Día 2 III Parte. Seychelles. Sureste

Volvimos a Victoria para seguir recorriendo la costa hacia el sur. Sin embargo, el lugar de tomar la carretera por la que habíamos venido, atravesamos por el interior, que permite adentrarse en el otro aspecto de Mahé: la selvática.

Sorprende que en tan pocos kilómetros cuadrados podamos ver esas playas paradisíacas y una espesa selva. Pero así son las Seychelles.

Como se puede ver en el vídeo, la carretera es de doble sentido. Y no es que no tenga arcén, es que además en según qué zonas hay un buen socavón. Hay que tener cuidado con no pegarse demasiado a la izquierda, llegamos a ver incluso a una furgoneta volcada mientras recorríamos la isla. Eso sí, los dos pasajeros estaban bien y tomando una cerveza relajadamente mientras esperaban que llegaran a socorrerles.

Y es que así es el ritmo seychellois. La gente camina tranquilamente por la carretera y no se aparta ni se para cuando viene tráfico. Ya se apartarán los coches. Y ojo que no siempre hay buena visibilidad.

Como decía, volvimos hacia Victoria y desde allí continuamos la carretera de la costa. De la misma manera que habíamos hecho por la mañana, hicimos por la tarde. Fuimos parando donde veíamos un claro para asomarnos a varias playas. Incluso en algunas donde apenas había playa como tal porque la marea estaba muy alta.

Una vez pasado el aeropuerto paramos en las siguientes playas:

Pointe au Sel: Una playa bastante larga con arena muy fina y bastante compacta. A partir de esta zona ya se comienza a ver otro tipo de playas, no tiene nada que ver con el fondo coralino de las que habíamos visto por la mañana.

 

Anse Takamaka: Es una playa de arena dorada de impresionantes palmeras y árboles Takamaka que le dan nombre y proporcionan buena sombra. Hay un aparcamiento y una parada de autobús a unos 50 metros de la playa, por lo que es de fácil acceso.

No es muy profunda y, para mi gusto, una de las mejores playas de la isla.

Continuamos hacia el norte llegando hasta la mitad de la isla, pero había muchas playas inaccesibles, o al menos que parecía que solo se podía acceder a ellas si estabas alojado en alguno de los resorts, por lo que decidimos volver a Baie Lazare, donde habíamos visto un buen lugar para ver atardecer.

En esta bahía es donde atracó el buque francés del explorador Lazare Picault en 1742 a bordo de su barco Tartanne Elizabeth. De ahí su nombre. Además, la zona está llena de historia, pues es donde se encontró enterrado hace tiempo un tesoro pirata (hoy expuesto en el Museo Nacional).

Es una playa de arena blanca, reluciente y fina. Sus aguas son tranquilas y de color turquesa. A diferencia de otras en las que habíamos parado, sí que había gente bañándose. Imagino que es bastante frecuentada por los huéspedes de los hoteles de la la zona. Además, es de fácil acceso por bus y coche.

En lugar de quedarnos allí, nos movimos un poco más al sur y esperamos a ver cómo el sol desaparecía en el horizonte.

Y cuando ya se nos hizo de noche, volvimos al aeropuerto. Allí nos estaban esperando para la devolución del coche. Y tras comprobar que todo estaba correcto, nos dirigimos a la terminal. Aunque más que una terminal propia de un aeropuerto, parece de una estación de autobuses, ya que es un edificio abierto. Tan solo hay una media docena de mostradores. Detrás de ellos se encuentran los baños y los accesos a las puertas de embarque. A mano derecha de estos mostradores están las oficinas de alquiler de coches y una sala vip. Todo versión reducida, como las islas.

Teníamos el vuelo a las 21.55 y estábamos allí a eso de las 19 horas. Así que nos dio tiempo más que de sobra a pasar al baño y cambiarnos (para no ir en bañador y chanclas). Como ya llevábamos las tarjetas de embarque desde París y no íbamos a facturar, después de nuestro paso por el baño, nos dirigimos al control.

Y bueno, controlar lo que se dice controlar… ¿Cómo decirlo? NO. Normalmente cuando llegas al típico control de aeropuerto tienes que hacer un ejercicio de memoria y visualización. Memoria pues tienes que repasar dónde has colocado los líquidos y electrónica el equipaje; y visualización porque has de revisar que no lleves calzado que tape el tobillo, cinturón o monedas en los bolsillos. Bueno, pues el aeropuerto de Mahé es laxo en ese sentido. Ritmo isleño a nivel me la suda muchísimo. Pasamos las mochilas enteras por la cinta. No porque nosotros fuéramos de sobrados, sino porque al ir a abrirlas los propios empleados del control nos dijeron que no era necesario. Bueno, total, van a ver los líquidos igual por pantalla y ver que cumplen con la normativa en cuanto a medidas, pensé. Pero me da por mirar al señor que estaba delante de nosotros y antes de pasar el arco levanta una botella de agua de litro a medias y se la enseña al de seguridad que le asiente con la cabeza. Seguidamente la deja junto a la bandeja que suelen tener para que deposites monedas o llaves. Se habrá dado cuenta de que no la puede pasar y la irá a dejar ahí, pensé. Pues no. Pasó el arco, recogió su botella, y después su equipaje. Y empiezo a dudar de que el arco llegara siquiera a funcionar.

Aún alucinando, localizamos la puerta y nos sentamos en la sala a esperar el embarque.

Día 2 II Parte. Seychelles. Norte de Mahé

Para seguir nuestra visita a la isla, abandonamos Victoria y emprendimos la ruta por la costa norte. No llevábamos una planificación muy clara. Contábamos con el mapa que nos habían dado en la oficina de información  y unas notas que llevaba desde casa con las mejores playas o los miradores más interesantes. Pero luego una vez en la carretera es difícil de saber dónde te encuentras, ya que no hay poblaciones muy definidas y, aunque vas por la costa y ves el mar a tu lado, no siempre se puede aparcar el coche y bajar a la arena.

Nuestra primera parada fue una larga y solitaria playa de arena blanca que parecía harina y agua cristalina.

Sin embargo es muy rocosa y para poder adentrarse es necesario llevar calzado para no cortarse.

Yo me metí para comprobar la temperatura del agua y, como esperaba, demasiado caliente. Nada que ver con las aguas del cantábrico que te activan la circulación con meter el meñique.

Paramos en varias playitas más, cada una con un tipo de arena diferente. Las había con arena más blanca, otras más amarillentas; unas más finas tipo harina, otras más compactas… Todas ellas con aguas cristalinas  que permitían ver los pececillos en la orilla y con el fondo rocoso. Y por mucho que se tratara del norte de la isla, el agua seguía estando caliente.

A media mañana llegamos a Beau Vallon, la zona en que se localiza el turismo. En ella se veía mucha más actividad, tanto dentro como fuera del agua. Gente tomando el sol, algunos bañándose y diversas embarcaciones no muy lejos de la orilla. Con una gran extensión de arena y con los corales en el fondo, es la playa más popular de la isla. El mar estaba en calma y el agua era transparente, aunque había unas pocas algas.

Y como no era aún hora de comer y teníamos muchísimo calor, decidimos darnos un chapuzón. Y, si bien es cierto que al entrar el agua estaba caliente, una vez que cubría algo más de un metro, se notaban corrientes más frescas. Así pues, la sensación general era agradable.

Dado que, junto con Victoria, es una de las zonas más pobladas, optamos por buscar un sitio donde comer. En los alrededores de la playa abundan alojamientos de diversos estilos. Y también restaurantes. Nos dimos un paseo para ver qué nos ofrecía el pequeño paseo marítimo y vimos que uno de los restaurantes, The Boat House, tenía menú del día y platos combinados, así que allí que nos sentamos.

Elegimos una ensalada para compartir, dos platos de Red Snapper, el pescado típico de la zona color naranja que habíamos visto en el mercado, y otro plato combinado de atún. Los platos de pescado iban acompañados de arroz, guarnición de frutas y verduras a modo de ensalada y una salsa. Los platos eran abundantes y estaban muy ricos, se notaba que el pescado era fresco. El atún sabía al bonito con tomate que hace mi padre. Acabamos bien llenos, pues los platos eran de gran tamaño. No era especialmente barato, pero es que Mahé no lo era.

Después de comer dimos otro paseo por el pequeño paseo marítimo donde hay diversos puestos de frutas y zumos.

Como nos sobraba tiempo hasta la hora en que tendríamos que estar en el aeropuerto, volvimos a la carretera rumbo sur. En teoría la parte sur de la isla y la costa Oeste la teníamos pensada recorrer en nuestra segunda escala, pero parecía que nos iba a llover. Así que, dado que íbamos bien de tiempo, pensamos que era buena idea seguir viendo lo que pudiéramos por si acaso no teníamos oportunidad a la vuelta por las condiciones atmosféricas.

Día 2. Seychelles. Victoria

Mahé es la isla más grande y alta del archipiélago con sus 27 km de lago y sus 8 de ancho. En ella residen el 90% de la población total del país, y es la puerta de entrada a las Seychelles, ya que en ella se encuentra el pequeño aeropuerto internacional al que llegamos (inaugurado en 1972 por la Reina Isabel II).

Sin embargo, a pesar de esta “urbanización”, sigue habiendo naturaleza y paisajes salvajes. Mahé ofrece más de 65 playas paradisíacas, verdes bosques, el Parque Nacional Morne Seychellois con su montaña de 905 metros, plantaciones de té, selvas tropicales y una rica diversidad de flora y fauna.

Es una isla de contrastes. En el sur destacan sus playas idílicas y pueblos tradicionales. Predominan una sucesión de paradisíacas ensenadas: Anse Takamaka, Anse Corail, Anse Cachée, Anse Forbans y Anse Parnel. 

Por el contrario, el norte es más abrupto gracias a su Parque Nacional y cuenta con unas vistas panorámicas desde lo alto de varios glaciares. También es la parte más animada de Mahé gracias a que es en la zona de la Bahía de Beau Vallon donde se da la mayor concentración de población.

Victoria, la capital, a 7.810 km de Madrid, es la única ciudad como tal de todo el país. Es la capital más pequeña del mundo, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta las dimensiones del país. En 1838, el día en que se coronaba a la Reina Victoria, se decidió cambiar el nombre de la ciudad en su honor. Aunque se ha convertido en el centro cultural y económico de las Seychelles, ha conseguido conservar su encanto original con diversos ejemplos de la arquitectura tradicional de este país multicultural.

Y hacia allí que nos íbamos a dirigir. Pero primero teníamos que recoger el coche. En el mes de febrero solicité presupuestos vía correo electrónico a varias compañías de alquiler. Sin embargo, ya iba tarde. Tienen una flota límite, ya que se trata de una isla, y muchas empresas ya tenían todos reservados. Finalmente, la que mejor precio nos dio fue Alpha, que por 45€ nos incluía kilometraje ilimitado (en esa superficie, lógico), varios conductores y seguro a terceros. No redujimos franquicia porque no se quedaba a 0 sino a 700€.

Aunque la isla cuenta con un servicio de autobuses que operan de 5:30 de la mañana a 19:30 de la tarde, su frecuencia es de 20-30 minutos y para una escala tan breve no podíamos perder mucho tiempo. El taxi del aeropuerto a Victoria tiene un precio de unos 15-20€, por lo que con la ida y vuelta, casi teníamos amortizado el coche, que además, nos daba más movilidad.

La mayoría de las compañías te ofrecen un Hyundai i10 o un Kia Picanto. Coches bastante pequeños que dan para lo justo: llevar del punto A al B. Eso sí, algunas te dan a elegir entre manual o automático porque no nos olvidemos de que conducen por la izquierda. Nosotros en principio lo reservamos manual, pues en los correos que intercambiamos me dijeron que no les quedaban automáticos. Total, ya llevábamos el Road Trip por Escocia a nuestras espaldas. Sin embargo, al formalizar la documentación antes de la entrega, el chico nos comentó que finalmente era automático. El límite de velocidad es de 65 km/h (40 mph) en carretera y de 40 km/h (25 mph) en zonas residenciales, así que no hay que estresarse. La red de carreteras abarca unos 160 km, así que con calma y a disfrutar del paisaje.

Tras los pertinentes trámites y explicaciones sobre cómo funcionaba nuestro vehículo, cargamos nuestros bártulos (como pudimos, porque el maletero es bastante limitado), cruzamos a la gasolinera que hay frente al aeropuerto para echar gasolina) y tomamos la carretera rumbo a Victoria.

Aparcamos junto al puerto y comenzamos nuestro paseo por la glorieta en la que se levanta el Monumento al Bicentenario. Fue inaugurado el 4 de junio de 1979 para conmemorar el 200 aniversario de la ciudad desde que fue fundada en 1778.

Tiene un importante valor patriótico. Cada una de sus tres alas representa el origen étnico de la población de Seychelles: África, Europa y Asia. Recordemos que en las Seychelles no había aborígenes, sino que estaban deshabitadas hasta que llegaron los colonos.

Continuando por la Avenida de la Independencia nos topamos con una oficina de Información y Turismo, así que pasamos a por un mapa y a que nos indicaran puntos de interés en la isla. Un poquito más adelante, en la acera contraria se encuentra el Museo Nacional de Historia Natural, donde se puede conocer mejor la flora, fauna y geología de las islas, así como los retos a los que se enfrenta el archipiélago en materia medioambiental.

Y frente al museo, un poco escondida está la Fontaine Jubilee, un pequeño monumento en honor a la Reina Victoria. Mucha gente confunde esta pequeña estatua de 30cm con la de la virgen, incluso algunos locales se santiguan cuando pasan. Pero la inscripción lo deja claro.

Está hecha de porcelana y la fuente, que además es potable, es un símbolo histórico de las Seychelles y de su veneración a su Majestad recordando incluso hoy en día que hace tiempo fueron parte de la Monarquía Británica.

Y desde la fuente vemos otro símbolo de la admiración por el Reino Unido, el Clock Tower.

Situado en una rotonda es una copia del Big Ben en miniatura. Se colocó en 1903 por orden del gobernador de Seychelles, Sir Ernest Bickham Sweet-Escott. Este había viajado a Londres y había quedado impresionado por la torre, así que un par de años después de la muerte de la Reina Victoria, decidió honrarla con esta réplica de hierro fundido.

Se realizó en Londres y se envió en nueve partes a las Seychelles. Siete de ellas llegaron el 11 de Febrero de 1903, pero dos de ellas misteriosamente desembarcaron en las Mauricio. Afortunadamente, llegaron un mes después a Victoria y se pudo armar. Fue oficialmente colocado el 1 de abril.

Originalmente era negro, pero se pintó en color plateado en 1935 para conmemorar el aniversario del Rey Jorge V. Se mantiene como un monumento simbólico al aprecio hacia la Reina Victoria y para expresar la buena relación que tiene Seychelles con el Reino Unido.

Muy cerca se encuentra la Saint Paul’s Cathedral, Obviamente está dedicada al apóstol San Pablo, y se uguró el 14 de mayo de 1859 por el primer obispo de Mauricio. En 1910 se amplió con la construcción de una nueva torre y décadas más tarde, en 1978 con un santuario. Fue consagrada Catedral en abril de 1961.

Dado que el edificio comenzó a deteriorarse, se decidió reconstruir en su totalidad y levantar una nueva catedral en el mismo lugar con un aforo de 800 personas. El 15 de abril de 2004 se inauguró y volvió a consagrar.

La nueva iglesia simboliza la historia e importancia de la antigua y lo significativa que fue para la población. En octubre de 1862 una gran avalancha devastó Victoria y muchos habitantes se refugiaron en la iglesia. Así pues, tiene mucha importancia para la ciudad, casi como un santuario.

Tomando Revolution Avenue nos adentramos en la zona con más vida de la ciudad, y es que en las inmediaciones se encuentra el Slewyn-Clarke Market. También llamado bazar, es el mercado que sirve como centro neurálgico de la ciudad. Fue construido en 1840 y renovado en 1999, al igual que el Clock Tower. Ofrece al visitante todo tipo de productos tropicales, desde fruta y verduras, a especias, té local, recuerdos y souvenirs, pasando por pescado típico de las Seychelles.

Es interesante pasear por sus pasillos y observar los productos, muchos de ellos totalmente desconocidos para mis ojos.

Otros son conocidos, como las bananas, sandías o berenjenas, pero sorprende su tamaño, ya que eran una versión mucho más pequeña de la que estamos acostumbrados en España. Por contra, las zanahorias eran bastante hermosas.

Los precios eran bastante elevados, y las condiciones de exposición no parecían las más salubres, sobre todo cuando ves el pescado o los huevos a temperatura ambiente con el sol, el calor y la humedad.

Frente al mercado, al otro lado del aparcamiento, vemos un chocante templo hindú. El Arul Mihu Navasakthi Vinayagar, construido en 1992, es el único templo de esta confesión en las islas. Recibe su nombre en honor al dios hinduista de la prosperidad y seguridad.

Es muy colorido y además del jardín delantero, tiene de fondo la elevación rocosa de la isla.

Callejeamos por la Market Street donde había varios puestos y tiendas, y tras comprar unas botellas de agua, regresamos al coche. Este fue nuestro breve paseo por Victoria:

Aproximación a las Seychelles

Situado en el Océano Índico, entre África, La India y Madagascar, el archipiélago de las Seychelles abarca una superficie de 453 km². Cuenta con 115 islas, sin embargo solo unas 30 están habitadas. Y aún así, el 90% de su población se concentra en Mahé, la isla principal. Las otras dos islas que más servicios concentran son Praslin y La Digue.

El origen de las Seychelles no parece estar muy claro. Los geólogos no se ponen de acuerdo. Hay una vertiente que defiende que son la secuela de la separación de África y la India; y otra que considera que eran parte de un continente ya extinto. En cualquier caso, el resultado es una combinación única: islas de granito junto a otras de origen coralino.

Las islas graníticas, llamadas islas interiores, se agrupan en torno a Mahé, Praslin y La Digue. Destacan por su terreno abrupto con bosques frondosos y playas vírgenes.

Por otro lado, las coralinas, también conocidas como islas exteriores, son llanas y en ellas abundan playas de arena blanca y estructuras de coral, entre las que se encuentra Aldabra, el mayor atolón coralino del mundo donde habitan unos 150.000 ejemplares de tortugas gigantes. Estas islas permanecen casi inexploradas, como paraísos en miniatura.

Hasta el siglo IX las Seychelles pasaron desapercibidas para los humanos. Sus únicos habitantes eran las tortugas, los cocos de mar y los pájaros. Tan solo recibían visitas puntuales piratas o navegantes árabes medievales cuando paraban para avituallarse. Los portugueses también pasaron por sus costas de camino a la India, pero al no encontrar metales preciosos, perlas o marfil, no fundaron ningún asentamiento.

No fue hasta el siglo XVII que los franceses e ingleses comenzaron a interesarse por las Seychelles. Al contrario que los lusos, vieron que podían sacar rendimiento de la abundante pesca. Y así fue como pasaron a ser colonia francesa y fueron bautizadas con el nombre por el que las conocemos. Sin embargo, a finales de siglo quedaron bajo la influencia de los ingleses, y así siguieron hasta su independencia en 1976. Hoy en día son república independiente en la Commonwealth.

La población de las islas es el resultado del mestizaje entre africanos, europeos e indios. Incluso una pequeña parte de chinos. La religión más practicada es el cristianismo (aproximadamente el 95%), pero se pueden encontrar anglicanos, hinduistas y musulmanes como resultado de esa mezcla de orígenes.

Asimismo, hay mezcolanza en el idioma, ya que las Seychelles cuentan con tres lenguas oficiales: el inglés, el francés y el creóle. Esta última lengua es una evolución del francés de los primeros colonos con influencias de África y Madagascar. Es decir, ha ido creciendo con sus gentes. Comparte con su idioma original muchas estructuras gramaticales y vocabulario. Sin embargo, tiene una ortografía propia. Viene a ser una transcripción fonética de la pronunciación del francés. Durante muchos años el creóle se consideró un dialecto que hablaba la gente inculta. Sin embargo, con la independencia se convirtió en un símbolo de la identidad de una nación.

También la cocina refleja esa fusión cultural. Toma mucho de la gastronomía francesa, aunque incorpora toques picantes. Además, añade el marisco de sus mares así como sus verduras y frutas exóticas dándole carácter propio.

El clima en las Seychelles es tropical y sus temperaturas oscilan entre los 24 y los 32º. Son los vientos lo que diferencia las estaciones. De diciembre a marzo los vientos del noroeste propician más calor y humedad. Sin embargo, de mayo a septiembre, la temperatura es algo más fresca y la humedad baja. En los meses de marzo, abril, mayo, octubre y noviembre, como norma general, no sopla el viento.

Estas temperaturas han favorecido que prácticamente la mitad de la escasa superficie de las islas reciba el estatus de protección como reserva natural. Además, el Atolón Aldabra y el Vallée de Mai son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.  La Isla de Cousin, una de las graníticas, está completamente protegida, incluido el coral que la rodea.

La Isla de Praslin, donde se encuentran algunas de las especies más raras del mundo, es considerada el Jardín del Edén. Le debe esta denominación al General Gordon, que argumentaba que el paraíso en la tierra debía estar allí. En parte por ser las islas oceánicas más antiguas del mundo, pero además, porque se consideraba que el coco de mar era el Árbol de la Sabiduría.

En el ya mencionado Vallée de Mai crecen de forma natural las palmeras del coco de mar, uno de los símbolos de las Seychelles ya que solo las encontramos allí (están hasta en el sello que te ponen en el pasaporte). Este fruto recibe este nombre porque durante mucho tiempo se pensaba que se trataba de un árbol submarino que arrojaba sus semillas al mar y posteriormente llegaban a las playas. Sin embargo, crece en tierra, pero durante su época de germinación puede flotar y ser arrastrado por las corrientes. No tiene nada que ver con el típico coco marrón que nos puede venir a la mente. Es de color verde y puede llegar a pesar 25 kgs. ¡Y llegar a costar 300€! Y están muy controlados. Tanto que se numeran y al comprarlo te han de entregar una acreditación para entregar en la aduana.

La palmera donde crece es un árbol de más de 200 años cuyo tronco puede alcanzar los 30 metros de altura. Tarda unos 25 años en comenzar a dar frutos, que maduran después de 7 años. Pero es que, tras caer al suelo, tarda en abrirse otro medio año. Las simientes no germinarán hasta dentro de otros 2 años. Todo un proceso.

Hay dos tipos de frutos, el masculino y el femenino, y crecen en palmeras diferentes. El famoso coco de mar tiene la forma del pubis femenino por un lado, y de nalgas por el otro, por lo que también es conocido como coco-fesse (coco-culo).

Las Seychelles albergan una fauna única ya que apenas han tenido influencia externa. Su rica biodiversidad comprende un gran número de exóticas especies de flora y fauna. En ningún otro lugar del mundo podríamos encontrar un árbol medusa (en grave peligro de extinción), el cazamoscas, la rana más diminuta del mundo, la mayor de las tortugas gigantes (también llamada elefantina por sus patas), el más grande de los peces y la única ave no voladora del Índico (el rascón de Aldabra). También poseen una de las más espectaculares colonias de aves marinas del mundo, con 13 diferentes especies y 17 subespecies; sin olvidarnos de sus increíbles fondos marinos.

Los aficionados a los deportes marítimos tienen donde elegir en las Seychelles. Ya sea para bucear, practicar snorkel o salir a navegar. Eso sí, los deportes náuticos motorizados solo pueden ser practicados en la playa de Beau Vallon en Mahé.

Aunque, como hemos visto, las islas interiores son perfectas para los amantes de los paseos por la montaña, ya que las Seychelles son un destino muy variado y con una gran extensión de bosque tropical.

Puntuales, a las 8 de la mañana del día 31 aterrizamos en el Aéroport de La Pointe Larue, en Mahé, con una diferencia horaria de +2 horas con España (3 horas en invierno). Para entrar en el país, los ciudadanos españoles no necesitamos nada especial, tan solo el pasaporte en vigor, presentar el billete de vuelta o salida a otro destino, la reserva del alojamiento y, en casos excepcionales, pueden solicitar que indiques el dinero que llevas para la estancia. Tras bajar del avión entramos en la terminal y nos dirigimos a los mostradores de inmigración. Entregamos el pasaporte y la hoja que nos habían dado en el avión y, tras comprobar nuestro billete a Bombay y la visa en regla para entrar a la India, nos concedieron un visado de 24 horas. Y como muestra, un coco de mar en nuestro pasaporte.

Una vez pasamos el mostrador, había un empleado del aeropuerto recogiendo la mitad de la hoja que nos habían dado el avión, y seguidamente salimos a la terminal. Obviamente íbamos vestidos para el clima europeo de finales de marzo, es decir, pantalones y camisetas largas, una sudadera, zapatillas, y la chaqueta en la mano. Al desembarcar lo primero que notamos fue una bofetada de humedad. Y eran las 8 de la mañana solamente. Así pues, nos dirigimos a los baños, donde nos pusimos ropa algo más veraniega.

Y una vez adaptados al clima seychellois, fuimos en busca de un cajero para sacar moneda local. En Seychelles la divisa oficial es la Rupia (SCR), sin embargo, desde el 1 de junio de 2001 hay una ley que impide a los hoteles aceptar pagos en rupias a los extranjeros. Así pues, salvo para pequeños comercios, mercados y tiendecitas, el resto se deberá pagar en Euros o Dólares. El cambio estaba aproximadamente a 1€ = 14 SCR / 1 SCR = 0.70€.

La Rupia se emite en billetes de 10, 25, 50, 100 y 500 de vivos colores y en los que aparecen aves locales; y en monedas de 1, 5, 10, 25 céntimos y 1 y 5 Rupias. Esta última lleva el famoso coco de mar.

De todas formas, no hay problema con las tarjetas de crédito. Pero, por si acaso, sacamos en un cajero algo de efectivo para los gastos de nuestras dos escalas. Nos gusta conocer siempre la moneda local.

Con las rupias en el monedero, nos hacia la oficina de alquiler a recoger nuestro coche para recorrer la isla.

Un viaje inesperado a Bombay

Comenzamos el 2017 con un viaje inesperado. Siempre se tienen en mente destinos deseados, esos que miras cada poco tiempo el precio de los vuelos para saber cuándo es la mejor época y sobre los que guardas información cada vez que ves una noticia, artículo, reportaje o post. Sin embargo, este no fue el caso del viaje que realizamos a finales de marzo-principios de abril. Para nada. Fue uno de esos viajes que te encuentran y que te lanzas más allá de la fecha o el destino.

Cuando mi hermano nos comentó en la segunda mitad del año 2016 que su chica y él habían visto una oferta de tarifa error a Bombay haciendo escala en las Islas Seychelles, en principio me dije uf, qué pereza la India. Hace calor, no soporto el picante, tengo en mente antes otros destinos… Pero fue solo un segundo, la vena viajera me pudo y pensé ¿Por qué no? Quizá sea la mejor oportunidad para ir, así sin pensarlo mucho, son cuatro días y además vamos los cuatro. Y es que muchas veces cuando quieres cuadrar para hacer un viaje en grupo, al final se acaban complicando las cosas por cuestión de agendas o presupuestos.

Ya hablé en su día de las Tarifa Error, aquellos casos en los que bien por fallo técnico o humano se publican precios muy inferiores a lo habitual. La oferta que cogimos era de Air Seychelles volando de París a Bombay con escala en Mahé por tan solo 162€ ida y vuelta. Únicamente teníamos que añadir un vuelo a París para completar la ruta y aún así seguiría siendo rentable. Pero dado que existe la remota posibilidad de que la compañía cancele el billete, esperamos un tiempo prudencial para la compra de este tramo. No obstante, comencé a investigar sobre las compañías que me ofrecían buen enlace. Salíamos de Charles de Gaulle, por lo que descarté Orly, para no tener que recorrer media ciudad antes de comenzar el viaje en sí. Por aeropuerto y horario (para llegar a tiempo del siguiente vuelo) al final la mejor opción era AirFrance. Dejé en google flights activado el seguimiento para ver cómo evolucionaban los precios y a esperar el momento adecuado para la compra.

También dejamos en el aire la búsqueda de alojamiento. Nuestro viaje comenzaría el 30 de marzo con un vuelo hasta París desde donde viajaríamos a Mahé, isla en la que estaríamos todo el día 31 haciendo escala. Por la noche tomaríamos el vuelo a Bombay, donde nos quedaríamos hasta la madrugada del día 5. Ese día haríamos el camino inverso hasta Seychelles, donde volveríamos a quedarnos hasta la noche, para salir después hacia París. Para finalizar, visitaríamos la capital gala del 6 al 8 de abril para después regresar a casa. Parece un poco lioso pero luego no es para tanto. En resumen, necesitaríamos alojamiento en Bombay del 31 de marzo al 5 de abril, y en París del 6 al 8 de abril. En Mahé estaríamos de 8 de la mañana a 9 de la noche, así que no haría falta.

Sin embargo, para Seychelles sí que había que tener en cuenta el tema del desplazamiento. Como contábamos con un tiempo limitado, nos olvidamos del resto de islas y decidimos quedarnos en Mahé, donde se encuentra el aeropuerto internacional. Para recorrerla teníamos básicamente dos opciones: coche de alquiler o autobuses de línea. Por movilidad y precio, no lo dudamos. Así pues, reservamos vehículo por 45€/día para cada una de nuestras escalas.

Moverse por Bombay es otra historia, y después de varias indagaciones llegamos a la conclusión de que había que dejarlo hasta estar allí y decidir si tomar taxis o trenes. Dos opciones a cada cual más caótica.

París sin embargo tiene una red de transporte bastante amplia. Aunque es una ciudad grande, parecía bastante accesible ya fuera por metro, RER (tren), tranvías o buses. Así pues, valoramos diferentes billetes, tarjetas y pases. El billete sencillo, salvo que hagas trayectos puntuales, no suele salir rentable. Los pases para turistas suelen estar en el extremo opuesto: abarcan entradas a mil museos, descuentos a atracciones y el transporte. Por lo que, o te mueves mucho y entras a todo, o no lo amortizas. El punto intermedio es moverte como un local. Puesto que íbamos a estar menos de 72 horas, teníamos claro que nuestra visita iba a ser prácticamente de ciudad, de exteriores, así que no necesitábamos el Paris Pass o similar. Además, este tipo de pases no incluyen el trayecto desde y al aeropuerto, que son 10€ cada vez. ¿Qué nos quedaba? La tarjeta Navigo Découverte en su versión semanal.

Esta tarjeta sin contacto cubre todas las zonas de la Isla de Francia y cuesta 22€. Se vende de lunes a jueves (incluido) y se puede utilizar de lunes a domingo. Es válida en todos los transportes, ya sea metro, RER, tranvía o autobuses. Consta de dos partes, la tarjeta en sí, y un cartón asociado a la numeración de dicha tarjeta con una foto de carnet y tu nombre. Cuesta 5€ sacársela, pero por 27€ nos merecía la pena de lejos. Teniendo en cuenta que ya solo los trayectos al aeropuerto serían 20€, de sobra la amortizaríamos en los tres días con pocas veces que tomáramos el transporte público. Así que, añadimos unas fotos en el equipaje y anotamos dónde se encontraba la oficina en el propio aeropuerto para sacárnoslas nada más llegar.

En París no íbamos a tener problema con la moneda, ya que compartimos el Euro. Sin embargo, necesitábamos echar cuentas para Mahé y Bombay. En Seychelles tienen la Rupia Seychellois con un cambio aproximado de 1€=14.50 SCR. Como íbamos a estar poco tiempo en la isla, pensamos que la mejor opción era sacar directamente allí en un cajero algo de efectivo para pagar la gasolina, la comida, y algún recuerdo. De hecho, a los extranjeros en hoteles, restaurantes o casas de alquiler de coche se les exige que paguen en Dólares, Euros o Libras. Así que uno de los gastos más altos que íbamos a tener no entraba dentro de esta retirada en efectivo.

Para la India, por otro lado, nos llegamos a plantear el llevar rupias ya desde casa, por si no nos funcionaba la tarjeta en Bombay. Sin embargo, resulta que es una divisa que no se cambia fuera del país, así que la opción que nos quedaba era bien probar en cajero, bien en casa de cambio en el aeropuerto.

Y para complicar aún más los preparativos a Bombay, a principios de año fuimos al Centro de Vacunación Internacional para que nos informaran sobre las vacunas que necesitábamos según nuestro viaje. Hay que pedir cita previa por la página del Ministerio de Sanidad y en la breve consulta nos dieron una serie de recomendaciones sobre la hidratación, la protección solar y antiinsectos.

Básicamente consisten en beber agua embotellada, evitar los hielos, comer alimentos recién cocinados, protegerse contra el sol (antes y después) y contra los insectos. Por supuesto, conviene llevar toallitas o algún tipo de gel higienizador para las manos.

Además, conviene llevar medicamentos de amplio espectro como pudieran ser ibuprofeno y gelocatil; protector de estómago y por si acaso, un antidiarreico.

En cuanto a las vacunas, nos teníamos que vacunar de Hepatitis A. Bueno, en realidad no era obligatoria, tan solo recomendable, pero es una vacuna que te pones una vez (en dos pinchazos) y ya no te tienes que repetir con el paso de los años siendo válida para próximos viajes a África, Sudamérica y Asia. Así que, adelante. Otra vacuna que suele ser recurrente es la del tétanos, pero me explicó la enfermera que desde el 2009 las nuevas pautas estipulan que los adultos correctamente vacunados con 6 dosis (generalmente desde 1975) solamente tendrían que ponerse una de recuerdo al llegar a los 65 años. Tan solo se pondría antes de llegar a esa edad en casos excepcionales como por ejemplo en un grave accidente de tráfico con amasijos de hierro y heridas en carne viva.

Así pues, tan solo nos pondríamos la de la hepatitis, para lo cual hay que ir al médico de cabecera que te derivará a enfermería. Y siempre contando con que haya stock. En mi caso fue la última vacuna del centro de salud. Y menos mal que no necesitaba la del tétanos, ya que no me la habrían podido poner, puesto que había un desabastecimiento total. Hasta julio no repusieron en nuestro centro de salud. Lamentable la situación en que se encuentra la Sanidad Pública Española.

Por su parte, mi hermano y su chica, residentes en Escocia, tenían otra pauta. A ellos les pusieron dos vacunas: una combinada contra la hepatitis A y antitifoidea y una segunda antidifteria, antitetánica y antipolio. Por curiosidad se lo comenté a la enfermera y me dijo que quizá se debía a que en Reino Unido no comercializan la hepatitis y el tétanos solas. Por lo que, al considerar necesarias estas dos vacunas, tuvieron que recurrir a unas combinadas. En cualquier caso, válidas eran igualmente, pero es importante llevar el control de qué vacunas nos ponemos por si las necesitáramos más adelante y no fuera necesario una nueva dosis.

Para finalizar nos quedaba contratar el seguro y sacar el visado a la India, ya que a las Seychelles no era necesario. Vaya odisea para entrar en la India, y eso que ahora es mucho más sencillo. Hasta hace unos años había que tramitarlo con una agencia oficial, después mandar el pasaporte por mensajería a la embajada y esperar a que nos lo devolvieran con la confirmación.

Ahora se puede hacer de forma electrónica, eso sí, solo entre 4 y 120 días antes del viaje y además la de información que hay que facilitar es detallada. No solo tus datos básicos como nombre, pasaporte, fecha de nacimiento o domicilio, sino que además has de indicar tu profesión, tu puesto, la empresa, la dirección de tu lugar de trabajo, el nombre de tus padres… Incluso has de subir una foto reciente con fondo blanco en formato JPEG, de como mínimo 350×350 pixels y la página del pasaporte en la que aparece la foto y datos en formato PDF en un tamaño que no supere los 300 kb.  Finalmente hay que pagar $50 (al cambio fueron unos 48€) y esperarPor suerte en apenas 24 horas nos respondieron y pudimos respirar.

En fin, muchos trámites. Pero con tanto preparativo llegó la hora de hacer las mochilas. Y es que, dado que íbamos pocos días y la mayor parte del tiempo iba a ser a clima cálido, optamos por ropa más ligera (también vieja para deshacernos de ella) y ni siquiera facturamos. Pantalones cortos, bañador y chanclas para Seychelles; pantalones frescos y largos (para evitar mosquitos) y camisetas de manga corta para Bombay; y vaqueros, camiseta de manga larga y chaqueta para París. Bolsa de aseo con botes pequeños y electrónica. Y listos en dos mochilas, una de 25l y otra de 30.

 

Listos para viajar.