Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.

Serie Terminada: Years and Years

Con cada vez más catálogo seriéfilo resulta complejo seguir todos los estrenos de la temporada, pero hay algunas ficciones que no pasan desapercibidas, ya que enseguida el boca a boca hace su labor. Este es el caso de Years and Years , una miniserie británica que enseguida se ha convertido en una de las joyas de esta temporada. La serie arranca en 2019 y nos presenta a los Lyons, una familia de clase media de Manchester formada por miembros de lo más dispares. Con ellos en el centro de la historia veremos a lo largo de seis capítulos cómo se va desarrollando el futuro de aquí a 15 años. Y no pinta bien.

En la trama hay dos hilos conductores. Por un lado el de la familia y por otro el de Vivienne Rook, una empresaria que salta a la vida política gracias a sus mensajes populistas cargados de patriotismo y xenofobia (algo así como una mezcla entre Marine Le Pen, Daniel Farage, Boris Johnson y Donald Trump). Los Lyons viven en su burbuja, por así decirlo, y se centran en su cotidianidad, en su trabajo, su familia, sus amigos… Lo que ocurre en el mundo está en un segundo plano y es meramente anecdótico, como cuando aparece Rook en la tele soltando exabruptos, que la consideran una loca que está en sus 15 minutos de fama. Sin más.

Sin embargo, aquello que no fue tomado en serio en su momento ha ido escalando y cinco años más tarde se ha convertido en algo que no se puede obviar. En ese lustro Trump ha vuelto a ganar las elecciones, Rusia ha invadido Ucrania, los efectos del cambio climático son cada vez más notables, hay una guerra nuclear entre EEUU y China, Grecia ha iniciado los trámites para salir de la UE, ha muerto Isabel II y Vivienne Rook con su partido Cuatro Asteriscos (clara referencia al Movimiento Cinco Estrellas italiano) va ganando relevancia en la esfera política. De repente lo que ocurre ahí fuera en el mundo ya no resulta tan ajeno e impacta de alguna u otra forma en el día a día de los Lyons volviendo sus vidas del revés.

Con el paso de los capítulos (y de los años) vamos viendo cómo los cambios sociales, políticos, económicos y tecnológicos van afectando a cada uno de los miembros de la familia. Así, Edith (reconocida activista) sufre en sus carnes las consecuencias de la guerra nuclear entre Estados Unidos y China; Rosie (madre soltera de dos hijos que trabaja en un comedor escolar) ve cómo poco a poco se van recortando los derechos de la clase obrera; Daniel (que trabaja para el ayuntamiento dando cobijo a los refugiados ucranianos) vive desde dentro esta crisis humanitaria; Stephen (asesor financiero) y su mujer Celeste (contable) serán testigos del colapso bancario además de tener que gestionar la noticia de que su hija Bethany quiere convertirse en transhumana y subir su consciencia a la nube. Muriel (la abuela de los cuatro hermanos) intenta mantenerlos a todos unidos mientras aporta algo de cordura y reflexión ante los acontecimientos.

Los hechos se suceden de forma vertiginosa y los años pasan con rapidez, sin embargo, siempre se vuelve a la familia como punto de referencia. El tener unos mismos personajes a lo largo de la historia hace que el espectador se involucre más y produce un mayor impacto aludiéndole y llamándole a la reflexión. Y es que a priori, aunque haya aspectos que nos puedan sonar distópicos y/o exagerados, en realidad, si nos paramos a pensar, Years and Years no plantea un futuro tan alejado. Ya hemos vivido guerras entre grandes potencias, pérdida de derechos tanto civiles como laborales, colapsos bancarios, crisis de refugiados, inestabilidad política, auge de populismos y xenofobia, corrupción, fake news, discusiones éticas sobre la evolución de la ciencia o la tecnología, terrorismo o efectos del cambio climático. Y eso es lo que realmente aterra (y atrae) de la serie, que no nos extrañaríamos de leer, oír o ver en las noticias cualquiera de estos sucesos. Salvo lo de España gobernada por un partido de extrema izquierda y la Familia Real exiliada a Mónaco, es una distopía muy factible. De hecho, en muchos casos la realidad supera a la ficción.

Years and Years nos retrata como sociedad acomodada que ha perdido conciencia de la acción colectiva y que piensa que aquello que no afecta directamente a su día a día, no influirá indirectamente. El individualismo nos ha hecho olvidar que lo personal es político y que hay que tener ambición y un punto de rebeldía. La serie juega el papel del fantasma de las próximas navidades presentándonos un más que posible futuro si no tomamos partido y nos implicamos y nos deja con una reflexión a modo de moraleja en boca de Muriel:

“Es culpa nuestra. Todo. [….] Los bancos, el Gobierno, la recesión, Estados Unidos, la Sra. Rook. Todo lo que ha ido mal es culpa vuestra. Todos somos responsables, cada uno de nosotros. Podemos pasarnos el día culpando a otros. Culpamos a la economía, a Europa, a la oposición, al clima y al vasto incontrolable curso de la historia, como si no dependiera de nosotros, seres indefensos e insignificantes. Pero sigue siendo culpa nuestra.  ¿Sabéis por qué? Por la camiseta de una libra. Una camiseta que cuesta una libra. No podemos resistirnos, ninguno de nosotros. Vemos una camiseta que cuesta una libre y pensamos: Qué ganga, me la quedo. Y la compramos. No para vestir, Dios nos libre, pero servirá como camisetita interior para el invierno. Y el tendero se lleva cinco peniques miserables por esa camiseta. Y un pobre campesino recibe cero coma cero un penique, y nos parece bien. Todos entregamos nuestra libra y contribuimos a ese modo de vida”.

Y aunque aquí podríamos abrir el debate de que también quien compra una camiseta a una libra es una víctima del sistema porque quizá sus condiciones no le permiten comprar algo que no venga de la explotación, se entiende el mensaje de que no hay que conformarse y tragar con las injusticias, sino, en la medida de lo posible, levantarnos y reclamar otro modelo de vida. Sin duda una serie para la reflexión.

Serie Terminada: Veep

Veep es una comedia centrada en la ambiciosa y egoísta Selina Meyer, la Vicepresidenta de Estados Unidos. Se adentra en los pasillos de la Casa Blanca y sigue a la Vicepresidenta y sus intentos por tener relevancia en la vida política y dejar huella en la legislatura. Esta no se siente cómoda siendo la segunda a bordo, y es que parece ser un cargo más simbólico que otra cosa sin poder real. Veep satiriza con el hecho de que el vicepresidente en verdad no cumple ninguna función seria.

Así, la trama gira en torno a su día a día en el cargo junto a su equipo (inicial) en el que se encuentran Amy Brookheimer (jefa de gabinete), Gary Walsh (su asistente), Mike McLintock (director de comunicaciones), Dan Egan (subdirector de comunicación) y Sue Wilson (la secretaria/recepcionista), pero además del arco de cada temporada, cada episodio tiene su propio conflicto autoconclusivo.

No es la primera vez que nos encontramos con una serie centrada en la política de EEUU, así de primeras se nos vienen a la cabeza El lado Oeste de la Casa Blanca, House of Cards o Scandal, pero Veep no tiene nada que ver. En primer lugar porque es la primera que afronta el trema desde la comedia y la sátira política y por otro lado porque principalmente gira en torno al funcionamiento del día a día. Sigue a los trabajadores en torno a ese gran cargo y en cómo van apagando fuegos, escribiendo discursos, planificando actos, decidiendo qué información se comparte con los medios….

En este caso también se diferencia de otras series políticas en que no hace referencia a ningún partido en concreto. Y es que en realidad para lo que quiere contar da exactamente igual, trata de mostrar el comportamiento humano cuando se llega al poder y cómo la política cada vez se ha convertido más en marketing y que lo importante es que los votantes te compren la idea. No hay ideología más allá del dinero y el beneficio propio. Estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros. Por ejemplo, hay un episodio en Meyer está en el previo a un acto y un asesor le comenta que ha habido un tiroteo y han resultado muertas decenas de personas. La preocupación de la protagonista es saber si es “musulmán o blanco” y cuál de las dos opciones le beneficiará a la hora de pronunciar su discurso. Es decir, le es indiferente el culpable o las víctimas, lo único importante es el rédito político que puede sacar.

No obstante, el hecho de que sea una comedia no impide que no sea seria en otros aspectos. Por ejemplo, su escenografía y ambientación están cuidadas al detalle y dotan de gran verosimilitud a las escenas. Tiene en su haber además cerca de una veintena de premios y su protagonista, Julia Louis-Dreyfus, se llevó seis Emmy consecutivos por el papel de Selina Meyer.

Y aunque gran parte del peso de la serie recae sobre Louis-Dreyfus y lo borda, los secundarios no fallan. Mi favorito sin duda es Gary Walsh y su bolso bandolera siempre al hombro. No tiene nada que envidiar a Mary Poppins o a Doraemon. En él lleva de todo, siempre para adelantarse a las necesidades de su jefa. Es la sombra de Meyer, siempre susurrando a su oído los nombres y datos de la gente que se acerca a ella. Sin embargo, es blanco de mofas y no es tomado en serio.

Amy Brookheimer y Dan Egan representan a dos jóvenes sobradamente preparados y adictos a su trabajo. Tienen una meta en la vida y es llegar lo más alto posible. Les da igual las tretas que tengan que usar o a quién se carguen por el camino.  Por otro lado, Ben Cafferty y Kent Davison son su versión veterana. También adictos a su trabajo solo piensan en datos, encuestas, solución de problemas… Ya están cansados de todo, pero en el fondo no pueden vivir si no están continuamente en campaña.

Y luego está Jonah Ryan, el típico chico blanco, pijo y consentido. Entra en la Casa Blanca como becario y comienza al inicio de la serie como enlace entre el Presidente y la Vicepresidenta. Sin embargo, este repulsivo personaje es quizás el que más ha cambiado con las temporadas. Han sabido reflejar en él cómo ha ido cambiando la política. De ser un don nadie acaba presentándose a candidato a la presidencia con una retórica que recuerda a la de Trump. Viendo la serie en 2019 da un poco de miedo, y es que cuando nació en 2012 pretendía hacer parodia poniendo tremendas barbaridades en la boca de sus protagonistas pero hoy la realidad supera a la ficción.

Los diálogos ágiles y muchas veces solapados dan mayor sensación de realismo y transmiten el caos en que se ve envuelto el equipo con una apretada agenda y humos que apagar a cada instante. El humor no cae en los típicos gags, sino que es ácido, crítico y rebuscado. Hay mucho insulto, obscenidad y burradas. Se nota que es de HBO y no de una cadena en abierto.

Aunque ha mantenido el título a lo largo de sus temporadas, la historia y la situación política de Selina evolucionan. Eso sí, consigue mantener el tono y el estilo hasta el final. Siempre está presente la incompetencia de los candidatos, el fracaso y el ridículo, la impunidad ante los delitos, la corrupción, las situaciones al borde del desastre y los tejemanejes de los equipos para ocultar escándalos. Solo cambia el escenario.

Veep podría haber seguido temporadas y temporadas con su crítica a los vicios y trampas del sistema, pues sin duda es una fuente inagotable de contenido. Sin embargo, se ha vuelto demasiado realista e incluso se queda corta, por lo que era un buen momento para cerrarla. El fin de un ciclo político.

Serie Terminada: iZombie

Tras cinco temporadas las aventuras de Liv en iZombie llegaron a su fin. Y aunque la serie terminó muy diferente a cómo empezó, creo que los creadores han sabido cuándo cerrarla.

Recordemos que iZombie no es una serie de zombies al uso, sino que escapa del género de terror y tiene un toque más de procedimental aunque con el Leitmotiv de los no-muertos como hilo conductor. Olivia Moore, estudiante de medicina, sale una noche de fiesta y descubre a la mañana siguiente que tiene una necesidad imperiosa de comer cerebros. Contagiada por culpa de un arañazo, decide que no puede seguir con su vida como siempre y, para proteger a sus seres queridos, toma distancia (llega incluso a romper con su prometido) y cambia su especialidad médica por la morgue.

En el depósito no solo se asegura que no dañará a sus pacientes, sino que además tiene a su disposición barra libre de cerebros. Pero su secreto pronto es descubierto, y su jefe, Ravi, se convierte en su amigo y confidente. Además, fascinado por su contagio, intentará investigar qué pasó la noche en que Liv fue contagiada así como encontrar una cura.

Mientras tanto, Liv sigue con su “vida y, dado que descubre que cuando come un cerebro tiene visiones de el fallecido, decide hacer algo bueno y ayudar a la policía como supuesta vidente. Así, comenzará a trabajar con el inspector Babineaux.

Durante prácticamente toda la primera temporada vamos conociendo a los personajes, cómo funciona este tipo de zombies y además se van resolviendo los casos criminales autoconclusivos. Sin embargo, a pesar de una premisa a priori simple, la serie engancha. Y lo hace gracias al ritmo, los personajes, los diálogos, las referencias pop, la fotografía, la música o el mensaje.

Es una serie fresca y dinámica con elementos policíacos, pero además tiene mucho de sátira y parodia, lo cual aligera el ritmo y la temática que se trata, en la que hay continuas referencias a asesinatos, muertes, decapitaciones… Aboga por el entretenimiento y la comedia con un poco de humor negro para equilibrar lo dramático.

En cuanto a los personajes, si bien es cierto que al principio conocemos sobre todo a Liv, Ravi, Babineux y el villano Blaine, a medida que avanza la trama y pasan las temporadas también van ganando peso el exprometido Major Lilywhite y Peyton, la amiga y compañera de piso. Juntos forman un grupo de lo más heterogéneo que sin embargo casa muy bien. Y aunque el secreto de Liv le da algo de chispa a la trama, funciona incluso mejor cuando su círculo más cercano lo descubre. La serie se va volviendo más coral a medida que avanza.

Rose McIver está espectacular en cada capítulo. En cada uno de ellos ha de seguir siendo Liv, pero a la vez combinar su personaje con el de aquel cuyo cerebro se haya comido esta. Este juego le permite lucirse en una cantidad de roles impresionante y el resultado es siempre disparatado, incluso cuando está bajo la influencia de alguien odioso. Es verdad que los caracteres están siempre algo exagerados y estereotipados, pero es que iZombie tiene ese tono.

Todo ello además teniendo en cuenta que es neozelandesa y actúa con acento estadounidense.

A la carta bien jugada de introducir un elemento nuevo en cada capítulo gracias a las personalidades de los cerebros se une el elegante despliegue gastronómico. Una cosa es que seas una zombie, hayas perdido el sentido del gusto y solo paladees el picante y otra cosa que tengas que alimentarte de cerebros humanos crudos (que también). Así, Liv se curra cada día una receta, desde los clásicos fideos de bote hasta un estofado pasando por batidos, sopas, ensaladas, huevos revueltos, sushi, pizza o hamburguesa. No es que los cerebros estén muy logrados (no creo que lo pretendieran), pues se ve claramente que parecen gelatina, pero despierta el interés de ver qué receta se van a sacar de la manga.

También está muy cuidada la estructura de cada capítulo con una cortinilla a modo de cómic. De hecho, están dibujados por Mike Allred, quien ilustra la mayoría de los números y portadas del cómic original de iZombie en que se basa la serie.

Otro de los atractivos de la ficción es que no se toma en serio a sí misma y está pegada a la actualidad gracias a sus referencias a la cultura popular. No solo se mencionan series, libros, artistas, canciones o películas, sino que los protagonistas se ven envueltos en una partida de rol o acuden a la grabación de una serie juvenil sobre zombies. Rob Thomas es muy aficionado a este tipo de alusiones, de hecho, incluso hace humor consigo mismo introduciendo a un cantante que se llama igual que él y es mencionado en varias ocasiones como “el único Rob Thomas”. Y claro, no podían faltar las referencias a Veronica Mars.

Dejando de lado que ambas series son similares en cuanto al estilo juvenil pero no adolescente, en los caracteres, en la estructura de los episodios y temporadas, en la voz en off que acompaña a la protagonista, o en el toque irónico y sarcástico de los diálogos; Thomas no deja escapar ni un sólo juego de palabras y ha unido ambas con alusiones sutiles como ese “A long time ago, we used to be friends”, en boca de Liv que nos lleva a tararear la canción de Dandy Warhols que servía de cabecera en la serie de Neptune.

Y no solo eso, sino que aparece medio elenco de Veronica Mars (incluso la propia Kristen Bell vía audiolibro). Y no hablamos solo de cameos, es que Jason Dohring (Logan) tiene un papel recurrente durante 15 episodios.

No es un problema para mí, de hecho esa similitud entre las series es lo que me atrajo de ella en un primer lugar. Aunque cabe recalcar que iZombie sabe seguir su propio camino y es mucho más de lo que parece a primera vista. Rompe con los esquemas típicos de series de zombies reinventando el género y convirtiéndolo en una ficción sobre la vida, la muerte, la amistad y el respeto al diferente. Ahora que se ha acabado, tendremos que retomar Veronica Mars, que ha vuelto inesperadamente con una cuarta temporada.

Serie Terminada: Chernobyl

No había terminado Juego de Tronos y HBO ya estaba emitiendo otra serie que ha roto todos los esquemas: Chernobyl.

Durante años, las mejores críticas del sector audiovisual se las llevaba el cine. La tele por su parte era un género menor y los actores que hacían series estaban peor considerados que los que hacían películas. Sin embargo, aquella teoría cambió con la llegada de HBO. De esta cadena son grandes ficciones televisivas como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra. Con Juego de Tronos primero, y Chernobyl después, ha vuelto a marcar el paso. Con tan solo cinco episodios, esta serie se ha convertido en la mejor valorada de todos los tiempos en la web imdb (9.6). Enseguida se corrió la voz y todo el mundo hablaba de ella. En un fin de semana nos la hemos visto en modo maratón.

Con el título es fácil hacerse a la idea de qué va este fenómeno audiovisual, al menos lo es para quienes vamos sumando años. Hagamos memoria: el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin durante una prueba de seguridad fallida se produjo una explosión. Esta detonación provocó que saltara la tapa del reactor 4 y se liberara una nube radiactiva que se extendió por media Europa y puso en alerta a medio mundo. Así, Chernobyl es la crónica de este desastre nuclear ocurrido al norte de Ucrania y casi en la frontera de Bielorrusia (a tan solo 17km). Un accidente que está considerado, junto con el de Fukushima en 2011, como el más grave de la historia (nivel 7).

Según los datos oficiales fallecieron dos empleados de la central como consecuencia de la detonación y otros 29 en los meses siguientes (la mayoría bomberos a causa del Síndrome Agudo por Radiación). Sin embargo, aún hoy, 33 años después, no conocemos el alcance total de la tragedia. La OMS estima que entre 4000 y 9000 personas sufrieron (o sufrirán) cáncer (sobre todo de tiroides por la ingesta de leche contaminada) u otras enfermedades ocasionadas por la exposición a la radiación en los años posteriores, pero es difícil de evaluar porque no se conocen las dosis a las que se vieron expuestos todos los individuos y no existen grupos de control con los que comparar. No hay estudios científicos que hayan conseguido relacionar de forma fiable el accidente nuclear con el cáncer. Sí que se pudieron relacionar sin embargo enfermedades asociadas a la salud mental (50.000 muertes asociadas con alcoholismo y depresión).

Escrita por Craig Mazin, quien venía de secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas, la serie está inspirada en Voces de Chernóbil, de la Premio Nobel Svetlana Alexievich, un libro que recoge los testimonios de familias y afectados por la catástrofe de Chernóbil. El guionista se pasó dos años leyendo sobre sobre el suceso, recopilando datos, relatos de supervivientes e informes de investigadores y dando forma a este proyecto que sin duda supone un giro drástico en su trayectoria. Coproducida por EEUU y Reino Unido se rodó en 4 meses entre Ucrania y Lituania. En Vilna se recreó Pripyat y las escenas de la central de Chernóbil se grabaron en la central nuclear de Ignalina, que cesó su actividad en 2009 y era prácticamente igual.

Estructurada en cinco episodios de una hora de duración, consigue relatar los acontecimientos tras la tragedia de una forma redonda. Sabe lo que quiere contar, cómo hacerlo y cuál va a ser su cierre. Dedica los dos primeros episodios para el accidente, los dos siguientes para alcanzar el clímax de los acontecimientos y finalmente remata la historia en el último con el juicio. No pierde tiempo en relleno. No hay más que ver cómo comienza, sin introducción ni explicación detallada al espectador, sino que permite que sea él mismo quien deduzca la situación y conozca a los protagonistas a medida que se desarrolla la trama. Además, este arranque también nos suma de una cierta confusión, la misma en la que se encuentran los personajes.

Chernobyl empieza dos años y un minuto después del accidente en la cocina de Valeri Legasov, físico nuclear y miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias así como director adjunto del Instituto Kurchatov (centro de la investigación nuclear soviética) que participó en el equipo de emergencia de Chernóbil tratando de minimizar los efectos del desastre. Vemos cómo tras grabar unas cintas de casete y esconderlas, se quita la vida. A partir de ahí, volvemos al 26 de abril de 1986 para intentar reconstruir el camino.

La acción sigue la actividad de la central desde el momento del accidente. El personal reacciona con incredulidad ante lo que acaba de ocurrir. Lo acaban de ver con sus propios ojos, pero no alcanzan a imaginar la magnitud del desastre. Y luego están los mandos intermedios o superiores que directamente no quieren creérselo. Su postura es la negación: no puede haber pasado y no ha pasado. Toda una irresponsabilidad por su parte y más aún cuando el relato que transmiten a las autoridades locales está alejado de la realidad minimizando la gravedad del accidente. Se informó de que había habido una explosión en la central, pero que el reactor estaba intacto.

Ante la situación de emergencia los gobernantes ucranianos quisieron contener la información mientras intentaban poner orden. Sin embargo, en el momento en que se desplazaron al lugar y lo vieron con sus propios ojos, se dieron cuenta de que habían infravalorado el incidente. Y aún así, tardaron en asimilarlo y en reaccionar para poner a salvo a la población. De hecho, el desfile del día del Trabajador, cinco días después del accidente, se celebró con normalidad en la capital, a tan solo 180 kilómetros de Chernóbil. No obstante, la información era difícil de contener, pues pronto los suecos detectaron unos inusuales niveles de radiación y comenzaron a hacer preguntas. Pronto se extendieron las dudas por Europa y finalmente la URSS tuvo que publicar un comunicado.

Chernobyl desarrolla la línea cronológica presentando una atmósfera apocalíptica desasosegante. Potencia el miedo, pero aquí no se teme a un personaje, sino a una amenaza invisible: la radiación. Es difícil plasmar eso en pantalla para mantener al espectador en un estado de alerta constante, así que se juega con los planos y se recurre a la música (y al sonido de los dosímetros) para transmitir el pánico.

Es sin duda una serie de gran calidad técnica que, según los testigos, parece que consigue exponer la catástrofe y el posterior desarrollo de los acontecimientos de una manera bastante precisa, aunque lógicamente, con alguna licencia creativa. Además, recrea con bastante exactitud las localizaciones y la atmósfera de aquellos últimos años de la URSS. Cuenta con una fantástica puesta en escena gracias a la caracterización de personajes (maquillaje, peluquería y vestuario) y a la ambientación de los espacios con detalles como mobiliario, vehículos, cartelería, pancartas, grafitis y arte de corte soviético. Sin embargo, también cae en algunos tópicos como beber vodka como solución a todo, y sacando a coalición a la KGB a la menor ocasión.

Hay que recordar que estamos ante una serie, no un documental, y por tanto, pese a que sea hiperrealista, también cuenta con ciertas licencias para dotar de dramatismo al guion. Por ejemplo, algunos personajes están exagerados y otros tienen más presencia de la que realmente tuvieron. Parece que Legasov fue importante en la gestión del desastre, sin embargo, él no solía trabajar sobre el terreno, sino que lo hacía en el búnker. Tampoco fue testigo en el juicio, sino que declararon otros científicos. El darle este protagonismo viene motivado para centrar la trama en un personaje, al igual que se hace con Ulana Khomyuk, creada para sintetizar a todos aquellos científicos que ayudaron a Legasov.

Esta forma de dar dramatismo, unida a los mitos perpetuados con el paso del tiempo, se ve también en la inexactitud al recrear algunos momentos. Algunos ejemplos:

  • No existen pruebas que confirmen que todos los que se asomaron al puente de Prípiat fallecieran como consecuencia de la radiación. Investigadores que han trabajado sobre el terreno para trabajos periodísticos o científicos afirman haber hablado recientemente con gente que estuvo allí. Tampoco se han hallado pruebas concluyentes que demuestren que el personal del hospital o los visitantes corrieran riesgo. Así, no se podría confirmar que los nacidos tras el accidente se vieran afectados por la exposición a la radiación y más de 100.000 abortos practicados en los meses siguientes habrían sido innecesarios.
  • Aunque sí hubo algunos incendios en la planta, ninguno en el techo.
  • El helicóptero no se estrelló cuando intenta descargar plomo, boro y arena sobre el reactor;
  • Los buzos que se sumergieron debajo del reactor para abrir una válvula vestían con un traje de neopreno y la cabeza al descubierto. No es cierto como se muestra que fueran recompensados económicamente ni aplaudidos al salir. Era su trabajo, sin más. Tampoco lo es que fallecieran. Uno murió en 2005 y los otros dos aún siguen vivos.
  • No parece claro que los mineros llegaran a desnudarse.
  • Personalmente me chirrió que siempre se refirieran entre los personajes como Camarada X o Camarada Y y no recurrieran al uso del patronímico como ya habíamos visto en The Americans. Los rusos tienen su nombre, después el nombre de su padre con el sufijo – ich (masculino) / -ichna o -vna (femenino) y después el apellido familiar. Por ejemplo Legasov se llamaba Valeri Alekseyevich Legasov y en la serie siempre le llamaban Legasov y no Valeri Alekseyevich como sería habitual en contextos oficiales y conversaciones formales.

En cualquier caso, estas licencias, errores o confusiones no alteran en demasía el relato ni la calidad de la serie, pero conviene tenerlo en cuenta para no tomar la ficción como realidad.

Chernobyl nos deja en la exposición final de Legasov una reflexión sobre las mentiras y el secretismo. Pues, como hemos visto, las mentiras tienen consecuencias. El desconocimiento del fallo de diseño en los reactores puso en riesgo a mucha gente. Y esto, sumado al secretismo (ya había ocurrido en 1975 en una central en Leningrado el mismo fallo) y la falta de información sobre el accidente, hizo que el daño fuera mayor. Es cierto que hay que entender el contexto de la Guerra Fría para entender cómo se gestionó la crisis intentando que no se filtrara nada al exterior que pudiera servir para desacreditar al país, pero el problema es que no supieron tampoco cuidar de sus ciudadanos. Así, parece que el desastre nuclear de Chernóbil y esta gestión posterior influyó bastante en la desintegración de un país que vio cómo su economía quedaba afectada y cómo entre sus habitantes crecía la desconfianza en las instituciones.

Esta lectura sin embargo tiene cierto sesgo ideológico (no es raro siendo una coproducción de EEUU y Reino Unido) y parece atribuir las causas del accidente al régimen soviético y por extensión al comunismo. Va mostrando detalles que conducen a esta idea. Véase: excesiva burocratización, abaratamiento de costes, incompetencia de los altos cargos, malas decisiones tomadas anteponiendo el poder a las necesidades del pueblo, secretos y mentiras para ocultar el desastre, intervención del KGB, censura… Pero pese a que todo esto ocurrió, no se tratan de errores inherentes al modelo socioeconómico, sino que todos estos aspectos están igual de presentes en los gobiernos capitalistas. La ambición política suele anteponerse al interés popular.

Política aparte, la serie está muy bien construida. Cuenta con una buena estructura, una fotografía hiperrealista, una música que transmite el caos y el pánico y un elenco actoral a la altura de las circunstancias. Bien merecido tiene ese 9.6.

Series Terminadas: Series de Marvel

El consumo de televisión ha cambiado. Con la vida que llevamos, ya no queremos (ni podemos) seguir un horario para ver nuestras series favoritas. Así, cada vez más han ido ganando terreno las plataformas en la que es el espectador el que elige qué quiere ver y cuándo quiere hacerlo. Las televisiones (tanto públicas como privadas) no han tenido más remedio que tomar nota y en los últimos años han ido mejorando sus webs, así como lanzado sus propias aplicaciones donde suben sus contenidos tras su emisión en antena para no quedarse atrás. Tampoco ha querido quedarse descolgada la productora Disney, quien ha decidido sacar también su servicio de streaming: Disney+ (vaya alarde de originalidad, por cierto). Y la verdad es que tiene su lógica, pues catálogo no le falta.

Pero claro, eso significa que ha roto los acuerdos que tenía con otras plataformas para la explotación de sus contenidos. Así, todas las series de Marvel que tenía con Netflix, se han ido cancelando. Quién sabe si se retomarán en Disney+, aunque imagino que depende mucho de la disponibilidad de los actores y, por supuesto, de que les salga rentable. En cualquier caso, firmaron en su día una cláusula que estipulaba que los personajes Daredevil, Luke Cage e Iron Fist no podrían aparecer en ninguna serie o película hasta pasados dos años de su cancelación, por lo que, de querer retomar sus historias, habría que esperar a 2020.

En cualquier caso, dado que poco a poco han ido siendo canceladas, llegó el momento de su visionado en modo maratón. Eso sí, siguiendo el orden que intercala las temporadas de todas las series para mantener la coherencia narrativa:

  1. Temporada 1 de Daredevil
  2. Temporada 1 de Jessica Jones
  3. Temporada 2 de Daredevil
  4. Temporada 1 de Luke Cage
  5. Temporada 1 de Iron Fist
  6. Temporada 1 de The Defenders
  7. Temporada 1 de The Punisher
  8. Temporada 2 de Jessica Jones
  9. Temporada 2 de Luke Cage
  10. Temporada 2 de Iron Fist
  11. Temporada 3 de Daredevil
  12. Temporada 2 de The Punisher
  13. Temporada 3 de Jessica Jones

Matt Murdock, abogado de día y justiciero de noche, es el primero de los superhéroes que conocemos de todos. Unas sustancias químicas le provocaron una ceguera a los 9 años, aunque también desarrolló el resto de sus sentidos y gracias a ello puede pelear sin ver. Le acompañan su amigo y colega Foggy y Karen, que ejerce de secretaria. De los tres, ella es la más compleja e interesante, aunque en la primera temporada aún nos queda mucho por conocer.

Básicamente en los 13 primeros capítulos sirven para presentar al protagonista y descubrir por medio de flashbacks cómo fue su génesis y qué le lleva en el presente a defender su barrio, Hell’s Kitchen, frente a todo mal: corrupción, mafias, tráfico de drogas y personas… Y aunque hay muchos malos por combatir, el villano por excelencia, su némesis es Wilson Fisk, un empresario con delirios de grandeza que, cómo no, guarda una infancia complicada que parece haberle dejado perturbado. Y claro, con esa lucha del bien contra el mal, del débil frente al poderoso, no pueden faltar muchos enfrentamientos, golpes, huesos rotos, sangre… Un esquema bastante clásico de duelo entre héroe y villano.

Y aunque la trama está bien gestionada y cuenta con unos buenos escenarios así como una cuidada fotografía, no terminó de engancharme. No termino de empatizar con Daredevil. Puede que sea por su actor, que es un poco soso. O quizá porque el personaje parece demasiado perfecto, con una ética clara y pocas sombras. También puede que influya el hecho de no termino de creerme lo de las peleas a ciegas.

Sí que me enganchó sin embargo Jessica Jones. Y es que es un personaje más profundo, más complejo. Tiene un pasado oscuro que la atormenta y aunque también tiene cierta ética en cuanto a cargarse a la gente sin más, no sigue la ley al pie de la letra. Jones no quiere ser superheroína ni ser ejemplo de nada, bastante tiene con culpabilizarse a sí misma y ahogar sus penas en alcohol. Sin embargo, cuando ejerce de detective privada acaba teniendo comportamientos bastante heroicos.

Ella va a su rollo con su sarcasmo y la apariencia de estar viviendo un día de mierda tras otro (no hay que olvidar que es una superviviente de abuso y sufre de estrés postraumático). Aunque es capaz de mover cielo y tierra para defender a sus más allegados, como Trish, su hermana.

La temporada es bastante perturbadora como consecuencia del juego psicológico del villano Kilgrave. Sus monólogos generan ansiedad y cierta desesperación. Es complicado luchar contra un antagonista como Fisk que tiene a los poderosos y los representantes de la ley de su lado, pero resulta aún más escalofriante uno que es capaz de meterse en tu propia mente, anularte y dirigir tus actos. Sin duda, un antagonista a la altura de la protagonista.

Acompañan a Jessica la ya mencionada Trish y su vecino Malcolm, dos personajes con caracteres y vidas propias. Aunque ella sea la heroína, ellos no cumplen con el típico cliché de que solo están para que la protagonista les salve, sino que es una relación de ida y vuelta. Suponen un importante apoyo para Jones y una bofetada de realidad cuando ella misma entra en una espiral de destrucción. También conocemos a Luke Cage, con quien hace buena pareja (y no el el aspecto sentimental, sino en cuestión heroica). Ambos son personas reales, con problemas reales y la fuerza como superpoder.

Para mí no hay color entre Daredevil y Jessica Jones, esta última está mucho mejor estructurada, con un buen equilibrio entre heroína y villano, ambos con un gran potencial y a la altura el uno del otro. La fotografía, el relato de fondo, los personajes bien construidos y la acción sin tanta coreografía imposible resultan más verosímiles. Dejando poderes aparte, claro.

Siguiendo la línea temporal volvemos a Daredevil, quien se quitó de en medio a Fisk (ahora está en la cárcel) pero que no por ello ha encontrado descanso. Su nombre se ha hecho popular y le han surgido imitadores. Sin embargo, en el ámbito personal, Murdock está tranquilo, iniciando un acercamiento a Karen. Pero esta calma precede a la tempestad cuando aparece una vieja amiga de su pasado que trastocará todo: Elektra.

Y no solo ella, sino que es una temporada en la que se incorporan tantos personajes que al final Matt acaba perdiendo protagonismo, resultando plano y aburrido. La trama se bifurca en tantas ramificaciones que hay héroes y antihéroes para cada una de las historias paralelas. Que si Elektra y Daredevil buscando a La Mano, Karen intentando ser ahora periodista, la introducción de The Punisher… Y lo malo es que luego no se teje todo como debería y parece que solo hay una sucesión de escenas de acción sin una clara motivación detrás.

Para mí, Daredevil no termina de arrancar. Tiene potencial, pero no me engancha. Por muy traje chulo que se consiga.

La cosa remonta un poco con el momento de conocer a Luke Cage en su elemento. Le habíamos visto de camarero en el barrio de Jessica, pero ahora se ha mudado a Harlem, ¿dónde si no? Y el barrio, habitado por una mayoría negra y latina, resulta tan atractivo como el protagonista. Aquí el contexto social determina más aún el carácter del héroe. Él en realidad, como le pasaba a Jessica, no quiere salvar a nadie, pero cuando ve injusticias y que él podría pararlas, no puede quedarse de brazos cruzados. O sí, porque realmente cuando le atacan no se mueve mucho. Es lo que tiene que seas a prueba de balas.

Sin embargo, a pesar de ser casi una mole indestructible no cae en el cliché de armario empotrado, tipo duro y serio, sino que es un tío simpático, tranquilo y cercano. También aquí conocemos al personaje por medio de flashbacks. Su pasado nos hace entender que sea como es, tanto personalmente como en su faceta de héroe que no sufre daño físico y que se recupera rápidamente de las heridas y lesiones.

No tiene un único villano contra el que luchar, y quizá esto dispersa un poco la trama. Todo el rollo del hermanastro cansa un poco y hace que haya capítulos un tanto lentos y que parecen de relleno. Sin embargo, queda compensado con la fotografía y, sobre todo, la banda sonora.

Pero Luke no está solo contra el mundo, cuando él necesita ayuda tiene a Claire (enfermera que va apareciendo en todas las series) y a Misty, una policía con una buena capacidad de visualizar las escenas de los crímenes y ver más allá.

La temporada no está a la altura de la de Jessica Jones, pero, a mi juicio, por encima de las de Daredevil. Tiene un punto de acción, un toque de sarcasmo y buena música. Le perdono la lentitud y lo del villano.

Mención aparte merece Iron Fist, que no hay por dónde cogerla. El personaje es soso, descafeinado, aburrido con esa pinta de niño rico inocente e ingenuo.

Como en el resto de series, esta primera temporada sirve para ponernos en antecedentes del protagonista. Así, conocemos este Danny Rand que desapareció hace 15 años cuando el avión en el que viajaba con sus padres se estrelló. Ahora reaparece en Nueva York asegurando que se ha criado con unos monjes y es el Iron Fist. Y claro, le toman por loco.

La serie es lenta, el personaje no atrae y tampoco hay acción. Iron Fist muestra más su filosofía zen que su experiencia en las artes marciales. De hecho, a quien realmente vemos pelear es a Collen Wing, quien además no se libra de que venga el otro a darle lecciones.

El resto de secundarios son unos clichés andantes. Quizá se salva un poco Ward Meachum, que se muestra como más complejo. Tiene dos caras, por un lado la manipuladora cuando maneja a su hermana y la compañía a su antojo, y por otro la de títere, ya que en realidad sus órdenes vienen de su padre, quien vive recluido tras haber fingido su muerte.

La villana es Madame Gao, muy en la línea de Fisk, sin embargo, los guiones no acompañan y la trama aburre.

No obstante, la historia sirve para enlazar con The Defenders, un crossover en que se unen los cuatro superhéroes para vencer a La Mano. En realidad no tienen mucha intención de unirse, ya que cada uno está a los suyo. Matt tras la muerte de Elektra ha renunciado a Daredevil y ahora únicamente ejerce como abogado probono; Jessica simplemente prefiere trabajar sola y Luke acaba de volver de la cárcel y bastante tiene con los problemas de su barrio. Sin embargo, parece que no les queda más remedio, pues todos sus caminos llevan a la misteriosa Alexandra, la gran villana.

El gran as bajo la manga de la temporada es la reaparición de Elektra Natchios, cuyo cuerpo ha sido resucitado. Ahora es el Cielo Negro, el arma más poderosa de La Mano. Y aunque parece que los recuerdos de Elektra ya no habitan en ella, sí que surge cierta conexión con Matt.

También reaparece otro personaje del pasado de Matt, Stick, quien le enseñó a pelear tras quedarse ciego. Y es él quien nos cuenta que La Mano surgió cuando Madame Gao, Sowande, Murakami y Bakuto fueron expulsados de K’un-Lun. Son cinco porque cada uno de ellos simboliza un dedo de esta extremidad. Esta organización se ha ido cargando poco a poco a todos los que se oponen a ellos quedando únicamente el propio Stick y el Iron Fist. Aunque no les queda mucho tiempo, ya que parece que necesitan a este último para sus ceremonias de resurrección.

The Defenders podría haber sido omitida y haber sido parte de la temporada de Iron Fist con la intervención puntual a lo largo de los episodios del resto de los superhéroes. O con un crossover que abarcara las cuatro series, como hacen con las de DC (Arrow, Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow). Pero aún así, como venimos de donde venimos, resulta entretenida, sobre todo porque tiene algo de acción con coreografías más trabajadas y un punto de humor gracias a las pullas que se lanzan entre los protagonistas cuando intentan rechazar colaborar los unos con los otros.

La última de las series que nos quedaba por conocer es la que se centra en Frank Castle y su alter ego The Punisher. A diferencia de los protagonistas anteriores, Frank no tiene poderes y tampoco intenta salvar a nadie.

Presentado en la segunda temporada de Daredevil ya nos muestra un poco de su mundo de oscuridad y su objetivo en la vida: acabar con aquellos que le arrebataron a su familia. No se oculta en discursos de ética sobre el bien y el mal; es destructor y despiadado y lo hace por sí mismo, para intentar cerrar ese dolor que guarda. Venganza pura y dura. Jon Bernthal borda el papel de tipo duro y torturado, y es que, solo con su presencia, el personaje ya gana verosimilitud.

Cuando cree que ha cerrado ese capítulo de su vida, todo el mundo le da por muerto y él se esconde tras una cotidianidad anodina, descubre que detrás del asesinato de su mujer e hijos hay mucho más. Y cuando tira un poco de los hilos descubre que hay toda una trama que tiene que ver con su pasado como marine en Kandahar. La serie se adentra entonces un una trama de conspiración política, policial y militar poniendo en tela de juicio la política exterior de Estados Unidos en lugares a los que se supone que fue para llevar la paz y donde, sin embargo, sembraron el caos.

El otro personaje que tirará de los hilos es Dinah Madani, agente del Departamento de Seguridad Nacional, quien acaba de volver precisamente de Kandahar y comienza una investigación para esclarecer la muerte de su compañero. Los caminos de Castle y Madani convergerán en determinado momento. Y aunque buscan un objetivo similar, sus métodos son muy diferentes.

El ritmo es bueno, con escenas de acción muy sangrientas y momentos conspirativos al más puro estilo 24 o Homeland. Pero también es verdad que hay alguna subtrama que despista de la principal, que ya de por sí tiene demasiadas ramificaciones. Imagino que querían aprovechar para tratar el tema del estrés postraumático de los veteranos y darle más presencia a Curtis, uno de los mejores apoyos de Frank.

El enemigo a batir en esta serie es el agente de la CIA que dirigía las operaciones de Kandahar, sin embargo, el brazo ejecutor es mucho más cercano y lleva a Castle de vuelta a ese mundo de tormento y pérdida. Es inquietante ir descubriendo el pasado de Billy Russo (quien fuera uno de los mejores amigos de Frank en el frente) y cómo se convierte en el gran villano de the Punisher.

El cierre de temporada con la escena en el tiovivo es brutal tanto visual como narrativamente hablando, ya que es el mismo lugar donde la mujer e hijos de Castle fueron asesinados. Es aquí donde murió su familia y donde nació su antagonista.

La segunda temporada de Jessica Jones retoma la historia tras la muerte de Kilgrave y ser reconocida por su participación con The Defenders. La protagonista sigue haciendo su vida, pero sigue tocada por todo lo que le ocurrió con él y gestionando sus emociones con el alcohol. Jessica continúa siendo la misma: pesimista, cínica, pasota y solitaria, pero a la vez ha evolucionado un poco. De la misma manera que lo hacen los personajes de su entorno.

Por un lado, está Malcolm, que ha abandonado las drogas y crece como personaje convirtiéndose en un importante apoyo para ella en sus horas bajas. Aunque ella intente echarlo de su vida en cada oportunidad que tiene. Y por otro, está Trish, quien gana más protagonismo con este interés por las personas con poderes y va volviéndose un personaje más oscuro. Ella insiste en investigar a la misteriosa y peligrosa organización IGH que parece tener conexión con el momento en que Jessica se convirtió en alguien con poderes tras la muerte de su familia en un accidente de tráfico.

También adquiere más importancia Jeri, la abogada, quien tiene que afrontar cómo vivir con su enfermedad. Además, se incorporan personajes nuevos como Óscar, el encargado del edificio donde vive y trabaja Jessica.

Es bueno que se profundice en el resto de personajes y que no recaiga todo el peso de la trama en Jessica, aunque no quiere decir que quede como secundaria en su propia serie como sí le pasaba a Daredevil. Ella sigue enfrentándose no solo a sus demonios internos, sino además a los nuevos enemigos que aparecen a medida que investiga más sobre su pasado y el origen de sus poderes. Aunque es verdad que el gran villano se resiste a quedar claro hasta que no avanzan los episodios.

Esta entrega adopta un tono más sentimental ahondando en los dramas personales de todos y cada uno de los personajes, lo que hace que sea aún más oscura y deprimente que la primera. No se centra tanto en explotar los poderes de Jessica, sino en el desarrollo de los caracteres y en la parte de misterio sobre la compañía que están investigando. Tiene un toque más detectivesco que la anterior, explotando ese aspecto de la protagonista. Sin embargo, quizá por alejarse un poco de este carácter heroico y también por un villano no tan claro, la temporada resulta un tanto floja.

Y si Jessica había salido a la luz como persona con poderes tras The Defenders, lo mismo le ocurre a Luke Cage. En su segunda temporada intenta gestionar esta creciente fama a la vez que procura volver a su vida. Tiene varios flancos abiertos: por un lado sus preocupaciones normales como persona (casa, trabajo, pareja…), por otro la fama (se vende merchandising con su nombre, hay incluso una app para geolocalizarle) y por último, la lucha contra el crimen en el barrio.

Tras la caída de Cotthonmouth, la nueva villana es Mariah Dillard, quien ya había comenzado a despuntar en la temporada anterior. Su historia es la de una mujer ambiciosa que viene de una familia corrupta desde generaciones atrás. Drogas, prostitución, armas, política… Tocan varios palos. El problema es que abarca tanto poder que llega a resultar un tanto inverosímil. Junto a ella destaca el personaje de Shades, quien a ratos le quita protagonismo.

La trama se enreda porque no solo hay dos bandos enfrentados, sino que hay un tercero: el del jamaicano Bushmaster, que ha vuelto para recuperar Harlem, un barrio que considera suyo por herencia familiar. Así, cada una de las puntas de este triángulo intentará deshacerse de las otras dos.

Durante la primera parte de la temporada Luke se centra en hacer caer a Bushmaster. Sin embargo, no será tarea fácil, ya que además de que el jamaicano tiene también una fuerza sobrehumana, es imprevisible, ya que está un poco tarado de la cabeza. Cuando por fin se enfrentan, la pelea es el punto álgido. Por fin Luke tiene un antagonista con el que luchar de tú a tú. Hasta la fecha apenas tenía que presentar resistencia ante golpes y balas (con excepción de aquella que casi le mata).  De hecho, junto con Jessica Jones, era uno de los personajes con menos coreografías de peleas, ya que con empujar, lanzar o golpear con el puño, se quitaba de encima los obstáculos.

Eliminado Bushmaster de la ecuación, toca librarse de Mariah. Pero para ello debe plantearse un cambio de estrategia. Luke Cage evoluciona a un personaje mucho más prudente con respecto a los capítulos de la tanda anterior. Ahora reflexiona y piensa con astucia antes de actuar.

No solo vemos a un Luke más maduro, también están más trabajados los secundarios. No solo los villanos, sino también quienes acompañan al protagonista. Misty Knight por ejemplo resulta muy interesante con su nueva situación tras perder un brazo en el último capítulo de The Defenders. Siendo policía no puede hacer trabajo de campo y queda relegada a la oficina, donde se siente observada por sus compañeros. Sin embargo, gracias a Colleen Wing aprenderá a luchar de nuevo. Y además, gracias a Danny, Industrias Rand le fabricará un brazo biónico a su medida.

Un Danny Rand que por cierto aparece también en esta temporada para apoyar a Luke. Y la verdad es que la pareja funciona muy bien, hay química entre ellos, algo que ya se había visto en The Defenders.

También gana relevancia – aún más que en la primera temporada – la música y las continuas referencias culturales de personajes relacionados con Harlem. Sin duda todo ello sirve para crear un escenario perfecto. Una pena que no haya tercera entrega, porque la calidad de la serie iba en aumento.

También mejora notablemente la segunda temporada de Iron Fist con respecto a la primera. Aunque claro, no era muy difícil. Retomamos la historia de Danny Rand, quien ha estabilizado su vida con Colleen, ha dejado de estar tan presente en Industrias Rand y ejerce como justiciero ahora que Daredevil se ha retirado. Una vez fuera de la ecuación tanta trama corporativa (Danny nunca terminó de encajar en la empresa), ahora la historia trata de centrarse en el poder de Iron Fist. La serie encuentra su tono y su temática y se consolida como una serie sobre artes marciales.

Esta segunda temporada parece tener un objetivo claro y está mejor definida. Es verdad que el hecho de tener 10 capítulos y no 13 hace que quede menos espacio para alargar la trama innecesariamente, pero también da la sensación de que se trata de una temporada de transición que dirigida hacia un nuevo arco argumental en una tercera que no verá la luz. Y una pena, porque el último capítulo por una vez en toda la serie, despierta interés.

No obstante, aunque Iron Fist haya mejorado, sigue teniendo sus problemas. Y el principal es Danny Rand. No resulta atractivo, es soso y le falta chispa. De hecho, acaba convirtiéndose en un secundario totalmente eclipsado por el resto de personajes. Por ejemplo, destacan mucho más Colleen y Misty.

El gran problema al que tiene que hacer frente Danny en esta temporada es frenar una guerra de bandas en Chinatown. Sin embargo, mientras tanto, tiene que gestionar la animadversión que sienten hacia él dos personas a las que en otro momento de su vida habría considerado casi como hermanos: Joy Meachum y Davos. Ambos se han aliado para planear una venganza. Joey está dolida porque se ha quedado fuera de la empresa para la que ha dado su vida, así que contrata a Mary Walker, una ex-soldado de operaciones especiales con trastorno de personalidad que da mucho juego en la temporada. Davos por su parte se considera el digno heredero del poder del Puño de Hierro y quiere arrebatárselo.

Ward Meachum también interviene en esta temporada, aunque con su propio arco argumental que poco tiene que ver con la historia principal. Intenta enmendar su vida ahora que su padre ya no está en la foto intentando superar su problema de adicción. El personaje está bien configurado, pero creo que distrae de lo realmente importante: la pugna por ser el Iron Fist.

Que por cierto, he de reconocer que no creía que pudiera ser transferible. Es decir, lo es, pero pensé que había algún tipo de protocolo de sucesión. Durante toda la primera temporada, así como en The Defenders, Danny presume de ser el Iron Fist, de haber recibido un entrenamiento durante años para después ganar al dragón… Sin embargo, resulta que el poder se puede arrebatar con una especie de ritual. Independientemente de que quien lo vaya a recibir sea digno de poseerlo.

No obstante, el gran giro de todo esto es que el heredero no es Davos, ni siquiera Danny, sino que parece ser que la digna sucesora es Colleen, ya que es descendiente de Wu Ao-Shi, una Iron Fist del Siglo XVII. Pero justo cuando se ponía interesante llegó la cancelación.

La tercera y última temporada de Daredevil retoma la historia con un Matt Murdock que se está recuperando de lo ocurrido en The Defenders. Destrozado física y anímicamente tras la muerte de Elektra, se ha retirado al orfanato donde se crió y allí le está curando la hermana Maggie. Matt está dolorido, desorientado, sus sentidos fallan a ratos y tiene una crisis existencial. Por medio de flashbacks ahondamos en la historia de esta monja que está siendo un gran apoyo para el protagonista y que intenta convencerle que vuelva a tener fe en Dios y en sí mismo. Y descubrimos, oh, sorpresa, que es nada menos que su madre, que siendo novicia abandonó los hábitos para casarse con Jack Murdock y que poco después, tras padecer una depresión postparto, volvió a tomarlos.

No es el único secreto que se desvela en la temporada, ya que Matt decidirá ir a ver a Karen (quien cree que está muerto) y confesarle que es Daredevil. Los tres amigos se habían distanciado por los últimos acontecimientos, pero Murdock está decidido a poner en orden su vida y retomar aquella amistad. Esto sirve para conocer mejor no solo al protagonista, sino a los secundarios. Así, la serie se adentra en esta entrega en el pasado de todos ellos. Y descubrimos que Karen es un personaje muy complejo e interesante. Hay todo un arco argumental en que los vemos cómo los tres son más fuertes individualmente de lo que lo eran al principio de la primera temporada (todos han madurado), pero también cómo cuando se unen, son capaces de cualquier cosa. Como por ejemplo, vencer a Fisk.

Porque sí, el villano sigue haciendo de las suyas. Por un lado ha decidido hacer un trato con el FBI para eludir su condena. Les convence de que les va a dar información suficiente como para empapelar a un montón de gente, pero como siempre, está manipulando a su antojo. Además, ha descubierto que Matt es Darevil, por lo que intentará por todos los medios acabar con él. Y no le hace falta tenerlo delante, sino que comienza una campaña de desprestigio hacia el héroe de Hell’s Kitchen haciendo que otro le suplante y cometa todo tipo de crímenes.

Esta temporada supone un salto cualitativo con respecto a los anteriores. Por un lado, la trama está mucho más centrada gracias a capítulos que mantienen la tensión y tienen una buena estructura. No hay peleas de relleno porque falta guion, sino que siguen cierta coherencia. Por otro lado, los personajes están mejor desarrollados, por lo que vemos sus luces y sus sombras, sus conflictos… Un claro ejemplo es el de Matt, por supuesto, pero también el de Karen o Wilson Fisk, pero también el de los nuevos como son Ray Nadeem (el agente del FBI que intenta resistirse a la corrupción que le rodea) o Poindexter (la marioneta de Fisk que se pone el traje de Daredevil). Y finalmente, lo que hace de esta última entrega de Daredevil la mejor de las tres, es que mientras ha enfrentado a héroe  y villanos ha puesto sobre la mesa conflictos humanos como la soledad, la culpabilidad, la pérdida de la fe, la sed de poder, la corrupción… que llevan al espectador a la reflexión.

Aunque cancelada, también deja abierta la continuidad de la historia con la génesis de Bullseye, el alter ego de Poindexter.

Y en la última de The Punisher también vemos el nacimiento de un nuevo villano para nuestro protagonista más sanguinario: Puzzle.

Billy Russo, el que fuera amigo de Frank en Afganistán y se convirtiera en enemigo en la primera temporada, afronta esta nueva recuperándose de sus lesiones. Ha vuelto a ponerse en pie y guarda bastantes cicatrices en el cuerpo. Y no solo por fuera, sino también mentales, ya que no recuerda gran cosa de lo que le ocurrió. Sí que tiene sueños (o pesadillas) sobre los sucesos del tiovivo y le persigue la imagen de una calavera, pero de momento no consigue unir los puntos, algo que le tiene totalmente desestabilizado mentalmente. Apenas recibe visitas, tan solo de su psiquiatra y de Madani, que lo único que quiere es asegurarse de que no mejora.

Frank por su parte se ha marchado de la ciudad e intenta seguir con su vida alejado de los conflictos con la nueva personalidad que le han facilitado tras ayudar a capturar a Russo. Para en un bar de carretera, se toma una cerveza, intima con una de las camareras y tienen su momento de confesiones y casi de familia con el hijo de ella… parece que tiene el respiro que estaba buscando. Sin embargo, todo se tuerce cuando se cruza con Amy, una adolescente que está huyendo y acaba en ese mismo bar. Castle, con su capacidad de observación y entrenamiento, pronto detecta que pasa algo y se convierte en su protector.

La trama se bifurca entonces en dos problemas y dos villanos. Por un lado está Billy retomando su lado psicópata y por otro una secta que persigue a Amy. Y en medio The Punisher intentando pararlos a todos. La combinación de estos dos hilos conductores permite ahondar en dos Franks diferentes. Por un lado el más violento, el que ya estamos acostumbrados a ver, ese que no duda en disparar antes de preguntar. Pero por otro, se ve a un Castle más humano, más emocional, sobre todo cuando trata con Amy.

Para unir ambas historias están Madani y Curtis. Cuando en el tercer episodio (brutal todo el capítulo de acoso a la comisaría) Frank se ve descubierto y con Amy en peligro, acude Seguridad Nacional y vuelve a casa para investigar sobre los enemigos de la joven. Pero cuando llega y descubre que Russo está campando a sus anchas, recurrirá a su amigo Curtis para trazar una estrategia. Es una temporada más violenta y con más acción que la anterior. Los episodios ganan en ritmo y calidad, aunque fallan un poco los villanos. Por un lado los movimientos de Puzzle resultan un tanto repetitivos y por otro el sicario religioso resulta más espeluznante cuando no sabemos nada sobre él que cuando se ahonda en su historia.

A diferencia del resto de series, el final, aunque un tanto abierto, sí que podría ser conclusivo.

Y recientemente, llegó la última temporada de Jessica Jones, que retoma el carácter de la primera olvidando un poco el desvarío de la anterior (aunque ha servido para sentar las bases de esta). La investigadora ha ganado popularidad y ahora está desbordada de casos en su despacho. Incluso tiene una nueva asistente en el lugar que antes ocupaba Malcolm. En medio de la nueva rutina recibe una petición especial de Dorothy Walker: encontrar a Trish, con quien Jessica no mantiene precisamente una buena relación después de que matara a su madre. Así, la primera parte de la temporada gira en torno a Trish, en cómo ha cambiado su vida ahora que es una superheroína.

Las cosas no quedaron bien a finales de la temporada anterior y se masca la tensión entre ambas, sin embargo, Jessica no dudará en intervenir cuando cree que Trish se va a meter en problemas como consecuencia de su ceguera por ejercer de justiciera. Jones se empeña en que su hermana se mantenga al margen de las calles, pues considera que no está pensando antes de actuar, pero Walker lleva tiempo deseando tener poderes como para quedarse ahora cruzada de brazos. Por fin tiene lo que tanto ansiaba.

Esta primera parte sirve además para seguir los pasos de un Malcolm ahora independizado de Alias y de Hogarth y asociados, así como para descubrir en qué punto de su enfermedad se encuentra Jeri. En cuanto a los personajes nuevos, cabe destacar a Erik, cuyo poder es tener jaquecas cuando se encuentra próximo a alguien con maldad, con mal aura, con alma negra. Y por supuesto, poco a poco vamos conociendo al que será el villano, Gregory Sellinger, un psicópata cuyo interés es acabar con la gente con poderes. No es tan interesante como Kilgrave, aunque en cierta manera también juega con la mente de sus víctimas. Eso sí, a un nivel más mundano, jugando con la psicología y ahondando en las pasiones humanas. Gracias a su aparición Trish y Jessica iniciarán un acercamiento que servirá para limar asperezas y volver a ser las hermanas que eran, que se preocupaban la una de la otra y ayudaban en los peores momentos. El mejor ejemplo es cuando Jessica se encarga de limpiar y cuidar a Trish después de que esta intente asesinar a Sellinger.

Por momentos podría parecer que la serie se centra demasiado en Trish (no en vano sirve para presentar el nacimiento de su alter ego, Hellcat), pero en realidad la evolución de este personaje sirve para entender a Jessica y los pequeños cambios que esta ha ido incorporando a lo largo de los capítulos aceptando cada vez mejor su propio papel de superheroína. Con esta trama Jessica Jones vuelve a tocar los dramas personales y los momentos de oscuridad propios de la primera temporada. Sobre todo plantea la duda de si todo vale a la hora de acabar con el mal. Y pone como contrapunto a Trish y a Jessica. Mientras que la primera se deja llevar por su sed de venganza y acaba perdiendo el norte; la segunda sin embargo intenta mantener la cordura y gestionar mejor los problemas evitando repetir malas decisiones. Y por eso, pese a que le duela, manda a Trish a la cárcel.

Esta tercera temporada ha cerrado con unos personajes más maduros y ha conseguido mantener el interés a lo largo de los 13 capítulos a pesar de darle mayor importancia al dramatismo y menos a la acción. Y como en The Punisher, cierra con un final que bien podría ser definitivo, aunque también retomable en un futuro. Pero eso queda ya en manos de Disney.