Nueva serie a la lista “para ver”: Modus

Cada vez llegan más series escandinavas a nuestra parrilla. Una de las últimas es Modus, del canal sueco TV4. Basada en la novela Noche cerrada en Bergen de la autora noruega Anne Holt, Modus es un thriller policíaco cuya protagonista es Inger Johanne Vik, una psicóloga y criminóloga que tras haber trabajado durante un tiempo para el FBI vuelve a Suecia. Durante la boda de su hermana su hija autista se convertirá en testigo accidental de un crimen. Por ello, y por su experiencia, la policía sueca pedirá su colaboración y tendrá que trabajar con el detective Ingvar Nymann de la Policía de Estocolmo.

Sin embargo, ya en el piloto vemos que el asesinato del que Stina, la hija de Inger, es testigo no es el único. En Nochebuena, la obispo Elisabeth Lindgren es asesinada en Uppsala. Hay un asesino en serie, que el espectador conoce desde el principio. Sin embargo, poco se sabe de él, no sabe qué le motiva. Tan solo que es un lobo solitario que sigue indicaciones de alguien que tan solo le hace llegar objetivo y lugar vía sms. Así pues, parece que la serie nos plantea un juego del gato y del ratón entre los dos inspectores y el asesino.

Es una serie sencilla con una única trama durante ocho episodios que transcurren en un desolado paisaje invernal sueco donde hay más horas de oscuridad que de luz. Esta falta de iluminación es un recurso típico de las producciones escandinavas. No es de extrañar que se les dé tan bien el thriller, ya que la oscuridad se convierte en un personaje más. Incluso esos paisajes nevados, tan luminosos, también provocan angustia, ansiedad, incertidumbre. Y si combinamos el silencio de un asesino que no sabes qué le mueve, la oscuridad/luz, la banda sonora… A mí me tienen enganchada.

La primera temporada se estrenó en 2015 en Suecia, y la segunda, basada en Crepúsculo en Oslo, este otoño de 2017. Es curioso que no sigan los libros en orden, ya que Noche Cerrada en Bergen era el cuarto de la saga y Crepúsculo en Oslo el segundo.

Nuevas series a la lista “para ver”: Vikings y The Last Kingdom

Hace ya un par de años que vimos el piloto de Vikings y no había hablado de ella porque es de esas series que no sé si me terminan de convencer. Se trata de una serie histórica centrada en el siglo IX que se basa en las leyendas sobre el vikingo Ragnar Lodbrok, uno de los héroes nórdicos más grandes de su época que saqueó Northumbria, Francia y Bretaña. Se retrata al protagonista como un guerrero intrépido y una navegante ambicioso que tiene ideas que desafían al jefe de su tribu. Mientras el líder quiere explorar el este cada año basándose en las viejas costumbres y en la comodidad; Lodbrok quiere investigar hacia el oeste y ver qué encuentra. No le importa el peligro ni lo desconocido, le puede su ansia de saber, de conocer. Para su empresa le pide a su amigo Floki que le construya un barco y promete a los que se le unan un reparto equitativo de las ganancias.

Por supuesto, se muestra cómo eran los hábitos de la sociedad vikinga, esas ceremonias en las que el niño se convierte en hombre, cómo pescaban, cómo eran sus construcciones, las relaciones entre la tribu o clan, sus rituales… No hay que olvidar que se trata de una serie del canal History, por lo que se le da cierta seriedad a la base histórica. Sin embargo, no está narrada desde un punto de vista histórico, sino que está ahí como trasfondo, como hilo conductor. La serie se convierte en una epopeya, el héroe en busca de territorios por descubrir, con saqueos, peleas y batallas. Y mientras tanto se hace referencia a la cultura, a su tradición, como la poesía o la mitología vikinga. No hay que olvidar que pese a que eran considerados salvajes y sanguinarios por sus víctimas, eran una sociedad bastante mística. Esta devoción a los dioses nórdicos se ve en Lodbrok, a quien se consideraba un descendiente directo de Odin (dios de la guerra).

También contrasta con esa brutalidad a la hora de luchar y conquistar el amor que tienen por la naturaleza. La ambientación de la serie es increíble. También puede influir que sea una enamorada de Escandinavia, pero la naturaleza es un personaje más, quizá por ese mimo que le muestran los vikingos. Así que tenemos una trama bien entretejida con una buena base histórica, un paisaje inmejorable, un punto de partida interesante, unos personajes fuertes y además, ritmo y acción desde el primer capítulo. Tiene todos los ingredientes para enganchar. Sin embargo, no sé si fue porque vi el piloto entre varios capítulos de Juego de Tronos o tenía un mal día, pero el caso es que no me enganchó del todo. Quizá también debido a que es bastante violenta. Prometo darle una segunda oportunidad, porque creo que me gustará.

Pero, ¿por qué hablo de Vikings después de tanto tiempo y sin haber visto más que un episodio? Pues porque hace unos meses vimos el piloto de The Last Kingdom y me recordó a ella.

The Last Kingdom es una serie de la BBC que emite Netflix, así que podéis imaginar que habla de sajones y vikingos, sí, pero desde el punto de vista de los isleños. Es como las Invasiones Bárbaras, que para los alemanes es “La migración de los pueblos”. Es decir, ellos no estaban invadiendo ni masacrando, sino expandiéndose. Algo así como el descubrimiento de América por Colón. Todo tiene dos puntos de vista.

En realidad, creo que estas dos series se pueden complementar. Mismo momento histórico, pero desde ambas perspectivas. En Vikings descubrimos el día a día de los pueblos nórdicos y cómo se preparan para invadir y conquistar; en The Last Kingdom se ve cómo vivieron los sajones las incursiones de aquel pueblo extranjero, cómo surge Inglaterra tras tener que agruparse para luchar contra su enemigo.

En ambas series hay un choque cultural, aparte de la lucha por las tierras, obviamente. Aunque los vikingos eran una población mística con el Valhalla y sus dioses, no eran muy religiosos en el día a día, quizá eran más usos y costumbres, respeto, sacrificios y ofrendas. No tenían sacerdotes, sino que se transmite la fe de generación en generación en rituales. Por el contrario, contrasta con el cristianismo medieval en el que el creyente es temeroso de Dios. Con un sacerdote que transmite ese miedo, esas supersticiones. Creo que ver ambas puede ayudar a tener una idea completa de aquella época, de ambos pueblos. Aunque no hay que olvidar que se trata de entretenimiento, y lógicamente, como series de televisión, tienen que enganchar.

La forma que tiene el espectador de descubrir ese choque cultural es viviendo en la piel del protagonista, Uthred, el hijo del Señor de Bettanburg. Este heredero sajón de Northumbria es secuestrado por los daneses cuando tiene 10 años y acaba siendo criado por ellos adoptando sus costumbres, aprendiendo su idioma y abrazando su religión hasta que años más tarde un suceso le lleve a volver con los sajones para reclamar lo que le pertenece como heredero de un noble. Ello le llevará a luchar contra los vikingos y encontrarse en tierra de nadie puesto que ambos lados lo verán como un traidor.

Lo bueno que tiene la serie es que al tener un personaje principal en el que recae la historia, me centro mejor en la trama sin dispersarme tanto y perdiéndome detalles. En Juego de Tronos, por ejemplo, hay personajes que cuando aparecen tras varios capítulos sin saber nada de ellos, no sé muy bien cómo había quedado su historia particular. Aquí el ritmo se centra en Uthred y su supervivencia. Me falla un poco que parece que va a ser el típico personaje perfecto, honrado, sin dobleces que tiene que luchar contra el mundo. Pero supongo que para eso hay que ver la temporada completa (sólo 8 episodios y una segunda en marcha). De momento, en el piloto ya se ven traiciones, batalla, acción, un posible romance entre los jóvenes.

En cuanto a su calidad, tal y como ocurre con Juego de Tronos y otras sagas de época que están tan de moda, en Vikings y The Last Kingdom parece que cada capítulo fuera una película. Se ve en la luz, la fotografía, los escenarios, la técnica… Muestra una gran producción detrás.

Como viene siendo habitual últimamente, no es una idea original, sino que The Last Kingdom es la adaptación de la saga The Saxon Stories de Bernard Cornwell. Aún así, aplaudo que la hayan llevado a las pequeñas (ya no tanto) pantallas.

Crucero Fiordos Noruegos. Resumen Final

Como habéis podido comprobar a lo largo de las etapas: Copenhague, Oslo, Stavanger, Bergen, Olden, Hellesylt y Geiranger, el crucero fue una pasada. O al menos a mí me encantó. Pero claro, hay que tener claro lo que se va a ver y las preferencias de cada uno. A mí me encanta viajar, el trajín de descubrir cada día una ciudad, pueblo o paraje nuevo, me gusta la naturaleza, el clima nórdico… lo único que no me gusta tanto son los barcos, pero es un mal menor que hay que pasar si se quieren ver tantas escalas en tan pocos días.

Como ya he ido comentando, el crucero fue de menos a más. Bueno, empezamos fuerte con la aventura en Copenhague y la inundación, claro, pero en cuanto a quedarte con la boca abierta, o quedarte parada mirando un paisaje y disfrutándolo… sin duda, fue de menos a más. Me pareció una buena elección este itinerario en el que ves primero las dos capitales, que son más grandes, bulliciosas, con sus transportes públicos bien comunicados, sus museos… luego pasas a Stavanger y Bergen, ciudades pero con aspecto de pueblecillo, en los que tienes mucha más montaña, con el Museo de la Edad de Hierro, las espadas o el puerto de Bergen y las vistas desde el monte Fløyen; y finalmente el glaciar (quién me iba a decir a mí que vería uno) y el fiordo de Geiranger. En fin, perfecto de inicio a fin.

Como ya habéis visto, la comida estupenda y variada.

La elección de turno de comida fue la adecuada porque pudimos disfrutar del espectáculo después tomando algo tranquilamente como queríamos.

La atención de la tripulación y la animación muy correcta. Había días en los que la animación era algo más sosa, pero fue variada, que si espectáculos de magia, bingo, patinaje sobre hielo, musicales, acrobacias y números de circo, monólogos… no siempre te puede gustar todo, claro… Pero si no quieres ir al salón de espectáculos, siempre tienes la discoteca u otros salones en los que simplemente disfrutar de la copa y de la música en compañía.

Y hablando de compañía, es un tema que no he mencionado. Para el desayuno y comida tienes la opción de buffet, pero para la cena no, es menú, como ya os mostré. Pues bien, cuando eliges turno al contratar el crucero, la compañía va tomando nota de las características de cada reserva y agrupa en el salón. Por ejemplo, si vas con un grupo en el que sois 4 parejas, indicadlo al contratarlo para que os pongan juntos. Si no, os asignarán con gente más o menos en situación similar a la vuestra.

En el crucero de Pullmantur había básicamente dos grupos diferenciados: recién casados y bodas de plata. Luego algún grupillo suelto de una familia, o amigos… o gente como nosotros que íbamos en pareja pero sin ser recién casados ni bodas de plata. Pero éstos eran los menos… creo que si quitamos a los casados, el resto suponía un 5%. A nosotros nos tocó con dos matrimonios de luna de miel de edades parecidas a las nuestras.

Pues bien, en este la media de edad era totalmente diferente. El crucero a los Fiordos, por lo menos al que fui, era una opción de gente de más de 50 años, bien matrimonios en bodas de plata, bien grupos de amigos, alguna familia con hijos pequeños, alguno de luna de miel… pero aquí el 5% fácilmente seríamos los de la media de edad de 30 años. Se notaba sobre todo en la discoteca, que estaba siempre muerta. En este caso, nos tocó una mesa de 6 también, con dos matrimonios de 30-35 años.

La diferencia de edad en la elección de un crucero u otro no sé si se debía a que uno es más de playa, más propicio para luna de miel y el otro más de montaña. O que el de los Fiordos cuesta el doble que el Rondó Veneciano… o la suma de ambos factores, no sé. Lo que también noté, por la conversación con los matrimonios de Santander el día del glaciar, es que el que hace el de los Fiordos ya lleva más de un par de cruceros a sus espaldas. No sé si se debe a la edad de los viajeros, o que empiezas por otros destinos y cuando ya no te queda ninguno, te lanzas a los Fiordos…

En cuanto al precio del crucero, recordad que desde que empieza el año podéis encontrar la semana del crucero, que si ofertas en cruceros de hasta el 30% y demás… ésa es la mejor época para mirar, contrastar, conseguir algún descuento… Si no, tened en cuenta que siempre podéis rebajar un poco el importe con la elección del camarote.

Éste fue el nuestro. No es una suite, claro, pero tampoco se hace pequeño, los baños sí que son bastante limitados, pero lo justo para lo que es. Y para nuestro presupuesto.

Os puse monedas danesas pero no noruegas, pues aquí van sus coronas

coronas noruegas

No hay muchas, y es que tampoco cambiamos mucho dinero. Un crucero es caro, te puede salir desde unos 1500€ por persona, según fecha, camarote y demás. Pero lo que tiene de positivo es que luego no gastas más. Por lo menos nosotros que no cogimos excursiones con el barco. Tened en cuenta que una vez fuera del barco no vas a comer, porque ya vas bien comido del barco con tanto buffet, y tampoco te pasas tantas horas fuera. Incluso a veces, en algunas escalas como en Bergen, puedes volver al barco a comer. Así que al final lo que te queda es los transportes o entradas a museos y algún regalo o recuerdo que te quieras llevar. Por eso, tampoco os obesionéis con cambiar mucho importe, y además, en museos y tiendas de regalos podéis usar la tarjeta, que a veces te sale más a cuenta si tu banco te cobra mucha comisión en el cambio de divisas.

No sé todo lo que gastamos porque no lo tengo fresco, pero haciendo así un recuento rápido, sí que os puedo decir en qué nos lo gastamos (regalos fuera, que eso es más personal) y como guardo ticket, aproximadamente algo podremos sacar:

Copenhague: 2 billetes de ida de metro

Oslo: 2 Oslo Pass (Total 460 coronas y ya incluía museos y transporte)

Oslo PassStavanger: Bus a las espadas (dos billetes de ida y vuelta total 104 coronas) y bus de vuelta desde la Granja de la Edad de Hierro.

bus y paradaBergen: Funicular (70 coronas por persona)

FunicularOlden: Bus al glaciar (2 billetes de ida y vuelta total 164 coronas)

ticket busGeiranger: Nada porque la ruta fue a pie.

En Coronas Danesas ya veis que con el mínimo podéis sobrevivir… porque sólo gastamos dos billetes de metro. Si el banco os cobra mucha comisión, ni os lo planteéis. Buscad una oficina de cambio allí directamente, o intentad pagar con tarjeta (aunque creo que las máquinas del metro no las aceptan).

En Coronas Noruegas: 460 (Oslo) + 156 (Stavanger) + 140 (Bergen) + 164 (Olden) hacen un total de Nok 920. Que al cambio son aproximadamente unos 120€. Es decir, menos de lo que habríamos pagado por una excursión al glaciar los dos. Además, hay que sumar unos 100€ por persona en concepto de propina, que te cobran sí o sí y paga todo el mundo. Así que en total 320€.

En fin, que nos lo pasamos bien, nos gustó y además se ajustó a nuestro presupuesto. ¿Os animáis? ¿Ya lo habéis hecho? ¿Os planteáis hacer otro?

Crucero Fiordos Noruegos. Etapa VI Hellesylt -Geiranger

Y por fin llegamos a la última parada de nuestro crucero, al menos en cuanto a visitas se refiere. Y para dicho día teníamos dos paradas en una. La primera de ellas es en Hellesylt a las 7 de la mañana, pero el barco sale hacia Geiranger a las 9, por lo que pocas opciones tienes. Es decir, o bajas y te buscas la vida para llegar a Geiranger y subes ya a la hora de salida hacia Copenhage a las 16.00 o contratas la excursión que te hace eso mismo, te lleva por las montañas, por lo alto del Fiordo en bus hasta Geiranger y después te incorporas al pasaje. Si optas por ir por tu cuenta, has de avisar en el barco para que tengan en cuenta que bajas por libre y que sepan que tienes que volver.

Diario de a bordo Geiranger

Nosotros optamos por no madrugar tanto, desayunar tranquilamente y llegar directamente a Geiranger, cuya llegada estaba prevista para las 11 de la mañana.

Esta vez el barco no atraca en puerto, sino que se queda en medio del fiordo y el desembarque se hace por medio de lanchas (ya nos pasó lo mismo en Santorini. Cómo odio estos barcuchos y las plataformas de acceso a ellos).

A pesar de que los de la excursión salieron a primera hora, quedábamos bastantes en el barco, por lo que la salida es escalonada, has de pedir número en uno de los salones y van llenando lanchas que te acercan al puerto.

Una vez en tierra, nos pusimos en movimiento. Como en paradas anteriores, llevábamos información de lo que se podía hacer en la zona, pero como nada más pisar tierra te encuentras unas tiendecitas y una oficina de información y turismo, pues para allá que nos dirigimos a contrastar información.

¿Qué se puede hacer en la zona? Pues teníamos dos opciones:

1. Subir a Storseterfossen: una cascada que está a unas dos horas ida y vuelta del pueblo y dicen que merece la pena pues puedes caminar detras de la caída del agua. La subida es moderada, se supone que con algún repecho, pero relativamente fácil. Algo así como la subida al glaciar.

2. Subir al mirador del Flydal. Un mirador desde el que se ve todo el Fiordo de Geiranger y el pueblo. Está a unos 4km del pueblo y se puede ir en bus.

Teníamos nuestras dudas sobre qué hacer, y ahí estábamos en la cola de información y turismo, detrás de un par de grupos de nuestro crucero hablando que si tú qué prefieres, no sé, ¿nos da tiempo con el bus?, pues espera que preguntamos, a lo mejor no y merece la pena hacer la rutilla, que también con la subida ves el pueblo… Y en ésas estábamos que se gira una señora a la que ya le iba a tocar ser atendida y me mira y dice “anda, tú eres la chica que hablaba tan bien inglés, ¿no? pues pasa, pregunta tú y ya nos enteramos los demás“.

Y yo que soy de ir a mi rollo y que por eso no cojo excursiones, que me satura la gente en el día a día, que de momento estaba saliendo todo bien… me bloqueé. Y me encontré preguntándole a la chica de información mis dos dudas y en cuanto me giré en el mostrador resultó que un grupo de unas 50 personas me había rodeado y estaban esperando mi respuesta. Así que les expliqué las dos opciones que había y en cuanto se decantaron por el bus, nosotros nos dirigimos hacia la cascada.

Que la verdad es que las dos cosas me apetecían, pero ya digo que me veía como el día anterior, que si la gente esperando a que yo pasara en el bus, hablara con el conductor, les dijera lo que costaba el billete, que si dónde había que bajarse, dónde había que coger el de vuelta… y dije, no me compensa, quiero disfrutar del paisaje, no ir con todo el rebaño. Puede sonar antisocial, y seguramente lo sea, pero oye, son mis vacaciones y quería disfrutarlas.

En fin, empezamos a subir por la carretera y lo primero que te encuentras es la Iglesia del pueblo con su cementerio.

Al igual que la de Olden, toda de madera. Puede sonar un poco gore, pero paseamos por el cementerio, que me resulta muy curioso ver las fechas, lo que vivió la gente, el tipo de tumba…

Seguimos nuestro recorrido colina arriba, cruzamos la carretera y seguimos el camino que se supone que dirigía a la cascada. Hay postes que te indican el recorrido

Lo cierto es que la ruta es muy verde, con el río serpenteando, cascadas… pero también es verdad que se me hizo más cuesta arriba que la del glaciar. No sé si porque realmente era un poco más exigente con los desniveles y el cuidado que había que poner en el terreno debido a la humedad, raíces y barro, o si  es que yo acumulaba ya  cansancio de varios días sin parar, pero el caso es que no disfruté tanto de la subida.

A medida que íbamos avanzando creíamos que estábamos más cerca, pues se oía agua, y pensábamos que sería la cascada, pero no llegábamos a ninguna, y la cima de la montaña nos quedaba lejos. Se supone que se hacía ida y vuelta en un par de horas, pero a eso de la 1 aún no habíamos divisado ninguna cascada, y puesto que tendríamos que desandar lo andado y estar antes de las 4 abajo para coger una lancha que nos llevara al barco, tras divisar el pueblo desde lo alto, emprendimos el regreso.

En la foto podéis ver el camino serpenteante de la carretera a la derecha, que es la subida que hicimos, y a la izquierda de la imagen un río colina abajo. ¿La cascada? Pues no sé si cogimos la ruta correcta. Tampoco nos cruzamos con nadie para preguntar, así que… no os puedo decir.

Pero aunque no llegamos al objetivo inicial, no nos importó, estuvimos tranquilamente, sin el bullicio de la gente, nos perdimos entre la maleza, descubrimos rinconcitos que eran remansos de paz… En fin, no hay mal que por bien no venga. Y de vez en cuando también está bien tener estas salidas del camino.

Ya abajo, y sobre eso de las 3 menos cuarto, compramos unos recuerdos para la familia en el pueblo, cogimos una lancha de regreso y a comer que habíamos desgastado bastante.

Pero Geiranger no acaba aquí, pues para rematar la visita a los fiordos, en cubierta nos pusieron una grabación en la que nos iban explicando los sitios memorables del Storfjorden. Es el quinto mayor fiordo de Noruega con unos 15km de longitud y ha sido incluido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Es una de las áreas más turísticas del país, y esta parte del fiordo es de las más transitadas por su belleza, su paisaje contradictorio con costas escarpadas y suaves valles.

De lo más destacable que vimos fueron varias cascadas, como las Siete Hermanas, o justo en el otro lado del fiordo el Pretendiente. La historia cuenta que el pretendiente cortejaba a las hermanas, pero como fue rechazado, se dio a la bebida, de ahí su forma de botella al final.

También hay otras cascadas conocidas como el Velo Nupcial, cerca de las Siete Hermanas.

La verdad es que es un fiordo muy bonito, quizá porque es el menos poblado, no ves apenas casas o construcciones, es todo naturaleza, el verde de las montañas reflejado en el agua…

pero este fue un momento agridulce, pues todo el recorrido de salida del fiordo sabíamos que suponía que se nos acababa el crucero, y aunque estábamos ya algo cansados de 5 días sin parar, estaba gustándonos todo tanto, que nos habríamos quedado por allí mucho más tiempo.

Y con estas nubes que nos empaparon, salimos a alta mar y nosotros nos volvimos al camarote a ducharnos y prepararnos para la noche blanca.

Es una noche temática en la que todo el mundo ha de ir de blanco y en la cena te preparan unas sorpresillas. Como el día siguiente era de navegación y no había prisa por madrugar, aprovechamos para disfrutar de la discoteca hasta altas horas de la noche, por decir algo, porque no terminó de anochecer.

Parece que va atardeciendo

Se va haciendo más oscuro, pero no llegó a anochecer en toda la noche

Así estaba el cielo a las 4 de la mañana cuando nos fuimos a dormir. Se juntó el anochecer con el amanecer… Una pena no haber ido con las auroras boreales…

Crucero Fiordos Noruegos. Etapa V Olden

Hasta ahora el crucero estaba siendo toda una experiencia. Copenhague con su inundación, Oslo con el primer Fiordo, los museos de los vikingos y sus costumbres, Stavanger con sus callejuelas de casas blancas y las megaespadas. Bergen con su Bryggen y la subida en funicular… Pero la llegada a Olden era un gran acontecimiento.Diario de a Bordo OldenOlden se encuentra en el oeste de Noruega, en el extremo del Nordfjord y es la entrada a los glaciares. Todo este fiordo está dominado por el glaciar de Jostedal que tiene 24 ramales o hijos, y el más conocido es el Briksdal.

Y como veis, las excursiones que nos ofrecen en el barco son ir a dicho glaciar, una panorámida del fiordo, o un crucero por el lago Olden. Yo, que ya iba informada desde España, sabía que tenía que visitar el glaciar. Ese fenómeno que veías de pequeña en los libros de texto, casi como un mito (y al paso que vamos lo será). Así que busqué información de cómo hacerlo por libre. Primero por el precio que tienen las excursiones, segundo porque te llevan como borregos, y tercero porque además está limitado en cuanto a plazas… Como veis en el diario de a bordo, dos turnos para un barco como el de los cruceros… creo que había un tres o cuatro autobuses por turno.

La información que nos dan en el barco es escasa, así que la gente se siente un poco obligada a coger las excursiones por miedo a perderse… que si no te da tiempo porque atracas a las 8 y tienes que estar de vuelta a las 15.30, que si el idioma, que si esos mundos perdidos… Olden Guía

Olden Mapa¿Qué hicimos nosotros? Pues llevábamos información de España de cómo llegar al glaciar y nos dio tiempo a ir, volver y dar un paseo por los alrededores antes de zarpar y todo.

El barco te deja en medio de la nada, en un valle donde hay unas casitas muy chulas. Esto es lo que ves desde la cubierta

Como podéis ver ya están los buses esperando para las excursiones, que son los primeros en marchar. Cuando ya nos dejaron bajar, fuimos a la oficina de información y turismo, que es justo cruzando la carretera y a mano derecha. Había dos señores de unos 50 años que hablaban noruego e inglés. Cuando llegamos  había dos matrimonios españoles de 70 años de nuestro crucero, y una de las mujeres que había sido maestra, hablaba francés, e intentaba comunicarse con uno de los de la oficina para preguntarles cómo llegar al glaciar… pero era imposible. El señor miraba a la mujer, ella a él, nosotros esperando, el señor que me mira, me pregunta si hablo español y puedo descifrar a la paisana, la mujer me explica y ya le dije “a ver, que ya hablo yo con él que queremos ir al mismo sitio“. Y le saqué al noruego mis horarios de buses para ir al glaciar para que me confirmara si ese bus llegaba al glaciar, si esos horarios estaban vigentes y dónde estaba la parada, porque por allí marquesina… ni verla.

Itinerario busEl señor de la oficina de turismo se llevó un alegrón al poder comunicarse y fue muy majo, nos explicó que el bus paraba justo a la izquierda de los buses, en el arcén, sin marquesina, ni palitroque, ni nada. El bus de la empresa Fjord1 Nordfjord sale de Stryn a las 9.30y a eso de las 9.45 pasaba por Olden Sentrum, nuestra parada es un par de ellas antes, así que a menos veinte. ¿Qué pasa? que es un bus con una ruta entre pueblos que coge la gente para ir a trabajar, y claro, se llena… Así que para la “parada” que nos fuimos a hacer cola. Nosotros dos y los dos matrimonios de Santander de la oficina de turismo.

Mientras esperábamos a que llegara el bus, se fueron los de las excursiones contratadas y vimos al resto de la gente del crucero que bajaba, se paseaba, se acercaba a la oficina de turismo, salía, hacían grupos donde habían estado parados los buses, se movían, se volvían a agrupar… y a los 10 minutos se nos acerca un grupo de unas 8 personas a preguntarnos que qué hacemos esperando ahí. Le dicen los señores de Santander que al bus para ir al glaciar, y un señor del nuevo grupo le responde que vamos listos porque el bus no para ahí, sino en el otro extremo del parking, donde están todos los demás. Los matrimonios de Santander dudan, nosotros pasamos de intervenir, y justo en ese momento llega el noruego de la oficina de turismo con su bici a decirme que ha llamado a la empresa Fjord1 Nordfjord para que nos pongan un bus más porque claro, vamos a llenar el de línea que pasa normalmente. Se empieza a correr la voz y al final todo el resto de la gente se viene a nuestra posición.

En fin, cogimos el primer bus a las 9.56, que nos costó 82 coronas a los dos.

ticket bus

Y nos dirigimos hacia el glaciar. Los parajes que vas viendo a medida que recorres Olden son increíbles, preciosos, indescriptible el azul del río, el verde de la montaña…

Vas por una carretera donde apenas te cruzas con nadie, vas pasando agrupaciones de casas, porque eso no llegan ni a ser pueblos… el reflejo de las montañas en ríos y lagos…

Y finalmente llegas al final del recorrido. Tras hablar con el conductor y asegurarnos que su vuelta era a las 13.30, nos dirigimos hacia el glaciar. El bus te deja en una plaza donde están los buses de las excursiones, el Centro de Visitantes, alojamientos, zona de juegos, una cafetería y una gran tienda de recuerdos. Desde allí no ves el glaciar, sino que tienes que comenzar una ruta de unos 45 minutos a pie (4km), o alquilar los trols si no te ves capaz de aguantar la caminata. La diferencia es, entre otras, que cuando subes andando, vas a tu ritmo, si subes en coche-trol, tienes tiempo limitado para estar en el glaciar pues tienen que bajar y recoger a más gente.

Nosotros nos vimos valientes y subimos andando, hay un último tramo un pelín más empinado, pero el resto del recorrido es llano o falso llano y cómodo de caminar con calzado adecuado, claro, que hay señoras que se van de crucero a los Fiordos y se calzan zapatitos para subir al glaciar… Lo bueno del paseo es que no se te hace largo pues vas viendo el río, cascaditas, la montaña… y a medida que te vas acercando, una gran cascada y la lengua del glaciar.

En esta foto podéis ver el recorrido y el trol. Como veis, no es un terreno muy difícil y sin embargo el paraje, la tranquilidad, la paz de respiras, la naturaleza… no sé, a mí se me hizo bastante agradable y emocionante.

Una vez que pasas este puente (poneos chubasquero para cruzarlo) ya te vas acercando al final y hay una pequeña cuestecilla, pero puedes pararte a disfrutar de la cascada enorme que acabas de pasar.

Mientras sigues subiendo sientes el ruido atronador de la cascada, el frescor del agua, el verde de los arboles, el cielo despejado y lo notas, lo presientes, poco a poco, a medida que sigues el recorrido se te va descubriendo a lo lejos una masa de hielo azulada al fondo.

Una vez bordeas este sendero, estarás a los pies del glaciar. Yo aluciné con el color del agua, que es una azul verdoso muy peculiar y que contrasta con el verde de los árboles.

Seguimos caminando a la vera del río y llegamos a la famosa lengua. Te puedes acercar bastante y sentarte en las piedras a admirar y disfrutar del paraje.

A pesar de ser una estampa preciosa, que si el agua, el glaciar, la montaña enfrente, el verde de los árboles… es una pena el pensar en cómo estaba hace unos años el glaciar y cómo está ahora. Ha bajado considerablemente. Lo podéis ver aquí. Una muestra más del calentamiento global. No sé si luego en invierno aumentará con las nevadas y heladas, pero a principios de julio del 2011 estaba así…

En fin, disfrutamos un rato del paisaje, echamos fotos y emprendimos el regreso pues a las 13:30 salía el bus que nos llevaría de nuevo al barco.

Al final la bajada la hicimos tranquilamente echando más fotos y saboreando la experiencia y llegamos a la parada del bus a la 1 y 10. Ya había cola esperando el bus, pero nuestros amigos de Santander nos estaban reservando la primera plaza para subir al bus en agradecimiento a haberles ayudado a haber llegado allí. El resto de gente nos miró un poco raro por “colarnos” pero no dijeron nada, creo, en parte, por la necesidad de que alguien fuera de avanzadilla y le explicara al busero adónde íbamos y el billete que necesitábamos, y como a nosotros nos tenía fichados… Aunque la verdad, no sé de qué tanto miedo… si se ve a la legua que eres turista, te han puesto un bus especial porque ha llegado un crucero a tropel… con que le enseñes los dedos al conductor para indicar el número de billetes y le plantes el dinero que sepas que te ha costado a la ida… Pero bueno, hay gente que está tan acostumbrada a viajar en excursiones programadas que van como borregos. Así que imagino que hice de pastor.

Volvimos a nuestra parada de inicio y nos dirigimos en dirección Olden porque con el bus habíamos visto un paseo a una iglesia y ya que zarpábamos a las 15.30 y eran eso de las 14, pues decidimos aprovechar al máximo, y luego comer tranquilamente en cubierta mientras salíamos dirección a Hellesylt y Geiranger.

Ya habíamos visto en las diferentes paradas que el tema religioso no es tan ostentoso como pueda ser la Iglesia Católica Apostólica Romana con sus iglesias y catedrales enormes, pero además pudimos descubrir por dentro que son de lo más austeras, nada que ver con imágenes bañadas en oro, retablos millonarios o vidrieras carísimas.

Esta iglesia que encontramos era toda de madera, con un trabajo interior increíble. Fijaos en los bancos, en las vigas, en fin, en la estructura en general…

Y lo que os decía, no hay mucha representación bíblica, en el altar sí, pero en cuadros la mayoría. Esta gente lo hace todo para el interior, nada de mostrar posesiones, ostentación, yo soy mejor que tú… no sé, me gustó el carácter de esta gente, aparte de sus tierras, claro… Volví enamorada de Noruega.

Después de las visitas a las iglesias, regresamos al barco, comimos algo y nos sentamos en cubierta a disfrutar del recorrido a través del fiordo.

Y para terminar este día tan gratificante, un arcoiris de inicio a fin, que siempre lo habíamos visto parcialmente. Una pena que no tuviéramos amplitud suficiente para plasmarlo en una única foto.

Se acerca el final del viaje, pero aún nos queda una parada más. ¿Y mejor? Veremos.

Crucero Fiordos Noruegos. Etapa IV Bergen

Cuarto día de crucero y llegamos a una de las escalas más conocidas del crucero. No puede faltar en Españoles en el Mundo, Madrileños por el Mundo y sucedáneos. Se trata de Bergen.

Es la segunda ciudad más grande de Noruega y se encuentra en un valle formado por un grupo de montañas conocido como Las Siete Montañas. Es la entrada a los fiordos noruegos y por eso encontraréis mucha gente de crucero y mucho español.

Teníamos la llegada prevista a las 8 de la mañana, por lo que tocaba madrugar (en el diario de a bordo podéis ver las horas en que amanece y anochece). Y disponíamos hasta las 17.30 para regresar, por lo que nos dio tiempo a volver a comer al barco y todo, ya que no hay que hacer grandes desplazamientos.

Diario de a Bordo BergenBergen es una de las ciudades más bonitas, sobre todo la parte de Bryggen, un barrio de casas de madera que encontramos justo al lado del puerto según nos bajamos del barco y nada más pasar el castillo. En el mapa están rodeadas

Mapa Bergen

Y son estas casas, seguro que os suenan

El nombre del barrio significa muelle, embarcadero. Y era donde se asentaban los alemanes de la Liga Hanseática (unión de serie de ciudades del norte de Alemania y comerciantes alemanes en el mar Báltico, Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia). Lamentablemente no se conservan como en su día (allá por 1360), sino que como la ciudad ha sufrido varios incendios, las que se conservan son posteriores. Hoy en día las construcciones son restaurantes y tiendas. Aún así merece la pena pasear por el barrio, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1979.

Lo pasamos de largo, puesto que lo primero que queríamos hacer era subir en el funicular, que hay que esperar cola. Así pues, pasamos de largo el mercado y fuimos a la oficina de turismo, donde nos dieron el mapa, unas pautas de qué ver, horarios del funicular, etc.

El funicular está al lado de la oficina de turismo, subiendo una cuesta y sale cada 15 minutos. Pero claro, vamos todos los de los cruceros y se monta una buena cola. La entrada cuesta 70 coronas por personaFunicular

Fløibanen es el funicular (bus del Fløien, que es el nombre del monte) que sube hasta 320 metros sobre el nivel del mar.

Es bastante rápido y las vistas son increíbles.

Es imprescindible. Pero no sólo merece subir por las vistas, sino que en el monte puedes hacer rutillas, hay un lago donde hacen kayak, zona de juegos para niños y un troll gigante.

Como era un día que teníamos mucho tiempo libre, supongo que para que puedas hacer las compras, porque es la ciudad donde hay más tiendas de recuerdos, por no hablar del mercado, que si quieres comprar salmón, esta es tu parada; bueno, pues como teníamos mucho tiempo y hacía buen día – demasiado calor incluso – lo pasamos arriba disfrutando de las vistas, del monte, del lago, huyendo del bullicio del mirador… Como no tienes límite de tiempo para estar arriba, pues puedes tomártelo con calma. Si vais con tiempo, no lo dudéis, disfrutadlo.

Cuando bajamos de nuevo, nos fuimos tranquilamente al barco a comer, y después volvimos a salir para recorrer el centro de la ciudad. Y paseamos por sus calles, por la avenida principal donde hay músicos, malabaristas, gente tomando el sol, mucha bici…

Y después nos dirigimos al mercado de pescado y fruta,

por una plaza que hay enfrente con más puestecillos pero de ropa y objetos de madera…

Si os fijáis en la primera foto del mercado, se ve el cartel en español, y a Marc que ha salido en todos los programas de ” x por el mundo”. Y es que hay mucho español trabajando en el mercado de pescado, en parte porque es un trabajo que los noruegos no quieren, en parte porque al haber tanto crucero español, les viene muy bien tener españoles que te atiendan.

Ya os digo que si queréis comprar salmón, esperéis a Bergen. Nosotros no compramos, pero ya os aviso que si lo hacéis, debéis entregarlo y declarlo en el embarque y se lo queda la tripulación. Lo etiquetan para saber a quién corresponde y lo guardan en las cámaras frigoríficas. Imaginaos guardarlo en la habitación durante 4 días… no llegaría a España.

Después de pasear entre puestos, y salivar con las patas de centollos, cangrejos de río y demás delicatessen, nos dirigimos hacia Bryggen y lo callejeamos entrando en tiendas y plazas.

Por último, de camino al barco hicimos una parada en el Castillo de Bergen, que data del siglo XVI y era una residencia fortificada. La torre se llama Rosenkrantz, como el gobernador de Bergenhus.

Y finalmente, de regreso al barco que emprendería rumbo a Olden.

Crucero Fiordos Noruegos. Etapa III Stavanger

Tercer día de crucero después de Copenhague y Oslo. Esta vez llegamos a una ciudad pequeñita, al menos no es una capital, porque Stavanger es la cuarta ciudad del país en población, es la capital noruega del petróleo aunque también presume de transporte marítimo, barcos y conservas (arenque sobre todo).

Noruega era un país pobre hasta mediados de los 70 que descubrieron petróleo y el país se volvió rico, pero la gente no presume de ello, se respira austeridad, creo que va más por dentro, cada uno en su casa se gasta el dinero en lo que quiere, pero no se ve ostentación.

Stavanger Diario de AbordoLlegamos a Stavanger a las 3 de la tarde, y teníamos la mañana tranquilamente para levantarnos algo tarde, desayunar en cubierta y disfrutar del recorrido a lo largo del Fiordo hasta el atraque. Comida incluida, claro.

En el barco podíamos recoger unas miniguías de lo que podíamos encontrar en la ciudad, pero no daban muchas indicaciones, la verdad.

Stavanger guíaComo podéis ver arriba en el diario de a bordo, las excursiones programadas eran básicamente al Fiordo Lyse y a El Púlpito y otra a la Granja de la Edad Hierro y Catedral. A mí me hubiera encantado llegar a El Púlpito, tiene que ser una pasada, pero sólo disponíamos de unas 3 horas escasas, y el recorrido a pie montaña a través te lleva un par de horas de subida, y otras de bajada, así que nos decantamos por el centro histórico y la Granja de Hierro y la Catedral.

Mientras terminábamos de comer vimos cómo llegábamos al puerto, Vågen Havn. Y ya desde el barco ves pinceladas de lo que te espera.

Stavanger mapaLlegas a una placita donde hay una serie de puestos de ropa típica noruega, souvenirs…

y justo enfrente tienes el casco histórico con la catedral, y a sus espaldas el lago Breiavatnet.

Callejeamos un poco y resulta curioso ver cómo están apuntaladas las casas y se sostienen unas con otras.

Las casas son de madera, la mayoría blancas, altas, estrechas, con grandes ventanales. Y desiertas. Pero merece la pena el paseo tranquilamente por sus calles adoquinadas.

Como no podíamos ir hasta El Púlpito y ver el fiordo desde arriba (espinita clavada para volver), decidimos indagar y ver qué más podíamos hacer, y nos dirigimos a la oficina de información y turismo. Allí la chica nos dio indicaciones de cómo llegar a la Granja de la Edad de Hierro. Pero además, nos comentó sobre una escultura junto al mar que merecía la pena. La chica, muy maja, nos anotó el bus que teníamos que tomar (29 que se coge a la derecha del lago, en la calle Haakon VIIs Gate) y la parada en que nos teníamos que bajar.

bus y parada

Y además, nos lo anotó en el mapa

LocalizaciónEl conjunto se llama Sverd i fjell, y se encuentra en el Hafrsfjord. Son 3 espadas de 10m de alto clavadas en una roca junto al fiordo. La historia cuenta que fue en ese lugar donde Harald Hårfagre unió Noruega en un solo reino en 872. Simboliza paz, unidad y libertad.

Es un monumento que no te deja indiferente, el paisaje, la majestuosidad de las espadas, el fiordo, un riachuelo que baja por la montaña, todo verde… muy bonito. Y en bus tardas media hora, así que mejor no perdérselo.

De vuelta cogimos el mismo bus que nos dejó entre el lago Breiavatnet y la estación del tren.

Y de nuevo en el centro partimos dirección la Granja de la Edad de Hierro. En principio a pie se tardaba unos cuarenta minutos (está a 3km), eso si no te pierdes, claro. Que no nos perdimos, pero había pocas indicaciones de cómo llegar, la verdad. Detrás del lago sigues recto, hay como una urbanización y tienes que tomar por la derecha una carretera que sube y rodea la ladera. Cuando llegas a la altura donde hay un colegio un cruce, ves estos edificios

pero desde el otro lado.  Los bordeas y ya te encuentras con la granja. Y es que la Granja apenas se ve, ya que son construcciones muy bajitas y cubiertas en el techo por hierba, por lo que quedan camufladas.

Si no queréis ir andando, podéis coger el bus 4B en el centro. Nosotros conseguimos llegar gracias a la comunicación con un señor que estaba lavando el coche delante de su casa, y de una señora de una lavandería de la urbanización de la ladera, que no hablaba mucho inglés, pero ella con su noruego, yo con mi alemán, llegamos a entendernos.

Después de ver el Museo Folkórico Noruego y sus casas de madera, sorprende ver estas casas de piedra, pero es que en la Edad de Hierro en Noruega no había mucho árbol, por lo que construían con lo que tenían. Lo del tejado de hierba, al igual que harían luego en las de madera, era para conservar el calor.

Los noruegos de aquella época sobrevivían por la pesca y la caza, pero apenas tenían ganado, por lo que no tenían mucha lana y era realmente costoso poder hacerse los ropajes.

Me sorprendió que las puertas de acceso fueran tan pequeñas, incluso yo con mi poco más de metro cincuenta me tuve que agachar. Tenemos la idea de que los noruegos son altos, grandes, pero claro, han evolucionado, y además, cuanto más grande sea la puerta, más se va el calor… Cosa que escaseava. Y eso que al parecer Stavanger está en región cálida…

La visita a la granja merece la pena, eso sí, no pagaría lo que te cobran por la excursión, ya que ellos lo único que hacen es llevarte en bus… puedes coger uno público. Luego la entrada es gratuita y, al igual que en el Museo Folklórico en Oslo, hay noruegos caracterizados y que te van explicando el interior de las construcciones, en inglés, claro. Y si no, siempre te puedes acoplar a una visita guiada de los cruceros… así disimuladamente.

Una vez finalizada nuestra visita, cogimos un bus de vuelta al centro, callejeamos otro rato porque eran las 6 y algo y teníamos de margen hasta las 7 para volver.

Y de vuelta al barco para ducharnos, cenar y espectáculo. Echado el día y rumbo a Bergen.