Japón por libre XXX: Día 16. Hakone

Y volvemos a las excursiones. Hakone es un pueblo balneario situado en una colina. La zona se extiende sobre los restos de un enorme volcán, activo hasta hace entre 3.000 y 4.000 años.

Hay que intentar madrugar para aprovechar bien el día. No sólo por el hecho del trayecto hasta que se llega a Hakone, sino porque el recorrido es un cambio continuo de transportes, y cuanto más tarde, más gente y más colas para esperar. Y teniendo en cuenta que es Japón, gente va a haber, así que cuanto menos, mejor.

Comenzamos tomando la Yamanote hasta la estación de Tokyo, donde cogimos el Shinkansen Kodama, que tarda unos 35 minutos en llegar a Odawara. Hasta aquí, todo estaba cubierto con el JR Pass. Una vez en Odawara compramos el Hakone Free Pass para poder movernos por la región. Tiene validez de dos días e incluye todos los transportes de Hakone para poder hacer la ruta turística circular.

En la oficina de venta había algo de cola, pero al igual que el día que llegamos a Osaka, había una chica pasando por la fila y preguntando a la gente qué era lo que quería comprar. De esta forma, iba rellenando un formulario que después entregabas en el mostrador agilizando el trámite de la compra.

Al lado de la oficina de venta de billetes, tenemos los tornos y los andenes. Tenemos que buscar el Hakone Tozan Railway, un tren que, en 15 minutos, nos llevará hasta la estación de Hakone-Yumoto.

A partir de aquí haremos una ruta circular siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj. Tenemos varias etapas:

Etapa 1: Una vez en Hakone-Yumoto tomamos el Hakone Tozan Railway, la línea naranja hasta Gora. El trayecto dura unos 35 minutos y sale con una frecuencia de 10-20. El recorrido se hace a través de un arbolado valle en ascenso.

Etapa 2: En Gora tendermos que coger el Hakone Tozan Cablecar, la línea verde-marrón que tarda unos 10 minutos en recorrer unos 211 metros. También tiene una frecuencia de unos 10-20 minutos. Aquí ya encontraremos unas colas interesantes.

Conviene situarse lo más adelante posible para poder ir viendo el ascenso, ya que hay cristal que nos permite ver al conductor y lo que éste ve.

Aunque hay quien aprovecha para echarse una cabezadita.

Etapa 3: Aquí hay que tomar el teleférico que tiene salidas constantes, cada par de minutos se llena una góndola, pero que tiene colas impresionantes.

Va de Sounzan a Togendai y a lo largo del recorrido podremos ver el Monte Fuji y el parque nacional.

En Owakudani hay que hacer trasbordo.

En esta parada hay un Geomuseo, tiendas de recuerdos y algún que otro sitio para comer.

También es la mejor parada para poder fotografiar el Fujisan.

Con la actividad sísmica de este verano, este tramo se cerró por si acaso el volcán entraba en erupción. Parece que tuvimos suerte, porque nosotros no notamos ningún terremoto en los 21 días que estuvimos en el país.

En fin, ya que había que hacer cambio de teleférico, aprovechamos para hacer una parada. La zona es el área alrededor del cráter de la última erupción. Hay chimeneas sulfurosas y manantiales de agua caliente.

Y un tufo importante, sobre todo a medida que te acercas. Pero el atractivo turístico de la zona son los huevos negros. Se cuecen en el agua sulfurosa y de ahí que la cáscara coja ese color. Por dentro tienen su aspecto normal y saben bien (a pesar del olor a huevo podrido).

Se puede comprar una bolsa de 5 huevos por 500Y (a la que le añaden una bolsita de sal). Te los dan recién sacados y hay que tener cuidado para no quemarse.

Se dice que estos huevos prolongan la vida 7 años si te los comes. Como era media mañana, decidimos probarlos como tentempié. Al lado de la tienda tienen habilitadas unas mesas con papeleras en las dos cabeceras y unos cepillos, para que los peles y te los comas y dejes la mesa limpia después.

Se pueden comprar por todo el recorrido. Se ve cómo los trabajadores los meten en unas jaulas, los bajan en el agua, los van moviendo y después los sacan. Cuelgan las jaulas y las bajan abajo para que los vendan no sólo arriba, sino también abajo. Todo un negocio…

Volvimos al teleférico que nos llevaría hasta Togendai.

Etapa 4: En Togendai pasamos de los aires al mar. Tomamos el barco pirata que lleva en 30 minutos a Hakone-machi y después a Moto Hakone.

Aquí también hay cola, ya que sale cada 20 minutos, pero como el barco es más grande, la fila avanza a buen ritmo. El barco recorre el Lago Ashi, se puede disfrutar de las vistas de las montañas, incluso en determinado momento el Fuji. El lago se formó en la caldera del monte después de la erupción del volcán y es un bonito entorno.

Sin embargo, por la zona no hay mucho que ver, hay alguna tienda y un paseo entre cedros que lleva a un torii que marca la entrada por mar del Santuario de Hakone.

Para hacernos las fotos teníamos el mismo método que en el Otorii de Miyajima. Le hacías la foto a los de delante, y los de detrás te la hacían a ti.

Si nos ponemos con el torii a la espalda, tenemos una escalinata que nos lleva entre la naturaleza al santuario.

Bajamos de nuevo al puerto por un camino de farolas que nos llevan hasta otro torii.

Etapa 5: En Moto Hakone finalizamos el día tomando un bus que nos lleve de vuelta a Hakone – Yumoto. Aquí tuvimos un poco de lío, porque íbamos a tomar la línea K, pero se formó una gran cola y sin embargo otra línea no tenía tanta gente esperando.

Un empleado nos dijo que si íbamos a la última parada, que podíamos tomar cualquiera de los dos, y que la línea con menos gente, salía como 5 minutos después, pero tardaba menos en llegar al destino. Así que, nos cambiamos de fila. Mientras esperábamos, se nos puso una señora detrás y empezó a preguntarnos y soltarnos un monólogo. Yo le hacía gestos y le decía que no la entendía. Al final opté por decirle “Yumoto”. Y parece ser que era lo que quería. Me hizo gestos, se fue, y al rato volvió y se colocó de nuevo en la cola detrás de nosotros haciéndonos reverencias. Y al momento, se agacha a sus bolsas y saca dos bollitos y nos los da mientras nos hace reverencias. Fue un dejà vu de la señora del metro y los caramelos. Me sorprende lo agradecidos que son. Aunque sea algo tan cívico como ceder un asiento o guardar un sitio en una cola. Algo por lo que no esperarías más que un gracias y una sonrisa.

En fin, tomamos el bus de vuelta y de nuevo el tren hasta Odawara y después trasbordo hasta Tokyo donde cogimos la Yamanote de vuelta al hotel a descansar. Había sido un día bastante completo. Incluso sin entretenernos mucho, ya solo con todos los cambios de transporte acabas cansado.