Serie nueva: “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.

Nueva serie “para ver”: Sex Education

A principios de año Netflix estrenó Sex Education, una serie que sigue la historia de Otis Milburn, un adolescente de 16 años, que monta junto con Eric (su mejor amigo) y Maeve (la chica rebelde) una asesoría sexual en el instituto. Otis no es de los más populares en su centro, ni siquiera tiene experiencia sexual, pero cuando Maeve descubre que su madre es terapeuta sexual y que a lo largo de los años ha adquirido gran conocimiento sobre el tema, ve la oportunidad de negocio.

Con este punto de partida puede inducir a error y llevar a pensar de que se trata de una típica comedia de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Sin embargo, lo importante no es el qué sino el cómo. Es decir, hay jóvenes y sexo, sí, pero la novedad es que intenta huir de los manidos clichés. Así, en lugar de mostrar a las pandillas de chicos retándose para ver quién “consigue” antes a la chica, o recurrir a la cosificación y la humillación; en Sex Education el sexo se presenta desde una óptica positiva, como un aspecto más de la vida que afecta por igual tanto a unos como a otras. No hay quien no tenga dudas o sienta inseguridad, miedo o presión. Y menos a esa edad. Y aunque hay sexo explícito y los diálogos son frescos y sin pelos en la lengua, no hay escenas forzadas o conversaciones que parezcan metidas con calzador. Tampoco resulta obsceno.

Creo que lo que funciona, al menos si nos basamos en este primer episodio, es que no se centra en el aspecto físico, sino que ahonda en los sentimientos. Parece que la asesoría de Otis va a ir más enfocada a las inseguridades y la vulnerabilidad de sus compañeros que a recomendar técnicas o posturas. Aunque habrá que ver el resto de la temporada para confirmar (cuenta con 8 capítulos y ya está renovada para una segunda).

Sin embargo, no todo son luces, también hay alguna sombra. Y es que hay algunos personajes un tanto estereotipados, como esa chica rebelde que viste de una forma un tanto llamativa y se esconde para fumar, el chico gay marginado, la chica que se deja mangonear por el grupo de populares, o el hijo del director que además es el típico abusón. No obstante, parece que el elenco está bastante bien elegido, desde el protagonista hasta los secundarios, sin olvidar a Gillian Anderson.

Otra cosa que me descolocó un poco fue la ambientación. A pesar de tratarse de una serie británica y tener su característico tono y diversidad racial de los personajes; los estudiantes no visten de uniforme (como sí ocurre en Reino Unido) y el instituto parece más el típico estadounidense de tantas otras series de adolescentes (Awkward, Veronica Mars, Suburgatory, Buffy…). Adicionalmente parece que está centrada en el presente por el enfoque y la tecnología, pero tiene cierto aura noventero, sobre todo si nos fijamos en la vestimenta de los protagonistas. O a lo mejor es que la moda británica es diferente.

Aún así, con todo, me ha parecido entretenida, divertida, diferente y que tiene bastante que aportar, así que la añadimos a la infinita lista de series “para ver“.

Serie para ver: State of the Union

Reconozco que llegué a State of the Union por Chris O’Dowd, a quien ya había visto en The IT Crowd, pero me atrapó el formato de 10-12 minutos que supone un soplo de aire fresco en medio de tanta oferta seriéfila que suele rondar los 50-60 minutos.

La premisa que nos plantea es sencilla:  Louise (gerontóloga) y Tom (crítico de rock desempleado) son un matrimonio que se toma algo en un bar antes de entrar a terapia de pareja. En esos 10 minutos que tardan en beberse su vino blanco y su cerveza el espectador asiste a una conversación que fluye desde lo banal (qué tal, cómo estás, qué tal los niños…) a lo más profundo (el motivo por el que van a la terapia). Así, al poco de comenzar el primer episodio sabemos que el detonante de que Tom se marchara de casa fue que ella tuvo una aventura. Sin embargo, el diálogo entre ambos parece indicar que ese no fue el único problema en su relación y nos genera la necesidad de conocer más de su historia a través de esta ventana indiscreta que nos han abierto.

State of the Union engancha gracias a los ágiles diálogos, al realismo, a la química que hay entre Rosamund Pike y Chris O’Dowd, al punto cómico de Tom y el sarcástico de Louise y a la ironía británica. Pero sobre todo gracias a la simplicidad del planteamiento y su corta duración.

Cuenta con una temporada de 10 episodios, pero parece que el creador está trabajando ya en una segunda (aunque aún no se sabe si verá la luz). Eso sí, con nuevos protagonistas de mayor edad. ¿Significará eso que Louise y Tom consiguen arreglarlo? Habrá que descubrirlo.

Serie Terminada: Así nos ven

Así nos ven recoge la historia de Los Cinco de Central Park, cinco adolescentes negros que fueron condenados por violación y cumplieron entre 6 y 13 años de cárcel a pesar de no tener nada que ver con el crimen. Antron McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam, Raymond Santana y Korey Wise se vieron obligados a confesarlo por las presiones de la policía y de la fiscal del caso.

La noche del 19 de abril de 1989 se denunciaron varios altercados en Central Park. Cuando la policía llegó a la zona, detuvo a varios jóvenes de Harlem que estaban asaltando a corredores como forma de entretenimiento. Pero la situación se complicó aún más cuando se descubrió en el parque el cuerpo moribundo de Trisha Meili, una joven blanca de 28 años que había sido brutalmente atacada y violada cuando había salido a correr. Los chavales se convirtieron entonces en los primeros sospechosos.

En realidad el ADN no coincidía ni con el encontrado en la víctima ni con el del escenario del crimen. Meili además estaba en coma, por lo que no se podía contar con su testimonio. Todo lo que había era una necesidad por parte de la policía y de la fiscal de cerrar el caso lo antes posible. Así, los cinco chavales fueron interrogados de forma abusiva (siendo incluso golpeados) entre 14 y 30 horas seguidas sin la presencia de sus padres ni abogados (algo que es ilegal dado que eran menores) para que confesaran una violación de la que ni siquiera se habían enterado. Ante tal presión en los interrogatorios, acabaron confesando su implicación y fueron condenados a pesar de que no había pruebas forenses ni testigos. En 2002 fueron exonerados cuando el verdadero autor de los hechos, Matías Reyes, confesó el crimen. En 2014 el Estado de Nueva York les indemnizó con 41 millones de dólares, algo que sin duda no les devolverá el tiempo en prisión y la posterior readaptación a la sociedad.

La miniserie recoge en 4 capítulos el tiempo transcurrido desde que los adolescentes deciden irse al parque a pasar el rato hasta su liberación años después. El primer episodio se centra en la detención y el segundo en el juicio. El tercero muestra la salida del reformatorio años después y el cuarto la vida en la cárcel de Korey, el único de los cinco que tenía 16 años. Es perfecta para ver en modo maratón en estos días de diluvio, aunque se hace dura.

La trama está contada desde el punto de vista de los jóvenes y va directa al grano, apenas hay contextualización de aquella Nueva York en la que había una media de seis crímenes diarios y tan solo ganaban relevancia aquellos que ocurrían en Manhattan o que se veían envueltos dos grupos raciales (y la víctima era blanca). No hace falta, porque ya se va percibiendo a lo largo del metraje. Lo interesante aquí es descubrirlo por medio de la emoción, para que el espectador empatice con la frustración e impotencia de los acusados.

Así nos ven pone en entredicho los métodos de la policía y de la fiscalía en una época en que los crímenes sin resolver se acumulaban en sus mesas y tenía urgencia por resolver un caso tan mediático. Los chicos se convirtieron en cabeza de turco como consecuencia del sesgo racista. Pero la serie no solo cuestiona a la policía o a la fiscalía, sino al sistema judicial, al papel de los medios de comunicación que transmitieron su mensaje sin investigar el caso y a una sociedad que se tragó el relato sin más. Ya con el primer capítulo remueve la conciencia al ver la injusticia a la que tuvieron que enfrentarse los menores y la impotencia de sus familias.

Así nos ven se convierte en un apasionante visionado gracias a la verosimilitud de la fotografía y la ambientación, pero sobre todo por el reparto. Tanto los adultos como los jóvenes (la mayoría de ellos desconocidos) están impresionantes. Sin duda saben transmitir esa desesperación rabia y frustración que viven sus personajes.

Otra sorpresa más de la temporada sin duda.

Serie para ver: Hierro

Una boda. Una novia que llega a la iglesia pensando que se ha retrasado demasiado. Un novio que no ha aparecido y nadie sabe nada de él. Un cuerpo recuperado en una gruta bajo el mar. Y una nueva jueza encargada de resolver el crimen. Así arranca Hierro.

La trama tarda en arrancar. Durante los primeros minutos se suceden imágenes de El Hierro, la más occidental de las Islas Canarias, que se intercalan con el viaje de la novia y sus padres a la iglesia. Así, se presentan a la vez el escenario y los primeros personajes, quizá mostrando ya desde el inicio que es tan importante uno como los otros.

Hierro sigue un estilo muy típico del nordic noir presentando el lugar en que transcurre la acción como un personaje más. Las singularidades de una isla tan poco poblada condicionan la trama. Por un lado por sus paisajes salvajes en los que predomina la tierra volcánica, escarpados acantilados, extensas plantaciones de plataneros y los rugidos del océano y del viento y por otro lado porque esta localización tan recóndita influye en el carácter indómito de unos lugareños con unas tradiciones muy arraigadas. Este aislamiento permite además añadir una atmósfera de tensión a la trama que se mueve en armonía con un ritmo pausado propio del carácter canario.

El contraste con esta idiosincrasia local lo pone Candela, una jueza peninsular recién destinada a la isla. Mujer de carácter fuerte, se encuentra con su primer caso nada más llegar y enseguida verá cómo su forma de trabajar choca con los de las autoridades locales y las costumbres de los herreños.

El punto de partida no es nada nuevo, ofrece un cóctel ya visto en muchas series y novelas de intriga: lugar remoto, tranquilo y con una comunidad cerrada + crimen + personaje que llega de fuera y despierta recelo entre los locales. A partir de ahí comienzan a destaparse secretos, corruptelas, infidelidades, malos que no resultan serlo tanto, buenos que tienen un lado oscuro… Los ingredientes típicos, vaya. Sin embargo, Hierro invita a seguir viendo el resto de capítulos gracias a su fantástica fotografía (siempre tienes algo ganado cuando grabas en un lugar que es reserva de la Biosfera), a la banda sonora que parece reproducir los lamentos de la isla al introducir los sonidos del viento y del mar, al uso del acento autóctono que potencia el realismo (tan solo hay 3-4 actores que no son canarios) y a los personajes que parecen tener sus dobleces.

Además, cuenta con una temporada autoconclusiva de tan solo ocho capítulos de algo menos de una hora, por lo que no es una historia que se alargue eternamente para mantener a la audiencia. Imagino que si plantearan una segunda, sería con un nuevo caso.

Parece que la ficción nacional está mejorando notablemente en los últimos años.

Nueva serie “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.

Nueva serie “para ver”: Dead to me

Dead to me es la nueva serie de Christina Applegate, a la que no veía en televisión desde Samanta, who? Aquí comparte protagonismo con Linda Cardellini e interpretan a dos mujeres que se hacen amigas en un momento duro para ambas. Jen (Applegate) se acaba de quedar viuda después de que su marido fuera atropellado. El culpable además salió huyendo y no lo auxilió, por lo que necesita encontrarlo para poder pasar página y seguir con su vida. Mientras tanto, para intentar gestionar este duelo, se apunta a un grupo de apoyo. Allí conocerá a Judy (Cardellini), que ha perdido a su prometido.

Aunque tienen caracteres diferentes (Jen es cínica mientras que Judy es bastante optimista) y a priori parece que no casan muy bien, enseguida conectan y se establece una dinámica entre ambas que hace que la peculiar amistad avance a pasos agigantados. Por momentos parece que se trata de una relación inquebrantable, como si se conocieran de toda la vida, pero enseguida nos encontramos con un giro de guion (aunque se veía venir, todo hay que decirlo) que recuerda que hace dos días que se conocen.

La serie se fundamenta en esta relación de amistad, en la química que hay entre ambas y en cómo se apoyan la una a la otra. El contraste de ambas personalidades, una más sarcástica y otra más histriónica y excéntrica, favorece a aligerar el tono. Porque aunque Dead to me aborda la pérdida de un ser querido y es un drama, también tiene un punto cómico que va dejándose ver poco a poco entre escenas de lágrimas.

En apenas 30 minutos pasan muchas cosas. Conocemos a los personajes, sus traumas, vemos el nacimiento de la amistad, asistimos a dos giros de guion, sufrimos, reímos… La corta duración y el ritmo vertiginoso ayudan a engancharse, y, si lo sumamos al cliffhanger del final, nos quedamos con ganas de saber más sobre estas dos mujeres y cómo se va a revelar el secreto que nosotros ya conocemos.

Aunque cada vez es más complicado elegir entre tanta oferta de las numerosas cadenas y plataformas, Dead to me tiene muy buena pinta. Por el momento cuenta con una temporada de 10 capítulos (perfecta para un modo maratón) y ya ha sido renovada para una segunda.