Nueva serie a la lista “para ver”: Blinded

Blinded , adaptación de la exitosa novela Speed Blind de la periodista económica Carolina Neurath, quien a su vez se inspiró en hechos reales sucedidos recientemente en la banca sueca, gira en torno al día a día de la periodista financiera Bea Farkas, quien un día recibe un soplo que le alerta sobre irregularidades en el banco de inversiones ST, uno de los más importantes del país. Esta revelación podría ponerle sobre la pista de una muy buena historia que podría catapultar su carrera profesional, sin embargo el problema radica en que mantiene una relación sentimental con Peder Rooth, el CEO de la entidad, quien además está casado y tiene hijos. Así, Bea, una mujer que se considera independiente y profesional, se encontrará en la tesitura de tener que decidir entre ser una buena periodista e investigar sobre este mensaje anónimo o, por el contrario, mirar para otro lado para así salvar la carrera de Rooth.

Con el primer episodio, Blinded (Fartblinda en su versión original) me recuerda a la saga Millenium, no por la trama de Lisbeth Salander, sino por las de Mikael Blomkvist, otro sueco que también centraba su labor periodística en revelar y denunciar dudosas operaciones en el ámbito de banca y de los negocios. Y es que el mundo corporativo y financiero da para mucho: mentiras, desinformación, desfalcos, ilegalidades… Peder Rooth representa a ese paradigma de hombre de negocios con pico de oro que ha ido trepando a base de conquistar con su verborrea y contactos. Es un cliché andante con la típica esposa florero, los niños de anuncio, un casoplón de revista y un cochazo. Y una amante, claro, la joven e intuitiva reportera.

Aprovechando esta peculiar relación entre los dos protagonistas, la serie no solo reflexiona sobre el funcionamiento de las entidades bancarias y su oscura actividad, sino también sobre el periodismo. Bea no debería investigar el asunto por el hecho de que vaya a ascender u obtener prestigio, sino por ética periodística. Porque la profesión consiste en averiguar si las fuentes son fiables y presentar un artículo de la forma más objetiva posible, no de publicar todo lo que llega a la redacción con una mirada interesada.

Con solo un episodio no sabemos por dónde van a ir los tiros, si Bea guardará el secreto de Peder para salvar la relación o si él la manipulará de alguna forma para que calle y así no perder su estatus personal y profesional; pero desde luego el planteamiento resulta interesante. Como siempre, a mí la ficción escandinava (sea en formato libro o serie/película) con poco ya me tiene ganada, pues me gusta la manera en que se exponen los personajes y las tramas de una forma directa y clara. Sin duda, va a la lista de “series para ver“.

Nueva serie a la lista “para ver”: Baron Noir

Hace unos cuatro años, cuando parecía que el género político estaba en decadencia, Canal+ estrenó Baron Noir, una serie que narra los entresijos más oscuros de la política: corrupción, prevaricación, blanqueo de capitales, chantajes, compra de votos, financiación ilegal, manipulación, traiciones, venganzas… Se centra en la historia de Philippe Rickwaert, miembro del Parlamento y el alcalde de Dunkerque (ciudad industrial del norte de Francia), quien inicia un camino de venganza personal contra su compañero de partido y candidato a la presidencia del país, Francis Laugier, después de que este le sacrificara para proteger su propia campaña.

La trama arranca cuando, entre las dos rondas de la elección presidencial, Rickwaert recibe el chivatazo de que la policía judicial está investigando la financiación ilegal de la campaña del Partido Socialista y de que van a hacer un registro en su sede. Inmediatamente, y a contrarreloj, intenta recopilar el máximo dinero posible para ocultar ese desfalco y desprenderse de todas las pruebas que los incriminen. Sin embargo, todo se enturbia cuando el tesorero de su oficina, presionado para asumir la responsabilidad, se suicida. Es aquí cuando Laugier aparta a Rickwaert y se inicia una guerra entre ambos por hacerse con el poder del partido y salir impunes de cualquier acusación judicial. Philippe, que ha hecho toda su carrera en el Partido Socialista, se siente traicionado y recurre a sus conexiones gestadas durante años para ganar las luchas políticas en contra de todos aquellos que le han dado de lado. Su mayor aliada será Amelie Dorendeu, la consejera del candidato.

Este inicio recuerda mucho a House of Cards cuando Frank Underwood no consigue el puesto de Secretario de Estado que le habían prometido y comienza una cruzada contra sus enemigos en la que no le importa mancharse las manos de sangre. Philippe Rickwaert tiene un poco de Underwood, es un personaje que viene de humilde origen obrero y ha pateado las calles, los sindicatos y asociaciones, sin embargo no quiere quedarse en el ámbito municipal, sino que aspira a estar en lo más alto. Llegados a este punto, no se trata tanto de motivaciones económicas, sino que está cegado por la erótica del poder y le da igual que caiga quien caiga siempre y cuando él consiga su objetivo.

Es curioso cómo series sobre un tema como la política, que a priori a mucha gente le resulta aburrido, han conseguido despertar el interés de un buen número de espectadores. En este caso, Baron Noir ha recibido muy buenas críticas a nivel nacional, pero también internacional, gracias a su retrato tan realista de la actualidad política. Porque aunque muestre sin tapujos las cloacas de la política francesa, los temas que expone sobre la mesa (divisiones internas y luchas por el poder dentro de los partidos, la corrupción, las financiaciones ilegales…) son extrapolables en prácticamente todos los países. Además, independientemente de que sea una serie con un trasfondo político, no deja de ser un buen thriller en el que destacan las mentiras, las luchas de poder, las grandes traiciones y las venganzas planeadas a fuego lento.

Nueva serie a la lista “para ver”: Beforeigners

Es de noche en Oslo y mientras un grupo de jóvenes están pasando el rato en la rampa de la Ópera y una pareja firma la compra de un apartamento con vistas al fiordo ocurre un extraño suceso: tras un destello bajo el agua comienzan a emerger personas a la superficie. De primeras no se sabe quiénes son, ni cómo han llegado hasta ahí. Y lo más curioso de todo: que parecen provenir de otra época. Son los fremvandrerne o emigrantes de otra época. Este es el punto de partida de Beforeigners, la serie noruega de HBO Nordic que ha llegado a España y no tardaron en recomendarme sabiendo que aúna Noruega y thriller policíaco.

Tras este inicio, rápidamente hay un salto temporal de varios años y ya vemos cómo estas personas provenientes de tres épocas diferentes (la era prehistórica, la época vikinga y el siglo XIX) se han integrado (o lo intentan) al presente. Algunos se han asimilado, mientras que otros viven en guetos. Y es que la convivencia no es sencilla, ya que la llegada masiva de estos emigrantes se ha tomado por muchos ciudadanos del siglo XXI como una amenaza a la sociedad noruega actual. El conflicto radica, pues, en que todos sienten que están en su hogar, pero cada uno tiene sus costumbres.

Es interesante este enfoque, pues Beforeigners no se centra en intentar descubrir el misterio de que lleguen estos beforeigners (before + foreigners), sino que (al menos por lo visto en el piloto) deja que la trama siga su curso y que los acontecimientos vayan poniéndonos en situación. La serie no se articula puramente dentro del género de ciencia ficción, sino que sitúa como hilo conductor la investigación policial del asesinato de una mujer de la Prehistoria. Los encargados de resolver este crimen son los detectives que forman la pareja protagonista: Lars Haaland y Alfhildr Enginnsdottir, un binomio que me recuerda en cierta medida al de Bron/BroenY es que esta serie también pone en el centro a dos policías con personalidades muy diferentes, facilitando así una dinámica de contraste y enredo y aportando a la vez un tono cómico en situaciones un tanto dramáticas. Aquí el choque radica en las costumbres que mencionaba más arriba. Y es que Lars es del presente, pero Alfhildr es de la época vikinga (de hecho es la primera visitante en ser aceptada en el cuerpo de policía del siglo XXI). Es curioso además cómo para estos personajes prehistóricos y vikingos han elegido a un elenco no noruego, de forma que quede patente la diferencia de acentos entre el . Esto es algo que perdemos en la traducción, pero a lo que se hace alusión en varios momentos del piloto, sobre todo con la imposible pronunciación del nombre de la protagonista.

Al igual que el Henrik Sabroe de la coproducción sueco-danesa, aquí tenemos al típico prototipo de detective con problemas personales y adiciones; y aunque Alfhildr no tiene asperger como Saga Norén, también se siente fuera de lugar en más de una ocasión por su condición de viajera en el tiempo. En gran medida porque sus compañeros no se lo ponen fácil, sino que la reciben con escepticismo, hostilidad y burla. Tiene en común con la sueca además, que es una mujer fuerte y perseverante (no en vano, fue guerrera en su época) y que le va a quitar protagonismo a su compañero gracias a su carisma, naturalidad y desparpajo. Nos queda mucho por descubrir del pasado de ambos personajes y por los trailers parece que se nos irá desvelando a lo largo de los 6 episodios que consta la temporada. Asimismo, a medida que avance la investigación iremos conociendo cómo se las apañan las cuatro sociedades noruegas para vivir en una misma línea temporal.

En un panorama seriéfilo con tantas adaptaciones y remakes, creo que Beforeigners es una de las ficciones más originales del momento. Cuenta con una curiosa combinación de novela negra escandinava con ciencia ficción y crítica social que a priori parecería difícil de gestionar. Sin embargo, engancha gracias a la novedad de cambiar los clásicos viajes temporales por unos en los que el movimiento se da del pasado al presente. Y claro, no es lo mismo viajar al pasado sabiendo cómo fue aquella época gracias a la documentación, que hacerlo al futuro y que este te descoloque totalmente los esquemas. Y, a pesar de lo insólito del planteamiento, lo cierto es que la historia consigue fluir con gran naturalidad, quizá porque el abordaje de la cuestión migratoria no nos suena tan distópico. Si sustituimos la cronofobia por xenofobia, la situación nos recuerda mucho al presente poniendo sobre la mesa cuestiones como los problemas sociales, económicos, administrativos y de integración que se encuentran los inmigrantes y refugiados cuando llegan a un país ajeno.

Una serie que, sin ningún lugar a dudas, merece la pena estar en nuestra lista de series “para ver”.

Vida Perfecta

Vida perfecta arranca con María y Gustavo, una pareja de treinteañeros que están a punto de firmar la hipoteca de su casa. No obstante, cuando ella pide un boli de un color específico para firmar, él estalla y rompe la relación arguyendo que no se siente preparado para comprometerse tan a largo plazo con ella. María es una mujer a la que le gusta tener todo el control y que ya había planificado su vida perfecta: trabajo, casarse con su novio de siempre, casa propia, niños… Sin embargo, con esta ruptura ve cómo su mundo se desmorona como un castillo de naipes y no sabe por dónde empezar a levantarlo. Deprimida, recurre a su hermana Esther, quien le da la razón a Gustavo y le abre los ojos sobre su cuadriculada existencia. Así, decide romper con esa María compulsivamente calculadora y dejar salir a una nueva María más rebelde y espontánea. Y para ello se propone tres objetivos: cortarse el pelo (que lleva igual desde hace años), drogarse y tener sexo con el primero que se le cruce.

Con los trasquilones aún recientes y totalmente colocadas, las hermanas acuden a la fiesta de cumpleaños de la hija de su amiga común Cristina. Y es allí donde María cumple el tercer punto de la lista y se acuesta con Gari, el jardinero de su amiga. Por si el mundo no se le hubiera puesto patas arriba, pronto descubre que se ha quedado embarazada y cuando busca a Gari para comunicárselo se entera de que tiene una discapacidad mental. María ha pasado de tenerlo todo perfectamente milimetrado desde la adolescencia a que todo se escape a su control. Es gracias a Esther y a Cristina que intenta reconfigurar su vida. Aunque ellas también tienen sus propios problemas.

Esther es lo opuesto a su hermana. Ella es un alma libre que vive de alquiler, no quiere ser madre y tiene relaciones esporádicas. Es pintora y, aunque es feliz pintando y disfrutando de su libertad, apenas consigue vender. De repente cumple 40 años y se le viene encima una crisis cuando su entorno le da a entender que se ha quedado estancada en una eterna adolescencia. Hasta ese momento era feliz, pero comienza a replantearse su existencia al ver que no encaja en lo que la sociedad espera de ella.

Cristina por su parte sí que cumple con este modelo de mujer perfecta. Es una abogada de éxito, está casada, tiene una buena casa, coche, marido y dos hijas. Sin embargo, tampoco es todo tan bonito como parece. Sufre también una crisis de identidad porque aunque se supone que lo tiene todo, no es feliz. Siente que le falta algo. Su marido no colabora en casa, por lo que ella carga con todo el peso de la casa y las niñas. Como consecuencia su trabajo se resiente y tiene que soportar los comentarios paternalistas de su jefe sobre que quizá sería mejor que se redujera la jornada. Por supuesto, este cansancio y hastío repercute en su humor y en su relación de pareja. Para cubrir este vacío que siente en su vida intenta reconectar con su sexualidad y comienza a tener encuentros extraconyugales.

La serie pone en el centro de la trama a tres mujeres que se enfrentan cada una a su manera a una crisis de madurez . Sin embargo, pese a sus diferencias de caracteres y de situación personal lo hacen unidas, apoyándose unas a las otras. Triunfa la amistad y la sororidad. Refuerza la idea de que hay que quererse a una misma y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse; de que no todo es cumplir con la lista de trabajo, casa, matrimonio e hijos, sino que hay vida más allá de las responsabilidades; y de que nunca hay que perderse por el camino ni renunciar a una misma. Sí, son las tres amigas quienes cargan con todo el peso de la serie, y además, entre las actrices hay muy buena química; sin embargo, Enric Auquer en su papel de Gari les roba todo el protagonismo, no es de extrañar que le dieran el Feroz por mejor actor de reparto.

Compuesta por ocho capítulos de unos 25 minutos, la primera temporada de Vida perfecta ahonda pues en el viaje vital de estas tres mujeres y reflexiona sobre la familia, la maternidad, la pareja, la vida sexual, la infidelidad, el deseo, el éxito, la frustración, la amistad, las expectativas de la sociedad o la discapacidad. No da respuestas ni juzga, pero sí pone sobre la mesa muchas preguntas sobre qué es en realidad una vida perfecta y quién lo dictamina.

Con Cristina se cuestiona el papel de la supermujer que asume todo el trabajo doméstico y de cuidados pero que además no quiere renunciar a su carrera laboral. Lógicamente no llega a todo, está cansada y a veces desearía no haber sido madre. Quiere mucho a sus hijas, sí, pero es consciente de que la maternidad no es tan idílica como pensaba. Verbaliza un tema que aún es un tabú: ha perdido su identidad como mujer para ser solo madre y esposa. Con María sin embargo se va más allá de la maternidad idealizada. Con su inesperado embarazo se habla de los diferentes modelos de familia y de la discapacidad. Gari tiene diversidad funcional, pero no es algo que le defina. De hecho, su personaje está tratado con mimo, sin atisbo de mirada paternalista. Por último, con  el personaje de Esther se plantea quién determina el éxito, cómo se mide. ¿Es lo que hace feliz a una misma o lo determina la sociedad? También se adentra en el mundo de las redes sociales y cómo pueden distorsionar la realidad y conectar con las inseguridades.

Pero si hay algo transversal en la serie es poner en el centro la sexualidad femenina. Normaliza el sexo causal tan habitual en los hombres, pero tan mal visto en las mujeres. Vida perfecta presenta para variar a la mujer como un sujeto de deseo, no como un objeto de disfrute para la mirada masculina.

La serie llegó a la pantalla tras haber ganado en el último Festival Internacional de Series de Cannes el premio de mejor serie y el de mejor interpretación femenina para su trío de actrices principales; en los Feroz consiguió además del ya mencionado mejor actor de reparto el de mejor comedia, por lo que tenía curiosidad por verla. Y lo cierto es que se me ha hecho muy corta. He de reconocer que, a pesar de compartir edad con las protagonistas, no me he sentido identificada con ellas. No obstante, eso no quita para que me haya resultado entretenida y que me haya gustado. Me parece que aporta un toque fresco y original con su historia. Y aunque es ácida y tiene un humor un tanto negro sabe encontrar el equilibrio entre lo trágico y lo cómico. No recurre al gag o chiste fácil, sino que busca la sonrisa en los defectos de los personajes o en cómo estos resuelven sus conflictos.

A finales de año Dolera publicó que había sido renovada por una segunda temporada, habrá que ver qué preparan ella y Burque para esta nueva etapa de María tras el nacimiento de la criatura y cómo van evolucionando el resto de miembros de su círculo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Stumptown

Stumptown viene a significar literalmente ciudad de los tocones y es uno de los nombres por los que se conoce a Portland desde que a mediados del siglo XIX se talaron los árboles para construir viviendas, pero se dejaron los tocones, ya que sacarlos de raíz era demasiado esfuerzo. También es el nombre de un cómic cuya acción se desarrolla en esta ciudad estadounidense. La cadena ABC ha llevado esta historia a la pequeña pantalla y el encargado de su adaptación es Greg Rucka, uno de los creadores (también de Gotham Central).

Protagonizada por Cobie Smulders (Cómo conocí a vuestra madre, Amigos de la Universidad, Agentes de S.H.I.E.L.D), la serie sigue a Dex Parios, una veterana marine que sobrevive a duras penas tras regresar de Afganistán. Intenta superar la muerte de su exprometido y el síndrome de estrés postraumático con la ayuda del alcohol y del juego.

Este primer episodio comienza con dos tipos conduciendo un coche destartalado al que no le funciona la radio correctamente y que pronto se ven atacados por una mujer que se ha escapado del maletero. Un inicio un tanto caótico que consigue enganchar al espectador no solo por la dosis de acción, sino también por el carisma de un personaje con recursos ante unas circunstancias complicadas. Cuando la serie ya tiene nuestra atención, retrocede un poco en la línea temporal para así presentarnos a la protagonista con más detalle y saber cómo ha llegado a esa situación.

Asfixiada por las deudas y sin ser capaz de mantener un trabajo estable con el que salir adelante no solo ella, sino su hermano menor, Dex decide aceptar el encargo de encontrar a la nieta desaparecida de la jefa del casino navajo a la que debe dinero. Da la casualidad de que la joven es la hija del hombre con el que estuvo a punto de casarse. Este caso sirve para ahondar en el personaje de Parios, una gran detective gracias a su experiencia militar, pero con muchos traumas a sus espaldas y un comportamiento autodestructivo.

En cierta manera recuerda a Jessica Jones: ambas son personajes de cómics; tienen un pasado traumático; se refugian en el alcohol, sexo esporádico y trabajo; ejercen como detectives y se valen por sí mismas. Sin embargo, la protagonista de Stumptown no es tan oscura; es una mujer con problemas que recurre al sarcasmo para sobrellevar los reveses de la vida. Y tampoco tiene superpoderes, sino que compensa la desventaja física que pueda tener con respecto a su adversario con astucia, agilidad y entrenamiento militar. Cobie Smulders consigue sacar el máximo partido a Dex mostrando una mujer que es tanto fuerte y segura de sí misma como vulnerable. Es capaz de transmitir diferentes caras de esta compleja exmarine, ya sea en escenas más dramáticas o en otras más livianas y humorísticas.

La detective Parios tiene pocas relaciones, las únicas que parece tomarse en serio son la de su hermano Ansel y la de su amigo Grey McConnell, que regenta un bar (si jones tenía a Luke Cage, esta tiene a Grey). Personaje que por cierto está interpretado por Jake Johnson y que guarda ciertas similitudes con aquel que ya tenía en New Girl. La conexión con la policía es el agente Miles Hoffman (Michael Ealy, conocido por The Good Wife), quien le remite casos que requieren de algún tipo de investigación poco ortodoxa. Completa el reparto la Teniente Cosgrove (la Camryn Manheim de El abogado o Entre fantasmas).

Stumptown no deja de ser un procedimental al uso tan típico en las cadenas en abierto. Tiene de novedoso el carácter de Dex Parios, el toque de humor y un escenario tan poco conocido en las ficciones televisivas como es Portland. Tiene ritmo, acción y unos personajes interesantes. Ahora falta por ver si es capaz de mantener la evolución de su protagonista y no perder la esencia mostrada en este primer episodio.

Sin duda un estreno muy a tener en cuenta si se es amante del género detectivesco. De momento cuenta con una temporada de 18 capítulos. Habrá que ver cómo sigue y si consigue mantener el interés.

Nueva serie a la lista “para ver”: Atrapa un ladrón

Basada en To Catch a Thief de Alfred Hitchcock (que a su vez versionaba la novela homónima de David Dodge), Atrapa a un Ladrón sigue la historia de un ladrón de obras de arte ya rehabilitado que intenta desenmascarar a un impostor que está robando en su nombre. No obstante, la serie no es un remake de la película troceada en episodios, sino que parte de un punto de arranque similar a la cinta para luego enfocar la trama desde una nueva perspectiva adaptada a la actualidad. Eso sí, mantiene guiños y referencias al filme original a lo largo de toda la historia.

Juan Robles, apodado El Gato, dio su último golpe en 2009 robando un cuadro por valor de 4 millones de dólares. Desde entonces lleva afincado en la Ciudad Condal y trabaja como galerista de arte. En el primer episodio se casa con Lola Garay, casualmente inspectora de los Mossos d’Esquadra especializada en robos pero que no conoce el pasado de su nuevo marido. Esto ya supone una ligera modificación con respecto a la obra de Hitchcock, ya que en aquella la pareja protagonista estaba formada por el típico galán (Cary Grant) que engaña a una caprichosa heredera (Grace Kelly), quien está disfrutando de su vida ociosa en la Costa Azul francesa. Javier Olivares (creador también de El Ministerio del Tiempo) ha adaptado así los personajes a este siglo sustituyendo la mujer florero que solo se preocupa por su aspecto y por engatusar a algún hombre adinerado por una independiente económicamente, con un trabajo en el que es valorada, que toma sus propias decisiones y es capaz de servir como contrapunto de su compañero masculino, no como una mera comparsa. En esta versión además entra en escena un tercer personaje: el de Diego, expareja de Lola, que trabaja en la Interpol.

El capítulo inicial nos entrelaza la trama principal con las secundarias y a la vez intercala el presente con flashbacks del pasado. Nos conduce hacia una historia que mezcla el romance de estos dos protagonistas principales con el misterio, la conspiración y un juego de persecución entre policías y ladrones. Es una ficción sencilla que se basa en una estructura clásica de drama ligero con toques de suspense y humor, pero muy blanca. El ritmo es ágil y aunque no parece ser la serie de la temporada, funciona bien como mero entretenimiento. Parece de esas series que ves para evadirte sin necesidad de pensar en el trasfondo.

Además, se agradece que esté estructurada en capítulos autoconclusivos (típico de Olivares, que reconoce que no le gustan los cliffhangers) y con una duración de 50 minutos y no de 70 como viene siendo habitual en las series españolas.

Cuenta con una temporada de diez capítulos y según su creador el último bien puede funcionar como final, pero también deja un resquicio a la continuación. De nuevo siguiendo el estilo de Olivares que ya vimos en El Ministerio del Tiempo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Bodyguard

Bodyguard llega a Netflix tras haber roto todos los récords de audiencia en Gran Bretaña. Producida por la BBC, ha sido la sensación del año por encima de otros grandes éxitos como Years and Years. Por ejemplo, el día de la emisión del último episodio reunió más de 17 millones de personas, aproximadamente un 40% del share. Creada y escrita por Jed Mercurio (Line of Duty), consta de seis episodios (no hay confirmada su continuación) y está protagonizada por Richard Madden (Rob Stark en Juego de Tronos) y Keeley Hawes.

Bodygard arranca con el protagonista, David Budd, frustrando un atentado terrorista en un tren en el que volvía a casa con sus hijos pequeños. Tras esta actuación el exmilitar ahora reconvertido en sargento de la Policía Metropolitana de Londres es ascendido a escolta personal de la Ministra de Interior británica, Julia Montague, una política conservadora que en el pasado apoyó la intervención militar en Afganistán. Precisamente aquella de la que Budd regresó cargado de secuelas. Separado y alcohólico por sufrir estrés postraumático, este veterano de guerra se encuentra en una encrucijada moral al tener que dejar de lado su vida personal y ser todo un profesional protegiendo a alguien que defiende unas ideas totalmente contrarias a las suyas.

Hawes se encuentra en el punto de mira al elevar el discurso sobre la inmigración y el terrorismo islámico. Es una mujer que aspira a convertirse en la próxima residente de Downing St., por lo que es objetivo tanto de ataques externos, como de internos. Molesta por su ambición, agresividad y liderazgo. Es una mujer que no disimula sus ansias de poder.

Bodygard presenta un thriller en el que la tensión aparece desde el minuto uno. Tensión en la trama ya desde el arranque que nos recuerda más a una película de espías clásica que de una serie de televisión; y tensión entre los personajes ya que apuesta por la relación compleja entre sus dos protagonistas. Ella ambiciosa, poderosa y fuerte; él herido emocionalmente y contenido profesionalmente. Cuenta además con una buena dosis de intriga gracias a una trama cargada de espionaje, crimen, conflictos de intereses y ambición de los poderes políticos. La fotografía acompaña, con ese toque frío tan característico de las series británicas y tan urbano, propio de Londres.

Algo tienen las ficciones policíacas, que no dejan de engancharme. Habrá que comprobar por qué ha enganchado a tantos británicos.

Nueva serie a la lista “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Nueva serie a la lista “para ver”: Pequeñas Coincidencias

Rompiendo un poco con la costumbre de ver casi siempre series dramáticas, recientemente vimos el piloto de Pequeñas coincidencias, una comedia española que parece que estaba funcionando muy bien internacionalmente.

La idea de la serie viene de Javier Veiga, quien además de guionista y director es también uno de los protagonistas. Le acompaña delante de la pantalla Marta Hazas, su mujer en la vida real. Interpretan a Javier y Marta (sí, muy originales no han sido con los nombres), dos individuos que de primeras no se conocen, pero que ya en el primer episodio vemos que parecen destinados a encontrarse. Ella se encuentra en un buen momento profesional, ya que está ilusionada por la apertura de su tienda de vestidos de novia. Sin embargo, en lo personal se encuentra en una situación totalmente diferente pues, desilusionada con su pareja, decide poner fin a la relación. Él por su lado es crítico gastronómico y disfruta de su vida como soltero saltando de cama en cama, saliendo con sus amigos y viviendo con su hermano quien se ha acoplado en su casa tras el divorcio.

Pero, cuando parece que ninguno de los dos tiene intención de complicarse la vida, de repente se les empieza a pasar por la cabeza la idea de tener hijos. De primeras no tienen nada en común y cada uno tiene una forma diferente de entender el amor y la vida, sin embargo, parecen compartir pequeñas coincidencias y estar destinados a encontrarse.

La serie sigue una estructura y un estilo típicos de las comedias románticas de los años 90, aquellas en las que chico y chica se ven envueltos en rocambolescas casualidades y sabemos desde el principio que acabarán juntos. Aunque está actualizada introduciendo las redes sociales y la presión social de la vida moderna, es sencilla y sin muchas pretensiones. No plantea una introspección emocional sobre la maternidad, sino que se centra en contar la historia de Javi y Marta.

La estética, el ritmo y la trama funcionan. Al menos así de primeras. Tiene una buena fotografía que se desmarca de las típicas series familiares y se acerca más a las películas. Le fallan sin embargo los secundarios, demasiado estereotipados: el mejor amigo de la protagonista que es gay (y diseñador de vestidos de novia), los amigos fiesteros de él, el hermano divorciado que no sabe qué hacer con su vida (interpretado además por un Juan Ibáñez Pérez que deja mucho que desear). No obstante, en general resulta entretenida y me arrancó varias sonrisas y alguna que otra carcajada, sobre todo con la entrada en escena del padre y hermano de la protagonista. Habrá que ver si en el resto de la temporada se mantiene el ritmo y si hay química entre la futura pareja.

La primera temporada cuenta con 8 capítulos de 50 minutos, reduciendo notablemente la duración habitual en las series españolas. Es así mucho más fácil de ver y va más al grano, sin relleno innecesario.Ha sido renovada por una segunda que, sin embargo, se ha adaptado a la tradición internacional y constará de 12 episodios de media hora.

Nueva serie a la lista “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.