Escape Room: El escondite del hacker, Escapeway

Este fin de semana teníamos por aquí a mi hermano y volvimos a reunirnos para un escape. Para esta vez tocó El escondite del hacker, de Escapeway, que ya había salido en votaciones anteriores pero que había quedado como segunda opción tras La entrevista y ¿Vacaciones? A la tercera iba la vencida.

El título de la sala ya nos da una idea de la temática: ordenadores, deep web, hackers… Pero, ¿cuál es nuestra misión? Pues resulta que ha desaparecido un hacker que formaba parte de la organización Anonymus. Recientemente había recibido información sobre los negocios turbios de la multinacional B Corp, en cuyo departamento de seguridad informática trabajaba y decidió castigar a la compañía. Sin embargo, alguien lo delató, de ahí su huida. No obstante, no se ha marchado sin más, sino que nos ha dejado una carta pidiendo que continuáramos su legado.

Así, nuestra misión en este escape es borrar la base de datos y salir. Y todo en 60 minutos. Por suerte, en nuestro equipo de 6 integrantes contábamos con un informático.

Llegamos 20 minutos antes como nos pedían en la reserva, pero nos quedamos en la calle a la espera de que nos dejaran pasar, para así tampoco cruzarnos con el grupo anterior. A la puerta salió el dueño y estuvo preguntándonos sobre nuestro pasado escapista. Charlamos con él sobre experiencias anteriores, tipos de puzles, fallos y aciertos de otras salas y nos adelantó un poco sobre el reto que nos esperaba. Lógicamente no nos reveló nada, pero sí que nos comentó que no esperáramos nada lineal ni candados. Se trata de una sala 2.0.

Continuamos la conversación en el interior y cuando terminó el grupo que nos precedía nos bajaron para la charla informativa del inicio. Al saber que ya teníamos experiencia, no se entretuvieron mucho, solo un par de normas básicas como el uso de cada objeto, que no recurriéramos a la fuerza y que, como siempre, nos comunicáramos. Y tras leernos la carta del hacker con sus indicaciones, era hora de entrar.

Ya desde el minuto 0 te sientes dentro del juego gracias a su original entrada. La ambientación está muy cuidada, aunque, si tiramos de tópicos, una guarida de hacker tendría algo más de desorden, de cafés/bebidas energéticas y bolsas de snacks/ cajas de comida para llevar sobre el escritorio. Y estos objetos podrían servir a su vez como pistas.

Pero el caso es que con lo que hay en la sala ya tenemos bastante, puesto que es muy completa. De hecho, el nivel de dificultad radica en la cantidad de pruebas que hay que ir solucionando. No hay un segundo de descanso. Es verdad que los enigmas no son especialmente complejos y pueden sacarse con un poco de lógica (no como en Tras el Espejo que dependían más de tener determinados dones); no obstante, sí que requieren de compenetración, comunicación y reparto de tareas entre todos los miembros del equipo. Lo ideal como siempre es que cada uno se dedique a lo que se le dé bien, ya sean los enigmas de lógica, los de destreza, los de cálculos… Hay para todos.

No se trata de un escape básico de llave/código–>candado, sino que abundan cerrojos y aperturas mecánicas y lo mejor es que nada es lo que parece. No hay linealidad y hay que estar pendiente de todo. Sin duda es una sala muy visual, de mucha observación. Y lo bueno es que todo forma parte del juego, no hay ni una sola pegatina de “no tocar”, así que te metes mucho más en el juego.

Creo que entramos bastante enchufados, aunque tuvimos algún momento de quedarnos pelín atascados. Pero enseguida conseguimos continuar. El Game Master estuvo muy acertado y solo nos dio pistas cuando veía que estábamos realmente bloqueados. Y además no nos las daba sin más, sino que nos guiaba. Salvo un par de ocasiones que directamente nos corrigió porque teníamos la solución, pero estábamos cuestionándonos a nosotros mismos. Se nota que estaba continuamente siguiendo nuestros movimientos. El problema de las pistas es que se dan en el monitor del tiempo y este está únicamente en una sala, por lo que a medida que avanza el juego tienes que andar de acá para allá.

El grupo que jugó antes que nosotros no consiguió salir y los oímos decir que no estaba bien hilado. Sin embargo, me da la sensación de que se esperaban una sala lineal. Nosotros encontramos que todo tenía sentido, sobre todo por la ambientación y porque las pruebas iban acordes a la temática. Había una historia detrás muy bien hilada.

Eso sí, los tiempos están muy ajustados y yo ya pensaba que no saldríamos. El tiempo corría, conseguimos borrar la base de datos y a falta de 3 minutos ahí estábamos en la última prueba. Uno resolviéndola y el resto ya pegados tras él esperando a que se abriera la puerta. Peeeeero, si entrar no era tan fácil, salir tampoco.

Si no es por el Game Master que nos preguntó que por qué estábamos todos como imbéciles mirando para el mismo sitio, no salimos. Estábamos a falta de 58 segundos (aunque teníamos 5 minutos extra) cuando conseguimos salir.

No nos dio mucho tiempo a comentar las jugadas, pues los chicos enseguida tenían que preparar la sala para el siguiente grupo. Aunque mientras devolvían todo a su posición inicial nos resolvieron alguna duda. El dueño también nos explicó cómo se le habían ocurrido algunas pruebas. La verdad es que el hombre lo vive. Le gusta el mundillo, conocer puzzles, mecanismos y enigmas de otras salas. También se interesa por lo que le gusta a la gente y lo que no. Busca un equilibrio entre historia, ambientación, complejidad y lógica. Eso sí, a un ritmo imparable. Yo le comenté a nuestra salida que en otras empresas quizá para todo lo que tiene lo habrían puesto con un límite de 70 minutos y me vino a decir algo así como que es más interesante si tienes que darte vida. Y en realidad es verdad, el tiempo ajustado le da algo más de emoción. Además, hay que tener en cuenta que es de las pocas salas de 7 personas que hay en Madrid, por lo que lo suyo es acudir cuando se disponga de un grupo lo más grande posible para repartirse las tareas. Yo creo que a partir de 5 está bien. Nosotros, como digo, éramos 6 y no nos estorbamos para nada.

En definitiva, una sala muy bien montada tanto en ambientación como en contenido. Muy entretenida, aunque de dificultad alta (pero no es necesario ser informático). Es recomendable que el equipo (o la mayoría de integrantes) tenga cierto rodaje previo en juegos de escape sobre todo porque más o menos ya sabes cómo organizarte.

Totalmente recomendable.

Serie Terminada: Halt and Catch Fire

Hace poco acabamos Halt and Catch Fire, una serie que ha pasado muy desapercibida para lo buena que es. Comenzó en 2014 y sus creadores tenían planteadas siete temporadas, sin embargo, terminó hace unos meses tras cuatro. Y saben a poco. Ojo que vamos con spoilers.

Halt and Catch Fire nació como una serie que se centraba en los primeros años de la informática allá por los años ochenta. Una serie de época, nostálgica. Con unos protagonistas visionarios que miran al futuro. Como ya conté cuando vi el piloto, comienza cuando Joe MacMillan, un ejecutivo agresivo, “ficha” a Gordon Clark, experto en hardware y a Cameron Howe, una brillante programadora, para crear un nuevo ordenador que compita con el de IBM. A ellos se les unirá Donna Clark, la mujer de Gordon, también ingeniera.

Así, la temporada se centra en Joe, ese antihéroe atormentado que manipula a todos y vende cualquier idea, y el trabajo a contrarreloj del resto de los integrantes del equipo para lanzar ese nuevo producto de Cardiff Electric. Nos adentra en ese mundo frenético y competitivo de los negocios en el que hay que ser el mejor y el más rápido.

Sin embargo, la serie se ha ido reinventando en cada temporada. En realidad, la serie y sus protagonistas, porque tras el fracaso no queda otra. Levantarse y volver a empezar. Tras la muerte de Cardiff Electric, Cameron monta Mutiny en una casa con un montón de informáticos que cumplen con el perfil de frikis. A ellos se les unirá Donna, y juntas nos adentran en el mundo de las primeras startups mientras Joe y Gordon intentan encontrarse a sí mismos y encauzar sus vidas por separado. MacMillan con un nuevo trabajo que le consigue su suegro y Clark volviendo a su garaje.

Si en la primera temporada el que sirve de nexo de unión y marca el ritmo es Joe; a partir de la segunda se produce un giro de timón y se pone el foco en Cameron y Donna. Juntas están consiguiendo éxito como emprendedoras, sin embargo, cuando salen al mundo empresarial no lo tienen tan sencillo.  Se encuentran en un mundo de hombres y no les es fácil conseguir inversores ni que les tomen en serio. Este cambio en el guion sirve para ampliar las tramas con un punto de vista que no habría podido ser posible con protagonistas masculinos.

El mundo de todos y cada uno de ellos salta por los aires en algún momento. El matrimonio de los Clark hace aguas, además Gordon descubre que tiene una enfermedad degenerativa; Joe no termina de encajar en su nueva vida; Cameron toma decisiones por su cuenta en relación a Mutiny…

Y vuelta a empezar. La tercera temporada en California, donde se han mudado todos para estar cerca de donde se están desarrollando los proyectos importantes en el mundo tecnológico. Un nuevo comienzo. Cameron y Donna siguen con Mutiny, a la que se ha incorporado Gordon. Joe se ha divorciado y parece haber vuelto a ser el ejecutivo de la primera temporada pero esta vez vendiendo antivirus.

La cuarta y última temporada arranca en los 90 con Cameron viviendo en Tokio diseñando videojuegos tras su salida de Mutiny. Ahora son los Clark quienes se han divorciado. Joe intenta juntar de nuevo a todos aprovechando una visita a los Estados Unidos de Cam para sacar adelante un nuevo proyecto sobre indexar páginas web en un buscador. Sin embargo, aunque consigue que se le una Gordon, Cameron solo decide colaborar si Donna no se encuentra en el equipo. Así que esta se buscará su propio hueco en el sector, convirtiéndose en su competencia. Ganan también minutos las dos hijas de los Clark, ya adolescentes.

Aunque la serie va sobre el inicio del mundo tecnológico y yo tenía mis reparos sobre toda la terminología que iba a usar, lo cierto es que en realidad eso es secundario. Halt and Catch Fire trata sobre la persecución de los sueños, sobre unos personajes empeñados en triunfar en lo que les apasiona y que, por el camino, se van encontrando fracasos. Están siempre en la vanguardia, y siempre están a punto de conseguirlo, de triunfar, de marcar un hito en la historia. Pero siempre se quedan ahí, a punto. Y me gusta que esta caída no ocurra en el último capítulo de cada temporada. La serie está tan bien estructurada que acaba cada etapa con un renacer. Es en el penúltimo episodio donde todo se viene abajo, y el último es un canto a la esperanza, a nuevas ideas.

También por eso está muy bien cerrada. El final se adelanta al capítulo 7 y los tres restantes sirven para poner en orden las vidas de Joe, Cameron y Donna (y sus hijas). Mientras que toda la serie mira hacia el futuro, el último capítulo, además de dejarnos entrever qué será de sus vidas, también mira hacia el pasado, haciendo un recorrido por la evolución de los protagonistas. Creo que no veía un capítulo final tan bueno como el de A dos metros bajo tierra.

Halt and Catch Fire es una gran historia sobre unos personajes que no encajan en su mundo, que toman malas decisiones, que son egoístas y no aceptan la opinión de los demás. Pero a pesar de todo ello, no se rinden. Sus aciertos y sus errores están en sus manos. Lo curioso es que su afán es conectar al mundo, cuando ellos mismos son incapaces de relacionarse entre sí. Aún así, todos evolucionan.

Joe pasa de ejecutivo agresivo a ser un tipo en calma fuera del mundo de los negocios. En la cuarta temporada se ve a un tipo más centrado y que sabe captar muy bien el espíritu y carácter de Haley Clark. Ha dejado de lado sus manipulaciones y caprichos. Gordon también deja atrás su pasado como alcohólico amargado que no conseguía crear nada. Recupera la confianza en sí mismo y renace de sus cenizas (aunque acabe muerto).

Pero sobre todo evolucionan ellas. Porque la serie sin la evolución de Donna y de Cameron habría sido otra cosa: una serie mediocre. Cameron es la creativa, inteligente e impulsiva. Vive por y para sus creaciones, y le cuesta introducir cambios, dejar entrar a los demás, o desprenderse de ellas. Tampoco se le dan bien las relaciones, parece que con el único que se entiende es con John Bosworth, quizá una especie de padre para ella. Con las temporadas aprende a ayudar y dejarse ayudar, a escuchar y dejar su espacio a los demás. Y para las hijas de los Clark se convierte en todo un modelo a seguir: una mujer independiente, inteligente y empoderada.

Donna por su parte tiene un cambio más agresivo. Ella, que empieza como una segundona a la sombra de su marido, va alcanzando posiciones de poder hasta convertirse en la directora de una empresa. En su camino se ha enfrentado a un mundo empresarial heteropatriarcal en el que para triunfar como mujer has de trabajar el doble y comportarte agresivamente, ser seria, distante. Los hombres acaparan los puestos de relevancia no necesariamente por sus méritos, sino por el hecho de ser hombres. Hay una frase suya que resume toda la serie: “Una cosa que he aprendido es que no importa lo que hagas, alguien estará a la vuelta de la esquina haciendo una versión mejor. Y si esa persona es un hombre, puede que no sea mejor, sino que logre más atención”.

Y digo que resume la serie porque esta frase pone en evidencia el problema que tienen los protagonistas en cada temporada cuando siempre hay alguien que se les adelanta. Pero además retrata las desigualdades laborales entre hombres y mujeres. Dos de los pilares de Halt and Catch Fire.

El camino de Donna no es nada fácil, ni en lo personal ni en lo profesional. Y en las últimas temporadas se entremezclan ambos ámbitos, ya que en determinado momento no es solo competencia directa de su exmarido, sino que lo es de su hija. Porque otro aspecto que pone en evidencia la serie es cómo en el modelo económico capitalista todo está permitido si es para conseguir enriquecerse.

Halt and Catch Fire también se adentra en la libertad sexual. Y lo hace muy bien, sin entrar en el morbo y sin que eso sea lo que defina a los personajes; sino tratándolo con cierta naturalidad. Lo vemos desde el principio con la bisexualidad de Joe (que también sirve para exponer el problema del SIDA más adelante), la promiscuidad femenina encarnada por Cam o la homosexualidad de Haley. En ningún momento se caricaturiza, se hace mofa o se trata con desprecio y connotaciones negativas. Todo lo contrario.

Asimismo, la serie no nos vende los estereotipos de madre trabajadora abnegada, o mala madre que antepone su trabajo a sus hijos. Donna es madre, pero comparte las responsabilidades con Gordon. De hecho, él es que se queda con la custodia de las hijas cuando se separan. Y en ningún momento es culpabilizada por ello. Es asumido con toda naturalidad. Al igual que cuando Cam rompe con Joe porque él quiere tener hijos y ella no. Simplemente es una elección en su vida, como otra más. Ha tomado una decisión y tiene derecho a no sentirse culpable por ello. Del mismo modo que se compra una caravana porque necesita su propio espacio independientemente de tener una relación estable con Joe. No se hace un drama de ello.

No sé si lo pretendían los creadores, pero Halt and Catch Fire resulta ser una serie feminista. Más incluso que muchas que hoy en día aseguran serlo y pasar el test de Bechel. Aboga por las relaciones igualitarias y no tóxicas y sobre todo apuesta por la sororidad. Donna y Cam, a pesar de sus diferencias, tienen una sana relación. Sus discusiones, enfados y distanciamiento se producen por tener diferentes puntos de vista profesionales, pero no se atacan en lo personal. En el fondo se respetan la una a la otra.

Comencé Halt and Catch Fire esperando una serie friki, y me ha sorprendido gratamente. Por sus personajes, por sus temas, por su análisis, por su tono crítico… pero también por la recreación de aquellos años 80 y 90, por la selección musical y referencias culturales. Y además está muy bien hecha, bien estructurada, con temporadas autoconclusivas, una fotografía muy cuidada y unos planos muy estudiados (sobre todo cada vez que servían para avanzar en la historia y contarnos sutilmente cómo habían pasado los años).

Una pena que se haya quedado en solo cuatro temporadas, porque podría haber tenido más recorrido.

Nueva serie a la lista “para ver”: You are wanted

You Are Wanted es una serie de Amazon Alemania en la que un gerente de hotel ve cómo toda su vida se vuelve patas arriba cuando es hackeado.

Lukas Franke se encuentra trabajando en el hotel de Berlín cuando se produce un apagón en toda la ciudad. Con el problema solucionado y con los huéspedes molestos ya más tranquilos; vuelve a su casa donde le esperan su familia y amigos para celebrar su cumpleaños.

Sin embargo, los problemas no han hecho más que comenzar. Pronto ve cómo ocurren cosas raras en sus dispositivos y en los de su familia. Lukas ha sido pirateado por un grupo de hacktivistas y la historia de su vida está siendo reescrita de forma que se convierte en el principal sospechoso del ataque cibernético que causó el apagón. El protagonista entra en una espiral de desesperación y una frenética búsqueda de la verdad para demostrar que no es un terrorista y que hay alguien detrás que le ha implicado.

De nuevo tenemos el recurrente motivo del ciberactivismo, aunque You are wanted no parece que vaya a tirar por los derroteros de Mr. Robot. Aquí el mundo digital sirve como punto de partida para un thriller de acción, en donde el protagonista tiene todo en contra y se va desdibujando su historia.

El piloto ya me ha enganchado con tanta conspiración. Aunque he de reconocer que en algunos momentos es algo lento. Pero bueno, es algo muy común en las producciones europeas, que también tienen un tipo de fotografía más fría que la típica estadounidense. Aún así, You are wanted no tiene nada que envidiar a los productos del otro lado del charco y se merece estar en la lista “para ver”. Además, cuenta con una corta temporada de tan solo 6 capítulos. Perfecta para un maratón de sofá, manta y serie.

Nueva serie a la lista “para ver”: Mr. Robot

Hace unas semanas hablaba de CSI Cyber y el tratamiento que hace de la informática. Esas pantallas con efectos, que aparecen colores en la programación, que se destacan los errores o lo que van comentando los personajes. Salió a colación Mr. Robot por ser todo lo contrario, y me di cuenta de que vimos el piloto y no lo había comentado por aquí. Así que vamos a ponerle remedio.

La serie se centra en Elliot Alderson, que trabaja en una empresa de seguridad informática como administrador de sistemas. Pero además, en sus ratos libres ejerce de justiciero adentrándose en la red, persiguiendo a criminales y poniéndoselos en bandeja a la policía.

En un día más de oficina, uno de los clientes más importantes de la empresa en la que trabaja, Evil Corp, es atacado, y Elliot ha de frenar la intrusión. Consigue detener el ataque y en el proceso descubre que ha sido alguien que se hace llamar fsociety. De vuelta a casa en el metro conocerá a Mr. Robot, quien resulta ser el líder de fsociety, que intenta reclutarle para su revolución digital. Este grupo de hackers planea destruir a las poderosas multinacionales que están manejando el mundo y destruir el sistema mundial tal y como se conoce hoy en día.

Mr. Robot es un thriller psicológico pegado a la actualidad, no hay más que ver los últimos meses y los ataques cibernéticos a nivel mundial. Aborda la crisis política, económica y social desde una perspectiva tecnológica, el cómo hemos pasado a perder privacidad, a estar vigilados por parte de los gobiernos y por compañías que venden nuestros datos.Va más allá que CSI Cyber, no solo en la profundidad (no se queda en delitos informáticos, ciberacoso o cámaras de bebés que espían), sino también en la narración. Es una serie mucho más elaborada.

Concebida inicialmente como una película, Mr. Robot, da mucho que pensar sobre la sociedad actual tan tecnológicamente avanzada en la que nos encontramos. Sin embargo, no entra mucho en el tema técnico, no se pierde tiempo de metraje explicando qué es un terminal, qué está programando o qué significa la terminología empleada. Esto puede conllevar a que un espectador “normal” se sienta algo desorientado. Por contra, los expertos en informática están encantados de lo bien documentada que está.

También desorienta la narración de la historia, que se nos presenta desde el punto de vista del protagonista, un tipo que sufre de fobia social, es adicto a la heroína y está atormentado por la depresión y delirios. Así pues, nos encontramos ante un relato que no es muy fiable por su monólogo interno, incoherencias y pensamientos inconexos. Cuesta diferenciar realidad de paranoia. Además, esta narración está acompañada por una fotografía muy gris y confusa que refuerza la sensación de anarquía, errática.

Con tan solo un capítulo consigue llamar la atención y atrapa por lo arriesgada de su propuesta, por el carácter conspiranoico de la trama y sobre todo por el protagonista antihéroe que juega a ser Robin Hood.

El mismo día de su estreno ya fue renovada por una segunda temporada y la tercera comenzará este octubre. Quizá es buen momento para ponerse al día antes de que lleguen los nuevos capítulos.

Serie Terminada: Serie Terminada: CSI Cyber

Hace ya tiempo que hablé de CSI Cyber, la última de las entregas de la franquicia CSI. Pues bien, como teníamos unas semanas entre viajes y no era el momento de comenzar una serie de largo recorrido, aprovechamos para verla.

CSI Cyber cuenta con una primera temporada de 13 capítulos y una segunda de 18. Parece ser que tras cancelar CSI Miami y CSI Nueva York, decidieron que era hora de renovarse, olvidarse de las secuelas en otras ciudades y centrarse en los delitos cibernéticos. Sin embargo, aunque me gusta el ritmo y el estilo de la franquicia, he de reconocer que la serie hace aguas por muchos lados.

En primer lugar la jefa, Avery Ryan. Era psicóloga y fue víctima de un hackeo que terminó con su carrera cuando se hicieron de dominio público los expedientes de sus pacientes. Ahora es la líder de la División Cibernética del FBI, pero ella no es una experta en tecnología, sino que está especializada en psicología conductual. No obstante, en el desarrollo de los capítulos parece saber mucho más de tecnología. Y eso chirría. También la historia de un drama familiar que se va descubriendo poco a poco pero en el que tampoco se ahonda mucho.

En su equipo cuenta con el típico Ken. Elijah Mundo es un rubio musculado que sirvió en el ejército y que representa el hombre de acción, el que tiene que correr en cada capítulo tras el malo para cubrir con la cuota de persecución y así amortizar el gimnasio. Además está divorciado pero es un padre amoroso de su adorable niñita rubia. Todo muy típico.

Pero ahí no acaban los clichés. Realizando el trabajo duro tenemos al informático obeso con gafapasta y camisa de cuadros sobre camiseta con leyenda y la chica rebelde reinsertada. A ellos se les une el hacker negro recién detenido para que pase de ser un sombrero negro a un sombrero blanco. Eso sí, bien trajeado con chaleco y todo (aunque en la segunda temporada pasó a vestir mucho más informal, no sé cuál es el criterio).

En los trece primeros capítulos acompañaba al equipo Peter MacNicol, que sí que hacía preguntas más propias de alguien que no tiene amplios conocimientos de la tecnología. Sin embargo, su personaje desapareció sin más en la segunda temporada y se le sustituyó por Ted Danson. Supongo que al acabar CSI Las Vegas hubo que recolocarle. De hecho, con él CSI Cyber volvió a los orígenes de los CSI, con análisis en laboratorio, alguna teoría disparatada, cálculos físicos o matemáticos y no solo código en consolas, algoritmos o red profunda.

Si ya entramos en el tema tecnológico, pues es todo muy espectacular. Sí, se basan en elementos reales, en dispositivos o aplicaciones que existen y que utilizamos en nuestra vida cotidiana, pero hay un buen toque de ficción y muchas licencias. No hay que olvidar que se trata de una serie, ya, pero es poco verosímil en muchos casos, como esas autopsias con hologramas… Muy visual, muy gráfico, muy llamativo… Tanto que a veces parece una serie de ciencia ficción.

También juega con el tiempo. Los capítulos son autoconclusivos, así que en 40 minutos se ha solucionado el problema. Y eso que en este spin-off los protagonistas se pasan el día cambiando de estado. Esta vez es FBI, su sede está en Washington y se desplazan al lugar del crimen por todo el país, eso sí, hacen vídeollamadas con una calidad impresionante. Son fluidas, no se les corta, ni se les descompasa la voz de la imagen… Una maravilla. Pero volviendo al ritmo, resulta poco creíble que casos de tal magnitud como los que se plantean se resuelvan tan rápido. Por muy buenos que sean los expertos de la división, digo yo que necesitarán su tiempo para analizar el código.

Pero claro, supongo que ese análisis resulta aburrido en pantalla, es más visual una persecución, una cuenta atrás o cómo se desmonta un equipo informático para encontrar el microchip malicioso, un código encubierto o una huella del delincuente al que se le sigue la pista.

No es una serie para quien entiende de informática, ya que se llevará las manos a la cabeza en cada plano y probablemente a los dos minutos tenga ganas de cargarse a los guionistas. Y para el ciudadano de a pie a veces hay demasiadas explicaciones técnicas en las que se puede perder con tanta verborrea. Es más, es una serie para tecnófobos, ya que tiene cierto punto alarmista: coches que se conducen a distancia, monitores de bebés que sirven para espiar, aplicaciones que se usan para obtener datos personales, ciberacoso, hospitales que colapsan por un malware en su maquinaria, aviones manipulados por pasajeros, etc.

En general no sale muy bien parada, es entretenimiento sin más, sin entrar en analizar la veracidad y obviando la tecnofobia que campa en cada capítulo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Halt and Catch Fire

Halt and Catch Fire es una serie ambientada en el Silicon Prairie de Texas en 1983 y se centra en el mundo de los pioneros de la informática y la tecnología. Recibe su título de una orden en el código que satura al ordenador y que hace que se pierda su control y deje de funcionar.

Parte de la historia está basada en hechos reales, intenta recrear con exactitud aquellos años 80, cuando IBM revolucionó el mercado de la informática moderna al comercializar su primer ordenador personal. Aunque no era el primer PC, pues unos años antes se había lanzado el Apple II, supuso una novedad puesto que tenía componentes de terceros (como el procesador de Intel), lo único suyo fue la BIOS. Querían lanzarlo al mercado cuanto antes y eso les impidió contar con el tiempo necesario para fabricar los suyos propios.

Sin embargo, el hecho de que sus componentes fueran de otras compañías, favoreció que la competencia se dedicara a la ingeniería inversa para sacar sus clones. Y aquí es donde comienza la trama. Electric Cardiff (que se supone que es Compaq) quiere llevarlo más allá y no sólo copiar el PC de IBM, sino ir más allá y comercializar un ordenador portátil. Bueno, en realidad se ven obligados ante la jugada maestra de Joe MacMillan, un experto en marketing recién llegado a la casa y exejecutivo de IBM, que les deja sin otra elección.

Joe cuando llega a Cardiff va con un propósito: captar a Gordon Clarke, un brillante ingeniero que en su día desarrolló un ordenador junto a su mujer (también ingeniera). Tiene en mente un proyecto inspirado en un artículo de años de atrás de Gordon, sin embargo, ya no es la misma persona que cuando escribió el texto. Atrás quedó la creatividad. Ahora trabaja frustrado en el equipo de ventas para asegurar el bienestar familiar dejando de lado todos los sueños que algún día tuvo. Es tremendamente desgraciado y ahoga sus penas en alcohol. El agresivo comercial intentará convencerlo por todos los medios para que se suba al barco. Gordon, que está luchando contra sus propios fantasmas, se ve tentado por la propuesta de Joe. Ve en la proposición aquello en lo que siempre había soñado y finalmente se gesta la semilla del proyecto en su garaje con nocturnidad y alevosía.

Cuando consiguen descifrar el código ponen a Cardiff en problemas. La empresa era más bien conservadora y ahora, ante la amenaza del ejército de abogados de IBM que les acusa de plagio, no les queda otra que entrar en la carrera por fabricar ordenadores personales. Esa era la vuelta de tuerca de Macmillan. Si la compañía quiere librarse de la acusación de violación de la ley de copyright, tendrá que demostrar que estaban preparando su propio diseño. Es decir, les ha forzado hacia esa línea de negocio que en principio no entraba dentro de sus objetivos.

Para el desarrollo del proyecto Jose Macmillan necesitará un equipo. Y además de Gordon, contará con el talento de Cameron Howe, una joven programadora que a la que la universidad se le quedaba pequeña porque sus conocimientos iban más allá de lo que las clases le podían aportar. Tiene el perfil de hacker, aunque por aquel entonces dudo que podamos hablar siquiera de tal figura. Es una antisistema, independiente, genio intratable e incomprendida por ser demasiado innovadoras.

La trama es interesante, no solo trata de tecnología, sino que aborda la historia de los pioneros en sus garajes y sus desafíos, del relato de sus vidas abriéndose paso a una nueva concepción del mundo. Hoy en día todo esto se nos antoja lejano, obsoleto. Los ordenadores forman parte de nuestras vidas, vivimos con sobremesas, portátiles, tabletas, móviles, consolas (además de lo que ha supuesto la domótica en general)… pero no hay que olvidar que hablamos de unos visionarios que nos llevaron a la alfabetización digital.

Por otro lado, ya solo con el piloto se intuye que va a tener mucho de drama. Aborda las relaciones humanas, la ambición, traición y frustración. Los personajes enganchan. El trío protagonista principio parece que no tienen nada que ver, pero a medida que va evolucionando el capítulo vemos que forman un buen equipo con sus diferentes personalidades. Tenemos una buena combinación con el manipulador Macmillan, el obsesivo y pragmático Clarke y el alma libre Howe.

Halt and Catch Fire conquista con ese look ochentero y sus referencias a los videojuegos, a la ropa y, por supuesto, a la tecnología. Sin embargo, no siempre me resultó fácil de seguir. Si el resto de capítulos es igual, el espectador se puede perder entre códigos informáticos y vocabulario específico. Puede conducir a la pereza. Aún así, irá a la lista “para ver” porque el final del episodio despierta la curiosidad, se ve que tiene un propósito, un fin.

De momento tiene dos temporadas autoconclusivas y está en emisión una tercera temporada. Aunque su productor tiene la intención de llegar a las siete temporadas. Con lo que evoluciona la tecnología, temas para tratar tiene, sin duda.

Serie Terminada: Chuck

Hace apenas unos días terminamos de ver Chuck. Se trata de una serie en la que el protagonista, Charles Bartowski, un trabajador de una especie de Media Markt en el área de informática, que un día recibe un correo de un excompañero de facultad que contiene cifrados en imágenes los archivos de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional. Al abrir el mail, estos archivos se descargan en su cerebro convirtiéndose en un recurso muy importante para las agencias nacionales.

Chuck es una persona normal, vive tranquilo con su trabajo en el Buy More, con su hermana Ellie y el novio de esta (ambos médicos), y como todo protagonista, tiene a su amigo inseparable, Morgan. Sin embargo, tras la descarga de archivos en su cerebro, el programa llamado Intersect,  la CIA y la NSA enviarán a dos agentes, Sarah Walker y John Casey respectivamente para ayudarlo a seguir con su vida mientras le usan como fuente de información para cada uno de sus casos.

Así pues, con esta premisa, en cada capítulo nos encontramos con una misión en la que ambos agentes necesitan la ayuda de Chuck, que no tiene para nada madera de espía, lo que añadirá un toque de humor a la seriedad y riesgo que entraña el mantener el orden y la seguridad nacional. Paralelamente, mientras Chuck, Sarah y Casey están salvando el mundo, viviremos las aventuras del resto de empleados del Buy More, o de Ellie y su novio Maravilloso.

La serie cuenta con una cabecera muy a lo pelis de Bond. Y la música es muy pegadiza.

No creía que me fuera a gustar la serie tanto como me ha gustado, pero tiene una buena combinación que engancha capítulo tras capítulo. Por un lado la trama principal, con el punto de acción con cada misión, en segundo lugar, el toque de comedia de los personajes esperpénticos del Buy More, los líos en los que se meten, y finalmente el cómo Chuck tiene que hacer malabares para ocultar su nueva condición a su hermana.

Como siempre digo, la elección de actores es crucial, te hacen creer más o menos en una serie. En Chuck sólo conocía a Sarah, la actriz australiana de ascendencia polaca, Yvonne Strahovski que ya salía en Dexter en un papel mucho más enrevesado. Aquí es una especie de Sydney Bristow en Alias o una de los Ángeles de Charlie. Una chica de aparencia dulce, modosita, pero que te tumba con dos patadas.

El protagonista está interpretado por Zachary Levy, un actor no muy conocido, pero que cumple muy bien con el rol que le toca, combina a la perfección las exigencias las escenas de acción (para las que imagino que tendrá su doble) así como las dotes para la comedia. Tiene esa cara de inocente, de chico normal, perdido en ese mundo de espías que hace que te creas todas las meteduras de pata que comete por no estar entrenado como espía. Pero a la vez, también se adapta a la progresión de su personaje. Además, entre ambos hay muy buena química.

Adam Baldwin encarna a la perfección al Mayor Casey, el militar enfadado con el mundo, descontento con esa nueva misión de niñero, deseoso de más acción, amante de las armas, fan número uno de Reagan. Aunque parece que es el típico registro de este actor. Supongo que es lo que supone tener esa cara y esa forma física.

El contrapunto del serio Casey es Morgan, el cómico de la serie. Así como Casey ayuda a Chuck cuando se mete en problemas, el actor interpretado por Joshua Gómez, es quien provoca que el protagonista acabe enredado en sus líos. Y más allá de la comedia, rozando lo absurdo están Jeffster, el dúo de compañeros del Buy More formado por Jeff y Lester. Dos descerebrados, dos locos, dos personajes surrealistas al más estilo de Dos tontos muy tontos o los malos de Solo en casa.

Finalmente, los más normales, los que interpretan el contacto con la realidad son Ellie y Devon, ambos médicos, fabulosos, estupendos, maravillosos. Representan la feliz pareja: guapos, listos, en forma. Y también me parecen una gran elección, pues Sarah Lancaster pasa bien por hermana de Chuck, alta, morena, la cara angulosa… Y Ryan McPartlin encaja sin duda en ese Capitán Maravilloso que lleva de sobrenombre. Tan rubio, tan americano, tan musculado, tan inteligente…

Por todo ello, me he llevado una grata sorpresa con esta serie. Resulta muy entretenida, con su toque de acción, pero con esos gags que te sacan la sonrisa.

Ahora la duda de siempre: ¿qué ver después? Creo que toca finiquitar Psych. Con todo el dolor de mi corazón. Una pena despedirse de Shawn y Gus.