La voz más alta

Roger Ailes está de moda. En diciembre de 2019 se estrenó en los cines El escándalo (Bombshell), que narraba la historia de la caída del magnate empresarial desde el punto de vista de las más de 20 trabajadoras que presentaron sendas demandas de acoso sexual contra él. Un poco antes, en los meses de julio y agosto, Showtime había estado emitiendo La voz más alta (The Loudest Voice), una miniserie de 7 episodios basada en el libro The Loudest Voice in the Room del periodista del New York Magazine Gabriel Sherman, que también estaba centrado en este siniestro personaje.

Desde la publicación del libro en 2014 había habido interés en llevar la historia a la televisión, sin embargo, no fue hasta 2017, cuando murió Ailes, que el proyecto pasó a verse como una realidad (supongo que desapareció de la ecuación el temor a una demanda) con Tom McCarthy a la cabeza, todo un experto en narrar historias reales (The Wire, Spotlight, Por trece razones).

Mientras que la película se centraba en la perspectiva de las mujeres que sufrieron los abusos de Ailes, The Loudest Voice lo hace en la carrera del magnate. La serie arranca con su muerte a los 77 años por hematoma subdural para después retroceder hasta 1995, momento en que fue despedido de la cadena de noticias CNBC y se pasó a la competencia creando el canal de noticias Fox News, una plataforma a su medida para difundir sus ideas ultraconservadoras. Así, durante el primer capítulo se narran los meses previos al lanzamiento del canal. Este primer episodio sirve tanto para conocer el contexto histórico, económico e informativo del país, como para introducir a los personajes que rodeaban a Ailes. Y gracias a su ritmo y a un clima de expectación consigue mantener al espectador pegado a la pantalla.

A partir de ahí, cada uno de los episodios reconstruirá una fecha concreta en la vida del protagonista entre la llegada al canal de Murdoch en 1995 y su fulminante destitución tras las denuncias por abuso sexual en 2016. En algunas ocasiones se tratará de momentos importantes a nivel personal mientras que en otras lo será a nivel profesional. Aunque también es cierto que muchas veces ambas facetas irán de la mano. Como consecuencia de la selección de estos hitos, quedará reflejada tanto la política de Estados Unidos como la internacional (11S, llegada de Obama al poder, la campaña de Trump…) y el tratamiento informativo que le dio la Fox News.

El reparto de la serie está lleno de actores de renombre, aunque la mayoría del elenco aparece casi irreconocible bajo la caracterización por la que han pasado para parecerse a las personas reales que interpretan. Rossell Crowe es el encargado de meterse en la piel de Roger Ailes, un hombre que desprecia profundamente a las mujeres y las trata como objetos. Y, aunque no conozco al personaje original, lo cierto es que el actor consigue provocar toda la repugnancia y desprecio posibles hacia este empresario machista, egoísta y sin escrúpulos. Se come la pantalla y logra que todo gire en torno a él.

También está irreconocible Sienna Miller, que se mete en el papel de Beth Tilson, la esposa del magnate. Ambos se conocieron en la CNBC, donde trabajaron juntos, aunque pronto abandonaría su carrera profesional para convertirse en ama de casa y ejercer de madre del hijo que tuvieron en común. Con la misma mentalidad católica y conservadora que Ailes, es el paradigma de la servicial y amante esposa, siempre mostrando apoyo sin fisuras a su marido. Completan el reparto Naomi Watts como Gretchen Carlson, quien destapó todo el sistema de abuso tras ser despedida, Annabelle Wallis como Laurie Luhn, la primera trabajadora que fue acosada sexualmente por Ailes, Seth McFarlane como Brian Lewis, director de la cadena y  Simon McBurney como Murdoch.

The Loudest Voice atrapa gracias a sus diálogos claros e inteligentes en los que obvia la terminología técnica. El hecho de no conocer a los personajes reales no impide disfrutar de ella, ya que, abusos sexuales aparte (quedan en un plano muy secundario en la serie), en el fondo sirve para entender los entresijos de la política informativa de las grandes cadenas. Es un decálogo de la manipulación de los medios de comunicación y de cómo la audiencia está por encima de todo, incluso de la veracidad de la información. Una serie de máxima actualidad en todos sus aspectos.

Spotlight

En 2002 un equipo de reporteros de Spotlight, la sección de investigación del periódico estadounidense The Boston Globe, publicó un reportaje en el que se desenmascaraba un escalofriante número de abusos sexuales continuados durante cuatro décadas y encubiertos por la Iglesia Católica de la ciudad. Este trabajo fue premiado con el Premio Pulitzer al servicio Público en 2003 e inspiró a Tom McCarthy (The Wire, La voz más alta), quien decidió llevar la historia a la gran pantalla en 2015.

Spotlight reivindica la rigurosidad periodística, un periodismo que no entiende de urgencias sensacionalistas ni de clickbaits. Ese en el que interesa más el cómo que el qué, quién, cuándo y dónde. La película apuesta por tomar distancia para transmitir objetividad huyendo del sensacionalismo o del melodrama sentimental. Lo interesante es contar los hechos, por eso no se pierde en presentar a los personajes más allá de lo que a su trabajo se refiere. Las motivaciones que pudieran tener o su vida privada son totalmente irrelevantes, aquí la protagonista absoluta es la historia de la pederastia.

El filme no se pierde en subtramas, sino que va revelando poco a poco las piezas del escándalo creando una tensión que mantiene al espectador en vilo durante todo su metraje. Se centra en cómo trabajaban los periodistas para llegar a la noticia, cómo revisaban las hemerotecas o las sentencias en juzgados, cómo contrastaban las fuentes entrevistando a varias personas, las dudas que se planteaban antes de publicar nada… Recuerda en este aspecto a The Newsroomaunque es mucho más pausada. No tiene ese ritmo vertiginoso de los guiones de Sorkin.

Spotlight defiende ese periodismo que busca la verdad pero también deja un recado a esos profesionales que, pese a tener los datos ante sus narices, los han pasado por alto. Y esta crítica podría ser extendible a la sociedad que no supo ver esos abusos ocurridos durante décadas. Porque no fue un caso ni dos, sino que el reportaje destapó que estaban implicados casi 250 sacerdotes (aparte de toda la cúpula que los tapó). Es todo un referente en lo que a su género se refiere. Y lo es por la historia que cuenta, por el mensaje que transmite y cómo lo hace, por el ritmo y su estructura, por un reparto plagado de grandes estrellas, así como por el reflejo de una profesión y de una sociedad. Una cinta digna de todas las facultades de Ciencias de la Información.

Serie Terminada: Good Girls Revolt

En 1964 fue promulgada en Estados Unidos la Ley de Derechos Civiles. Sin embargo, para finales de la década aún quedaba mucho por hacer. En Newsweek, una revista semanal, las mujeres no podían ejercer como reporteras. Bueno, ejercer, ejercían, pero no eran reconocidas.

La gota que colmó el vaso fue el reportaje en portada Women in Revolt. Aunque había en la redacción suficientes mujeres que podrían haberlo escrito, se contrató a una periodista freelance para que aportara la mirada femenina sobre las marchas feministas. Un grupo de trabajadoras se organizaron y presentaron una demanda por discriminación sexista ante la Federal Equal Employment Opportunity Commission. Una de esas mujeres fue Lynn Povich, quien en 2012 escribió el libro How the Women of Newsweek Sued their Bosses and Changed the Workplace.

Para finales de 1975, las mujeres escribían un tercio de los reportajes. A su vez, había una tercera parte de investigadores que eran hombres. Lynn Povich acabó convirtiéndose en la primera mujer que alcanzó el puesto de editora jefe.

En 2015 Dana Calvo adaptó el libro de Povich a serie. Así, Good Girls Revolt se inspira en esa rebelión de aquellas mujeres que hacían todo el trabajo de campo de los reportajes: buscaban los contactos y realizaban las tareas de investigación, documentación y archivo. Después, aportaban todo el material recopilado a sus compañeros, quienes redactaban, firmaban el artículo y se llevaban todo el mérito. Ellas por su parte se llevaban un “gracias” y una palmadita en la espalda (como mucho). Ellas eran investigadoras, ellos reporteros. Y la distinción no iba solo en el puesto, también en el sueldo. El famoso techo de cristal.

Mientras las mujeres protagonistas van descubriendo su identidad y la desigualdad con la que viven en el ámbito profesional y personal, la serie recoge todo un contexto histórico marcado por las revoluciones por los derechos civiles de los afroamericanos y la guerra de Vietnam.

Hace una muy buena recreación de una época por medio de la escenografía, la música y el vestuario. Todo nos transporta a aquellos años 60 y los protagonistas sirven para crear un fiel retrato de aquel ambiente sexista de la época. Los hombres visten elegantes, son tipos seguros de sí mismos, ambiciosos y que beben whisky. El paradigma del señor misógino es el editor, un hombre conservador que no es capaz de aceptar los cambios sociales. Aunque el director de la revista parece más abierto (también es algo más joven) y percibe que la sociedad está cambiando, a la hora de la verdad, no termina de aplicarlo en su terreno.

Por su parte, las mujeres son jóvenes apocadas, dulces, calladas, con pasión por su trabajo y que viven continuamente a la sombra de sus compañeros. Good Girls Revolt presenta tres tipos de mujer de la época encarnados en el trío protagonista.

En primer lugar está Patti Robinson, la típica hippie. Tiene buen olfato periodístico y quiere ser escritora. Es independiente y su forma de pensar choca con la de su familia. Por ejemplo, uno de sus conflictos es que no entiende cómo su hermana con lo joven que es está dispuesta a dejar todos sus sueños de lado por casarse con un chico que está a punto de irse a la guerra.

Por otro lado está Cindy Reston, que representa la apocada mujer que se casó joven y cuyo marido, que aún está estudiando, espera que se quede embarazada pronto (tanto que manipula sus anticonceptivos) y deje de trabajar. Así pues, no solo ve cómo en el trabajo se ve relegada a segundona, sino que descubre que su marido no la toma en serio.

La última de las tres protagonistas es Jane Hollander, que viene de clase alta. Ella es conservadora, y sí que ve su puesto como algo temporal, pues a lo que aspira realmente es a casarse con un hombre que esté bien colocado y entonces dejar de trabajar. Sin embargo, a medida que avanza la temporada, hay un despertar en su conciencia y no solo se une a las reivindicaciones, sino que acaba encabezándolas.

Los 10 capítulos de los que consta la temporada transcurren desde que la chica nueva, Nora, empieza a cuestionar el hecho de que las mujeres no puedan escribir y firmar sus artículos hasta que las protagonistas ponen la demanda. Entre tanto, vemos cómo se desarrolla la evolución de cada uno de los personajes. Es verdad que hasta mitad de la temporada no comienza a asentarse la historia y a gestarse la reivindicación, pero parece necesario para plantear tanto el contexto histórico como el particular de la redacción y darnos a conocer a los personajes. No todas las protagonistas llevan el mismo ritmo, sino que cada una lleva su propio despertar y su gestión de los conflictos, tanto con sus padres o parejas, como en el trabajo, como en la exploración/descubrimiento de su sexualidad.

Nora Ephron, esta chica nueva que planta la semilla y después se marcha a otra publicación, trabajó en la revista, sin embargo, lo hizo antes de esta rebelión. La creadora de la serie se permite la licencia de convertirla en detonante. Ephron es una reconocida escritora y cineasta. Entre sus creaciones se encuentran Cuando Harry conoció a Sally o Tienes un E-Mail.

La primera temporada deja con ganas de más, de ver cómo se explorará el cambio del rol de mujer una vez que las protagonistas han puesto la demanda. Sin embargo, nos quedamos sin saber cómo podría haber sido, ya que la serie fue cancelada. Al parecer, cuando Dana Calvo se reunió con Roy Price (el productor ejecutivo encargado de la renovación) para plantearle las líneas argumentales de la segunda temporada descubrió que este tenía poco interés en Good Girls Revolt y que ni siquiera la había visto. Al día siguiente de esa reunión, y apenas un mes desde que Amazon publicó la temporada completa, fue cancelada. Casualmente Price tuvo que dimitir en octubre de 2017 como jefe de Amazon Studios tras ser apartado por haber sido denunciado por acoso sexual. Así que parece evidente porqué no quería renovar una serie con reivindicaciones feministas.

Los integrantes de la serie (tanto delante como detrás de las cámaras) hicieron campaña para ver si alguna otra cadena o plataforma compraba la segunda temporada, pero tras varias negociaciones, finalmente no va a tener continuidad. Y es una pena, porque la serie tenía recorrido, y más en una época en la que las reivindicaciones por la igualdad laboral y salarial están de candente actualidad. Sí, las mujeres pueden escribir y firmar noticias, pero pocas llegan a ser directoras, a estar en los consejos de redacción. Y esto influye en la perspectiva que se da de la información y en el tipo de contenidos que se consumen. Aunque por supuesto, esto no solo se reduce al ámbito periodístico. Muchas series como Good Girls Revolt hacen falta.

Serie Terminada: The Newsroom

Aprovechando las vacaciones navideñas, y después de una serie larga como Hijos de la Anarquía, hemos visto The Newsroom, la serie de Aaron Sorkin centrada en la redacción de un programa de noticias de una cadena de televisión por cable. Muestra los entresijos de un informativo y de la cadena en que se emite (Atlantis Cable News).

La serie arranca con el periodista y presentador Will McAvoy que ha entrado en el bucle de unas noticias que solo muestran los intereses empresariales olvidando contar lo que sucede en realidad. Cuando vuelve de vacaciones, su jefe ha iniciado un cambio de rumbo contratando a una nueva productora ejecutiva, Mackenzie MacHale (que resulta ser su ex-novia). Mac viene con muchos cambios, para empezar, con Jim Harper, su editor jefe, un joven periodista aunque con los valores del periodismo tradicional; y para continuar con un lavado de cara a la hora de tratar las noticias. Intentará recuperar un estilo en el que prime la ética periodística y no esté condicionado por la dictadura de las audiencias dejando de lado el morbo. Así surge Noticias Noche 2.0., un programa cuyo único y exclusivo objetivo es dar las noticias.

Sin embargo, este nuevo proyecto no será sencillo, puesto que ante todo, ACN es una empresa, y para su presidenta el éxito está en los números y la gente con la que hace negocios. Así que Leona no ve con buenos ojos que se entre a criticar a según quién, ya que tiene intereses económicos que proteger y conexiones personales que mantener. Charlie Skinner será el encargado de mediar entre la redacción y la presidencia, que para algo es el impulsor de este giro y de la contratación de Mac. Estaba harto de la bazofia que emitían y quería volver a los orígenes del periodismo que se dedicaba a informar.

Pero además, el periodismo ha cambiado. Hoy en día la forma en que nos informamos no solo recae en los medios tradicionales como televisión o prensa escrita, sino que el mundo de internet ha abierto un mundo de posibilidades. Para eso está Neal Sampat, encargado de crear la web y de gestionar las redes sociales, aunque él quiere ser editor y buscará hacerse un hueco en la redacción.

Como productora está Maggie Jordan, recién llegada, que mantiene una relación y Don Keefer, que ocupaba el puesto de Mac antes de que esta llegara. Completando el equipo tenemos a Sloan Sabbith, la economista brillante de la cadena.

Todos ellos luchan por hacer un periodismo ético y de investigación que en realidad sabemos utópico, ya que hoy en día con los intereses corporativistas, es realmente complicado. Toda información está supeditada a la línea editorial de la cadena o grupo editorial, es decir, a las presiones empresariales, políticas y económicas de inversores o accionistas. Se le han dado bastantes palos a Sorkin porque lo que refleja en The Newsroom es irreal, pero creo que lo que ocurre es lo contrario: la serie es una bofetada a los medios de comunicación actuales. El cambio de rumbo que se lleva en la redacción es un ejemplo de lo que se debería esperar como espectador. Sin embargo, parece que nos hemos habituado a la telebasura y nos hemos inmunizado, aceptando que un programa de noticias parezca más uno de tele-realidad y autobombo corporativo. Así pues, en realidad, The Newsroom, no trata sobre periodistas, sobre las noticias, sino sobre los valores y la ética.

También hay mucha referencia política, hay que tener ciertos conocimientos sobre la política estadounidense para enterarse bien de todo lo que va ocurriendo en cada capítulo. Hay que prestar toda la atención posible, porque además los diálogos son abundantes y transcurren a gran velocidad, con mucho cambio de cámara, además. Nosotros vimos el piloto hace tiempo, nos gustó, y ahí se quedó almacenada lista para ver. Al retomar el segundo capítulo, tras venir de una serie algo más pausada, con música que acompaña los acontecimientos, de repente tanto cambio de plano, réplica y contrarréplica me volvió un poco loca. En ocasiones puedes perder una reflexión, alusión o referencia. Sin embargo, esta agilidad transmite ese caos que esperas en una redacción de noticias con gente trabajando a contrarreloj.

Me sentí atrapada desde el primer momento, por el argumento, por la agilidad de los diálogos, por la ambientación… Y es que el decorado es impresionante. Recrearon una redacción de verdad, lo que les permitía grabar un total. Aunque la cámara siguiera a un personaje, rápidamente podía cruzarse con otro y tener un cambio de cámara para seguir otra historia. Además, en un especial, los creadores de la serie explicaban que el informativo estaba grabado como si estuviera ocurriendo, es decir, si Will hacía una conexión, tenían al otro actor respondiendo, y no con vídeos ya grabados. De esta forma, el diálogo fluía mejor. Pero es que incluso los controles, las cámaras, los equipos eran de verdad. Todo un despliegue técnico. Jeff Daniels llegó incluso a comentar en una entrevista que si hubieran puesto una antena en el plató, podrían haber llegado a emitir.

Lo que no engancha tanto son los personajes. La mayor parte del peso cae sobre Will, que puede resultar fascinante y repelente a partes iguales con sus discursos adoctrinadores. Destaca por su facilidad de palabra, no en vano fue fiscal; pero a la vez puede ser cargante con tanta pedantería y condescendencia. Eso sí, gran trabajo el de Jeff Daniels y los monologazos que se marca.

Mackenzie es presentada como la mejor productora del mundo en el primer capítulo, una máquina en el sector que cualquier director de cadena se rifaría. Sin embargo, en el segundo lo que encontramos es una inepta que no sabe enviar un correo electrónico, no es capaz de manejar la blackberry y tiene ataques de histeria cada dos por tres. Se convierte en un cliché machista. Es una mujer insegura que no solo necesita aprobación constante de su ex, sino que además sigue siendo la malvada bruja que le puso los cuernos tres años antes y que ha de ser castigada día a día. Supongo que Sorkin quería partir de esa confrontación entre los dos personajes para que hubiera fricción en el trabajo en conjunto con su historia pasada, pero es una relación que sobra. Igual que una pedida de mano metida con calzador o ese embarazo como remate pasteloso de ese “Happy ever after“.

Pero si esta pareja no tiene sentido, el triángulo amoroso formado por Jim, Maggie y Don es desesperante y absurdo. Igual que cuando cambiamos a Don por Lisa o por Hallie. Demasiado metraje dedicado a un sinsentido. Y de nuevo, tenemos a una histérica (Maggie) que además sufre ataques de pánico y cuyo príncipe acude a su ayuda. Tanto Mac como Maggie orbitan alrededor de sus compañeros hombres (Will y Don/Jim respectivamente) quedándose en un segundo plano. En The Newsroom las mujeres meten la pata o dan vergüenza ajena. Solo se libra Sloan, y aún así ese carácter fuerte que muestra se desinfla cuando se pone en entredicho su profesionalidad por unas fotos en las que posó para un ex en un momento de su vida privada. Da igual que tenga una inteligencia por encima de la media, llegados a ese punto Sorkin vuelve a mostrarnos de nuevo una mujer insegura. Y en el momento en que se va acercando a Don, vemos más fisuras.

Las tres acaban teniendo algo en común, y es que necesitan que los hombres les ratifiquen que son buenas profesionales. Incluso Hallie rompe con Jim porque este no valora su trabajo periodístico. Lisa directamente no se considera lo suficientemente inteligente como para salir con él. En la serie los hombres son los sabios, los expertos, los que dan consejos, los que guían a sus compañeras. Quizá si se hubieran creado unos personajes sin relaciones sentimentales entre ellos, la serie habría ganado otro punto. Porque lo cierto es que tanto pasteleo dispersa de la trama.

Así pues, si no perdiéramos tanto tiempo en los romances de oficina, la serie habría sido más redonda pudiéndose centrar mejor en la vida detrás de un programa de noticias de actualidad. Ahí sí que el espectador se engancha más, puesto que además se tratan noticias reales y personas que existen. Sorkin eligió sucesos que tuvieron lugar en el país en un pasado reciente para contar cómo debería haber afrontado la cobertura de la información una redacción utópica que no se dejase llevar por otros intereses que contar los hechos. Quizá es un poco ventajista, puesto  que sabe cómo se van a desarrollar los acontecimientos, pero como decía al inicio, es la premisa sobre la que se sustenta la serie. Quizá lo que flojea es el poco trabajo de investigación que realizan los periodistas. Siempre obtienen la información en conocidos, amigos, familiares, un desconocido en el tren… Tremenda fortuna la de los personajes.

En la primera temporada se arranca con tres sucesos ocurridos en 2010: el vertido de petróleo de BP en el golfo de México, el ascenso del Tea Party en el inicio de las primarias del partido republicano y el  intento de asesinato contra la congresista Gabrielle Giffords.

En la segunda los personajes trabajan en la Operación Génova, en la que el gobierno de Obama habría usado gas sarín durante una intervención militar. El problema es que hay una cadena de errores y la noticia no es verdad, por lo que todo el equipo deberá rendir cuentas ante los abogados de la empresa y la credibilidad de la cadena se verá en entredicho.

La tercera temporada parte con el atentado en la maratón de Boston en abril de 2013. Demasiada información en las redes sociales y muy difícil de canalizar y verificar qué es real, qué especulación. Además, Neal se verá envuelto en un caso de filtración de información clasificada del gobierno que recuerda al caso Snowden. Y paralelamente la cadena es adquirida por un magnate que quiere convertir de nuevo ACN y el informativo en aquello por lo que los protagonistas llevan luchando dos años. Es una vuelta a los orígenes. Pruit, el nuevo jefe, quiere recuperar el morbo, incorporando además la participación ciudadana a través de las redes sociales sin filtrar ningún tipo de comentario. Lo que le interesa es el ruido, las audiencias. Esta temporada cuenta con tan solo 6 capítulos y es algo atropellada.

Una pena que solo tuviera tres temporadas, puesto que cada capítulo me mantenía enganchada y quería ver el siguiente. En realidad cada temporada era como una película larga, de un modo similar a lo que ocurre con 24 o Homeland. El hecho de que las historias fueran reales, hacía la trama más creíble, al menos te pone en situación. Y aunque hay cierto adoctrinamiento político con tanta inclinación demócrata y crítica a los republicanos, la serie tiene un buen ritmo con diálogos trepidantes y una gran puesta en escena con una magnífica realización. Mi mayor pega son los personajes y sus relaciones personales. Por lo demás, la serie en general es muy interesante y recomendable.