Road Trip por Escocia. Día 8: Ullapool y Fort George

De nuevo compartimos desayuno con una pareja alemana con quienes charlamos sobre las noticias, que estaban de fondo. Era el aniversario del gol fantasma de Hurst que dio el Mundial a Inglaterra en el 66 en una final contra Alemania. También hablamos sobre nuestros respectivos viajes. Y cómo no, salió el tema del tiempo… que si una pena que esté haciendo este clima, vosotros que tenéis tanto sol; que si cómo que no estáis en las fantásticas playas que tenéis torrándoos al sol… Con lo felices que estábamos nosotros con nuestros apenas 15º mientras que en Madrid llevaban una semana a 40 sin tregua.

Murdo nos preparó el desayuno caliente, y además, como siempre, teníamos fruta, zumos, cereales y yogur para completarlo. Como siempre, desayunamos tranquilamente y cargamos bien el estómago. Nos despedimos de nuestro anfitrión y su acento y dejamos Ullapool a las 9:30 con un una ruta predefinida bastante completita. Teníamos que intentar incluir paradas que habíamos dejado pendientes en etapas anteriores, como Fort George, que nos lo encontramos cerrado, Culloden Battlefield e Inverness, en donde apenas paramos a dormir.

Llegamos a Fort George a las 11:30. Desde fuera parece que sólo hay una muralla de defensa, sin embargo, nada más lejos de la realidad, se trata de una grandísima fortificación de artillería dentro de la que hay casi una ciudad que puede albergar hasta 2.000 militares.

Está construido en forma de ciudadela protegida por la muralla de 1.4 km. Su forma estrellada le dota de una mayor protección. En el centro es donde se sitúan los barracones.

Se construyó en el siglo XVIII justo después de las batalla de Culloden para dotar de espacio al Ejército de George II. Hoy en día sigue en activo siendo la sede principal de los Highlanders, batallón del ejercito Británico compuesto sólo por soldados escoceses. No obstante, hay zonas que están abiertas al público como la capilla o el museo, donde se puede ver la evolución de los uniformes y armas. También se puede visitar un espacio decorado como barracón.

La entrada está incluida en el Explorer Pass e incluye una audioguía. Aunque la visita es interesante desde el punto de vista histórico, no tiene gran atractivo.

Se accede por un puente suspendido sobre un foso que nos lleva a una puerta en la que hay dos soldados haciendo guardia. En su origen había dos puentes. El que vemos hoy en día se reconstruyó en 1980.

En ese edificio encontramos las habitaciones, donde podemos ver la estancia donde vivían los soldados. Sus camastros o una mesa por todo mobiliario. También podemos ver un maniquí vestido con el uniforme.

Saliendo al exterior se despliega ante nosotros un espacio de césped en la que había gente caracterizada llevando a cabo una representación de cómo se usaban las armas que se usaban en el momento de levantar el fuerte.

Uno de los actores iba explicando la historia y describiendo el arma y los demás iban siguiendo sus indicaciones con torpeza, con un humor tan británico como el de Mr. Bean.

Siguiendo de frente están los barracones y al final la capilla.

En la zona de las viviendas nos encontramos con oficiales, había más movimiento de coches. Se ve que es la zona donde residen. No pueden fallar sus cabinas, claro.

La capilla es pequeña y austera. Destaca en su vidriera una imagen con una gaita, cómo no. Estamos en Escocia.

Subimos al bastión y paseamos junto a los cañones.

En la audioguía te explican que pronto se quedaron obsoletos con la evolución en la ingeniería naval, ya que los barcos se movían más rápido que los cañones (en caso de que se pudieran mover). Algunos eran fijos y les crearon una especie de raíl a los nuevos para que se pudieran trasladar y apuntar al enemigo.

En cualquier caso, Fort George se construyó como fortaleza defensiva, pero nunca se usó como tal, sino como residencia militar. A lo largo de los siglos ha sido un lugar de entrenamiento de las tropas. Nosotros nos cruzamos con varios uniformados durante nuestra visita.

Nos asomamos, pero no vimos ningún delfín, a pesar de que dicen que es buena zona para avistarlos. Claro que quizá sería más sencillo con unos prismáticos, ya que sin ellos tan sólo se percibe el movimiento del agua y las ondulaciones provocadas por el aire.

Volvimos al inicio y antes de salir pasamos a los calabozos, donde se privaba a los soldados de luz y sólo se les alimentaba con agua y pan. Quedan inscripciones de algunos soldados que se vieron privados de libertad por beber, pelearse, golpear o insubordinación.

Hora y media más tarde abandonamos Fort George y nos dirigimos hacia Culloden Battlefield, que se encuentra a unos 20 minutos.

Road Trip por Escocia. Día 4 III Parte: Elgin, Fort George y llegada a Inverness

Tras descubrir el proceso de elaboración del whisky y saborear unos chupitos, emprendimos la marcha dirección a Elgin, previo paso por Keith.

Podríamos haber ido directamente a Elgin, pero no llevábamos comida y pensamos que quizá como Keith parecía una población más grande, encontraríamos algún sitio donde aprovisionarnos. Resultó ser un pueblecito con las calles desiertas y poco atisbo de comercios salvo una pastelería, un restaurante chino cerrado y una especie de ultramarinos que vendía sobre todo alcohol.

 

Encontramos unos sándwiches en una cámara al fondo y no nos lo pensamos mucho, porque ya era casi hora de merendar.

Volvimos a tomar la A96 hacia Elgin, un pequeño pueblo que conserva parte de su pasado medieval. Ganó importancia porque al estar entre Aberdeen e Inverness se convirtió en residencia de los primeros monarcas escoceses, David I, William I, Alexander II y Alexander III.

Y en la Edad Media no podía faltar una Catedral en un pueblo con tanta importancia. Hoy en día quedan sus ruinas, cuya visita es gratuita con el Explorer Pass. Lamentablemente llegamos unos 10 minutos después del cierre, por lo que tuvimos que conformarnos con rodearla por el exterior.

Tan sólo se conservan dos torres laterales de la fachada y el ábside octogonal, aunque este fue reconstruido. En él se celebran bodas.

Se entra por lo que era la puerta de acceso a la catedral. Ya desde la verja exterior se puede apreciar toda su magnitud y belleza.

La catedral, apodada como la Linterna del Norte se levantó en el siglo XIII, se puso la primera piedra en 1224 y se finalizó en 1242. Sin embargo, en 1270 quedó prácticamente destruida por un incendio. Pero como el pueblo no quería quedarse sin una construcción como esa, se levantó una iglesia mucho más grande que la anterior. Se trataba de un edificio de más de 90 metros de largo y ocho capillas. Se convirtió en la segunda catedral más grande de Escocia por detrás de la de St. Andrews.

Consiguió mantenerse intacta durante las Guerras de Independencia de Escocia en 1296, ya que fue respetada tanto por escoceses como por ingleses. Sin embargo, un siglo más tarde, en 1390 fue arrasada por Alejandro, el hijo de Roberto II para vengarse del Obispo Bur que lo había excomulgado.

Cuando Roberto II nombró señor de Badenoch a su hijo Alejandro, le otorgó la autoridad sobre las tierras de la iglesia. El obispo sufrió las presiones de Alejandro y su ejército y se quejó al rey. En 1388 Roberto Estuardo, duque de Albany, actuando como regente debido a los problemas de salud su padre, retiró todos los títulos a su hermano Alejandro de quien llegó a decir que era “inservible a la comunidad”. Además de actuar como un déspota en el ejercicio de su título, había abandonado a su esposa Euphemia y se había ido a vivir con su amante, con la que tenía varios hijos. El obispo le ordenó regresar con su mujer, algo que en principio Alejandro aceptó, pero que luego no cumplió. Ella pidió el divorcio y Alejandro perdió los derechos sobre las tierras de Euphemia.

Cuando murió Robert II en abril de 1390 las tensiones se acrecentaron. El estado y la iglesia se unieron contra Alejandro. Por un lado tenía a su hermano Roberto III (llamado Juan antes de subir al trono) que continuó luchando contra él despojándole de toda autoridad y por otro el obispo lo excomulgó. Alejandro tuvo que presentarse en la iglesia de los Predicadores de Perth ante sus hermanos (Roberto y Roberto III), así como ante el consejo general, para rogar el perdón y conseguir la absolución.

Sin embargo, sus ansias de venganza eran tales que quemó varios pueblos y la Catedral de Elgin. Tras este ataque cesó, no así sus hijos, tres de ellos acabaron encarcelados por sus actos violentos.

Se realizaron reparaciones en los siglos XV y XVI, pero acabó cayendo en desuso porque el Papa no quiso dar su bendición a la catedral en plena época de la Reforma. Fue abandonada y saqueada. En 1711 se llegó a derrumbar la torre y parte de la nave.

En la segunda mitad del siglo XX se aseguró el edificio renovando las piedras deterioradas.

En un lateral de la catedral se puede pasear por un cementerio. En él se pueden observar numerosas tumbas antiguas, como las de los antiguos obispos de la ciudad y benefactores de la catedral, así como restos arquitectónicos del templo.

Es una visita altamente recomendable, se encuentra en un paraje impresionante.

Volvimos a la carretera, rumbo a Inverness, parando antes en Fort George, una fortificación de artillería y uno de los mejores ejemplos de ingeniería millitar del siglo XVIII.

 

Sorprendentemente, al llegar nos encontramos con el aparcamiento totalmente vacío, poco nos faltó para descubrir que estaba ya cerrado.

Así que, dado que poco podíamos hacer, nos asomamos a la bahía a ver si atisbábamos algún delfín, pero no hubo suerte.

Corría un aire bastante gélido, así que volvimos al coche y continuamos hasta Inverness omitiendo también el Campo de Batalla de Culloden, puesto que también estaría cerrado dadas las horas que eran.

En Inverness habíamos elegido el The Gatehouse B&B. Estaba un poco alejado del centro, pero no nos influía mucho, ya que sólo iba a ser una parada técnica antes de continuar hacia el norte. Fue nuestra primera vez en un B&B y la experiencia fue buena, aunque el recibimiento fue algo seco. Aparcamos en la parte de detrás, y estaba abierta la puerta del garaje, así que accedimos al recinto de la casa. Otra inquilina iba a entrar a la casa en ese momento y nos sostuvo la puerta, por lo que entramos. Llamamos al timbre que había en el aparador y nos recibió la dueña con una cara un poco de perro por haber pasado, al parecer, debíamos haber llamado antes al timbre exterior.

La habitación era tal y como se indicaba en la web, eso sí, no teníamos baño incluido. Sin embargo, estaba en la puerta de al lado, y creo que solo lo usamos nosotros porque el resto de huéspedes sí tenían baño propio. Para una noche, no fue mucho problema. Lo importante es que la habitación era amplia y estaba limpia. También teníamos algún detalle de bienvenida y tetera.

Nos duchamos, nos comimos unos sándwiches que habíamos comprado por el camino y salimos a dar un paseo para estirar las piernas antes de volver a dormir.