Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

 

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.

Japón por libre IV: Distribuir Kioto

Tras mucha lectura, mucha planificación, muchos quebraderos de cabeza, finalmente parecíamos tener un itinerario, pero con eso no estaba todo hecho, puesto que quedaba la distribución del tiempo en cada ciudad. Empecemos por Kioto.

Kioto fue la capital de Japón durante más de mil años. Hoy en día ha perdido esa capitalidad (desde 1868 que pasó a Tokio), pero es el centro religioso y artístico del país. La ciudad fue reducida varias veces a cenizas por terremotos, incendios y la guerra civil. Aún así, no es tan moderna como otras ciudades del país, sigue más ligada a otros siglos, a la naturaleza. Hay millones de templos, casas y barrios tradicionales. Es el Japón más típico, el de los templos, el de las geishas y samuráis.

La mejor forma de intentar abarcar todo Kioto es dedicándole, al menos, tres días. De esta forma, dividiríamos la ciudad en zona Este, Zona Oeste y zona Centro.

Mapa Kioto

– En la zona Este están la mayoría de los templos, entre ellos el Ginkakuji o el Kiyomizudera.

– En la zona Oeste hay otros templos principales como el Kinkakuji o el Ryoanji.

– En la zona centro destacan el castillo Nijo y el templo Sanjusangendo.

Dado que la mayoría de los templos cierran a las 5 de la tarde (sobre la puesta del sol), hay que aprovechar bien el día madrugando bastante para no encontrar mucha gente en los recintos y para que nos dé tiempo a ver el máximo posible. Y después, emplear las tardes con visitas a Fushimi Inari o los barrios de las geishas, que salen al atardecer. Incluso Osaka queda cerca para un paseo nocturno.

Además de estos tres días, añadimos otros 4 para ver Nara y sus ciervos, Hiroshima y Miyajima, Osaka e Himeji.

Para moverse por Kioto no es necesario el JR Pass, pues la mejor forma de recorrerlo es en autobús. En la oficina de turismo, que está justo al lado de la terminal de autobuses, se puede comprar un pase diario por 500Y.

Ticket bus Kioto

Es altamente recomendable, puesto que un viaje sencillo puede costar unos 220Y, así que se amortiza enseguida. Junto con el ticket nos darán un mapa de la ciudad y otro con las líneas de autobuses.

Líneas buses Kioto

El uso del pase de un día es muy sencillo: montamos en el bus por la puerta de detrás, y cuando vayamos a bajar, nos dirigimos hacia la puerta delantera, donde, junto al conductor, encontraremos una máquina para validarlo. Sólo se pica la primera vez, en la que la máquina nos marcará la fecha de validez, de tal forma que las siguientes veces sólo se lo tendremos que enseñar al conductor. No hay que preocuparse de la interacción, puesto que el señor en cada parada se gira, saluda y da las gracias a cada uno de los pasajeros que se bajan, así que con enseñarlo y una leve inclinación de cabeza, todo solucionado.

Los buses no tienen pérdida, pues están numerados y además tienen la grafía latina, con lo que se puede ver el destino y la ruta que hace. En las paradas de autobuses también están publicadas las líneas que pasan, las rutas y sus horarios.

Horarios bus

Y se cumplen. Una vez dentro del autobús, el conductor, o una locución van indicando la próxima parada en japonés, chino, coreano e inglés. Incluso cuando es una parada de interés turístico, se avisa a los pasajeros de que esa es la parada en la que se han de bajar. Pero es que, además, los buses suelen llevar una pantalla en la que podemos seguir el recorrido que vamos haciendo. Es decir, todo muy sencillo.

Para bajarse, hay que pulsar el botón, tal y como hacemos en España. Lo que sí es diferente es el comportamiento: la gente va en silencio, con el móvil apagado, hay asientos reservados que se respetan, se aprietan lo máximo posible para que entre todo el mundo (incluso con mochilas, que no se las quitan) y se dirigen hacia la salida cuando el bus se ha detenido, no antes, para evitar posibles accidentes.

Además de una extensa red de buses, también hay metro, pero sólo dos líneas y no resultan muy útiles. Para recorrer Kioto básicamente necesitaremos un mapa de transporte con los puntos de interés marcados, el pase de un día de bus, muchas ganas de pasear y algo de dinero para las entradas a los templos. Kioto tiene mucho para ver, en próximas entradas, os lo enseño.

Japón por libre III: Configurar el itinerario

Configurar un itinerario de un viaje de este estilo es lo que siempre me causa más quebraderos de cabeza, porque intento encontrar la mejor combinación posible, cubriendo el mayor número de puntos de interés, y no siempre es fácil.

Ya os adelanté en entradas anteriores que finalmente elegimos entrar por Osaka y salir por Tokio. Ahora faltaba configurar los días intermedios. Lo primero fue decidir qué ciudades ver y después el orden. Japón es un archipiélago con 6852 islas, y por supuesto, era impensable ver todas. Así que nos centramos en Honshu, la principal. Tras leer foros y guías de viaje, parecía que teníamos una lista con las favoritas: Kioto, Osaka, Nara, Fushimi Inari, Uji, Hiroshima, Miyajima, Himeji, Nagoya, Kanazawa, Shirakawa-go, Takayama, Kamakura, Yokohama, Tokio, Nikko, Hakone, 5 lagos y Odawara.

Puntos de interés

En fin, una barbaridad de ciudades para ver en tres semanas. Aunque todo se puede organizar. Para no andar de acá para allá como el interrail, una noche en un sitio, otra en otro y maleta a cuestas, centramos el viaje en dos paradas principales: Kioto y Tokio. Ya que la comunicación ferroviaria es bastante buena, nos pareció más cómodo así.

Así pues, estructuramos el viaje en dos etapas, una primera en Kioto y alrededores: Osaka, Nara, Fushimi Inari, Uji, Hiroshima y Miyajima; y otra segunda en Tokio, Nikko, Kamakura, Yokohama y la zona del Fuji. El problema es que nos quedaba la zona de los Alpes descolgada y con escasa comunicación por tren. Así que buscamos una tercera parada de una noche en un ryokan (alojamientro tradicional japonés) en las montañas.

Con esta estructura más o menos clara, había que jugar con varios factores: no visitar Nara, Nikko o Fuji en fin de semana. Aprovechar las mañanas para las visitas donde hay templos. Encontrar el mejor día para ir a Miyajima según las mareas, y además, tener en cuenta la activación del JR Pass para agrupar lo más caro y lejano para aprovechar al máximo posible los trenes bala. Así que no era tarea nada fácil.

Finalmente, así quedó el itinerario:

Como veis, hay mucha tela que cortar. Pero eso ya otro día.

Japón por libre II: JR Pass y uso de Hyperdia

Antes de entrar de lleno en el relato del viaje, quería escribir sobre el Japan Rail Pass, el pase para viajar ilimitadamente en tren por todo Japón en las líneas de la compañía JR, incluso algunos buses y el ferry a Miyajima.

En el post de preparativos ya comentaba que es como una especie de interrail, para entendernos. Es un pase con validez de 7, 14 ó 21 días consecutivos sólo válido para extranjeros y que hay que sacar previamente a viajar a Japón. A casa nos llegará un documento que, una vez en el país nipón, en una oficina de la compañía, nos canjearán por el pase tras cotejarlo con el pasaporte indicando el día de inicio. Ojo, su validez es de 3 meses, así que no hay que comprarlo con mucho adelanto o a la llegada a Japón nos habrá cadudado.

Pero empiezo por el principio. ¿Conviene a todo el mundo? ¿Y de cuántos días? Durante los preparativos este fue uno de los quebraderos de cabeza que tenía, puesto que nuestro viaje era de 21 días contando el día de la salida y el de la llegada. Así pues, el de 21 días no parecía que fuera a ser muy rentable. La duda estaba en 14 ó 7 días. Para ello, es importante tener claro el itinerario con el mapa de trenes delante y así poder ver las conexiones para no dar más vueltas que una peonza. Habíamos establecido la llegada a Osaka y la vuelta desde Tokio, así que la primera parte del viaje iba a ser para la parte de Kioto, y la parte final, Tokio. Dado que no íbamos a comprar un pase para toda la estancia, bien la ida, bien la vuelta al aeropuerto tendríamos que pagarla. Con las ciudades que queríamos visitar más o menos en mente, vi que lo más recomendable era sacar el de 14. Y puesto que en Kioto es fácil moverse en bus, mientras que en Tokio el tren/metro es imprescindible, la decisión estaba clara: el JR Pass tendría que tener validez en Tokio.

La idea es agrupar al máximo las salidas en las que se requiera el tren, para así sacar el pase de menor número de días. Aunque también puede ser una paliza hacerlo todo tan de seguido. Depende de cada uno. Pero también hay pases locales, con lo que para un viaje de 14 días, puede ser preferible un JR Pass de 7 y alguno local para un par de excursiones puntuales.

Y para cuadrar el itinerario y ver qué conviene, lo mejor es Hyperdia. Ya os adelanté que es como la web alemana que usé en el interrail, incluso mejor, porque te da precios. Así que es nuestra aliada para planificar rutas. Por resumirlo muy a lo básico, se puede decir que hay trenes locales o regionales y luego están los trenes bala o shinkansen. Para el primer grupo no hay problema, el precio es el que es, pero para los trenes bala hay asientos reservados y no reservados. Con el JR Pass puedes elegir asiento sin coste adicional, pero si no lo tienes, has de pagar por la reserva, con lo cual, se encarece el importe final. Así pues, también hay que tenerlo en cuenta a la hora de echar cuentas. El reservar asiento te ata un poco a la hora de hacer las excursiones, no sales cuando quieres y vuelves cuando te hartes, pero en según qué fechas y horas los vagones sin asiento reservado van llenos, o hay trenes que son sólo con asiento reservado y no lo puedes coger, sino que tienes que esperar al siguiente.

Ueno a Nikko

En la imagen de arriba, veis dos opciones posibles para ir de Ueno, en Tokio, a Nikko. Nos indica tanto los andenes, como el nombre del Shinkansen, dónde tenemos que hacer trasbordo (también con andén de llegada y de salida), el tiempo que duran cada uno de los trayectos, el precio, si hay posibilidad de asiento reservado, cuánto cuesta. Más claro, agua. Por ejemplo, en el primer caso, con Shinkansen, si no viajáramos con el JR Pass, el trayecto con asiento nos saldría por 5570Y y sin asiento reservado por 2590Y. En el segundo caso, nos costaría también 2590Y, pero tarda unos 20 minutos más pues el trayecto es en trenes locales, no en bala. Con estos datos, se puede configurar el itinerario cuadrando lo más caro dentro del JR Pass.

Con el itinerario cerrado y a unas semanas de marcharnos, compré vía web los pases. Los compré aquí, y me llegaron en 48 horas, les escribí un par de correos por unas dudas que tenía y me las resolvieron casi al instante. Además, me incluyeron una guía y un mapa. El precio bastante ajustado al cambio del día Yen-€ en xe.com, así que todo perfecto.

JRPass

Es más, venden también la tarjeta PASMO, una tarjeta de pago por contacto, que te permite pagar en el transporte e incluso en tiendas o máquinas de refrescos, con lo que encargué un par para evitar tener que pelearme allí con las máquinas en otro idioma. Vienen recargadas con 20€ e incluye el depósito de 500Y que te devuelven al entregarla (nosotros la canjeamos en el aeropuerto de Haneda directamente). Es muy útil para moverse los días que no tienes activado el JR Pass (u otro pase local, o donde no son válidos).

PASMO

Así que, antes de viajar a Japón hay que: configurar el itinerario, decidir para cuántos días queremos el JR Pass y comprarlo. Una vez allí, como decía, solicitamos el canje para que nos den el pase real. Es muy sencillo, en el mostrador de la oficina de JR entregamos el documento que nos llegó, nuestro pasaporte, y el empleado nos solicitará fecha de activación, nos hará firmar, y en apenas unos minutos nos dará nuestro pase.

JRPass canjeado

JRPass reverso

Para utilizarlo habrá que dirigirse a los extremos de los tornos de entrada de las estaciones, donde hay una ventana con un empleado. Se lo enseñamos para que vea la fecha de validez, nos hará una reverencia y nos indicará con la mano que podemos pasar. En ningún caso nos han solicitado el pasaporte, supongo que nuestros ojos ya muestran que muy japoneses no somos. Y porque entienden que no vas a hacer uso de algo que no podrías usar, claro.

Para reservar asiento sólo hay que ir a una oficina de JR, enseñar el pase y solicitar un asiento para el trayecto que queramos en la día y hora que deseemos. Y si no quieres pelearte con el idioma, es muy sencillo, pues puedes consultar en la web de hyperdia, anotarte los datos, y entregarlos con el pase. En el mostrador cuando te atienden ya saben qué hacer. Te expiden un ticket con la reserva del asiento y (a veces) te sellan el JR Pass.

 

Puede parecer un poco complicado, pero lo más lioso es configurar el itinerario, después, su uso es muy sencillo y nos da una gran movilidad.

Planear una ruta para un Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Como os decía en la entrada anterior, empezamos con la locura en agosto de 2011. Lo primero era determinar la fecha, que creo que fue lo más fácil, pues no queríamos que fuera invierno porque queríamos ver Parques Naturales y algunos cierran determinados accesos, pero tampoco verano, porque queríamos visitar desierto. Aprovechando los dos puentes de mayo que tenemos en Madrid, decidimos salir el 28 de abril y volver el 15 de mayo.

La ruta fue algo más complicada de cerrar. Sí que es cierto que había una idea clara de ir a San Francisco, Las Vegas, San Diego y Los Ángeles, y preferíamos hacer un recorrido interior, antes que hacerlo por la costa, y pensamos que era mejor partir de San Francisco con toda la energía y acabar más de relax en San Diego y Los Ángeles. Los “problemas” surgieron a partir de ahí.

La idea era llegar a San Francisco, estar 2-3 días, patear la ciudad, montar en tranvías, ver Alcatraz y de ahí movernos al este hacia Yosemite. Hasta ahí todo bien, encuentras un montón de información sobre San Francisco, mapas del transporte público (no necesitas coche), enlaces a la web de Alcatraz para sacar las entradas con tiempo (imprescindible si no te quieres quedar en tierra), en fin, que sabes que con esos datos vas a poder desenvolverte por la ciudad. Con Yosemite prácticamente es lo mismo, su web contiene todo lo que necesitas, las rutas, los alojamientos, el transporte público y nuestro primer obstáculo: el cierre de carreteras por nevadas.

Lo deseado habría sido atravesar Yosemite de oeste a este y de ahí bajar a Death Valley, un viaje de un par de horas, pero la carretera que da acceso a Death Valley está cerrada generalmente hasta finales de abril, pero depende de cada año, hasta que no llegue la primavera de verdad no pasan las máquinas quitanieves y el acceso de Tioga está cerrado. Así que tuvimos que replantearnos la ruta, es decir, u omitir Yosemite, o entrar y salir por el oeste, eso sí, para bajar a Death Valley no tendríamos dos horas de carretera, sino seis.

Tras llegar a la conclusión de que no nos podíamos arriesgar a llegar y que el paso estuviera cerrado, decidimos que veríamos Yosemite, saldríamos por la misma entrada y al día siguiente iríamos a ver Sequoia Park, de camino a Death Valley, pero buscando una parada intermedia para descansar.

El siguiente obstáculo fue que en Sequioa Park estaban programadas obras justo para nuestra visita, con lo que te podías quedar dos horas parado esperando a que te dejaran entrar, pues estarían reasfaltando y sólo dejarían uno de los dos carriles accesible, por lo que lo irían abriendo en uno u otro sentido. Es decir, nos suponía una gran pérdida de tiempo y en un lugar con poca posibilidad de alojamiento. Peeeero, descubrimos que Yosemite tiene una parte del parque con secuoyas, no tan famosas quizás como las de Sequoia Park, pero significativas al menos. También nos pillaba de camino en la bajada hacia Death Valley, y además entraba dentro de la entrada de Yosemite, por lo que ahorrábamos dinero. Así que, segundo impedimento solucionado.

Lo demás, fue más o menos sencillo de decidir, pero hubo que hacer cábalas para no llegar a Las Vegas un fin de semana porque el alojamiento es considerablemente más caro. Así que planeamos llegar un jueves, marchar un viernes y volver un lunes de nuevo. Mientras tanto, iríamos al Gran Cañón pasando por un tramo de la ruta 66.

La cosa es que ya que vas al Gran Cañón, con el GRAN delante, pues lo suyo es coger un helicóptero y verlo en condiciones… ahí el problema fue convencer a dos de los cuatro integrantes que no son muy amigos de las alturas. Para “hacer tiempo” antes de volver a la ciudad del pecado, pensamos en ir al Skywalk que tienen montados los indios en la zona Oeste, pero lo descartamos porque era un desvío demasiado largo y no nos iban a dejar hacer fotos… algo para nosotros impensable… y con dos que no iban a subir con gusto… al final lo dejamos sólo en helicóptero. Pero claro, te sobra tiempo, porque llegas un viernes, el sábado ves el Gran Cañón desde el aire y en tierra… y ¿qué haces el domingo? Pues ya que te has ido tan hacia el este, ¿por qué no adentrarse en reserva navaja?

Y lo que se había convertido en 4-5 destinos, se estaba convirtiendo en un viaje con mil paradas… pero es que ya que te haces tantos kilómetros… unos pocos más… Y nos pusimos a buscar información sobre Monument Valley (famoso por las películas de John Ford del Oeste, entre otras cosas, claro) y Antelope Canyon (famosa portada de National Geographic).

El resto del viaje ya sí iba según lo previsto: Las Vegas, San Diego y Los Ángeles.

Sin problema alguno.

Con lo que al final nuestra ruta quedo cerrada en: Madrid – San FranciscoYosemiteMariposa Grove – Bakersfield (hacer noche) – Death ValleyLas VegasRuta 66 Gran CañónMonument ValleyAntelope CanyonLas VegasSan DiegoLos Ángeles – Madrid.

Lo que yo saco de esta planificación es que podríamos haberlo dejado al azar, salir de San Francisco, llegar a Los Ángeles a tiempo de coger el avión de vuelta, pero tengo la sensación de que nos habríamos encontrado con todos esos contratiempos y no habríamos disfrutado tanto del viaje. No sólo por las carreteras cerradas o en obras, por los desvíos, falta de alojamiento… sino porque en muchos sitios tienes que reservar con tiempo, como por ejemplo para entrar en Antelope Canyon a una hora determinada en que los rayos del sol inciden perpendicularmente, o montar en helicóptero y ver el Gran Cañón al amanecer… Creo que merece la pena hacer algo de investigación y planificación previa… Igualmente tendrás anécdotas en el viaje, y podrás hacer modificaciones, pero con algo más de seguridad.

Otro día os cuento cómo nos fue con la búsqueda de coche y alojamiento.