Japón por libre XXXIX. Conclusión itinerario

Practicamente ya he repasado cómo nos fue con la planificación del itinerario tras terminar Kioto y después de Tokio. Pero como hay excursiones de por medio, voy a recopilarlo en una entrada.

En principio el viaje eran 21 días, aunque siendo realistas, dejémoslo en 19, porque el día de llegada y el de vuelta quizá no son muy aprovechables. Partiendo de esta base, podríamos estructurarlo así:

Mapa Kioto

Puente Shimogamo

Santuario Yasaka

toriis Fushimi Inari

Templo Todai-ji

Templo Todai-ji. Daibutsu

Torii

Cenotafio, llama y Museo

Castillo

  • 3 días en itinerancia: Modificaría algo lo que hicimos. Empleamos el primero en Himeji, llegando a Kanazawa; el segundo saliendo de Kanazawa y viendo Shirakawa-go para acabar haciendo noche en Takayama; y el tercero yendo de Takayama a Tokio pasando por Nagoya. Sin embargo, creo que sacaría de la ecuación Himeji y Nagoya. No digo que sean ciudades que no aporten nada. El castillo de Himeji, una vez finalizadas las obras de acondicionamiento debe sin duda merecer una visita y subir al Monte es una buena excursión, pero no para hacerla a la carrera como nosotros. Es para emplear una buena mañana y disfrutar de la naturaleza y las vistas que nos ofrece. Pero hay que ser realistas y no se puede abarcar todo. Así pues, creo que si no hubiéramos parado en Himeji, podríamos haber visto Kanazawa tranquilamente y no tener que emplear horas del segundo día. Igualmente, aunque el tren parara en Nagoya, quizá sería recomendable seguir del tirón hasta Tokio. De esta forma, podríamos haber empleado parte de la mañana a Takayama.

Puerta

Jardines Kenrouken

Shirakawa-go

Shirakawa-go. Museo al Aire libre

Takayama

Sakurayama Hachimangu

  • 10 días con base en Tokio: Como dije en el resumen de Tokio, eliminaría algún barrio que a mí personalmente no me aportó mucho. Con eso, ganamos tiempo para ver Kamakura en un día sin combinarlo con Yokohama, y hacer ésta una tarde. Otro día para Nikko y otro para Hakone o los Cinco Lagos. No haría los dos, de hecho, no pudimos hacerlo. Y si se elige hacer los dos, lo recomendable sería hacer una noche fuera. Así que, tenemos 3 días completos para excursiones y 7 días para Tokio (incluyendo una tarde en Yokohama).

Daibutsu

Nippon Maru

Templo Taiyuin-byo

Fuji

Vista aérea observatiorio Tocho

Shinjuku

Hachiko

Templo Zojoji y Torre de Tokio

Odaiba. Rainbow Bridge y Estatua de la Libertad

Templo Sensoji

En realidad no variaría mucho de la planificación original. Básicamente de Kioto quitaría algún templo, de Tokio algún barrio y eliminaría Himeji, Nagoya y los Cinco Lagos. De esta forma, habría más tiempo para ver cada uno de los lugares con más calma empapándonos del ambiente, de la gente, de los olores y sabores.

Normalmente cuando viajamos pocos días, intento concentrar lo importante para sacarle el mayor rédito al viaje. En este caso quise hacer lo mismo porque ya que haces tantas horas de viaje, al menos que te cunda cada minuto. Pero claro, llega un momento en que el cuerpo te pide tomarte las cosas con más calma. Eso que me llevo de aprendizaje para próximas planificaciones, como por ejemplo en nuestro siguiente periplo que sería en verano por las Capitales Imperiales.

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Japón por libre XI: Día 6. Miyajima

Comenzamos el día 6 con una nueva excursión fuera de Kioto. Este día activábamos nuestro JR Pass ya que es un viaje largo y sale caro hacerlo por billete sencillo. Se tardan unas tres horas y hay que hacer varios trasbordos.

Panel tren

Nosotros habíamos reservado asiento el día anterior para el tren bala Hikari de las 8 de la mañana, y llegaba a Hiroshima a las 9:58. Sí, son dos horas en tren, pero son muuuuuuuuuuuuy cómodos.

Billetes Hiroshima

Tren bala

Puedes llevarte el desayuno y comer tranquilamente. O comprárselo a la señorita que pasa con el carrito. Tienes tu bandeja, tu reposapiés, papelera, gancho para colgar la chaqueta, baño… hasta enchufe para cargar tus dispositivos. Los asientos tienen mucho espacio delante, más que en un avión, y te puedes reclinar. Yo me eché varias cabezaditas en los viajes. Porque además, como todo el mundo va en silencio, si le sumamos el movimiento del tren y el madrugón, el resultado es K.O. Allá donde fueres, haz lo que vieres. Ellos hasta se descalzan. Está todo impoluto, claro.

Tren bala. Interior

Una vez en Hiroshima cambiamos a la JR Sanyo Line hasta Miyajimaguchi, un trayecto de unos 25 minutos. Y en Miyajimaguchi cogimos el ferri (también incluido en el JR Pass), que son otros 15 minutos. Los ferris salen cuatro a la hora, así que hay buena frecuencia. Claro, que a partir de las 5 de la tarde hay menos y hay que estar al loro para no quedarse en tierra.

Torii

Miyajima (En realidad su nombre oficial es Itsukushima) es una isla sagrada, en la que no se permiten los nacimientos, las defunciones o la tala de árboles. Ya cuando nos vamos aproximando, se ve el imponente Otorii, que nos indica la presencia de un santuario. Se puede caminar hasta él cuando la marea está baja, por lo que es importante consultar cuándo está alta y cuándo baja para decidir cuándo queremos visitarlo. El Otorii es una de las tres visitas más emblemáticas del país y yo lo llevaba muy idealizado, quizá por eso, me defraudó un poco.

Torii Miyajima

Aún así, es el símbolo de la isla. Data de 1168, aunque el que se conserva hoy en día es una reconstrucción de 1875, pues los siete anteriores sufrieron diversos daños a lo largo de los años. Mide 16,6 metros de alto y pesa 60 toneladas. Está hecho de madera de alcanforero, cedro y ciprés y se sostiene sobre seis pilares sujetos por siete toneladas de piedras.

El Otorii es la puerta de acceso al recinto del Santuario Itsukushima, un santuario que es uno de los grandes atractivos turísticos de la isla. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996 y está elevado sobre pilares, no a ras del suelo, sino que tiene forma de embarcadero. Con la marea alta se ven los edificios reflejados en el agua y es una imagen muy bonita. Con la marea baja se puede caminar hasta el torii.

Entrada santuario

La entrada cuesta 300Y (500Y si incluye también el salón del tesoro) y está abierto de 6:30 de la mañana a 18:00. Consta de 3 salas: el Salón Santo, una parte interior reservada a los sacerdotes (de hecho, los vimos salir en fila y en silencio) y el área exterior que es el que está lleno de visitantes.

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Los principales edificios del santuario quedaron destruidos en un incendio en 1207. Ocho años más tarde se reconstruyeron, pero sufrieron el mismo destino en 1223. Tras una nueva reconstrucción en 1241 se han conservado hasta nuestros días. Aunque, por supuesto, han tenido que acometerse reconstrucciones y mejoras porque al estar en el mar, el salitre y la humedad deterioran los edificios. Con el tiempo se han añadido la pagoda de cinco alturas y la de dos.

Santuario Itsukushima

Pagoda

Santuario y pagoda

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Estos japoneses son tan organizados que para sacar una foto del torii desde el santuario, se ponen en cola, respetando a los demás y no estropeándoles la foto. Allá donde fueres, haz lo que vieres. Así que nos pusimos a la fila. Y mientras esperábamos me di cuenta de que todos hacían lo mismo: le daban la cámara al que tenían detrás, y se ponían la pareja, el grupo o familia para salir todos. El que había hecho la foto, le pasaba su cámara al de atrás y así sucesivamente. Y si le hacían una y no le convencía, se colocaban de nuevo y había segundo intento. Y el resto esperando tranquilamente dándoles su tiempo. A mí me tocó fotografiar a una familia de cinco y la mujer me dio la cámara, me señaló el botón de hacer la foto, me señaló el torii y me enfatizó “Otorii” y se colocaron. No le terminó de convencer la primera instantánea y me hizo gestos de que quería otra porque el padre tapaba un poco la puerta. Nuevo disparo, reverencia, sonrisa y nuestro turno. Ya podíamos aprender un poco de la educación japonesa. Sobre todo en respeto y cortesía.

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Torii Miyajima

Torii Miyajima

Torii Miyajima

Si se tiene oportunidad, puede ser muy bonito pasar la noche en la isla, aunque no es barato porque no hay mucho alojamiento. De esta forma, se puede ver la marea alta y la baja, así como el santuario y el torii al atardecer. Ambos se iluminan desde que cae la noche hasta las 23:00 horas.

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima

Torii Miyajima

Santuario Itsukushima

Santuario Itsukushima. Pagoda

Paseo entre linternas

Torii Miyajima

Torii Miyajima

Plano Miyajima

Pero eso no es todo en la isla, sino que también podemos subir al Monte Misen a una altura de 530 metros sobre el nivel del mar. Hay tres rutas de senderismo: la Momijidani, la Omoto y la Daisho-in, que es la que elegimos nosotros. Aunque no la hicimos entera, sólo subimos hasta el templo Daisho-in, porque no disponíamos de mucho tiempo, teníamos una agenda completa y muchas conexiones de transportes. Si no se quiere subir andando, hay un funicular hasta la cima, desde donde se puede ver toda la isla, incluso Hiroshima al fondo si el día está despejado.

Miyajima

Miyajima

Santuario Itsukushima

Plano de Miyajima

En el Daisho-in comenzó el budismo en la isla. Conserva varios edificios, estatuas y objetos religiosos. Resulta curioso su emplazamiento, ya que los edificios y estructuras están a diferentes alturas en la ladera de la montaña, lo cual da una perspectiva diferente.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

El acceso al templo comienza en un puente, y seguidamente pasamos por la puerta Niomon, vigilada por dos reyes Nio, como suele ser habitual en templos budistas.

Templo Daisho-in. Guerreros

Nos encontramos con unas jóvenes ataviadas con unas vestimentas peculiares. Iban vestidas con algo similar a los kimonos, pero encima llevaban una especie de mosquitera.

Puerta templo Daisho-in

A partir de ahí nos encontramos con unas escaleras con unas series de ruedas inscritas con los seiscientos volúmenes de las escrituras Dai-hannyakyo que se dice que si las giras, te darán suerte.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Las escaleras también nos encaminan a la sala de los tesoros y el campanario.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Si continuamos, pasamos la puerta Onarimon, entrando en una explanada donde se encuentran los edificios más importantes del templo: el  Kannon-do y el Chokugan-do.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

En el primero de ellos hay un gigantesco mandala de arena de colores mostrando la diosa de la piedad. También hay una estatua de esta diosa con once cabezas cuya finalidad es vigilar a los seres vivos del planeta para salvarlos.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

En el Chokigan-do hay una figura del Rey Inamovible que tiene una cara agresiva para demostrar su intención de destruir el mal. En la zona también hay muchas más estatuas y lugares de culto. No hay que perder ojo, pues en cualquier rincón podemos encontrar algo que nos sorprenderá. A mí me llamaban mucho la atención estas estatuas. Pero no conocía su significado hasta que después, una vez en el hotel, aproveché para consultar en internet.

Estatuas Jizo

Estatuas Jizo

Templo Daisho-in

Reciben el nombre de estatuas Jizo, que es una deidad compasiva que sigue los caminos de Buda. Se cree que protege a los niños muertos (o no natos) y a las embarazadas. El que estén abrigadas con coloridas capas y gorritos de lana responde a que los padres de esos niños los abrigan y protegen como si fueran el alma de esos niños. Asimismo, se colocan piedras para pedir compasión y que los niños puedan atravesar al más allá. Si hiciéramos un paralelismo podríamos hablar de una ayuda para que no se queden en el limbo.

¿Y qué me decís de estos tres? ¿Os recuerdan a algo?

Templo Daisho-in

A los pies de la escalera encontramos este narigudo, que se cree que fue un judío que llegó a Japón. Aunque también pudiera ser una especie de demonio, no he encontrado unanimidad al respecto.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Aunque no son las vistas de la cima, lo cierto es que no está nada mal.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Pagoda

En uno de los edificios había ni más ni menos que 1200 figuritas en bronce de Buda. No los conté, es que tienen una plaquita.

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Templo Daisho-in

Para terminar con la isla, emprendimos el descenso. Es interesante salirse del circuito y perderse por las callejuelas y ver las residencias típicas.

Miyajima

Paseamos por la orilla despidiéndonos de las linternas, los ciervos y el torii.

Miyajima

Pero antes de marchar, no nos olvidamos de pasear por la calle principal, por Omotesando, llena de tiendas de recuerdos, de locales de comer y beber, restaurantes y como curiosidad la pala de arroz más grande del mundo. Está hecha con la madera de un olmo de 270 años de antigüedad, mide 7,7 metros de largo y pesa 2,5 toneladas. Una barbaridad.

Miyajima. Mercado

Cuchara de arroz

Entre los alimentos típicos de la zona destacan los pastelitos Momiji Manju, con forma de arce y rellenos de pasta de judía roja. Que como ya comenté, no nos atrae en demasía, así que no probamos. Se podía ver hasta cómo se fabricaban.

Mercado Miyajima

Eso sí, de camino al ferri nos comimos unas brochetas de pulpo con hierbas y cebolleta al estilo de las que comimos de cangrejo el primer día en Kioto.

brocheta

Y continuamos nuestro recorrido camino a Hiroshima dejando atrás el santuario, el otorii y los ciervos (también dicen que hay monos, pero supongo que estarán más arriba en el monte). Pero tendrá que esperar, que esta entrada ya es demasiado larga.

Torii

Japón por libre III: Configurar el itinerario

Configurar un itinerario de un viaje de este estilo es lo que siempre me causa más quebraderos de cabeza, porque intento encontrar la mejor combinación posible, cubriendo el mayor número de puntos de interés, y no siempre es fácil.

Ya os adelanté en entradas anteriores que finalmente elegimos entrar por Osaka y salir por Tokio. Ahora faltaba configurar los días intermedios. Lo primero fue decidir qué ciudades ver y después el orden. Japón es un archipiélago con 6852 islas, y por supuesto, era impensable ver todas. Así que nos centramos en Honshu, la principal. Tras leer foros y guías de viaje, parecía que teníamos una lista con las favoritas: Kioto, Osaka, Nara, Fushimi Inari, Uji, Hiroshima, Miyajima, Himeji, Nagoya, Kanazawa, Shirakawa-go, Takayama, Kamakura, Yokohama, Tokio, Nikko, Hakone, 5 lagos y Odawara.

Puntos de interés

En fin, una barbaridad de ciudades para ver en tres semanas. Aunque todo se puede organizar. Para no andar de acá para allá como el interrail, una noche en un sitio, otra en otro y maleta a cuestas, centramos el viaje en dos paradas principales: Kioto y Tokio. Ya que la comunicación ferroviaria es bastante buena, nos pareció más cómodo así.

Así pues, estructuramos el viaje en dos etapas, una primera en Kioto y alrededores: Osaka, Nara, Fushimi Inari, Uji, Hiroshima y Miyajima; y otra segunda en Tokio, Nikko, Kamakura, Yokohama y la zona del Fuji. El problema es que nos quedaba la zona de los Alpes descolgada y con escasa comunicación por tren. Así que buscamos una tercera parada de una noche en un ryokan (alojamientro tradicional japonés) en las montañas.

Con esta estructura más o menos clara, había que jugar con varios factores: no visitar Nara, Nikko o Fuji en fin de semana. Aprovechar las mañanas para las visitas donde hay templos. Encontrar el mejor día para ir a Miyajima según las mareas, y además, tener en cuenta la activación del JR Pass para agrupar lo más caro y lejano para aprovechar al máximo posible los trenes bala. Así que no era tarea nada fácil.

Finalmente, así quedó el itinerario:

Como veis, hay mucha tela que cortar. Pero eso ya otro día.