Resumen viajero 2017

Con casi un año de retraso vamos a cerrar 2017. ¡En noviembre de 2018! Pero es que si bien 2016 fue un año relativamente tranquilo en cuanto a viajes, ya que solo visitamos Escocia en verano e hicimos una escapada en diciembre a Atenas y Sofía; 2017 rompió con todos los moldes. Incluso tiró el listón de 2015 cuando visitamos Japón, Viena, Praga, Budapest, Bratislava y Estambul. Se avecina post largo.

Retomamos la costumbre de hacer un viaje a principios de año. Aunque fue totalmente inesperado y no planeado. Una tarifa error tuvo la culpa y nos embarcamos en la aventura de visitar Bombay y de paso París, además de unas breves escalas en Mahé, en las Seychelles. Tres destinos totalmente diferentes.

Visitamos Mahé, la principal isla de este archipiélago paradisíaco, en dos ocasiones. Las dos veces que tuvimos que cambiar de avión. Una islita que a pesar de ser la más poblada, sigue conservando un gran área natural y paisajes salvajes. Mahé ofrece más de 65 playas paradisíacas, verdes bosques, el Parque Nacional Morne Seychellois con su montaña de 905 metros, plantaciones de té, selvas tropicales y una rica diversidad de flora y fauna.

Parque Nacional Morne Seychellois

Playa Seychelles

En nuestra primera parada nos dirigimos en primer lugar a Victoria, la capital, que se encuentra a 7.810 km de Madrid y que es la única ciudad como tal de todo el país. Es la capital más pequeña del mundo, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta las dimensiones de las Islas Seychelles. En 1838, el día en que se coronaba a la Reina Victoria, se decidió cambiar el nombre de la ciudad en su honor. Aunque se ha convertido en el centro cultural y económico del país, ha conseguido conservar su encanto original con diversos ejemplos de la arquitectura tradicional de este país multicultural.

Recorrer Victoria no lleva mucho tiempo y sus monumentos se cuentan con los dedos de una mano: el Monumento al Bicentenario, que representa el origen étnico de la población de Seychelles: África, Europa y Asia; la Fontaine Jubilee, que aunque a veces se confunde con una virgen, en realidad es una imagen en honor a la Reina Victoria; y el Clock Tower, otro símbolo de la admiración de Reino Unido que copia el Big Ben londinense (salvando mucho las distancias).

Monumento al Bicentenario

Fontaine Jubilee

Clock Tower

En cuanto a construcciones importantes, podemos destacar la Catedral, el colorido templo hindú Arul Mihu Navasakthi Vinayagar y por supuesto el Slewyn-Clarke Market, un mercado de 1840 en el que se pueden encontrar productos tropicales, desde fruta y verduras, a especias, té local, recuerdos y souvenirs, pasando por pescado típico de las Seychelles. Fue interesante pasear por sus pasillos y observar los productos, muchos de ellos totalmente desconocidos para nuestros ojos. Otros sí eran conocidos, como las bananas, sandías o berenjenas, pero sorprendía su tamaño, ya que eran una versión mucho más pequeña de la que estamos acostumbrados en España. Por contra, las zanahorias eran bastante hermosas.

Saint Paul's Cathedral

Arul Mihu Navasakthi Vinayagar

Slewyn-Clarke Market

Tras abandonar Victoria emprendimos la ruta por la costa norte deteniéndonos en varias playas de arena blanca de diferente consistencia y aguas cristalinas. Aunque en muchos casos, bastante rocosas una vez que te adentrabas. Por no hablar de la temperatura del agua, casi tan sofocante como la del ambiente. A medio día acabamos dándonos un baño en Beau Vallon, la playa más popular y turística de la isla. Y también allí aprovechamos para comer. El resto de la tarde lo empleamos en seguir recorriendo la isla y parando en más playas, quedándonos hasta el atardecer, cuando regresamos de vuelta al aeropuerto.

Playa Seychelles

Beau Vallon

Baie Lazare

En nuestra segunda escala en las Seychelles el tiempo acompañó algo más y no tuvimos que soportar tanto calor. Incluso nos acompañó la lluvia. Esa vez aunque seguimos recorriendo Mahé y parando en playas, llegamos también a la zona norte y al Parque Nacional Morne Seychellois, un parque que ocupa el 20% de la isla (unos 30 Km²) y que fue declarado Parque Nacional en 1979. En él se encuentran todas las plantas y aves endémicas de Mahé, así como la mayoría de los reptiles. También destaca el pico más alto del país, el Morne Seychellois de 905 metros. No teníamos tiempo para hacer una caminata, así que nos contentamos con subir al mirador, con visitar las ruinas de The Mission/Mission Lodge, el orfanato de los hijos de los esclavos y hacer una parada en la Tea Factory, la plantación y fábrica de té, donde además hicimos algunas compras.

The Mission/Mission Lodge

Tea Factory

Repetimos en el mismo restaurante de Beau Vallon y volvimos a Victoria, y para acabar el día seguimos parando en diferentes playas. Eso sí, en aquella ocasión no hubo baño.

Comida

Playa Seychelles

En estas dos fugaces escalas pudimos comprobar que Seychelles es mucho más que un destino turístico de resort en el que no hay más que hacer que descansar en sus preciosas playas de aguas cristalinas con sol todo el año. Sí, es un lugar aislado, tranquilo que no tiene nada que ver con el frenético ritmo que podamos tener por ejemplo en Madrid; pero también es un lugar ideal para los amantes del verde y de los deportes acuáticos. Eso sí, le sobra calor.

Recorrer Bombay fue sin duda más complejo. Ya no por las precauciones y consejos sanitarios que llevábamos en mente, sino por la ciudad en sí. Gente por todos lados, caos circulatorio, contaminación acústica… Aún así, la visita mereció la pena.

Recorrido Taxi

La ciudad estuvo amurallada, pero con el paso del tiempo se derribaron los muros y se expandió. Bombay conserva algunos restos de su pasado portugués, por ejemplo en algunos barrios como Khotachi Wadi o Bandra. Sin embargo, de lo que sin duda hay huella es de la influencia británica durante los años en los que la India fue su colonia. Se aprecia no solo en la arquitectura o en el hecho de que conduzcan por la izquierda, sino en la educación, en algunas costumbres o incluso en los nombres de monumentos o edificios. No obstante, desde la independencia se ha rebautizado hasta la ciudad, dejando de ser Bombay para convertirse en Mumbai.

Ready Money Mansion

En nuestro primer día ya vimos ese aire colonial al recorrer Fort, el centro histórico de la ciudad donde se encuentran importantes edificios como la Central Telegraph Office, el Tribunal Supremo de Bombay, la Rajabai Clock Tower, la Universidad, el Elphinstone College, la Biblioteca David Sassoon, la estación Chhatrapati Shivaji Terminus o el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya. La gran parte de estas edificaciones se construyeron en el último cuarto del siglo XIX con intención de mostrar el poderío británico en la joya del Imperio.

Central Telegraph Office

Tribunal Supremo de Bombay

Rajabai Clock Tower

Elphinstone College y Biblioteca David Sassoon

Brihanmumbai Municipal Corporation Building y Chhatrapati Shivaji Terminus

Por supuesto, no podíamos omitir el monumento más famoso de la ciudad: la Puerta de la India, erigida en una zona estratégica, para que su silueta fuese lo primero que vieran los barcos desde el Mar Arábigo al aproximarse a la joya del Imperio Británico. Sin embargo, hoy se recuerda por ser el punto desde el que embarcaron los últimos representantes de la colonia en 1948.

Puerta de la India

Además de la parte más histórica de la ciudad, también paseamos por barrios menos turísticos como Bandra o Worli, que suponen un contraste con respecto a Fort o Nariman. En nuestro deambular nos encontramos con iglesias, templos de diferentes religiones y mezquitas. Aunque no todos igual de conservados.

Basílica Mount Mary

Worli

Pero no todo son edificios, Bombay también tiene jardines y parques, como los Pherozeshah Mehta Gardens, el Kamala Nehru Park, el Horniman Circle Garden o el Oval Maiden. Y si aún así queremos más, tenemos el Mercado de las Flores, en donde hay mil puestos y te rodea un agradable perfume floral.

Kamala Nehru Park

Kamala Nehru Park

Mercado de las Flores

Y para compras, la ciudad cuenta con numerosos mercados, bien se trate de puestos callejeros, bien de grandes edificaciones como el Crawford Market, que cuenta con una superficie de 22.471 metros cuadrados, pero que además sus calles aledañas tienen una gran vida.

Crawford Market

Crawford Market

Crawford Market

Para escapar un poco del caos urbano, hicimos una excursión a la Isla Elephanta, la sede de un ancestral templo hindú. El yacimiento arqueológico es un complejo de templos que ocupan un área de 5.600 m² dividido en dos grupos de cuevas: cinco hindúes y dos budistas. Aunque tan solo se pueden visitar las primeras. No se conservan muy bien, en parte porque los portugueses causaron grandes destrozos. Las inclemencias del tiempo y algo de dejadez hasta 1959 han hecho el resto.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

monos

La India no es un país fácil con la mentalidad occidental. El caos, el perpetuo sonido de miles de cláxones, los olores, la comida, las costumbres, tantísima gente en todos los rincones, edificios mal conservados…

Churchgate

Copistería

Bombay

Bombay

Bombay

Bombay

Dhobi Ghat

Bombay es una ciudad de grandes desigualdades y contrastes. No es una ciudad para ir de turista, sino para ser viajero. Para observar, sentir, descubrir. Hay que llevar la mente abierta, sin prejuicios y dejarse fluir. Es un país extenuante y exigente para el viajero. Aún así, no deja indiferente. Me llevo una buena experiencia.

Por su parte, la visita a París supuso estar más en nuestra zona de confort, más próximos a lo conocido, al tipo de construcciones, de transporte, de clima…París es una ciudad que ha sido testigo de grandes acontecimientos históricos. Quizá uno de los más importantes sea la Toma de la Bastilla y la Revolución Francesa. De su relevancia se conservan importantes construcciones, pues a pesar de ser ocupada por los nazis en el pasado siglo, no quedó devastada como otras ciudades europeas. Además ha sido un centro cultural y artístico de vital importancia. Por ello, hay demasiado que ver y cualquier viaje se queda corto. París es todo un monumento en sí misma.

Liberté, Egalité, Fraternité

Gare du Nord

Pavillon Mollien

París

La capital francesa tiene mucho que ofrecer y es muy complicado elegir qué ver en una primera visita. Intentamos conocer los barrios más importantes buscando aquellos básicos de la ciudad como el Sacre Cœur, el Louvre, el Pompidou, las islas, caminar por las riberas del Sena viendo los numerosos puentes – cada uno de ellos diferente del anterior-, relajarse por los jardines importantes de la ciudad, recorrer los Campos Elíseos, subir a la Torre Eiffel

Sacré-Cœur

Museo del Louvre

Centro Pompidou

Sena

Puentes sobre el Sena

París

Jardines de Luxemburgo

Campos Elíseos

Torre Eiffel

No obstante, nos faltó tiempo para subir al Arco del Triunfo, a la torre de Notre Dame, al mirador de Montparnasse y visitar las catacumbas. Aunque la Torre Eiffel parece un imprescindible en una primera visita a París, creo que nos quitó bastante tiempo del segundo día que podríamos haber aprovechado a pie de calle aprovechando que el clima acompañaba a estar en el exterior.

Arco del Triunfo

Torre Eiffel

Esos tres días de París sirvieron como aperitivo, pues se quedaron cortos. Además de los lugares a los que no entramos por falta de tiempo, me da la sensación de que no observé con todo el detenimiento que se merece una ciudad con tanta historia en su pasado y una arquitectura tan rica. Supongo que no nos quedará otra que volver algún día.

Y es curioso, porque yo siempre había sido escéptica con respecto a París. No sé si por los franceses o por su fama como ciudad de los enamorados. Quizá por ambos motivos. En cualquier caso, me sorprendió gratamente. Encontré un París que me hubiera gustado recorrer con más calma para descubrir más rincones; para entrar a museos, a los diferentes monumentos; para sentarme en una de las sillas verdes típicas de los parques; para comer más crepes; para visitar las catacumbas; para subir a la Torre Montparnasse o para perderme entre las lápidas de los cementerios. Sin duda, habrá que volver.

París

París

París

París

Cementerio

El segundo viaje del año fue una escapada a Suiza y Liechtenstein. Realmente el Principado lo visitamos por sumar un país más a la lista más que por el hecho de tener mucho interés. Y realmente, tras una breve visita a su capital, puedo decir lo mismo que de Luxemburgo: se puede hacer una parada si pilla de paso, pero ir expresamente no parece tener mucho sentido. Sí, seguro que ambos países tienen mucho que ofrecer, pero a mí no me emocionaron sus capitales lo suficiente.

Schloss Vaduz

Landtag

Suiza por el contrario sí que me ha gustado. No voy a decir que ha sido una sorpresa, porque realmente me esperaba esa similitud con sus hermanas Alemania y Austria. Esos cascos históricos en torno a una Marktplatz, esos ayuntamientos impresionantes, las iglesias que se erigen sobresaliendo por encima del resto de tejados, las callejuelas peatonales con fachadas coloridas y pintorescas, los ríos que tienen una gran presencia en la ciudad, las montañas al fondo…

Rathaus

Münsterplatz

Basilea

Zúrich

Zúrich

Zúrich

Tanto Basilea como Zúrich resultan fácilmente abarcables a pie. No obstante, el transporte público funciona con puntualidad suiza y cuenta con una extensa red. En Basilea tuvimos ocasión de probarlo gracias a la Mobility Card, una tarjeta que facilita el alojamiento en que te hospedes para que puedas usar el transporte público durante tu estancia. Sin duda una gran iniciativa.

Basilea

En Zúrich tan solo tomamos el histórico Polybahn y el barco para un recorrido circular por el Zürichsee. La mejor forma de conocer una ciudad es a pie, y Zúrich gracias a su política anticoches invita a ello.

Tranvía

Parece que en Suiza se toman muy en serio a los peatones y ponen la ciudad a su servicio. No lo digo solo por el transporte, sino también por la cantidad de fuentes de agua potable o los curiosos y gratuitos urinarios.

Oberer Rheinweg

Urinarios

Urinarios

Además las plazas son lugares de encuentro. En las más grandes vimos que había sillas a disposición de la gente. Mucho más útiles que los bancos fijos.

Münsterhof

Opernhaus

De Basilea lo que más me gustó fue sin duda Grossbasel. Cierto es que desde Kleinbasel hay unas magníficas vistas y un agradable paseo, pero es en Grossbasel donde se concentran los monumentos más importantes de la ciudad como el mencionado Ayuntamiento o la Catedral con su peculiar claustro.

Catedral

Claustro

Por otro lado, de Zúrich es difícil elegir entre una zona, ya que es más extensa, pero destacan sobre todo la ribera del Limmat con sus casas gremiales y las torres de las principales iglesias sobresaliendo; el barrio de Lindenhof y las magníficas vistas; el impresionante Schweizerisches Landesmuseum que parece más un castillo; así como la plaza Münsterhof con sus coloridos edificios y su fuente central.

Limmatquai

Zúrich

Schweizerisches Landesmuseum

La subida a la Grossmünster es imprescindible, merece la pena la subida y los 4 CHF. Permite obtener unas las magníficas vistas 360º.

Vistas desde la Grossmünster

Zúrich combina a la perfección su casco histórico plagado de edificios peculiares (e incluso ruinas romanas) con una Bahnhofstrasse exclusiva y donde podemos encontrar construcciones del siglo pasado. Ha ido creciendo y adaptándose a las corrientes arquitectónicas.

Zúrich

Das Haus zum Loch

Ruinas romanas

Paradeplatz

Zúrich

Bahnhofstrasse

Chanel

Zúrich es una ciudad perfecta para perderse por sus callejuelas sin apenas pestañear, pues tanto los edificios como los comercios o restaurantes están hermosamente decorados haciendo que cada calle sea única.

Zúrich

Zúrich

zur Haue

Zúrich

Zúrich

Llegó nuestro viaje de verano y tras varios reajustes y cábalas, decidimos conocer Letonia, Lituania y Polonia. De las dos primeras solo sus capitales, mientras que en Polonia estuvimos algún día más.

Comenzamos nuestro viaje en Riga, la capital de Letonia y la ciudad más grande de los estados bálticos. Una ciudad de gran importancia, que es el mayor centro cultural, educativo, político, financiero, comercial e industrial de la región.

Riga

Su joya turística es el centro, Vecrïga, con sus calles adoquinadas y un trazado laberíntico al más puro estilo medieval. Este queda delimitado entre el Daugava y el Pilsetas kanals, limitando al norte con Krišjāņa Valdemāra iela y al sur con Janvāra iela.

Riga

Riga

Riga

En su vista panorámica destacan tres torres: la de la Catedral (Dome), la de San Jacobo y la de San Pedro.

Catedral de Riga (Rīgas Doms)

Sveta Jekoba katedrale

Iglesia de San Pedro (Rigas Sv Pētera baznīca)

Desde esta última se obtienen unas buenas vistas 360º de la ciudad.

Riga

Riga

Riga

Riga

Riga

De entre todos los lugares del centro, hay dos plazas que destacan por encima de las demás gracias a la huella hanseática: la Plaza Līvu y la Plaza del Ayuntamiento. Aquella próspera época nos ha dejado emblemáticas edificaciones como los palacios del Gran y Pequeño Gremio o la Casa de los Cabezas Negras.

Plaza Līvu

Pequeño Gremio (Mazā Ģilde)

Casa de las Cabezas Negras (Melngalvju nams)

Pero además de las casas e iglesias pertenecientes a la Edad Media podemos encontrar un número significativo de edificios de un marcado estilo Art Nouveau construidos entre 1904 y 1914, cuando Riga era una de las ciudades más importantes del Imperio Ruso. El Art Nouveau (francés) o Jugendstil (alemán) fue una corriente estética del siglo XIX que se inspiraba en la naturaleza. Suele incorporar materiales de la Revolución Industrial.

Riga no quedó tan devastada por las guerras como otras urbes europeas, así pues, conserva la mejor y más completa colección de arquitectura Art Nouveau de toda Europa, de hecho están considerados Patrimonio de la Humanidad. La mayoría se concentran en la Alberta iela, donde hay 8 protegidos (números 2, 2a, 4, 6, 8, 11, 12 y 13) y Elizabetes iela (6, 10a, 10b, 13, 23 y 33).

Nosotros no tuvimos tiempo de recorrer estas calles. La Elizabetes no nos pillaba muy lejos del hotel y pensamos recorrerla a la que volviéramos a por las mochilas, pero al final nos desviamos de la ruta y se nos quedó pendiente. Al final le dimos prioridad al centro, que también hay buenas muestras de edificios Art Nouveau.

Riga

Riga

Casa de los Gatos (Kaķu māja)

Dado que fue una ciudad amurallada, sus puntos de interés quedan bastante próximos. Así pues, se puede recorrer cómodamente a pie. No obstante, la ciudad creció a mediados del siglo XIX cuando se echaron abajo las murallas, por lo que merece la pena también ir un poco más allá. Surgieron nuevos distritos como Mežaparks, un exclusivo barrio que nació para los alemanes acomodados o Centro (Centrs), donde predominan las grandes avenidas.

En el sureste se encuentra el barrio Moscú (Maskačka), un suburbio que ya existía en el siglo XIV y que se convirtió en guetto para judíos antes de la II Guerra Mundial. Poco queda de este pasado, pero se pueden ver los restos de la sinagoga coral.

Sinagoga Coral

También quedan algunas casas supervivientes de madera que contrastan con los edificios colindantes. Como la mole soviética.

Barrio de Moscú (Maskavas Forštate)

Barrio de Moscú (Maskavas Forštate)

Torre Stalin

El desarrollo urbanístico soviético influyó en el aspecto de la ciudad, en esas amplias calles, en esos edificios que son moles de cemento, en los monumentos que ensalzan la libertad, el pueblo… Y hoy lo que se encuentra el visitante es un contraste entre la influencia rusa, el pasado medieval, vestigios de la próspera época hanseática, la arquitectura Art Nouveau y una occidentalización de los últimos años.

Riga

Riga

Riga

Riga

Riga

Monumento a Fusileros Letones

Aunque a priori puede parecer una ciudad gris, lo cierto es que una vez que paseas por sus calles, te encuentras una ciudad con mucha historia, repleta de animadas plazas y donde abundan los parques y jardines que aportan ese toque de color.

Bastejkalna parks

Bastejkalna parks

Es esta riqueza cultural, artística y turística la que le da el sobrenombre de París del Este. Aunque ahí creo que las comparaciones son odiosas.

Y si no creo que Riga se pueda comparar con París, tampoco entiendo que muchos equiparen a Vilna, la capital de Lituania, con Praga (por sus edificios barrocos) o con Roma (por las siete colinas sobre las que se asienta).

Estoy de acuerdo en que tiene un casco histórico muy rico, Patrimonio de la Humanidad, además. Pero no encontré ese alma que puede tener Praga. Ni mucho menos. Vilna recuerda más a un pueblo que a una ciudad – cuanto menos una capital-. Así como Riga desde las alturas ofrece una buena estampa de sus edificios más importantes, Vilna por el contrario me dejó algo fría desde la colina Gediminas (ni siquiera es que la torre sea gran cosa) o desde las tres cruces.

Vilna

Vilna

Vilna

Vilna

Sin embargo, creo que gana a pie de calle y es una buena muestra de su historia. Lo primero que sorprende es la cantidad de iglesias que hay en la ciudad. En cada calle, cada esquina, cada rincón, de todas las confesiones. La mayoría de ellas barrocas, pero también góticas, neoclásicas o neobizantinas. Y es que Vilna al parecer es la ciudad con más iglesias por habitante de todo el mundo. Lituania, por su parte, es el país más católico del Este de Europa.

Iglesia de San Francisco y San Bernardino

Iglesia

Vilna

Iglesia

Iglesia

Vilna

Vilna

Algo curioso teniendo en cuenta que fue el último país en convertirse al cristianismo. Lo hicieron en el siglo XVI cuando los jesuitas españoles se trasladaron para liderar la lucha contra la Reforma de Lutero. Estos también fueron los artífices de la prestigiosa Universidad.

Universidad

Pero no todo es cristianismo en Vilna, sino que era una ciudad en la que convivían varias confesiones. Históricamente estaba dividida en cuatro sectores: el de los católicos (formado por polacos y lituanos), el de los ortodoxos (rusos), el de los luteranos y calvinistas (alemanes) y el de los judíos.

Iglesia Ortodoxa de San Constantino y San Miguel (Šv. Konstantino ir Michailo cerkvė)

Vilna

Todos ellos convivieron en armonía hasta la llegada de los nazis. Los que más lo padecieron, por todos es conocido, fueron los judíos, y en Vilna había una gran comunidad (llegaron a tener más de cien sinagogas repartidas por la ciudad). Ya Napoleón la había dado el sobrenombre de la Jerusalén del Norte.

El Holocausto acabó no solo con los judíos de la ciudad, sino con sus barrios, y hoy apenas queda nada. Hay que ir con mil ojos para encontrar un busto, una placa, un cartel que relate la historia. Para recordar más aquellos trágicos acontecimientos habría que visitar el Museo del Holocausto.

Elijahu Ben Sholomo Zalman

Otro museo que recuerda el pasado de la capital lituana es el de las Víctimas del Genocidio, ubicado en el antiguo cuartel de la Gestapo y que más tarde serviría al KGB.

Museo de las víctimas del Genocidio

Vilna tiene además un punto bohemio en el barrio de Užupis, una república independiente no reconocida en la que predominan los talleres artesanos y los centros artísticos.

Ángel

Constitución

Desde que Lituania se convirtió en país independiente, Vilna se ha ido renovando, ha modernizado sus servicios e infraestructuras. Sin embargo, al igual que ocurría con Riga, aún tiene ese toque que recuerda su pasado medieval con huellas de su etapa comunista.

Vilna

Vilna

Vilna

Vilna

No es una capital que destaque especialmente por su belleza, pero si pilla de paso, bien merece un día (o dos si se quiere entrar en la Universidad y algún museo).

Vilna

Vilna

Polonia la recorrimos un poco más a fondo, no nos quedamos solamente con su capital, sino que visitamos algunas de sus ciudades más importantes. Comenzamos por el norte con Gdańsk, o Danzig, una ciudad portuaria que ha sido muy relevante en la historia de Polonia, de Europa y del Mundo.

Gdansk

Gdansk

Fue una ciudad hanseática y adquirió gran importancia en la época gracias a su puerto pesquero, el comercio de artesanías y ámbar. Sin embargo, en la historia más reciente tuvo su relevancia en el inicio de la II Guerra Mundial.

Aunque la contienda acabó con gran parte de la ciudad, gracias a reconstrucciones de finales de siglo, el visitante se encuentra con un casco histórico que muestra aquel poderío con edificios impresionantes y fachadas ricamente ornamentadas tanto en su calle principal como en el margen al río.

Gdansk

Gdansk

Gdansk

Gdansk

Gdansk

Gdansk

Gdansk

Incluso hasta las nuevas viviendas intentan copiar ese diseño arquitectónico para mantener el estilo de la ciudad y cierta armonía.

Gdansk

Gdansk

Desde Gdańsk nos acercamos a las vecinas Gdynia y Sopot, que juntas forman la Triciudad, y, aunque tienen su aquel, creo que nos deberíamos haber centrado solo en Gdańsk, pues la oscuridad se nos echó encima y no pudimos detenernos todo lo que merece una ciudad como esta.

Gdynia

Gdynia

Sopot

Sopot

El centro histórico está bastante concentrado en la Calle Larga, la Calle Mariacka y el río, pero tiene bastante que ver, muchos detalles que observar. Intentamos concentrarlo todo en apenas una tarde, cuando habríamos necesitado un par de días.

calle Dluga

calle Dluga

Złota Brama

Calle Mariacka

La segunda ciudad que visitamos fue Bydgoszcz, una parada técnica para no tragarnos muchas horas en tren hasta Poznań. Fundada en la Edad Media, se convirtió en un relevante puerto fluvial gracias a la ubicación próxima a varios ríos. Desde el siglo XIX es también punto ferroviario de importancia. Pero sobre todo es centro industrial que se ha especializado en la industria textil, maderera, química y metarlúrgica. Así, hoy es el principal centro económico de esta parte de Polonia y, aunque no es un destino turístico muy popular, guarda algunos monumentos históricos interesantes y joyas arquitectónicas de diferentes épocas.

Bydgoszcz

Plaza del Antiguo Mercado (Stary Rynek)

Bydgoszcz

Bydgoszcz

Bydgoszcz

Sobre todo destacan los graneros, el símbolo de la zona, que recuerda el origen agrícola y comercial de la ciudad. La mayoría se encuentran en la isla Wyspa Młyńska.

Granero Holandés

Granero

Barn "Inn Mill

Poznań me sorprendió gratamente. La que se cree que fue la capital hasta el siglo X cuenta con un casco histórico memorable. Sobre todo su Plaza del Mercado. En ella destacan casas de estilo barroco, gótico y renacentista decoradas de diferentes colores y ornamentos en sus fachadas. Refleja un tiempo en el que residían las familias más pudientes de la ciudad.

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Plaza del Mercado (Stare Rynek)

Ayuntamiento (Ratusz)

En Ostrów Tumski nació el estado polaco, así que tampoco hay que pasarlo por alto.

Catedral de los Apóstoles Pedro y Pablo (Bazylika Archikatedralna św. Apostołów Piotra i Pawła)

Me parece una ciudad imprescindible en cualquier itinerario por Polonia.

Nuestra siguiente parada fue Wrocław, una ciudad que siempre guardaré en mi memoria por sus Krasnale, esos simpáticos enanitos.

Krasnal Motocyklista

Ciastuś i Amorinek

Krasnal Obieżysmak

Krasnal Śpioch

Krasnale

También tiene una espectacular Plaza del Mercado que es su centro neurálgico. Wrocław perteneció a la Liga Hanseática y fue un importante centro comercial, así, era en ella donde confluían las principales rutas comerciales de Europa, entre ellas la Vía Regia y la Ruta del ámbar.

Plaza del Mercado (Rynek)

Plaza del Mercado (Rynek)

Esta plaza, que con sus dimensiones de 213 x 178 metros es una de las más grandes de Europa, sigue la misma tónica de las que estábamos viendo en el viaje. Está flanqueada por edificios de colores de diferentes estilos (renacentistas, góticos, barrocos…) y en su centro se erigen el ayuntamiento así como edificios de viviendas. No fue destruida durante la II Guerra Mundial, por lo que es una auténtica joya.

Plaza del Mercado (Rynek)

Plaza del Mercado (Rynek)

Plaza del Mercado (Rynek)

Plaza del Mercado (Rynek)

Ayuntamiento (Ratusz)

Ayuntamiento (Ratusz)

Al igual que Poznań, también tiene su Ostrów Tumski, el lugar en que nació la ciudad y que suponía el límite de la jurisdicción eclesiástica. En la zona se erigen iglesias monumentales, una iglesia gótica, las casas de los clérigos y el palacio arzobispal, de estilo neoclásico.

Ostrów Tumski

Catedral de San Juan Bautista

La penúltima parada del viaje fue Cracovia. Fue primero un importante centro comercial y después foco del cristianismo, por lo que no tardó en convertirse en capital y en comenzar a desarrollarse. De aquellos años data su catedral.

Catedral de Wawel (Katedra Wawelska)

Catedral de Wawel (Katedra Wawelska)

Por otro lado, cabe mencionar la importancia que adquirió en el siglo XIV cuando, tras las invasiones tártaras la ciudad tuvo que ser reconstruida y se fundó la Universidad (la segunda universidad más antigua de Europa por detrás de la de Praga).

Universidad

Collegium Maius (Gran Colegio)

Collegium Novum

Cuando en 1596 Segismundo III movió la capital a Varsovia, Cracovia perdió algo de importancia, pero seguía siendo el lugar donde se coronaba a sus monarcas. Y ahí se mantiene el castillo en la colina de Wawel. Imprescindible, sin duda.

Castillo de Wawel

Su Plaza del Mercado también es de las más notables del país, pero no me gustó tanto como las de Poznán o Wrocław, a pesar de tener unas impresionantes dimensiones y ser la plaza medieval más grande de Europa. La plaza está flanqueada por ornamentadas casas burguesas y palacios de origen medieval, pero sobre todo, en ella destacan la Basílica de Santa María, la Lonja de los Paños, la iglesia de San Adalberto y la Torre del Ayuntamiento.

Basílica e Iglesia de San Adalberto

Lonja de Paños (Sukiennice) y Torre

Lonja de Paños (Sukiennice)

Lonja de Paños (Sukiennice)

Lonja de Paños (Sukiennice)

Cracovia está repleta de trazos que componen su historia. El siglo XX la marcó especialmente. Durante la II Guerra Mundial quedó bajo dominio nazi y aunque no fue bombardeada, los alemanes se encargaron de borrar todo pasado polaco. No sólo de las calles, sino que expulsaron a los judíos y polacos de la ciudad.

Kazimierz

Fábrica Oskar Schindler

Plaza de los Héroes del Gueto (plac Bohaterów Getta)

Con el nacimiento de la República Popular de Polonia llegó la mayor planta siderúrgica del país, la fábrica Siderurgia Lenin, que convirtió a Cracovia en un importante centro industrial y favoreció el crecimiento de la población.

Hoy ya no es la capital, pero sigue siendo una de las ciudades más importantes de Polonia y la subestimé, pues nos quedaron muchas cosas por ver.

Finalizamos el viaje en Varsovia, que se convirtió en capital en el siglo XVI. El rey Segismundo III había realizado a cabo experimentos en el castillo de Cracovia con fatal desenlace, por lo que buscaba nueva residencia, y dado que la situación de Varsovia le permitía controlar mejor el territorio de la Polonia de aquel momento (era cuatro veces más grande que la extensión actual del país), decidió mudarse.

Es una ciudad que ha sabido renacer de sus cenizas, pues en 1944 prácticamente quedó destruida. Apenas quedaron en pie edificios. Los nazis acabaron con bibliotecas, museos, iglesias, palacios, el castillo, edificios institucionales… Tan solo se conservó el ferrocarril, porque a los alemanes les era útil. Pero con la llegada en 1945 de la República Popular Polaca Varsovia comenzó a reconstruirse siguiendo el modelo original. Este trabajo tan meticuloso hizo que para 1980 la UNESCO le diera el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad como “ejemplo destacado de reconstrucción casi total de una secuencia histórica que se extiende desde el siglo XIII hasta el siglo XX”​.

Patrimonio de la UNESCO

Su centro histórico se concentra en la Ruta Real, que transcurre desde la Plaza Zamkowy, en el centro histórico de la ciudad, hasta el Palacio de Wilanów, la residencia de verano. En el recorrido destacan impresionantes edificios, sobre todo a lo largo del tramo de la calle Nowy Świat, la que fuera la principal arteria comercial desde el siglo XIX hasta la II Guerra Mundial.

Nowy Świat

Palacio Uruskich (Pałac Uruskich)

Palacio Tyszkiewiczów (Pałac Tyszkiewiczów)

Palacio Presidencial (Pałac Prezydencki)

Nowy Świat

En Stare Miasto destacan el Castillo y la Plaza del Mercado, con sus recuperados edificios renacentistas y barrocos y el símbolo de Varsovia: la sirena (hermana de la de Copenhague).

Castillo Real (Zamek Królewski w Warszawie)

Plaza Zamkowy (Plac Zamkowy)

Stare Miasto

Stare Miasto

Stare Miasto

Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta)

Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta)

Sirena de Varsovia

Pero aunque ha recuperado su parte histórica, es una ciudad que ha ido modernizándose y se nota el contraste en sus calles. Se ha ido adaptando a nuevas épocas y nuevos espacios de ocio.

Varsovia

Varsovia

Parque Multimedia

Vístula

Vístula

Polonia llevaba rondando nuestras cabezas desde hace tiempo, pero siempre lo íbamos posponiendo. Pero es un país imprescindible para conocer la historia de Europa, ya que tiene un pasado ligado a Alemania, a la Hansa, a las antiguas repúblicas soviéticas… Pero sobre todo nos recuerda que se ha visto envuelta en las dos guerras mundiales. Los daños de la Segunda quedan muy patentes con numerosos monumentos y placas que recuerdan a los caídos entre 1939 y 1945.

Monumento

Monumento

El Pequeño Insurrecto (Mały Powstaniec)

Placa

Placa

Está relativamente cerca, hay vuelos directos y además tiene buenas comunicaciones. Nos faltaron 2 ó 3 días más para haberla recorrido más a fondo, porque desde luego tiene mucho que ofrecer. Tanto en historia, como en cultura, ocio o gastronomía.

Dos meses más tarde volvimos a irnos de viaje. De nuevo a Europa, pero esta vez con un cambio de estilo. Dejamos atrás los buses y trenes y nos embarcamos en un crucero por el Mediterráneo. No era nuestra intención, pero dado que las opciones en el Caribe no nos convencían, pusimos las miras más cerca.

Por segunda vez en un año visitamos Francia, esta vez Marsella (Parte I y Parte II), el puerto más importante del país. El desarrollo de la ciudad siempre ha ido ligado al puerto, desde los inicios con los griegos, hasta el siglo pasado con la llegada de los ciudadanos de las excolonias. Ha sido lugar de paso y ha sido una urbe muy cosmopolita estando conectada con Grecia, Italia, España y el norte de África (Argelia, Marruecos y Túnez).

Tras un exhaustivo plan de renovación en los últimos años, el Puerto Viejo se ha convertido en el principal atractivo turístico. Además, su nueva disposición invita a caminar. Con su forma de U queda delimitado por los Fuertes de San Juan y San Nicolás.

Marsella

Fuerte de San Nicolás

Fuerte de San Juan

Aunque las escalas de crucero a veces son algo atropelladas y cuentas con poco tiempo, lo cierto es que la recorrimos con calma y me sorprendió, pues por un lado me recordó a París, pero por otro tiene ese carácter de ciudad portuaria, multicultural y diversa.

Conservatorio Pierre Barbizet

Cours Julien

Marsella

Al ser la ciudad más antigua de Francia, tiene muchísima historia, y podemos encontrar edificios y monumentos de diferentes etapas, influencias y estilos.

Notre Dame de la Garde

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Iglesia Saint Ferreol Les Augustins

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Hôtel de Cabre

También es la ciudad del Jabón de Marsella, una mezcla de aceite y sosa triturada a la que se le añade miel, esencias y perfumes. Nació en el siglo XII y con el paso del tiempo se convirtió en un producto muy valorado pasando de ser elaborado artesanalmente a en fábricas. Casi desapareció con la llegada de los detergentes, pero su consumo se ha recuperado en los últimos años gracias a una mayor conciencia por el Medio Ambiente.

Savonnerie de la Licorne

¿Y qué hay más francés que la Marsellesa? El hoy himno nacional, era la canción que iban entonando los 500 voluntarios marselleses que marcharon a París para unirse a la causa del gobierno revolucionario.

Memorial de la Marsellesa

Empezamos bien, me sorprendió gratamente la primera escala, sin embargo, después llegamos a Génova y el ánimo decayó. El tiempo no acompañó mucho, también es verdad, pero aún en seco, me habría parecido una ciudad en decadencia.

Génova

Génova

De sus años como gran potencia comercial y cultural han llegado magníficos palacios e iglesias, pues la aristocracia se pronto se mudó a Génova, punto de encuentro y de conocimiento.

Catedral de San Lorenzo

Iglesia

Banco de Cerdeña

Via Garibaldi

Municipio

Sin embargo, más que sus edificios históricos, lo que más me atrajo fue pasear por sus callejones estrechos. Aunque seguía sin tener el punto de Marsella.

Génova

Génova

En nuestra tercera escala tuvimos que decidir entre Nápoles y Pompeya, además con apenas 6 horas en tierra. Era arriesgado ir al yacimiento, pero así nos alejábamos un día del ritmo de ciudad, y además, nos parecía muy interesante la visita.

Pompeya

Anfiteatro

Foro

Foro

Y no decepcionó porque, aunque vimos una ínfima parte, nos permitió conocer cómo era una ciudad hace miles de años. Te hace darte cuenta de que como sociedad, poco hemos avanzado, pues ya por aquel año 79 a.C. en que el magma del Vesubio arrasó Pompeya, habían desarrollado el urbanismo con sus comercios, espacios de ocio, necrópolis…

Pompeya

Pompeya

Pompeya

Pompeya

Teatro Pequeño

Termas Estabianas

La visita permite no solo hacerse una idea de cómo eran las clases sociales, de cómo eran las viviendas, los templos, las termas… Y es que por muchas excavaciones romanas que hayamos visto en otras ciudades, aquí la erupción ha hecho que lleguen hasta nuestros días frescos, mosaicos u objetos. Incluso se han podido reconstruir cuerpos.

Pompeya

Pompeya

Pompeya

Termas Estabianas

Mosaico

Fullonica (Batanes) de Stephanus

Pompeya

Pompeya

La vuelta fue un poco accidentada y a la carrera, pero mereció la pena.

Sicilia por su parte me dejó una sensación agridulce. Por un lado Catania me decepcionó un poco, Taormina me encantó y Mesina me gustó pero sin llegarme a apasionar.

Catania es la segunda ciudad más grande de Sicilia y fue fundada en lo alto de una colina por los griegos en el año 729 a. C. Más tarde pasó a ser romana, bizantina, árabe, normanda, suava, germana, aragonesa y finalmente italiana. Así, conserva monumentos de diferentes etapas y pueblos (menos de los griegos, que apenas ha llegado nada) como el anfiteatro, la catedral, la universidad…

Catedral

Universidad

No obstante, mucho de lo que vemos hoy en día son reconstrucciones, ya que en 1693 quedó devastada por un terremoto cuando aún se estaba recuperando de la erupción del Etna en 1660. En la reconstrucción de la ciudad se planificaron unas amplias avenidas y plazas para así prevenir terremotos y se incorporó lava negra en los edificios.

Catania

Es Patrimonio de la Humanidad dentro de la categoría “Ciudades del barroco tardío de Val di Noto” por la UNESCO desde 2002 pero a mí salvo la Piazza Duomo, el resto no me atrajo en demasía.

Piazza Duomo

Taormina es lo contrario. A unos 200 metros sobre el nivel del mar, en lo alto del Monte Tauro, se halla esta ciudad fundada en el año 358 a.C. por prófugos griegos. Se desarrolló como ciudad helena, aunque, al igual que en Catania, también llegaron los romanos, los bizantinos, los árabes y los aragoneses.

Palacio Corvaja

Es una pequeña urbe de apenas 10.000 habitantes, pero que atrae a un gran número de turistas desde hace un par de siglos gracias a sus playas y al encanto medieval de sus calles. El casco histórico queda delimitado entre Puerta Mesina y Puerta Catania (restos de las antiguas murallas), y de una a otra discurre la antigua vía romana Via Valeria hoy conocida como Corso Umberto I.

Puerta Mesina

Puerta Catania

El edificio más importante es la Catedral de San Nicolás, del siglo XIII, con una fachada muy sencilla y una planta que recuerda a las catedrales normandas.

Piazza del Duomo

Pero sin duda, si hay algo que destaca en Taormina es su Teatro Griego del siglo III a.C. No solo por su valor artístico, sino también por su localización, puesto que se halla en lo más alto de la ciudad permitiendo tener unas magníficas vistas de la costa y del Etna.

Para acabar con Sicilia volvimos a Mesina, la principal entrada de la isla y a tan solo 3 kilómetros de la punta de la bota. Su puerto con forma de hoz ha sido relevante a lo largo de la historia, y no solo para lo bueno, ya que se cree que fue la entrada de la peste negra en Europa en la Edad Media. Hoy su importancia queda relegada al comercio y a la pesca. Además de ser escala para los cruceros.

Puerto de Mesina

Al contrario que Taormina, no conserva mucho de su pasado, ya que ha quedado destruida varias veces en su historia como consecuencia de su alta actividad sísmica.  El 28 de diciembre de 1908 un terremoto seguido de tsunami la arrasó y causó la muerte de 60.000 habitantes (de los 150.000 que tenía). Tras este trágico suceso la ciudad fue reconstruida, más moderna y funcional. Sin embargo, poco después sufrió los bombardeos de la II Guerra Mundial, por lo que tuvo que ser levantada de los escombros de nuevo.

Mesina

Como reseñable sin duda lo principal es la Piazza del Duomo, dominada por la Catedral del siglo XI (aunque reconstruida, claro).

Catedral

A su lado izquierdo se alza el campanario, que acoge el reloj astronómico más grande del mundo, fabricado en 1933 en Estrasburgo. En cada uno de sus cuadrantes hay diversas figuras animadas que indican las horas, los días, los meses, los planetas y las fiestas religiosas.

Para finalizar el crucero llegamos a la República de Malta, en concreto a la isla del mismo nombre. También estuvo habitada por griegos, romanos, árabes, normandos y aragoneses. Fue el hogar de la Orden de los Caballeros de San Juan, quienes consiguieron derrotar por primera vez a los turcos. Más tarde fue conquistada por Napoleón y finalmente acabó en manos británicas, de quien consiguió independizarse en 1964.

Monumento a la Independencia

A pesar de ser una isla bastante pequeña ofrece tanto descanso en un lugar paradisíaco como una gran oferta de deportes acuáticos y de aventura. Pero no todo se reduce a hoteles lujosos, playas o extensa oferta de ocio, sino que además es un lugar lleno de historia y una visita a sus ciudades y pueblecitos históricos permite retroceder en el tiempo. Tal es el caso de Mdina y Rabat, a los que llegamos en transporte público.

Mdina nos encantó. La que fuera durante mucho tiempo el centro político y capital de Malta hoy tan solo acoge a unos 300 habitantes, pero no por ello ha perdido su encanto. Quizá por eso, por haberse quedado algo olvidada, se conservan sus calles medievales, callejuelas y rincones, en donde se pueden encontrar palacios, iglesias y edificaciones normandas y barrocas.

Interior puerta

Catedral de San Pablo

Mdina

Mdina

Rabat es otro estilo, pero tiene también mucho encanto con sus balcones coloridos, alguna iglesia y si se quieren visitar las catacumbas.

Rabat

Iglesia de San Pablo

Y por supuesto, no pudo faltar la visita a la capital, a La Valeta, una ciudad que engaña, pues aunque parece pequeña, tiene mucho que ver.

La Valeta

Tras el asedio de los turcos a mediados del siglo XVI, La Valeta fue reconstruida en apenas 15 años prácticamente desde cero y con un diseño totalmente novedoso. Se planificó como un entramado cuadriculado de calles. Este plano favorecía el libre fluir del aire fresco desde ambos puertos a través de las estrechas calles.

Calle la Valetta

La Valeta conserva más de 300 monumentos importantes entre sus murallas, sin embargo, su atractivo radica sobre todo en su conjunto. En pasear por sus calles empinadas, en descubrir mil iglesias, edificios de la Orden, los fuertes, el puerto… descubriendo así pedazos de su historia. Y también ¿por qué no? en perderse por las calles más comerciales y turísticas.

Ópera

Fuerte de San Elmo

Guardia Principal

Iglesia de Santa Catalina de Italia

Calle de la República

Aunque sin duda, lo mejor fue despedir el viaje (y el año) con la salida del puerto al atardecer.

La Valeta

La Valeta

Y con el crucero cerramos un año especialmente viajero en el que visitamos 3 continentes, 10 países, 22 ciudades y recorrimos 39.164 kilómetros. Y ahora, casi ya rozando diciembre, comenzamos con 2018, que también tiene tela que cortar.

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Conclusiones del viaje a Mahé, Bombay y París

Cuando surgió el viaje, tuve un breve momento de duda, como ya comenté. Por suerte, duró poco y nos lanzamos. Fue un viaje un poco agotador, con mucho por ver y hacer en algo más de una semana. Sin embargo, creo que el contraste entre los tres países fue bueno para desconectar y vivir cada uno de una forma totalmente diferente.

Comenzamos por las Islas Seychelles, unas islas paradisíacas que desde luego no entraban en mis planes más próximos (ni lejanos, en realidad). Y es que con tanto globo terráqueo por descubrir, los destinos de playa quedan muy abajo en muy lista. Además, África para nosotros de momento era terreno inexplorado. Si hubiéramos ido más días, quizá habríamos aprovechado para hacer alguna excursión a Praslin o La Digue, sin embargo, al tratarse de una escala diurna, nos centramos en Mahé, que es la isla principal y donde llegaba nuestro avión.

Playa Seychelles

Mahé no es muy grande, pero para poder aprovechar el tiempo al máximo, alquilamos un coche para poder movernos a nuestro ritmo y no depender de los autobuses locales. Seguimos la carretera principal y fuimos parando en playas y calitas que nos iba apeteciendo. Incluso nos bañamos en Beau Vallon, donde nos quedamos también para comer en ambas escalas aprovechando los restaurantes a pie de playa y el pescado fresco.

Playa Seychelles

Beau Vallon

Comida

Por supuesto, también estuvimos en Victoria, la capital. Un pueblecito, más que una ciudad, donde se concentra la mayor parte de la población. Turísticamente tiene poco que visitar, es de esos destinos en que hay que seguir a nuestros pies y perderse entre el ir y venir de los lugareños. Mahé no es un destino de monumentos, fueron mucho más interesantes las visitas al mercado y a la plantación de té.

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Tea Factory

Tea Factory

Aunque sin duda, uno de los mejores sitios es el Parque Natural Morne Seychellois, un auténtico paraíso verde y salvaje para los amantes de la naturaleza. En su mirador se respira tranquilidad, se ve cómo se mueven las nubes que tapan y descubren los montes. Y abajo, las prístinas aguas.

Parque Nacional Morne Seychellois

Morne Blanc View Point

Lo que menos me gustó fue el clima. Nada más bajar del avión nos encontramos con una bofetada de humedad, sobre todo en la primera escala, ya que en la segunda había lluvias intermitentes y la temperatura había descendido unos grados.

Nuestros gastos en las dos escalas a la isla se redujeron al alquiler de coche, que dividido entre cuatro fueron 22.50€; y la gasolina y comida, que fueron otros 70.95€.

Los precios de Mahé eran elevados, un menú costaba más o menos como en Reino Unido. En total gastamos en las Seychelles 93.45€ por cabeza (menos de 50€ por día).

Playa Seychelles

Bombay fue nuestra estancia más larga. Y es que, en teoría, era el destino originario del viaje. Tampoco estaba en la lista. Sí que habíamos pisado Asia cuando visitamos Japón (y Estambul), pero claro, el país nipón no tiene nada que ver. Sí, tanto la India como Japón son países muy poblados, pero no son comparables ni en clima, ni precauciones sanitarias, ni infraestructuras, ni cultura, ni costumbres…

Barbería

Caña de Azúcar

dabbawala

Estación

Dhobi Ghat

Bombay fue un choque cultural. Tuvimos que despojarnos de nuestros prejuicios y dejarnos llevar por el caos. Fue un gran contraste viniendo del ritmo pausado de Mahé. Llevábamos una ruta más o menos establecida, por aquello de querer aprovechar al máximo nuestra visita. Sin embargo, pronto descubrimos que no hay organización que valga y que hay que dejarse fluir.

Aún así, intentamos recorrer los puntos más o menos significativos de la ciudad como Fort, el actual distrito comercial y administrativo pero que era donde en el siglo XVII se erigía la antigua fortaleza. Es en ese barrio donde se encuentra el mayor número de edificios victorianos de finales de siglo XIX cuando Bombay era la joya de la corona del Imperio Británico. De aquella época datan la Central Telegraph Office, el Tribunal Supremo, la Universidad, la Biblioteca David Sassoon, el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya o la Puerta de la India, ya en Colaba.

Central Telegraph Office

Tribunal Supremo de Bombay

Universidad

Biblioteca David Sassoon

Chhatrapati Shivaji Terminus

Puerta de la India

Esta zona está más o menos delimitada y se puede recorrer siguiendo una ruta. Por lo demás, el resto de Bombay es llegar a un barrio y perderse en él, callejear y descubrir su singularidad, la confesión de sus habitantes. Si Mahé no era un lugar para hacer turismo de monumentos, Bombay fuera de Fort, tampoco lo es. Sí, quedan restos como los fuertes de Bandra o Worli, alguna iglesia o templo… pero no se conservan en un muy buen estado. Como ya dije, Bombay no es para ir de turista, sino de viajero. Asumir el calor, el caos, los contrastes e intentar disfrutar la experiencia de salir de la zona de confort.

Khan Abdul Gaffar Khan

Aún así, es quizá la más europea de las ciudades indias con sus edificios coloniales y sus modernos rascacielos. Imagino que no tiene nada que ver con Nueva Delhi, Calcuta, Agra o Bangalore.

Aunque íbamos predispuestos a dejarnos llevar por la India, sus costumbres, su clima, su comida… hay algo a lo que no pensábamos renunciar y era el poder dormir con aire acondicionado, sin bichos y disponer de un baño decente. Así que buscamos un hotel de estilo occidental. Nuestra estancia con desayuno incluido nos salió por 127.98€ por persona (o 255.95€ por habitación). El buffet no disponía de una gran variedad de comida, pero estaba bastante bien con opciones dulces y saladas, calientes y frías, occidental e india. Una buena combinación. También cenamos allí y los platos eran abundantes, a buen precio y con un personal muy atento y simpático.

Habitación

Buffet

Por lo demás, el resto de gastos en Bombay (comidas, desplazamientos, excursión a la Isla Elephanta y alguna compra) fueron 369.69€, que son 92.42€ por cabeza.

Mondegar Café

A esto hay que sumarle el visado que hubo que sacar antes del viaje, que al cambio fueron 47.86€ cada uno. Es decir, en total, en Bombay gastamos 268.26€ por persona.

Para finalizar, llegamos a París, donde nos sentimos casi como en casa. El clima, la comida, la arquitectura, el transporte público ya no suponían un contraste como habían sido nuestras dos paradas anteriores. Aún así, París supuso un reto: el de conseguir ver lo máximo posible en dos días y medio. Algo imposible, por supuesto, ya que por mucho transporte público al que puedas recurrir, es una ciudad inmensa con siglos de historia, muchos monumentos, parques, museos, palacios, iglesias, catedrales, hoteles y cafeterías de renombre con parisinos sentados frente a la calle para ver a la gente pasar y dejarse ver…

Hotel du Louvre

París

París

París

cafetería

Café

París

Pero bueno, intentamos quedarnos con un primer acercamiento, pateando la ciudad, ya que el clima acompañaba a estar en el exterior. Paseamos por Montmartre y sus bohemias callejuelas, por la selecta Isla de San Luis, por el origen de la ciudad en la Isla de la Ciudad, por Le Marais, por los jardines de Luxemburgo y de las Tullerías; admiramos los palacios, el Louvre, la Catedral de Notre Dame, el Sacre Cœur; subimos a la Torre Eiffel y la vimos iluminada de noche; recorrimos los Campos Elíseos y llegamos hasta el Arco del Triunfo; callejeamos por el Barrio Latino; visitamos la Plaza de la Concordia, la des Vosges y la Vendôme y seguimos el curso del Sena descubriendo sus numerosos puentes.

Sacré-Cœur

Moulin Rouge

Jardín de las Tullerías

Museo del Louvre

Notre Dame

Torre Eiffel

Arco del Triunfo

Plaza de la Concordia

Puentes sobre el Sena

Siempre había sido escéptica con respecto a París. No sé si por los franceses o por su fama como ciudad de los enamorados. Quizá por ambos motivos. En cualquier caso, me sorprendió gratamente. Encontré un París que me hubiera gustado recorrer con más calma para descubrir más rincones; para entrar a museos, a los diferentes monumentos; para sentarme en una de las sillas verdes típicas de los parques; para comer más crepes; para visitar las catacumbas; para subir a la Torre Montparnasse o para perderme entre las lápidas de los cementerios. Supongo que habrá que volver.

Los gastos en París no se nos dispararon mucho, a pesar de que es una ciudad cara. Siempre hay opciones para todos los bolsillos, aunque haya que buscar mucho. El primer reto fue el alojamiento. Al ser cuatro, nos era más rentable un apartamento por Airbnb, que un hotel. Nos costó 36.63€ por persona para los dos días.

Apartamento

Por otro lado, para movernos, era imprescindible sacarse algún pase o abono, y lo hicimos con los locales, con la Navigo, que fueron 27.50€ por persona, con el gasto de expedición de tarjeta incluido.

Además, sacamos las entradas de la Torre Eiffel por internet. No es que nos ahorráramos dinero, pero sí tiempo. Otros 17€.

Por lo demás, el único gasto fue comer, y prácticamente lo solucionamos con el supermercado que teníamos frente al apartamento. En total fueron 42.20€ en este aspecto.

Así, la suma de nuestros gastos en la capital francesa fue 123.32€.

A veces lo barato sale caro. Coges una oferta, pero a medida que vas añadiendo extras, la cuenta va subiendo y al final resulta que no era tan ventajosa como parecía. Sin embargo, este no fue el caso, ya que los gastos por persona de todo el viaje no llegaron a los 800€. En situaciones normales, con ese dinero apenas nos habría dado para cubrir los vuelos.

Con la tarifa error y los vuelos Madrid – París ida y vuelta, nos gastamos 273.76€ por persona. Para el resto seguimos la misma rutina de siempre, y es que, aunque establecemos un presupuesto estimado para más o menos saber cuánto nos vamos a gastar, lo cierto es que siempre transcurre natural y no acabamos derrochando. Tiene que ver con la educación y hábitos adquiridos.

Así pues: 268.26€ de Bombay + 93.45€ de Mahé + 123.32€ de París = 485.03€. Que sumado a los vuelos (485.03€ + 273.76€) nos dan el total de 758.79€.

No nos salió nada mal la aventura.

Día 7 III Parte. Rumbo a París

Comenzamos 2018, pero aún queda mucha tela que cortar de 2017. Nos habíamos quedado en el aeropuerto de Mahé. Volvíamos a Europa. El vuelo a París no fue tan cómodo como la ida, ya que esta vez no contábamos con asientos en la primera fila. Eso sí, nos volvieron a repartir un nuevo kit con calcetines, antifaz, pasta y cepillo de dientes y tapones. Y teníamos mantita y almohada, así que, como había cansancio, conseguimos dormir algo. Las películas seguían siendo las mismas de la vez anterior, por lo que cuando no estaba echando alguna cabezada, estaba leyendo. O comiendo, ya que al poco de despegar nos sirvieron la cena.

Tuve la sensación de que Air Seychelles no tiene mucha variedad de menú. Aunque pensándolo más a fondo, en realidad la comida de avión (versión turista, claro) es siempre la misma: pollo, pescado o pasta. Así que la versión vegetariana, menos complicación aún.

Cena

Esta vez la ensalada era de garbanzos, que estaba bastante rica y bien aliñada. El plato principal constaba de arroz, espinacas, una especie de estofado de patatas y algo que no sé muy bien qué era. Quizá como una especie de pisto. Aunque estaba bastante condimentada, no estaba tan picante como la comida India, por lo que pude comer sin sufrir. De postre, fruta, en concreto una macedonia de melón, piña y sandía.

Para el desayuno más fruta (la misma, de hecho).

Desayuno

Desde luego es mejor opción que el croasán típico con mantequilla y yogur, y más después de días sin comer mucha fruta, que es de lo primero que echo de menos en los viajes. Sin embargo, ese desayuno se queda escaso, sobre todo porque además la sandía, piña y melón prácticamente son todo agua. Así que para la hidratación muy bien, pero para saciar, falta algo más.

Tras el desembarque pasamos por inmigración, aunque siendo ciudadanos europeos fue mucho más rápido que en la India o Seychelles, ya que no había que rellenar documento alguno ni hacerse fotos o toma de huellas dactilares. Tan solo pasar por la garita donde se encuentran los gendarmes. También estaba la opción automática escaneando el pasaporte digital, pero parece que solo funcionaba para los franceses.

Tras el control, nos dirigimos a la salida, ya que en el aeropuerto de Mahé, al contrario que en el de Bombay, no nos pusieron pegas con las maletas, así que no había que pasar por cinta.

Ya en la terminal buscamos las indicaciones del RER, que era el transporte que íbamos a tomar para ir a la ciudad, y porque en el vestíbulo es donde encontraríamos la oficina para sacarnos la tarjeta Navigo.

Oficina Transporte

Había leído en algún foro y blog que había gente que tuvo problema con la expedición de la tarjeta, ya que les ponían pegas por no ser franceses arguyendo que era solo para locales. Yo le enseñé al señor un pantallazo de la web y le dije que quería cuatro tarjetas de ese tipo. Y en un momento nos las tramitó. Pegó las fotos, rellenamos nuestro nombre y apellidos, pagamos y listo. Además, como era tan pronto, la oficina estaba vacía, por lo que fue casi entrar y salir.

Con nuestras tarjetas ya activadas buscamos el andén donde tomaríamos el tren hasta la Gare du Nord. Y es que, dado que no tendríamos las llaves del apartamento hasta las 2 de la tarde, habíamos planificado ver Montmartre mientras tanto. Pero para ir más ligeros, consideramos la opción de dejar los bultos en unas taquillas de la estación. No había que desviarse mucho y nos facilitaría el paseo.

Nos costó encontrarlas, porque nosotros llegamos en cercanías, una zona que parece un centro comercial (de hecho aprovechamos para comprarnos un café y un bollo). Sin embargo, las taquillas se encuentran en el piso inferior a la salida de los de largo recorrido.

Había casilleros de tres tamaños con tres precios diferentes, creo recordar que 5€, 7€ y 9€ por 24 horas. Como íbamos a dejar 5 bultos (dos maletas de mano y tres mochilas) elegimos una grande. Y más ligeros de peso volvimos al cercanías dirección Montmartre a comenzar nuestra visita a París.

Conclusiones sobre nuestra breve visita a las Seychelles

A 1.600 kilómetros de la costa de África, estas 115 prístinas islas en medio del Océano Índico que conforman el Archipiélago de las Seychelles son un auténtico recreo para la vista, un santuario de la naturaleza que esconde multitud de tesoros. Este aislamiento en que se encuentran las Seychelles ha favorecido la preservación de una diversidad ecológica única manteniendo a salvo la más exótica flora y fauna. El resultado es una naturaleza pura, auténtica, sin contaminar.

Apenas hemos pasado 24 horas (útiles) en la isla de Mahé, pero podemos decir que Seychelles es mucho más que un destino turístico de resort en el que no hay más que hacer que descansar en sus preciosas playas de aguas cristalinas con sol todo el año. Sí, es un lugar aislado, tranquilo que no tiene nada que ver con el frenético ritmo que podamos tener por ejemplo en Madrid; pero también es un lugar ideal para los amantes del verde y de los deportes acuáticos.

Playa Seychelles

Parque Nacional Morne Seychellois

Playa Seychelles

La isla de Mahé, descubierta en 1742, y bautizada como “La Isla de la Abundancia” es un paraíso verde y salvaje. En el norte se concentra la mayoría de población y del turismo, pero también es donde encontramos el Parque Natural Morne Seychellois.

Parque Nacional Morne Seychellois

Victoria, su capital, es una pequeña barriada que se recorre cómodamente a pie. Son visitas obligadas el mercado y sus calles aledañas. Es lo que más nos va a acercar a conocer el crisol de culturas Seychellois.

Monumento al Bicentenario

Victoria muestra una gran diversidad que se ve reflejada paseando por sus calles. Encontramos muy próximas una catedral católica, una anglicana, una iglesia adventista del séptimo día, una mezquita y hasta un templo hindú.

Saint Paul's Cathedral

Arul Mihu Navasakthi Vinayagar

La costa este de Mahé forma la espina dorsal de la isla. En el centro se encuentra el aeropuerto, y frente a Victoria, encontramos el Parque Marino de Sainte Anne, que consta de seis islitas. Se pueden realizar excursiones para ver los arrecifes de coral, tortugas o practicar snorkel. Los mejores meses para el buceo son los que transcurren entre marzo y junio, aunque se puede realizar durante todo el año. El paisaje subacuático es rico, con más de 800 especies diferentes.

Para recorrer Mahé nosotros alquilamos un coche y nos ha permitido una gran movilidad que de otra forma no habríamos tenido en tan poco tiempo. Hay muchas compañías de alquiler, desde las multinacionales a las locales. Nosotros contratamos con Alpha, una local, y la verdad es que con buen resultado. No todas están en el aeropuerto, pero ofrecen la posibilidad de llevarte el coche a la terminal o a tu alojamiento. Casi todas ofertan el mismo tipo de coches, los más comunes son los Hyundai i10 y los Kia Picanto, que se adaptan a las condiciones de las carreteras de la isla.

Coche Alquiler

Y es que solo hay un corto tramo de autopista, que es el que va del aeropuerto hasta Victoria. El resto son carreteras estrechas. Muchas veces esta estrechez viene condicionada por falta de espacio, ya que a un lado está el mar y al otro la montaña, por lo que se ha hecho lo que se ha podido. Pero también es verdad que dada la población del país y el parque automovilístico no necesitan más, así que para qué cargarse el precioso entorno. Generalmente caben dos coches, pero cuando no, viene a ser el mismo caso que nos encontramos en Escocia. Cuando se cruza un vehículo por cada sentido, uno se aparta y listo. Aunque hemos observado que en muchas ocasiones se aproximan a la línea central para así marcar su territorio y evitar invasión de carril del que viene de frente. De esta forma evitan tenerse que pegar a la izquierda para ganar espacio.

Lluvia ciudad

Y es que no hay apartaderos o arcén para ello (ay, aquellos passing places), así que hay que buscarse las mañas. Es más, en algunos lugares hay unas zanjas en los lados de la calzada para canalizar el agua de las lluvias, así que hay que tener mucho cuidado con no acabar con la rueda metida. Esta falta de arcenes también influye cuando los locales paran en cualquier lugar y sin previo aviso, para que suban o bajen pasajeros. Sobre todo ocurre con las pick-ups. O cuando te encuentras con peatones andando por el borde de la calzada. Y es que como no hay núcleos urbanos como tal y las casas quedan desperdigadas por la isla, pues no les queda otro remedio que andar por donde pueden desde la parada del bus hasta sus domicilios. Incluso ocurre de noche, sin prendas reflectantes, ni linternas, ni nada. Y las carreteras no están muy iluminadas que digamos.

Volviendo a las conexiones, se puede recorrer la costa de Mahé prácticamente en su totalidad y llegar a la mayoría de las playas. Para acortar se puede cruzar la parte norte lateralmente de una costa a otra, pero estas carreteras atraviesan la montaña, así pues nos encontramos con curvas (algunas muy pronunciadas), subidas y bajadas. Puede verse como un inconveniente por la precaución en la conducción; o como una ventaja, ya que atraviesas túneles de vegetación y el recorrido es impresionante.

Carretera interior

Hay pocos tramos en los que esté permitido adelantar. Aunque al Seychellois no parece molestarle la línea continua cuando tiene algún vehículo lento delante.

Por todo ello es por lo que los límites de velocidad no son altos. Perfecto para los que estamos acostumbrados a la circulación por la derecha.

El mejor consejo es lógica pura: prudencia, tomárselo con calma y observar el entorno. Ritmo local. ¡Que además, estamos de vacaciones! Hay que disfrutar.

Al aparcar hay que tener dos precauciones. Por un lado en ciudad, es decir, en Victoria, los aparcamientos son de pago. Hay que comprar los tickets en correos o algunas tiendas y ponerlos en el salpicadero. No van por horas o minutos, sino por media jornada o completa. Y por otro, ojo con dejar el coche a la sombra bajo un cocotero. Te arriesgas a que un coco le caiga encima causando abolladuras o roturas de parabrisas. Una caída desde 30 metros de altura puede causar daños al vehículo. Bueno, también es aplicable para humanos.

Cocotero

Otro punto a tener en cuenta es que las gasolineras suelen cerrar al anochecer (las pocas que hay en la isla). Si has de devolver el tanque lleno en la oficina de alquiler, mejor no apurar.

Pero si no quieres alquilar coche, puedes recurrir al transporte local. Con los autobuses de la SPTC (Seychelles Public Transport Corporation) se puede llegar sin problema a las playas de la Costa Este, porque están al lado de la carretera, aunque para el Suroeste es algo más complicado.

Funcionan de 5:30 a 19:00 de la tarde entre semana y con una frecuencia de 20-30 minutos. Eso sí, dado que la mayoría de la población no tiene coche, es recomendable evitar las horas puntas de entrada y salida de los colegios/trabajos. Las paradas más importantes tienen marquesina, pero en la mayoría de los casos están simplemente pintadas en el suelo.

En Seychelles los horarios son tempraneros. Se desayuna sobre las 7 de la mañana (nosotros en el avión), se come sobre las 12:30-13:30 y se cena al anochecer, sobre las 7:30, siendo la comida fuerte del día.

Entre las comidas locales encontramos sobre todo pescado, arroz y especias.

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Y entre la fruta mil variedades de lo más exótico, desde papaya, mango, fruta de la pasión hasta los típicos cocos (para comer o beber) o minibananas propias del lugar.

Slewyn-Clarke Market

Las famosas bebidas locales son el bacca, hecho de ron de caña y piña; el calou, que es un licor de palma; y la piree, que tiene algo menos de alcohol. Sin embargo, el más conocido es el Coco d´Amour, una bebida a base de leche de coco.

Paseo marítimo Beau Vallon

Existe la opción de comer en un bar/restaurante en la costa, en algún local de la ciudad, o comprar en take-aways y llevarte la comida a un lugar donde saborearla tranquilamente. Por ejemplo, a una de las fantásticas y tranquilas playas.

Mahé tiene unas 65, denominadas Anses. En total habremos visitado como unas 20. Por supuesto no nos hemos bañado en todas, algunas fueron breves paradas, otras apenas podíamos acceder por las mareas. Y es que es algo que hay que tener en cuenta de lo que queramos hacer. No es lo mismo ir a sentarse en la arena a observar, que bañarse, que hacer snorkel. Si hay pleamar, en muchos casos apenas existe la playa como tal; y, en otros, la bajamar es tal, que tienes un gran paseo hasta el agua y más allá para que llegue a cubrirte.

Playa Seychelles

Playa Seychelles

Playa Seychelles

Playa Seychelles

También es importante informarse sobre los vientos dominantes, ya que nos darán una idea del estado de las aguas. Si estarán tranquilas y cristalinas; o, por el contrario, revueltas y con grandes olas. Si lo que buscamos es esto último para hacer surf, es recomendable buscar las playas del Oeste. Por supuesto, para disfrutar de un buen atardecer, también habrá que buscar la costa occidental. Y más concretamente las del suroeste. Lo único que también es la zona más desconectada y volver desde allí a la ciudad (o al aeropuerto en nuestro caso) lleva su tiempo por carreteras estrechas y oscuras.

Atardecer

Las Seychelles son un lugar paradisíaco donde se encuentra tranquilidad y sencillez. Donde se puede disfrutar de un ritmo reposado, dar paseos por las finas y blancas playas dejando que la arena masajee nuestros pies descalzos mientras bebemos agua de coco o saboreamos una dulce fruta tropical. A nuestro alrededor tendremos las aguas cristalinas bañadas por un sol brillante que contrastarán con las formaciones rocosas y los arrecifes de coral.

Arena

Arena compacta

Baie Lazare

También podemos ser más activos y realizar una caminata por algún sendero, subir hasta un mirador o bucear en busca de una valiosa vida marina. Tenemos un gran abanico de posibilidades en cuanto al ocio se refiere.

Mirador

Parque Nacional Morne Seychellois

Pero si hay algo que no nos podemos perder es un épico atardecer que nos muestra una paleta de colores inimaginable.

Atardecer

¡Orevwar, Seychelles!

Día 7 II Parte. Seychelles. Mahé: Costa Noroeste y Parque Nacional Morne Seychellois

Tras recoger las maletas y vestirnos algo más acorde al clima de las Seychelles, fuimos en busca de nuestro coche de alquiler. Esta vez no nos esperaban con un cartel con mi nombre, ya nos conocía el chico de nuestra anterior escala. Completamos de nuevo la documentación, pagamos y nos entregó el coche, que estaba rotulado con el nombre de otra empresa.

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El día estaba gris y se agradecía que la temperatura fuera inferior a la de una semana antes. Aún así, como amenazaba tormenta, rápidamente nos pusimos en marcha para intentar aprovechar al máximo. Nos quedaba la costa Noroeste de la isla, y, como teníamos tiempo, tomamos la carretera de la costa dirección sur, por si nos apetecía parar de camino en algún claro que se nos hubiera escapado la vez anterior.

Continuamos más allá que la vez anterior y a medida que íbamos subiendo por la costa noroeste el paisaje cambiaba. Todo era más verde (aún), y eso es señal de que nos aproximábamos al Parque Nacional Morne Seychellois.

Parque Nacional Morne Seychellois

Parque Nacional Morne Seychellois

Parque Nacional Morne Seychellois

Este parque ocupa el 20% de la isla (unos 30 Km²) y fue declarado Parque Nacional en 1979. En él se encuentran todas las plantas y aves endémicas de Mahé, así como la mayoría de los reptiles. También destaca el pico más alto del país, el Morne Seychellois de 905 metros.

Se pueden hacer caminatas por el parque, ya que cuenta con una red de senderos de más de 15 kilómetros. Una pena que amenazara lluvia, ya que el ambiente era excepcional con una naturaleza tan verde y espesa. Parecía mentira que tuviéramos las playas paradisíacas tan cerca y a la vez esta selva. Pero si se tiene la oportunidad, no todo son playas en Seychelles, se pueden hacer rutas de distintas exigencias y duración, algunas de medio día, otras de una jornada entera.

Tomando la carretera Sans Soucis llegamos a las ruinas de The Mission/Mission Lodge.

The Mission/Mission Lodge

Venn’s Town, también conocido como Mission, era un asentamiento donde el Reverendo William Chancellor fundó en 1875 un orfanato para los hijos de los esclavos liberados por la Armada Británica. Los estudios consistían en la lectura de la Biblia y cantos de los salmos. También se enseñaba a los escolares el trabajo de la madera y del tratamiento del té y café. A la edad de 16 años podían abandonar la institución.

The Mission acomodaba hasta a 50 chavales. El recinto principal consistía en una cabaña grande y espaciosa con dos dormitorios, algunos almacenes, cocinas, baños y una docena de chozas para los trabajadores que labraban los 50 acres de tierra.

The Mission cerró oficialmente en 1889 cuando los alumnos comenzaron a estudiar en los nuevos colegios de Victoria.

En la misma carretera encontramos también el Morne Blanc View Point, desde donde se puede disfrutar de unas buenas vistas de la bahía de Mahé, de las montañas y del parque. Y de las nubes que nos acompañaban.

Morne Blanc View Point

Morne Blanc View Point

Morne Blanc View Point

De vuelta paramos en Tea Factory, la plantación y fábrica de té.

Tea Factory

Tea Factory

En esta ella se elabora té de citronela, naranja, menta y vainilla. Es una manera interesante de conocer el legado del colonialismo británico del siglo XIX y el proceso del té. Nos acerca a la historia y cultura de las Seychelles. Pasamos al pequeño museo, que tiene expuestos diferentes logos, cajas y juegos de té.

Tea Factory

Tea Factory

Tea Factory

Más allá, adentrándonos en pasillos pudimos ver a las trabajadoras con la maquinaria cómo lo procesaban y envasaban.

Tea Factory

Tea Factory

También hay una pequeña tienda donde se pueden comprar las diferentes variedades. Por supuesto, aprovechamos para llevarnos tanto para nosotros, como para hacer algún regalo. Sobra decir que han triunfado por su sabor. Nada que ver con los tes de bolsitas que puedes comprar en el supermercado.

La lluvia era intermitente y veíamos que esta vez no íbamos a poder bañarnos, así que decidimos cruzar la isla hacia Beau Vallon y buscar allí algún sitio donde comer tranquilamente. Después de un paseo por la zona, al final acabamos de nuevo en el mismo restaurante. Habíamos comido bien, así que, ¿por qué no repetir? Eso sí, teniendo en cuenta cómo eran los platos, esta vez elegimos dos para compartir.

Comida

Por un lado, unos calamares a la romana, que venían acompañados de patatas y ensalada. Y por otro, un plato que incluía atún, gambas, mejillones, sepia y pulpo. Todo ello bañado de una salsa típica criolla y con ensalada y arroz como acompañamiento. Estaba todo riquísimo y no quedó nada en los platos.

Después de comer se puso de nuevo a llover, por lo que tomamos rumbo a Victoria a ver si por allí estaba la zona más despejada. Recorrimos de nuevo la pequeña capital, callejeando tranquilamente, pues teníamos tiempo de sobra y la temperatura era menos agobiante.

Slewyn-Clarke Market

Volvimos al Slewyn-Clarke Market, pues habíamos visto un puesto en el que vendían imanes y artesanía con cocos. Pensamos que sería un buen lugar para comprar algún detalle, pero lo cierto es que no nos terminó de convencer. Yo me llegué a plantear el comprar alguna especia o canela, que eran unas barritas bien grandes, pero después de la experiencia en el aeropuerto de Bombay, no queríamos más incidentes por llevar alguna especia que pudiera resultar sospechosa.

Tienda especias

Continuamos con nuestro paseo y al final acabamos encontrando una tiendecita que tenía ropa y también souvenirs, así que aprovechamos para hacer las últimas compras.

Puesto que aún nos quedaban unas horas para tomar el avión, volvimos a la carretera de nuevo hacia el suroeste para buscar una cala donde sentarnos un rato a disfrutar de la paz y descansar de tanto patear de los días anteriores. Acabamos en una playa sentados sobre unos troncos observando el panorama y cuando nos cansamos, volvimos al aeropuerto.

Playa Seychelles

Playa Seychelles

Esta visita había sido más relajada. En parte por el clima, en parte por haber visto ya parte de la isla en la primera escala. Aunque también influyó bastante el cansancio acumulado y el venir de una ciudad tan caótica como Bombay. Creo que el cuerpo nos demandaba otro ritmo y nos vino bien relajar un poco para recargar pilas para París.

Día 7. Rumbo a Seychelles

Amanecimos a una hora indecente, recogimos los pocos trastos que teníamos y bajamos a recepción a por nuestro taxi. Ya habíamos cerrado la cuenta del hotel la noche anterior, por lo que carretera y manta.

El trayecto hasta el aeropuerto fue corto, yo creo que tardamos menos que el día que llegamos. Y allí estábamos, a una hora intempestiva frente a un modernísimo aeropuerto en el que hay que pasar un control antes de entrar siquiera al vestíbulo donde se encuentran los mostradores. Y ya empezamos el día con mal pie.

Aeropuerto

Llegamos a la puerta y el militar/policía/señor de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Indio nos pidió nuestro billete de avión. Algo que no teníamos porque Air Seychelles no emite billetes electrónicos. Bueno, pues sin tarjeta de embarque no nos dejaba entrar en el aeropuerto en sí. Yo, que soy una maniática del orden y del control, siempre llevo los documentos de un viaje en formato papel y digital, además de tenerlo en la nube (google drive) y en el correo electrónico. Así que en medio de la estupefacción busqué entre mis papeles y le enseñé el itinerario del viaje que Air Seychelles me había mandado al correo cuando hicimos la reserva.

Después de poner caras, gesticulaciones indias, hablar con el compañero repantigado en una silla, nos miró y nos dijo que podíamos pasar, pero solo nosotros dos; mi hermano y su novia como tenían sus documentos en el correo y no tenían conexión a internet (la WiFi del aeropuerto solo funcionaba con SMS a un número de teléfono indio), no podían pasar. Además, el señor no atendía a ningún planteamiento u opción. Ni mirar el correo en otro dispositivo con conexión, ni acompañarles al mostrador de Air Seychelles, que estaba justo frente a la puerta de acceso. De hecho se quedó allí plantado y ni nos hablaba. Simplemente nos miraba altivamente de vez en cuando.

En ese momento te pueden los nervios y la indignación. Afortunadamente, dado que nosotros dos sí que podíamos pasar, cogimos sus pasaportes y nos dirigimos al mostrador. Allí le conté al azafato de Air Seychelles nuestro problema y en un momento me sacó su itinerario de viaje. Así que volvimos con ellos para que se lo enseñaran al “amable” portero, quien finalmente les permitió la entrada.

Lección aprendida: mejor lleva siempre tus documentos en varios formatos.

Pero la cosa no quedó ahí. Mientras que el azafato que me había dado los itinerarios había sido correcto, por contra el de facturación fue un tanto borde. Nos preguntó que cuántos bultos llevábamos para facturar y al decirle que ninguno, que era todo de mano, nos miró y remiró. Los que llevábamos bolso y mochila le parecimos aptos, pero quienes llevaban mochila y maleta de mano, no. Así que les pidió que las pesaran puesto que el máximo permitido eran 7Kg. Como se pasaban, tuvieron que facturar las maletas.

Air Seychelles

Sorprendidos dijimos “Uy, pues si vinimos tal cual en el vuelo de ida y no tuvimos problema” y su respuesta fue un cortante “Bueno, pues ahora lo tenéis”. Que sí, es la norma de la aerolínea y teníamos una maleta de 23Kg permitida con el billete, así que no había afán recaudatorio, pero nos sorprendió la diferencia de criterio en la ida y la vuelta. Aparte de que probablemente los de bolso y mochila llevábamos fácilmente el mismo peso. En fin, no era muy grave, pues en Mahé tampoco nos iba a retrasar mucho esperar en la cinta a la recogida, pero íbamos con los nervios a flor de piel de la tensión en la puerta y nos caldeó un poquito más el ánimo porque además tuvieron que reorganizar equipaje.

Lección aprendida 2: la combinación bolso (incluso grande) + maleta canta que menos que mochila + maleta.

En fin, con las maletas facturadas y nuestras tarjetas de embarque en mano, nos dirigimos al control de seguridad. Un control que está segregado por sexo y en el que además de escanear tus pertenencias, has de pasar por un reservado con cortinilla a que una policía te cachee y te pase un detector de metales. Y mientras esperas tienes que estar pendiente de que no se te cuelen, porque la fila en la India es otro concepto. Como dejes la distancia de seguridad y no te pegues al de delante, ya se te han colado. Después del control teníamos que darle el pasaporte a otro policía que estaba con un libro de actas donde anotaba los datos de los pasajeros y por fin éramos libres.

Bueno, eso nosotras, porque ellos tenían que esperar el triple, ya que había muchos más hombres que mujeres. Así que nos tocó esperarles. Y cuando parece que pasan el arco y van a recoger sus pertenencias, les retienen. ¿Qué más podría pasar? Pues que hay aeropuertos (todos los que habíamos frecuentado hasta la fecha) en los que te dejan pasar con un mechero, en Bombay parece que no. Y menos con tres. Y que una máquina para la apnea es un aparato electrónico con un amasijo de cables y una mascarilla y en un escáner parece llamar la atención si no la has visto nunca.

Lección aprendida 3: evita llevar mecheros.

Por fin juntos los cuatro y ya habiendo pasado más pruebas que Hércules, estábamos en la zona de embarque. Buscamos nuestra puerta y nos sentamos a esperar, que aún nos faltaba una hora para el despegue.

Aeropuerto

El vuelo fue tranquilo, nos dieron de cenar y nos echamos una siesta. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos de nuevo en Mahé bajando la escalerilla del avión.

Air Seychelles

Una vez en la terminal fue un poco caótico, puesto que no nos habían repartido la hoja de inmigración durante el vuelo.

Documentación Inmigración

Se les debía haber olvidado incluirlas en el avión, porque hubo una chica alemana que las pidió antes de bajar y la tripulación avisó de que los que necesitásemos el documento esperáramos un momento sentados. Sin embargo, a los cinco minutos nos dijeron que nos las darían en tierra. Y así fue, al desembarcar había personal de tierra repartiéndolas y tuvimos que rellenarlas en un pequeño hall que hay antes de los mostradores. Pero se aproximaba otro vuelo y comenzaron a meternos prisa para que no nos juntásemos los pasajeros de dos aviones. Por suerte el proceso en inmigración fue ágil y ya con nuestro sello en el pasaporte salimos a por las maletas facturadas.

De nuevo en Seychelles y amenazaba tormenta. ¿Mejoraría el día? Porque no habíamos empezado con muy buen pie en Bombay.

Día 2 IV Parte. Rumbo a Bombay

Llegó la hora de embarcar de nuevo y hubo un momento de confusión puesto que las pantallas mostraban dos vuelos para la misma puerta. Uno para París y otro para Bombay. La gente empezó a amontonarse, que parece que lo de hacer cola no se lleva mucho por allí, y cuando el personal de tierra tuvo que decir a un par que no era la puerta de embarque para París, la gente se puso algo nerviosa. Su vuelo iba retrasado.

Nosotros afortunadamente salimos en hora. Nos esperaba un vuelo de algo más de cuatro horas. La configuración del avión esta vez era de dos filas de 3. Más o menos el espacio estándar, pero contábamos con enchufes bajo el asiento y con pantalla con seguimiento del trayecto.

Vuelo SEZ a BOM

Vuelo SEZ a BOM

Parece que pertenecía a la flota de Ethiad, al menos el programa multimedia que incluía el menú en árabe y el Corán en formato audiolibro. Que llevara el logotipo de Ethiad también ayuda a confirmar mis sospechas.

Al igual que en el vuelo anterior, hice caso omiso del contenido audiovisual, nada que me llamara la atención especialmente. Esperé a la cena y después intenté echarme una siesta. Esta vez la cena vegetariana consistió en una ensalada de verduras, un guiso también de verduras con arroz, espinacas y una especie de puré. Como postre, una macedonia de frutas.

Cena vuelo SEZ a BOM

No tenía mala pinta y había hambre, así que comencé a comer. Estaba rico, pero después de varios bocados, aquello empezó a picar y me tuve que conformar con la ensalada, el arroz y las espinacas.

Y por fin llegamos a Bombay, aún de madrugada. Aunque todavía teníamos que pasar por inmigración, sacar dinero y encontrar al chófer del hotel que nos iba a recoger. Fue el desembarque más rápido que había visto en mi vida. La mayoría del pasaje era indio y en menos que canta un gallo ya se habían levantado y circulaban por el pasillo. Nosotros aún estábamos medio dormidos.

Un poco antes de llegar a los mostradores de inmigración había una especie de vestíbulo donde los extranjeros teníamos que rellenar unas tarjetas. En realidad es un mini visado con algunos datos personales, vuelo de entrada, alojamiento… Así que paramos a rellenarlo y nos dirigimos al control. Acostumbrados a Europa donde los pasajeros nacionales o de UE tenemos una salida rápida y no UE tienen que esperar largas colas, pensábamos que aquí iba a ser igual. Pero no, nada más lejos de la realidad. Y es que Bombay tiene unos veinte millones de habitantes. Así que, mientras que en la zona de nacionales había colas y colas, nosotros solo tuvimos dos personas por delante.

Entregamos la hoja que acabábamos de rellenar, el pasaporte y la Visa que nos sacamos en casa. Tras la comprobación tuvimos que mirar a cámara, facilitar huellas y responder a las típicas preguntas. Que si vienes de turismo, que si la primera vez, bla bla bla. Sello y puede usted pasar.

Aeropuerto Bombay

Como no teníamos equipaje que recoger, fuimos directamente a la salida a buscar un cajero, sin embargo, no parecía funcionar, o no aceptaba al menos mi tarjeta. Ya que nos estaba esperando el chófer del hotel, decidimos sacar dinero directamente en la ciudad cuando saliéramos a pasear. Y nos fuimos en busca del señor que nos estaba esperando cartel en mano. Lo primero que notamos al salir al exterior fue humo y ruido de motores. Y es que en la planta inferior, en la zona de aparcamiento, había numerosos taxis tipo tuc tuc en marcha. En aquel momento el primer pensamiento que tuve fue que moriríamos de inhalación de humos antes que de un mosquito o de una diarrea.

Montamos en el coche y en la hora que dura el recorrido al hotel fuimos descubriendo pinceladas de un Bombay que despertaba, aunque parecía ser una ciudad que nunca duerme. Había mucho trasiego para ser las 5 de la mañana. No solo de tráfico, sino de personas.

Finalmente, unas 48 horas más tarde desde que saliéramos de casa, llegamos a nuestro destino final. En el hotel nos recibieron con un refrigerio que nos bebimos mientras hacíamos el ckeck-in. Como eran más de las 6 de la mañana y el desayuno comenzaba a las 7, subimos a desempacar y darnos una ducha, que ya nos hacía falta.

La habitación tenía un buen tamaño, aunque se echaba en falta algo más de armario. No es que nosotros lleváramos mucha ropa, pero por lo menos para poder guardar las mochilas y que no estuvieran en medio.

Habitación

Habitación

Eso sí, contaba con aire acondicionado, lo cual era necesario. Y no solo por el calor, que también, pero sobre todo porque una de las recomendaciones sanitarias es que evites dormir con ventanas abiertas pues pueden entrar mosquitos. No obstante, se echa de menos el ventilar de vez en cuando. Pero claro, como el aire exterior muy limpio tampoco era… Y eso por no hablar del ruido.

El baño estaba bastante bien, aunque se notaba la falta de refrigeración, por lo que había que dejar la puerta abierta para que fluyera el aire frío.

Baño

Baño

Me pareció curioso que hubiera una manguera junto al inodoro, pero luego lo vimos más veces a lo largo del viaje. Y es que es una forma de ahorrar en papel. No solo por un tema económico, sino también ambiental. Imagino que también influye el sistema de desagüe del país. De esta forma se evitan atrancos. Al final es la versión económica del chorro de los inodoros japoneses.

En general las habitaciones parecían bastante modernas. Incluso en algún aspecto demasiado, como en el caso de la iluminación. Para encender o apagar las luces había que tocar mil botones hasta acertar.

Mandos

Algo más aseados, bajamos a desayunar. En la sala estaba dispuesta una zona buffet con salchichas, cereales, tés, cafés, bollería, zumos y fruta. No había mucha variedad, pero lo justo para poder ir alternando cada día.

Buffet

Además, en un pequeño apartado había comida india caliente y dos puestos en los que te hacían crepes, gofres y tortillas al momento a elección (francesa sin más, o rellena de verduras). También se podían pedir tostadas.

Comida Caliente

Desayuno

En definitiva, había opciones. Bien versión más continental, bien la local. Yo probé la india, pero como mi tolerancia al picante es más bien nula, me quedé con las ganas de probar más. Había unas patatas cortadas en cuadraditos sazonadas con diversas especies que estaban muy ricas, pero tras el primer bocado no pude seguir. Una pena.

Con el estómago lleno, volvimos a nuestras habitaciones con intención de dormir unas 4-5 horas y así poder aprovechar la tarde.