Nueva serie a la lista “para ver”: Beforeigners

Es de noche en Oslo y mientras un grupo de jóvenes están pasando el rato en la rampa de la Ópera y una pareja firma la compra de un apartamento con vistas al fiordo ocurre un extraño suceso: tras un destello bajo el agua comienzan a emerger personas a la superficie. De primeras no se sabe quiénes son, ni cómo han llegado hasta ahí. Y lo más curioso de todo: que parecen provenir de otra época. Son los fremvandrerne o emigrantes de otra época. Este es el punto de partida de Beforeigners, la serie noruega de HBO Nordic que ha llegado a España y no tardaron en recomendarme sabiendo que aúna Noruega y thriller policíaco.

Tras este inicio, rápidamente hay un salto temporal de varios años y ya vemos cómo estas personas provenientes de tres épocas diferentes (la era prehistórica, la época vikinga y el siglo XIX) se han integrado (o lo intentan) al presente. Algunos se han asimilado, mientras que otros viven en guetos. Y es que la convivencia no es sencilla, ya que la llegada masiva de estos emigrantes se ha tomado por muchos ciudadanos del siglo XXI como una amenaza a la sociedad noruega actual. El conflicto radica, pues, en que todos sienten que están en su hogar, pero cada uno tiene sus costumbres.

Es interesante este enfoque, pues Beforeigners no se centra en intentar descubrir el misterio de que lleguen estos beforeigners (before + foreigners), sino que (al menos por lo visto en el piloto) deja que la trama siga su curso y que los acontecimientos vayan poniéndonos en situación. La serie no se articula puramente dentro del género de ciencia ficción, sino que sitúa como hilo conductor la investigación policial del asesinato de una mujer de la Prehistoria. Los encargados de resolver este crimen son los detectives que forman la pareja protagonista: Lars Haaland y Alfhildr Enginnsdottir, un binomio que me recuerda en cierta medida al de Bron/BroenY es que esta serie también pone en el centro a dos policías con personalidades muy diferentes, facilitando así una dinámica de contraste y enredo y aportando a la vez un tono cómico en situaciones un tanto dramáticas. Aquí el choque radica en las costumbres que mencionaba más arriba. Y es que Lars es del presente, pero Alfhildr es de la época vikinga (de hecho es la primera visitante en ser aceptada en el cuerpo de policía del siglo XXI). Es curioso además cómo para estos personajes prehistóricos y vikingos han elegido a un elenco no noruego, de forma que quede patente la diferencia de acentos entre el . Esto es algo que perdemos en la traducción, pero a lo que se hace alusión en varios momentos del piloto, sobre todo con la imposible pronunciación del nombre de la protagonista.

Al igual que el Henrik Sabroe de la coproducción sueco-danesa, aquí tenemos al típico prototipo de detective con problemas personales y adiciones; y aunque Alfhildr no tiene asperger como Saga Norén, también se siente fuera de lugar en más de una ocasión por su condición de viajera en el tiempo. En gran medida porque sus compañeros no se lo ponen fácil, sino que la reciben con escepticismo, hostilidad y burla. Tiene en común con la sueca además, que es una mujer fuerte y perseverante (no en vano, fue guerrera en su época) y que le va a quitar protagonismo a su compañero gracias a su carisma, naturalidad y desparpajo. Nos queda mucho por descubrir del pasado de ambos personajes y por los trailers parece que se nos irá desvelando a lo largo de los 6 episodios que consta la temporada. Asimismo, a medida que avance la investigación iremos conociendo cómo se las apañan las cuatro sociedades noruegas para vivir en una misma línea temporal.

En un panorama seriéfilo con tantas adaptaciones y remakes, creo que Beforeigners es una de las ficciones más originales del momento. Cuenta con una curiosa combinación de novela negra escandinava con ciencia ficción y crítica social que a priori parecería difícil de gestionar. Sin embargo, engancha gracias a la novedad de cambiar los clásicos viajes temporales por unos en los que el movimiento se da del pasado al presente. Y claro, no es lo mismo viajar al pasado sabiendo cómo fue aquella época gracias a la documentación, que hacerlo al futuro y que este te descoloque totalmente los esquemas. Y, a pesar de lo insólito del planteamiento, lo cierto es que la historia consigue fluir con gran naturalidad, quizá porque el abordaje de la cuestión migratoria no nos suena tan distópico. Si sustituimos la cronofobia por xenofobia, la situación nos recuerda mucho al presente poniendo sobre la mesa cuestiones como los problemas sociales, económicos, administrativos y de integración que se encuentran los inmigrantes y refugiados cuando llegan a un país ajeno.

Una serie que, sin ningún lugar a dudas, merece la pena estar en nuestra lista de series “para ver”.

Serie Terminada: Bron/Broen

En Estados Unidos tienen las temporadas de series muy fijadas. Por un lado aquellas de 22/24 capítulos que cubren la temporada regular desde finales de septiembre hasta mediados de mayo, y por otro las de menor duración (10/13 episodios) que se emiten desde enero a mayo o bien en verano (dejando fuera cadenas por cable y nuevas plataformas). Así pues, es más o menos fácil seguir una serie año tras año.

En Europa sin embargo me da la sensación de que no hay un panorama tan definido y eso desde luego no favorece al visionado. Y menos con una oferta cada vez más amplia. En España es frecuente que una serie se tire años en un cajón antes de salir a antena. Por no hablar de los cambios de día de emisión para contraprogramar a otras cadenas, la larga duración de los episodios y el horario del prime time; tres factores que sin duda acaban con la paciencia de cualquier televidente. Las series británicas tienen un punto a su favor y es que suelen tener temporadas más cortas, sin embargo, también te puedes encontrar con que fácil transcurren un par de años entre una y otra, como por ejemplo pasaba con Sherlock. No sé cómo funciona el asunto en Suecia y Dinamarca, pero parece que se lo toman con la misma calma que los isleños, al menos así ha sido con la emisión de Bron/Broen, cuyo primer episodio se emitió en septiembre de 2011 y el último (de la cuarta temporada) en febrero de 2018. Nosotros vimos en su día el piloto y nos gustó, pero la dejamos apartada a la espera de que estuviera concluida. Y ha pasado tanto tiempo, que casi nos habíamos olvidado de ella.

Esta coproducción suecodanesa arranca fuerte. Una noche, el Puente de Øresund, una construcción de casi 8 kilómetros de longitud (más otros 4km de túnel) que une las ciudades de Copenhague y Malmö, sufre un apagón. Cuando vuelve la luz las autoridades descubren un cadáver en la línea que marca la frontera de ambos países. Como el cuerpo tiene la cabeza en Suecia y los pies en Dinamarca acuden al lugar las policías de ambos lados, por un lado Saga Norén (de Malmö), y por otro, Martin Rohde (Copenhague) para encargarse del caso. Ambos tendrán que colaborar en una investigación que pronto se irá enredando, pues el cadáver resulta estar formado por la mitad de una política sueca y la otra mitad de una prostituta danesa. El asesino, que se hace llamar el Terrorista de la Verdad, pretende llamar la atención sobre asuntos de inmigración, violencia policial, explotación infantil, indigencia… Nos encontramos con diferentes tramas que transcurren paralelas y que en principio no vemos que tengan relación, pero poco a poco todo va cobrando sentido y cada uno de los caminos acaba convergiendo al más puro estilo de la literatura nórdica.

Y aunque la historia es interesante, sin duda lo mejor de la serie, con diferencia, es la relación entre Saga y Martin, dos personas totalmente opuestas en caracteres y en forma de proceder, pero que sin embargo consiguen establecer una buena dinámica de trabajo. Bron/Broen parece articularse alrededor de un suceso, pero en realidad queda vertebrada sobre los protagonistas, especialmente en el de la sueca. Saga es un personaje atípico que está muy lejos de ser una heroína o la mujer perfecta. Además, se sale de los cánones estéticos habituales. Esto quizá tenga mucho que ver con que se trata de una producción de varios países escandinavos, donde predomina una mirada más feminista. Lleva siempre la misma ropa (que para nada sirve para realzar su figura), no lleva un peinado exageradamente elaborado, ni maquillaje (ni siquiera se intenta ocultar la cicatriz en el labio de la actriz). Lo que ha de destacar de ella como protagonista es su inteligencia y profesionalidad, no su cuerpo.

Saga Norén atrapa desde el primer minuto. Con treinta y pico años es una mujer fuerte, valiente, independiente y solitaria que no necesita a nadie que le saque las castañas del fuego. Es metódica, perfeccionista y concienzuda y sigue los procedimientos a rajatabla, lo que la convierte en una eficiente investigadora. Sin embargo, tiene dificultades para interpretar las convenciones sociales (parece tener algún grado de autismo o asperger), por lo que lo suyo no son los interrogatorios o las entrevistas con las familias de las víctimas (ni siquiera el trato con los compañeros). Carece de empatía y es brutalmente franca, diciendo las cosas tal y como las piensa, sin filtro alguno. No conoce la sutileza ni la mentira. Y aunque este carácter tan complejo y particular podría convertir a Saga en un personaje odioso, Sofía Helin consigue aportarle veracidad, calidez y humanidad.

También influye en este aspecto Martin, ya que al mirarla con sus ojos, el espectador consigue aceptarla tal y como es. Las conversaciones entre ambos nos dan las mejores escenas de la serie, provocando un refrescante tono cómico que aligera la tensión de una ficción tan gris. Frente al carácter distante y rígido de la sueca, el danés es cálido y con sentido del humor. Es impulsivo y emocional, no tiene problemas con incluso saltarse alguna regla y es todo un mujeriego (tiene varios hijos con tres mujeres diferentes y aún así no deja de ser infiel). El personaje interpretado por Kim Bodnia es todo lo opuesto a Saga y juntos acaban siendo el principal activo de Bron/Broen.

Tras una primera temporada bastante redonda, tenían difícil encontrar un nuevo argumento para seguir con la serie y que resultara original. En esta ocasión de nuevo el puente es protagonista cuando un buque se desvía de su ruta y acaba encallando en las barreras de hormigón sin que la Guardia Costera de Malmö pueda evitarlo. Dentro son descubiertas cinco personas encadenadas, y como dos de ellas son danesas, Saga enseguida se pone en contacto con la policía de Copenhague para pedir que Martin Rohde colabore con ella en la investigación.

En esta ocasión la historia central queda menos ramificada y por el contrario las subtramas van poco a poco entretejiéndose entre ellas. Además, el desarrollo de la investigación nos permite ir conociendo más aspectos de la personalidad de los dos protagonistas. La trama tiene un significativo impacto tanto en Martin por su relación con el asesino, pero también salen a la luz detalles del pasado de Saga. Ambos personajes evolucionan no solo de forma individual, sino también conjunta. Su amistad es cada vez más fuerte y de nuevo sus conversaciones in itinere intercaladas entre pistas y teorías son lo mejor de la temporada. Sobre todo con una Saga que ha comenzado a vivir con su novio pero que está muy perdida en cuanto a cómo debería comportarse y vuelca sus dudas en Martin. Quizá no sea la mejor referencia en cuanto a relaciones se refiere, pero es la única persona en la que confía.

Y por eso el final de temporada es tan doloroso. En los veinte capítulos se ha ido gestando una bonita amistad entre ambos, Saga ha ido evolucionando y creciendo como persona mejorando en sus habilidades sociales gracias a su relación con Martin, pero aún así, ella es coherente y no es capaz de salirse de su esquema de lo que está bien y lo que no. Así, no le queda otra que perder su amistad, porque de lo que no es capaz es de traicionar su deber como policía.

Seis meses después de la detención de Martin, Saga sigue aún dolida con él, porque la puso en el compromiso de tener que delatarle y lo echa de menos. Y más cuando aparece un nuevo caso sobre su mesa y ha de volver a colaborar con la policía danesa. En esta ocasión la temporada arranca cuando es encontrado en Malmö el cadáver de una mujer danesa defensora de la eliminación del género y creadora de la primera guardería de género neutro en Copenhague. Martin era el único que tuvo la paciencia de entenderla y ayudarla con sus limitaciones y ahora le asignan una nueva compañera que no tiene intención de seguir sus pasos. Es fría, distante y culpa a Saga de la encarcelación de su paisano. Sin embargo, las circunstancias pronto precipitan un cambio de compañero y formará pareja con Henrik Sabroe. La química entre ambos no es igual, y me temía que la serie perdiera su esencia, sin embargo, poco a poco se van conociendo y su relación se afianza. Es verdad que Henrik no es Martin, pero emocionalmente está casi tan roto como Saga, por lo que se crea una dinámica en la que ambos se necesitan y consiguen conectar a otro nivel.

Esta temporada gira en torno a la estructura familiar: en el caso ya vemos cómo el asesino parece estar en contra de los nuevos modelos de familia, a Henrik le atormenta la desaparición de su mujer y sus hijas hace ya 8 años, y la madre de Saga vuelve a escena para complicarle la vida. Esta es sin duda la temporada más dura emocionalmente para la protagonista. Su mundo parece desmoronarse y acaba bloqueada por la cantidad de sentimientos que se le vienen encima. Primero la ruptura con Martin, después la pérdida de Hans (quien más que un jefe era como un padre para ella), la llegada de una nueva jefa que no ha sido tan permisiva con sus peculiaridades, la entrada en escena de una madre maltratadora y manipuladora, remover el pasado de su hermana muerta… Son demasiados frentes abiertos y Sofía Helin logra que conectemos aún más con Saga y su sufrimiento. El final de temporada es además agónico cuando es acusada del asesinato de su madre.

La cuarta y última temporada arranca dos años más tarde del final de la tercera, y esta vez el caso comienza en Copenhague cuando la policía encuentra lapidada a la directora general del Servicio de Inmigración. Henrik lleva la investigación y es Saga, cuando es puesta en libertad tras más de un año en la cárcel, quien se une a él. De hecho, dado que no tiene apartamento donde vivir, se muda a casa del danés.

Esta cuarta etapa de la serie vuelve a ser redonda. El hecho de que tenga un par de capítulos menos que las tandas anteriores hace que la acción se precipite y sea un poco más rápida. No obstante, como siempre en Bron/Broen, lo importante no es tanto la trama, sino la evolución de sus protagonistas.

Henrik consigue recomponer parcialmente su vida al cerrar el caso de la desaparición de su mujer e hijas y superar su adicción a los analgésicos. No es un final feliz, pero es un punto y seguido que le permite seguir adelante. Me gusta que no hayan buscado el “fueron felices y comieron perdices”, ya que sería romper con la dinámica de la serie.

Saga ha ido dando pequeños pasos a lo largo de los años hasta abrirse a los sentimientos (incluso llegando a enamorarse). Consigue un final catártico cerrando el episodio de la muerte de su hermana quitándose la culpa que cargaba al descubrir la verdad. El viaje de nuestra (anti)heroína ha concluido y ya no necesita seguir resolviendo casos y encerrando criminales para obtener cierta paz mental. Ahora es libre para emprender una nueva vida y descubrirse a sí misma sin los lazos que la ataban al pasado. Y qué mejor lugar que en el Puente de Øresund, donde todo comenzó.

Es un cierre perfecto para una serie que ha puesto sobre la mesa temas que están presentes en la sociedad como la fidelidad, el terrorismo, la deshumanización de la migración, las enfermedades mentales, la desigualdad económica, la lealtad, la amistad, la muerte, la culpa, el aborto… para invitar al espectador a reflexionar sobre sus propias decisiones y comportamientos. Al igual que ocurre con la novela nórdica, Bron/Broen intenta descubrir las imperfecciones de lo que muchas veces se considera una sociedad idílica y remover la conciencia del público.

Aunque es cierto que el peso recaía sobre los personajes principales, ha conseguido mantener el interés en los casos centrales. Ha tenido siempre el mismo esquema: crimen que implica a ambos lados de la frontera que mientras se va enredando va afectando personalmente a los protagonistas. Sin embargo, ha sabido tejer una telaraña narrativa que atrapa al espectador gracias al ritmo, giros de un guion milimétricamente caulculado y su atmósfera gris, fría y desoladora. Y no solo por los exteriores que favorecen esa ambientación por el clima y los paisajes escandinavos, sino gracias también a unos interiores sobrios y casi diáfanos.

También han sido importantes los personajes secundarios y los episódicos, que han estado muy bien trazados e integrados dentro de la trama.

Bron/Broen termina aquí, pero es tan atemporal que ha traspasado fronteras y ha inspirado remakes como The Bridge en Estados Unidos (con la frontera con México como escenario) o The Tunnel, con el Canal de la Mancha como centro de la historia. Sin embargo, creo que es difícil superar al original, que se ha convertido en una auténtica referencia del género nordic noir. La echaremos de menos, igual que a Saga Norén, policía de Malmö.

Serie Terminada: Motive

Motive es un drama policíaco poco convencional en el que de entrada el espectador conoce quién es el asesino. Daniel Cerone, guionista de Dexter, El Mentalista o The Blacklist parece que es fan de la mítica Colombo, así que decidió crear una serie con ciertos paralelismos, convirtiendo al crimen en el eje central de la trama. Lo importante no es llegar a desenmascarar al verdugo, sino en juntar las piezas del puzle.

En las primeras escenas conocemos tanto al asesino como a la víctima cada uno en una situación en la que de inicio no nos da la sensación de que tengan relación entre ellos. Una vez que ambas partes han sido presentadas avanzamos hasta el crimen, momento en que aparecen los detectives Angie Flynn, Oscar Vega y el novato Brian Lucas dispuestos a escuchar lo que la forense Betty Rogers tenga que comentarles sobre el cadáver encontrado.

A partir de ahí seguimos tres narraciones. En primer lugar tenemos a los policías investigando a la víctima e intentando encontrar sospechosos, en segundo lugar al asesino en el presente siguiendo con su vida tras el crimen y en tercer lugar vamos conociendo detalles de víctima y verdugo, así como el vínculo entre ambos gracias a los flahsbacks.

Como suele ocurrir en este tipo de series, juega con los giros de guion para descolocar al espectador. Y es que ya que conoces al asesino, por lo menos hay que buscar algo de intriga con el motivo. Los casos son muy variados y no siempre es todo blanco y negro. A veces es una discusión que acabó torciéndose o un accidente, y otras nos encontramos con el típico personaje que de primeras ya se ve que tiene el mal en él. Lo mismo ocurre con las víctimas: en ocasiones se empatiza con ellas, en otras podemos sentir que se lo han merecido.

Además del caso de la semana suele haber una segunda trama que abarca toda la temporada y que involucra de alguna forma a los protagonistas. Ya sea un caso del pasado de Flynn y el sargento Cross, la enfermedad de Vega o sus relaciones personales. Aunque esto es bastante secundario y no está tan bien dibujado. Me ha gustado el carácter de los protagonistas y la química entre ellos. Flynn y Vega casan muy bien, con una relación de compañerismo y amistad bastante profunda, de esas en las que se permiten bromear o ser sarcásticos sin que la otra parte se enfade. Además, se cubren y se preocupan el uno por el otro. La dinámica cambia en cierta medida cuando él promociona a sargento y los nuevos personajes no terminan de encajar igual.

En cuanto a los secundarios, Motive necesita enganchar cada semana con un caso diferente, así que tiene que llamar la atención. En este sentido es un desfile constante de rostros conocidos. Sobre todo me llamó la atención la cantidad de actores que ya habíamos visto en iZombie (supongo que tiene algo que ver que ambas fueran grabadas en Vancouver). En la última temporada incorpora como recurrente a Tommy Flanagan (Hijos de la Anarquía) como Jack Stoker, agente de la Interpol.

Cuando vi el piloto pensé que iba a ser una serie interesante por el cambio de premisa, pero al fin y al cabo una serie criminal más para pasar el rato. Sin embargo, de alguna forma u otra te acaba enganchando. Ya sea por la historia semanal, por el arco temporal o por los protagonistas. Es verdad que no es tremendamente innovadora, pero su fórmula mantiene el interés. Además, han sabido cerrarla a tiempo y bien con una cuarta temporada enfocada precisamente a ese final con un equipo en el que cada uno de sus miembros tiene que tomar decisiones sobre su futuro.

Nueva serie a la lista “para ver”: Bodyguard

Bodyguard llega a Netflix tras haber roto todos los récords de audiencia en Gran Bretaña. Producida por la BBC, ha sido la sensación del año por encima de otros grandes éxitos como Years and Years. Por ejemplo, el día de la emisión del último episodio reunió más de 17 millones de personas, aproximadamente un 40% del share. Creada y escrita por Jed Mercurio (Line of Duty), consta de seis episodios (no hay confirmada su continuación) y está protagonizada por Richard Madden (Rob Stark en Juego de Tronos) y Keeley Hawes.

Bodygard arranca con el protagonista, David Budd, frustrando un atentado terrorista en un tren en el que volvía a casa con sus hijos pequeños. Tras esta actuación el exmilitar ahora reconvertido en sargento de la Policía Metropolitana de Londres es ascendido a escolta personal de la Ministra de Interior británica, Julia Montague, una política conservadora que en el pasado apoyó la intervención militar en Afganistán. Precisamente aquella de la que Budd regresó cargado de secuelas. Separado y alcohólico por sufrir estrés postraumático, este veterano de guerra se encuentra en una encrucijada moral al tener que dejar de lado su vida personal y ser todo un profesional protegiendo a alguien que defiende unas ideas totalmente contrarias a las suyas.

Hawes se encuentra en el punto de mira al elevar el discurso sobre la inmigración y el terrorismo islámico. Es una mujer que aspira a convertirse en la próxima residente de Downing St., por lo que es objetivo tanto de ataques externos, como de internos. Molesta por su ambición, agresividad y liderazgo. Es una mujer que no disimula sus ansias de poder.

Bodygard presenta un thriller en el que la tensión aparece desde el minuto uno. Tensión en la trama ya desde el arranque que nos recuerda más a una película de espías clásica que de una serie de televisión; y tensión entre los personajes ya que apuesta por la relación compleja entre sus dos protagonistas. Ella ambiciosa, poderosa y fuerte; él herido emocionalmente y contenido profesionalmente. Cuenta además con una buena dosis de intriga gracias a una trama cargada de espionaje, crimen, conflictos de intereses y ambición de los poderes políticos. La fotografía acompaña, con ese toque frío tan característico de las series británicas y tan urbano, propio de Londres.

Algo tienen las ficciones policíacas, que no dejan de engancharme. Habrá que comprobar por qué ha enganchado a tantos británicos.

Nueva serie a la lista “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.

Nueva serie a la lista “para ver”: Hierro

Una boda. Una novia que llega a la iglesia pensando que se ha retrasado demasiado. Un novio que no ha aparecido y nadie sabe nada de él. Un cuerpo recuperado en una gruta bajo el mar. Y una nueva jueza encargada de resolver el crimen. Así arranca Hierro.

La trama tarda en arrancar. Durante los primeros minutos se suceden imágenes de El Hierro, la más occidental de las Islas Canarias, que se intercalan con el viaje de la novia y sus padres a la iglesia. Así, se presentan a la vez el escenario y los primeros personajes, quizá mostrando ya desde el inicio que es tan importante uno como los otros.

Hierro sigue un estilo muy típico del nordic noir presentando el lugar en que transcurre la acción como un personaje más. Las singularidades de una isla tan poco poblada condicionan la trama. Por un lado por sus paisajes salvajes en los que predomina la tierra volcánica, escarpados acantilados, extensas plantaciones de plataneros y los rugidos del océano y del viento y por otro lado porque esta localización tan recóndita influye en el carácter indómito de unos lugareños con unas tradiciones muy arraigadas. Este aislamiento permite además añadir una atmósfera de tensión a la trama que se mueve en armonía con un ritmo pausado propio del carácter canario.

El contraste con esta idiosincrasia local lo pone Candela, una jueza peninsular recién destinada a la isla. Mujer de carácter fuerte, se encuentra con su primer caso nada más llegar y enseguida verá cómo su forma de trabajar choca con los de las autoridades locales y las costumbres de los herreños.

El punto de partida no es nada nuevo, ofrece un cóctel ya visto en muchas series y novelas de intriga: lugar remoto, tranquilo y con una comunidad cerrada + crimen + personaje que llega de fuera y despierta recelo entre los locales. A partir de ahí comienzan a destaparse secretos, corruptelas, infidelidades, malos que no resultan serlo tanto, buenos que tienen un lado oscuro… Los ingredientes típicos, vaya. Sin embargo, Hierro invita a seguir viendo el resto de capítulos gracias a su fantástica fotografía (siempre tienes algo ganado cuando grabas en un lugar que es reserva de la Biosfera), a la banda sonora que parece reproducir los lamentos de la isla al introducir los sonidos del viento y del mar, al uso del acento autóctono que potencia el realismo (tan solo hay 3-4 actores que no son canarios) y a los personajes que parecen tener sus dobleces.

Además, cuenta con una temporada autoconclusiva de tan solo ocho capítulos de algo menos de una hora, por lo que no es una historia que se alargue eternamente para mantener a la audiencia. Imagino que si plantearan una segunda, sería con un nuevo caso.

Parece que la ficción nacional está mejorando notablemente en los últimos años.

Nueva serie a la lista “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.

Serie Terminada: iZombie

Tras cinco temporadas las aventuras de Liv en iZombie llegaron a su fin. Y aunque la serie terminó muy diferente a cómo empezó, creo que los creadores han sabido cuándo cerrarla.

Recordemos que iZombie no es una serie de zombies al uso, sino que escapa del género de terror y tiene un toque más de procedimental aunque con el Leitmotiv de los no-muertos como hilo conductor. Olivia Moore, estudiante de medicina, sale una noche de fiesta y descubre a la mañana siguiente que tiene una necesidad imperiosa de comer cerebros. Contagiada por culpa de un arañazo, decide que no puede seguir con su vida como siempre y, para proteger a sus seres queridos, toma distancia (llega incluso a romper con su prometido) y cambia su especialidad médica por la morgue.

En el depósito no solo se asegura que no dañará a sus pacientes, sino que además tiene a su disposición barra libre de cerebros. Pero su secreto pronto es descubierto, y su jefe, Ravi, se convierte en su amigo y confidente. Además, fascinado por su contagio, intentará investigar qué pasó la noche en que Liv fue contagiada así como encontrar una cura.

Mientras tanto, Liv sigue con su “vida y, dado que descubre que cuando come un cerebro tiene visiones de el fallecido, decide hacer algo bueno y ayudar a la policía como supuesta vidente. Así, comenzará a trabajar con el inspector Babineaux.

Durante prácticamente toda la primera temporada vamos conociendo a los personajes, cómo funciona este tipo de zombies y además se van resolviendo los casos criminales autoconclusivos. Sin embargo, a pesar de una premisa a priori simple, la serie engancha. Y lo hace gracias al ritmo, los personajes, los diálogos, las referencias pop, la fotografía, la música o el mensaje.

Es una serie fresca y dinámica con elementos policíacos, pero además tiene mucho de sátira y parodia, lo cual aligera el ritmo y la temática que se trata, en la que hay continuas referencias a asesinatos, muertes, decapitaciones… Aboga por el entretenimiento y la comedia con un poco de humor negro para equilibrar lo dramático.

En cuanto a los personajes, si bien es cierto que al principio conocemos sobre todo a Liv, Ravi, Babineux y el villano Blaine, a medida que avanza la trama y pasan las temporadas también van ganando peso el exprometido Major Lilywhite y Peyton, la amiga y compañera de piso. Juntos forman un grupo de lo más heterogéneo que sin embargo casa muy bien. Y aunque el secreto de Liv le da algo de chispa a la trama, funciona incluso mejor cuando su círculo más cercano lo descubre. La serie se va volviendo más coral a medida que avanza.

Rose McIver está espectacular en cada capítulo. En cada uno de ellos ha de seguir siendo Liv, pero a la vez combinar su personaje con el de aquel cuyo cerebro se haya comido esta. Este juego le permite lucirse en una cantidad de roles impresionante y el resultado es siempre disparatado, incluso cuando está bajo la influencia de alguien odioso. Es verdad que los caracteres están siempre algo exagerados y estereotipados, pero es que iZombie tiene ese tono.

Todo ello además teniendo en cuenta que es neozelandesa y actúa con acento estadounidense.

A la carta bien jugada de introducir un elemento nuevo en cada capítulo gracias a las personalidades de los cerebros se une el elegante despliegue gastronómico. Una cosa es que seas una zombie, hayas perdido el sentido del gusto y solo paladees el picante y otra cosa que tengas que alimentarte de cerebros humanos crudos (que también). Así, Liv se curra cada día una receta, desde los clásicos fideos de bote hasta un estofado pasando por batidos, sopas, ensaladas, huevos revueltos, sushi, pizza o hamburguesa. No es que los cerebros estén muy logrados (no creo que lo pretendieran), pues se ve claramente que parecen gelatina, pero despierta el interés de ver qué receta se van a sacar de la manga.

También está muy cuidada la estructura de cada capítulo con una cortinilla a modo de cómic. De hecho, están dibujados por Mike Allred, quien ilustra la mayoría de los números y portadas del cómic original de iZombie en que se basa la serie.

Otro de los atractivos de la ficción es que no se toma en serio a sí misma y está pegada a la actualidad gracias a sus referencias a la cultura popular. No solo se mencionan series, libros, artistas, canciones o películas, sino que los protagonistas se ven envueltos en una partida de rol o acuden a la grabación de una serie juvenil sobre zombies. Rob Thomas es muy aficionado a este tipo de alusiones, de hecho, incluso hace humor consigo mismo introduciendo a un cantante que se llama igual que él y es mencionado en varias ocasiones como “el único Rob Thomas”. Y claro, no podían faltar las referencias a Veronica Mars.

Dejando de lado que ambas series son similares en cuanto al estilo juvenil pero no adolescente, en los caracteres, en la estructura de los episodios y temporadas, en la voz en off que acompaña a la protagonista, o en el toque irónico y sarcástico de los diálogos; Thomas no deja escapar ni un sólo juego de palabras y ha unido ambas con alusiones sutiles como ese “A long time ago, we used to be friends”, en boca de Liv que nos lleva a tararear la canción de Dandy Warhols que servía de cabecera en la serie de Neptune.

Y no solo eso, sino que aparece medio elenco de Veronica Mars (incluso la propia Kristen Bell vía audiolibro). Y no hablamos solo de cameos, es que Jason Dohring (Logan) tiene un papel recurrente durante 15 episodios.

No es un problema para mí, de hecho esa similitud entre las series es lo que me atrajo de ella en un primer lugar. Aunque cabe recalcar que iZombie sabe seguir su propio camino y es mucho más de lo que parece a primera vista. Rompe con los esquemas típicos de series de zombies reinventando el género y convirtiéndolo en una ficción sobre la vida, la muerte, la amistad y el respeto al diferente. Ahora que se ha acabado, tendremos que retomar Veronica Mars, que ha vuelto inesperadamente con una cuarta temporada.

Serie Terminada: Major Crimes

Cuando Kyra Sedgwick decidió que ya llevaba demasiado tiempo con el papel de Brenda Johnson y que quería seguir adelante con su carrera, James Duff, el creador de The Closer, no quiso acabar con la serie, pues funcionaba bastante bien en pantalla. Así se dotó de mayor protagonismo al papel de la recién introducida protagonista, la investigadora de Asuntos Internos Sharon Raydor, y se buscó un argumento para la salida de Brenda. Nació entonces el spin-off Major Crimes.

Aunque en realidad, enseguida se ve que no se trata de un spin-off, sino que seguimos con la misma serie con otra protagonista principal. Continuamos con la misma estética, la misma cabecera, la misma estructura argumental, en el departamento de Grandes Crímenes de la policía de Los Ángeles, con los mismos protagonistas (salvo dos bajas que son sustituidas por la novata detective Skyes, que sirvió en Afganistán y Rusty, un menor testigo de un crimen). Además, arranca igual que su predecesora: con una nueva jefa que intenta ganarse a su equipo. Eso sí, las técnicas de Brenda y de Sharon no son iguales. Mientras que la primera era dulce e iba con sutileza para conseguir su objetivo, Raydor es firme desde el principio. Es un “esto es lo que hay”, “aquí mando yo”.

Sí que es verdad que hay algún otro matiz que sirve para diferenciar una serie de otra, pero todos se deben al cambio de jefa. Mientras que el punto fuerte de Brenda era acorralar a los sospechosos en los interrogatorios, Sharon no tiene tanta paciencia. Con la excusa de que el departamento tiene que recortar gastos, su intención es conseguir cuanto antes un acuerdo. Así, trabajará más de cerca con la fiscalía para llegar a esos tratos. No obstante, a medida que van avanzando las temporadas, la cosa cambia y sí que se asemeja más a la estructura de The Closer. Eso sí, Raydor no intenta ser Johnson y el resto de personajes gana protagonismo en el desarrollo de los casos.

En la serie madre la que se echaba la serie a las espaldas era Brenda. Su carácter sureño, su gran bolso, sus chocolatinas en el cajón de su despacho, las discusiones con Fritz, la relación con sus padres (e incluso con su gato)… todo ello daba forma al personaje. Le confería un cierto toque cómico y el espectador simpatizaba con ella. Sin embargo, creo que esto le falta a Major Crimes. Al menos al principio. Sharon no tiene el mismo carisma ni la misma fuerza. No significa necesariamente que sea malo, pues esto la convierte en una serie más coral. No obstante, me da la sensación de que no era precisamente la intención, sino que el hecho de que el personaje de la capitana Raydor tuviera menos fondo, menos vida, se debía a que había sido creado como secundario. Para liderar la nueva serie el televidente necesita mucha más información. Y salvo la relación con Rusty y que venía de Asuntos Internos, poco más conocíamos. A medida que avanzó la trama ya sí que conocimos a sus hijos, exmarido e incluso se le dio cabida a su vida más allá del entorno laboral (o en realidad no tanto, porque eso de emparejar compañeros ya está muy visto).

En cualquier caso, la serie funciona a lo largo de sus seis temporadas. Por el tipo de serie en realidad no hace falta ahondar mucho en los personajes. Nos basta con saber qué personaje cumple qué cometido y el desarrollo del caso semanal. Y ahí, Major Crimes acierta. Creo que contenta tanto a los que llegamos a ella tras ver The Closer como a los que lo hacen de nuevas buscando una serie policiaca que entretenga.

Nueva serie a la lista “para ver”: Legends

Legend es la palabra que usan en la División de Operaciones Encubiertas del FBI para referirse a una personalidad falsa creada para infiltrar a un agente. Para que sea más creíble, se dota a la personalidad de un pasado, huellas y registros administrativos.

En la serie Legends, Martin Odum es uno de estos agentes encubiertos que asumen esas personalidades falsas. Sin embargo, da un paso más a la hora de meterse en su nueva identidad. Él se lo cree y adopta tics, acentos y vestimenta. Se mete tanto en su papel que a veces parece no distinguir su yo real de su yo falso. Y no es extraño, ya que se pasa casi más tiempo siendo otro que él mismo.

Cada caso le exige cambiar de identidad, así que parece estar un poco tocado por tanto cambio. Pero además, para añadir más leña al fuego, un día un vagabundo comienza a seguirle y le dice que no es quien cree que es, que vive en una mentira. Así, comenzará a cuestionarse su cordura, el entorno que lo rodea y si hay una conspiración de la que no se ha dado cuenta.

Y esto es quizás lo que llama la atención de la serie: la conspiración. Sin ella, sería un procedimental más de casos del FBI. Pero las teorías conspiranoicas funcionan, sobre todo cuando el gobierno o una agencia están implicadas.

Basada en el libro Legends: A novel of Dissimulation de Robert Littell, ha sido adaptada por el productor y guionista de Homeland. Está interpretada por Sean Bean (conocido por Ned Stark en Juego de Tronos y Boromir en El Señor de los Anillos), Ali Larter (Héroes), Tina Majorino (Castle) y Amber Valletta (Revenge) entre otros.

Cuenta con dos temporadas de 10 capítulos cada una, y, aunque no es un serión, parece entretenida.