Aprendiendo fotografía: El triángulo de la luz II

Después de comprender cómo funciona la apertura del diafragma, tocaba adentrarse en el segundo factor del triángulo de la luz: la velocidad de obturación. O lo que es lo mismo el tiempo durante el que el va a entrar la luz. Para darle prioridad este factor y que la cámara regule los otros dos, deberemos elegir la S (de shutter speed en inglés) en el dial. En el caso de que sea una Canon, habría que seleccionar Tv.

Así, además de poder controlar la cantidad de luz que va a entrar por el diafragma aumentando o disminuyendo su diámetro; también podemos decidir durante cuánto tiempo va a estar abierto el obturador. Cuanto más rápida sea la apertura y cierre de estas cortinillas, menos luz pasará, mientras que cuanto más lento, mayor exposición.

La velocidad de obturación se mide también en fracciones, como la apertura del diafragma. En este caso tenemos 1/ seguido de un valor. Así, 1/2000 será inferior a 1/5. Es decir, si estamos con una configuración 1/2000 el obturador se abrirá y cerrará más rápido que a 1/5 y entrará menos luz. Los tiempos van en progresión con una relación 1:2 y los más frecuentes 1 segundo, 1/2, 1/4, 1/8, 1/15, 1/30, 1/60, 1/125, 1/250, 1/500, 1/1000, 1/2000 y 1/4000 (aquí está el tope por ejemplo del objetivo 18-55mm de nuestra Nikon D5300). Aunque en algunas cámaras también hay pasos intermedios.

Como en la apertura, vamos a tener un rango que va a venir determinado por el equipo de trabajo. En este caso, hay una regla orientativa para conocer la velocidad del objetivo usando como referencia su distancia focal. Por ejemplo, si se trata de un 50mm, la velocidad mínima para evitar que la fotografía salga movida será 1/50. No obstante, si es inferior a 50, parece que no conviene bajar de 1/35. En caso de los zoom lo suyo sería tomar como referencia la mayor distancia focal. Es decir, en el 18-55, el 55.

Aún así, en realidad dependerá de muchos factores, como el pulso del fotógrafo, la estabilización de la cámara y sobre todo de la imagen que se quiera obtener. Este modo S resulta útil para la exposición de la fotografía. Por ejemplo cuando tenemos unas condiciones de oscuridad y queremos que entre más luz sin necesariamente abrir más el diafragma (a lo mejor no interesa por una cuestión de profundidad de campo). En este caso, la velocidad será inferior, aumentando el tiempo de exposición. Pero también se puede usar en el caso opuesto, cuando hay unas condiciones demasiado luminosas que hacen que se queme la fotografía (aumentando la velocidad).

Por otro lado, también se puede recurrir a este modo para fomentar la creatividad (creando halos, estelas o el famoso efecto seda del agua) usando velocidades bajas; o para un enfoque selectivo en ocasiones con sujetos en movimiento (ya sean personas, animales o medios de locomoción) con velocidades altas (por debajo de 1/60 segundos). En este caso interesará que el obturador sea más rápido y con una menor exposición para así congelar la imagen.

Ahora bien, en la teoría parece claro; sin embargo, en la práctica no es tan fácil. Además de dar con la configuración adecuada de los parámetros y no pasarse o quedarse corta (que ya es bastante); también hay que tener en cuenta el pulso, sobre todo en largas exposiciones. Aunque esto se puede solucionar (aparte de con una mejor cámara y objetivo con un buen estabilizador) con un trípode o apoyando la cámara en algún sitio. Incluso en estos casos a veces conviene usar un disparo retardado, pues el simple hecho de apretar el botón, ya mueve un poco la máquina.

También podemos usarnos a nosotros mismos como trípode apoyándonos en una pared o elemento urbano. Ya se sabe que cuando te compras una cámara automáticamente te conviertes en equilibrista y cabra montesa. Lo que sea por conseguir la foto deseada.

De momento, para la perfección queda mucho por aprender y por practicar. Aún queda por descubrir el tercer factor del triángulo.

Transición de cámara compacta a Reflex

Llevábamos ya tiempo con problemas en nuestra cámara compacta. La Panasonic Lumix DMC-ZS7/TZ10 ha viajado mucho con nosotros desde que la trajimos de Nueva York en 2011, y claro, de tanto uso, los aparatos se van desgastando o estropeando.

En determinado momento comenzamos a notar unas manchas en las fotos, y lo achacamos a que el objetivo estaba sucio en el instante en que se hicieron. Sin embargo, luego lo vimos en directo, y, aunque limpiábamos la lente, la mancha seguía ahí, quedando más patente al fotografiar cielos o al hacer zoom.

Así pues, nos descargamos el manual de internet y el manitas que tengo en casa se aventuró a desmontarla para limpiarla. Es un trabajo para gente paciente y minuciosa, porque lleva unos tornillos minúsculos. El caso es que funcionó. Limpiando las lentes con cuidado con un pañito de las gafas se fueron las manchas. La volvió a montar y nos volvimos a ir de viaje.

Y nos fue bien durante un tiempo, en varios viajes. Hasta que fuimos a Japón. Íbamos recorriendo el barrio coreano de Tokio cuando las manchas volvieron. La cámara se debía haber quedado con alguna fisura o ranura por la que le entraba polvo y de ahí las motitas en el objetivo.

La solución era volver a abrirla, claro, pero no contábamos con el material, ya que los destornilladores se habían quedado en casa. Así pues, nos acercamos a una gran superficie de electrónica y le pregunté a un empleado cámara en mano si tenían algún destornillador para abrirla y limpiarla. La cara de espanto fue un poema. Abrió los ojos cual muñeco japonés y solo me sabía decir “no, no, broken, broken” mientras negaba con la cabeza. Creo que lo que quería decir es que si desmontábamos la cámara se rompería, pero vete a saber.

Tuvimos que valorar otras opciones, y al final acabamos en el Don Quixote, una tienda que tiene de todo (DE TODO) y compramos un juego de destornilladores. Ya en el hotel, pasamos por la segunda operación a lente abierta.

Y así aguantamos 2015 y 2016, llevando en cada viaje el juego de destornilladores por si volvía a pasarnos. Hubo que abrirla una tercera vez, de hecho.

Por tanto, parecía evidente que había que cambiar de cámara, porque poca solución tenía. La duda era, ¿y ahora qué cámara buscamos? Porque claro, esta Lumix vino a sustituir a la DMC-LZ2 que teníamos antes y que también nos había durado otros 6 años. Miramos los modelos siguientes a la nuestra para ver cuál se adaptaba mejor en relación necesidades-calidad-precio y descubrimos que ya no tenían GPS. Y es que es algo que diferenciaba nuestra Lumix DMC-ZS7/TZ10  de la mayoría de cámaras del mercado.

No es algo imprescindible para hacer fotos, claro, pero resulta de utilidad cuando echas la vista atrás y consultas el archivo. Cada foto aparece en el mapa en su localización (al menos allí donde geolocalizó el GPS).

Así que, había que abrir la búsqueda y valorar otras opciones. Pero, ¿por dónde empezar? ¿En qué punto nos encontramos? ¿Qué necesitamos? Cuando compramos la TZ10 no viajábamos tanto, pero ahora, la situación había cambiado y quizá habría que plantearse ir un poco más allá. Dejar atrás las compactas y pasar al siguiente segmento. Pero, si en compactas el GPS había desaparecido, en las cámaras más “profesionales” tampoco es que hiciera acto de presencia. Sobre todo porque suele consumir bastante batería.

Estuvimos comparando las bridge, las mirrorless y las reflex y surgieron las dudas de marcas, características, dimensiones, peso… El inconveniente de las bridge es su peso. Al final tienes el cuerpo de una reflex con un objetivo voluminoso, pero que no se puede cambiar. Por lo que quedaban descartadas.

Las mirrorless por su lado están a medio camino de las compactas y de las reflex con un cuerpo cercano a las primeras y unos objetivos desmontables como las segundas. Aunque no todas las marcas tienen tanta variedad de lentes para este segmento como para las reflex. Otro inconveniente es que al tirar más de la pantalla digital, gastan más batería.

Al menos dentro de la gama media-baja, pues si nos vamos ya a la más alta de la gama podemos tener una buena cámara con un cuerpo no tan fino, pero más manejable que una reflex y objetivos intercambiables con estas (dentro de la misma marca). Pero claro, es otro tipo de presupuesto y más teniendo en cuenta nuestro desconocimiento hacia la fotografía.

Así, aunque no era mala opción, a mí no me terminaba de convencer porque las de un precio más asequible parecían muy alejadas de nuestra intención. Además, no vimos ninguna con GPS.

Con lo que volvíamos a las reflex, pero con el runrún del peso y espacio, ya que o la llevas al cuello, o bien una bolsa/mochila. Y súmale el objetivo, que cuanto más grande sea, mayor el peso y sus dimensiones. Aún así, cuando parecíamos decidirnos por un modelo u otro… Tampoco tenía GPS. Hasta que descubrí la Nikon D5300. La dejamos fichada y el tema se quedó aparcado. Sin embargo, pocas semanas después vimos una oferta de LA cámara a un precio que se ajustaba a nuestro presupuesto y decidimos movernos rápido.

La Nikon D5300 cuenta con un sensor CMOS APS-C (23.5 x 15.6 mm) de 24.2 megapíxeles reales. Lo bueno es que esto permite una resolución de 6000×4000 píxeles . Lo malo, es que hace unas fotos que pesan mucho y por tanto será necesaria una tarjeta con una buena capacidad y buena velocidad de escritura. En nuestro caso nos hicimos con un par de tarjetas de 64Gb SDXC Clase 10 UHS-3 (este último número indica que la velocidad mínima de escritura son 30 MB/s). También exigirá un ordenador con cierta potencia para el posterior procesado.

De todas formas, el sensor no lo es todo, ya que la calidad de la imagen dependerá en gran medida del objetivo. El que viene en el kit es uno muy básico que de momento viene bien a nivel principiante, pero entiendo que más adelante lo tendremos que sustituir si queremos aprovechar al máximo las funcionalidades de la cámara. Aún así, esta pérdida de calidad se apreciará en revelados de gran formato tipo cuadros o lienzos, pero no tanto en una fotografía de 10×15 o 13×18. Así que puede esperar.

La D5300 trae una pantalla LCD de 3.2” completamente articulada y giratoria. Se puede llevar extendida o plegada. Desde ella se puede acceder al menú y configurar los diferentes ajustes, además de poder revisar las fotografías o tomarlas en directo con el Live View. El hecho de que se pueda girar permite controlar los parámetros desde el otro lado de la pantalla, bien para un selfie, instantáneas con ángulo raro o para vídeos. Eso sí, la pantalla no es táctil, aunque para nosotros no era relevante.

Sí lo era que llevara GPS, como comentaba al principio. Esta es la primera cámara de la marca que lo lleva incorporado de serie. También tiene integrado el WiFi, gracias al que se puede acceder al menú y disparar de forma remota. Además, Nikon cuenta con la aplicación Wireless Mobile Utility que conecta el móvil o tableta (con Android 5.0 o posterior) con la cámara y permite tanto tomar fotos como descargarlas en los dispositivos y compartirlas vía correo electrónico o redes sociales. Eso sí, solo vale para imágenes, no para grabar vídeo. Aunque sí permite descargarlos (que no reproducirlos). Esta funcionalidad es útil para disparos con trípode, de forma que no hace falta fijar un temporizador o tener un mando que active el disparo. También para fotos nocturnas en las que no queremos añadir movimiento al presionar el propio botón de la cámara.

El procesador es un Expeed 4 que permite hasta 5 fotografías por segundo y una buena calidad de vídeo en Full HD 1920×1080 a 60p manteniendo el autofocus durante toda la grabación.

Nuestra cámara tiene un enfoque automático AF con 39 puntos, 9 de ellos en forma de cruz situados en la zona central, una sensibilidad ISO mínima de 100 y máxima de 25.600 en modo boost (H2) lo que hace que se pueda trabajar bien con escasa iluminación. Por su parte, la velocidad mínima de obturación es 1/4000.

Trae incluidos los modos Time Lapse y HDR. El primer modo sirve para realizar vídeos uniendo una serie de fotografías tomadas con un cierto tiempo de separación entre una y otra. El modo HDR toma tres instantáneas de la misma manera aunque con diferente exposición (sin exposición, sobreexpuesta y una mezcla de ambas) para al final unirlas y conseguir una única imagen.

Si se quiere grabar vídeo, la cámara trae incorporado micrófono estéreo, pero además cuenta con un conector para uno externo.

Pero ninguna de todas las características expuestas serían de utilidad si la D5300 no contara con una batería apropiada. Según Nikon, su batería permite hacer 600 disparos. Eso sí, todo depende de lo que se abuse del GPS o del WiFi. En cualquier caso, nunca está de más llevar una de repuesto. Es básico.

Uno de los peros que le poníamos a las reflex era su peso y tamaño. La compacta te la guardas en un bolsillo y no molesta, pero con este cambio ya estamos hablando de otras dimensiones. Sin embargo, pesa menos de medio kilo y mide 125 x 98 x 76 mm. No es precisamente pequeña, claro, pero comparada con otras cámaras del mercado de la misma gama, desde luego es un punto a su favor.

De momento aún nos estamos haciendo a ella, y nos queda mucho camino por recorrer y muchas prestaciones por conocer. La Nikon D5300 es una cámara de gama media bastante completa pensada para un fotógrafo principiante pero que desea seguir creciendo sin tener que cambiar de cuerpo cada poco tiempo. Justo lo que andaba buscando.