Razones para viajar

En unos días salgo de viaje. Y ya iba tocando, pues han pasado casi seis meses desde que volvimos del último (ya llegará el momento de los posts correspondientes). Después de casi medio año es hora de que mi cerebro desconecte, de ver sitios nuevos, de vivir experiencias y crear anécdotas.

Y no es que no quiera revelar aún el destino (que también), es que realmente no es lo importante. Lo relevante es todo lo que me aporta viajar, lo que hace que cuando vuelvo de un viaje ya esté pensando en el próximo. No, corrijo: lo que hace que antes de salir por la puerta de casa ya tenga el siguiente preparado. Porque sí, para mí un viaje comienza mucho antes de la fecha en que estoy fuera. Soy de las que vivo la inmersión desde que hago la primera reserva. Barajo opciones, leo mucho, comparo información, creo mil rutas, busco trucos y consejos… No me gusta viajar como las maletas, que diría mi madre.

Viajar influye en muchos aspectos de mi vida:

Viajar es salud, pues la desconexión evita que aparezca el estrés.

Viajar es libertad. Sí, incluso con mi manía de llevarlo todo controlado, cuando recorro mundo tengo sensación de libertad, de no tener obligaciones, de que cada día es único y que lo único que importa es el presente, el lugar en el que estoy, el empaparme al máximo de todo lo que tiene para ofrecer.

Viajar es inspiración. Y es que al estar relajada, con esa sensación de libertad, la mente fluye, se llena de influjos, refresca la percepción y nos devuelve esa mirada curiosa que teníamos en nuestra infancia. La imaginación se desata y se adquiere otra perspectiva de la vida.

Viajar es aprendizaje. Pero no solo de geografía, de geopolítica, de historia o de idiomas, sino también de una misma. Conozco mis virtudes y fortalezas.

Viajar es equivocarse. Y rectificar. Y madurar. Porque no todo es bueno, también tengo mis debilidades, y aparecen en momentos de frustración en los que las cosas no salen como esperaba. Ahí exploro nuevas facetas de mi vida, mis defectos y los detalles en los que tengo que trabajar. Así que aprendo de los errores, de mis contradicciones, de mis manías… Aunque mejorar en algunos aspectos me lleve más tiempo que en otros. Todo tiene su proceso, y a veces hay que tropezar más de una vez en la misma piedra. Nunca se deja de aprender. En todos los sentidos.

Viajar es reflexionar. Me permite revisar mis prioridades y creencias. Conocer otras culturas y la distancia de casa me hacen reflexionar sobre mi propia ideosincrasia. Somos individuos en una sociedad y por tanto esta va permeabilizando en nosotros (para bien o para mal). No descubrimos hasta que viajamos la magnitud de la infinidad de culturas y de tradiciones que existen. Eso sí, ya depende de cada uno asumir estas nuevas realidades y dejar de pensar que es el centro del universo.

Viajar es educativo. Sería un error asumir que viajar nos hace mejor personas por ósmosis. Uno no se vuelve más culto, inteligente, tolerante o interesante, ni se cura de prejuicios simplemente por haber visto mundo, sino que hace falta un ejercicio de reflexión y olvidarse de los estereotipos. Para ello hay que respetar el lugar que visitamos, así como la gente y sus costumbres. La mejor forma es intentar comportarse como un local y no esperar que se adapten a las necesidades de uno que está por allí de paso (ya sea exigiendo horarios de comidas o que hablen nuestro idioma).

Viajar es una cura de humildad. Sirve para descubrir que nos queda mucho por mejorar como sociedad. Un claro ejemplo es cuando ves que en otros países no tienen tornos en el transporte público o que hay puestos de venta con el producto y una caja para depositar el dinero porque confían en que la gente hará lo correcto. O que existen las cortinas en las ventanas porque no tienen nada que ocultar y dan por hecho que nadie va a cotillear en sus vidas.

Viajar da perspectiva. Porque no toda la información que nos llega por los medios de comunicación se corresponde con la realidad, de hecho, lo más probable es que nos llegue manipulada. Así que el visitar diferentes lugares nos hace mirar con otros ojos y tener la información de primera mano dejando de lado los prejuicios.

Viajar mejora las relaciones. No solo me hace crecer como persona, sino que fortalece las relaciones con mis compañeros de viaje. Se requiere una buena comunicación y compenetración entre todos los integrantes. Si ya es duro luchar contra los propios desafíos personales, más lo es aún cuando tienes que pedir perdón o asumir que estabas equivocada.

Además, viajar con más gente supone en tener que confiar en los demás, en sus habilidades y fortalezas. Es un toma y daca a la hora de repartir responsabilidades, tareas o decisiones.

Viajar acerca al minimalismo. A mí me ha servido para darle menos importancia a lo material. Fue de lo primero que aprendí, ya que enseguida me di cuenta de que tenía que establecer prioridades a la hora de hacer el equipaje, dejar fuera lo supérfluo, los “porsiacasos” y llevarme solamente lo necesario. A partir de ahí, la perspectiva cambia.

La siguiente vez que fui a comprar ropa, me centré en sustituir y no en comprar por comprar, por modas. Mi armario es cada vez más básico con ropa versátil. Lo mismo con el calzado, tiene un propósito (deportivas, botas de senderismo, botas de agua, calzado para diario…), no sigo tendencias. No quiere decir que haya renunciado a tener pertenencias, pero sí a las compras compulsivas o a las necesidades que nos ha creado el marketing. Aprendí a valorar más las experiencias y menos las cosas.

Así que, me sobran razones para viajar. Y ganas, claro. Soy de las que en cada día de fiesta o puente ve una oportunidad. Se me van los ojos al mapa mundi. Y no hace falta que sea lejos, lo importante es la desconexión y la experiencia. Da igual que sea un crucero, un Road Trip, un interrail, una excursión a la sierra o una visita a una ciudad cercana… Quiero seguir viajando.

Quiero seguir contando viajes. Porque sí, soy de las que cuentan los años por viajes. Por ejemplo, me acuerdo de la fecha de mi boda por el viaje a Japón. Pero también asocio fechas con viajes, por ejemplo San Patricio en Nueva York, Primavera en Japón, 1 de Mayo en Dachau…

Así que ¿Razones para viajar? Son muchas, pero al final se resumen en una: Por el simple placer de viajar. Lo demás viene después.

Captain Fantastic

Hace algo más de un mes se inauguró en La cafetera una sección de cineforum y recomendaron Captain Fantastic. La valoraban tan positivamente que no pude por menos que saciar mi curiosidad para juzgar por mí misma. Y vaya sorpresa. Me encantó.

El protagonista es Ben, interpretado por Viggo Mortensen, quien junto con su mujer, Leslie, huye del estilo de vida americano y se muda a un terreno en los bosques de Washington. Allí el matrimonio criará a sus seis hijos al margen de la sociedad de consumo dándole importancia a una educación basada en la supervivencia física e intelectual. Así, los niños entrenan a diario, aprenden a conocer el medio en que viven, a cazar animales, a quitarles la piel, deshuesarlos y cocinarlos. Usando para ello además armas de verdad. En cuanto a la mente, son formados en cultura general, música, literatura, matemáticas e idiomas. Pero sobre todo filosófica y políticamente. Les dan las herramientas para que aprendan a pensar críticamente, a razonar y a expresar sus ideas con sus propias palabras. Y no solo eso, sino que los niños no reciben un trato paternalista ni obtienen explicaciones edulcoradas de la realidad.

Durante diez años viven aislados de la vida moderna, de la tecnología y de la civilización, pero todo cambia cuando Leslie, que padece desorden bipolar, ha de ser hospitalizada y durante su ingreso se suicida. Es entonces cuando la familia emprende un viaje a la ciudad.

La película plantea el dilema moral y ético de la educación de los hijos. En primer lugar pone de relieve cómo influye en los hijos las decisiones que toman los padres por ellos. Ben cree estar haciendo lo correcto en la forma de educarles, que así serán mejores personas cuando sean adultos; pero esta reintegración en la sociedad y el choque cultural y social al que se enfrentan los niños, le hace plantearse si Leslie y él tomaron la mejor decisión.

Captain Fantastic es una crítica al sistema educativo que convierte a los estudiantes en simples loros que repiten la lección. ¿Tiene cabida en nuestra sociedad otro método de enseñanza? Quizá habría que valorar una alternativa interdisciplinar, porque todo está relacionado. Será mucho más fácil aprender literatura si se conoce el momento histórico y político en que se creó la obra, pero también el entorno socioeconómico del autor. No basta con dar el mismo período en Historia y en Literatura, o unas pinceladas como introducción sino que se debería ahondar mucho más. Nos quedamos en leer la obra y después un trabajo en el que se hace una sinopsis y poco más, no hay desarrollo.

También podríamos hablar de la conexión que hay entre matemáticas, la física y la química. Incluso con la música o las artes plásticas. Y cómo no en la economía. Debería replantearse este sistema creado hace demasiado tiempo. Si la sociedad ha cambiado, también debería evolucionar el método de enseñanza más allá de incluir idiomas o el uso de la tecnología en las aulas.

Cuando se habla de educación siempre se mira hacia Finlandia, país que se encuentra en el número 1 de la clasificación mundial y cuya carga lectiva es inferior a la de Estados Unidos o España (recomiendo ¿Qué invadimos ahora? de Michael Moore, que ya contrasta el sistema con el estadounidense). Sin embargo, resulta mucho más eficiente. En el país nórdico se le da importancia a formar a personas, no a como mecanismo de adoctrinamiento; se fomenta el juego, el desarrollo de las artes plásticas o musicales, el saber desenvolverse, pensar y razonar, y apenas existen los deberes, solo como algo puntual. Así que, quizá no es tan utópico el planteamiento de la película.

Sin embargo, aunque la idea de esta enseñanza alternativa parece ser válida y más eficiente que la tradicional; no lo parece tanto el aislamiento de la familia de Captain Fantastic, puesto que priva a los hijos del ámbito social y cuando llegan a la “civilización” resultan unos inadaptados que no saben cómo interactuar con sus congéneres fuera de su pequeña familia. Carecen de habilidades sociales, y actúan según lo que han leído o vivido en su particular y aislado mundo.

Otro tema que se trata en la película es la religión, y en concreto con un ataque bastante directo a los cristianos. “Nosotros no nos burlamos de la gente. Salvo de los cristianos” es una de las frases lapidarias de la película. Obviamente, tampoco celebran la Navidad, sino que festejan el cumpleaños de Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista estadounidense que se define como anarquista).

Ben tiene un choque frontal con su suegro por la religión. Y es que Leslie era budista y había dejado un testamento bastante claro con lo que deseaba que se hiciera con su cuerpo tras la muerte. Pero los suegros se erigen como los poseedores de la razón (y fe) y organizan misa y entierro desoyendo cualquier voluntad de la fallecida. Con este conflicto se ponen en tela de juicio los convencionalismos religiosos, los ritos impersonales oficiados por un absoluto desconocido que no sabía nada de la persona a la que está alabando y dándole despedida. Y mientras, la familia y seres queridos han quedado relegados a un segundo plano no pudiendo homenajear al fallecido como quisieran. Que podría ser quizá festejando en lugar de llorando.

La película me ha sorprendido gratamente, como comentaba al principio. Me ha gustado mucho la complejidad de los temas que pone sobre la mesa y que te dejan ahí el runrún durante días. Es profunda y dramática, pero también entretenida y cómica. En el plano actoral Viggo Mortensen lleva la mayoría del peso interpretativo, pero sus hijos no se quedan atrás y cada uno de ellos tiene un momento en que brilla por sí mismo. Sobre todo gracias a los diálogos ácidos y ágiles.

Capítulo aparte merece la banda sonora y las escenas que acompaña. Sobre todo en el caso de Sweet child o’mine, Scotland the Brave y la que acompaña estas líneas (y que no destripa la película).

Captain Fantastic articula una confrontación entre el capitalismo como sistema desigual en el que toda interacción social gira en torno al consumismo y una cultura antisistema que suscita la reflexión política y social. Expone la posibilidad de que otra sociedad es posible, sin empresas o la religión ejerciendo su control y decidiendo por los ciudadanos. Propone un modelo educativo menos encorsetado en el que el alumno aprenda de una forma más global y en el que pueda desarrollar su capacidad intelectual. Una enseñanza en la que el individuo descubra qué es lo que quiere ser frente al modelo en que es un mero repetidor de consignas que ha cumplir con el rol que ya le ha marcado la sociedad.

Captain Fantastic abre muchos debates con un tono de tragicomedia que no deja impasible. Abre una puerta a la esperanza de que otro mundo es posible. “Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces, quizá, puedas contribuir a hacer un mundo mejor” decía Noam Chomsky.

Y todo sigue igual

La semana pasada vivimos una nueva investidura tras dos meses largos después de las elecciones. Esta vez el candidato que pedía el voto de los diputados era Mariano Rajoy. Un candidato que decía tener prisa para formar gobierno pero que se tomó con calma el fijar una fecha. Fiel a su estilo, con un ritmo tranquilo, desgastando a los demás, calentando el cabreo del personal, yéndose de vacaciones a Sanxenxo y dejando que la presión cayera sobre el resto de partidos, especialmente sobre el PSOE.

En su monólogo previo a la votación se dedicó a dormir al personal con sus “logros” de los últimos cuatro años. Soltó datos a diestro y siniestro, manipuló y mintió. Parecía un reciclado de otros discursos de la campaña electoral. Que si llegamos en el 2011 y esto era un caos, mira qué bonito lo estamos dejando ahora. Recuperación, contratos indefinidos y encima sin devaluar moneda... Y se quedó tan ancho.

Un día después salieron los candidatos del resto de grupos a exponer sus también encorsetados discursos. Por la mañana debatieron los partidos con mayor representación. Primero salió Sánchez con sus comillas citando frases de Rajoy de la investidura de marzo con un rictus serio y un tono que ya auguraba el no es no. Después aparecieron los representantes de las diferentes fuerzas que conforman la coalición UP: Iglesias con su mítin con tono de rap (aunque sus réplicas y contrarréplicas con Rajoy sí que tuvieron algo más de vida por parte de ambos); Garzón con un discurso muy duro centrado en la economía; Domènech apelando a la independencia catalana de 1714 y citando a Azaña y por último Fernández criticando el hooliganismo patriótico del PP. Para finalizar el turno matutino, Rivera expuso el pacto firmado con el Partido Popular, ya que Rajoy apenas había hecho alusión a él.

Ya por la tarde continuó Tardà (ERC) centrado en su discurso independentista y tendiendo la mano a Sánchez bajo la premisa de tres condiciones: derogar las leyes “más reaccionarias” del PP (LOMCE, Ley Mordaza y Reforma Laboral), aplicar medidas fiscales socialdemócratas y, autorizar un referéndum en Cataluña. En la misma línea crítica habló Aitor Esteban (EAJ-PNV), que seguía con el monumental enfado del día anterior por las alusiones de la unidad de España. Le sacó incluso referencias a la constitución alemana para defender la idea de estados independientes dentro de una nación.

Para finalizar la primera ronda hablaron los diferentes integrantes del Grupo Mixto. Homs siguió la línea de Tardà e incluso anunció a Rajoy que pondrían una querella contra Fernández Díaz por las famosas grabaciones de los tejemanejes y afinados. Baldoví por su parte fue en la línea de Domènech dividiendo su intervención en explicarle el no a Rajoy y la otra mitad en pedirle a Sánchez que intentara un gobierno alternativo del PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas. Beitialarrangoitia (EH Bildu) insistió en desalojar al PP y dedicó unos minutos a reivindicar a Otegi como candidato a las elecciones vascas. Alli (UPN), Martínez Oblanca (Foro Asturias) y Oramas (CC) fueron los únicos aparte de Ciudadanos que mostraron su apoyo a Rajoy. Íñigo Alli porque acuden juntos, Ana Oramas ya lo había confirmado en las horas previas, y Foro Asturias porque en el fondo viene a ser lo mismo (es el partido de Álvarez Cascos, exministro del PP). El último en intervenir fue Pedro Quevedo (Nueva Canarias), que expresó su desconfianza hacia Rajoy puesto que aún están esperando los siete compromisos que adquirieron en 2011 con respecto a Canarias.

48 horas después, en la segunda vuelta, candidato y representantes volvieron a hacer una breve intervención recopilatoria donde ya se intuía que no iba a haber cambio con respecto al 31. Rajoy atacó a Sánchez. Sánchez dejó caer algo de las fuerzas del cambio y el PSOE en la solución. Iglesias volvió a pedir a Sánchez que contara con ellos. Rivera reivindicó que el pacto se convertía en calabaza tras la votación. Rufián sustituyó a Tardà con un discurso muy lento pero muy incisivo (como suele ser habitual) que le hizo convertirse TT en Twitter en pocos minutos. Esteban dejó el recado de que el resultado de las elecciones vascas no va a condicionar a un cambio en ámbito estatal. Homs, Baldoví y Quevedo se reiteraron en sus discursos del 31.

Y por si acaso Rajoy no había encendido suficiente al personal, sale el siempre comedido (entiéndase la ironía) Rafael Hernando. ¿El resultado? El esperado: 170 vs 180.

Y es que la fecha de esta investidura se puso con calzador. Rajoy reconoció en su discurso que se presentaba por la presión. Imagino que a él le hubiera gustado esperar más, a ver si había algún partido más como Ciudadanos que se le acercaba con alguna propuesta (y es que no hay que olvidar que fueron los de Rivera quienes se acercaron al PP y no al revés). Cualquier fecha para una investidura venía condicionada por varios factores. Por un lado las elecciones vascas y gallegas del 25 de Septiembre. Y es que si se fijaba una fecha para mediados de septiembre (además de llevar unas posibles elecciones a enero) serían en medio de campaña electoral. Así pues, parecía que tenía que ser antes, para agosto, pero eso suponía que unos terceros comicios serían en un diciembre que cuenta con un acueducto entre la primera y segunda semana. Pero sobre todo conllevaría el problema de que hubiera que votar el día de Navidad o Año Nuevo, ambos festivos. Por un lado, son malas fechas porque mucha gente se desplaza esos días para disfrutar de las vacaciones. Huele a alto índice de escaqueo en mesa electoral y abstención. En el mejor de los casos, se incrementaría el voto por correo, así que seguramente habría colapso en las oficinas de correos con (ya se vio el año pasado); y por otro lado acarrearía un problema de logística mayor si hablamos de presupuesto o seguridad. Hay que tener en cuenta a los funcionarios que deberían trabajar en un día festivo, como sería el caso de los policías.

Papeletas

Con este panorama de urgencia por formar gobierno, ¿qué elegimos, susto o muerte? Pues parece que en el PP decidieron que lo mejor era el día 30. Una primera intervención de Rajoy en solitario y ya al día siguiente el resto de los grupos y la votación. Yo lo encuentro una buena fórmula, porque así se da tiempo al resto de partidos a digerir el discurso y adecuar el suyo en respuesta. Lo que me sorprende es que el PP lo criticó con ahínco cuando lo fijó Patxi López, y ahora siguieron su ejemplo.

En cualquier caso, la elección de la fecha vino condicionada para lanzarse un órdago y meter presión con unas hipotéticas elecciones el 25 de diciembre. De esta forma se enfada a los ciudadanos ante no sólo la posibilidad de interrumpir su día de descanso y excesos con tener que votar, sino además con la posibilidad de que les toque ser mesa electoral. ¿Y sobre quién recae esa presión? Pues sobre Pedro Sánchez, por supuesto. Más claro, Albiol, que mostró la jugada en su tuit.

Pero que no se preocupe nadie, que ya se ha confirmado que era un farol, y se está preparando una modificación de la Ley Electoral para que la campaña dure solo una semana y así votemos el 18. En cuanto a si se puede hacer, parece que hay diversas interpretaciones, ya que estamos con gobierno en funciones y se supone que no se pueden aprobar leyes… Pero si encuentran un resquicio legal, se aprobará. Para esto parece que sí están todos de acuerdo.

No obstante, se ha instaurado la idea de “o sale Rajoy o votamos en Navidad”. Pero la realidad no es así (más allá de que acorten la campaña). La Constitución establece en su Artículo 99.5 que Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso. Y en esas estamos, el 31 de Agosto salió “no” y desde entonces cuentan dos meses para que el mismo candidato u otro vuelvan a intentarlo. Es decir, que hasta el 31 de octubre, fecha en que se disolverán las Cortes automáticamente, hay tiempo para el diálogo, para acercar posturas, para pactos. Otra cosa ya dependerá de la voluntad de cada uno. Aunque aquí influirá mucho el resultado de las autonómicas y los acercamientos que tengan que hacer los partidos en el País Vasco o Galicia. Un apóyame tú aquí y me abstengo yo allá.

Se ha repetido hasta la saciedad que es imprescindible tener Gobierno urgentemente. Bueno, estoy de acuerdo, va siendo hora, pero no a cualquier precio. En su intervención durante la segunda sesión del debate para su investidura, Rajoy ha apelado al PSOE para que le vote porque “todos tenemos la obligación de evitar que España, por desavenencias y empecinamientos parlamentarios que a nadie le importan, pague los platos rotos”. Pero es que en eso consiste la democracia, en desavenencias, en que cada partido presente sus propuestas que reflejen a la sociedad. Y en cuanto a empecinamientos, creo que lo confunde ser fiel a su programa. O podríamos aplicarlo al revés y recordar que el PP también se empecinó en el “no” a Sánchez.

En cualquier caso, lo que interesa es tener un buen Gobierno, un gobierno que gestione adecuadamente el país. Rajoy defiende que no es posible un gobierno de “mil colores y radical”. Bueno, ambas cosas son cuestión de perspectiva. Mil colores es lo que es España. Cada uno vota lo que considera, es en lo que consiste una democracia, en elegir, y si no hay dónde elegir, se crea. De esa necesidad ciudadana surgieron nuevos partidos que han llegado a las cámaras porque alguien les ha puesto ahí con su voto. Y en cuanto a la radicalidad depende del lugar ideológico de cada uno. Si UP para el PP son radicales por tener una postura ideológica totalmente opuesta a la suya, lo mismo se podría decir a la inversa.

Los de Génova insisten además en que el PP ha ganado las elecciones y debe gobernar, pero se les olvida que tenemos un sistema parlamentario y que es en el Congreso donde se tiene que obtener la mayoría. Una mayoría que está devolviendo los frutos sembrados tras los cuatro años de ninguneo en los que el Partido Popular no ha buscado consenso con ningún grupo. Un ejemplo es esta frase extraída del discurso de Mariano Rajoy:“Mi voluntad como presidente del Gobierno será abrir un diálogo con todas las fuerzas políticas para lograr un Pacto Nacional por la Educación”. Estupefactos se quedaron el resto de diputados ya que se trata del mismo presidente que aprobó en solitario la LOMCE con la oposición del resto de la cámara y de la comunidad educativa. Una ley que está causando incertidumbre en el curso escolar 2016/2017 que comienza esta semana puesto que hay dudas en cuanto a sus contenidos, asignaturas o si finalmente se llevarán a cabo las reválidas.

Pero que estemos sin gobierno parece que es culpa de todos menos del Partido Popular. Poco se habla de la incapacidad de Rajoy para llegar a acuerdos y mucho de crisis en las filas socialistas. Lo que son las cosas, tras la investidura fallida de Pedro Sánchez, éste repitió hasta la saciedad aquello de “no era presidente porque Iglesias votó no”, llegando a ser cansino y provocando un aluvión de memes. Y ahora se la están devolviendo con creces desde la bancada del PP (y de Ciudadanos, también) y de la prensa, incluso internacional. La frase ahora es “no hay gobierno porque Pedro Sánchez no se ha abstenido”. “Pedro Sánchez bloquea España”. Ojo, no digo que no esté en su derecho, al contrario, es perfectamente lógico y respetable que se mantenga en la postura que prometió a su electorado. Al igual que hizo Podemos en su día.

Sin embargo, es curioso cómo el tratamiento hacia Rivera es totalmente diferente a pesar de cambiar de opinión cada vez que hace una comparecencia. Por el contrario, el líder de Ciudadanos es retratado como un hombre de Estado, que le da igual virar a un lado u otro por el bien de España. Su partido de centro está para tender la mano a izquierda o derecha. Suena muy bonito, muy sacrificado, sí, pero luego oyes a Begoña Villacís desvelar la estrategia que su partido llevó a cabo tras el 20D y ya cambia la perspectiva. El pacto con el PSOE fue un ataque preventivo contra Podemos: “En estos cuatro meses alejamos al partido socialista de lo que venía siendo su pacto natural. Pensamos que, aun a riesgo de perder votos, era nuestro deber pensar en España por encima de nuestro partido y alejar al Partido Socialista de Podemos. Lo conseguimos, porque sino ahora no estaríamos hablando de otros posibles gobiernos”.

Es decir, Pedro Sánchez sale de una investidura fallida y la culpa es del PSOE por presentarse cuando no han ganado las elecciones y de Podemos por votar “no” e impedir un gobierno de cambio. Cuando se presenta Rajoy y también ganan los noes la culpa sigue siendo del PSOE por no abstenerse para permitir un gobierno que garantice la unidad de España. Se acusa de estrategias, de mirar sillones, de no pensar en España, de no tener capacidad dialogadora, de empecinamientos y desavenencias; pero en ningún caso se pone el foco en el hecho de que hay un partido que ha hecho un movimiento premeditado para impedir que hubiera gobierno. Curioso.

Me da la sensación de que no se informa de lo que pasa, sino de lo que a algunos círculos les interesa que pasase. No se hace análisis crítico del momento. Aún no han pasado los dos meses para una tercera vía y sólo se piensa en las terceras elecciones. Parece que a los partidos es lo que más les interesa. El Partido Popular porque en su electorado fiel y sabe que crecerá la abstención de otros colores; el PSOE porque prefiere ir a otros comicios con la premisa de haber sido fiel a su promesa electoral antes que hacerse el Hara-kiri apoyando a Rajoy. Además, me da la sensación de que ambos partidos buscan volver eliminar o reducir a Ciudadanos y Unidos Podemos para volver al bipartidismo. Y veremos si no intentarán cambiar la Ley Electoral para evitar un repunte en 4 años. La coalición UP parece que está dispuesto a intentarlo de nuevo con tal de que no gobierne la derecha, a pesar de su debate interno y de la incertidumbre de si volverían a ir juntos Podemos e Izquierda Unida tras los resultados del 26J. Y Ciudadanos prefiere otra cita con las urnas antes de que Unidos Podemos tenga alguna posibilidad de acuerdo y estar en un gobierno (después de las declaraciones de Villacís, no queda duda). Ya se encargarán en la campaña de proclamar su voluntad de diálogo, el espíritu de la transición, tender la mano a derecha e izquierda, la defensa de la unidad de España y la lucha contra la corrupción.

Y es que Ciudadanos ha presumido durante semanas del gran acuerdo contra la corrupción, de haber forzado al PP a hacer concesiones. El mesías de la regeneración democrática. Pero la realidad es que se fijaba la línea en aquellos que “se hayan enriquecido personalmente de manera ilícita o, mediante determinadas prácticas, hayan financiado de forma ilegal a un partido”. Bajo esta premisa no habría sido corrupción el caso de Chaves y Griñán del que tanto se enorgullece Ciudadanos, o los dos exconsejeros del PP de Madrid por el caso Púnica, ni siquiera Soria.

Un Soria que tuvo que dimitir tras varias intervenciones lamentables sobre los papeles de Panamá, bueno, en realidad dimitió para no tener que dar explicaciones en el Congreso. Que no conozco la empresa, que bueno, que era de mi padre, que si me acabo de enterar que soy secretario, que si me falsificaron la firma, que sí, bueno, a lo mejor yo participé de refilón, pero que yo no evadido impuestos ni tengo cuentas opacas... Daba tanta vergüenza que alguien le pidió al ministro que aprobó el impuesto al sol que se apartara. Eso sí, cobra una indemnización de más de 4.600€ al mes por ser exministro. El mismo Soria que ha sido enchufado como consejero en el Banco Mundial con un sueldo de 226.000€ al año libres de impuestos (que mira, eso que se ahorra en tener que evadir). Un enchufismo típico del Partido Popular por los servicios prestados. Como el de Rato en el FMI, como el premio a Wert en París, Trillo en Londres y veremos a ver si Fernández Díaz en el Vaticano. Ríete de puertas giratorias.

Pero si ya no fuera una tomadura de pelo la designación, aún más grave es el nombramiento, que se comunica un viernes a las 9 de la noche, dos minutos después de la investidura fallida. Con nocturnidad y alevosía. Y después de meses negándolo cuando la Sexta lo adelantó en el mes de junio. Ole, los caracoles. Y ¿por qué se hace a esas horas? Porque era el límite del plazo del Banco Mundial para comunicarlo, así que para evitar que el tema se colara en el debate de investidura, aguantaron hasta la bocina. Salvados por la campana.

Rivera cuando se enteró, se enfadó muchísimo, puso el grito en el cielo preso de indignación (/ironía modo off). Sus palabras fueron “que el Gobierno deberá dar explicaciones”. Y Rajoy las ha dado, claro que sí… un montón: “Mire usted, uno hace lo que tiene que hacer, y si este señor es el mejor candidato según un comité técnico yo no tengo nada que decir, porque si lo dijera, me acusaría usted de que estoy interfiriendo y manipulando, así que haga yo lo que haga a usted le va a parecer mal porque hay quien prefiere criticar que sacar a este país del bloqueo institucional pese a que la necesidad de gobierno es urgente”. Cómo hila fino el presidente en funciones… le preguntan por el nombramiento de Soria y responde que hay bloqueo institucional y seguimos sin gobierno.

En definitiva, a pesar de este culebrón acontecido en las últimas semanas, el resumen es que todo sigue igual. O se entiende que tenemos un país multicolor y se plantea una alternativa a Rajoy, o iremos a terceras elecciones. Seguramente el PP salga reforzado y se achacará a mayor abstención, voto rogado que no llegue, pero también se deberá a sus votos ganados, no sólo a los porcentajes. Y es que en España se vota como se es de un equipo de fútbol, son malos, pero son de los míos.

El día de la marmota

Muchas cosas han pasado desde febrero que escribí sobre las elecciones del 20D. Bueno, en realidad, muchas cosas han pasado y en realidad ninguna, pues da la sensación de estar en el día de la marmota y que de nuevo estamos encallados. Aunque creo que esta vez no iremos a terceras elecciones.

Los comicios de diciembre compusieron un Parlamento fragmentado, y nos encontramos con un candidato que había ganado las elecciones pero que se echó a un lado para que otros le hicieran el trabajo porque no contaba con los apoyos de ningún grupo. Así pues, el segundo decidió mover ficha y llegó a un acuerdo con el cuarto queriendo incluir al tercero. Pero el tercero no estaba muy por la labor de unirse a esta coalición porque las políticas de la propuesta chocaban contra las de su formación. Le lanzó contrapropuesta al segundo uniéndose con otras fuerzas, pero éste se mantuvo en sus 13 queriendo incluir al cuarto. Ante tal panorama, fuimos a la investidura, y ganó el “no”. Y en la segunda. Según los plazos, deberíamos haber ido a una segunda propuesta de candidato, pero el rey dijo que si hay que ir se va, pero que si estábamos en las mismas, ya si eso, se convocaban nuevas elecciones.

Y allá que nos fuimos. Se abrió la veda y comenzó la campaña – oficialmente-. Podemos e IU lo intentaron de nuevo y negociaron un acuerdo para ir juntos a las elecciones y así sumar los votos de las dos fuerzas y además intentar superar el escollo que tiene IU con el sistema electoral que hace que sume menos escaños que los partidos regionales a pesar de tener más votos. Y nació Unidos Podemos, con sus detractores tanto en un partido como en otro. Los de Llamazares y los de Errejón ya avisaron de que 2+2 no siempre da 4. Pero se sometió a votación de sus militancias, y salió a favor, así que nació la campaña del Corazón. Todo muy flower power. Pablo Iglesias suavizó su discurso y la coalición centró la campaña en hacerle ojitos al PSOE y criticar – desde un tono más moderado que en la anterior campaña – al PP.

Por su lado, Pedro Sánchez basó su campaña en que él había querido formar gobierno, pero que no le habían dejado. Que Pablo Iglesias le dijo no. Y lo repitió hasta la saciedad, una y otra vez. Aunque parece que hay más de una versión en esto. Según Garzón (intermediador entre el PSOE y Podemos en aquella mesa de negociación) comenta en su libro Boceto de un futuro posible que Hernando le pidió que hicieran el paripé como que se reunían, pero que en realidad no hubo tal reunión y que en una posterior “de los cinco o seis negociadores socialistas, al final había momentos en los que solo quedaban dos y esos dos miraban al techo mientras hablaban los demás”. Pero una vez en campaña las encuestas auguraban que Unidos Podemos superaría en votos, incluso en escaños, al PSOE. Así que la estrategia era posicionarse como una víctima, aunque el punto muerto en las negociaciones llegara desde varios bandos.

Ciudadanos centró su campaña en atacar a Unidos Podemos sacando a relucir Venezuela y el comunismo. Incluso Rivera cruzó el charco para intentar ver al líder opositor. También criticó la gestión del PP. Sin embargo, parecía haber un pacto de no agresión entre la formación de Pedro Sánchez y la de Albert Rivera, ¿quizá pensando en un nuevo acuerdo tras las elecciones?

Y el PP siguió en su estilo, que es lo que le funciona. Activó la campaña de yo o el caos. El miedo a lo desconocido, que vienen los rojos, va de retro a los comunistas. Fue curioso sobre todo el ataque a los comunistas. Alberto Garzón, militante del PCE y sin reparo en reconocerlo, que siempre ha pasado como desapercibido sin levantar la voz y siendo considerado uno de los líderes mejor valorados; de repente se convirtió en el foco de la campaña.

Todos los partidos se centraron en aquellas circunscripciones en las que por un puñado de votos sacarían más escaños, concentrando de esta forma la campaña para no saturar y ser más efectivos. Muy claro fue el ejemplo del PP atacando a Ciudadanos con lo del voto útil. Las diferentes formaciones también aseguraron que serían más austeros para reducir el presupuesto, sin embargo, no sería en propaganda electoral, pues a mí me llegaron todos los sobres. Sí que es verdad que Unidos Podemos mandó una carta para los dos empadronados en mi casa, pero también me llegó la de IU, así que al final, doble gasto.

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Hubo debate a 4 que esta vez no vi y eso que me ahorré porque por los resúmenes del día después pareció soporífero, arcaico y encorsetado. También coparon la parrilla televisiva en todo tipo de programas de “entretenimiento” y pseudoentrevistas (incluso con niños) para darse a conocer de una forma más cercana, más campechana. Cada uno con su discurso y sin aportar gran cosa. Al final creo que esto no sirve de nada más que para el público de cada uno.

Y cuando ya estábamos llegando a los últimos días de campaña con ataques enfrentados que si Venezuela, que si corrupción, que si contratos precarios, que si comunismo, que si recortes en sanidad y educación, que si Pablo me dijo que no, que si yo soy socialdemócrata, que si vamos a crear medio millón de puestos de trabajo al día, que si planto una pantalla en Barcelona para ver a la selección aunque otras veces haya dicho que hay que separar deporte y política, que si Zapatero es el mejor presidente de la democracia aunque haya dicho lo de la cal viva… de repente entra en escena una exclusiva de Público.es con unas grabaciones del Ministro del Interior en funciones (y número 1 en la lista por Barcelona) y el jefe de la Oficina Antifrau de Cataluña en las que conspiran para obtener y publicar datos comprometedores (ciertos o no, porque luego la fiscalía te lo afina) contra políticos soberanistas catalanes y así perjudicarles en la consulta del 9-N. Pero aunque en los audios se oye decir al ministro que esto el presidente ya lo sabe, Rajoy se hizo el sueco, dijo que ni siquiera sabía que existía la Oficina Antifrau… todo en su línea. Y el cazado se posicionó como víctima. Lo grave no era lo que ahí se hablaba, que eso es lo habitual que suele tratase entre dos personas con esos cargos y que se había descontextualizado; sino que lo punible es que se habían publicado y que había que abrir una investigación para descubrir al traidor. Aunque desde diferentes frentes se pidió su dimisión y la gente parecía indignada con los audios, lo cierto es que la estrategia del victimismo ha funcionado, porque no sólo el PP ha subido en toda España, sino que también lo ha hecho en Barcelona, la circunscripción del ministro o en otros lugares en los que se han destapado casos de corrupción (de esos aislados). Al final el único que se ha ido (porque le han echado) ha sido el jefe de la Oficina Antifrau.

También entró en campaña el Brexit. El Reino Unido votó en referéndum sobre si salir de la UE o no, y ganó el sí. Bueno, con el permiso de Escocia, Irlanda del Norte y Gibraltar, que optaron por el no.

Brexit

Y el PP recrudeció más aún la campaña del miedo: “La respuesta a la incertidumbre que podría generar es un Gobierno de PP, PSOE y Ciudadanos“. Apeló a la unidad de España, a seguir por la senda programada, por los objetivos de Bruselas, que si Unidos Podemos nos sacarían de Europa y seríamos Venezuela. Y parecía que PSOE y Ciudadanos estaban de acuerdo con esa premisa, ya que a ninguno de los tres les gustó que Reino Unido convocara un referéndum. ¿Qué es eso de preguntar a la gente?

Papeletas

En fin, sea por lo que fuera: miedo a los comunistas, a los independentistas, voto útil, victimismo, castigo por no llegar a acuerdo en las anteriores negociaciones, divisiones internas, indiferencia hacia la corrupción, Brexit, abstención, voto rogado (o robado) de los residentes en el extranjero, confianza en las encuestas, o a saber qué mil premisas más; el caso es que ganó de nuevo el PP y esta vez con más escaños que en diciembre. Unidos Podemos no quedó por delante del PSOE (que bajó otro poco más) y se quedó casi como estaba, con 71 (69+2 tuvieron el 20D), pero ha perdido un millón y medio de votos. Y también bajó Ciudadanos.

Los analistas aún siguen con sus cábalas buscando los votos perdidos, intentando descubrir por qué se confundieron las encuestas, si somos como los británicos y hay una brecha generacional/rural que separa a los votantes… Lo que está claro es que parece que hay  una mayoría que prefiere quedarse en lo malo conocido, que tiene miedo a la incertidumbre o a los cambios. O que quizá piensen que el PP lo está haciendo bien y que por eso hay que votarles.

El caso es que nos encontramos en el día de la marmota. Rajoy parece que esta vez va a levantar el teléfono y empezar a buscar apoyos. Pero creo que la situación ha cambiado poco. Me da la sensación de que no va a recibir mucho apoyo por parte de los partidos catalanes o Bildu (ni creo que los quiera); los canarios y el PNV según de qué les propongan, y más cuando en unos meses hay elecciones en el País Vasco; Unidos Podemos votará no clarísimamente, así que queda saber qué harán Ciudadanos y PSOE. En principio ambos han repetido hasta la saciedad que ni con Rajoy ni con el PP, ni sí, ni abstención. Pero en su mano está, sobre todo en la de Pedro Sánchez (por número de escaños), que lleva muchos días callado.

Quizá esté preparando su candidatura. Aunque si piensa ir por un acuerdo con Ciudadanos, parece que obtendrá la misma respuesta por parte de Unidos Podemos, y, además, ahora tienen menos escaños. Si optase por la coalición del corazón sumarían 156, a 20 de la mayoría absoluta. Y previsiblemente tendrían 169 en contra, los de PP y Ciudadanos. Así que necesitarían sumar a nacionalistas, que ya les dijo la vez anterior que no quería ni su abstención.

Así que estamos igual, porque aunque Rajoy ha ganado y con mejores resultados, al final el peso cae sobre el segundo, en darle el sí o abstención, o buscar otra vía. Creo que esta vez se apelará a la unidad de España, la necesidad de aprobar unos presupuestos para 2017 para inclinar la balanza. Una vez salvado ese escollo, quizá moción de censura, o legislatura de un año y dos y de nuevo elecciones anticipadas. El tiempo lo dirá.

Atascados

Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo en la política de este país, resulta que esto no acaba más que empezar. Cuando todo apuntaba a que esta semana tendríamos un debate de investidura tras las visitas protocolarias a Zarzuela, resulta que el candidato propuesto por el monarca dice que vaya pasando el segundo, que a él es que ahora no le pilla muy bien. Un candidato que lleva un mes machacando con que ha ganado las elecciones, con que tiene que gobernar el partido más votado, con que hay que ser serio; pero que cuando Felipe lo propone como candidato esconde la cabeza cual avestruz. Donde dijo que se veía “con fuerzas” y que era su “responsabilidad”, ahora dice que ha comentado que se va a presentar, pero que lo que no ha aclarado es cuándo.

Mariano Rajoy sigue en su línea, como cuando daba ruedas de prensa en el plasma. Sin dar la cara. Sigue con sus axiomas que sólo él entiende, es el Rajoy de es el vecino el que elige el alcalde, de las decisiones se toman en el momento de tomarse, de a veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión. Ha hecho lo de siempre: salir por la puerta de atrás. Pensando que para qué defender su reelección en un debate de investidura en el Congreso si no va recibir apoyos. Según él porque “aún” no los tiene. De los 14 grupos parlamentarios diferentes que hay en el Congreso, parece que no ha logrado convencer a nadie. No sé yo si llegará a hacerlo. Esperar que se pongan de su parte aquéllos a los que has ignorado durante cuatro años, se me antoja complicado. Por mucho que apele al bien de España ¡PAÑA!, la unidad, los mercados, al foro de Davos, Alemania, bla bla bla.

Pero él a lo suyo, la culpa es de los demás, que no son serios, que no saben estar a lo que hay que estar. Mira que no enterarse de que lo que tienen que hacer es votarle a él. Y sin proponer nada. Sólo porque él lo vale, que en estos cuatro años ya lo ha demostrado, ¡hombre ya!

Con esta jugada pone en el punto de mira al PSOE desviando la atención de la imputación del PP (como partido, ya no vale lo de la oveja negra) por destruir pruebas judiciales; evitando que nos demos casi cuenta de que la mano derecha de Soraya ha dimitido por el escándalo de Acuamed; haciéndonos olvidar que tienen una tesorera investigada. Se trata de poner el foco en los demás, como lo del bebé de Bescansa o las rastas. Y mientras, no nos fijamos en de la Serna.

En el PP creen que por muy mal que les vaya a ellos, esto no depende de ser el mejor, sino de saber jugar sus cartas y ser mejor, al menos, que el oponente. Y en este caso, como ya dije, la papeleta la tiene el PSOE. Un movimiento que, dicho sea de paso, no creo que le corresponda si seguimos la lógica del PP de que tiene que gobernar el partido más votado. En tal caso, lo que tendría más sentido sería que fuera primero el que ha ganado las elecciones, según sus propias palabras. Y, si no funciona, que pasen los demás. Que además, mientras no tenga lugar el primer debate de investidura, no empiezan a correr los dos meses para convocar nuevas elecciones.

La estrategia del PP consiste en que sea Pdr Schz el propuesto, que se estrelle, que se abra, aún más, la batalla interna del PSOE. Y mientras llueven los cuchillos, presentarse Rajoy, entonces sí, como salvador caído del cielo. Para ese momento, quizá sí que encuentre los apoyos que ahora no tiene. Y sin haberse desgastado como ocurriera en Andalucía con Susana Diaz o en Cataluña con Mas y la CUP con su no pero sí. Rajoy ha funcionado así toda su carrera. Lo cuenta muy bien Ignacio Sánchez-Cuenca aquí.

Pdr Schz baila entre dos aguas, entre lo que le dicen sus barones y lo que le ofrece Podemos. Una oferta que nos pilló de sopetón, incluido a Sánchez que se encontraba en Zarzuela. Con esta propuesta Podemos pretende presionar al PSOE. Al igual que hace el PP, le pone la pelota en su tejado. ¿Que le sale bien? Iglesias se lleva la vicepresidencia. ¿Que no? Puede culpar al PSOE de que gobierne Rajoy o de que vayamos de nuevo a elecciones. Y en el caso de unos nuevos comicios, todo parece apuntar a que los morados pasarían a los socialistas. Toda una jugada maestra. Y es que algo que manejan muy bien en Podemos son los tempos, el marketing y las redes sociales. Aunque a esta coalición de izquierdas le siguen fallando los números, con PSOE, Podemos y UP-IU no tendrían mayoría para desbancar al PP. Hacen falta los nacionalistas. Así que no sería una propuesta tan cerrada. Pero antes de obtener esos apoyos de fuera que faltan, Pedro tiene que conseguirlos dentro. Tiene demasiados frentes. Y lo curioso es que le critican por intentar acercarse a Podemos aquéllos que ya tienen pactos similares en sus ayuntamientos y comunidades. Un sinsentido.

Pero Sánchez ha visto la jugada de Rajoy y el PSOE ha dicho en un comunicado que “Rajoy tiene la obligación constitucional de aceptar el encargo real y presentar su candidatura a la investidura o renunciar definitivamente a ella”. Pero la Constitución no dice nada al respecto. Incluso podríamos tener una segunda ronda de consultas, que Felipe proponga a Sánchez y este diga lo mismo que Rajoy. Y así hasta el infinito, ya que no correrían los plazos. Cuelga tú; no, tú; no, venga, tú. Eso sí, cada vez que hacen una comparecencia apelan a que hay que cerrar un gobierno con urgencia en pos de la estabilidad del país. En sus manos está. El pueblo ya votó, hagan su trabajo.

Y sin embargo, con todo esto, creo que lo tiene más fácil Sánchez que Rajoy. Pero el tiempo lo dirá. El miércoles volvemos al día de la marmota. De nuevo veremos paseíllos, saludos y fotos en Zarzuela. Ya podían agilizar esto un poco haciéndolo por la vía telemática, como con la Presidenta del Parlament. No creo que cambien muchos los discursos. Aunque en este país nunca se sabe. Lo mismo tenemos un bombazo a la vuelta de la esquina.