Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 8. Recorriendo Ottawa: Colina del Parlamento, Downtown y Universidad

Después de todo, no dormimos mal en el hotel de CSI, además tenía desayuno incluido, por lo que tras la rutina de duchas y de dejar todo medio recogido, nos fuimos al buffet.

No era un gran buffet, pero había bebidas calientes, zumos, yogures, mantequilla, mermeladas, sirope de arce, huevos cocidos (envasados al vacío – muy raro el detalle -), algo de fruta, bollería, tostadas y, por supuesto, máquina de gofres.

Teníamos que abandonar el hotel a las 11 y aún nos quedaba algo por ver de Ottawa, así que teníamos la opción de recoger y entregar la llave y volver tranquilamente a por el coche, o recoger, pero cargar el coche y devolver las llaves después. Y esto último fue lo que hicimos, algo que nos lastró un poco y nos hizo ir a la carrera. Error mío que calculé mal las distancias.

Nos dirigimos hacia la colina del Parlamento y nos encontramos de camino muchas calles cortadas y mucha presencia policial. Después descubrimos que había una carrera ciclista.

Una de las calles que estaba cortada era el Bulevar Confederación, una avenida que se usa para eventos y ceremonias. En ella se encuentran muchas instituciones canadienses. Desde finales del siglo XIX transitan esta ruta los gobernadores de Canadá así como las personalidades extranjeras relacionadas con la política que visitan la ciudad, ya que transcurre entre la Colina del Parlamento y Rideau Hall, la residencia del gobernador.

Además, vimos mucho uniforme militar y bandas de música. Al parecer era la conmemoración de la Batalla del Atlántico, la campaña militar continua más larga de la II Guerra Mundial. Incluso vimos algún veterano con muy buen sentido del humor.

Siguiendo el curso de la calle Rideau llegamos al Fairmont Château Laurier, un conocido hotel de cinco estrellas.

Construido en 1912, ha alojado a numerosos políticos y ha sido lugar de encuentro para reuniones relevantes debido a que se encuentra muy próximo al parlamento. Por esto a veces se lo conoce como tercera cámara.

El hotel se asoma al Canal Rideau, Patrimonio de la Humanidad desde 2007, que divide la ciudad de Ottawa en dos.

Se construyó con fines militares cuando Estados Unidos y Gran Bretaña se enfrentaban por el control de la zona. Gracias a un sistema de más de 80 esclusas los británicos salvaban el desnivel entre el río Ottawa y el lago Ontario y conseguían unir Ottawa con Kingston. En aquel momento supuso una obra de gran envergadura tanto en tiempo, como en coste y personal. Sin embargo, aunque el uso original iba a ser militar, lo cierto es que nunca se usó como sistema defensivo. Hoy sigue operativo y se puede navegar (de mayo a septiembre solo, ya que en invierno se convierte en una inmensa pista de hielo). Por su parte, las esclusas se pueden visitar de forma gratuita.

Dando la espalda al canal, enfrente tenemos la Confederation Square, el segundo centro de ceremonias más importante de la capital después de la colina del Parlamento. En el centro de esta planta circular se erige el Memorial Nacional de Guerra y en su perímetro el Memorial de los Valientes. Su relevancia no se debe solo a la ubicación en el centro de Ottawa, sino también porque está rodeada por importantes edificios.

En 1938 se demolieron la antigua oficina de correos y la iglesia presbiteriana Knox para poder construir la plaza dentro de la planificación del arquitecto francés Jacques Gréber. El Primer Ministro William Lyon Mackenzie King quería que Elgin Street se ensanchara para así darle más presencia al parlamento y que en la plaza hubiera un memorial de la guerra. Este fue inaugurado en mayo de 1939 por el rey Jorge VI.

En la plaza también se encuentra la Tumba al Soldado Desconocido.

El Monumento a los Valientes por su parte en realidad consiste en nueve bustos y cinco estatuas que representan a sendas figuras de la historia militar del país. Los hay de diferentes períodos. Por ejemplo, del régimen francés (1534-1763) podemos encontrar a Frontenac y a Pierre Le Moyne d’Iberville; de la revolución americana (1775-1783) Joseph Brant Thayendanegea y John Butler; de la guerra de 1812 a Sir Isaac Brock, a Charles de Salaberry y Laura Secord ; de la I Guerra Mundial a Georgina Pope, el General Sir Arthur Currie  y el Cabo Joseph Kaeble; de la II Guerra Mundial al Teniente Robert Hampton Gray, al Capitán John Wallace Thomas, al Mayor Paul Triquet y al piloto Andrew Mynarski.

La plaza nos conduce a la Colina del Parlamento, un recinto de una extensión de 112.360 metros cuadrados en el que se erigen los edificios del Parlamento. Es aquí donde se celebran los actos del 1 de Julio, el día de Canadá. El primer edificio que nos encontramos es el East Block, uno de los tres que conforman el Parlamento.

Construido entre 1859 y 1866 como los otros dos, es una estructura asimétrica construida en el estilo gótico victoriano. En el momento de su inauguración era un edificio muy moderno, que incluía tecnología de vanguardia, sin embargo, pronto quedó desactualizado y se llegó a considerar su demolición. Finalmente en 1966 se llevaron a cabo tareas de restauración en su interior y una segunda vez en 1981. Se ha intentado conservar la decoración original, pero se ha reorganizado el espacio para que albergue las oficinas de los ministros, parlamentarios, senadores y personal administrativo.

Durante nuestra visita se estaba estabilizando la estructura y renovando los exteriores reemplazando secciones del tejado así como elementos ornamentales. En su alrededor se encuentran las estatuas de Laurier, el primer Primer Ministro francófono de Canadá desde 1896 hasta 1911, y una conmemorativa de la guerra de 1812, inaugurado para el 200 aniversario del conflicto.

Las siete figuras de bronce representan a los combatientes clave que se unieron para derrotar la invasión estadounidense: un luchador Métis disparando un cañón, una mujer que venda el brazo de un Voltigeur (un combatiente francés), un marinero de la Marina Real tirando de una cuerda, un guerrero de las Primeras Naciones que señala en la distancia, un miliciano canadiense levantando su brazo en señal de triunfo y un miembro del regimiento Royal Newfoundland del ejército británico disparando un mosquete.

Siguiendo por el gran espacio verde llegamos al centro del recinto, donde está el Centennial Flame, un monumento conmemorativo de los 100 años de la Confederación Canadiense. Se encendió por primera vez el 31 de diciembre de 1966 por el Primer Ministro Pearson dentro de los actos del aniversario. En principio iba a ser temporal, pero gracias al apoyo popular, se decidió mantener. El 13 de diciembre de 2017 Justin Trudeau volvió a encender la llama en un acto conmemorativo de los 150 años.

Se trata de una fuente circular con los escudos de las provincias y territorios de Canadá así como la fecha en que se incorporaron a la Confederación. En el centro hay una llama que suele estar encendida, salvo cuando hace mal tiempo. Y el calor que genera hace que el agua no se congele.

Tras el monumento se erige el Edificio central, construido entre 1865 y 1865. Alberga la Casa de los Comunes y el Senado.

Con sus 92 metros de altura destaca la Torre de la Paz, también conocida como la Torre de la Victoria y la Paz. Concebida como un memorial de la I Guerra Mundial, en su interior se grabaron los nombres de hombres y mujeres que murieron en la contienda.  Está compuesta por un carillón que cuenta con 53 campanas.

Tanto de lejos como de cerca se puede apreciar claramente que son edificios de clara influencia arquitectónica británica, llenos de pequeños detalles y esculturas. Incluso podemos ver leones y unicornios. Y aunque el Parlamento ardió completamente el 3 de febrero de 1916 y tan solo se salvó la biblioteca de las llamas, las restauraciones posteriores han intentado recuperar el diseño original.

Se puede hacer un tour por el interior del Parlamento de forma gratuita. Pero hay que sacar un ticket antes, por lo que hay que madrugar, ya que se asignan por orden de llegada completando los grupos con 25-30 personas. La visita dura 45 minutos y depende de la actividad parlamentaria.

Por último, el West Block, también terminado en 1865 en estilo gótico victoriano destaca por sus tres torres: la Torre Mackenzie (añadida en 1878), la Torre Laurier (agregada en 1906) y la Torre Suroeste.

El edificio ha tenido que ser ampliado un par de veces, pues a medida que crecía el personal parlamentario y administrativo se necesitaba más espacio. A diferencia de los otros dos, este no se puede visitar.

La ubicación del Parlamento junto al río permite su visualización desde casi cualquier punto de la ciudad. Además, permite asomarse y obtener unas buenas vistas de Gatineau, de la basílica o de la estructura acristalada de la galería.

Como no contábamos con tiempo para visitarlo por dentro ni para asistir al cambio de guardia, continuamos rodeando el edificio central. En su perímetro nos encontramos con estatuas de personajes importantes en la historia canadienses cada pocos pasos. No puede faltar por supuesto la reina Isabel II. La estatua ecuestre se inauguró en 1992 dentro de las celebraciones del 125 aniversario del país.

John Alexander Macdonald, quien fuera el primer Primer Ministro de Canadá y uno de los padres de la Confederación.

También está George Brown, otro de los padres de la Confederación además de editor de periódico (fundó el The Globe de Toronto).

En la base reza la frase: “El gobierno para la gente, instituciones libres, libertad e igualdad religiosa, unidad  y progreso de la Confederación”.

Más adelante están Robert Baldwin y Sir Louis-Hippolyte Lafontaine, quienes allanaron el camino para la independencia democrática pacífica de Canadá.

A continuación está Alexander Mackenzie, quien supervisó el establecimiento de la Corte Suprema de Canadá y la Oficina del Auditor General de Canadá durante sus cinco años como primer ministro. También introdujo cambios a las leyes electorales, como por ejemplo el derecho al voto secreto y el sufragio universal masculino.

En la base del monumento se puede leer “El deber era su ley y la conciencia su maestro”.

Importantes para el país también fueron las Mujeres Sufragistas, por lo que en el año 2000 se inauguró este conjunto escultórico en el que cinco mujeres celebran su importante victoria legal.

La pelea por el sufragio femenino comenzó a finales del siglo XIX. La WCTU (Woman’s Christian Temepreance Union) fue la mayor organización de mujeres en Canadá a finales del siglo XIX y principios del XX.  En 1916 las sufragistas canadienses hicieron campaña manifestándose, organizando actos, lecturas y peticiones. El movimiento tenía varias reivindicaciones que afectaban a las mujeres, aunque sin duda consideraban que conseguir el voto era lo más significativo de esta reforma.

Durante años las mujeres quisieron acceder al Senado. Varios grupos presentaron a la jueza Emily Murphy (la primera mujer magistrada en el Imperio Británico entre otros cargos) como su candidata; sin embargo, cinco sucesivos gobiernos federales sostenían que las mujeres no podían ser elegidas por no ser “personas cualificadas”, según la sección 24 del Acta de la Norteamérica Británica de 1867.

En 1927 la jueza invitó a cuatro mujeres de Alberta a que se unieran a ella en la petición al gobierno para la reinterpretación de ese “personas”. Estas mujeres eran: Henrietta Muyr Edwards, periodista que fundó la Asociación de Niñas Trabajadoras en 1875 (precursora de la YWCA);  Louise McKinney, presidenta de la Dominion Women’s Christian Union; Nellie McClung, novelista, periodista y miembro de la legislatura de Alberta (la única mujer en el Consejo de guerra de Dominion y la primera mujer en la junta de gobernadores de la Canadian Broadcasting Corporation (CBC)); e Irene Parlby, política elegida presidenta de la rama femenina de United Farmers of Alberta en 1916 y miembro de la legislatura de Alberta en 1921.

En 1928 el Tribunal Supremo dictó que según al acta, las mujeres no estaban cualificadas por el Senado. Así, las cinco mujeres persuadieron al Primer Ministro para que apelara dicha decisión ante el Comité Judicial del Consejo Privado de Gran Bretaña, la corte final de apelación de Canadá hasta 1949.

El 18 de octubre de 1929 este consejo revocó la decisión del Tribunal Supremo indicando que la palabra “personas” englobaba tanto a hombres como a mujeres, y que por tanto las mujeres podían ser candidatas al Senado.

Aunque ninguna de estas cinco mujeres llegó a ocupar un cargo en la cámara, supuso un gran avance.

Aunque la zona estaba en obras y había vallas por todos lados, merece la pena ver el edificio principal por detrás.

Allí se halla la campana que se cayó de la torre durante el incendio de 1916. Fue restaurada y se decidió colocar en el recinto como recuerdo de aquel trágico suceso. Eso sí, se mantiene inclinada intentando dejarla tal y como se encontró.

Un poco más adelante sorprende encontrar una construcción de madera. Se trata del Pabellón de Verano.

Originalmente construido en 1877, fue demolido en 1958 y reconstruido en 1993 para dedicárselo a los policías nacionales caídos en servicio.

Después de darle la vuelta al edificio del Parlamento, continuamos dirección al centro, a la parte peatonal de la ciudad, en torno a la calle Elgin y a la Sparks. Sin embargo, era muy pronto para un domingo y no había mucho movimiento. Todos los locales estaban cerrados, tan solo había uniformados y muchas estatuas.

Así, emprendimos el regreso hacia el hotel. De camino pasamos por el ayuntamiento, el Ottawa City Hall, un complejo que se compone de dos edificios conectados. Por un lado un ala moderna que da a la avenida Laurier y que es la entrada principal; y por otro una del siglo XIX, donde se encuentran las oficinas del Alcalde y de los miembros del Consejo, además de salas de comités, que da a la calle Elgin.

El ala moderna, que además es la sección principal, fue construida en 1990. Alberga la cámara del Consejo, un gran atrio y varias oficinas y servicios públicos.

La plaza frente a él acoge conciertos, festivales y otros eventos comunitarios. En los jardines hay una fuente y una plataforma donde se puede patinar sobre hielo.

Al lado del edificio moderno se encuentra el monumento dedicado a los veteranos de la Guerra de Corea. También hay un monumento dedicado a los bomberos.

Cruzando el río nos adentramos en el campus universitario.

La Universidad de Ottawa es una de las más antiguas del país. Fue fundada en 1848 como College of Bytown por el Missionary Oblates of Mary Immaculate. Hoy en día cuenta con unos 30.000 estudiantes y las clases se imparten mayoritariamente en inglés (68%).

Paseando por el campus podemos ver las residencias universitarias. Algunas son bloques de apartamentos, pero también hay casas al estilo de de fraternidades.

Destaca la casa victoriana Laurier House, donde residieron dos famosos primeros ministros canadienses: sir Wilfrid Laurier y William Lyon Mackenzie King. Por ella también han pasado importantes invitados como Charles de Gaulle, Roosevelt, Franklin o el rey Jorge VI.

Fue construida en 1878, aunque ha pasado por varias reformas con el paso del tiempo. Se puede realizar una visita guiada por su interior por $4.

Cerca se encuentra también la casa del Viceministro de Finanzas J. M. Courtney, una construcción con un cuidado porche y un tejado rematado con ornamentación en la parte correspondiente a la fachada.

El campus cuenta incluso con varias iglesias, una de ellas es la Centretown United Church, construida en 1906 en estilo gótico.

Ya de vuelta en el hotel rozando la hora límite, cargamos el coche, dejamos la llave en recepción y pusimos rumbo a Montreal.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 7 II: Recorriendo Ottawa

Apenas tardamos nada en llegar desde el museo hasta nuestro hotel, el Econo Lodge, un típico motel de carretera de las películas. Tan típico que al abrir la habitación parecía que estábamos en un capítulo de CSI. Pero bueno, era para una noche, mejor no pensar en cadáveres. Lo cierto es que no había sido muy sencillo encontrar hotel en la ciudad, pues o eran muy caros, o los de gama media eran de menor calidad que en otras ciudades. Sin duda el de London estaba bastante mejor.

Teníamos el aparcamiento prácticamente para nosotros, por lo que pudimos descargar cómodamente, algo que además fue mucho más sencillo al tratarse también de una planta baja.

Como en London habíamos cogido una habitación cuádruple en la que además contábamos con nevera, microondas y escritorio. Lo bueno es que tenía un armario estilo vestidor que nos permitía dejar guardadas las maletas y trastos.

Como ya digo, nos rugía el estómago, así que sin entretenernos mucho, decidimos comer justo enfrente del alojamiento en el japonés/coreano GO GI YA. Pedimos de entrante unas edadame y unas Kyoza.

Como plato principal yo recuerdo coger unos fideos de boniato con vegetales fritos (abajo a la izquierda) que estaban muy ricos. Sin embargo, a los cinco minutos estaba saturadísima del sabor tan tan tan dulce. Quizá debería llevar más verduras y menos fideos para que no resulte tan cargante. Bueno, y que el bol era bastante grande. Al final mi plato acabaron repartiéndoselo.

Con el estómago lleno y la tarde cayendo, nos pusimos en marcha para intentar ver al menos una parte de la ciudad antes de que se hiciera de noche. Nos dirigimos hacia el Byward Market, una zona muy animada llena de mercados, tiendas y restaurantes. Nosotros acabábamos de comer, pero se respiraba ambiente de tomarse algo en una terracita. Aunque mucha gente parecía ya preparada directamente para cenar. Era sábado, así que había bastante ambiente.

Las calles más animadas son Clarence, York y las perpendiculares que las cruzan.

En realidad, el mercado que le da nombre a la zona es un edificio de color rojo en cuyo interior alberga puestos de comida internacional y algunas tiendas. En su exterior, alrededor de su perímetro, hay varios puestos donde se pueden encontrar productos típicos así como artesanía.

Ideado por John By e inaugurado en 1826, es uno de los más grandes del país.

Continuamos por la calle York donde nos encontramos con las letras de OTTAWA. Es complicado sacar una foto sin gente en la era de instagram…

Tras ellas vimos una pequeña fuente, la Fuente del Milenio.

A mediados del siglo XIX era complicado obtener agua potable en Ottawa y la gente tenía que desplazarse para conseguirla. Como la demanda fue creciendo, el ayuntamiento colocó varias fuentes públicas en la ciudad, tanto para animales como para personas. Se diseñaron en hierro o piedra y se integraron en la decoración de la ciudad.

En 1874 el agua potable comenzó a llegar a los edificios y también se instalaron bocas de riego por toda la ciudad, así que poco a poco fueron perdiendo relevancia y muchas se fueron retirando. Algunas sin embargo se dejaron para los caballos.

Esta fue construida inspirada en una que hubo hasta finales del siglo XIX en el cruce de las calles George y Sussex.

Seguimos hasta la Basílica Catedral de Notre Dame, la iglesia católica más famosa de la ciudad.

De estilo gótico y torres plateadas, se erige en el mismo lugar en que se hallaba la iglesia de madera de St. Jacques, construida en 1832. Este pequeño templo fue derrumbado en 1841 para levantar uno más grande. Fue terminada en 1846 y un año más tarde designada como Catedral de Bytown. Hoy ofrece sus servicios en edición bilingüe.

Frente a ella se encuentra el National Gallery of Canada, uno de los museos más importantes de la ciudad. Alberga una variada colección de punturas, dibujos, esculturas y fotografía. Sobre todo está centrado en arte canadiense, pero también cuenta con otras secciones como arte europeo o asiático y un área de arte contemporáneo internacional.

Entre su colección nacional se pueden encontrar desde obras muy antiguas de los indígenas hasta otras de los años 70 del siglo pasado.

El primer edificio que acogió el museo fue el del Tribunal Supremo en Parliament Hill en 1882. En 1911 se trasladó al Victoria Memorial Museum y cinco décadas más tarde, en 1962, se volvió a mover, esta vez a un edificio de oficinas en la calle Elgin. Finalmente ocupó la actual ubicación en 1988.

Su exterior destaca por su estructura de cristal y por la escultura de su fachada. Esta araña de bronce, acero inoxidable y mármol fue realizada por la artista Louise Bourgeois. Mide casi 10 metros de alto y se llama Maman, el nombre coloquial para mamá en francés. Al parecer esta obra es en honor a su madre, una mujer que reparaba tapices en un taller de París y que murió cuando ella tenía 21 años. Ha realizado nueve esculturas de arácnidos y están repartidas a lo largo del mundo. Por ejemplo, se pueden encontrar en la Tate Gallery de Londres,  en el Museo Guggenheim de Bilbao, en el Samsung Museum of Art de Seúl o en el MoriArtCenter de Tokio.

Entre St. Patrick Street y Murray Street, en el centro de la intersección donde se encuentran con Mackenzie Avenue y Sussex Drive se halla Reconciliación, un monumento que conmemora el papel de Canadá en el mantenimiento de la paz internacional y honra a los soldados que han participado y participan actualmente, tanto vivos como muertos.

Representa a tres soldados (dos hombres y una mujer) de pie entre los restos de la guerra simbolizando la resolución que trae el mantenimiento de la paz. O eso pretendía el artista.

En los muros inferiores se pueden leer los nombres de varios batallones o intervenciones.

En 1995 se emitió una edición especial de las monedas de $1 y llevaban una representación del monumento.

En una glorieta próxima llama la atención la escultura Los tres vigilantes.

Realizada en bronce representa a unas figuras que suelen colocarse en lo alto de los totems delante de las casas en las aldeas de Haida en Haida Gwaii. Se cree que así protegen al pueblo y avisan en caso de que llegue una amenaza.

Se nos estaba haciendo de noche y queríamos ver cómo caía el atardecer, así que cruzamos al Major´s Hill Park, frente a la galería. Es uno de los parques más antiguos de la ciudad y estaba muy animado lleno de gente disfrutando de la fresca tarde-noche.

Este parque ofrece unas buenas vistas del Río Ottawa, del hotel Fairmont Chateau Laurier y de los edificios del Parlamento. Además, al fondo, se llega a ver bien Gatineau, al otro lado del río. Hay muchas estatuas de soldados alrededor del Parque.

Este parque ocupa el lugar en que se asentaron los constructores del canal y se pueden ver varias placas conmemorativas de aquel momento, así como una estatua del teniente coronel Major Bolton y sus diferentes sucesores.

También hay una estatua de un Anishinaabe.

Volvimos a cruzar hasta la galería, pues a los pies del puente Alexandra hay un mirador. En el centro se erige la estatua de Samuel de Champlain, el padre de Nueva Francia.

Ayudó a colonizar Acadia y, en 1608, fundó un asentamiento en Quebec que se convirtió en el centro de la colonia. Forjó importantes alianzas con los aborígenes y expandió la espera de influencia francesa viajando por el Río Ottawa hasta los Grandes Lagos. Exploró y realizó mapas de grandes áreas del continente y en sus diarios de viaje dejó reflejados datos valiosísimos de su era para las siguientes generaciones.

El mirador ofrece aún mejores vistas que desde el parque, la pena es que el sol se oculta por el lado de Gatineau y no por el del Parlamento, lo que mejoraría mucho más la panorámica.

Nos quedamos un rato observando el atardecer viendo cómo el cielo alternaba entre amarillos, naranjas y morados por detrás del Museo Canadiense de Historia.

Cuando el sol terminó de ocultarse y las farolas iluminaban nuestro camino, volvimos al hotel. La verdad es que nos encontramos una ciudad muy decadente, con mucha mendicidad y desde luego que no tenía ese aire de capital.

Ya en el hotel picoteamos algo de los restos que aún nos quedaban de salsas y nos fuimos a dormir, que al día siguiente queríamos madrugar para ver lo que aún nos quedaba de Ottawa antes de salir para Montreal.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 7: Llegada a Ottawa y Museo Canadiense de Historia

Después de haber dejado todo preparado la noche anterior, nos levantamos, desayunamos y cargamos el coche. Teníamos unos 450 kilómetros a nuestro siguiente destino, Ottawa, la capital de Canadá y cuarta ciudad más grande del país. De momento seguiríamos en Ontario, aunque justo en el límite con la provincia de Quebec, ya que el río Ottawa sirve de frontera natural.

Para ser una capital, sorprende que no llegue al millón de habitantes. Aunque tiene sentido, ya que no se ganó la capitalidad por su relevancia como ciudad, sino como el compromiso entre Quebec y Ontario para que la nueva capital no fuera ni la francófona Montreal, ni la anglófona Toronto. Así, Ottawa tiene una mezcla de esas dos realidades, con una mezcla de cultura inglesa y francesa. Y, aunque el idioma habitual es el inglés, casi todo el mundo habla también francés.

Antes de la llegada de los exploradores europeos, habitaban en la región los nativos algonquinos. De su lengua, en concreto de la palabra Odawa (al comercio), viene el nombre “Ottawa”. Estos nativos llamaban al río Ottawa “Kichesippi” (el Gran Río) y a sí mismos “Kichesippirini” (Gente del Gran Río). Este río era muy importante por la abundante pesca, así como medio de desplazamiento. Los comerciantes de pieles franceses lo llamaron “Ottawa” por la tribu de los Ottawa (en francés Outaouais), aunque solo residieron en la zona unos pocos años.

En 1613, el francés Samuel de Champlain pasó por la región​ y a partir de entonces, cazadores y comerciantes de piel usarían el río Ottawa como ruta hacia el oeste canadiense.

Con el fin de Nueva Francia en 1759, el área de Ottawa pasó a control británico y los colonos procedentes de Estados Unidos comenzaron a ocupar esas tierras. Luego, con el éxito comercial conseguido, otros colonos comenzaron a asentarse la región. Ira Honeywell fue la primera persona de ascendencia europea en colonizar la margen sur del río Ottawa, en 1811.

Tras la guerra de 1812 los británicos, temiendo otra invasión estadounidense contra Canadá, construyeron el Canal Rideau para así conectar el río San Lorenzo con el río Ottawa. De esta forma podrían transportar materiales y armas al interior de Canadá sin tener que hacer uso del San Lorenzo después de Kingston, ya que esta ciudad está muy próxima a Estados Unidos y era vulnerable a posibles ataques.

El asentamiento construido para albergar a los trabajadores se llamó Bytown en honor al coronel John By y tras finalizar el canal, Bytown comenzó a crecer y prosperar gracias a la industria maderera. En 1850 fue elevado a estatuto de ciudad ya con más de 10.000 habitantes y se cambió el nombre por Ottawa.

Tras la fusión en 1840 del Alto y Bajo Canadá faltaba por decidir una capital y mientras tanto fueron temporales Kingston, Montreal, Quebec y Toronto. Finalmente, en 1857 la Reina Victoria escogió Ottawa por estar relativamente lejos de EEUU, por tanto más segura que otras ciudades; por la localización de la ciudad entre el Alto y Bajo Canadá; y por la belleza de la región. Para 1867, cuando Canadá ya se había independizado, seguía siendo capital y tenía una población de 18.000 habitantes.

En 1900, un incendio destruyó buena parte de la ciudad. Y aunque 14.000 ciudadanos se quedaron sin hogar, sólo murieron siete personas. La ciudad fue reconstruida lentamente, hasta 1912, cuando había alcanzado 90.000 habitantes.

En 1937, el entonces primer ministro de Canadá, William Lyon Mackenzie King, encomendó a Jacques Gréber (famoso urbanista francés, responsable de la revitalización urbana de París) para que rediseñase la ciudad. Pero con el inicio de la II Guerra Mundial, los planes no se llevaron a cabo y Jacques Gréber volvió a Francia.

Tras la guerra continuaron los planes de una mejor planificación urbana, con Jacques Gréber de nuevo en Canadá. El plan del urbanista hizo que se eliminaran 51 kilómetros de vías férreas y que la estación central de tren se desplazara a una región más alejada del centro urbano, al este. ​También se construyeron muchos parques y zonas verdes alrededor de la ciudad, así como un gigantesco parque, de 36 km², ​el llamado Parc de la Gatineau. Además contemplaba que los edificios gubernamentales deberían construirse no sólo concentrados en un área, sino también en los límites de la ciudad. Este plan continuaría a lo largo de las década de 1960 y de 1970, con la creación de más playas y más parques.

Llegamos a la una y media de la tarde, y antes de conocer la ciudad queríamos visitar el Museo Canadiense de Historia, que cerraba a las 5. Habíamos picado algo por el camino para así poder retrasar la comida.

El museo realmente no está en Ottawa, sino que se encuentra en la otra orilla del río, en Gatineau, una ciudad de unos 60.000 habitantes que ya pertenece a Quebec. Para llegar allí desde Ottawa hay que cruzar el Puente Alexandra, una peculiar pasarela con el suelo de madera y una estructura metálica que vibra cuando lo transitas. Mide unos 565 metros de largo y unos 18 de ancho.

Fue creado para los trenes, pero con el tiempo fue adaptado también para otro tipo de vehículos y peatones.

Muy cerca se halla la estatua de Maurice Richard, un jugador leyenda del hockey hielo canadiense, que falleció en el año 2000 con 79 años.

Intentamos aparcar pero parecía complicado, por lo que directamente metimos el coche en el aparcamiento subterráneo, pues tampoco podíamos perder mucho tiempo. Tras dejar el coche, sacamos las entradas ($23 por persona) y comenzamos nuestra visita.

El Museo Canadiense de Historia está dividido en 4 niveles:

  • Primera Planta: está dedicada a los Primeros Habitantes del país, la prehistoria así como tesoros de la biblioteca y de los archivos de Canadá.
  • Segunda Planta: en ella se encuentran las exhibiciones especiales, el cine, el teatro, el museo infantil y la tienda.
  • Tercera Planta: está centrada en los primeros tiempos de Canadá así como en la época colonial.
  • Cuarta Planta: hace un seguimiento de la Canadá moderna.

Contábamos con tres horas, pero íbamos a intentarlo, pues nos parecía interesante conocer la historia del país, más allá de lo que pudiéramos haber leído. Comenzamos por la planta baja, accediendo directamente al Gran Salón, el punto focal desde el punto de vista arquitectónico. Acoge la mayor colección de totems del país.

En esta planta se puede conocer la historia de los Primeros Habitantes en el noroeste del Pacífico, visitando las casas tradicionales así como los objetos de estos pueblos. Las comunidades aborígenes de la costa noroeste compartían similares entornos y muchas experiencias históricas comunes, aunque cada una mantenía su propia lengua, su estilo en el arte y sus prácticas culturales.

Lo primero que nos encontramos es una estructura de seis casas que fue recreada gracias a fotografías históricas y relatos orales. Construida en la forma de una villa tradicional que mira al agua, estas casas ilustran la diversidad cultural de la región. Fueron construidas e instaladas para la apertura del museo en 1989.

La mayoría de los totems y esculturas datan del siglo XIX y principios del XX. Aunque también hay trabajos de artistas contemporáneos.

Estos Primeros Habitantes contaban con un entorno rico. Las importantes lluvias y la temperatura del océano les proveía de comida y materiales suficientes como para garantizar sus subsistencia durante siglos. Cada generación ha desarrollado y transmitido conocimiento especializado, herramientas y tecnologías para recolectar, preservar y almacenar lo que necesitaban.

Pero no todo tenía un fin práctico, sino que también desarrollaron una extraordinaria cultura en cuanto a expresión artística se refiere. No solo aprendieron a usar la madera para tallarla, sino que han creado materiales que podían usar para pintar usando los recursos naturales que les rodeaban.

Durante el recorrido podemos conocer todo tipo de objetos de estas comunidades, incluso joyas.

Tras visitar esta estructura de viviendas seguimos nuestro recorrido subiendo de planta, obviando la zona infantil, eso sí.

Impresionante la cúpula del edificio.

La tercera planta es muy interesante con más de 1500 utensilios y trajes de la historia del país desde la llegada de los primeros europeos hasta el siglo XX pasando por todos sus conflictos, independencia…

La llegada de los europeos a finales del siglo XVIII trajo cambios fundamentales que influenciaron en la forma tradicional de vida de los aborígenes. Incorporaron nuevas formas de trabajo, llegaron bienes manufacturados, adoptaron economías de estilo occidental y comerciaron con el salmón, cedro y objetos artesanales que eran bien valorados por la destreza del artista. Hoy en día, estas comunidades viven intentando equilibrar un modo de vida que aúna el trabajo pagado y el vivir de la tierra. Uno de los cambios más visibles en la cultura durante el siglo XIX fue la transición de las grandes casas comunales a las construcciones unifamiliares. Sin embargo, su singular arquitectura no se perdió, ya que incluso hoy en día las comunidades construyen los centros culturales, las oficinas tribales y los colegios empleando estos estilos tradicionales.

También cambió la forma de relacionarse que tenían entre ellos. Cada sociedad aborigen contaba con su propio nombre, uno que usaron durante siglos. Sin embargo, cuando llegaron los europeos renombraron tanto localizaciones como la forma de referirse hacia estos nativos. Hoy estas denominaciones se están intentando recuperar y eliminar las palabras sustitutas en inglés o francés.

Y no solo arrasaron con el idioma, sino que los europeos llevaron consigo enfermedades, lo que mermó considerablemente la población autóctona. Entre los siglos XVII y principios del XX hubo varios brotes de sarampión, viruela, tos ferina y escarlatina por todo el territorio de Canadá.

En la exhibición podemos asistir a varios vídeos en los que miembros de las comunidades nativas relatan cómo a medida que los europeos fueron asentándose, los indios fueron perdiendo el acceso a la tierra. El precio de los minerales, de la caza, pesca y otros recursos comenzó a subir como consecuencia de la economía del mercado y los aborígenes no podían acceder a esos precios. Además, la industrialización y la producción en masa redujo la venta de ropa de pieles, el mimbre e incluso el calzado de nieve por lo que muchas comunidades menguaron gradualmente a medida que se veían forzados a abandonar sus tierras pero tampoco podían sobrevivir en el mundo occidental porque no podían acceder a créditos o hipotecas.

También para las mujeres fue un retroceso, pues mientras que en muchas culturas aborígenes tenían importantes roles de liderazgo y derechos de propiedad, en el siglo XIX estos roles tradicionales les fueron arrebatados y su estatus se asimiló al de las mujeres de la sociedad victoriana y eduardiana.

Uno de los objetos interesantes que se puede visitar en el museo es la Nishga Girl, una de las más de 200 embarcaciones pesqueras construidas por el maestro constructor de barcos japonés-canadiense Judo “Jack” Tasaka. Construida en 1967 mide más de 10 metros de largo, 3 metros de alto, aproximadamente 3 metros de ancho y pesa varias toneladas.

Hay una historia detrás de este barco. Tiene una gran importancia simbólica para los japoneses-canadienses, pues durante la II Guerra Mundial más de 1.000 embarcaciones similares fueron confiscadas por el gobierno a los pescadores japoneses-canadienses.

Finalmente en la última planta encontramos un repaso general de la historia de Canadá desde la llegada de los europeos hasta la más reciente: la participación en las dos guerras mundiales, el referéndum de Quebec, las relaciones internacionales, la situación de la mujer, del colectivo LGTBI, los compromisos con el medioambiente….

Esta parte es quizás la más seria, pues, aunque cuenta con alguna vitrina y algún juego interactivo, en su mayoría se trata de paneles informativos.

Prácticamente nos echaron del museo. Aprovechamos la visita hasta el final intentando entender el pasado del país. Y antes de dirigirnos al hotel, nos acercamos al parque que hay junto al río, pues ofrece unas buenas vistas del Puente Alexandra, del museo entero con sus líneas curvas, así como de Ottawa y su Parlamento.

En el parque también hay un monumento en honor a Tessouat, jefe Anishinabe que controlaba el tráfico del Kichi Zibi (Río Ottawa) y el comercio desde la isla de Morrison.

La estatua fue instalada el 9 de noviembre de 2017 para recordar a este líder indiscutible y un fiero guerrero que se implicó en la mayor alianza entre las Primeras Naciones y los Europeos.

Siguió independiente y defendió el modo de vida de su gente hasta su muerte en 1636.

Con bastante hambre, volvimos al coche para dirigirnos al hotel. Aún nos quedaba tarde por aprovechar.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá III: ESTA, Seguro, Cambio de Divisas y Telefonía

Llegó marzo y aún estábamos con los preparativos del viaje. Ya habíamos cerrado algunas cosas los meses anteriores, pero aún nos quedaba decidir si comprábamos electrónicamente entradas a algunas atracciones y tarjetas de transporte, o bien nos esperábamos a destino. Y ganó la segunda opción. También nos faltaban un par de asuntos importantes que solucionamos en la recta final: la autorización de entrada a Estados Unidos y el seguro.

El Electronic System for Travel Authorization es la autorización que deben solicitar los ciudadanos de los países incluidos en el Programa Visa Waiver, como España. Se ha de tramitar vía electrónica (obviamente, de ahí lo de Electronic) y es recomendable hacerlo directamente en la web oficial y no mediante intermediarios para evitar sorpresas.

Es necesario para la entrada al país por aire o mar y tiene una validez de dos años (o en su defecto hasta que caduque el pasaporte). Sin embargo, la estancia máxima es de 90 días. Es decir, en un período de dos años se pueden realizar varios viajes. El pasaporte ha de ser biométrico y con una fecha de caducidad superior a 6 meses desde la fecha de vuelta del viaje. Por eso esperamos hasta marzo para sacarlo, porque cuanto más ajustado de tiempo (dentro de una franja no límite), más apuraríamos por si quisiéramos volver en 2019 o 2020 a pisar EEUU. Bien de destino final, bien de tránsito. Porque nunca se sabe.

El ESTA se puede tramitar individualmente o grupal, esta última más por ahorro de tiempo ya que el importe es el mismo de una forma que de otra. Una vez decidido este paso, hay que seguir las indicaciones de la web y completar los datos personales tales como nombre completo (tal y como aparece en el pasaporte), fecha de nacimiento, número de pasaporte, fecha de obtención y de caducidad del mismo, dirección de contacto en EEUU (con poner la del primer alojamiento, vale), nombre de los padres, teléfono de contacto, teléfono de emergencia, información sobre los vuelos (número, fecha), sobre profesión y empresa en la que trabajas.

Hay una segunda ronda de preguntas a las que hay que responder SÍ o NO del estilo de si te drogas, si tienes alguna enfermedad contagiosa, si has cometido algún delito o tienes pensado hacerlo en algún futuro… Básicamente consiste en responder a todo que NO (siempre que se corresponda con la realidad, claro). Este tipo de preguntas las hacen para que si luego cometes algún delito, no solo te imputen ese, sino el de haber mentido en tu declaración. Es todo un interrogatorio, aunque no tanto como el de la India.

Normalmente lo expiden casi al instante, aunque a veces puede tardar algo más en caso de que les salte alguna alarma por los apellidos. Hay que quedarse con el número de referencia y consultar, por ejemplo a las 24 horas, si está aprobado. En tal caso, generamos el pdf y nos lo guardamos por si nos lo solicitaran en el control del aeropuerto. Ojo que el ESTA también es necesario si solo se va a hacer escala en el país. Aún así, aunque se haya aprobado el ingreso en el país, la última palabra la tiene el funcionario de aduanas.

Por su parte, Canadá cuenta desde el 29 de septiembre de 2016 con la Autorización de Viaje Electrónica (AVE) o electronic Travel Authorisation (eTA), que es prácticamente lo mismo. La diferencia es que cuesta CAD$7 y es válida durante cinco años. Además, solo existe la opción individual. Por lo demás, se necesita la misma vigencia de pasaporte, se ha de sacar aunque sea para una escala y hay que rellenar una serie de preguntas sobre la información personal, así como si se ha padecido alguna enfermedad o cometido algún delito. No obstante, solo es aplicable si se va a entrar en el país por aire, no para cuando se hace por mar o, como era nuestro caso, por tierra.

Para el seguro finalmente nos decantamos por el Estrella Premium de IATI con 200.000€ de coberturas médicas e indemnización por robo y daño de equipaje a 2.500€ por persona. Comparar seguros también es un quebradero de cabeza, así que hay que cotejar bastante bien las coberturas. Además, conviene saber si en caso de consultas médicas adelantan el dinero o tienen un teléfono de contacto realmente accesible, puesto que en caso de necesitarlo, lo que quieres es que el problema se solucione lo antes posible, no estar además luchando por los reembolsos.

En Estados Unidos mejor no jugársela, ya que no cuenta cobertura universal y una simple consulta médica puede llegar incluso a mil dólares. Si bien es cierto que Obama llegó con su programa del Obamacare con una intención de un sistema de salud casi universal, con Trump se ha retrocedido de nuevo.

A última hora concretamos el tema monetario. En otras ocasiones cuando hemos viajado a EEUU hemos cambiado Dólares, pero esta vez decidimos combinar efectivo con tarjeta. Tanto EEUU como Canadá son países en los que se mueve prácticamente todo vía plástico, pero siempre hay excepciones, claro, así que, por si acaso, mejor llevar papel.

Cambiar no nos salía rentable ni con Euros ni con Libras; y aunque nuestro banco en retirada en cajero extranjero solo nos cobra 2€, independientemente de la cantidad, esta vez queríamos probar un nuevo método: las tarjetas monedero. Por un lado mi hermano se sacó un par de ellas la de Revolut y la de Monzo, por otro, yo elegí Revolut y Bnext.

La de Revolut es una tarjeta MasterCard Contactless permite comprar en más de 130 divisas sin comisiones. Para darse de alta tan solo hay que descargarse la App, crearse una cuenta y solicitar la tarjeta. Puede ser virtual o física. En este último caso cuesta unos 6€ y llega en unos 10 días (o 20€ si eliges el envío exprés en 3). Una vez recibida solamente hay que cargarle la cantidad deseada, activarla y a funcionar. No solo permite pagar en el extranjero, sino que además se puede retirar efectivo sin coste adicional en cajeros de todo el mundo; enviar transferencias tanto nacionales como internacionales de forma gratuita (ojo a esto) y recibir o intercambiar hasta 25 divisas al tipo interbancario (el mejor que hay) y sin comisiones.

Las condiciones pintaban bien, ya que nos podría servir tanto para pagar como para sacar en cajero. Aunque a priori tenía una pega, pues una vez que has sacado más de 200€ en un mismo mes (ojo que no es natural, sino que cuenta desde la fecha del alta), se aplica un 2% de comisión. Al ser un viaje largo, estimábamos que íbamos a sacar algo más, pero como al llevar dos, teníamos un poco de maniobra para disponer al menos de 400€ sin comisiones.

Por su parte, la de Monzo pertenece a un banco que solo opera en Reino Unido y aplica el cambio de MasterCard (cercano al de BCE, que es algo peor al de Revolut). Funciona de forma similar a la anterior, pero con la ventaja de que no cobra comisión alguna al sacar de cajero independientemente de la cantidad (aunque tiene una limitación de $325 diarios) y se puede usar en todo el mundo.

Bnext es una empresa española fundada por dos extrabajadores de BBVA e ING. En vez de MasterCard, es VISA (así que aplica su cambio, que es un poco peor que el interbancario).

Es muy similar a las anteriores y permite realizar un gasto máximo de 2.000€ al mes en comercios internacionales con divisa diferente al Euro, así como sacar hasta 500€ al mes sin comisiones (a partir de dicha cantidad aplican el 1.4%). También se pueden realizar transferencia con ellas y a diferencia de la de Revolut, su envío es gratuito. Así pues, esperábamos poder funcionar durante toda nuestra estancia con estas tres opciones .

Por último nos quedaba solucionar el asunto de las comunicaciones. Cuando viajas con coche es aconsejable llevar una tarifa de voz por lo que pudiera pasar, pero además, es casi imprescindible contar con una de datos, pues la tecnología hoy en día nos hace ahorrar mucho tiempo. En primer lugar teníamos la opción de contratar el servicio de Roaming con nuestras respectivas compañías. Para nada rentable y totalmente descartado.

En segundo lugar, comprar una tarjeta SIM de prepago en destino. En 2012 nos hicimos con una de $10 en San Francisco para poder comunicarnos con nuestra prima y por si necesitábamos contactar con algún alojamiento, modificar alguna reserva o por si pasara algo con el coche. En Escocia, cuando aún no se había eliminado el Roaming, elegimos GiffGaff, pues era mucho más rentable que cualquier tarifa aplicada a nuestras líneas. El problema es que esta vez visitábamos dos países, por lo que necesitaríamos una para Estados Unidos y otra para Canadá.

Nuestra tercera opción era una tarjeta prepago en España con Teleway. La compañía te manda dos números: uno del destino para que las llamadas sean locales y uno virtual para transferir las del número español. Tiene llamadas ilimitadas y 4Gb de datos. Sin embargo, esto solo es válido en Estados Unidos y el precio de la tarifa más barata eran 60€ por 10 días. Así que ni nos servía, porque había que considerar una segunda cuestión, y es que entre nuestra visita a Chicago y la vuelta a Boston pasarían esos 10 días, con lo que ya tendríamos que elegir una superior. Más cara, claro.

Nuestra cuarta alternativa era comprar una tarjeta prepago de Vodafone con la Tarifa Yuser de 10€. Pero seguíamos con el problema de que solo nos servía para Estados Unidos.

Además de las opciones de tarjeta, valoramos comprar un router con tarjeta prepago de datos, pero también quedó descartado ya que quedan fuera las llamadas.

Así pues, teníamos una gran indecisión al respecto. Pero tras mucho investigar, encontramos en Amazon una tarjeta de T-Mobile válida en Estados Unidos y con Roaming para Canadá y México.

Tampoco era especialmente barata, pues eran 40€ para 15 días, pero sin duda era la mejor opción. No solo incluía llamadas y SMS ilimitados, sino que además también datos ilimitados en EEUU y 5Gb de Roaming en Canadá. Así pues, por fin encontramos una alternativa que sirviera para ambos países. Y, aunque había una más barata (33€), tenía el límite de datos en 5Gb, algo que no jugaba a nuestro favor, pues pretendíamos hacer uso del Tethering y dar WiFi a varios dispositivos.

Y finalmente, con todo zanjado quedaba preparar las maletas. Esta vez no era tan fácil como en las escapadas anteriores que habíamos viajado ligeros de y con ropa de verano o entretiempo. Ya había llegado la primavera, sí, pero solo un par de semanas antes estaban teniendo temperaturas bastantes bajas, incluso con nieve.

Y es que el clima en Canadá puede ser frío a finales de abril y principios de mayo. Chicago por su parte tiene fama como la ciudad del viento, así que no podía faltar una buena chaqueta y un calzado que abrigaran bien. Además, parecía que estaba siendo el abril más frío en los últimos 137 años… Por lo demás, ropa cómoda para estar todo el día en la calle. Como siempre en estos viajes largos, opto por llevarme aquellas prendas que ya están algo más desgastadas o viejas por si tengo que ir liberando espacio. Y lo justo de productos de higiene, ya que para 17 días hay productos como la pasta de dientes que trae más a cuenta comprar en destino y compartir entre todos. Además, casi todos los hoteles y apartamentos hoy en día tienen gel y champú. Salvo que tengas unas necesidades específicas o una predilección por alguna marca en concreto, es preferible o usar el que te encuentras el alojamiento, o comprar un bote para compartir en lugar de ocupar espacio desde casa (y arriesgarte a que se pueda abrir en la maleta).

Por supuesto, no pueden faltar ordenador, cámara de fotos, tarjetas de memoria, cargadores, cables de carga…. y un adaptador. No hay que olvidar que tanto en Estados Unidos como en Canadá usan otro tipo de enchufes.

Y algo que es totalmente imprescindible: las ganas de viajar. ¡Allá vamos!

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá II: Alquiler de coche y Alojamientos

Durante el mes de noviembre, ya a la vuelta del crucero, nos centramos en concretar la ruta, valorar los días de coche, las paradas y en repartirnos la búsqueda de información. Recuerdo que así había quedado nuestro itinerario.

Ya en diciembre comenzamos a buscar alojamiento. Empezamos por Chicago, nuestra primera parada. Aunque comparamos la opción hotel vs apartamento, finalmente, para mayor comodidad, decidimos quedarnos con la segunda opción y así contar con cocina y más espacio para organizar el equipaje.

Asimismo reservamos una noche de hotel en London, una población próxima a las Cataratas del Niágara, pues ya con la planificación de la ruta vimos que ir de Chicago hasta Niágara del tirón en un mismo día (teniendo que pasar además los trámites de la frontera) iba a ser demasiado.

También en diciembre realizamos una comparativa entre diferentes empresas de alquiler de coche. Toda una odisea. No todas nos cubrían lo mismo, por lo que hubo que desgranar el tipo de seguro que ofrecían, el extra que cobraban por devolver en una ciudad diferente a la de la recogida, si nos incluía un segundo conductor en el contrato…

En el viaje por la Costa Oeste con el Jeep Compass fuimos un pelín justos de equipaje. Y aunque esta vez somos más experimentados y viajamos con menos trastos, al final nos íbamos a juntar al menos con una maleta grande, tres medianas, tres pequeñas y varias mochilas. Así pues, como la diferencia de precio de un SUV pequeño a uno grande no era mucha y sí que suponía un importante aumento de la capacidad del maletero, decidimos plantearnos el siguiente segmento: el Chevrolet Captiva o Ford Edge.

En determinado momento valoramos el alquilar uno de 7 plazas, porque salía incluso más barato. Pero suponía llevar un tanque y sin bandeja que tapara el maletero.

Ya en enero fuimos cerrando el resto de alojamientos. En algunas ciudades elegimos hotel con habitaciones cuádruples que, si te organizas, son una muy buena opción, pues salen muy bien de precio. Pero en otras tuvimos que buscar apartamentos, ya que era más económico y había más variedad donde elegir.

Lo más complejo fue Boston, ya que es extremadamente cara. No solo por ser una gran ciudad, sino porque el hecho de contar con 4 universidades hace que el alojamiento esté muy cotizado.

Al final, el resultado (sin buscarlo) fue una alternancia equilibrada de hoteles y apartamentos. En las grandes ciudades fue más sencillo encontrar apartamento, y en las pequeñas, hoteles:

– En Chicago, apartamento

– En London, hotel: Days Inn London, London

– En Toronto, apartamento

– En Ottawa, hotel: Econo Lodge Downtown

– En Montreal, apartamento

– En Merrimack, hotel: Quality Inn Nashua

– En Boston, apartamento

A la vez que buscábamos alojamiento, íbamos configurando nuestro itinerario, los puntos de interés en cada ciudad y la ruta que haríamos allí.

A principios de febrero cerramos por fin el tema del coche. Nos decantamos finalmente por el Ford Egde en Avis. Gracias al programa de partners de British Airways a mi hermano le salía mejor que directamente con Avis y además nos incluía un segundo conductor, algo que no ofertaba directamente la empresa de alquiler.

En nuestro anterior viaje no tuvimos problema con los conductores adicionales, ya que en el California está incluido, independientemente de que cambies de estado. En este caso habría que haberlo pagado aparte, aunque en el Estado de Illinois parece que el cónyuge o compañero residente en el mismo domicilio (supongo que para parejas homosexuales que no se pueden casar) están automáticamente incluidos en el alquiler como conductor adicional.

En el caso de extranjeros no sé muy bien cómo lo harán, porque una no va con el certificado de matrimonio traducido en la maleta. Y tampoco se cambia los apellidos… De hecho, según su lógica mi hermano y yo podríamos haber sido cónyuges al compartir apellidos. No sería la primera vez que nos han registrado mal en un hotel al ver los pasaportes.

El seguro de base, el LDW (Loss Damage Waiver) nos incluía los daños por accidente, los de los cristales, objetos robados (radio, batería, etc), vandalismo y robo del coche.

Para conducir en el extranjero es necesario llevar un permiso especial que emiten en la DGT. El permiso internacional de conducción ya nos lo sacamos en 2012 y no lo usamos, pero como nunca se sabe, yo preferí asegurar. Según me dijo el señor de la DGT, lo normal es que en la oficina de alquiler no te lo pidan, pero en caso de que te pare algún oficial, seguramente sí que te lo requieran.

El trámite no es muy complicado. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto.

En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Así con este trámite, llegados a marzo, podríamos decir que estaba toda la planificación prácticamente completa. Tan solo nos quedaba preparar la documentación, las divisas y las telecomunicaciones.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá: Itinerario y Vuelos

Si algo nos quedó claro en 2012 tras hacer el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos fue que la primera quincena de mayo es un filón para los que tenemos los festivos de Madrid. El 1 de Mayo es el Día del Trabajo, que se une al día 2, el de la Comunidad. Pero es que el 15 es San Isidro, fiesta local de Madrid Capital. Así pues, en el mejor de los casos, juntando ambos puentes podemos conseguir 17 días de vacaciones gastando tan solo 8.

Ese escenario se dio en 2017, cuando el 1 y el 15 cayeron el lunes. Si hubiéramos comenzado las vacaciones el sábado 29 de abril y terminado el 15 de mayo, habríamos tenido esos 17 días a los que me refiero. Sin embargo, al surgir el viaje Bombay a finales de marzo – principios de abril, la posibilidad de aprovechar esos días se pospuso a 2018. En este caso, en lugar de 8 días, gastábamos 9, pero también tendríamos 18 días de vacaciones en lugar de 17: del 28 de abril al 15 de mayo.

Y claro, cuando consigues tantos días de vacaciones, ¿dónde te vas? Pues a un destino que se tarde en llegar, de esos que quedan vetados cuando se dispone de una escapada más corta. En nuestro caso estaba sencillo, pues llevábamos 6 años con la idea de otro Road Trip por Norteamérica.

Al principio no teníamos fijada la ruta. Nos habíamos quedado con ganas de visitar Yellowstone, que se podría unir con las Rocosas, Seattle e incluso Vancouver. Pero también nos quedaba mucho por ver en la Costa Este. Incluso el sur con Texas, Luisiana y Misisipi. Pero con el pasar de los años se fue concretando algo más y se fue instalando la idea de recorrer la Costa Este de Canadá.

En el viaje de 2012 viajamos 4: mi hermano, mi prima, mi pareja y yo. Para esta nueva aventura todo apuntaba a que íbamos a repetir integrantes, pero sumando a mi cuñada y a dos primos más. Empezábamos a plantearnos el alquilar una furgoneta, porque si 4 fuimos un poco apretados con las maletas en un Jeep Compass, 7 personas más su equipaje se antojaba complicado aunque nos decantásemos por un todoterreno XL.

Pero como suele pasar en estos viajes, con el devenir de los meses los primos fueron descolgándose, sobre todo por la imposibilidad de pedir los días de vacaciones en esas fechas. Así que volvimos a ser 4, esta vez cambiando a prima por cuñada. Es decir, repetiríamos los mismos del viaje a Bombay.

Dado que ellos viven en Escocia y nosotros en Madrid, cada uno se buscó sus vuelos y nos uniríamos en nuestra primera parada. Para saber cuál iba a ser nuestro punto de partida y fin, como siempre, nos fijamos en los vuelos. Había que saber si nos interesaba volar lo más al oeste posible y terminar en el este. O al revés, empezar cerca de la costa y adentrarnos en el continente.

Y ganó ida a Chicago y vuelta a Boston. ¿Pero no íbamos a ir a Canadá? Pues sí, pero era más barato volar a Estados Unidos, y como no habíamos estado en ninguna de las dos ciudades, pues nos daba un poco igual. Así que después de varias deliberaciones sobre cuántos días dedicar a cada ciudad e intentar no comernos muchos kilómetros diarios con el coche, el itinerario quedó así:

28/04 Vuelo a Chicago
29/04 Chicago (Parte I, Parte II y Parte III)
30/04 Chicago (Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV y Parte V)
01/05 Chicago – London
02/05 London – Niágara – Toronto (Parte IParte II y Parte III)
03/05 Toronto (Parte I y Parte II)
04/05 Toronto (Parte I, Parte II y Parte III)
05/05 Toronto – Ottawa (Parte I y Parte II)
06/05 Ottawa – Montreal  (Parte I y Parte II)
07/05 Montreal – Quebec (Parte I, Parte II y Parte III) – Montreal
08/05 Montreal (Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV y Parte V)
09/05 Montreal – Merrimack
10/05 Merrimack – Boston (Visita a Harvard)
11/05 Boston (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
12/05 Boston
13/05 Boston
14/05 Vuelo desde Boston
15/05 Llegada a Madrid.

A finales de octubre, ocho días antes de irnos de crucero, compramos los vuelos (de nuevo programando un viaje sin haber empezado otro). Llevábamos tiempo haciendo un seguimiento a las diferentes posibilidades Madrid – Chicago y Boston – Madrid. Algunas directas, otras con escala.

En julio rondaban los 600-700€ con Iberia, Brussels Airlines, KLM y AirEuropa, y despuntaba uno por 523€ de Aer Lingus.

En septiembre el vuelo de Iberia (directo) estaba a 604€, es decir, aunque había ligeros movimientos, seguíamos en esa franja de 600-700€.

Por su parte, el vuelo de Aer Lingus (con escala) también se mantenía.

Para octubre cuando fuimos a comprar los vuelos, teníamos dos opciones:

1. Volar directos con Iberia por 650€ (En la ida salida 11:35 y llegada a las 14:00 y en la vuelta 17:35 y llegada a las 6:25).
2. Hacer escala en Dublín con Aer Lingus por 525€ (En la ida salida 10:35 y llegada a las 18:15 con una escala de 3h 30 y en la vuelta 15:50 y llegada a las 9:55).

Comparando horarios, el de ida de Iberia no estaba mal, pues suponía llegar a media tarde. Pero en realidad es engañoso, porque ese día lo pierdes igual entre el cansancio y el jet lag, así que aunque tengas la tarde por delante, no da mucho de sí. Además, nuestros compañeros escoceses tenían su vuelo de llegada a las 18:40, con lo que el de Aer Lingus parecía ser mejor opción.

Con la vuelta pasaba algo similar. Y es que aunque el de Iberia salía por la tarde, la mañana no se puede aprovechar realmente. En primer lugar porque el alojamiento seguramente ha de quedar libre entre las 10-12. Y por otro lado, porque para volar a las 17:35 habría que estar en el aeropuerto a las 15h como tarde. Además hay que tener en cuenta el tiempo que se tarda en llegar. Al final, día perdido. Y sí, llegaba antes a Madrid, pero recuerdo llegar de Nueva York a las 8 de la mañana y pasar una larga jornada en la que me dormía por las esquinas como consecuencia del jet lag.

El de Aer Lingus al salir después de comer, nos permitiría ir más de seguido. Esto es, abandonar el alojamiento, tomar el transporte al aeropuerto y llegar justo para facturar, comer, pasar controles y embarcar. Y en lugar de llegar a Madrid a las 6:25, ya serían casi las 10. No es mucha diferencia, pero ya te pones casi en media mañana y a la que tengas que hacer la compra y deshacer maletas, se te ha ido la tarde y vuelves ya al ciclo normal de sueño. Aunque tengas que acostarte un par de horas antes de lo normal.

Por otro lado estaba el tema económico. La elección radicaba en volar directos o hacer escala y ahorrarnos 125€ por persona (que no es poco).

Pero había un tercer factor que nos terminó de inclinar la balanza: la peculiaridad de la escala de Dublín. Resulta que este aeropuerto cuenta con instalaciones del US Custom and Border Protection (CBP o US Preclearance), por lo que se pueden realizar los trámites de inmigración, aduanas y agricultura antes de embarcar con destino Estados Unidos. Como consecuencia, al llegar a territorio estadounidense se hace como vuelo doméstico. Además, las maletas viajan directamente a destino, por lo que no te tienes que preocupar de recogerlas en la escala.

Así pues, aunque siempre parece más cómodo un vuelo directo, considerando estos tres factores, ganó la opción de Aer Lingus.

Y con el descanso de tener ya el itinerario concretado y los vuelos comprados, pasamos a la siguiente fase, que no era tampoco fácil y requería de su tiempo para una preparación adecuada.

De momento lo dejamos aquí (y nos fuimos de crucero).