Viajar IV (2015)

2015 se salió un poco de lo habitual, pues no paramos. Primero la Luna de Miel a Japón. Creo que ha sido el viaje en el que hemos tenido un mayor contraste con sus paisajes, sus templos, su cultura, su gente, su comida…

Fueron 21 días a tope, empezando por Kioto, con un ambiente mucho más tradicional, hasta llegar a Tokio, mucho más moderno y caótico. Y entre medias, las montañas, otro mundo.

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Una pasada cada ciudad, cada rinconcito, la afabilidad de la gente, la comida, los templos

Después en verano volvimos a hacer un interrail, esta vez por las Capitales Imperiales: a las tradicionales Viena, Praga y Budapest añadimos Bratislava, que está a tiro de piedra. Nada que ver la arquitectura imperial y la historia de estas ciudades con Japón. De un extremo a otro.

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

Bratislava es la capital de Eslovaquia desde el 1 de Enero de 1993, año en que nace la República Eslovaca tras la disolución de la antigua Checoslovaquia. Básicamente tiene tres puntos de interés. La zona de la Ciudad Vieja, que es la más interesante desde el punto de vista monumental; el Castillo, que teníamos cerca del hotel; y el Palacio Grassalkovich.

Lamentablemente no queda mucha historia de la ciudad en sus calles, puesto que en los años 60 los planes urbanísticos arrasaron con el barrio antiguo que se encontraba entre la Catedral de San Martín y el Castillo. Parece que era más importante hacer llegar las carreteras que comunicaban Viena o Budapest con Bratislava que mantener siglos de historia. Así pues, ahora discurre la Calle Staromeska, una de las principales arterias de la ciudad y que desemboca en el Puente Nuevo.

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres. Tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante. Es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Y para finalizar, de imperios iba el año: el Imperio del Sol Naciente, Capitales Imperiales y el antiguo Imperio Otomano. En noviembre viajamos en familia a Estambul. Hablando de contrastes…

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

Fue un gran año viajero. Y 2016 también, empezamos 2017 en breve y yo con un año de retraso. ¡Si es que el tiempo vuela!

Japón por Libre XLIII. Conclusiones Finales

Llegamos al final del viaje ( y del año). Ya está bien, que llevo meses largo aquí dando la vara con Japón. Tampoco me quiero extender mucho, pues creo que ya está todo bastante desgranado. Podéis ver las conclusiones del itinerario, rarezas que nos hemos encontrado, cómo nos hemos movido con el transporte y sobre todo haciendo uso del JR Pass y la PASMO, de lo que hemos comido

Solo quiero acabar con un resumen aproximado de gastos (seguro que algo se me queda en el tintero).

  • Vuelos y seguro de viaje: 1334.52€
  • Hoteles: 1399.07€ (aplicando el cambio €-Yen a 125)

  • JR Pass de 14 días y las 2 PASMO: 672€
  • Efectivo que nos llevamos: 2000€ (202.900 Yenes)

Total: 5405.59€. Unos 2700€ por persona los 21 días.

Creo que no está nada mal teniendo en cuenta los días, todo lo que visitamos, los templos a los que entramos… De hecho, en el aeropuerto el último día acabamos cambiando algo que nos sobró, creo recordar que algo más de 10.000 Yenes. Al cambio fueron unos 78€. Y nos quedamos con algún billete y calderilla de recuerdo, también hay que decirlo. Pero vamos, por redondear, hablamos de unos 5.400€. Que viene a ser casi lo que nos pedían en agencia para un tour de 14 días (por persona). Así que, contentos con el resultado.

Puntos de interés

Porque además, el problema de los tour es que los configuran otros, no tú mismo. Y aunque puedas cometer errores, el viaje lo haces a tu medida. Japón es un país que se puede recorrer tranquilamente por cuenta propia y no es tan caro como puede parecer. Lo más caro es el vuelo y el alojamiento, por eso conviene sacar los billetes y reservas con tiempo. Por lo demás, el presupuesto se puede ajustar en ruta seleccionando qué entradas pagar y qué comer.

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Sin duda, un destino a tener en cuenta.

Buena salida y entrada de año. A por el 2016.

Japón por Libre XLII. Curiosidades varias

Japón es un país fascinante. A mí me ha sorprendido gratamente. Hemos vuelto encantados y se lo recomendamos a todo el mundo. Todo fue muy positivo, incluso compensan las horas de vuelo por todo lo que tiene por descubrir.

Japon1

En esta entrada voy a intentar recopilar todo aquello que nos resultó curioso, extravagante, chocante o diferente. Son muchas cosas, porque obviamente nuestras culturas no tienen mucho que ver. A ver si me acuerdo de todo.

Logística de viaje. Me explico: nada más montar en el avión, lo primero que me sorprendió es que éramos una minoría occidental y que los japoneses nos llevaban años luz en cuanto a organización logística de un viaje largo. Van con ropa cómoda, llegan a su asiento y se descalzan. Algunos se quedaban en calcetines, otros sacaban las típicas chinelas de hotel. Además, la almohada hinchable para el cuello. Por supuesto, no puede faltar el antifaz y la mascarilla. Ahora imaginad a una persona con toda la parafernalia y tapada con una manta hasta la barbilla… Pues eso es lo que me encontré cuando me fui a la parte de atrás a por un piscolabis y algo de beber y me encontré a mi amigo francés. Los occidentales somos unos loosers con una L bien grande.

Las mascarillas. Ya que han salido a colación, os comento. Tenía entendido que es para no constiparse o incluso no contagiar a los demás, ya que lo de faltar al trabajo como que no está muy bien visto. Y son muy respetuosos, así que mejor no extender los virus. Pero resulta que no es sólo por eso. También es por la contaminación. Y sobre todo por la alergia al polen de los cedros, y es que tras la II Guerra Mundial, el país quedó arrasado y se decidió reforestar con este árbol, que es de rápido crecimiento. Hay mil modelos y tamaños, y, por supuesto, infantiles con dibujitos.

Las toallas de bolsillo. Esto lo vi por primera vez en el baño del CDG en París, que había una japonesa acicalándose y se secó con una minitoalla (algo más pequeña que la de bidé) y dije “anda, mírala, qué preparada”. Porque yo pensaba que era porque iba de viaje, como quien lleva un cepillo de dientes desmontable. Pero no, luego ibas por Japón y todo el mundo la lleva. Con ella se secan el sudor, las manos en un baño público…

El respeto a los demás. Se ve en las mascarillas, como decía, pero también en el silencio en los espacios compartidos. Sin ir más lejos, en el transporte público, los móviles han de ir sin sonido. Y si te llaman, no puedes hablar, se considera de mala educación. Ceden el asiento a personas con menos movilidad, intentan no tocar o empujar cuando va el transporte hasta arriba. Dan las gracias y se inclinan siempre con una sonrisa. Y son muy atentos.

Respeto por lo ajeno. No es un país peligroso y no te van a robar. Puedes llevar la mochila abierta, o dejarte olvidado algo, que ahí seguirá. De hecho, fuimos testigos de una situación que no vimos concluir y nos quedamos con las ganas. Volvíamos al hotel en Tokio, ya de noche (aunque serían las 7 ó así), y cruzando un paso de peatones a alguien se le cayó un móvil. Lo cogió un chico y corrió un poco para dárselo a una chica, pero esta le debió decir que no era suyo y se quedaron los dos en la acera mirando a ver si alguien se daba la vuelta y lo echaba de menos o decidiendo qué hacer. Claro, no sabíamos qué decían, esto es especulación, pero el par de minutos que nos quedamos viendo a ver qué hacían, ahí seguían, pareciendo discurrir qué hacer con el móvil y cómo lograr que su dueño lo encontrara.

Fumar. Está prohibido fumar por la calle, por el respeto a los demás y porque como son tantos habitantes, hay riesgo de quemar a alguien. Eso sí, hay zonas habilitadas para ellos. Generalmente son cubículos rodeados por unas jardineras, aunque a veces es tipo marquesina con una marca en el suelo. Puedes acabar haciendo amigos y que te lean un texto en español para que les corrijas.

Las siestas en el transporte. Es increíble la facilidad que tienen para dormirse en cuanto plantan el culo en un asiento. Claro que con esas jornadas intempestivas y lo lejos que tienen la casa del trabajo, no es de extrañar que estén agotados. Si hasta yo me echo una cabezadita en la renfe cuando pillo asiento. Eso sí, su modo es peculiar. No soy capaz de dormir con la cabeza colgando. Que sí, que es más respetable que con ella para atrás porque no quedas en evidencia con la boca abierta o no te caes hacia tu compañero de asiento. Pero no consigo esa postura, oye.

Andares. Y sigo con posturas. Vimos bastantes ancianos que andaban encorvados. Pero mucho, casi doblados, como si fueras buscando calderilla. Supongo que dependerá de haber trabajado en el campo. Pero es que además, es común ver a las escolares que andan patizambas, con los dedos gordos de los pies uniéndose. Piernas haciendo un 0, vaya. Al parecer, esto se debe a la forma en que se sientan al comer, que acaban teniendo problemas con la cadera.

Comida. No, no voy a explayarme otra vez en la comida, pero sí hay que tener en cuenta que al contrario que con el resto de quehaceres, que mejor en silencio, al comer sí que está permitido hacer ruido. Se considera como que estás degustando un auténtico manjar, como que estás disfrutando de la comida. Además, para comer los fideos bien calientes, hay que sorber para así no quemarse.

Comida de cera. O sampuru, que la llaman ellos (de sample, en inglés). La encuentras en los escaparates para saber cómo es el plato. Y lo que te sirven es lo prometido. Están muy conseguidos los platos. Auténticas obras de arte.

Las máquinas de vending. Están por todos lados y ofrecen refrescos, bebidas calientes o café en lata. Eché de menos que hubiera de comida también. Pero supongo que como no es muy sano lo que suelen tener este tipo de máquinas y Japón es un país sano… Yo probé algunos refrescos de té… pero no triunfó nada más que uno de limón.

Son muy solitarios. En la hora de la comida no ves grupos de compañeros de trabajo que salgan a almorzar juntos, sino que van cada uno por su lado. En los restaurantes predominan los sitios individuales. En el McDonalds había hasta cubículos.

Toallitas húmedas. No puedo vivir sin ellas. Es lo que más eché de menos al volver. Yo como y me ensucio bastante, la verdad. En Alemania lo pasaba mal con eso de que “es que nosotros presuponemos que no nos vamos a manchar”. Pues aprended de los japoneses. Ya en el avión te dan tu toallita para que te refresques. No pueden faltar en los restaurantes, incluso en la tiendecita más pequeña te dan una toallita envuelta en su plástico. Que oye, te compras un sándwich en un 7eleven y después te limpias…

Papeleras. Sin embargo, algo de lo que andan escasos es de papeleras. Quizá porque no comen en marcha, sino que si se compran algo en una tienda, se lo comen en unos minutillos y tiran allí mismo la basura. Como además, te calientan la comida y todo… Así que nosotros íbamos siempre con una bolsa para meter las botellas de bebida y los envoltorios de los piscolabis. Y cuando comprábamos la cena, tirábamos la basura.

Limpieza. Todo está limpio, pero lo que nos sorprendió fue el tener los calcetines impolutos al salir de los templos y haberlos recorrido descalzos. Llevaos los calcetines en buen estado y calzado cómodo de poner y quitar porque os descalzaréis y mucho. Por cierto, aunque haya una estantería llena de calzado y todo el mundo pase descalzo, NO HUELE A PIES. Ni en el metro huele a sudor.

La bienvenida en los comercios. Cuando entras en un local, todos los empleados – TO- DOS – te reciben con un Irashaimaseeeeeeeeeeeeeee. Al final acabas con la cancioncilla en la cabeza como hayas estado recorriendo varias tiendecillas, como en Asakusa. Masé maséeeeeeeeeeee. Por supuesto, al cliente se le trata con mucho respeto y atención. Las tiendas están pulcras y con todo bien ordenado y etiquetado. Aunque no hables el idioma te ayudarán. Y si compras, atento al envoltorio. No me extraña que sean los creadores del origami. Por supuesto al marchar, te despedirán con un arigato gozaimastáaaaaaaaa, hayas comprado o no.

El ritual de las vueltas tras la compra. No es para unas prisas, ya os lo digo. Tú pagas y el dinero lo dejas en una bandejita como las vacíabolsillos que se ponen en las entradas de las casas. El tendero te coge el dinero y cuando te va a devolver el cambio te muestra los billetes (si hay) y te los va contando a la vez que los va separando ichi, ni, san, shi, go… después, los pone en la bandejita bien estirados y encima las monedas. Ojo, llevad monedero o cartera en la que quepan los billetes sin doblarlos, no parece que sea mucha costumbre. Vamos, lo mismito que los estadounidenses cuando hacen una bola con los dólares…

Merchandising. Se puede comprar de todo lo imaginable para personalizar móviles, ordenadores, tabletas… Llevan las mochilas llenas de peluches colgando, los móviles con fundas o carcasas a cada cual más colorida y más grande. Y si lleva brillos, mejor. Y si le puedes colgar muñecajos, ya es la repera. Son un poco estrafalarios en ese sentido. Y da igual la edad o el sexo. Porque ves a ejecutivos con su mochila, bolso o bandolera, y saca las llaves y lleva de todo… que no sé cómo encuentran las llaves.

Los hombres llevan bolso. Sí, en España también es frecuente verlo, yo he regalado varios a amigos y familiares, porque entre cartera, gafas de sol, móvil, (tabaco), llaves… ellos también necesitan guardarlo en algún sitio. Pero aquí predominan los que son algo más de sport, bandolera, en colores bastante apagados… Pero en Japón vi el típico bolso de asas, grande, que puedes llevar en la mano, o colgado en el hombro. Bien ejecutivos, bien más de sport.

Móviles de tapa. También se ven móviles táctiles, pero había mucha gente, de diferentes edades y diferentes estratos sociales con teléfonos de tapa. Al parecer es más barato.

Paraguas. Más complementos. Allí los paraguas son o transparentes, o el negro. Y generalmente de bastón. Pocos se ven plegables. A mí me encantan los transparentes, en España son complicados de encontrar, pero nos trajimos 3, los dos que compramos en Nara que eran de niño, y otro grande que compramos después y que me dejaron pasar como equipaje de mano.

Sombreros y gafas de sol. Visualizad a un japonés de excursión en España. ¿Cómo van? Con sus sombreritos típicos, con sus gafas de sol, manga larga, bien protegidos… Bien, pues en su país no. Por mucho sol que hiciera, no los veías protegidos, ni siquiera con gafas de sol. Si veías a alguien llevándolas, sería occidental. No hay japoneses con gafas de sol, al parecer su retina es más resistente que la nuestra a la luz intensa (supongo que para eso son los hijos del país del sol naciente).

Maquillaje y complementos. Las japonesas son muy cuquis. Le dan mucha importancia a la imagen, van en el transporte retocándose. Vas por la calle y hay mil tiendas con complementos y maquillaje. Se ponen muchos lazos, florecitas, fresitas, corazones, mucho rosa y todo ese tipo de detalles que a mí me da ganas de vomitar.

Calcetines. No entiendo el concepto zapato y calcetín con volantitos o puntillitas. Pero bueno, es que el tema calcetín a mí me tocó bastante. Me pasé todo el viaje mirando a los pies. Definitivamente el estilismo es diferente. Y ojo, tanto en ellos como en ellas, los calcetines están para mostrarse.

Uniformes, Kimonos y Cosplay. Esto fue algo que no sorprendió tanto porque más o menos te lo esperas. Pero es que los trajes están muy cuidados, el peinado, el maquillaje… Bueno, y los escolares son como en los manga.

Los WC. Ya lo he comentado en algún post. Son de otro mundo. También sabíamos que existían, pero claro, hasta que no te sientas en uno, notas que está caliente y encima que te hace ruido para que te de ganas de echar el chorrillo… Lo mejor, no solo los de casa u hotel (que tienes hasta tus zapatillas específicas para entrar), sino que hay en todos sitios, y siempre están más que limpios.

Cuentan diferente con los dedos. En un daiso le pregunté a la de información por un objeto y me mandó a la planta 7, pero me costó entenderla, porque me puso una palma abierta y luego dos dedos sobre esta. No sacan los dedos, sino que los esconden.

Tienden la ropa colgada en perchas. Tienen casas de tamaño tan reducido que no tienen grandes tendederos. La ropa la cuelgan en perchas ya todo muy ordenado y eficiente.

Las puertas se abren hacia la izquierda. Imagino que se debe a la forma natural de su tránsito, ya que conducen también por la izquierda, y así se sitúan en las escaleras mecánicas, como es lógico.

Las puertas de los taxis se abren solas. Bueno, le dará al botón el conductor. Pero que no tienes que abrirla, vaya. Además, los llevan muy limpios y con los tapetes de la abuela. Y el conductor lleva sus guantes y su gorra.

Profesiones extrañas. Aparte del empujador en el metro, o el controlador de multitudes, sorprende ver a los vigilantes de las entradas y salidas de aparcamientos. Son gente mayor que está pendiente de que si va a entrar o salir un coche, no se lleve a un peatón por delante.

Los Maid Cafés. Son un tipo de restaurantes de cosplay en el que las camareras son chicas vestidas con trajes de sirvientas con sus enaguas, delantales, cofia y medias. Captan a los clientes por la calle repartiendo publicidad, así que te las encuentras en varios sitios.

Al atender al cliente ponen vocecilla de niñas (raro raro) y animan cantando y con juegos de palmas (raro raro raro raro).

Este tipo de locales surgieron para hacer realidad las fantasías de los fans del manga y anime. A mí me parece algo bizarro. No entramos a ninguno, pero podéis ver el tipo de local en este vídeo.

Gatotecas. O como se llamen. Esos locales en los que puedes ir a tomarte un café y acariciar gatos, darlos de comer o jugar con ellos. Como en la mayoría de las casas no pueden tener animales, pues se van un rato a estas gatotecas.

Perros en carro. No sé si es para que no los pisen, para que el perro no lleve suciedad al tatami de casa o simplemente por gustos. Pero vimos varias personas llevando carritos con el perro, y por supuesto tiendas con ropa, carros y complementos para los canes.

Les apasionan los occidentales. Se nos quedaban mirando. También es verdad que nos encontramos con pocos occidentales, sólo hacia el final del viaje, pues se acercaba la Semana Santa. Las escolares hasta se giraban y se reían… Se acercan a ver si necesitas ayuda o a ver si hablas inglés para practicar, como nuestros amigos de Kamakura.

Los futbolistas como cara de anuncios. Al parecer el futbol llega a sus fronteras. Aquí tenéis a Neymar.

Les encantan las fotos y posar. Y además, poner los dedos haciendo una V.

Ludopatía. Bueno, esto no nos sorprendió tanto porque sabemos el gusto de los japoneses por los videojuegos, pero verlo en directo no te deja indiferente. Ni por la cantidad de locales, ni por la variedad de juegos, ni por lo buenos que son.

Son muy golosos. Sobre todo con los dulces que llevan té matcha y las famosas judías rojas.

Les encantan los muñecos. Por todos sitios. Ya he dicho que se los cuelgan en las mochilas, llaves, móviles. Pero están en los carteles, en las señales, en las vallas…

Objetos para todo. En general, son muy aficionados a los cachivaches. En las tiendas de 100Y podías encontrar todo tipo de objetos.

Y seguro que podría seguir con más curiosidades, pero ahora mismo no recuerdo más. Y ojo, pocas no son. Pero es que 21 días dan para mucho y estábamos pendientes de cada detalle para empaparnos bien de Japón y sus habitantes.

Según la lista de destinos para visitar en 2016 de Lonely Planet, Japón es el segundo país. ¿A qué esperáis?

Japón por Libre XLI. Moverse en Japón

A priori puede parecer que va a ser complicado moverse de un sitio a otro. Pero luego llegas y ves que prácticamente todos los letreros están en el alfabeto romano y la gente es tan extremadamente amable que, si te pierdes, enseguida te encuentras. Piden perdón hasta por las obras.

Lo primordial es el cálculo del JR Pass. No me voy a extender, pues ya lo expliqué aquí. Habrá que ver las necesidades de cada uno. Quizá no compense y sea preferible sacar uno regional. Es echar números.

JRPass canjeado

Kansai Pass

En Kioto lo imprescindible es el bus, y en Tokio la Yamanote, y algún viaje en metro. Para el primer caso tenemos los pases del día por 500Y y para movernos por la capital, aparte del JR Pass, la PASMO.

Ticket bus Kioto

PASMO

De hecho, la PASMO la recomiendo sí o sí, porque como sirve tanto para transporte, como para comprar en supermercados o en máquinas expendedoras, nos evita tener que llevar calderilla o sacar billetes sencillos.

En cualquier caso, el transporte está bien señalizado, es puntual y limpio.

En los buses de Kioto se entra por detrás, pero en los de Tokio por delante. Así que una norma que siempre funciona es seguir a Vicente. Es decir, observar a la gente. Un allá donde fueres, haz lo que vieres. En Kioto estaba señalizado con muñequitos – que les encantan – las normas básicas, como no levantarse hasta que el bus no pare, ceder los asientos, tener cuidado al subir y bajar…

En las paradas, en ocasiones, cuando paran varias líneas, hay pasillos pintados en el suelo para hacer cola. Y ahí que se ponen todos bien colocaditos.

Los Shinkansen, ya lo he dicho con anterioridad, son cómodos, muy espaciosos, tienes para enchufar, para colgar la chaqueta, el reposapiés (algunos se descalzan y todo). Y en la bandeja – del estilo de las de avión – se indica en qué vagón estás, el sentido de la marcha o dónde se encuentran los baños, las puertas o la basura.

En los andenes de los Shinkansen también paran varias líneas, y ocurre como con los buses, se marca en el suelo dónde para cada una de ellas.

Las señoras de rosa son las limpiadoras.

En los andenes también hay paneles informativos en los que se indica los Shinkansen que paran, el número de vagones total y en qué segmento estamos o dónde se encuentran los asientos no reservados. Así que sólo hay que ir fijándose.

En Tokio, lo mismo, seguir las indicaciones. Ya sea el metro, ya sea la Yamanote, hay paneles y señales.

Podemos ver la estación en la que estamos, la anterior y la posterior marcadas en el sentido en el que se encuentran. Y una vez dentro del tren, las pantallas van anunciando todo tipo de información: paradas, el vagón en el que te encuentras, el sentido de la marcha, el lado por el que se abren las puertas…

Lo mismo en el metro:

También están indicados los vagones solo para mujeres. Un apaño para evitar el acoso sexual, una de las lacras del país. Hay quien lo ve como un “mira qué majos, que piensan en nosotras para que no suframos”, pero para mí se trata de una exclusión. Habría que educar para que no haya acosadores. Pero al final siempre sufre la víctima, que es apartada, impidiendo que haga su vida normal. Y con esto, se sigue mandando el mensaje social de que la mujer es vulnerable, que necesita un lugar donde esté a salvo, protegida.

En fin, volviendo al transporte, no hay que tener miedo. El funcionamiento es prácticamente igual que en el resto del mundo cuando coges un metro, un tren o un bus: mirar las señales para coger el medio adecuado y llevar forma de pago.

Y si te pierdes, lo mismo descubres un rincón peculiar de la ciudad. Siempre hay que estar abiertos a imprevistos, sorpresas y anécdotas.

Japón por Libre XL. Comer en Japón

Antes de nada, quiero aclarar que no todo en Japón es sushi. Que mucha gente nos ha comentado que no serían capaces de estar todo el día comiendo sushi o pescado crudo. Pero, nada más lejos de la realidad, igual que en España no estamos todo el día con el cocido, la paella o la tortilla. Como mucho, cae una vez a la semana, que tenemos variedad gastronómica.

Pues los nipones igual. Sí que es verdad que lo que nos ha llegado más allá de sus fronteras es el plato estrella, pero allí no es lo más consumido. Al menos a mí me dio la sensación de que lo más común eran los platos combinados de arroz y carne o los fideos (con caldo o fritos salteados). Por supuesto, también influye la parte del país donde nos encontremos, ya que por ejemplo en Hiroshima son típicas las ostras y en Osaka los okonomiyakis.

En los Alpes el plato destacado es la carne de Hida, y si nos vamos a Kobe, encontramos su famoso buey.

Lo que sí parece claro es que los japoneses comen de forma equilibrada. Nosotros hablamos de nuestra dieta Mediterránea, pero lo cierto es que lo que comemos hoy en día dista mucho de la dieta Mediterránea original, hemos adquirido costumbres de comida precocinada, fritos, cereales para desayunar y demás aberraciones que no son autóctonas. Sin embargo, en Japón parece que conservan su dieta milenaria.

Por un lado, sus platos están equilibrados en cuanto a las cantidades de hidratos, proteínas, grasas, vegetales, semillas y fruta. Y predominando la cocina al vapor o ligeramente salteada. Por otro lado, las porciones son apropiadas, para nada exageradas y desproporcionadas. Y además, al comer con palillos, se come más despacio, lo que nos lleva a tener sensación de saciedad y a digerir mejor los alimentos. Aunque aquí también creo que influye la espiritualidad que le aportan a su día a día, a sus costumbres, el respeto por la comida, por los comensales con los que la compartimos. Por ejemplo, las bebidas no se las sirve uno mismo, sino que se sirve a los demás y los demás a nosotros.

El mayor ejemplo de esta comida equilibrada son los Obento. Unas cajas que surgieron en las estaciones de tren, aunque hoy en día se pueden comprar también en los supermercados y que tienen de todo. Es el concepto del take away o de la tartera de toda la vida, pero sin renunciar a comer sano.

Como todo en Japón, está cuidado al detalle. Desde el envase con sus palillos, hasta el interior. Lleva su arroz, su verdura, huevo cocido, pescado, carne, encurtidos, fruta y algún dulce. Hay mil opciones y combinaciones, es una locura elegir, porque además, influye el factor riesgo, porque muchas veces no sabes qué es lo que te vas a llevar a la boca y qué tipo de sabor. Pero en general, todo estaba bastante rico.

Destaca el colorido y una presentación muy cuidada. Y es que los obento son todo un arte. Hay madres que les preparan el obento a los niños para que se lo lleven al cole y están muy muy currados. Sólo hace falta echar un ojo a google.

Aparte de estas cajas, también podemos comprar platos preparados en los 7eleven o Family Mart. Tenemos bandejas de sushi o especie de platos combinados más simples que los obento con arroz y carne o fideos y pescados. También encontramos una especie de ensalada enrollada en alga.

Estas bandejas o preparados nos venían muy bien para viajes largos o para cenas, pero cuando quieres comer en marcha y no pararte mucho, una buena opción pueden ser los onigiri, una especie de sándwich que consta de arroz con alga y rellenos de sorpresa, porque la mayoría de las veces no tenían foto.

Si no quieres arriesgarte, siempre puedes recurrir a los makis, que sí que ves lo que contienen. Los venden más grandes, más pequeños, partidos, sin partir, variados o de un mismo sabor.

Y si no, pues también existe la opción más occidental del sándwich de pan de molde.

Este, por ejemplo, era de lechuga, huevo, jamón y queso. Ojo al detalle de cómo se abre el envase. ¿Por qué en occidente no lo empaquetan así? Es mucho más práctico. Tiras del precinto, abres y coges por el pico. Si es que los japoneses están a otro nivel. No me canso de decirlo.

Si echamos de menos la comida occidental, podemos recurrir a las cadenas de comida rápida, bien americanas, o bien su versión japonesa.

Por supuesto, no puede faltar probar las delicias de los puestos callejeros. No son nada caros, están limpios y la comida está rica.

Nosotros íbamos alternando según el día y según tuviéramos de tiempo, comíamos una cosa u otra. Eso sí, nuestras cenas casi siempre incluían fideos instantáneos (nada que ver con los yatekomo que se han puesto ahora de moda). En los hoteles siempre teníamos un calentador de agua, y nos venía bien comer algo caliente, así que con los fideos y alguna cosa más, solucionábamos las noches.

Otra opción para comer caliente pero que sin parar demasiado son los restaurantes en los que sacas el ticket en la máquina y te sientas a comer en la barra. En la mayoría el menú es bastante reducido, pero son los locales que más triunfan entre los locales. Suelen ser fideos en sopa con carne o pescado.

Los pasos a seguir son:

1. Identificar (por la foto) qué queremos comer

2. Identificar el botón

3. Introducir el dinero y seleccionar el plato

4. Recoger el ticket y el cambio

5. Entregar el ticket en el restaurante y esperar a la comida

Por otro lado, nuestros desayunos no eran nada sanos ni tenían nada que ver con el típico japonés.

Era la opción más rápida, la verdad. A la vez que comprábamos la cena, nos hacíamos con un surtido de bollería, café de lata, zumo de naranja y a veces unas bananas, la única fruta que tenía un precio algo razonable.

Otra forma de comer fruta es en una especie de gelatina. Algo así como comerla en almíbar.

Algo que solíamos llevar en la mochila en nuestro día a día era algo de picoteo. Las típicas bolsas de snacks por si nos entraba algo de hambre y estábamos en un templo en medio del bosque o en un sitio donde no hubiera mucha opción para comer. Hay una gran variedad y también influye el factor sorpresa, no sabes qué te vas a encontrar, por mucha foto o traductor de google por foto.

Los corazones de ciervo tenían su punto. Esa mezcla de salado y dulce, pues sabían a maíz de bote. Los frutos secos con ligero sabor picante tampoco estaban nada mal.

Entre las bebidas destaca el té verde, la cerveza Asahi y el sake, por supuesto. Como rareza puede chocar el café en lata frío, los tés amargos o refrescos de mil sabores. Y por supuesto, las máquinas expendedoras que están en todos los sitios.

Si hablamos de postres, los japoneses son muy aficionados a los dulces, pero son algo diferentes a los que estamos acostumbrados por estos lares. por supuesto, destacan los famosos peces rellenos de judía roja. Los hay en todos los mercados callejeros, en cualquier calle peatonal comercial.

Ya lo he comentado a lo largo del relato, las judías rojas están por todos sitios, en los mochi, en los dorayakis… Allá donde pienses que el relleno es de chocolate, seguramente no lo será.

Otro sabor muy recurrente es el del té matcha. En helados, en galletas, en los KitKat (bueno, estos darían para una tesis):

Aunque también se pueden encontrar dulces algo más conocidos para los occidentales, como los crepes de Tokio.

Sin embargo, a pesar de que parecen bastante golosos, resulta complicado encontrar gordos en Japón. Ojo, no obesos, sino gente con unos kilos de más. Creo que en todo el viaje sólo vimos a un señor, que rozaba la obesidad y se metió en winzip en un asiento del autobús. Y seguro que tenía algún tipo de desorden alimentario. Según los últimos datos de la OMS en España hay un 15,6% de obesos, mientras que en Japón un 3,1%.

Pocas cocinas pueden presumir de ser tan equilibradas y saludables. Además, comer en Japón no es nada caro.

Japón por libre XXXIX. Conclusión itinerario

Practicamente ya he repasado cómo nos fue con la planificación del itinerario tras terminar Kioto y después de Tokio. Pero como hay excursiones de por medio, voy a recopilarlo en una entrada.

En principio el viaje eran 21 días, aunque siendo realistas, dejémoslo en 19, porque el día de llegada y el de vuelta quizá no son muy aprovechables. Partiendo de esta base, podríamos estructurarlo así:

Mapa Kioto

  • 3 días en itinerancia: Modificaría algo lo que hicimos. Empleamos el primero en Himeji, llegando a Kanazawa; el segundo saliendo de Kanazawa y viendo Shirakawa-go para acabar haciendo noche en Takayama; y el tercero yendo de Takayama a Tokio pasando por Nagoya. Sin embargo, creo que sacaría de la ecuación Himeji y Nagoya. No digo que sean ciudades que no aporten nada. El castillo de Himeji, una vez finalizadas las obras de acondicionamiento debe sin duda merecer una visita y subir al Monte es una buena excursión, pero no para hacerla a la carrera como nosotros. Es para emplear una buena mañana y disfrutar de la naturaleza y las vistas que nos ofrece. Pero hay que ser realistas y no se puede abarcar todo. Así pues, creo que si no hubiéramos parado en Himeji, podríamos haber visto Kanazawa tranquilamente y no tener que emplear horas del segundo día. Igualmente, aunque el tren parara en Nagoya, quizá sería recomendable seguir del tirón hasta Tokio. De esta forma, podríamos haber empleado parte de la mañana a Takayama.

  • 10 días con base en Tokio: Como dije en el resumen de Tokio, eliminaría algún barrio que a mí personalmente no me aportó mucho. Con eso, ganamos tiempo para ver Kamakura en un día sin combinarlo con Yokohama, y hacer ésta una tarde. Otro día para Nikko y otro para Hakone o los Cinco Lagos. No haría los dos, de hecho, no pudimos hacerlo. Y si se elige hacer los dos, lo recomendable sería hacer una noche fuera. Así que, tenemos 3 días completos para excursiones y 7 días para Tokio (incluyendo una tarde en Yokohama).

En realidad no variaría mucho de la planificación original. Básicamente de Kioto quitaría algún templo, de Tokio algún barrio y eliminaría Himeji, Nagoya y los Cinco Lagos. De esta forma, habría más tiempo para ver cada uno de los lugares con más calma empapándonos del ambiente, de la gente, de los olores y sabores.

Normalmente cuando viajamos pocos días, intento concentrar lo importante para sacarle el mayor rédito al viaje. En este caso quise hacer lo mismo porque ya que haces tantas horas de viaje, al menos que te cunda cada minuto. Pero claro, llega un momento en que el cuerpo te pide tomarte las cosas con más calma. Eso que me llevo de aprendizaje para próximas planificaciones, como por ejemplo en nuestro siguiente periplo que sería en verano por las Capitales Imperiales.

Japón por libre XXXVIII. Resumen Tokio

Tokio es enorme y es imposible verlo todo, por mucho que planifiques. A no ser que estés muuuuuucho tiempo allí, claro. Así que, ya desde el planteamiento sabíamos que algo tendría que quedar fuera, como lo de ir a ver la subasta de pescado.

Por lo demás, es complicado hacer una división como en Kioto, además, es diferente, porque en Kioto te organizas un poco en función de los horarios de los templos, de la proximidad entre sí de cada uno, del transporte… pero en Tokio es más patear ciudad, y además, tienes mil opciones de transporte, con lo que en parte, hay más movilidad. Eso sí, la Yamanote te la aprendes de memoria, porque es muy útil. De todas formas, hay que dividirse por barrios, ya que se necesita un punto de partida. Ya comenté que nosotros intentamos cubrir primero lo más alejado, para aprovechar el JR Pass, y dejar para el final lo más próximo al hotel.

JRPass reverso

JRPass canjeado

En general, la planificación fue bien, salvo que quizá algunos barrios yo no los visitaría. Quizá omitiría Roppongi, le habría dedicado menos tiempo (aún a Ginza) y más a Odaiba. Si no eres muy fan del mundo friki, no le dedicaría a Akihabara más de un par de horas. Y sin embargo, intentaría solucionar cuanto antes la visita al Skytree, y quizá subir a la Torre de Tokio.

Torre de Tokio

Luego, depende de cada uno, claro, si prefieres dedicar más tiempo a las compras o a irte a un parque y pasar una mañana entera bajo una rafia dedicándote a la vida contemplativa.

En cuanto a las excursiones, Kamakura y Yokohama se hacen bien en un día, como hicimos nosotros. Aunque a Kamakura se le puede dedicar tranquilamente un día para ver los templos con calma.

Mapa de Kamakura

Pero Yokohama, está bien para una tarde, no le dedicaría más teniendo tanto que ver en Tokio. Nikko creo que se nos quedó algo corto para un día, incluso madrugando. Pero es que tiene mucho para ver. Al igual que con la zona de Hakone y los cinco lagos, convendría pasar una noche en la zona para estar día y medio y verlo más a fondo. Pero insisto, con tanto por ver, y tan poco tiempo, hay que decidir, reducir y dejar mucho fuera. Al menos hicimos una aproximación y pudimos ver lo principal. En el caso de Nikko, los templos importantes, y en el de Hakone, ver el paraje, divisar el monte Fuji y comer los famosos huevos.

Fujisan

También es cierto que, dado que era primavera, teníamos menos horas de luz que en el mes de mayo, por ejemplo, o junio, así que eso también nos condicionó. Pero claro, el paisaje y la climatología también cambian, y nosotros somos más de huir de viajar en épocas de mucho calor.

Aún así, con sus más y sus menos, creo que no nos fue del todo mal. Todo es mejorable, y más a posteriori, claro, pero creo que aprovechamos bastante bien el tiempo.