Crucero por el Mediterráneo. Día 4. Pompeya II

Como decía en la entrada anterior, en Pompeya se pueden visitar 12 hectáreas, algo totalmente inabarcable, por lo que tuvimos que plantarnos delante del mapa, seleccionar una sección y visitar algunos puntos significativos.

Así, dada la cercanía a la puerta por la que entramos, empezamos por el Cuadripórtico.

En este espacio encuadrado entre 74 columnas dóricas se agrupaban los espectadores en los descansos entre representaciones teatrales. Aunque tras el terremoto del 62 d.C. el edificio se transformó en cuartel para los gladiadores. En las excavaciones se encontraron tanto armas que se usaban en los desfiles (hoy se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) como personas. Por ejemplo, se descubrieron cuatro esqueletos de esclavos cerca de sus cepos y en una estancia 18 personas.

A continuación pasamos al Teatro Grande, que se halla en la pendiente natural de una colina. Data de la primera mitad del s. II a. C. y podía albergar a unos 5.000 espectadores que presenciaban comedias, tragedias de tradición grecorromana y espectáculos musicales.

Tiene un estilo griego, aunque fue renovado en la época romana. En su origen contaba con un gran pórtico cuadrangular donde se amenizaba a los espectadores en el previo y los descansos de los espectáculos. Tras el terremoto del 62 fue convertido en el cuartel de los gladiadores.

Sus graderíos se dividían en tres secciones para albergar a los espectadores según su estrato social. Por un lado tenía la Summa cavea (localidades superiores), por otro la Media cavea (15 gradas en la zona central divididas en 5 sectores) y finalmente la Ima cavea (en la zona inferior, que era donde se sentaban las personalidades de la ciudad). También contaba con Tribunalia, que se hallaban por encima de las entradas laterales. Estos palcos estaban dedicados para la sacerdotisa o la persona que presida el acto.

La grada quedaba cubierta por un gran telón, así que quedaba protegida de la intemperie.

El teatro fue el primer gran edificio público que se limpió de los restos de la erupción.

Detrás de la escena del Teatro Grande se construyó el Odeion o Teatro Pequeño en el 79 a.C. Aunque con una finalidad similar al anterior, como su nombre indica, era de menor capacidad y tan solo contaba con 1.500 localidades.

Volvimos a la Via Stabiana, lo que en su día fue el Cardo Maximus o arteria transversal, donde encontramos la delimitación de varias casas, así como el Templo de Asclepio.

Este templo erigido entre el siglo III y II a.C. es el más pequeño de los edificios de culto de la ciudad. Está dedicado a Asclepio, patrón de la medicina.

En el centro del patio se alza el altar y tras él una escalinata que lleva al templo con cuatro columnas en la fachada y dos a los lados con capiteles corintios rematados con una cabeza masculina con barba.

Junto a este templo se encuentra el de Isis, destinado a la consagración de la diosa egipcia.

El culto a Isis se extendió a todo el Mediterráneo a partir del siglo III a.C. Eso sí, era un rito para los ya iniciados. Sobre todo se daba entre las clases bajas, pues su mensaje era de esperanza de una vida más allá de la muerte.

El templo se halla en un podio y rodeado por un patio con pórtico. En la parte delantera se halla el altar, la fosa para descargar las ofertas y un pequeño edificio que lleva a la pila del agua para las ofertas. En la trasera había una sala amplia dedicada a las reuniones de los iniciados y otra decorada con episodios del mito de la diosa.

Terminando de bordear la manzana nos acercamos al Foro Triangular, un área sagrada que data del siglo VI a. C. y con forma, obviamente, triangular. Era la segunda de las grandes plazas públicas de la ciudad.

Se encuentra en una pequeña colina, por lo que ofrece una panorámica de la costa. Se accedía a él por la Vía de los Teatros por medio de un vestíbulo con seis columnas.

Concebido como zona de reunión y espera en torno al contiguo Teatro Grande, tenía tres de sus cuatro fachadas sostenidas por monumentales columnatas de estilo jónico. En el centro se alzaba una gran fuente con una estatua del general Marco Claudio Marcelo y en el extremo opuesto del teatro se erigían un templo dórico y un templo circular.

Volvimos a la Via Stabiana, donde adentrándonos por un momento en la región VII, encontramos las Termas Estabianas, las más antiguas, con las mayores instalaciones y mejor conservadas.

Estas termas contaban tanto con sección masculina como femenina, ambas con sus vestuarios, una sala con piscina fría, una sala templada y otra muy caliente. Su sofisticado sistema de calefacción hacía circular el aire caliente bajo el suelo y entre las paredes.

La sección femenina era más pequeña que la masculina y no estaba tan decorada como la masculina.

En el exterior hay un espacio donde se podía practicar tanto natación como otras especialidades deportivas no necesariamente acuáticas. La piscina, de la que aún se ven las tuberías de plomo, medía 13 metros por 8 y tenía un metro y medio de profundidad.

Se piensa que era todo un complejo al modo de balneario con gimnasio.

Continuando por la Via Stabiana nos encontramos varias casas, pero también diferentes comercios, los conocidos como Tabernae.

Cambiamos a la Via Abundancia, la calle más larga y conocida de Pompeya. Era la arteria longitudinal (Decumanus Inferior). A mano derecha teníamos la zona I y nuestra primera parada fue la Fullonica (Batanes) de Stephanus, la lavandería.

Se trata del recinto más grande de Pompeya y una de las más importantes de la antigüedad. Ya por aquel entonces separaban la ropa delicada y la lavaban en el viejo atrio. El resto, en un gran estanque. Tenían incluso técnicas de blanqueado.

La ropa se secaba en una terraza. Después, se recogía en el triclinio, donde se planchaba y se realizaban remiendos.

En la lavandería trabajaban sobre todo esclavos, quienes tenían que pisar durante horas tejidos y paños sumergidos en un líquido que contenía orín de animal y humano para tratar los textiles.

En la siguiente manzana tenemos varias domus que fueron abiertas hace un par de años. Nos llamó la atención la Casa de Paquius Proculus.

Data del siglo II a.C. y está estructurada en tres niveles. Su entrada sorprende por estar completamente revestida de un mosaico en blanco y negro con motivos geométricos y de animales. Pero sobre todo destaca el del perro atado con una cadena.

Junto a esta casa se encuentra la de Fabius Amandio, más pequeña y estrecha parece que perteneció a alguien de clase media. Aún así, cuenta con dos plantas y un patio con impluvium para recoger el agua de lluvia ricamente decorado.

Una manzana más allá encontramos un nuevo negocio, el thermopolium de Vetutius Placidus, un comercio en el que se servían bebidas y comidas calientes. Estas se conservaban en frascos dentro del propio mostrador de obra.

Era frecuentado por los comerciantes y artesanos, pues ya en la época romana estos gozaban de un estatus social alto, no así como en épocas anteriores en las que quedaba limitado a los terratenientes. Y parece que tenía movimiento, pues en una de las vasijas de barro se encontró un tesoro de casi tres kilos de monedas. Seguramente la última recaudación de la caja.

En el muro del fondo hay una especie de altar dedicado a los dioses protectores de la casa, al del dueño, al del comercio y al del vino. En la parte trasera del local se encontraba un espacio para banquetes al aire libre.

Nuestra siguiente parada fue la Casa del Frutteto, de un tamaño más modesto que las anteriores. Recibe este nombre por sus frescos, que representan jardines con árboles y plantas.

Un poco más adelante la via dell abbondanza delimita a un lado la región III y a otro la II. En esta última se encuentra la Casa de Octavius Quartio, una versión reducida de las típicas grandes villas aristocráticas de las afueras de la ciudad. Pertenecía a algún miembro de la élite pompeyana.

Conserva en parte la planta original de la casa, pero sin duda lo que destaca es el magnífico jardín con árboles frutales articulado en dos zonas a diferentes alturas y completado con dos cursos artificiales de aguas que aportan cascadas y chorros.

A cada uno de sus extremos hay dos ambientes. En un lateral se encuentra una especie de recinto sagrado dedicado a la diosa Isis, y al otro una zona para comer al aire libre.

Seguimos nuestra ruta hacia la parte más alejada de todo nuestro recorrido: el Anfiteatro. Se halla en el sector oriental de la ciudad, muy próximo a la vía principal. Con una capacidad para 20.000 personas estaba dedicado tanto a espectáculos como a deportes.

Fue construido en el año 70 a.C. cuando Pompeya se convirtió en colonia romana. Normalmente, cuando los romanos conquistaban una nueva ciudad, la civilizaban, sin embargo, en este caso solo tuvieron que añadir espacios de ocio, pues era una urbe bastante avanzada.

Mide 130 por 140 metros y sus gradas se dividían en tres secciones claramente marcadas para poder dividir al público según su clase social. La arena queda dividida del graderío por un parapeto. Parece que contaba con una especie de toldo portátil que protegía de las inclemencias meteorológicas.

Bajo el graderío se disponían las diferentes estancias destinadas como almacén o para a albergar a los gladiadores o las fieras.

Abandonamos el anfiteatro y volvimos a la Vía de la Abundancia, donde ya adentrándonos en la zona III se puede visitar la Casa del Moralista, en la que se conservan bastantes frescos.

En realidad se trata de la unión de dos viviendas al caerse un muro. Casi un tercio de la superficie lo ocupa un amplio jardín en el que en verano se celebraban diversos banquetes.

Se cree que perteneció a M. Epidius Hymenaeus, pues su nombre aparece varias veces en la casa. Aunque también aparecen otros nombres, todos ellos pertenecientes a comerciantes de vino.

Recibe el sobrenombre de Casa del Moralista por las inscripciones que adornan los muros y que sugieren preceptos sobre buena educación en la mesa. Por ejemplo hacen referencia a dejarse lavar los pies por el esclavo o tener cuidado con los manteles y servilletas de lino. También recomienda evitar peleas, bromas de mal gusto o mirar a la mujer de otro con ojos libidinosos.

 

Se desconoce si tenían un carácter irónico, pero en cualquier caso, muestra que existía ya un código de conducta.

Desandando nuestro camino, nos adentramos en la zona VII, que nos conduce al Foro, el centro neurálgico de la ciudad, donde se desarrollaba la vida cotidiana.

Allí se colgaban unas tablillas informativas, algo parecido a un bando de hoy en día. En ellas se exponían resultados electorales, fechas de espectáculos o noticias. Aunque también había quien hacía constar sus quejas o hacía publicidad de sus comercios.

También era el centro comercial, ya que era donde los mercaderes exponían sus productos a modo de mercadillo.

Todos los edificios principales públicos miraban hacia el foro. Hoy en día sería la plaza más importante, con su templo religioso (parroquia, iglesia, basílica, catedral…), el mercado y los edificios civiles, administrativos e industriales más relevantes de toda la ciudad.

En la esquina sudeste de la plaza se hallaba el Comitium, que servía como sede de la mesa electoral en el siglo II a.C., aunque luego se convirtió en el lugar para el recuento de votos y anuncio de nuevos jueces.

En el lado sur había otros tres edificios pertenecientes a la administración pública: el Tabularium, que servía de archivo (y estaba aislado para protegerlo contra incendios), la Curia o sede del senado, y el Edificio de los Duoviri (los magistrados que gobernaban la ciudad).

El Foro Civil estaba flanqueado por columnatas en tres de sus lados, mientras que en el cuarto, al norte, sobre una base de tres metros de altura se erigía el Templo de Júpiter.

Este templo fue renovado con la fundación de la colonia en el 80 a. C, cuando se convirtió en un Capitolium. Recibe este nombre pues en el siglo XIX se descubrió una pequeña pintura que muestra a Júpiter. En la actualidad se sigue trabajando en su recuperación y ya se va mostrando la planta de una vivienda con atrio central a cuyo alrededor se extienden habitaciones decoradas siguiendo el Primer Estilo. No obstante, hasta que no finalicen los trabajos, no se puede visitar.

A su izquierda estaban las letrinas públicas del foro y tras el templo se encontraban las Termas del foro, que datan del 80 a. C. Quedaron dañadas en el terremoto del 62 y la parte de las mujeres aún estaba en reconstrucción cuando se produjo la erupción del Vesubio.

En el lado occidental del Foro, donde se ubicaba una construcción al estilo de los mercados de abastos, hoy se encuentra el almacén arqueológico más importante de la ciudad con más de 9000 descubrimientos desde finales del siglo XIX. En él se conservan vasijas, diferentes tipos de utensilios como jarras, ánforas, hornillos y cazuelas… o recipientes para transporte de aceite o vino, así como de almacenaje de conservas y confituras.

También se exponen mármoles y estanques de fuentes que adornaban los patios y entradas de las casas. Así como algunas reconstrucciones de cuerpos.

Muy cerca se encontraba la Basílica, la sede en la que se desarrollaba la gestión de actividades económicas y la administración de la justicia. Junto con el Foro era el edificio más importante de Pompeya y se abría a él gracias a un doble pórtico con sus cinco puertas.

Con una extensión de 1.500 metros cuadrados, tenía aspecto de templo en su exterior, sin embargo, en el interior estaba dividida en tres naves siguiendo la estructura de las basílicas romanas. En el centro, subiendo unas escaleras de madera, se llegaba a una especie de tribunal donde se sentaban los magistrados.

Se estima que data del 130-120 a.C.

Seguimos nuestro paseo hacia las afueras tomando la Via consolare, que nos conduce a la Puerta Herculano, construida tras la conquista de la ciudad por parte del general romano Silla en el año 89 a.C.

Se han conservado siete puertas que daban acceso a Pompeya. Cada una recibía el nombre de la ciudad con la que se comunicaban. Así, recibían los siguientes nombres: Nocera, Stabia, Nola, Ercolano, Vesubio, Marina y Sarno.

Las murallas adyacentes a esta puerta pertenecen al siglo II a.C. y en ellas se pueden ver las marcas de los proyectiles de piedra lanzados durante el asedio de las tropas de P. Cornelius Sulla.

Junto a la puerta se halla la necrópolis, que se extiende a lo largo de la calzada que conduce a Nápoles.

Ya se utilizaba durante los primeros siglos de existencia de la ciudad, aunque los edificios funerarios que se conservan quizá daten de una época más tardía (a partir del siglo I a.C.).

Se pueden ver también algunas tumbas características de Pompeya con una planta semicircular. Pero no eran para todo el mundo, sino que estaban dedicadas a los ciudadanos ilustres.

Dejando atrás la necrópolis por la via delle tombe (muy apropiado) nos dirigimos a la Villa de los Misterios.

Esta vivienda data de la primera mitad del s. II a. C., aunque ha sido remodelada y ampliada en varias ocasiones. Tras el terremoto del año 62 cambió de dueños, y estos nuevos propietarios la convirtieron en explotación agrícola y ganadera. Pero sobre todo para producción de vino.

Se encuentra delimitada por una terraza panorámica y queda integrada en el paisaje por sus grandes pórticos y galerías.

Cuando se descubrió esta villa se convirtió en uno de los monumentos más importantes de la antigüedad gracias a las pinturas halladas en su interior. Sirvió para descubrir la Pintura Pompeyana y establecer sus tres períodos.

Recibe su nombre de una de sus salas de la parte residencial. En ella hay un gran fresco de 3 metros de altura y 17 de largo que cubre las tres paredes y que representa la iniciación de una esposa a los misterios dionisíacos con escenas de danza y consumo de vino. En la pared central aparece Dionisio junto a Ariadna, en las laterales hay figuras mitológicas.

En otras estancias se conservan frescos que representan decoración arquitectónica o egipcia.

Apenas nos quedaba tiempo para más, la lluvia nos acompañaba intermitentemente desde que pasamos por el foro y poco a poco empezaba a oscurecerse. Retomamos el camino de vuelta hacia la Via Consolare de nuevo que nos llevaba al foro y de ahí a la salida de la Villa Imperiale, donde están los aseos, el centro de visitantes y una exposición. Pero no podíamos entretenernos más.

Aunque no nos dio tiempo a ver todo el yacimiento (ni en un día habría sido posible por sus dimensiones), la verdad es que me gustó mucho lo que sí pudimos descubrir. Además no estaba muy masificado en aquellas fechas. Me parece una visita muy interesante por todo lo que puede aportar históricamente. Es como un museo al aire libre que permite conocer el pasado. Creo que hicimos bien en dejar la visita a Nápoles para otra ocasión.

Ya atardeciendo en la salida con la indecisión sobre qué transporte tomar de vuelta. Por un lado estaba el bus, que había sido bastante rápido a la ida, pero que no sabíamos dónde se localizaba la marquesina. Por otro lado el tren, que sabíamos dónde se encontraba, pero que también tardaba más. Citymapper nos había venido funcionando bien, por lo que la consultamos para intentar salir de dudas, sin embargo el bus no aparecía y el tren pasaba a las 17:07, así que nos dirigimos a la estación.

El billete cuesta 2.80€, al igual que el bus y hay que picarlo en una máquina antes de subir al tren.

Hay que tomar la línea en sentido Nápoles y la parada más próxima al puerto es la última, aunque la estación más grande es la anterior.

El tren no fue muy puntual, sino que ya eran casi y cuarto cuando hizo su entrada en la estación. Y menos mal, porque además empezó a chispear. Ya sentados en el destartalado vagón yo no hacía más que mirar la hora. Este medio de transporte estaba siendo más lento que el bus y nos acercábamos peligrosamente a las 6 de la tarde, cuando nuestro embarque tenía hora límite las 6:30. Según Google Maps desde la estación central se tardaban unos 35 minutos en llegar al puerto y desde la última parada unos 25. Sin embargo, el tren se paró en el andén cuando llegamos a la central y temí por un momento que aquello nos lastrara y salimos al exterior para hacer el camino a pie.

Nos encontramos una ciudad a oscuras, con lluvia abundante, rayos y truenos. Además, hora punta, semáforos que no funcionaban y napolitanos que conducen como les da la gana (lo de Bombay comparado con Nápoles es tráfico ordenado). Hicimos la vuelta al barco en apenas 24 minutos con un sprint final que ni los del Amazing Race. Hasta mi Fitbit se volvió loca e identificó la carrera como bicicleta en exteriores. Quizá por llevar el paraguas, aunque se le rompió una varilla en el recorrido y finalmente opté por empaparme.

Llegamos sobre la bocina, pero, por suerte para nosotros, el acceso al barco era un caos y había una buena cola tanto de aquellos que volvíamos como de los que embarcaban por primera vez. En este caso tan solo había un control de rayos y mucho italiano con su concepto de hacer cola (es decir, me pongo donde me da la gana), por lo que se formaba embudo.

Totalmente empapados nos fuimos directos a cambiarnos. De nuevo tuvimos que improvisar un tendedero en el baño. Por la hora que era ya no estaba el buffet abierto, pero sí la zona de hamburguesas, así que nos hicieron el apaño. Hicimos tiempo dando un paseo ya más relajados por el barco y a última hora de la tarde volvimos al camarote a ducharnos y prepararnos para la cena.

Esta vez el menú tenía para elegir entre calamares y gambas fritos al estilo italiano, lomo de cerdo, ensalada griega y sopa toscana. Para los segundos había linguine con marisco, risotto primavera, filete de trucha, cochinillo y bocaditos de tofu. Nos decantamos ambos por los calamares y gambas fritos y de segundo el filete de trucha y los linguine.

De postre había tiramisú, Sachsertorte, plato de fruta y el postre sin azúcar añadido. Y escogimos los dos primeros.

Para esta noche volvía a haber el espectáculo de magia, en dos sesiones, además, con lo que nos fuimos a tomar una copa a la planta 18, al Attic Club, donde a las 23.30 actuó el DJ. No habíamos madrugado mucho, pero el apretón de última hora se notaba. Además, al día siguiente sí que teníamos una llegada tempranera (8 de la mañana), por lo que no nos entretuvimos mucho en la noche blanca y pronto nos fuimos a descansar.

Crucero por el Mediterráneo. Día 4. Pompeya

Este día teníamos una escala rara. Normalmente el barco llegaba a puerto a las 8-9 de la mañana, sin embargo, a Nápoles la tenía programada a la 1, algo realmente tarde teniendo en cuenta que a las 17 ya estaba haciéndose de noche. No obstante, en el diario de a bordo se indicaba que llegaríamos a las 12, por lo que teníamos fe en poder aprovechar el día. Para empezar pudimos levantarnos un poco más tarde y descansar algo más que las noches anteriores, y además, mientras desayunábamos, vimos la llegada al puerto de Nápoles.

Seguíamos en Italia, pero cambiábamos de región. Esta vez llegábamos a Campania, la tercera más poblada del país por detrás de Lombardía y Lacio. Consta de cinco provincias: Nápoles, Salerno, Caserta, Benevento e Irpina y se divide claramente en dos zonas diferenciadas: por un lado el interior montañoso, y por otro, la costa. Cerca de la costa se hallan dos macizos volcánicos: el Vesubio y los Campos Flégreos. Además, también volcánicos son Roccamonfina y el monte Epomeo.

Campania tiene 350 kilómetros de costa y es conocida por sus golfos (el de Gaeta, el de Pozzuoli, el de Nápoles, el de Salerno y el de Policastro) y sus tres islas principales (Capri, Isquia y Prócida). En la Península de Sorrento destaca la Costa Almafitana, cuyos municipios de la costa son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997.

Esta región fue colonizada por los griegos y más tarde conquistada por los romanos, de quienes pasó a manos lombardas. Después llegaron los normandos, quienes crearon el Reino de Sicilia. Formó parte también de los Reinos de Nápoles y de España.

Mezcla de estas culturas, en Campania conviven cinco dialectos. Por un lado el napolitano, que se habla en la mayoría de la región; el cilentano (en Cilento); el beneventano (en el Samnio); el irpino (en Irpinia) y el arbëreshë que lo habla una comunidad en Greci (Avellino).

Los puertos más activos son Nápoles y Salerno, ya que en ellos es donde existe más movimiento de mercancías y pasajeros. Tras Nápoles, la zona más importante de Campania es Salerno, donde se encuentra Pompeya, la costa Almafitana y la de Sorrentina.

Campania, tras Apulia, es la región más industrializada del sur. Las industrias más importantes son la alimentaria, mecánica, siderúrgica, química y textil. Produce principalmente frutas y hortalizas, también la mitad de las nueces de Italia y los sabrosos limones de Sorrento. Además, tienen relevancia la producción de aceite y vino. Ya entre los siglos III y I a.C la región era conocida por la exportación de vino en ánforas. Hoy destacan Lacryma Christi, Fiano di Avellino, Aglianico, Greco di Tufo, Per”e Palummo, Ischitano, Taburno, Solopaca y Taurasi.

La cocina de Campania es muy variada, de hecho cuenta con 396 productos certificados por el Ministerio de Agricultura de Italia como “Producto Agrícola Tradicional”. En Nápoles predominan los productos del mar, mientras que en Caserta y Aversa lo hacen más hortalizas frescas y el queso. La de Sorrento mezcla tradiciones de Nápoles y Salerno. Entre los platos del mar destacan la insalata di mare, la zuppa di polpo (sopa de pulpo), la zuppa di cozze (sopa de mejillón), los frittelle di mare (buñuelos con algas), los triglie al cartoccio (salmonetes al cartucho) y alici marinate (anchoas frescas en aceite de oliva). En cuanto a los quesos los más usados son la mozzarella di bufala, fior di latte (“flor de leche”, una mozzarella hecha con leche de vaca), ricotta con leche de oveja o de búfala, provolone de leche de vaca, y caciotta hecha con leche de cabra.

Nuestra breve escala no nos permitiría sin embargo probar estas delicias. No tardamos en bajar a la planta 6 para colocarnos en la cola y así poder salir con rapidez, puesto que ya sabíamos por la experiencia del día anterior que se podría formar un buen jaleo. Aún así, los 45 minutos no nos los quitó nadie allí de pie esperando.

Al igual que en Génova, la estación marítima de Nápoles da a la ciudad y no hay que tomar transporte alguno como ocurría en Marsella. No obstante, no la visitaríamos, ya que con una escala tan corta o elegíamos Nápoles o Pompeya, y ganó esta segunda.

En la misma estación había un puesto de información, por lo que me acerqué a preguntarle a la chica cuál era la mejor opción para llegar hasta el yacimiento. Yo llevaba ya mirado que se podía llegar en tren, pero quería que me confirmara porque a veces hay actualizaciones de última hora que hay que tener en cuenta.

La chica me recomendó tomar un bus SITA, que está bordeando el puerto a tan solo unos minutos. Así que allá que nos dirigimos.

Eso sí, una vez en el punto marcado fue todo un poco confuso pues tan solo había un aparcamiento con varios autobuses sin marquesina ni identificativo alguno. Me acerqué a preguntar a los conductores que estaban de cháchara y uno de ellos me dijo que tenía que comprar los billetes en una oficina que había detrás y que me diera prisa que salía uno ya. Apenas nos dio tiempo a comprarlos (el sencillo costó 2.8€) y según salíamos ya estaba el bus en marcha y el conductor que me había indicado le hacía señas para que parara y nos dejara subir.

El trayecto fue bastante rápido, pues enseguida salió a la autopista. Con Google Maps controlamos nuestra posición para saber cuándo bajar. La parada se encuentra junto a la Porta di Stabia de Piazza Esedra y supimos que habíamos llegado porque había autocares, tiendas de souvenirs y restaurantes. Y también porque según lo comentábamos en alto la chica de detrás nos confirmó que esa era la parada de Pompeya.

No era la entrada principal, y quizá por eso no tuvimos que esperar mucha cola. La entrada costaba 13€ (también se puede comprar por internet), aunque había una combinada con 3 sitios arqueológicos que salía por 14€. Nosotros no íbamos a poder recorrer Pompeya siquiera, así que menos aún las otras.

En el folleto te recomiendan cómo realizar la visita en función de las horas disponibles.

Dado que cerraban a las 5 (y también nos quedaríamos sin luz), apenas contábamos con 3 horas, por lo que delimitamos lo que queríamos ver y comenzamos nuestra visita.

Pompeya nació entre finales del siglo VII a.C. y la primera mitad del siglo VI a.C. en un altiplano a 30 metros sobre el nivel del mar y pronto se convirtió en importante centro de comercio y transporte de mercancías gracias a su proximidad al puerto.

A finales del siglo IV a.C., tras varias campañas militares, Pompeya pasó a formar parte de Roma, y aunque en torno a los años 90-89 a.C., se rebeló, en el 80 a.C. capituló y se convirtió en colonia romana con el nombre de Cornelia Veneria Pompeianorum.

En el año 62 d.C. un violento terremoto sacudió toda la zona vesubiana. A pesar de que la reconstrucción comenzó inmediatamente después, los daños eran graves que llevó bastante tiempo. De hecho, cuando el Vesubio la cubrió de cenizas todavía estaba en plena reconstrucción. Recientemente se ha descubierto una inscripción hecha en carbono que apunta a que la erupción del Vesubio ocurrió el 24 de octubre del año 79 d. C. y no el 24 agosto como se pensaba por los documentos de Plinio (aunque ya se sospechaba que no parecía haber ocurrido en agosto, pues las víctimas vestían prendas de lana y se encontraron numerosas granadas, una fruta propia del otoño).

Fuese agosto u octubre, el volcán expulsó una nube piroclástica de 30 kilómetros de altura que, en apenas un minuto, sepultó Pompeya y otras poblaciones cercanas, como Herculano. Estas ciudades quedaron ocultas bajo la lava y olvidadas hasta finales del siglo XVI, cuando fueron descubiertas por un arquitecto. Aunque no les dio mucha importancia y las excavaciones no llegaron hasta el siglo XVIII. En 1709 un campesino de Herculano descubrió un trozo de mármol excavando un pozo y más tarde, en 1735 el rey de Nápoles Carlos III de Borbón ordenó una excavación en profundidad. En 1748 se descubrieron las de Pompeya y desde entonces se siguen realizando tareas de recuperación de edificios, esculturas, pinturas y mosaicos. No es raro encontrarse zonas valladas en las que están trabajando.

El área arqueológica de Pompeya abarca alrededor de 66 hectáreas, de las cuales tan solo unas 45 fueron excavadas (y solo se pueden visitar 12). Giuseppe Fiorelli en 1858 la subdividió en barrios y manzanas para poder orientarse mejor y así documentar sus estudios correctamente.

El nombre de las casas no siempre se conocía, por lo que fueron los excavadores las que las fueron renombrando según sus particularidades.

El yacimiento ha supuesto una importante fuente de información para arqueólogos e historiadores, ya que les permite estudiar cómo era la vida en el siglo I gracias a su excepcional estado de conservación. Normalmente, cuando se encuentran unas ruinas tan solo se puede acceder a una parte de ellas porque se han construido ciudades encima sobre las antiguas urbes (como por ejemplo vimos no hace mucho en Sofía). Sin embargo, aquí se ha mantenido prácticamente intacta en bajo las cenizas. Se conserva el desarrollo urbanístico, edificios, frescos, mosaicos… Incluso son de importante valor histórico las figuras humanas que se han podido realizar gracias a rellenar con yeso las huellas que dejaron los cuerpos antes de arder a 300º.

En nuestra visita pudimos hacernos una idea de cómo se estructuraba la ciudad. Han pasado siglos y sin embargo, sorprende descubrir un plano tan bien pensado y estructurado. Pompeya contaba con un esquema urbanístico ortogonal, al modo romano, con sus dos vías perpendiculares entre sí (cardo y decumano) de las que surgían el resto de calles. En el centro neurálgico se encontraba el foro, la principal plaza pública, pero además, la ciudad contaba con numerosos lugares de ocio (teatros, termas…) así como religiosos.

Pompeya no solo destacaba por su relevancia comercial o arquitectónica, sino que parece que sus ciudadanos estaban muy interesados en la cultura a tenor de la variedad de espacios destinados a dicho fin. A excepción del anfiteatro, los principales edificios de uso público se localizaban en el sector oeste de la ciudad, lo que parece indicar que se trata de la parte más antigua y que la zona oriental supone una expansión posterior.

Los negocios nos dicen mucho de cómo vivían los residentes, y parece que el pan era importante, no solo para Pompeya, sino para las ciudades próximas, ya que había un buen número de panaderías. También eran relevantes los textiles.

Las viviendas también nos aportan importantes datos. Por supuesto, las que más trascienden son las Domus, las de los propietarios más pudientes, unas casas articuladas alrededor de un patio central y con un interior ricamente decorado. La decoración y los murales constituyen una buena fuente de información sobre la vida, ocupación y extracto social de sus propietarios. Las más conocidas son la Casa del Fauno, la Casa de Pansa, la Casa de los Dioscuros, la Casa del Horno y la Casa del Cirujano.

Por su parte, las clases menos adineradas se agrupaban en pequeñas comunidades que se distribuían también en torno a un patio o huerto.

Además, en las afueras se encontraban las villas, que bien servían como casas de recreo o para explotaciones agroganaderas. Las que mejor se han podido recuperar son la Villa dei Misteri, la Villa de Diomedes, la Villa Imperiale o la Villa Giulia Felice.

Ya fuera del recinto de la ciudad encontramos las necrópolis con grandes mausoleos de familias importantes y adineradas.

Todo tenía un lugar según una concreta planificación. Pompeya contaba incluso con un sistema de canalización y alcantarillado que garantizaba unos niveles mínimos de salubridad. Aunque no había desagües, por lo que para cruzar las calles usaban una especie de piedras al modo de Humor Amarillo.

También contaba con numerosas fuentes públicas, con sus canales de alimentación y desagüe.

En fin, que Pompeya es inmensa y tiene muchas cosas interesantes que ver, pero nosotros tuvimos que delimitar nuestro recorrido por falta de tiempo.

De momento nos quedamos aquí.

Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Génova II

Habíamos llegado al centro histórico, al barrio que es patrimonio de la UNESCO desde 2006. Emprendimos rumbo a la Via Garibaldi, una calle plagada de edificios históricos, sobre todo palacios.

Refleja esa época de esplendor de la República de Génova a mediados del siglo XVI cuando era toda una potencia financiera y marítima. Al igual que ocurrió en otras muchas ciudades europeas, se proyectó una nueva zona residencial para la clase noble, que quería un lugar más exclusivo para sus residencias. Así nació este distrito señorial con sus Strade Nuove y el sistema de los Palazzi dei Rolli.

Todos estos palacios y edificios importantes datan del siglo XVI y principios del XVII y son de estilo renacentista y barroco. En total son unas 42 construcciones incluidas en el patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Destacan el Palazzo Rosso, el Palazzo Bianco y el Palazzo Tursi. Una pena que no se pueden apreciar bien, porque la calle es demasiado estrecha como para poder alejarse y contemplarlos (ya no digo fotografiarlos con un objetivo 18-55mm) en todo su esplendor.

El primero que nos encontramos que nos llamó la atención por su fachada azul decorada fue el Palazzo Podestà o Nicolosio Lomellino.

Fue construido entre 1559 y 1565 para una familia que había conseguido un importante capital en la primera mitad del siglo XVI gracias a la pesca de coral en la isla de Tabarka (la de Túnez, no la de Alicante). A principios del XVII cambió de manos y la nueva familia llevó a cabo una reestructuración interna. Posteriormente pasó a Andrea Podestà (alcalde de Génova entre 1866 y 1895) de quien toma el nombre hoy en día.

Seguimos paseando bajo la lluvia y nos encontramos con el Municipio, que se halla desde 1848 en el Palazzio Doria-Tursiun palacio que se comenzó a construir en 1565 para Niccolò Grimaldi, un importante noble genovés. Después fue comprado por Giovanni Andrea Doria, quien se lo pasó a su hijo Carlo, duque de Tursi.

Ocupa tres parcelas y cuenta con una fachada que combina el blanco mármol de Carrara con el gris de la pizarra y el rosa de la piedra finale. En su portal de mármol resalta el emblema de Génova.

Además de ser la sede municipal, es parte del complejo del museo genovés y alberga la ampliación de la galería del Palazzo Bianco, al que está conectado. En sus salas se pueden encontrar obras de la pintura genovesa de los siglos XVII y XVIII, así como la colección numismática y de cerámica del municipio de Génova. También cuenta con salas monumentales en las que se exponen piezas famosas.

Las dos plantas del edificio quedan abiertas a un patio por medio de unas galerías con arcadas, que fue donde nos resguardamos a tomar el tentempié de media mañana.

Tras el parón, continuamos recorriendo la Via Garibaldi. En la acera opuesta encontramos el Palazzo Rosso, cuya fachada es obviamente roja.

Fue construido en 1671 para la familia Brignole-Sale, quien en 1874 lo cedió a la ciudad con toda su decoración. Hoy en día es un museo que expone una rica colección con esculturas clásicas, el Ecce Homo de Caravaggio, retratos de Van Dyck, obras de Tiziano, Durero y Tintoretto, muebles señoriales y cerámicas de Liguria.

Un poco más adelante, de nuevo cruzando de acera, se erige el Palazzo Bianco, también conocido como Palazzo Luca Grimaldi.

Fue construido entre 1530 y 1540 y reconstruido en 1711. En 1892 se abrió como museo y hoy alberga una importante colección de pintura italiana y europea del siglo XVI al XVIII. En él podemos encontrar obras de Rubens, Caravaggio, Van Dyck, Murillo, Zurbarán o José de Ribera.

Justo al lado se encuentra el Palazzo Grimaldi della Meridiana, construido por Gerolamo Grimaldi Oliva, un banquero y comerciante genovés.

En el momento de su construcción, la zona no estaba urbanizada, sino que era una parte de la colina de Castelletto bastante empinada. Aún no se habían levantado los palacios de la Strada Nuova. Fue en la época de su hijo Battista a mediados del siglo XVI cuando se trazó la calle y comenzaron a erigirse los edificios que hoy en día conforman uno de los principales atractivos de la ciudad.

Génova siguió urbanizándose y a finales del siglo XVIII se abrió la Strada Nuovissima (hoy vía Cairoli), que conectaba con la Strada Nuova. Se creó también la Piazza della Meridiana y la fachada sur del palacio fue renovada.

En el siglo XIX cambió varias veces de propietarios. En el siglo XX fue usado como Hospital Militar durante la I Guerra Mundial y después pasó al ayuntamiento de Génova en régimen de alquiler. El municipio lo convirtió en edificio público, por lo que lo reconstruyó y acondicionó.

En 2004 lo compró el Gruppo Viziano, que lo restauró y abrió al público.

Muy cerca se encuentra la Basílica de San Siro, una de las iglesias más antiguas de Génova y la primera catedral de la ciudad.

Fue construida en el siglo IV y, aunque recibió el nombre de los Doce Apóstoles, se le cambió por el del obispo Siro, que fue enterrado allí.

Hoy se encuentra en el centro histórico de la ciudad, sin embargo, cuando se levantó estaba a las afueras de las antiguas murallas de la época carolingia. Esta localización tan susceptible de ataques e invasiones influyó notablemente en el traspaso de la catedral.

En el siglo XI se erigió un nuevo templo de tres naves en el lugar de la iglesia original que fue consagrado en 1237 y dependía de los benedictinos. Cuando esta orden se marchó en 1575 pasó a los Padres Teatinos.

En 1580 el ala sur de la iglesia quedó arrasada por el fuego, por lo que hubo que reconstruir la iglesia en su totalidad. La restauración se llevó a cabo en un estilo barroco, aunque la fachada principal, construida en el XIX, es neoclásica.

En 1904, ante el peligro de derrumbamiento, se demolió el antiguo campanario románico de 50 metros de altura y ya no fue vuelto a construir. Más tarde, durante la II Guerra Mundial la iglesia quedó dañada como consecuencia de los bombardeos y tuvo que ser restaurada.

El interior está dividido en tres naves claramente barrocas. Este estilo siempre me abruma por la cantidad de detalles que tiene. Y no en el buen sentido, me resulta demasiado recargado.

El altar mayor está realizado en mármol negro y bronce por un artista marsellés, Pierre Puget. En el ábside destaca el grupo Pietà, que está inspirado en la famosa estatua de Miguel Ángel de la Basílica de San Pedro.

En los pasillos laterales se distribuyen seis capillas también extremadamente decoradas que llevan el nombre de las principales familias que contribuyeron a la decoración de la iglesia.

Tras el abrumador interior de la basílica, volvimos al exterior siguiendo nuestro paseo hacia la Chiesa di Santissima Annunziata del Vastato, una de las iglesias más representativas del arte genovés del Manierismo tardío y del Barroco de principios del siglo XVII.

Fue construida por los franciscanos en el lugar en que ya había desde 1228 un convento y la pequeña iglesia de Santa Marta del Prato. Las obras comenzaron en 1520 en gótico tardío siguiendo el estilo artístico de la Basílica de San Francisco de Asís, lo cual hizo que no tuviera mucho sentido con el resto de construcciones del momento.

Sin embargo, la construcción no se finalizó por razones económicas. También porque la fachada daba a la Piazza della Nunziata que no pertenecía a los frailes. En el siglo XVI tras el Concilio de Trento los monjes se vieron obligados a realizar una renovación casi total de la iglesia, sin embargo, para ello tuvieron que buscar financiación. Se encargaron de pagar las obras la familia de los Lomellini, quienes además la usaron como capilla familiar. En 1867 se construyó la fachada neoclásica con dos campanarios.

Con los bombardeos de la II Guerra Mundial la iglesia quedó dañada y se perdieron frescos de las capillas laterales, aunque la estructura y los pilares se mantuvieron en pie.

Continuamos por la Via Balbi, una calle del siglo XVII en la que se encuentra la Universidad y el Palazzo Reale. La Universidad, construida en cuatro niveles, data de 1634 y fue diseñada por Bartolomeo Bianco, el mismo que se encargó de casi toda la calle.

El Palazzo Reale también se conoce como el Palazzo Stefano Balbi y es uno de los edificios históricos más importantes de Génova.

Comenzó a construirse en 1618 por la familia Balbi. Una segunda fase se llevó a cabo entre 1643 y 1655, momento en que se planificó el cuerpo central del edificio y sus dos alas laterales. También se añadió el jardín y se renovó la planta interior.

En 1677 la familia Balbi se lo vendió a la familia Durazzo, que llevaron a cabo tareas de ampliación. En estas obras se modificaron varios aspectos arquitectónicos.

En 1823 pasó a los Saboya, quienes renovaron varias estancias para adecuarlo y convertirlo en su residencia oficial. En 1919 pasó finalmente al Estado.

Hoy, convertido en museo, constituye una de las principales colecciones de arte de la ciudad gracias a que conserva el mobiliario original desde mediados del siglo XVII hasta comienzos del XX, obras de arte (tanto pinturas como esculturas) y objetos cotidianos.

Frente al Palacio Real y junto al edificio de la Universidad se encuentra la Parrocchia dei Santi Vittore e Carlo, construida en el siglo XVII para los carmelitas descalzos. En 1798 los frailes la abandonaron y pasó a ser una iglesia parroquial.

En la II Guerra Mundial dos bombardeos la dañaron gravemente, así pues, tuvo que ser reconstruida.

La Via Balbi nos conduce al monumento a Colón, sito en la Piazza Acquaverde, frente a la estación Piazza Principe

La estación, también conocida como Génova Príncipe, es la estación central de la ciudad y data de 1860. Aunque ha sufrido varias modificaciones con el paso del tiempo, la fachada es la original.

Frente a la estación se erige el Hotel Colombia, el que fuera el hotel de los pasajeros de segunda y tercera clase de los Ocean Liners, aquellos que cruzaban el charco buscando un futuro.

Habíamos hecho una ruta circular y nos encontrábamos cerca del puerto. Aún nos quedaba alguna zona por recorrer, pero decidimos volver al barco, secarnos un poco, comer, y salir de nuevo después para otro corto paseo antes de zarpar.

Sin embargo, cuando terminamos de comer la lluvia se había vuelto más persistente y estábamos empapados al momento. No al nivel de Copenhague, pero sí que era incómoda, sobre todo para ir con la cámara y con un paraguas que no era capaz de rechazar tanta agua. Además, había que sumar el aire… Así que, después de llegar al Complejo de San Giovanni di Pré, decidimos volver al barco y dar por terminada la visita a una ciudad que de todas formas, no nos había gustado demasiado.

Nos cambiamos y montamos una estación de secado en el baño. Nos vino muy bien la cuerda de tender dentro de la ducha. Gracias a ella pudimos colgar los pantalones y el chubasquero. El calzado tardaría más en secarse y tendríamos que acabar recurriendo incluso al secador de pelo.

Ya cambiados, salimos a cubierta a despedirnos de Génova, aunque desistimos, pues hacía frío, estaba lloviendo y toda la cubierta encharcada.

Además, la salida – que estaba programada a las 6 – se estaba retrasando. Dado que no adelantábamos nada al descubierto, decidimos ponernos a resguardo y volver al pub.

Luego oímos por megafonía que estábamos esperando a que llegara un grupo de pasajeros para zarpar. Dado que el barco no espera nada más que a los viajeros que van en sus excursiones, pensamos que quizá aún no habían llegado los de la de Milán seguramente por el tráfico. Pero es mera especulación.

Siguiendo la rutina diaria, nos duchamos y preparamos para la cena. Esta vez teníamos para elegir de primero entre ceviche (entre la oferta gastronómica de Liguria no puede faltar el pesto, pero sobre todo el pescado), mozzarella con tomate, ensalada provenzal y sopa minestrone. Como llevábamos todo el día bajo el agua, nos decantamos por la sopa calentita.

Entre los segundos teníamos Mezzi paccheri con salsa de mar, risotto con alcachofas, filete de bacalao a la ligure (como no podía ser de otra forma estando en Liguria), pierna de ternera y estofado de legumbres. Aquí diferimos en nuestra elección y mientras que yo me decanté por el bacalao (que elegir pescado siempre era un acierto), él probó la ternera.

Los postres del día eran Tarta Ópera, Tarte Tatin (de manzana confitada), fruta fresca, postre sin azúcar o mousse ligera de frambuesa. Nos llamó la atención esta última.

La climatología se notaba también en la navegación, y durante la cena apreciamos cómo oscilaba ligeramente el barco. Era estable, pero había cierto vaivén, sobre todo en los extremos y en la cubierta, donde además se podía ver cómo se movía el agua de la piscina amenazando con salirse. Muy divertido, sobre todo para alguien a quien no le gustan demasiado los barcos.

Tras cenar nos fuimos al teatro, donde teníamos asiento reservado para Magic Friends. Y si el día antes la representación me había decepcionado, este me aburrió. Y es que no me gusta mucho la magia y este en concreto, aunque estaba amenizado por los bailarines, no dejaba de ser un espectáculo de magia. Empezaba a perder la fe en los show nocturnos.

Cuando finalizó, nos tomamos una copa. Esta vez elegimos el Edge Cocktail Bar, donde el mojito dejaba algo que desear.

Así que tras un rato nos dimos un paseo por la zona de animación, donde el tema de la noche era marinero y todo el equipo de animación estaba caracterizado como tal. También las pantallas del techo.

Pero tampoco nos quedamos mucho rato, pues ya rozábamos la medianoche y Nápoles nos esperaba a la mañana siguiente.

Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Génova

Nuestra visita partió de la Estación Marítima Ponte dei Mille (Stazione Marittima), no muy lejos del centro de la ciudad. Es la estación histórica de la que salían los grandes buques hacia América, aunque parece que el Meraviglia tiene unas dimensiones superiores, ya que se ve cómo sobresale tras el edificio.

A finales del siglo XIX las migraciones no dejaban de crecer, por lo que fue necesario crear un espacio con salas de pasajeros. Se construyó un edificio que constaba de salas de pasajeros, un comedor, una sala médica y un puesto policial en el interior, todo en el mismo piso. Tras la I Guerra Mundial se recuperó el proyecto y se amplió a tres edificios conectados entre sí. Eso sí, las salas de la planta baja eran para la tercera categoría, mientras que las de la primera planta lo eran para primera y segunda. Siempre ha habido clases.

A mí lo que más me impresionó fue su interior tan blanco y la gran cúpula sostenida gracias a varias columnas.

Con la llegada de los vuelos en los años sesenta, el tráfico marítimo había disminuido notablemente. Tras tareas de restauración en 2001, hoy, como digo, es la estación donde llegan los cruceros.

Nada más salir, hay un puesto de información, así que aprovechamos para hacernos con un mapa. Aunque con la lluvia y teniendo Google Maps, lo cierto es que no lo usamos mucho.

Pero antes de comenzar con la ruta, unos datos sobre Génova:

Delimitada entre la Riviera Poniente y la Riviera Levante, es la capital de Liguria, una de las regiones más pequeñas del país, y la cuarta en población.

Liguria perteneció a Francia en el siglo XVII y, aunque en 1746 fue ocupada por los austriacos, Napoleón la recuperó. Consiguió independizarse, pero el Congreso de Viena en 1815 estipuló que debía anexionarse al Reino de Cerdeña.

Tras una larga etapa de decadencia, en el siglo XX remontó gracias a los túneles ferroviarios, los astilleros, industrias petroquímicas y metalúrgicas. Fue entonces cuando se convirtió en región portuaria. No obstante, la II Guerra Mundial y la ocupación germana frenaron de golpe este desarrollo.

Génova es la sexta ciudad italiana en población (la primera en su región) y la cuarta por importancia económica. Por supuesto, su historia, tanto política como cultural, está ligada al mar y tiene un carácter multicultural gracias a la multitud de pueblos que han pasado por su territorio. Los cartagineses la destruyeron en el 209 a.C y fue reconstruida por los romanos. Tras la caída del Imperio Romano llegaron los bizantinos, más tarde los lombardos. En el año 935 fue saqueada por los sarracenos.

El apogeo de Génova comenzó en el siglo XII cuando venció a los sarracenos. A partir de ahí, fueron prosperando hasta conseguir establecer puestos comerciales en Oriente Medio gracias a las Cruzadas. En el siglo XVI Andrea Doria consolidó el papel de la ciudad.

Con el paso de los siglos se enfrentó a los aragoneses, Visconti y franceses. Además, disputó la hegemonía marítima con Pisa, Venecia y Almafi. Y es que los genoveses siempre se han echado al mar en busca de nuevas rutas comerciales ¿Suena un tal Cristóforo Colombo? Así fue cómo la República Genovesa tuvo colonias en Oriente Medio y en el Norte de África.

Su época dorada transcurrió entre los siglos XVI y XVII, sin embargo la decadencia llegó como consecuencia de la rivalidad entre los aristócratas gobernantes, los avances de los franceses en 1668 y de los austriacos en 1734. Poco a poco perdió importancia y territorios.

El puerto de Génova es el más importante del país y el segundo del Mediterráneo. El mar es el protagonista, así, no es de extrañar que la ciudad haya crecido en torno a él. Eso sí, de una forma desordenada y caótica. Sin embargo, no todo está a nivel del mar, sino que Génova se asienta sobre colinas, a las que se accede por medio de funiculares o elevadores.

El centro histórico queda bastante recogido y se puede recorrer tranquilamente a pie. De hecho, es la mejor forma de hacerlo, pues es complicado acceder de otra forma a su entramado de callejuelas, callejones, plazas, plazoletas, escaleras y túneles.

Fuera del casco histórico se encuentra una ciudad más renacentista, símbolo de una época en la que Génova destacaba en el comercio.

Nosotros, equipados con impermeables y paraguas, comenzamos nuestra caminata por la Via Alpini d’Italia, que nos lleva por el Porto Antico. Un puerto que fue renovado en 1992 y ha ido añadiendo atracciones turísticas como la Biosfera, la Ciudad de los Niños, el Museo de la Antártida, una biblioteca, un centro comercial, un gimnasio, cines, restaurantes y bares. Además del famoso Acuario, el segundo más importante de Europa por detrás del de Valencia. Es el más grande de Italia y cuenta con 70 tanques y 800 especies.

Cerca se halla el Museo del Mar (Galata Museo del Mare), inaugurado en 2004 con motivo de la capitalidad cultural europea de Génova. En sus 10.000 metros cuadrados se puede conocer la historia naval de la ciudad. Organizado en cuatro pisos, es el museo más grande del área mediterránea dedicado al mar.

El nombre nos recuerda a la torre de Estambul de mismo nombre, y es que, si recordamos, es en aquel barrio donde vivían los genoveses.

Y mientras, en la acera opuesta vamos viendo edificios coloridos que parecen tener historia, sin embargo, Génova no nos termina de emocionar. La ciudad parece gris, y no solo por la lluvia. Hay algo de decandencia, de dejadez en su paisaje urbano.

En este tramo solo destaca el Complejo de San Giovanni di Pré (Commenda di San Giovanni di Pré), un edificio de piedra negra de Promontorio de estilo románico que se abre al mar.

Fue mandado construir en 1180 por un monje perteneciente a los Caballeros de Jerusalén. Consta de dos iglesias sobrepuestas una sobre la otra y de la commenda, que tiene tres pisos y que servía como convento y hospedaje para caballeros, mercaderes y peregrinos que iban o volvían de Tierra Santa. Hoy es un Museo-Teatro dedicado a la historia medieval de la ciudad.

En esa misma acera, medio escondida, se encuentra la Porta dei Vacca.

Originalmente se llamaba Porta di Santa Fede, pues tomaba el nombre de la iglesia próxima, pero el dei Vacca se lo debe a la familia adinerada que residía tras cruzarla. Cuando los Vacca traicionaron a la República de Génova su vivienda fue demolida como castigo. En su lugar se levantó una fuente.

También se la llama Porta Sottana, como contraste de la Porta Soprana.

Esta puerta, que data de 1155, es considerada uno de los grandes monumentos de Génova y permite el acceso al recinto amurallado medieval. Consta de dos torres semicirculares y está incorporada a dos palacios, el de Marc’Aurelio Rebuffo y el de Lomellini-Serra.

En las tareas de restauración de 1960 salieron a la luz estructuras originales y modificaciones del siglo XVIII.

Un poco más adelante, dejamos el puerto para cruzar a la Piazza Caricamento.

Esta plaza de aproximadamente 9.000 metros cuadrados estuvo ocupada por muelles portuarios durante la Edad Media: Calvi (también llamado della Legna), Spinola, Reale (de pasajeros) y Mercanzia. En 1839 se construyó como terminal, para que sirviera de enlace vial con el puerto y, en 1854, con la inauguración de la línea ferroviaria Turín-Génova, se convirtió en la estación principal de carga y descarga de mercancías al permitir los traslados directamente desde los barcos hasta los trenes.

En 1963 se construyó una carretera elevada que cruza la plaza para que la aliviara de tráfico. Sin embargo, también la afea. En 1992, con motivo de las celebraciones del descubrimiento de América, se peatonalizó parcialmente y se abrió a la ciudad. Desde entonces sus funciones comerciales han desaparecido.

En el centro se alza la estatua de bronce de Raffaele Rubattino, considerado el primer armador italiano.

La plaza queda delimitada por el Palazzo San Giorgio, que antiguamente era conocido como Palazzo delle Compere di San Giorgio. Hoy es la sede de la Autoridad Portuaria.

La fachada está decorada con los San Jorge y el dragón y en su parte posterior aún se pueden ver rastros de la construcción medieval.

Y es en esta parte trasera donde parte la Via al Ponte Reale, que nos conduce al casco histórico de la ciudad, donde los callejones son tan estrechos que abriendo los brazos se pueden tocar ambos extremos y apenas entra luz entre los edificios.

Paramos en la Piazza Bianchi, donde se localiza la primera Bolsa de Italia, la Loggia dei Mercanti, construida en 1855. También en la plaza se alza la Iglesia de San Pietro in Banchi.

Es uno de los tres edificios religiosos (además de la catedral de San Lorenzo y de San Bernardo) que fueron construidos en la ciudad por el gobierno de la República de Génova. Esta iglesia se levantó a finales del siglo XVI en el lugar en que había habido ya un templo, pero que quedó reducido a escombros a finales del XIV.

Durante la II Guerra Mundial quedó gravemente dañada como consecuencia de un bombardeo aéreo. Tras la guerra fue restaurada siguiendo fotografías y grabados antiguos. La decoración de la fachada, que nunca se acabó, se sustituyó por frescos.

Siguiendo la Via San Pietro della Porta llegamos a la Via San Lorenzo, que nos conduce a la Catedral.

Imagino que normalmente es una calle muy transitada, sin embargo, con la lluvia, apenas había gente, salvo nuestros compañeros de crucero. Bueno, y las pinturas del suelo.

La Catedral de San Lorenzo fue construida gracias a los beneficios obtenidos en las Cruzadas y las obras se alargaron entre los siglos XII y XVI . Así, aunque comenzó a construirse en estilo románico, tiene elementos de varios estilos arquitectónicos como consecuencia del paso del tiempo. Lo primero que se construyó fue la fachada, y fue decorada con franjas de mármol horizontales blancas y negras, bastante común en Liguria (y que ya habíamos visto en Marsella). Por su parte, la mayoría de la estructura interior data del siglo XIV; mientras que el campanario y la cúpula son del XVI.

La entrada principal se encuentra flanqueada por efigies de los cuatro animales del apocalipsis y la representación de Jesús en actitud de bendecir. La parte superior queda rematada por un gran rosetón.

El interior queda dividido en tres naves: una central y dos laterales (donde se encuentran las capillas). Me sorprendió su edificio con la combinación de columnas y piedra, aunque lo que más llama la atención es la bomba de la II Mundial que lanzaron las tropas británicas pero que afortunadamente no explotó. Los católicos lo consideran una intervención de Dios y el obús se venera como una figura religiosa.

La catedral es uno de los principales monumentos de la ciudad y la sede episcopal católica. Cuando se erigió, favoreció la fusión de los tres núcleos de la ciudad antigua y se convirtió en el corazón de Génova. Y es que por aquel entonces, la plaza era el único espacio público de la ciudad.

Bajo el edificio se encuentra el Museo del Tesoro de San Lorenzo, que alberga una colección de joyería y platería desde el siglo IX a la actualidad.

Seguimos bajo la lluvia hacia la cercana Iglesia de Jesús (Chiesa del Gesú).

Data de la segunda mitad del siglo XVI y es de estilo barroco genovés. Destaca sobre todo su interior, donde alberga obras de Rubens.

Al lado se halla el Palazzo Ducale, uno de los símbolos más prestigiosos de la ciudad.

Se comenzó a construir en 1298, una época en la que Génova era una potencia en el Mediterráneo. Fue renovado en el siglo XVI, para darle una nueva apariencia más actualizada, tanto en su exterior, como en el interior.

A finales del siglo XVIII se le añadieron elementos neoclásicos durante la restauración posterior al incendio de 1777. Volvería a ser renovado de nuevo en el siglo XIX y a principios del XX.

Fue abierto al público en 1992 y ahora acoge grandes eventos y exhibiciones. Durante nuestra visita había una de Picasso.

Seguimos la Via di Porta Soprana que nos conduce, como no podía ser de otra forma, a la Porta Soprana, también conocida como Porta di Sant’Andrea ya que se encuentra en la cima del Piano di Sant’Andrea.

Esta puerta era uno de los antiguos accesos de la Génova Medieval. Fue construida en el siglo X para defenderse del imperio alemán. El aspecto actual sin embargo no es el original, sino que se corresponde con la restauración del siglo XII.

En el siglo XIV perdió su papel defensivo y con el desarrollo urbanístico se quedó integrada dentro del barrio de Ponticello. Sobre el arco de entrada, entre ambas torres, se construyó una casa en la que viviría el hijo del verdugo que había guillotinado a Luis XVI.

En el siglo XIX la casa fue ampliada y las torres se convirtieron en cárcel al igual que el cercano Claustro de San Andrea. Con la restauración de finales de siglo se incorporaron las águilas de los capiteles. La torre sur pasó por un lavado de cara en 1930 cuando se demolió el barrio de Ponticello.

Muy cerca, tomando el Vico dritto di Ponticello se encuentra la casa-museo de Cristobal Colón (o la que se cree que fue su casa), aunque nosotros no teníamos tiempo, por lo que continuamos por Via Dante, que nos lleva al centro neurálgico de la ciudad, a la Piazza de Ferrari.

Le debe su nombre a Raffaele De Ferrari, Duque de Galliera, que en 1875 donó una importante suma de dinero para la ampliación del puerto.

Proyectada en la segunda mitad del siglo XIX, es la plaza más espectacular de la ciudad, y una que al parecer concentra gran bullicio de tráfico y gente. Aunque con la lluvia estaba el ambiente bastante tranquilo.

Se encuentra dominada por la monumental fuente de bronce circular con saltos de agua y rodeada de impresionantes edificios históricos.

En su entorno se erigen sedes de bancos y aseguradoras así como edificios de oficinas, por lo que también se la conoce como el centro financiero de Génova y hay quien se refiere a ella como la “city”. Además hay varios palacios y el Teatro Carlo Felice.

El Palazzo della Nuova Borsa Valori destaca por su recargada decoración y su planta semicircular. Pero también encontramos el imponente Palazzo Ducale, la antigua sede de gobierno de la región de Liguria. Aunque es su cara lateral la que da a esta plaza. Su fachada principal ya la habíamos visto en la plaza Giacomo Matteotti.

El Teatro Carlo Felice es la principal ópera de la ciudad. También se usa para representaciones de ballet y música de orquesta.

Construido en 1827, es de estilo neoclásico. Aunque su aspecto se lo debe a una reconstrucción total tras haber quedado dañado como consecuencia de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Frente a él se halla la estatua ecuestre de Giuseppe Garibaldi, el militar y político italiano que promovió la unificación de Italia.

También en las proximidades está la Accademia Ligustica di Belle Arti, construida en el siglo XIX en el lugar en que se encontraba el convento de San Domenico.

Y de plaza a plaza. Nuestra siguiente parada fue la Piazza di San Matteo, una clara muestra del poder de una gran familia genovesa en la Edad Media: los Doria. Todos los edificios en la plaza pertenecían a esta familia.

Su lugar es estratégico: muy cerca de la Catedral, de la Piazza Soziglia y de  la Via Luccoli. Además, por aquel entonces suponía el límite de la ciudad, por lo que controlaban las salidas. En el siglo XII, con los nuevos muros, quedó dentro del recinto urbano.

En el centro se halla el templo que le da nombre, la Abazzia de San Matteo.

Esta pequeña iglesia data de 1125 y fue erigida en estilo románico, aunque en el siglo XIII fue renovada con toques góticos. El promotor de esta construcción fue el benedictino Martino Doria, que era recaudador de impuestos. Se la dedicó a San Matteo porque era el patrón de su profesión, y con ello se convirtió también en el de la familia. Hoy el templo sigue perteneciendo a los Doria, e incluso el nombramiento del Abad ha de ser aprobado por ellos.

En el siglo XIII la plaza fue renovada. Se construyeron los palacios de Branca Doria y Lamba Doria, y se echó abajo la iglesia para levantar una más grande (desplazada hacia arriba y atrás) y con un diseño más acorde a las nuevas edificaciones. Así, se actualizaron las fachadas y se diseñaron con las franjas de mármol y pizarra tan típicas en las construcciones de la Edad Media genovesa.

A mediados del siglo XVI se construyó la tumba de Andrea Doria en la cripta, bajo el altar mayor.

Otros palacio de la familia son el Palazzo Lamba Doria, con un pórtico con cuatro arcos y formado por dos edificios unidos por sus fachadas; el de Domenicaccio Doria, con tres arcos ojivales; o el Gnecco Quartara (antes conocido como Giorgio Doria, pero comprado en 1826 por Andrea De Ferrari, padre del futuro duque de Galliera, Raffaele De Ferrari), con el portal del siglo XV que representa San Jorge y el dragón. En 1486 se construyó el último de los palacios, el de Lazzaro Doria.

Todos los palacios de Doria albergan importantes colecciones de arte en su interior.

Tanto la plaza como las fachadas fueron renovadas en 1992 con motivo del aniversario del Descubrimiento de América, pero quizá ha llegado el momento de darles otro lavado de cara.

Tras intentar captar los detalles de la Piazza San Matteo y sus construcciones, volvimos sobre nuestros pasos hasta la Piazza di Ferrari para tomar allí la Via XX Settembre, una calle comercial de casi un kilómetro que conduce a la Piazza de la Vittoria, construida en tiempos del fascismo.

La Via XX Settembre es conocida por los locales también como Via Venti y además de tiendas, también predominan en ella oficinas, bares elegantes y algunos edificios históricos. Hasta los años 80 conservó salas de cine, hoy ya desaparecidas y trasladadas a los centros comerciales.

Para construir esta importante avenida hubo que demoler muchos edificios, con lo que no fue acogida con mucha expectación. Tras varias modificaciones, su desarrollo se llevó a cabo en dos fases y con problemas económicos.

 

Podríamos haber seguido mucho tramo, pero como no teníamos mucho tiempo, tomamos la calle Sofia Lomellini y llegamos hasta la Piazza Corvetto, llamada así por Luigi Emanuele Corvetto, un político genovés de la época napoleónica. Es una de las plazas más grandes de la ciudad y de ella salen varias calles importantes como la Via Roma, Via XII Ottobre, Via Serra o Via Assarotti. También la Galleria Nino Bixio sobre cuya balaustrada se erigen dos estatuas de personajes ilustres de la ciudad: el almirante Andrea Doria y Guglielmo Embriaco, héroe de las cruzadas.

En la Piazza Corvetto, destacan sus jardines y parterres, así como la estatua ecuestre de Víctor Manuel II de Saboya.

También desde la plaza se ve el Palazzo Doria – Spinola, que es Patrimonio de la Humanidad.

Fue construido entre 1541 y 1543 para el almirante Antonio Doria, pero en 1624 pasó a la familia Spinola, de ahí su nombre compuesto. En 1876 fue vendido al ayuntamiento, y más tarde fue transferido a la provincia, momento en que se realizaron tareas de reacondicionamiento para poder establecer las oficinas. Como consecuencia de la construcción de la Via Roma en 1877 perdió la esquina derecha, la galería y el jardín.

Alberga hoy en día la Galería Nacional, el principal museo de arte de la provincia. Su colección incluye desde muebles hasta pinturas y esculturas que la familia Spinola donó al Estado en 1958.

Siguiendo la calle nos adentramos en la parte más histórica de la ciudad, que merece entrada aparte.

Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Aproximación a Italia

Amaneció un nuevo día con cambio de país. Llegábamos a Italia, país en el que habíamos estado brevemente en nuestra visita a Venecia en 2008 durante nuestro primer crucero. Aquella vez predominaba Grecia, esta vez, de seis paradas, tres eran italianas.

Hablar de Italia es complicado, casi tanto como hablar de Grecia. Es un país que ha heredado varias culturas antiguas como la de los etruscos, los griegos, los vénetos y los romanos; pero también ha sido cuna de diferentes artes en siglos más próximos (por ejemplo el Humanismo y el Renacimiento). Además, su capital es referencia religiosa, pues en Roma se encuentra el Vaticano, sede de la Iglesia Católica. Gracias a todo ello, Italia es el país que tiene mayor número de reconocimientos bajo el título Patrimonio de la Humanidad (51).

El nombre Italia proviene de los ítalos, un pueblo que residía en el centro de la península. Con el tiempo el nombre se fue extendiendo a medida que la República Romana fue conquistando tribus y unificando territorios.

Según los yacimientos arqueológicos, Italia ha estado habitada desde el Paleolítico, aunque las primeros pueblos estudiados son los ligures, que se asentaron en el norte de Italia, Suiza y el sur de Francia (Niza) y que tenían conocimientos de agricultura y navegación.

En esa época, también residían en el centro de la península (en la Toscana) los etruscos. No se conoce mucho de ellos, quizá venían de Asia Menor. Los frescos, joyas y cerámicas que se han hallado en sus tumbas muestran que tenían un alto nivel artístico y cultural. Gracias al comercio pronto avanzaron hacia el norte, alrededor del valle del río Po (hoy Lombardía). También se extendieron hacia el sur, donde se encontraron con la Magna Graecia. A partir del siglo VIII a. C. llegaron griegos que crearon colonias en el sureste de la península. Poco a poco fueron naciendo ciudades-estado.

Los etruscos eran destacados orfebres e innovadores constructores navales. Además, conocían técnicas militares superiores. Sin embargo, eso no impidió que hacia el siglo V a.C comenzara la decadencia de Etruria como consecuencia de las invasiones celtas así como ataques de griegos y cartagineses. Finalmentente hacia el 40 a. C. fue conquistada por los romanos.

En la Edad de Hierro habían llegado a Italia pueblos indoeuropeos (latinos, sabinos, oscos y umbros) que se fueron asentado sobre todo en el centro y norte de Italia.

En el 753 a. C. a orillas del río Tíber se fundó Roma, una ciudad que acabaría siendo clave en la historia de Italia y Europa durante siglos. Nació como una sociedad agrícola, pero fue creciendo y pasó de monarquía etrusca (21 de abril del 753 a. C. hasta el 510 a. C.) a república romana latina (509 a. C.- 27 a. C.) y finalmente acabó convirtiéndose en todo un Imperio gracias a su excelente organización militar y civil.

Roma se hizo con tierras desde el Rin en Germania hasta el norte de África, abarcaba toda la Península Ibérica así como los actuales territorios de Francia, Gran Bretaña, Europa Central y Oriente Medio hasta Armenia. Bajo el dominio de Augusto hubo unos años de paz, un período de esplendor conocido como Paz Romana.

El Imperio Romano fue relevante tanto cultural como científica o técnicamente. En la época del imperio la cultura romana, el arte, la literatura y filosofía se propagaron. Todo el imperio tenía la misma moneda, el mismo código legal, la misma religión, la misma lengua (que evolucionaría en las diferentes lenguas romances), el mismo ejército… Se construyeron calzadas romanas para facilitar las comunicaciones en todo el territorio, se explotaron minas en Hispania y Britania y se erigieron puentes y acueductos para llevar agua a las ciudades. Todo este desarrollo urbanístico favoreció el comercio y la economía. Nació así la Ruta de la Seda, que conectaba Occidente con el Imperio Chino y la India.

Durante el reinado de Trajano el Imperio Romano abarcaba unos 6,14 millones de km². Iba desde el Océano Atlántico hasta las orillas del mar Negro, el mar Rojo y el golfo Pérsico; y desde el desierto del Sáhara hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia. Pero llegó un momento en que era difícil de gobernar un territorio tan amplio. Además, el ejército comenzó a revelarse. En el año 476 las Invasiones Bárbaras pusieron fin al imperio, aunque ya venía debilitándose y fragmentándose.

La Edad Media estuvo marcada por diferentes pugnas de poder entre diferentes pueblos que querían hacerse con el control de los territorios. En el norte dominaba el Sacro Imperio, el Papa y el poder de las ciudades-estados y en el sur el Imperio Bizantino, los musulmanes, los normandos, los angevinos, los aragoneses y los Borbones…

Entre los siglos X y XII cuatro ciudades destacaban en el comercio marítimo: Amalfi, Pisa, Génova y Venecia. También tenían su independencia (gobierno autónomo con forma de república oligárquica, moneda, ejército, etc.) como consecuencia de la falta del poder central. Otras ciudades que consiguieron el autogobierno gracias al comercio y la artesanía fueron Gaeta, Ancona, y Noli.

A finales de la Edad Media había seis Estados principales: el ducado de Saboya, el de Milán, las repúblicas de Florencia y Venecia, los Estados Pontificios y el reino de Nápoles.

El norte se había desarrollado más gracias a las ciudades-estado y a la llegada de mercaderes durante el siglo XII y XIII. Esto conllevó al Renacimiento en el siglo XV, una época en la que resurgieron las artes y las ciencias. En un principio nació en la literatura, pero el mecenazgo favoreció otras disciplinas y áreas intelectuales. En este movimiento destacan artistas como Leonardo Da Vinci, Michalangelo Buonarotti, Sandro Botticelli, Dante Aligheieri y Francesco Petraca.

El movimiento comenzó en la Toscana, en las ciudades de Florencia y Siena, gracias a la influencia de los eruditos griegos. Pronto tuvo impacto en otras ciudades como Milán y Venecia. También el Papa quiso hacer cambios en edificios en Roma. Y después se extendió por el resto de Europa. Aún así, no hay que olvidar que los cambios estaban concentrados en las clases altas y que para la mayoría de la población no supuso gran diferencia esta etapa con la Edad Media.

Políticamente fue un período en el que diferentes países luchaban por hacerse con el poder. Así, el Renacimiento terminó a mediados del siglo XVI debido a las Guerras Italianas provocadas por la rivalidad entre Francia y España y las continuas sucesiones dinásticas. Las ciudades-estado perdieron su autonomía y quedaron bajo dominio extranjero.

La España de Carlos I pasó a controlar Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, la parte sur de la Toscana y algunos estados pequeños del norte. Sin embargo, la decadencia del Imperio Español en el siglo XVIII por las numerosas guerras que tuvo que encarar arrastró también a los territorios italianos. La Guerra de Sucesión Española tras la muerte de Carlos II implicó casi a toda Europa. Y mientras en la Península Ibérica se libraban las batallas, el duque de Saboya y el de Austria se hicieron con las posesiones españolas en Italia.

Tras la guerra, Milán, Nápoles y Cerdeña pasaron a los Austrias, mientras que Sicilia pasó a la Casa de Saboya. Después Carlos III conquistó el Reino de las Dos Sicilias, que le pasaría a su hijo Fernando I. Tras la muerte de Carlos IV, su hija María Teresa I de Austria heredó la corona, pero no era reconocida por las potencias europeas, lo que desembocó en una guerra entre Prusia, Francia y España. Cuando María Teresa se casó con Francisco, la Toscana se incorporó a la casa Habsburgo-Lorena.

A finales de siglo XVIII llegó Napoleón, quien puso fin al dominio austriaco, reorganizó los territorios en repúblicas, abolió el poder de los papas y deportó a Pío VII a Savona. Después unió las diversas repúblicas en el Reino de Italia. Solo Sicilia y Cerdeña quedaron fuera de su dominio.

En 1814, con el Congreso de Viena, Italia quedó dividida en ocho partes, la mayoría bajo dominio extranjero. Tras la caída de Napoleón, comenzó a despertar un sentimiento revolucionario de carácter de independencia: El Risorgimento. Nació desde el odio hacia la dominación extranjera. Los patriotas se alzaron en 1848 contra los austriacos en Milán y Venecia, contra los Borbones en Sicilia y contra el Papa en Roma, donde se declaró la República.

Víctor Manuel II encabezó un movimiento que en apenas dos años se hizo con todo el territorio. Nombró a Camillo Benso Di Cavour presidente del consejo de ministros, quien consiguió crear el Reino de Italia, en el que solo el Véneto y Roma quedaban excluidos (tardarían una década en caer). Por su parte, Giuseppe Garibaldi unificó Nápoles y Sicilia, que en 1861 sirvió para que Cavour declarara un reino unificado. En 1866 se anexionó Véneto y, finalmente, en 1870 Roma, convirtiéndola en capital y confinando al Papa Pío IX en el Vaticano, ya que no quería entregar el poder. En 1871 Italia estaría unificada como monarquía parlamentaria constitucional.

El nuevo estado unificado sin embargo tenía sus problemas. Mientras que el norte se industrializaba rápidamente, por contra el sur (y zonas rurales del norte) estaban subdesarrolladas y sobrepobladas. Además, había un número alto de analfabetismo y grandes diferencias culturales. Ni siquiera había una lengua común. En cuanto a política exterior, comenzó una expansión colonialista: Eritrea, Somalia y Abisinia. Además, el nacionalismo italiano reclamaba las “Tierras italianas irredentas”, ciudades y regiones que consideraban propias, como algunas ciudades fronterizas de Croacia o Austria; Niza, Saboya, Córcega o Malta. Tras una guerra con Turquía entre 1911 y 1912 se hizo con territorios de Libia y algunas islas del Egeo.

Al estallar la I Guerra Mundial Italia se mantuvo neutral. Sin embargo, debido a presiones de sectores nacionalistas y de izquierdas, en 1915 acabó uniéndose a los Aliados y declarándole la guerra a Austria a cambio de varios territorios (Trento, Trieste, Istria, Dalmacia). Al fimar la paz recibió Trento, Trieste e Istria, no así Dalmacia que pasaría a Yugoslavia.

Tras la I Guerra Mundial hubo agitaciones socialistas inspiradas por la Revolución Rusa, sin embargo, tuvieron un resultado diferente, ya que provocaron una contrarrevolución. El Partido Nacional Fascista, liderado por Benito Mussolini, se convirtió en una importante fuerza política. Su reacción a las huelgas fue mejor aceptada que la del propio gobierno gracias al discurso del miedo. Fue ganando adeptos hasta que en octubre de 1922 los fascistas intentaron llevar a cabo un Golpe de Estado con la Marcha sobre Roma, pero fracasó. Aunque no del todo, ya que el Rey Víctor Manuel III convirtió a Mussolini en Primer Ministro.

Nació la dictadura fascista y en los años siguientes se prohibieron los partidos políticos, se controló a la prensa y a los sindicatos y se recortaron libertades personales para así “prevenir” nuevas revoluciones. En 1929 Mussolini pactó con la Iglesia Católica y les permitió crear el Estado del Vaticano. Mientras tanto, la política exterior se centró en las colonias. En 1936 invadió Etiopía y en 1937 se creó el Imperio Italiano de África Oriental. Además, Italia se unió a la Alemania nazi para apoyar a Franco en la Guerra Civil Española. Cuando Alemania se anexionó Austria e invadió Checoslovaquia, sin avisar a Mussolini, este decidió anexionarse Albania pese a la oposición del rey Víctor Manuel III.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial, Italia también se mantuvo neutral, sin embargo, en 1940, cuando Francia estaba en horas bajas, decidió declarar la guerra esperando que así Gran Bretaña pediría la paz. Algo que no ocurrió. Hitler invadió Polonia, Francia y Dinamarca y Mussolini decidió hacer lo propio con Grecia atravesando Albania. Sin embargo, lo que él esperaba que fuera rápido, le llevó más tiempo y esfuerzo y al final tuvo que intervenir en 1941 Hitler en coalición con Bulgaria y Hungría. Entre 1941 y 1942 Italia consiguió extender su control en el área central del Mediterráneo.

Con la entrada de EEUU y la fallida invasión de la URSS, el Eje perdió poder. Además, en 1943 Italia fue derrotada en el norte de África y Sicilia fue invadida. El rey Victor Emmanuel III mandó arrestar a Mussolini y nombró Primer Ministro al mariscal Badoglio. Este nuevo gobierno comenzó a negociar el armnisticio con los aliados, algo que no gustó en Alemania, que envió tropas a Italia. Hitler se hizo con el norte de Italia, y tras la liberación de Mussolini, la zona se convirtió en la República Social Italiana. En aquel momento surgió la Resistencia Partisana, que se oponía al fascismo y al nazismo y consiguió desestabilizar su poder y expulsar a los nazis. La liberación italiana se llevó a cabo en abril de 1945 y Mussolini fue fusilado. Casi un millón de italianos murieron en la guerra y el país quedó sumido en la pobreza.

El 2 de junio de 1946 tuvo lugar un referéndum en el que por primera vez pudieron votar las mujeres (el sufragio universal masculino se aprobó en 1913). El rey, que había estado implicado en la II Guerra Mundial y en la dictadura, tuvo que abdicar al proclamarse la República.

El 1 de enero de 1948 entró en vigor la Constitución Republicana. En aquel momento Italia redibujó sus fronteras. La mayoría de la Venecia Julia pasó a Yugoslavia y Trieste quedó dividida entre los dos estados. También se perdieron todas las posesiones coloniales y se dio por acabado el Imperio Italiano. En las primeras elecciones en abril de 1948 hubo una pugna entre el partido apoyado por EEUU: el Partido Democracia Cristiana, y los respaldados por la URSS, el Partido Socialista Italiano y Partido Comunista Italiano. El miedo al comunismo le dio el triunfo al PDC, un partrido que ha estado muy presente en los gobiernos de Italia desde la guerra hasta la década de los 80.

En 1949 Italia se unió a la OTAN y en 1955 a las Naciones Unidas. Comenzó a remontar económicamente gracias al Plan Marshall. En 1957 fue miembro fundador de la Comunidad Económica Europea, antecesora de la Unión Europea.

Desde finales de los años 60 hasta finales de los 80 se vivieron los conocidos anni di piombo (años de plomo). La crisis del petróleo, la guerra fría y los gobiernos que duraban apenas unos días desembocaron en una crisis social. Esta insatisfacción se tradujo en revueltas callejeras. La violencia fue escalando hasta que en 1978 las Brigadas Rojas asesinaron al líder cristianodemócrata Aldo Moro. Los servicios secretos italianos intervinieron deteniendo a activistas de extrema izquierda. En 1980 tuvo lugar el brutal atentado en la estación de tren de Bolonia que dejó a 85 muertos. La masacre fue atribuida a Ordine Nuovo, un grupo terrorista de ultraderecha, pero nunca se llegó a aclarar.

En los años 80 se produjo una alternancia de gobierno. En 1981 consiguió llegar al gobierno Giovanni Spadolini (liberal) y en 1983 Bettino Craxi (socialista), aunque Democracia Cristiana siguió siendo el principal partido. Durante el gobierno socialista la economía se recuperó e Italia se convirtió en la quinta nación más industrializada, no obstante, la deuda se disparó como consecuencia de los gastos del gobierno.

En los años 90 Italia tuvo varios escándalos judiciales. Por un lado, el ex Primer Ministro democratacristiano Giulio Andreotti fue acusado de colaborar con la mafia. Por otro, salió a la luz la Operación Gladio, en la que los servicios secretos de la OTAN habían llevado a cabo actividades anticomunistas.

El 92 fue un año movido. Las elecciones reflejaron el hartazgo de la población y el castigo a los políticos que llevaban años de inmovilismo y acumulando deudas. Además, la Operación Manos Limpias había descubierto flagrantes casos de corrupción. Aunque estaban todos los partidos involucrados, especialmente era notable en Democracia Cristiana, que llevaba 50 años en el poder. Así, los partidos sufrieron una gran crisis y se reorganizaron. Por ejemplo, los comunistas se reconvirtieron en fuerza socialdemócrata. También fue el año en que la mafia asesinó al juez Giovanni Falcone.

En 1996 ganó las elecciones una coalición de centro izquierda, el Olivo, encabezada por Romano Prodi, pero las tensiones internas hicieron que tan solo dos años después hubiera nuevas elecciones. En 1998 se formó una coalición de centro-izquierda que incluía a los comunistas por primera vez en cincuenta años. A la cabeza estaba Massimo D’Alema, quien dimitiría en 2000 tras unos malos resultados en las elecciones regionales.

En 2001 ganó las elecciones Silvio Berlusconi. Este magnate de los medios de comunicación (es dueño de tres cadenas de televisión) aprovechó la crisis de los partidos tradicionales para formar el partido de centro-derecha Forza Italia. Gobernó en coalición con la separatista Liga Norte y otros partidos de corte neofascista como Alianza Nacional. La coalición de Berlusconi no consiguió renovar la presidencia en 2006 y Prodi volvió al poder con la alianza centroizquierdista L’Unione. Aunque volvió a haber alternancia en 2008, cuando Berlusconi volvió a ganar. Eso sí, fueron unos años de escándalos y de maniobras en los que el Primer Ministro intentó modificar las leyes en su propio beneficio. Tres años más tarde, atrapado entre juicios de corrupción y otros personales, tuvo que dejar la presidencia.

Le sucedió Mario Monti, que tampoco duró mucho y fue sustituido en 2013 por Enrico Letta, quien solo estuvo un año en el cargo. En 2014 Matteo Renzi asumió la presidencia, y tras dos años dimitió tras un referéndum fallido y le tomó el relevo su ministro de Exteriores Paolo Gentiloni, cuyo Gobierno fue el número 65 desde enero de 1946. Demasiados para tan poco tiempo, pero es la consecuencia del sistema electoral italiano. La Constitución favorece deliberadamente las coaliciones. Es algo que se tuvo en cuenta cuando se redactó, para que así se pudieran unir el norte y el sur y no llegara un gobernante demasiado poderoso (no querían repetir sus errores). De esta forma, el Primer Ministro necesita tener mayoría en ambas cámaras para poder gobernar. Y además mantenerlo, si no, tendrá que renunciar.

Así pues, si ya de por sí estas coaliciones tienen sus propias tensiones, además le unimos que los partidos no están unidos y las diferentes corrientes chocan entre sí, el resultado es la inestabilidad. A principios de los 90 se cambió la ley electoral para intentar favorecer gobiernos de mayoría y desde entonces los gobiernos duran el doble de lo que lo hacían antes de la modificación. Aún así, sigue habiendo problemas. En 2017 se aprobó la Rosatellum bis, una nueva ley electoral que ha resultado ser un caos a la hora de formar gobierno. El primer domingo de marzo de 2018 hubo elecciones y ninguna agrupación ni partido político ganó por mayoría absoluta. El “partido” más votado fue el Movimiento 5 Estrellas, liderado por Luigi Di Maio y la coalición de derechas ganó por mayoría simple en la Cámara de Diputados y en el Senado.

El 5 de marzo, Matteo Renzi anunció que su partido, el PD, estaría en la oposición durante la legislatura y que una vez se forme un nuevo gabinete, renunciaría como líder. Por su parte, Matteo Salvini reiteró la promesa que realizó durante la campaña de no formar coalición con el M5S. Sin embargo, el 1 de junio se convirtió en Vicepresidente y Ministro de Interior del Gobierno de Italia gracias al acuerdo de la Liga Norte con el Movimiento 5 Estrellas.

Se encontraron con alguna traba a la hora de formar gobierno, ya que Sergio Mattarella, Presidente de la República, rechazó la propuesta de Paolo Savona (euroescéptico) como Ministro de Economía. Parecía que aquello iba a conducir a unas nuevas elecciones tan solo 83 días de haber celebrado unas, pero finalmente salieron del bloqueo al proponer a Giovanni Tria, quien no defendía salir del Euro.

En el nuevo Gobierno el Movimiento 5 Estrellas (M5S), controla nueve ministerios, siendo Di Maio el responsable de Desarrollo Económico, Trabajo y Políticas Sociales. Los otros ocho son: Defensa, Infraestructuras y Transportes, Sanidad, Cultura y Turismo, Justicia, Sur, Relaciones con el Parlamento y Medio Ambiente. Por su parte la Liga ostenta ministerios clave. Sin ir más lejos, Salvini ocupa Interior y el rechazado Savona ha acabado en el Ministerio de Asuntos Europeos. Además cuentan con Agricultura, Educación, Discapacidad y Familia, Asuntos Regionales y Autonomías y Administración Pública.

El partido de ultraderecha con su lema “Los italianos primero” (que recuerda al America First de Trump) parece ganar cada vez más puntos en intención de voto (al poco de formarse el gobierno las encuestas le daban ya 14 más que lo que lograron en las elecciones). Italia, con sus políticas antiinmigración y antiEuropa está cada vez más cerca de Hungría, Polonia o Austria. El rumbo que está tomando Europa recuerda al siglo pasado.

Política aparte, el territorio italiano está organizado en veinte regiones administrativas divididas en cinco áreas:

Noroccidental: Liguria, Lombardía, Piamonte y Valle de Aosta.
Nororiental: Emilia-Romaña, Friuli-Venecia Julia, Trentino-Alto Adigio y Véneto.
Central: Lacio, Marcas, Toscana y Umbria.
Meridional: Molise, Abruzos, Apulia, Basilicata, Calabria y Campania
Insular: Cerdeña y Sicilia.

Aunque la mayor parte de su territorio se encuentra en Europa, Italia es un país bicontinental, ya que posee varias islas en el norte de África. Su territorio europeo lo conforman la Península Itálica, el valle del Po y dos grandes islas en el mar Mediterráneo: Sicilia y Cerdeña, mientras que el territorio africano lo conforman las islas de Lampedusa, Lampione y Pantelaria. En el norte está bordeado por los Alpes, donde limita con Francia, Suiza, Austria y Eslovenia. Los estados independientes de San Marino y Ciudad del Vaticano son enclaves dentro del territorio italiano. A su vez, Campione d’Italia es un municipio italiano que forma un pequeño enclave en territorio suizo.

La mayoría de la población se concentra en grandes ciudades, destacando Roma (la capital política) y Milán (la capital económica).

A pesar de ser un país pequeño, existen grandes diferencias entre las regiones. En el sur la gente es más tradicional y la estructura social está fuertemente influenciada por la religión católica. Así, se le da mucha importancia a los lazos familiares y a la familia tradicional.

También hay diferencias en cuanto al idioma. El oficial es el italiano, claro, pero también se hablan algunos dialectos, así como alemán y francés en las zonas fronterizas.

El italiano proviene de una variedad del toscano, y así se identificaba claramente hasta el siglo XVI. A partir de ese siglo, gracias a la expansión del Renacimiento y de su literatura, la lengua que hasta el momento era local, se extiende imponiéndose a otras.  Hacia 1550 se escribieron gramáticas y vocabularios italianos destinados a extranjeros para la comprensión de la cultura. Para finales de siglo las publicaciones en esta lengua habían superado por primera vez en Italia a las escritas en latín. En una época en la que aún no había unificación del país, por el contrario ya comenzaba a haberla del idioma. Eso sí, era una lengua elitista, claro. Tan solo hablaba este italiano aquella minoría que había cursado estudios superiores. El resto de la población seguía usando sus dialectos locales.

Con la unificación fue elevada a lengua oficial y comenzó la alfabetización de las masas. Así, nació un italiano estándar que en el siglo posterior se extendería más aún gracias a la difusión de los medios de comunicación. El italiano se convirtió en la lengua materna de toda la población y los dialectos quedaron en un segundo plano. No obstante, siguen presentes y varía mucho de unas regiones a otras la entonación, el vocabulario e incluso las formas verbales. Pero es lo mismo que ocurre con el castellano de Andalucía o el que se pueda hablar en Galicia. No todos hablamos igual.

Asimismo, la gastronomía refleja esta variedad cultural de sus regiones. Se la conoce por la pizza, la pasta o el rissotto, pero tiene mucho más. Es puramente mediterránea, con elementos griegos, turcos y árabes.

Italia está entre los 5 países más visitados en el mundo cada año. Atrae a millones de turistas gracias a la gastronomía, pero también por la historia y las artes. Y claro, no nos podemos olvidar del turismo religioso y del de relax y playa. Nosotros la playa, poco. No solo porque era noviembre, sino porque el día nos sorprendió lluvioso. Sin embargo, eso nos iba a frenar.

Desayunamos y tras prepararnos para afrontar la jornada, desembarcamos. Bueno, no fue tan rápido en realidad. En Marsella habíamos bajado tranquilamente porque no lo hicimos nada más atracar, sino que paramos previamente en el comedor para hacer el cambio de turno. Sin embargo, en Génova la apertura de puertas se retrasó un poco con respecto a la hora prevista y se formó una buena cola. O barullo, porque realmente parece que los italianos son poco dados a las filas y se intentan meter en cualquier hueco sin ningún tipo de pudor. Además, para más inri, al tratarse de un crucero que tiene embarque y desembarque en cada parada, había gente que se marchaba ese día e iba cargada hasta arriba de bultos, con lo que empujaban y golpeaban. Supongo que muchos tenían prisa por el transporte de enlace.

La verdad es que me parece un gran error que se habilite una única salida para los de desembarque y para el resto de viajeros que van a hacer excursión, bien contratada, bien por libre. O das prioridad a unos antes que a otros, o mejor habilita dos salidas. Pero claro, eso supondría poner el doble de tripulación destinada al desembarque.

En cualquier caso, nos pusimos a la cola armados de paciencia listos para descubrir Génova.

Preparativos Crucero por el Mediterráneo

Siguiendo el patrón (2008, 2011, 2014), en 2017 tocaba crucero. El problema era decidir destino. Y más teniendo en cuenta que habíamos empezado el año fuerte. Yo me había quedado con las ganas de hacer el que recorría el norte de Noruega y Rusia conocido como Sol de Medianoche.

Pero Iberocruceros ha desaparecido y no parecía haber una ruta similar. La mayoría de opciones que encontrábamos eran cruceros de 12 días y recorrían toda la costa noruega, por lo que tendríamos que repetir la mitad de las escalas. Y sí, Noruega me encanta, pero lo tengo demasiado reciente como para volver.

Así que cambiamos el planteamiento. Dejamos el verano para recorrer Letonia, Lituania y Polonia y valoramos la opción de cruzar el charco y hacer un itinerario por el Caribe. Nos pusimos manos a la obra a comparar navieras, precios, fechas y escalas pero no era tan fácil como parecía, pues la mayoría de los cruceros no incluían el vuelo, por lo que se nos iba un pico al sumarlo aparte, y además teníamos que hacer malabares para encontrar uno que nos permitiera llegar con tiempo de embarcar. Es decir, no solo se nos disparaba el importe total del paquete crucero + vuelo, sino que era más que probable que tuviéramos que reservar al menos una noche antes del embarque y una posterior al desembarque, porque no hay vuelos todos los días a todos los destinos. Además, no nos terminaban de cuadrar las fechas para el que más nos llamaba la atención. Así que volvimos al principio, solo que con cambio de fecha. A ver qué encontrábamos en Europa para finales de año. Y claro, en esa época poco más que Mediterráneo.

En 2008 habíamos recorrido el Egeo, por lo que esta vez nos centramos en la parte más occidental del Mediterráneo. Intentamos descartar salidas de Alicante y escalas en las Baleares; evitamos Roma (porque requiere mucho más que unas simples horas) y buscamos que al menos nos hiciera sumar algún país. Y teníamos dos candidatos: el Costa Fascinosa y el MSC Meraviglia. Al final por un tema de escalas ganó MSC. Apenas variaban, tan solo que el Fascinosa paraba en Savona y no en Génova. Sin embargo, la gran diferencia era la escala de Malta, que en el Meraviglia era mucho más larga. Así que, como la diferencia de precio no era tanta y el Meraviglia se estrenaba ese mismo verano, ganó por goleada.

Estas eran sus escalas:

Salida desde Barcelona

Marsella: 9:00 a 17:00 (Parte I y Parte II)

Génova : 8:00 a 17:00 (Parte I y Parte II)

Nápoles: 13:00 a 19:00 (Parte I y Parte II)

Mesina (Sicilia): 08:00 a 18:00 (Visita a Catania, Taormina y Mesina)

La Valeta (Malta): 08:00 a 18:00 (Visita a Mdina y Rabat y La Valeta)

Navegación

Llegada a Barcelona

El único inconveniente que tenía era la parada en Nápoles. Apenas nos dejaba cinco horas y media (hay que estar en el barco media hora antes de la salida) y de ellas al menos una ya sería de noche. Pero en el global, era la mejor opción.

Elegimos la salida el 3 de noviembre y el regreso el 10, aprovechando que el 9 es fiesta local en Madrid (la Almudena) y gastábamos un día menos de vacaciones (aunque nos pedimos el 2 y juntamos con el puente de los Santos). Ya pillábamos el cambio de hora, pero esperábamos que aún el tiempo nos permitiera disfrutar de las escalas.

Como en ocasiones anteriores buscamos un camarote interior, centrado y en una planta tirando hacia la parte baja del barco. Las más baratas (de la categoría Bella) ya estaban agotadas, por lo que nos quedamos con el 11254 de categoría Fantástica.

También contratamos el pack de bebidas, ya que echando cuentas, salía mejor llevarlo ya en la reserva y así olvidarse después. El pack ilimitado incluía consumo ilimitado de bebidas con y sin alcohol, incluida una amplia gama de bebidas y cócteles de la carta del bar, una selección exclusiva de vinos por copa, cerveza de barril, además de refrescos, zumos de fruta y bebidas calientes clásicas (café, espresso, cappuccino…), así como helados para llevar en cono o tarrina.

Aunque no seas un gran bebedor, solo con las bebidas de las comidas, el agua que te lleves para la escala o tener en el camarote, algo que te tomes a media tarde, y una copa después de la cena, prácticamente está amortizado. Lo malo de este pack es que ha de ser para todo el camarote, con lo que si un pasajero apenas consume más allá de las comidas, no compensa. Así, si las cuentas no salen con esta opción, en el barco también se podía comprar un pack limitado de bebidas. Este paquete no es nominativo y se puede compartir con todos los huéspedes de la cabina y combinar. Suelen incluir entre 18 y 21 bebidas.

Para la cena queríamos elegir el primer turno, siguiendo nuestra experiencia anterior. Sin embargo, en este barco parecía que la primera cena era a las 18:30 y la segunda a las 21:30, así que nos quedamos con el segundo. Luego en el barco resultó que era mucho más complejo el tema de los turnos de comedor. Ya hablaré de ello más adelante.

Como el crucero tenía el inicio y fin en Barcelona y vivimos en Madrid, teníamos que buscar transporte. La opción más cómoda era el AVE, así que buscamos unos horarios que nos viniesen bien y tomamos nota. Pero no los compramos. ¿Por qué? Pues porque el 21 de abril de 2017 RENFE fue el 25 aniversario de la alta velocidad en España y con motivo de este cumpleaños, la compañía sacó una promoción por la que el 25 de cada mes de 2017 (25 de abril, 25 de mayo, 25 de junio, 9 de julio, 25 de agosto, 25 de septiembre, 25 de octubre, 25 de noviembre y 25 de diciembre 2017) sacaría 25.000 plazas a 25€ el trayecto (algunos meses las plazas se duplicarían). Así pues, la idea era aprovechar el 25 de agosto para sacar los billetes.

Sin embargo, era una lotería, ya que si de por sí la página web de RENFE es lamentable, en una ocasión así, con tanto tráfico, funcionaba de pena. Sin ir más lejos, en la promoción de abril la web dio errores durante toda la noche; en mayo se batieron todos los récords de tráfico y colapsó entre las 00:01 y 00:45. A la 01:35 ya se habían agotado todas las plazas. En julio se adelantó la promoción al día 9 para facilitar la compra de billetes correspondientes a la época estival.

Con estos antecedentes, parecía claro que íbamos a tener que estar listos a las 00:00 con los billetes seleccionados y listos para comprar. Nos registramos con anterioridad en la web para así tener usuario y la noche del viernes al sábado, un poco antes de la media noche ya estábamos con tres ordenadores con sendos sistemas operativos diferentes (windows, linux y mac) listos para la compra. Cuando oficialmente era día 25 empezaron los problemas: la página iba lenta, tardaba en pasar de una página a otra y cuando parece que ibas a llegar al momento de pagar… ERROR, vuelva a empezar.

Y así una y otra vez, abriendo en cada ordenador un chrome y un firefox y cargando en ambos para ver si alguno de los dos era más rápido. Pero nada. Keep trying. Y cuando llevábamos un buen rato, descubrimos que si se entraba por un enlace tipo “saber más” en lugar de por la página principal, tardaba menos en cargar. Y en linux menos que en los otros dos sistemas operativos. En uno de los intentos me pidió datos, di a comprar y la web se quedó pillada. Sin embargo nos llegó al momento el sms de paypal de compra realizada. Por lo que dejamos de seguir intentándolo y casi cerca de las 2 de la mañana recogimos el chiringuito y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente nos encontramos con un mensaje de RENFE por el que nos comunicaban que nos cancelaban los billetes. ¿¿¿QUÉ ME ESTÁS CONTANDO??? Tras poner la reclamación pertinente, el día 30 nos enviaron un nuevo correo electrónico con el siguiente mensaje:

Estimado cliente,

Una vez realizadas las comprobaciones oportunas, le informamos de que hemos transferido su solicitud de reembolso al departamento de Posventa para que le reintegren la cantidad correspondiente al primer cargo a su cuenta de Paypal. A partir de este momento deberá Vd. esperar contestación directa de dicho departamento.

Por otra parte, nos complace informarle de que en el plazo de dos semanas recibirá una nueva comunicación en la que le enviaremos unos códigos promocionales (tantos, como billetes intentó usted adquirir) para viajar hasta el 31 de diciembre de 2017 al precio de 25 euros en clase turista en trenes AVE y Larga Distancia al destino nacional que desee.

Sentimos las molestias ocasionadas y le agradecemos su confianza en la utilización de nuestros servicios.

Atentamente,

Renfe AVLD

Durante el mismo día mandaron un segundo mensaje:

Estimado cliente :

El pasado viernes 25 de agosto tuvimos una incidencia en nuestros sistemas informáticos que provocó que, clientes como usted, no pudieran completar el proceso de compra de billetes de la promoción “25 Aniversario AVE”.

Con el objetivo de compensarle por las molestias y como parte de nuestro compromiso con nuestros clientes, nos complace hacerle llegar 4 códigos promocionales, tantos como billetes intentó adquirir en dicha promoción, para que pueda realizar el viaje que desee.

Estos códigos promocionales son válidos para la compra de billetes para viajes hasta el 31 de diciembre de 2017, al precio de 25 euros, en clase turista en trenes AVE y Larga Distancia al destino nacional que desee. No tienen posibilidad de cambio o anulación. Para los casos de ida y regreso, deberá canjear dos códigos, uno por cada trayecto, en dos operaciones de compra distintas.

Sentimos las molestias ocasionadas y le agradecemos su confianza en la utilización de nuestros servicios.

Atentamente,

Renfe Viajeros.

Así pues, nos daban la oportunidad de volver a sacar los billetes, aunque esta vez con un código promocional. El problema es que al tener que sacarlos de forma individual, no nos ubicaban juntos. Tuvimos que llamar a atención al cliente para que nos hicieran las reservas vía telefónica y así nos dieran asientos correlativos. Costó, pero conseguimos nuestros billetes a 25€.

Y a poco más de dos meses de embarcar, tan solo nos quedaba buscar información sobre las escalas y esperar para hacer la maleta y partir rumbo al Mediterráneo.

Venecia: La ciudad de mis pesadillas

Por fin voy a poder terminar esta etapa que lleva abierta desde mediados de mayo, que se dice pronto. Y voy a finalizar mis relatos cruceriles con Venecia, la última escala.

El título de esta entrada puede sonar raro, pero tiene su justificación. Tras un trauma infantil causado por un viaje en cutre barco a principios de los 80 de camino a Tabarca en una tarde de marejadilla lo mío con los barcos ha sido…pues eso, traumático. En teoría no ha de ser un problema para alguien que vive en Madrid (ya se sabe que aquí no hay playa, como decían Los Refrescos), el tema está en que ahora se han puesto de moda los cruceros, y tras años de reticencia, por fin acepté a montar en uno.

El trayecto en el Zenith no me causó mucho yuyu, aunque he de reconocer que algo se movía no era como si se fuera a hundir. El problema viene cuando montas en embarcaciones más pequeñas. Así pues, lo pasé peor cuando el barco atracaba en medio del mar y había que coger lanchas. El tema de Venecia es caso aparte, porque moverte a pie…poco, lo realmente chulo está en coger los vaporettos (bastante caros, por cierto. Es recomendable sacar tickets de 12 ó 24 horas a uno simple y ya de paso te recorres varios canales) y ver las fachadas. Pero aquello se mueve como la madre que lo parió.

Pero bueno, dejando de lado el tema fobia, Venecia es…peculiar. Peculiar por las calles (pocas), por los puentes (muchos), por la policía, cruz roja, bomberos, fruteros, panaderos (que van en barco lógicamente), por las góndolas, por las máscaras, porque, en definitiva, todo gira en torno al agua.

A mí lo que más me gustó, sin dudarlo, es la Plaza de San Marco, impresionante, sobre todo desde el barco, ya que la vista era increíble. Y para muestra, un botón.

Y ya, la vuelta fue un caos pues Pullmantur te hace sacar las maletas a la puerta la noche antes a tu desembarco. Es decir, te tienes que dejar fuera lo que vayas a usar para dormir y aseo, más la ropa que te lleves la mañana siguiente. Pero realmente da igual porque a la mañana siguiente te encuentras en el puerto las maletas agrupadas por vuelo. Es decir, lo único que hacen es ahorrarse que salga todo el mundo con las maletas desperdigándose por el barco. Pero vamos, luego tú las subes al bus que te lleva al aeropuerto y las bajas, claro.

En el aeropuerto nos soltaron sin más, a la aventura. Otro caos, el Marco Polo es peor que Barajas, pero mil veces. Sólo tuvimos una ventanilla para 150 personas que embarcábamos (Spanair, qué le vamos a hacer, se notaba ya la crisis), así que salimos tarde, eso sí, en primera fila (los últimos serán los primeros).

Llegada a Madrid y a descansar porque los cruceros tienen cosas buenas: el TI, las actividades, ves muchas ciudades sin notar que viajas…pero tiene una mala: llegas derrotado a casa. Con el ritmo, la semana no lo notas, pero cuando paras….uf, qué mareo. Y más de pensar que tienes que deshacer maletas…