Serie Terminada: Bron/Broen

En Estados Unidos tienen las temporadas de series muy fijadas. Por un lado aquellas de 22/24 capítulos que cubren la temporada regular desde finales de septiembre hasta mediados de mayo, y por otro las de menor duración (10/13 episodios) que se emiten desde enero a mayo o bien en verano (dejando fuera cadenas por cable y nuevas plataformas). Así pues, es más o menos fácil seguir una serie año tras año.

En Europa sin embargo me da la sensación de que no hay un panorama tan definido y eso desde luego no favorece al visionado. Y menos con una oferta cada vez más amplia. En España es frecuente que una serie se tire años en un cajón antes de salir a antena. Por no hablar de los cambios de día de emisión para contraprogramar a otras cadenas, la larga duración de los episodios y el horario del prime time; tres factores que sin duda acaban con la paciencia de cualquier televidente. Las series británicas tienen un punto a su favor y es que suelen tener temporadas más cortas, sin embargo, también te puedes encontrar con que fácil transcurren un par de años entre una y otra, como por ejemplo pasaba con Sherlock. No sé cómo funciona el asunto en Suecia y Dinamarca, pero parece que se lo toman con la misma calma que los isleños, al menos así ha sido con la emisión de Bron/Broen, cuyo primer episodio se emitió en septiembre de 2011 y el último (de la cuarta temporada) en febrero de 2018. Nosotros vimos en su día el piloto y nos gustó, pero la dejamos apartada a la espera de que estuviera concluida. Y ha pasado tanto tiempo, que casi nos habíamos olvidado de ella.

Esta coproducción suecodanesa arranca fuerte. Una noche, el Puente de Øresund, una construcción de casi 8 kilómetros de longitud (más otros 4km de túnel) que une las ciudades de Copenhague y Malmö, sufre un apagón. Cuando vuelve la luz las autoridades descubren un cadáver en la línea que marca la frontera de ambos países. Como el cuerpo tiene la cabeza en Suecia y los pies en Dinamarca acuden al lugar las policías de ambos lados, por un lado Saga Norén (de Malmö), y por otro, Martin Rohde (Copenhague) para encargarse del caso. Ambos tendrán que colaborar en una investigación que pronto se irá enredando, pues el cadáver resulta estar formado por la mitad de una política sueca y la otra mitad de una prostituta danesa. El asesino, que se hace llamar el Terrorista de la Verdad, pretende llamar la atención sobre asuntos de inmigración, violencia policial, explotación infantil, indigencia… Nos encontramos con diferentes tramas que transcurren paralelas y que en principio no vemos que tengan relación, pero poco a poco todo va cobrando sentido y cada uno de los caminos acaba convergiendo al más puro estilo de la literatura nórdica.

Y aunque la historia es interesante, sin duda lo mejor de la serie, con diferencia, es la relación entre Saga y Martin, dos personas totalmente opuestas en caracteres y en forma de proceder, pero que sin embargo consiguen establecer una buena dinámica de trabajo. Bron/Broen parece articularse alrededor de un suceso, pero en realidad queda vertebrada sobre los protagonistas, especialmente en el de la sueca. Saga es un personaje atípico que está muy lejos de ser una heroína o la mujer perfecta. Además, se sale de los cánones estéticos habituales. Esto quizá tenga mucho que ver con que se trata de una producción de varios países escandinavos, donde predomina una mirada más feminista. Lleva siempre la misma ropa (que para nada sirve para realzar su figura), no lleva un peinado exageradamente elaborado, ni maquillaje (ni siquiera se intenta ocultar la cicatriz en el labio de la actriz). Lo que ha de destacar de ella como protagonista es su inteligencia y profesionalidad, no su cuerpo.

Saga Norén atrapa desde el primer minuto. Con treinta y pico años es una mujer fuerte, valiente, independiente y solitaria que no necesita a nadie que le saque las castañas del fuego. Es metódica, perfeccionista y concienzuda y sigue los procedimientos a rajatabla, lo que la convierte en una eficiente investigadora. Sin embargo, tiene dificultades para interpretar las convenciones sociales (parece tener algún grado de autismo o asperger), por lo que lo suyo no son los interrogatorios o las entrevistas con las familias de las víctimas (ni siquiera el trato con los compañeros). Carece de empatía y es brutalmente franca, diciendo las cosas tal y como las piensa, sin filtro alguno. No conoce la sutileza ni la mentira. Y aunque este carácter tan complejo y particular podría convertir a Saga en un personaje odioso, Sofía Helin consigue aportarle veracidad, calidez y humanidad.

También influye en este aspecto Martin, ya que al mirarla con sus ojos, el espectador consigue aceptarla tal y como es. Las conversaciones entre ambos nos dan las mejores escenas de la serie, provocando un refrescante tono cómico que aligera la tensión de una ficción tan gris. Frente al carácter distante y rígido de la sueca, el danés es cálido y con sentido del humor. Es impulsivo y emocional, no tiene problemas con incluso saltarse alguna regla y es todo un mujeriego (tiene varios hijos con tres mujeres diferentes y aún así no deja de ser infiel). El personaje interpretado por Kim Bodnia es todo lo opuesto a Saga y juntos acaban siendo el principal activo de Bron/Broen.

Tras una primera temporada bastante redonda, tenían difícil encontrar un nuevo argumento para seguir con la serie y que resultara original. En esta ocasión de nuevo el puente es protagonista cuando un buque se desvía de su ruta y acaba encallando en las barreras de hormigón sin que la Guardia Costera de Malmö pueda evitarlo. Dentro son descubiertas cinco personas encadenadas, y como dos de ellas son danesas, Saga enseguida se pone en contacto con la policía de Copenhague para pedir que Martin Rohde colabore con ella en la investigación.

En esta ocasión la historia central queda menos ramificada y por el contrario las subtramas van poco a poco entretejiéndose entre ellas. Además, el desarrollo de la investigación nos permite ir conociendo más aspectos de la personalidad de los dos protagonistas. La trama tiene un significativo impacto tanto en Martin por su relación con el asesino, pero también salen a la luz detalles del pasado de Saga. Ambos personajes evolucionan no solo de forma individual, sino también conjunta. Su amistad es cada vez más fuerte y de nuevo sus conversaciones in itinere intercaladas entre pistas y teorías son lo mejor de la temporada. Sobre todo con una Saga que ha comenzado a vivir con su novio pero que está muy perdida en cuanto a cómo debería comportarse y vuelca sus dudas en Martin. Quizá no sea la mejor referencia en cuanto a relaciones se refiere, pero es la única persona en la que confía.

Y por eso el final de temporada es tan doloroso. En los veinte capítulos se ha ido gestando una bonita amistad entre ambos, Saga ha ido evolucionando y creciendo como persona mejorando en sus habilidades sociales gracias a su relación con Martin, pero aún así, ella es coherente y no es capaz de salirse de su esquema de lo que está bien y lo que no. Así, no le queda otra que perder su amistad, porque de lo que no es capaz es de traicionar su deber como policía.

Seis meses después de la detención de Martin, Saga sigue aún dolida con él, porque la puso en el compromiso de tener que delatarle y lo echa de menos. Y más cuando aparece un nuevo caso sobre su mesa y ha de volver a colaborar con la policía danesa. En esta ocasión la temporada arranca cuando es encontrado en Malmö el cadáver de una mujer danesa defensora de la eliminación del género y creadora de la primera guardería de género neutro en Copenhague. Martin era el único que tuvo la paciencia de entenderla y ayudarla con sus limitaciones y ahora le asignan una nueva compañera que no tiene intención de seguir sus pasos. Es fría, distante y culpa a Saga de la encarcelación de su paisano. Sin embargo, las circunstancias pronto precipitan un cambio de compañero y formará pareja con Henrik Sabroe. La química entre ambos no es igual, y me temía que la serie perdiera su esencia, sin embargo, poco a poco se van conociendo y su relación se afianza. Es verdad que Henrik no es Martin, pero emocionalmente está casi tan roto como Saga, por lo que se crea una dinámica en la que ambos se necesitan y consiguen conectar a otro nivel.

Esta temporada gira en torno a la estructura familiar: en el caso ya vemos cómo el asesino parece estar en contra de los nuevos modelos de familia, a Henrik le atormenta la desaparición de su mujer y sus hijas hace ya 8 años, y la madre de Saga vuelve a escena para complicarle la vida. Esta es sin duda la temporada más dura emocionalmente para la protagonista. Su mundo parece desmoronarse y acaba bloqueada por la cantidad de sentimientos que se le vienen encima. Primero la ruptura con Martin, después la pérdida de Hans (quien más que un jefe era como un padre para ella), la llegada de una nueva jefa que no ha sido tan permisiva con sus peculiaridades, la entrada en escena de una madre maltratadora y manipuladora, remover el pasado de su hermana muerta… Son demasiados frentes abiertos y Sofía Helin logra que conectemos aún más con Saga y su sufrimiento. El final de temporada es además agónico cuando es acusada del asesinato de su madre.

La cuarta y última temporada arranca dos años más tarde del final de la tercera, y esta vez el caso comienza en Copenhague cuando la policía encuentra lapidada a la directora general del Servicio de Inmigración. Henrik lleva la investigación y es Saga, cuando es puesta en libertad tras más de un año en la cárcel, quien se une a él. De hecho, dado que no tiene apartamento donde vivir, se muda a casa del danés.

Esta cuarta etapa de la serie vuelve a ser redonda. El hecho de que tenga un par de capítulos menos que las tandas anteriores hace que la acción se precipite y sea un poco más rápida. No obstante, como siempre en Bron/Broen, lo importante no es tanto la trama, sino la evolución de sus protagonistas.

Henrik consigue recomponer parcialmente su vida al cerrar el caso de la desaparición de su mujer e hijas y superar su adicción a los analgésicos. No es un final feliz, pero es un punto y seguido que le permite seguir adelante. Me gusta que no hayan buscado el “fueron felices y comieron perdices”, ya que sería romper con la dinámica de la serie.

Saga ha ido dando pequeños pasos a lo largo de los años hasta abrirse a los sentimientos (incluso llegando a enamorarse). Consigue un final catártico cerrando el episodio de la muerte de su hermana quitándose la culpa que cargaba al descubrir la verdad. El viaje de nuestra (anti)heroína ha concluido y ya no necesita seguir resolviendo casos y encerrando criminales para obtener cierta paz mental. Ahora es libre para emprender una nueva vida y descubrirse a sí misma sin los lazos que la ataban al pasado. Y qué mejor lugar que en el Puente de Øresund, donde todo comenzó.

Es un cierre perfecto para una serie que ha puesto sobre la mesa temas que están presentes en la sociedad como la fidelidad, el terrorismo, la deshumanización de la migración, las enfermedades mentales, la desigualdad económica, la lealtad, la amistad, la muerte, la culpa, el aborto… para invitar al espectador a reflexionar sobre sus propias decisiones y comportamientos. Al igual que ocurre con la novela nórdica, Bron/Broen intenta descubrir las imperfecciones de lo que muchas veces se considera una sociedad idílica y remover la conciencia del público.

Aunque es cierto que el peso recaía sobre los personajes principales, ha conseguido mantener el interés en los casos centrales. Ha tenido siempre el mismo esquema: crimen que implica a ambos lados de la frontera que mientras se va enredando va afectando personalmente a los protagonistas. Sin embargo, ha sabido tejer una telaraña narrativa que atrapa al espectador gracias al ritmo, giros de un guion milimétricamente caulculado y su atmósfera gris, fría y desoladora. Y no solo por los exteriores que favorecen esa ambientación por el clima y los paisajes escandinavos, sino gracias también a unos interiores sobrios y casi diáfanos.

También han sido importantes los personajes secundarios y los episódicos, que han estado muy bien trazados e integrados dentro de la trama.

Bron/Broen termina aquí, pero es tan atemporal que ha traspasado fronteras y ha inspirado remakes como The Bridge en Estados Unidos (con la frontera con México como escenario) o The Tunnel, con el Canal de la Mancha como centro de la historia. Sin embargo, creo que es difícil superar al original, que se ha convertido en una auténtica referencia del género nordic noir. La echaremos de menos, igual que a Saga Norén, policía de Malmö.

Crucero Capitales Bálticas. Conclusiones

Y acabó el crucero, yo creo que de los tres que hemos hecho, este es el que más agota. El Rondó Veneciano tiene escalas matutinas, y quitando Atenas, el resto de paradas son recogidas. En los Fiordos también se anda, Oslo y Copenhague son días de paliza, y la subida al Glaciar tiene su exigencia, pero es cierto que al ser una mezcla de ciudad y naturaleza, se lleva de otra forma. Este crucero al ser todo de ciudad es un no parar día tras día. El día de Tallín es quizá el más relajado, y quizá Malmö si no haces excursión a Copenhague, claro. La visita a San Petersburgo es extenuante, supongo que sobre todo por el hecho de ser guiada.

Es quizá la única pega que le pongo, el no poder tener la movilidad de visitar todo por libre y tener que contratar excursión en San Petersburgo. Aunque hay que reconocer que no habría visitado ni la mitad de los sitios a los que nos llevaron. Así que, tal vez no fue tan mala elección.

Como ya comenté, me hubiera gustado hacer escala en Riga en lugar de Wismar, pero bueno, al final tampoco se nos dio mal el día y me gustaron mucho las 3 ciudades que visitamos. Hay que buscar el lado positivo.

Si nos centramos en la experiencia en el barco, he de decir que he notado cierto bajón con respecto a la última vez con Pullmantur. Sí que es cierto que ha mejorado el embarque y desembarque, puesto que te olvidas del todo de las maletas. Tampoco hay queja en la atención de la tripulación, tanto de la chica de limpieza del camarote como de los camareros en los restaurantes. Donde quizá vi esa diferencia fue en la variedad de comidas y en detalles como tener botellas de agua gratuitas en todo momento. No nos engañemos, sé que Pullmantur es de las navieras más baratas, y había opciones para comer y no repetir, pero quizá había poca rotación. Eso sí, las opciones presentadas estaban ricas. La animación también me resultó algo pobre, la de Iberocruceros tenía más repertorio y era algo más innovadora, como por ejemplo con el patinaje sobre hielo. Si el espectáculo no te convecía podías ir a las discotecas, pero la noche que estuvimos estaba vacía y nuestro grupo (entre 30-35 años) era el más joven. La media de edad del crucero era más baja que en los Fiordos, quizá rondaba los 49-45. Y había incluso familias con críos en etapa preadolescente.

No tengo nada que añadir en cuanto a la elección de camarote o turno de comida. Seguimos el patrón anterior y volveríamos a elegir lo mismo. No necesitamos ventana y el orden cena y después espectáculo parece la más lógica.

Finalmente, si hablamos de presupuesto, en julio y con el camarote sencillo que elegimos nosotros, puede salir por unos 1000-1200€, depende de la previsión en la reserva, si consigues algún tipo de oferta en semana del crucero o similar. Es algo más caro que los del Mediterráneo, y un poco más barato que el de los Fiordos. Aparte de eso, no hay mucho más gasto al ser Todo Incluido. La excursión a San Petersburgo nos salió por 125€ por persona los dos días e incluía las comidas. El barco te cara unos 72€ por persona en concepto de tasas de servicio. Así pues, un total de unos 1300-1400€ en total, que si le sumas algún que otro souvenir o recuerdo, entradas o transporte en las escalas, o si compras en el duty free del barco, se puede ir a unos 1600-1700€. Sólo en Rusia y Suecia no tienen el Euro, y ya os comenté que en San Petersburgo nos llevaron a una tienda que aceptaban nuestra moneda, y en Suecia no hay problema por pagar con tarjeta.

Es un crucero que merece la pena, pero para mí sigue estando por encima el de los Fiordos, sin lugar a duda. ¡Ay, Noruega! He descubierto que Pullmantur hace con el Buque Empress un recorrido por el norte del país (Círculo Polar, Laponia) que se llama Sol de Medianoche. ¿Será el próximo?

Sol de medianoche

Crucero Capitales Bálticas. Etapa VII: Malmö

Y llegamos a la última parada, a Malmö, de nuevo en Suecia. La ciudad se encuentra en la costa sur occidental del país y es el puerto más grande de Suecia en la zona. Está a tiro de piedra de Copenhague gracias al puente de Öresund, una de las mayores estructuras arquitectónicas de Europa, de 8km de longitud y que permite cambiar de ciudad y de país en apenas 15 minutos. De ahí que al llegar a la escala en el crucero te vendan la excursión a la capital danesa. Nosotros como ya habíamos estado en el de los Fiordos, nos centramos en acercarnos al casco histórico y darle un paseo a Malmö.

Al ser la parada final no disponíamos de mucho tiempo. Pullmantur te acerca al aeropuerto, y según el horario de tu vuelo, así te van dando salida. Nuestro bus partía a las 12:45, así que desayunamos, recorrimos el centro, comimos algo, y partimos. Pero aún así, Malmö se ve en dos horas tranquilamente, queda todo bastante recogido. Si contratas la excursión, sales del barco y te dejan en el aeropuerto directamente. En el Rondó Veneciano merecía la pena si acababas en Atenas, pues había que cargar las maletas en el bus. Sin embargo, este año, las maletas las dejabas en la puerta del camarote antes de las 3 de la mañana de la noche anterior, y ellos las facturaban directamente y las recogías en destino, por lo que no era tan imprescindible para los de los últimos vuelos. Los de los primeros ya era otra cosa, puesto que el bus salía a las 10 de la mañana hacia el aeropuerto y ahí no te daba mucho margen de maniobra.

En fin, que nosotros dentro de lo malo, teníamos cierto margen de maniobra. Al bajar del barco había una carpa preparada para los que llegaban a sustituinos a los que nos marchábamos y en dicha carpa había un puesto de turismo con unas chicas que hablaban español y que nos dieron un mapa.

Mapa

Nuestro barco llegó al puerto Kryssninsfartyg y desde ahí nos dirigimos al centro de la ciudad, que es ideal para recorrer a pie. Si buscamos picos llegamos a St Petrikyrkam, la catedral de Malmö. Data del siglo XII y con el tradicional estilo de ladrillo rojo, del estilo de las de Lübeck. En el siglo XV las torres se vinieron abajo, así que en el s. XIX se levantó la que vemos en la actualidad. En su interior se pueden ver pinturas medievales.

Tras la catedral encontramos Stororget, la plaza sobre la que se desarrolla la ciudad. Preside la plaza el ayuntamiento y la residencia del gobernador. En el centro de la misma se levanta una estatua ecuestre de Carlos X Gustavo, quien conquistó la región de Escania a los daneses.

A la derecha del ayuntamiento, en la esquina con Södergatan se encuentra la farmacia más antigua de Suecia, la Apoteket Lejonet, fundada en 1662. Justo al lado de la Farmacia del León, se encuentra la orquesta optimista, varios músicos tocando instrumentos en fila.

A un par de minutos de esta zona hay dos plazas que fueron los tradicionales mercados: Möllevangstorget y Lilla Torg. Esta última tiene mucho encanto, llena de restaurantes, de vida, de ritmo.

Y en la Gustaf Adolfs Torg, otra plaza que enlaza las calles peatonales más comerciales y Lilla Torg, podemos encontrar  la escultura de Grifo

En el recorrido hacia las afueras nos encontramos con el Gamla Kyrkogarden, un cementerio que está abierto cual parque público. No es muy gore, pues no se ven muchas lápidas.

Después dimos un paseo por el parque cruzando al Västra Hammen, la zona moderna, en torno al Turning Torso, el principal rascacielos de la ciudad de 190 metros de alturay 54 pisos diseñado por Calatrava. Son 9 cubos y su rotación desde la base hasta la cúspide es de 90º. En la zona también se encuentra la fortaleza.

Personalmente, no me llamaron mucho la atención, ni la fortaleza, ni la zona nueva. Y finalmente, volvimos al barco… y a casa.

Crucero Capitales Bálticas

Pues sí, este año tocó de nuevo crucero. En 2008 fue el Rondó Veneciano y en 2011 Fiordos Noruegos, así que parecía haber un patrón de 3 años que hemos decidido no romper. Y el destino estaba muy claro, nos encanta Europa, nos gusta seguir descubriendo países, y en verano buscamos el buen tiempo, lo que para nosotros viene siendo una temperatura entre los 25 y 30º como mucho.

Así pues, con el destino claro, hacia finales de 2013 comenzamos a mirar catálogos de cruceros para ver qué nos ofrecían las diferentes compañías. Y cuando todo parecía apuntar a Iberocruceros con el ya conocido Gran Mistral por las escalas que tenía (Tallín, Riga, San Petersburgo, Helsinki, Estocolmo y Copenhague, creo recordar), salió el nuevo catálogo de la temporada 2014 y ¡SORPRESA! el buque no se encontraba en la flota de la naviera. Así que de nuevo a revisar el resto de las compañías, comparar las escalas, mirar detenidamente si había algún cambio, comparar fechas y volver a decidir.

Al final la decisión no fue muy complicada, no teníamos muchas opciones, y quitando Pullmantur, el resto de navieras se nos iban de presupuesto o algo fallaba en las escalas. Por lo que volvimos a los orígenes.

Ya os conté aquí los pasos que recomiendo tener en cuenta a la hora de contratar este tipo de viajes, así que no me voy a enrollar mucho más:

1. Teníamos destino,

2. Elegimos compañía,

3. Nos decantamos por el itinerario que finalizaba en Malmö. Esta decisión era quizá la más clara. Esta escala tenía el atractivo de Copenhague a tiro de piedra, pero para nosotros no lo era, puesto que ya la habíamos visto (en medio del naufragio, pero la teníamos reciente). Así que la dejamos como punto final por si no dispusiéramos de muchas horas. Al menos nos quedaría Malmö.

itinerarioSi la hubiéramos tomado como partida, habríamos tenido más tiempo, pero, por contra, correríamos el riesgo de no ver la última, Tallín.

4. Descartamos agosto y queríamos la salida en junio, pero estaba completa, así pues, tuvimos que posponerlo a julio.

5. Lo demás va rodado. Mismo criterio de camarote, TI, primer turno de comida.

6. Preparativos. En este crucero teníamos una peculiaridad que no nos habíamos encontrado con anterioridad: el visado. Habíamos tenido que cambiar moneda en los Fiordos, pero al haber tratado Schengen, con el pasaporte te mueves sin problema, no necesitas contratar excursión para moverte. Sin embargo, Rusia es otro mundo.

Me informé sobre la posibilidad de recorrer San Petersburgo a nuestro aire, pero no es nada sencillo, ni sale económico. Necesitas un visado, pero no es como EEUU que para obtener el ESTA rellenas un formulario en internet, pagas unos $14 y listo. No, para Rusia tienes que pagar unos 70€ y acreditar un lugar de estancia durante tu visita. Algo complicado cuando vas a alojarte en un barco, que no tiene domicilio físico tradicional.

Así pues, a seguir buscando información y todo nos llevaba a descartar la opción por libre. Por lo que nos quedaba centrarnos en contratar una excursión, bien entre las que oferta Pullmantur, bien entre compañías externas. En ambos casos ellos se encargan del visado, no tienes que hacer nada más que pagar el importe de la excursión, te mandan unos pases que enseñas en el control al subir y bajar del barco y listo. Pero esto ya os lo contaré en la escala de San Petersburgo.

Por supuesto, imprescindible el llevar un seguro médico, pues cuando estás en Europa puedes usar la tarjeta sanitaria europea, pero claro, si es fuera de Europa… mejor no arriesgarse.

Si estáis pensando en un crucero para el próximo año, os animo a estar atentos a las próximas entradas.