Interrail. Viajando por Benelux día 9. Ámsterdam – Amersfoort – Heineken Experience – Ámsterdam

Comenzamos año y aquí sigo relatando los once días de interrail allá por agosto de 2013. Y es que con tanto como vimos, con tantas ciudades, tantas fotos, tanto que contar, no consigo sacar tiempo. Pero ya estamos en la etapa final, así que prometo acabar antes de que acabe el mes, que se me acumulan los proyectos.

Este día sí que improvisamos, en un banco esperando en el andén al tren el día anterior vimos que había una ciudad que salía en varios carteles como punto de parada: Amersfoort. Aaprovechando el wifi de la estación, busqué en google, y al ver que el nombre tenía un tamaño considerable y en negrita en el mapa, pensé que debería ser importante, indagué algo más, vi imágenes y dije “aquí hay que ir, no nos lo podemos perder… ya que estamos y así aprovechamos el último día de interrail“.

Así que el viernes partimos dirección Amersfoort con nuestros bollos recién hechos y bebidas calentitas.

En unos 35 minutos llegamos a nuestro destino. De la estación al centro hay un paseo, que está indicado con una niña en unas plaquitas en el suelo, así que no tiene mucha pérdida

Como curiosidad, los semáforos también tienen figuras femeninas

En el centro nos encontramos bastante trasiego de los residentes haciendo sus compras en el mercado, esas madres nórdicas con sus inventos para llevar a 3 hijos, la compra y además no morir en el intento.

Amersfoort es una ciudad con aspecto medieval, que aún conserva restos de sus murallas y sobre todo sus puertas. Desde sus orígenes fue una ciudad defensiva y en la Edad Media era un punto importante en el comercio de textiles y cerveza. También cobró importancia gracias a los numerosos peregrinos que pasaban por allí en busca de la estatua de María. Y con el dinero de estos se construyó la Onze Lieve Vrouwetoren (Torre de Nuestra Señora), hoy en día el monumento más importante.Se trata de una torre de casi 100 metros de altura, la tercera más alta de los Países Bajos. En los siglos posteriores la ciudad perdió importancia. A mediados del s. XIX los habitantes derrumbaron parte de las murallas, por lo que sólo se conserva una parte y las puertas Koppelpoort, Monnikedam, Kamperbinnenpoort.

Con el ferrocarril la ciudad renació, hubo más industria y con ella más habitantes, pero unos 45.000 fueron desalojados durante la II Guerra Mundial, de hecho los alemanes abrieron un Campo de Concentración en la ciudad. En la actualidad residen en Amersfoort unos 150.000 habitantes. En 2006 obtuvo el título de ciudad más verde de los Países Bajos y en 2007 de Europa.

Nosotros paseamos desde la estación entrando por el ayuntamiento, vimos la Iglesia de Nuestra Señora, la de Sint Joris, donde había un mercado de flores en la plaza

y después callejeamos por Langerstraat y acabamos bordeando la ciudad hasta acabar en Koppelpoort, que está muy bien conservada.

Entre las curiosidades de esta visita, unos cajones de cara al canal, o una exhibición de coches deportivos

Y tras un par de horas de paseo, nos volvimos a la estación, donde hay un curioso reloj de sol, que marca la hora solar, y la hora real con el ajuste de estación, rotación y demás.

Desde luego me fui encantada, es una ciudad preciosa, con mucho encanto y personalidad.

Y tras pasar la mañana en Amersfoort, volvimos a Ámsterdam para la hora de comer. Esta vez tocó un chino que recomiendo, Asian Kitchen en  Muntplein. El sitio es un poco pequeño y estrecho, pero el precio está muy bien, la comida abundante y rica, y está céntrico, cerca del mercado de las flores. Nos atendieron bastante rápido, nos sentaron al lado de la cocina, que está abierta, con cristalera y ves cómo te van preparando el plato.

Nos decantamos por unos rollitos de primavera, unos fideos con gambas y un arroz con verduras.

Como veis, los platos son bastante grandes, acabamos bastante llenos. El nestea con gas también ayudó. En serio, cuando pido nestea es porque no me gustan las bebidas con gas, ¿a cuento de qué le añaden burbujas? Ya me pasó en Luxemburgo, que encima era de máquina, de los que te rellenas siempre que quieras, pero no ponía en ningún sitio que tuviera burbujas… qué manía, como con el agua con gas…

Y con el estómago lleno, nos dirigimos a la Heineken Experience, porque al ser viernes, aunque fuera por la tarde, pensábamos que íbamos a encontrar menos jaleo de visitas, colas, esperas y demás que si fuéramos el sábado. Fuimos caminando a la fábrica, todo el Spiegelgracht hasta llegar al Rijksmuseum y a la explanada de los museos, donde se encuentra, entre otros, el Van Gogh.

También, mirando a la explanada, podemos encontrar las famosas letras (aunque no las únicas) de I amsterdam. Pobladísimas, y complicadísimo hacerse una foto en la que no tengas después que jugar a Dónde está Wally.

Tras una breve parada en la Museumplein, llegamos a la fábrica de Heineken, donde había algo de cola, pero en unos 20 minutos estábamos dentro.

Las entradas cuestan 18€, 16, si las sacas por internet con antelación, y en algunas tiendas y propaganda encontrabas descuento de un Euro.

Entrada

En la entrada está incluido el recorrido por la fábrica además de una cata de cerveza, dos pintas y un abrebotellas. Con la entrada te dan esta pulsera verde con tres chapitas, dos para las pintas, la tercera para recoger el abrebotellas en la tienda de merchandising.

Nosotros ya habíamos visitado la fábrica de la Guinness en Dublín, y está muy bien montada, con los pasos de fabricación, la historia, la degustación, incluso el diploma por aprender a tirar tu propia cerveza… pero la Heineken Experience está mejor montada, creo yo. También tiene su parte de historia, de cómo la familia Heineken ha continuado la tradición, cómo se han expandido más allá de sus fronteras, cómo ha cambiado el logo, la botella…

Pero, encuentras unos establos con caballos, salas con los diferentes pasos de elaboración, azafatos que te explican cómo separan los ingredientes, que te dan a probar la cebada…

Además, hay unos vídeos explicativos, una sala con una sorpresilla, la zona en la que te muestran cómo degustar una Heineken y no beberte toda la espuma, el salón de embotellado donde puedes encargar una botella con tu nombre grabado y recogerlo en la tienda (pagando, claro), un espacio con sillones y un montón de pantallas gigantes donde ver los anuncios televisivos de los últimos años (¿recordáis el del vestidor?), otra sala con play stations y banquillos como los de los campos de fútbol, camisetas de equipos europeos de fútbol (Heineken patrocina la UEFA Champions League), futbolines, sala para pinchar música… y al final del recorrido, el bar para la degustación de las dos pintas.

Y ya fuera una tienda con productos de la marca para que te lleves tus recuerdos (el abrebotellas hay que recogerlo aquí). Y todo el recorrido lo puedes seguir con la app que te puedes descargar gratis (con su wifi y todo). De esta forma si no sabes inglés, que es el idioma en el que están los vídeos y en el que explican todo, pues al menos puedes seguir la historia y lo que acontece. En vez del típico folleto, o los auriculares con la guía del idioma, pues vamos más allá aprovechando la tecnología (en la Alhambra de Granada también tienen desarrollado este sistema).

En fin, que por todo esto, me parece algo más completa que la entrada y recorrido a la Guinness, que no es que la irlandesa no merezca la pena, pero esta me pareció más completa.

Y tras el recorrido por la fábrica, se nos fue prácticamente la tarde, recogimos el abrebotellas y continuamos con la visita.

Postal

Dimos un paseo por el Barrio Rojo, que, chicos, si queréis ver chicha, id a la playa, porque para pasearlo es un barrio como otro cualquiera, los lugareños lo asimilan así, incluso ves familias con los críos pequeños. Otra cosa es que quieras contratar algún servicio, ahí ya no sé cómo va, pero desde luego pasear al atardecer por el Barrio Rojo no es ni sórdido, ni raro, ni peligroso.

Y tras comprar la cena: una ensalada y un sucedáneo de sushi y nos fuimos al hotel a cenar y dormir.

Ya sólo nos queda un día de interrail y la vuelta, snif, snif.