Serie Terminada: Orange is the new black

Orange is the new black se basa en la historia real de Piper Kerman, una urbanita, casada y con planes de futuro que, después de que una cómplice la delate, se encuentra con que ha de cumplir una condena de 15 meses por un delito de blanqueo de dinero unos años antes. La creación de Jenji Kohan fue la sorpresa de la temporada en su estreno en Netflix allá por 2013 con su estilo tragicómico y su elenco coral. Y es que aunque se basa en el libro que escribió Kerman tras su paso por la cárcel, ella no es protagonista absoluta, sino que hay más de una veintena de personajes diferentes, cada uno de ellas con sus circunstancias, sus problemas, sus matices y sus caracteres. El punto en común es que todos tienen que sobrevivir entre rejas.

La primera temporada se centra sobre todo en presentar a las mujeres que comparten la prisión y se alterna el presente con los flashbacks para completar sus historias. Se va rotando así el protagonismo entre todas ellas y permite al espectador adentrarse de lleno en la serie. En las siguientes temporadas se mantiene esta dinámica y, aunque pierde la novedad, mantiene la frescura gracias a la introducción de nuevos personajes y a su tono. Orange is the new black ha jugado siempre muy bien con el humor negro, sobre todo explotando la vis cómica de las situaciones a las que se ha ido teniendo que enfrentar la chica pija de Brooklyn. Sin embargo, poco a poco la serie va evolucionando y se plantea una explícita denuncia social poniendo en el centro el sistema de prisiones estadounidense y por extensión a las políticas neoliberales.

El cambio comienza a verse cuando en la tercera temporada la cárcel pasa de ser pública a privada y por tanto se comienza a mirar cada céntimo que se invierte en ella: aumenta el ratio de reclusas por personal, se recorta el presupuesto de limpieza o comida, se aprovecha cada centímetro de los espacios comunes, se eliminan actividades… Y aunque las cosas van cambiando poco a poco, estas nuevas medidas generan un clima de tensión (alimentado además por guerra de bandas) en el que tan solo hace falta una chispa para que todo salte por los aires. En este caso la mecha se prende con el asesinato de Poussey a final de la cuarta temporada. En realidad es accidental, sí, pero es la consecuencia de la deshumanización de las reclusas y de reducirlas a números en una tabla de excel o balance. Y por desgracia, algo que sigue ocurriendo a día de hoy como hemos visto en Mineápolis con George Floyd.

Y con este ambiente de ira, rabia y sensación de injusticia estalla el motín.

La quinta temporada rompe totalmente la serie creando una nueva narrativa. Pretende mostrar un arco argumental principal cerrado en el que la acción se desarrolla en 72 horas de revuelta. Sin embargo, quiere hablar de tantas cosas que se pierde. Y lo más importante, pierde el tono que la caracterizaba subiendo el drama y bajando la comedia. Ni siquiera el concurso de talentos en el 5×04 arranca la sonrisa.

Quizá es porque lo que está contando es demasiado serio como para aceptar frivolidades. O quizás porque se le da protagonismo a algunos personajes insufribles. Además, durante toda la temporada da la sensación de que no va a ir a ningún lado. El sistema se convierte en el principal villano (aunque en cierta manera ya estaba ahí de fondo) y no tienen ni la más remota posibilidad de ganar. Sabes que, si alguien sufre las consecuencias del incidente, desde luego no van a ser los guardias. Y así ocurre. Cuando el motín es sofocado las reclusas son separadas en dos grupos y trasladadas a dos cárceles diferentes. La serie sigue a las que son enviadas a la de máxima seguridad, una que está dividida por bloques y, de alguna forma, por clases. Cada uno de los sectores de este centro penitenciario cuenta con un color de uniforme diferente, lo que crea ya un sistema de bandas. Las protagonistas se encuentran de nuevo en la casilla de salida creando lazos para sobrevivir en un nuevo entorno con nuevas presas y nuevos guardias.

Aunque la serie intenta avanzar tras el motín y resetearse introduciendo esta nueva cárcel y nuevos personajes, lo cierto es que es la peor temporada de todas. No atraen las dos nuevas villanas, dos hermanas que entraron en la cárcel hace mil siglos por haber matado a su hermana pequeña. Su historia no se sostiene, como tampoco la de sus secuaces Malison o Papi. Tan solo resulta interesante la trama de Taystee, acusada injustamente del asesinato del guardia Piscatella, que muestra de nuevo cómo no se puede luchar contra el sistema (en este caso judicial).

La séptima y última temporada recupera un poco el tono de la primera volviendo a poner en el centro a Piper, quien, por una suerte de carambola, es puesta en libertad. Orange Is the New Black vuelve a sus orígenes mostrándonos a una protagonista perdida. Esta vez está libre, pero preferiría estar presa para no estar lejos de su pareja, además, la reinserción no es nada sencilla y no sabe ni por dónde empezar a poner en orden su vida.

Paralelamente seguimos conociendo el rumbo del resto de protagonistas. Esta temporada recupera el nivel de la primera temporada mostrando la evolución de cada una de ellas para darles un cierre. Algunas han encontrado un propósito en su vida, otras han tirado la toalla. Orange Is the New Black no pretende ofrecer un final feliz. Muy al contrario. Deja claro que, por mucho que se intente cambiar el sistema, la casa siempre gana. Lo que sí procura es al menos mostrar un epílogo de cada una de ellas en su lucha con el gran antagonista: el Sistema. Sin embargo, pese a que vuelve a sus orígenes de alguna forma, también ha evolucionado. En esta ocasión abandona el tono más o menos amable que tenía en sus inicios para usar uno de crítica social bastante serio. Y lo hace gracias a un elemento nuevo: el de los Centros de Internamiento de Extranjeros que alude claramente a la política migratoria de Trump. La entrada de PolyCon (la empresa propietaria de Litchfield) en el negocio de los centros de detención de inmigrantes permite que la serie muestre una cara más cruel aún del sistema mostrando lo bien que casan el neoliberalismo y las políticas fascistas. Lo importante es ganar dinero, no importa cómo se consiga.

Orange Is the New Black ha sido una serie con sus altibajos, no obstante, ha brillado más en aquellos momentos en que se ha centrado en las relaciones humanas de las protagonistas. Ha desplegado un catálogo de personajes femeninos de lo más variopinto que le ha permitido romper los esquemas a los que estábamos acostumbrados en la ficción o la literatura y explorar posibilidades narrativas que hasta la fecha no se habían puesto sobre la mesa. Por una vez no se trataba de mujeres sin nombre ni personalidad que solo eran apéndices de los protagonistas masculinos (madre, hija, hermana, novia…); en OITNB se podía encontrar desde la más noble e inocente a la más malvada pasando por miles de caracteres con cientos de matices. En ellas hemos encontrado historias de fracaso, de superación, de pérdida pero también de emprendimiento. No había dos personajes iguales, cada una tenía su propio universo independientemente de su clase social, su color de piel, su edad, su talla, sus adiciones, sus problemas mentales o su orientación sexual (definitivamente ha dado mucha visibilidad al colectivo LGTBI). Y ha funcionado bien gracias a una buena elección de actrices, la mayoría de ellas poco conocidas pero cuya carrera ha despegado tras su paso por Litchfield, muestra de que la serie no ha pasado desapercibida.

Serie Terminada: The Affair

Recientemente hemos acabado The Affair, una serie que se presentó en su capítulo piloto como la historia de una infidelidad contada desde diferentes puntos de vista pero que ha terminado convirtiéndose en otra cosa.

The Affair arrancaba con la relación extramarital de dos extraños que se conocen en el pueblo pesquero de Montauk. Por un lado estaba Noah, escritor y profesor de literatura que viaja a esta población costera junto a su mujer y cuatro hijos para pasar el verano a la mansión de sus suegros. Y por otro lado Allison, la local, la camarera de un diner donde la familia Solloway va un día a comer. Ambos protagonistas tienen en común una gran carga emocional a sus espaldas y quizá es eso, el estar tan rotos, tan frustrados (él por no alcanzar sus metas, ella por la pérdida de un hijo), lo que les hace conectar.

La serie explora cómo cada persona recuerda el pasado de una manera subjetiva en función a sus propios prejuicios y experiencias y cómo funciona la memoria selectiva a la hora echar la vista atrás. Y no solo lo vemos en el desarrollo de la relación de los protagonistas, sino también en la investigación policial en la que tanto Noah como Allison parecen estar involucrados (un recurso que me recordó enormemente al usado en Big Little Lies, aunque The Affair sea anterior). Así, la trama se estructura en base a una narrativa fragmentada y, el espectador, representado por el detective que investiga el asesinato, va juntando las piezas del puzzle para reconstruir los hechos.

Podría haber cerrado el arco argumental en una temporada y no habría pasado nada, sin embargo, decidió alargarse y tuvo que ir improvisando sobre la marcha dejando en un segundo plano la premisa inicial de la infidelidad y ahondando en otras subtramas con menos fuerza. Ocurre por ejemplo con la introducción de los puntos de vista de otros personajes a partir de la segunda temporada. Mientras que la primera tanda de episodios se centra en la historia de Noah y Allison contada desde sus propias perspectivas; en la segunda se incorporan también las de sus respectivas parejas, Helen y Cole.  Pretende de esta manera aproximarse a las consecuencias que les trajo a cada uno de ellos la relación entre escritor y camarera.

No obstante, pese a todo, este cambio es accesorio, en realidad la trama sigue centrándose en los infieles, quienes comienzan la segunda temporada una vida juntos. Un cambio de escenario que para nada les trae la felicidad, puesto que pronto desaparece la novedad y descubren que a pesar de la atracción que sienten el uno por el otro, siguen siendo unos extraños. Pero el mayor problema es que no saben ni quiénes son ellos mismos. Tanto Noah como Allison están aún investigando qué quieren hacer con su vida en este nuevo comienzo. Primero han de encontrarse ellos mismos y luego encajar con el otro.

The Affair podría haber terminado tras estas dos temporadas. Una para que los protagonistas se conocieran e iniciaran una relación y otra para descubrir que fue un error y que no iban a ningún lado juntos, sino que la infidelidad fue una excusa para salir de sus respectivos matrimonios. Mientras tanto, intercalamos la investigación por asesinato y capítulo final con separación de los personajes y sentencia al asesino. Fondo negro. Fin. Pero no, como decía, se alargó con una tercera temporada que ya no tiene nada que ver con el inicio de la serie. Hay un salto temporal de tres años, un giro de guion en el que seguimos a un Noah totalmente desquiciado intentando expiar la culpa. Y no solo la de haberse cargado su matrimonio, sino que ahonda en una que le lleva atormentando desde su adolescencia. Y mientras tanto Helen revolotea a su alrededor como una polilla intentando apoyarle. Sin embargo, no lo consigue. Pronto descubre que pese a conocerse desde la universidad en realidad no sabe quién es. Aunque no es de extrañar, ya que ni él mismo lo sabe.

Por otro lado, Allison en ese tiempo ha sabido componer sus piezas y seguir con su vida criando a su hija Joanie una vez que ha dejado atrás a Noah. Cole sin embargo no lo lleva tan bien, ya que a pesar de haberse vuelto a casar, es consciente de que aún siente algo por su exmujer. Es curioso cómo ambos infieles intentan avanzar de alguna manera de forma individual superando sus ataduras emocionales, mientras que por otro lado sus antiguas parejas parecen querer recuperar los lazos con ellos. Como si los creadores no supieran hacia dónde avanzar. Y de remate aparece un personaje nuevo: Juliette, una profesora francesa compañera de Noah que tan pronto como llega, desaparece. No entiendo muy bien qué aporta.

El primer capítulo de la cuarta temporada arranca con un Cole desesperado llamando a Noah para pedirle que le ayude a buscar a Allison. A partir de ahí volvemos la vista atrás para recomponer los últimos pasos de los protagonistas. En esta tanda son Helen y Cole quienes más sufren. Ella porque cuando cree que ha rehecho su vida y todo está en orden, de repente recibe el mazazo de que su pareja está enferma. Y él porque emprende un viaje emocional al pasado siguiendo los pasos de su padre para así ordenar su presente y poder avanzar hacia el futuro. Por el contrario Noah y Allison parecen haber encontrado su sitio. Él ha vuelto a dar clases y está intentando recuperar la relación con sus hijos, mientras que ella ha conseguido aprender de su trauma y volcar esa enseñanza en otros que están pasando por lo mismo. En lo amoroso ambos han empezado a conocer a alguien. No obstante, es todo un espejismo porque, como ya se nos ha dejado claro al inicio, algo le ha podido ocurrir a Allison.

Llegados a este momento The Affair ya no va de contar una historia desde diferentes puntos de vista, sino que se ha convertido en un dramón en el que el espectador sabe que los personajes no van a conocer la felicidad en ningún momento. Nunca sabremos por dónde habría ido la serie si la actriz que interpretaba a Allison no hubiera decidido abandonar la serie. Al parecer estaba un tanto cansada de la presión por hacer desnudos sin venir a cuento y la tendencia de los creadores de incluir escenas de violación como recurso dramático de su personaje.

La quinta temporada funciona como un epílogo cerrando subtramas. Al menos hay que agradecerle eso, que a pesar de haberse ido por otros derroteros, al final ha sabido concluir. De nuevo hay un salto temporal, pero esta vez de unos 30 años. En este futuro la narradora es Joanie, quien, a la edad en que murió su madre, emprende un viaje a la casa paterna en Montauk. Ella que se había formado una idea de Allison en base a lo que los demás le fueron contando durante su infancia, abre su mente a una nueva posibilidad: que su madre no se suicidó, sino que a lo mejor fue asesinada. Es gracias a ella que descubrimos  además qué fue de Cole más allá de los sucesos de la cuarta temporada.

La perspectiva de Joanie se intercala con el resto de personajes de la familia Solloway. Noah vendiendo los derechos de su novela para una adaptación cinematográfica, Helen comenzando una nueva relación tras la muerte de su anterior pareja, los hijos creciendo… Pero en realidad, todo vuelve a girar en torno a Noah, es como si The Affair quisiera cerrar la trama con su redención y un mensaje positivo sobre el amor y el perdón.

No es un mal final, pero desde luego deja con la duda de qué era lo que pretendían los creadores de la serie, pues desde luego pronto dejó de lado su premisa inicial para acabar convirtiéndose en un relato sobre un señor caprichoso y narcisista en la crisis de los 50 y una señora que parece necesitar una relación tóxica con él. Tendría que haberse quedado en la segunda temporada.

Vida Perfecta

Vida perfecta arranca con María y Gustavo, una pareja de treinteañeros que están a punto de firmar la hipoteca de su casa. No obstante, cuando ella pide un boli de un color específico para firmar, él estalla y rompe la relación arguyendo que no se siente preparado para comprometerse tan a largo plazo con ella. María es una mujer a la que le gusta tener todo el control y que ya había planificado su vida perfecta: trabajo, casarse con su novio de siempre, casa propia, niños… Sin embargo, con esta ruptura ve cómo su mundo se desmorona como un castillo de naipes y no sabe por dónde empezar a levantarlo. Deprimida, recurre a su hermana Esther, quien le da la razón a Gustavo y le abre los ojos sobre su cuadriculada existencia. Así, decide romper con esa María compulsivamente calculadora y dejar salir a una nueva María más rebelde y espontánea. Y para ello se propone tres objetivos: cortarse el pelo (que lleva igual desde hace años), drogarse y tener sexo con el primero que se le cruce.

Con los trasquilones aún recientes y totalmente colocadas, las hermanas acuden a la fiesta de cumpleaños de la hija de su amiga común Cristina. Y es allí donde María cumple el tercer punto de la lista y se acuesta con Gari, el jardinero de su amiga. Por si el mundo no se le hubiera puesto patas arriba, pronto descubre que se ha quedado embarazada y cuando busca a Gari para comunicárselo se entera de que tiene una discapacidad mental. María ha pasado de tenerlo todo perfectamente milimetrado desde la adolescencia a que todo se escape a su control. Es gracias a Esther y a Cristina que intenta reconfigurar su vida. Aunque ellas también tienen sus propios problemas.

Esther es lo opuesto a su hermana. Ella es un alma libre que vive de alquiler, no quiere ser madre y tiene relaciones esporádicas. Es pintora y, aunque es feliz pintando y disfrutando de su libertad, apenas consigue vender. De repente cumple 40 años y se le viene encima una crisis cuando su entorno le da a entender que se ha quedado estancada en una eterna adolescencia. Hasta ese momento era feliz, pero comienza a replantearse su existencia al ver que no encaja en lo que la sociedad espera de ella.

Cristina por su parte sí que cumple con este modelo de mujer perfecta. Es una abogada de éxito, está casada, tiene una buena casa, coche, marido y dos hijas. Sin embargo, tampoco es todo tan bonito como parece. Sufre también una crisis de identidad porque aunque se supone que lo tiene todo, no es feliz. Siente que le falta algo. Su marido no colabora en casa, por lo que ella carga con todo el peso de la casa y las niñas. Como consecuencia su trabajo se resiente y tiene que soportar los comentarios paternalistas de su jefe sobre que quizá sería mejor que se redujera la jornada. Por supuesto, este cansancio y hastío repercute en su humor y en su relación de pareja. Para cubrir este vacío que siente en su vida intenta reconectar con su sexualidad y comienza a tener encuentros extraconyugales.

La serie pone en el centro de la trama a tres mujeres que se enfrentan cada una a su manera a una crisis de madurez . Sin embargo, pese a sus diferencias de caracteres y de situación personal lo hacen unidas, apoyándose unas a las otras. Triunfa la amistad y la sororidad. Refuerza la idea de que hay que quererse a una misma y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse; de que no todo es cumplir con la lista de trabajo, casa, matrimonio e hijos, sino que hay vida más allá de las responsabilidades; y de que nunca hay que perderse por el camino ni renunciar a una misma. Sí, son las tres amigas quienes cargan con todo el peso de la serie, y además, entre las actrices hay muy buena química; sin embargo, Enric Auquer en su papel de Gari les roba todo el protagonismo, no es de extrañar que le dieran el Feroz por mejor actor de reparto.

Compuesta por ocho capítulos de unos 25 minutos, la primera temporada de Vida perfecta ahonda pues en el viaje vital de estas tres mujeres y reflexiona sobre la familia, la maternidad, la pareja, la vida sexual, la infidelidad, el deseo, el éxito, la frustración, la amistad, las expectativas de la sociedad o la discapacidad. No da respuestas ni juzga, pero sí pone sobre la mesa muchas preguntas sobre qué es en realidad una vida perfecta y quién lo dictamina.

Con Cristina se cuestiona el papel de la supermujer que asume todo el trabajo doméstico y de cuidados pero que además no quiere renunciar a su carrera laboral. Lógicamente no llega a todo, está cansada y a veces desearía no haber sido madre. Quiere mucho a sus hijas, sí, pero es consciente de que la maternidad no es tan idílica como pensaba. Verbaliza un tema que aún es un tabú: ha perdido su identidad como mujer para ser solo madre y esposa. Con María sin embargo se va más allá de la maternidad idealizada. Con su inesperado embarazo se habla de los diferentes modelos de familia y de la discapacidad. Gari tiene diversidad funcional, pero no es algo que le defina. De hecho, su personaje está tratado con mimo, sin atisbo de mirada paternalista. Por último, con  el personaje de Esther se plantea quién determina el éxito, cómo se mide. ¿Es lo que hace feliz a una misma o lo determina la sociedad? También se adentra en el mundo de las redes sociales y cómo pueden distorsionar la realidad y conectar con las inseguridades.

Pero si hay algo transversal en la serie es poner en el centro la sexualidad femenina. Normaliza el sexo causal tan habitual en los hombres, pero tan mal visto en las mujeres. Vida perfecta presenta para variar a la mujer como un sujeto de deseo, no como un objeto de disfrute para la mirada masculina.

La serie llegó a la pantalla tras haber ganado en el último Festival Internacional de Series de Cannes el premio de mejor serie y el de mejor interpretación femenina para su trío de actrices principales; en los Feroz consiguió además del ya mencionado mejor actor de reparto el de mejor comedia, por lo que tenía curiosidad por verla. Y lo cierto es que se me ha hecho muy corta. He de reconocer que, a pesar de compartir edad con las protagonistas, no me he sentido identificada con ellas. No obstante, eso no quita para que me haya resultado entretenida y que me haya gustado. Me parece que aporta un toque fresco y original con su historia. Y aunque es ácida y tiene un humor un tanto negro sabe encontrar el equilibrio entre lo trágico y lo cómico. No recurre al gag o chiste fácil, sino que busca la sonrisa en los defectos de los personajes o en cómo estos resuelven sus conflictos.

A finales de año Dolera publicó que había sido renovada por una segunda temporada, habrá que ver qué preparan ella y Burque para esta nueva etapa de María tras el nacimiento de la criatura y cómo van evolucionando el resto de miembros de su círculo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Counterpart

Reconozco que no soy muy fan de la ciencia ficción, pero cuando vi el trailer de Counterpart me gustó por su estética de thriller de espías. Y también por el giro de guion. Pero empecemos por el principio.

El piloto comienza con el día a día de Howard Silk, un hombre monótono y rutinario que cada mañana antes de ir a trabajar acude a una cafetería cercana para jugar una partida de Go. Después toma el transporte público y durante su trayecto lee una novela. Una vez en la agencia de espionaje de las Naciones Unidas en Berlín donde trabaja, entrega su móvil, se cambia de ropa y realiza sus tareas burocráticas siguiendo las pautas establecidas, por muy absurdo que parezca todo.

El espectador atiende a la sucesión de escenas sin saber muy bien a qué se dedica este anodino personaje. Todo tiene un cierto aire kafkiano. Pero lo cierto es que ni siquiera él sabe lo que hace ni por qué. Eso sí, después de treinta años siguiendo las normas cree que merece un mejor puesto, con más acción, y así se lo hace saber a su superior. Sin embargo, su jefe no lo considera lo suficientemente carismático como para ocupar un puesto en la sección de estrategia y le despacha rápido. Pronto descubre que ya han ascendido a uno de sus compañeros en su lugar.

Por tanto, continua con su vida y acude, como cada día, al hospital, a visitar a su mujer Emily, que lleva seis meses en coma tras sufrir un atropello.

Y así un día tras otro.

Sin embargo, a la jornada siguiente hay algo que pone patas arriba el mundo de Silk. A su llegada a la sede de las Naciones Unidas su pase no es válido y dos agentes de seguridad lo conducen a una sala en los sótanos donde se reunirá con su superior. Este le presenta una dimensión desconocida. Según le cuenta, durante un experimento fallido realizado en la Guerra Fría, quedó abierta una puerta a una realidad paralela a la que solo se puede acceder desde el edificio en el que trabajan. Y mientras Howard intenta asimiliar esta información, hacen entrar a un hombre encapuchado que resulta ser él mismo.

De repente el tipo gris al que le habían rechazado un ascenso por ser poco significativo se convierte en una pieza clave para el gobierno. Y es que hay alguien de una dimensión está matando a gente de la otra de forma indiscriminada y le necesitan para que su Doppelgänger ocupe su lugar y detener al fugitivo.

El otro Howard es totalmente opuesto al que ya habíamos conocido. Este tiene una personalidad más fuerte, es decidido y sí que ha ido escalando puestos, no se ha quedado en un mero subalterno. Y aquí tenemos Leit Motiv de la serie: el what if, el qué habría pasado si el primer Howard hubiera tenido algo más de arrojo que el del otro mundo, si hubiera tomado otro camino. Counterpart nos hace reflexionar en cómo nuestras decisiones y pasos condicionan nuestro futuro.

J. K. Simmons interpreta a ambos personajes con maestría. Tanto al taciturno que viste con tonos oscuros y se fija en los detalles, como al duro y directo. Asume a cada uno de los Howards dándole una porte y una actitud totalmente diferentes.

La ambientación de este universo de despachos y conversaciones secretas está muy conseguida con un tono apagado y opresivo que recuerda a los relatos clásicos de espías. Es un elemento más de la narración que sirve para introducirnos de lleno en el thriller.

Pero no hay que engañarse, no se trata solo de una serie de espionaje y conspiraciones gubernamentales con cierto toque de cine negro; sino que nos traslada a un drama humano al ahondar en la dualidad de los dos Howards.

Y es que si reflexionamos un poco tras el primer episodio nos damos cuenta de que ha sentado las bases de la serie, pero la información va apareciendo dosificada y nos deja con más preguntas que respuestas. Nos hemos metido de lleno en una intriga de la que apenas conocemos más que a sus protagonistas. Habrá que ver los 9 capítulos restantes de la primera temporada para ver si se van resolviendo las incógnitas.

Nueva serie a la lista “para ver”: Taboo

No soy muy aficionada a las series históricas, pero había oído buenos comentarios de Taboo, así que decidí darle una oportunidad.

Está ambientada en Londres en 1814, en pleno colonialismo europeo. Sin embargo, no se trata de un drama de época con localizaciones burguesas, palacetes, mansiones o casas de campo. Todo lo contrario, nos adentramos en el Londres más bajo, donde hay barro, oscuridad y peligro. El protagonista es James Keziah Delaney, quien regresa a Inglaterra al entierro de su padre tras llevar doce años en África. Su llegada supone una gran sorpresa, ya que todo el mundo le daba por muerto al haber naufragado su barco, incluida su hermanastra Zilpha.

Ha regresado para reclamar la herencia y así reconstruir su propia vida. Sin embargo, no lo tendrá fácil. Su legado es un pequeño territorio costero en la Costa Oeste de Norteamérica, el Estrecho de Nutka, frente a la isla de Vancouver. Es poco más que un páramo, pero daba acceso a la ruta comercial con China. Así pues, pronto la Compañía de las Indias Orientales ejercerá presión para que Delaney se lo entregue.

Pero el protagonista no está dispuesto a ceder, se tenga que oponer a la Compañía de las Indias Orientales, a Estados Unidos o a la Corona Británica. Es frío, calculador y poco dado a la charla trivial (a veces más que hablar incluso gruñe), no teme a ningún enemigo, por muy omnipotente que sea. Parece que ese territorio tiene algo que ver con su historia familiar, ya que su madre era una nativo-americana vendida como esclava.

Y esto me chirría un poco, ya que los genes parecieron perderse por el camino. Entiendo que la serie está creada por el propio Tom Hardy (y su padre que es guionista) y que pretendía interpretarla desde un primer momento. Pero no tiene sentido pretender criticar el colonialismo, los privilegios de los hombres blancos que aniquilaron el continente americano (y africano) o la esclavitud con un protagonista blanquito que parece salido de las calles de Newcastle. Debería haber buscado un actor mestizo para que resultase más creíble.

La serie también peca en darle demasiado protagonismo a Delaney. No sé si es que Tom Hardy tiene demasiado ego, pero Taboo desde luego está demasiado centrada en este antihéroe misterioso, rudo y oscuro. Y no será que tiene mal reparto (aunque demasiada testosterona), pero, al menos en el primer episodio, no parece que estén muy aprovechados. Es verdad que es el piloto y que generalmente suelen pecar de lentos y de ser demasiado introductorios, pero los 56 minutos que dura tampoco ayudan y resulta denso. Mucho.

La idea de la serie no es mala, pero con un solo capítulo me han quedado demasiadas incógnitas que resolver sobre Delaney, sus enemigos, su pasado, sus propósitos con ese territorio americano… Y no sé si es bueno porque me invita a ver los 7 capítulos restantes de la temporada, o porque me doy por vencida y paso a otra serie. Aún lo tengo por decidir.

Aunque estaba presentada como una única temporada, en formato miniserie, fue renovada por una segunda y tercera. Eso sí, a ritmo inglés, lo que quiere decir que se espaciará su emisión. Taboo quedará así estructurada como una obra en tres actos para completar la historia de Delaney.

Nueva serie a la lista “para ver”: The Good Fight

En mayo de 2016, tras 7 temporadas, finalizó The Good Wife, dando por concluida la evolución de la protagonista, Alicia Florrick. No obstante, aún quedaba mucho que contar de otros personajes que compartían despacho con ella, y así nace The Good Fight, estrenada en febrero de 2017.

Hay un salto temporal de un año con respecto al final de la serie madre, los Florrick han desaparecido de escena y Diane Lockhart se encuentra en el peor momento de su vida tanto en lo personal como en lo profesional. Se ha divorciado, su bufete es cada vez menos suyo (ahora es una lista de apellidos interminable que hace que la marca sea impronunciable) y para más inri, Trump ha llegado al poder. Así pues, desencantada con la vida, decide que es hora de dejar la abogacía, emplear el dinero que tiene ahorrado para comprarse una casa en la Toscana y retirarse a disfrutar de una merecida jubilación.

Sin embargo, ese dinero ha desaparecido en una estafa piramidal (y lo peor es que el contable era amigo suyo), así que no le queda otra que volver al trabajo. No obstante, en el bufete no se lo van a poner fácil y las condiciones que le ofrecen no son ni de lejos las que tenía antes de su renuncia. Por tanto, ha de buscar otros caminos para empezar (casi) de cero. Si The Good Wife era el proceso de Alicia Florrick de una inocente buena esposa a una mujer independiente y empoderada, The Good Fight es el renacer del Fénix.

En su búsqueda de un nuevo bufete que la acoja se encuentra con que todos aquellos que lamentaban su retirada y le decían palabras bonitas, ahora le dan la espalda por considerarla demasiado mayor para formar parte de sus despachos. La única oportunidad se la da Reddick y Boseman, un reputado bufete de afroamericanos. Porque sí, en el siglo XXI en Estados Unidos sigue habiendo discriminación por raza y hay casos que solo entienden y aceptan los despachos que cuentan con afroamericanos en nómina. En esta firma trabajan dos conocidos para los seguidores de The Good Wife:  Lucca Quinn y Julius Cane.

Y no son los únicos personajes repiten del reparto original, ya que también cuenta con las apariciones de los excompañeros David Lee y Howard Lyman, de muchos de los jueces, de algunos clientes como Colin Sweeney o de mi querida Elsbeth Tascioni.

Eso sí, a Alicia no se la espera, pues su relato ya está más que cerrado. Los creadores, el matrimonio King, ahora vienen a contar la historia de tres mujeres de diferente raza, edad y orientación sexual. Acompañarán a Diane en su nueva andadura su ayudante Marissa Gold, la hija de Elie, que ahora quiere ser detective y Maia Rindell, a quien todo el mundo odia por ser la hija del estafador.

No obstante, la serie sigue el esquema de su predecesora. Parece apuntar a que además de ser una serie coral con personajes bien trabajados, va a ser divertida e incisiva y vivir pegada a la actualidad. No hay más que ver ya de inicio la crítica a Trump.  Veremos qué tal le sienta a Diane este cambio de un bufete de burgueses blancos a uno en el que predominan los afroamericanos y ha de empezar de nuevo.

Cambia con respecto a The Good Wife el número de episodios por temporada (la primera cuenta con 10 y la segunda con 13). The Good Fight se emite en la plataforma de pago de la CBS y se ha adaptado a este formato más cercano a la docena de capítulos de mayor duración. Eso sí, ya han renovado por una tercera entrega. Parece que va a haber Diane Lockhart para largo. Y yo que me alegro.