar de reunión hasta 1921, cuando el edificio fue tomado por el Partido Demócrata Yugoslavo Liberal. Pasó entonces a ser el punto de encuentro de la burguesía liberal eslovena.

Durante la II Guerra Mundial fue ocupado por soldados italianos y se convirtió en la sede de la provincia. Tras la contienda albergó una escuela de danza y acogió varias secciones de instituciones como los Archivos de la República de Eslovenia o el Instituto de Historia Reciente.

En 1954, cuando la distribución del Territorio Libre de Trieste finalmente dio a Eslovenia una salida al mar, se colocó frente al edificio un ancla de un barco italiano que fue hundido durante la guerra.

Al sur de la plaza, cerca del antiguo edificio del Congreso destaca el de la Orquesta Filarmónica Eslovena (Slovenska filharmonija).

Como consta en su fachada, tiene su origen en 1701 cuando se creó la Academia Philharmonicorum. Hacia finales de siglo sería sucedida por la Sociedad Filarmónica, en la que participaban Beethoven, Haydn o Brahms. El edificio, diseñado por Adolf Wagner en estilo neo-renacentista, es posterior. Data de 1891y se asienta sobre los cimientos del antiguo Teatro Estate (Stanovsko gledališče) que acabó destruido en 1887.

En la parte superior del parque nos topamos con más restos de las murallas de la ciudad de Emona. Y es que en la época romana la plaza era el lugar en que se encontraba el cementerio.

Frente a las ruinas se erige la Iglesia Ursulina de la Santísima Trinidad, un templo barroco que data de 1726.

En su diseño intenta aludir continuamente al simbolismo de la trinidad, haciendo un uso continuo del número 3. Así, la parte central de su fachada cuenta con tres hileras de ventanas, con dos grupos de tres columnas y el tejado hace tres aguas.

En 1927 siguiendo los planos de Plečnik para la replanificación de la plaza frente a la iglesia se colocó una copia de la Columna de la Santísima Trinidad (supuestamente creada por Francesco Robba en 1722). La original se conserva en el Museo de la Ciudad.

Y de la Plaza del Congreso nos dirigimos a otra plaza importante, la de la República (Trg republike), que se encuentra justo detrás. Es la plaza más grande de la ciudad y no es que destaque precisamente por su belleza, pero es el centro político, cultural y de negocios de Liubliana. Además, tiene un importante valor histórico y simbólico, ya que es donde se declaró la independencia del país en junio de 1991. Bautizada al principio como Plaza de la Revolución, fue proyectada en 1960 por el arquitecto Edvard Ravnikar en un espacio que había pertenecido a los jardines del Monasterio Ursulino.

Queda rodeada por las dos torres del Banco de Ljubljana y del edificio de oficinas TR3, el Centro Cultural y de Congresos (Cankarjev Dom) el centro comercial Maximarket y la Asamblea Nacional de la República Eslovena.

Además, en un lateral de la plaza hay varios grupos escultóricos. El Monumento a la Revolución del escultor Drago Tršar (Spomenik Revolucije) fue inaugurado en 1975 y según el autor representa un conjunto de encuentros, luchas y victorias revolucionarias.

Intentó contrastar el movimiento de masas frente a la opresión. Así, mientras el lado izquierdo simboliza la opresión de la nación a lo largo de su historia; por contra, en el derecho,como reacción a dicha opresión, el pueblo despierta y comienza la revolución. Aunque no es realista en su representación, sino que es abstracta, es una escultura socialista en su concepción, ya que en lugar de centrarse en el individuo lo hace el espíritu colectivo, en la fraternidad y unidad del pueblo representando a una sociedad con el puño en alto.

Cruzamos hacia el parlamento, junto al que se extiende un parque en el que se halla el sepulcro de los héroes nacionales.

En el mismo parque también podemos encontrar varias estatuas, así como el Museo Nacional de Eslovenia, en un palacio renacentista construido entre 1883 y 1885.

Nada más salir del parque llama la atención el edificio de la Ópera de Liubliana, construido entre 1890 y 1892 en estilo neo-renacentista y que alberga el Teatro Nacional, la Ópera y el Ballet de Liubliana.

A su inauguración se convirtió en un importante centro de la cultura nacional. Pero además de obras de teatro y ópera en esloveno, también acogió actuaciones en alemán hasta 1911 que se construyó el Teatro Drama. Durante la I Guerra Mundial cesó el programa de representaciones teatrales y tan solo se proyectaron películas. Fue después de ella, en 1919, cuando se recuperó el edificio para su función original convirtiéndose en la sede nacional de la ópera y el ballet.

Hoy cuenta con un amplio repertorio de óperas, ballets y conciertos. Además, acoge eventos sociales como recepciones o cenas de gala.

En su fachada destaca la entrada principal, adornada por un frontón triangular que descansa sobre columnas jónicas. En dicho frontón se pueden ver diferentes figuras relacionadas con el arte dramático, como querubines portando instrumentos musicales. Por otro lado, en los nichos de las fachadas laterales destacan las esculturas alegóricas de la Comedia y de la Tragedia, que quedan enmarcadas por cuatro medallones que simbolizan la épica, la tragedia, la ópera y la opereta.

Desde la ópera enfilamos la calle Cankarjeva, que era parte del paseo que conectaba el castillo con el parque Tivoli. Hoy es una de las principales arterias comerciales de Liubliana.

La calle nos llevó de vuelta a la plaza Prešeren, animada como siempre. Habíamos vuelto prácticamente al inicio de la ruta, pero aún nos quedaba alguna cosa por ver. Tomando el Puente Triple cruzamos el río hasta la Ribji Trg, una pequeña plaza en la que entre el siglo XVI y el XIX tenía lugar el mercado de pescado. Es aquí donde se encuentra la casa más antigua de Liubliana, la Polževa hiša, que fue construida en 1528. Sobre su entrada se conserva el escudo de armas de su propietario, Volbenko Posch, un rico comerciante que llegó a ser alcalde.

En el centro de la plaza hay una pequeña fuente de segunda mitad del siglo XIX. Aunque fue colocada en esta ubicación en 1981 desde un jardín cercano al castillo de Tivoli.

Volvimos sobre nuestros pasos para recorrer la margen del río tranquilamente descubriendo rincones que nos pudiéramos haber dejado durante la mañana y más que lugares, lo que nos sorprendió fue encontrar a un señor paseando una cría de avestruz. ¡DE AVESTRUZ!

Aún en shock continuamos paseando y cruzamos al Mercado Central, que nos lo habíamos saltado.

En sus aledaños ya no había tanto movimiento como por la mañana cuando lo pasamos de largo de camino al castillo, pero aún quedaban algunos puestos, sobre todo de artesanía, ropa y souvenirs, así que nos dimos un paseo tranquilo buscando qué llevarnos de recuerdo. Aunque parecía obvio que tenía que tener un dragón.

Teníamos los trenes de vuelta a Zagreb a las 14:45 (ya lo habíamos dado por perdido), a las 18:32 y a las 21:05. Como este último nos parecía muy tardío porque llegaba al destino casi a media noche, nos pusimos de límite las 6 de la tarde para estar en la estación. Aún eran poco más de las cuatro, pero nos quedaba por ver Metelkova mesto cerca de las vías, así que emprendimos el regreso tranquilamente para que nos diera tiempo y aún así llegáramos con soltura para recoger las mochilas antes de tomar el tren.

Pero antes de continuar, hicimos una parada en el parque Hrvatski trg, próximo a la iglesia católica de San Pedro (Cerkev Sv. Petra). No eran aún las cuatro de la tarde y el sol pegaba con fuerza. Dado que no llevábamos prisa, decidimos que era un buen lugar para sentarnos un rato.

Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad, pues parece que existe desde mediados del siglo XIII. No obstante, fue derribada y sustituida en 1733 por una nueva que mezclaba estilos barroco y neoclásico tardío y reconstruida en neo-barroco tras el terremoto de 1895. Sin embargo, este nuevo estilo no gustó, por lo que volvió a ser renovada entre 1938 y 1940 por el arquitecto esloveno Ivan Vurnik, siendo su mujer Helena la encargada de la decoración interior.

Tras la parada, seguimos nuestro camino hacia Metelkova, encontrándonos con la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ordenada construir en 1882 por orden de los lazaristas. De estilo neogótico, destaca su fachada de ladrillo rojo y su torre con el tejado verde.

Queda a tan solo unos pasos de la Ciudad Metelkova, un centro de creación artística un tanto peculiar.

Se ubica en un antiguo complejo militar austrohúngaro construido a finales del siglo XIX y empleado hasta 1911. Después, en 1945 quedó en manos del Ejército Popular de Yugoslavia, quien lo usó hasta la independencia en 1991. Un año antes se había formado la Red de Metelkova, un conjunto de más de 200 organizaciones asociadas en el Movimiento por la Cultura de la Paz y la No Violencia que pretendía que los cuarteles se emplearan con una finalidad creativa y pacífica. Y aunque el municipio en un principio valoró positivamente la propuesta e hizo algunas promesas, en la práctica no había un movimiento real y no parecía que se fuera a llevar a cabo. Más bien al contrario, pues iba a ser derruido. Así, cansados de esperar, la noche del 10 de septiembre de 1993 unas 200 personas pasaron a la acción y ocuparon el antiguo cuartel para evitar su demolición. Hay una placa incluso que lo recuerda. Desde 1995 el recinto se ha organizado de forma autogestionada y desde 2005 ha sido registrado como patrimonio cultural nacional.

Cuando accedimos al recinto nos encontramos con una pista de baloncesto y varios edificios llenos de pintadas y parece que no había más, pero supongo que tenía que ver más con las horas que eran, pues estaba todo cerrado.

Sin embargo, este centro cultural independiente alberga diversas actividades relacionadas con la música, el teatro, la escultura, la pintura, los cómics… Por ejemplo, acoge conciertos, actuaciones de DJs, representaciones, conferencias y otros eventos en los que actúan artistas de todo el mundo.

No obstante, pese a su reconocimiento no solo nacional, sino también internacional, Metelkova Mesto está continuamente amenazada porque se han construido algunos edificios de forma ilegal, por lo que hay continuas inspecciones y algún derribo que interrumpen eventos culturales. Además de los actos que puede haber por el día (y que nosotros no vimos), por la noche parece que se transforma en el alma underground de Liubliana.

Una pena no haber encontrado más ambiente que el color de los grafitis y extrañas obras de arte en nuestro paseo. Aún así, mereció la pena visitar este pequeño centro de producción cultural independiente que ha cambiado la rigidez de un cuartel por el colorido y la creatividad.

Seguía siendo pronto para volver a la estación, así que nos acercamos a un Aldi (que en Eslovenia parece llamarse Hofer) y compramos unos sándwiches y ensaladas para cenar, algo de beber, desayuno y provisiones para el día siguiente, pues tomaríamos un tren a Split a las 7 de la mañana y no llegaríamos hasta la hora de comer.

Con poco más que hacer y algo cansados, volvimos a la estación.

El edificio de la estación no es tan imponente como el de Zagreb, pero tuvo gran relevancia cuando fue construido en 1849 y el ferrocarril llegó a la ciudad uniéndola con Viena y Trieste.

Fue renovada en 1980 y ampliada entre 2008 y 2010, cuando se construyó un complejo de oficinas, comercios, un hotel y la nueva estación de autobuses. En el hall de entrada hay un mosaico en el suelo que representa el escudo de la ciudad con el castillo y el dragón y las palabras latinas Sigillvm Labici.

Recogimos las mochilas y cuando faltaba una media hora nos movimos de la sala de espera a nuestro andén, que estaba en la otra punta. Sin embargo, nos tocaría esperar bastante más, ya que parece que nuestro tren tuvo alguna incidencia y llegó con retraso. Con más de una hora y media.

Se nos hizo de noche, tuvimos que sacar las sudaderas para no quedarnos frías y abrimos una bolsa de patatas para que la espera se hiciera más llevadera. Cuando llegó el tren no continuó su recorrido, sino que la gente que venía en él tuvo que montar en uno que nos habían habilitado y abierto unos minutos antes. Por suerte nosotros nos pudimos sentar juntos en un compartimento antes que subiera la marabunta. Eso sí, este tren no era tan cómodo como el de la ida, se parecía más bien a los polacos que habíamos tomado el año anterior. Compartimos espacio con una señora que iba cargada como si estuviera de mudanza y llevaba un par de maletas grandes que debían pesar como un muerto. Ella no pudo subirlas al maletero y el chico que la ayudó casi acaba sepultado.

De nuevo, en la frontera tuvimos que enseñar dos veces el pasaporte, aunque esta vez el croata al ver la lectura que había hecho el esloveno, ni siquiera nos lo pidió, supongo que su comprobación electrónica le sirvió. Esta vez era tan de noche que no pudimos observar el paisaje y acabamos cenando en el trayecto, pues con el retraso la hora de llegada a Zagreb rondaría las once de la noche, y además teníamos que buscar el nuevo alojamiento.

Por suerte la llegada al nuevo piso era con código, por lo que nuestro anfitrión no nos tuvo que esperar. El apartamento tenía una distribución un tanto extraña con un baño partido en dos: por un lado el inodoro con un mini lavabo y por otro la ducha con otro mini lavabo. La cocina era pequeña y contaba con una nevera pequeña (y un cuadro de toros). Pero bueno, solo era para ducharnos y dormir, así que nos servía.

Guardamos la comida en la nevera, nos duchamos, preparamos la ropa y mochilas para el día siguiente y nos echamos a dormir, que tendríamos que madrugar para tomar el tren a Split.

Balcanes X. Recorriendo Liubliana II

Con nuestro tentempié de media mañana nos adentramos en el casco histórico, un laberinto de plazas y calles peatonales a cuyos lados sorprenden las fachadas de edificios barrocos y otros monumentos.

Tomando la plaza Cirilo y Metodio, a unos metros del mercado se erige la Catedral de San Nicolás (Stolnica svetega Nikolaja).

Diseñada en estilo barroco con dos capillas laterales y con forma de cruz latina, fue construida entre 1701 y 1706 en sustitución de un antiguo templo de estilo románico que ardió en un primer incendio en el siglo XIV y que, tras una reconstrucción en estilo gótico, volvió a quemarse en 1469. La cúpula fue construida más tarde, en 1841.

Para ser una catedral, no destaca especialmente por su majestuosidad. Lo más destacable quizá sean sus puertas, en las que está recogida la historia de Eslovenia.

Un poco más adelante, en el tramo ya conocido como Plaza Municipal (Mestni Trg), encontramos la Fuente de los Tres Ríos de Carniola, quizá el monumento barroco más famoso de la ciudad.

Realizada entre 1743 y 1751 por el escultor italiano Francesco Robba está inspirada en la fuente de la Plaza Navona de Roma. Realmente la que vemos hoy en día es una reproducción, ya que la original se conserva en la Galería Nacional. Conocida coloquialmente como la Fuente Roba por su autor, consta de obelisco de unos diez metros rodeado por tres figuras masculinas que representan a los tres ríos del país: el Sava, el Krka y el Ljubljanica. Cada una de ellas porta un cántaro y tiene un delfín a sus pies.

Un paso más allá se encuentra el Ayuntamiento de Ljubljana (Mestna hiša). Data de finales del siglo XV, pero tuvo que ser reconstruido tras el terremoto de 1621. Las obras se llevaron a cabo entre 1717 y 1719 y se le dio un nuevo aspecto barroco que debían estar restaurando, pues solo pudimos ver una bonita lona blanca tapando los andamios.

Así pues, con poco que ver en el ayuntamiento, seguimos paseando por el casco histórico entre casas barrocas, comercios y restaurantes.

A la altura de la calle Pod Trančo, la Mestni trg se va estrechando y se convierte en Stari trg, que nos conduce a la parte más antigua de la ciudad medieval.

Casi en el final de este tramo, se encuentra la fuente de Hércules, algo más pequeña que la de Robba. También es posterior, ya que se trata de una copia de la original barroca que quedó destruida a finales del siglo XVIII. Esta se colocó en 1991 poco antes de la independencia de Eslovenia.

Tomamos la Gornji trg (Plaza Alta), la calle en la que se encontraba una de las puertas de la Liubliana medieval. Hoy en día sin embargo, no queda nada de ella, tan solo un acceso al castillo. Cerca de esta subida se yergue la iglesia de San Florián, construida en 1672 en honor al patrón de los bomberos.

Paradógicamente, un siglo después quedó seriamente dañada como consecuencia de un incendio. Su aspecto actual se lo debe a la reconstrucción de 1934 del arquitecto Jože Plečnik.

Más adelante la calle se vuelve más residencial con casas de estilo medieval. Son construcciones más sencillas de dos plantas, tejados a dos aguas y con sus fachadas de colores.

Volviendo nuestros pasos hasta la iglesia de San Florián, giramos a la izquierda, donde nos encontramos con la Iglesia de Santiago (Župnijska cerkev sv. Jakoba).

Se trata de la primera jesuita del país, construida a principios del siglo XVII en el lugar en que con anterioridad había una antigua iglesia gótica perteneciente a los agustinos. El campanario es posterior, ya que fue erigido a principios del siglo XX después de que el anterior fuera derrumbado como consecuencia del terremoto de 1895. En la actualidad es la torre (de iglesia) más alta de la ciudad.

En un lateral, donde se encontraba un edificio anexo del colegio jesuita, hoy existe una plaza en la que se erige la Columna de María, construida en 1682 como agradecimiento a la virgen de haberles librado del asedio turco.

Al otro lado de la calle se encuentra el Palacio de Gruber (Gruberjeva palača), un palacio de estilo barroco tardío construido entre 1773 y 1781 que hoy alberga el Archivo Nacional de Eslovenia (Narodni Arhiv Slovenije).

Cruzamos el Ljubjanica gracias al puente de Santiago, que nos conduce al barrio de Krakovo, que en su día fue la periferia de Liubliana, ya que se encontraba fuera de la muralla. En este margen del río quedan restos arqueológicos del asentamiento de Emona.

Los romanos construyeron en el año 15 d. C. tras las revueltas ilirias una ciudad rectangular dentro de una muralla y durante los siglos posteriores, Emona tuvo un papel importante en la defensa de Italia. En el año 452 los hunos la devastaron y quedó empobrecida. Después pasó a manos de los visigodos, quienes prácticamente acabaron con ella. Poco a poco los ciudadanos de la ciudad migraron a otros lugares más inaccesibles y ciudades costeras, por lo que acabó quedando abandonada.

Hoy, gracias a la planificación de Plečnik, podemos ver partes de la muralla, alguna torre medieval y restos entre los edificios de la Liubliana moderna.

Seguimos nuestro camino hasta Križanke, que en su día fue propiedad de la Orden Teutónica los Caballeros de la Cruz (Križniki) de mediados del siglo XIII. Fue reconstruido en los años cincuenta del siglo pasado por – cómo no – Jože Plečnik y hoy es un instituto de diseño y fotografía, aunque también sirve como escenario para representaciones teatrales.

Cerca se encuentra el Pilar de Iliria, un monumento creado por el escultor Lojze Dolinar que siguió el diseño de Jože Plečnik. Este obelisco de 13 metros de altura se colocó en honor a las Provincias Ilirias y es el único monumento a Napoleón en toda Europa fuera de Francia. Fue colocado en el 120 aniversario dicha época (1809–1813) para agradecer de alguna manera que durante la ocupación francesa el idioma esloveno fuera respetado y considerado cooficial.

Está realizado en mármol e incorpora polvo de la tumba de un soldado francés. En un lateral cuenta con un retrato de Napoleón y en el otro de Iliria. Queda coronado por una luna creciente con tres estrellas.

Continuamos hasta la calle Gosposka, donde se erige el edificio de la Biblioteca Nacional y Universitaria (NUK).

Fue construida entre 1935 y 1940 según el diseño del arquitecto Jože Plečnik y alberga importantes manuscritos e impresos históricos así como ejemplares de las publicaciones editadas en Eslovenia. Frente a ella hay una pequeña plaza con una fuente en la que una figura masculina dorada descansa sobre una columna jónica.

En un lateral de la plaza se yergue el Palacio de Turjak (Turjaška palača).

Este palacio, también conocido como de Auersperg fue construido entre 1654 y 1658 con una estructura barroca aunque su fachada clasicista pertenece al siglo XIX. De manos privadas pasó a la ciudad y se convirtió en el Museo Municipal, recogiendo la historia de Liubliana desde finales de la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XIX.

Siguiendo por la calle Gosposka, a mano derecha sale la Novi Trg (Plaza Nueva), que nos conduce al río de nuevo y desde donde podemos alcanzar a ver el castillo en lo alto de la colina.

Esta plaza pasó a manos de la Orden de los Caballaros Teutones a principios del siglo XIII. Un siglo más tarde parece que comenzó a celebrarse el mercado en ella. Los siglos posteriores la ciudad siguió creciendo a su alrededor y se levantaron casas de madera que después fueron sustituidas por edificios de piedra que a su vez fueron reemplazados por hermosos palacios ya entre los siglos XVII y XVIII.

A lo largo de su historia la plaza se ha llamado de diferentes maneras. Por ejemplo, fue Neuer Markt durante época austriaca; después, en 1876 pasó a llamarse Turjaški trg oz. Auerspergplatz; en 1923 se renombró como Plaza de Karl Marx y finalmente en 1928 recuperó su nombre original (y actual).

Frente a la Biblioteca, cabe mencionar el edificio Lontovž, construido entre 1786 y 1790 por Jozef Schemerl. Actualmente alberga la Academia Eslovena de las Ciencias y las Artes, aunque en el pasado fue la sede de la Asamblea Provincial de Carniola.

Parece que Liubliana es una ciudad de fuentes, ya que junto a la orilla del río encontramos otra más para la colección, bastante más sencilla que otras que habíamos visto, eso sí.

Volvimos al paseo junto al Ljubljanica, donde asoman estrechas casas en tonos pastel apiñadas unas junto a otras.

A mano izquierda lo cruza el Puente de los Zapateros (Šuštarski most), diseñado por Jože Plečnik e inaugurado en 1931.

Aunque ya había otros puentes con anterioridad en ese lugar, uno de madera y otro de hierro fundido. En la Edad Media había que pagar tasas cuando se llegaba por agua a la ciudad, así que los artesanos intentaban trabajar y vivir en los puentes para así evitar los impuestos. En este en concreto a mediados del siglo XIX ubicaban los zapateros sus talleres, de ahí su nombre.

Y ya estábamos muy cerca de nuevo del bullicio del centro de la ciudad, y como era ya la hora de comer, tocaba hacer una parada para repostar.

Balcanes IX. Recorriendo Liubliana

Llegamos puntuales a la estación de Liubliana y lo primero que hicimos fue buscar las taquillas. Y vaya taquillas. Cuánta tecnología. No era un sistema tradicional de puerta con llave, sino que había que ir a una máquina. Tras elegir el tamaño deseado y pagar (metimos 3 mochilas y nos costó 3€), la máquina nos asignó un cubículo y nos imprimió un recibo con código de barras que serviría después para abrir la puerta.

Más ligeros comenzamos nuestra ruta. Eran las nueve y media de la mañana, pero el sol ya comenzaba a apretar. No quedaba ni una de las nubes que habían descargado en el día anterior.

Tomamos la calle Miklošičeva cesta hacia el centro. En ella encontramos la colorida Vurnikova hiša,  construida en 1921 en estilo nacional esloveno.

Recibe el nombre por el arquitecto que la diseñó, Ivan Vurnik, y hoy en día pertenece al Cooperative Business Bank. Parece que su interior está ricamente decorado con frescos y murales obra de Helena, mujer del arquitecto, sin embargo, no se puede visitar, por lo que nos quedamos con su exterior.

Prácticamente enfrente se erige la Iglesia Franciscana de la Anunciación (Frančiškanska cerkev), una iglesia que aunque fue pintada casi de rojo (el color de la orden), con el tiempo ha ido perdiendo tonalidad y parece rosa.

Construida en 1669 en sustitución de un antiguo templo, tiene planta de basílica del barroco temprano. Junto a ella se encuentra el monasterio, famoso por su biblioteca que contiene más de 70.000 libros, muchos de ellos incunables y manuscritos medievales.

La fachada de la iglesia preside una de las principales plazas de la ciudad, la Plaza Prešeren.

La plaza se halla en una antigua encrucijada medieval que suponía la entrada a la ciudad amurallada. Hoy es uno de los puntos más animados y atractivos de Liubliana, como pudimos comprobar al llegar a ella. Además, nos dejó sorprendidos. Hasta el momento la ciudad ni fú ni fa. Aunque apenas habíamos empezado a recorrerla, todo hay que decirlo. Pero el caso es que no llevábamos muchas expectativas. Teníamos en mente quizá algo del estilo de Bratislava: una ciudad pequeña, cerca de otras capitales de mucho más renombre e interés. Sin embargo, vaya sorpresa llegar a la plaza y descubrir el diseño abierto, la arquitectura de los edificios y el bullicio.

Fue diseñada por el arquitecto Jože Plečnik, quien además fue el artífice de muchos de los edificios modernos de Liubliana y recibe el nombre del poeta France Prešeren, cuya estatua podemos encontrar en un lateral. Este escritor fue el primero en escribir en esloveno y su poema “Zdravljica / Brindis” llegó a ser himno nacional .

El monumento fue colocado en 1905 y además de representar al célebre poeta del Romanticismo, también cuenta con una musa que porta una rama de laureles en la mano. Parece ser que se colocó tras un árbol para que el arzobispo franciscano no se escandalizase de la desnudez de la escultura.

La iglesia y la estatua comparten protagonismo además con varios edificios modernistas que me recordaron a la Gran Vía de Madrid, sobre todo por aquello de que no hay que perder detalle y mirar a las azoteas.

Por la calle que habíamos entrado, en la acera opuesta al complejo religioso destaca el edificio de 1903 hoy convertido en la Galería Emporium, un centro comercial .

Justo al otro lado del monasterio llama la atención el pequeño edificio blanco y verde. Tanto por su forma como por su ornamentación.

En la plaza se abre el Triple Puente, un peculiar paso de tres puentes que sobre el río Ljubljanica conecta la Liubliana histórica de la moderna. El central (Tromostovje) fue construido en piedra en el año 1842 para reemplazar al Puente Inferior, un puente medieval realizado en madera de vital importancia, pues conectaba las tierras del noroeste de Europa con el sur de Europa y los Balcanes.

Entre 1929 y 1932, siguiendo las indicaciones del arquitecto Jože Plečnik, se construyeron dos puentes adicionales a los extremos, para así descongestionar la plaza y dar paso a los peatones (desde 2007 son los tres peatonales). Se sustituyeron las rejas de metal del puente central y se colocaron balaustradas a juego en los tres, además de lámparas. En 1992 fueron renovados.

Con los dos palacios neo-renacentistas, el Puente Triple nos conduce al casco antiguo, pero esa parte de la ciudad la dejaríamos para más adelante. De momento tomaríamos la calle Petkovškovo nabrežjem, que sale detrás de la estatua de Prešeren junto al edificio blanco de estilo clasicista.

Tomamos el margen del río, una animada zona plagada de terrazas de restaurantes entre las que se intercalan varios conjuntos de esculturas de animales.

El paseo permite asomarse al río y ver todo el margen opuesto, ocupado casi en su totalidad por el edificio blanco del Mercado Central (Trznica).

Diseñado también por Plečnik en la primera mitad del siglo XX, ocupa la mayor parte de la plaza. En él se pueden comprar los productos típicos de la gastronomía eslovena. Además también cuenta con bares y restaurantes.

Queda intercalado entre el Puente Triple y el Puente de los Carniceros (Mesarski most), una pasarela mucho más moderna que el primero con un suelo parcialmente de cristal y unos pasamanos con varias filas de cables de acero.

Este diseño permite la colocación de candados, por lo que hoy en día es conocido como el puente de los candados. Pero es que no solo están en las barandillas laterales, sino que incluso las esculturas que adornan el puente quedan ocultas y hay que intuir de qué se trata.

Parece que son ranas y peces, aunque el puente se llame de los carniceros. Y recibe este nombre porque es el lugar en que este gremio exponía sus mercancías.

Un poco más adelante llegamos al famoso Puente de los Dragones (Zmajski Most), que data de 1901 y supuso un gran avance arquitectónico para la época. Construido en hormigón armado, fue el primer puente de Liubliana levantado con este material (en lugar de usar piedra, que era más cara) y uno de los primeros en Europa.

En realidad, su nombre original era Jubiläumsbrücke o Puente del Jubileo, puesto estaba dedicado al cuadragésimo aniversario del gobierno del emperador Francisco José I de Habsburgo-Lorena. Sin embargo, pronto el nombre oficial cayó en el olvido y pasó a ser conocido popularmente como Puente de los Dragones por su ornamentación. En cada cabecera está presidido por las estatuas de dos dragones, símbolo de la ciudad a raíz de la leyenda de Jasón y los Argonautas. Según la fábula, Jasón, tras robar el Vellocino de Oro, cuando iba por el río Ljubljanica encontró a un dragón que tenía prisionera a una virgen. El héroe mató al monstruo y liberó a la chica.

Y no solo está en la entrada del puente, sino que hay una veintena de ellos distribuidos por toda su extensión.

Incluso hay unos pequeños en las bases de las lámparas de la balaustrada. Unas farolas que, en su día alimentadas por gas, son parte de la decoración original.

Hoy en día es considerado como uno de los puentes de Art Nouveau mejor conservados del mundo, así como uno de los símbolos de la ciudad.

Seguimos por la calle Kopitarjeva para dirigirnos al castillo, pero en el cruce con la calle Poljanska cesta nos sorprende un estrecho edificio conocido como Peglezen, construido a principios de la década de 1930.

Diseñado por el arquitecto Jože Plečnik fue declarado monumento cultural de importancia nacional. Tiene un diseño peculiar con una forma que recuerda a los flatiron, y ventanas diferentes en cada una de sus plantas. Mira a la plaza Krekov Trg, donde se encuentra la oficina de información turística.

Frente a él se erige el Teatro de Títeres, cuyo reloj cada hora en punto reproduce música a la vez que en la torre aparece con su yegua Martin Krpan, un popular héroe de los cuentos eslovenos.

Junto a su puerta hay una curiosa fuente de un canguro.

Pero no nos entretuvimos mucho, porque en el costado del edificio se encuentran las taquillas del funicular para subir al castillo y vimos que se acercaba un grupo de unos veinte italianos con su guía, así que apretamos el paso para que no nos tocara esperar mucho. El guía apretó también y por un momento pensamos que nos iba a adelantar, pero amablemente nos cedió el paso.

Se puede sacar billete de ida, de ida y vuelta, o de funicular + castillo. Nosotros dudamos si subir con el funicular y bajar andando, pero finalmente, por ahorrar tiempo y poder dedicárselo a la ciudad, sacamos el de ida y vuelta, que fueron 4€.

Cuenta con una cabina con capacidad para 33 personas. Afortunadamente no había aún mucha gente, por lo que solo nos tocó esperar a que se llenara uno. En el segundo ya nos metimos (con la mitad del grupo de los italianos). Apenas tarda un minuto en subir (lleva una velocidad de 3m/s) y es todo acristalado, por lo que permite tener unas vistas 360º.

Una vez arriba, podemos ver desde la cristalera la ciudad a nuestros pies.

Pero ya tendríamos ocasión de mirar hacia abajo. Dado que aún no había subido mucha gente, rápidamente nos dirigimos al interior para poder pasear por el patio del castillo sin tanta saturación. Lo primero que nos recibe es una especie de photocall con unas alas de dragón dibujadas donde te puedes hacer una foto como si fueras la Kahleesi.

El castillo de Liubliana es de origen medieval, aunque se ve claramente que ha sido restaurado recientemente. De hecho, hoy en día es incluso usado para eventos y convenciones. En verano por ejemplo en su terraza tienen lugar diversos acontecimientos culturales.

Fue construido entre los siglos XVI y XVII para defender el imperio de la invasión otomana y también de las revueltas campesinas.​ No obstante, los restos arqueológicos demuestran que el lugar ya fue habitado con anterioridad.  Es probable que la colina fuera usada como fortaleza por el ejército romano tras haberse asentado en ella los celtas e ilirios.

En los dos siglos posteriores fue reutilizado como arsenal y hospital militar y durante el XVIII pasó a ser prisión, función que siguió vigente hasta 1905 y retomada en la II Guerra Mundial.

La estructura del castillo se divide en la torre de los tiradores (usada como almacén de pólvora), la torre de Erasmo (que servía como prisión aristócrata y que recibe el nombre de Erasmo Jamski, quien consiguió escapar), la muralla de defensa (que conectaba las dos torres), la prisión, el Kasematten (donde se ubicaban los cañones), la capilla de San Jorge, la torre panorámica (en la que residía un guardia encargado de avisar si había un incendio), la galería S y la pequeña cisterna, la Sala de Armas (que también servía como establo, granero y vivienda de los soldados) y la Sala de Hribar (en honor al alcalde Ivan Hribar), la torre pentagonal (que funcionaba como entrada principal al patio del castillo), la Sala de Piedra y el patio.

Hay partes que son de acceso libre, mientras que para otras hay que sacar la entrada. Por ejemplo, pudimos visitar los pequeños calabozos, donde se conservan las puertas.

También pudimos acceder a la capilla dedicada a San Jorge.

De estilo gótico, fue consagrada en 1489, sin embargo, fue restaurada con posterioridad en estilo barroco y en 1747 se decoró con frescos. Es uno de los pocos ejemplos de lugar religioso que cuenta con imágenes profanas, porque no se añadieron santos o pasajes de la Biblia, sino los escudos de los gobernadores de la provincia.

Además de los 60 escudos de gobernadores provinciales también se hallan los de Carniola e Istria. En el centro del techo destaca el del condado esloveno y en el presbiterio el de cinco emperadores austriacos.

Para subir a la torre, donde se encuentra el museo virtual, sí que era necesaria entrada, por lo que dimos una vuelta al complejo, que no es excesivamente grande y salimos al exterior por la puerta principal, a la que se llega si se sube andando.

El acceso se hace a través de un puente que data del siglo XVII. Hubo un puente de madera que se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando el foso fue rellenado. Después, con las remodelaciones del siglo pasado, se intentó recuperar el carácter medieval y se recuperó el puente conectando la arboleda con el castillo.

Precisamente por la arboleda dimos una vuelta, para asomarnos desde lo alto de la colina y disfrutar de las vistas, pues el día estaba tan despejado que se podían divisar hasta las nevadas cumbres de los Alpes.

La zona estaba tranquila y tan solo se oía a lo lejos un cortacésped. Así pues, nos dimos un paseo y volvimos al castillo, encontrándonos en el camino un monumento al levantamiento campesino de un estilo totalmente soviético.

De vuelta en el interior, recorrimos el patio por su perímetro para poder ver la ciudad a nuestros pies.

Y con ello dimos por concluida la visita, así que, tomamos de nuevo el funicular. En un minuto estaríamos de nuevo en las taquillas.

Y ya había algo de hambre, así que nos dirigimos a la Plaza Vodnik, donde tiene lugar el mercado. Lleva el nombre de Valentin Vodnik, sacerdote, periodista y poeta esloveno, cuya estatua podemos ver en un lateral.

El edificio del Mercado queda detrás, pero no nos adentramos más allá, sino que dimos la vuelta a la pequeña plaza en la que estaban los puestos de fruta.

Pues en realidad nuestra finalidad era comprar unas moras para hacer el almuerzo mientras nos adentrábamos en el casco antiguo.

Balcanes VIII. Aproximación a Eslovenia

Tras el ajuste por las lluvias y con el billete sacado el día anterior, empezamos el día madrugando para tomar el tren de las 7 con destino Liubliana. Teníamos intención de dejar las mochilas en la estación, sin embargo, cuando llegamos apenas quedaban unos 5 minutos para que pasara el tren, por lo que decidimos probar suerte en destino. Casi ni nos daba tiempo a comprar algo para desayunar, pero había un kiosco en la estación, así que a la carrera antes de subir al tren nos hicimos con un croasán y un kolac zagorska zlevanka, que vendría a ser algo parecido a un bizcocho de yogur (o bollo de la abuela que lo llamamos nosotros) por 12 kunas.

Encontramos unos asientos libres y nos pusimos cómodos para el trayecto de dos horas y cuarto hasta Liubliana. Algunos consiguieron hasta echar alguna cabezada.

Liubliana es la capital de Eslovenia (ojo, no Eslovaquia, que a veces se confunde, quizá porque tienen el mismo origen etimológico: Republika Slovenija vs Slovenská Republika), también es la ciudad más poblada de este pequeño país de apenas 20.273 km² de superficie (Galicia tiene 29.574 km²). Ubicado entre Italia, Austria, Hungría, y Croacia, cuenta con una pequeña parte de costa que da al mar Adriático por el golfo de Trieste, a través del puerto de Koper/Capodistria, en la península de Istria. Lo que sí abundan son los bosques (algo que queda patente en el trayecto en tren), conviertiéndolo en el tercer país más boscoso de Europa, después de Finlandia y Suecia. La cercanía a los Alpes hace que quede protegida del viento.

Eslovenia se incorporó a la Unión Europea en el 2004 (y en el Euro en enero de 2007), por lo que no tendríamos ningún problema al pasar la frontera con el tren, tan solo tendríamos que enseñar el pasaporte a la policía fronteriza. Eso sí, dos veces. En primer lugar pasa la croata, que echa un ojo al pasaporte, te mira a la cara y sigue adelante. Y después la eslovena que, mucho más moderna, lleva un lector de pasaportes electrónico parecido a una PDA. Lo leen y si todo está correcto, te lo devuelven y continúan con el control.

Mientras avanzamos hacia Liubliana es momento para conocer algo de la historia del país.

En el siglo II a.C. habitaba en los Alpes Orientales el Reino de Noricum, un pueblo que mantenía relaciones cordiales con los romanos, a quienes les vendían hierro con el que luego fabricaban armas que estos usaban en sus guerras contra los celtas. En el año 16 a. C. se asociaron al Imperio Romano manteniendo cierta autonomía en cuanto a su organización social. Eso sí, esta unión favoreció la asimilación de la cultura romana.

En el siglo IV Noricum quedó dividido en Noricum Ripense y Noricum Mediterraneum. A la caída del Imperio Romano la primera de ellas fue invadida por tribus germánicas, mientras que la segunda mantuvo su estructura social y, tras la ocupación de los ostrogodos, declaró la propia independencia.

En el año 595 consta la existencia de un estado pagano conocido como Provincia Sclaborum, que más tarde se llamaría Carantania. En el 745 fue amenazado por los ávaros y para defenderse pidió ayuda a los bávaros, quienes antes tenían que pedir permiso a los francos (los protectores del cristianismo en Europa). Estos les dieron la autorización siempre que Carantania adoptara el cristianismo. Con el tiempo Carantania fue siendo algo más laxa en el ejercicio de la fe y los bávaros invadieron el país suprimiendo el gobierno pagano y volviendo a cristianizar a la población. Hacia el año 828 el Ducado de Carantania ocupaba el actual territorio de Austria y Eslovenia. Carantania se unió al Reino de los Francos, eso sí, mantuvo su propia ley y la posibilidad de proclamar su príncipe en lengua sobre la Piedra del Príncipe (algo así como los escoceses).

Durante el siglo XIV la mayoría de las regiones de Eslovenia pasaron a la propiedad de los Habsburgo cuyas tierras luego formarían el Imperio Austrohúngaro. Cuando durante las Guerras Napoleónicas se constituyeron las Provincias Ilirias, se estableció la capital en Liubliana. Pero tras la caída del Imperio Francés de nuevo volvió bajo el control de Austria-Hungría.

En 1848 surgió un movimiento conocido como “Primavera de las Naciones” por el que se reclamaba una Eslovenia unida dentro del Imperio. Cuando cayó la monarquía austro-húngara en 1918, como ya hemos visto, los eslovenos se unieron al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, más tarde Reino de Yugoslavia y tras la II Guerra Mundial República Federal Socialista de Yugoslavia.

Eslovenia se independizó el 25 de junio de 1991 tras un breve conflicto armado conocido como Guerra de los diez días. Desde entonces es una República parlamentaria con un sistema bicameral que cuenta con Asamblea Nacional y el Consejo Nacional.

Aunque es un país pequeño, se encuentra en una ubicación geográfica ventajosa comunicada con varios corredores de transporte europeos, algo que ha favorecido su integración social, económica y cultural en Europa. También cuenta con tres puertos importantes. El principal es del de Koper, construido en 1957, dedicado sobre todo al transporte de alimentos. los otros dos son los de Izola y Piran, centrados en el tráfico internacional de pasajeros sobre todo con Italia y Croacia. El de Izola además se usa para el desembarque de pescado mientras que el de Piran para transportar internacionalmente sal.

Su capital, ubicada en una llanura en el centro del país también está muy bien conectada. Por un lado gracias a su aeropuerto internacional a 26 kilómetros del centro; por otro por carretera, pues por autopista se puede llegar a Trieste y Venecia; Salzburgo y Múnich; Maribor, Graz, Viena y Praga; así como Zagreb, Budapest, Belgrado y la costa adriática. También es el centro de la red nacional de ferrocarriles sirviendo no solo de conexión con las principales ciudades del país, sino también internacionalmente. Existen cuatro líneas que unen la capital eslovena con el extranjero. Una de ellas conecta Alemania y Croacia gracias al eje Múnich-Salzburgo-Liubliana-Zagreb (la que tomamos nosotros), otra hace el recorrido Viena-Graz-Maribor-Liubliana, una tercera une Liubliana con las italianas Venecia y Génova y la cuarta conecta la capital eslovena con Budapest.

Hasta que llegó el ferrocarril era el río Ljubljanica la principal vía para el transporte de mercancías desde y hacia Liubliana. A lo largo de su cauce se han ido construyendo numerosos puentes con el paso del tiempo. Entre ellos destacan el de Šempeter (Šempetrski most), el de los Dragones (Zmajski most), el de los Zapateros (Čevljarski most), Šentjakob (Šentjakobski most), Prule (Prulski most), Trnovo (Trnovski most) y el Puente Triple (Tromostovje).

Pero no todo es bueno en esta ubicación geográfica, pues se asienta sobre una zona sísmica bastante activa debido a su posición al sur de la Placa Euroasiática. Así, el país está en la unión de tres zonas tectónicas importantes: los Alpes al norte, los Alpes Dináricos al sur y la Llanura Panónica al este. Varios terremotos han devastado Liubliana a lo largo de la historia, como el de 1511 o el de 1895.

Se cree que Liubliana deriva de Luba, que significa “amada”. Aunque los historiadores discrepan sobre el origen del nombre de la ciudad. Algunos piensan que proviene de una antigua ciudad eslava llamada Laburus.​ Otros aseguran que deriva de la palabra latina Aluviana e incluso de Laubach que significa “marisma”. De todas formas, la que más se transmite es la primera versión, y es que el romanticismo está muy arraigado en la literatura y la cultura del país. Así, los eslovenos gustan de llamar a Liubliana la ciudad del amor y de los dragones.

Según la leyenda griega, Jasón y los argonautas, tras encontrar el vellocino de oro emprendieron el regreso al Egeo por el Danubio. En determinado momento se desviaron al Sava, uno de sus afluentes, para acabar en la fuente del río Ljubljanica. Allí desembarcaron para trasladar el barco hasta el Adriático y así volver a casa. Sin embargo, entre Vrhnika y Liubliana en un gran lago rodeado de una marisma se encontraron con un dragón al que Jasón, como héroe mitológico que es, salvó. Desde entonces el dragón forma parte de la simbología de la ciudad y aparece en el escudo y la bandera de Liubliana.

Los orígenes de la ciudad parecen remontarse al año 2000 a. C. cuando la zona era habitada por pobladores que vivían de la caza, la pesca y la agricultura primitiva. Debido a su posición estratégica por allí pasaron otras tribus y pueblos como los vénetos, la tribu iliria de los Yapodi y, ya en el siglo III a. C., la tribu celta de los Taurisci.

A mediados del siglo I a. C. llegaron los romanos, quienes construyeron campamento militar y más tarde el asentamiento permanente de Emona (Colonia Iulia Emona). La población, que llegó a alcanzar las 5.000 o 6.000 personas, estaba conformada sobre todo por comerciantes, artesanos y veteranos de guerra. La ciudad estaba amurallada y seguía los patrones romanos, con su estructura viaria y sus edificios civiles. Hoy en día aún son visibles algunos restos de esta villa romana como el foro, la puerta norte, un cementerio, varias casas, parte de la muralla y un templo.

La ciudad decayó cuando lo hizo el imperio y fue destruida en 452 por los hunos y más tarde por los ostrogodos y los lombardos. En el siglo VI se instalaron los antecesores de los eslovenos, quienes cinco siglos más tarde acabaron bajo el dominio de los francos, al tiempo que sufrieron numerosos asaltos magiares.

Ya en el siglo XIII, en 1220, Liubliana adquierió el estatuto de ciudad y el derecho a acuñar su propia moneda. Poco después, en 1270, Otakar II de Bohemia conquistó Carniola, incluida Liubliana. Aunque tan solo ocho años pasó a la casa de Habsburgo y fue rebautizada como Laibach.

El siglo XVI fue una época de gran desarrollo humanista y literario. En 1550 se publicaron los dos primeros libros en lengua eslovena (un catecismo y un abecedario) y más tarde una traducción de la Biblia. A finales de siglo se instalaron los jesuitas y se crearon las primeras escuelas secundarias.

Un siglo más tarde llegaron arquitectos y escultores de otras partes de Europa, por lo que la ciudad pasó por un importante lavado de cara con toque barroco.

Tras cambiar de nacionalidad en varias ocasiones entre el siglo XIX y principios del XX, durante la II Guerra Mundial Liubliana quedó bajo el dominio de la Italia fascista y la Alemania Nazi antes de finalmente convertirse en la capital de la República Socialista de Eslovenia dentro de la Yugoslavia comunista.

La ciudad es pequeña, parecía que todo quedaba bastante concentrado, por lo que esperábamos que nos diera tiempo a verla en una excursión de un día.

Empezamos.

Balcanes VII. Recorriendo Zagreb IV: Ciudad Alta

Tras comer volvimos a la plaza del mercado y, de camino, nos topamos con la estatua de Petrica Kerempuh, una figura literaria que aparece en varias obras folclóricas.

Se halla en una plaza que lleva su nombre y en donde tiene lugar el mercado de las flores. Cuando llegamos a la plaza de Dolac, ya estaba completamente recogida y desierta. Las características sombrillas rojas ya estaban plegadas. Una pena no haber pasado en pleno bullicio cuando los puestos aún están montados para haber vivido de lleno el trasiego del mayor mercado de la ciudad.

Lleva funcionando desde 1930, cuando el Ayuntamiento decidió crear un mercado de abastos entre la Ciudad Alta y la Baja. La idea llevaba rondando desde principios de siglo, pero se descartó en diversas ocasiones. Para su construcción hubo que demoler varios edificios de la zona.

Al principio era algo local, pues acudían los comerciantes de los pueblos de los alrededores, sin embargo, con el tiempo se ha ido abriendo y hoy ofrece productos de todo el país. Consta de dos plantas y un entrepiso (construido en 1997). Los puestos de la plaza al aire libre se centran sobre todo en frutas y verduras, mientras que a su alrededor hay varias cafeterías, bares, locales comerciales, tiendecitas de recuerdos y artesanía, pastelerías y puestos de flores.

Además de esta plaza, se disponen puestos de productos cárnicos y lácteos en la zona baja. Por otro lado, uno de los laterales está dedicado a la venta de pescado y cuenta con unos mostradores que los vendedores pueden llenar de hielo para exponer su mercancía. Un sistema de refrigeración incorporado cinco años después de la inauguración del mercado. También estaba recogido, pero aunque había llovido, aún olía.

Bajo la plaza, hay otro mercado, el Tržnica Dolac, un mercado de abastos tradicional.

Se encuentra junto a una escalera en cuyo peldaño superior se halla la estatua de Kumica Barica, una escultura realizada en bronce que, representada como una campesina que porta un cesto en su cabeza, simboliza a todos los comerciantes de la plaza.

Cuando bajamos las escaleras no nos dimos cuenta, pero desde abajo se ve cómo hay dibujadas varias manzanas en los peldaños y una señora que parece haberlas recogido.

Claramente está hecho para que se vea desde esa perspectiva, antes de acceder al mercado.
En el altiplano que desciende hacia el antiguo extramuros de Kaptol se halla también la Iglesia de Santa María (Crkva svete Marije), de estilo gótico.

No es una iglesia especialmente llamativa, quizá donde más se dirige la mirada es al mural de la escalera.

Desde el mercado continuamos de nuevo hacia la animada calle Tkalčića, pues nos quedaba tarde por delante y sin embargo prácticamente habíamos hecho todo el recorrido que teníamos planificado. Nos había gustado el ambiente y la estética de la calle y había un tramo que no habíamos recorrido.

En esta parte de la calle destaca en el número 70 el restaurante-pastelería Ivica y Marica (Hansel y Gretel), cuya decoración exterior imita a la casa de la bruja del cuento con el tejado cubierto de chocolatinas.

En un parque, donde confluye la calle Tkalčića con la Kožarska encontramos la estatua de Marija Jurić Zagorka, quien fuera la primera mujer periodista croata. Además, es una de las escritoras más leídas en todo el país.

En el mismo parque además llama la atención un banco con el respaldo rematado con dos corazones, el símbolo de Croacia.

De vuelta, continuamos hasta la plaza principal de la ciudad, la Trg Bana Josipa Jelačića.

Le debe su nombre al Ban Josip Jelačić, el virrey que intentó derrotar al ejército húngaro en el siglo XIX para así conseguir independizarse del imperio. Aunque llevó a las tropas a una desastrosa batalla y no consiguió su propósito, está considerados un héroe nacional por abolir la servidumbre y convocar las primeras elecciones a las Cortes Croatas.

En el centro de la plaza se erige su estatua ecuestre, como no podía ser menos.

Realizada por el escultor austriaco Anton Dominik Fernkorn, fue colocada en 1866 y se mantuvo en su puesto hasta 1947, cuando Tito ordenó su retirada por considerar a Jelačić como “servidor de intereses extranjeros” y renombró la plaza como Plaza de la República. Fue recuperada después en 1990, aunque se ha girado hacia el sur, hacia donde ha seguido creciendo la ciudad, en lugar de hacia Hungría como estaba situada en un principio.

La plaza se construyó en el siglo XVII, cuando las autoridades de la ciudad la eligieron como lugar para celebrar las ferias, aunque por aquel entonces fue bautizada como Harmica según la palabra húngara que significaba “treinta”, pues ese era el importe del impuesto aduanero. Comenzó a cobrar protagonismo en 1830, una época en que las ciudades se abrían a las calles y largas avenidas que confluían en imponentes plazas. De aquella época datan también la mayoría de los edificios, aunque no por ello hay una representación homogénea de estilos.

Desde entonces ha sido el centro neurálgico de la ciudad y sirve de escenario para diversos acontecimientos sociales y en Navidad se llena de abetos, luces y decoración navideña. De ella salen o pasan varías líneas de tranvía, por lo que es muy transitada. El reloj sirve como punto de encuentro para sus lugareños. Algo así como el oso y el madroño en Madrid.

En la parte este de la plaza se descubrió la fuente Manduševac durante las obras de 1987. No destaca especialmente y puede pasarse por alto, pero está vinculada con el origen del nombre de la ciudad que ya comentamos y parece que se localiza sobre el manantial que suministró agua a la ciudad hasta finales del siglo XIX.

Abandonamos la plaza y volvimos a la Catedral Ortodoxa, pues cerca se encuentra Oktogon, un famoso pasaje comercial que conecta la Plaza Petar Preradović con la calle Ilica a través del edificio de la antigua primera Caja de Ahorros de Croacia.

En la fachada del edificio nos sorprendió una placa con un perro. Esta:

Recuerda a Pluto, un perro que, después de acudir un día hambriento a la obra donde se estaba levantando el banco y ser alimentado por los obreros, comenzó a dormir en la zona. Se convirtió en guardián de la construcción ahuyentando a los ladrones.

Cuando las obras estaban terminando fue asesinado, así que los trabajadores decidieron dedicarle un monumento. Hasta hace poco esta placa estaba en el patio interior, pero se decidió trasladar en 2013 a la fachada para que la historia se conozca y todo el mundo pueda verla.

Pero no encontrábamos la entrada al pasaje, pues pasa desapercibido totalmente por el tipo de edificio. Pero es que además estaba lleno de andamios, por lo que no pudimos ver su mayor atracción, la cúpula octogonal que le da nombre. Nos encontramos con un pasaje lúgubre y vacío.

Y como era domingo, todos los comercios cerrados. Uno de estos comercios es una famosa tienda de corbatas Kravata-Croata, otro de los símbolos de Croacia.

El origen de la corbata data de mediados de siglo XVII, cuando miles de soldados de lo que hoy es Croacia fueron a París para apoyar a Luis XIII. Estos llevaban su traje tradicional, que incorporaba al cuello una especie de pañuelo anudado al que llamaban hrvatska. La prenda parece que gustó a los franceses y bajo el nombre de cravate la incorporaron a los atuendos de los funcionarios. Después se extendería su uso y también la vestirían los caballeros de la corte. Poco a poco fue extendiéndose en las clases altas hasta el punto de convertirse en la insignia de la aristocracia en la Revolución Francesa.
En la actualidad, además de corazones, en toda Croacia se pueden comprar corbatas y el día 18 de octubre se celebra su día en muchas ciudades del país.

Tras la visita fracasada continuamos hasta la calle Bogovićeva, en busca de una de las esculturas más populares de la ciudad: el Sol Aterrizado.

Realizado por el artista Ivan Kozaric, se trata de una bola dorada que representa al sol. Dicho así no parece gran cosa, y menos viendo la cantidad de pintadas que tiene, pero la obra es interesante porque inició la creación de todo el sistema solar en Zagreb. Tras el sol, se fueron añadiendo los planetas por toda la ciudad siguiendo una escala de 1:680 000 000. Es decir, quedaría representado todo el sistema según las proporciones reales. Intentamos buscar varios planetas según las coordenadas, pero no los encontramos. No sé si quizá los han retirado debido a actos incívicos (como con el sol) o que fuimos unos negados de la observación.

Con otra desilusión a nuestras espaldas continuamos por la calle paralela, la Teslina ulica, donde nos topamos con una gran escultura de Nikola Tesla, inventor e ingeniero mecánico de origen croata (nació en Smiljan, pero luego se nacionalizó estadounidense tras emigrar a América).

Es todo un referente para los croatas y cada día el de más gente, que diría Matías Prats. Y es que aunque fue muy relevante en el pasado, ha quedado bastante olvidado hasta entrado este siglo. Parte de la culpa la tiene Tesla Motors, que usa su nombre además de una de sus creaciones por la cara porque las patentes han caducado. Aunque también tiene mucho que ver que se han ido descubriendo que muchas ideas no eran tan descabelladas como parecían. Incluso hay quien dice que predijo internet cuando pensaba en una forma de interconectar el mundo por medio de redes.

Descubrió e inventó muchas cosas, pero no siempre se llevó el reconocimiento. Por ejemplo, hasta 1943 no se le reconoció el invento de las transmisiones por radio, algo que se le venía atribuyendo a Marconi. Al parecer, aunque tenía muchas ideas, no siempre conseguía financiar sus inventos porque no se explicaba bien y apenas aportaba planos, pues estaba todo en su cabeza.

La calle Tesla nos conduce al extremo oriental de la herradura, que comienza con el Parque Zrinjevac, un área de recreo que recibe su nombre en honor al virrey croata, Nikola Šubić Zrinski.

En el centro se halla el pabellón de música, que en verano se usa como escenario de conciertos al aire libre, una costumbre arraigada desde el siglo XIX.

Cuenta además con la primera fuente de la ciudad, la Prva Zagrebačka Fontana, colocada tras la instalación de las tuberías en la ciudad en 1878.

Además, en uno de sus extremos se ubica un pilar meteorológico realizado en mármol y que muestra la presión, la temperatura y la hora. En el extremo opuesto pueden verse varios bustos de grandes figuras de la historia de Croacia.

A este parque le sigue otro, el Josip Juraj Strossmayer, donde se erige el edificio de la Academia Croata de las Artes y las Ciencias, fundada en 1866 bajo el nombre de Academia Yugoslava de Ciencias y Artes y con el obispo Josip Juraj Strossmayer como benefactor principal.

Llegados a este punto, si continuábamos la herradura, llegaríamos a la estación y muy cerca teníamos el alojamiento. Por un lado, apenas eran las cinco de la tarde, por lo que era pronto para volver al apartamento; pero por otro al día siguiente tendríamos que madrugar bastante para coger el tren de las 7 de la mañana, con lo que tampoco nos venía mal ducharnos y cenar pronto para dormir al menos ocho horas.

Así pues, tras decidir que era hora de recogerse, estudiamos las opciones que teníamos para cenar y, después de darle varias vueltas, decidimos volver sobre nuestros pasos hasta la plaza de Dolac para comprar en una pekara que habíamos visto. Compramos un croasán enorme relleno de lechuga, jamón york, queso y huevo y una especie de pretzel aunque con otra masa y relleno de queso. Hicimos una parada también para comprar unas cervezas locales (por 10 kunas cada lata) y nos volvimos al apartamento.

Después de reposar un rato, recogimos y dejamos prácticamente cerradas las mochilas. Nos duchamos y cenamos mientras veíamos un programa de la RAI (la tele en croata no nos aportaba mucho) en que hacían un repaso musical al estilo del programa de TVE Viaje al centro de la tele, aunque de peor calidad y menos humor.

Y poco más dio de sí el día. Tocaba descansar para al día siguiente cambiar de país.

Balcanes VI. Recorriendo Zagreb III: Ciudad Alta

Desde la Plaza de San Marcos tomamos la calle Kamenita, que termina en la Puerta de Piedra (Kamenita vrata), la antigua entrada a la ciudad medieval de Gradec. Lamentablemente estaba en obras y tuvimos que verla desde la distancia.

En sí la puerta no es muy espectacular, pero se ha convertido en un lugar de culto y peregrinación (algo así como la Puerta de la Aurora en Vilna) porque en el interior hay una virgen que fue encontrada el 31 de mayo de 1731, un día después de que ocurriera un gran incendio que causó daños a la puerta. Desde entonces es la patrona de la ciudad y se conmemora el 31 de mayo.

Dado que no podíamos atravesarla sin llenarnos de barro hasta las orejas, continuamos por la calle Opatička hasta el Palača Rauch.

La manzana formada desde esta calle hasta la Demetrova (incluyendo Basaričekova y Mletačka) muestra el pasado medieval de la ciudad con casas señoriales, palacios y museos.

Pasado el museo de la ciudad, en la parte superior de la calle Opatija , se encuentra la Torre Popov, lo único que se conserva hoy en día del fuerte de Gracec. El sistema erigido fue construido a mediados del siglo XIII y la torre se incorporó en la primera mitad del XVI para proteger la puerta norte de la ciudad. El nombre coloquial se lo debe a que era propiedad del obispo. A mediados del XVII se convirtió en colegio.

En la primera mitad del siglo XIX se construyó el segundo piso y en 1903 se inauguró un observatorio en la cúpula.

Frente a la torre hay una pequeña plaza en la que hay una pequeña capilla hexagonal amurallada.

Se acercaba la hora de comer, por lo que tomando el callejón Felbingerove nos dirigimos a Kaptol, donde hay varias calles en las que abundan los restaurantes, sobre todo en la Tkalčića y en la Kaptol Ulica.

Fuimos echando un ojo a los menús y la oferta gastronómica. Parecía haber un claro favorito: el Ćevapi, un plato que consiste una especie de salchichas condimentadas acompañadas de cebolla picada y un pan parecido al del kebab llamado somum. En algunas variantes es sustituido por arroz blanco. Al parecer fueron los otomanos quienes introdujeron esta receta en la Península Balcánica tras habérsela copiado a los persas, por lo que no es raro que recuerde a los platos turcos.

Frente al Parque Opatovina encontramos una escultura de bronce de una mujer asomada a una ventana. Es de la artista croata Vera Dajht-Kralj y simboliza a las prostitutas que esperaban a los clientes en sus ventanas muy cerca de donde se encuentra.

Bordeando el parque llegamos al complejo de San Francisco de Asís, que incluye iglesia y monasterio.

La Iglesia de San Francisco (Crkva Svetog Franjo) fue construida en el siglo XIII, aunque parece que con anterioridad los franciscanos ya tenían una residencia en el lugar. Tanto la iglesia como el monasterio se vieron afectados por el terremoto de 1880, por lo que tuvieron que ser restaurados. Se intentó conservar el carácter gótico del edificio, aunque se aprovechó para añadir un nuevo campanario y una capilla.

Seguimos por la calle Kaptol echando un ojo a los restaurantes y opciones hasta llegar a la Catedral de Zagreb, dedicada a la Asunción de la Virgen María, aunque también es conocida como San Esteban, su segundo patrón.

Es otro de los símbolos de la ciudad, junto con la de San Marcos. Construida en el siglo XIII en estilo neogótico, es el templo más importante de Zagreb y el mayor edificio de este estilo en todo el país. Con una superficie de 1617 metros cuadrados puede acoger a más de 5.000 fieles.

La catedral se encontraba protegida por una fortificación medieval que fue ordenada por el obispo Thuz para que quedara protegida de los ataques otomanos. Sin embargo, la torre que había justo frente a la fachada fue demolida en 1906, tras la última restauración de la catedral y hoy se extiende una plaza en la que se erige una columna coronada por una figura dorada de la virgen.

En su base, sobre una fuente están las cuatro esculturas, también doradas, de los cuatro arcángeles.

Sin embargo, sí que se conservan las dos torres de sus flancos. Una junto al Palacio Arzobispal, y la otra en el flanco opuesto junto a los restos de la muralla.

En la muralla podemos ver además el antiguo reloj de la catedral, que marca las 7:03:03, el momento en que se paró el 9 de Noviembre de 1880 cuando un terremoto sacudió la ciudad.

Los temblores dañaron gravemente el templo, por lo que tuvo que ser restaurada. Fue entonces cuando se renovaron los campanarios neogóticos de 105 metros de altura y cuando la catedral adquirió el diseño actual, algo diferente del barroco renacentista original.

Frente al reloj contrastan dos columnas. Tras el terremoto, unos 150 albañiles trabajaron en la reconstrucción de la catedral, algo que se extendió hasta 1901. No obstante, se usó piedra de poca calidad de dos canteras cercanas debido al escaso presupuesto. La columna de la izquierda es una de aquellas “nuevas” y, como se puede ver, con el paso del tiempo, las condiciones atmosféricas fueron erosionando la piedra, que perdió sus detalles. La falta de fondos y el poco interés del comunismo en mantener edificios religiosos hicieron que no se restauraran y fueran deteriorándose más y más.
En 1990 se inició una nueva etapa de restauración en la que se fue sustituyendo cada una de las columnas deterioradas por una nueva como la de la derecha. Desde entonces, la catedral sigue pasando por constantes etapas de renovación, como se puede ver en los andamios, en que la fachada está demasiado limpia y en que faltan algunas figuras.

La catedral alberga un tesoro con importantes objetos históricos que van desde los siglos XI y XIX. Asimismo, acoge las tumbas de diversos héroes y mártires croatas. Las tres principales atracciones dentro de la iglesia son: el altar principal y su relieve plateado de la Sagrada Familia; la tumba de JosipJelačić y la lápida moderna de Alojzije Stepinac.

A mí sin embargo lo que más me llamó la atención fue la pared con un tipo de escritura que no había visto hasta la fecha (es lo que tiene ser filóloga).

Después, durante nuestro viaje, descubriríamos en las tiendas de recuerdos que se trata del alfabeto glagolítico, inventado por San Cirilo y San Metodio en el siglo IX. Estos dos hermanos eran de padre griego y madre búlgara, por lo que parece que se basaron en el alfabeto griego para la creación de este nuevo código que usarían para traducir textos religiosos al idioma de la región de la Gran Moravia. Desde entonces fue usado para el lenguaje litúrgico de la iglesia rusa hasta el siglo XII. En el siglo XIV nació el eslavo eclesiástico, una versión moderna que incluso hoy en día se utiliza en la iglesia ortodoxa rusa.

Y aquí está la pieza que siempre he sabido que me faltaba. Tras haber estudiado griego siempre he visto una clara similitud en algunos caracteres del alfabeto cirílico (su G (г) es claramente una Gamma, la P (п) una Pi, la R (р) una Ro, la F (ф) una Fi y la J (х) una Ji. Incluso se parece la D (д) a la Delta echándole algo de imaginación) y esto es porque claramente uno influyó en el otro. Bueno, realmente los hermanos Cirilio y Metodio, pues su discípulo búlgaro Kliment Ohridski fue quien inventó el alfabeto cirílico en el siglo X basándose en el glagolítico.

Tras salir de la catedral pusimos rumbo a Dolac, el bullicioso mercado de la ciudad que sin embargo estaba ya recogiendo, pues eran casi las dos. De lunes a sábado abre de 6.30 a las 3 de la tarde, pero los domingos cierra a la 1.

Así que, siguiendo las recomendaciones de mi hermano y mi prima, que habían estado hace unos años en la ciudad cuando hicieron el interrail, antes de continuar con la tarde, fuimos en busca de la Trattoria Leonardo, un restaurante en el que se comía bien, abundante y barato. A pesar de que nos sentamos por equivocación el la terraza del restaurante de al lado, no comimos nada mal.

Pedimos, como no podía ser menos, el famoso ćevapi, una ensalada griega y una pizza pequeña(que parece que también es un plato muy popular en la zona)

El servicio fue algo lento, lo cual nos permitió hacer una búsqueda de alojamiento para la noche del lunes al martes. Teníamos la duda de si elegir apartamento u hotel por la cuestión del equipaje. Y es que dado que íbamos a pasar el día a Liubliana, necesitábamos dejar el apartamento actual libre, pero a la vez no podríamos hacer la entrada en otro tan pronto (el tren era a las 7 de la mañana). Así pues, en ese sentido quizá buscar un hotel era la mejor alternativa ya que, aunque no tienes la habitación, sí que te guardan las pertenencias (como hicimos en Gdańsk). No obstante, al tratarse de una reserva de última hora los precios se disparaban. Por el contrario, los apartamentos costaban más o menos lo mismo que unos meses antes, así que la solución que encontramos fue dejar las mochilas en las taquillas de la estación de Zagreb y recogerlas a la vuelta.

Volviendo a la comida, las raciones estaban bien de tamaño, estaba rico y fue barato. Eso sí, el cévapi no me pareció para tanto. Estaba bien de sabor, sí, pero si lo valoramos como originalidad gastronómica, no deja de ser un rollo de carne sazonado. Pero bueno, quizá es cosa mía que no soy muy carnívora.

Y con esto concluimos la mañana de nuestro primer día.