Unorthodox

Unorthodox es un proyecto que nació cuando Deborah Feldman conoció a Anna Winger, productora y guionista de la serie alemana Deutschland 83, en el colegio donde ambas llevaban a sus hijos. Cuando la primera descubrió que ambas tenían en común ser de origen judío estadounidense y haber emigrado a Alemania, le propuso a la segunda que adaptara para la televisión su biografía Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, donde narra cómo abandonó a su familia de Williamsburg porque ya no podía aguantar el estilo de vida de la sociedad a la que pertenecía e intentó comenzar una nueva vida en Berlín. Sin embargo, la serie se distancia en cierta manera de sus memorias en lo más personal, y se centra más en ofrecer un retrato de la comunidad judía ultraortodoxa.

Deborah Feldman era una joven que, pese a las prohibiciones, se las ingeniaba para leer a escondidas a Jane Austen y Louisa May Alcott. Estas lecturas le permitían tener otro punto de vista con respecto al mundo más allá de Williamsburg y desconfiar de los peligros de los que alertaba el rabino. Uno de los libros que escondía era Mujercitas, una novela que la llevó a soñar con su independencia económica y la búsqueda de una profesión. Por eso, cuando con apenas 17 años la casaron con un total desconocido, le dejó claro que ella tenía sus propias opiniones. Parece que siguió escondiendo los libros, incluso con conocimiento de su marido, aunque la situación se complicó cuando se enteró la suegra.

Con 19 años, ya siendo madre, decidió estudiar en la Universidad Sarah Lawrence, pese a que en su comunidad Satmar las mujeres no pueden seguir con la educación más allá de la secundaria (y esta ni siquiera incluye matemáticas o ciencias). En esta aventura descubrió la escritura y se hizo más patente en ella la idea de marcharse no solo por ella, sino para que su hijo tuviera una educación diferente a la que ella recibió. El círculo de amistades que hizo en clase fue vital para salir de allí, ya que era consciente de que sin apoyo externo sería imposible ir más allá del eruv, ese cable traslúcido que delimita el perímetro de la comunidad. Pidió el divorcio cuando salió del hospital tras haber sufrido un accidente de coche como consecuencia de que su marido confiaba en Dios para el mantenimiento mecánico y no le pasaba revisión alguna. El día antes de cumplir los 23, con algo de ropa y su hijo, se marchó a Berlín.

Esther Shapiro, la protagonista de la miniserie, comparte con Deborah Feldman su crianza, su matrimonio concertado y el deseo de dejar atrás una asfixiante forma de vida. Sin embargo, se diferencian en que la pasión de Esty es la música, no la literatura; que comienza su proceso de liberación en Alemania, no en Estados Unidos; y que cuando quiere marcharse, aún no es madre.

Unorthodox tiene una estructura narrativa que intercala el presente y el pasado. Recurre a los flashbacks para hablarnos de la vida de la protagonista y del contexto en que se ha criado. Y lo hace eligiendo momentos bien significativos como son la vida con su familia, su afición por la música, su boda concertada y todos los rituales alrededor de ella, así como su vida marital y las presiones para que se quede embarazada. A través de los cuatro episodios somos testigos del viaje de la heroína, que llega a conocerse a sí misma una vez que ha revisionado sus creencias y ha comprendido cómo su educación ha marcado y limitado su vida. El viaje a Berlín no supone tan solo cruzar un océano, sino también unas barreras invisibles impuestas a lo largo de su existencia. Por primera vez en su vida puede mostrar su pelo, bailar y disfrutar de la música sin tener que esconderse, divertirse con gente de todo tipo, o (aunque suene banal) pintarse los labios. Estas nuevas vivencias no significan sin embargo que la protagonista rechace sus creencias. Al contrario, ella quiere seguir siendo judía; lo que persigue es encontrar su lugar en el mundo, su propia voz.

Que la serie cuente con tan solo cuatro episodios, hace que no se pierda en subtramas o que no tenga un guion sobreexpositivo. Es ficción, no un documental, por lo que, aunque permite comprender a grandes rasgos el funcionamiento de la comunidad jasídica, no lo explica al detalle, sino que deja un poso de curiosidad que lleva a investigar algo más tras su visionado.

Esta comunidad ultraortodoxa situada en Williamsburg está formada por supervivientes del Holocausto emigrados de la colonia jasídica de la ciudad húngara de Satmar. Con este trágico pasado a sus espaldas, desde su llegada a Brooklyn su objetivo ha sido proteger sus tradiciones. Por ello es por lo que se aislaron creando su propio sistema de escuelas privadas, con su propia flota de ambulancias, con sus policías voluntarios… Son fácilmente reconocibles por su vestimenta y estética. Ellos con sus trajes negros, con la kipá sobre la cabeza y sus tirabuzones en las patillas; ellas con sus pelucas (si están casadas), prendas que tapen el cuello, faldas por debajo de las rodillas y con poco vuelo para evitar sorpresas con el viento, medias tupidas (nunca de color carne) y zapatos planos. Intentan, en la medida de lo posible, tener el mínimo contacto con el exterior para así no contaminar su cultura y religión. Además, se comunican entre ellos en yiddish, lengua judeoalemana de las comunidades judías asquenazíes (el hebreo lo reservan para las plegarias y la Torá, ya que se considera sagrado).

El hecho de que Unorthodox esté rodada en este idioma además de en inglés y alemán, la dota de mayor realismo y hace que el espectador se sienta más inmerso en la historia aún. La primera persona que se contrató para la serie fue Eli Rosen, actor que interpreta al rabino y que ejerce de traductor y consultor cultural (él mismo era ultraortodoxo) y se buscó un reparto que hablara el dialecto en cuestión de esta comunidad para recrear un retrato lo más exacto posible.

Esty se enfrenta a estas costumbres cuando llega a Alemania. Y no lo hace solo porque salga de su barrio en Brooklyn, sino porque viaja al centro neurálgico del trama de su comunidad. El Berlín que se encuentra no es el de la II Guerra Mundial; ahora es una ciudad multicultural donde la gente nada sin el mínimo reparo en el lago junto al edificio donde Hitler tomó la decisión de exterminar a los judíos. Para ella es un gran choque, pero también es una forma de romper con el pasado. Meterse en ese agua es una especie de purificación, igual que lo fue el baño en la mikve antes de su boda.

Sin embargo, a pesar de que pueda ser interesante ver cómo Esty intenta hacerse camino en la capital alemana, es mucho más potente lo que se nos cuenta de Nueva York. Esta parte europea queda mucho más artificiosa que el entorno de Williamsburg, pues incluso aunque su profesora de piano pueda tramitarle la nacionalidad alemana para volar sin visado a Berlín y le consiga el billete de avión; es difícil de creer que consiga tan fácilmente hacerse amiga de los chavales del conservatorio o que le den una oportunidad para una audición teniendo en cuenta cómo son de cuadriculados los alemanes con sus papeleos (hay que rellenar un formulario para todo, el famoso Anmeldung). Se nota que la serie cuenta con poco tiempo y se han buscado recursos que sirvan como espejo de lo que ocurre en los flashbacks. También parecen un poco forzados los diálogos entre Esty y Yael, una estudiante israelí laica que asegura vivir mirando al futuro y no al pasado. Da la impresión de que quisieron meter con calzador el conflicto entre judíos ultraortodoxos y seculares para justificar el viaje de Esty de una cultura anclada en la II Guerra Mundial a una postura en que sigue siendo judía, pero se ha librado de la parte más asfixiante.

Dejando de lado estos detalles que pueden chirriar, la historia de Unorthodox muestra lo duro que es para una mujer librarse de un sistema opresor. Es cierto que la comunidad ultraortodoxa es muy estricta también para ellos, pero como siempre, para la mujer es doblemente complicado. Relegada al rol de labores domésticas, maternidad (muy duro eso de tener que procrear para recuperar las vidas perdidas) y cuidados, depende económicamente de un hombre, por lo que le resulta mucho más difícil independizarse y escapar. El retrato que hace de la comunidad es muy duro incluso sin recurrir a la violencia (violaciones aparte), y rápidamente captamos esa sensación de ahogo de la protagonista que nos deja cristalino que la única alternativa que le queda si quiere alguna variación en su vida es huir.

Como digo, aunque tiene cosas por mejorar, Unorthodox es una apuesta valiente que en apenas cuatro horas de metraje consigue retratar una sociedad para muchos desconocida y narrar un viaje de descubrimiento personal. Muy recomendable.

Escape Room: El Gran Golpe, Escápate Getafe

Después de que la Farmacia dejara el listón bastante alto, de nuevo estábamos ante la búsqueda de un nuevo escape para el mes de noviembre. En esta ocasión íbamos a ser tan solo cuatro integrantes (el grupo originario, por así decirlo), por lo que buscamos uno en la zona sur de Madrid para no tener que desplazarnos mucho. El elegido fue El Gran Golpe de Escápate Getafe.

El título del juego ya nos da una idea de por dónde va a ir la temática: de un robo. Esta vez teníamos que ponernos en la piel de un grupo de atracadores que tras más de 10 robos de bancos a sus espaldas por todo el mundo, está planeando retirarse tras dar el último gran golpe en una sucursal de Nueva York. Nuestro modus operandi se caracteriza por suplantar las identidades de los empleados, un trabajo que lleva sus meses de preparación para tantear el terreno y conocer los protocolos. Una vez que tenemos todos los datos, llega el momento de la ejecución, para la que tan solo contamos con 60 minutos.

El previo del juego fue bastante rápido, pues al no ser novatos nuestro Game Master simplificó bastante. Nos explicó el uso de algún candado (nada fuera de lo habitual), la metodología para dar las pistas (solo si las pedíamos), alguna indicación sobre objetos o marcas no relevantes para el juego y finalmente nos hizo entrega de nuestras tarjetas identificativas como falsos empleados. Era la hora de nuestra misión.

Al entrar en la sala lo primero que llamó nuestra atención fue la amplitud. Es verdad que no éramos tantos como otras veces, pero aún así, el espacio era bastante grande. La ambientación de esta primera sala es el lugar de operaciones del equipo, donde tenemos que ultimar los detalles antes del golpe. Al contrario que en las últimas ocasiones entramos bastante enchufados y enseguida empezamos a buscar por toda la sala colocando aquellos objetos que nos parecían relevante sobre una superficie, identificamos los candados compartiendo con el resto del equipo si era de llave, de número, de letras o algún otro tipo y comenzamos a enlazar las piezas del puzzle.

No es un juego lineal, por lo que había enigmas que se nos quedaban pendientes, candados sin abrir o mecanismos que sabíamos que nos faltaba algo para ejecutarlos. Sin embargo, no perdimos mucho tiempo y fuimos bastante resolutivos. Solo nos atascamos en un momento dado porque nos faltaba abrir un candado y sin embargo teníamos todos los rincones revisados y todo resuelto. A priori no se nos había escapado nada, pero era evidente que algo fallaba. Tomamos distancia y nos paramos un poco a pensar, pero nada… así que pedimos una pista. Con la casualidad además de que fue justo en el momento en que nos llegó la inspiración. El caso es que pudimos abrirlo y pasamos a la segunda sala, es decir, al banco.

Nos entró entonces un poco la adrenalina por conseguir el botín y salir rompiendo récords anuales del juego. Aún así, seguimos bastante centrados. Tuvimos un par de despistes, pero nada que pudiéramos solventar fácil y rápidamente. Como suele ocurrir, la experiencia es un grado y siempre hay alguna dinámica o enigma que se parece a otra que ya has visto y por tanto resolución es mucho más rápida. También a veces eso hace que te compliques la vida y que le busques más pies al gato de los que tiene, como nos pasó con uno de los últimos códigos, que lo interpretamos de dos formas diferentes y ninguna era la correcta, sino que era de una mucho más sencilla.

Aún así, salimos con nuestro botín en 41:32 minutos y tan solo una pista, lo que nos colocó en la 3ª posición del ránking anual. Una pena lo de la pista, ya que nos habríamos colocado los primeros.

Se trata de un juego de escape bastante entretenido, bien hilado y con variedad de pruebas. Es verdad que por la cantidad de candados que tiene (sobre todo en la primera parte) es más nivel principiante, pero aún así, nos lo pasamos bastante bien. Es además de esos escapes en los que sales con la sensación de que todo el mundo ha participado de alguna forma en el desarrollo. Tan solo le pondría una pega: la clave que llevaba a abrir el candado en el que nos atascamos. He de reconocer que de alguna manera sí que había una pieza que conducía a ella, pero no es muy intuitiva y se puede pasar por alto. De hecho, nos comentó nuestro Game Master después que una de las pistas que tienen que dar siempre es esa. Así pues, si ves que todos los equipos caen ahí, quizás es hora de darle otra vuelta.

Pero en general, quitando este detalle, parece una sala apta para todos los públicos para la que no es necesaria mucha experiencia.

Serie Terminada: Así nos ven

Así nos ven recoge la historia de Los Cinco de Central Park, cinco adolescentes negros que fueron condenados por violación y cumplieron entre 6 y 13 años de cárcel a pesar de no tener nada que ver con el crimen. Antron McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam, Raymond Santana y Korey Wise se vieron obligados a confesarlo por las presiones de la policía y de la fiscal del caso.

La noche del 19 de abril de 1989 se denunciaron varios altercados en Central Park. Cuando la policía llegó a la zona, detuvo a varios jóvenes de Harlem que estaban asaltando a corredores como forma de entretenimiento. Pero la situación se complicó aún más cuando se descubrió en el parque el cuerpo moribundo de Trisha Meili, una joven blanca de 28 años que había sido brutalmente atacada y violada cuando había salido a correr. Los chavales se convirtieron entonces en los primeros sospechosos.

En realidad el ADN no coincidía ni con el encontrado en la víctima ni con el del escenario del crimen. Meili además estaba en coma, por lo que no se podía contar con su testimonio. Todo lo que había era una necesidad por parte de la policía y de la fiscal de cerrar el caso lo antes posible. Así, los cinco chavales fueron interrogados de forma abusiva (siendo incluso golpeados) entre 14 y 30 horas seguidas sin la presencia de sus padres ni abogados (algo que es ilegal dado que eran menores) para que confesaran una violación de la que ni siquiera se habían enterado. Ante tal presión en los interrogatorios, acabaron confesando su implicación y fueron condenados a pesar de que no había pruebas forenses ni testigos. En 2002 fueron exonerados cuando el verdadero autor de los hechos, Matías Reyes, confesó el crimen. En 2014 el Estado de Nueva York les indemnizó con 41 millones de dólares, algo que sin duda no les devolverá el tiempo en prisión y la posterior readaptación a la sociedad.

La miniserie recoge en 4 capítulos el tiempo transcurrido desde que los adolescentes deciden irse al parque a pasar el rato hasta su liberación años después. El primer episodio se centra en la detención y el segundo en el juicio. El tercero muestra la salida del reformatorio años después y el cuarto la vida en la cárcel de Korey, el único de los cinco que tenía 16 años. Es perfecta para ver en modo maratón en estos días de diluvio, aunque se hace dura.

La trama está contada desde el punto de vista de los jóvenes y va directa al grano, apenas hay contextualización de aquella Nueva York en la que había una media de seis crímenes diarios y tan solo ganaban relevancia aquellos que ocurrían en Manhattan o que se veían envueltos dos grupos raciales (y la víctima era blanca). No hace falta, porque ya se va percibiendo a lo largo del metraje. Lo interesante aquí es descubrirlo por medio de la emoción, para que el espectador empatice con la frustración e impotencia de los acusados.

Así nos ven pone en entredicho los métodos de la policía y de la fiscalía en una época en que los crímenes sin resolver se acumulaban en sus mesas y tenía urgencia por resolver un caso tan mediático. Los chicos se convirtieron en cabeza de turco como consecuencia del sesgo racista. Pero la serie no solo cuestiona a la policía o a la fiscalía, sino al sistema judicial, al papel de los medios de comunicación que transmitieron su mensaje sin investigar el caso y a una sociedad que se tragó el relato sin más. Ya con el primer capítulo remueve la conciencia al ver la injusticia a la que tuvieron que enfrentarse los menores y la impotencia de sus familias.

Así nos ven se convierte en un apasionante visionado gracias a la verosimilitud de la fotografía y la ambientación, pero sobre todo por el reparto. Tanto los adultos como los jóvenes (la mayoría de ellos desconocidos) están impresionantes. Sin duda saben transmitir esa desesperación rabia y frustración que viven sus personajes.

Otra sorpresa más de la temporada sin duda.

Nueva York. Marzo 2011

Como comenté en la entrada anterior, el año pasado estuve en Nueva York. La verdad es que el continente americano no lo tenía muy arriba en mis destinos próximos… aún me queda mucho por ver de España y Europa, pero carambolas de la vida… surgió el viaje y no tardé mucho en decidirme a cruzar el charco.

El viaje se gestó en el mes de octubre o noviembre de 2010 y el viaje fue en marzo, así que hubo tiempo para organizarlo. Esto puede sonar a que está todo calculado al milímetro, pero lo cierto es que es recomendable, al menos por el tema económico a la hora de reservar vuelo y hotel.

En nuetro caso aprovechamos un buen cambio, el dólar estaba, creo recordar, a 1.34. Y el vuelo nos salió Madrid – JFK/ JFK – Madrid por apenas 400€. Volando sin escalas y con Delta.

En cuanto al hotel, elegimos el Country Inn & Suites By Carlson, en Queens. La verdad es que la búsqueda fue difícil, porque amigos me habían recomendado todo tipo de alojamientos, que si con baño compartido, que si en pleno centro… pero yo buscaba algo económico y bien comunicado con el transporte. Gracias a los mil buscadores que hay por internet, encontré esta cadena, y este hotel, y la verdad es que una semana en marzo (con San Patricio de por medio) con desayuno incluido nos salió por 89$ la habitación por día, que por aquel entonces eran unos 65€.

Lo del desayuno podríamos haberlo evitado, porque no te faltan sitios para desayunar, pero sí que es cierto que te evitas perder tiempo, ya que bajas a desayunar, subes a la habitación, te preparas para salir y listo. De la otra forma busca un sitio en ayunas… El desayuno era buffet pero igual todos los días: yogures desnatados, plátanos, variedad de donuts, café, té, gofres (que te hacías tú mismo), tostadas y no recuerdo si había algo más. Pero bueno, hacía el apaño… y llevarte unos donuts para media mañana recuperar fuerzas, no viene mal.

La elección del barrio ya os digo que dependía de la buena comunicación al centro, creo que en metro se tardaba una media hora, 40 minutos, y con lo bien que funciona el metro, preferíamos algo más alejado que salía mejor de precio. Y más cuando en Madrid tardo más todos los días en ir y volver de trabajar.

Volviendo a los preparativos del viaje, una vez elegidos vuelo y hotel, lo siguiente es documentarte sobre la ciudad. Importante saber qué te interesa ver, y cómo desplazarte hasta esos puntos. Así pues, recomiendo hacerse con un mapa de la ciudad… con internet la tarea es muy simple.

Creo que en la semana que estuvimos nos dio tiempo a ver lo que teníamos pensado, es decir, ir al Bronx, a Queens, a Staten Island; cruzar el puente de Brooklyn y pasear por el barrio;

coger el ferry gratuito para ver la Estatua de la Libertad, pasear por Chinatown, Little Italy subir al Empire un poco antes del atardecer y ver antes, durante y después de atardecer;

subir al TOR (Rockefeller Center), pasear por Central Park, ir a un Outlet;

ver el desfile de San Patricio….y el resto de Manhattan, claro. Obviamente no vimos todo a fondo… te quedas con una esencia de los barrios… Central Park es tan grande que obviamente necesitas dedicarle tiempo. Tiempo que, por cierto, dedicamos de más al desfile, ya que desde las 11 de la mañana hasta las 2 que nos cansamos… y le quedaba la vida…. Ahí desfilaron hasta agrupaciones asturianas y gallegas…

En cuanto a la entrada al Empire y al TOR, dudábamos de si subir a ambos, y os recomiendo que si no os decidís, subáis a los dos… Es totalmente diferente… Eso sí, creo que lo mejor es subir a uno por ejemplo por la mañana y a otro por la tarde, para tener diferentes fotos, aunque no se ve lo mismo, desde el TOR ves Central Park en toda su inmensidad, y por supuesto, el Empire.

Para moverse por los barrios, y, por supuesto, por Manhattan sale a cuenta el sacarse un pase de transporte en función de los días que vayas a estar. Es como viajar por Madrid (salvando las distancias), ahorras tiempo si de un punto a otro vas en transporte público. A no ser, claro, que del punto A al punto B, haya algo interesante, si no, la línea más corta es la línea recta. Te permite ir al Norte, volver al centro a comer y después volver al Norte de nuevo…

Ya tengo el viaje un poco lejano, casi un año, pero sí que recuerdo que no me sorprendió mucho la ciudad… no sé, se habla de una gran ciudad, con grandes edificios… sí, es verdad, pero claro, cuando lo has visto en tantas series y películas, pues no te impresiona igual. De hecho, la primera noche, nada más aterrizar, nos fuimos a recorrer la 5ª Avenida, y la verdad es que como si fuera por Gran Vía, es más, creo que se podía andar mejor por las aceras. Y me decepcionó un poco la iluminación, nosotros tenemos farolas, pero en plena 5ª Avenida la luz venía de las ventanas de los edificios. Creo que la luz de Nueva York se queda en Times Square, que eso sí, de noche, impresiona.

Los estadounidenses tienen la fama de hacerlo todo a lo grande, y la verdad es que es verdad, les encantan los rascacielos, los coches grandes (que si te pillan no te parten las piernas, sino la cadera), las camas grandes, la comida grande… madre mía… no sé cómo se extrañan del índice de obesidad que tienen el país…y más, teniendo en cuenta que sale más barata la comida basura que la sana.

Me gustó cruzar paseando el puente de Brooklyn, recorrer Central Park, subir a las alturas y contemplar la ciudad, coger el ferry y ver la Estatua de la Libertad, Times Square (no dejéis de visitar la tienda M&M’s), ir a la playa y pasear por el malecón… Fue un buen viaje.