Japón por libre XXVII: Día 13. Tokio: Ikebukuro y Shinjuku

Llegamos al decimotercer día de viaje. Y tocaba quedarse en Tokio para captar algo de la esencia de esta gran metrópolis. Tal y como estaba planteado, comenzamos por Ikebukuro, un gran distrito comercial y de entretenimiento.

La verdad es que la zona a nivel turístico no tiene mucho misterio, pero sí como toma de contacto, para alucinar un poco con el nivel de frikismo y las tiendas.

Eso sí, nos cruzamos con unos escolares que iban de excursión. Muy organizados ellos, claro.

Escolares

Nada más salir de la estación (enooooooooorme en sí) ya nos encontramos con enormes telas publicitarias, con grandes almacenes Seibu y Tobu, con Sunshine 60 o la cadena Bic Camera, que está en todos sitios. De hecho, la propia estación es un centro comercial, con plantas superiores e inferiores, laberintos de tiendas entre los que te puedes perder.

Ikebukuro

Ikebukuro

Ikebukuro

Lo más “interesante” de la zona está por la salida este. Anduvimos un rato por la zona, entramos en alguna tienda, observamos con curiosidad los locales de pachinckos y nos adentramos en el universo de los recreativos.

Ikebukuro

Está todo por plantas, para que te dirijas a la que más te atraiga. Incluso encontramos una planta en la que si eres hombre, no puedes entrar solo. Es todo rosa y está plagado de máquinas en las que te haces una foto y te pruebas modelitos… muy raro todo.

Planta de chicas

Sin palabras. Te puedes pasar las horas muertas perdido entre máquinas. Me sentí un poco como en Las Vegas, en un espacio cerrado, enmoquetado, con aire acondicionado, en el que pierdes la noción del tiempo. Era pronto y no estaba plagado de gente, pero ya había muchos jóvenes dándole caña a las máquinas. De todo tipo: tiros, peleas, estrategia, tipo magic, incluso había unos chavales jugando al FIFA (o al Pro) con la Selección Española. Pero el momento alucine fue cuando vi a la chica de los guantes. Qué reflejos, qué dominio…

Recreativo

Pero lo que triunfa a pie de calle es este juego: el tsum tsum. Más que el candy crash, de hecho en el metro iban como locos jugando al móvil. En silencio, claro.

Tsum Tsum

Tsum Tsum

No nos entretuvimos mucho en la zona, porque sabíamos que en Akihabara ya tendríamos frikismo para dar y tomar, así que continuamos nuestro recorrido hacia Shinjuku (cogiendo de nuevo la Yamanote, que no está muy cerca un punto de otro).

La estación de Shinjuku es la mayor en tránsito de todo el mundo, así que, hay que ir con cuidado de no perderse. Los japoneses van con prisa, recorriendo los pasillos centrados en su destino y se cruzan unos con otros sin chocarse. Has de seguir las rutas para no darte de bruces con nadie o dejarte llevar por la marabunta y acabar en la otra punta.

Para no variar, la estación en sí ya es centro comercial, alberga un montón de tiendas, cafés y restaurantes. Y por supuesto, en los aledaños hay más tiendas y centros comerciales.

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Y si dentro es un caos, fuera más, porque además, nos encontramos con los famosos pasos de peatones japoneses en los que puedes ir hacia todos los lados de la intersección.

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Me declaro muy fan de estos cruces. Al principio es un poco caos, porque, al igual que en la estación, debes saber cuál es tu camino, visualizarlo, situarte y no desorientarte, no pararte e intentar no chocar con los que vienen en sentido contrario (o de cualquier otro). Pero, una vez que tienes esto controlado, es un ahorro de tiempo increíble. Si es que lo tienen todo pensado. ¿Para qué hacer un cruce en L y que tengas que esperar dos turnos de semáforo? Están a otro nivel. No me canso de repetirlo.

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Y tras recorrer los alrededores de la estación, nos dirigimos a la parte oeste, donde está el distrito de los rascacielos de Tokio. La mayoría son oficinas, aunque también hay hoteles.

Sompo

Rascacielos

Cartel candidatura olímpica

Y destaca el Ayuntamiento, o Tocho, como lo llaman coloquialmente, cuyos miradores están abiertos al público de forma gratuita.

Plaza Tocho

Tocho

Es un edificio que cuenta con dos torres gemelas de 243 metros. Cada una de ellas cuenta con un mirador en la planta 45 a 202 metros. La vista es prácticamente igual desde ambas, aunque no tienen el mismo horario, ya que la torre norte abre desde las 9:30 hasta las 23:00 y la sur sólo hasta las de 17:30. Abren solo de lunes a viernes.

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Merece la pena subir, y como es gratis, se puede subir todas las veces que quieras. Eso sí, al ser un edificio gubernamental, hay que pasar control de metales y hay unos guardias que te piden que abras bolsos y mochilas. Aunque he de decir que no son muy minuciosos, echan un ojo y ya está.

En el vestíbulo del edificio hay una oficina de información y turismo y en los miradores hay tiendas de recuerdos. Incluso hay zonas para comer. En la torre norte hay un bar para por la noche disfrutar de las vistas.

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Vista aérea observatiorio Tocho

Se pueden divisar los edificios aledaños, la torre de Tokio y el Skytree. Pero, además, si te pilla un buen día, puedes alcanzar a ver a lo lejos el Fuji.

Fujisan

Puede costar verlo, porque está muy a lo lejos, y además, nevado. Pero en el mirador tienes indicaciones de qué se supone que estás viendo en cada parte, así que con el zoom de la cámara se puede encontrar. Eso sí, aunque las vistas son espectaculares, para las fotrografías creo que no es un buen lugar, ya que la iluminación interior hace que se vea bastante el reflejo (como habéis podido apreciar).

Miradores

Bajamos del Ayuntamiento y nos fuimos en busca de comida. Ya se nos había hecho algo tarde, y no nos entretuvimos mucho en buscar un sitio, vimos un McDonald’s en la zona y allá que entramos.

McDonald's

Encima del mostrador, como en todos los de la cadena, tienen expuestos los menús, pero claro, todo en japonés. Pero muy amable, una empleada nos llamó a lo lejos y nos sacó una carta plastificada con el menú en inglés para que supiéramos qué elegir. Y nos decantamos por un menú de hamburguesa de pescado y una Loco Moco. ¿Qué? Sí, teníamos curiosidad por saber qué llevaba. Pues bien, aquí está:

Loco Moco

Era edición limitada, y es una hamburguesa con huevo. Y es que esta gente come mucho huevo, o eso, o a mí me dio la sensación. No podía faltar en los bento o en las bandejas de sushi. Si hasta los vendían cocidos en los 7Eleven y Family Marts…

Eso sí, la anécdota de la comida fue el refresco. A mí no me sienta bien el gas, así que suelo pedir refresco de té. Bien, pues nos sentamos, soltamos la bandeja, foto de rigor y “ay, qué sed”, lingotazo al té y mi cara fue un poema. Amargo, amargo, amargo. Pero ¿esto qué es? Porque era Lipton Ice, vamos, que no era marca rara. Casi planteándome ir a pedir una botella de agua, nos fijamos en que en la bandeja tenía dos recipientes cerrados similares a cuando te dan el aliño de las ensaladas. Uno de ellos era limón líquido, y otro una especie de sirope pegajoso. Pues bien, al parecer, en Japón, la sal y el azúcar te lo sirven aparte para que tú te lo añadas al gusto. Así que, avisados quedáis. Ah, y no te ponen ketchup (pero esto ya me lo he encontrado en Europa, que has de pagarlo aparte).

Este McDonald’s, al ser grande, tenía el estilo del resto del mundo, es decir, mesas para dos, para cuatro… Pero vimos otros en los que había barras y taburetes y la gente se sentaba sola frente a la pared a engullir. Modo japonés, muy solitario todo. Eso sí, lo que no podía faltar era una siesta.

japonesa durmiendo

Aquí la amiga, durante toda nuestra comida, se apoyó en la pared y descansó un poco. Con el móvil y sus enseres personales encima de la mesa tan tranquilamente.

En fin, dejamos la hamburguesería y nos dirigimos a la estación para coger de nuevo la Yamanote y bajarnos en Shin-Okubo, o lo que es lo mismo, Koreatown.

Lo cierto es que no nos entretuvimos mucho, apenas paseamos por la calle principal, que es básicamente en lo que consiste el barrio coreano, con sus tiendas, sus restaurantes y mercados; nos comimos un helado, compré un par de botes (o más) de crema de la tienda Skin79, que aquí es difícil encontrar (es coreana) y nos volvimos a la estación porque teníamos una mancha en la lente de la cámara y queríamos limpiarla.

Shin-Okubo

Shin-Okubo

Shin-Okubo

Shin-Okubo

Shin-Okubo

Shin-Okubo

Así que, volvimos a Shinjuku y pasamos a la famosa tienda Bic Camera. Tenemos una cámara compacta y no es la primera vez que se ensucia. Las veces anteriores mi Mcgyver marido consiguió desmontarla y limpiarla en casa con un destornillador, unas pinzas de depilar y un pañito de limpiar las gafas. El problema es que no teníamos destornilladores en la maleta, así que la intención era comprar unos, o, en su defecto, un set de limpieza de objetivos, que incluyen una especie de pera para soplar. No encontramos lo que buscábamos y le pregunté a uno de los empleados. Le enseñé la cámara, le señalé el tornillo y le expliqué que necesitaba un destornillador para limpiar por dentro. Me miró raro, se fue a preguntar a un compañero, me volvió a mirar, se quedó desorientado y finalmente me dijo “It’s broken” y me negaba con la cabeza. Creímos entender que lo que nos quería decir es que si la abríamos, la romperíamos. Así que, intentamos otra opción.

Buscamos por la zona por si encontrábamos algún Tokyu Hands o similar donde comprar unos destornilladores. Y de paso, vimos la zona de noche, que cambia totalmente con los neones. Mucho más apabullante. Ahí seguían los pasos de peatones, las mismas calles, pero yo era incapaz de asociarlo con lo conocido.

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Shinjuku

Al final acabamos en Don Quijote, una tienda con lo menos 10 plantas en la que puedes encontrar de todo.

Kabuchiko

Kabuchiko

Y cuando digo de todo, es de todo. Desde supermercado con comida hasta cosas de casa, pasando por ropa, recuerdos, figuras, y por supuesto, destornilladores.

Ídolos adolescentes

Ya que estábamos por la zona, aunque no entraba dentro del plan del día, aprovechamos para volver a subir al Ayuntamiento y ver si variaba mucho la vista nocturna.

Vistas nocturnas

Vistas nocturnas

Vistas nocturnas

De bajada me hice una foto en la estatua con la palabra LOVE a los pies del edificio I-Land Tower. Hay otra en Nueva York, pero estaba bajo unos andamios cuando estuvimos en 2011.

Lover's Santuary

Lover's Santuary

Después paseamos por Kabukicho, el barrio rojo. Recibe este nombre por un teatro de kabuki. Hoy en día tiene la fama de barrio peligroso, pero no nos lo pareció. Es una zona llena de tiendas de electrónica, pachinkos, restaurantes, hoteles del amor y locales dedicados al sexo.

Shinjuku

Kabuchiko

Kabuchiko

Kabuchiko

Kabuchiko

También recorrimos el distrito de Golden Gai, que es la zona de ocio nocturno dentro de Kabuchiko. Surgió tras la guerra. Son callejones con locales estrechos que iban llenándose con los trabajadores de la zona que acababan la jornada laboral. Apenas serían las 7 u 8 de la tarde y ya había algunos con una tajada importante.

Golden Gai

Golden Gai

Nosotros compramos la cena y nos dirigimos al hotel, que llevábamos todo el día en pie y había cansancio. Como el que tenía esta chica, la pobre.

Japonesa durmiendo

Soy incapaz de dormir así. Aunque he de reconocerles que es mucho más práctico que como se ve aquí en el transporte público a diario, que vamos dando cabezazos y con la boca abierta. De esta manera no quedas en evidencia.

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