Preparativos para un Road Trip por Islandia III: Documentación, Seguro, Dinero, Telefonía y maleta

Llegamos a la última parte de los preparativos, cuando ya nos quedan los últimos detalles por concretar y se acerca la fecha del viaje. Con los vuelos, el coche, los alojamientos y las excursiones ya cerrados, toca revisar documentación, tramitar el seguro, preparar tarjetas y teléfono y planificar qué queremos meter en la maleta. Vayamos por partes.

DOCUMENTACIÓN

Este apartado lo tenemos sencillo, ya que aunque Islandia no pertenece a la UE, sí que está dentro del espacio Schengen, por lo que con el DNI es suficiente. Nosotros, no obstante, siempre que salimos de territorio nacional, solemos llevar pasaporte ya que tiene un formato universal y es más identificable. El DNI lo dejamos en casa a buen recaudo.

Dado que vamos a alquilar un coche, necesitaremos llevar el permiso de conducir en regla. En este caso no será necesario el Carnet de Conducir Internacional que nos sacamos para Estados Unidos y Canadá (allí tampoco es que nos sirviera de mucho).

También aceptan la Tarjeta Sanitaria Europea, aunque mejor contratar seguro, ya que el sistema médico islandés es de copago. No solo por enfermedades o posibles accidentes, sino porque en un viaje de este tipo pueden surgir contratiempos. Como en las últimas ocasiones, contratamos con IATI el Básico que cuenta con una cobertura de 50.000€ y que nos costó 40,66€ para dos personas.

DINERO

De nuevo no tenemos mucho que preparar, ya que a pesar de que la divisa es la Corona Islandesa (ISK), apenas se usa, porque pagan todo con tarjeta (de hecho se están planteando eliminar el dinero físico). Hay billetes de 500, 1000, 2000, 5000 y 10000 coronas, así como monedas de 1, 5, 10, 50 y 100. Durante nuestro viaje el cambio estuvo a 1€ = 138 ISK (aprox).

Nosotros nos llevamos la Revolut y la Bnext con intención de sacar algo de efectivo en el aeropuerto para cosas puntuales (y para nuestro cuadro para el pasillo), pero sobre todo íbamos con la intención de pagar con tarjeta. Además de estas dos prepago (que recuerdo que no aplican comisiones), estrenamos una tercera: Verse. Por si las monedero dieran fallo, contábamos con nuestra tarjeta de débito de ING y con la Amex para el alquiler de coche (ya que en estas ocasiones exigen una tarjeta de crédito con los números en relieve).

TELEFONÍA

Para estar comunicados lo teníamos más fácil que en nuestro último Road Trip, ya que Islandia está incluido en los acuerdos sin Roaming, podíamos usar nuestras tarjetas SIMs españolas. Importante en un viaje de este tipo contar con un teléfono y una tarifa de datos.

MALETA

Salir un 28 de agosto de Madrid supone fácilmente no bajar de los 35º. No obstante, en Islandia esas dos semanas la previsión decía que no íbamos a subir de 15. Así, había que abrigarse como un enero en Madrid, solo que añadiendo el factor lluvia y el factor viento. Por tanto, chaqueta y calzado impermeable como punto innegociable. Por lo demás, con este tipo de clima lo que conviene es vestir con capas.

Bueno, no hace falta llegar al extremo de Joey (o de Ryan Hawaii). En primer lugar, una capa inferior que ayude a mantener el calor;  en segundo lugar, otra superior que abrigue y, finalmente, la chaqueta que corte el viento y no cale. En realidad no hay que complicarse mucho la vida, al menos en la época que nosotros fuimos. Como digo, íbamos a tener unas temperaturas como las que estamos acostumbrados en invierno en Madrid, así que hay que ponerse en esa situación. Y es simple: camiseta básica de manga larga + jersey + chaqueta. En este caso intenté que las camisetas fueran de cuello alto e incorporar algún polar o sudadera que abrigaran más. Encima de todo, la North Face, que me protegería de la lluvia y el viento. Así, llevaba: 8 camisetas de manga larga (4 de ellas de cuello vuelto), 2 polares, 1 sudadera y 1 camiseta de manga corta (para la vuelta).

Un poco más de problemático fue el momento de elegir pantalones, ya que suelo usar vaqueros y no es una prenda muy recomendable con el frío y el agua. Aún así, me llevé 1 (para no volver), y un par de medias/leotardos viejos (de estos que tienen bolitas y quedan feos con falda) para ponerme debajo. Además, eché una malla térmica, de estas que tienen pelito por dentro. Por último, unos pantalones de montaña resistentes al agua y unos sobrepantalones que me podría poner encima de cualquier prenda para evitar calarme. Aunque no es conveniente abusar de estos pantalones, pues no traspiran mucho.

En cuanto a calzado, opté por dos botas, ambas impermeables y con suela de nieve. Por un lado las SH100, que decathlon define como botas “para salidas ocasionales de senderismo. Ideales en nieve apisonada” y es que cuenta con unos tacos de 3mm.

Las tengo desde los reyes de 2017 y son muy cómodas y calentitas. Son las que uso los días de mucho frío en Madrid o que incluso parece que va a caer algún copo y está el suelo lleno de sal. Tienen por dentro como forro polar y según la ficha técnica tiene una temperatura de confort media en reposo de -1º y de -12º en actividad.

Por otro lado, me llevé también las SH520 X-WARM que están concebidas para salidas regulares de senderismo por todo tipo de terrenos nevados. En este caso tienen algo más de taco: 5mm.

Estas las tengo desde hace más tiempo. Las estrené en Escocia allá por 2016 y me dieron muy buen resultado. Además de ir forradas como las anteriores, también tienen la punta reforzada. Su temperatura de confort oscila entre los -4 y los -16º. La idea era combinarlas según la ruta y necesidades del día.

Hasta aquí tendríamos lo básico, pero no nos podemos olvidar de cabeza, manos y pies. De nada sirve llevar capas y buen calzado si luego no nos protegemos las extremidades, que es por donde más calor perdemos. Así, un par de manoplas (unas finitas y otras hipercalentitas que me compré en Escocia y estrené en el frío invierno de Sofía), los calcetines más gorditos que tenía ( y altos para evitar rozaduras con las botas) y un gorrito que me compré en mi último viaje a Berlín (importante que vaya forrado por dentro, pues la lana per se no corta el viento). Y aunque la North Face me cubre la boca, eché una braga por si acaso fuera necesario con el viento (que también se puede usar como gorro). Y para rematar la protección, las gafas de sol (las graduadas y las sin graduar).

Además, no nos podemos de olvidar de bañador, chanclas y toalla, ya que alguna piscina caería. Las toallas  de microfibra son muy apropiadas, pues ocupan poco y secan rápido.

Por último, añadimos pijama, bolsa de aseo y un pequeño botiquín. Además de pañuelos y toallitas.

Pero esto no es todo. Si ya de por sí es el viaje en que hemos preparado más equipaje de los últimos años, además, hay que sumar la comida, pues con los precios de Islandia es recomendable llevar algo desde España para ahorrar. En teoría hay una limitación en la importación de alimentos y no se puede llevar más de 3 kilos por persona, pero tampoco contábamos con pasar ese límite. Además, está prohibido llevar carne no cocinada, por lo que el embutido quedaría fuera.

No pretendíamos llevarnos un supermercado en la maleta, pero sí algo que nos sirviera de apoyo, como por ejemplo bolsas de té y café para los desayunos; sobrecitos de aceite y vinagre; sopas y pastas en sobre que pudiéramos hacer por la noche en el alojamiento y comer algo caliente; alguna bolsa de frutos secos y chocolate para picotear entre horas… De esta forma completaríamos no dependeríamos única y exclusivamente de los supermercados de allí. Además, nos llevamos una botella, cubiertos de madera y bolsas de plástico para no dejar desperdicios en la naturaleza.

Y por último, nos queda por añadir la electrónica. Por un lado tenemos ordenador, kindle, minicámara, cámara, objetivos, filtros, tarjetas de memoria, trípode, cargador y baterías. Por otro lado añadimos móviles, una cabeza con varios puertos usb y varios cables usb (además de adaptador usb-c) y baterías externas. En este caso no nos hacía falta adaptador, ya que en Islandia tienen el mismo tipo de enchufe y voltaje que en España. Lo que sí es importante es llevar un cable para cargar los aparatos electrónicos en movimiento. Hoy en día los coches suelen venir con usb de carga, pero por si acaso, conviene echar en la maleta uno para el mechero. La radio está de adorno en el coche por aquellos parajes, así que un mp3 o una buena lista de música en el móvil (sea por app o por almacenamiento) tampoco sobra para amenizar el viaje.

En realidad, con todo lo enumerado (y si tenemos en cuenta la ropa de dos personas) parece mucho para meterlo en una única maleta. Sin embargo, con una buena técnica, es posible. Además, no solo llevábamos la maleta grande facturada, sino dos bultos de mano. Por un lado la mochila de 35L que ha visto tanto mundo como nosotros y por otro lado la maleta de mano. Eso sí, ajustamos al límite el peso que nos permitía la aerolínea (20Kg por facturada y 10Kg por el equipaje de mano).

Todo listo para volar.

Preparativos para un Road Trip por Islandia II: Itinerario y Alojamiento

Durante el mes de enero y febrero dejamos zanjados los vuelos y el alquiler del coche. Estas dos cosas nos habían servido para ir configurando el estilo de viaje que queríamos hacer. Ahora tocaba darle forma, decidir el itinerario, concretar día por día, buscar alojamiento y reservar excursiones. Ya había decidido que el itinerario sería en sentido horario y había marcado en un mapa miles de puntos de interés. Ahora era el momento de poner algo de orden.

Si algo hemos aprendido estos últimos años de los viajes en coche es que lo mejor es no saturar los días con kilómetros y kilómetros de conducción. Pero es que además un viaje por Islandia es de aquellos en los que tanto o más importa el camino como las paradas que podamos programar. La duración de las etapas vendrá determinada por la orografía, el estado de las carreteras, la climatología y las veces que nos paremos a observar el paisaje o ver algún punto de interés.

Lo bueno es que en las fechas elegidas tendríamos luz desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la tarde, por lo que podríamos aprovechar bastante los días. No es como en junio, claro, pero es que el cuerpo también tiene un límite de aguante. Y como prácticamente todos nuestros planes tenían que ver con la naturaleza, no teníamos que pensar mucho en llegar a determinado horario a según qué punto. Lo único que nos iba a determinar los días (salvo contadas excepciones) era la hora de dejar el alojamiento y de llegada al siguiente.

Pero, ¿qué queríamos ver en Islandia? Pues todo. Pero como 15 días no iban a dar tanto de sí, había que filtrar. Decidimos priorizar en base a lo que fuera más característico, es decir, aquello que distingue a Islandia de otros territorios. Me dio mucha pena dejar los Fiordos del Oeste fuera de la ruta, pero es que si nos adentrábamos por aquellas carreteras algo tendría que caerse de otra parte del itinerario. No habría días para todo. Así que, ajustamos de forma que esos dos días que nos habría llevado recorrer la zona los pudiéramos emplear en una excursión al volcán Askja y en otra caminando por un glaciar. Al fin y al cabo acantilados ya habíamos visto en Escocia y fiordos en Noruega y por muy diferentes que pudieran ser estos de aquellos había que pensar, como digo, en lo que hace a Islandia destacar de otros lugares.

Así, tras muchas vueltas el itinerario quedó como sigue:

Como siempre, este es el punto de partida sobre todo para cuadrar alojamientos y excursiones. Luego sobre la marcha iríamos ajustando la ruta de cada día descartando algunos planes y añadiendo otros en función de la climatología, el cansancio o los ánimos.

Durante el mes de marzo fui reservando los alojamientos, ya que, como comentaba en el post anterior, al haber una oferta escasa, la anticipación es primordial. Hemos alternado apartamentos, guesthouses, albergues, granjas, cabañas y algún hotel, siempre basándonos en la premisa de que estuviera dentro de la ruta y no nos hiciera perder tiempo. Además intentamos que tuviera baño privado (aunque no es fácil en según qué zonas del país) y cocina para por lo menos cenar caliente (aunque la comida fuera preparada). Si además incluía el desayuno, mejor que mejor.

Como se puede apreciar en el itinerario había varias excursiones programadas. Por un lado las ballenas en Húsavik y la de caminar por un glaciar y por otro la del volcán Askja y la de la ruta de Landmannalaugar. Estas dos últimas hay quien las hace por su cuenta, eso sí, con un 4×4. Nosotros pensamos que no nos merecía pagar más por este tipo de vehículo solo por estas dos cosas (además de que vadear ríos no entraba en nuestros planes), así que buscamos transporte alternativo.

Con excepción de la de las ballenas, el resto las reservamos en abril. Y para el glaciar ya había fechas bloqueadas. Hay que tener en cuenta de que son grupos pequeños y a nada que haya una pandilla de 5-6 personas y un par de parejas, te has quedado sin hueco. Por lo que de nuevo hay que tener previsión. La de Húsavik la dejamos para más adelante porque no parecía tan complicado encontrar hueco. Había varias empresas y podía depender de la climatología. Sin embargo, al final acabamos reservando los billetes en mayo para cubrirnos las espaldas. No habría que pagar hasta el día en sí, así que sin problema.

El viaje iba tomando forma. Faltaban los últimos detalles y quedaban menos de 100 días para coger el vuelo.

Preparativos para un Road Trip por Islandia: Vuelos y Alquiler de coche

Llegó enero de 2019 y con él el momento de empezar a planear las vacaciones de verano. Esta vez no había que pensárselo mucho, teníamos claro que llegaba el momento de Islandia. POR FIN.

Como siempre, lo primero son los vuelos. En esta ocasión no había que comerse mucho la cabeza, pues no nos quedaba otra que volar a Keflavik. Lo único era encontrar la mejor opción. Así que tocaba revisar horarios y compañías para comparar. Básicamente teníamos dos opciones volando directos desde Madrid: Norwegian o Iberia.

Norwegian por esas fechas volaba los miércoles a las 6 de la mañana y los sábados a las 21:35. Volar entre semana suponía madrugar bastante, pero también nos daba la ventaja de llegar a primera hora a Reikiavik pudiendo aprovechar el día. Los de los sábados por otro lado hacían perderlo, pues la hora de llegada era rozando la media noche. Las vueltas eran miércoles y domingo, esto es, a continuación del vuelo de la ida. Es decir, los miércoles a las 9:05 y los domingos a las 00:40 de la madrugada.

Iberia por su parte tenía vuelos los martes, jueves y sábados para la ida y miércoles, viernes y domingos para la vuelta. Es decir, tenía un vuelo más a la semana. Sin embargo, las salidas de Madrid eran a las 22:30, llegando a Reikiavik casi a la 1 de la madrugada. Total, el día perdido. Y las vueltas a la 1:35 (según llega el avión, le cargan gasolina, una limpieza rápida, comprobaciones varias y listo).

Teníamos claro que al menos le queríamos dedicar un par de semanas a la isla, así que jugué con varias fechas hasta que encontré que la mejor opción en relación horarios-precio era volar con Norwegian del 28 de Agosto al 11 de Septiembre. Nos tocaría madrugar tanto a la ida como a la vuelta, pero al menos podríamos aprovechar el día 1. Es verdad que era una combinación rara de miércoles a miércoles, pero en realidad a nosotros nos daba igual. Nos salía a  229.80€ por persona la tarifa LowFare que tan solo incluía maleta de mano y, esta vez, por muy ligeros de equipaje que viajáramos, al menos una maleta grande íbamos a necesitar. Así que, tras valorar subir de categoría o pagar una maleta, concluí que nos salía mejor esta segunda opción. Por tanto, pagamos 40€ más (20 por trayecto) y el gasto total ascendió a 499.60€.

Con los vuelos ya zanjados, en febrero nos centramos en la ruta. Como decía más arriba, nuestro viaje iba a durar un par de semanas y queríamos dar la vuelta a la isla. Pero no sabía ni por dónde empezar. La duda (aparte de saber qué queríamos ver) era ¿en qué sentido la recorremos? ¿Horario o antihorario?

Así a priori la mayoría de guías, blogs y recomendaciones de conocidos apuntaban al sentido contrario a las agujas del reloj. Lógicamente cuando se trata de una visita de una semana no tiene sentido dar la vuelta a toda la isla, sino simplemente quedarse en el sur. En este sentido no queda otra que comenzar hacia el este. Sin embargo, cuando contamos con más días y podríamos hacerlo en un sentido u otro hay mucha gente que ni siquiera se lo plantea. Me da la sensación de que en este segundo caso se suele tomar como referencia la ruta del sur y simplemente se alarga haciéndola circular.

En realidad cuando el viaje es en pleno verano y se cuenta con 20-24 horas de luz, da un poco igual por dónde empezar. Sin embargo, si se hace en primavera, fecha en que cada día es más largo que el anterior, quizá sí que interese hacerla en sentido antihorario porque para cuando se quiera llegar al norte – donde las distancias son más largas entre una parada y otra – habrá algo más de luz. Además de esa parte del viaje se estará viajando hacia el oeste y los atardeceres serán algo más tardíos. Por tanto, se podrían terminar esas etapas con luz.

Por otro lado, en el verano tardío o hacia el otoño (como era nuestro caso), fechas en que amanecería a las 6 de la mañana y anochecería a las 8 de la tarde, tenía un poco más de sentido recorrer la isla en sentido horario para quitarnos las distancias del norte cuanto antes aprovechando los días más luminosos.

Por otro lado, de esta forma nos quitaríamos al principio los días de mayor kilometraje, que son los que se hacen más pesados. Además, hay otro factor interesante, que es el de ir de menos a más. El oeste, el norte y el este son más abruptos, más de disfrutar de los paisajes según los recorres; pero el sur tiene muchos puntos de interés concentrados y se realizan muchas más paradas.

No obstante, antes de decidir, tuve que echar un ojo a las posibilidades de alojamiento, y es que en Islandia no es que haya mucho. Hace años que tenemos Islandia en mente, e incluso habíamos pensado el recorrerla en una furgoneta camper. Sin embargo, en los últimos años, con la llegada de tanto turismo se ha limitado la acampada libre, por lo que acabamos descartándolo. Una pena porque nos habría dado más libertad al no tener que reservar previamente los alojamientos. Y también sería más barato.

El caso es que íbamos a alquilar un coche y dormir en hotel/apartamento, por lo que tocaba hacer la búsqueda habitual. Pero como digo, no es fácil. Hay que recordar que son poco más de 300.000 habitantes y la oferta de alojamientos es escasa, sobre todo fuera de los núcleos más habitados. Hasta hace relativamente poco no recibían apenas turismo y el poco que llegaba, viajaba con autocaravana/camper o hacía acampada libre. Al igual que en Escocia predominan las Guesthouses e incluso granjas. Los hoteles se disparan de precio. Aún así, en nuestras fechas se podían encontrar buenas opciones por una media de 100€/noche para dos personas. Eso sí, reservando con unos seis meses de antelación.

Con el vuelo y la ruta más o menos clara llegó el turno de buscar transporte. Como queríamos viajar por libre y no con visitas guiadas, las opciones que se nos planteaban eran: Transporte público, coche, furgoneta o autocaravana.

Tras haber descartado furgoneta camperizada por las restricciones de la acampada libre y ni siquiera plantearnos una autocaravana para solo dos personas, nos quedaba o transporte público o coche. Como se puede esperar siendo Islandia una isla tan remota y con una orografía tan particular, el transporte público es casi inexistente. Existen algunas rutas de línea de bus como la de Iceland by bus y las de Reykjavik Excursions, pero no dan la suficiente movilidad como para que sean el modo de transporte principal del viaje. Quizá sí que sirvan para un viaje corto y en verano. En ambos casos se puede comprar un billete similar al interrail en el que durante un determinado período de tiempo se puede viajar en las rutas seleccionadas.

Iceland by bus tiene por ejemplo los siguientes pases que oscilan entre los 14.000 y los 50.000 ISK:

  • El Highland Hikers Passport: enfocado para las rutas de Laugavegur. Es válido desde mediados de junio a principios de septiembre.
  • El South Coast Bus Passport: permite acercarse a los puntos más turísticos de la costa sur (Hveragerði, Selfoss, Hella, Seljalandsfoss, Skógar, Vík, Kirkjubæjarklaustur, Skaftafell National Park o la Laguna Jökulsárlón entre otros). Es válido en julio y agosto y no permite retroceder.
  • El East Circle Passport: permite recorrer el sur y el este por la carretera de montaña de Kjölur, un área deshabitada en la que se encuentran los glaciares de Langjökull y Hofsjökull. En su ruta permite visitar lugares como Gullfoss, Geysir o el Lago Mývatn. Es válido desde finales de junio hasta el 31 de agosto (aunque también depende del estado de la carretera de montaña).
  • El Full Circle Passport: permite dar una vuelta a la isla (en sentido horario o antihorario, sin retroceder) combinando varios de los pases anteriores.
  • El Ultimate Bus Passport: es válido para un recorrido circular por la N1, por las rutas de Landmannalaugar y Þórsmörk y además incluye un tour de un día al Círculo Dorado y la Laguna Secreta desde Reikiavik y otro por la Península Volcánica. Se puede comprar entre finales de junio y el 31 de agosto y aunque se puede elegir el sentido de la ruta, tampoco se puede retroceder.

Reykjavik Excursions por su parte está quizá más enfocada a las rutas de montaña.

Así pues, si vamos descartando medios de transporte, nos quedamos con la opción de coche, que nos daba la libertad que buscábamos. Eso sí, la duda era si nos decantábamos por un turismo o por un 4×4.  Y para ello hay que tener en cuenta un par de factores: la fecha en que viajamos y nuestros planes.

Antes de nada hay que saber que en Islandia hay 4 tipos de carretera:

  • la N1 o Ring Road: carretera principal de 1340 kilómetros que da la vuelta a la isla y que está abierta todo el año. Similar a una nacional de la red española, cuenta con dos carriles (uno por sentido) y está asfaltada en su totalidad desde que en 2019 se concluyeran las obras en algunos tramos de los fiordos orientales. Su velocidad máxima es 90 km/h.

  • Las carreteras comarcales: salen de la N1 y pueden estar asfaltadas o ser de gravilla. Tienen un carril por sentido, pero son más estrechas y a veces no están ni delimitadas. En invierno pueden quedar intransitables por la nieve. Su velocidad máxima es de 80 km/h.
  • Las pistas o caminos: son de un único carril de doble sentido. De tierra y con escaso mantenimiento. Su velocidad máxima es de 50 km/h (si los baches y obstáculos lo permiten).
  • Las carreteras F: se adentran en las tierras altas y únicamente son accesibles con un 4×4 no solo porque puedan ser de tierra o grava (incluso de ceniza), sino porque además puede encontrarse obstaculizada por un río y hay que vadearlo.

Tras valorar nuestra ruta e intenciones llegamos a la conclusión de que para nuestras fechas no nos era necesario un 4×4. Difícilmente nos íbamos a encontrar con nieve y teníamos pensado recorrer la N1 o Ring Road y alguna carretera secundaria. Sí que había un par de planes para los que sería necesario atravesar carreteras F (solo para 4×4), pero no nos parecía suficiente motivo como para decantar la balanza. Cuanto más grande el coche, mayor es el precio de alquiler y del seguro, más alto es el consumo de gasolina y más contamina. Así que, para estas visitas decidimos que contrataríamos excursión y nos quitaríamos de problemas.

Valoramos mil compañías, tanto las típicas (Hertz, Avis, Europcar…) como las locales. Y fue un galimatías, como ya nos pasara en el Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Y es que a Islandia no puedes ir solo con el seguro básico (el CDW), sino que tienes que considerar los extras. Que si bajar la franquicia, que si cojo el seguro contra grava, que si merece o no el de anticeniza… Las compañías locales dejaban elegir todos los extras y sacar un presupuesto. Sin embargo, las multinacionales no. Estas nos daban un presupuesto base y los extras ya quedaban para pagar en la oficina. Y no parecía quedar claro el importe.

Y al final, lo que mejor nos salía era Thrifty. Un coche pequeño nos parecía demasiado pequeño, pues el i10 ya lo habíamos probado en Seychelles y apenas cabían un par de maletas de mano de pie, con lo cual dudábamos que entrara la grande que pensábamos llevar. Así, pasamos al siguiente segmento, el del Mazda 2, que para dos personas, una maleta, dos mochilas y la comida creíamos que era suficiente.

El alquiler incluía el seguro básico por 573.57€, kilometraje ilimitado, y política de tanque lleno/lleno. Añadimos un segundo conductor, que por un poco más (70€) te aseguras que si al principal tiene algún percance o un día largo, nos podíamos alternar. Dejábamos para la oficina la contratación de los extras, que no se podía hacer online. Sabíamos que al menos queríamos el antigravilla, ya que aunque no pienses hacer el cafre y seas muy cuidadoso conduciendo, un poco de viento, un adelantamiento/cruce o un bache fortuito pueden conllevar una grieta en el cristal. Los que no parecen necesarios son el antirrobo (poco probable en Islandia) ni el anticenizas, pues no parecía que hubiera amenaza de erupción. Aunque nunca se sabe.

Y con los vuelos y el coche reservados ya teníamos un punto de partida. Ahora había que desgranar la ruta, reservar alojamientos y decidir con quién contratábamos las excursiones que queríamos hacer. Quedaban meses por delante hasta el viaje y muchas cosas que planificar.

Preparativos de una escapada a Berlín

A menos de una semana para irnos a los Balcanes, y aún con Marrakech por concretar, sacamos los billetes para Berlín, pues los precios estaban comenzando a subir. Prácticamente a la vez que decidimos que nos íbamos a Marrakech, hablamos de Berlín, solo que había quedado en el aire a falta de saber cuántos nos apuntábamos. Al final la cosa se quedó en tres, volvíamos a irnos con mi prima la de del Road Trip a la Costa Oeste de EEUU y de Marrakech.

Para jugar con fechas, horarios y precios compramos el vuelo de ida con Easyjet y el de vuelta con Iberia. En total, 102.06€ por persona. Estaríamos en la capital alemana desde el 6 de diciembre (llegaríamos a dormir) hasta el 12.

El alojamiento lo dejamos para finales de septiembre. Tras valorar si hotel o apartamento, finalmente concluimos que era mejor opción esto último, pues la diferencia de precio no era mucho y el apartamento nos daba más espacio y la libertad de poder cocinar (aunque fuera poco). No necesitábamos que fuera céntrico, pero sí bien comunicado y nos decidimos por uno próximo a las estaciones Schönhauser Allee, Bornholmer St y Gesundbrunnen, por lo que en apenas media hora estaríamos en la Alexanderplatz, por ejemplo. El precio total fue 514.80€ por los 6 días. Es decir, 171.60€ por persona.

Durante el mes de octubre estuvimos de lleno con los preparativos de Marrakech, así que poco pudimos mirar. Tan solo hacer listas de lo que queríamos ver para tener más o menos claro desde dónde partir a la hora de cuadrar una ruta ya en noviembre. Aunque lo teníamos complicado, puesto que tendríamos que conjugar interiores (museos y atracciones) con exteriores (visita a ciudad propiamente dicha además de los mercadillos de Navidad) y sin embargo no íbamos a tener muchas horas de luz, pues por esas fechas amanecería a las 8 de la mañana y anochecería poco antes de que dieran las 16.

Valoramos la idea de ir a Potsdam y al campo de concentración de Sachsenhausen y no sabíamos si nos daría tiempo a todo, pero por si acaso buscamos algo de información.

Al día siguiente de volver de Marrakech quedamos para concretar un poco las rutas y para ver qué reservas teníamos que hacer con tiempo. Pensamos reservar para desayunar en la Fernsehturm, pero era algo caro para un desayuno a las 10 de la mañana. Así que lo descartamos. Pero lo que sí hicimos fue solicitar acceso a la cúpula del Reichstag, diseñada por el prestigioso arquitecto Norman Foster. En nuestras anteriores visitas a Berlín nos habíamos quedado con las ganas, pues siempre había unas colas enormes para entrar. Desde 2012 hay que reservarlo previamente por internet (no se puede por teléfono), por lo que parecía más factible.

El trámite es muy sencillo. En primer lugar hay que entrar en la siguiente página y elegir la opción que prefiramos: una sesión plenaria, un tour guiado por el Parlamento + visita a la cúpula o simplemente la visita a la cúpula (gratuita).

En este caso, seleccionamos la tercera opción (Visit to the Dome) y en la siguiente pantalla el número de visitantes que vamos a ser.

A continuación escogemos fecha y horario en el que queremos acudir. Contamos con tres opciones que podemos ordenar según nuestras preferencias entre el amplio horario disponible (de 8 a 21:45 horas con una frecuencia de 15 minutos).

Finalmente, introducimos nuestros datos para que nos llegue un correo de confirmación de solicitud.

Ojo, porque después nos llegará un segundo en el que nos confirman la fecha y hora de las tres que hemos indicado. Y esto es lo que tendremos que imprimir y presentar para acceder.

En caso de no haber hecho la reserva previa, también se puede acudir a las taquillas un par de horas antes de la hora que se quiere ( o de los días siguientes) y ver si hay hueco en algún turno, pero es bastante improbable, pues siendo una ciudad como Berlín con visitantes en cualquier época del año y una atracción gratuita, al final siempre se llena el cupo.

Además de la reserva, ese día también echamos cuentas sobre el transporte y si nos merecía la pena comprar algún pase (de día, de fin de semana, semanal…) o los billetes sencillos. Al estar casi una semana, con los viajes al aeropuerto, las idas y venidas de cada día desde el apartamento, además de las excursiones Potsdam y/o Sachsenhausen nos lo dejaron claro: la opción más rentable era sacar el pase semanal de la zona ABC por 37,50€.

Dado que teníamos pensado visitar algún museo, nos planteamos también sacar la WelcomeCard, ya que costaba 9€ más que el pase semanal e incluía todo el transporte. Sin embargo, a pesar de contar con descuentos en numerosas atracciones, los museos de la Museuminseln requerían de un billete adicional; y además, habría un día que se nos quedaría descolgado, por lo que tendríamos que añadir algún billete sencillo de transporte. Así pues, descartado, porque no se adaptaba del todo. En su lugar pensábamos sacar el Museumpass, que es válido en más de 30 museos durante 72h y costaba 29€.

Y con menos de un mes para que llegara el día de embarcar nos quedaban por concretar las rutas, aunque esta vez quedaría todo bastante abierto a la improvisación. Podemos decir que llevábamos sugerencias de rutas, pues en realidad nuestros días quedarían condicionados por la climatología y las horas de luz. Teniendo claro dónde estaban los puntos de interés y cómo llegar en transporte ya íbamos encarrilados para poder elegir según saliera el sol.

Berlin, los geht’s!

Preparativos de nuestro viaje a Marrakech

A principios de año, mientras aún estábamos inmersos en los preparativos del viaje a Estados Unidos y Canadá mi hermano comentó que podía estar bien visitar Hong Kong y Macao a finales de año. Tenemos charlas de estas constantemente en las que salen destinos, fechas y planes. Hacemos cábalas sobre puentes, festividades, clima, ofertas… Y a veces salen viajes muy concretos, como este a Norteamérica; mientras que otros, como este a Hong Kong, se tienen que quedar en el tintero para una mejor ocasión. Pensábamos viajar los mismos que en el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos, pero con la baja de mi hermano, nos daba igual posponer el destino y buscar otras alternativas (será por globo terráqueo). Así pues, cuando volvimos de Canadá y nos vimos en un cumpleaños familiar el primer fin de semana de junio, valoramos con mi prima qué hacer con esos días de noviembre. Yo puse sobre la mesa tres destinos próximos que llevan en mi lista ya rondando un tiempo: Rumanía, Chipre o Marrakech. Al parecer ella tenía también en mente Marrakech, por lo que no hubo mucho que debatir. ¡Teníamos destino! Si es que somos muy fáciles.

Jugamos con las fechas a ver cuándo nos salían mejor los vuelos y un par de días después, tras tener la confirmación en el trabajo de los días de vacaciones, los saqué. Volaríamos directos con Iberia Express (solo equipaje de mano) por 80€ ida y vuelta.

El siguiente sábado quedamos con varios primos de mi marido y nos preguntaron por el viaje a Canadá así como nuestros próximos planes. Y claro, salió a colación Marrakech. Una de sus primas también tenía ganas de ir desde hacía tiempo, le cuadraban las fechas, el precio de los vuelos y la idea que llevábamos, así que el lunes a medio día, nada más tener confirmados los días, se sacó sus billetes en el mismo vuelo que nosotros.

Creamos un grupo en telegram para presentar a ambas primas y empezar a poner cosas en común, pero de momento el tema quedó un poco aparcado, pues yo estaba inmersa en los preparativos de los Balcanes. Eso sí, ya que estaba mirando coberturas para el seguro de Bosnia, aproveché también para sacar el de Marrakech.

Con la planificación de los Balcanes ya terminada, en el mes de julio empezamos a valorar cómo distribuir los 6 días que íbamos a estar en Marrakech. Pensamos que podíamos dedicar al menos la mitad en hacer alguna excursión fuera de la ciudad, ya que se localiza a medio camino entre Essaouira, una ciudad costera al oeste y el desierto al este. Además, al norte, a unos 250 kilómetros está Casablanca. Rabat y Fez parecían un poco lejanas para tan pocos días, sobre todo teniendo en cuenta que la vuelta la haríamos también desde Marrakech. Encontramos varias empresas que realizaban excursiones al desierto. Hay diferentes tipos, sobre todo teniendo en cuenta el número de días. Si tan solo se dispone de dos, suelen ofertar el recorrido hasta el desierto de Zagora; si se cuenta con tres hasta Merzouga; si se dispone de cuatro a Erg Chegaca y si tenemos hasta cinco días, podemos hacer la ruta Tuareg que para en Zagora y Merzouga haciendo una excursión algo más pausada.

Elegimos la intermedia, la de 3 días, pues parecía que Merzouga era más impresionante que Zagora por tener dunas más altas y arena más roja… Prácticamente todas las compañías ofrecían el mismo itinerario, actividades y paradas. Así que la decisión la tomamos en función de la disponibilidad de fechas. Por ejemplo, en un caso las excursiones salían los sábados, martes y jueves, lo cual no nos servía. Nosotros llegábamos un sábado a mediodía, así que no nos cuadraba la salida (que se hacía a primera hora de la mañana). Y la de los martes llegaba de vuelta a la ciudad el jueves noche pero nuestro vuelo salía a media tarde. Descartando por itinerario y por fechas, finalmente elegimos con la empresa Viajes Marrakech y la siguiente ruta:

Ya sabiendo los días que íbamos a estar fuera de Marrakech, nos quedaba buscar alojamiento para los días restantes, por lo que a finales de julio nos juntamos un sábado para buscar hotel. Bueno, en este caso queríamos dormir en alojamiento tradicional en lugar de en una cadena hotelera.  Lo típico en la zona es un Riad, que vendría a ser una construcción en torno a un patio central en el que destacan árboles (generalmente naranjos o limoneros) y agua (ya sea en forma de piscina, fuente o cascada). Suponen un remanso de paz en medio de todo el caos que es la típica medina árabe. No cuesta mucho imaginar de dónde viene la idea de los patios andaluces.

Comparando alojamientos descubrí que algunos se llaman Dar en lugar de Riad. Es el mismo tipo de construcción, pero el Dar es más pequeño, más familiar. No en vano, Dar en árabe significa casa. En cualquier caso, suelen tener una decoración muy cuidada, una atención muy personalizada e incluyen el desayuno. Al final elegimos dos diferentes. El Riad White Flowers para nuestra llegada y el Riad Magi para después de la excursión, ya que el primero de ellos no tenía disponibilidad para ambas fechas.

En septiembre, tras volver de los Balcanes estructuramos un poco por encima los días que íbamos a pasar en Marrakech. Y digo por encima porque con la configuración de la ciudad es difícil hacer una ruta clara. Dado que llegábamos el sábado a mediodía y nos íbamos el jueves a media tarde, contábamos con una tarde, una mañana y un día completo. Dos días en total.

Así, decidimos que la tarde del sábado sería para una toma de contacto con la Medina, pasear por los zocos, ver atardecer en la plaza principal y después vivirla de noche.

El resto quedaba un poco a la improvisación, aunque sí que llevábamos en mente visitar un par de palacios, las Tumbas Saudíes y los jardines de Yves Saint Laurent.

Sabíamos que aunque las mezquitas no nos iban a llevar mucho tiempo, ya que al no ser musulmanes tenemos prohibido el paso (no es como en Estambul, por ejemplo); habría que ver qué tal lo gestionábamos en la medina y, sobre todo, en el zoco, que bien podría llevarnos un par de horas o cuatro (depende de lo que nos gustara y de lo bien que se nos diera regatear).

Y con esto prácticamente quedó cerrado el viaje, ya que, como viene siendo habitual, sacaríamos dinero (la moneda de Marruecos es el Dirham) al llegar al aeropuerto con la Revolut o con la Bnext y teniendo la excursión al desierto y wifi en el riad, ni siquiera nos planteamos llevar alguna tarjeta de teléfono.

Solo nos quedaba la duda de qué ropa llevar, ya que noviembre la media histórica ronda los 24º de máxima y los 13º de mínimas. Sin duda temperaturas agradables gracias a que el sol ya no incide tanto. Con esos números podríamos apañarnos bien con pantalón, camiseta de manga corta/larga y una sudadera, chaquetilla de punto o jersey fino. Para por la noche bastaría añadir una cazadora. Sin embargo, con la excursión al desierto la cosa se complicaba, ya que no solo las temperaturas podían bajar a los 8º por la noche, sino que había que tener en cuenta el factor arena. Así pues, necesitábamos llevar algo de ropa térmica y algún pañuelo o fular para cubrirnos la piel (sobre todo la cara) y así evitar abrasión por la arena.

Y con el tema de la arena nos surgía además otro problema: el cómo proteger el equipo fotográfico, ya que es tan fina que se mete en todas partes. Lo solventamos comprando una funda estanca que aunque está pensada para el agua, nos haría el apaño. Ya in situ a ver cómo nos las apañábamos y si la usábamos o directamente haríamos fotos con el móvil. O incluso simplemente disfrutar del momento, que con tanta tecnología, a veces se nos olvida.

Con todo listo, solo nos quedaba esperar mes y medio a que llegara la hora de embarcar.

Preparativos de nuestro viaje a los Balcanes

Volvimos de nuestro viaje por Estados Unidos y Canadá a mediados de mayo y aún no teníamos nada cerrado para verano. Sí que había algo en mente, pero no habíamos empezado a mover nada. Sin embargo, el tiempo se nos echaba encima. Seguíamos con la idea de recorrer los Balcanes y, aunque ya sabíamos por el año anterior que no iba a ser fácil debido a las conexiones, teníamos la esperanza de que las líneas ferroviarias se hubieran restituido y nos permitiera más opciones.

De nuevo eché mano de la idea que habíamos apartado de visitar Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje; solo que esta vez con un planteamiento más realista dejándolo en la mitad: Liubliana, Zagreb y Sarajevo. Y ya dejaríamos el resto para otro año. Este nuevo objetivo era algo más sencillo de llevar a cabo, eso sí, entrando por Croacia, que era el país que mejores combinaciones aéreas parecía a tener. Aunque no precisamente baratas. Pero era agosto, contábamos con ello.

Valoramos las diferentes combinaciones entre los tres aeropuertos de Croacia (Zagreb, Dubrovnik y Split) y tras obviar Dubrovnik para no repetir (ya la habíamos visitado en 2008 en el crucero y preferíamos conocer nuevos destinos), al final lo que mejor nos salía era volar a Zagreb y volver desde Split con Iberia.

Llegó junio y tocó el momento de plantear un itinerario. La parte más compleja, cómo no, era llegar a Sarajevo, que nos suponía dedicarle media jornada para cada trayecto en bus.

Pero por lo demás, de Zagreb a Liubliana había un tren internacional que conectaba ambas ciudades en unas dos horas y de Zagreb a Split uno nacional. Llegamos incluso a valorar acercarnos a Zadar desde Split, pero finalmente preferimos añadir ese tiempo a Sarajevo para verlo con más calma.  Así pues, la ruta nos quedó así:

Día 1: Vuelo Madrid a Zagreb
Día 2: Zagreb – Liubliana – Zagreb Día 2: Zagreb (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
Día 3: Zagreb Día 2: Liubliana (Parte I, Parte II y Parte III)
Día 4: Zagreb – Split (Parte I y Parte II)
Día 5: Split a Sarajevo(Parte I y Parte II)
Día 6: Sarajevo (Parte I, Parte II y Parte III)
Día 7: Sarajevo – Split
Día 9: Vuelo Split a Madrid

Con el itinerario claro comenzamos a sacar los billetes de bus y alojamientos. Para el tren tendríamos que esperar, ya que el de Zagreb a Liubliana no se podía comprar por internet y el de Zagreb a Split solo lo ponen a la venta con dos meses de antelación, por lo que tuvimos que postergarlo a julio.

También en julio concretamos lo que queríamos ver en cada ciudad y cerramos las rutas.

Por último, solo nos quedaba sacarnos el seguro del viaje, pues aunque Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea desde 2004 y 2013 respectivamente, Bosnia no, por lo que la tarjeta sanitaria europea no tiene validez.

En cuanto a la moneda, Eslovenia sí que adoptó el Euro en 2007. Croacia sin embargo mantiene aún la kuna (HRK). Además, Bosnia tiene el Marco Bosnio Convertible (BAM), así que necesitábamos llevar 3 divisas diferentes. No obstante, gracias a la Revolut y a la Bnext, solucionado. Sacaríamos algo de efectivo para compras pequeñas, y el resto pagando con ellas.

En Eslovenia y Croacia podríamos mantener nuestras tarifas de móviles. Bosnia sin embargo no se encuentra dentro del acuerdo del Roaming, por lo que tendríamos que buscar alternativa si queríamos contar con internet. En el país hay tres operadoras: BH Telecom, m:tel y HT Eronet, aunque la primera de ellas es la que tiene mayor cobertura. Comercializan la tarjeta Ultra prepago por unos 5 BAM (unos 2.55€) con una versión de 300 Mb sin voz, solo datos y SMS con una validez de 7 días. Nosotros íbamos a estar dos días en la ciudad, así que – aunque el precio no era excesivo – no parecía imprescindible. Podríamos esperarnos a llegar al alojamiento si queríamos navegar y por el día tirar de mapas sin conexión.

Y con todo listo, solo nos quedaba esperar a finales de agosto para poder disfrutar de tierras balcánicas.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá III: ESTA, Seguro, Cambio de Divisas y Telefonía

Llegó marzo y aún estábamos con los preparativos del viaje. Ya habíamos cerrado algunas cosas los meses anteriores, pero aún nos quedaba decidir si comprábamos electrónicamente entradas a algunas atracciones y tarjetas de transporte, o bien nos esperábamos a destino. Y ganó la segunda opción. También nos faltaban un par de asuntos importantes que solucionamos en la recta final: la autorización de entrada a Estados Unidos y el seguro.

El Electronic System for Travel Authorization es la autorización que deben solicitar los ciudadanos de los países incluidos en el Programa Visa Waiver, como España. Se ha de tramitar vía electrónica (obviamente, de ahí lo de Electronic) y es recomendable hacerlo directamente en la web oficial y no mediante intermediarios para evitar sorpresas.

Es necesario para la entrada al país por aire o mar y tiene una validez de dos años (o en su defecto hasta que caduque el pasaporte). Sin embargo, la estancia máxima es de 90 días. Es decir, en un período de dos años se pueden realizar varios viajes. El pasaporte ha de ser biométrico y con una fecha de caducidad superior a 6 meses desde la fecha de vuelta del viaje. Por eso esperamos hasta marzo para sacarlo, porque cuanto más ajustado de tiempo (dentro de una franja no límite), más apuraríamos por si quisiéramos volver en 2019 o 2020 a pisar EEUU. Bien de destino final, bien de tránsito. Porque nunca se sabe.

El ESTA se puede tramitar individualmente o grupal, esta última más por ahorro de tiempo ya que el importe es el mismo de una forma que de otra. Una vez decidido este paso, hay que seguir las indicaciones de la web y completar los datos personales tales como nombre completo (tal y como aparece en el pasaporte), fecha de nacimiento, número de pasaporte, fecha de obtención y de caducidad del mismo, dirección de contacto en EEUU (con poner la del primer alojamiento, vale), nombre de los padres, teléfono de contacto, teléfono de emergencia, información sobre los vuelos (número, fecha), sobre profesión y empresa en la que trabajas.

Hay una segunda ronda de preguntas a las que hay que responder SÍ o NO del estilo de si te drogas, si tienes alguna enfermedad contagiosa, si has cometido algún delito o tienes pensado hacerlo en algún futuro… Básicamente consiste en responder a todo que NO (siempre que se corresponda con la realidad, claro). Este tipo de preguntas las hacen para que si luego cometes algún delito, no solo te imputen ese, sino el de haber mentido en tu declaración. Es todo un interrogatorio, aunque no tanto como el de la India.

Normalmente lo expiden casi al instante, aunque a veces puede tardar algo más en caso de que les salte alguna alarma por los apellidos. Hay que quedarse con el número de referencia y consultar, por ejemplo a las 24 horas, si está aprobado. En tal caso, generamos el pdf y nos lo guardamos por si nos lo solicitaran en el control del aeropuerto. Ojo que el ESTA también es necesario si solo se va a hacer escala en el país. Aún así, aunque se haya aprobado el ingreso en el país, la última palabra la tiene el funcionario de aduanas.

Por su parte, Canadá cuenta desde el 29 de septiembre de 2016 con la Autorización de Viaje Electrónica (AVE) o electronic Travel Authorisation (eTA), que es prácticamente lo mismo. La diferencia es que cuesta CAD$7 y es válida durante cinco años. Además, solo existe la opción individual. Por lo demás, se necesita la misma vigencia de pasaporte, se ha de sacar aunque sea para una escala y hay que rellenar una serie de preguntas sobre la información personal, así como si se ha padecido alguna enfermedad o cometido algún delito. No obstante, solo es aplicable si se va a entrar en el país por aire, no para cuando se hace por mar o, como era nuestro caso, por tierra.

Para el seguro finalmente nos decantamos por el Estrella Premium de IATI con 200.000€ de coberturas médicas e indemnización por robo y daño de equipaje a 2.500€ por persona. Comparar seguros también es un quebradero de cabeza, así que hay que cotejar bastante bien las coberturas. Además, conviene saber si en caso de consultas médicas adelantan el dinero o tienen un teléfono de contacto realmente accesible, puesto que en caso de necesitarlo, lo que quieres es que el problema se solucione lo antes posible, no estar además luchando por los reembolsos.

En Estados Unidos mejor no jugársela, ya que no cuenta cobertura universal y una simple consulta médica puede llegar incluso a mil dólares. Si bien es cierto que Obama llegó con su programa del Obamacare con una intención de un sistema de salud casi universal, con Trump se ha retrocedido de nuevo.

A última hora concretamos el tema monetario. En otras ocasiones cuando hemos viajado a EEUU hemos cambiado Dólares, pero esta vez decidimos combinar efectivo con tarjeta. Tanto EEUU como Canadá son países en los que se mueve prácticamente todo vía plástico, pero siempre hay excepciones, claro, así que, por si acaso, mejor llevar papel.

Cambiar no nos salía rentable ni con Euros ni con Libras; y aunque nuestro banco en retirada en cajero extranjero solo nos cobra 2€, independientemente de la cantidad, esta vez queríamos probar un nuevo método: las tarjetas monedero. Por un lado mi hermano se sacó un par de ellas la de Revolut y la de Monzo, por otro, yo elegí Revolut y Bnext.

La de Revolut es una tarjeta MasterCard Contactless permite comprar en más de 130 divisas sin comisiones. Para darse de alta tan solo hay que descargarse la App, crearse una cuenta y solicitar la tarjeta. Puede ser virtual o física. En este último caso cuesta unos 6€ y llega en unos 10 días (o 20€ si eliges el envío exprés en 3). Una vez recibida solamente hay que cargarle la cantidad deseada, activarla y a funcionar. No solo permite pagar en el extranjero, sino que además se puede retirar efectivo sin coste adicional en cajeros de todo el mundo; enviar transferencias tanto nacionales como internacionales de forma gratuita (ojo a esto) y recibir o intercambiar hasta 25 divisas al tipo interbancario (el mejor que hay) y sin comisiones.

Las condiciones pintaban bien, ya que nos podría servir tanto para pagar como para sacar en cajero. Aunque a priori tenía una pega, pues una vez que has sacado más de 200€ en un mismo mes (ojo que no es natural, sino que cuenta desde la fecha del alta), se aplica un 2% de comisión. Al ser un viaje largo, estimábamos que íbamos a sacar algo más, pero como al llevar dos, teníamos un poco de maniobra para disponer al menos de 400€ sin comisiones.

Por su parte, la de Monzo pertenece a un banco que solo opera en Reino Unido y aplica el cambio de MasterCard (cercano al de BCE, que es algo peor al de Revolut). Funciona de forma similar a la anterior, pero con la ventaja de que no cobra comisión alguna al sacar de cajero independientemente de la cantidad (aunque tiene una limitación de $325 diarios) y se puede usar en todo el mundo.

Bnext es una empresa española fundada por dos extrabajadores de BBVA e ING. En vez de MasterCard, es VISA (así que aplica su cambio, que es un poco peor que el interbancario).

Es muy similar a las anteriores y permite realizar un gasto máximo de 2.000€ al mes en comercios internacionales con divisa diferente al Euro, así como sacar hasta 500€ al mes sin comisiones (a partir de dicha cantidad aplican el 1.4%). También se pueden realizar transferencia con ellas y a diferencia de la de Revolut, su envío es gratuito. Así pues, esperábamos poder funcionar durante toda nuestra estancia con estas tres opciones .

Por último nos quedaba solucionar el asunto de las comunicaciones. Cuando viajas con coche es aconsejable llevar una tarifa de voz por lo que pudiera pasar, pero además, es casi imprescindible contar con una de datos, pues la tecnología hoy en día nos hace ahorrar mucho tiempo. En primer lugar teníamos la opción de contratar el servicio de Roaming con nuestras respectivas compañías. Para nada rentable y totalmente descartado.

En segundo lugar, comprar una tarjeta SIM de prepago en destino. En 2012 nos hicimos con una de $10 en San Francisco para poder comunicarnos con nuestra prima y por si necesitábamos contactar con algún alojamiento, modificar alguna reserva o por si pasara algo con el coche. En Escocia, cuando aún no se había eliminado el Roaming, elegimos GiffGaff, pues era mucho más rentable que cualquier tarifa aplicada a nuestras líneas. El problema es que esta vez visitábamos dos países, por lo que necesitaríamos una para Estados Unidos y otra para Canadá.

Nuestra tercera opción era una tarjeta prepago en España con Teleway. La compañía te manda dos números: uno del destino para que las llamadas sean locales y uno virtual para transferir las del número español. Tiene llamadas ilimitadas y 4Gb de datos. Sin embargo, esto solo es válido en Estados Unidos y el precio de la tarifa más barata eran 60€ por 10 días. Así que ni nos servía, porque había que considerar una segunda cuestión, y es que entre nuestra visita a Chicago y la vuelta a Boston pasarían esos 10 días, con lo que ya tendríamos que elegir una superior. Más cara, claro.

Nuestra cuarta alternativa era comprar una tarjeta prepago de Vodafone con la Tarifa Yuser de 10€. Pero seguíamos con el problema de que solo nos servía para Estados Unidos.

Además de las opciones de tarjeta, valoramos comprar un router con tarjeta prepago de datos, pero también quedó descartado ya que quedan fuera las llamadas.

Así pues, teníamos una gran indecisión al respecto. Pero tras mucho investigar, encontramos en Amazon una tarjeta de T-Mobile válida en Estados Unidos y con Roaming para Canadá y México.

Tampoco era especialmente barata, pues eran 40€ para 15 días, pero sin duda era la mejor opción. No solo incluía llamadas y SMS ilimitados, sino que además también datos ilimitados en EEUU y 5Gb de Roaming en Canadá. Así pues, por fin encontramos una alternativa que sirviera para ambos países. Y, aunque había una más barata (33€), tenía el límite de datos en 5Gb, algo que no jugaba a nuestro favor, pues pretendíamos hacer uso del Tethering y dar WiFi a varios dispositivos.

Y finalmente, con todo zanjado quedaba preparar las maletas. Esta vez no era tan fácil como en las escapadas anteriores que habíamos viajado ligeros de y con ropa de verano o entretiempo. Ya había llegado la primavera, sí, pero solo un par de semanas antes estaban teniendo temperaturas bastantes bajas, incluso con nieve.

Y es que el clima en Canadá puede ser frío a finales de abril y principios de mayo. Chicago por su parte tiene fama como la ciudad del viento, así que no podía faltar una buena chaqueta y un calzado que abrigaran bien. Además, parecía que estaba siendo el abril más frío en los últimos 137 años… Por lo demás, ropa cómoda para estar todo el día en la calle. Como siempre en estos viajes largos, opto por llevarme aquellas prendas que ya están algo más desgastadas o viejas por si tengo que ir liberando espacio. Y lo justo de productos de higiene, ya que para 17 días hay productos como la pasta de dientes que trae más a cuenta comprar en destino y compartir entre todos. Además, casi todos los hoteles y apartamentos hoy en día tienen gel y champú. Salvo que tengas unas necesidades específicas o una predilección por alguna marca en concreto, es preferible o usar el que te encuentras el alojamiento, o comprar un bote para compartir en lugar de ocupar espacio desde casa (y arriesgarte a que se pueda abrir en la maleta).

Por supuesto, no pueden faltar ordenador, cámara de fotos, tarjetas de memoria, cargadores, cables de carga…. y un adaptador. No hay que olvidar que tanto en Estados Unidos como en Canadá usan otro tipo de enchufes.

Y algo que es totalmente imprescindible: las ganas de viajar. ¡Allá vamos!