Viajar IV (2015)

2015 se salió un poco de lo habitual, pues no paramos. Primero la Luna de Miel a Japón. Creo que ha sido el viaje en el que hemos tenido un mayor contraste con sus paisajes, sus templos, su cultura, su gente, su comida…

Fueron 21 días a tope, empezando por Kioto, con un ambiente mucho más tradicional, hasta llegar a Tokio, mucho más moderno y caótico. Y entre medias, las montañas, otro mundo.

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Una pasada cada ciudad, cada rinconcito, la afabilidad de la gente, la comida, los templos

Después en verano volvimos a hacer un interrail, esta vez por las Capitales Imperiales: a las tradicionales Viena, Praga y Budapest añadimos Bratislava, que está a tiro de piedra. Nada que ver la arquitectura imperial y la historia de estas ciudades con Japón. De un extremo a otro.

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

Bratislava es la capital de Eslovaquia desde el 1 de Enero de 1993, año en que nace la República Eslovaca tras la disolución de la antigua Checoslovaquia. Básicamente tiene tres puntos de interés. La zona de la Ciudad Vieja, que es la más interesante desde el punto de vista monumental; el Castillo, que teníamos cerca del hotel; y el Palacio Grassalkovich.

Lamentablemente no queda mucha historia de la ciudad en sus calles, puesto que en los años 60 los planes urbanísticos arrasaron con el barrio antiguo que se encontraba entre la Catedral de San Martín y el Castillo. Parece que era más importante hacer llegar las carreteras que comunicaban Viena o Budapest con Bratislava que mantener siglos de historia. Así pues, ahora discurre la Calle Staromeska, una de las principales arterias de la ciudad y que desemboca en el Puente Nuevo.

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres. Tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante. Es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Y para finalizar, de imperios iba el año: el Imperio del Sol Naciente, Capitales Imperiales y el antiguo Imperio Otomano. En noviembre viajamos en familia a Estambul. Hablando de contrastes…

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

Fue un gran año viajero. Y 2016 también, empezamos 2017 en breve y yo con un año de retraso. ¡Si es que el tiempo vuela!

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Interrail

Capitales Imperiales era un destino que teníamos en mente desde hacía tiempo y que, como comenté, lo habíamos ido posponiendo porque no eran muy factibles las opciones que veíamos. Sin embargo, tras hacer el interrail por Benelux, se nos planteó una nueva forma de viajar y se nos abrió el mundo.

Elegimos el billete de 5 días contando con los desplazamientos del primer y último día, así como los traslados Budapest – Bratislava, Bratislava – Viena y Viena – Praga. Sin embargo, gastamos menos días, ya que los traslados desde y hasta el aeropuerto tanto en Budapest como en Praga no eran factibles en tren. Mal cálculo. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así pudimos acercarnos a Graz, que no nos pillaba de camino como Brno.

La elección de la ruta vino determinada por los vuelos, ya que era más barato llegar a Hungría y volver desde República Checa, y a posteriori, viendo cómo fue el verano de caluroso, me alegro de haberlo hecho así. No quiero ni pensar cómo habría sido subir a Buda con el sol y la humedad. Al menos en Praga teníamos zonas de callejas estrechas con sombra.

En cuanto al número de días, creo que también es lo acertado, al menos lo mínimo que habría que ir, dos días y medio por ciudad (exceptuando Bratislava que con uno la doy por vista). Luego depende de cada uno si quiere hacer alguna actividad en particular que lleve un tiempo específico, como unos baños en Budapest o ir a la ópera en Viena.

Yo calculé tres, pero con los desplazamientos es fácil que se vaya la mañana. Nosotros madrugamos para aprovechar bien los días, pero la proximidad entre las ciudades y la frecuencia de los trenes hace que no sea tan necesario ponerse en marcha tan pronto. El día que se hizo más largo fue el de Viena a Praga, que fue por lo que paramos en Brno, pero no lo recomiendo especialmente.

El resto de ciudades sí que me gustó. No sabría con cuál quedarme, porque cada una tiene algo. Budapest nos conquistó el primer día con su atardecer, pero tenemos la rutilla por Buda con las espectaculares vistas de Pest, el Bastión de los Pescadores, o cómo no, el famoso Parlamento.

Viena, la famosa Viena con su Hofburg, los edificios históricos de la Ringstrasse, sus parques, su catedral, Sissí, Mozart, la Hundertwasserhaus…

y Praga, con su Puente de Carlos, el Castillo y sus vistas, el Barrio Judío, Kafka y por supuesto el reloj astronómico.

Bratislava es famosa por el castillo, pero ni siquiera me gustaron las vistas. Me quedaría con su casco histórico, con Santa Isabel y las peculiares estatuas repartidas por la ciudad.

Hemos descubierto unas ciudades que reflejan el lujo y esplendor de otra época en la que dominaban Europa con sus imperios. Unas capitales que cautivan al viajero que recorre sus calles con los restos de la historia (la buena y la mala).

Interrail Capitales Imperiales-01

Es un viaje tan clásico como imprescindible que animo a emprender.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Praga

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres.

Praga tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante.

Praga es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Praga es cerveza, cómo no. Es el orgullo nacional. Cambiad unas coronas para disfrutarlas en alguna taberna o terracita.

Por todo ello, quizá un par de días sean poco para descubrir la ciudad a fondo, pero sí podemos quedarnos con lo más importante y dejar un buen sabor de boca y ganas de volver.

Nosotros en realidad estuvimos dos días completos y una tarde, y quizá no los aprovechamos tanto como nos hubiera gustado por el calor que nos hizo. Se hacía un poco cuesta arriba estar desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche pateando la ciudad con el sol que pegaba y la humedad. Yo me acabé comprando un sombrero y todo. Al más puro estilo guiri.

Si la temperatura hubiera sido más parecida a la de Budapest, nos habría resultado más cómodo pasear y perdernos entre calles y cuestas. El planteamiento inicial creo que habría funcionado sin problema:

  • Día 1 para callejear por Malá Strana, por la Isla Kampa, cruzar el puente y descubrir tendencias vanguardistas en Nove Mesto

No varió mucho de nuestra ruta, pero sí que quizá perdimos algo más de tiempo en ir y volver al hotel a resguardarnos del sol. Aunque eso no significa que piense que la elección de hotel no fue correcta, ya que lo recomendaría y volvería a elegir. Se halla en una calle con mucho encanto, llena de bares, restaurantes y al lado del castillo, lo que permite pasear tranquilamente por la noche.

También Malá Strana ofrece muchas posibilidades. Y además, está a un paseo del puente.

Pero no sólo elegiría el hotel por su ubicación, sino también por su estilo peculiar, su diseño y su relación calidad – precio. Y además con desayuno.

Lo que no recomendaría, no sólo en la zona de la calle Nerudova, sino en general en toda la ciudad, es comprar en tiendas chinas. Sólo compramos dos veces, en dos sitios diferentes. El primer día en uno al lado del hotel para tener algo de agua y aprovechamos para comprar alguna lata de cerveza. Claro, con el cambio de divisa no teníamos más referencia que el Euro. Pero luego al día siguiente paramos en un super para comprar un picoteo y vimos los precios en varias terrazas a lo largo de nuestro paseo y sin duda hicimos la turistada. El último día compramos un helado en otro chino de otra zona totalmente diferente y también tenía un precio desorbitado.

Pero quitando este detalle y el calor, que no tiene nada que ver con la ciudad, disfrutamos mucho de Praga. Una de las ciudades con más encanto de Europa, con mucha historia, cosmopolita, antigua y moderna a la vez, bohemia, artística y cultural. Una visita que nos transportó a otras épocas. Un buen remate para nuestro viaje.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 11: Regreso a Madrid

El último día no nos dio para mucho. Desayunamos tranquilamente en el hotel, nos cargamos las mochilas a la espalda y emprendimos nuestro camino al metro para llegar al aeropuerto. Al igual que el primer día, sacamos un billete de 60 minutos, pues la chica de recepción nos dijo que en ese tiempo estaríamos de sobra en la terminal.

Se nota que son bastante nuevas las estaciones que llevan al aeropuerto.

Mientras hacíamos tiempo antes de subir al avión, nos paseamos por la terminal encontrándonos detalles curiosos, como una maqueta del aeropuerto hecha con legos, o un ajedrez, unas damas o la rayuela para mantenerse entretenidos.

Finalmente embarcamos y volvimos a Madrid, a la realidad, y a esa estupenda ola de calor que asolaba la península. Todo era depresión.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 10 II Parte: Praga

Tras asistir a la representación del reloj, nos dirigimos hacia la Plaza Franz Kafka. Se trata de una plaza que se encuentra en la calle de detrás del Reloj Astronómico, junto a la Iglesia de San Nicolás. En el número 5 de la calle U Radnice una placa con la cabeza del escritor indica la casa donde nació, aunque realmente lo que queda hoy en día no tiene nada que ver con su casa original de 1902, ya que hubo un incendio que arrasó todo el edificio, sólo se salvó el portal.

Continuando por la Calle Maiselova nos adentramos en Josefov, el Barrio Judío.

En la Edad Media existían dos comunidades judías distintas en la Ciudad Vieja de Praga: los occidentales se habían afincado alrededor de la Sinagoga Staronová, y los del Imperio bizantino en las cercanías de la Escuela Vieja Judía (donde hoy se encuentra la Sinagoga Española). Ambos asentamientos se fueron uniendo gradualmente y quedaron confinados en un gueto.

Aunque el antiguo gueto ha desaparecido, gran parte de la fascinante historia de la zona se conserva en las sinagogas que rodean al antiguo cementerio judío, mientras que las calles más recientes se encuentran salpicadas de edificios Art Nouveau.

Nuestra primera parada fue la Sinagoga Maisel. Cuando se construyó a finales del siglo XVI, era el lugar privado de oración del alcalde Maisel y su familia. Maisel había hecho fortuna prestando dinero al emperador Rodolfo II para financiar la guerra contra los turcos, por lo que la sinagoga era la más ornamentada de la ciudad. Quedó destruida en el incendio que devastó el barrio judío en 1689 y en su lugar se levantó una nueva. La actual, de estilo gótico, data de principios del siglo XX.

Desde los años sesenta alberga una fascinante colección de plata y orfebrería que abarca desde el Renacimiento hasta el siglo XX.  También hay fuentes, lámparas y candelabros. Es irónico que casi todos estos objetos fueron llevados por los nazis a Praga para fundar un museo de una raza extinguida.

Continuamos hacia la Sinagoga Española, frente a la cual encontramos el Monumento a Franz Kafka. Se trata de una escultura del cuerpo vacío de un hombre, sólo con chaqueta y pantalones, sin cabeza. Y sobre sus hombros descansa sentado Franz Kafka. Representa así la separación espiritual que el escritor muestra en sus libros.

La escultura mide 3,75 metros de alto y pesa 800 kilos. Se encuentra en este lugar ya que fue donde vivió, pero también por representar el límite entre el barrio judío y la Ciudad Vieja, una zona en la que confluían la religión judía, la católica y la protestante.

La Sinagoga Española se encuentra donde se asentaba en su día la primera sinagoga de la ciudad. Pero no queda nada de aquel edificio, el actual data de la segunda mitad del XIX.

Su rica decoración tiene influencia de la Alhambra de Granada. Sin duda es imprescindible. Es la más bonita de todas.

Alberga una exposición dedicada a la historia de los judíos de Bohemia.

Cerca, saliendo del barrio judío, tenemos el Convento de Santa Inés de Bohemia, la primera construcción gótica de Praga. Fue fundado por el rey Wenceslao I en los años 1233-1234 por iniciativa de su hermana Inés para la orden femenina de las clarisas, siendo ella una de las primeras representantes.

Tiene básicamente dos partes: el monasterio de clarisas y el monasterio masculino de franciscanos minoritas. El centro del convento lo constituye la iglesia de San Francisco, también gótico. El edificio fue censurado en 1782 y abandonado. En los años 70 se restauró y ha recobrado parte de su aspecto original y ahora es utilizado por la Galería Nacional para albergar la colección de arte medieval de Bohemia y Centroeuropa.

Volvimos de nuevo hacia la Sinagoga Española continuando hasta el Ayuntamiento Judío, un llamativo edificio blanco y rosa construido entre 1570 y 1577 por el alcalde Maisel.

En 1763 adquirió un nuevo aspecto con el estilo del barroco tardío. Las últimas alteraciones datan de 1908 cuando se amplió el ala sur.

En el tejado destaca una pequeña torre de madera con un pináculo verde. Se concedió el derecho a la comunidad judía a construir la torre tras su participación en la defensa del puente de Carlos contra lo suecos. En uno de los tejados hay otro reloj, este con números hebreos. Y dado que en dicho idioma se lee de derecha a izquierda, las manecillas también siguen dicho sentido.

En la actualidad es la sede del Congreso de las Comunidades Religiosas Judías de la República Checa.

Muy cerca se encuentra la Sinagoga Vieja-Nueva, la más antigua de Europa aún en funcionamiento. Fue construida en 1270 y es uno de los primeros edificios góticos de Praga. Ha sobrevivido a los incendios, a la demolición del gueto en el siglo XIX. Los residentes del barrio judío buscaron a menudo refugio entre sus muros. Hoy en día continúa siendo el centro religioso de esta comunidad.

A esta no entramos, ya que hay que pagar la entrada aparte. Existe un combinado que nos costó 600 coronas con el que puedes acceder a 6 sinagogas: la Maisel, la Pinkas, la Klausen, la Española, el cementerio y sala de ceremonias.

Nuestra siguiente parada fue la Sinagoga Klausen. Debe su nombre a que antes del incendio de 1689 en ese lugar había pequeñas escuelas y casas de oración que recibían el nombre de “klausen”. Así pues, al construirla, se conservó el nombre. Se terminó en 1694.

Data de principios del barroco, la estructura posee un interior con bóvedas de cañón decoradas con estuco. Alberga grabados y manuscritos hebreos, así como una exposición sobre las tradiciones judías.

Esta sinagoga se encuentra una manzana que engloba el Cementerio Judío. Durante más de 300 años fue el único lugar donde se permitía enterrar a los judíos. Fue fundado en 1478 y se amplió ligeramente a lo largo de los años, pero sigue teniendo el carácter de la Edad Media.

Debido a la falta de espacio, los cuerpos debían ser enterrados unos encima de otros. Hoy se pueden ver más de 12.000 lápidas apiñadas y se estima que se hallan enterradas unas 100.000 personas.

Para finalizar entramos en la Sinagoga Pinkas. Fue fundada en 1479 por el rabino Pinkas y ampliada en 1535 por su sobrino nieto. Se ha reconstruido muchas veces a lo largo de los siglos.

El corazón del edificio actual es una sala con bóvedas góticas. La galería para mujeres se añadió en el siglo XVII.

La sinagoga es ahora el monumento a la memoria de los judíos checoslovacos que fueron encerrados en el campo de concentración de Terezín, y más tarde deportados a campos de exterminio. En los muros están grabados los nombres de las personas que no regresaron.

De nuevo volvimos a la plaza central y al Ayuntamiento Viejo. Asistimos de nuevo al espectáculo del reloj, ya que por la mañana pegaba el sol y no lo pudimos ver en las mejores condiciones.

Para finalizar el día, y casi nuestro viaje, retornamos hacia el hotel, parando antes en el Museo Franz Kakfa, en cuyo patio se encuentra la escultura de Cerny Piss. Se trata de dos esculturas de bronce que representan a dos hombres orinando en el mapa de la República Checa.

Volvimos al hotel a recoger nuestros bártulos, salimos a cenar, disfrutamos unas cervezas y dimos por finiquitado el día.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 10: Praga

En el día y medio que llevábamos en Praga ya habíamos visitado Hradcany y Malá Strana, dado que al ser la zona donde teníamos el hotel, nos pillaba cerca callejear por la zona alta, y poco a poco habíamos ido viendo retazos entre paseos.

El día anterior habíamos recorrido Nove Mesto y su arquitectura moderna, así pues, nos quedaba por descubrir Staré Mesto (la Ciudad Vieja) y Josefov (el barrio judío). Y eso es lo que teníamos para nuestro décimo, y penúltimo, día de interrail.

Bajamos la calle Nerudova en dirección al Puente de Carlos y lo cruzamos, adentrándonos en Nove Mesto. La mayoría de la Ciudad Vieja está libre de tráfico y plagada de edificios históricos.

Al cruzar el puente se llega a la Plaza de los Caballeros de la Cruz. Se trata de una pequeña plaza, una de las más pequeñas de la ciudad y de las más frecuentadas por los turistas. Hasta 1870 se llamaba simplemente la “Plaza del puente”. Desde ella se pueden disfrutar unas magníficas vistas del Moldava. En el lado norte se eleva la Iglesia de San Francisco, que formó parte del Monasterio de los Cruzados de la Estrella Roja.

 

La orden fue creada alrededor del siglo XIII por Santa Inés de Bohemia, siendo la única orden masculina creada por una mujer y la única con origen en Bohemia. Al principio eran voluntarios de un ámbito hospitalario, pero con el tiempo pasaron a integrarla sacerdotes.

Al este está la Iglesia del Salvador, parte del enorme Clementinum. En 1556 el emperador Fernando I invitó a los jesuitas a Praga para ayudar a los checos a volver a la fe católica. Establecieron su sede en el antiguo monasterio dominico de San Clemente, de ahí su nombre. Y a partir de ahí se convirtió en el rival del Carolinum, la universidad utraquista.

Expulsados en 1618 los jesuitas volvieron dos años después, más determinados que nunca a acabar con la herejía. En 1622 se unieron las dos universidades, con lo cual los jesuitas obtuvieron el monopolio de la educación superior en Praga. Suponían que dos tercios de la población eran herejes ocultos, por lo que hacían registros en busca de libros en checo para quemarlos.

Entre 1653 y 1723 el Clementinum se amplió. Más de 30 casas y 3 iglesias fueron derribadas para dejar sitio al nuevo conjunto. Cuando en 1773 el Papa disolvió su orden, los jesuitas tuvieron que abandonar Praga y la educación se secularizó, el Clementinum se convirtió en la biblioteca de la Universidad de Praga, hoy en día Biblioteca Nacional.

Se encuentra en la Plaza Marianské y enfrente está el Nuevo Ayuntamiento, construido entre 1908 y 1911 y que vino a sustituir en sus funciones administrativas al histórico de la Staromestské Námestí que veríamos a continuación. Desde 1945 es la sede del municipio y la alcaldía de Praga.

Es de estilo Secesión y lo adornan estatuas alegóricas.

Atravesando las callejuelas llegamos a la plaza estrella de la ciudad: Staromestské Námestí. En ella se concentra gran parte de la historia de Praga.

Durante el siglo XI las edificaciones fueron extendiéndose desde el barrio del castillo hasta la orilla derecha del río Moldava. A lo largo de los dos siglos siguientes Praga siguió expandiéndose convirtiéndose en ciudad en el siglo XIII. A mediados de siglos XIV comenzó a funcionar ya el ayuntamiento.

El lado norte está dominado por la fachada de la Iglesia de San Nicolás, de estilo barroco. En el siglo XII se encontraba en este emplazamiento el templo parroquial de la Ciudad Vieja hasta que se completó la Iglesia de Týn en el XIV. La actual se construyó en 1735. Su espectacular fachada blanca presenta numerosas estatuas. Cuando en 1781 el emperador José II mandó cerrar todos los monasterios que no tuviesen ninguna actividad socialmente útil, se desmanteló.

Durante la I Guerra Mundial fue utilizada por las tropas de la guarnición de Praga. El coronel al mando aprovechó la oportunidad para restaurarla con la ayuda de artistas que, de no hacerlo, habrían sido enviados al frente. La magnífica cúpula contiene frescos sobre las vidas de San Nicolás y San Benito. En la nave hay un enorme candelero en forma de corona. Al final de la guerra, el templo fue donado a la Iglesia checoslovaca husita.

En el lado este destacan la Casa de la Campana de Piedra, restaurada en su estilo gótico original, y el Palacio rococó Kinský.

El resto de la plaza lo componen una serie de edificios de colores pastel.

El Palacio Kinský posee una vella fachada de estuco blanco y rosa coronada por representaciones escultóricas de los cuatro elementos. En 1768 fue comprado a la familia Golz por Stepan Kinský, un diplomático del imperio.

Tiene mucha historia, a finales del siglo XIX funcionaba en el edificio una escuela académica alemana de secundaria: el Altstädter Deutsches Gymnasium, en la que estudió Franz Kafka entre 1893 y 1901. Y además, su padre tenía una mercería en la planta baja.

En 1948 el líder comunista Klement Gottwald anunció desde el balcón del palacio el éxito de su folpe de Estado, dando comienzo así a la era comunista en Checoslovaquia. Fue restaurado en 1990 y ahora La Galería Nacional lo usa hoy en día para exposiciones temporales.

El lado sur de la plaza se compone de casas coloridas de origen romántico o gótico, con fascinantes enseñas distintivas.

Staromestské Námestí

Destaca la Iglesia de Nuestra Señora de Týn. Se trata de un templo gótico que se inició en 1365 y se asoció al movimiento reformista de Bohemia. Desde principios del siglo XV hasta 1620 fue la principal iglesia husita de Praga. Cuenta con dos torres afiladas de más de 80 metros que dominan los cielos de Praga. Cuenta con 52 metros de largo y 28 de ancho.

En el lado norte de la iglesia hay un pórtico decorado con escenas de la pasión de Cristo. Detrás de la iglesia se encuentra el patio Týn, con varios estilos arquitectónicos.

En un extremo de la plaza se eleva el monumento al reformador Jan Hus, condenado a morir en la hoguera tras ser declarado un hereje por el Concilio de Constanza en 1415.

La obra se inauguró en 1945 en el quinto centenario de su muerte. Muestra a un grupo de guerreros husitas victoriosos y otro de protestantes enviados al exilio 200 años más tarde, así como una joven madre que simboliza el resurgimiento nacionalista. La figura dominante de Hus enfatiza la autoridad moral de un hombre que renunció a su vida antes que a sus creencias.

Pero si hay un símbolo por excelencia de Praga, ese es el reloj de la torre del Ayuntamiento.

El Ayuntamiento es uno de los edificios más impresionantes de Praga, construido en 1338 al decidir el rey Juan de Luxemburgo establecer un concejo municipal. A lo largo de los siglos se fueron añadiendo numerosas casas antiguas conforme crecía el Ayuntamiento, y ahora lo componen edificios de estilo gótico y renacentista. La mayoría han tenido que ser restaurados tras los graves daños que provocaron los nazis en la revuelta de Praga de 1945.

Fue usado como ayuntamiento hasta finales del siglo XVIII. Destaca por su torre gótica de 69.5 metros de altura que ofrece una panorámica espectacular de la ciudad. Se añadió en 1364.

Bajo la capilla del Ayuntamiento hay una placa de bronce que recuerda los nombres de los 27 líderes protestantes ejecutados por orden de Fernando II de Habsburgo, el 21 de junio de 1621. Fue la humillante represalia de la batalla de la Montaña Blanca. Esta derrota provocó el exilio de los protestantes que no querían renunciar a su fe, la contrarreforma y la germanización.

El Ayuntamiento adquirió su primer reloj a principios del siglo XV. Cuentan que, en 1490, cuando fue reconstruido por un maestro relojero, los concejales, temerosos de que repitiera esta obra maestra en otro lugar, le dejaron ciego. El reloj se ha reparado muchas veces desde entonces. En la II Guerra Mundial recibió artillería nazi. Y hoy en día no se puede conservar como se debería por falta de fondos, así pues, queda a merced de las inclemencias meteorológicas, la contaminación, el vandalismo y las palomas. Aún así, el 75% de las piezas son originales.

El principal atractivo del espectáculo es cada vez que marca las horas. Primero, la figura de La Muerte, el esqueleto de la derecha del reloj, tira de la cuerda que lleva en la mano derecha. En la izquierda tiene un reloj de arena que levanta e invierte simbolizando lo efímero de la vida. Se abren entonces dos ventanas y las imágenes de los 11 apóstoles y San Pablo desfilan lentamente conducidas por San Pedro.

Tras ese movimiento, un gallo canta y el reloj marca la hora. Las otras figuras animadas son: El Turco, que sacude a un lado y a otro la cabeza; La Vanidad, mirándose en un espejo; y La Avaricia, que adopta el estereotipo medieval del prestamista judío con una bolsa de monedas en la mano.

Según la visión del universo del relojero, la Tierra se halla sólidamente asentada en su centro. El propósito del reloj astronómico no era dar la hora exacta, sino reproducir las supuestas órbitas del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra. La manecilla del Sol, que indica la hora, registra tres claves distintas de hora.

El círculo exterior, con números arábigos, mide la hora antigua de Bohemia, que comienza con la puesta del sol.

El círculo de números romanos indica la hora vigente.

La parte azul de la esfera representa la zona visible del cielo, que se divide en 12 estadios. Según la llamada hora babilónica, el tiempo de luz solar se fraccionaba en 12 horas, cuya longitud variaba en invierno y verano.

El reloj también muestra el movimiento del Sol y de la Luna a través de los 12 signos zodiacales, a los que se les concedía gran importancia en la Praga del siglo XVI.

Se le ha añadido un cronómetro controlado por un péndulo de mercurio que compensa los errores ocasionados por cambios de temperatura.

En el círculo exterior encontramos un calendario con el santoral:

El calendario tiene cuatro esculturas: un filósofo, un ángel, un astrónomo y un orador.

Para ver la representación es recomendable estar un rato antes, para coger sitio. No es difícil de encontrar, ya que siempre hay un grupito de gente esperando, sobre todo los que van con guía. A nosotros en nuestro primer visionado se nos paró un guía español con su grupo que explicó todo el funcionamiento del reloj los diez minutos antes de que comenzara e iba indicando dónde mirar durante los minutos que dura el movimiento.

Cuenta la leyenda que si el reloj se detiene, aunque sea uno segundos, ocurrirá algo malo en la ciudad. Y así sucedió en 2002, que el reloj se paró y Praga quedó inundada por la crecida del río Moldava habiendo incluso muertos.

Y con esta obra de arte, me despido hasta el próximo día.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 9 II Parte: Praga

Tras comer continuamos nuestro recorrido en dirección a la Puerta de la Pólvora, que supone la entrada a la zona vieja. Se trata de una ennegrecida torre gótica que en la actualizad es uno de los símbolos más representativos de la ciudad. Contrasta con la Casa Municipal, con la que está unida por un puente cubierto.

La torre fue construida en 1475 como una de las 13 puertas de la muralla fortificada que daban acceso a la ciudad. En 1541 fue destruida por un devastador incendio, pero en poco tiempo fue reconstruida. Durante el siglo XVII comenzó a utilizarse como lugar de almacenamiento de la pólvora, y de ahí su nombre actual. Se puede acceder a su interior donde podemos encontrar una exposición sobre la historia de la ciudad y sus torres.

La Casa Municipal que mencionaba más arriba es el más destacado de los edificios de estilo Art Nouveau de la ciudad. Se encuentra donde antiguamente estaba situada la Corte Real.

Cuenta con una fachada decorada con estucos y numerosas estatuas. Además, sobre su entrada principal se extiende un enorme mosaico semicircular.

Aparte de su importancia desde el punto de vista arquitectónico, también la tiene en la historia del país, ya que en 1918 fue el escenario de la proclamación de la independencia de Checoslovaquia. En su interior hoy en día hay una sala de conciertos, así como sala de conferencias, una cafetería y un restaurante. Encontramos unos músicos en la terraza tocando.

Íbamos a continuar el recorrido, pero nos quedamos sin batería en la cámara de fotos. Y aprovechando que hacía calor y la morriña de la hora de la siesta, volvimos al hotel a cargar pilas. Las nuestras y la de la cámara.

A última hora de la tarde volvimos a salir a pasear por la zona de Malá Strana, donde compramos unos recuerdos, la cena y nos volvimos al hotel.

Ya de noche, volvimos de nuevo a lo alto de la ciudad para disfrutar de las vistas nocturnas.

San Vito de noche es impresionante: