Preparativos para un Road Trip por Islandia III: Documentación, Seguro, Dinero, Telefonía y maleta

Llegamos a la última parte de los preparativos, cuando ya nos quedan los últimos detalles por concretar y se acerca la fecha del viaje. Con los vuelos, el coche, los alojamientos y las excursiones ya cerrados, toca revisar documentación, tramitar el seguro, preparar tarjetas y teléfono y planificar qué queremos meter en la maleta. Vayamos por partes.

DOCUMENTACIÓN

Este apartado lo tenemos sencillo, ya que aunque Islandia no pertenece a la UE, sí que está dentro del espacio Schengen, por lo que con el DNI es suficiente. Nosotros, no obstante, siempre que salimos de territorio nacional, solemos llevar pasaporte ya que tiene un formato universal y es más identificable. El DNI lo dejamos en casa a buen recaudo.

Dado que vamos a alquilar un coche, necesitaremos llevar el permiso de conducir en regla. En este caso no será necesario el Carnet de Conducir Internacional que nos sacamos para Estados Unidos y Canadá (allí tampoco es que nos sirviera de mucho).

También aceptan la Tarjeta Sanitaria Europea, aunque mejor contratar seguro, ya que el sistema médico islandés es de copago. No solo por enfermedades o posibles accidentes, sino porque en un viaje de este tipo pueden surgir contratiempos. Como en las últimas ocasiones, contratamos con IATI el Básico que cuenta con una cobertura de 50.000€ y que nos costó 40,66€ para dos personas.

DINERO

De nuevo no tenemos mucho que preparar, ya que a pesar de que la divisa es la Corona Islandesa (ISK), apenas se usa, porque pagan todo con tarjeta (de hecho se están planteando eliminar el dinero físico). Hay billetes de 500, 1000, 2000, 5000 y 10000 coronas, así como monedas de 1, 5, 10, 50 y 100. Durante nuestro viaje el cambio estuvo a 1€ = 138 ISK (aprox).

Nosotros nos llevamos la Revolut y la Bnext con intención de sacar algo de efectivo en el aeropuerto para cosas puntuales (y para nuestro cuadro para el pasillo), pero sobre todo íbamos con la intención de pagar con tarjeta. Además de estas dos prepago (que recuerdo que no aplican comisiones), estrenamos una tercera: Verse. Por si las monedero dieran fallo, contábamos con nuestra tarjeta de débito de ING y con la Amex para el alquiler de coche (ya que en estas ocasiones exigen una tarjeta de crédito con los números en relieve).

TELEFONÍA

Para estar comunicados lo teníamos más fácil que en nuestro último Road Trip, ya que Islandia está incluido en los acuerdos sin Roaming, podíamos usar nuestras tarjetas SIMs españolas. Importante en un viaje de este tipo contar con un teléfono y una tarifa de datos.

MALETA

Salir un 28 de agosto de Madrid supone fácilmente no bajar de los 35º. No obstante, en Islandia esas dos semanas la previsión decía que no íbamos a subir de 15. Así, había que abrigarse como un enero en Madrid, solo que añadiendo el factor lluvia y el factor viento. Por tanto, chaqueta y calzado impermeable como punto innegociable. Por lo demás, con este tipo de clima lo que conviene es vestir con capas.

Bueno, no hace falta llegar al extremo de Joey (o de Ryan Hawaii). En primer lugar, una capa inferior que ayude a mantener el calor;  en segundo lugar, otra superior que abrigue y, finalmente, la chaqueta que corte el viento y no cale. En realidad no hay que complicarse mucho la vida, al menos en la época que nosotros fuimos. Como digo, íbamos a tener unas temperaturas como las que estamos acostumbrados en invierno en Madrid, así que hay que ponerse en esa situación. Y es simple: camiseta básica de manga larga + jersey + chaqueta. En este caso intenté que las camisetas fueran de cuello alto e incorporar algún polar o sudadera que abrigaran más. Encima de todo, la North Face, que me protegería de la lluvia y el viento. Así, llevaba: 8 camisetas de manga larga (4 de ellas de cuello vuelto), 2 polares, 1 sudadera y 1 camiseta de manga corta (para la vuelta).

Un poco más de problemático fue el momento de elegir pantalones, ya que suelo usar vaqueros y no es una prenda muy recomendable con el frío y el agua. Aún así, me llevé 1 (para no volver), y un par de medias/leotardos viejos (de estos que tienen bolitas y quedan feos con falda) para ponerme debajo. Además, eché una malla térmica, de estas que tienen pelito por dentro. Por último, unos pantalones de montaña resistentes al agua y unos sobrepantalones que me podría poner encima de cualquier prenda para evitar calarme. Aunque no es conveniente abusar de estos pantalones, pues no traspiran mucho.

En cuanto a calzado, opté por dos botas, ambas impermeables y con suela de nieve. Por un lado las SH100, que decathlon define como botas “para salidas ocasionales de senderismo. Ideales en nieve apisonada” y es que cuenta con unos tacos de 3mm.

Las tengo desde los reyes de 2017 y son muy cómodas y calentitas. Son las que uso los días de mucho frío en Madrid o que incluso parece que va a caer algún copo y está el suelo lleno de sal. Tienen por dentro como forro polar y según la ficha técnica tiene una temperatura de confort media en reposo de -1º y de -12º en actividad.

Por otro lado, me llevé también las SH520 X-WARM que están concebidas para salidas regulares de senderismo por todo tipo de terrenos nevados. En este caso tienen algo más de taco: 5mm.

Estas las tengo desde hace más tiempo. Las estrené en Escocia allá por 2016 y me dieron muy buen resultado. Además de ir forradas como las anteriores, también tienen la punta reforzada. Su temperatura de confort oscila entre los -4 y los -16º. La idea era combinarlas según la ruta y necesidades del día.

Hasta aquí tendríamos lo básico, pero no nos podemos olvidar de cabeza, manos y pies. De nada sirve llevar capas y buen calzado si luego no nos protegemos las extremidades, que es por donde más calor perdemos. Así, un par de manoplas (unas finitas y otras hipercalentitas que me compré en Escocia y estrené en el frío invierno de Sofía), los calcetines más gorditos que tenía ( y altos para evitar rozaduras con las botas) y un gorrito que me compré en mi último viaje a Berlín (importante que vaya forrado por dentro, pues la lana per se no corta el viento). Y aunque la North Face me cubre la boca, eché una braga por si acaso fuera necesario con el viento (que también se puede usar como gorro). Y para rematar la protección, las gafas de sol (las graduadas y las sin graduar).

Además, no nos podemos de olvidar de bañador, chanclas y toalla, ya que alguna piscina caería. Las toallas  de microfibra son muy apropiadas, pues ocupan poco y secan rápido.

Por último, añadimos pijama, bolsa de aseo y un pequeño botiquín. Además de pañuelos y toallitas.

Pero esto no es todo. Si ya de por sí es el viaje en que hemos preparado más equipaje de los últimos años, además, hay que sumar la comida, pues con los precios de Islandia es recomendable llevar algo desde España para ahorrar. En teoría hay una limitación en la importación de alimentos y no se puede llevar más de 3 kilos por persona, pero tampoco contábamos con pasar ese límite. Además, está prohibido llevar carne no cocinada, por lo que el embutido quedaría fuera.

No pretendíamos llevarnos un supermercado en la maleta, pero sí algo que nos sirviera de apoyo, como por ejemplo bolsas de té y café para los desayunos; sobrecitos de aceite y vinagre; sopas y pastas en sobre que pudiéramos hacer por la noche en el alojamiento y comer algo caliente; alguna bolsa de frutos secos y chocolate para picotear entre horas… De esta forma completaríamos no dependeríamos única y exclusivamente de los supermercados de allí. Además, nos llevamos una botella, cubiertos de madera y bolsas de plástico para no dejar desperdicios en la naturaleza.

Y por último, nos queda por añadir la electrónica. Por un lado tenemos ordenador, kindle, minicámara, cámara, objetivos, filtros, tarjetas de memoria, trípode, cargador y baterías. Por otro lado añadimos móviles, una cabeza con varios puertos usb y varios cables usb (además de adaptador usb-c) y baterías externas. En este caso no nos hacía falta adaptador, ya que en Islandia tienen el mismo tipo de enchufe y voltaje que en España. Lo que sí es importante es llevar un cable para cargar los aparatos electrónicos en movimiento. Hoy en día los coches suelen venir con usb de carga, pero por si acaso, conviene echar en la maleta uno para el mechero. La radio está de adorno en el coche por aquellos parajes, así que un mp3 o una buena lista de música en el móvil (sea por app o por almacenamiento) tampoco sobra para amenizar el viaje.

En realidad, con todo lo enumerado (y si tenemos en cuenta la ropa de dos personas) parece mucho para meterlo en una única maleta. Sin embargo, con una buena técnica, es posible. Además, no solo llevábamos la maleta grande facturada, sino dos bultos de mano. Por un lado la mochila de 35L que ha visto tanto mundo como nosotros y por otro lado la maleta de mano. Eso sí, ajustamos al límite el peso que nos permitía la aerolínea (20Kg por facturada y 10Kg por el equipaje de mano).

Todo listo para volar.

Qué llevar en la maleta en un viaje a Escocia

Si hay algo que saqué en claro de las recomendaciones de amigos que habían visitado Escocia es que es prácticamente imposible hacer previsiones meteorológicas. Íbamos a viajar la última semana de julio y primera de agosto, algo que en España significa calor, tirantes, sandalias y protector solar. Pero en Escocia lo mismo luce el sol (sin abusar, tampoco nos vayamos a flipar), que está nublado o – lo más probable – se pone a llover. Todo depende de los vientos y las corrientes. Por un lado las que provienen del Atlántico y por otro las que llegan desde Noruega. Quizá en las Tierras Bajas haya unas temperaturas más asturianas, gracias a las corrientes del Golfo de México, pero si nos vamos hacia las Tierras Altas nos encontraríamos con una meteorología más propia de Galicia.

Como sobre todo íbamos a viajar hacia el norte, por territorios costeros, nos equipamos con una indumentaria que nos protegiera de vientos y lluvias. En mi caso mi inseparable chaqueta North Face que no ocupa ni pesa y, sobre todo, no cala. Asimismo, no podían faltar las botas de montaña (también impermeables) para caminar sin problemas por diversos terrenos.

Creo que el calzado es casi lo más importante cuando voy de viaje. En mi caso no prima el llevar unos zapatos bonitos o que conjunten, si no que se adapten a las circunstancias y particularidades de la ruta. Puede parecer una tontería remarcar esto, pero luego vas a hacer la ruta del Cares y te encuentras a gente en chanclas o manoletinas que no para de tropezarse y piensas que quizá no está tan claro el concepto.

Pero además, al visitar tanto ciudad como montaña, me gusta llevar dos tipos diferentes de zapatillas. Unas más de diario, más zapatilla o deportiva para los días de ciudad; y otras que sean bota, que me sujeten más el pie y con una suela más rugosa para las rutas por montaña o caminos. Es más, aunque vayamos a hacer un viaje en el que sólo necesite a priori un mismo tipo de calzado, me gusta llevar dos pares. No sólo porque se puedan mojar o embarrar, sino también por los roces o molestias (también importante en este caso los calcetines). Yo tengo el pie con muy poco puente, y si estoy de continuo con el mismo calzado, al final me duele el pie, el gemelo, la cadera y hasta la espalda, porque la pisada ya no es firme y segura y por tanto voy cargando mal el peso del cuerpo. De hecho a diario, sea cual sea la rutina, cambio casi a diario. Quizá esto ya sea un tema mío particular, pero un dos pares me parece lo mínimo para llevar en la maleta (o uno en equipaje y otro puesto).

En cuanto a la ropa es indispensable ir forrado cual cebolla e ir poniendo o quitando capas en función de cómo se nos vaya dando el día. También es aconsejable llevar un paraguas, pero surge la problemática de que si es de los plegables a la mínima que haga viento se da la vuelta, y que si es tipo bastón, será un engorro cuando la lluvia sea tipo chirimiri. En estos casos es casi mejor llevar una funda protectora de la mochila y cámara y olvidarse del paraguas. De hecho, los locales directamente no lo usan. Como hay un tiempo tan cambiante, simplemente esperan a que pase la borrasca.

De todas formas, esto es una idea general, lo frecuente. Pero mejor consultar unos días antes la información meteorológica para confirmar, no sea que nos encontremos con unos días totalmente atípicos, como el verano de 2015 y las continuas olas de calor extremo.

Dado que en principio habrá sol, recomiendo echar las gafas de sol, gorro/a y protector (que el viento también castiga la piel y labios) y repelente de mosquitos. Y es que en Escocia hay zonas con una gran invasión de mosquitos. Así que añadir un botecito en el botiquín no está de más. Tampoco pueden faltar unas tiritas ni ibuprofeno o paracetamol.

Aparte de lo mencionado más arriba y de la documentación referida en el post anterior, algo que no me puede faltar cuando voy de viaje es la batería externa. Sobre todo teniendo en cuenta que al ir con coche es aconsejable llevar el móvil con batería no sea que lo vayamos a necesitar al final del día y nos hayamos quedado bajo mínimos. Por si acaso, esta vez también consideré echar un cable para el cargador de mechero.

Batería Externa

Por supuesto, no pueden faltar el cargador de la batería de la cámara o las tarjetas de memoria para llenarlas hasta el último kb.

También es recomendable hacerse con un GPS y mapa. Sí, las dos cosas. Un mapa de toda la vida te da una perspectiva general, y un GPS además te puede marcar puntos reseñables y de interés en las inmediaciones. Cuando alquilas el coche tienes la opción de añadir un alquiler de GPS, no tengáis mucha fe en el móvil, pues la cobertura en según qué lugar ni existe.

Por último, como íbamos a estar en la carretera a diario y las comidas se preveían itinerantes, metimos en la maleta unos cubiertos de plástico y algunas servilletas.

Equipaje listo. Preparados para partir rumbo a tierras escocesas.