Trucos viajeros: Salud viajera – Botiquín

La verdad es que el botiquín siempre ha sido uno de los puntos débiles de mi equipaje. Me he ido de viaje a la playa, a la montaña, a ciudades… y como mucho he llevado algún ibuprofeno o paracetamol. Quizá algunas tiritas. Y gracias.

También es verdad que cuando te mueves por un un entorno civilizado siempre tienes la tranquilidad de poder encontrar una farmacia en cualquier momento. Pero claro, cuando tienes una urgencia, a veces no te puedes desplazar hasta ella.

Al viajar a Bombay fui más consciente que nunca de que no habría que dar tantas cosas por dadas y que quizá era hora de plantearse hacerse con un botiquín básico. Y después de leer recomendaciones del entidades oficiales, de expertos médicos y también un poco de sentido común, he ido conformando uno.

Por supuesto, influye mucho el tipo de viaje que vayamos a realizar, pero sí que es verdad que hay unos básicos, sobre todo en lo que a primeros auxilios se refiere:

Material de curas

– guantes de látex
– tijeras,
– cortauñas,
– pinzas,
– agua oxigenada,
– alcohol,
– crema antiséptica,
– gasas,
– esparadrapo,
– vendas y
– tiritas.

Medicamentos:

– aspirina,
– paracetamol,
– ibuprofeno,
– crema/gel/pomada antiinflamatoria,
– crema/gel/pomada antiquemaduras,
– antiácidos y protectores estomacales,
– laxantes,
– antidiarreicos y
– antimareos.

Si viajamos a un lugar cuyas condiciones higiénicas sean precarias es conveniente llevar suero oral para la deshidratación así como productos potabilizadores del agua y polvos antifúngicos. Si además vamos a un lugar caluroso habría que añadir repelente de insectos así como crema solar (tanto para antes como para después) y protector labial. Toallitas o gel limpiador de manos conviene llevar también para el día a día.

Por supuesto, si se precisa de alguna medicación especial no se puede olvidar incluirla (en su envase original), así como sus recetas e información sobre los detalles de la medicación por si se perdiera y hubiera que solicitar nuevas dosis de urgencia. En caso de tener alergia, no olvidar los antihistamínicos.

Podemos añadir también unos tapones, lágrimas para irritación ocular (sobre todo si se usan lentillas) y preservativos para prevenir ETS.

Siendo además mujer en edad fértil el botiquín sirve también para llevar unos básicos para períodos menstruales. Que por muy reloj suizo que puedas ser, los cambios de entorno también afectan en ese sentido, igual que lo hacen en el intestinal.

Obviamente, si vamos a ir a un lugar civilizado, no habrá problema en encontrar un supermercado, droguería o farmacia donde hacerse con compresas o tampones, pero claro, cuando tienes una urgencia menstrual lo necesitas ya. Estés en la calle, en un hotel o en un trayecto en bus, tren o avión. Además, es la ley de Murphy: cuanto más remoto el lugar y menos mujeres haya (que no puedes pedir si alguien te puede prestar), ahí hará acto de presencia.

Aún así, incluso encontrando un lugar donde comprar los productos, puede ocurrir que sean diferentes a los que hay en tu país, o los que usas. Recuerdo cuando me iba a ir de erasmus que todas las compañeras que se habían ido el año antes se quejaban de que no encontraban tampones con aplicador. Y era Alemania. Eso sí, 2002, que quizá ahora haya cambiado. Pero vaya, que nunca sabes qué te puedes encontrar, porque además no se suele hablar de ello.

También hay países en los que directamente no venden tampones, así que, yo siempre llevo suministros al menos para un apuro. Cuando voy a viajar y ya tengo claro que entra en mis fechas no me preocupa tanto porque descubrí hace unos años la copa menstrual.

Merece un post aparte, en realidad, pero para resumir diré que aunque a priori puede parecer menos práctica, porque muchas veces es imposible encontrar un baño o lugar medianamente higiénico; lo cierto es que en realidad puedes llevarla puesta unas 12 horas, siempre que el volumen de sangre no sea mayor a su capacidad, claro. Por lo que con que tengas un alojamiento con baño decente es suficiente. Eso sí, para enjuagarla mejor usar agua embotellada si la del grifo no parece lo suficientemente fiable (unas toallitas húmedas nunca están de más tampoco).

Así que resulta más higiénico, pues se manipula menos veces. Además este método es más económico y no genera residuos. El único inconveniente que le veo es que lógicamente hay que esterilizarla antes de cada primer uso (tres minutos en agua hirviendo), por lo que si te pilla fuera de casa, no es como un tampón o compresa que lo sacas del bolso y listo. Pero si ya sales con ella cuando empiezas el viaje, puedes usarla hasta el último día del ciclo.

Al igual que con el seguro de viaje, lo ideal es no tener que recurrir al botiquín. Pero al no usarlo, también hay que tener cuenta que los medicamentos caducan. Además, hay que asegurarse de que todo se está manteniendo en las condiciones óptimas, si no, habría que realizar reemplazos. Con la salud no se juega.

Trucos viajeros: Salud viajera – Cambios de entorno medioambiental

Cuando nos vamos de viaje cambiamos nuestro entorno habitual, por lo que es necesario informarse de si necesitamos vacunarnos. Pero hay veces que nos vamos a enfrentar a aspectos que no se solucionan con un pinchazo, como por ejemplo la exposición a cambios de altitud, temperatura y humedad, sol o la calidad del agua.

ALTITUD

A medida que la altitud aumenta, la presión atmosférica disminuye, por lo que el cuerpo puede verse limitado como consecuencia de la hipoxia. Es recomendable hacer una adaptación poco a poco para aclimatarse a esta disminución de oxígeno. Además se debería evitar el ejercicio excesivo, las comidas abundantes y el consumo de alcohol.

Los desplazamientos a altitudes a partir de 1.500 metros están contraindicados para aquellos que padecen de angina inestable, hipertensión pulmonar, enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave y anemia falciforme. Y aquellos que sufren una enfermedad coronaria estable, hipertensión, diabetes, asma o EPOC leve deben hacerlo con todas las precauciones y siguiendo indicaciones de su médico, al igual que las embarazadas.

TEMPERATURA Y HUMEDAD

Por otro lado, los cambios de temperatura y humedad pueden provocar un golpe de calor. Cuando nos exponemos a altas temperaturas y humedad el cuerpo pierde agua y electrolitos. Es muy visual, además. En Bombay los experimentamos de una forma brutal. Nada más salir a la calle notábamos cómo se nos abrían los poros y enseguida estábamos empapados. No era una sudoración como la que estábamos acostumbrados más localizada en zonas de la espalda, pecho, axilas, frente…sino que era global. Y la ropa se quedaba con marcas blancas de los electrolitos.

Así pues, hay que paliarlo hidratándose con asiduidad y preferiblemente con alimentos y bebidas que contengan sales. Esto también lo notamos en Bombay. Mientras que en España es frecuente el agua de mineralización baja, allí todas las marcas eran con una alta mineralización. Se apreciaba claramente en el sabor.

En estas condiciones el cuerpo nos va a pedir la hidratación, pero hay que estar pendientes de niños, que quizá no sean tan conscientes, y mayores, puesto que el reflejo de la sed va disminuyendo con la edad.

Además de la hidratación hay que prestar atención a la higiene, puesto que la humedad favorece la aparición de hongos en la piel.

EXPOSICIÓN SOLAR

Pero además el calor viene acompañado de la exposición solar. La radiación UVB puede producir quemaduras en la piel e insolaciones. También los ojos sufren (de ahí que se recomienden gafas de sol en la nieve, por ejemplo).

Así, habría que evitar exponerse al sol en las horas en que la intensidad ultravioleta es más alta. En España se suele decir aquello de “en las horas centrales del día”, pero ojo, porque no podemos tomar como referencia siempre las 12. Hay en países, y según en la época del año, que amanece muy muy pronto, por lo que a lo mejor a las 9 de la mañana el sol ya está arriba del todo.

Aún así, si vamos a exponernos, no hay que olvidar las cremas con filtro solar. Este vídeo lo dice todo:

Y algo que no tenemos muchas veces en cuenta son los medicamentos. Hay algunos que pueden causar reacciones cutáneas adversas porque son fotosensibles. Ese es el caso de los antimicrobianos, los anticonceptivos orales y algunos contra la malaria. También los perfumes que contienen aceite de bergamota u otros aceites cítricos.

Además de la crema solar, cuando hace calor y humedad otro producto indispensable son los repelentes de insectos. Han de aplicarse en las zonas de piel que queden al descubierto, también en prendas o mosquiteras. Hay que revisar los ingredientes y asegurarse de que contiene DEET, IR3535 o Icaridin.

AGUA Y ALIMENTOS

Otro aspecto que nos puede influir cuando cambiamos de entorno medioambiental es el agua. Hay que tener ojo en los trópicos con los baños en ríos, canales, lagos… puesto que pueden estar infectados por larvas o excrementos que podrían penetrar en nuestra piel o mucosas. El mar en principio no sería un factor de riesgo, pero siempre habría que ver si hay alguna indicación o prohibición. Y también el sentido común, porque viendo la calidad del agua de Bombay, no me habría bañado ni aunque pusiera que estaba permitido el baño.

Además, cuando el agua (y los alimentos) no está correctamente tratada puede transmitir enfermedades infecciosas importantes como la cólera, la hepatitis A y E o la fiebre tifoidea. También puede provocar la conocida como “diarrea del viajero”, una de las enfermedades más comunes sobre todo en Latinoamérica, África, Oriente Medio y Asia. Suele ir acompañada de dolor abdominal, náuseas, fiebre y malestar variable, tanto en tiempo como en intensidad.

Para prevenir esta diarrea es importante seguir unas pautas. Evitaríamos:

– los alimentos cocinados que se hayan dejado a temperatura ambiente durante un tiempo indeterminado. Elegir en su lugar aquellos que hayan sido cocinados en el momento y aún estén calientes.

– los alimentos que no hayan sido cocinados. Las frutas y verduras con piel son sin embargo una excepción, ya que esta cobertura serviría de protección.

– los huevos crudos o poco cocinados.

– los helados cuyo origen desconozcamos o cuya refrigeración sea sospechosa.

– el hielo que no provenga de agua segura.

– tomar leche no pasteurizada. Si se quiere beber, ha de ser hervida antes.

– beber agua de seguridad dudosa. Hervirla también antes. Es preferible buscar siempre agua embotellada asegurándonos que está bien precintada y no ha sido manipulada.

Son consideraciones básicas en realidad: no romper la cadena de frío y cocinar bien los alimentos o hervir los líquidos para matar las bacterias. Huir de aquellos puestos de comida o locales que no nos ofrezcan buenas sensaciones. Y por supuesto, una buena higiene, tanto de utensilios que usemos para comer y beber, como de nuestras propias manos, lavándolas bien con agua y jabón.

En caso de que contagiarse, llevará unos días la recuperación, en los que será imprescindible una buena hidratación con agua embotellada, además de ir introduciendo poco a poco una dieta astringente. Y no tiene que ser obligatoriamente arroz blanco sin más. Esta es la que recomienda los nutricionistas Lucía Martínez y Aitor Sánchez:

También se puede recurrir a medicamentos. El más conocido es el antidiarréico Fortasec, aunque como en cada país puede llamarse de una forma, lo mejor es quedarse con que el nombre del principio activo es Hidrocloruro de Loperamida.

Si la diarrea se complica y dura más de 3 días o viene acompañada de sangre, vómitos o fiebre, hay que acudir a consulta.

Aunque no es solo cuestión de viajes, no hay que olvidar las enfermedades de transmisión sexual como la hepatitis B, el SIDA o la sífilis. Para prevenir, algo tan conocido como el preservativo.

Puede ocurrir que durante el viaje no hemos notado ningún síntoma y que nos hemos librado de todo tipo de contagio, sin embargo, hay que estar alerta, pues algunas enfermedades tropicales pueden presentar los síntomas tiempo después. Así, ante cualquier cuadro de fiebre, de problemas intestinales o reacciones cutáneas es recomendable acudir al médico y señalar el tipo de viaje que hemos realizado por si pudiera estar relacionado.

Trucos viajeros: Salud viajera – Vacunas

Aunque llevemos seguro médico, en ocasiones, también hay que ir previamente vacunados. Hay veces que es obligatorio, y otras recomendado, en función del país, de la región, de la temporada, del tiempo, del alojamiento y de las actividades a realizar.

Los viajes profesionales en los que se va a estar en grandes ciudades y con alojamientos de nivel superior están considerado como riesgo mínimo. Los viajes cortos (entre una y tres semanas) en los que se va a estar en ciudades con alguna excursión puntual, pero siempre durmiendo en hotel, se clasifican como riesgo moderado. Y por último, los viajes de larga duración y/o estancias en lugares algo más precarios, se consideran como riesgo máximo.

Según el Ministerio, las enfermedades infeccionas más comunes son:

– Enfermedades transmitidas por alimentos y agua: Brucelosis, Cólera, Criptosporidiasis, Giardiasis, Hepatitis A y E, Legionelosis, Leptospirosis, Listeriosis, Esquistosomiasis y Fiebre Tifoidea.
– Enfermedades transmitidas por vectores: Paludismo o Malaria, Fiebre Amarilla, Dengue, Encefalitis Centroeuropea o Primaveroestival, Encefalitis Japonesa.
– Enfermedades transmitidas por Animales: Rabia, Fiebres Hemorrágicas víricas.
– Enfermedades de Transmisión Sexual: Hepatitis B, VIH/SIDA, Sífilis.
– Enfermedades transmitidas por la sangre: Hepatitis B y C, VIH/SIDA, Paludismo.
– Enfermedades transmitidas por el aire: Gripe, Enfermedad Meningocócica y Tuberculosis.
– Enfermedades transmitidas por el suelo: Carbunco y Tétanos.

Es importante planificar la vacunación con tiempo (mínimo un par de meses), ya que hay vacunas que necesitan varias dosis previas al viaje. Se puede consultar la página web del Ministerio de Sanidad, no obstante, lo recomendable es acudir al Centro de Vacunación Internacional, donde nos podrán asesorar tras una evaluación individualizada y responder a nuestras preguntas. Aquí se pueden consultar todos los centros en territorio nacional.

Se puede pedir cita por internet y, o bien te vacunan allí directamente, o te remiten a tu centro de salud (generalmente cuando es una vacuna habitual). Es importante saber cuáles nos ponemos, puesto que algunas con una única dosis estaríamos inmunizados de por vida (o durante un largo período).

Como decía al inicio, hay unas obligatorias, incluso siendo requerido un Certificado Internacional de Vacunación (documento en el que figura la fecha, el título del vacunador, el fabricante y número de lote de la vacuna, así como el sello oficial del centro de vacunación) al entrar al país, y otras que son recomendables. Las más frecuentes son:

Vacunas obligatorias:

Fiebre amarilla: se transmite por picadura de mosquito mayoritariamente en Suramérica (Argentina (sólo Corrientes y Misiones), Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago (sólo Trinidad), Venezuela.) y algunas regiones de África (Angola, Benin, Burkina-Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Congo, Costa de Marfil, Chad,Etiopía, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Kenia, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Democrática del Congo, Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Sudán, Sudán Sur, Surinam, Togo, Uganda.). La vacuna tiene una validez de 10 años.

Meningitis Meningocócica: Es exigida por Arabia Saudí a los que peregrinan a la Meca.

Vacunas recomendadas:

Cólera: Es una enfermedad bacteriana intestinal aguda que se transmite por agua y alimentos contaminados. Necesaria principalmente en África, Centro y Sudamérica y Sudeste Asiático.

Fiebre tifoidea: Al igual que la cólera, la produce una bacteria que se transmite por el agua y los alimentos contaminados. Primero comienza como una fiebre, y después afecta al intestino. Es recomendable en África, Centro y Sudamérica, Oriente Medio y Sudeste asiático, aunque la efectividad de la vacuna es limitada y no exime de ser cauto con las medidas higiénicas con alimentos y bebidas. La vacuna tiene validez de tres años.

Hepatitis A: Se transmite de persona a persona y por la ingestión de alimentos y bebidas contaminadas. Puede darse en cualquier parte del mundo (de hecho mi enfermera me dijo que estaban luchando porque entrara junto con la B en el calendario de vacunación de los niños), pero sobre todo en aquellos lugares en que las condiciones sanitarias son algo deficientes. Los síntomas son fiebre, dolores de cabeza y vómitos. Se pone una segunda dosis entre los 6 y 12 meses después de la primera y sirve para 30 años.

Hepatitis B: Se transmite por vía sexual, transfusiones sanguíneas, productos con sangre contaminada o por material contaminado (jeringas, tatuajes, piercing, acupuntura) y vertical perinatal madre-hijo. También se da en todo el mundo, aunque no con los mismos niveles de riesgo. Sobre todo se recomienda para África, América Central y del Sur, Sureste asiático y Oceanía.  Se pone en tres dosis: las dos primeras en el espacio de un mes, y la tercera a los 6 meses de la inicial.

Meningitis Meningocócica: Es una enfermedad infecciosa aguda causada por una bacteria. Para la peregrinación a la Meca es obligatoria, pero para otros lugares es recomendable. Sobre todo en aquellos espacios cerrados donde conviven muchas personas, como por ejemplo un cuartel militar, o una residencia de una ONG… En el África Subsahariana tienen brotes entre noviembre y junio.

Poliomielitis: Aunque esta enfermedad estaba controlada, hubo repuntes hace unos cuatro años en Pakistán, Nigeria, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Siria, Iraq, Camerún, Etiopía, Somalia e Israel, por lo que la OMS recomienda su vacunación para detener su transmisión a nivel mundial.

Rabia: Es una enfermedad presente en mamíferos de muchos países, sobre todo de los que están en vías de desarrollo. Se transmite por contacto directo, así que, el riesgo es proporcional al contacto con animales contagiados. Los primeros síntomas son infecciones en la herida, fiebre o sensibilidad a la luz, ruido y agua. Se ponen tres dosis: día 1, día 7 y la tercera entre el 21 al 28.

Tétanos: Es una enfermedad producida por una toxina al penetrar en el organismo a través de heridas en la piel o mucosas. Se da en cualquier parte del mundo, pues somos susceptibles de una herida o corte en todos sitios. La antitetánica está incluida en el calendario de vacunación infantil, por lo que es muy probable que no la necesitemos antes de un viaje. Desde el 2009 las nuevas pautas estipulan que los adultos correctamente vacunados con 6 dosis (generalmente los nacidos después de 1975) solamente tendrían que ponerse una de recuerdo al llegar a los 65 años. Únicamente se pondría antes de llegar a esa edad en casos excepcionales como por ejemplo en un grave accidente de tráfico con amasijos de hierro y heridas en carne viva (por lo que me dijo mi enfermera en la visita previa a irnos a Bombay).

En determinados casos, además, según las características del viaje, se pueden recomendar también las vacunas contra encefalitis primero estival, encefalitis japonesa, neumococo, difteria o gripe.

Y aunque no hay vacuna, hay otras dos enfermedades con las que hay que tener mucho cuidado en países tropicales: el dengue y la malaria.

El dengue es un virus transmitido por mosquitos. Para prevenir esta enfermedad hay que recurrir a los repelentes de insectos  que contengan el ingrediente activo DEET45%, IR3535, o Icaridin, a las fibras naturales de colores claros que cubra lo máximo posible, así como a las redes mosquiteras cuya malla no sea superior a 1’5 mm. El aire acondicionado también ayuda, ya que los mosquitos van al calor. Los síntomas son fiebre y picores.

La malaria también se propaga por un mosquito y puede llegar a resultar mortal. Es recomendable evitar al igual que con el dengue las picaduras, es decir, cubrir al máximo la piel, usar repelentes en partes expuestas, dormir con aire acondicionado y poner mosquiteras. Además, en la medida de lo posible, evitar estar en el exterior entre el anochecer y el amanecer.

Los síntomas son fiebre, náuseas, sudoración y escalofríos. Y hay que estar atentos, pues pueden aparecer una semana después, ya que el parásito puede permanecer en el hígado y multiplicarse infectando los glóbulos rojos. Si se detectan estas molestias, hay que acudir al médico para tomar fármacos antipalúdicos, que hacen que consigamos la inmunidad tras unos diez días.

Aunque hay un movimiento antivacunas quimifóbico no hay que olvidar que son necesarias, pues gracias a ellas se ha conseguido eliminar enfermedades graves (algunas mortales) en el mundo. Pero como no todos los países están igual de desarrollados, hay que evitar ya no solo nuestro posible contagio, sino llevar enfermedades a otros lugares en que ya estaban erradicadas y poner en riesgo a la población. La salud es lo primero. Como decía George William Curtis: La felicidad radica, primero que nada, en la salud.

Trucos viajeros: Salud viajera – Seguro de Viaje

Ponerse malo es siempre un fastidio, pero si además nos pilla de viaje, es aún peor. Si además hay que recurrir a la consulta médica, mejor contar con seguro para evitar más sorpresas. Que un esguince tonto lo puede tener cualquiera, por no hablar de un dolor de muelas, un catarro o una diarrea. En algunos países te puedes encontrar con que has de pagar cifras astronómicas por una consulta, un análisis de sangre o una radiografía. Y si además requieres de ingreso hospitalario, mejor vende un riñón. Por eso es muy importante viajar asegurados.

En Europa contamos con la Tarjeta Sanitaria Europea, que permite el acceso a la asistencia sanitaria en el Estado Miembro en el que nos encontremos. Nos cubre como si fuéramos locales.

Se puede solicitar por internet y llega a tu domicilio en apenas un par de días. Tiene validez de dos años y sirve para los países integrantes de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, , República Checa, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia), así como los del Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein, Noruega) y Suiza.

Sin embargo, cuando salimos de este entorno (e incluso como complemento de la Tarjeta Sanitaria Europea) necesitamos un seguro. Ahora bien, ¿cómo sabemos qué tipo de seguro necesitamos?

Pues no hay un seguro universal que sirva para todo el mundo. Sino que lo ideal es configurar en base a nuestras necesidades. Tanto como viajeros (persona sola, familia con niños o mascotas, mayores de 60 años…) como por el tipo de viaje que realizamos (crucero, a la montaña, de playa, de mochilero…). Lo básico sería que incluyera cambios de itinerario, equipajes, defensa legal, salud, hospitalización y repatriación/evacuación. Hoy en día incluso es interesante que cubra el material informático (cámara, ordenador, tablet, móviles…).

Normalmente suele haber dos modalidades: el de cancelaciones (que sirve hasta la fecha de inicio de viaje) y el de salud (para el viaje en sí). Aunque hay compañías que ofrecen una mezcla de ambos.

Hay que asegurarse bien del tipo de viaje que vamos a hacer, pues un seguro de salud estándar no suele cubrir viajes en crucero o deportes considerados de riesgo como esquí, snowboard, surf, hípica… Para esos casos hay que contratar uno más específico. Y si el país es considerado como conflictivo, directamente no dan cobertura, así se evitan indemnizar como por ejemplo en caso de atentado.

También suelen excluir las coberturas de lo que llaman las condiciones preexistentes. Es decir, que si tienes una cardiopatía, diabetes o algún tipo de enfermedad, probablemente te pidan pagar un extra para asegurarte.

El precio suele ir condicionado por el destino, porque obviamente la sanidad no cuesta lo mismo en todos los lugares del mundo. Aún así, es un gasto necesario. Es preferible pagar 100€ por 15 días, en lugar de 25.000€ por una apendicitis, como es el caso de EEUU.

También influye la duración, claro. Y, aunque lo normal es contratar uno puntual para un viaje en concreto, para viajeros frecuentes a veces sale más rentable decantarse por uno anual que suele cubrir todos los de menos de 90/120 días dentro del año en cuestión. Independientemente de los viajes que se hagan.

Pero esto es la teoría. Otra cosa es la práctica. ¿Cómo funcionan a la hora de la verdad?

Pues en general, solo cubren las urgencias, no una revisión u operación concertada previamente. Y la mayoría te pide que les llames antes de acudir a ningún consultorio. De esta forma, son ellos quienes buscan el médico que te correspondería en el lugar en que te encuentras y así cuando llegas ya estás autorizado. Sin embargo, también hay otros seguros en los que no falta que avises. Siempre que sea una urgencia, eso sí.

En caso de hospitalización, conviene saber si cubre el desplazamiento de un familiar (generalmente línea directa), si le pagan la estancia, cuántos días…

A la hora de pagar tras la atención sanitaria también hay que tener en cuenta lo que hemos contratado, pues aunque tengamos la autorización previa, en la mayoría de los casos eres tú el que tienes que adelantar el dinero. Después reclamas, aportas documentación y el seguro te paga. Pero también hay seguros que se encargan de todo desde el principio, lo cual evita tener que llevar mucho dinero encima o una tarjeta con buenos fondos.

Así pues, con estas consideraciones, podemos comparar varias compañías para ver cuál se aproxima más a nuestras necesidades en función de coberturas, transparencia a la hora de hacer uso de él (poder contactar con un teléfono gratuito, en español y 24 horas, por ejemplo) y precio.

La tranquilidad que da viajar con una cobertura detrás no tiene precio, pero sobre todo, el volver sin haber tenido que recurrir a él.