Serie Terminada: Orange is the new black

Orange is the new black se basa en la historia real de Piper Kerman, una urbanita, casada y con planes de futuro que, después de que una cómplice la delate, se encuentra con que ha de cumplir una condena de 15 meses por un delito de blanqueo de dinero unos años antes. La creación de Jenji Kohan fue la sorpresa de la temporada en su estreno en Netflix allá por 2013 con su estilo tragicómico y su elenco coral. Y es que aunque se basa en el libro que escribió Kerman tras su paso por la cárcel, ella no es protagonista absoluta, sino que hay más de una veintena de personajes diferentes, cada uno de ellas con sus circunstancias, sus problemas, sus matices y sus caracteres. El punto en común es que todos tienen que sobrevivir entre rejas.

La primera temporada se centra sobre todo en presentar a las mujeres que comparten la prisión y se alterna el presente con los flashbacks para completar sus historias. Se va rotando así el protagonismo entre todas ellas y permite al espectador adentrarse de lleno en la serie. En las siguientes temporadas se mantiene esta dinámica y, aunque pierde la novedad, mantiene la frescura gracias a la introducción de nuevos personajes y a su tono. Orange is the new black ha jugado siempre muy bien con el humor negro, sobre todo explotando la vis cómica de las situaciones a las que se ha ido teniendo que enfrentar la chica pija de Brooklyn. Sin embargo, poco a poco la serie va evolucionando y se plantea una explícita denuncia social poniendo en el centro el sistema de prisiones estadounidense y por extensión a las políticas neoliberales.

El cambio comienza a verse cuando en la tercera temporada la cárcel pasa de ser pública a privada y por tanto se comienza a mirar cada céntimo que se invierte en ella: aumenta el ratio de reclusas por personal, se recorta el presupuesto de limpieza o comida, se aprovecha cada centímetro de los espacios comunes, se eliminan actividades… Y aunque las cosas van cambiando poco a poco, estas nuevas medidas generan un clima de tensión (alimentado además por guerra de bandas) en el que tan solo hace falta una chispa para que todo salte por los aires. En este caso la mecha se prende con el asesinato de Poussey a final de la cuarta temporada. En realidad es accidental, sí, pero es la consecuencia de la deshumanización de las reclusas y de reducirlas a números en una tabla de excel o balance. Y por desgracia, algo que sigue ocurriendo a día de hoy como hemos visto en Mineápolis con George Floyd.

Y con este ambiente de ira, rabia y sensación de injusticia estalla el motín.

La quinta temporada rompe totalmente la serie creando una nueva narrativa. Pretende mostrar un arco argumental principal cerrado en el que la acción se desarrolla en 72 horas de revuelta. Sin embargo, quiere hablar de tantas cosas que se pierde. Y lo más importante, pierde el tono que la caracterizaba subiendo el drama y bajando la comedia. Ni siquiera el concurso de talentos en el 5×04 arranca la sonrisa.

Quizá es porque lo que está contando es demasiado serio como para aceptar frivolidades. O quizás porque se le da protagonismo a algunos personajes insufribles. Además, durante toda la temporada da la sensación de que no va a ir a ningún lado. El sistema se convierte en el principal villano (aunque en cierta manera ya estaba ahí de fondo) y no tienen ni la más remota posibilidad de ganar. Sabes que, si alguien sufre las consecuencias del incidente, desde luego no van a ser los guardias. Y así ocurre. Cuando el motín es sofocado las reclusas son separadas en dos grupos y trasladadas a dos cárceles diferentes. La serie sigue a las que son enviadas a la de máxima seguridad, una que está dividida por bloques y, de alguna forma, por clases. Cada uno de los sectores de este centro penitenciario cuenta con un color de uniforme diferente, lo que crea ya un sistema de bandas. Las protagonistas se encuentran de nuevo en la casilla de salida creando lazos para sobrevivir en un nuevo entorno con nuevas presas y nuevos guardias.

Aunque la serie intenta avanzar tras el motín y resetearse introduciendo esta nueva cárcel y nuevos personajes, lo cierto es que es la peor temporada de todas. No atraen las dos nuevas villanas, dos hermanas que entraron en la cárcel hace mil siglos por haber matado a su hermana pequeña. Su historia no se sostiene, como tampoco la de sus secuaces Malison o Papi. Tan solo resulta interesante la trama de Taystee, acusada injustamente del asesinato del guardia Piscatella, que muestra de nuevo cómo no se puede luchar contra el sistema (en este caso judicial).

La séptima y última temporada recupera un poco el tono de la primera volviendo a poner en el centro a Piper, quien, por una suerte de carambola, es puesta en libertad. Orange Is the New Black vuelve a sus orígenes mostrándonos a una protagonista perdida. Esta vez está libre, pero preferiría estar presa para no estar lejos de su pareja, además, la reinserción no es nada sencilla y no sabe ni por dónde empezar a poner en orden su vida.

Paralelamente seguimos conociendo el rumbo del resto de protagonistas. Esta temporada recupera el nivel de la primera temporada mostrando la evolución de cada una de ellas para darles un cierre. Algunas han encontrado un propósito en su vida, otras han tirado la toalla. Orange Is the New Black no pretende ofrecer un final feliz. Muy al contrario. Deja claro que, por mucho que se intente cambiar el sistema, la casa siempre gana. Lo que sí procura es al menos mostrar un epílogo de cada una de ellas en su lucha con el gran antagonista: el Sistema. Sin embargo, pese a que vuelve a sus orígenes de alguna forma, también ha evolucionado. En esta ocasión abandona el tono más o menos amable que tenía en sus inicios para usar uno de crítica social bastante serio. Y lo hace gracias a un elemento nuevo: el de los Centros de Internamiento de Extranjeros que alude claramente a la política migratoria de Trump. La entrada de PolyCon (la empresa propietaria de Litchfield) en el negocio de los centros de detención de inmigrantes permite que la serie muestre una cara más cruel aún del sistema mostrando lo bien que casan el neoliberalismo y las políticas fascistas. Lo importante es ganar dinero, no importa cómo se consiga.

Orange Is the New Black ha sido una serie con sus altibajos, no obstante, ha brillado más en aquellos momentos en que se ha centrado en las relaciones humanas de las protagonistas. Ha desplegado un catálogo de personajes femeninos de lo más variopinto que le ha permitido romper los esquemas a los que estábamos acostumbrados en la ficción o la literatura y explorar posibilidades narrativas que hasta la fecha no se habían puesto sobre la mesa. Por una vez no se trataba de mujeres sin nombre ni personalidad que solo eran apéndices de los protagonistas masculinos (madre, hija, hermana, novia…); en OITNB se podía encontrar desde la más noble e inocente a la más malvada pasando por miles de caracteres con cientos de matices. En ellas hemos encontrado historias de fracaso, de superación, de pérdida pero también de emprendimiento. No había dos personajes iguales, cada una tenía su propio universo independientemente de su clase social, su color de piel, su edad, su talla, sus adiciones, sus problemas mentales o su orientación sexual (definitivamente ha dado mucha visibilidad al colectivo LGTBI). Y ha funcionado bien gracias a una buena elección de actrices, la mayoría de ellas poco conocidas pero cuya carrera ha despegado tras su paso por Litchfield, muestra de que la serie no ha pasado desapercibida.

La otra mirada

Un mes de cuarentena da para mucho, así que tiré de lista de series y películas pendientes y casi puedo decir que me puse al día. Una de las ficciones que tenía a la espera de sacar tiempo era La otra mirada, producción de rtve que se centra en la vida en una academia de señoritas de Sevilla en la España de 1920. No soy yo mucho de series españolas y menos de época, pero había leído tan buenas críticas de ella que cuando la encontré en el catálogo de Amazon Prime Video decidí darle una oportunidad. Y al final, vi un capítulo detrás de otro hasta ventilarme las dos temporadas (aunque la segunda la tuve que buscar en la web de rtve.es).

La ficción arranca con Teresa Blanco, una mujer de mentalidad avanzada, huyendo de Lisboa y yendo a parar a Sevilla en busca de una chica que estudia en la Academia de Señoritas que regenta Manuela, una joven que acaba de asumir su papel como directora tras la jubilación de su madre. Teresa se incorporará al centro como profesora de Literatura y aportará esa nueva mirada a la que hace referencia el título de la serie. Ella es una mujer que ha viajado por todo el mundo y que se ha empoderado. Fuma, lleva pantalones y sigue soltera por decisión propia a pesar de tener una edad en la que casi se esperaría que fuera incluso abuela. Hace lo que le da la gana. Es decir, vive como hacían los hombres en su época.

Esta perspectiva choca frontalmente con los métodos de enseñanza del centro muy encorsetados, en donde priman las apariencias y apenas se deja a las alumnas participar. Así, se arma un revuelo cuando ella anima a las chicas a expresar sus opiniones libremente y fomenta el diálogo.

El mensaje feminista es muy evidente y además de la libertad de expresión introduce temas como el derecho a sufragio, el acceso a la educación, la igualdad salarial, el pensamiento crítico, el sometimiento al marido, la maternidad impuesta, la sexualidad, la violación, la obligación de ocultar la homosexualidad, la participación femenina en el deporte, la dictadura de la estética y los cánones de belleza, el clasismo, el racismo, las enfermedades mentales… Y lo triste es que refleja situaciones que un siglo después siguen de vigente actualidad.

La serie va creciendo con cada episodio, y de la misma forma lo han ido haciendo los personajes con cada problema al que se han ido enfrentando. Todas ellas, tanto alumnas como profesoras, han ido viviendo sus viajes personales que les han hecho más fuertes tanto individualmente como de forma grupal. Es una pena que haya acabado con tan solo dos temporadas, pues aún quedaba mucha tela que cortar.

Serie Terminada: The Affair

Recientemente hemos acabado The Affair, una serie que se presentó en su capítulo piloto como la historia de una infidelidad contada desde diferentes puntos de vista pero que ha terminado convirtiéndose en otra cosa.

The Affair arrancaba con la relación extramarital de dos extraños que se conocen en el pueblo pesquero de Montauk. Por un lado estaba Noah, escritor y profesor de literatura que viaja a esta población costera junto a su mujer y cuatro hijos para pasar el verano a la mansión de sus suegros. Y por otro lado Allison, la local, la camarera de un diner donde la familia Solloway va un día a comer. Ambos protagonistas tienen en común una gran carga emocional a sus espaldas y quizá es eso, el estar tan rotos, tan frustrados (él por no alcanzar sus metas, ella por la pérdida de un hijo), lo que les hace conectar.

La serie explora cómo cada persona recuerda el pasado de una manera subjetiva en función a sus propios prejuicios y experiencias y cómo funciona la memoria selectiva a la hora echar la vista atrás. Y no solo lo vemos en el desarrollo de la relación de los protagonistas, sino también en la investigación policial en la que tanto Noah como Allison parecen estar involucrados (un recurso que me recordó enormemente al usado en Big Little Lies, aunque The Affair sea anterior). Así, la trama se estructura en base a una narrativa fragmentada y, el espectador, representado por el detective que investiga el asesinato, va juntando las piezas del puzzle para reconstruir los hechos.

Podría haber cerrado el arco argumental en una temporada y no habría pasado nada, sin embargo, decidió alargarse y tuvo que ir improvisando sobre la marcha dejando en un segundo plano la premisa inicial de la infidelidad y ahondando en otras subtramas con menos fuerza. Ocurre por ejemplo con la introducción de los puntos de vista de otros personajes a partir de la segunda temporada. Mientras que la primera tanda de episodios se centra en la historia de Noah y Allison contada desde sus propias perspectivas; en la segunda se incorporan también las de sus respectivas parejas, Helen y Cole.  Pretende de esta manera aproximarse a las consecuencias que les trajo a cada uno de ellos la relación entre escritor y camarera.

No obstante, pese a todo, este cambio es accesorio, en realidad la trama sigue centrándose en los infieles, quienes comienzan la segunda temporada una vida juntos. Un cambio de escenario que para nada les trae la felicidad, puesto que pronto desaparece la novedad y descubren que a pesar de la atracción que sienten el uno por el otro, siguen siendo unos extraños. Pero el mayor problema es que no saben ni quiénes son ellos mismos. Tanto Noah como Allison están aún investigando qué quieren hacer con su vida en este nuevo comienzo. Primero han de encontrarse ellos mismos y luego encajar con el otro.

The Affair podría haber terminado tras estas dos temporadas. Una para que los protagonistas se conocieran e iniciaran una relación y otra para descubrir que fue un error y que no iban a ningún lado juntos, sino que la infidelidad fue una excusa para salir de sus respectivos matrimonios. Mientras tanto, intercalamos la investigación por asesinato y capítulo final con separación de los personajes y sentencia al asesino. Fondo negro. Fin. Pero no, como decía, se alargó con una tercera temporada que ya no tiene nada que ver con el inicio de la serie. Hay un salto temporal de tres años, un giro de guion en el que seguimos a un Noah totalmente desquiciado intentando expiar la culpa. Y no solo la de haberse cargado su matrimonio, sino que ahonda en una que le lleva atormentando desde su adolescencia. Y mientras tanto Helen revolotea a su alrededor como una polilla intentando apoyarle. Sin embargo, no lo consigue. Pronto descubre que pese a conocerse desde la universidad en realidad no sabe quién es. Aunque no es de extrañar, ya que ni él mismo lo sabe.

Por otro lado, Allison en ese tiempo ha sabido componer sus piezas y seguir con su vida criando a su hija Joanie una vez que ha dejado atrás a Noah. Cole sin embargo no lo lleva tan bien, ya que a pesar de haberse vuelto a casar, es consciente de que aún siente algo por su exmujer. Es curioso cómo ambos infieles intentan avanzar de alguna manera de forma individual superando sus ataduras emocionales, mientras que por otro lado sus antiguas parejas parecen querer recuperar los lazos con ellos. Como si los creadores no supieran hacia dónde avanzar. Y de remate aparece un personaje nuevo: Juliette, una profesora francesa compañera de Noah que tan pronto como llega, desaparece. No entiendo muy bien qué aporta.

El primer capítulo de la cuarta temporada arranca con un Cole desesperado llamando a Noah para pedirle que le ayude a buscar a Allison. A partir de ahí volvemos la vista atrás para recomponer los últimos pasos de los protagonistas. En esta tanda son Helen y Cole quienes más sufren. Ella porque cuando cree que ha rehecho su vida y todo está en orden, de repente recibe el mazazo de que su pareja está enferma. Y él porque emprende un viaje emocional al pasado siguiendo los pasos de su padre para así ordenar su presente y poder avanzar hacia el futuro. Por el contrario Noah y Allison parecen haber encontrado su sitio. Él ha vuelto a dar clases y está intentando recuperar la relación con sus hijos, mientras que ella ha conseguido aprender de su trauma y volcar esa enseñanza en otros que están pasando por lo mismo. En lo amoroso ambos han empezado a conocer a alguien. No obstante, es todo un espejismo porque, como ya se nos ha dejado claro al inicio, algo le ha podido ocurrir a Allison.

Llegados a este momento The Affair ya no va de contar una historia desde diferentes puntos de vista, sino que se ha convertido en un dramón en el que el espectador sabe que los personajes no van a conocer la felicidad en ningún momento. Nunca sabremos por dónde habría ido la serie si la actriz que interpretaba a Allison no hubiera decidido abandonar la serie. Al parecer estaba un tanto cansada de la presión por hacer desnudos sin venir a cuento y la tendencia de los creadores de incluir escenas de violación como recurso dramático de su personaje.

La quinta temporada funciona como un epílogo cerrando subtramas. Al menos hay que agradecerle eso, que a pesar de haberse ido por otros derroteros, al final ha sabido concluir. De nuevo hay un salto temporal, pero esta vez de unos 30 años. En este futuro la narradora es Joanie, quien, a la edad en que murió su madre, emprende un viaje a la casa paterna en Montauk. Ella que se había formado una idea de Allison en base a lo que los demás le fueron contando durante su infancia, abre su mente a una nueva posibilidad: que su madre no se suicidó, sino que a lo mejor fue asesinada. Es gracias a ella que descubrimos  además qué fue de Cole más allá de los sucesos de la cuarta temporada.

La perspectiva de Joanie se intercala con el resto de personajes de la familia Solloway. Noah vendiendo los derechos de su novela para una adaptación cinematográfica, Helen comenzando una nueva relación tras la muerte de su anterior pareja, los hijos creciendo… Pero en realidad, todo vuelve a girar en torno a Noah, es como si The Affair quisiera cerrar la trama con su redención y un mensaje positivo sobre el amor y el perdón.

No es un mal final, pero desde luego deja con la duda de qué era lo que pretendían los creadores de la serie, pues desde luego pronto dejó de lado su premisa inicial para acabar convirtiéndose en un relato sobre un señor caprichoso y narcisista en la crisis de los 50 y una señora que parece necesitar una relación tóxica con él. Tendría que haberse quedado en la segunda temporada.

Serie Terminada: Legión

Cuando vi el piloto de Legión hace unos años tuve sensaciones contradictorias de amor-odio. Por un lado me atraía esta forma tan diferente de narrar la historia, pero por otro lado me sentía demasiado desorientada. Una vez acabado el visionado de las tres temporadas he de decir que me he quedado tan fascinada y confundida como con el primer episodio.

Recordemos que Legión es la historia de David Haller, quien lleva años entrando y saliendo de psiquiátricos tras haber sido diagnosticado como esquizofrénico. Sin embargo, en el último ingreso conoce a Syd, otra interna, y se enamora de ella. Syd le ayuda a escapar y con la ayuda de la División 3 descubre que no tiene una enfermedad mental, sino que es un poderoso mutante (hijo de Charles Xavier). Gracias a Syd y sus amigos, David comienza un viaje de autoconocimiento para luchar contra sus propios demonios.

Con una estructura un tanto caótica, tanto como la mente del protagonista, la trama de la primera temporada se centra en David descubriendo que aquello que tanto le trastorna no es otra cosa que Farouk, alias el Rey Sombra, un mutante parásito que lleva en su cabeza desde que era pequeño. Así, durante los primeros ocho episodios asistimos a una pugna entre el héroe y el villano que concluye con la derrota de Farouk siendo expulsado de la cabeza de David. Con este final de temporada parece que llegará la tranquilidad para él y para Syd, para pasar tiempo juntos a su manera, cada uno con sus traumas, pero apoyándose mutuamente y avanzando en su relación. El típico relato de vencer al malo y quedarse con la chica.

La segunda arranca con un Farouk en busca de su propio cuerpo mientras desde la División 3 no saben si ayudarle o frenarle. David por su parte ha pasado de ser un loco a encumbrado como un dios. Sin embargo, cuando vuelve, tras un salto temporal, genera cierta desconfianza. Y de repente todo se rompe en añicos: Legión no es el héroe, sino el villano. Un malvado manipulador que nos ha llevado por una narración nada fiable. Nos tragamos la idílica historia de amor entre dos seres dañados que se hacen mucho bien el uno al otro y sin embargo hemos obviado las señales que nos mostraban a un David que utilizaba a Syd. No es hasta que no vemos que es capaz de drogarla para después violarla que somos conscientes de que él, tan poderoso, es la amenaza a combatir. Y aunque lo intentan, al final acaba huyendo.

En la tercera temporada Syd ocupa el papel de heroína que había dejado vacante David y, con la ayuda de la División 3 intentará frenarle. Esta vez la caza tiene lugar en un viaje en el tiempo, y es que Legión se ha buscado una nueva aliada, Switch (Trueque en la versión española). Intenta regresar al pasado y modificar la línea temporal para justificar sus acciones. Además de estos dos bandos, aparece un nuevo elemento: los demonios temporales, unas criaturas que devoran el tiempo a las que solo se puede combatir entrando en el tiempo detenido. Una vez eliminados estos demonios la División reinicia la línea temporal para darle una nueva oportunidad a ese bebé con unos padres unidos y sin influjo de Farouk. Sin embargo, salvar al pequeño David es secundario, el fin era salvar al resto.

Resumido así no parece una trama tan compleja, pero su estructura y factura visual lo complican todo. Legión es una serie totalmente caótica que se burla del espectador manipulando la percepción de la realidad haciéndole dudar de si está asistiendo a la realidad, a una paranoia, a un sueño, a un flashback, a un plano astral o a un salto temporal. No tiene nada que ver con las ficciones a las que estamos acostumbrados donde se nos da todo masticadito. Juega además, continuamente con el color y la composición de los planos y lo envuelve con una música psicodélica que ayuda a crear un ambiente opresivo.

Es innegable que tiene una gran factura técnica y que rompe con el estilo al que nos tienen acostumbradas las producciones de superhéroes. Sin embargo, a mí no me ha terminado de enganchar. Creo que no era para mí.

Serie Terminada: Elementary

Allá por 2012-2013 vimos el piloto de Elementary y la dejamos aparcada hasta que finalizó este verano pasado. La verdad es que no escribí sobre el piloto en su día porque aunque no me disgustó del todo, le faltaba algo. Hoy, años después, después de haber visionado sus 7 temporadas y 154 capítulos, me reafirmo en que no es que sea la peor serie de la historia, pero realmente tampoco aporta gran cosa.

La serie pretendía ser una adaptación de Sherlock Holmes a la época actual en la que el detective es un exadicto a la heroína que se ha fugado de un centro sanitario y cuyo padre le busca una asistente de abstinencia (Watson) para que sea su sombra durante 6 semanas y así asegurarse de que no tiene una recaída. Cuando Sherlock es requerido por la policía de Nueva York para ayudar en un caso complicado Joan se siente fascinada y comienza a colaborar con él.

La adaptación sobre el papel no suena mal. Da igual que Watson sea Joan y no John, que la acción se traslade de Londres a Nueva York, o que haya tecnología. El problema es que pretendía competir con el Sherlock de la BBC y, claro, las comparaciones son odiosas. Cuando la cadena británica se negó a una adaptación, los estadounidenses se podían haber conformado con emitir la versión británica, pero vieron más filón a grabar una propia por la que después obtener beneficios con la distribución. Así pues, sin los permisos oportunos Elementary no toma como referencia las historias originales de Conan Doyle (solo detalles de aquí y allá) sino que crea un procedimental más al estilo de Castle, Monk, Psych, El Mentalista, Instinct… Es decir, una serie convencional y ligera mucho menos interesante que la original en la que un civil un tanto excéntrico se incorpora a la plantilla de la policía y resuelve sus casos.

Sherlock y Elementary se mueven en dos registros diferentes, pero es que además la británica es infinitamente superior en todos los aspectos que se pueda comparar. Cada capítulo es casi una película (90 minutos) con una fotografía más propia del cine, diálogos ágiles y brillantes, un ritmo muy medido y unos actores que lo bordan (tanto Cumberbatch como Freeman). La versión americana sin embargo tiene temporadas de 24 episodios (frente a los 3 de la europea) de 40 minutos de duración. Así pues, no da tiempo a ahondar tanto en cada uno de los casos. Además, los guiones están bastante mascados y gusta de explicar referencias incluso dentro del mismo capítulo, como si el espectador fuera imbécil.

Por otro lado, entiendo el cambio de escenario, sustituyendo Londres por un territorio estadounidense, sin embargo, Nueva York ya está muy trillada en cuanto a series de policías que necesitan asesores. Quizá podrían haber buscado un Boston, un Chicago, un Seattle…

Jonny Lee Miller y Lucy Lui no cuajan como Holmes y Watson. Al menos se han esforzado en buscar un actor inglés, pero no tiene carisma. Lui por su parte, tiene un registro limitado y parece un palo recitando un guion.

En cuanto a sus personajes, el Holmes de Elementary más que un brillante detective que no encaja en las convicciones sociales resulta arrogante y desagradable con su actitud de atormentado. Su Watson no está lo suficientemente desarrollada como para ser el contrapunto perfecto del protagonista. No tiene sentido que haya dejado su carrera como cirujana porque se le muriera un paciente, como si fuera algo que no ocurriera nunca. Además, la química entre ambos brilla por su ausencia. Quizá también por eso nos hemos librado de la famosa tensión sexual no resuelta metida con calzador tan típica en cualquier serie.

Tampoco tienen nada reseñable los personajes secundarios. Ni los que salen durante todos los capítulos – esos policías que se supone que son los que llevan los casos y piden ayuda en caso de que la se estanquen, pero que en realidad están de comparsa – ni los que aparecen puntualmente a lo largo de las temporadas como el padre de Sherlock, su hermano o Moriarty, también convertida en mujer y además examante del detective.

Lo único quizá destacable es la cabecera. Su cabecera y banda sonora sí que nos recuerdan a un clásico Sherlock.

En definitiva, si tomamos Elementary como una serie de Sherlock, no merece la pena tragarse las 7 temporadas, mejor sentarse a ver la británica, que si conserva la esencia. Por el contrario, si la consideramos como un procedimental más obviando las referencias literarias, entonces resultará entretenida como cualquier otra serie de detectives con caso semanal y arco argumental temporal. Entretenida, sí; memorable, no. Podría llamarse Las aventuras de un detective en Nueva York y habría sido la misma serie sin tener que faltarle el honor a Sherlock. Eso sí, no habría tenido tanta publicidad para atraer a la audiencia.

Serie Terminada: Bron/Broen

En Estados Unidos tienen las temporadas de series muy fijadas. Por un lado aquellas de 22/24 capítulos que cubren la temporada regular desde finales de septiembre hasta mediados de mayo, y por otro las de menor duración (10/13 episodios) que se emiten desde enero a mayo o bien en verano (dejando fuera cadenas por cable y nuevas plataformas). Así pues, es más o menos fácil seguir una serie año tras año.

En Europa sin embargo me da la sensación de que no hay un panorama tan definido y eso desde luego no favorece al visionado. Y menos con una oferta cada vez más amplia. En España es frecuente que una serie se tire años en un cajón antes de salir a antena. Por no hablar de los cambios de día de emisión para contraprogramar a otras cadenas, la larga duración de los episodios y el horario del prime time; tres factores que sin duda acaban con la paciencia de cualquier televidente. Las series británicas tienen un punto a su favor y es que suelen tener temporadas más cortas, sin embargo, también te puedes encontrar con que fácil transcurren un par de años entre una y otra, como por ejemplo pasaba con Sherlock. No sé cómo funciona el asunto en Suecia y Dinamarca, pero parece que se lo toman con la misma calma que los isleños, al menos así ha sido con la emisión de Bron/Broen, cuyo primer episodio se emitió en septiembre de 2011 y el último (de la cuarta temporada) en febrero de 2018. Nosotros vimos en su día el piloto y nos gustó, pero la dejamos apartada a la espera de que estuviera concluida. Y ha pasado tanto tiempo, que casi nos habíamos olvidado de ella.

Esta coproducción suecodanesa arranca fuerte. Una noche, el Puente de Øresund, una construcción de casi 8 kilómetros de longitud (más otros 4km de túnel) que une las ciudades de Copenhague y Malmö, sufre un apagón. Cuando vuelve la luz las autoridades descubren un cadáver en la línea que marca la frontera de ambos países. Como el cuerpo tiene la cabeza en Suecia y los pies en Dinamarca acuden al lugar las policías de ambos lados, por un lado Saga Norén (de Malmö), y por otro, Martin Rohde (Copenhague) para encargarse del caso. Ambos tendrán que colaborar en una investigación que pronto se irá enredando, pues el cadáver resulta estar formado por la mitad de una política sueca y la otra mitad de una prostituta danesa. El asesino, que se hace llamar el Terrorista de la Verdad, pretende llamar la atención sobre asuntos de inmigración, violencia policial, explotación infantil, indigencia… Nos encontramos con diferentes tramas que transcurren paralelas y que en principio no vemos que tengan relación, pero poco a poco todo va cobrando sentido y cada uno de los caminos acaba convergiendo al más puro estilo de la literatura nórdica.

Y aunque la historia es interesante, sin duda lo mejor de la serie, con diferencia, es la relación entre Saga y Martin, dos personas totalmente opuestas en caracteres y en forma de proceder, pero que sin embargo consiguen establecer una buena dinámica de trabajo. Bron/Broen parece articularse alrededor de un suceso, pero en realidad queda vertebrada sobre los protagonistas, especialmente en el de la sueca. Saga es un personaje atípico que está muy lejos de ser una heroína o la mujer perfecta. Además, se sale de los cánones estéticos habituales. Esto quizá tenga mucho que ver con que se trata de una producción de varios países escandinavos, donde predomina una mirada más feminista. Lleva siempre la misma ropa (que para nada sirve para realzar su figura), no lleva un peinado exageradamente elaborado, ni maquillaje (ni siquiera se intenta ocultar la cicatriz en el labio de la actriz). Lo que ha de destacar de ella como protagonista es su inteligencia y profesionalidad, no su cuerpo.

Saga Norén atrapa desde el primer minuto. Con treinta y pico años es una mujer fuerte, valiente, independiente y solitaria que no necesita a nadie que le saque las castañas del fuego. Es metódica, perfeccionista y concienzuda y sigue los procedimientos a rajatabla, lo que la convierte en una eficiente investigadora. Sin embargo, tiene dificultades para interpretar las convenciones sociales (parece tener algún grado de autismo o asperger), por lo que lo suyo no son los interrogatorios o las entrevistas con las familias de las víctimas (ni siquiera el trato con los compañeros). Carece de empatía y es brutalmente franca, diciendo las cosas tal y como las piensa, sin filtro alguno. No conoce la sutileza ni la mentira. Y aunque este carácter tan complejo y particular podría convertir a Saga en un personaje odioso, Sofía Helin consigue aportarle veracidad, calidez y humanidad.

También influye en este aspecto Martin, ya que al mirarla con sus ojos, el espectador consigue aceptarla tal y como es. Las conversaciones entre ambos nos dan las mejores escenas de la serie, provocando un refrescante tono cómico que aligera la tensión de una ficción tan gris. Frente al carácter distante y rígido de la sueca, el danés es cálido y con sentido del humor. Es impulsivo y emocional, no tiene problemas con incluso saltarse alguna regla y es todo un mujeriego (tiene varios hijos con tres mujeres diferentes y aún así no deja de ser infiel). El personaje interpretado por Kim Bodnia es todo lo opuesto a Saga y juntos acaban siendo el principal activo de Bron/Broen.

Tras una primera temporada bastante redonda, tenían difícil encontrar un nuevo argumento para seguir con la serie y que resultara original. En esta ocasión de nuevo el puente es protagonista cuando un buque se desvía de su ruta y acaba encallando en las barreras de hormigón sin que la Guardia Costera de Malmö pueda evitarlo. Dentro son descubiertas cinco personas encadenadas, y como dos de ellas son danesas, Saga enseguida se pone en contacto con la policía de Copenhague para pedir que Martin Rohde colabore con ella en la investigación.

En esta ocasión la historia central queda menos ramificada y por el contrario las subtramas van poco a poco entretejiéndose entre ellas. Además, el desarrollo de la investigación nos permite ir conociendo más aspectos de la personalidad de los dos protagonistas. La trama tiene un significativo impacto tanto en Martin por su relación con el asesino, pero también salen a la luz detalles del pasado de Saga. Ambos personajes evolucionan no solo de forma individual, sino también conjunta. Su amistad es cada vez más fuerte y de nuevo sus conversaciones in itinere intercaladas entre pistas y teorías son lo mejor de la temporada. Sobre todo con una Saga que ha comenzado a vivir con su novio pero que está muy perdida en cuanto a cómo debería comportarse y vuelca sus dudas en Martin. Quizá no sea la mejor referencia en cuanto a relaciones se refiere, pero es la única persona en la que confía.

Y por eso el final de temporada es tan doloroso. En los veinte capítulos se ha ido gestando una bonita amistad entre ambos, Saga ha ido evolucionando y creciendo como persona mejorando en sus habilidades sociales gracias a su relación con Martin, pero aún así, ella es coherente y no es capaz de salirse de su esquema de lo que está bien y lo que no. Así, no le queda otra que perder su amistad, porque de lo que no es capaz es de traicionar su deber como policía.

Seis meses después de la detención de Martin, Saga sigue aún dolida con él, porque la puso en el compromiso de tener que delatarle y lo echa de menos. Y más cuando aparece un nuevo caso sobre su mesa y ha de volver a colaborar con la policía danesa. En esta ocasión la temporada arranca cuando es encontrado en Malmö el cadáver de una mujer danesa defensora de la eliminación del género y creadora de la primera guardería de género neutro en Copenhague. Martin era el único que tuvo la paciencia de entenderla y ayudarla con sus limitaciones y ahora le asignan una nueva compañera que no tiene intención de seguir sus pasos. Es fría, distante y culpa a Saga de la encarcelación de su paisano. Sin embargo, las circunstancias pronto precipitan un cambio de compañero y formará pareja con Henrik Sabroe. La química entre ambos no es igual, y me temía que la serie perdiera su esencia, sin embargo, poco a poco se van conociendo y su relación se afianza. Es verdad que Henrik no es Martin, pero emocionalmente está casi tan roto como Saga, por lo que se crea una dinámica en la que ambos se necesitan y consiguen conectar a otro nivel.

Esta temporada gira en torno a la estructura familiar: en el caso ya vemos cómo el asesino parece estar en contra de los nuevos modelos de familia, a Henrik le atormenta la desaparición de su mujer y sus hijas hace ya 8 años, y la madre de Saga vuelve a escena para complicarle la vida. Esta es sin duda la temporada más dura emocionalmente para la protagonista. Su mundo parece desmoronarse y acaba bloqueada por la cantidad de sentimientos que se le vienen encima. Primero la ruptura con Martin, después la pérdida de Hans (quien más que un jefe era como un padre para ella), la llegada de una nueva jefa que no ha sido tan permisiva con sus peculiaridades, la entrada en escena de una madre maltratadora y manipuladora, remover el pasado de su hermana muerta… Son demasiados frentes abiertos y Sofía Helin logra que conectemos aún más con Saga y su sufrimiento. El final de temporada es además agónico cuando es acusada del asesinato de su madre.

La cuarta y última temporada arranca dos años más tarde del final de la tercera, y esta vez el caso comienza en Copenhague cuando la policía encuentra lapidada a la directora general del Servicio de Inmigración. Henrik lleva la investigación y es Saga, cuando es puesta en libertad tras más de un año en la cárcel, quien se une a él. De hecho, dado que no tiene apartamento donde vivir, se muda a casa del danés.

Esta cuarta etapa de la serie vuelve a ser redonda. El hecho de que tenga un par de capítulos menos que las tandas anteriores hace que la acción se precipite y sea un poco más rápida. No obstante, como siempre en Bron/Broen, lo importante no es tanto la trama, sino la evolución de sus protagonistas.

Henrik consigue recomponer parcialmente su vida al cerrar el caso de la desaparición de su mujer e hijas y superar su adicción a los analgésicos. No es un final feliz, pero es un punto y seguido que le permite seguir adelante. Me gusta que no hayan buscado el “fueron felices y comieron perdices”, ya que sería romper con la dinámica de la serie.

Saga ha ido dando pequeños pasos a lo largo de los años hasta abrirse a los sentimientos (incluso llegando a enamorarse). Consigue un final catártico cerrando el episodio de la muerte de su hermana quitándose la culpa que cargaba al descubrir la verdad. El viaje de nuestra (anti)heroína ha concluido y ya no necesita seguir resolviendo casos y encerrando criminales para obtener cierta paz mental. Ahora es libre para emprender una nueva vida y descubrirse a sí misma sin los lazos que la ataban al pasado. Y qué mejor lugar que en el Puente de Øresund, donde todo comenzó.

Es un cierre perfecto para una serie que ha puesto sobre la mesa temas que están presentes en la sociedad como la fidelidad, el terrorismo, la deshumanización de la migración, las enfermedades mentales, la desigualdad económica, la lealtad, la amistad, la muerte, la culpa, el aborto… para invitar al espectador a reflexionar sobre sus propias decisiones y comportamientos. Al igual que ocurre con la novela nórdica, Bron/Broen intenta descubrir las imperfecciones de lo que muchas veces se considera una sociedad idílica y remover la conciencia del público.

Aunque es cierto que el peso recaía sobre los personajes principales, ha conseguido mantener el interés en los casos centrales. Ha tenido siempre el mismo esquema: crimen que implica a ambos lados de la frontera que mientras se va enredando va afectando personalmente a los protagonistas. Sin embargo, ha sabido tejer una telaraña narrativa que atrapa al espectador gracias al ritmo, giros de un guion milimétricamente caulculado y su atmósfera gris, fría y desoladora. Y no solo por los exteriores que favorecen esa ambientación por el clima y los paisajes escandinavos, sino gracias también a unos interiores sobrios y casi diáfanos.

También han sido importantes los personajes secundarios y los episódicos, que han estado muy bien trazados e integrados dentro de la trama.

Bron/Broen termina aquí, pero es tan atemporal que ha traspasado fronteras y ha inspirado remakes como The Bridge en Estados Unidos (con la frontera con México como escenario) o The Tunnel, con el Canal de la Mancha como centro de la historia. Sin embargo, creo que es difícil superar al original, que se ha convertido en una auténtica referencia del género nordic noir. La echaremos de menos, igual que a Saga Norén, policía de Malmö.

Serie Terminada: Motive

Motive es un drama policíaco poco convencional en el que de entrada el espectador conoce quién es el asesino. Daniel Cerone, guionista de Dexter, El Mentalista o The Blacklist parece que es fan de la mítica Colombo, así que decidió crear una serie con ciertos paralelismos, convirtiendo al crimen en el eje central de la trama. Lo importante no es llegar a desenmascarar al verdugo, sino en juntar las piezas del puzle.

En las primeras escenas conocemos tanto al asesino como a la víctima cada uno en una situación en la que de inicio no nos da la sensación de que tengan relación entre ellos. Una vez que ambas partes han sido presentadas avanzamos hasta el crimen, momento en que aparecen los detectives Angie Flynn, Oscar Vega y el novato Brian Lucas dispuestos a escuchar lo que la forense Betty Rogers tenga que comentarles sobre el cadáver encontrado.

A partir de ahí seguimos tres narraciones. En primer lugar tenemos a los policías investigando a la víctima e intentando encontrar sospechosos, en segundo lugar al asesino en el presente siguiendo con su vida tras el crimen y en tercer lugar vamos conociendo detalles de víctima y verdugo, así como el vínculo entre ambos gracias a los flahsbacks.

Como suele ocurrir en este tipo de series, juega con los giros de guion para descolocar al espectador. Y es que ya que conoces al asesino, por lo menos hay que buscar algo de intriga con el motivo. Los casos son muy variados y no siempre es todo blanco y negro. A veces es una discusión que acabó torciéndose o un accidente, y otras nos encontramos con el típico personaje que de primeras ya se ve que tiene el mal en él. Lo mismo ocurre con las víctimas: en ocasiones se empatiza con ellas, en otras podemos sentir que se lo han merecido.

Además del caso de la semana suele haber una segunda trama que abarca toda la temporada y que involucra de alguna forma a los protagonistas. Ya sea un caso del pasado de Flynn y el sargento Cross, la enfermedad de Vega o sus relaciones personales. Aunque esto es bastante secundario y no está tan bien dibujado. Me ha gustado el carácter de los protagonistas y la química entre ellos. Flynn y Vega casan muy bien, con una relación de compañerismo y amistad bastante profunda, de esas en las que se permiten bromear o ser sarcásticos sin que la otra parte se enfade. Además, se cubren y se preocupan el uno por el otro. La dinámica cambia en cierta medida cuando él promociona a sargento y los nuevos personajes no terminan de encajar igual.

En cuanto a los secundarios, Motive necesita enganchar cada semana con un caso diferente, así que tiene que llamar la atención. En este sentido es un desfile constante de rostros conocidos. Sobre todo me llamó la atención la cantidad de actores que ya habíamos visto en iZombie (supongo que tiene algo que ver que ambas fueran grabadas en Vancouver). En la última temporada incorpora como recurrente a Tommy Flanagan (Hijos de la Anarquía) como Jack Stoker, agente de la Interpol.

Cuando vi el piloto pensé que iba a ser una serie interesante por el cambio de premisa, pero al fin y al cabo una serie criminal más para pasar el rato. Sin embargo, de alguna forma u otra te acaba enganchando. Ya sea por la historia semanal, por el arco temporal o por los protagonistas. Es verdad que no es tremendamente innovadora, pero su fórmula mantiene el interés. Además, han sabido cerrarla a tiempo y bien con una cuarta temporada enfocada precisamente a ese final con un equipo en el que cada uno de sus miembros tiene que tomar decisiones sobre su futuro.

Serie Terminada: Creedme (Unbelievable)

2019 parece ser el año de las miniseries, además de gran calidad. Ha sido el año en que hemos podido ver Chernobyl, Así nos ven, Years and Years y Creedme (Unbelievable), la última que he visionado. De repente me encontré con numerosos artículos y comentarios en las redes sociales sobre lo buena que era, por lo que despertó mi curiosidad.

Al igual que Así nos ven, Creedme es un true crime basado en hechos reales. Recogido inicialmente en 2015 por los periodistas Ken Armstrong y T. Christian Miller en un reportaje que les hizo ganar el premio Pulitzer, ahora pasa a la pequeña pantalla en formato de 8 episodios. La historia arranca con Marie Adler, una joven de 18 años de la ciudad de Lynnwood, en el estado de Washington, que fue violada en 2008 por un hombre que se coló por la noche en su apartamento. Por si fuera poco la traumática experiencia de sufrir una violación, se encuentra después con un calvario cuando ha de relatar los hechos mil y una veces ante los médicos y los agentes de policía que la atienden. Unos detectives que ponen en duda su relato hasta el punto en que ella acaba retractándose cansada de esforzarse para que la crean. Sin embargo, tras declarar que todo era mentira y que se lo había inventado para llamar la atención, la situación empeora más. La poca gente de su entorno que la había apoyado de repente la deja de lado y se convierte en poco menos que una apestada. Su padre de acogida incluso no quiere estar a solas con ella por si acaso ella pudiera inventarse una historia similar. Poco después es además llevada a los tribunales tras ser acusada de delito de falso testimonio.

El primer capítulo se centra enteramente en el caso de Marie, en la violación, en su soledad durante todo el proceso, en su frustración ante el acoso de los detectives y en su derrota emocional cuando comprende que la policía ya ha decidido que su denuncia carece de credibilidad y que no va a investigar su violación. Es un episodio lento y duro. Muy duro. No por la violación en sí, ya que no se muestra de forma explícita; sino por la facilidad con la que nos hace sentir empatía por Marie y comprender por qué tan frecuentemente las víctimas de abuso y acoso sexual no llegan a denunciar. A menudo se sienten doblemente violadas: primero físicamente por el agresor y después psicológicamente por un personal no cualificado (policía, sanitarios, abogados) que se centra más en buscar inconsistencias en el relato y en el comportamiento de la víctima que en investigar realmente el caso.

En los siguientes capítulos Creedme se bifurca en dos tiempos narrativos. Por un lado sigue los pasos de Marie y cómo intenta recomponerse cuando todo su entorno la margina y, por otro da un salto a 2011 a la investigación conjunta de las detectives de Colorado, Grace Rasmussen y Karen Duvall después de que esta última descubriera que un caso suyo guarda muchas similitudes con otro de Rasmussen y a partir de ahí salieran a la luz muchos más con el mismo patrón: las víctimas eran atadas con los ojos vendados, violadas durante horas, fotografiadas y obligadas después a ducharse concienzudamente. Además, las escenas de los crímenes quedaban totalmente limpias, sin resto alguno del agresor.

Viendo ambas historias contrasta notablemente las actuaciones de los detectives en cada una de ellas. Por un lado la típica actuación de tipo duro, agresivo, que acorrala al entrevistado como si fuera un acusado en vez de una víctima en el caso de Marie, y, por otro lado, el trato mucho más humano y empático de las detectives de Colorado. Puede que la diferencia venga determinada en parte por ser mujeres y por ello ser capaces de ponerse en el lugar de las víctimas, pero también se ve que tienen más experiencia y formación específica y adecuada en ese tipo de casos. No hay más que ver con qué calma y tacto Duvall entrevista a una de ellas en el segundo episodio, acompañándola también durante todo el proceso en el hospital y llevándola después a casa de una amiga para asegurarse de que tiene el apoyo de alguien cercano.

Creedme pone sobre la mesa las buenas y malas prácticas ante un caso de violación y la necesidad de una mirada no patriarcal. Habla del acoso institucional a las víctimas y de cómo se cuestiona su relato tanto como el de un acusado y de la creencia social de que solo hay un único comportamiento posible tras una agresión sexual. Marie Adler había tenido una infancia complicada pasando por varios centros y casas de acogida. Quizá por eso su testimonio sonó frío, sin emoción, porque ya había pasado por momentos complicados en el pasado. Sin embargo, estas dos circunstancias (su pasado y su comportamiento) llamaron más la atención que el parte de lesiones. Incluso el hecho de que se contradijera, o se acordara de cosas a medida que volvía a repetir los detalles fue tomado como señal de que mentía en lugar de plantearse que es completamente normal que la mente tenga lagunas tras un suceso traumático o que se recuerden cosas en de una forma totalmente desordenada.

Aunque la serie tiene un toque policíaco y sigue una investigación y sus procesos, no sigue la misma estructura de otras ficciones como CSI, Motive, Castle o tantas otras. Es verdad que se busca a un criminal, pero no nos importa sus motivos. Aquí la importancia recae en las víctimas y el relato se hace desde su punto de vista (no desde el del detective de turno que resuelve el caso). Así, a pesar de que se trata de una serie sobre agresiones sexuales, no nos encontramos con escenas de violaciones brutales y explícitas. No hace falta mostrarlo, pues nos lo podemos imaginar a la perfección simplemente con los retazos de los recuerdos de las víctimas. Somos capaces de sentir su miedo y vulnerabilidad sin entrar en el morbo o el amarillismo.

Creedme le da una vuelta al mito de las denuncias falsas poniendo en evidencia el juicio público que sufren miles de víctimas cuando dan el paso y denuncian las agresiones. Muestra lo indefensas que se encuentran cuando son cuestionadas y en lugar de ser protegidas son responsabilizadas (que si qué llevaba puesto, que si había bebido, que si dio pie, que si dijo “no”, que si cerró las piernas…). En el caso de Marie Adler las inspectoras acabaron encontrando la relación y los tribunales acabaron compensándola económicamente (como también pasara en Así nos ven), sin embargo, el daño ya estaba hecho. Quizá no intencionadamente, pero si los primeros agentes hubieran intentado llegar al fondo del asunto en lugar de dudar de la víctima, el exmilitar Marc O’Leary (que se declaró culpable de 28 cargos de violación) no habría seguido agrediendo durante tres años más.

La serie deja una cuestión en el aire desde el principio: ¿Merece la pena denunciar y pasar por todo ese trago en el que ni la policía ni tu entorno te va a creer? Marie lo tiene claro al final: “Incluso la gente en la que confías, si la verdad es incómoda, no se la creen”. Triste, pero por desgracia, es más común de lo que pensamos. Por eso considero que Creedme es muy muy necesaria.

Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.