Día 8 II Parte. París. Le Marais e Isla de San Luis

Después de pasar por el apartamento, comenzamos nuestra ruta vespertina en Bastille, una de las plazas más importantes de París. Se trata de un lugar simbólico de la Revolución Francesa ya que en ella se erigía la antigua fortaleza de la Bastilla que fue tomada por el pueblo y destruida entre el 14 de julio de 1789 y el 14 de julio de 1790. Sus piedras sirvieron para construir el Puente de la Concordia.

Era una de las fortalezas que defendía las antiguas puertas de entrada a París, siendo parte de las murallas fortificadas construidas de 1370 a 1383 bajo el reinado de Carlos V. Fue Richelieu quien la transformó en prisión. Entre el 9 y el 14 de junio de 1794 se instaló la guillotina en la plaza y se ejecutó a 73 personas. La plaza pasó entonces a llamarse Place Antoine.

La Plaza de la Bastilla se ha convertido con el paso de la historia en un lugar simbólico que acoge numerosas manifestaciones, sobre todo desde el ámbito de la izquierda.

En medio de la plaza se erige la Columna de Julio, en cuyo extremo superior se encuentra la estatua del Genio de la libertad, en honor a Auguste Dumont. La columna, de bronce, mide 51,5 metros de altura y rinde homenaje a las 615 víctimas de la revolución de 1830, cuyos nombres tiene sobreescritos.

Fue mandada construir por Luis Felipe I de Francia en 1833 para conmemorar las jornadas del 27, 28 y 29 de julio de 1830, conocidas como “las tres gloriosas”. Esta revolución le había llevado al trono, instaurando por primera vez una monarquía constitucional después de la monarquía absolutista de Carlos X de Francia. La Columna fue inaugurada en 1840.

En la plaza se encuentra también la Ópera de la Bastilla, un edificio que no tiene nada que ver con el decimonónico Palais Garnier. Se trata de un edificio de cristal con estructura curvilínea. Cuenta con cinco escenarios móviles haciendo alarde de ingenio tecnológico. Fue inaugurada oficialmente el 14 de julio de 1989 para hacerla coincidir con el bicentenario de la toma de la Bastilla.

Alrededor de la plaza, frente a la Ópera y al canal, se puede ver el perímetro de la fortaleza dibujado en una triple fila de adoquines.

Desde allí nos adentramos en Le Marais, el barrio en pleno corazón histórico de París que era una zona pantanosa (significa marisma) antes de transformarse en el distrito cosmopolita que es hoy en día. Los templarios fueron sus primeros habitantes, pero el distrito comenzó a adquirir importancia en el siglo XIV gracias a su proximidad con el Louvre y alcanzó su máximo apogeo en el XVII, cuando se mudaron las clases adineradas. Sin embargo, en el siglo XVII quedó abandonado por completo durante la Revolución. Años más tarde, tras una restauración recobró vida y ahora podemos encontrar residencias palaciegas y elegantes mansiones. Ha vuelto a recuperar residentes acomodados y las rentas han subido considerablemente.

Nuestra primera parada fue la Place des Vosges, inaugurada en 1612 con la fiesta de celebración del matrimonio entre Luis XIII y Ana de Habsburgo, lo que la convierte en la plaza más antigua de París. En esta plaza se encontraba el palacio de los reyes de Francia.

Con unas dimensiones de 127×140 metros, la Place des Vosges guarda una perfecta estructura simétrica. Se compone de 36 pabellones de ladrillo rojo y piedra con tejados de pizarra y ventanas abuhardilladas sobre galerías con arcadas. Se mantiene prácticamente intacta después de 400 años.

El centro se completa con un extenso jardín de tilos, algunas fuentes y la estatua ecuestre de Luis XIII. En gran medida me recordó a la típica Plaza Mayor que puedes encontrar en ciudades españolas. Quizá la única gran diferencia es la parte ajardinada.

Tras la construcción de la plaza, la zona comenzó a ganar renombre. Esto propició que gente de clase alta se sintiera atraída por el barrio y se trasladaran a imponentes residencias y palacetes. Hoy, muchas de estas viviendas se han convertido en museos, como por ejemplo el Museo Carnavalet, el Museo Picasso, el Museo Cognacq-Jay o la Casa de Victor Hugo.

Esta última se encuentra en una esquina, en el número 6, y fue el domicilio del escritor entre los años 1832 y 1848. Aquí escribió gran parte de Los Miserables y completó otras obras conocidas. La visita, que es gratuita, se estructura en tres partes, cada una de ellas centrada en sendas etapas de Victor Hugo (antes, durante y después del exilio). Nosotros contábamos con poco tiempo en la ciudad, por lo que nos centramos en turismo de calle y no entramos.

La Place des Vosges es un espacio donde se respira tranquilidad y encontramos a gente paseando o disfrutando del día en el césped. Además, se puede ver cierto movimiento, ya que en los bajos de los soportales se localizan algunas cafeterías y salas de exposiciones.

En general el barrio de Le Marais es residencial, una zona tranquila llena de tiendas y pequeños locales. Abundan casas señoriales de exquisita decoración en sus fachadas y pequeños patios y jardines escondidos.

Es en este barrio donde encontramos una de las sinagogas más importantes de Francia, la Synagogue des Tournelles. Y es que es en Le Marais donde reside la comunidad judía más grande de Europa. Erigida entre 1872 y 1879, acogió a judíos que provenían de Alsacia, Lorena y otras partes de Europa, como Polonia y Rusia. Es el segundo templo judío más grande de París, y además de tener un valor histórico, sigue siendo un lugar de culto.

La sinagoga cuenta con una enorme puerta de doble hoja de hierro forjado, y es que el arquitecto se basó en Gustave Eiffel. Sin embargo, si hay algo que llama la atención de su fachada, es su inmenso rosetón compuesto con vidrieras.

Continuamos hasta la Paroisse Saint-Paul Saint-Louis, una iglesia jesuita que data del siglo XVII y que ha sido escenario de varios momentos históricos del pasado de Francia. La primera capilla que se levantó fue la de San Pablo, en 1125. Esta fue declarada Parroquia Real por Carlos V en 1358 y se convertiría en el lugar en que fueran bautizados Carlos VI y Carlos VII.

En 1580 el tío de Enrique IV la cede a la Compañía de los Jesuitas fundada por San Ignacio de Loyola. Entonces se decide construir la primera capilla dedicada a San Luis. En 1629 se puso la primera piedra y el día 9 de mayo de 1641 el Cardenal Richelieu celebró la primera misa.

En 1789 con la toma de la Bastilla sirvió de depósito para almacenar obras de arte y libros que corrían peligro. Fue también el lugar en que Robespierre dio el famoso discurso el Culto de la Razón en 1793. Después, la iglesia se vendió y quedó derruida hasta que Napoleón en 1802 decide recuperarla. Fue restaurada entre los años 1804 y 1840.

Cuenta con varios objetos importantes entre su patrimonio. Por ejemplo, los antiguos órganos, una obra de Delacroix o las dos pilas bautismales que donó Victor Hugo con motivo del bautizo de su hija Adela y de la boda de su hija Leopoldina. Su cúpula, de 60 metros de altura, fue la precursora de la de Los Inválidos.

El 10 de febrero de 1887 quedó incluida en la lista de Monumentos Históricos de Francia.

Continuamos hasta el Hôtel de Sens, que parece un castillo y es uno de los escasos edificios medievales que se conservan en París. Actualmente acoge la Biblioteca Forney de Bellas Artes. En el siglo XVI, durante la Reforma, fue una mansión fortificada que ocuparon Borbones y Guisas.

En su parte trasera cuenta con un patio ajardinado con mucho encanto. El edificio parece un castillo Disney en miniatura.

Muy cerca nos queda el Sena y el Pont Marie, uno de los puentes más antiguos de París, construido entre 1614 y 1635. Cuando terminaron las obras se levantaron unas 50 casas, pero, en 1658, una crecida del río hizo que desaparecieran dos de los cinco arcos del puente y la mitad de las viviendas.

En 1660 se levantó un puente de madera en su lugar y más tarde, en 1677, se reconstruyó en piedra. Eso sí, ya no se recuperaron las casas arrasadas. Es más, en 1769 se prohibió todo tipo de construcción sobre el puente.

Mide 92 metros de largo por 22 de ancho y cuenta con cinco arcos, todo diferentes. Por él cruzamos a la Isla de San Luis.

La pequeña Île Saint-Louis es uno de los distritos más caros de París. En su origen era pasto del ganado y almacén de madera hasta que el siglo XVII se realizó una planificación urbanística. Entonces llegaron los ciudadanos de alto poder adquisitivo y levantaron sus ostentosas residencias. La isla se mantiene casi igual que como fue concebida, aunque se le añadieron cuatro puentes para conectarla con la Isla de la Cité, la Rue Jean y el Boulevard Henri IV. También sigue siendo un barrio donde reside la clase alta, tanto francesa como extranjera.

Sus principales calles son la Rue Saint-Louis-en-l’Île y la Rue des Deux-Ponts, que mantienen el mismo trazado que cuando se urbanizó. La isla, aunque cuenta con nueve monumentos históricos y treinta edificios históricos, no es un barrio muy turístico. Se respiraba más tranquilidad que al otro lado del Sena, es un buen sitio por el que pasear y en el que observar las señoriales edificaciones y cuidados escaparates de pequeños locales y tiendecitas.

En esta isla del Sena no hay metro, apenas hay paradas de autobús y los coches solo pueden circular en un sentido y además a muy baja velocidad. Por el contrario predominan los peatones y las bicicletas.

Allí fue donde entramos en una pastelería y compramos una enooooooorme Muffin y una cookie. Solo aptas para golosos. La verdad es que todo lo que tenían expuesto entraba por los ojos, pero a mí personalmente me saturaba tanto dulce, y eso que lo que compramos lo dividimos entre cuatro.

Salimos por el Pont Louis Philippe, que sustituye a uno erigido en el siglo XIX para celebrar el ascenso al trono de Luis Felipe tras la Revolución de 1830. Este puente original fue abierto al tráfico en 1834.

Con la Revolución Francesa de 1848 fue quemado y tuvo que ser restaurado. También se le cambió el nombre por Pont de la Réforme, nombre que mantuvo hasta 1852. Este puente se quedó pequeño para el tráfico que recibía, por lo que en 1860 se demolió y sustituyó por el que vemos hoy en día.

El nuevo puente se levantó un poco más arriba del río, siendo recto y ocupando toda la anchura del Sena. Se inauguró en 1862 y la única modificación desde entonces ha sido el reemplazo en 1995 del guardarraíl de piedra, que había quedado dañado por la contaminación. En su lugar se colocó una réplica.

Al otro lado del puente encontramos la Iglesia Saint Gervais – Saint Protais, erigida sobre los cimientos de una basílica de finales de siglo IV que era la primera construcción conocida en el margen derecho del Sena.

Su fachada fue construida entre 1616 y 1621, lo que le da el mérito de ser la fachada clásica más antigua de París. Esta consta de tres pisos con columnas jónicas, dóricas y corintias.

De vuelta en Le Marais, seguimos nuestro paseo. De momento hacemos una parada.