Balcanes XVI. Día 5: Recorriendo Sarajevo

Tras una reparadora siesta, nos preparamos para un primer acercamiento a la capital y ciudad más poblada de Bosnia y Herzegovina. Antes, vamos a ponernos en situación.

Sarajevo se localiza en el valle homónimo junto al río Miljacka y se encuentra rodeada por montañas. Una ubicación que la convierte en una ciudad muy verde y con barrios que se han ido extendiendo por las colinas a diferentes alturas.

Durante siglos se ha caracterizado por una rica diversidad cultural. En Sarajevo han convivido durante siglos diferentes religiones sin que hubiera problema entre ellos. Por ejemplo, durante la ocupación otomana residían en la ciudad musulmanes bosnios, ortodoxos serbios, católicos croatas y judíos sefarditas, cada grupo con sus costumbres y tradiciones. Más tarde, durante la breve ocupación austro-húngara, a ellos se les unieron alemanes, húngaros, eslovacos, checos y judíos asquenazíes. 

Sin embargo, esta heterogeneidad que le dio el sobrenombre de la Jerusalén de Europa cambió con la guerra. Los grupos nacionalistas serbios quisieron destruir lo que ellos consideraban una identidad demasiado mixta e impura y el resultado ha sido una islamización de la ciudad. Mientras que en 1991 la población estaba formada por un 45% de bosnios musulmanes, un 38% de serbios ortodoxos y un 17% de croatas católicos; hoy en día hay una clara predominancia musulmana. Los serbios o croatas que residían en Sarajevo se marcharon a repoblar otras zonas controladas por sus respectivos países del mismo modo en que muchos bosnios abandonaron lugares que quedaron bajo dominio serbio. Hoy en día Sarajevo está más cerca de Estambul que de aquel Jerusalén. La influencia de la Turquía de Erdogan, de Qatar y de los Emiratos Árabes tiene mucho que ver, ya que han invertido bastante dinero en la reconstrucción de la ciudad tras la guerra.

Pero volvamos a los otomanos. Estos conquistaron la ciudadela Vrh-Bosna en 1429 y para 1461 ya la habían convertido en ciudad rebautizándola como Bosna-Saraj. El nombre de Sarajevo es la eslavización fonética de la palabra turca sarayjedive compuesta por los vocablos saray (palacio) y jedive (cargo otomano similar a virrey, gobernador general o procónsul). Así, vendría a significar Palacio del gobernador general. Durante el siglo siguiente Sarajevo siguió creciendo. Tanto, que a finales del siglo XVII se había convertido en la ciudad más importante de la región y la segunda del Imperio Turco después de Estambul.

En 1878 Bosnia y Herzegovina quedó bajo la tutela del Imperio Austrohúngaro y Sarajevo se convirtió en una especie de conejillo de indias. Cuando se planteaba un proyecto urbanístico para Viena, antes se probaba en la capital bosnia, así que Sarajevo comenzó a recibir arquitectos e ingenieros de renombre que erigieron sus modernos edificios de estilos Secesión y Art Noveau. También introdujeron en 1885 los tranvías, un transporte primero tirado por caballos y a partir de 1895 con carros eléctricos. Con este desarrollo, la ciudad creció notablemente.

Como consecuencia de estos dos períodos, Sarajevo se caracteriza por el contraste del estilo neomorisco en su casco histórico otomano y de la arquitectura occidental del siglo XIX en su ciudad nueva. Representa la unión del mundo occidental con el oriental de forma que se podía ver en apenas unos metros una sinagoga, una iglesia ortodoxa, otra católica, varias mezquitas…

Bosnia dejó de pertenecer al Imperio Austrohúngaro cuando este se disolvió al finalizar la I Guerra Mundial. Guerra que por cierto estalló después de que el serbo-bosnio Gavrilo Princip asesinara el 28 de junio de 1914 al archiduque Francisco Fernando y a su esposa, Sofía Chotek en la misma ciudad de Sarajevo.

Tras el fin de la II Guerra Mundial Sarajevo fue eligida capital de la República de Bosnia y Herzegovina dentro de la República Federal Socialista de Yugoslavia. En esta época comunista la ciudad progresó industrial y turísticamente  y creció con los barrios de Novi Grad y Novo Sarajevo. Volvió a ser de nuevo una de las ciudades más relevantes de los Balcanes. Sin embargo, toda esta mejoría se vino abajo con la desintegración de Yugoslavia. Con los nacionalismos a flor de pie ya sabemos cómo acabó la historia: en una cruenta guerra que dejó la ciudad reducida a escombros y unas 12.000 víctimas (siendo un 85% civiles).

Y no solucionó nada. Tras la guerra Sarajevo quedó dividida en dos: por un lado tenemos la Sarajevo, capital de la Federación de Bosnia y Herzegovina y de la República de Bosnia y Herzegovina, que está compuesta por los municipios de pre-guerra de Centar y Novi Grad así como de la mayor parte de los de Stari Grad y Nuevo Sarajevo; y por otro Sarajevo Oriental, capital de la República Srpska, que incluye los municipios de pre-guerra de Stari Grad y Nuevo Sarajevo, así como Sokolac, Trnovo, Pale e Ilidza Oriental.

Tras años de guerra la ciudad se está recuperando y ha ido reconstruyendo no solo urbanísticamente, sino también a nivel económico. Ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y modernizar su industria, hoy centrada en equipos de comunicación, automóviles, tabaco o mobiliario. También está comenzando a recuperar el turismo que ya tuviera siglos atrás. Cada vez atrae a más viajeros seducidos por su historia. Tanto por la buena, como por la mala. Y ahí estábamos nosotros, dispuestos a descubrirla.

Balcanes XV. Día 5: Rumbo a Sarajevo

Si el día anterior habíamos tenido que madrugar para viajar de Zagreb a Split, este día aún más. Teníamos el bus a las 7 de la mañana y un paseo hasta la estación de autobuses. Así pues, el despertador sonó pronto, desayunamos mientras fuimos recogiendo nuestros trastos y a las 6:30 íbamos camino de la terminal.

Ya habíamos visto que la estación de trenes necesitaba un poco de renovación, pero la de autobuses no se quedaba atrás. Pronto encontramos nuestro bus y con los billetes en la mano, nos dirigimos a su interior. Con las mochilas pequeñas (30 y 25 litros) no tuvimos problema, pero la de 50 no nos dejaron subirla y tuvimos que guardarla en el maletero, algo que por cierto no está incluido en el billete (1€ o 10 kunas).

Ya acomodados en nuestros asientos, nos preparamos para pasar un viaje lo más ameno posible teniendo en cuenta las circunstancias. Teníamos por delante unas 7 horas y media en un bus que podría ser de antes de la guerra fácilmente, sin baño y que nada tenía que ver con aquel que tomamos de Letonia a Lituania. Ni siquiera con el que fuimos de Vilna a Gdańsk.

Apenas una hora más tarde llegamos a Kamensko, la frontera entre Croacia y Bosnia y Herzegovina. El conductor reserva pasó por todos los asientos recopilando los documentos de identidad, bajó al puesto de control y minutos más tarde volvió a subir y mirando las fotos, comenzó a repartirlos. A nosotros nos dejó para el final porque era fácil saber cuál era nuestra documentación. El resto del pasaje llevaba DNI croata o bosnio, y nosotros pasaporte. A diferencia de en nuestro anterior viaje, aquí sí que nos llevamos sello. Y en mi caso igualaba número de países visitados con edad:36.

Arrancamos y por fin entramos en Bosnia y Herzegovina, que, al parecer, hay que usar la conjunción “y” y no el guion para así hacer énfasis en que el país se compone de dos regiones históricas. Esto no quiere decir que haya unos límites oficiales, sino que reconoce su pasado. Podríamos decir que Herzegovina ocupa el extremo sur del país, mientras que el resto se vendría a corresponder con la Bosnia histórica.

Con forma triangular, el país limita al norte, oeste y suroeste con Croacia; al este con Serbia; al sureste con Montenegro; y con el mar Adriático (solo 30 kilómetros) al sur. Ubicado en la parte occidental de la Península de los Balcanes es en su mayoría montañoso.

No parece estar muy claro de dónde proviene la palabra Bosnia. Por un lado hay datos que indican que en el siglo X el Emperador bizantino Constantino VII la escribió en un manual para hacer referencia a un “país pequeño”. Aunque hay otras teorías. Por un lado una que indica que ya apareció en un texto anterior del año 723. Provendría de Bosna, un importante río importante de la región. Por otro lado, hay quien considera que guarda relación con la raíz indoeuropea bos/bogh (agua que corre). Y no faltan hipótesis sobre otras procedencias latinas o eslavas.

Por otra parte, parece bastante claro el origen del nombre Herzegovina. En la temprana Edad Media la región era gobernada por un noble que se hacía llamar Herzog de San Sava. Añadiéndole -ovina parece que Herzegovina significa terreno del duque.

La región que hoy ocupa el país ya estuvo habitada en el siglo V a. C. por los ilirios. En el siglo III a. C. pasó a pertenecer a la provincia de Iliria, del Imperio Romano. En el siglo VII llegaron los eslavos y pasó a formar parte del Imperio Bizantino hasta que en el siglo XII finalmente se formó el reino de Bosnia que consiguió mantenerse independiente hasta 1463, cuando quedó anexionado al Imperio Otomano. La mayoría de los ciudadanos se convierten al islamismo, algo que perdura hasta la actualidad.

Entre 1718 y 1839 pasó a manos austriacas, pero enseguida volvió a quedar bajo dominio turco hasta 1878. En este período (1851) es cuando se unieron los Eyalatos de Bosnia y Herzegovina. Poco después, con el Congreso de Berlín en 1878 el Imperio Austrohúngaro recuperó el control del territorio, llegando a anexionárselo en 1908.

Tras el final de la I Guerra Mundial Bosnia y Herzegovina se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que en 1929 se convertiría en Yugoslavia. Un poco más tarde, durante la II Guerra Mundial fue anexionado por el estado fascista croata y tras esta, volvió a Yugoslavia como República Socialista de Bosnia y Herzegovina hasta su independencia en 1992 tras una cruenta guerra que se saldó con 250.000 muertos y más de 2.5 millones de refugiados.

No parece estar claro cuál fue la primera víctima. Para los serbios fue un señor que fue asesinado por un bosniaco después de un enfrentamiento por besar la bandera de Serbia mientras gritaba proclamas nacionalistas en la celebración de la boda de su hijo. Esto ocurrió el 1 marzo de 1992. Sin embargo, para los bosniacos fue Suada Dilberovic, víctima de los balazos de los francotiradores serbios cuando se manifestaba contra la guerra. Fue el 5 abril de 1992, el mismo día que Europa reconocía la independencia de Bosnia y Herzegovina.

Con el ambiente tan caldeado la guerra era inevitable y Sarajevo se convirtió en el epicentro del conflicto. La ciudad sufrió un asedio que duró desde el 5 Abril de 1992 hasta el 14 diciembre 1995. Los serbios comenzaron bloqueando las carreteras dejándola aislada (está situada en un valle). Además se cortó la electricidad y el agua y se impidió el suministro de comida y medicamentos. Quedó cercada por francotiradores que se apostaron en las colinas y con un ejército que no podía defenderse pues apenas tenía armas. Pronto el grito ‘Pazite, Snajper!’ (cuidado, francotirador) se convirtió en un acto cotidiano.

Para la llegada del invierno la situación era grave, pues la gente estaba muriéndose literalmente de hambre y la situación empeoró aún más cuando el VRS (Ejército de la República Srpska) comenzó a bombardear la ciudad cargándose mezquitas, iglesias, el parlamento, la biblioteca… Los ataques a civiles eran cada vez más sangrientos, no importando si se trataba de hospitales, colegios… Muchos soldados serbios lo veían como un juego. Se pasaban el día bebiendo y apostando a ver cuántas personas podían matar con sus disparos. Los soldados que integraban este ejército eran, como suele ocurrir, hombres bastante influenciables a los que les habían vendido la idea de que la única manera de constituir la Gran Serbia era eliminar a los bosniacos antes de que estos intentaran eliminarlos a ellos. Les presentaron como fundamentalistas islámicos a unos vecinos que simplemente eran musulmanes, y ni siquiera seguían a rajatabla el Corán. La religión de por medio, como siempre.

Sin embargo esta teoría hacía aguas por todos lados, ya que ni siquiera había una clara separación étnica. En Sarajevo por ejemplo el 35% de los matrimonios eran mixtos y en una misma familia podía haber bosnios musulmanes, bosnios-serbios (ortodoxos) y bosnios-croatas (católicos) a medida que pasaban las generaciones y se iban formando más ramificaciones. La guerra fue cruenta por esto mismo, no había territorios o guettos claros, sino que las etnias estaban muy mezcladas, lo que complicaba la idea de crear un estado étnicamente puro.

La ONU intervino y consiguió el control del aeropuerto de Sarajevo, por lo que pudo llegar la ayuda humanitaria. Además, en 1993 se construyó un túnel subterráneo bajo el aeródromo, por lo que se pudo introducir alimentos, medicamentos y armas evitando el control de las carreteras. Aún así, no era tarea fácil llegar a él, puesto que los ciudadanos tenían que cruzar la peligrosa Avenida de los Francotiradores. No obstante, la opción era morir por las balas o morir de hambre, así que era la única esperanza que les quedaba.

Como era de esperar, tres años de guerra no sirvieron para solucionar nada. Al final de las exrepúblicas Yugoslavas Bosnia y Herzegovina es la más pobre como consecuencia del conflicto y el bloqueo de sus vecinos Serbia y Croacia.

Hoy en día es una república federal con una estructura descentralizada y dividida en dos entidades totalmente autónomas (cada una tiene su propio gobierno y Asamblea Nacional): la Federación de Bosnia y Herzegovina, integrada por zonas de población bosniaca-musulmana y bosnio-croatas, y la República Srpska, de población serbo-bosnios (con su alfabeto cirílico y su mayoría ortodoxa). Y aunque parece que intentan conseguir una unificación administrativa, no es tarea fácil debido a las diferencias entre los ultra-nacionalistas serbo-bosnios y los bosnio-croatas. Y mientras tanto, la incorporación a la UE queda bloqueada.

Y eso que parecen que llevan pensando en la entrada en la UE desde que cambiaron la bandera. En 1991, tras la independencia, fue elegida una que constaba de un escudo azul y franja blanca con flores de lis doradas sobre fondo blanco. El problema era que este escudo era el que habían usado en el siglo XIV los primeros reyes de Bosnia y a la comunidad croata y serbia no le hacía mucha gracia. Así pues, se inició la búsqueda de una que contentara a todos.

No fue un proceso sencillo, pues había muchas propuestas y a cada cual más horrible. Al final el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (el parlamento bosnio no llegaba a un consenso) eligió el diseño del español Carlos Westendorp, que no hacía ningún tipo de alusión histórica al estado bosnio. Tampoco es que sea una preciosidad, la verdad sea dicha. Pero teniendo en cuenta que presentó otras dos más feas aún (esta y esta)… aceptamos barco. Eso sí, tomando otro azul que se pareciera más a la de la UE.

Las estrellas, que se suponen infinitas y por eso aparecen cortadas, hacen referencia a Europa y el azul el color de la bandera de la UE. Los picos del triángulo por su parte representan las tres naciones (croatas, serbios y bosnios) que conforman el país.

Nada más pasar la frontera el paisaje cambió, no solo por el hecho de que todo fuera cada vez más montañoso, sino porque comenzaron a aparecer algunas señales en cirílico y mezquitas en cada pueblo.

También casas aparentemente terminadas, pero que no tenían vallas en las terrazas.

Algunas daba la sensación de que estaban abandonadas o a medio construir, pero vimos muchas que daban la sensación de estar habitadas y mantenidas. Parece ser que es común construir una casa unifamiliar en la que se espera que los hijos vivan en plantas superiores. Sin embargo, se ahorran el dinero del vallado hasta que no llegue el momento en que esos pisos queden ocupados.

Salvo una parada de 20 minutos en el pueblo de Bugojno a las 10:30 de la mañana y otra a las 12:15 en Travnik, el resto del camino fue carretera y manta. Es verdad que el bus no era tan cómodo como el tren del día anterior y que la ausencia de baño no ayudó a mi pequeña vejiga; pero entre ratos de lectura, alguna cabezada y observar un paisaje tan verde, pasaron las 7 horas y media más rápido de lo que esperaba.

Nada más bajar vimos un cajero, así que allá que nos dirigimos para sacar dinero, ya que ni el Euro ni las Kunas nos iban a servir. Desde 1998 la moneda de Bosnia y Herzegovina es el marco convertible bosnio (BAM), que sustituyó al Dinar de Bosnia-Herzegovina y mantenía una tasa de cambio 1=1 con el marco alemán. Con la llegada del Euro se estableció la misma paridad que el DM, 1 EUR = 1,95583 BAM.

Al igual que el germano, se divide en 100 Pfennig. Hay monedas de 5, 10, 20 y 50 pfennig, así como de 1, 2 y 5 marcos. Los billetes que se pueden encontrar son de 10, 20, 50, 100 y 200 marcos. A excepción de este último, que tiene un diseño único, todos los demás se emiten en dos modelos: uno para la Federación de Bosnia y Herzegovina, otro para la República Srpska, aunque se pueden usar en todo el país.

No obstante, el cajero no me aceptaba ni la Revolut ni la Bnext, así que decidimos probar suerte por la tarde, cuando saliéramos a recorrer la ciudad. Esperábamos tener más suerte ya metidos de lleno en la urbe. Nos dirigimos pues al apartamento, que se encontraba a unos 15 minutos de la estación. Allí nos esperaba nuestro anfitrión, que nos enseñó brevemente el piso y se marchó. En contraste con el alojamiento del día anterior, aquí teníamos muchos más metros. Por un lado una habitación principal bastante espaciosa y un salón con un sofá chaise-longe que se hacía cama.

Además, teníamos un comedor junto a la equipada cocina y un baño de también buen tamaño. Como añadido contábamos hasta con un pequeño patio.

Nosotros tampoco nos entretuvimos mucho, dejamos las mochilas y nos fuimos en busca de un super. Teníamos uno pequeño cerca del apartamento, por lo que por suerte no tuvimos que dar mucha vuelta. Y es que eran las 3 de la tarde y ya había hambre. Compramos bebida, picoteo, desayuno, algunas latas, queso de untar, algo de fruta y un cartón de huevos. Afortunadamente la Revolut funcionó a la perfección.

Ya de vuelta en el piso preparamos una comida rápida y nos sentamos tranquilamente a comer y plantear qué queríamos hacer aquella tarde.

No obstante, nos pasó un poco como el día anterior. El madrugón y el viaje nos habían dejado cansados. Además el sol pegaba bastante, por lo que decidimos tomárnoslo con calma y echarnos un rato de siesta. Ya habría tiempo de conocer Sarajevo.

Preparativos de nuestro viaje a los Balcanes

Volvimos de nuestro viaje por Estados Unidos y Canadá a mediados de mayo y aún no teníamos nada cerrado para verano. Sí que había algo en mente, pero no habíamos empezado a mover nada. Sin embargo, el tiempo se nos echaba encima. Seguíamos con la idea de recorrer los Balcanes y, aunque ya sabíamos por el año anterior que no iba a ser fácil debido a las conexiones, teníamos la esperanza de que las líneas ferroviarias se hubieran restituido y nos permitiera más opciones.

De nuevo eché mano de la idea que habíamos apartado de visitar Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje; solo que esta vez con un planteamiento más realista dejándolo en la mitad: Liubliana, Zagreb y Sarajevo. Y ya dejaríamos el resto para otro año. Este nuevo objetivo era algo más sencillo de llevar a cabo, eso sí, entrando por Croacia, que era el país que mejores combinaciones aéreas parecía a tener. Aunque no precisamente baratas. Pero era agosto, contábamos con ello.

Valoramos las diferentes combinaciones entre los tres aeropuertos de Croacia (Zagreb, Dubrovnik y Split) y tras obviar Dubrovnik para no repetir (ya la habíamos visitado en 2008 en el crucero y preferíamos conocer nuevos destinos), al final lo que mejor nos salía era volar a Zagreb y volver desde Split con Iberia.

Llegó junio y tocó el momento de plantear un itinerario. La parte más compleja, cómo no, era llegar a Sarajevo, que nos suponía dedicarle media jornada para cada trayecto en bus.

Pero por lo demás, de Zagreb a Liubliana había un tren internacional que conectaba ambas ciudades en unas dos horas y de Zagreb a Split uno nacional. Llegamos incluso a valorar acercarnos a Zadar desde Split, pero finalmente preferimos añadir ese tiempo a Sarajevo para verlo con más calma.  Así pues, la ruta nos quedó así:

Día 1: Vuelo Madrid a Zagreb
Día 2: Zagreb – Liubliana – Zagreb Día 2: Zagreb (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
Día 3: Zagreb Día 2: Liubliana (Parte I, Parte II y Parte III)
Día 4: Zagreb – Split (Parte I y Parte II)
Día 5: Split a Sarajevo(Parte I y Parte II)
Día 6: Sarajevo (Parte I, Parte II y Parte III)
Día 7: Sarajevo – Split
Día 9: Vuelo Split a Madrid

Con el itinerario claro comenzamos a sacar los billetes de bus y alojamientos. Para el tren tendríamos que esperar, ya que el de Zagreb a Liubliana no se podía comprar por internet y el de Zagreb a Split solo lo ponen a la venta con dos meses de antelación, por lo que tuvimos que postergarlo a julio.

También en julio concretamos lo que queríamos ver en cada ciudad y cerramos las rutas.

Por último, solo nos quedaba sacarnos el seguro del viaje, pues aunque Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea desde 2004 y 2013 respectivamente, Bosnia no, por lo que la tarjeta sanitaria europea no tiene validez.

En cuanto a la moneda, Eslovenia sí que adoptó el Euro en 2007. Croacia sin embargo mantiene aún la kuna (HRK). Además, Bosnia tiene el Marco Bosnio Convertible (BAM), así que necesitábamos llevar 3 divisas diferentes. No obstante, gracias a la Revolut y a la Bnext, solucionado. Sacaríamos algo de efectivo para compras pequeñas, y el resto pagando con ellas.

En Eslovenia y Croacia podríamos mantener nuestras tarifas de móviles. Bosnia sin embargo no se encuentra dentro del acuerdo del Roaming, por lo que tendríamos que buscar alternativa si queríamos contar con internet. En el país hay tres operadoras: BH Telecom, m:tel y HT Eronet, aunque la primera de ellas es la que tiene mayor cobertura. Comercializan la tarjeta Ultra prepago por unos 5 BAM (unos 2.55€) con una versión de 300 Mb sin voz, solo datos y SMS con una validez de 7 días. Nosotros íbamos a estar dos días en la ciudad, así que – aunque el precio no era excesivo – no parecía imprescindible. Podríamos esperarnos a llegar al alojamiento si queríamos navegar y por el día tirar de mapas sin conexión.

Y con todo listo, solo nos quedaba esperar a finales de agosto para poder disfrutar de tierras balcánicas.