Aproximación a las Seychelles

Situado en el Océano Índico, entre África, La India y Madagascar, el archipiélago de las Seychelles abarca una superficie de 453 km². Cuenta con 115 islas, sin embargo solo unas 30 están habitadas. Y aún así, el 90% de su población se concentra en Mahé, la isla principal. Las otras dos islas que más servicios concentran son Praslin y La Digue.

El origen de las Seychelles no parece estar muy claro. Los geólogos no se ponen de acuerdo. Hay una vertiente que defiende que son la secuela de la separación de África y la India; y otra que considera que eran parte de un continente ya extinto. En cualquier caso, el resultado es una combinación única: islas de granito junto a otras de origen coralino.

Las islas graníticas, llamadas islas interiores, se agrupan en torno a Mahé, Praslin y La Digue. Destacan por su terreno abrupto con bosques frondosos y playas vírgenes.

Por otro lado, las coralinas, también conocidas como islas exteriores, son llanas y en ellas abundan playas de arena blanca y estructuras de coral, entre las que se encuentra Aldabra, el mayor atolón coralino del mundo donde habitan unos 150.000 ejemplares de tortugas gigantes. Estas islas permanecen casi inexploradas, como paraísos en miniatura.

Hasta el siglo IX las Seychelles pasaron desapercibidas para los humanos. Sus únicos habitantes eran las tortugas, los cocos de mar y los pájaros. Tan solo recibían visitas puntuales piratas o navegantes árabes medievales cuando paraban para avituallarse. Los portugueses también pasaron por sus costas de camino a la India, pero al no encontrar metales preciosos, perlas o marfil, no fundaron ningún asentamiento.

No fue hasta el siglo XVII que los franceses e ingleses comenzaron a interesarse por las Seychelles. Al contrario que los lusos, vieron que podían sacar rendimiento de la abundante pesca. Y así fue como pasaron a ser colonia francesa y fueron bautizadas con el nombre por el que las conocemos. Sin embargo, a finales de siglo quedaron bajo la influencia de los ingleses, y así siguieron hasta su independencia en 1976. Hoy en día son república independiente en la Commonwealth.

La población de las islas es el resultado del mestizaje entre africanos, europeos e indios. Incluso una pequeña parte de chinos. La religión más practicada es el cristianismo (aproximadamente el 95%), pero se pueden encontrar anglicanos, hinduistas y musulmanes como resultado de esa mezcla de orígenes.

Asimismo, hay mezcolanza en el idioma, ya que las Seychelles cuentan con tres lenguas oficiales: el inglés, el francés y el creóle. Esta última lengua es una evolución del francés de los primeros colonos con influencias de África y Madagascar. Es decir, ha ido creciendo con sus gentes. Comparte con su idioma original muchas estructuras gramaticales y vocabulario. Sin embargo, tiene una ortografía propia. Viene a ser una transcripción fonética de la pronunciación del francés. Durante muchos años el creóle se consideró un dialecto que hablaba la gente inculta. Sin embargo, con la independencia se convirtió en un símbolo de la identidad de una nación.

También la cocina refleja esa fusión cultural. Toma mucho de la gastronomía francesa, aunque incorpora toques picantes. Además, añade el marisco de sus mares así como sus verduras y frutas exóticas dándole carácter propio.

El clima en las Seychelles es tropical y sus temperaturas oscilan entre los 24 y los 32º. Son los vientos lo que diferencia las estaciones. De diciembre a marzo los vientos del noroeste propician más calor y humedad. Sin embargo, de mayo a septiembre, la temperatura es algo más fresca y la humedad baja. En los meses de marzo, abril, mayo, octubre y noviembre, como norma general, no sopla el viento.

Estas temperaturas han favorecido que prácticamente la mitad de la escasa superficie de las islas reciba el estatus de protección como reserva natural. Además, el Atolón Aldabra y el Vallée de Mai son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.  La Isla de Cousin, una de las graníticas, está completamente protegida, incluido el coral que la rodea.

La Isla de Praslin, donde se encuentran algunas de las especies más raras del mundo, es considerada el Jardín del Edén. Le debe esta denominación al General Gordon, que argumentaba que el paraíso en la tierra debía estar allí. En parte por ser las islas oceánicas más antiguas del mundo, pero además, porque se consideraba que el coco de mar era el Árbol de la Sabiduría.

En el ya mencionado Vallée de Mai crecen de forma natural las palmeras del coco de mar, uno de los símbolos de las Seychelles ya que solo las encontramos allí (están hasta en el sello que te ponen en el pasaporte). Este fruto recibe este nombre porque durante mucho tiempo se pensaba que se trataba de un árbol submarino que arrojaba sus semillas al mar y posteriormente llegaban a las playas. Sin embargo, crece en tierra, pero durante su época de germinación puede flotar y ser arrastrado por las corrientes. No tiene nada que ver con el típico coco marrón que nos puede venir a la mente. Es de color verde y puede llegar a pesar 25 kgs. ¡Y llegar a costar 300€! Y están muy controlados. Tanto que se numeran y al comprarlo te han de entregar una acreditación para entregar en la aduana.

La palmera donde crece es un árbol de más de 200 años cuyo tronco puede alcanzar los 30 metros de altura. Tarda unos 25 años en comenzar a dar frutos, que maduran después de 7 años. Pero es que, tras caer al suelo, tarda en abrirse otro medio año. Las simientes no germinarán hasta dentro de otros 2 años. Todo un proceso.

Hay dos tipos de frutos, el masculino y el femenino, y crecen en palmeras diferentes. El famoso coco de mar tiene la forma del pubis femenino por un lado, y de nalgas por el otro, por lo que también es conocido como coco-fesse (coco-culo).

Las Seychelles albergan una fauna única ya que apenas han tenido influencia externa. Su rica biodiversidad comprende un gran número de exóticas especies de flora y fauna. En ningún otro lugar del mundo podríamos encontrar un árbol medusa (en grave peligro de extinción), el cazamoscas, la rana más diminuta del mundo, la mayor de las tortugas gigantes (también llamada elefantina por sus patas), el más grande de los peces y la única ave no voladora del Índico (el rascón de Aldabra). También poseen una de las más espectaculares colonias de aves marinas del mundo, con 13 diferentes especies y 17 subespecies; sin olvidarnos de sus increíbles fondos marinos.

Los aficionados a los deportes marítimos tienen donde elegir en las Seychelles. Ya sea para bucear, practicar snorkel o salir a navegar. Eso sí, los deportes náuticos motorizados solo pueden ser practicados en la playa de Beau Vallon en Mahé.

Aunque, como hemos visto, las islas interiores son perfectas para los amantes de los paseos por la montaña, ya que las Seychelles son un destino muy variado y con una gran extensión de bosque tropical.

Puntuales, a las 8 de la mañana del día 31 aterrizamos en el Aéroport de La Pointe Larue, en Mahé, con una diferencia horaria de +2 horas con España (3 horas en invierno). Para entrar en el país, los ciudadanos españoles no necesitamos nada especial, tan solo el pasaporte en vigor, presentar el billete de vuelta o salida a otro destino, la reserva del alojamiento y, en casos excepcionales, pueden solicitar que indiques el dinero que llevas para la estancia. Tras bajar del avión entramos en la terminal y nos dirigimos a los mostradores de inmigración. Entregamos el pasaporte y la hoja que nos habían dado en el avión y, tras comprobar nuestro billete a Bombay y la visa en regla para entrar a la India, nos concedieron un visado de 24 horas. Y como muestra, un coco de mar en nuestro pasaporte.

Una vez pasamos el mostrador, había un empleado del aeropuerto recogiendo la mitad de la hoja que nos habían dado el avión, y seguidamente salimos a la terminal. Obviamente íbamos vestidos para el clima europeo de finales de marzo, es decir, pantalones y camisetas largas, una sudadera, zapatillas, y la chaqueta en la mano. Al desembarcar lo primero que notamos fue una bofetada de humedad. Y eran las 8 de la mañana solamente. Así pues, nos dirigimos a los baños, donde nos pusimos ropa algo más veraniega.

Y una vez adaptados al clima seychellois, fuimos en busca de un cajero para sacar moneda local. En Seychelles la divisa oficial es la Rupia (SCR), sin embargo, desde el 1 de junio de 2001 hay una ley que impide a los hoteles aceptar pagos en rupias a los extranjeros. Así pues, salvo para pequeños comercios, mercados y tiendecitas, el resto se deberá pagar en Euros o Dólares. El cambio estaba aproximadamente a 1€ = 14 SCR / 1 SCR = 0.70€.

La Rupia se emite en billetes de 10, 25, 50, 100 y 500 de vivos colores y en los que aparecen aves locales; y en monedas de 1, 5, 10, 25 céntimos y 1 y 5 Rupias. Esta última lleva el famoso coco de mar.

De todas formas, no hay problema con las tarjetas de crédito. Pero, por si acaso, sacamos en un cajero algo de efectivo para los gastos de nuestras dos escalas. Nos gusta conocer siempre la moneda local.

Con las rupias en el monedero, nos hacia la oficina de alquiler a recoger nuestro coche para recorrer la isla.

Un viaje inesperado a Bombay

Comenzamos el 2017 con un viaje inesperado. Siempre se tienen en mente destinos deseados, esos que miras cada poco tiempo el precio de los vuelos para saber cuándo es la mejor época y sobre los que guardas información cada vez que ves una noticia, artículo, reportaje o post. Sin embargo, este no fue el caso del viaje que realizamos a finales de marzo-principios de abril. Para nada. Fue uno de esos viajes que te encuentran y que te lanzas más allá de la fecha o el destino.

Cuando mi hermano nos comentó en la segunda mitad del año 2016 que su chica y él habían visto una oferta de tarifa error a Bombay haciendo escala en las Islas Seychelles, en principio me dije uf, qué pereza la India. Hace calor, no soporto el picante, tengo en mente antes otros destinos… Pero fue solo un segundo, la vena viajera me pudo y pensé ¿Por qué no? Quizá sea la mejor oportunidad para ir, así sin pensarlo mucho, son cuatro días y además vamos los cuatro. Y es que muchas veces cuando quieres cuadrar para hacer un viaje en grupo, al final se acaban complicando las cosas por cuestión de agendas o presupuestos.

Ya hablé en su día de las Tarifa Error, aquellos casos en los que bien por fallo técnico o humano se publican precios muy inferiores a lo habitual. La oferta que cogimos era de Air Seychelles volando de París a Bombay con escala en Mahé por tan solo 162€ ida y vuelta. Únicamente teníamos que añadir un vuelo a París para completar la ruta y aún así seguiría siendo rentable. Pero dado que existe la remota posibilidad de que la compañía cancele el billete, esperamos un tiempo prudencial para la compra de este tramo. No obstante, comencé a investigar sobre las compañías que me ofrecían buen enlace. Salíamos de Charles de Gaulle, por lo que descarté Orly, para no tener que recorrer media ciudad antes de comenzar el viaje en sí. Por aeropuerto y horario (para llegar a tiempo del siguiente vuelo) al final la mejor opción era AirFrance. Dejé en google flights activado el seguimiento para ver cómo evolucionaban los precios y a esperar el momento adecuado para la compra.

También dejamos en el aire la búsqueda de alojamiento. Nuestro viaje comenzaría el 30 de marzo con un vuelo hasta París desde donde viajaríamos a Mahé, isla en la que estaríamos todo el día 31 haciendo escala. Por la noche tomaríamos el vuelo a Bombay, donde nos quedaríamos hasta la madrugada del día 5. Ese día haríamos el camino inverso hasta Seychelles, donde volveríamos a quedarnos hasta la noche, para salir después hacia París. Para finalizar, visitaríamos la capital gala del 6 al 8 de abril para después regresar a casa. Parece un poco lioso pero luego no es para tanto. En resumen, necesitaríamos alojamiento en Bombay del 31 de marzo al 5 de abril, y en París del 6 al 8 de abril. En Mahé estaríamos de 8 de la mañana a 9 de la noche, así que no haría falta.

Sin embargo, para Seychelles sí que había que tener en cuenta el tema del desplazamiento. Como contábamos con un tiempo limitado, nos olvidamos del resto de islas y decidimos quedarnos en Mahé, donde se encuentra el aeropuerto internacional. Para recorrerla teníamos básicamente dos opciones: coche de alquiler o autobuses de línea. Por movilidad y precio, no lo dudamos. Así pues, reservamos vehículo por 45€/día para cada una de nuestras escalas.

Moverse por Bombay es otra historia, y después de varias indagaciones llegamos a la conclusión de que había que dejarlo hasta estar allí y decidir si tomar taxis o trenes. Dos opciones a cada cual más caótica.

París sin embargo tiene una red de transporte bastante amplia. Aunque es una ciudad grande, parecía bastante accesible ya fuera por metro, RER (tren), tranvías o buses. Así pues, valoramos diferentes billetes, tarjetas y pases. El billete sencillo, salvo que hagas trayectos puntuales, no suele salir rentable. Los pases para turistas suelen estar en el extremo opuesto: abarcan entradas a mil museos, descuentos a atracciones y el transporte. Por lo que, o te mueves mucho y entras a todo, o no lo amortizas. El punto intermedio es moverte como un local. Puesto que íbamos a estar menos de 72 horas, teníamos claro que nuestra visita iba a ser prácticamente de ciudad, de exteriores, así que no necesitábamos el Paris Pass o similar. Además, este tipo de pases no incluyen el trayecto desde y al aeropuerto, que son 10€ cada vez. ¿Qué nos quedaba? La tarjeta Navigo Découverte en su versión semanal.

Esta tarjeta sin contacto cubre todas las zonas de la Isla de Francia y cuesta 22€. Se vende de lunes a jueves (incluido) y se puede utilizar de lunes a domingo. Es válida en todos los transportes, ya sea metro, RER, tranvía o autobuses. Consta de dos partes, la tarjeta en sí, y un cartón asociado a la numeración de dicha tarjeta con una foto de carnet y tu nombre. Cuesta 5€ sacársela, pero por 27€ nos merecía la pena de lejos. Teniendo en cuenta que ya solo los trayectos al aeropuerto serían 20€, de sobra la amortizaríamos en los tres días con pocas veces que tomáramos el transporte público. Así que, añadimos unas fotos en el equipaje y anotamos dónde se encontraba la oficina en el propio aeropuerto para sacárnoslas nada más llegar.

En París no íbamos a tener problema con la moneda, ya que compartimos el Euro. Sin embargo, necesitábamos echar cuentas para Mahé y Bombay. En Seychelles tienen la Rupia Seychellois con un cambio aproximado de 1€=14.50 SCR. Como íbamos a estar poco tiempo en la isla, pensamos que la mejor opción era sacar directamente allí en un cajero algo de efectivo para pagar la gasolina, la comida, y algún recuerdo. De hecho, a los extranjeros en hoteles, restaurantes o casas de alquiler de coche se les exige que paguen en Dólares, Euros o Libras. Así que uno de los gastos más altos que íbamos a tener no entraba dentro de esta retirada en efectivo.

Para la India, por otro lado, nos llegamos a plantear el llevar rupias ya desde casa, por si no nos funcionaba la tarjeta en Bombay. Sin embargo, resulta que es una divisa que no se cambia fuera del país, así que la opción que nos quedaba era bien probar en cajero, bien en casa de cambio en el aeropuerto.

Y para complicar aún más los preparativos a Bombay, a principios de año fuimos al Centro de Vacunación Internacional para que nos informaran sobre las vacunas que necesitábamos según nuestro viaje. Hay que pedir cita previa por la página del Ministerio de Sanidad y en la breve consulta nos dieron una serie de recomendaciones sobre la hidratación, la protección solar y antiinsectos.

Básicamente consisten en beber agua embotellada, evitar los hielos, comer alimentos recién cocinados, protegerse contra el sol (antes y después) y contra los insectos. Por supuesto, conviene llevar toallitas o algún tipo de gel higienizador para las manos.

Además, conviene llevar medicamentos de amplio espectro como pudieran ser ibuprofeno y gelocatil; protector de estómago y por si acaso, un antidiarreico.

En cuanto a las vacunas, nos teníamos que vacunar de Hepatitis A. Bueno, en realidad no era obligatoria, tan solo recomendable, pero es una vacuna que te pones una vez (en dos pinchazos) y ya no te tienes que repetir con el paso de los años siendo válida para próximos viajes a África, Sudamérica y Asia. Así que, adelante. Otra vacuna que suele ser recurrente es la del tétanos, pero me explicó la enfermera que desde el 2009 las nuevas pautas estipulan que los adultos correctamente vacunados con 6 dosis (generalmente desde 1975) solamente tendrían que ponerse una de recuerdo al llegar a los 65 años. Tan solo se pondría antes de llegar a esa edad en casos excepcionales como por ejemplo en un grave accidente de tráfico con amasijos de hierro y heridas en carne viva.

Así pues, tan solo nos pondríamos la de la hepatitis, para lo cual hay que ir al médico de cabecera que te derivará a enfermería. Y siempre contando con que haya stock. En mi caso fue la última vacuna del centro de salud. Y menos mal que no necesitaba la del tétanos, ya que no me la habrían podido poner, puesto que había un desabastecimiento total. Hasta julio no repusieron en nuestro centro de salud. Lamentable la situación en que se encuentra la Sanidad Pública Española.

Por su parte, mi hermano y su chica, residentes en Escocia, tenían otra pauta. A ellos les pusieron dos vacunas: una combinada contra la hepatitis A y antitifoidea y una segunda antidifteria, antitetánica y antipolio. Por curiosidad se lo comenté a la enfermera y me dijo que quizá se debía a que en Reino Unido no comercializan la hepatitis y el tétanos solas. Por lo que, al considerar necesarias estas dos vacunas, tuvieron que recurrir a unas combinadas. En cualquier caso, válidas eran igualmente, pero es importante llevar el control de qué vacunas nos ponemos por si las necesitáramos más adelante y no fuera necesario una nueva dosis.

Para finalizar nos quedaba contratar el seguro y sacar el visado a la India, ya que a las Seychelles no era necesario. Vaya odisea para entrar en la India, y eso que ahora es mucho más sencillo. Hasta hace unos años había que tramitarlo con una agencia oficial, después mandar el pasaporte por mensajería a la embajada y esperar a que nos lo devolvieran con la confirmación.

Ahora se puede hacer de forma electrónica, eso sí, solo entre 4 y 120 días antes del viaje y además la de información que hay que facilitar es detallada. No solo tus datos básicos como nombre, pasaporte, fecha de nacimiento o domicilio, sino que además has de indicar tu profesión, tu puesto, la empresa, la dirección de tu lugar de trabajo, el nombre de tus padres… Incluso has de subir una foto reciente con fondo blanco en formato JPEG, de como mínimo 350×350 pixels y la página del pasaporte en la que aparece la foto y datos en formato PDF en un tamaño que no supere los 300 kb.  Finalmente hay que pagar $50 (al cambio fueron unos 48€) y esperarPor suerte en apenas 24 horas nos respondieron y pudimos respirar.

En fin, muchos trámites. Pero con tanto preparativo llegó la hora de hacer las mochilas. Y es que, dado que íbamos pocos días y la mayor parte del tiempo iba a ser a clima cálido, optamos por ropa más ligera (también vieja para deshacernos de ella) y ni siquiera facturamos. Pantalones cortos, bañador y chanclas para Seychelles; pantalones frescos y largos (para evitar mosquitos) y camisetas de manga corta para Bombay; y vaqueros, camiseta de manga larga y chaqueta para París. Bolsa de aseo con botes pequeños y electrónica. Y listos en dos mochilas, una de 25l y otra de 30.

 

Listos para viajar.