De visita por Londres. Día 3. De Mercados y Oxford

El viernes fue un día rompepiernas, de esos de no parar de andar, además, nos estaba haciendo una temperatura algo extraña en Londres: 25º y solazo. Pero no pudo con nosotros y ahí estábamos el sábado ávidos de más sitios por ver.

Comenzamos por Notting Hill para dar un paseo por el mercado de Portobello, con sus antigüedades, sus frutas, verduras, esa ropa de segunda mano que se va sola a la lavadora… Todo muy peculiar.

Desde allí, cogimos el tren dirección a Oxford, que está a una hora. La ida fue algo incómoda, pues era un tren corto e iba plagado de gente que o bien iba a Oxford, o a pueblos intermedios para cambiar a otras líneas. Como el metro en hora punta: sardinas en lata.

Y Oxford no estaba menos lleno. Coincidió con el fin de semana de la graduación y estaba lleno de familias, y de los gradados con sus túnicas (largas y cortas). La mayoría de ellos llevaban una tajada interesante, habían perdido prendas, o se tiraban al río vestidos.

La ciudad es pequeña, pero plagada de edificios pintorescos, la mayoría de ellos colleges o pertenecientes a la universidad.

 

Se ve tranquilamente en una mañana y tras recorrerla, paramos a comer en un restaurante italiano y después emprender la vuelta a Londres.

Esta vez bastante más cómodos puesto que el tren era largo. Volvimos los seis solos en un vagón. Menuda diferencia.

Ya en Londres, pasamos por el 221b de Baker Street, la casa de Sherlock, donde puedes hacerte una foto con gorrito y todo.

Y de un personaje de ficción, a otro, en King Cross – St Pancras (que de por sí merece una visita a la estación en sí)

Allí encontramos el andén 9 3/4 de Harry Potter con su carro de maletas empotrado en la pared. También puedes hacerte una foto mientras un amable señor te pone una bufanda y la sujeta en el aire para dar sensación de movimiento. Vaya cola había para posar…

Finalizamos el día paseando por Camden y sus peculiares tiendas.

Según llegas en metro tienes una calle llena de comercios con unas fachadas que llaman más la atención que las propias tiendas, y ya es decir.

Si tienes una forma de vestir peculiar, o perteneces a alguna tribu urbana, es tu sitio. Ahí encontrarás de todo.

Y no sólo en ropa o complementos, también es un mercado al que ir para comprar algo de comida para llevar y acercarse al río a comerlo tranquilamente.

Unos establos reconvertidos en mercado dándoles vida y movimiento. Todo un acierto, porque además, hay estatuas que recuerdan los orígenes del recinto.

Y con esto finalizamos la visita turística del día, y prácticamente del viaje.