Serie Terminada: Sense8

Cuando vi el piloto de Sense8 me quedé con una sensación agridulce. Por un lado me parecía un tanto estereotipada y floja en cuanto a diálogos, mientras que por otro creía que merecía una oportunidad por el argumento y el hecho de que las Wachowski estuvieran detrás. A punto estuve de no verla, pues Netflix decidió cancelarla tras la segunda temporada por su alto coste dejándola totalmente abierta. Sin embargo, la insistencia de los fans en las redes con la campaña #RenewSense8 consiguió que al menos se le diera un final. Lana Wachowski (Lilly abandonó el proyecto en la segunda) ya tenía pensada la tercera temporada (de hecho tenía pensado que la serie durara cinco) por lo que concentró en un episodio de 150 minutos todo el material para darle un cierre digno. Ante tal noticia decidí rescatarla y darle una oportunidad.

Recordemos que Sense8 se centra en la historia de ocho personas repartidas por el mundo que tras visualizar el suicidio de una misteriosa mujer comienzan a descubrir la capacidad para comunicarse entre ellos. Estos ocho personajes son:

  1. Will Gorski: policía de Chicago,
  2. Riley Blue: Dj islandesa afincada en Londres y metida en drogas,
  3. Nomi Marks: hacker y bloguera residente en San Francisco. Es transexual y comparte su vida con su novia Amanita,
  4. Capheus Onyango: conductor de autobús de Nairobi que intenta conseguir dinero para conseguir medicamentos para su madre enferma,
  5. Sun Bak: hija de un importante empresario de Seúl que no es tomada en serio en su trabajo por ser mujer,
  6. Wolfgang Bogdanow: ladrón de cajas fuertes berlinés,
  7. Kala Dandekar: científica de Bombay que está prometida con un compañero de trabajo, y
  8. Lito Rodríguez: actor mejicano con ascendencia española que siempre interpreta héroes masculinos mientras que lleva en silencio su homosexualidad y oculta a su novio Hernando.

Todos ellos han nacido un 8 de agosto y pertenecen a la especie homo sensorium, algo así como una mejora del homo sapiens que tiene la habilidad de compartir conocimientos, sentimientos, emociones, pensamientos y experiencias con los miembros de su clan. Pueden comunicarse teletransportándose físicamente donde se encuentren los otros independientemente de que se localicen a miles de kilómetros de distancia.

En la primera temporada la trama avanza lenta y rápida a la vez. Lenta porque, al igual que los personajes, no terminas de entender qué es lo que está pasando; y rápida porque a pesar de no comprender qué significan esas visiones, esas experiencias, esas conexiones con otras personas, los personajes tienen que protegerse y escapar de una misteriosa organización mundial (con el villano Whispers a la cabeza) que pretende acabar con ellos. A su favor, aparentemente, cuentan con la ayuda de Jonas, otro “sensate”.

Aunque cuesta un poco abarcar cada uno de los caracteres y sus tramas, va haciéndose más fácil a medida que van pasando los capítulos y los 8 se van interrelacionando entre ellos. De hecho, son los momentos en que uno está en problemas y otro acude a ayudarle los más divertidos. Este toque cómico sirve para aligerar la tensión dramática y poco a poco te metes en la historia y acabas enganchándote.

La segunda temporada arranca con un especial de Navidad de dos horas de duración que sirve para hacer un repaso de los dos años entre ambas tandas. Tras este episodio la trama se centra en cómo los ocho protagonistas, que ya han comprendido su realidad y han ido conectando entre ellos, unen fuerzas para acabar con Whispers y la BPO (Biological Preservation Organization), la organización donde este trabaja. Nomi y Amanita están escondidas, así como Will y Riley. Wolfgang (con nuevas amistades -y enemistades- en sus círculos mafiosos) y Sun siguen intentando sobrevivir. Kala y Van Damme consiguen prosperar en sus trabajos. Lito sin embargo ha visto cómo su carrera profesional se ha venido abajo tras salir a la luz su orientación sexual.

Mientras que la primera temporada dejaba una sensación de caos por ese desconocimiento de la trama y los personajes, en la segunda, ahora que ya sabemos de qué va la historia, Sense8 se centra en explorar el mundo de los homo sensorium. ¿Cuántos hay? ¿De qué son capaces? ¿Por qué los persiguen? Miles de preguntas que responder. La serie sube un peldaño profundizando en los personajes, sumando más sentimientos, más conexiones, más historias personales, más misterio y, sobre todo, más acción, ya que no hay capítulo sin persecuciones, peleas, explosiones…

El cierre de 150 minutos pretende resolver todo aquello que quedó en el aire en el final de la segunda. Lo vendieron como una película, pero es muy largo para ser un filme y a la vez muy corto para resumir la trama que estaba planteada para unos 10-12 episodios. Todo se vio precipitado, tanto el tener que atar todos los cabos sueltos, como reunir a todos los personajes (no solo a los 8 protagonistas, sino a los secundarios), algo que imagino que estaba pensado ya no para una tercera, sino para el final de la quinta temporada.

A la falta de tiempo se une un recorte presupuestario, lo que se nota en cómo se han resuelto algunas escenas y tramas. Aunque sigue habiendo cambio de escenario, ya no es momento de rodar en ocho localizaciones tan alejadas entre sí. A mí personalmente me faltó algo más de acción y me sobró buena parte de la media hora final con la boda en la Torre Eiffel. Me da la sensación de que lo único que se pretendía era llegar al corazón de los fans. Con todo, aún así, el capítulo final consigue cerrar la serie de una forma digna dejando el mensaje de que el amor todo lo puede, amor vincit omnia.

Sense8 me ha recordado en cierta manera a Orphan Black. Ambas son series de ciencia ficción en las que una organización misteriosa quiere hacerse con los protagonistas (sean clones o sensates) con fines supuestamente científicos y en ambas el mensaje que subyace es la importancia de la familia. Una familia que no tiene que ser necesariamente de sangre, sino aquella que se elige. Aquella en la que los kilómetros no importan cuando alguien precisa de ayuda o consejo.

Sense8 narra el viaje personal de cada uno de los protagonistas. Expone sus traumas, sus conflictos, sus dudas, sus debilidades… y si consiguen avanzar es gracias a los lazos creados con el resto de personajes. Y es a través de esta transformación personal que se sirve para poner en el centro del relato la diversidad sexual, la multiculturalidad y hablar de derechos y libertades.

Profundiza en la homofobia con la salida del armario de Lito y en la transfobia con el rechazo de la familia de Nomi (sobre todo de la madre) a aceptarla como mujer. No obstante, aunque hay algo de estereotipos, no es algo que defina a los personajes a la hora de relacionarse con el resto de protagonistas. Lito es para los demás el actor mejicano, no se le define por ser gay. Y Nomi es la hacker que les puede ayudar en la huida. Las parejas de ambos son aceptadas en el clan sin ningún tipo de pregunta o comentario. No hay prejuidios. La sexualidad (y el sexo) se tratan con naturalidad y sensibilidad. Y aquí se ve el toque de las Wachowski. Imagino que hay mucho de experiencia personal, de cómo han vivido algunas situaciones y de cómo les hubiera gustado que hubieran sido.

Del mismo modo se afrontan las diferentes razas y nacionalidades. Obviamente la cultura en la que uno crece determina mucho en cómo es ese individuo, pero no se usa como elemento discriminatorio, sino como algo que enriquece al grupo. A lo largo de la serie, cada personaje sirve para reflejar el mundo diverso en el que vivimos. Además, estas localizaciones van en armonía con cada protagonista y el entorno forma parte importante de la historia. No es lo mismo la fotografía en Bombay que en Chicago, en Islandia que en Kenia. Cada historia tiene un espectro diferente, lo que permite diferenciar claramente cada lugar.

No obstante, con tanta diversidad cultural, he echado en falta que se hubiera usado más cada uno de los idiomas locales (español, keniata, coreano, alemán o incluso islandés). Entiendo que tiene más que ver con una cuestión práctica pues los subtítulos pueden llegar a despistar de la trama, pero creo que le habría aportado un toque más personal aún. Podrían haberle sacado algo más de partido al elenco internacional.

Pero en realidad es un pequeño detalle, porque por lo demás, la verdad es que la serie me ha gustado bastante. Tanto por la trama, los personajes,  los actores, las localizaciones, la fotografía y el mensaje que subyace. Aunque terminó antes de tiempo, se ve que había unas pautas, una idea preconcebida de hacia dónde quería ir la historia. Y por lo que pude ver en los extras, muy muy cuidada en la técnica. Y es que aprovechaban los viajes de un lugar a otro para rodar. Como por ejemplo el vuelo de Londres a Reikiavik. Muy interesante también cómo aprovechaban para de una sola toma grabar a varios personajes cuando se intercambiaban.

Una pena que no consiguieran hacer las cinco temporadas para que la historia hubiera sido menos precipitada hacia el final, pero aún así, merece la pena.

Serie Terminada: Catastrophe

Cuando hace unos tres años vi el piloto de Catastrophe enseguida me enganché. Los escasos 23 minutos que duró el capítulo me supieron a poco y ahora que ya he visto la serie completa (los 24 capítulos) he de decir que sigue quedándose corta.

Recordemos que Catastrophe comenzaba con un embarazo inesperado como consecuencia de unos encuentros causales en Londres entre Rob, un ejecutivo de Boston y Sharon una profesora irlandesa. Cuando deciden seguir adelante con el bebé, el estadounidense se muda a la capital inglesa para formar una familia.

Dinamita así ya de inicio todos los parámetros y estereotipos de las comedias románticas que estiran cual chicle una tensión sexual no resuelta que acaba resolviéndose como conclusión de la trama. Lo que podría haber sido el “y fueron felices” de cualquier otra ficción, aquí es el inicio de un viaje por la vida real. De conocer a los amigos y familia del otro, de descubrir manías y defectos… pero también de enamorarse poco a poco.

Porque sí, los protagonistas se enamoran. No lo hacen a primera vista, ni con fuegos artificiales, sino de una manera natural y cotidiana. Porque el amor no es como lo venden en la ficción (sea película, serie, novela o cuento de hadas). Por el contrario una relación de pareja (como cualquier otra) tiene sus altibajos, sus influjos externos, sus malentendidos… y ha de basarse en la amistad y el respeto.

Catastrophe refleja las dificultades de la vida real y deja fuera el idealismo. Construye un relato auténtico sobre las relaciones humanas, la familia, el amor y el matrimonio que va evolucionando a lo largo de las cuatro temporadas como lo hacen los personajes. En la primera tanda de episodios se centra en presentarnos a los protagonistas, sus entornos y su reciente relación. Con un toque cómodo vemos cómo construyen la pareja a la vez que asimilan su futura paternidad. En la segunda temporada damos un salto temporal para ver la llegada de una segunda criatura. En la tercera vivimos tiempos de crisis y un tono mucho más fatalista y triste con la recaída de Rob en el alcohol. Finalmente en la cuarta tenemos un afianzamiento de la familia. Rob y Sharon siguen teniendo sus problemas y sus debilidades, pero funcionan bien cuando colaboran juntos para solucionar cualquier obstáculo. Es una temporada muy emotiva que vuelve al humor de sus orígenes y supone un perfecto broche final con un nuevo embarazo y la proposición de Sharon de mudarse a Boston.

El éxito de la serie es su naturalidad para tratar cualquier tema, su tono atrevido y directo, las referencias culturales y los ácidos diálogos. Juega con el equilibro entre la comedia y el drama y a veces te lleva de la risa al dolor en un instante. Y viceversa, porque incluso en los momentos más tristes consigue arrancar una sonrisa (o incluso carcajada), como en el funeral del padre de Sharon o en el de la madre de Rob.

Pero si algo destaca por encima de todo son los personajes (también los secundarios) y la química que hay entre la pareja protagonista. Horgan y  Delaney han sabido llevar a la pantalla esa conexión que descubrieron un día hablando en twitter y le han dado forma aportando experiencias personales. Logran que el espectador empatice con Sharon y Rob.

Catastrophe tiene algo que engancha con ese humor cínico y ese reflejo de la cotidianidad y los defectos del ser humano. Sin duda todo un acierto y una pena que haya durado tan poco. Los británicos y esas manías suyas de unas temporadas tan cortas. Quedará en nuestro recuerdo.

Serie Terminada: House of cards

Hace poco terminó House of Cards, una serie que llegó a nuestras pantallas de mano en 2013 abriendo la veda del mundo de la televisión a demanda. La adaptación de la miniserie de la BBC (a su vez basada en una novela de Michael Dobbs) llegó a Netflix pisando fuerte. Sin embargo, como muchas otras series, estiró demasiado el chicle y cuando quiso terminar ya había perdido parte de su esencia.

El piloto arrancó con Frank Underwood (Kevin Spacey) matando con sus propias manos a un perro que sufre. Así ya de inicio se presenta como un ser despiadado, sin escrúpulos. Y esta faceta se desarrollará aún más a lo largo del capítulo cuando descubra que aquel cargo de Secretario de Estado que le prometieron, finalmente no será suyo. Underwood es un congresista demócrata y coordinador de la mayoría de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que ansía el poder, así, cuando ve cómo se le escapa el puesto, urde los más enrevesados planes para hacer caer a todos los que se la han jugado y llegar a controlar el partido (como poco).

Por otro lado, conocemos a su mujer, Claire Underwood (Robin Wright), quien dirige una ONG y forma un tándem con Frank. Comparte la ambición de su marido y trabajarán juntos por obtener el poder.

Así, con este planteamiento y estos personajes, la serie se centra en los callejones oscuros de la política, en las manipulaciones, chantajes e incluso asesinatos. Todo por el poder. Tenemos un tablero de ajedrez en el que los participantes solo se mueven por sus intereses. Son aves carroñeras que no solo devoran a los cadáveres, sino que no dudan en quitar de en medio a quien se interpone en su camino.

House of cards empieza bien, con un buen planteamiento argumental, es visualmente atractiva y con unos actores a la cabeza que le imprimen carácter a sus personajes. Se cuece a fuego lento, pero se agradece, porque los diálogos están cargados de significado y no siempre es fácil seguir el ritmo y los engaños de los Underwood. Sobre todo cuando hay demasiadas referencias al sistema electoral estadounidense y no sabes qué papel juega quién y la relevancia que tiene por el puesto qué ocupa.

Si la primera temporada sirve para presentarnos a unos Underwood sin escrúpulos que no dudan en quitarse de en medio a quien sea para escalar puestos; a partir de ahí la acción se dispara y pasamos a unas temporadas plagadas de golpes de efecto y giros de guion. Primero veremos a Frank ocupando la Vicepresidencia y después, tras la renuncia del Presidente (previo urdimiento de Underwood para que renuncie, claro), convertirse en POTUS.

A partir de ahí la cosa se complica un poco más, porque es más sencillo manipular desde fuera, que sentado en la mesa del despacho oval. Lo difícil no ha sido llegar, sino mantenerse y no resultar víctima de maniobras como las que él ha estado llevando a cabo. Frank Underwood se encuentra en el punto de mira de muchos enemigos. Además, se encuentra con un frente más abierto: Claire. Ella colabora en los intereses de Frank en tanto que a ella también le beneficien. Ambos son ambiciosos y juegan por el bien común. Así pues, en el momento en que ella siente que la balanza se ha desequilibrado y que solo gana él, reclama su parte y amenaza con salir de las sombras.

Hasta el momento, en las tres primeras temporadas Frank no ha tenido un rival que estuviera a su altura, pero con Claire es diferente. No solo lo conoce a él y a sus secretos, sino que puede ser igual de cínica y manipuladora que él. Así, la cuarta temporada es un duelo de Underwoods que solo puede acabar de dos formas: con uno fuera de la ecuación o con Frank apoyando a su mujer como ella lo ha ayudado durante todo este tiempo.

Y parece que la balanza se inclina a la segunda opción, pues la quinta temporada arranca con el matrimonio presentando su candidatura a la Presidencia (Frank) y Vicepresidencia (Claire). De nuevo son un tándem que camina en la misma dirección, con el mismo objetivo. Eso sí, ahora lo tienen más difícil que al principio, lo que hace que sus planes sean más maquiavélicos si cabe.

A estas alturas la serie iba por unos derroteros muy distintos a los comienzos, no es de extrañar que Beau Willimon, el showrunner, la abandonara en la cuarta temporada (una le sobró de hecho). El hilo argumental ya se había perdido, los enemigos eliminados como si nada (ya sean periodistas o políticos), asesinatos por doquier y siempre en busca de dar un giro de guion. House of Cards se fue convirtiendo en Scandal a medida que avanzaban las temporadas y los Underwood se parecían demasiado a los Grant. No había de por medio una Olivia o un B613, pero sí un Tom Yates y un Doug Stamper respectivamente. La política acabó siendo lo de menos y House of cards fue abandonando el thriller para transformarse en un culebrón en que los personajes llegaron a ser una caricatura de sí mismos. Para estas alturas de la serie el espectador ya ha perdido la capacidad de sorpresa entre tanta puñalada trapera, corrupción y asesinatos.

Y de repente salió a la luz la demanda por agresión sexual contra Kevin Spacey y el actor fue despedido. Parte de la sexta temporada ya se había grabado y se hizo borrón y cuenta nueva para readaptarla sin él. Netflix decidió cancelar la serie tras una temporada reducida de 13 a 8 episodios centrados en el personaje de Robin Wright. Pero en realidad, tampoco era para tanto, con demanda o sin ella Frank Underwood ya estaba muy quemado como protagonista. Además, de todas formas era el momento de Claire después de que en la cuarta reclamara su lugar y de que en la quinta se empoderase.

Sin embargo, parece que de repente los guionistas perdieron el rumbo. Como si se hubieran quedado sin ideas y no supieran qué escribir. Lo que se podía haber convertido en un buen cierre, en un soplo de aire fresco; se envicia con constantes alusiones a Frank Underwood como si intentaran compensar de alguna forma que Claire está sola en el liderazgo. Al final es algo que lastra a nivel argumental. La temporada pierde todo el interés con el sinsentido de “todos contra la presidenta” pero sin realmente llegar a ser una verdadera amenaza. Por no hablar de ese final tan precipitado y que no cierra nada. Vaya manera de cargarse una serie que comenzó tan arriba.

Una lástima. Cuando comencé a verla esperaba una serie más seria, centrada en las sombras de la política con la prensa como cuarto poder sacando a la luz las oscuras maniobras de los Underwood. Sin embargo, al final ha resultado ser un culebrón en que la política era lo de menos y donde los protagonistas no tenían unos antagonistas que les hicieran realmente frente. Podríamos decir que ha resultado ser un Underwood vs Underwood y todo lo demás ha sido secundario.

Serie Terminada: Scandal

Hace un par de años que vimos el piloto de Scandal y se quedó en la lista de series para ver. En abril del año pasado llegó a su fin tras siete temporadas y era momento de rescatarla para verla del tirón. Vaya pérdida de tiempo.

En el primer capítulo se nos presentaba Olivia Pope & Associates, una agencia de gestión de crisis y escándalos cuya misión es proteger y defender la imagen de sus acaudalados clientes. La trama se centra en Washington D. C. y la Olivia Pope que da nombre al bufete es una abogada con contactos hasta en la misma Casa Blanca, puesto que fue directora de campaña (y amante) del ahora Presidente Grant. Su personaje está basado en Judy Smith, jefa de prensa de la administración de George H. W. Bush (quien además pertenece al equipo de producción de la serie). El resto de su equipo está formado por su mano derecha Stephen Finch, su amiga Abby Whelan, el hacker Huck, Harrison Wright y la recién llegada Quinn Perkins. Todos tienen en común que fueron salvados por su jefa en algún momento de su vida.

Durante los siete episodios de la primera temporada podemos ver cómo Pope y su fiel equipo de gladiadores con traje (como se hacen llamar) se encargan de solucionar los problemas de sus clientes gestionando sobre todo la comunicación. En el fondo no es muy diferente de The Catch, también de Shonda Rhimes: mujer de alto nivel adquisitivo que dirige un bufete, clientes exclusivos con problemas que no quieren que salgan a la luz y una relación romántica tortuosa. Sí que es verdad que la primera tenía una fotografía más luminosa (estaba centrada en Los Ángeles), pero se recurren a los mismos flashes, pantallas partidas y ritmo frenético.

Pero volviendo a Scandal, con estas premisas planteadas de inicio, parecía indicar que se iba a tratar de un drama político de capítulos autoconclusivos al estilo procedimental con una subtrama romántica entre Pope y el presidente. Pensé que los intríngulis políticos, el debate moral y las estrategias de comunicación serían el leit Motiv de Scandal; sin embargo, la política pasó a segundo plano en la segunda temporada cambiando totalmente el estilo y la estructura de la serie. Entonces se convirtió en una telenovela en la que todo giraba en torno a la relación tóxica entre Olivia y Fritz. Todo un melodrama pasado de vuelta.

 

Así, en el resto de temporadas, lejos queda la fórmula inicial de la serie siendo sustituida por un sindiós narrativo plagado de conspiraciones paranoicas que restan cualquier ápice de credibilidad a la historia. No sé qué se fumaban para escribir los guiones, pero da la sensación de que intentaban buscar lo más descabellado, cualquier giro que sorprendiera a la audiencia por muy inverosímil que fuera. Sin embargo, acaba convirtiéndose en un insulto a la inteligencia del espectador. A saber: amaño de elecciones, conspiraciones, espionaje, juegos sucios, chantajes, torturas, asesinatos, secuestros, organizaciones secretas, progenitores sin escrúpulos que salen de la nada… todo lo que pueda sonar disparatado vale en Scandal, tanto que entra en un círculo vicioso del que no podrá salir.

Los personajes no se salvan claro, están también muy mal definidos. Olivia es independiente, ambiciosa y brillante en su trabajo. Hasta ahí bien, excepto por el pequeño detalle que parece que siempre tiene un as bajo la manga y que es capaz de enfrentarse a todo. Incluso al aparato de una agencia de inteligencia secreta. Por otro lado se nos presenta como fría, frívola y cruel, pero que a su vez cae una y otra vez en los mismos errores. Parece tener síndrome de Estocolmo con sus padres y con Fritz. Las absurdas incoherencias la convierten en un personaje inverosímil. Un individuo puede tener contradicciones y dobleces, pero siempre con cierta coherencia con respecto a su historia. Aquí parece que Rhimes ha querido que todo le pase a ella. No me extraña que se dé al alcohol.

El personaje de Fitzgerald Grant III es horroroso. Cincuentón blanco que viene de familia adinerada y que representa el poder. Es definido como el líder del mundo libre. Sin embargo, resulta que ha llegado al puesto gracias a un amaño en las elecciones y no es más que una marioneta en manos de todos aquellos que llevaron su campaña. Incluso cuando es presidente ni siquiera gobierna, sino que está dirigido por sus asesores, y por Olivia, claro, que es la cabeza pensante de todo esto. Por si fueran pocos estereotipos, además es un marido infiel e insoportable que desprecia a su mujer y que acaba convirtiendo a su amante en un florero en cuanto la relación da un paso más serio.

Y luego está Mellie Grant, esa primera dama que sacrifica todo (personal y profesionalmente) por su marido. Traga carros y carretas, pero en lugar de crear un personaje hacia el que el espectador pueda sentir cierta pena; por el contrario es presentada bien como una insufrible damisela siempre lloriqueando (incluso cuando es por algo tan razonable como la pérdida de un hijo), o bien como una mujer malvada que está tramando un plan maquiavélico (y que no siente apego por los niños pequeños). La mujer débil o la mujer desalmada. Sin embargo, es una superviviente. Pone en pausa su vida para que su marido llegue al poder con la esperanza de que después ese empeño sea recompensado de la misma forma. Pero claro, su marido no está a la altura. Sin duda Mellie es quien tiene más coherencia y quien más evoluciona de toda la serie. Aunque he de decir que el doblaje no le hace nada bien.

En fin, que la trama es un despropósito plagada de incongruencias, los guiones son nefastos y los personajes no transmiten empatía. Sobre todo en esos monólogos interminables recitados a viva voz. Tanto Cyrus Beene (jefe de gabinete del presidente), como los padres de Olivia (especialmente Rowan) y ella misma sueltan unos irritantes soliloquios llenos de frases vacías. Eso sí, parece que los actores se lo toman en serio y creen estar interpretando a el papel de sus vidas en Broadway.

Porque esa es otra, el elenco no se salva. No he visto cosa peor que Huck, un señor que parece que solo sabe gesticular con los ojos: o los achina o los abre mucho. Ya está, esa es su capacidad actoral. Por no hablar de Jake Ballard, interpretado por Scott Foley, el Noel de Felicity, un tipo que se ha encasillado en “el yerno perfecto” y no termina de encajar como despiadado asesino de una agencia secreta. Pero quien se lleva la palma es Kerry Washington, la mismísima protagonista. No transmite, no sabe expresar emociones, es demasiado hierática.

En definitiva, Scandal es un quiero y no puedo. Prometía un drama político plagado de escándalos y giros de guion y se convirtió en un mal culebrón.

Serie Terminada: New Girl

Últimamente no estaba teniendo mucha suerte con las comedias. A priori los pilotos parecen divertidos y novedosos, pero luego acaban degenerando. Ya me pasó con Cómo conocí a vuestra madre, con Cougar Town, con Suburgatory, con Awkward, con Finales Felices, con la Liga, y más recientemente con Modern Family o The Big Bang Theory.  Con estos antecedentes comencé con cierto reparo y distancia a ver New Girl. Sin embargo, a pesar de ciertos altibajos y de algunas situaciones tópicas, quizá es una de las series que mejor ha mantenido su esencia.

Creada por Elizabeth Meriweather, guionista de la comedia romántica Sin Compromiso, protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, New Girl arranca cuando Jess Day, una treinteañera profesora de infantil, pilla a su novio con otra. Con el corazón roto comienza la búsqueda de un nuevo sitio para vivir y responde a un anuncio de un espacioso loft en el que residen tres amigos. Aquí empieza la locura, las rarezas, el humor desenfadado y un tanto absurdo. Los tres compañeros a priori tienen sus dudas con respecto a que la convivencia con una mujer en el apartamento vaya a funcionar. Sin embargo, tras una extraña entrevista acaban aceptándola como inquilina.

La base de la serie es la adaptación de todos los integrantes a la nueva situación. Por un lado tenemos a Nick, un tipo que también acaba de salir de una relación y que tiene alma de señor mayor que no para de quejarse. Un carácter que contrasta de primeras con la optimista Jess, pero que se ve a la legua que va a haber química entre ambos. Dejó su carrera de abogado y ahora trabaja en un bar mientras sueña con ser escritor. Quizá es el más normal de todo, aunque tiene un cierto complejo de Peter Pan, ya que parece no querer asumir las responsabilidades de la vida adulta.

El segundo compañero es Schmidt, compañero de la universidad de Nick. Se dedica al marketing en una empresa en la que parece ser el único hombre, así que va por la vida intentando mostrar su masculinidad y explotando una faceta de mujeriego. Aunque a la vez es un tipo que expresa sus emociones y no se avergüenza por ello. También es tremendamente obsesivo en cuanto al orden y es un esclavo de su imagen, en parte porque estuvo gordo en su época universitaria.

El tercero en el piloto era Coach, apodo tomado de su profesión, pues tras abandonar la competición es entrenador personal. Sin embargo, este personaje desaparece a partir del segundo capítulo porque Damon Wayans Jr, el actor que lo interpreta, tuvo que regresar a Finales Felices tras su inesperada renovación. Así, en su lugar apareció Winston, amigo de la infancia de Nick, que regresa de Letonia tras una desastrosa etapa como jugador profesional de baloncesto. Al principio se nota que el personaje está algo menos planificado que el resto y que se ha añadido después, pero enseguida adquiere su propia personalidad y resulta tener una curiosa vis cómica.

Además de los residentes en el loft, completa el grupo Cece, la mejor amiga de Jess, que pone cierto punto de cordura en las disparatadas aventuras del resto (aunque también tiene sus cosillas). Trabaja como modelo y encandilará a Schmidt desde el principio.

Con este arranque y estos personajes, está claro que la serie no planteaba nada novedoso, ya hay un montón de series basadas en amigos. Porque aunque el punto de partida de New Girl sea la llegada de la chica nueva al loft con sus excentricidades, en realidad en pocos capítulos la dinámica se convierte en una comedia de amigos. Sí, tienen la particularidad de compartir piso y esto hace que algunas tramas giren en torno a la convivencia, pero los personajes y sus conflictos evolucionan y se abren al mundo exterior. Eso sí, siempre que uno tiene un problema, los demás acuden. Enseguida hacen piña y se cuidan. Y si tienen que subirse al carro de alguna locura para mostrar su amistad, ahí están.

Y aunque el centro de la serie es Jess, hay cierta química en todo el equipo que hace que se complementen y que a partir de la segunda temporada se vuelva más coral. Es verdad que el personaje de Zooey Deschanel lleva gran parte del peso de la ficción (y se nota cuando la sustituye Megan Fox durante su baja maternal); pero cada uno aporta su punto y se complementan bastante bien. Nick tiene su pasado con Wiston y con Schmidt, así como Jess lo tiene con Cece, pero las nuevas relaciones también dejan momentos divertidos, como los momentos entre Wiston y Cece.

A partir de la tercera temporada New Girl cambia un poco de rumbo al introducir las relaciones amorosas entre los integrantes del grupo. Se pierde un poco el tono irreverente y el espíritu del principio. Incluso aparecen tramas que no tienen mucho sentido, como la relacionada con la hermana rebelde de Jess, una niñata insoportable.

La cuarta temporada podría no haber existido, pues realmente aportó poco. Jess comenzó varias relaciones, una de ellas con un compañero profesor que tan pronto como llega de Inglaterra, se va; Schmidt sale con una política y vuelve Entrenador, quien al final acaba también emparejado y marchándose a Nueva York en el último episodio. No es de extrañar, pues no terminaba de encajar en la complicidad del resto de personajes.

Y algo similar ocurre con la llegada de Megan Fox en la quinta. Interpreta a Reagan, una representante farmacéutica que viaja mucho y con un carácter distante que rompe la dinámica del grupo. Con Jess fuera como jurado, Nick y Reagan mantienen una cierta tensión sexual no resuelta, Wiston lidia con sus propia atracción a su compañera Aly y Schmidt y Cece planean su boda. Sin Jess la serie va sin un rumbo fijo. Incluso a su vuelta, parece una serie de parejas, pues ella vuelve a salir con un antiguo ex.

En la sexta temporada parece que se encauza la historia y se recupera parte del tono que tenía la serie al principio, aunque ya todo ha evolucionado a unos personajes encaminados a la vida adulta. Los recién casados buscan, compran y reforman una casa en la que comenzarán una vida juntos con un bebé ya en camino. Por su parte, Wiston y Aly tienen una relación estable, mientras que Nick consigue terminar y publicar su primera novela y Jess asciende a directora. Además, la temporada concluye con Nick y Jess comenzando una relación en serio, lo que podría haber sido también un fin de serie.

Sin embargo, decidieron darle un cierre con una temporada más de 8 capítulos parece que como regalo para los fans. Arranca con un salto temporal de tres años en el que Nick es un autor famoso y Jess vuelve a trabajar en un colegio; Cece lleva su empresa de representante de modelos mientras Schmidt se queda en casa cuidando a su hija; y Wiston y Aly, ya casados, esperan su primer hijo. En el fondo la temporada no es más que una excusa para despedirse de los personajes y para escenificar la boda de Nick y Jess que, como no podía ser de otra manera (ninguna boda en la serie es “normal”), es una sucesión de desafortunados incidentes.

Además, sirve para despedirse de Furguson (el querido gato de Wiston) y de Entrenador. Pero sobre todo estos capítulos sirven para cerrar una etapa, para abandonar el loft. Y como no podía ser menos, con el True American, esa locura de juego que se volvió todo un fenómeno en Estados Unidos y la cadena acabó publicando sus complicadísimas reglas.

El suelo es lava, por lo que hay que evitarlo. Para ello, hay que preparar la estancia con sillas, mesas, cojines… cualquier cosa por la que los participantes se puedan desplazar. En el centro de la habitación hay que construir un “castillo” con una botella (el rey) y cuatro filas de latas de cervezas, el primero que llegue a la botella, gana.

Juegan varias veces a lo largo de la serie, pero es bastante rápido y cuesta seguirlo. El primer jugador debe gritar “1, 2, 3, 4, JFK” y los demás responder “FDR”. Cada uno coge una cerveza del castillo, se mueve a un lugar seguro y le da un sorbo a la cerveza. A partir de ahí uno de ellos comienza a retar a los demás con la cuenta (todos los jugadores gritan “1,2,3” y marcan un número con los dedos en la frente. Quienes no repitan, avanzan una posición), con completar la cita (ya sea literaria, histórica o musical) o con algo en común (el jugador en turno habla de dos personas, lugares o cosas que tengan algo en común y quien acierte primero, avanza).

Queda descalificado quien pise el suelo o se quede sin bebida. Aunque se puede reincorporar bebiéndose de golpe una cerveza.

Imposible de seguir y de entender, pero resulta cómico y representa en cierta manera la locura de la serie. New Girl es una comedia fresca, ágil, entretenida y sin muchas pretensiones. Su trama es simple y su objetivo es entretener con un humor directo pero que a la vez roza lo esperpéntico. Schmidt y su tarro de chorradas, Wiston y sus camisas o su daltonismo, Jess y su ingenuidad o la capacidad para meter la pata, Nick y su amigo chino, las bromas que se gastan unos a otros…

A pesar de sus altibajos, la serie seguía siendo ligeramente graciosa y divertida, algo que de por sí es complicado en una comedia tras tantas temporadas, pero claro, ya no era lo mismo. Era el momento de terminarla y han sabido cerrarla manteniendo el espíritu con que comenzó. No es la serie de mi vida, pero, al menos, como comedia, ha cumplido su función.

Serie Terminada: Orphan Black

Cuando vi el piloto de Orphan Black quedé enganchada automáticamente ante la historia de dobles idénticos y robos de identidades. Así que, cuando supe que habían puesto fecha final a la serie estaba deseando ver del tirón sus cinco temporadas para ver si cumplía las expectativas del primer episodio. Y vaya si cumple. Espectacular. Hacía tiempo que no veía una serie que me tuviera tan enganchada (The Good Wife me gustó, pero son de temáticas diferentes y no se pueden comparar).

Recordemos que el argumento gira en torno a Sarah Manning, quien ve cómo una mujer se tira a las vías del tren y que cuando se acerca a robarle el bolso descubre que es idéntica a ella. Dado que su vida es un auténtico caos (consecuencia de los trapicheos en los que está metida), decide suplantar la identidad de la suicida esperando cambiar así su suerte. Sin embargo, la fallecida (que resulta ser policía) no tenía una vida de rosas y Sarah acaba descubriendo que no es la única mujer que se le parece.

A partir de ahí Sarah intentará no solo averiguar quién era la detective Beth Childs, sino quién es ella misma, para quizás así encontrar el nexo de unión o descubrir si ella también es una copia. Por el camino conocerá a más clones y un peligro en ciernes: alguien las quiere muertas. La serie entra en una espiral trepidante plagada de acción y thriller mezclados con conspiraciones, secretos, sangre, humor, drama y ciencia ficción.

Acompañamos a la protagonista a desenredar la madeja. Pero en realidad la cosa no deja de complicarse a medida que avanzan los capítulos y vamos descubriendo nuevas clones como Alison o Cosima. La primera de ellas podría apellidarse Van de Kamp. Es la típica ama de casa de las afueras que colabora con la parroquia, con el equipo de fútbol de sus hijos, que hace manualidades y organiza la feria anual del pueblo. No tiene nada que ver con Sarah, que nació en Londres y fue adoptada por una irlandesa que se la llevó a vivir a Canadá. Cosima es científica y siendo lesbiana y hippie no podría ser de otro sitio que de San Francisco. Es la clon inteligente y tiene un aura de positivismo que también contrasta con el carácter de Manning, mucho más pasota y negativa.

Todas se parecen físicamente, claro, pues están interpretadas por la misma actriz, Tatiana Maslany, pero sus personajes no podrían ser más diferentes. Es impresionante el trabajo de Maslany para interpretar no solo a estos tres caracteres sino a los que vendrán. Apenas hay caracterización más allá del peinado o el estilismo de cada una, pero consigue dotar a cada clon de su manera de andar, de sus movimientos, de sus tics, de sus matices y peculiaridades, de sus expresiones, de su forma de hablar. Y no se trata solo de una cadencia, de poner la voz más aguda o grave, es que además se mueve en una buena variedad de acentos. Todos estos pequeños detalles otorgan a cada una su propia identidad y hacen que nos creamos todos y cada uno de los personajes.

Esta compleja serie es posible gracias a Maslany, en quien recaen fácilmente el 90% de las escenas. Y no siempre sola, pues muchas veces comparten espacio varias de las clones, momento en que se hace más patente aún lo bien configurado que está cada una de las clones, llegando a olvidar que es la misma actriz quien asume todos los roles. Y para rizar más el rizo aún, es capaz de interpretar a una de ellas haciéndose pasar por otra sin desdibujar a ninguna. Increíble e Impresionante.

Aunque Sarah encontrará un buen apoyo en Alison y Cosima para sus investigaciones, su principal hombro es Félix, que también fue adoptado por la Señora S. Félix vive en un loft y responde a muchos clichés de un artista estrafalario y extravagante pero se le puede perdonar porque la química que tienen ambos actores aporta frescura, humor y sarcasmo a la serie. Y no solo en el dúo Félix-Sarah, sino que alcanza sus mejores momentos cuando es Félix-Alison. Esta combinación consigue añadir una vis cómica en medio de tanta conspiración, de tanto momento sangriento y tanto drama. Aunque el tándem formado por el matrimonio Hendrix (Alison y Donie) le va quitando el puesto a medida que avanza la serie. Y es que los personajes crecen a medida que pasan los capítulos y que todo se va enredando más. Nunca decae, siempre mantiene al espectador en tensión sin saber qué giro vendrá a continuación.

Otro personaje de confianza de Sarah que va adquiendo protagonismo en la serie es Art Bell, el compañero de Beth en la policía. No empiezan del todo bien, pues él ve algo raro en Beth, pero una vez que Sarah le pone al tanto de la situación, se convierte en un buen aliado no solo suyo, sino de todas las clones.

En la primera temporada en realidad no se aclara nada, solo nos sirve para darnos cuenta de que hay algo mucho más complejo detrás de toda la historia de la clonación. Conocemos a Rachel, una nueva clon, aunque esta sin embargo se diferencia de las demás en qué sabe desde pequeña que lo es y pertenece a la corporación que va detrás de todas ellas.

Y aún nos queda por ver en acción a Helena, la taradísima (y fantástica) Helena, educada en un convento ucraniano y a la que han vendido la idea de que ellas es la original y el resto son sus copias.

La trama va ramificándose a lo largo de las temporadas y no hay que perder detalle para no salirse de la historia entre intereses empresariales, neolucionistas, sectas religiosas, proyectos militares-biológicos e investigación científica con el genoma humano. Las clones se ven inmersas en una enorme maraña corporativa de la que solo pueden salir si se unen. Y es que aunque la serie va de la ética y la moral en la experimentación científica, en el fondo, el tema destacado es la familia. Sarah lo daría todo por su familia. Por su madre adoptiva, esa Señora S. con un par de ovarios bien puestos; por su hermano Félix; y, sobre todo, por su hija Kira. Y no duda en ampliar esa red familiar incluyendo a sus hermanas y luchando por salvarlas.

La vida de Alison también gira en torno a su familia. A su matrimonio con un tipo soso y cobarde pero que en el fondo es buena persona, a sus hijos adoptivos y a la comunidad en la que vive. No duda en convertirse de alguna manera en la madre de todas contactando periódicamente con ellas y asegurándose de que están bien. Incluso las acoge en su casa.

Cosima tiene a sus padres lejos y su núcleo familiar es más pequeño, pero cuenta con Delphine, su novia y con Scott, compañero de investigaciones que se convierte en imprescindible.

Incluso la malvada Rachel tiene su red de seguridad en Dyad.

La más solitaria es Helena. Ella va por libre, es más de defender y ayudar a sus sestras que de dejarse ayudar. Pero también acaba arropada por todas las clones, pues pese a su carácter arisco, hay que quererla.

Viendo lo diferente que son cada una de las clones se pone sobre la mesa otra discusión filosófica interesante: la dicotomía entre lo innato en el ser humano y lo aprendido por el entorno. El carácter vs el condicionamiento social. Indudablemente cada una de ellas es un individuo independiente que ha tomado un camino y ha forjado una personalidad en función de sus experiencias vividas.

Sin embargo, a pesar de ser una serie original, de contar con una magnífica actriz protagonista y de plantear temas éticos que dan que pensar, también tiene algún punto flojo. Mientras que las clones y su entorno más próximo está muy bien dibujado, por el contrario hay algunos villanos que están menos trabajados. Supongo que porque tienen menos recorrido y los guionistas les han dedicado menos tiempo recurriendo en muchos casos a estereotipos.

También hay alguna trama secundaria cogida con pinzas, como la de Adele, la hermana biológica de Félix. Entiendo que quisieron ampliar el universo del personaje más allá de Sarah, pero realmente no aporta mucho.

Lo que no se le puede negar a la serie es que engancha, y, por si todo lo mencionado anteriormente fuera poco, en parte se lo debe al rimo sin descanso de cada uno de sus capítulos. Cuando tienes una serie de 10 episodios por temporada no te puedes entretener en minucias, sino que la trama tiene que avanzar sin descanso. Lo que no significa que la historia no cuente con su base y su coherencia. Parece que tenían bien claro en qué querían centrar cada temporada y cómo iba a ser el arco argumental durante todo el metraje.

Además tiene mucho trabajo de postproducción como consecuencia de escenas en las que intervienen varios clones. Hay veces que simplemente están en una misma estancia y no comparten plano, pero otras en las que sí y además se tocan. Y cuando tu serie se basa en esos personajes, tienes que saber hacerlo bien.

Cuesta dejar ir una serie así. Tan entretenida, dinámica, con acción y peligro, con drama y humor negro, con momentos tiernos, otros duros, sangrientos e incluso gores. Y sobre todo con momentos de amistad y sororidad. Porque detrás de todo está la lucha de las protagonistas por su supervivencia siendo libres e independientes. Cada una busca encontrar su propio camino superando sus miedos, adicciones, problemas o enfermedades.

Orphan Black apela a una “galaxia de mujeres” (como dice Félix) que toma las riendas de su vida. Sean buenas, malas, madres, hijas, amas de casa, científicas, heterosexuales, homosexuales o bisexuales, temerarias, dulces, responsables, peligrosas… Da igual, siempre están en primera línea de sus propias vidas. Los hombres que las rodean están para ayudar, colaborar y no para salvarlas cual damiselas en apuros.

Cuesta despedirse de una serie que era como una matrioshka, una serie con miniseries: la científica y conspiranoica, la comedia negra de la familia perfecta de clase media de barrio residencial, la policíaca, el thriller de barrio marginal… Pero sobre todo cuesta decir adiós a las sestras, a la impulsiva Sarah, a la neurótica Alison, a la salvaje Helena, a la dulce Cosima, a malvada Rachel e incluso a Tony, que apenas salió en un par de capítulos o a la hilarante Krystal.

Serie Terminada: The Catch

La última serie que hemos terminado de ver es la breve The Catch. La ficción de la productora de Shonda Rhimes fue cancelada tras dos temporadas de diez capítulos cada una, y bien podrían haberla dejado cerrada tras la primera entrega.

El planteamiento no era malo. Recordemos: una analista de fraudes experta en delitos de guante blanco ve cómo desaparecen sus ahorros cuando su supuesto prometido resulta ser un estafador. Mientras intenta que su reputación profesional no se vaya al garete, se guarda su orgullo herido y se pone manos a la obra para encontrarle y recuperar lo que es suyo.

Así pues, tiene un poco de acción, otro poco de juego del gato y ratón, retazos de intriga, un toque de historia romántica… Pero claro, el problema es que no tiene mucho recorrido. No puedes estar seis temporadas persiguiendo al estafador. Así que, esa trama se cierra en la primera temporada y ya en la segunda cambiamos de tercio con el prometido colaborando con el FBI a cambio de infiltrarse y así ayudarles a resolver casos de su perfil. ¿De qué me suena esto? Ah sí, como comenté tras el piloto, recuerda en cierta medida a Ladrón de guante blanco.

Técnicamente no está mal. Los capítulos tienen ritmo, juega con los planos y la pantalla partida (quizá en exceso), con una fotografía muy luminosa que automáticamente nos transporta a Los Ángeles, oficinas de diseño con mucho cristal y blanco, personajes impecablemente vestidos… Pero no termina de funcionar.

Normalmente en series de este estilo tenemos un arco que se alarga toda la temporada y que sirve como hilo conductor, y una trama más corta que se suele desarrollar en un capítulo o quizá dos. Sin embargo aquí tenemos tres ejes. Por un lado el temporal (la búsqueda del prometido), por otro el episódico (el caso de investigación de la empresa de Alice) y por último la trama del estafador junto con sus compañeros. Y al final, con tanta bifurcación, va todo demasiado rápido sin profundizar demasiado.

Parece que todo va de apariencias, de sonrisas, de pestañas postizas, de ropa o coches de alto nivel adquisitivo. Hay un toque muy clasista en sus guiones y resulta una serie muy superficial y banal. Tampoco me termina de cuadrar la pareja principal, no me resulta verosímil, no sé si por la química que no termina de cuajar o por tanto pasteleo romántico.

La primera temporada tiene un pase con la búsqueda, persecución, juegos y engaños; pero la segunda da un giro con tal de alargarla lo máximo posible incluso introduciendo la historia del hermano de la protagonista que no tiene ni pies ni cabeza o la hija perdida del estafador. No hay nada de thriller o acción y sí mucho de drama pasteloso.

Es una de esas series de verano para ver de fondo sin esperar grandes tramas o personajes. Lo bueno: que solo son 20 capítulos.