Balcanes VIII. Aproximación a Eslovenia

Tras el ajuste por las lluvias y con el billete sacado el día anterior, empezamos el día madrugando para tomar el tren de las 7 con destino Liubliana. Teníamos intención de dejar las mochilas en la estación, sin embargo, cuando llegamos apenas quedaban unos 5 minutos para que pasara el tren, por lo que decidimos probar suerte en destino. Casi ni nos daba tiempo a comprar algo para desayunar, pero había un kiosco en la estación, así que a la carrera antes de subir al tren nos hicimos con un croasán y un kolac zagorska zlevanka, que vendría a ser algo parecido a un bizcocho de yogur (o bollo de la abuela que lo llamamos nosotros) por 12 kunas.

Encontramos unos asientos libres y nos pusimos cómodos para el trayecto de dos horas y cuarto hasta Liubliana. Algunos consiguieron hasta echar alguna cabezada.

Liubliana es la capital de Eslovenia (ojo, no Eslovaquia, que a veces se confunde, quizá porque tienen el mismo origen etimológico: Republika Slovenija vs Slovenská Republika), también es la ciudad más poblada de este pequeño país de apenas 20.273 km² de superficie (Galicia tiene 29.574 km²). Ubicado entre Italia, Austria, Hungría, y Croacia, cuenta con una pequeña parte de costa que da al mar Adriático por el golfo de Trieste, a través del puerto de Koper/Capodistria, en la península de Istria. Lo que sí abundan son los bosques (algo que queda patente en el trayecto en tren), conviertiéndolo en el tercer país más boscoso de Europa, después de Finlandia y Suecia. La cercanía a los Alpes hace que quede protegida del viento.

Eslovenia se incorporó a la Unión Europea en el 2004 (y en el Euro en enero de 2007), por lo que no tendríamos ningún problema al pasar la frontera con el tren, tan solo tendríamos que enseñar el pasaporte a la policía fronteriza. Eso sí, dos veces. En primer lugar pasa la croata, que echa un ojo al pasaporte, te mira a la cara y sigue adelante. Y después la eslovena que, mucho más moderna, lleva un lector de pasaportes electrónico parecido a una PDA. Lo leen y si todo está correcto, te lo devuelven y continúan con el control.

Mientras avanzamos hacia Liubliana es momento para conocer algo de la historia del país.

En el siglo II a.C. habitaba en los Alpes Orientales el Reino de Noricum, un pueblo que mantenía relaciones cordiales con los romanos, a quienes les vendían hierro con el que luego fabricaban armas que estos usaban en sus guerras contra los celtas. En el año 16 a. C. se asociaron al Imperio Romano manteniendo cierta autonomía en cuanto a su organización social. Eso sí, esta unión favoreció la asimilación de la cultura romana.

En el siglo IV Noricum quedó dividido en Noricum Ripense y Noricum Mediterraneum. A la caída del Imperio Romano la primera de ellas fue invadida por tribus germánicas, mientras que la segunda mantuvo su estructura social y, tras la ocupación de los ostrogodos, declaró la propia independencia.

En el año 595 consta la existencia de un estado pagano conocido como Provincia Sclaborum, que más tarde se llamaría Carantania. En el 745 fue amenazado por los ávaros y para defenderse pidió ayuda a los bávaros, quienes antes tenían que pedir permiso a los francos (los protectores del cristianismo en Europa). Estos les dieron la autorización siempre que Carantania adoptara el cristianismo. Con el tiempo Carantania fue siendo algo más laxa en el ejercicio de la fe y los bávaros invadieron el país suprimiendo el gobierno pagano y volviendo a cristianizar a la población. Hacia el año 828 el Ducado de Carantania ocupaba el actual territorio de Austria y Eslovenia. Carantania se unió al Reino de los Francos, eso sí, mantuvo su propia ley y la posibilidad de proclamar su príncipe en lengua sobre la Piedra del Príncipe (algo así como los escoceses).

Durante el siglo XIV la mayoría de las regiones de Eslovenia pasaron a la propiedad de los Habsburgo cuyas tierras luego formarían el Imperio Austrohúngaro. Cuando durante las Guerras Napoleónicas se constituyeron las Provincias Ilirias, se estableció la capital en Liubliana. Pero tras la caída del Imperio Francés de nuevo volvió bajo el control de Austria-Hungría.

En 1848 surgió un movimiento conocido como “Primavera de las Naciones” por el que se reclamaba una Eslovenia unida dentro del Imperio. Cuando cayó la monarquía austro-húngara en 1918, como ya hemos visto, los eslovenos se unieron al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, más tarde Reino de Yugoslavia y tras la II Guerra Mundial República Federal Socialista de Yugoslavia.

Eslovenia se independizó el 25 de junio de 1991 tras un breve conflicto armado conocido como Guerra de los diez días. Desde entonces es una República parlamentaria con un sistema bicameral que cuenta con Asamblea Nacional y el Consejo Nacional.

Aunque es un país pequeño, se encuentra en una ubicación geográfica ventajosa comunicada con varios corredores de transporte europeos, algo que ha favorecido su integración social, económica y cultural en Europa. También cuenta con tres puertos importantes. El principal es del de Koper, construido en 1957, dedicado sobre todo al transporte de alimentos. los otros dos son los de Izola y Piran, centrados en el tráfico internacional de pasajeros sobre todo con Italia y Croacia. El de Izola además se usa para el desembarque de pescado mientras que el de Piran para transportar internacionalmente sal.

Su capital, ubicada en una llanura en el centro del país también está muy bien conectada. Por un lado gracias a su aeropuerto internacional a 26 kilómetros del centro; por otro por carretera, pues por autopista se puede llegar a Trieste y Venecia; Salzburgo y Múnich; Maribor, Graz, Viena y Praga; así como Zagreb, Budapest, Belgrado y la costa adriática. También es el centro de la red nacional de ferrocarriles sirviendo no solo de conexión con las principales ciudades del país, sino también internacionalmente. Existen cuatro líneas que unen la capital eslovena con el extranjero. Una de ellas conecta Alemania y Croacia gracias al eje Múnich-Salzburgo-Liubliana-Zagreb (la que tomamos nosotros), otra hace el recorrido Viena-Graz-Maribor-Liubliana, una tercera une Liubliana con las italianas Venecia y Génova y la cuarta conecta la capital eslovena con Budapest.

Hasta que llegó el ferrocarril era el río Ljubljanica la principal vía para el transporte de mercancías desde y hacia Liubliana. A lo largo de su cauce se han ido construyendo numerosos puentes con el paso del tiempo. Entre ellos destacan el de Šempeter (Šempetrski most), el de los Dragones (Zmajski most), el de los Zapateros (Čevljarski most), Šentjakob (Šentjakobski most), Prule (Prulski most), Trnovo (Trnovski most) y el Puente Triple (Tromostovje).

Pero no todo es bueno en esta ubicación geográfica, pues se asienta sobre una zona sísmica bastante activa debido a su posición al sur de la Placa Euroasiática. Así, el país está en la unión de tres zonas tectónicas importantes: los Alpes al norte, los Alpes Dináricos al sur y la Llanura Panónica al este. Varios terremotos han devastado Liubliana a lo largo de la historia, como el de 1511 o el de 1895.

Se cree que Liubliana deriva de Luba, que significa “amada”. Aunque los historiadores discrepan sobre el origen del nombre de la ciudad. Algunos piensan que proviene de una antigua ciudad eslava llamada Laburus.​ Otros aseguran que deriva de la palabra latina Aluviana e incluso de Laubach que significa “marisma”. De todas formas, la que más se transmite es la primera versión, y es que el romanticismo está muy arraigado en la literatura y la cultura del país. Así, los eslovenos gustan de llamar a Liubliana la ciudad del amor y de los dragones.

Según la leyenda griega, Jasón y los argonautas, tras encontrar el vellocino de oro emprendieron el regreso al Egeo por el Danubio. En determinado momento se desviaron al Sava, uno de sus afluentes, para acabar en la fuente del río Ljubljanica. Allí desembarcaron para trasladar el barco hasta el Adriático y así volver a casa. Sin embargo, entre Vrhnika y Liubliana en un gran lago rodeado de una marisma se encontraron con un dragón al que Jasón, como héroe mitológico que es, salvó. Desde entonces el dragón forma parte de la simbología de la ciudad y aparece en el escudo y la bandera de Liubliana.

Los orígenes de la ciudad parecen remontarse al año 2000 a. C. cuando la zona era habitada por pobladores que vivían de la caza, la pesca y la agricultura primitiva. Debido a su posición estratégica por allí pasaron otras tribus y pueblos como los vénetos, la tribu iliria de los Yapodi y, ya en el siglo III a. C., la tribu celta de los Taurisci.

A mediados del siglo I a. C. llegaron los romanos, quienes construyeron campamento militar y más tarde el asentamiento permanente de Emona (Colonia Iulia Emona). La población, que llegó a alcanzar las 5.000 o 6.000 personas, estaba conformada sobre todo por comerciantes, artesanos y veteranos de guerra. La ciudad estaba amurallada y seguía los patrones romanos, con su estructura viaria y sus edificios civiles. Hoy en día aún son visibles algunos restos de esta villa romana como el foro, la puerta norte, un cementerio, varias casas, parte de la muralla y un templo.

La ciudad decayó cuando lo hizo el imperio y fue destruida en 452 por los hunos y más tarde por los ostrogodos y los lombardos. En el siglo VI se instalaron los antecesores de los eslovenos, quienes cinco siglos más tarde acabaron bajo el dominio de los francos, al tiempo que sufrieron numerosos asaltos magiares.

Ya en el siglo XIII, en 1220, Liubliana adquierió el estatuto de ciudad y el derecho a acuñar su propia moneda. Poco después, en 1270, Otakar II de Bohemia conquistó Carniola, incluida Liubliana. Aunque tan solo ocho años pasó a la casa de Habsburgo y fue rebautizada como Laibach.

El siglo XVI fue una época de gran desarrollo humanista y literario. En 1550 se publicaron los dos primeros libros en lengua eslovena (un catecismo y un abecedario) y más tarde una traducción de la Biblia. A finales de siglo se instalaron los jesuitas y se crearon las primeras escuelas secundarias.

Un siglo más tarde llegaron arquitectos y escultores de otras partes de Europa, por lo que la ciudad pasó por un importante lavado de cara con toque barroco.

Tras cambiar de nacionalidad en varias ocasiones entre el siglo XIX y principios del XX, durante la II Guerra Mundial Liubliana quedó bajo el dominio de la Italia fascista y la Alemania Nazi antes de finalmente convertirse en la capital de la República Socialista de Eslovenia dentro de la Yugoslavia comunista.

La ciudad es pequeña, parecía que todo quedaba bastante concentrado, por lo que esperábamos que nos diera tiempo a verla en una excursión de un día.

Empezamos.

Balcanes IV. Día 2: Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

Balcanes III. Aproximación a Croacia

Después del repaso por la antigua Yugoslavia, vamos a aproximarnos al primer país de nuestro viaje: Croacia. La Republika Hrvatska limita al noreste con Hungría, al este con Serbia, al sureste con Bosnia y Herzegovina y Montenegro, al noroeste con Eslovenia y al suroeste con el mar Adriático (donde comparte una frontera marítima con Italia). Tiene unos 57.000 km² divididos en veinte condados y la ciudad de Zagreb, su capital y ciudad más poblada.

El nombre de Croacia proviene del latín medieval Croatia, de Dux Croatorum (‘duque de los croatas’). Lo que no queda claro es su origen, aunque se cree que deriva de un término gótico o indoario que se usaba para referirse a los pueblos eslavos.

Los primeros habitantes de los que se tiene constancia fueron los neandertales de la época paleolítica. Mucho más tarde se establecieron en el territorio que hoy comprende Eslovenia, Croacia, Serbia, Kosovo, Montenegro y Albania los liburnianos y los ilirianos. Estos últimos lidiaron en la costa adriática con los griegos, quienes establecieron sus colonias en las islas de Korcula, Hvar y Vis. Por el norte presionaban a su vez los celtas.

En el año 9 d. C. Croacia quedó bajo el dominio del Imperio Romano como parte de la provincia de Dalmacia. Estos nuevos pueblos se organizadon en dos principados: Panonia (la actual Eslovenia, norte de Croacia y Bosnia, y partes de Austria, Eslovaquia, Hungría y Serbia) y Dalmacia (el resto de la actual Croacia y Bosnia, Montenegro, y partes de Albania y Serbia).

Durante esta época las ciudades se desarrollaron al modo romano con sus templos, anfiteatros, termas… y por supuesto calzadas romanas. Se construyeron hasta los mares Egeo y Negro y el río Danubio, lo que facilitó el comercio, la expansión de su cultura y el cristianismo. Teodosio fue el último emperador romano que gobernó el imperio unido, cuando murió en el 395 se dividió en dos (atravesando Montenegro a la mitad). La mitad oriental se convirtió en el Imperio Bizantino y perduró hasta 1435. Por contra, la occidental desapareció en el 476 con las invasiones de los visigodos, hunos y lombardos. Los godos ocuparon Dalmacia hasta el 535, cuando fueron expulsados por el emperador bizantino Justiniano.

En el siglo VII llegaron los ávaros, un pueblo nómada centroasiático conocido por su brutalidad. Sin embargo, fueron aniquilados en el Imperio Bizantino cuando incursionaron hacia Constantinopla gracias a la ayuda de dos tribus eslavas (los croatas y los serbios). Para el siglo VIII los croatas se habían instalado en la zona que hoy ocuparían Croacia y Bosnia. En ese momento el Ducado de Croacia comprendía casi toda la actual Dalmacia, partes de Montenegro y Bosnia occidental, mientras que el de Panonia incluía la actual Eslavonia, Zagorje y los alrededores de Zagreb. Ciudades costeras como Zadar, Split y Dubrovnik, además de las islas de Hvar y Krk pertenecían al Imperio Bizantino.

Los francos comenzaron a invadir poco a poco Europa Central desde el oeste y aunque tras la muerte de Carlomagno los croatas panonios intentaron revelarse, no lo consiguieron, pues no contaban con la ayuda de los dálmatas.

Tomislav fue el primer gobernante de Croacia que usó el título de rey de Croacia en una carta al Papa Juan X en 925. Unió por primera vez ambas ramas bajo un mismo reino que fue expandiéndose derrotando a húngaros y búlgaros.

Aunque los húngaros consiguieron el trono en 1102 al imponer el Pacta Conventa, que estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por la monarquía húngara. En los cuatro siglos posteriores el Reino de Croacia estuvo gobernado por el Parlamento (Sabor) y un Virrey (Ban) elegido por el rey húngaro. Durante este período hubo una lucha constante por el control de las costas del Adriático contra los avances del Imperio Otomano y la República de Venecia.

En 1428 los venecianos se hicieron con la mayor parte de Dalmacia, aunque la Ciudad-Estado de Dubrovnik consiguió mantenerse independiente. Por su parte los turcos conquistaron Krbava en 1493 y Mohács en 1526. Un año más tarde, tras la muerte del rey Luis II el parlamento eligió a Fernando I de Habsburgo como su sucesor con la condición de que mantuviera lejos a los turcos.

En 1538, tras las múltiples victorias otomanas, Croacia quedó dividida en una zona militar (controlada por el emperador austriaco) y otra civil. Por fin la primera derrota turca llegó en 1593 en la batalla de Sisak, lo que supuso una cierta estabilización de las fronteras. Poco más tarde, entre 1667–1698, tuvo lugar la Gran Guerra Turca, en la que los croatas recuperaron Eslavonia y los turcos comenzaron a retirarse del centro de Europa. Sin embargo, Bosnia continuó en el Imperio Otomano. Como consecuencia de la contienda bélica y de los movimientos fronterizos muchos croatas emigraron a Austria. Para compensar este flujo migratorio los Habsburgo reclutaron a los cristianos ortodoxos de Bosnia y Serbia para servir al ejército en la Frontera Militar.

Entre 1797 y 1809 el Primer Imperio francés fue ocupando la costa este del Adriático y terminando con las repúblicas de Venecia y Ragusa. Nacieron así las Provincias Ilirias. Napoleón encargó recuperar el territorio abandonado reforestando colinas, construyendo carreteras y hospitales así como escuelas primarias y secundarias y la universidad en Zadar.

Sin embargo, en 1815, tras la caída del imperio napoleónico y gracias al Congreso de Viena, Dalmacia fue anexionada por Austria y el resto de Croacia a la provincia húngara. Los croatas no quedaron muy contentos con este cambio, pues, aunque tradicionalmente los dálmatas de clase alta hablaban italiano y la nobleza del norte de Croacia alemán o húngaro; con la llegada de Napoleón y la educación implantada, había nacido en el sur un movimiento ilirio con una conciencia eslava que pretendía recuperar la lengua croata.

Durante la Revolución Húngara de 1848, el virrey Josip Jelačić ayudó a derrotar a las fuerzas húngaras, a lo que seguiría un proceso de germanización.​ Sin embargo, pronto esta política se vio que no funcionaba y en 1867 se celebró el Compromiso austrohúngaro por el que Croacia quedaba en manos de Hungría. Quedaban así unificados los reinos de Croacia y Eslavonia. Dalmacia por el contrario quedó bajo dominio austriaco. Cualquier intento de autogobierno en Croacia murió con este reparto.

No murió sin embargo el movimiento ilirio, ahora convertido en Partido Nacional y con aspiraciones a crear una entidad yugoslava que uniera a serbios y croatas). También apareció el Partido de los Derechos (liderado por el antiserbio Ante Starčević), que buscaba una una Croacia independiente integrada por Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Eslovenia, Istria y parte de Bosnia y Herzegovina. Como reacción se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente. Aún así, el espíritu de unidad creció y en 1905 los croatas de Rijeka y los serbios de Zadar se unieron para exigir la unificación de Dalmacia y Eslavonia.

Austría-Hungría pretendía conformar una federación en la que Croacia fuera una unidad federal, sin embargo, estalló la I Guerra Mundial y cayó el Imperio Austrohúngaro. El 29 de octubre de 1918 el parlamento declaró la independencia y como ya hemos visto en la entrada previa, Croacia se incorporó al recién formado Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, que a su vez se uniría en diciembre con Reino de Serbia formando así el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos con sede en Belgrado. La cosa no cambió mucho con respecto a la etapa anterior, ya que los croatas apenas contaban con autonomía. Y menos aún con la constitución de 1921 que abolió el Parlamento croata y centralizó el poder en Belgrado. El croata Stjepan Radić, que creía en una Yugoslavia federal, capitaneó la oposición y en vista de que era una seria amenaza contra el régimen acabó siendo asesinado en 1928 en la Asamblea Nacional.

El rey Alejandro I aprovechando el momento de caos y el miedo de la población a una guerra civil acabó imponiendo una dictadura monárquica. Abolió los partidos políticos y el Parlamento. Al día siguiente de esta proclamación el bosnio croata Ante Pavelić fundó en Zagreb el Movimiento de Liberación Croata de la Ustacha con el objetivo de conseguir la independencia. Contactó con revolucionarios macedonios antiserbios en Bulgaria y luego marchó a Italia donde gracias a Mussolini creó campos de entrenamiento. En 1934 asesinaron al rey en Marsella.

Pero no todo el mundo comulgaba con estas políticas y también hubo un importante movimiento antifascista: el de los partisanos de Liberación Nacional dirigidos por Josip Broz “Tito”, que obtuvo un amplio apoyo popular a su manifiesto por la Yugoslavia Federal.

En 1941 Alemania e Italia ocuparon Yugoslavia y algunas partes de Croacia se incorporaron al Estado Independiente de Croacia (NDH), que no era más que un estado títere de los nazis con miembros exiliados de la Ustacha en el poder. Pronto los ultranacionalistas introdujeron leyes antisemitas y de limpieza étnica. Se cargaron a judíos (se estima que de 39.000 solo sobrevivieron 9.000), a unos 537.000 serbios (aunque los datos son inciertos) y a gitanos. También unos 200.000 croatas fueron asesinados durante el conflicto.

En junio de 1941 se fundó el Primer Partido Separatista Sisak y nació una resistencia comunista multi-étnica y anti-fascista liderada por Tito. Los aliados, que se dieron cuenta de que los partisanos eran los verdaderos antinazis, los apoyaron logísticamente y en equipamiento, entrenamiento, asistencia de tropas y fuerzas aéreas. Así, el 20 de octubre de 1944, entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo y en 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y la Ustacha huyeron y los partisanos tomaron Zagreb. Para mayo de 1945 se habían hecho con el control de Yugoslavia y de las regiones cercanas de Trieste y Carintia. Tras la II Guerra Mundial Croacia se convirtió en una unidad federal socialista perteneciente a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

En 1967 varios autores y lingüistas croatas demandaron una mayor autonomía del idioma. Poco después surgió un movimiento que reclamaba más derechos civiles y la descentralización de la economía. Estas peticiones fueron el germen de la Primavera Croata de 1971. Y aunque las protestas fueron reprimidas por el gobierno, en la constitución yugoslava de 1974 se acabó incrementando la autonomía de las unidades federales.

Con la muerte de Tito en 1980 ya vimos en la entrada sobre Yugoslavia que el poder del Estado comenzó a inclinarse hacia Serbia mientras el resto de repúblicas miraban con desconfianza planteándose la disolución. Eslovenia fue la primera en plantarse ante Milošević y moverse hacia la independencia. Croacia miraba de reojo, pues si Eslovenia se independizaba le iba a ser insostenible quedarse en una Yugoslavia totalmente descompensada hacia el lado serbio.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas y ganó Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata. A finales del mismo año una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia (unos 600.000), que pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional. La nueva Carta Magna no garantizaba los derechos de las minorías, lo que provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Seguían las tensiones.

Tras el referéndum de mayo de 1991 en el que ganó por aplastante mayoría el sí, se proclamó la República el 25 de junio. Ante esto, los serbios declararon la autonomía de territorios para conformar la República Serbia de Krajina. Varios violentos enfrentamientos acabaron desembocando en una guerra que duró 6 meses y en la que murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos. El 3 de enero tuvo lugar el alto el fuego gracias a la intervención de la ONU. Las tropas se retiraron y disminuyeron las tensiones. La Unión Europea reconoció a Croacia como país y poco después lo hizo la ONU.

Los serbios de Krajina no querían ser croatas, sino que votaron a favor de unirse a la Gran Serbia, que incluía partes de Bosnia y Croacia controladas por los serbios. Ante este avance los croatas y los musulmanes bosnios se unieron, pero acabaron enfrentándose entre ellos y los primeros derribaron el antiguo puente de Mostar. El conflicto acabó en 1994 con la creación de la Federación croata-musulmana.

Paralelamente el Gobierno de Croacia se hizo con armas y en mayo de 1995 el Ejército y la policía conquistaron la ocupada Eslavonia occidental. Los serbios de Krajina respondieron bombardeando Zagreb. Sin embargo, sin el apoyo de Belgrado tuvieron que retroceder y el ejército serbio acabó huyendo al norte de Bosnia. Finalmente en 1995 se dio por concluida la guerra firmando el Convenio de Erdut donde Croacia recuperó sus territorios ocupados. Recuperó así la Eslavonia oriental.

En 1999 murió Franjo Tuđman y un año más tarde se celebraron unas elecciones en las que Stjepan Mesić se convirtió en el presidente del país. Hasta el momento la constitución contemplaba un sistema bicameral, pero en 2001 se cambió por uno unicameral aboliendo la Cámara de los Condados.

En 2013 Croacia se convirtió en el 28º país en ingresar en la Unión Europea, para lo que tuvo que resolver las disputas fronterizas que mantenía con Eslovenia. Sin embargo, de momento no ha entrado en el Euro y sigue manteniendo la Kuna.

En febrero del 2015, Kolinda Grabar-Kitarović, del partido ultraconservador Unión Democrática Croata, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de Croacia.

De las antiguas repúblicas que formaban Yugoslavia, Croacia es probablemente la que más se ha abierto al turismo y se encuentra dentro de los veinte destinos turísticos más visitados del mundo. Sobre todo la industria turística se centra en sus 1.779 kilómetros de costa y 1.244 islas, aunque también el interior recibe visitantes que buscan destinos de montaña, agroturismo (cuenta con ocho Parques Nacionales y diez Parques Naturales) y balnearios. Este crecimiento quizá se debe a la rápida mejora de sus infraestructuras llevada a cabo entre finales de los 90 y principios de los años 2000. Por ejemplo, se mejoraron las carreteras consiguiendo que Zagreb quedara conectada con casi todas las regiones y más allá, traspasando las fronteras a otras capitales europeas próximas como Liubliana, Belgrado, Sarajevo o Budapest. Asimismo cuenta con una importante red de ferrocarriles que cubre casi 3000 kilómetros y seis aeropuertos internacionales (Zagreb, Zadar, Split, Dubrovnik, Rijeka, Osijek y Pula).

Obviamente los puertos tienen gran relevancia, pues un país con una gran línea costera. El de carga más importante es el de Rijeka y los más transitados son los de Split y Zadar. Cuenta además con varios menores desde los que salen trasbordadores que unen la costa con las numerosas islas del país así como con Italia. A nivel fluvial, cabe destacar el de Vukovar, a orillas del Danubio.

Como consecuencia de su ubicación geográfica, Croacia aúna cuatro culturas diferentes. Por una parte sirve de eje entre la cultura occidental y oriental ya que osciló entre Imperio Romano e Imperio Bizantino. Por otra entre la cultura centroeuropea y la mediterránea.

El momento álgido de su cultura nacional fue la época iliria, cuando hubo un gran desarrollo de las artes y la cultura. Además supuso la emancipación del idioma croata, una lengua eslava meridional. Entre 1961 y 1991 el idioma oficial fue el serbocroata (también llamado como croataserbio). En aquel momento la serbia y la croata no eran consideraban como dos lenguas diferentes a pesar de que usaban alfabetos distintos (el croata usa el latino mientras que el serbio el cirílico serbio). En la actualidad se intenta mantener el idioma limpio de extranjerismos y se han adaptado para que parecieran eslavas palabras ya incorporadas a su vocabulario de origen austriaco, húngaro, italiano y turco.

La mayor parte de la población del país es croata (casi un 90%), del mismo modo, el catolicismo es la religión mayoritaria. Y es que la afiliación religiosa en Croacia va relacionada con la procedencia étnica, de forma que por ejemplo la mayor parte de los cristianos ortodoxos son de origen serbio y viven en las ciudades cercanas a la frontera con Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Según la constitución se trata de un estado laico donde hay libertad de culto y libertad de profesar de forma pública la convicción religiosa de cada uno.

A efectos reales, la iglesia y los grupos conservadores cuentan con una importante influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Queda especialmente patente en el debate sobre el derecho al aborto que, aunque es legal desde mediados de 1946 (cuando aún era Yugoslavia), desde 2003 la ley permite ejercer su derecho de objeción de conciencia a los médicos. Se estima que un 70% del personal médico se declara objetor de conciencia, algo que ya en 2014 provocó que en cinco hospitales públicos no se realizasen interrupciones voluntarias del embarazo. En aquel momento el partido socialista introdujo una medida por la que en tal caso se contratase a profesionales externos para garantizar la intervención. Sin embargo, esta medida fue eliminada al llegar el partido deGrabar-Kitarović al gobierno.

La Iglesia también intervino recientemente para exigir que el país no ratificara el Convenio de Estambul, pues se resisten a reconocer los derechos de las personas trans y el matrimonio igualitario. Las uniones civiles entre personas del mismo sexo fueron aprobadas en 2003, pero no estaban equiparadas a las heterosexuales, ya que no podían adoptar ni tenían derecho en relación a impuestos, propiedades, seguros médicos o pensiones. Hubo que esperar hasta 2014 cuando, gracias a 89 votos a favor y 16 en contra, se aprobó la nueva ley por la que los homosexuales consiguieron los derechos a heredar y pensionarse entre sí, así como los beneficios fiscales y de atención médica que ya tenían las parejas heterosexuales. Eso sí, sigue sin contemplar la adopción y no queda recogido como matrimonio sino como unión civil, ya que la Iglesia Católica de Croacia emprendió una campaña de recogida de firmas y un posterior referéndum que, a pesar de contar con una participación inferior al 40%, fue vinculante.

Religión y política aparte, hay muchos motivos para visitar Croacia, ya sea para conocer su historia, sus playas o su naturaleza. Ya habíamos pisado suelo croata en 2008 cuando visitamos Dubrovnik como escala del crucero por el Mediterráneo, así que esta vez descartamos la ciudad amurallada y decidimos comenzar por Zagreb, la ciudad más poblada de Croacia.

Balcanes II. Repaso de Historia. Recordando Yugoslavia

Antes de comenzar a recorrer Zagreb, vamos a ponernos un poco en situación sobre dónde nos encontramos para tener un contexto. En mi caso durante toda mi etapa escolar he sido una negada en Historia. Es curioso porque sin embargo siempre me han gustado mucho las letras en general y la lectura, pero tuve mala base en el colegio y de ahí me costó remontar. Nuestro profesor nos hacía leer en alto la lección y después copiarla. Había días que a lo mejor teníamos que hacer un par de ejercicios, pero cero interés o comprensión de la materia. Así que a pesar de los notables en mis notas hay un gran vacío en mi mente que voy llenando a medida que viajo y me intereso un poco sobre los lugares que voy a visitar.

Con la antigua Yugoslavia no podía ser menos, claro. No aprendí nada en su día, y eso que la desintegración del país me pilló en el último ciclo de la EGB y podría haber comprendido el contexto histórico sobre la marcha. Pero no, estábamos al copia y pega. A mediados del último curso de la ESO, allá por el 95/96, llegó un nuevo compañero procedente de Croacia, Zoran, que nos contó que había dejado atrás su país tras la guerra. Sin embargo, su falta de dominio del castellano y lo espinoso del tema influyeron en que no habláramos con él de ello. Así pues, no aprendí nada en su momento y ahora, más de veinte años después toca visitar aquellas tierras y de tratar de entender aquella guerra, el pasado y el presente. Allá vamos.

La pérdida de poder del Imperio Otomano a principios del siglo XIX y las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 contribuyeron a que en 1918 se constituyera un nuevo estado a partir de la unión de los Reinos de Serbia y de Montenegro con territorios que habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro (Croacia, Eslovenia y Vojvodina; Carniola, parte de Estiria y la mayor parte de Dalmacia del lado austríaco, además de la provincia imperial de Bosnia y Herzegovina). Nació así el  1 de diciembre Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos a las órdenes de Alejandro I, de la dinastía serbia Karađorđević. El reino fue llamado Yugoslavia o Yugoeslavia (tomando las palabras serbias Yug, que significa “sur”, y Slavija, que viene a ser “Tierra de eslavos”). Sin embargo, no fue fácil cohesionar a un país formado por tal diversidad. El estado contaba con cuatro culturas (con ocho raíces culturales diferentes), tres lenguas, dos alfabetos y siete religiones. Lo de Bélgica queda como un chiste si comparamos.

Ya desde el principio había tensiones entre las diferentes nacionalidades, pero la cosa se puso más complicada aún en 1928 cuando Stjepan Radić, líder del Partido Campesino Croata, fue asesinado en el parlamento y fue acusado un diputado montenegrino. El rey clausuró el parlamento y asumió el gobierno del país convirtiéndolo en el Reino de Yugoslavia. Y este no fue el único cambio, ya que la organización territorial pasó a tener una mirada en la que en el centro estaba la Gran Serbia, obviando así las nacionalidades históricas. Ahora parece claro ver que esto fue un error, pero si lo extrapolamos a otras situaciones, vemos que no hemos aprendido nada.

Pero la cosa fue a peor cuando en 1934 el rey Alejandro I fue asesinado en Marsella por un guerrillero búlgaro coordinado con facciones croatas en el exilio. Le sucedió en el trono el prepúber Pedro II, de tan solo doce años. Poco podía hacer el muchacho, así que tomó las riendas el príncipe Pablo. Pero resultó llevar a cabo políticas proalemanas, así que a principios de 1941 un Golpe de Estado llevó al trono a Pedro, que ya tenía 19 años. Este movimiento no contentó a Hitler, que el 6 de abril bombardeó Belgrado. A esta repuesta le siguió la invasión del país por parte de tropas alemanas, italianas, búlgaras, húngaras y rumanas, quienes desintegraron Yugoslavia repartiéndosela entre ellos. Nacieron en su lugar el Estado Independiente de Croacia, el Estado Independiente de Montenegro y el Estado Independiente de Serbia.

Tras la II Guerra Mundial y la pérdida de más del 10% de la población, los victoriosos partisanos de Tito organizaron la refundación del país: la Yugoslavia socialista. En 1945 se proclamó la República Democrática Federal de Yugoslavia con Ivan Ribar como presidente y con Josip Broz Tito como Primer Ministro. El 31 de enero de 1946 la nueva constitución estableció la nueva organización territorial formada por las seis repúblicas constituyentes:

  1. República Socialista de Bosnia y Herzegovina, con capital en Sarajevo;
  2. República Socialista de Croacia, con capital en Zagreb;
  3. República Socialista de Macedonia, con capital en Skopje;
  4. República Socialista de Montenegro, con capital en Titograd;
  5. República Socialista de Serbia, con capital en Belgrado, que incluía la Provincia Autónoma Socialista de Kosovo, con capital en Priština y la Provincia Socialista Autónoma de Vojvodina, con capital en Novi Sad y
  6. República Socialista de Eslovenia, con capital en Liubliana.

En noviembre del mismo año se llevaron a cabo reformas que acentuaron más el carácter socialista del país y se introdujo el sistema socioeconómico del socialismo de autogestión. También se cambió el nombre del país a República Federal Popular de Yugoslavia.

En 1953 Tito fue elegido presidente. En su gobierno pretendía corregir los errores cometidos con anterioridad y quería un Estado en el que no hubiera ningún grupo étnico dominante. Sin embargo, el equilibrio era complicado y el hecho de que el poder se concentrara en Belgrado no contentaba a todo el mundo. Además, las repúblicas más prósperas consideraban que su dinero se iba a las más pobres. Lo mismo de siempre, vaya.

En 1963 Tito fue declarado “Presidente de por vida”, momento en que se volvió a cambiar la denominación del país, convirtiéndose en República Federal Socialista de Yugoslavia (RFSY). En 1974 se reforzó el poder de autogestión de las seis repúblicas en la nueva constitución.

Cuando Tito murió en 1980 la Yugoslavia que quedó era profundamente inestable económica y políticamente. Algo que unido a la falta de liderazgo y a la batalla por la sucesión recrudeció las tensiones entre los diferentes pueblos. Sin un líder, creció la desconfianza entre los diferentes nacionalismos. En Serbia subió al poder el nacionalista Slobodan Milošević y con él la situación política iba empeorando cada más por las provocaciones hacia el resto de grupos étnicos. En 1989 la mayoría albanesa fue reprimida en la provincia serbia de Kosovo y los temores por una hegemonía serbia seguían en aumento.

En 1991 Eslovenia y Croacia declararon su intención de independizarse, pues veían cómo partidos nacionalistas serbios (ortodoxos) cada vez iban ganando más poder y no se sentían identificados con la idea que estos tenían de la Gran Serbia. A estas dos les siguieron Macedonia y Bosnia-Herzegovina en 1992. Yugoslavia, ahora conocida como República Federal de Yugoslavia tras abandonar el socialismo, se quedó únicamente formada por Serbia y Montenegro.

Eslovenia lo tuvo más fácil, ya que tras una guerra de 10 días se había independizado. La explicación es sencilla. En primer lugar tuvo rápidamente reconocimiento de países próximos y a la federación no le interesaba luchar contra potencias como Italia o Austria. Además el territorio no era muy grande, por lo que no parecía compensar meterse en tal jardín. Pero sobre todo, el principal motivo es que apenas había diversidad étnica. Prácticamente toda la población era eslovena.

Croacia viendo los resultados de Eslovenia tiró también para adelante. Sin embargo no fueron tan afortunados, pues al contrario que en Eslovenia, sí que contaban con una importante población serbocroata. En este caso sí que se encontró con más resistencia desembocando en una guerra contra el JNA, el Ejército Popular Yugoslavo, que reivindicaba territorios croatas con mayoría de población de origen serbio. Al líder nacionalista serbio Slobodan Milosevic y al serbo-bosnio Radovan Karadzic se les había metido en la cabeza que allá donde había un serbio había patria.

En mayo de 1991 se celebró un referéndum en el que un 93% de la población (con un 83% de participación) votó a favor de la independencia croata. Sin embargo, cuando la proclamó el 25 de junio los serbios declararon la autonomía de varias regiones para conformar la República Serbia de Krajina. Estos acontecimientos provocaron violentos enfrentamientos en Krajina, Baranja y Eslavonia dando inicio a la Guerra Croata de Independencia, un cruento conflicto que redujo el control croata a menos de una tercera parte de su territorio. Durante los seis meses que duró el enfrentamientos murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos.

Con dos repúblicas menos, se planteó celebrar un referéndum para conocer si la población estaba a favor o no de la independencia, algo que no fue bien visto por los serbo-ortodoxos, que abandonaron el parlamento para así manifestar su disconformidad (una costumbre que parece haberse adoptado por nuestros lares). El presidente del Partido Democrático Serbio, Radovan Karadzic insistía en que la secesión de Yugoslavia no se podía llevar a cabo contra la voluntad de la nación serbia. Además, amenazó con proclamar una nación serbia en Bosnia y Herzegovina. El referéndum tuvo lugar el 1 de marzo de 1992 con un 67% de participación y una aplastante victoria del sí con un 99,43% de los votos. Por tanto, como no hay dos sin tres, 4 días más tarde Bosnia y Herzegovina se autoproclamaba independiente. Tal y como habían anunciado, los serbios del país ocuparon el 49% del territorio bosnio estableciendo el 7 de marzo la República Srpska (República de los Serbios).

Comenzó la guerra entonces con Sarajevo como el epicentro del conflicto. La ciudad sufrió un asedio que duró desde el 5 Abril de 1992 hasta el 14 diciembre 1995. El VRS (Ejército de la República Srpska) bombardeó la ciudad cargándose mezquitas, iglesias, el parlamento, la biblioteca… Los ataques a civiles eran cada vez más sangrientos, no importando si se trataba de hospitales, colegios… Muchos soldados serbios lo veían como un juego. Se pasaban el día bebiendo y apostando a ver cuántas personas podían matar con sus disparos. Por supuesto las violaciones a mujeres y niñas estaban a la orden al día.

Finalmente la guerra concluyó básicamente por 3 motivos:

  • Por un lado porque la OTAN intervino bombardeando Serbia tras la masacre de Srebrenica en la que fueron aniquilados unos 8.000 musulmanes.
  • Por otro porque los propios soldados serbo-bosnios empezaron a darse cuenta de que luchaban por un imposible.
  • Y finalmente porque ya no quedaba limpieza étnica que hacer.

El 21 Noviembre 1995, en Dayton (EEUU) los presidentes de Bosnia, Croacia y Serbia firmaron un acuerdo de paz mediante el que Bosnia quedó dividida en dos partes (la República Srpska con el 49% del territorio donde viven bosnios-serbios) y la Federación de Bosnia y Herzegovina (con el 51% del territorio, dividida en 10 cantones, donde conviven sin mezclarse bosnios musulmanes y bosnios croatas).

Es decir, al final los serbios se quedaron con la mitad del país. Y además, mientras que antes de la guerra había una convivencia, una mezcla de las diferentes etnias; hoy en día hay una separación geográfica dejando a un país más separado aún de lo que estaba.

En 2003 la República Federal de Yugoslavia pasó a ser la unión de Estado de Serbia y Montenegro, aunque en 2006 Montenegro se independizó y se convirtieron en estados autónomos.

En la actualidad sigue habiendo conflicto en los Balcanes, pues Kosovo sigue en disputa entre Serbia y la autodenominada República de Kosovo. Aunque Kosovo ya ha sido reconocido como estado por 113 de los 193 miembros de la ONU (España no, claro, no sea que le repercuta a nivel interno).

Han pasado 25 años de aquel sangriento conflicto y los nuevos países han ido creciendo, pero seguro que queda mucho que descubrir en sus calles.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 III: Boston: Freedom Trail II

Seguimos por la Congress Street hasta el Faneuil Hall, un edificio conocido como la Cuna de la Libertad y el Hogar de la Libertad de Expresión puesto que acogió diversos discursos patrióticos. Construido por John Smibert entre 1740 y 1742 con un estilo de mercado inglés campesino y financiado por el adinerado comerciante bostoniano Peter Faneuil, nació como centro de comercio, aunque en principio no fue muy bien acogido, ya que algunos vendedores pensaban que no les beneficiaría tener tan cerca a la competencia. Sin pretenderlo sirvió de foro abierto para el debate y sobre todo para proclamar la disidencia contra la opresión británica. Allí protestaron por ejemplo en 1764 contra la Ley del Azúcar y la Ley del Timbre. A estas reuniones les siguieron otras para quejarse sobre las Leyes de Townshend, la ocupación de los soldados británicos y la Ley del Té.

Uno de los más famosos oradores del Faneuil Hall fue Samuel Adams, quién en 1763 ya sugirió la unión de las colonias británicas americanas para su lucha contra el gobierno británico. Para recordarle, se erige una estatua suya frente a la fachada principal del edificio.

El Fanueil Hall fue ampliado a finales del siglo XVIII pues era muy visitado. De nuevo a finales del siglo XIX se realizaron nuevas reformas. Volvió a ser reformado en la década de 1970 y más recientemente en 1992.

Detrás está el Quincy Market, el primer proyecto del alcalde Quincy. En mayo de 1823, poco después de su elección, Josiah Quincy estaba mirando desde su oficina de Faneuil Hall y observó cómo el mercado se había quedado pequeño para las necesidades de la ciudad, por lo que rápidamente formó un comité para buscar una solución. Un año después tenía un nuevo proyecto que sentó las bases de este mercado gastronómico.

Fue llevado a cabo por el arquitecto e ingeniero Alexander Parris y se abrió al público el 26 de agosto de 1826 bajo el nombre de Faneuil Hall Market, aunque se hicieron sugerencias para que se renombrara en honor al alcalde. Este sin embargo rechazó tal propuesta, lo cual no ha impedido que coloquialmente se haya conocido así. De hecho, en 1989 se colocaron letreros dorados en los que se puede leer Quincy Market en el frontispicio de ambos pórticos renacentistas griegos.

Este nuevo edificio sirvió como centro comercial de productos alimenticios con varios almacenes de productos como huevos, queso y pan. Muchos de los comerciantes del Faneuil Hall se reubicaron en él, sin embargo, para 1850 había llegado al máximo de su capacidad, por lo que se llevaron a cabo planes de ampliación incorporando los mercados sur y norte a ambos lados del edificio principal.

Asimismo, la planta baja de Faneuil Hall se volvió a comercializar en 1858 para añadir más espacio. No obstante, a mediados de siglo, como consecuencia del crecimiento de Boston, la gente comenzó a comprar cerca de sus casas, por lo que el mercado pasó a ser un centro mayorista.

A principios de la década de 1970 los comerciantes se habían ido mudando a otras instalaciones más grandes y modernas, por lo que el mercado cayó en decadencia. Así pues, se decidió restaurar por completo para que volviera a ser útil. Gracias a aquellas obras, en la actualidad sigue siendo lugar de encuentro de los bostonianos, aunque ahora se ha reconvertido como mercado gastronómico en el que predominan los locales de comida rápida y restaurantes.

Cuenta con dos pisos de altura y con una superficie de 2.500 metros cuadrados. Con un exterior realizado en granito y paredes interiores de ladrillo rojo, acoge 128 locales en su planta baja dispuestos en torno a un largo pasillo en su línea central.

En la parte superior se ha dispuesto en torno a una glorieta y bajo la cúpula de cobre un espacio abierto con mesas en el que poder sentarse a comer. En esta zona se conservan además algunos elementos antiguos como los letreros de los puestos.

Esta cúpula elíptica es uno de los pocos elementos decorativos que sobreviven del diseño arquitectónico interior de Alexander Parris.

Todo el complejo fue designado Monumento Histórico Nacional e incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1966. Además, su éxito llevó a la construcción de otros mercados similares por todo el país.

En las calles entre el Quincy Market y sus mercados adyacentes también podemos encontrar más puestos de comida así como vendedores ambulantes de regalos y recuerdos. También utilizan el espacio artistas callejeros. Sin duda es un lugar con mucha vida.

Y era un buen lugar para comer, pues había locales de todo tipo de comida, y era la hora, sin duda. Sin embargo, ya llevábamos en mente comer un bocadillo de langosta en Pauli’s Lobsta Roll, así que seguimos nuestro camino hasta el North End.

En la cocina en Boston, al igual que en Nueva Inglaterra, predominan los mariscos y productos lácteos. Sus platos más conocidos, son la sopa de almejas, el fish and chips, baked beans, almejas al vapor o almejas fritas y langostas.

Y precisamente el Lobsta Roll de St Pauli’s es uno de los más famosos de la ciudad, así que pedimos uno para cada uno. Acompañamos dos con patatas y otros dos con aros de cebolla.

El secreto de este bocadillo es que el pan recién horneado se unta con mantequilla y se pone en la parrilla para que quede crujiente. Después se rellena con la langosta y se rocía con un jugo de limón y mayonesa para que se quede todo unido.

Es cierto que va bien cargado de langosta, pero me decepcionó un poco. Sobre todo por el pan, que no aporta nada, salvo que se hace bola y deja un sabor empalagoso con la mantequilla. La carne de la langosta sí que estaba rica y jugosa. En cuanto a los aros y las patatas, pues muy grasientos. Además, no son baratos precisamente. Quizá deberíamos haber elegido unas ensaladas o algún plato en el que predominara más el sabor de la langosta y no quedara tapado por el pan, la mantequilla o mayonesa. Aunque como tienen una carta tan extensa es complicado elegir y al final nos fuimos a por el mítico bocadillo para no darle muchas vueltas.

Y después de comer, seguimos por Little Italy, donde no pueden faltar salumerias, trattorias, gelaterias, restaurantes y tiendas de pasta.

Y claro, era hora del postre, así que paramos en la pastelería Modern Pastry, que lleva 150 años ofreciendo dulces típicos italianos. Incluido turrón.

Elegimos unos cannoli, típicos del carnaval de Sicilia. Aunque hoy en día se comen todo el año y en toda Italia.

Estos dulces consisten en un tubo realizado con una masa que se queda crujiente. Se pueden comer tal cual, aunque lo frecuente es que estén rellenados con una base de queso ricota.

Tras el breve desvío para comer, retomamos el Freedom Trail. Nuestra siguiente parada fue la Casa de Paul Revere.

Construida alrededor de 1680, es la estructura más antigua que queda en el centro de Boston y la única casa en el Freedom Trail (algo que diferencia al recorrido del Black Heritage Trail). Fue levantada en el lugar que ocupó la Segunda Iglesia Parroquial de Boston, tras el incendio de la misma en 1676.

Levantada en madera por el rico gobertante Howard consta de tres plantas con habitaciones espaciosas. Paul Revere, la compró en 1770 y residió en ella con su madre y nueve de sus hijos de dos matrimonios. Este colono fue famoso por su famosa cabalgada la noche del 18 al 19 de abril de 1775 para avisar a los rebeldes de Lexington de la llegada de las tropas británicas.

Allí residió hasta 1800, después la casa se vendió y los bajos se usaron como tienda de dulces, fábrica de cigarros, banco y frutería. La parte superior se dividió en viviendas para inmigrantes irlandeses, judíos e italianos, así como como pensión para marineros. Durante ese siglo pasó por varios propietarios, hasta que en 1902 el bisnieto de Revere la compró  para evitar su demolición y la restauró. Desde 1908 es un museo gestionado por la por la Paul Revere Memorial Association en el que se exponen piezas y utensilios de la época, así como mobiliario y piezas realizadas en el taller de este héroe estadounidense.

Siguiendo por Hanover Street llegamos a un parque flanqueado por dos iglesias que también lleva el nombre de Revere (Park Paul Revere Mall). Y en él podemos encontrar su estatua ecuestre.

La iglesia que está frente a Revere es la St. Stephen, anteriormente conocida como Iglesia Nueva del Norte.

Construida en ladrillo rojo y coronada por un campanario blanco fue diseñada para la Nueva Sociedad Religiosa del Norte, un grupo congregacionalista a principios del siglo XIX.

De 1813 a 1849 se convirtió al Unitarismo y en 1862 como consecuencia de la afluencia de irlandeses (incluido el abuelo materno de JFK) fue vendida a la Diócesis Católica Romana de Boston, momento en que se eliminó la veleta de la cúpula y se colocó en su lugar la cruz. Además, se realizaron cambios en su interior. En 1870, con la ampliación de la calle, tuvo que ser movida para atrás. Se cerró en 1992 y ahora pertenece a la Sociedad Misionera de Santiago Apóstol.

Tomando la misma calle Hanover y adentrándonos en Battery Street encontramos un curioso rincón (incluso un poco terrorífico) repleto de imágenes de santos, el All Saints Way.

Volviendo al Parque Paul Revere, lo atravesamos, y parece que no solo está dedicado a este héroe local, sino que también hay varias placas y memoriales en recuerdo de soldados caídos en distintas guerras.

En el extremo opuesto a la iglesia St. Stephen se erige la Old North Church, considerada la iglesia más antigua de Boston.

Construida en ladrillo en 1723 en estilo georgiano está inspirada en la inspirada en St. Andrew’s by the Wardrobe de Londres. Pero esta iglesia es relevante por su papel en la Guerra de Independencia. El 18 de abril de 1775 Paul Revere acordó con Robert Newman, sacristán de la iglesia, cómo señalizar los avances de las tropas británicas a los bostonianos. La comunicación iba a ser visual, mediante faroles colgados en el campanario: “One if by land, and two if by sea”.

Este famoso campanario, el más alto de todo Boston, además alberga las primeras campanas forjadas en Estados Unidos. Ha sido derribado dos veces por los huracanes, una vez en 1804 y otra vez en 1954.

Siguiendo la calle Hull llegamos a un nuevo punto del recorrido, otro cementerio: el Copp’s Hill Burying Ground.

En 1630 cuando las flotas de John Winthrop llegaron al puerto de Boston había tres colinas que dominaban la península de lo que ellos llamaron la ciudad de Boston: Fort Hill al sur, Beacon Hill en el centro y Copp’s Hill en el norte. Esta última era más alta que en la actualidad, pues fue cortada en el siglo XIX para rellenar la zona en la que hoy se encuentra la Estación del Norte. En un primer lugar la colina se llamó Wind Mill Hill o Mill Hill porque había un molino desde 1632. Después cambió su nombre en honor a William Copp y su familia, quienes se habían mudado a la zona sobre 1635.

Es el segundo cementerio más antiguo de la ciudad. En 1659, el Cementerio Central, el de la King’s Chapel, estaba saturado. Así que, se compró este terreno para abrir uno nuevo. Comenzó en lo alto de la colina, cerca del río y de las calles Charter y Snow Hill, después, en 1711 se extendió hacia la calle Hull. En el siglo XIX se amplió otras dos veces en 1809 y 1825. Acabó convirtiéndose en el mayor cementerio colonial de la ciudad.

Al principio no tenía árboles y las tumbas se disponían en grupos familiares. En el siglo XIX los cementerios se transformaron en parques, así que muchas familias movieron a sus antepasados a nuevos camposantos como el Moint Auburn y Forest Hills. Así, en la década de 1830 el Copp’s Hill fue reorganizado en hileras, creando pasillos y caminos y levantando muros.

Cuenta con unas 1.200 tumbas, entre las que encontramos las de notables bostonianos de mediados de siglo XIX que residían en el North End, como el sacristán Newman. También se halla la de Prince Hall, un hombre negro libre que fundó el primer Black Masonic Lodge de Estados Unidos. Solicitó a la legislatura de Massachusetts que pusiera fin a la esclavitud.

Junto a su tumba se halla un emblema que lo reconoce como patriota.

El terreno del cementerio también fue usado como campo de entrenamiento por los británicos durante la Batalla de Bunker Hill en 1775, ya que está en una colina y ofrece unas buenas vistas panorámicas. De hecho, en la lápida de Daniel Malcolm, comerciante y patriota, se pueden ver las secuelas de las balas británicas.

En 1878 se encontraba muy abandonado y formaba parte de la Freedom Trail, sino que fue incorporado después.

Ya estábamos casi al final del recorrido, nos faltaban un par de paradas al otro lado del río. Para ello hay que cruzar el Charleston Bridge, un puente no apto para acrofóbicos, ya que la pasarela para peatones es tan solo una rejilla, por lo que se ve el río bajo los pies.

Desde él vemos los astilleros de Charlestown Navy Yard.

Cuando el Capitán William Bainbridge se puso al mando del Navy Yard en abril de 1812 encontró una pequeña y pantanosa tierra y nueve edificios abandonados. Con solo doce años no había un puerto lo suficientemente profundo para barcos o espacio de almacenaje adecuado para los suministros. Bainbridge intentó en repetidas ocasiones mejorar las instalaciones, pero no había fondos. En 1813 los trabajadores construyeron un nuevo almacén de ladrillo y una herrería, y en 1814 un enorme cobertizo para cubrir a los barcos mientras eran construidos. A pesar de estas mejoras, tuvieron que pasar muchos años antes de que el Navy Yard adquiriera el aspecto industrial que tiene hoy en día.

En el Centro de Visitantes se puede conocer su historia. Además, en sus alrededores hay expuestos cañones, anclas, así como paneles informativos y figuras de personajes ilustres.

Miles de civiles trabajaban en el Navy Yard, pero luego volvían a sus barrios de Boston. Sin embargo, para algunos trabajadores navales, el astillero, además de ser su lugar de trabajo, también era su hogar. Algunos vivían en la Casa del Comandante en la colina, otros sin embargo lo hacían en barracones.

Esta casa en la colina fue construida en 1805 para el comandante y su familia. Durante 170 la mansión de 14 habitaciones fue también el lugar donde se celebraban recepciones locales, nacionales e internacionales. Hoy los barracones todavía contienen elementos de la estructura original de 1810 y son los barracones más antiguos que aún se conservan en el país. Eso sí, en la actualidad son oficinas del National Park Service y US Navy.

En 1833 se construyó una hilera de cinco casas para los comerciantes. Los oficiales de guardia, así como el maestro fabricante de velas y el maestro carpintero dirigían las tiendas principales. Hoy estas casas son residencias privadas para los miembros del National Park Service y las familias de los marines.

El USS Constitution fue la primer embarcación en ubicarse en el muelle 1 del Navy Yard. Se trata del barco de guerra en activo más antiguo del país (data de 1797). Le debe su nombre a George Washington, que quiso honrar a la tan ansiada Constitución. Navegó por las Antillas, Brasil y la costa de África Occidental y participó en las Guerras de Berbería. Pero cuando realmente se ganó la fama fue durante la Guerra de 1812, cuando recibió el apodo de Old Irionsides porque su casco de roble era tan grueso que las balas de cañón lanzadas por la fragata británica HMS Guerriere acababan rebotando.

Iba a ser desguazado, sin embargo a finales del siglo XIX consiguió ser salvado y se convirtió en museo. En 1997 fue restaurado y puede navegar. De hecho, cada 4 de julio recorre el puerto, momento además en que aprovecha para cambiar su posición de amarre y que así no se

El buque se salvó del desguace gracias al poema Oliver Wendell Holmes, titulado Old Ironsides. Compuesto en 1830 el autor pidió ayuda pública para salvar el buque, dado que las reparaciones para su puesta de nuevo en servicio eran costosas. Finalmente el presupuesto fue aprobado y el barco salvado. En 1907 el USS Constitution fue convertido en museo. En 1997 sería restaurado, siendo capaz de navegar por sus propios medios. Cada 4 de julio, Día de la Independencia de los los Estados Unidos, zarpa para recorrer el puerto, cambiando además su posición de amarre con el fin proteger ambos lados del barco de la condiciones ambientales.

Invicto en 33 batallas hoy se puede visitar por dentro, así como su museo, en el que hay exhibiciones interactivas y prácticas.

También está permanentemente atracado el USS Cassin Young, un destructor de la Segunda Guerra Mundial.

Tomando la calle Tremont, nos dirigimos al último punto de la ruta, el Monumento de Bunker Hill.

En el centro del parque sobre la colina se erige un obelisco de granito, de 67 metros de altura, que conmemora la primera gran batalla de la Guerra de Independencia, la batalla de Bunker Hill (17 de junio de 1775).

El ejército británico era una de las mejores fuerzas militares de la época. Sus líderes eran oficiales de carrera. Las tropas entrenaban regularmente y estaban bien equipadas. Aún así, también reclutaban soldados en contra de su voluntad, generalmente hombres pobres y desempleados, a veces también algunos prisioneros. Por su parte, la mayoría de los colonos no entrenaban, sino que se unían voluntariamente a la milicia. Los británicos no esperaban que un grupo organizado lo hiciera tan bien como al final resultó. Aunque los americanos perdieron en esta batalla, eso les hizo fortalecerse y luchar más fuerte para conseguir su independencia. Así, aunque técnicamente los ganadores fueron los británicos, vencieron perdiendo en el camino la mitad de sus hombres y tan solo nueve meses más tarde las tropas de George Washington consiguieron expulsarles.

Tras la batalla, en la década de 1820,  el terreno de la colina se convirtió en tierra sagrada debido a un nuevo sentimiento patriótico. Los americanos querían honrar el sacrificio y servicio a la nación de sus antepasados, así que, durante dos décadas, muchos hombres y mujeres, liderados por la Bunker Hill Monument Association, trabajó para para construir un monumento que los recordara.

La primera piedra del monumento fue colocada en 1825 por el héroe Marquis De Lafayette, en el 50 aniversario de la batalla y fue concluido en 1842. El 17 de junio de 1843 Daniel Webster habló a una multitud de 100.000 personas para inaugurarlo. Hoy en día se puede subir para ver Boston desde las alturas, aunque llegamos justo cuando estaban con el último pase.

Frente al obelisco, ya fuera del parque, se encuentra el museo, en el que se puede conocer la historia de la batalla así como objetos usados en la misma.

Además, no podía faltar en el parque la estatua de William Prescott, el coronel que comandó las fuerzas patriotas en la Batalla de Bunker Hill y que se hizo conocido por la frase “No disparen hasta que vean el blanco de sus ojos”.

Aún nos quedaba tarde, así que tomamos el metro para acercarnos al campus del famoso MIT.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 II: Boston: Freedom Trail

Tras recorrer el Black Heritage Trail que nos permite conocer un poco del pasado afroamericano y de la abolición de la esclavitud en sus 14 paradas, enlazamos con el Freedom Trail, un recorrido por los puntos claves de la historia de Boston y de la Revolución Americana.

Consta de 16 paradas distribuidas a lo largo de 4 kilómetros y está señalizado en el suelo por una línea de ladrillos rojos.

Fue concebido en 1951 por el periodista local William Schofield y aceptado por el alcalde John Hynes. Es gratuito, aunque también hay visitas guiadas caracterizadas que salen desde el punto de información turística en el parque Boston Common. Y aquí es donde habíamos terminado la anterior ruta y nuestro punto de partida.

Construido en 1634, este parque público de 50 hectáreas es el parque urbano más antiguo de los Estados Unidos y el más popular de la ciudad. Es el pulmón verde de la ciudad y forma parte del área conocida como Collar de Esmeraldas, que une todos los parques de Boston.

El terreno fue comprado por varios colonos puritanos al ministro anglicano William Blackstone y se usó como pasto para el ganado de la comunidad hasta 1830, cuando se prohibió dicha actividad. Fue entonces cuando se valló y nació el parque como tal. Durante la Guerra de Independencia fue un campo de batalla testigo de ejecuciones públicas.

A lo largo del siglo XX acogió diversas charlas de Martin Luther King Jr. en la lucha por los derechos civiles, también mítines contra la Guerra de Vietnam. Incluso en 1979 el Papa Juan Pablo II dio misa.

Aunque hoy es sobre todo un espacio de ocio, también se usa para manifestaciones o protestas, eventos deportivos y celebraciones.

En el centro del parque se encuentra el Freedom Trail Visitors Centre, donde facilitan información, además de ofrecer la posibilidad de contratar guías. En la plaza junto al centro de visitantes había varios camiones de comida, así como mesas y sillas para disfrutar del sol.

Paseando por el parque podemos descubrir fuentes, estatuas y monumentos que recuerdan a personajes relevantes en la historia del país. Una de las que me llamó la atención es una placa que se colocó en 2017 en honor al árbol de Nueva Escocia. Y es que, cada año, Nueva Escocia regala un árbol a la ciudad de Boston en agradecimiento a la ayuda que recibieron tras la explosión en Halifax el 6 de diciembre de 1917.

Por el camino que da a la calle Tremont vimos una curiosa iglesia (fuera de ruta), la Cathedral Church of St Paul.

Construida en 1819, fue la primera iglesia de estilo renacentista griego en Nueva Inglaterra, y desde 1970 es Monumento Histórico Nacional por su importancia arquitectónica. Los arquitectos encargados del proyecto fueron Alexander Parris (autor también del Quincy Market que veríamos más adelante) y Solomon Willard (quien diseñó el monumento de Bunker Hill, al final de la ruta).

En el momento de su fundación ya había otras dos parroquias episcopales, sin embargo, ambas pertenecían de la época anterior a la independencia, por lo que pretendían crear una iglesia totalmente estadounidense.

Volviendo a la ruta, frente al parque, y en la acera opuesta al monumento del 54º Regimiento se erige la Massachusetts State House, la sede del gobierno del Estado de Massachusetts. Alberga la corte general de Massachusetts y la Oficina del Gobernador.

Construido en 1798 en el terreno de pasto de John Hancock, destaca por su cúpula realizada en cobre y cubierta por láminas de oro de 23 quilates. Durante la II Guerra Mundial fue pintada de gris para que no destacara durante los apagones y no fuera víctima de las bombas. Corona la cúpula una piña de madera dorada, símbolo de la dependencia del estado de la tala en el siglo XVIII.

El afamado arquitecto Charles Bulfinch se basó en los diseños de varios edificios londinenses, y a su vez, la Casa del Estado ha servido de inspiración para el Capitolio de Washington y para muchos de los capitolios estatales de los Estados Unidos.

Su escalera principal de acceso a las puertas centrales del Salón Dórico solo es usada por el Presidente de los EEUU, los jefes de estado de otros países y el gobernador de Massachusetts cuando termina su legislatura.

El tercer punto se halla frente al parque, en la esquina de las calles Park y Tremont. Allí se erige The Park St. Church, una iglesia construida en 1809 por el arquitecto inglés Peter Banner, quien se inspiró en los dibujos de la iglesia londinense St. Bride. De 1810 a 1846 defendió el título de edificio más alto de Estados Unidos gracias a su campanario de 66 metros de altura que servía como referencia desde diferentes puntos de la ciudad. Perdió tal honor cuando se construyó la Iglesia de la Trinidad en Nueva York.

El lugar en que se ubica también se conoce como la “esquina del azufre”, parece que por los sermones “incendiarios” que se celebraban, aunque hay otra teoría que dice que es porque durante la Guerra de 1812 se almacenó pólvora en su sótano.

Fue sede de reuniones de carácter político, social y humanitario durante la Revolución y el lugar escogido por William Lloyd Garrison para, el 4 de julio de 1829, pronunciar su primer discurso en contra de la esclavitud. Sus palabras fueron: “Ya que la causa de la emancipación tiene mucho camino por delante y va a encontrarse con mucha oposición, ¿por qué retrasar el trabajo?”

Tras la iglesia se extiende el Granary Burying Ground, el tercer cementerio más antiguo de la ciudad y cuyo nombre le debe al granero que había donde hoy se erige la iglesia. El terreno pertenecía por aquel entonces al Boston Common. Accedemos a él por la puerta diseñada por Isaías Rogers.

Fundado en 1660 alberga varios personajes ilustres en la historia de la ciudad. Por ejemplo, en él descansan Samuel Adams, Robert Treat Pain y John Hancock, 3 de los 56 firmantes de la Declaración de la Independencia.

Al lado de la lápida de Adams se encuentran las tumbas de las cinco víctimas de la Masacre de Boston (5 de marzo de 1770) momento clave para la Guerra de la Independencia junto con el Motín del Té del 16 de diciembre de 1773.

En la parte posterior está enterrado Paul Revere y junto a su tumba encontramos una corona, pues justo el día anterior había sido el 200 aniversario de su muerte.

En el centro del cementerio se encuentra el obelisco que marca la tumba de Josiah y Abiah Franklin, los padres de Benjamin Franklin.

En total el cementerio cuenta con más de 2.300 tumbas, sin embargo, parece ser que en realidad hay unas 5.000 personas enterradas. Muchos niños no sobrevivían al primer año de vida, y algunas veces se enterraba a varios en la misma fosa. Algunos esclavos también fueron enterrados con sus dueños.

Su organización en hilera tan típica de los cementerios estadounidenses se debe a la época victoriana, pues así dejaba paso para el cortacésped.

Tras visitar el cementerio seguimos con nuestro recorrido hasta la siguiente parada. Un poco más adelante, en el cruce con la calle School, se erige la King´s Chapel,  la primera iglesia anglicana de Boston.

La iglesia original de 1689 era de madera. Pronto se quedó pequeña pues empezó a acoger a varios comerciantes prominentes y sus familias, por lo que comenzó a construirse una nueva de granito alrededor y cuando finalizaron las obras en 1754 se desmontó la originaria. La madera se reutilizó en Nueva Escocia para levantar otra iglesia anglicana.

En los planes originales se incluía un campanario, sin embargo este nunca se llevó a cabo. Su fachada tiene una peculiaridad, ya que aunque las columnas exteriores parecen de piedra, en realidad son de madera. Y es que esta parte se terminó tras la Revolución y de esta manera se abarataban los costes.

Recibe este nombre porque fue construida por orden del rey Jacobo II de Inglaterra, que quería que en los Nuevos Territorios hubiese una iglesia anglicana.

Junto a ella se extiende el King’s chapel Burying ground, el cementerio más antiguo de Boston (1630). En este no hay ningún personaje de la revolución, ya que para 1660 ya estaba completo. Se encuentran sin embargo algunos de los primeros colonos de Estados Unidos, como Mary Chilton, la primera mujer europea en desembarcar en el Nuevo Mundo tras haber cruzado el Océano Atlántico a bordo del famoso Mayflower en 1620; o personalidades como John Winthrop, primer gobernador de Massachusetts, y William Dawes, uno de los tres emisarios que alertó de la llegada del ejército británico.

Junto a la iglesia y cementerio se encuentra la Escuela Latina de Boston,  la que fuera la primera escuela pública de Estados Unidos. Podemos ver en el suelo un mosaico conmemorativo.

Establecida en 1635 por Sir Patrick Aridan Kelly, nació para formar a los niños (las niñas acudían a escuelas privadas en casas) de toda clase social. Los colonos puritanos consideraban la educación muy importante, pues era una manera de acercarse a la Biblia. Así, en 1647 se aprobó una ley por la que se establecía que en aquel pueblo en el que hubiera más de 50 familias, tenía que haber una escuela.

El edificio original fue derribado en 1745 para ampliar la King’s Chapel y, tras varios traslados, actualmente se encuentra en el barrio Fenway de Boston y desde 1972 admite también a niñas.

A esta escuela acudieron importantes personajes de la historia de la ciudad, incluso cinco firmantes de la Declaración de Independencia: Benjamin Franklin, Samuel Adams, John Hancock, Robert Treat Paine y William Hooper. El primero de ellos es honrado con una estatua en el lugar en que se ubicaba el edificio, la primera estatua dedicada a una persona erigida en Boston. Franklin, que nació en 1706 en lo que hoy es el centro de Boston, además de ser uno de los padres de la nación era poeta y científico (inventó el pararrayos).

En el patio también hay otra estatua dedicada a Josiah Quincy III, educador, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de 1805 a 1813, alcalde de Boston de 1823 a 1828 y presidente de la Universidad de Harvard de 1829 a 1845. El histórico Quincy Market (también en la ruta) en el centro de Boston recibe su nombre en su honor.

Al lado, aunque no pertenece al Freedom Trail, está el que fuera el Ayuntamiento hasta su traslado en 1969, el Old City Hall. Construido entre 1862 y 1865 en estilo Segundo Imperio Francés fue el tercer ayuntamiento que tuvo la ciudad. Hoy el edificio está ocupado por varias empresas y organizaciones desde su venta en 2017.

Frente a la fachada hay una curiosa estatua de un burro de bronce. Ante él hay dos huellas que invitan a situarse. El burro simboliza el partido demócrata y los elefantes de las huellas al republicano.

La elección de cada uno de estos animales tiene su historia. Cuando Andrew Jackson creó el Partido Demócrata en 1828 y se presentó a presidente usó el lema populista “dejad que el pueblo mande”. Esto provocó insultos y descalificaciones por parte de sus oponentes, quienes lo consideraron estúpido y lo etiquetaron como jackass (burro). Jackson sin embargo tomó el este insulto y lo convirtió en el símbolo de su campaña. Así, durante años el burro ha sido el símbolo del partido.

Por su parte, el Partido Republicano le debe el elefante a Thomas Nash, dibujante del Harper’s Weekly, quien comenzó a usarlo en 1874. Después comenzó a extenderse a medida que fueron usándolo otros artistas gráficos. Al final el partido acabó adoptándolo.

Retomamos el Freedom Trail y nos dirigimos hacia la Old Corner Book Store, un edificio que fue la casa de Anne Hutchinson, controvertida líder religiosa. Llevaba a cabo lecturas semanales de las Escrituras en su casa a las que asistían hasta 80 personas, una décima parte de la población de Boston en ese momento. Fue acusada de herejía por predicar sin licencia y excomulgada en 1638. Acabó exiliándose a Rhode Island, donde fundó la ciudad de Portsmouth.

En 1708 la casa fue comprada por Thomas Crease y tres años más tarde acabó ardiendo en el Gran Incendio.

En 1718 se levantó una nueva construcción como tienda, lo que lo convierte en el edificio comercial más antiguo de Boston. Un siglo más tarde, el padre del futuro ministro J. Freeman Clarke la compró y en 1828 la convirtió en librería. Poco después, entre 1832 y 1865, se estableció una imprenta, y fue el centro de la publicación de libros estadounidenses en una época en que Boston era la meca literaria del país. En los años posteriores sería ocupada por diversas editoriales y librerías.

En 1960 se planteó demolerla para construir un aparcamiento, sin embargo varios ciudadanos crearon una asociación para recaudar dinero, comprar la propiedad y restaurarla. En la actualidad es un restaurante de comida mexicana pero mantiene su estética.

Frente a él, en una plaza, encontramos el Irish Famine Memorial, que al igual que el que habíamos visto el día anterior, recuerda la hambruna irlandesa de mediados de siglo XIX.

El monumento cuenta con dos grupos de estatuas en las que se contrasta a dos familias. Por un lado a una que pudo emigrar a América y consiguió encontrar prosperidad y por otro una hambrienta en Irlanda.

Financiado por un fideicomiso dirigido por un magnate irlandés-estadounidense, el grupo escultórico fue inaugurado en 1998 en el 150 aniversario de la Gran Hambruna y aunque al principio fue bien recibido, también obtuvo críticas negativas por recurrir a clichés y conmemorar los logros de los irlandeses que consiguieron emigrar.

Y si leemos las placas que bordean el monumento quedan patentes esos tópicos. En una de ellas podemos leer “La conmemoración de la Gran Hambruna permite a la gente de todo el mundo conocer un terrible episodio que cambió para siempre Irlanda. Las condiciones que provocaron la hambruna (mala cosecha, terratenientes ausentes, colonialismo y débil liderazgo político) todavía existen por todo el mundo en la actualidad. Las hambrunas continúan afectando a la población. Las lecciones de la hambruna irlandesa deben ser aprendidas y aplicadas hasta que la historia deje de repetirse”. Está muy bien el mensaje, pero en realidad, efectivamente la historia sigue repitiéndose.

En otro texto se hace referencia a que hoy 44 millones de americanos con pasado irlandés son dignos merecedores de Medallas de Honor y excelencia en literatura, deportes, negocios, medicina y en el campo del entretenimiento (Boston cuenta con la población irlandesa expatriada más grande del mundo). También cómo John F. Kennedy se convirtió en el primer católico irlandés en llegar a Presidente de la nación en 1960 a pesar de que en un principio los bostonianos recibieron a los irlandeses con cierta hostilidad. Destaca que los refugiados llegaron empobrecidos y se convirtieron en trabajadores americanos de éxito. El sueño americano, vaya, pero seguro que no fue todo tan bonito y lleno de posibilidades.

Cerca de dos millones de personas dejaron Irlanda echándose a la mar en barcos tan imposibles de navegar que eran conocidos como “Barcos ataúd”. Muchos pasajeros murieron en el mar, por lo que el poeta John Boyle O’Reilly llamó al Océano Atlántico “tazón de lágrimas”. Algo que podríamos comparar hoy en día con la situación del Mediterráneo. Solo en el año 1847 unos 37.000 refugiados irlandeses llegaron a Boston al borde de la muerte y tremendamente enfermos. El historiador Thomas H O’Connor escribió “Los bostonianos podrían haber estado dispuestos a mandar dinero y comida para evitar la hambruna siempre que se quedaran en Irlanda porque no querían los irlandeses que llegaran a América”. De hecho, en abril de 1847, 15 días después de haber salido de Boston, llegó al puerto de Cork el barco USS Jamestown cargado con 800 toneladas de comida, suministros y ropa.

Frente al monumento se encuentra la Old South Meeting House, construido en 1729 como casa de reunión de los puritanos. Fue el edificio más grande del Boston colonial y escenario de algunos de los eventos más dramáticos previos a la Revolución Americana, incluida la reunión del 16 de diciembre de 1773 en la que cinco mil colonos debatieron sobre qué hacer con las más de 30 toneladas de té que habían llegado a puerto. Si descargaban la mercancía tendrían que pagar un impuesto a Inglaterra, algo a lo que no estaban dispuestos porque no recibían mucho a cambio, ni siquiera tenían representante en el gobierno británico. Samuel Adams dio la señal para el famoso Motín del Té en que 340 cajas de té fueron arrojadas al mar.

El edificio de ladrillo, coronado por un campanario de 55 metros en el que se alza una aguja octogonal está inspirado en las iglesias rurales inglesas del arquitecto Sir Christopher Wren.

Quedó parcialmente destruido en el incendio de 1872. Las llamas no avanzaron más por la llegada por casualidad de un camión de bomberos. Cuatro años más tarde fue vendido y se había programado su demolición, sin embargo, un grupo de activistas lo salvó y en 1877 se convirtió en un museo y monumento histórico.

La que vemos hoy en día es una reconstrucción llevada a cabo por la comunidad. Y además de servir como museo acoge conferencias y eventos.

Tomando la Washington Street llegamos a la Old State House, la que fuera la sede del Gobierno colonial británico de Massachusetts entre 1713 y 1776 y considerado como el edificio más antiguo de Estados Unidos.. Aún se pueden ver en su fachada oriental el león y el unicornio, símbolos de la Corona Británica.

Por su parte, en la fachada oeste, un escudo con un nativo americano y una inscripción escrita en latín rodeando el escudo recuerda la primera colonia de la bahía de Massachusetts.

Era la una de la tarde y pudimos asistir al cambio de guardia.

El edificio ha sido un emblema de la libertad en Boston durante años, pues desde su balcón se proclamó el 18 de julio de 1776 la Declaración de Independencia. Alcanzada la independencia, acogió la primera cámara legislativa de Massachusetts.

Pero antes de la independencia tuvo lugar el acontecimiento recordado como la Masacre de Boston. Podemos encontrar frente a la fachada oriental un círculo de adoquines que lo recuerda.

En 1768 las tensiones entre Boston e Inglaterra eran patentes, y el conflicto fue a más cuando fueron enviados unos 2.000 soldados británicos para controlar los disturbios y proteger a los funcionarios de aduanas (suena familiar). Por aquel entonces la población de la ciudad era de 16.000 habitantes, por lo que hubo una importante fricción que desembocó en peleas y enfrentamientos.

Uno de estos enfrentamientos ocurrió el 5 de marzo de 1770 cuando Edward Garrick, aprendiz de un fabricante de pelucas acudió a la aduana de King Street a reclamar un pago para su maestro. Al no recibirlo subió el tono de sus reclamaciones y White, un guarda de la aduana lo sacó del edificio y lo golpeó en la cara con la culata de su mosquete. Garrick, furioso, volvió con un grupo de bostonianos y rodearon a White y comenzaron a insultarle y lanzarle bolas de nieve y basura.

Ante el alboroto el Capitán Thomas Preston acudió con ocho soldados del 29º Regimiento e intentaron hacerse paso entre la hostil muchedumbre para ayudar a White. En medio del bullicio el soldado Hugh Montgomery fue golpeado y disparó a la multitud. Ante el caos, el resto de soldados comenzaron también a disparar. Cuando el humo se aclaró, cinco hombres yacían muertos o estaban al borde de la muerte. Como hemos visto, están enterrados en el cementerio al inicio del recorrido.

Mientras que los británicos hicieron referencia al suceso como unos “infelices disturbios”, Paul Revere lo calificó como “sangrienta masacre” y dio alas a los independentistas.

Hoy en día el edificio de Old State House con su arquitectura típicamente colonial y esa torre que recuerda a su pasado británico atrae a los visitantes con sus exhibiciones y actividades interactivas que ayudan a conocer el pasado revolucionario de la ciudad. Alberga objetos interesantes como el traje de terciopelo rojo que se cree que John Hancock usó cuando fue juramentado como el gobernador de Massachusetts, un frasco de té salvado del Motín del Té, una linterna colgada para señalar reuniones de los Hijos de la Libertad, plata de Paul Revere, un mosquete usado en la Batalla de Lexington, y un tambor de la Batalla de Bunker Hill.

Dos de sus plantas están destinadas a exposiciones sobre la sociedad e historia de Boston. Durante la visita incluso podemos sentarnos en la silla del gobernador real en la Sala del Consejo Real de 1764.

 

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13: Boston: Black Heritage Trail

El día amaneció despejado, por lo que tras duchas y desayuno nos pusimos en marcha para intentar aprovecharlo al máximo. Teníamos preparada una ruta cultural por la ciudad comenzando por el Black Heritage Trail, un recorrido que en sus 2,4 kilómetros nos lleva por 14 puntos relevantes de la historia de la comunidad afroamericana en Boston. Se trata de casas, escuelas, iglesias y comercios que pertenecieron a personas que lucharon contra la esclavitud y la desigualdad.

Como ya hemos visto, Boston tiene un pasado colonial, y ya en 1638 con aquellos colonos llegaron los primeros africanos como su mano de obra. Eran sus esclavos. Sin embargo, con el tiempo fueron teniendo descendientes que nacieron libres (sobre todo los que tenían madre blanca) y algunos fueron siendo liberados para convertirse en personal del servicio.

Con la Guerra de la Independencia Massachusetts abolió la esclavitud. Aunque eso era la teoría, aún quedaba mucho por llevar a la práctica y la comunidad afroamericana de Boston del siglo XIX lideró un movimiento no solo en la ciudad, sino en el país, para obtener la igualdad racial y la paridad educativa de facto. Esta comunidad estaba asentada en lo que hoy es la ladera norte de Beacon Hill. También residían en el West End al norte de Cambridge Street y en el North End. Sin embargo, poco a poco se fueron mudando más al sur y esta zona fue ocupada por los nuevos inmigrantes (sobre todo italianos).

Comenzamos el recorrido en el Museo de Historia Afroamericana (The African Meeting House).

El edificio fue construido por trabajadores negros libres en 1806 y es considerada la construcción religiosa de la comunidad negra más antigua que queda en pie del país. Sirvió no solo como centro religioso, sino que también acogía actividades sociales, educativas y políticas.

En 1832 William Lloyd Garrison fundó la New England Anti-Slavery Society y durante la Guerra Civil se convirtió en estación de reclutamiento para el 54º Regimiento de Massachusetts. A finales de siglo fue comprado por una congregación judía, quien lo reconvirtió en sinagoga. Funcionó como tal hasta 1972 cuando fue adquirido por el Museo de Historia Afroamericana.

Hoy relata la historia de la comunidad negra desde el período colonial hasta el siglo XIX.

Anexa al edificio del museo se halla la Abiel Smith School, que sirvió como colegio desde 1835 hasta 1855 cuando las escuelas públicas comenzaron a integrar a toda la sociedad independientemente de su color de piel.

A finales del siglo XVIII la comunidad afroamericana luchaba contra la desigualdad y la discriminación en las escuelas públicas. Era injusto que sus impuestos fueran empleados para la educación de niños blancos mientras que los negros no tenían escuelas. En 1798 sesenta padres se organizaron y crearon la Escuela Africana para educar a sus hijos. La sede se ubicó en la casa de Prince Hall.

En 1808 se trasladó al primer piso de la African Meeting House. Sin embargo, la comunidad seguía trabajando para conseguir una escuela pública y seguían quejándose a los organismos oficiales. En 1812 el Comité Escolar de Boston finalmente reconoció a la escuela y les asignó fondos, aunque eran escasos (tan solo $200 al año).

En 1815 Abiel Smith, un filántropo blanco, dejó unos $4.000 en su testamento para que se destinaran a la educación de niños negros. Y fue gracias a parte de ese dinero que se construyó la escuela. A su término en 1835 todos los niños negros fueron asignados a ella.

La lucha sin embargo no acabó, ya que las condiciones que tenían eran inferiores a las de las escuelas públicas de los niños blancos. Algunos reclamaban que sus hijos pudieran asistir al colegio más próximo a su hogar y que no se segregara por el color de piel. En 1849 la mayoría de los padres dejaron de llevar a sus hijos a clase para así protestar contra la educación segregada. Finalmente en 1855 se prohibió está discriminación y los niños afroamericanos comenzaron a asistir a otras escuelas públicas dejando las aulas de la Abiel Smith vacías

El edificio fue renovado en 2000 y hoy acoge las oficinas administrativas del Museo.

Muy próximas al colegio tenemos los siguientes cinco puntos de nuestra ruta. Se trata de las Smith Court Residences, cinco casas típicas de la comunidad negra en el siglo XIX.

El número 3 fue alquilada a numerosos hombres afroamericanos y sus familias. Por ejemplo, allí vivió William Cooper Nell, abolicionista y líder de la comunidad.

El 5, un edificio de tres pisos con paredes de madera de color marrón rojizo, fue construido en la primera década del siglo XIX y pasó por varios propietarios (tanto negros como blancos). Fue la residencia de George Washington, pero no el político, sino un limpiabotas, obrero y diácono de la Primera Iglesia Bautista Independiente.

Muchas de estas residencias pertenecían a Joseph Scarlett, quien en el momento de su muerte a finales del siglo XIX poseía 15 propiedades.

Quedan pocas casas de madera del siglo XIX, ya que con la llegada de inmigrantes europeos a finales de la década de 1880 se derribaron. En su lugar, entre 1885 y 1815 se construyeron apartamentos de ladrillo de cuatro o cinco pisos y con los característicos miradores de colores.

Continuamos nuestro recorrido siguiendo los carteles que nos conducen por calles, instituciones y residencias privadas. Muchos de los puntos han desaparecido y en el lugar donde se encontraba el hito hay tan solo una placa.

La siguiente parada fue la John Coburn House, la residencia de John Coburn (1811-1873), minorista de ropa y activista de la comunidad. Fue uno de los afroamericanos más ricos del siglo XIX y además de su tienda de ropa se cree que tenía una casa de juego en su casa.

También fue tesorero de la Asociación de Libertad de Nueva Inglaterra, una organización que ayudaba a los esclavos fugitivos a convertirse en personas libres. En 1851 fue arrestado por ayudar al esclavo Shadrach Minkins a escapar de la custodia federal, aunque fue juzgado y resultó absuelto.

Además, fue cofundador y capitán de la Guardia Massasoit, una compañía militar negra que fue precursora del 54 ° Regimiento.  Se llamaron así por un nativo americano que había sido especialmente amable y leal a los colonos de Massachusetts. El servicio militar se consideraba una oportunidad para demostrar la propia virilidad y reclamar los derechos de la ciudadanía estadounidense.

En la misma calle se encuentra la Lewis and Harriet Hayden House, la casa de Lewis Hayden y su esposa Harriet.

Lewis nació esclavo en 1812 en Lexington, Kentucky. Huyó a Canadá en 1844 con Harriet, su segunda mujer, de ahí se mudó a Detroit en 1845 y un año más tarde finalmente a Boston, donde dirigió una tienda de ropa y se convirtió en líder del movimiento abolicionista.

Entre 1850 y 1860 dieron ayuda y refugio en su casa a decenas de esclavos autoliberados tal y como muestran los registros del Comité de Vigilancia de Boston, del cual Lewis era miembro. Su vivienda servía como parada en el ferrocarril subterráneo.

Durante la Guerra Civil trabajó como reclutador del 54º Regimiento. Más tarde fue elegido para la Cámara de Representantes de Massachusetts y trabajó para el Secretario de Estado de Massachusetts.

Murió en 1889 y su mujer Harriet en 1893. Esta legó dinero para que se creara una beca en la Escuela de Medicina de Harvard para estudiantes afroamericanos.

Seguimos hasta el décimo punto, la Charles Street Meeting House, una casa de reuniones construida en 1807 por la Tercera Iglesia Bautista blanca de Boston. En aquel momento seguía la tradición segregacionista de Nueva Inglaterra, por lo que los negros que acudían a misa tenían que sentarse en la galería y además quedaban excluidos de otros privilegios. Un domingo de 1836 el abolicionista Timothy Gilbert invitó a varios amigos negros a su bancada, lo que provocó su expulsión de la iglesia. Gilbert se unió a otros miembros bautistas abolicionistas (también blancos) y fundó la Primera Iglesia Bautista Libre (que se convirtió en el Templo Tremont) y que era de libre acceso.

Tras la Guerra Civil la población negra de Boston aumentó y la Tercera Iglesia Bautista pasó a manos de la Primera Iglesia Metodista Episcopal Africana, quien compró el edificio en 1876 y lo usó hasta 1939.

Aunque la mayoría de los puntos apenas se puede hacer otra cosa que observar el edificio y conocer la historia de lo que allí aconteció, es un recorrido bastante visual, puesto que las calles de Bacon Hill son muy pintorescas y parece que más que en una gran ciudad como Boston nos encontramos en las afueras.

Una de las calles más fotografiadas de la zona es Acorn Street, donde nos encontramos a unos graduados haciéndose instantáneas con sus típicas togas y birretes. Parece ser que eran de odontología, a juzgar por el cepillo de dientes que llevaban.

Más que una calle es un callejón, y tiene la peculiaridad de contar con el suelo empedrado y frondosos árboles, además de contar con las típicas construcciones en ladrillo rojo con contraventanas y puertas de colores que le dan un toque particular tanto de abajo a arriba, como viceversa.

Otro lugar colorido es la Louisburg Square, un parque residencial privado que data de 1826 delimitado por hileras de casas construidas entre 1833 y 1847.

Lleva el nombre en honor a la batalla de 1745 en la que los voluntarios de Nueva Inglaterra quitaron la Isla del Cabo Bretón a los franceses.

En un lateral del parque se halla la estatua de Arístides, mientras que en el extremo opuesto está la de Colón. Ambas colocadas en 1850.

En la perpendicular encontramos el siguiente punto, la John J. Smith House. John J. Smith nació como ciudadano libre en Richmond, Virginia en 1820 y se mudó a Boston a finales de los 40. Allí abrió una barbería que sirvió también como centro de actividad abolicionista y punto de encuentro de aquellos que escapaban en el ferrocarril subterráneo. Asimismo, junto a su esposa Georgiana, trabajó en la lucha por la igualdad de derechos escolares. Su hija Elizabet se convirtió a principios de la década de 1870 en la primera persona de ascendencia africana en enseñar en las escuelas integradas de Boston.

Durante la Guerra Civil fue un oficial de reclutamiento para la 5ª Caballería, que estaba formada solamente por soldados negros. Más tarde fue elegido para la Cámara de Representantes de Massachusetts como su tercer miembro afroamericano en 1868, 1869 y 1872. En 1878 fue nombrado como el primer afroamericano en formar parte del Boston Common Council y trabajó con éxito para que el primer afroamericano fuera nombrado para la fuerza policial de Boston.

En la misma calle, aunque en el sentido opuesto, se halla The Phillips School, una de las primeras escuelas integradas de la ciudad. Aunque no nació como tal, sino que se construyó en 1824 únicamente para blancos, cuando por aquel entonces los niños negros iban a la African Meeting House y después a la Abiel Smith School.

Recibe el nombre en honor al primer alcalde de Boston, John Phillips, padre del abolicionista Wendell Phillips.

En 1863 se mudó a un nuevo edificio en Phillips Street.

Al final de la calle llegamos al penúltimo punto de la ruta, la George Middleton House, una de las viviendas más antiguas del barrio y con la típica estructura de las viviendas del siglo XVIII. Fue construida en 1787 para George Middleton, veterano de la Guerra de la Independencia, donde fue el líder de los Bucks of America, una de las tres milicias negras que lucharon contra los británicos.

Tras la guerra sirvió como tercer Gran Maestro de los Masones de Prince Hall. También se convirtió en activista y ayudó a fundar la Sociedad Africana Libre. En 1800 luchó por la igualdad de derechos escolares para los niños negros.

La última parada del recorrido es el Robert Gould Shaw and 54th Regiment Memorial, un monumento de 1897 dedicado al 54º Regimiento de Infantería Voluntaria de Massachusetts, el primero formado por ciudadanos negros. Si bien es cierto que los afroamericanos sirvieron en la Guerra de Independencia y en la de 1812, los estados del norte impidieron que fueran admitidos en la Guerra Civil. Una cláusula de Lincoln en la Proclamación de Emancipación de 1863 cambió este detalle y pudieron alistarse.

El 54º regimiento fue dirigido por Robert G. Shaw , único hijo de una familia adinerada pero abolicionista radical y a favor de la unión. Este destacamento fue famoso gracias al asalto a Fort Wagner, Carolina del Sur, el 18 de julio de 1863. Murieron unos 80 hombres (entre ellos Shaw) y otros muchos resultaron heridos. En esta batalla se galardonó por primera vez a un soldado negro con la Medalla de Honor. Fue al sargento William Carney, quien resultó herido al salvar la bandera.

En los últimos dos años de la guerra, se estima que más de 180.000 afroamericanos sirvieron en las fuerzas de la Unión y fueron decisivos para la victoria.

Y con este monumento llegamos al final de la ruta, que nos deja en el Boston Common, parque donde comienza otro recorrido histórico: el Freedom Trail.