Serie para ver: Hierro

Una boda. Una novia que llega a la iglesia pensando que se ha retrasado demasiado. Un novio que no ha aparecido y nadie sabe nada de él. Un cuerpo recuperado en una gruta bajo el mar. Y una nueva jueza encargada de resolver el crimen. Así arranca Hierro.

La trama tarda en arrancar. Durante los primeros minutos se suceden imágenes de El Hierro, la más occidental de las Islas Canarias, que se intercalan con el viaje de la novia y sus padres a la iglesia. Así, se presentan a la vez el escenario y los primeros personajes, quizá mostrando ya desde el inicio que es tan importante uno como los otros.

Hierro sigue un estilo muy típico del nordic noir presentando el lugar en que transcurre la acción como un personaje más. Las singularidades de una isla tan poco poblada condicionan la trama. Por un lado por sus paisajes salvajes en los que predomina la tierra volcánica, escarpados acantilados, extensas plantaciones de plataneros y los rugidos del océano y del viento y por otro lado porque esta localización tan recóndita influye en el carácter indómito de unos lugareños con unas tradiciones muy arraigadas. Este aislamiento permite además añadir una atmósfera de tensión a la trama que se mueve en armonía con un ritmo pausado propio del carácter canario.

El contraste con esta idiosincrasia local lo pone Candela, una jueza peninsular recién destinada a la isla. Mujer de carácter fuerte, se encuentra con su primer caso nada más llegar y enseguida verá cómo su forma de trabajar choca con los de las autoridades locales y las costumbres de los herreños.

El punto de partida no es nada nuevo, ofrece un cóctel ya visto en muchas series y novelas de intriga: lugar remoto, tranquilo y con una comunidad cerrada + crimen + personaje que llega de fuera y despierta recelo entre los locales. A partir de ahí comienzan a destaparse secretos, corruptelas, infidelidades, malos que no resultan serlo tanto, buenos que tienen un lado oscuro… Los ingredientes típicos, vaya. Sin embargo, Hierro invita a seguir viendo el resto de capítulos gracias a su fantástica fotografía (siempre tienes algo ganado cuando grabas en un lugar que es reserva de la Biosfera), a la banda sonora que parece reproducir los lamentos de la isla al introducir los sonidos del viento y del mar, al uso del acento autóctono que potencia el realismo (tan solo hay 3-4 actores que no son canarios) y a los personajes que parecen tener sus dobleces.

Además, cuenta con una temporada autoconclusiva de tan solo ocho capítulos de algo menos de una hora, por lo que no es una historia que se alargue eternamente para mantener a la audiencia. Imagino que si plantearan una segunda, sería con un nuevo caso.

Parece que la ficción nacional está mejorando notablemente en los últimos años.

Nueva serie “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.

Serie Terminada: iZombie

Tras cinco temporadas las aventuras de Liv en iZombie llegaron a su fin. Y aunque la serie terminó muy diferente a cómo empezó, creo que los creadores han sabido cuándo cerrarla.

Recordemos que iZombie no es una serie de zombies al uso, sino que escapa del género de terror y tiene un toque más de procedimental aunque con el Leitmotiv de los no-muertos como hilo conductor. Olivia Moore, estudiante de medicina, sale una noche de fiesta y descubre a la mañana siguiente que tiene una necesidad imperiosa de comer cerebros. Contagiada por culpa de un arañazo, decide que no puede seguir con su vida como siempre y, para proteger a sus seres queridos, toma distancia (llega incluso a romper con su prometido) y cambia su especialidad médica por la morgue.

En el depósito no solo se asegura que no dañará a sus pacientes, sino que además tiene a su disposición barra libre de cerebros. Pero su secreto pronto es descubierto, y su jefe, Ravi, se convierte en su amigo y confidente. Además, fascinado por su contagio, intentará investigar qué pasó la noche en que Liv fue contagiada así como encontrar una cura.

Mientras tanto, Liv sigue con su “vida y, dado que descubre que cuando come un cerebro tiene visiones de el fallecido, decide hacer algo bueno y ayudar a la policía como supuesta vidente. Así, comenzará a trabajar con el inspector Babineaux.

Durante prácticamente toda la primera temporada vamos conociendo a los personajes, cómo funciona este tipo de zombies y además se van resolviendo los casos criminales autoconclusivos. Sin embargo, a pesar de una premisa a priori simple, la serie engancha. Y lo hace gracias al ritmo, los personajes, los diálogos, las referencias pop, la fotografía, la música o el mensaje.

Es una serie fresca y dinámica con elementos policíacos, pero además tiene mucho de sátira y parodia, lo cual aligera el ritmo y la temática que se trata, en la que hay continuas referencias a asesinatos, muertes, decapitaciones… Aboga por el entretenimiento y la comedia con un poco de humor negro para equilibrar lo dramático.

En cuanto a los personajes, si bien es cierto que al principio conocemos sobre todo a Liv, Ravi, Babineux y el villano Blaine, a medida que avanza la trama y pasan las temporadas también van ganando peso el exprometido Major Lilywhite y Peyton, la amiga y compañera de piso. Juntos forman un grupo de lo más heterogéneo que sin embargo casa muy bien. Y aunque el secreto de Liv le da algo de chispa a la trama, funciona incluso mejor cuando su círculo más cercano lo descubre. La serie se va volviendo más coral a medida que avanza.

Rose McIver está espectacular en cada capítulo. En cada uno de ellos ha de seguir siendo Liv, pero a la vez combinar su personaje con el de aquel cuyo cerebro se haya comido esta. Este juego le permite lucirse en una cantidad de roles impresionante y el resultado es siempre disparatado, incluso cuando está bajo la influencia de alguien odioso. Es verdad que los caracteres están siempre algo exagerados y estereotipados, pero es que iZombie tiene ese tono.

Todo ello además teniendo en cuenta que es neozelandesa y actúa con acento estadounidense.

A la carta bien jugada de introducir un elemento nuevo en cada capítulo gracias a las personalidades de los cerebros se une el elegante despliegue gastronómico. Una cosa es que seas una zombie, hayas perdido el sentido del gusto y solo paladees el picante y otra cosa que tengas que alimentarte de cerebros humanos crudos (que también). Así, Liv se curra cada día una receta, desde los clásicos fideos de bote hasta un estofado pasando por batidos, sopas, ensaladas, huevos revueltos, sushi, pizza o hamburguesa. No es que los cerebros estén muy logrados (no creo que lo pretendieran), pues se ve claramente que parecen gelatina, pero despierta el interés de ver qué receta se van a sacar de la manga.

También está muy cuidada la estructura de cada capítulo con una cortinilla a modo de cómic. De hecho, están dibujados por Mike Allred, quien ilustra la mayoría de los números y portadas del cómic original de iZombie en que se basa la serie.

Otro de los atractivos de la ficción es que no se toma en serio a sí misma y está pegada a la actualidad gracias a sus referencias a la cultura popular. No solo se mencionan series, libros, artistas, canciones o películas, sino que los protagonistas se ven envueltos en una partida de rol o acuden a la grabación de una serie juvenil sobre zombies. Rob Thomas es muy aficionado a este tipo de alusiones, de hecho, incluso hace humor consigo mismo introduciendo a un cantante que se llama igual que él y es mencionado en varias ocasiones como “el único Rob Thomas”. Y claro, no podían faltar las referencias a Veronica Mars.

Dejando de lado que ambas series son similares en cuanto al estilo juvenil pero no adolescente, en los caracteres, en la estructura de los episodios y temporadas, en la voz en off que acompaña a la protagonista, o en el toque irónico y sarcástico de los diálogos; Thomas no deja escapar ni un sólo juego de palabras y ha unido ambas con alusiones sutiles como ese “A long time ago, we used to be friends”, en boca de Liv que nos lleva a tararear la canción de Dandy Warhols que servía de cabecera en la serie de Neptune.

Y no solo eso, sino que aparece medio elenco de Veronica Mars (incluso la propia Kristen Bell vía audiolibro). Y no hablamos solo de cameos, es que Jason Dohring (Logan) tiene un papel recurrente durante 15 episodios.

No es un problema para mí, de hecho esa similitud entre las series es lo que me atrajo de ella en un primer lugar. Aunque cabe recalcar que iZombie sabe seguir su propio camino y es mucho más de lo que parece a primera vista. Rompe con los esquemas típicos de series de zombies reinventando el género y convirtiéndolo en una ficción sobre la vida, la muerte, la amistad y el respeto al diferente. Ahora que se ha acabado, tendremos que retomar Veronica Mars, que ha vuelto inesperadamente con una cuarta temporada.

Serie Terminada: Major Crimes

Cuando Kyra Sedgwick decidió que ya llevaba demasiado tiempo con el papel de Brenda Johnson y que quería seguir adelante con su carrera, James Duff, el creador de The Closer, no quiso acabar con la serie, pues funcionaba bastante bien en pantalla. Así se dotó de mayor protagonismo al papel de la recién introducida protagonista, la investigadora de Asuntos Internos Sharon Raydor, y se buscó un argumento para la salida de Brenda. Nació entonces el spin-off Major Crimes.

Aunque en realidad, enseguida se ve que no se trata de un spin-off, sino que seguimos con la misma serie con otra protagonista principal. Continuamos con la misma estética, la misma cabecera, la misma estructura argumental, en el departamento de Grandes Crímenes de la policía de Los Ángeles, con los mismos protagonistas (salvo dos bajas que son sustituidas por la novata detective Skyes, que sirvió en Afganistán y Rusty, un menor testigo de un crimen). Además, arranca igual que su predecesora: con una nueva jefa que intenta ganarse a su equipo. Eso sí, las técnicas de Brenda y de Sharon no son iguales. Mientras que la primera era dulce e iba con sutileza para conseguir su objetivo, Raydor es firme desde el principio. Es un “esto es lo que hay”, “aquí mando yo”.

Sí que es verdad que hay algún otro matiz que sirve para diferenciar una serie de otra, pero todos se deben al cambio de jefa. Mientras que el punto fuerte de Brenda era acorralar a los sospechosos en los interrogatorios, Sharon no tiene tanta paciencia. Con la excusa de que el departamento tiene que recortar gastos, su intención es conseguir cuanto antes un acuerdo. Así, trabajará más de cerca con la fiscalía para llegar a esos tratos. No obstante, a medida que van avanzando las temporadas, la cosa cambia y sí que se asemeja más a la estructura de The Closer. Eso sí, Raydor no intenta ser Johnson y el resto de personajes gana protagonismo en el desarrollo de los casos.

En la serie madre la que se echaba la serie a las espaldas era Brenda. Su carácter sureño, su gran bolso, sus chocolatinas en el cajón de su despacho, las discusiones con Fritz, la relación con sus padres (e incluso con su gato)… todo ello daba forma al personaje. Le confería un cierto toque cómico y el espectador simpatizaba con ella. Sin embargo, creo que esto le falta a Major Crimes. Al menos al principio. Sharon no tiene el mismo carisma ni la misma fuerza. No significa necesariamente que sea malo, pues esto la convierte en una serie más coral. No obstante, me da la sensación de que no era precisamente la intención, sino que el hecho de que el personaje de la capitana Raydor tuviera menos fondo, menos vida, se debía a que había sido creado como secundario. Para liderar la nueva serie el televidente necesita mucha más información. Y salvo la relación con Rusty y que venía de Asuntos Internos, poco más conocíamos. A medida que avanzó la trama ya sí que conocimos a sus hijos, exmarido e incluso se le dio cabida a su vida más allá del entorno laboral (o en realidad no tanto, porque eso de emparejar compañeros ya está muy visto).

En cualquier caso, la serie funciona a lo largo de sus seis temporadas. Por el tipo de serie en realidad no hace falta ahondar mucho en los personajes. Nos basta con saber qué personaje cumple qué cometido y el desarrollo del caso semanal. Y ahí, Major Crimes acierta. Creo que contenta tanto a los que llegamos a ella tras ver The Closer como a los que lo hacen de nuevas buscando una serie policiaca que entretenga.

Nueva serie a la lista “para ver”: Legends

Legend es la palabra que usan en la División de Operaciones Encubiertas del FBI para referirse a una personalidad falsa creada para infiltrar a un agente. Para que sea más creíble, se dota a la personalidad de un pasado, huellas y registros administrativos.

En la serie Legends, Martin Odum es uno de estos agentes encubiertos que asumen esas personalidades falsas. Sin embargo, da un paso más a la hora de meterse en su nueva identidad. Él se lo cree y adopta tics, acentos y vestimenta. Se mete tanto en su papel que a veces parece no distinguir su yo real de su yo falso. Y no es extraño, ya que se pasa casi más tiempo siendo otro que él mismo.

Cada caso le exige cambiar de identidad, así que parece estar un poco tocado por tanto cambio. Pero además, para añadir más leña al fuego, un día un vagabundo comienza a seguirle y le dice que no es quien cree que es, que vive en una mentira. Así, comenzará a cuestionarse su cordura, el entorno que lo rodea y si hay una conspiración de la que no se ha dado cuenta.

Y esto es quizás lo que llama la atención de la serie: la conspiración. Sin ella, sería un procedimental más de casos del FBI. Pero las teorías conspiranoicas funcionan, sobre todo cuando el gobierno o una agencia están implicadas.

Basada en el libro Legends: A novel of Dissimulation de Robert Littell, ha sido adaptada por el productor y guionista de Homeland. Está interpretada por Sean Bean (conocido por Ned Stark en Juego de Tronos y Boromir en El Señor de los Anillos), Ali Larter (Héroes), Tina Majorino (Castle) y Amber Valletta (Revenge) entre otros.

Cuenta con dos temporadas de 10 capítulos cada una, y, aunque no es un serión, parece entretenida.

Saga Millenium

Hoy para acabar el año traigo una recomendación literaria. Hace ya más de una década (que se dice pronto) que salió a la luz Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la saga Millenium de Stieg Larsson.Este periodista comenzó a escribir una serie de novelas sin intención de publicarlas, más como entretenimiento. Sin embargo, en determinado momento cambió de opinión y envió a una editorial los tres primeros libros. Tenía pensado escribir 10, pero lamentablemente, murió de un infarto prematuramente y no pudo acabar la saga. De hecho los tres primeros se publicaron de forma póstuma.

Hoy hay toda una batalla legal por los textos que dejó inacabados Larsson. Eva Gabrielsson, su pareja durante 30 años, es quien los conserva, pero como no se casaron, legalmente no le pertenecen y no puede publicarlos. Son el hermano y el padre quienes han heredado los derechos multimillonarios y quienes han autorizado a que se continúe la saga. Así, a La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006) y La reina en el palacio de las corrientes de aire (2007) le siguen Lo que no mata te hace más fuerte (2015) y El hombre que perseguía su sombra (2017), escritos por David Lagercrantz, periodista sueco y escritor de la biografía del futbolista Ibrahimovic.

La saga recibe el nombre de la revista económica de la que el protagonista, Mikael Blomkvist, periodista de investigación, es co-editor. El otro personaje principal es Lisbeth Salander, una hacker veinteañera antisocial con memoria fotográfica.

En el primer libro Mikael es condenado por difamar al empresario millonario Hans-Erik Wennerström y, como consecuencia, queda apartado de la revista. Para escapar de la prensa antes de cumplir condena acepta un proyecto de escribir un libro sobre una acaudalada familia e investigar una desaparición ocurrida en los años 60. Los caminos de este trabajo harán que Mikael se cruce en el camino de Lisbeth, quien le ayudará no solo en la desaparición sino en la trama de corrupción por la que fue apartado. Y de paso conoceremos algo de esta misteriosa y fuerte joven.

A mí la novela policíaca siempre me ha gustado, pero fue con la saga Millenium cuando descubrí el género nórdico. La literatura policíaca escandinava tiene otro punto, esa oscuridad, esos relatos gélidos, esas tramas en pueblos perdidos e incomunicados… Con esa escena de fondo Larsson planteaba su narración con un estilo muy periodístico y complejo. Así, en el relato se mezclan varias historias, generalmente con un trasfondo político y económico que a veces cuesta seguir y requiere de una lectura sosegada para no perder detalle. Y cuando crees que las diferentes vías de investigación no guardan relación…¡Zas!, todo cobra sentido. Su estilo era ir dejando detalles a lo largo de la historia para hacerlos encajar hacia el final.

En La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina el periodista comienza a investigar sobre el tráfico sexual de mujeres de Europa del Este en Suecia.

Por su parte, La reina en el palacio de las corrientes de aire nos hace entender que la verdadera protagonista es Lisbeth. Mikael trabaja en la revista Millenium que da nombre a la saga y es el que busca la historia para su libro, pero en realidad, ella es el hilo conductor.

Y aunque no estaba concebido como trilogía, realmente podía haber concluido con la tercera entrega. Así pues, cuando leí que David Lagercrantz iba a continuar con la saga, tuve mis dudas sobre si continuar o no. De hecho, hasta que no salió el quinto volumen en septiembre de este año no me decidí. Y en dos semanas he devorado Lo que no mata te hace más fuerte y El hombre que perseguía su sombra.

Los temas se han actualizado y Lo que no mata te hace más fuerte se centra en temas más actuales. Por un lado la Millenium ha recibido una inyección económica de un grupo corporativo que parece que quiere dar un giro a la revista. Es la época del sensacionalismo, las noticias rápidas, del clickbait. Mikael y Erika quieren conservar el estilo de siempre, ser fieles a ese periodismo más tranquilo, que busca resquicios, fuentes, que ahonda en la noticia. Pero todo parece parado, no hay una gran historia. Hasta que aparece, y no es ni más ni menos que una trama de secretos corporativos, tráfico ilegal de información confidencial, internet profunda, inteligencia artificial y problemas matemáticos. En definitiva, un mundo más digital en el que más que nunca Mikael Blomkvist necesitará a Lisbeth Salander.

Tiene un poco de Wikileaks y del caso Snowden tratando el espionaje industrial, y cómo los servicios de inteligencia controlan nuestro día a día gracias a la huella digital. Esto unido a la inteligencia artificial da un poco de miedo, pues ocurre como con la bomba atómica, que un gran hallazgo en malas manos puede ser un desastre de magnitud mundial.

La historia engancha. Lagercrantz se encarga de crear un ambiente, las diferentes historias paralelas, de contarnos qué ha pasado con los protagonistas en este tiempo, de presentarnos a los nuevos personajes… y lo hace bien. Pero se nota la diferencia con Larsson. Mikael y Lisbeth no son los mismos y he echado en falta algo más de interacción entre ambos. Y en general más socialización entre los personajes.

En El hombre que perseguía su sombra creo que al buscar un estilo propio, sin querer seguir las primeras novelas, Lagercrantz ha recuperado aquel estilo. Es decir, cuanto más se ha querido distanciar, más se ha acercado al estilo Larsson. Y es que aquí volvemos a los orígenes, a la infancia de Lisbeth, a su compleja familia, a su tutor… Seguimos con el mundo hacker de fondo, claro, pero se entremezclan pasado y presente con varias tramas en torno al abuso de poder, al fanatismo religioso y a la experimentación con gemelos para determinar si es la herencia genética o el entorno lo que influye en lo que somos.

Creo que este último libro funciona mejor porque es Salander la protagonista desde la primera página. Como decía antes, es ella quien sirve de hilo conductor y nexo de unión de todas las ramificaciones de la novela. El personaje de Mikael no es nada novedoso. Podría ser periodista, detective o empresario, pero al final es un arquetipo muy visto: el típico héroe masculino que lucha con todo en contra. Ella sí que rompe con las reglas de la novela policíaca (y novela en general) en que la mujer es siempre esposa/hermana/hija/amiga del protagonista y/o víctima que acaba violada y/o asesinada. Mujeres que necesitaban que un hombre las protegiera. Lisbeth es lo opuesto a eso. Ella se vale por sí misma. Es un personaje que tiene su desarrollo y su pasado. Y no tiene que ser atractiva (aunque puede serlo). Supongo que influye mucho en la configuración del personaje que el autor sea sueco, ya que Suecia es uno de los países a la cabeza en igualdad.

Otro hecho que hace que este libro case mejor con los tres primeros es que ha vuelto a temas de denuncia social como la opresión de la mujer, el racismo y la intolerancia. Este era el sello de Larsson, el poner en relieve las injusticias sociales y las corrupciones políticas y económicas. De hecho al parecer antes de morir trabajaba en una trama sobre los asesinatos y desapariciones de las mujeres de Ciudad Juárez, en México.

Parece que nos queda un último libro que se publicará en 2019, pues David Lagercrantz ha dicho que con tres es suficiente y que quiere hacer otras cosas. Veremos a ver si es de verdad el último y si es conclusivo o deja la historia abierta. ¿Quizá trate sobre la crisis bursátil y la inestabilidad económica? Me da la sensación de que ha dado pinceladas en las dos entregas para que vaya por ahí la historia.

Mientras esperamos, nos quedan las películas. En versión sueca o americana, porque ya se sabe, a los estadounidenses si algo les gusta, lo rehacen. A ellos eso de doblar no les va. Yo tan solo he visto las suecas, y he de decir que me gustaron. Eso sí, si no me hubiera leído los libros, mucho más. Los personajes están muy bien conseguidos, la historia es ágil, la fotografía muy nórdica, con sus paisajes, su oscuridad, ese punto de novela negra… El problema es que al haber leído las novelas faltan cosas y otras se han modificado. Lo comprendo. Todo no cabe, son libros extensos… entiendo que se omitan detalles, personajes secundarios… pero que decidas no ahondar en una relación entre personajes como la de Mikael y Erika durante la primera película, y que luego de repente en la segunda sí le des importancia… al espectador se le queda una cara de O_O ¿esto a qué viene? Pero por lo demás, están muy bien, el personaje de Lisbeth está muy bien interpretado y caracterizado, es la imagen que yo tenía en mi cabeza. Eso sí, parece ser que para las nuevas entregas habrá cambio de actriz. Habrá que esperar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Modus

Cada vez llegan más series escandinavas a nuestra parrilla. Una de las últimas es Modus, del canal sueco TV4. Basada en la novela Noche cerrada en Bergen de la autora noruega Anne Holt, Modus es un thriller policíaco cuya protagonista es Inger Johanne Vik, una psicóloga y criminóloga que tras haber trabajado durante un tiempo para el FBI vuelve a Suecia. Durante la boda de su hermana su hija autista se convertirá en testigo accidental de un crimen. Por ello, y por su experiencia, la policía sueca pedirá su colaboración y tendrá que trabajar con el detective Ingvar Nymann de la Policía de Estocolmo.

Sin embargo, ya en el piloto vemos que el asesinato del que Stina, la hija de Inger, es testigo no es el único. En Nochebuena, la obispo Elisabeth Lindgren es asesinada en Uppsala. Hay un asesino en serie, que el espectador conoce desde el principio. Sin embargo, poco se sabe de él, no sabe qué le motiva. Tan solo que es un lobo solitario que sigue indicaciones de alguien que tan solo le hace llegar objetivo y lugar vía sms. Así pues, parece que la serie nos plantea un juego del gato y del ratón entre los dos inspectores y el asesino.

Es una serie sencilla con una única trama durante ocho episodios que transcurren en un desolado paisaje invernal sueco donde hay más horas de oscuridad que de luz. Esta falta de iluminación es un recurso típico de las producciones escandinavas. No es de extrañar que se les dé tan bien el thriller, ya que la oscuridad se convierte en un personaje más. Incluso esos paisajes nevados, tan luminosos, también provocan angustia, ansiedad, incertidumbre. Y si combinamos el silencio de un asesino que no sabes qué le mueve, la oscuridad/luz, la banda sonora… A mí me tienen enganchada.

La primera temporada se estrenó en 2015 en Suecia, y la segunda, basada en Crepúsculo en Oslo, este otoño de 2017. Es curioso que no sigan los libros en orden, ya que Noche Cerrada en Bergen era el cuarto de la saga y Crepúsculo en Oslo el segundo.