Crucero Capitales Bálticas. Conclusiones

Y acabó el crucero, yo creo que de los tres que hemos hecho, este es el que más agota. El Rondó Veneciano tiene escalas matutinas, y quitando Atenas, el resto de paradas son recogidas. En los Fiordos también se anda, Oslo y Copenhague son días de paliza, y la subida al Glaciar tiene su exigencia, pero es cierto que al ser una mezcla de ciudad y naturaleza, se lleva de otra forma. Este crucero al ser todo de ciudad es un no parar día tras día. El día de Tallín es quizá el más relajado, y quizá Malmö si no haces excursión a Copenhague, claro. La visita a San Petersburgo es extenuante, supongo que sobre todo por el hecho de ser guiada.

Es quizá la única pega que le pongo, el no poder tener la movilidad de visitar todo por libre y tener que contratar excursión en San Petersburgo. Aunque hay que reconocer que no habría visitado ni la mitad de los sitios a los que nos llevaron. Así que, tal vez no fue tan mala elección.

Como ya comenté, me hubiera gustado hacer escala en Riga en lugar de Wismar, pero bueno, al final tampoco se nos dio mal el día y me gustaron mucho las 3 ciudades que visitamos. Hay que buscar el lado positivo.

Si nos centramos en la experiencia en el barco, he de decir que he notado cierto bajón con respecto a la última vez con Pullmantur. Sí que es cierto que ha mejorado el embarque y desembarque, puesto que te olvidas del todo de las maletas. Tampoco hay queja en la atención de la tripulación, tanto de la chica de limpieza del camarote como de los camareros en los restaurantes. Donde quizá vi esa diferencia fue en la variedad de comidas y en detalles como tener botellas de agua gratuitas en todo momento. No nos engañemos, sé que Pullmantur es de las navieras más baratas, y había opciones para comer y no repetir, pero quizá había poca rotación. Eso sí, las opciones presentadas estaban ricas. La animación también me resultó algo pobre, la de Iberocruceros tenía más repertorio y era algo más innovadora, como por ejemplo con el patinaje sobre hielo. Si el espectáculo no te convecía podías ir a las discotecas, pero la noche que estuvimos estaba vacía y nuestro grupo (entre 30-35 años) era el más joven. La media de edad del crucero era más baja que en los Fiordos, quizá rondaba los 49-45. Y había incluso familias con críos en etapa preadolescente.

No tengo nada que añadir en cuanto a la elección de camarote o turno de comida. Seguimos el patrón anterior y volveríamos a elegir lo mismo. No necesitamos ventana y el orden cena y después espectáculo parece la más lógica.

Finalmente, si hablamos de presupuesto, en julio y con el camarote sencillo que elegimos nosotros, puede salir por unos 1000-1200€, depende de la previsión en la reserva, si consigues algún tipo de oferta en semana del crucero o similar. Es algo más caro que los del Mediterráneo, y un poco más barato que el de los Fiordos. Aparte de eso, no hay mucho más gasto al ser Todo Incluido. La excursión a San Petersburgo nos salió por 125€ por persona los dos días e incluía las comidas. El barco te cara unos 72€ por persona en concepto de tasas de servicio. Así pues, un total de unos 1300-1400€ en total, que si le sumas algún que otro souvenir o recuerdo, entradas o transporte en las escalas, o si compras en el duty free del barco, se puede ir a unos 1600-1700€. Sólo en Rusia y Suecia no tienen el Euro, y ya os comenté que en San Petersburgo nos llevaron a una tienda que aceptaban nuestra moneda, y en Suecia no hay problema por pagar con tarjeta.

Es un crucero que merece la pena, pero para mí sigue estando por encima el de los Fiordos, sin lugar a duda. ¡Ay, Noruega! He descubierto que Pullmantur hace con el Buque Empress un recorrido por el norte del país (Círculo Polar, Laponia) que se llama Sol de Medianoche. ¿Será el próximo?

Sol de medianoche

Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo II

Tras el ajetreo del primer día, salimos este con el mismo sistema del anterior, aunque el control de pasaportes fue algo más rápido. Mientras que el primer día nos quedamos en San Petersburgo, este hicimos excursiones a las afueras. Nos llevaron en autobús y durante el recorrido vimos la Rusia profunda, la Rusia soviet, con esos edificios típicos, con los trolebuses y los carteles en cirílico.

Nuestra primera parada fue el Palacio de Peterhof, un conjunto de palacio y parque a unos 29 km de San Petersburgo. Toma este nombre tan alemán de la ciudad donde se encuentra (llamado antiguamente Petrodvoréts). El conjunto de palacio y parque forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Consta de un Palacio Grande de estilo barroco y un gran parque lleno de jardines y fuentes con estaturas doradas, cómo no, al más puro estilo ruso.

Fue la residencia de los zares hasta 1917, a partir de ahí, se convirtió en museo. En la Segunda Guerra Mundial llegaron los alemanes y lo invadieron, pero afortunadamente, antes de su asedio se pudieron salvar cuadros, objetos de decoración y estatuas que se llevaron a Siberia (vete allí a por ello). Tras la marcha de los amigos de Hitler, se comenzó a restaurar el Palacio.

La zona ajardinada se divide en dos parques, el Superior, con cinco fuentes, y el Inferior que tiene más de 100 hectáreas.

Al parecer lo llaman el Versalles ruso. Está bien el encuadre bucólico y verde, con las fuentes, los caminos, pabellones y demás, pero me quedo con La Granja. A mí este estilo tan saturado de decoración y de oros me supera. Y es que en general, no soy mucho de palacios, al menos por dentro, el Palacio Real de Madrid por fuera me parece un edificio emblemático.

Por cierto, que por la zona del palacio hay dos personajes disfrazados de los zares, para que te hagas la foto y mueras al acercarte, porque no quiero ni pensar cómo huelen debajo de esos trajes.

Cuando salimos del Palacio, eran las 2 y nos llevaron a comer. De nuevo el mismo menú que el día anterior: sopa (aunque esta con una salsa blanca agria que había que mezclar), la ensaladilla y el crep. Lo único que varió fue el filete ruso empanado que nos lo sustituyeron por ternera en salsa con patata. No soy nada amiga de la ternera, pero he de reconocer que con la salsa estaba muy rica.

Tras reponer fuerzas y echarnos la siesta por el camino, nos llevaron al Palacio de Catalina en Pushkin. Recibe este nombre porque Pedro el Grande se lo regaló a su mujer. Después su hija Isabel la Gastona se encargó de remodelarlo y dejarlo al estilo ruso. Vamos, recargado a más no poder dejándose la herencia paterna en el camino. De ahí su apodo.

El edificio, con los típicos colores del barroco ruso: azul, blanco y dorado, es diferente a lo que tenemos por este lado de Europa. Sí, hay grandes salas, butacones tapizados, cuadros, decoración… pero es todo más. Más recargado, más decorado, con más cuadros, con más detalles…

La joya del Palacio es la Sala de Ámbar, la única en la que no se pueden hacer fotos. El nombre lo dice todo. No es que tenga adornos en ámbar, es que las paredes están recubiertas de trozos de ámbar por todos lados. Y donde no lo hay, pintaron la pared de un color similar y pusieron espejos. Una saturación. Fue un regalo de Wilhelm I de Prusia a Pedro el Grande, ya que el zar lo había alabado (yo creo que Guillermo estaba deseando deshacerse de ella). En un principio la pusieron en el Palacio de Invierno, en el Hermitage, pero Isabel la Gastona se la llevó a Pushkin para recargar más el palacio. La que se puede visitar hoy en día está restaurada, ya que los alemanes hicieron de las suyas y se llevaron los paneles.

También se pueden encontrar trajes y objetos que pertenecieron a los zares

Esta visita se me hizo algo cansina, no sé si por la acumulación de estilo ruso, por el tiempo en el bus, por el cansancio acumulado, o por el tiempo que estuvimos esperando antes de entrar. Supongo que también influyeron los 30º que teníamos allá por el 14 de julio. Por cierto, antes de entrar, te tienes que poner unas calzas para proteger el suelo del palacio.

Para finalizar el tour y el día, nos llevaron de vuelta a San Petersburgo para ver la Fortaleza de Pedro y Pablo y la catedral del mismo nombre. Cuando Pedro el Grande escogió una de las pequeñas islas del delta del Neva para construir la nueva ciudad, comenzó con esta fortaleza para protegerse de los ataques por el Báltico. Hoy en día la zona de la fortaleza sirve de playa para los rusitos, que se van a tomar el sol y ponerse morenos. Según nos contó nuestra guía, hay zonas en donde te encuentras nudistas, de hecho, vimos a un señor en tanga sin ningún tipo de pudor. Debe ser que tienen tan pocos días de sol que intentan aprovecharlos al máximo.

La catedral es mucho más sencilla, al menos por fuera. Me sorprendió, e incluso me pareció insulsa y todo.

Para finalizar, nos llevaron de vuelta al barco pues zarpábamos a las 20 horas rumbo a Finlandia.

En algún momento de la excursión, no sé si fue el primer día o el segundo, nos llevaron de compras a una megatienda. Deben tener algún tipo de acuerdo y los guías llevan sus excursiones allí y se llevarán comisión. Allí nos dejaron como una hora de libre disposición para comprar souvenirs, degustar vodka y pasar por el baño. Entre los recuerdos típicos de Rusia no pueden fallar el vodka, el caviar (aunque en el barco no podíamos subir comida), las matrioscas – que puedes encontrarlas sin decorar para que las pintes, o decoradas con mejor o peor gusto-

joyas de ámbar

y los famosos huevos de Fabergé.

Yo no conocía la historia de estos huevos, pero los vimos por todos lados. Al parecer es un tipo de joya que creó el señor Fabergé para los zares de Rusia y desde entonces se consideran una gran obra maestra de la joyería. A mí me parece que reflejan ese estilo ruso de decoración en demasía. La historia es como la del huevo Kinder. Alejandro III encargó un huevo de Pascua para su esposa, la emperatriz María. A partir de ese día, cada año por la misma fecha, encargaba un huevo para la zarina con la condición de que fuera único y que tuviera una sorpresa. Le faltaba lo de que fuera comestible para que cumpliera con los tres deseos del dulce.

Por cierto, que no he comentado nada del cambio de moneda. Y es que la excursión tenía precio en Euros, y con nuestra moneda pagamos. Como te llevan, te traen, sacan las entradas y demás, no gastas nada. Lo único, los recuerdos, y en la tienda aceptaban Euros, Dólares y Rublos. Quizá el cambio esté un poco redondeado, pero si sólo vas a comprar cuatro recuerdos, como nosotros, no compensa llevar rublos. Y si no, siempre puedes pagar con tarjeta.

Próxima parada: Helsinki.

Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo

Ir de turista a Rusia no es tan fácil como a otros destinos de los que os he hablado. Como españoles necesitamos un visado que cuesta como unos 70€ por persona y no es tan fácil de conseguir. Tiene que figurar dónde vas a hacer noche. Y dado que íbamos a dormir en un barco, no parecía factible recorrer San Petersburgo por nuestra cuenta. Por no hablar del idioma, la grafía… Así que me dediqué a investigar por internet, en foros y demás para ver qué opciones teníamos y al final la más sencilla era contratar excursión. Hay dos opciones: la del barco, o la de una empresa de allí, que fue lo que elegimos nosotros. Hay varias empresas, pero el recorrido y el precio es prácticamente el mismo. Unos 250€ por dos días. Eso sí, la de Pullmantur costaba el doble.

Son dos días bastante completos, la verdad. Visita a museos, palacios, iglesias, comida, recorrido nocturno… Nosotros elegimos la compañía I Love Travel PB. Ellos se encargan de todo. Tramitan el tema del visado y te recogen en el puerto tras pasar el control de pasaportes. Vaya momentazo. Mira que dicen de EEUU, pero no me he sentido tan incómoda como en San Petersburgo mientras me miraban el pasaporte y me repasaban de arriba a abajo. Los funcionarios en cuestión no te hablan. Saben que no vas a entender ruso y generalmente no hablan otro idioma. Pero es que les dices un Hello y ni te miran, que parece que te estén perdonando la vida. Son un poco siesos los rusitos. Sólo hay que tener en cuenta una cosa: llevar el pasaporte y la hoja que te manda la empresa de la excursión con tu hora de salida.

Tras comprobar los datos, te meten en el pasaporte una hojita con tus datos básicos en cirílico, te sellan, y puedes pisar oficialmente tierra rusa. Al volver a cruzar de vuelta al barco, se quedan con el papel ruso.

El segundo día lo mismo: pasaporte, y la hoja de la excursión.

Una vez pasado el control, salimos afuera y seguimos las indicaciones del señor con el cartel de la compañía que nos mandó a nuestro bus aparcado fuera. Nos tocó una guía muy maja, Natalya. Hablaba muy bien español y muy rápido, que mira que yo me embalo, pero lo de esta chica era alucinante. Y también se iba moviendo cual colibrí enseñándonos cada lugar. Pero sin duda, lo mejor era ese toque irónico que tenía, la forma de comentarnos las cosas, de explicar la historia de la ciudad, de hablarnos de los “rusitos” como los llamaba ella. Aunque no somos de ir en excursiones organizadas, sin duda, a ella le daría muy buena nota. Lo de los compañeros de viaje… mejor lo dejamos aparte.

La verdad es que teníamos la llegada prevista a las 10, pero salimos con retraso de Tallín por el último vuelo. Así pues, zarpamos casi una hora tarde, y llegamos a San Petersburgo a las 11. Como primero bajan los de las excursiones de la naviera, hasta por lo menos las 12 no estábamos fuera y montados en el bus. Lo primero es tomárselo con calma y no estresarse, porque si no, acabas por tirarte por la borda.

San Petersburgo es la segunda ciudad en importancia de Rusia. Está llena de historia, sobre todo de los zares y en particular de Pedro, el Grande, el fundador de la ciudad en 1703. A Pedro no le gustaba Moscú, así que fundó una nueva capital más próxima a Europa, que fuera más abierta, más moderna. Había vivido en el extranjero y viajado, y quería abrir el país. Qué mejor forma que hacerlo dando salida al mar, y para ello se lió la manta a la cabeza y se lanzó a la guerra contra los suecos. La ubicación geográfica de la ciudad hizo que se la llamara como “La ventana a Europa” y se construyó de manera artificial, no es una ciudad que creciera y ganara importancia, sino que se creó para ser capital. También se la llama la “Venecia del norte” por los canales, pero lo cierto es que Pedro tenía en mente Ámsterdam tras haber vivido en los Países Bajos.

La residencia de Pedro fue el Palacio de Invierno, un palacio enorme, con una fachada barroca de un color verde pastel. Se encuentra en la Plaza del Palacio, muy original, sí, y hoy en día se ha convertido en el Museo del Hermitage.

Entrada Hermitage

Uno de los imprescindibles en la ciudad y que fue nuestra primera parada. Es enorme, cuenta con más de 3 millones de obras de arte de todo tipo. Es inmenso, y ya en su entrada te quedas anonadado de la ostentación de los rusos.

Las paredes, el techo, los suelos, las ventanas… todo está lleno de detalles, de ornamentación, de decoración. Es una saturación para los sentidos.

En la Sala de Pabellones cobra importancia el reloj” Pavo Real”. Se trata de una obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas, el pavo real instalado en un roble, abre su opulenta cola y da la vuelta mostrándola.

En la Sala de San Jorge o Sala Grande del Trono hay que reconocer el detallismo de la maquetería, puesto que el dibujo del techo reproduce el del suelo o viceversa. Y también, por supuesto, el trono y el escudo del águila bicéfala. Presente también en más salas.

Es impresionante la sala de Escudos, en la que emplearon 13 Kg de oro.

Realmente cada sala tiene algo peculiar, pero el suelo está muy bien mantenido en todo el museo.

En el Hermitage Viejo se encuentran las obras de los maestros del renacimiento italiano.Y destacan dos cuadros de Da Vinci: La Madona Benois y la Madona Litta.

En las salas grandes del Hermitage Nuevo podemos encontrar enormes jarrones o vasijas de malaquita y lapislázuli, descubrimos exposiciones de pintura italiana y española con cuadros de El Greco, Murillo, Goya o Velázquez, como El Almuerzo.

Hay cinco salas con obras de Rubens, desde las más tempranas hasta las últimas, de Van Dyck, de los impresionistas y post-impresionistas franceses, de Monet, Cezanne, Van Gogh, Picasso… Es imposible verlo todo, pero es imprescindible detenerse ante El regreso del hijo pródigo de Rembrandt.

Se dice que si una persona dedicara solo un minuto a contemplar cada pieza expuesta del museo y pasara en el Hermitage , siguiendo el horario del museo, 7 horas diarias 6 días a la semana sin ninguna parada ni para comer, necesitaría mas de cinco años  para verlas todas. Nosotros lo recorrimos a estilo Natalya en un par de horas, un poco a lo japonés: llegas a una sala, miras cuadros, foto, foto, foto y siguiente sala.

Tras visitar el museo, nos llevaron a comer. Hubo gente que se quejó bastante por la comida, pero a mí me pareció aceptable, y eso que soy de estómago delicado. El “restaurante” quizá era un tanto tétrico, con espejos en el techo de los baños, pero la comida estaba rica.

De primero sopa de remolacha. Muy rica, y eso que no soy mucho de sopas de colores raros. De segundo ensaladilla rusa. Es similar a la nuestra, pero tenía un toque a pepinillo y especias que le daba un punto. De tercero puré de patata con filete ruso, pero el empanado era diferente al que hacemos nosotros. Y de postre una crepe con chocolate blanco y sirope de fresa.

Yo vi el menú bastante completo, la verdad. Al principio nos pusieron agua con gas, que es lo que te encuentras normalmente más arriba de los Pirineos, pero la gente se quejó bastante y nos pusieron agua del grifo. Yo soy previsora y llevaba una botellita de agua del barco, por aquello de que te vas a pasar el día fuera y no sabes qué te vas a encontrar. Pero aún así, no me parece tan grave como para montar la que montaron. Pero en fin, es lo malo de viajar en grupo con gente que no conoces, que llegas a sentir vergüenza ajena. La verdad es que no sé qué comerán en sus casas, pero me parece fuera de lugar quejarse por dicho menú o porque los rusos beban agua con gas o no coman con pan. Prefiero fijarme en la cantidad, calidad y limpieza del establecimiento. Pero bueno…

Con el estómago lleno, algunos más que otros, nos llevaron a la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada.

Tiene este nombre tan peculiar porque fue construida sobre el lugar donde el zar Alejandro II fue asesinado en 1881. Dentro de la iglesia se puede observar la parte de la calzada donde ocurrió.

Pero además, tiene historia, pues durante la II Guerra Mundial una bomba cayó encima de la cúpula más alta pero no explotó y se encontró 19 años después cuando los obreros subieron a reparar unas goteras. La iglesia por fuera es muy bonita y colorida, con esas cúpulas de cebolla tan típicas de la arquitectura rusa.

Por dentro… me quedo sin palabras para describirlo. Es ruso. Ostentación, decoración, horror vacui. No hay un hueco, hay pinturas por todas las paredes, por no hablar del oro (que no es dorado, no, es oro de verdad). Me llamó la atención por lo recargada que es, por todos los detalles, pero salí abrumada, como del Hermitage. Estos rusos no escatiman en decoración, está claro. Y yo soy más estilo noruego, minimalista.

 

Continuamos nuestra visita entrando al metro. ¿Al metro? Sí, eso pensé yo cuando lo vi en la ruta que me mandaron por correo de la agencia. Resulta que el metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo con una media de 6m. Con escaleras y escaleras. Es toda una obra de ingeniería, puesto que han tenido que evitar los ríos, entre ellos el Neva, el más caudaloso de Europa con una profundidad de casi 25m. El suburbano es un museo en sí. Tiene esculturas y mosaicos con historia.

Merece la pena disfrutar también de los recibidores y andenes. Eso sí, los vagones son soviet, soviet, aún duran desde la época de Lenin, y están bastante bien conservados. Hay algunos del metro de Madrid que se conservan peor.

Para entrar hay que pasar unos tornos, pero no se pica el billete, ni va por tarjeta de contacto, sino que tienes que introducir unas monedas de cobre. Muy peculiar la experiencia en sí.

Para finalizar la tarde, hicimos un crucero por el río. Una perspectiva diferente de los edificios y los puentes. El bus nos recogió junto a la Catedral de San Isaac. No tan impresionante como la Sangre derramada, pero con una cúpula revestida de 100kg de oro puro.

Volvimos a cenar al barco y nos volvieron a recoger a las 23 horas para ver el espectáculo de los puentes levadizos.

San Petersburgo tiene más de 300 puentes sobre el Neva y el Moika, de ellos, 20 son levadizos. En la época en que el río Neva es navegable, sobre la 1 de la madrugada, los puentes se levantan y no vuelven a bajar hasta el día siguiente. Algo a tener en cuenta si no quieres quedarte atrapado en el lado equivocado de la ciudad.

En las dos horas previas, hicimos un recorrido panorámico y volvimos a la Iglesia sobre la sangre derramada

o la Plaza del Palacio. Una pena no tener una cámara adecuada para fotos nocturnas.

Un día completito y aún así nos quedaba un segundo para seguir descubriendo la ciudad rusa. Volvimos al barco a descansar, porque entre tanto cambio horario y el trajín del día, estábamos rendidos.

Crucero Capitales Bálticas

Pues sí, este año tocó de nuevo crucero. En 2008 fue el Rondó Veneciano y en 2011 Fiordos Noruegos, así que parecía haber un patrón de 3 años que hemos decidido no romper. Y el destino estaba muy claro, nos encanta Europa, nos gusta seguir descubriendo países, y en verano buscamos el buen tiempo, lo que para nosotros viene siendo una temperatura entre los 25 y 30º como mucho.

Así pues, con el destino claro, hacia finales de 2013 comenzamos a mirar catálogos de cruceros para ver qué nos ofrecían las diferentes compañías. Y cuando todo parecía apuntar a Iberocruceros con el ya conocido Gran Mistral por las escalas que tenía (Tallín, Riga, San Petersburgo, Helsinki, Estocolmo y Copenhague, creo recordar), salió el nuevo catálogo de la temporada 2014 y ¡SORPRESA! el buque no se encontraba en la flota de la naviera. Así que de nuevo a revisar el resto de las compañías, comparar las escalas, mirar detenidamente si había algún cambio, comparar fechas y volver a decidir.

Al final la decisión no fue muy complicada, no teníamos muchas opciones, y quitando Pullmantur, el resto de navieras se nos iban de presupuesto o algo fallaba en las escalas. Por lo que volvimos a los orígenes.

Ya os conté aquí los pasos que recomiendo tener en cuenta a la hora de contratar este tipo de viajes, así que no me voy a enrollar mucho más:

1. Teníamos destino,

2. Elegimos compañía,

3. Nos decantamos por el itinerario que finalizaba en Malmö. Esta decisión era quizá la más clara. Esta escala tenía el atractivo de Copenhague a tiro de piedra, pero para nosotros no lo era, puesto que ya la habíamos visto (en medio del naufragio, pero la teníamos reciente). Así que la dejamos como punto final por si no dispusiéramos de muchas horas. Al menos nos quedaría Malmö.

itinerarioSi la hubiéramos tomado como partida, habríamos tenido más tiempo, pero, por contra, correríamos el riesgo de no ver la última, Tallín.

4. Descartamos agosto y queríamos la salida en junio, pero estaba completa, así pues, tuvimos que posponerlo a julio.

5. Lo demás va rodado. Mismo criterio de camarote, TI, primer turno de comida.

6. Preparativos. En este crucero teníamos una peculiaridad que no nos habíamos encontrado con anterioridad: el visado. Habíamos tenido que cambiar moneda en los Fiordos, pero al haber tratado Schengen, con el pasaporte te mueves sin problema, no necesitas contratar excursión para moverte. Sin embargo, Rusia es otro mundo.

Me informé sobre la posibilidad de recorrer San Petersburgo a nuestro aire, pero no es nada sencillo, ni sale económico. Necesitas un visado, pero no es como EEUU que para obtener el ESTA rellenas un formulario en internet, pagas unos $14 y listo. No, para Rusia tienes que pagar unos 70€ y acreditar un lugar de estancia durante tu visita. Algo complicado cuando vas a alojarte en un barco, que no tiene domicilio físico tradicional.

Así pues, a seguir buscando información y todo nos llevaba a descartar la opción por libre. Por lo que nos quedaba centrarnos en contratar una excursión, bien entre las que oferta Pullmantur, bien entre compañías externas. En ambos casos ellos se encargan del visado, no tienes que hacer nada más que pagar el importe de la excursión, te mandan unos pases que enseñas en el control al subir y bajar del barco y listo. Pero esto ya os lo contaré en la escala de San Petersburgo.

Por supuesto, imprescindible el llevar un seguro médico, pues cuando estás en Europa puedes usar la tarjeta sanitaria europea, pero claro, si es fuera de Europa… mejor no arriesgarse.

Si estáis pensando en un crucero para el próximo año, os animo a estar atentos a las próximas entradas.

The Americans

Hago un parón en el relato del Interrail, que me está llevando mucho tiempo porque tengo que seleccionar entre mil fotos… que es lo que tiene hacer tantas… que luego no sabes cuál elegir… En fin, pues hoy no voy a hablar del viaje, sino de una serie que tiene muy buena pinta: The Americans.

Tan solo he visto el primer capítulo, pero la presentación me gustó. Tiene un buen planteamiento, aunque temo que sea algo sesgado por la visión americana… pero habrá que ir viéndolo para juzgarlo.

The Americans es una serie dramática ambientada en los años 80, durante la Guerra Fría, aquellos años en los que gobernaba Reagan. Los protagonistas son Philip y Elizabeth, dos espías soviéticos educados y entrenados durante años para infiltrarse en la sociedad americana como una pareja más, en su barrio residencial, con sus costumbres, sin acento… Ya en el primer capítulo vemos que llevan 15 años infiltrados, y se nos muestra el pasado en forma de recuerdos, de flashbacks. Aparentemente son la típica familia americana modélica, casados, residentes en las afueras, con dos hijos prepúberes…

Pero todo se complica puesto que sus propios hijos desconocen su pasado, la realidad, y el marido se va integrando demasiado en ese mundo de fantasía que están interpretando, lo que le hará chocar con su mujer, totalmente fiel a su país y a sus convicciones políticas.

Además, ya en este primer capítulo sus operaciones peligrarán con la captura de un excompañero que iba a vender información a los estadounidenses y la llegada de su nuevo vecino, un agente del FBI especializado en contraespionaje.

De momento tiene una temporada y otra segunda ya firmada. Tiene muy buena pinta, definitivamente va a estar en mi lista de series para ver.