Conclusiones de la escapada a Atenas y Sofía

Durante nuestra corta escapada paseando por Atenas y Sofía (y Plovdiv) descubrimos construcciones de otras civilizaciones, de otros pueblos. Vestigios arqueológicos que han llegado hasta nuestros días y que nos hacen sorprendernos de la capacidad e inventiva con la que contaban hace siglos con muchos menos medios que los que tenemos hoy en día.

Atenas es un buen ejemplo de ello. Aunque la ciudad y el país no pasan por su mejor momento y esto influye en la conservación de muchos restos históricos, es una visita imprescindible para conocer no solo la época clásica griega que es la cuna de nuestra civilización; sino también para descubrir monumentos romanos y bizantinos.

Es un destino con una gran riqueza monumental y arqueológica, claro, pero también conviene perderse por sus barrios y descubrir las calles por donde se mueven los locales dejando a un lado lo más turístico, sentarse en una terraza a disfrutar de la gastronomía griega más allá del yogur o la musaka, comprar algún recuerdo en uno de sus mercados… o incluso regatear en un mercadillo callejero.

Pero en Atenas no todo son ruinas o monumentos, también cuenta con un gran pulmón verde como es el caso de los Jardines Nacionales:

Y para completar el día qué mejor que un buen atardecer desde el Monte Licabeto:

Para dormir elegimos un apartamento en AirBnb. Tenía sus deficiencias como conseguir que se caldeara o la cisterna que no funcionaba del todo bien, pero para una noche nos sirvió. Sobre todo porque era bastante amplio para cuatro y estaba céntrico.

En apenas 24 horas intentamos abarcar lo máximo posible. Sin embargo, aunque no había que cubrir grandes distancias, teníamos el inconveniente de las horas de luz. Y es que poco antes de las 5 se nos hacía de noche, así que el remedio era madrugar bastante, patear la ciudad y gastar suela de las zapatillas.

Al final no se nos dio mal, ya que conseguimos cubrir completa la ruta que llevábamos previa. Sí que es verdad que no entramos en todos los conjuntos arqueológicos, pero es que muchos se ven desde fuera bastante bien. Así que hicimos criba.

Este fue nuestro recorrido por Atenas:

Bulgaria por su parte es un país que empieza a abrirse al turismo y su capital, Sofía, también cuenta con atractivos interesantes como resultado de una mezcla de culturas y pueblos. El más claro ejemplo es Serdika, donde en una manzana encontramos una mezquita, una sinagoga y una iglesia. Además de unas ruinas tracias y romanas.

Este pasado multicultural ha dejado joyas arquitectónicas en la ciudad como la Iglesia Redonda de San Jorge, la Catedral de Sveta Nedelya, la Iglesia Rusa, el Teatro Nacional Ivan Vazov y por supuesto la Catedral de Alejandro Nevski. Cada una de ellas totalmente diferente a la anterior en su diseño.

Estos majestuosos y ornamentados edificios contrastan con las construcciones comunistas de hormigón y cemento pensadas para su funcionalidad y no para destacar por su diseño. También de esta época son las infraestructuras, las grandes avenidas y arterias que cruzan la ciudad y los transportes. Aunque está en proceso de remodelación con la entrada en la Unión Europea y se nota que ha llegado la apertura capitalista con la llegada de franquicias y multinacionales.

Sin embargo, aunque queden vestigios de la época comunista, para acercarse más aún a esta época de la historia de Bulgaria podemos visitar el Museo de Arte Socialista, donde se han reunido esculturas y pinturas que fueron retiradas tras la caída del Régimen.

Si Atenas se podía concentrar en 24 horas porque la parte histórica estaba bien delimitada, lo de Sofía es mucho más sencillo aún. Está todo bastante cerca, a un paseo tranquilo y si te cansas siempre puedes tomar un medio de transporte o hacer una parada en el mercado central y saborear una cerveza local o aprovechar para comprar comida local.

Quizá incluso si tienes suerte encuentras una actuación y todo que amenice tu estancia.

Para el alojamiento elegimos el Easyhotel, que si bien no está tan céntrico como el apartamento de Atenas, tan solo se encuentra a dos paradas de Serdika. Además, es bastante nuevo y la relación calidad-precio está muy bien. También tenía un par de pegas como el colchón o el olor del jabón, pero repetiría sin duda.

En este caso estructuramos la visita en varios días, concentrando la parte histórica en el día más largo y dejando para el último lo más alejado antes de marcharnos:

Como además nos sobraba un día, cogimos el bus y en dos horas nos plantamos en la sorpresa del viaje: Plovdiv.

Esta ciudad supuso el contraste a Sofía. Con un casco histórico peatonal plagado de iglesias y construcciones del Renacimiento Búlgaro, un anfiteatro romano o ruinas tracias y romanas. Una zona que está sobre una colina y que nos permite asomarnos al resto de la ciudad.

En la parte nueva me gustó mucho el colorido barrio de Kapana con tanta vida en sus calles. Sus bares, los locales de artesanos, las banderitas, los murales…

Y como bonus nos dio tiempo a hacer una excursión a la Fortaleza de Asen, de la que apenas quedan restos salvo la Iglesia de la Santa Virgen de Petrich que parece suspendida sobre el valle.

El viaje nos salió por menos de 275€ por persona con el siguiente desglose:

De un viaje a Sofía sacamos una escala en Atenas y una excursión a Plovdiv y alrededores, con lo que se puede decir que aprovechamos bien nuestra escapada. Nos hizo un poco de frío, pero nada que no esperáramos en el mes de diciembre y que no se pudiera remediar. Como dicen los noruegos: “no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada”.

Y con Bulgaria sumamos un país más llegando a los 25 a finales de 2016. Y cerramos el año.

Dejamos Atenas y ponemos rumbo a Sofía

El lunes 19 nos levantamos de madrugada. Teníamos el vuelo a las 8:40 de la mañana y, aunque no llevábamos equipaje, mínimo una hora antes tienes que estar en el aeropuerto para poder pasar los controles con tiempo y embarcar en hora. Además, necesitábamos una hora más para el trayecto en metro. Con lo cual, nos implicaba salir del apartamento sobre las 5:45.

Si a esa hora le quitamos el tiempo necesario para despertarnos, duchas, desayuno, recoger el apartamento… Pues eso, noche cerrada. Pero es que además, si pensabas en la hora española te daba un infarto, porque hay una hora de diferencia.

En fin, que orquestamos un baile de duchas, desayunos, mochilas y limpieza del apartamento; cogimos la basura y nos fuimos al metro medio dormidos.

El vuelo esta vez era más corto, apenas una hora y veinte minutos.

Además, nos dieron un bocadillo, café y un baklavá. No estaba a la altura de la pasta del vuelo anterior, pero bueno, había hambre.

Yo conseguí dar alguna cabezada, pero sobre todo al final estuve mirando por la ventanilla y sorprendiéndome por los montes nevados. Ya habíamos mirado los días anteriores la previsión metereológica y sabíamos que íbamos a rozar los 0º, pero a medida que nos acercábamos, iba siendo más consciente de que nos encontraríamos con unas temperaturas invernales en toda regla.

¿Qué nos esperaría en el desembarque? Lo veremos en otra entrada.

Atenas en 24 horas VII: Monte Licabeto

Después de comer y reposar un rato, emprendimos la subida hacia la colina Licabeto, queríamos ver contemplar la ciudad con el color especial que otorga el atardecer a cualquier paisaje. La colina Licabeto, con 278 metros, es el punto más alto de Atenas y desde donde se obtienen las mejores vistas de la ciudad. Según cuenta la mitología, Atenea iba cargando la roca para cimentar la Acrópolis, pero llegaron dos cuervos y le dieron una mala noticia, así que la dejó caer. El nombre, que significa Colina de los Lobos, se lo debe a la gran cantidad de estos animales que habitaban en la zona.

Durante la época clásica el monte estaba cubierto por una densa vegetación, incluso se construyó un templo dedicado a Zeus. Sin embargo, durante la ocupación turca quedó totalmente despoblado. Posteriormente, entre 1880 y 1915 se volvió a reforestar.

Se puede subir a pie, por un camino serpenteante y algo empinado, en coche, o tomando el funicular. Nosotros elegimos la primera opción. Durante el ascenso vas descubriendo cómo Atenas va quedando a tus pies y a medida que vas bordeando cómo aparecen unos barrios u otros.

 

En el último tramo podemos atravesar o bordear un restaurante. Está en un lugar privilegiado, pero no quiero imaginar lo que deben sufrir los repartidores, porque la última parte de la colina no tiene acceso por coche.

En la cima nos encontramos con la pequeña capilla de San Jorge, una iglesia blanca al puro estilo mediterráneo que se erige donde se levantaba una dedicada al profeta Elías.

En la víspera de la Pascua Ortodoxa tiene lugar una procesión desde esta iglesia. La colina queda iluminada por las velas que portan los fieles en su recorrido.

Frente a la capilla tenemos un mirador para poder contemplar las estupendas vistas de la ciudad, y sobre todo de la Acrópolis.

Esperamos hasta que se ocultó el sol y a continuación iniciamos la bajada. Por un lado porque sin luz iba no íbamos a ver muy bien por dónde caminábamos, y por otro porque allí arriba corría el viento y tras entrar en calor con la subida, nos estábamos empezando a quedar fríos.

Aunque era pronto, como las 6 de la tarde, volvimos al apartamento para preparar las mochilas para el día siguiente, y un picoteo. Probamos unas patatas que habíamos comprado en el supermercado. Unas eran sabor orégano. Muy ricas. Y otras traían un sobrecito que si se lo añadías a un yogur griego obtenías un sucedáneo de salsiki para mojar. No tuvieron tanto éxito como las primeras.

Después, salimos a por la cena, que elegimos un japonés próximo, ducha y a dormir pronto que tendríamos que levantarnos de madrugada para tomar el vuelo a Sofía.

Aquí terminaba nuestra visita exprés a Atenas.

Atenas en 24 horas VI: Estadio Panathinaikó, Zappio y Jardines Nacionales

Después del Templo de Zeus nos dirigimos al Estadio Panathinaikó.

Construido en mármol pentélico entre 1869 y 1870, se trata del estadio que acogió la primera edición de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896. Se encuentra donde en el año 330 a.C. se levantó un estadio de madera para celebrar los Juegos de las Panateneas. Estos festejos anuales rendían culto a la diosa Atenea mediante competiciones de diferentes disciplinas como hípica, atletismo, lucha o carreras de cuádrigas. También se realizaban competiciones musicales e incluso de belleza.

Durante la ocupación romana el recinto, que había caído en desuso, acogió luchas de gladiadores. Después quedó abandonado y se usó como cantera. El nuevo estadio, con unas dimensiones de 204 metros de largo por 83 de ancho tenía 50 filas de gradas que podían acoger a unos 80.000 espectadores.

Hoy en día sus dimensiones difieren de las regladas y estandarizadas en atletismo. No obstante, se sigue usando, aunque más para celebraciones. Por ejemplo, acogió la ceremonia de inauguración del Campeonato Mundial de Atletismo de 1997 y sirvió para festejar la Eurocopa de 2004 que ganó la Selección de fútbol de Grecia. En algunos casos también se ha usado como recinto para un concierto. Tina Turner, Bob Dylan, Depeche Mode o Mettalica han tocado allí.

Frente al estadio tenemos los Jardines Nacionales, un remanso de paz de 16 hectáreas en medio del ajetreo de la capital griega.

Para entender su origen hay que remontarse al siglo XIX, cuando el actual Parlamento era Palacio Real. En todo el mundo es costumbre que las residencias reales tengan un espacio ajardinado, y en este caso no iba a ser diferente.

El Jardín Real fue encargado por la reina Amalia en 1838 y el encargado de diseñarlo fue Friedrich Schimdt, un ingeniero agrónomo que viajó por todo el mundo en busca de una gran variedad de plantas y animales. Incluso le encargó a las fuerzas navales griegas que recogieran diferentes especies en sus travesías. Lamentablemente, no todas las plantas sobrevivieron al clima mediterráneo.

Durante los trabajos de creación de los jardines hubo que escavar, y, siendo Atenas, no se podía esperar otra cosa que hallazgos arqueológicos. En este caso se encontraron restos de la época romana como mosaicos o partes de columnas. Incluso un acueducto. Muchos de estos elementos se aprovecharon para decorar el ajardinamiento.

Además de los 500 tipos diferentes de plantas, hay un estanque en el que podemos encontrar aves acuáticas y tortugas.

El Jardín se abrió al público en 1923 pasando de ser el Jardín Real a los Jardines Nacionales. Está abierto las 24 horas del día y encontramos gente haciendo deporte y familias con niños sobre todo por la zona del estanque.

En la zona sur del parque se encuentra el Zappeion, un palacio que data de 1870.

De estilo neoclásico, está rodeado a su vez por un jardín.

Debe su nombre a Konstantinos Zappas, su propietario, un hombre pudiente que quería que se celebraran de nuevo unos Juegos Olímpicos en Atenas. Al final lo consiguió, incluso el palacio se convirtió en la sede del Comité Olímpico de aquellas primeras olimpiadas de la época moderna. Hoy en día se usa para exposiciones, conferencias y eventos puntuales.

En el lado sudeste están los bustos de Ioannis Kapodistrias, el primer jefe de Estado de la Grecia independiente.

Y como los jardines están en la parte trasera del Parlamento, podemos ver en la parte norte unos guardas presidenciales. No vimos cambio de guardia, pero sí que parece que estaban haciendo algún tipo de estiramiento. En este caso, llevan el traje de gala, que como ya expliqué, es blanco y lleva un chaleco sobrepuesto.

Con el recorrido por el parque dimos por finalizada la mañana y buscamos un sitio donde comprar la comida y nos volvimos al apartamento a tomárnosla relajadamente.

Este es el resumen de la etapa:

Atenas en 24 horas V: Ermou, Arco de Adriano y Templo de Zeus Olímpico

Después del tentempié en el piso, volvimos a la calle a continuar con nuestro paseo. Lo retomamos donde lo habíamos dejado, ya que teníamos muy cerca la Plaza Sintagma.

De ella sale la calle Ermou, una de las principales calles comerciales de Atenas. Ermou hace referencia al dios Ermes, del comercio. Por este motivo, en cada población griega la calle de tiendas se llama Ermou. Hacia el otro lado de la Plaza Sintagma destacan también las calles Stadiou y Panepistimiou. Para encontrar las tiendas más lujosas habría que tomar la calle Voukourestiou que lleva hasta Kolonaki, el barrio más pudiente de la ciudad.

La calle Ermou nos lleva directamente a la iglesia bizantina Kapnikarea.

Con planta de cruz, este templo tiene una cúpula sujeta por cuatro columnas romanas. Está construido en ladrillo visto y cuenta con ventanas de medio punto. En su interior destacan los frescos pintados por Fótis Kóntoglou a mediados del siglo XX.

Se construyó entre el siglo XI y el XIII dedicada a la Presentación de la Virgen María. Se cree que fue levantada sobre un antiguo templo pagano, algo bastante común. En el siglo XIX peligró, puesto que su situación en una de las arterias más comerciales de la ciudad suponía un impedimento en la planificación urbanística de la capital. Sin embargo, Ludwig I de Baviera intervino para evitar su demolición.

Se cree que debe su nombre a Kapnikon, un recaudador de impuestos propietario del edificio. Hoy en día pertenece a la Universidad de Atenas desde que en 1950 se encargara de su conservación. Ha tenido que ser restaurada, sobre todo el techo, ya que los frescos han sufrido un deterioro a causa del humo y calor de los cirios, así como la respiración de la gente a lo largo de los siglos.

Después volvimos hacia Plaka en dirección al Arco de Adriano.

Con sus 18 metros de alto por 13 de ancho, fue levantado por los romanos en el siglo II d.C. para conmemorar al emperador Adriano, quien intervino bastante en la vida social, política y administrativa de la Grecia de su época. Era un apasionado de la cultura, y durante su dominio se llevaron a cabo la edificación de numerosas construcciones públicas, como la ya visitada biblioteca, el primer acueducto de Atenas o el refuerzo de las murallas de la ciudad.

El arco se construyó con mármol pentélico en el lugar en que se encontraba una de las puertas de entrada a la ciudad. De esta forma se establecían unos nuevos límites separando la antigua Ciudad de Teseo que se articulaba en dirección a la Arcrópolis, del nuevo desarrollo urbanístico romano que se extendía hacia el exterior. Además, para que constara la intención, hay una inscripción en cada fachada idéntica de la puerta. En el lado griego figura Esta es Atenas, la ciudad de Teseo; y en la romana Esta es la ciudad de Adriano, y no la de Teseo.

El monumento aúna tanto elementos griegos clásicos como romanos para mostrar la unión de ambos pueblos. Originariamente constaba de dos pisos, aunque poco se sabe del superior.

Justo al lado encontramos el Templo de Zeus Olímpico. O lo que queda de él.

 

Solo viendo lo extraordinariamente colosales que son las columnas podemos hacernos una idea de la envergadura que podía tener el templo. De hecho, llegó a ser el más grande de toda Grecia.

Se comenzó a construir en el siglo VI durante el gobierno de Pisístrato, aunque no finalizaron las obras hasta el II d.C. en época ya del emperador Adriano. Aunque los cimientos se colocaron en el 515 a.C., el hijo de Pisístrato abandonó el proyecto. Después derrocado y durante la democracia se dejó incompleto. Se reanudaría en el 174 a.C., pero diez años más tarde se volvió a dejar de lado. En el 86 a.C, con la llegada del dominio romano incluso se llevaron columnas a Roma. Finalmente, con Adriano, admirador de la cultura griega, se retomó la construcción y se terminó.

El templo medía 96 metros de largo por 40 de ancho y estaba compuesto por 104 columnas de 17 metros de altura. Se dedicó al Zeus Olímpico y el emperador encargó la colocación de dos estatuas de oro y marfil. Una de Zeus y otra de sí mismo. Hoy en día no se conserva resto de ninguna de ellas, así como tampoco del interior del templo. Tan solo se mantienen en pie 15 columnas, una más se encuentra en el suelo partida. Se cree que el edificio quedó destruido por un terremoto en la Edad Media y que parte de sus ruinas se usaron como materiales de construcción. No es extraño ya que el mármol pentélico está muy valorado.

Nuestra mañana continuó, pero lo dejamos para otro día. Este fue nuestro recorrido:

Atenas en 24 horas IV: Catedral y Plaza Sintagma

El final de la calle Mitropoleos nos llevó a la Catedral de la Anunciación de Santa María, conocida por los lugareños como Mitrópoli.

Este templo ortodoxo se construyó entre 1842 y 1862 con materiales de antiguas iglesias bizantinas que habían quedado derruidas. Tras su finalización, fue consagrada el 21 de mayo de 1862. Está recién restaurada, ya que en 1999 sufrió daños por el terremoto que sacudió Atenas.

Su planta es de tres naves, que se hallan separadas por columnas dobles y está rematada por una cúpula.

Destacan en su interior las dos tumbas de mártires de la Iglesia Ortodoxa Griega que fueron asesinados por los turcos durante su ocupación. Se trata de Santa Filotea de Atenas (patrona de la ciudad) y Gregorio V (el Patriarca de Constantinopla).

Desde sus orígenes ha sido escenario de ceremonias importantes como bodas reales o funerales de personalidades notables. Por ejemplo, fue en esta catedral donde se casaron los reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía.

Su interior me recordó (en cierta medida) a las iglesias visitadas en San Petersburgo. Pero es lógico, ya que es de rito ortodoxo. No soy una erudita en el tema, ni siquiera en las cristianas católicas romanas, pero se aprecian diferencias entre unas iglesias y otras. Donde más se nota es en los muros, que están decorados de arriba a abajo con iconos o pinturas que representan historias de la Biblia. Incluso aprovechan las columnas, donde suelen estar representados santos.

Destaca además el iconostasio, a veces al mismo nivel que el resto de la planta, y no como el altar de las cristianas romanas; así como los tronos para reyes o personalidades importantes de la iglesia.

Tradicionalmente en las iglesias ortodoxas no había bancos, ya que sentarse se consideraba una falta de respeto a dios. Sin embargo, en la corriente más occidental sí que suele haberlos por influencia de la rama romana.

Durante nuestra visita nos sorprendió el recorrido que seguían los feligreses. En las paredes de la catedral había dispuestos varios cuadros, y la gente iba uno por uno parándose delante, rezando algo y después besando el cristal. Uno por uno. Y no eran pocos. Incluso lo hacían con las dos tumbas.

Esta señora se quedó fácilmente medio minuto pegada al cristal. Imagino que estaría rezando.

Nos resultó también chocante que los cuadros tuvieran los detalles en altorrelieve salvo las caras de las figuras representadas que estaban pintadas. Es curioso el contraste.

En la misma plaza se encuentra la estatua al Arzobispo Damaskinos. La vemos según salimos de la catedral.

Comenzó como sacerdote en 1917. En 1922 fue nombrado obispo y en 1938 se le eligió como Arzobispo, sin embargo, no llegó a ejercer como tal hasta 1941, puesto que el dictador Metaxas se opuso en primera instancia. Accedió al puesto cuando Grecia fue invadida por los nazis.

No fue muy querido por los alemanes, ya que Damaskinos se movilizó para defender a los judíos. Por un lado protestó ante las autoridades cuando comenzaron las deportaciones de judíos y por otro expedió falsos certificados de bautismos.

Llegó a ser primer ministro de Grecia, aunque apenas 15 días (entre el 17 de octubre de 1945 y el 1 de noviembre de 1945). Falleció en Atenas en 1949.

Otra estatua que encontramos en la plaza es la de Constantino XI el Paleólogo.

Murió el 29 de mayo de 1453 mientras luchaba defendiendo su Costantinopla de los turcos. Se trata del último emperador de Bizancio y durante la Guerra de Independencia de Grecia se convirtió en un símbolo. Tan significativo es que la Iglesia Ortodoxa lo santificó y ocupa un lugar privilegiado en la ciudad: frente a la Catedral.

A la derecha de la Catedral podemos ver una iglesia pequeña. Esta construcción data de finales del siglo XII y estaba dedicada a la Virgen Gorgoepikoos y a San Eleuterio. Fue sede de la iglesia ortodoxa y entre 1839 y 1842 fue biblioteca.

Muy cerca de la Catedral, siguiendo la misma calle por la que veníamos, llegamos a la Plaza Sintagma.

También se la conoce como Plaza de la Constitución, ya que es donde tuvo lugar el alzamiento del pueblo en el que le pedían una constitución al Rey Otón el 3 de septiembre de 1843. Hoy en día sigue siendo la elegida para manifestaciones.

El edificio más significativo de la plaza es el Parlamento, construido entre 1836 y 1842, aunque estaba destinado a ser el palacio de Otón.

Frente al Parlamento se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, donde podemos encontrar a dos evzones vestidos con el uniforme tradicional. Cada hora realizan un curioso cambio de guardia en el que parecen danzar el baile de la garza. El cambio de guardia más importante tiene lugar los domingos a las 10 de la mañana.

Esta vez no coincidimos con una hora punta, pero en nuestra visita de 2008 sí que los vimos desfilar. El cambio lo interpretan cinco soldados: dos que se van, dos que les relevan y uno que los dirige. Al finalizar el cambio, intervienen otros soldados que les arreglan la ropa, el gorro y les secan el sudor.

Cada soldado hace turnos de una hora, 3 veces a la semana cada 48 horas. En su puesto se espera que permanezcan atentos pero impasibles ante estímulos que les distraigan.

Los evzones fueron creados como Guardia Real en 1868, hoy en día se han convertido en miembros de la Guardia Presidencial. Este cuerpo de élite cuenta con unos 120 miembros y tienen privilegios con los que no cuentan otros soldados del ejército griego. Ser elegido evzon es todo un honor.

Su uniforme se inspira en el que llevaban los rebeldes griegos en la Guerra de la Independencia contra los otomanos. En realidad, tienen tres tipos de uniformes, cada uno de ellos rememora un antiguo vestido popular de las diversas zonas de Grecia (continental, cretense y el de la zona del Ponto).

El continental consta de un gorro rojo adornado por una larga bola negra. El sombrero hace referencia a la sangre derramada por los soldados en las batallas y la borla a las lágrimas lloradas por las madres de dichos soldados. La falda cuenta con 400 tablas, tantas como años estuvieron los griegos bajo régimen otomano. Los zapatos son muy robustos y están adornados con grandes pompones negros. En la suela tienen una placa metálica que hace que suenen al andar.

Dentro del tipo de uniforme continental tienen la versión de verano y la de invierno. Y además, la de gala. Por ese motivo podemos ver en las fotos diversas vestimentas.

Sobre estas líneas los vemos de azul marino, similar al que llevaban los soldados hasta 1910. Este es el uniforme de invierno y la foto se corresponde con noviembre de 2015.

Por otro lado, en mayo de 2008 vestían el color caqui claro, que se asemeja al que vestían los soldados tras 1910.

Además, está el uniforme de etiqueta, que deriva del cretense. Lo llevan los domingos, cuando hay alguna fiesta nacional o cuando se recibe a dignatarios extranjeros. Es decir, en ocasiones especiales. En este caso, es blanco y cuenta con un chaleco adornado con brocado de plata. Este es el que llevaban en diciembre de 2016.

Aprovechando que estábamos cerca del piso, localizamos un supermercado e hicimos una parada para comprar algo de desayuno para el día siguiente. Y ya puestos, compramos picoteo, unas cervezas y nos subimos a hacer una parada técnica antes de continuar con nuestro día. ¡Aún era media mañana!

Aquí nuestro recorrido:

Atenas en 24 horas III: Psirrí y Plaka

Después del Cerámico, dirigimos nuestros pasos al próximo barrio de Psirrí, donde antiguamente habitaba la clase baja ateniense. Hasta principios de los 80 predominaba la artesanía, el trabajo de marroquinería y la venta al por menor.

Aún hoy en día sigue conservando mucha de su esencia en sus edificios bajos, aunque se ha convertido en uno de los distritos emergentes con la llegada de galerías, artistas, artesanos y mercaderes atraídos por los alquileres baratos.

Como suele ocurrir en estos casos, ha pasado a ser un barrio bohemio con movimientos sociales y culturales. Es un barrio joven lleno de tiendas y bares. Por la noche sus tabernas hacen que sus calles se llenen de color y música, aunque parece que últimamente se está moviendo la vida nocturna al cercano Gazi.

Eso sí, sobre todo, lo que predomina son los grafittis, desde las más vulgares pintadas a los murales más trabajados.

Callejeando llegamos al barrio de Monastiraki y a su concurrida plaza homónima, que toman su nombre del pequeño monasterio bizantino que la preside.

La Plaza Monastiraki, a los pies de la Acrópolis, es el punto de encuentro de los jóvenes, pero además, tiene mucha vida gracias a las tiendas de ropa, de recuerdos, bazares, mercadillos y tabernas que la rodean. Incluso tiene su propio mercado de fruta.

También podemos encontrar la mezquita otomana de Tzistarakis.

De allí nos dirigimos a la Biblioteca de Adriano, o lo que queda de ella.

Fue construida en 132 d.C. por orden del emperador Adriano, de ahí su nombre. Aunque también es conocida como la Biblioteca de las cien columnas ya que ocupaba un recinto de 122 x 80 metros que estaba rodeado por … wait for it… cien columnas. En su origen era un edificio rectangular que servía para guardar la extensa colección de libros del emperador. Además, era usada como sala de lectura e incluso centro de convenciones. El edificio contaba con un patio central con un estanque. Se accedía por el oeste y la biblioteca quedaba en el lado este.

Fue destruida en 267 por los hérulos, aunque se reparó en el 412. En el siglo V también se erigió una iglesia paleocristiana con planta de trébol de cuatro hojas, aunque en el VII fue sustituida por una basílica de tres naves. Más tarde, en el XI se construyó en su lugar una iglesia bizantina de una sola nave.

La biblioteca quedó en el olvido hasta 1885, cuando tras un incendio del templo, se iniciaron unas excavaciones que sacaron a la luz unos bloques de piedra caliza y columnas corintias destrozadas de más de ocho metros de altura, además de los restos de los cimientos de la primera iglesia.

Posteriormente, entre 1960 y 1970 se restauró la fachada oeste. Lo cierto es que queda poco que ver salvo algunas columnas, aunque podemos hacernos a la idea de lo inmensa que debía ser.

Volvimos sobre nuestros pasos hasta Monastiraki a perdernos entre las callejuelas del barrio, donde podemos encontrar todo tipo de artículos, desde elementos militares, ropa de segunda mano, zapaterías, libros, antigüedades, joyas, recuerdos…

También te encuentras con puestos, carros o carretillas en los que venden los panecillos de diferentes formas similares a los que ya habíamos probado en Estambul. Y claro, era media mañana, y ya teníamos el desayuno en los pies con todo lo que llevábamos recorrido, así que compramos un par diferentes para coger fuerzas antes de continuar con nuestra ruta.

Hasta aquí el resumen de esta etapa:

Atenas en 24 horas II: Ágora Romana, Ágora Antigua y Cerámico

Tras bajar la colina, llegamos al Ágora Romana, desde donde se ve el perfil de la Acrópolis sobre el promontorio rocoso.

El Ágora, situado en el barrio de Plaka, se construyó entre los años 19 y 11 a.C., en la época del emperador Augusto. Posteriormente se amplió por órdenes del emperador Adriano. En la etapa de mayor esplendor ocupaba un área de 100 metros cuadrados donde se disponían los comercios, el mercado central y las letrinas públicas. Quedaba rodeada por una serie de columnas jónicas de mármol. Asimismo, el patio también estaba revestido de mármol.

Era el centro neurálgico de la ciudad, donde se desarrollaba el día a día de los atenienses, donde se reunían. Por ello también era conocida como Foro Romano. Lo que queda en pie hoy en día son apenas unas pocas columnas del patio y una zona de lo que eran los baños públicos.

Sí que se conserva casi entera la Torre de los Vientos, del siglo II a.C. y que tenía función de reloj solar e hidráulico. El hecho de que haya llegado así hasta nuestros días es que fue usado como capilla en el siglo VI.

En un principio pensábamos entrar, pero prácticamente todo se ve desde el exterior. Dado que apenas se conserva mucho y nos quedaba mucho que ver – y pocas horas de luz- , decidimos continuar hasta el Ágora Antigua. Las fotos que acompañan estas líneas son de 2015, de la visita de mi hermano.

El Ágora Antigua era el corazón sociopolítico y comercial de la antigua Atenas. En ella tenían lugar todo tipo de actividades: reuniones políticas, debates con grandes oradores haciendo gala de su buena retórica, elecciones democráticas, celebraciones religiosas, representaciones teatrales, competiciones atléticas…

Era un gran espacio abierto que se articulaba en torno a la Vía Panatinaica, la arteria que atravesaba el recinto desde la Acrópolis hasta el Cerámico.

Los principales edificios públicos que se encontraban en el Ágora eran:

  • Centro de Gobierno: donde tenían lugar las reuniones para discutir sobre la política y las leyes de la ciudad.
  • Mercado
  • Casa de la Moneda
  • Prisión
  • Recinto sagrado con una serie de templos y monumentos

Podemos pasear libremente por este recinto y descubrir los restos descubiertos por arqueólogos entre los años 1859 y 1912. Así como restos de esculturas encontradas tiempo después al realizar obras en la línea ferroviaria. Está prácticamente todo devastado. Pero, tras la Acrópolis, ocupa el segundo lugar en la lista de visitas imprescindibles en una visita a Atenas por la relevancia que tuvo en su época.

Los principales edificios que quedan en pie son el Templo de Hefesto y la Stoa de Átalo. Esta última se usa hoy en día como museo.

El Templo de HefestoHefestión es uno de los templos mejor conservados de la Antigüedad, no se ha encontrado ningún resto de edificio anterior, así que se considera que es el original y no una reconstrucción tras las destrucciones persas. También se cree que se ha preservado bien con el paso del tiempo porque desde el siglo VII hasta 1834, fue una iglesia cristiana. En el siglo XIX se convirtió en lugar de sepultura para europeos no ortodoxos. Hay enterrados numerosos personajes que dieron su vida por la independencia griega.

Construido entre el 460 y el 415 a.C. en honor al dios Hefesto, señor de los volcanes y la herrería, este templo dórico realizado en mármol y caliza conserva el techo a dos aguas y su frontón, aunque en otra época estuvo ornamentado. Los frisos mostraban escenas de gigantomaquia, batallas de centauros y escenas de Heracles.

Mide 13,07 por 31,77 y cuenta con seis columnas en las fachadas este y oeste, y trece en norte y sur. Al parecer albergaba estatuas en bronce de Atenea y Hefesto.

La Stoa de Átalo es un edificio de planta rectangular regalado por el Rey Átalo de Pérgamo en el año 150 a.C. a la ciudad de Atenas. Las Stoas eran lugares donde se iba a conversar y comprar, esta, de dos plantas,albergaba el centro comercial de Atenas. Esta es la única que se conserva en toda Atenas.

Se restauró y se convirtió en museo a mediados del siglo XIX para albergar los objetos que se fueron encontrando en las excavaciones del Ágora. En él podemos encontrar vasijas de diferentes tamaños y con diversos usos, joyas, armas, monedas que nos hacen entender un poco más la historia de Grecia.

También hay una colección de esculturas que se encontraron de los diferentes dioses y personajes de importancia.

En el recinto también se encuentra la Iglesia Bizantina de los Santos Apóstoles. Levantada sobre las ruinas de un monumento del siglo II consagrado a las ninfas de los manantiales a finales del siglo X, fue la primera iglesia construida en el período bizantino. Es una de las iglesias más antiguas de la ciudad.

Lo que hoy vemos es el resultado de una reconstrucción en 1950.

Nuestra siguiente parada fue el Cerámico. En la antigua Atenas era el barrio de los alfareros y conectaba con el cementerio de la ciudad. Se puede visitar, pero también se puede tener una panorámica de todo el terrero desde una posición elevada en el barrio judío, en el parque en el que se encuentra el Memorial al Holocausto.

El cementerio salió a la luz en 1862 con las obras de construcción de la carretera que conectaba la zona de la ciudad con el Pireo. Meter la excavadora en Atenas debe dar miedo a los constructores, pues nunca se sabe qué va a aparecer que pueda paralizar completamente las obras.

Cuando los trabajadores descubrieron que ahí había algo, no eran conscientes de la magnitud del hallazgo. Y es que una vez que comenzaron a cavar, no encontraban el fin de aquella necrópolis. No se encontró hasta que en el siglo XX el Instituto Arqueológico de Alemania por encargo del gobierno griego comenzó a ahondar sobre el tema. Gracias a esta revelación se obtuvo una gran cantidad de información sobre diferentes etapas de la historia ateniense como plagas o guerras.

Comenzó a usarse con ese fin porque el barrio del Cerámico había quedado dividido en dos mediante un muro en el 478 a.C. Los atenienses, acostumbrados a enterrar fuera de las ciudades, consideraron ese muro como un límite. Y comenzó a crecer y a expandirse convirtiéndose en el más importante y extenso de Atenas. Se usó hasta el siglo VI d.C., después, cayó en el olvido hasta el siglo XIX.

El espacio arqueológico, unos 40.000 metros cuadrados de extensión, fue cubierto por una planicie de 8-9 metros, por lo que ha alcanzado el nivel de la calle Emou.

En las inmediaciones también se puede visitar un museo donde se guardan los objetos que se han ido encontrando en las excavaciones, al igual que ocurre en la Antigua Ágora.

También cerca se ve la Iglesia Agia Triada, cuyo lugar de emplazamiento no es el original. Fue trasladada ahí en la década de 1930. Es de estilo bizantino y cuenta con planta de cruz.

Y de momento, aquí dejamos nuestro paseo. Esta es la ruta que seguimos desde que salimos de la Acrópolis hasta el Cerámico.

Atenas en 24 horas I: Acrópolis

Comienza la escala exprés. Nos levantamos bien temprano con intención de aprovechar bien el día y ver lo máximo posible de Atenas. Lo malo que tiene diciembre en esas latitudes es que anochece pronto (a las 17 horas), por lo que cuanto antes empezáramos, mejor.

El día anterior no habíamos localizado ningún supermercado, por lo que no teníamos desayuno en el apartamento, así que salimos de noche, bien abrigados, camino de la Acrópolis en busca de una cafetería. No sé si por la hora, por la zona o por ser domingo, pero el caso es que no nos fue nada fácil.

Al final acabamos en una calle aledaña a la Acrópolis en la terraza de una cafetería que acababa de abrir. Y claro, la zona se paga. No fue especialmente barato. Creo que pagamos unos 20€ por 3 cafés con leche, un té, dos napolitanas y dos croasanes. Eso sí, tanto las tazas como la bollería eran de tamaño considerable.

Justo frente a la cafetería teníamos la estatua de Yannis Makriyannis, un mercader, político y militar griego que luchó por la independencia de Grecia formando parte activa de la primera Constitución del Reino de Grecia. Sin embargo, a pesar de su contribución a la vida política, es conocido sobre todo por sus Memorias, ya que aporta gran información histórica y cultural sobre su época.

La Acrópolis abría a las 8 de la mañana, así que ya desayunados, nos fuimos a la puerta a esperar que abrieran. El precio de la entrada eran 20€, pero por ser invierno, que es temporada baja, queda reducido a la mitad. Hay un ticket combinado que incluye la Acrópolis y sus dos laderas, el Ágora y su museo, el Cerámico y su museo, el Liceo, la Biblioteca de Adriano y el Ágora romano por 30€. En principio valoramos comprar este billete conjunto, pero echamos cuentas y como todas las entradas estaban a mitad de precio, no nos compensaba.

Si compras la opción combinada te dan las entradas agrupadas (noviembre 2015):

Entradas Atenas

La Acrópolis de Atenas, a 156 metros del nivel del mar, es sin duda el lugar más conocido de la ciudad y de toda Grecia. Su localización no es gratuita, en la Antigüedad, la mayoría de las ciudades griegas se articulaban en torno a la “ciudad alta” que cumplía su función defensiva. En realidad es algo que se mantuvo durante siglos, no hay más que pensar en esos castillos medievales en lo alto de escarpados riscos dominando la llanura y adelantándose a un posible ataque enemigo. Sin embargo, la Acrópolis no era donde vivían los atenienses, sino que era el recinto sagrado, era lo que consideraban que debía estar más protegido, y también, más cerca del cielo.

Así pues, la Acrópolis servía como lugar de culto, ya que es donde se agrupaban los principales templos. Los más importantes son el Partenón, el Erecteion y el Templo de Atenea Niké.

Lo que queda hoy en día no es ni sombra de lo que fue. En parte se debe al paso del tiempo; pero sobre todo por haber sido destrozada y saqueada en numerosas ocasiones. Está en continua restauración y aún así hay restos y ruinas apartados en cada rincón esperando a ser utilizadas y devolver un poco del esplendor que tuvo hace siglos.

Comenzamos pasando por una zona de hierba donde hace años estuvo el Santuario de Dionisio y un poco más adelante la Fundición de Bronce.

Pero nuestra primera parada fue el Teatro de Dioniso, a los pies de la ladera sur. Data del siglo VI a.C. y, como bien se puede deducir por su nombre, estaba dedicado a Dionisio, el dios del vino y del teatro.

La primera construcción fue en la segunda mitad del siglo VI a. C. Los ciudadanos de la antigua Grecia se sentaban en la colina cuando se realizaban celebraciones en honor al dios. Poco después se colocaron unas plataformas de madera para acomodar a los espectadores y ya a finales del siglo V a.C. se sustituyeron por unas gradas de cemento más seguras.

En la primera fila se pueden ver inscripciones. Estas correspondían a los nombres de los personajes más ilustres de la ciudad, que tenían su sitio reservado. Por supuesto, estas localidades (67) eran cómodos asientos de mármol con su respaldo que nada tenían que ver con las de cemento. Lo que viene a ser tener entradas de palco de la Antigüedad.

Entre estos asientos privilegiados se localizaba un altar consagrado al dios Dionisio.

Había 78 filas de gradas dispuestas en circular ocupando dos tercios de una circunferencia. Tras varias ampliaciones llegó a tener capacidad para unos 17.000 espectadores. En el centro era donde cantaban y bailaban los coros, que acompañaban la acción dramática.

Los actores se colocaban en una plataforma permanente algo estrecha, y tenían una sala interior que les servía de zona de ensayo o camerino.

Lo que en un día eran celebraciones en honor al dios, con el paso del tiempo se convirtieron en representaciones teatrales de las tragedias de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes con representaciones que llegaban a durar hasta 6 horas.

Muy cerca se encuentran las ruinas del Santuario de Asclepio, dios de la Medicina en la mitología griega. Hoy en día apenas unas columnas quedan en pie de este lugar al que acudían los enfermos en busca de sanación.

Siguiendo el ascenso, lo siguiente que nos encontramos es el impresionante Odeón de Herodes Ático.

Como se puede ver está reconstruido, sobre todo se aprecia en las gradas, pero es que desde 1957 se utiliza para representaciones teatrales y de danza, así como espectáculos musicales tales como óperas y conciertos. También se celebra en él el Festival de Atenas de mayo a septiembre. La acústica debe ser estupenda.

Tan solo no se reconstruyó el techo de madera de cedro que en su día tenía y que debió elevar su precio de construcción. Y además de caro, parece que no se sostenía en ninguna columna, lo cual era todo un alarde arquitectónico.

Se erigió en el 161 d.C. y continuó en funcionamiento hasta el 267 cuando fue destruido en la invasión de los Hérulos. Con una planta similar a la de un teatro romano, estaba construido con muros revestidos de mármol y una platea para más de 5000 espectadores (más pequeño que el de Dionisio), también de mármol. El suelo estaba cubierto por mosaicos. El escenario contaba con más de 35 metros de ancho y tras él, en la pared había una serie de estatuas decorativas.

No se puede acceder a él (salvo cuando hay algún evento), tan solo se puede visitar desde lo alto. Dejándolo a nuestra espalda, nos encontramos ya ante el acceso a la Acrópolis en sí.

El mármol está en un estado tan lamentable que está todo apuntalado, hay carteles de “no tocar”, plataformas de acceso para no resbalar y pasamanos. Una pena.

Tras atravesar el acceso llegamos a la explanada donde nos espera el famoso Partenón.

Este edificio de estilo dórico se construyó entre los años 477 y 432 a. C. para consagrar a la diosa Atenea Parthenos, a quienes los griegos consideraban su protectora. En su interior había una escultura de 12 metros de la diosa realizada en madera, marfil y oro. Se comenzó su construcción porque Pericles quería honrar a los dioses por su victoria contra los persas.

El Partenón tiene unas dimensiones que siguen la proporción 4:9. Para dotar de armonía visual a este edificio de 70 metros de largo por 30 de ancho los arquitectos jugaron con las matemáticas y la percepción. Y es que para que las líneas rectas de un edificio lo parezcan, en realidad no han de serlo, por eso en el Partenón se van ensanchando a un tercio de su altura. Como añadido, las de las esquinas son más anchas que el resto. Además, algo que comparten las 8 columnas de las fachadas principales y las 17 de las laterales es que están inclinadas hacia dentro y no son equidistantes entre sí.

Está todo tan calculado buscando la perfección, que incluso la base del templo está curvada para corregir el mismo efecto óptico que producirían las columnas si fueran rectas. Además, el hecho de que sea convexo ayuda a la evacuación del agua hacia el exterior.

Tal y como está hoy en día, es complicado imaginar cómo fue en su día con su mármol blanco de las canteras del monte Pentelis decorado con adornos y colores. Los frisos estaban tallados con escenas de la mitología griega con más de 300 figuras esculpidas.

Hoy en día, estas canteras están protegidas por el gobierno y tan solo se puede extraer el material para reconstruir la Acrópolis.

Hoy en día se siguen realizando tareas de restauración para intentar recuperar el principal edificio del complejo. Y es un arduo trabajo, ya que la historia no ha facilitado las labores de conservación. En el siglo XIII albergó una iglesia bizantina, en el XV se convirtió en mezquita. Dos siglos más tarde los turcos dejaron de usarlo como edificio religioso convirtiéndolo en polvorín. Y cuando las tropas venecianas en 1687 lanzó un cañonazo, ¡oh, sorpresa!, hubo una explosión que destruyó gran parte de la edificación.

A partir de ahí comenzó su deterioro, y luego a principios del XIX llegaron los ingleses y dijeron “todo esto que ves, todo esto es mío” y expoliaron lo que quisieron y más. Y ahí lo tienen sin ningún complejo expuesto en el British Museum. Allí exhiben buena parte de los frisos y figuras.

A finales del mismo siglo, por si lo vivido hasta ahora fuera poco, se vio afectado por un terremoto.

Hay una placa que hace referencia a cuando en el siglo XIV perteneció a la Corona de Aragón.

Nosotros fuimos en 2008 y había grúas por todas partes. En 2016 se ve que había habido avances, aunque es un proceso lento, y más con la crisis en la que está inmerso el país.

Si continuamos por el perímetro de la Acrópolis podemos ver las partes inferiores de la ladera, como el Odeón o el Teatro de Dionisio que se iban iluminando con el sol de primeras horas del día.

Cambiando de ladera, nos dirigimos al Erecteion, un templo jónico construido entre los años 420 y 406 a.C. también con mármol de Pentelis.

Se encuentra en un lugar importante, ya que se dice que es el punto en el que la diosa Atenea hizo florecer el primer olivo de Grecia. Además, tiene una compleja arquitectura, ya que está erigido sobre una pendiente, estando los lados norte y oeste 3 metros más bajos que los lados sur y este.

Su mayor atractivo es la galería sur, donde se encuentran las seis Cariátides. Aunque en realidad, estas columnas de 2,3 metros de alto con forma femenina son una réplica. Cinco de las originales se encuentran en el Nuevo Museo de la Acrópolis y la sexta en el British Museum. Las cariátides representan un cortejo fúnebre, sostienen el féretro del dios.

Este templo también ha sufrido lo suyo. En el siglo I a. C. se quemó y tuvo que ser reparado. En siglos posteriores ha sido iglesia cristiana y bizantina derribándose algún que otro muro. En 1463, con la llegada de los otomanos se convirtió en un harén y se tapió el pórtico norte.

Al igual que el Partenón, también fue usado como polvorín, y también quedó destruido por los venecianos. Y como el Partenón, también se vio expoliado por los ingleses en el siglo XIX. Pero además, el edificio quedó dañado tras los bombardeos de la Guerra de la Independencia Griega. Tras el final de la contienda se comenzó a restaurar y ha pasado por varios procesos, uno a principios del siglo XX y otro ya a finales, entre 1979 y 1987, siendo el primer monumento de la Acrópolis en ser restaurado.

El edificio justo a continuación es el Propileos, que servía de entrada a la Acrópolis, de hecho, es por donde se accede.

Hoy en día está bastante en pie para como estaba en 2008 todo lleno de andamios.

Levantado entre 437 y 432 a.C., era un edificio con forma rectangular cuyas columnas dóricas delimitaban cinco puertas de acceso y dos alas laterales. Estaba rematado con un techo azul con adornos dorados a modo de estrellas.

Al lado encontramos el Templo de Atenea Niké, que, se construyó en el año 420 a.C. para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en la Batalla de Salamina. Es un templo pequeño y cuadrangular de una única nave en el que destacan los pórticos con columnas jónicas. En su interior albergaba una estatua de Atenea Niké, símbolo de la victoria. Eso sí, para que no abandonase la ciudad, se le cortaron las alas.

Además de pasear entre templos y restos, la Acrópolis nos permite observar la ciudad desde diferentes puntos gracias a su situación privilegiada.

 

Con estas vistas nos despedimos de la Acrópolis, que habíamos tenido prácticamente para nosotros solos, y emprendimos la marcha colina abajo por el Monte de Ares. Hay también unas espectaculares vistas desde allí. Entre los tejados de las viviendas destacan diversos edificios y ruinas de la Antigüedad, como por ejemplo el Ágora Antigua o la iglesia del Cerámico.

Este fue nuestro recorrido por el Acrópolis:
acropolis

Vuelo y llegada a Atenas

El sábado 17 de diciembre partimos hacia Barajas para tomar nuestro vuelo de Aegean dirección Atenas. Íbamos con mochila de mano y con nuestra tarjeta de embarque, por lo que no tuvimos que pasar por el mostrador. Como mi hermano tiene acceso a sala VIP y solo puede invitar a una persona más, nos dividimos.

Nos volvimos a encontrar de nuevo en la puerta de embarque. Salimos puntuales y el vuelo fue más o menos tranquilo.

Al menos en cuanto a turbulencias e incidencias, ya que iba lleno de familias con niños pequeños y había bastante jaleo. Nos sorprendió que hubiera tanto crío, porque en realidad la semana siguiente todavía había colegio. Pero después oímos que hablaban entre varios padres comentando que habían decidido que sus hijos se saltaran las últimas clases para así ahorrarse dinero en los billetes de avión. Prácticamente todos eran familias mixtas (con un progenitor griego y otro español) o griegos que vivían en España y que iban a Grecia a pasar las navidades.

Los asientos más o menos como siempre, con el espacio justo si mides más de 1.80. Si eres como yo, que apenas paso del metro y medio, no lo notas tanto.

Al ser un vuelo de tres horas, nos dieron de comer. A los que elegimos la opción vegetariana nos sirvieron pasta con verduras y queso, un panecillo, mantequilla, un quesito, galletitas saladas y macedonia de fruta. Creo que es la mejor comida de avión que he comido. Al menos en lo que me llega la memoria. La pasta estaba muy rica, y la verdura jugosa, no era para nada plástico.

La opción estándar era pasta con carne y cambiando la macedonia por un bollo. Y en la infantil (según vimos a los niños que llevábamos delante) la carne que acompañaba a la pasta era picada y en vez de las galletitas saladas llevaba unas dulces.

Era nuestra primera vez con Aegean y no tenemos queja alguna. Fueron puntuales, no son muy quisquillosos con el tema de bulto de mano, el personal fue atento, la comida de la mejor que he comido en un avión y los asientos bastante aceptables. La única pega fueron las comunicaciones, ya que cuando hablaban por el altavoz había que afinar mucho el oído para entender el inglés con acento griego. Pero bueno, supongo que ocurre lo mismo cuando eres griego y oyes a un español hablando en inglés.

A medida que nos íbamos acercando a Grecia comenzó a anochecer, por lo que no pudimos ver mucho en el aterrizaje. Viajar al Este y diciembre, una mala combinación para las horas de luz.

Como no llevábamos nada más que equipaje de mano, el desembarque del avión fue bastante rápido. Así que nos dirigimos al metro a coger el M3 que nos llevaría a Sintagma. También podíamos haber cogido el bus X95 que sale cada cuarto de hora y que cuesta 6€, sin embargo, no parecía una buena idea para un sábado a las 6 de la tarde en época navideña ya que con toda probabilidad encontraríamos tráfico.

Así pues, al metro. ¿Qué billete hay que comprar? Pues hay que tirar de matemáticas. El billete sencillo eran 10€, por lo que siendo 4, tendríamos que pagar 40€. Sin embargo, existe una modalidad de “grupo” para 2 y 3 personas. El primero de ellos a 18 y el segundo a 24€. Por tanto, si compráramos dos de 18€, pagaríamos 36€. Bien, ya estamos ahorrando 4€ con respecto a la versión individual. Pero con uno de 3 y uno individual la suma sería 34€. Así que elegimos esta última opción. Una combinación rara, porque podrían hacer también para 4, e incluso 5, personas.

En aproximadamente una hora llegamos a la Plaza Sintagma, que estaba iluminada y había algún puestecillo. Aunque estaba algo desangelada para ser un sábado.

Apenas a 200 metros teníamos el apartamento de AirBnb. El anfitrión, que ya nos estaba esperando, nos enseñó el piso, nos explicó cómo funcionaba el termo, dónde teníamos las principales calles o lugares de interés, nos dejó las llaves y nos dio las indicaciones para el día de nuestra marcha. Nos había comprado hasta unas peras y naranjas como detalle de bienvenida.

El piso se veía que era antiguo y que había tenido alguna remodelación y posterior decoración tras una visita a Ikea. Teníamos un amplio salón-comedor con una ventana que nos daba visión directa de la cocina.

Esta apertura resultaba bastante práctica. Por un lado por la proximidad de la mesa, y por otro para abrir la pequeña cocina, que si no, se quedaría un poco claustrofóbica.

 

No cocinamos en ella, pero tenía una cocina eléctrica de cuatro fuegos y un horno. Además, estaba bastante bien equipada en cuanto a vajilla y otros utensilios.

Teníamos un baño de un buen tamaño con ducha, aunque tenía una incidencia con uno de los latiguillos de la cisterna y perdía agua. Además, había un pequeño aseo que constaba de inodoro y un diminuto lavabo. El espacio era tan reducido que si medías más de 1.70 al sentarte en el wc apenas podías cerrar la puerta porque te dabas con las rodillas, y además, el lavabo te hacía estar de lado porque te chocaba con el brazo. Y olvídate de lavarte la cara o los dientes, ya que apenas te podías inclinar. Pero bueno, para dos días nos hizo el apaño cuando había alguien duchándose en el grande. Además, ellos de pie no necesitan mucho espacio.

El piso contaba con dos habitaciones. Una de ellas con cama doble y ¡persianas! Fue muy gracioso cuando el anfitrión nos explicó cómo se hacía para subir y bajarla… Supongo que la costumbre de que nadie sepa qué es ese artilugio colocado en la ventana.

Y otra con dos camas individuales. Tanto en los dos dormitorios como en el salón contábamos con un aparato de aire acondicionado / bomba de calor. Sin embargo, no sé si por la época del año, por el aislamiento de la vivienda, porque llevaba tiempo cerrada, o por los splits en sí, pero el caso es que no llegamos a caldear el piso del todo. Por suerte apenas estuvimos en él. Apenas para dormir, y teníamos buenos nórdicos y mantas.

Tras acomodar nuestras escasas pertenencias, salimos a dar un paseo y buscar donde cenar. Según íbamos paseando por Psirrí vimos un pequeño local en cuya puerta había muchos jóvenes de apenas veinte años y pensamos “uy, ahí se tiene que comer bien y barato”. Y seguimos paseando descubriendo un ambiente navideño un tanto excesivo en algunas tiendas.

En la zona hay mucho restaurante y terracita, pero no vimos nada que nos llamara tanto la atención como el local por el que habíamos pasado. Así que volvimos.

El sitio en cuestión se llama Το Καρότσι του Γιατρού y se encuentra esquinado en una callejuela próxima al metro de Monastiraki. Observamos lo que pedía la gente y parecía que lo que triunfaba más era una especie de perrito pero con las patatas fritas dentro. Después descubrimos que todo llevaba las patatas fritas dentro. Había también hamburguesas o bocadillos. Los dependientes no daban abasto para atender. Uno tomaba las comandas y otro no paraba de rellenar patatas.

Nos decidimos por unos bocadillos. En los que incluían carne abrían el pan, añadían ensalada, un pincho moruno con la carne ya abobada, un buen puñado de patatas, mucho orégano y salsa. La opción vegetariana era similar pero cambiaba la carne por el queso. Ríete de los bocadillos del Subway.

El resultado es impresionante. La foto no le hace justicia. El pan es muy similar al español, no de este blandurrio; el toque de orégano con las salsas le daba un toque espectacular (si te gusta el orégano, claro. Yo soy muy muy fan) y el añadido de las patatas calientes recién hechas lo terminaba de rematar. Y eso que a priori choca comerse las patatas dentro del bocata, pero es perfecto tratándose de un local para llevar. Puesto que lo llevas todo junto. Además, la presentación está muy cuidada. Primero lo envuelven en papel de aluminio como un dürüm para que quede contenido, y después lo meten en una bolsa de papel. Con muchas servilletas. Sí, señor, estos griegos no te ponen una rácana servilleta que además no seca.

El precio creo recordar que oscilaba entre 1€ los perritos, hasta 5-6€ las hamburguesas. Los bocadillos estaban entre ambas opciones.

En la puerta tenían tres o cuatro mesas altas con unos taburetes, que es donde nos sentamos a comer. Nos supieron a gloria.

Y el día no nos dio mucho más de sí, ya que queríamos madrugar al día siguiente para aprovechar bien la jornada, así que regresamos al apartamento, nos duchamos y a dormir.