Nueva serie a la lista “para ver”: Stumptown

Stumptown viene a significar literalmente ciudad de los tocones y es uno de los nombres por los que se conoce a Portland desde que a mediados del siglo XIX se talaron los árboles para construir viviendas, pero se dejaron los tocones, ya que sacarlos de raíz era demasiado esfuerzo. También es el nombre de un cómic cuya acción se desarrolla en esta ciudad estadounidense. La cadena ABC ha llevado esta historia a la pequeña pantalla y el encargado de su adaptación es Greg Rucka, uno de los creadores (también de Gotham Central).

Protagonizada por Cobie Smulders (Cómo conocí a vuestra madre, Amigos de la Universidad, Agentes de S.H.I.E.L.D), la serie sigue a Dex Parios, una veterana marine que sobrevive a duras penas tras regresar de Afganistán. Intenta superar la muerte de su exprometido y el síndrome de estrés postraumático con la ayuda del alcohol y del juego.

Este primer episodio comienza con dos tipos conduciendo un coche destartalado al que no le funciona la radio correctamente y que pronto se ven atacados por una mujer que se ha escapado del maletero. Un inicio un tanto caótico que consigue enganchar al espectador no solo por la dosis de acción, sino también por el carisma de un personaje con recursos ante unas circunstancias complicadas. Cuando la serie ya tiene nuestra atención, retrocede un poco en la línea temporal para así presentarnos a la protagonista con más detalle y saber cómo ha llegado a esa situación.

Asfixiada por las deudas y sin ser capaz de mantener un trabajo estable con el que salir adelante no solo ella, sino su hermano menor, Dex decide aceptar el encargo de encontrar a la nieta desaparecida de la jefa del casino navajo a la que debe dinero. Da la casualidad de que la joven es la hija del hombre con el que estuvo a punto de casarse. Este caso sirve para ahondar en el personaje de Parios, una gran detective gracias a su experiencia militar, pero con muchos traumas a sus espaldas y un comportamiento autodestructivo.

En cierta manera recuerda a Jessica Jones: ambas son personajes de cómics; tienen un pasado traumático; se refugian en el alcohol, sexo esporádico y trabajo; ejercen como detectives y se valen por sí mismas. Sin embargo, la protagonista de Stumptown no es tan oscura; es una mujer con problemas que recurre al sarcasmo para sobrellevar los reveses de la vida. Y tampoco tiene superpoderes, sino que compensa la desventaja física que pueda tener con respecto a su adversario con astucia, agilidad y entrenamiento militar. Cobie Smulders consigue sacar el máximo partido a Dex mostrando una mujer que es tanto fuerte y segura de sí misma como vulnerable. Es capaz de transmitir diferentes caras de esta compleja exmarine, ya sea en escenas más dramáticas o en otras más livianas y humorísticas.

La detective Parios tiene pocas relaciones, las únicas que parece tomarse en serio son la de su hermano Ansel y la de su amigo Grey McConnell, que regenta un bar (si jones tenía a Luke Cage, esta tiene a Grey). Personaje que por cierto está interpretado por Jake Johnson y que guarda ciertas similitudes con aquel que ya tenía en New Girl. La conexión con la policía es el agente Miles Hoffman (Michael Ealy, conocido por The Good Wife), quien le remite casos que requieren de algún tipo de investigación poco ortodoxa. Completa el reparto la Teniente Cosgrove (la Camryn Manheim de El abogado o Entre fantasmas).

Stumptown no deja de ser un procedimental al uso tan típico en las cadenas en abierto. Tiene de novedoso el carácter de Dex Parios, el toque de humor y un escenario tan poco conocido en las ficciones televisivas como es Portland. Tiene ritmo, acción y unos personajes interesantes. Ahora falta por ver si es capaz de mantener la evolución de su protagonista y no perder la esencia mostrada en este primer episodio.

Sin duda un estreno muy a tener en cuenta si se es amante del género detectivesco. De momento cuenta con una temporada de 18 capítulos. Habrá que ver cómo sigue y si consigue mantener el interés.

Nueva serie a la lista “para ver”: Atrapa un ladrón

Basada en To Catch a Thief de Alfred Hitchcock (que a su vez versionaba la novela homónima de David Dodge), Atrapa a un Ladrón sigue la historia de un ladrón de obras de arte ya rehabilitado que intenta desenmascarar a un impostor que está robando en su nombre. No obstante, la serie no es un remake de la película troceada en episodios, sino que parte de un punto de arranque similar a la cinta para luego enfocar la trama desde una nueva perspectiva adaptada a la actualidad. Eso sí, mantiene guiños y referencias al filme original a lo largo de toda la historia.

Juan Robles, apodado El Gato, dio su último golpe en 2009 robando un cuadro por valor de 4 millones de dólares. Desde entonces lleva afincado en la Ciudad Condal y trabaja como galerista de arte. En el primer episodio se casa con Lola Garay, casualmente inspectora de los Mossos d’Esquadra especializada en robos pero que no conoce el pasado de su nuevo marido. Esto ya supone una ligera modificación con respecto a la obra de Hitchcock, ya que en aquella la pareja protagonista estaba formada por el típico galán (Cary Grant) que engaña a una caprichosa heredera (Grace Kelly), quien está disfrutando de su vida ociosa en la Costa Azul francesa. Javier Olivares (creador también de El Ministerio del Tiempo) ha adaptado así los personajes a este siglo sustituyendo la mujer florero que solo se preocupa por su aspecto y por engatusar a algún hombre adinerado por una independiente económicamente, con un trabajo en el que es valorada, que toma sus propias decisiones y es capaz de servir como contrapunto de su compañero masculino, no como una mera comparsa. En esta versión además entra en escena un tercer personaje: el de Diego, expareja de Lola, que trabaja en la Interpol.

El capítulo inicial nos entrelaza la trama principal con las secundarias y a la vez intercala el presente con flashbacks del pasado. Nos conduce hacia una historia que mezcla el romance de estos dos protagonistas principales con el misterio, la conspiración y un juego de persecución entre policías y ladrones. Es una ficción sencilla que se basa en una estructura clásica de drama ligero con toques de suspense y humor, pero muy blanca. El ritmo es ágil y aunque no parece ser la serie de la temporada, funciona bien como mero entretenimiento. Parece de esas series que ves para evadirte sin necesidad de pensar en el trasfondo.

Además, se agradece que esté estructurada en capítulos autoconclusivos (típico de Olivares, que reconoce que no le gustan los cliffhangers) y con una duración de 50 minutos y no de 70 como viene siendo habitual en las series españolas.

Cuenta con una temporada de diez capítulos y según su creador el último bien puede funcionar como final, pero también deja un resquicio a la continuación. De nuevo siguiendo el estilo de Olivares que ya vimos en El Ministerio del Tiempo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Bodyguard

Bodyguard llega a Netflix tras haber roto todos los récords de audiencia en Gran Bretaña. Producida por la BBC, ha sido la sensación del año por encima de otros grandes éxitos como Years and Years. Por ejemplo, el día de la emisión del último episodio reunió más de 17 millones de personas, aproximadamente un 40% del share. Creada y escrita por Jed Mercurio (Line of Duty), consta de seis episodios (no hay confirmada su continuación) y está protagonizada por Richard Madden (Rob Stark en Juego de Tronos) y Keeley Hawes.

Bodygard arranca con el protagonista, David Budd, frustrando un atentado terrorista en un tren en el que volvía a casa con sus hijos pequeños. Tras esta actuación el exmilitar ahora reconvertido en sargento de la Policía Metropolitana de Londres es ascendido a escolta personal de la Ministra de Interior británica, Julia Montague, una política conservadora que en el pasado apoyó la intervención militar en Afganistán. Precisamente aquella de la que Budd regresó cargado de secuelas. Separado y alcohólico por sufrir estrés postraumático, este veterano de guerra se encuentra en una encrucijada moral al tener que dejar de lado su vida personal y ser todo un profesional protegiendo a alguien que defiende unas ideas totalmente contrarias a las suyas.

Hawes se encuentra en el punto de mira al elevar el discurso sobre la inmigración y el terrorismo islámico. Es una mujer que aspira a convertirse en la próxima residente de Downing St., por lo que es objetivo tanto de ataques externos, como de internos. Molesta por su ambición, agresividad y liderazgo. Es una mujer que no disimula sus ansias de poder.

Bodygard presenta un thriller en el que la tensión aparece desde el minuto uno. Tensión en la trama ya desde el arranque que nos recuerda más a una película de espías clásica que de una serie de televisión; y tensión entre los personajes ya que apuesta por la relación compleja entre sus dos protagonistas. Ella ambiciosa, poderosa y fuerte; él herido emocionalmente y contenido profesionalmente. Cuenta además con una buena dosis de intriga gracias a una trama cargada de espionaje, crimen, conflictos de intereses y ambición de los poderes políticos. La fotografía acompaña, con ese toque frío tan característico de las series británicas y tan urbano, propio de Londres.

Algo tienen las ficciones policíacas, que no dejan de engancharme. Habrá que comprobar por qué ha enganchado a tantos británicos.

Nueva serie a la lista “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Nueva serie a la lista “para ver”: Pequeñas Coincidencias

Rompiendo un poco con la costumbre de ver casi siempre series dramáticas, recientemente vimos el piloto de Pequeñas coincidencias, una comedia española que parece que estaba funcionando muy bien internacionalmente.

La idea de la serie viene de Javier Veiga, quien además de guionista y director es también uno de los protagonistas. Le acompaña delante de la pantalla Marta Hazas, su mujer en la vida real. Interpretan a Javier y Marta (sí, muy originales no han sido con los nombres), dos individuos que de primeras no se conocen, pero que ya en el primer episodio vemos que parecen destinados a encontrarse. Ella se encuentra en un buen momento profesional, ya que está ilusionada por la apertura de su tienda de vestidos de novia. Sin embargo, en lo personal se encuentra en una situación totalmente diferente pues, desilusionada con su pareja, decide poner fin a la relación. Él por su lado es crítico gastronómico y disfruta de su vida como soltero saltando de cama en cama, saliendo con sus amigos y viviendo con su hermano quien se ha acoplado en su casa tras el divorcio.

Pero, cuando parece que ninguno de los dos tiene intención de complicarse la vida, de repente se les empieza a pasar por la cabeza la idea de tener hijos. De primeras no tienen nada en común y cada uno tiene una forma diferente de entender el amor y la vida, sin embargo, parecen compartir pequeñas coincidencias y estar destinados a encontrarse.

La serie sigue una estructura y un estilo típicos de las comedias románticas de los años 90, aquellas en las que chico y chica se ven envueltos en rocambolescas casualidades y sabemos desde el principio que acabarán juntos. Aunque está actualizada introduciendo las redes sociales y la presión social de la vida moderna, es sencilla y sin muchas pretensiones. No plantea una introspección emocional sobre la maternidad, sino que se centra en contar la historia de Javi y Marta.

La estética, el ritmo y la trama funcionan. Al menos así de primeras. Tiene una buena fotografía que se desmarca de las típicas series familiares y se acerca más a las películas. Le fallan sin embargo los secundarios, demasiado estereotipados: el mejor amigo de la protagonista que es gay (y diseñador de vestidos de novia), los amigos fiesteros de él, el hermano divorciado que no sabe qué hacer con su vida (interpretado además por un Juan Ibáñez Pérez que deja mucho que desear). No obstante, en general resulta entretenida y me arrancó varias sonrisas y alguna que otra carcajada, sobre todo con la entrada en escena del padre y hermano de la protagonista. Habrá que ver si en el resto de la temporada se mantiene el ritmo y si hay química entre la futura pareja.

La primera temporada cuenta con 8 capítulos de 50 minutos, reduciendo notablemente la duración habitual en las series españolas. Es así mucho más fácil de ver y va más al grano, sin relleno innecesario.Ha sido renovada por una segunda que, sin embargo, se ha adaptado a la tradición internacional y constará de 12 episodios de media hora.

Nueva serie a la lista “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.

Nueva serie a la lista “para ver”: Sex Education

A principios de año Netflix estrenó Sex Education, una serie que sigue la historia de Otis Milburn, un adolescente de 16 años, que monta junto con Eric (su mejor amigo) y Maeve (la chica rebelde) una asesoría sexual en el instituto. Otis no es de los más populares en su centro, ni siquiera tiene experiencia sexual, pero cuando Maeve descubre que su madre es terapeuta sexual y que a lo largo de los años ha adquirido gran conocimiento sobre el tema, ve la oportunidad de negocio.

Con este punto de partida puede inducir a error y llevar a pensar de que se trata de una típica comedia de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Sin embargo, lo importante no es el qué sino el cómo. Es decir, hay jóvenes y sexo, sí, pero la novedad es que intenta huir de los manidos clichés. Así, en lugar de mostrar a las pandillas de chicos retándose para ver quién “consigue” antes a la chica, o recurrir a la cosificación y la humillación; en Sex Education el sexo se presenta desde una óptica positiva, como un aspecto más de la vida que afecta por igual tanto a unos como a otras. No hay quien no tenga dudas o sienta inseguridad, miedo o presión. Y menos a esa edad. Y aunque hay sexo explícito y los diálogos son frescos y sin pelos en la lengua, no hay escenas forzadas o conversaciones que parezcan metidas con calzador. Tampoco resulta obsceno.

Creo que lo que funciona, al menos si nos basamos en este primer episodio, es que no se centra en el aspecto físico, sino que ahonda en los sentimientos. Parece que la asesoría de Otis va a ir más enfocada a las inseguridades y la vulnerabilidad de sus compañeros que a recomendar técnicas o posturas. Aunque habrá que ver el resto de la temporada para confirmar (cuenta con 8 capítulos y ya está renovada para una segunda).

Sin embargo, no todo son luces, también hay alguna sombra. Y es que hay algunos personajes un tanto estereotipados, como esa chica rebelde que viste de una forma un tanto llamativa y se esconde para fumar, el chico gay marginado, la chica que se deja mangonear por el grupo de populares, o el hijo del director que además es el típico abusón. No obstante, parece que el elenco está bastante bien elegido, desde el protagonista hasta los secundarios, sin olvidar a Gillian Anderson.

Otra cosa que me descolocó un poco fue la ambientación. A pesar de tratarse de una serie británica y tener su característico tono y diversidad racial de los personajes; los estudiantes no visten de uniforme (como sí ocurre en Reino Unido) y el instituto parece más el típico estadounidense de tantas otras series de adolescentes (Awkward, Veronica Mars, Suburgatory, Buffy…). Adicionalmente parece que está centrada en el presente por el enfoque y la tecnología, pero tiene cierto aura noventero, sobre todo si nos fijamos en la vestimenta de los protagonistas. O a lo mejor es que la moda británica es diferente.

Aún así, con todo, me ha parecido entretenida, divertida, diferente y que tiene bastante que aportar, así que la añadimos a la infinita lista de series “para ver“.