Serie Terminada: Major Crimes

Cuando Kyra Sedgwick decidió que ya llevaba demasiado tiempo con el papel de Brenda Johnson y que quería seguir adelante con su carrera, James Duff, el creador de The Closer, no quiso acabar con la serie, pues funcionaba bastante bien en pantalla. Así se dotó de mayor protagonismo al papel de la recién introducida protagonista, la investigadora de Asuntos Internos Sharon Raydor, y se buscó un argumento para la salida de Brenda. Nació entonces el spin-off Major Crimes.

Aunque en realidad, enseguida se ve que no se trata de un spin-off, sino que seguimos con la misma serie con otra protagonista principal. Continuamos con la misma estética, la misma cabecera, la misma estructura argumental, en el departamento de Grandes Crímenes de la policía de Los Ángeles, con los mismos protagonistas (salvo dos bajas que son sustituidas por la novata detective Skyes, que sirvió en Afganistán y Rusty, un menor testigo de un crimen). Además, arranca igual que su predecesora: con una nueva jefa que intenta ganarse a su equipo. Eso sí, las técnicas de Brenda y de Sharon no son iguales. Mientras que la primera era dulce e iba con sutileza para conseguir su objetivo, Raydor es firme desde el principio. Es un “esto es lo que hay”, “aquí mando yo”.

Sí que es verdad que hay algún otro matiz que sirve para diferenciar una serie de otra, pero todos se deben al cambio de jefa. Mientras que el punto fuerte de Brenda era acorralar a los sospechosos en los interrogatorios, Sharon no tiene tanta paciencia. Con la excusa de que el departamento tiene que recortar gastos, su intención es conseguir cuanto antes un acuerdo. Así, trabajará más de cerca con la fiscalía para llegar a esos tratos. No obstante, a medida que van avanzando las temporadas, la cosa cambia y sí que se asemeja más a la estructura de The Closer. Eso sí, Raydor no intenta ser Johnson y el resto de personajes gana protagonismo en el desarrollo de los casos.

En la serie madre la que se echaba la serie a las espaldas era Brenda. Su carácter sureño, su gran bolso, sus chocolatinas en el cajón de su despacho, las discusiones con Fritz, la relación con sus padres (e incluso con su gato)… todo ello daba forma al personaje. Le confería un cierto toque cómico y el espectador simpatizaba con ella. Sin embargo, creo que esto le falta a Major Crimes. Al menos al principio. Sharon no tiene el mismo carisma ni la misma fuerza. No significa necesariamente que sea malo, pues esto la convierte en una serie más coral. No obstante, me da la sensación de que no era precisamente la intención, sino que el hecho de que el personaje de la capitana Raydor tuviera menos fondo, menos vida, se debía a que había sido creado como secundario. Para liderar la nueva serie el televidente necesita mucha más información. Y salvo la relación con Rusty y que venía de Asuntos Internos, poco más conocíamos. A medida que avanzó la trama ya sí que conocimos a sus hijos, exmarido e incluso se le dio cabida a su vida más allá del entorno laboral (o en realidad no tanto, porque eso de emparejar compañeros ya está muy visto).

En cualquier caso, la serie funciona a lo largo de sus seis temporadas. Por el tipo de serie en realidad no hace falta ahondar mucho en los personajes. Nos basta con saber qué personaje cumple qué cometido y el desarrollo del caso semanal. Y ahí, Major Crimes acierta. Creo que contenta tanto a los que llegamos a ella tras ver The Closer como a los que lo hacen de nuevas buscando una serie policiaca que entretenga.

Nueva serie a la lista “para ver”: Legends

Legend es la palabra que usan en la División de Operaciones Encubiertas del FBI para referirse a una personalidad falsa creada para infiltrar a un agente. Para que sea más creíble, se dota a la personalidad de un pasado, huellas y registros administrativos.

En la serie Legends, Martin Odum es uno de estos agentes encubiertos que asumen esas personalidades falsas. Sin embargo, da un paso más a la hora de meterse en su nueva identidad. Él se lo cree y adopta tics, acentos y vestimenta. Se mete tanto en su papel que a veces parece no distinguir su yo real de su yo falso. Y no es extraño, ya que se pasa casi más tiempo siendo otro que él mismo.

Cada caso le exige cambiar de identidad, así que parece estar un poco tocado por tanto cambio. Pero además, para añadir más leña al fuego, un día un vagabundo comienza a seguirle y le dice que no es quien cree que es, que vive en una mentira. Así, comenzará a cuestionarse su cordura, el entorno que lo rodea y si hay una conspiración de la que no se ha dado cuenta.

Y esto es quizás lo que llama la atención de la serie: la conspiración. Sin ella, sería un procedimental más de casos del FBI. Pero las teorías conspiranoicas funcionan, sobre todo cuando el gobierno o una agencia están implicadas.

Basada en el libro Legends: A novel of Dissimulation de Robert Littell, ha sido adaptada por el productor y guionista de Homeland. Está interpretada por Sean Bean (conocido por Ned Stark en Juego de Tronos y Boromir en El Señor de los Anillos), Ali Larter (Héroes), Tina Majorino (Castle) y Amber Valletta (Revenge) entre otros.

Cuenta con dos temporadas de 10 capítulos cada una, y, aunque no es un serión, parece entretenida.

Saga Millenium

Hoy para acabar el año traigo una recomendación literaria. Hace ya más de una década (que se dice pronto) que salió a la luz Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la saga Millenium de Stieg Larsson.Este periodista comenzó a escribir una serie de novelas sin intención de publicarlas, más como entretenimiento. Sin embargo, en determinado momento cambió de opinión y envió a una editorial los tres primeros libros. Tenía pensado escribir 10, pero lamentablemente, murió de un infarto prematuramente y no pudo acabar la saga. De hecho los tres primeros se publicaron de forma póstuma.

Hoy hay toda una batalla legal por los textos que dejó inacabados Larsson. Eva Gabrielsson, su pareja durante 30 años, es quien los conserva, pero como no se casaron, legalmente no le pertenecen y no puede publicarlos. Son el hermano y el padre quienes han heredado los derechos multimillonarios y quienes han autorizado a que se continúe la saga. Así, a La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006) y La reina en el palacio de las corrientes de aire (2007) le siguen Lo que no mata te hace más fuerte (2015) y El hombre que perseguía su sombra (2017), escritos por David Lagercrantz, periodista sueco y escritor de la biografía del futbolista Ibrahimovic.

La saga recibe el nombre de la revista económica de la que el protagonista, Mikael Blomkvist, periodista de investigación, es co-editor. El otro personaje principal es Lisbeth Salander, una hacker veinteañera antisocial con memoria fotográfica.

En el primer libro Mikael es condenado por difamar al empresario millonario Hans-Erik Wennerström y, como consecuencia, queda apartado de la revista. Para escapar de la prensa antes de cumplir condena acepta un proyecto de escribir un libro sobre una acaudalada familia e investigar una desaparición ocurrida en los años 60. Los caminos de este trabajo harán que Mikael se cruce en el camino de Lisbeth, quien le ayudará no solo en la desaparición sino en la trama de corrupción por la que fue apartado. Y de paso conoceremos algo de esta misteriosa y fuerte joven.

A mí la novela policíaca siempre me ha gustado, pero fue con la saga Millenium cuando descubrí el género nórdico. La literatura policíaca escandinava tiene otro punto, esa oscuridad, esos relatos gélidos, esas tramas en pueblos perdidos e incomunicados… Con esa escena de fondo Larsson planteaba su narración con un estilo muy periodístico y complejo. Así, en el relato se mezclan varias historias, generalmente con un trasfondo político y económico que a veces cuesta seguir y requiere de una lectura sosegada para no perder detalle. Y cuando crees que las diferentes vías de investigación no guardan relación…¡Zas!, todo cobra sentido. Su estilo era ir dejando detalles a lo largo de la historia para hacerlos encajar hacia el final.

En La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina el periodista comienza a investigar sobre el tráfico sexual de mujeres de Europa del Este en Suecia.

Por su parte, La reina en el palacio de las corrientes de aire nos hace entender que la verdadera protagonista es Lisbeth. Mikael trabaja en la revista Millenium que da nombre a la saga y es el que busca la historia para su libro, pero en realidad, ella es el hilo conductor.

Y aunque no estaba concebido como trilogía, realmente podía haber concluido con la tercera entrega. Así pues, cuando leí que David Lagercrantz iba a continuar con la saga, tuve mis dudas sobre si continuar o no. De hecho, hasta que no salió el quinto volumen en septiembre de este año no me decidí. Y en dos semanas he devorado Lo que no mata te hace más fuerte y El hombre que perseguía su sombra.

Los temas se han actualizado y Lo que no mata te hace más fuerte se centra en temas más actuales. Por un lado la Millenium ha recibido una inyección económica de un grupo corporativo que parece que quiere dar un giro a la revista. Es la época del sensacionalismo, las noticias rápidas, del clickbait. Mikael y Erika quieren conservar el estilo de siempre, ser fieles a ese periodismo más tranquilo, que busca resquicios, fuentes, que ahonda en la noticia. Pero todo parece parado, no hay una gran historia. Hasta que aparece, y no es ni más ni menos que una trama de secretos corporativos, tráfico ilegal de información confidencial, internet profunda, inteligencia artificial y problemas matemáticos. En definitiva, un mundo más digital en el que más que nunca Mikael Blomkvist necesitará a Lisbeth Salander.

Tiene un poco de Wikileaks y del caso Snowden tratando el espionaje industrial, y cómo los servicios de inteligencia controlan nuestro día a día gracias a la huella digital. Esto unido a la inteligencia artificial da un poco de miedo, pues ocurre como con la bomba atómica, que un gran hallazgo en malas manos puede ser un desastre de magnitud mundial.

La historia engancha. Lagercrantz se encarga de crear un ambiente, las diferentes historias paralelas, de contarnos qué ha pasado con los protagonistas en este tiempo, de presentarnos a los nuevos personajes… y lo hace bien. Pero se nota la diferencia con Larsson. Mikael y Lisbeth no son los mismos y he echado en falta algo más de interacción entre ambos. Y en general más socialización entre los personajes.

En El hombre que perseguía su sombra creo que al buscar un estilo propio, sin querer seguir las primeras novelas, Lagercrantz ha recuperado aquel estilo. Es decir, cuanto más se ha querido distanciar, más se ha acercado al estilo Larsson. Y es que aquí volvemos a los orígenes, a la infancia de Lisbeth, a su compleja familia, a su tutor… Seguimos con el mundo hacker de fondo, claro, pero se entremezclan pasado y presente con varias tramas en torno al abuso de poder, al fanatismo religioso y a la experimentación con gemelos para determinar si es la herencia genética o el entorno lo que influye en lo que somos.

Creo que este último libro funciona mejor porque es Salander la protagonista desde la primera página. Como decía antes, es ella quien sirve de hilo conductor y nexo de unión de todas las ramificaciones de la novela. El personaje de Mikael no es nada novedoso. Podría ser periodista, detective o empresario, pero al final es un arquetipo muy visto: el típico héroe masculino que lucha con todo en contra. Ella sí que rompe con las reglas de la novela policíaca (y novela en general) en que la mujer es siempre esposa/hermana/hija/amiga del protagonista y/o víctima que acaba violada y/o asesinada. Mujeres que necesitaban que un hombre las protegiera. Lisbeth es lo opuesto a eso. Ella se vale por sí misma. Es un personaje que tiene su desarrollo y su pasado. Y no tiene que ser atractiva (aunque puede serlo). Supongo que influye mucho en la configuración del personaje que el autor sea sueco, ya que Suecia es uno de los países a la cabeza en igualdad.

Otro hecho que hace que este libro case mejor con los tres primeros es que ha vuelto a temas de denuncia social como la opresión de la mujer, el racismo y la intolerancia. Este era el sello de Larsson, el poner en relieve las injusticias sociales y las corrupciones políticas y económicas. De hecho al parecer antes de morir trabajaba en una trama sobre los asesinatos y desapariciones de las mujeres de Ciudad Juárez, en México.

Parece que nos queda un último libro que se publicará en 2019, pues David Lagercrantz ha dicho que con tres es suficiente y que quiere hacer otras cosas. Veremos a ver si es de verdad el último y si es conclusivo o deja la historia abierta. ¿Quizá trate sobre la crisis bursátil y la inestabilidad económica? Me da la sensación de que ha dado pinceladas en las dos entregas para que vaya por ahí la historia.

Mientras esperamos, nos quedan las películas. En versión sueca o americana, porque ya se sabe, a los estadounidenses si algo les gusta, lo rehacen. A ellos eso de doblar no les va. Yo tan solo he visto las suecas, y he de decir que me gustaron. Eso sí, si no me hubiera leído los libros, mucho más. Los personajes están muy bien conseguidos, la historia es ágil, la fotografía muy nórdica, con sus paisajes, su oscuridad, ese punto de novela negra… El problema es que al haber leído las novelas faltan cosas y otras se han modificado. Lo comprendo. Todo no cabe, son libros extensos… entiendo que se omitan detalles, personajes secundarios… pero que decidas no ahondar en una relación entre personajes como la de Mikael y Erika durante la primera película, y que luego de repente en la segunda sí le des importancia… al espectador se le queda una cara de O_O ¿esto a qué viene? Pero por lo demás, están muy bien, el personaje de Lisbeth está muy bien interpretado y caracterizado, es la imagen que yo tenía en mi cabeza. Eso sí, parece ser que para las nuevas entregas habrá cambio de actriz. Habrá que esperar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Modus

Cada vez llegan más series escandinavas a nuestra parrilla. Una de las últimas es Modus, del canal sueco TV4. Basada en la novela Noche cerrada en Bergen de la autora noruega Anne Holt, Modus es un thriller policíaco cuya protagonista es Inger Johanne Vik, una psicóloga y criminóloga que tras haber trabajado durante un tiempo para el FBI vuelve a Suecia. Durante la boda de su hermana su hija autista se convertirá en testigo accidental de un crimen. Por ello, y por su experiencia, la policía sueca pedirá su colaboración y tendrá que trabajar con el detective Ingvar Nymann de la Policía de Estocolmo.

Sin embargo, ya en el piloto vemos que el asesinato del que Stina, la hija de Inger, es testigo no es el único. En Nochebuena, la obispo Elisabeth Lindgren es asesinada en Uppsala. Hay un asesino en serie, que el espectador conoce desde el principio. Sin embargo, poco se sabe de él, no sabe qué le motiva. Tan solo que es un lobo solitario que sigue indicaciones de alguien que tan solo le hace llegar objetivo y lugar vía sms. Así pues, parece que la serie nos plantea un juego del gato y del ratón entre los dos inspectores y el asesino.

Es una serie sencilla con una única trama durante ocho episodios que transcurren en un desolado paisaje invernal sueco donde hay más horas de oscuridad que de luz. Esta falta de iluminación es un recurso típico de las producciones escandinavas. No es de extrañar que se les dé tan bien el thriller, ya que la oscuridad se convierte en un personaje más. Incluso esos paisajes nevados, tan luminosos, también provocan angustia, ansiedad, incertidumbre. Y si combinamos el silencio de un asesino que no sabes qué le mueve, la oscuridad/luz, la banda sonora… A mí me tienen enganchada.

La primera temporada se estrenó en 2015 en Suecia, y la segunda, basada en Crepúsculo en Oslo, este otoño de 2017. Es curioso que no sigan los libros en orden, ya que Noche Cerrada en Bergen era el cuarto de la saga y Crepúsculo en Oslo el segundo.

Serie Terminada: Imborrable

Después de la decepción de 11.22.63, comenzamos la serie Imborrable, un procedimental mucho más ligero del que no esperábamos mucha profundidad, solamente entretenimiento. Y quizá ni siquiera deberíamos haberle dado al Play sabiendo que en sus cuatro temporadas había sido cancelada tres veces. Ahí es nada.

Se estrenó en 2011 en la CBS, una cadena especialista en dramas policíacos como CSI, Mentes Criminales o NCIS. Tras una temporada decidió retirarla de la parrilla, sin embargo, al ver que otros canales habían mostrado interés por recuperarla, CBS la revivió como serie de verano reduciendo sus capítulos de 22 a 13 y cambiando una comisaría de Queens por el Departamento de Crímenes Especiales así como prácticamente toda la plantilla. De esta forma parece que encajó mejor y se renovó por una tercera temporada. Sin embargo, la audiencia no acompañó y se volvió a cancelar. Pero de nuevo fue rescatada, cambiando esta vez a la cadena A&E, incorporando otra vez nuevos personajes. Craso error, porque los números no acompañaron y la fulminaron de golpe dejando un cliffhanger en el capítulo final. Supongo que a los guionistas aún les quedaba esperanza y esperaban volver una quinta.

Imborrable se centraba en la vida de Carrie Wells, exdetective de policía que padece el síndrome hipermnésico, también conocido como memoria autobiográfica superior. Es decir, puede recordar al detalle todos los detalles vividos al mílímetro.

Sin embargo, como todo protagonista, tiene un hecho traumático, y en este caso es que, por más que lo intente, no es capaz de recordar los detalles del asesinato de su hermana cuando ambas eran pequeñas. Esa tragedia la ha marcado de por vida y le persigue el no ser capaz de volver mentalmente a ese momento y encontrar las piezas que faltan.

Esta curiosa habilidad existe de verdad, aunque solo hay una veintena de casos diagnosticados en el mundo. Si tienes que crear un personaje con ella, qué mejor que una policía, que podrá usarla para resolver crímenes.

En fin, que el piloto no pintaba del todo mal. Una serie policíaca, de caso semanal, con una protagonista que tiene una habilidad especial… Pero ya, ahí se queda la propuesta. La resolución de los crímenes resulta aburrida, los secundarios son insulsos (salvo la forense de la segunda y tercera temporada) y hay mucho diálogo cargante entre Carrie Wells y su compañero Al Burns, también exnovio.

Qué manía tienen los guionistas de recurrir a una pareja de protagonistas hombre-mujer y hacerlo girar todo en torno a una supuesta tensión sexual no resuelta. En este caso además ocupa demasiados minutos de cada capítulo con celos, tonteos, alusiones a su relación pasada, a recuerdos. Pero ni hay tensión sexual, ni está sin resolver. Es un relleno que no lleva a ningún lado y aburre hasta a las piedras.

En el transcurso de las cuatro temporadas ni hay avances en su relación, ni Carrie descubre al asesino de su hermana. Al final todo queda en nada. Sin duda, deberían haberlo dejado tras la primera temporada y haber aceptado el fracaso sin más.

Serie Terminada: Serie Terminada: CSI Cyber

Hace ya tiempo que hablé de CSI Cyber, la última de las entregas de la franquicia CSI. Pues bien, como teníamos unas semanas entre viajes y no era el momento de comenzar una serie de largo recorrido, aprovechamos para verla.

CSI Cyber cuenta con una primera temporada de 13 capítulos y una segunda de 18. Parece ser que tras cancelar CSI Miami y CSI Nueva York, decidieron que era hora de renovarse, olvidarse de las secuelas en otras ciudades y centrarse en los delitos cibernéticos. Sin embargo, aunque me gusta el ritmo y el estilo de la franquicia, he de reconocer que la serie hace aguas por muchos lados.

En primer lugar la jefa, Avery Ryan. Era psicóloga y fue víctima de un hackeo que terminó con su carrera cuando se hicieron de dominio público los expedientes de sus pacientes. Ahora es la líder de la División Cibernética del FBI, pero ella no es una experta en tecnología, sino que está especializada en psicología conductual. No obstante, en el desarrollo de los capítulos parece saber mucho más de tecnología. Y eso chirría. También la historia de un drama familiar que se va descubriendo poco a poco pero en el que tampoco se ahonda mucho.

En su equipo cuenta con el típico Ken. Elijah Mundo es un rubio musculado que sirvió en el ejército y que representa el hombre de acción, el que tiene que correr en cada capítulo tras el malo para cubrir con la cuota de persecución y así amortizar el gimnasio. Además está divorciado pero es un padre amoroso de su adorable niñita rubia. Todo muy típico.

Pero ahí no acaban los clichés. Realizando el trabajo duro tenemos al informático obeso con gafapasta y camisa de cuadros sobre camiseta con leyenda y la chica rebelde reinsertada. A ellos se les une el hacker negro recién detenido para que pase de ser un sombrero negro a un sombrero blanco. Eso sí, bien trajeado con chaleco y todo (aunque en la segunda temporada pasó a vestir mucho más informal, no sé cuál es el criterio).

En los trece primeros capítulos acompañaba al equipo Peter MacNicol, que sí que hacía preguntas más propias de alguien que no tiene amplios conocimientos de la tecnología. Sin embargo, su personaje desapareció sin más en la segunda temporada y se le sustituyó por Ted Danson. Supongo que al acabar CSI Las Vegas hubo que recolocarle. De hecho, con él CSI Cyber volvió a los orígenes de los CSI, con análisis en laboratorio, alguna teoría disparatada, cálculos físicos o matemáticos y no solo código en consolas, algoritmos o red profunda.

Si ya entramos en el tema tecnológico, pues es todo muy espectacular. Sí, se basan en elementos reales, en dispositivos o aplicaciones que existen y que utilizamos en nuestra vida cotidiana, pero hay un buen toque de ficción y muchas licencias. No hay que olvidar que se trata de una serie, ya, pero es poco verosímil en muchos casos, como esas autopsias con hologramas… Muy visual, muy gráfico, muy llamativo… Tanto que a veces parece una serie de ciencia ficción.

También juega con el tiempo. Los capítulos son autoconclusivos, así que en 40 minutos se ha solucionado el problema. Y eso que en este spin-off los protagonistas se pasan el día cambiando de estado. Esta vez es FBI, su sede está en Washington y se desplazan al lugar del crimen por todo el país, eso sí, hacen vídeollamadas con una calidad impresionante. Son fluidas, no se les corta, ni se les descompasa la voz de la imagen… Una maravilla. Pero volviendo al ritmo, resulta poco creíble que casos de tal magnitud como los que se plantean se resuelvan tan rápido. Por muy buenos que sean los expertos de la división, digo yo que necesitarán su tiempo para analizar el código.

Pero claro, supongo que ese análisis resulta aburrido en pantalla, es más visual una persecución, una cuenta atrás o cómo se desmonta un equipo informático para encontrar el microchip malicioso, un código encubierto o una huella del delincuente al que se le sigue la pista.

No es una serie para quien entiende de informática, ya que se llevará las manos a la cabeza en cada plano y probablemente a los dos minutos tenga ganas de cargarse a los guionistas. Y para el ciudadano de a pie a veces hay demasiadas explicaciones técnicas en las que se puede perder con tanta verborrea. Es más, es una serie para tecnófobos, ya que tiene cierto punto alarmista: coches que se conducen a distancia, monitores de bebés que sirven para espiar, aplicaciones que se usan para obtener datos personales, ciberacoso, hospitales que colapsan por un malware en su maquinaria, aviones manipulados por pasajeros, etc.

En general no sale muy bien parada, es entretenimiento sin más, sin entrar en analizar la veracidad y obviando la tecnofobia que campa en cada capítulo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Cardinal

Cardinal es una miniserie basada en la novela Cuarenta maneras de decir dolor de Giles Blunt. En principio cuenta con una primera temporada de 6 capítulos, pero ha tenido tanto éxito que ha sido renovada para dos más. En la segunda se adaptará la novela Blackfly Season y en la tercera By the Time You Read This y Crime Machine.

Han visto el filón como en la adaptación de las novelas de Varg Veum o de la Los crímenes de Fjällbacka de Camilla Läckberg. De hecho guarda mucha similitud con este tipo de novelas y series. De hecho, viendo el piloto pensé que era nórdica, tiene una fotografía muy similar a Fortitude o a Okkupert. Nos encontramos ante un paisaje rural nevado, con grandes bosques y casas disperdigadas. Pero no, la acción se sitúa en una ciudad ficticia de Ontario, Canadá, donde el descubrimiento del cadáver de una adolescente desaparecida hace tiempo, lleva a reabrir el caso.

John Cardinal en realidad nunca había cesado de investigar la desaparición de Katie Pine, es el típico expediente que se queda en el cajón y que revisa de vez en cuando. Además, se ha involucrado con la familia de la chica, así que se convierte en algo personal. Con la aparición del cuerpo en una mina abandonada, Cardinal comienza a darle vueltas a las pruebas y relaciona el asesinato con otros anteriores que estaban archivados. Así pues, se complica más de lo que parece con la sospecha de que se trata de un asesino en serie.

En la investigación le acompañará su nueva compañera Lisa Delorme, nueva en el cuerpo y sobre quien Cardinal guarda cierto recelo. Y quizá no deba, puesto que ha sido contratada para encontrar pruebas de que es corrupto y de que habría aceptado sobornos de un narcotraficante. De todas formas, el protagonista es un tipo solitario, rudo, basto y distante. Tanto como el clima de la región canadiense en la que se desarrolla la serie.

Cardinal pinta bien con una trama de intrigas y sopechas más propia de un thriller que de una serie policiaca clásica. Pero claro, ¿qué voy a decir yo que soy amante del género noir?