Serie Terminada: Chernobyl

No había terminado Juego de Tronos y HBO ya estaba emitiendo otra serie que ha roto todos los esquemas: Chernobyl.

Durante años, las mejores críticas del sector audiovisual se las llevaba el cine. La tele por su parte era un género menor y los actores que hacían series estaban peor considerados que los que hacían películas. Sin embargo, aquella teoría cambió con la llegada de HBO. De esta cadena son grandes ficciones televisivas como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra. Con Juego de Tronos primero, y Chernobyl después, ha vuelto a marcar el paso. Con tan solo cinco episodios, esta serie se ha convertido en la mejor valorada de todos los tiempos en la web imdb (9.6). Enseguida se corrió la voz y todo el mundo hablaba de ella. En un fin de semana nos la hemos visto en modo maratón.

Con el título es fácil hacerse a la idea de qué va este fenómeno audiovisual, al menos lo es para quienes vamos sumando años. Hagamos memoria: el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin durante una prueba de seguridad fallida se produjo una explosión. Esta detonación provocó que saltara la tapa del reactor 4 y se liberara una nube radiactiva que se extendió por media Europa y puso en alerta a medio mundo. Así, Chernobyl es la crónica de este desastre nuclear ocurrido al norte de Ucrania y casi en la frontera de Bielorrusia (a tan solo 17km). Un accidente que está considerado, junto con el de Fukushima en 2011, como el más grave de la historia (nivel 7).

Según los datos oficiales fallecieron dos empleados de la central como consecuencia de la detonación y otros 29 en los meses siguientes (la mayoría bomberos a causa del Síndrome Agudo por Radiación). Sin embargo, aún hoy, 33 años después, no conocemos el alcance total de la tragedia. La OMS estima que entre 4000 y 9000 personas sufrieron (o sufrirán) cáncer (sobre todo de tiroides por la ingesta de leche contaminada) u otras enfermedades ocasionadas por la exposición a la radiación en los años posteriores, pero es difícil de evaluar porque no se conocen las dosis a las que se vieron expuestos todos los individuos y no existen grupos de control con los que comparar. No hay estudios científicos que hayan conseguido relacionar de forma fiable el accidente nuclear con el cáncer. Sí que se pudieron relacionar sin embargo enfermedades asociadas a la salud mental (50.000 muertes asociadas con alcoholismo y depresión).

Escrita por Craig Mazin, quien venía de secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas, la serie está inspirada en Voces de Chernóbil, de la Premio Nobel Svetlana Alexievich, un libro que recoge los testimonios de familias y afectados por la catástrofe de Chernóbil. El guionista se pasó dos años leyendo sobre sobre el suceso, recopilando datos, relatos de supervivientes e informes de investigadores y dando forma a este proyecto que sin duda supone un giro drástico en su trayectoria. Coproducida por EEUU y Reino Unido se rodó en 4 meses entre Ucrania y Lituania. En Vilna se recreó Pripyat y las escenas de la central de Chernóbil se grabaron en la central nuclear de Ignalina, que cesó su actividad en 2009 y era prácticamente igual.

Estructurada en cinco episodios de una hora de duración, consigue relatar los acontecimientos tras la tragedia de una forma redonda. Sabe lo que quiere contar, cómo hacerlo y cuál va a ser su cierre. Dedica los dos primeros episodios para el accidente, los dos siguientes para alcanzar el clímax de los acontecimientos y finalmente remata la historia en el último con el juicio. No pierde tiempo en relleno. No hay más que ver cómo comienza, sin introducción ni explicación detallada al espectador, sino que permite que sea él mismo quien deduzca la situación y conozca a los protagonistas a medida que se desarrolla la trama. Además, este arranque también nos suma de una cierta confusión, la misma en la que se encuentran los personajes.

Chernobyl empieza dos años y un minuto después del accidente en la cocina de Valeri Legasov, físico nuclear y miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias así como director adjunto del Instituto Kurchatov (centro de la investigación nuclear soviética) que participó en el equipo de emergencia de Chernóbil tratando de minimizar los efectos del desastre. Vemos cómo tras grabar unas cintas de casete y esconderlas, se quita la vida. A partir de ahí, volvemos al 26 de abril de 1986 para intentar reconstruir el camino.

La acción sigue la actividad de la central desde el momento del accidente. El personal reacciona con incredulidad ante lo que acaba de ocurrir. Lo acaban de ver con sus propios ojos, pero no alcanzan a imaginar la magnitud del desastre. Y luego están los mandos intermedios o superiores que directamente no quieren creérselo. Su postura es la negación: no puede haber pasado y no ha pasado. Toda una irresponsabilidad por su parte y más aún cuando el relato que transmiten a las autoridades locales está alejado de la realidad minimizando la gravedad del accidente. Se informó de que había habido una explosión en la central, pero que el reactor estaba intacto.

Ante la situación de emergencia los gobernantes ucranianos quisieron contener la información mientras intentaban poner orden. Sin embargo, en el momento en que se desplazaron al lugar y lo vieron con sus propios ojos, se dieron cuenta de que habían infravalorado el incidente. Y aún así, tardaron en asimilarlo y en reaccionar para poner a salvo a la población. De hecho, el desfile del día del Trabajador, cinco días después del accidente, se celebró con normalidad en la capital, a tan solo 180 kilómetros de Chernóbil. No obstante, la información era difícil de contener, pues pronto los suecos detectaron unos inusuales niveles de radiación y comenzaron a hacer preguntas. Pronto se extendieron las dudas por Europa y finalmente la URSS tuvo que publicar un comunicado.

Chernobyl desarrolla la línea cronológica presentando una atmósfera apocalíptica desasosegante. Potencia el miedo, pero aquí no se teme a un personaje, sino a una amenaza invisible: la radiación. Es difícil plasmar eso en pantalla para mantener al espectador en un estado de alerta constante, así que se juega con los planos y se recurre a la música (y al sonido de los dosímetros) para transmitir el pánico.

Es sin duda una serie de gran calidad técnica que, según los testigos, parece que consigue exponer la catástrofe y el posterior desarrollo de los acontecimientos de una manera bastante precisa, aunque lógicamente, con alguna licencia creativa. Además, recrea con bastante exactitud las localizaciones y la atmósfera de aquellos últimos años de la URSS. Cuenta con una fantástica puesta en escena gracias a la caracterización de personajes (maquillaje, peluquería y vestuario) y a la ambientación de los espacios con detalles como mobiliario, vehículos, cartelería, pancartas, grafitis y arte de corte soviético. Sin embargo, también cae en algunos tópicos como beber vodka como solución a todo, y sacando a coalición a la KGB a la menor ocasión.

Hay que recordar que estamos ante una serie, no un documental, y por tanto, pese a que sea hiperrealista, también cuenta con ciertas licencias para dotar de dramatismo al guion. Por ejemplo, algunos personajes están exagerados y otros tienen más presencia de la que realmente tuvieron. Parece que Legasov fue importante en la gestión del desastre, sin embargo, él no solía trabajar sobre el terreno, sino que lo hacía en el búnker. Tampoco fue testigo en el juicio, sino que declararon otros científicos. El darle este protagonismo viene motivado para centrar la trama en un personaje, al igual que se hace con Ulana Khomyuk, creada para sintetizar a todos aquellos científicos que ayudaron a Legasov.

Esta forma de dar dramatismo, unida a los mitos perpetuados con el paso del tiempo, se ve también en la inexactitud al recrear algunos momentos. Algunos ejemplos:

  • No existen pruebas que confirmen que todos los que se asomaron al puente de Prípiat fallecieran como consecuencia de la radiación. Investigadores que han trabajado sobre el terreno para trabajos periodísticos o científicos afirman haber hablado recientemente con gente que estuvo allí. Tampoco se han hallado pruebas concluyentes que demuestren que el personal del hospital o los visitantes corrieran riesgo. Así, no se podría confirmar que los nacidos tras el accidente se vieran afectados por la exposición a la radiación y más de 100.000 abortos practicados en los meses siguientes habrían sido innecesarios.
  • Aunque sí hubo algunos incendios en la planta, ninguno en el techo.
  • El helicóptero no se estrelló cuando intenta descargar plomo, boro y arena sobre el reactor;
  • Los buzos que se sumergieron debajo del reactor para abrir una válvula vestían con un traje de neopreno y la cabeza al descubierto. No es cierto como se muestra que fueran recompensados económicamente ni aplaudidos al salir. Era su trabajo, sin más. Tampoco lo es que fallecieran. Uno murió en 2005 y los otros dos aún siguen vivos.
  • No parece claro que los mineros llegaran a desnudarse.
  • Personalmente me chirrió que siempre se refirieran entre los personajes como Camarada X o Camarada Y y no recurrieran al uso del patronímico como ya habíamos visto en The Americans. Los rusos tienen su nombre, después el nombre de su padre con el sufijo – ich (masculino) / -ichna o -vna (femenino) y después el apellido familiar. Por ejemplo Legasov se llamaba Valeri Alekseyevich Legasov y en la serie siempre le llamaban Legasov y no Valeri Alekseyevich como sería habitual en contextos oficiales y conversaciones formales.

En cualquier caso, estas licencias, errores o confusiones no alteran en demasía el relato ni la calidad de la serie, pero conviene tenerlo en cuenta para no tomar la ficción como realidad.

Chernobyl nos deja en la exposición final de Legasov una reflexión sobre las mentiras y el secretismo. Pues, como hemos visto, las mentiras tienen consecuencias. El desconocimiento del fallo de diseño en los reactores puso en riesgo a mucha gente. Y esto, sumado al secretismo (ya había ocurrido en 1975 en una central en Leningrado el mismo fallo) y la falta de información sobre el accidente, hizo que el daño fuera mayor. Es cierto que hay que entender el contexto de la Guerra Fría para entender cómo se gestionó la crisis intentando que no se filtrara nada al exterior que pudiera servir para desacreditar al país, pero el problema es que no supieron tampoco cuidar de sus ciudadanos. Así, parece que el desastre nuclear de Chernóbil y esta gestión posterior influyó bastante en la desintegración de un país que vio cómo su economía quedaba afectada y cómo entre sus habitantes crecía la desconfianza en las instituciones.

Esta lectura sin embargo tiene cierto sesgo ideológico (no es raro siendo una coproducción de EEUU y Reino Unido) y parece atribuir las causas del accidente al régimen soviético y por extensión al comunismo. Va mostrando detalles que conducen a esta idea. Véase: excesiva burocratización, abaratamiento de costes, incompetencia de los altos cargos, malas decisiones tomadas anteponiendo el poder a las necesidades del pueblo, secretos y mentiras para ocultar el desastre, intervención del KGB, censura… Pero pese a que todo esto ocurrió, no se tratan de errores inherentes al modelo socioeconómico, sino que todos estos aspectos están igual de presentes en los gobiernos capitalistas. La ambición política suele anteponerse al interés popular.

Política aparte, la serie está muy bien construida. Cuenta con una buena estructura, una fotografía hiperrealista, una música que transmite el caos y el pánico y un elenco actoral a la altura de las circunstancias. Bien merecido tiene ese 9.6.

Serie Terminada: Scandal

Hace un par de años que vimos el piloto de Scandal y se quedó en la lista de series para ver. En abril del año pasado llegó a su fin tras siete temporadas y era momento de rescatarla para verla del tirón. Vaya pérdida de tiempo.

En el primer capítulo se nos presentaba Olivia Pope & Associates, una agencia de gestión de crisis y escándalos cuya misión es proteger y defender la imagen de sus acaudalados clientes. La trama se centra en Washington D. C. y la Olivia Pope que da nombre al bufete es una abogada con contactos hasta en la misma Casa Blanca, puesto que fue directora de campaña (y amante) del ahora Presidente Grant. Su personaje está basado en Judy Smith, jefa de prensa de la administración de George H. W. Bush (quien además pertenece al equipo de producción de la serie). El resto de su equipo está formado por su mano derecha Stephen Finch, su amiga Abby Whelan, el hacker Huck, Harrison Wright y la recién llegada Quinn Perkins. Todos tienen en común que fueron salvados por su jefa en algún momento de su vida.

Durante los siete episodios de la primera temporada podemos ver cómo Pope y su fiel equipo de gladiadores con traje (como se hacen llamar) se encargan de solucionar los problemas de sus clientes gestionando sobre todo la comunicación. En el fondo no es muy diferente de The Catch, también de Shonda Rhimes: mujer de alto nivel adquisitivo que dirige un bufete, clientes exclusivos con problemas que no quieren que salgan a la luz y una relación romántica tortuosa. Sí que es verdad que la primera tenía una fotografía más luminosa (estaba centrada en Los Ángeles), pero se recurren a los mismos flashes, pantallas partidas y ritmo frenético.

Pero volviendo a Scandal, con estas premisas planteadas de inicio, parecía indicar que se iba a tratar de un drama político de capítulos autoconclusivos al estilo procedimental con una subtrama romántica entre Pope y el presidente. Pensé que los intríngulis políticos, el debate moral y las estrategias de comunicación serían el leit Motiv de Scandal; sin embargo, la política pasó a segundo plano en la segunda temporada cambiando totalmente el estilo y la estructura de la serie. Entonces se convirtió en una telenovela en la que todo giraba en torno a la relación tóxica entre Olivia y Fritz. Todo un melodrama pasado de vuelta.

 

Así, en el resto de temporadas, lejos queda la fórmula inicial de la serie siendo sustituida por un sindiós narrativo plagado de conspiraciones paranoicas que restan cualquier ápice de credibilidad a la historia. No sé qué se fumaban para escribir los guiones, pero da la sensación de que intentaban buscar lo más descabellado, cualquier giro que sorprendiera a la audiencia por muy inverosímil que fuera. Sin embargo, acaba convirtiéndose en un insulto a la inteligencia del espectador. A saber: amaño de elecciones, conspiraciones, espionaje, juegos sucios, chantajes, torturas, asesinatos, secuestros, organizaciones secretas, progenitores sin escrúpulos que salen de la nada… todo lo que pueda sonar disparatado vale en Scandal, tanto que entra en un círculo vicioso del que no podrá salir.

Los personajes no se salvan claro, están también muy mal definidos. Olivia es independiente, ambiciosa y brillante en su trabajo. Hasta ahí bien, excepto por el pequeño detalle que parece que siempre tiene un as bajo la manga y que es capaz de enfrentarse a todo. Incluso al aparato de una agencia de inteligencia secreta. Por otro lado se nos presenta como fría, frívola y cruel, pero que a su vez cae una y otra vez en los mismos errores. Parece tener síndrome de Estocolmo con sus padres y con Fritz. Las absurdas incoherencias la convierten en un personaje inverosímil. Un individuo puede tener contradicciones y dobleces, pero siempre con cierta coherencia con respecto a su historia. Aquí parece que Rhimes ha querido que todo le pase a ella. No me extraña que se dé al alcohol.

El personaje de Fitzgerald Grant III es horroroso. Cincuentón blanco que viene de familia adinerada y que representa el poder. Es definido como el líder del mundo libre. Sin embargo, resulta que ha llegado al puesto gracias a un amaño en las elecciones y no es más que una marioneta en manos de todos aquellos que llevaron su campaña. Incluso cuando es presidente ni siquiera gobierna, sino que está dirigido por sus asesores, y por Olivia, claro, que es la cabeza pensante de todo esto. Por si fueran pocos estereotipos, además es un marido infiel e insoportable que desprecia a su mujer y que acaba convirtiendo a su amante en un florero en cuanto la relación da un paso más serio.

Y luego está Mellie Grant, esa primera dama que sacrifica todo (personal y profesionalmente) por su marido. Traga carros y carretas, pero en lugar de crear un personaje hacia el que el espectador pueda sentir cierta pena; por el contrario es presentada bien como una insufrible damisela siempre lloriqueando (incluso cuando es por algo tan razonable como la pérdida de un hijo), o bien como una mujer malvada que está tramando un plan maquiavélico (y que no siente apego por los niños pequeños). La mujer débil o la mujer desalmada. Sin embargo, es una superviviente. Pone en pausa su vida para que su marido llegue al poder con la esperanza de que después ese empeño sea recompensado de la misma forma. Pero claro, su marido no está a la altura. Sin duda Mellie es quien tiene más coherencia y quien más evoluciona de toda la serie. Aunque he de decir que el doblaje no le hace nada bien.

En fin, que la trama es un despropósito plagada de incongruencias, los guiones son nefastos y los personajes no transmiten empatía. Sobre todo en esos monólogos interminables recitados a viva voz. Tanto Cyrus Beene (jefe de gabinete del presidente), como los padres de Olivia (especialmente Rowan) y ella misma sueltan unos irritantes soliloquios llenos de frases vacías. Eso sí, parece que los actores se lo toman en serio y creen estar interpretando a el papel de sus vidas en Broadway.

Porque esa es otra, el elenco no se salva. No he visto cosa peor que Huck, un señor que parece que solo sabe gesticular con los ojos: o los achina o los abre mucho. Ya está, esa es su capacidad actoral. Por no hablar de Jake Ballard, interpretado por Scott Foley, el Noel de Felicity, un tipo que se ha encasillado en “el yerno perfecto” y no termina de encajar como despiadado asesino de una agencia secreta. Pero quien se lleva la palma es Kerry Washington, la mismísima protagonista. No transmite, no sabe expresar emociones, es demasiado hierática.

En definitiva, Scandal es un quiero y no puedo. Prometía un drama político plagado de escándalos y giros de guion y se convirtió en un mal culebrón.

Familie Braun

Hace poco, en los comentarios de una columna sobre la creciente subida de votos de los partidos fascistas, leí la recomendación de la serie Familie BraunTras leer la sinopsis no pude por menos que verla, pues parte de una premisa bastante chocante.

Thomas Braun y Kai Stahl son dos veinteañeros neonazis que comparten piso en Berlín. Un buen día entre jijis, jajas, saludos a Hitler y vídeos en youtube sobre cómo hacer cosas nazis reciben una visita. Se trata de un antiguo rollo de una noche de Thomas, que le comunica que tiene que marcharse a Eritrea y no puede llevarse con ella a la hija de seis años que tienen en común. Así de golpe el protagonista no solo se entera de que es padre, sino de que lo es de una niña negra.

Aunque Thomas se queda algo desencajado, pronto se encarga de Lara, sin embargo, Kai no reacciona de la misma forma. En primer lugar alucina por el hecho de que su amigo haya sido capaz de liarse con una negra (era más clara, dice Thomas como excusa), y después ante la actitud que toma hacia la niña, asumiendo su papel de padre. Padre de una niña negra. Siendo neonazi…

Así, intenta por todos los medios que la niña desaparezca tal y como llegó, pero Lara es realmente perspicaz y vuelve para quedarse. En los restantes episodios vemos cómo la mirada limpia de una niña de seis años y sus preguntas y comentarios desmontan el “argumentario” de la ideología nazi.

Obviamente, la serie tiene sus puntos flacos, como el planteamiento inicial, pues a qué madre en su sano juicio se le ocurriría dejar a su hija con un tipo que no la ha visto en la vida y que además es un neonazi… Pero bueno, aceptamos la licencia para marcar el chocante arranque del piloto. Pero en cualquier caso, resulta entretenida y, a pesar de lo dramático, arranca la carcajada por lo surrealista de las situaciones.

Lamentablemente Familie Braun solo consta de una temporada de 8 capítulos realmente cortos (rondan los cinco minutos), por lo que sabe a poco.

Está disponible en Youtube (con subtítulos) y en la web de ZDF.

 

Serie Terminada: New Girl

Últimamente no estaba teniendo mucha suerte con las comedias. A priori los pilotos parecen divertidos y novedosos, pero luego acaban degenerando. Ya me pasó con Cómo conocí a vuestra madre, con Cougar Town, con Suburgatory, con Awkward, con Finales Felices, con la Liga, y más recientemente con Modern Family o The Big Bang Theory.  Con estos antecedentes comencé con cierto reparo y distancia a ver New Girl. Sin embargo, a pesar de ciertos altibajos y de algunas situaciones tópicas, quizá es una de las series que mejor ha mantenido su esencia.

Creada por Elizabeth Meriweather, guionista de la comedia romántica Sin Compromiso, protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, New Girl arranca cuando Jess Day, una treinteañera profesora de infantil, pilla a su novio con otra. Con el corazón roto comienza la búsqueda de un nuevo sitio para vivir y responde a un anuncio de un espacioso loft en el que residen tres amigos. Aquí empieza la locura, las rarezas, el humor desenfadado y un tanto absurdo. Los tres compañeros a priori tienen sus dudas con respecto a que la convivencia con una mujer en el apartamento vaya a funcionar. Sin embargo, tras una extraña entrevista acaban aceptándola como inquilina.

La base de la serie es la adaptación de todos los integrantes a la nueva situación. Por un lado tenemos a Nick, un tipo que también acaba de salir de una relación y que tiene alma de señor mayor que no para de quejarse. Un carácter que contrasta de primeras con la optimista Jess, pero que se ve a la legua que va a haber química entre ambos. Dejó su carrera de abogado y ahora trabaja en un bar mientras sueña con ser escritor. Quizá es el más normal de todo, aunque tiene un cierto complejo de Peter Pan, ya que parece no querer asumir las responsabilidades de la vida adulta.

El segundo compañero es Schmidt, compañero de la universidad de Nick. Se dedica al marketing en una empresa en la que parece ser el único hombre, así que va por la vida intentando mostrar su masculinidad y explotando una faceta de mujeriego. Aunque a la vez es un tipo que expresa sus emociones y no se avergüenza por ello. También es tremendamente obsesivo en cuanto al orden y es un esclavo de su imagen, en parte porque estuvo gordo en su época universitaria.

El tercero en el piloto era Coach, apodo tomado de su profesión, pues tras abandonar la competición es entrenador personal. Sin embargo, este personaje desaparece a partir del segundo capítulo porque Damon Wayans Jr, el actor que lo interpreta, tuvo que regresar a Finales Felices tras su inesperada renovación. Así, en su lugar apareció Winston, amigo de la infancia de Nick, que regresa de Letonia tras una desastrosa etapa como jugador profesional de baloncesto. Al principio se nota que el personaje está algo menos planificado que el resto y que se ha añadido después, pero enseguida adquiere su propia personalidad y resulta tener una curiosa vis cómica.

Además de los residentes en el loft, completa el grupo Cece, la mejor amiga de Jess, que pone cierto punto de cordura en las disparatadas aventuras del resto (aunque también tiene sus cosillas). Trabaja como modelo y encandilará a Schmidt desde el principio.

Con este arranque y estos personajes, está claro que la serie no planteaba nada novedoso, ya hay un montón de series basadas en amigos. Porque aunque el punto de partida de New Girl sea la llegada de la chica nueva al loft con sus excentricidades, en realidad en pocos capítulos la dinámica se convierte en una comedia de amigos. Sí, tienen la particularidad de compartir piso y esto hace que algunas tramas giren en torno a la convivencia, pero los personajes y sus conflictos evolucionan y se abren al mundo exterior. Eso sí, siempre que uno tiene un problema, los demás acuden. Enseguida hacen piña y se cuidan. Y si tienen que subirse al carro de alguna locura para mostrar su amistad, ahí están.

Y aunque el centro de la serie es Jess, hay cierta química en todo el equipo que hace que se complementen y que a partir de la segunda temporada se vuelva más coral. Es verdad que el personaje de Zooey Deschanel lleva gran parte del peso de la ficción (y se nota cuando la sustituye Megan Fox durante su baja maternal); pero cada uno aporta su punto y se complementan bastante bien. Nick tiene su pasado con Wiston y con Schmidt, así como Jess lo tiene con Cece, pero las nuevas relaciones también dejan momentos divertidos, como los momentos entre Wiston y Cece.

A partir de la tercera temporada New Girl cambia un poco de rumbo al introducir las relaciones amorosas entre los integrantes del grupo. Se pierde un poco el tono irreverente y el espíritu del principio. Incluso aparecen tramas que no tienen mucho sentido, como la relacionada con la hermana rebelde de Jess, una niñata insoportable.

La cuarta temporada podría no haber existido, pues realmente aportó poco. Jess comenzó varias relaciones, una de ellas con un compañero profesor que tan pronto como llega de Inglaterra, se va; Schmidt sale con una política y vuelve Entrenador, quien al final acaba también emparejado y marchándose a Nueva York en el último episodio. No es de extrañar, pues no terminaba de encajar en la complicidad del resto de personajes.

Y algo similar ocurre con la llegada de Megan Fox en la quinta. Interpreta a Reagan, una representante farmacéutica que viaja mucho y con un carácter distante que rompe la dinámica del grupo. Con Jess fuera como jurado, Nick y Reagan mantienen una cierta tensión sexual no resuelta, Wiston lidia con sus propia atracción a su compañera Aly y Schmidt y Cece planean su boda. Sin Jess la serie va sin un rumbo fijo. Incluso a su vuelta, parece una serie de parejas, pues ella vuelve a salir con un antiguo ex.

En la sexta temporada parece que se encauza la historia y se recupera parte del tono que tenía la serie al principio, aunque ya todo ha evolucionado a unos personajes encaminados a la vida adulta. Los recién casados buscan, compran y reforman una casa en la que comenzarán una vida juntos con un bebé ya en camino. Por su parte, Wiston y Aly tienen una relación estable, mientras que Nick consigue terminar y publicar su primera novela y Jess asciende a directora. Además, la temporada concluye con Nick y Jess comenzando una relación en serio, lo que podría haber sido también un fin de serie.

Sin embargo, decidieron darle un cierre con una temporada más de 8 capítulos parece que como regalo para los fans. Arranca con un salto temporal de tres años en el que Nick es un autor famoso y Jess vuelve a trabajar en un colegio; Cece lleva su empresa de representante de modelos mientras Schmidt se queda en casa cuidando a su hija; y Wiston y Aly, ya casados, esperan su primer hijo. En el fondo la temporada no es más que una excusa para despedirse de los personajes y para escenificar la boda de Nick y Jess que, como no podía ser de otra manera (ninguna boda en la serie es “normal”), es una sucesión de desafortunados incidentes.

Además, sirve para despedirse de Furguson (el querido gato de Wiston) y de Entrenador. Pero sobre todo estos capítulos sirven para cerrar una etapa, para abandonar el loft. Y como no podía ser menos, con el True American, esa locura de juego que se volvió todo un fenómeno en Estados Unidos y la cadena acabó publicando sus complicadísimas reglas.

El suelo es lava, por lo que hay que evitarlo. Para ello, hay que preparar la estancia con sillas, mesas, cojines… cualquier cosa por la que los participantes se puedan desplazar. En el centro de la habitación hay que construir un “castillo” con una botella (el rey) y cuatro filas de latas de cervezas, el primero que llegue a la botella, gana.

Juegan varias veces a lo largo de la serie, pero es bastante rápido y cuesta seguirlo. El primer jugador debe gritar “1, 2, 3, 4, JFK” y los demás responder “FDR”. Cada uno coge una cerveza del castillo, se mueve a un lugar seguro y le da un sorbo a la cerveza. A partir de ahí uno de ellos comienza a retar a los demás con la cuenta (todos los jugadores gritan “1,2,3” y marcan un número con los dedos en la frente. Quienes no repitan, avanzan una posición), con completar la cita (ya sea literaria, histórica o musical) o con algo en común (el jugador en turno habla de dos personas, lugares o cosas que tengan algo en común y quien acierte primero, avanza).

Queda descalificado quien pise el suelo o se quede sin bebida. Aunque se puede reincorporar bebiéndose de golpe una cerveza.

Imposible de seguir y de entender, pero resulta cómico y representa en cierta manera la locura de la serie. New Girl es una comedia fresca, ágil, entretenida y sin muchas pretensiones. Su trama es simple y su objetivo es entretener con un humor directo pero que a la vez roza lo esperpéntico. Schmidt y su tarro de chorradas, Wiston y sus camisas o su daltonismo, Jess y su ingenuidad o la capacidad para meter la pata, Nick y su amigo chino, las bromas que se gastan unos a otros…

A pesar de sus altibajos, la serie seguía siendo ligeramente graciosa y divertida, algo que de por sí es complicado en una comedia tras tantas temporadas, pero claro, ya no era lo mismo. Era el momento de terminarla y han sabido cerrarla manteniendo el espíritu con que comenzó. No es la serie de mi vida, pero, al menos, como comedia, ha cumplido su función.

Nuevas series a la lista “para ver”: The Gifted y Marvel’s Runaways

Desde que se estrenó X-Men en 2008, las películas y series de superhéroes no han parado de estrenarse. Algunas con mejor suerte que otras, todo hay que decirlo. Hoy traigo una de cal y otra de arena.

The Gifted narra un mundo en el que la organización Sentinel Services persigue a aquellos que poseen el Gen X por considerarlos una gran amenaza para la humanidad. Puede que hayan cometido crímenes, puede que no, ya que también son detenidos como prevención, a lo Minority Report. Y así arranca el capítulo, con unos mutantes intentando escapar y con esta policía interrogándolos. Uno de estos hombres de negro del gobierno es el fiscal del distrito Reed Strucker.

Strucker tiene una familia típica americana residente en las afueras: mujer y dos hijos adolescentes. Todo muy normal. Pero de repente su tranquila vida da un giro de 180º cuando su hijo Andy descubre tener poderes en un momento de estrés tras el continuado acoso de sus compañeros. Lauren, la hija mayor, también es mutante, pero ella ya hace tiempo que lo descubrió. Para evitar problemas ha aprendido a dominarlos y a llevarlo en secreto, e intentará ayudar a su hermano. Sin embargo, no hay tiempo, ya que en el momento en que el estado se entera no les queda otra solución que huir en busca de un lugar seguro.

El fiscal, que sabe muy bien cómo va el asunto, no dudará en cambiar de bando y en hacer todo lo que esté en su mano para proteger a sus hijos. Incluso recurrir a una organización de mutantes que vive en la clandestinidad, Mutan Underground.

Reed se pone en contacto con Eclipse, uno de estos mutantes que huían a principio del capítulo, y le ofrece un quid pro quo. A partir de aquí se abre una colaboración y Strucker conoce la realidad que viven aquellos a los que se dedica(ba) a perseguir.

Aunque la serie tiene un toque adolescente, también cuenta con una buena historia detrás. Los personajes resultan interesantes y es visualmente atractiva gracias a los efectos especiales de los poderes. También es verdad que en un único capítulo no da demasiado tiempo para entrar en profundidad, pero deja un poso de curiosidad. Quizá los seguidores de todo el mundo Marvel estén más situados en cuanto a quién es quién, pero los no iniciados necesitamos algo más de tiempo.

En cierta medida me recordó al comienzo de Héroes, cuando cada uno de los personajes descubre sus poderes, el alcance y cómo manejarlos. Esperemos que no acabe como aquella, que la primera temporada empezó muy bien, pero después con las siguientes la serie terminó decayendo.

El piloto de The Gifted engancha y deja con ganas de ver cómo evoluciona la historia, qué poderes tiene cada personaje. Es tan rápido y presenta a tantos mutantes, que es difícil poder concentrar todo en apenas 40 minutos. Habrá que seguir visionándola para ver si consigue mantener este juego del gato y el ratón con cierta tensión.

La primera temporada consta de 10 episodios y ya ha sido renovada por una segunda.

Y había dicho que iba a traer la cal y la arena. Nunca sé cuál es la mala, pero la que sea, esa es Marvel’s Runaways.

Si The Gifted me mantuvo atenta, Marvel’s Runaways no terminó de engancharme. Para decir que ocurre algo interesante, habría que avanzar a los dos últimos minutos. Pero empecemos por el principio.

La serie comienza presentando a unos adolescentes que parecen no tener nada en común salvo que sus padres son amigos. Y esto lo vamos descubriendo poco a poco, ya que el capítulo piloto nos muestra un poco de la vida de cada familia.

Por un lado están los Wilder. Alex es el chico introvertido que pasa mucho tiempo jugando a las consolas. Lleva dos años sin salir desde que algo le ocurrió a una tal Amy y sus padres están preocupados por él.

Nico Minoru es la hermana de la misteriosa Amy. Desde la desaparición de esta se ha escondido en un aspecto gótico y no se relaciona mucho con la gente.

Chase Stein es el típico deportista popular que parece tener algún problema de maltrato por parte de su padre, ya que se palpa la tensión cuando se descubre que las notas no son tan buenas como esperaban de él.

Karolina Dean es la Mrs. Wonderful. Vive en un mundo de colores superfeliz (aunque quizá no tanto). Sus padres son los líderes de la Iglesia de Gibborim, una especie de secta, y ella es su prototipo.

Gert Yorks es la feminista, e intenta crear un club en el instituto para hablar sobre el tema, pero casi todo el mundo la ignora. Otro cliché: la típica chica rellenita, con gafas que es feminista, pero que está enamorada del típico chico deportista, guapo y popular.

Con ella vive Molly Hernández, cuyos padres murieron y ha sido adoptada por los Yorks. Es la benjamina del grupo.

Los personajes se han repetido hasta la saciedad en numerosas ficciones. Quizá como novedoso es que se habla de temas muy candentes como las sectas, la pérdida de un amigo, el acoso escolar, la violación, el feminismo y la regla y sus dolores.

Unos dolores que Molly confunde con unos poderes sobrehumanos. Parece que todos los protagonistas tendrán algún tipo de habilidad, pero de momento solo vemos a Molly descubriendo que tiene una fuerza impresionante.

La mayoría del tiempo del piloto me sentía viendo un capítulo de una serie adolescente de niños ricos tipo OC, Gossip Girl o One Three Hill. No convence. No tiene ritmo, ni diálogos interesantes, ni tensión. O quizá es que va dirigido a otro tipo de público en el que no me encuentro.

Durante todo el capítulo se juega con el misterio en torno a Amy, aquello que distanció a los jóvenes, y la intención de Alex por reunirlos de nuevo a todos. Aunque en un principio nadie acude a su casa, al final, todos acaban allí reunidos. Y es justo en el final de este primer episodio cuando llega el gancho. Los jóvenes descubren que esas reuniones misteriosas que hacen sus padres no son fiestas de adultos normales, sino que tienen una organización criminal secreta y que realizan rituales en un sótano oculto.

Poco más da de sí el metraje de este capítulo. Pero todo apunta a que en los 9 capítulos restantes la pandilla decidirá reunirse para así derrotar a estos villanos que además son sus padres. No sé si mejorará, pero no sienta las bases para enganchar lo suficiente.

Nueva serie a la lista “para ver”: Mindhunter

Series sobre crímenes hay muchas, y sobre asesinos también, pero Mindhunter propone un enfoque distinto. Basada en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas nos traslada a finales de la década de los años 70 cuando dos agentes del FBI comenzaron a estudiar la psique de los asesinos en serie y violadores.

Está dirigida por David Fincher, Asif Kapadia, Tobias Lindholm y Andrew Douglas y los protagonistas están basados en los primeros agentes que trabajaron en este campo. En este sentido me recuerda a Masters of Sex. En ambos casos se parte de unos personajes reales (aunque en Mindhunter se han cambiado los nombres de los agentes) que rompieron con la dinámica de la época. Johnson y Masters estudiaron la sexualidad humana, pero también acabaron descubriendo que la mente era importante. Así, se adentraron en la psicología para determinar cómo esta influía en el sexo y en el comportamiento de las personas. Sus conclusiones no fueron bien recibidas inicialmente por una sociedad demasiado pacata y cerrada.

El momento histórico de Mindhunter refleja también eso. En una época en la que había varios psicópatas asesinos entre rejas o en busca y captura la sociedad americana hablaba de ellos como tarados, gente con una crueldad innata… Sin embargo, estos dos agentes se plantearon que quizá si analizaban su mente, se podrían anticipar a detectar otros criminales. Nace así el desarrollo de los perfiles psicológicos para entender qué paso en el caso en cuestión, pero también para poder resolver otros casos abiertos y evitar que haya más víctimas. La sociedad puritana y conservadora estadounidense no aceptaba esta hipótesis de que el criminal se hace en función de su pasado (abusos, barrio pobre, ingreso en instituciones). Y es que dar por válida esta premisa suponía aceptar que el sistema estaba fallando y era inestable.

El primer capítulo sirve para sentar esas bases. El joven Holden Ford trabaja en Quantico, la sede central del FBI, dando jornadas de formación y tras conocer a Deborah ‘Debbie’ Mitford, estudiante de posgrado, considera la opción de volver a la universidad y abrir su mente a nuevas técnicas. Se une a Bill Tench para recorrer la geografía americana y tener charlas con otros policías y así retroalimentarse unos a otros. Es un episodio en el que se sientan las bases de la serie. Hay sobre todo diálogo entre ambos protagonistas y no parece que vaya a ser una serie de acción y de persecución de criminales sino más bien con un enfoque intelectual. Lo más importante son los personajes intercambiando información u opiniones, debatiendo sobre la psicología y sociología. Ford con su ímpetu innovador y Tench con su toque de veterano poniéndole los pies sobre la tierra de vez en cuando.

Tras este capítulo inicial que sirve como carta de presentación de los personajes, los investigadores (a los que se les sumará la psicóloga Wendy) se centrarán en hacer entrevistas a estos asesinos en serie encarcelados para intentar obtener toda la información posible para comenzar a trazar perfiles. Y todo ello desde el thriller. Lo importante radica en esas conversaciones, en el juego mental, en la caza del gato y el ratón. Crea atmósfera y deja lugar para la imaginación. El horror queda reflejado en los relatos de los criminales sin entrar demasiado en imágenes escabrosas. Se retratan así algunos de los criminales históricos más relevantes de Estados Unidos.

Durante los 10 episodios de la temporada nos adentra en un viaje por el país en una época en la que se sabía muy poco de la mente de los asesinos y en la que dos agentes del FBI y una psicóloga decidieron aproximarse a lo más oscuro del ser humano con nuevas metodologías de investigación.

La segunda temporada se centrará en los años comprendidos entre 1979 y 1981 y en los crímenes de Atlanta, en los que al menos fueron asesinados 28 afroamericanos. Pero parece que hay cuerda para rato, ya que en total los creadores tienen planeadas 5 temporadas.

Nuevas series a la lista “para ver”: The Defenders y The Punisher

Hace ya un par de años que vimos el piloto de Jessica Jones. Sin embargo, cuando leí un poco sobre la serie para saber si tenía continuidad o es de estas que cancelan tras una primera temporada, me encontré con que, a pesar de ser independiente, se ve ligada a otras cuatro series y esta no era la primera de ellas.

Para que las tramas guarden cierto sentido, este sería el orden correcto:

  • Temporada 1 de Daredevil
  • Temporada 1 de Jessica Jones
  • Temporada 2 de Daredevil
  • Temporada 1 de Luke Cage
  • Temporada 1 de Iron Fist
  • Temporada 1 de The Defenders
  • Temporada 1 de The Punisher
  • Temporada 2 de Jessica Jones
  • Temporada 3 de Daredevil

De hecho, incluso recomiendan ver la película Los Vengadores, ya que sienta las bases del inicio de Daredevil. Al parecer, hay una batalla apoteósica entre los héroes más famosos y unos extraterrestres que tiene terribles consecuencias en Nueva York. Todo el mundo se refiere a este acontecimiento como “El Incidente”. A partir de ahí, entramos en el mundo seriéfilo de esta unión de Marvel Studios con Netflix.

El protagonista de la primera serie es Matt Murdock, quien con nueve años quedó ciego al ser rociado por unas sustancias químicas. Como consecuencia de este suceso, desarrolla el resto de sus sentidos. Hoy, de adulto, ejerce como abogado de los débiles junto con su compañero Foggy Nelson, con quien monta un buffete.

Sin embargo, por las noches ejerce de vigilante justiciero de su barrio, Hell’s Kitchen, uno de los que más dañado ha quedado por el famoso Incidente. En Daredevil el mal no está representado en un villano con superpoderes, sino que viene bajo un formato más cotidiano: delincuencia, corrupción (política, policial económica e inmobiliaria), mafias, tráfico de drogas y personas, secuestros… Gracias a ese sentido del radar hiperdesarrollado, así como a su agilidad y reflejos es capaz de moverse y pelear como si pudiera ver.

Daredevil me hizo pensar en Arrow, quizá influenciada porque antes del piloto había visto las cinco primeras temporadas del arquero. Aún así, salvando las distancias, guardan cierta similitud. Y es que ambos deciden salvar sus vecindarios sin poder específico, solamente con sus habilidades. Además, aunque cruentos, ambos tienen una línea roja propia que juran no traspasarán nunca.

En ambas series se juega con la oscuridad. Lógico, teniendo en cuenta que el protagonista es ciego. Pero también por el escenario en que se mueve: la parte más sombría de la ciudad.

También tiene en común con la serie de DC la violencia y peleas. Casi toda la acción se desarrolla en peleas cuerpo a cuerpo a pie en callejones oscuros, muelles o edificios en ruinas. Daredevil es violenta, cruda y brutal, aunque, por lo visto en el primer episodio, no parece que explícita y sangrienta rozando lo gore. Pero de alguna forma tiene que representar esa crueldad de las mafias que campan a sus anchas por el barrio.

La primera temporada a lo largo de sus 13 episodios nos cuenta la génesis del personaje. El cómo Matt evoluciona desde ese niño que sufre un accidente que le deja ciego hasta que se convierte en Daredevil. Habrá que ver la temporada completa para conocer la historia de este peculiar héroe, porque el primer capítulo me ha dejado con ganas de más, aunque también por momentos se me hizo algo largo. Puede ser porque dura algo más de los 40 minutos a los que estoy acostumbrada, o simplemente por tratarse de la presentación de la historia y personajes.

Después de visionar las temporadas iniciales de Daredevil y de Jessica Jones y la segunda de Daredevil, correspondería continuar con Luke Cage,  ya que sigue la trama de Jessica Jones. Dado que vimos el capítulo sin ver la temporada completa de la detective, había muchos detalles que se me escaparon.

Luke, que era camarero en la serie anterior, ahora se ha mudado a Harlem, como no podía ser menos. Este barrio neoyorquino está habitado en su mayoría por ciudadanos negros o latinos, así que, cuando tienes un superhéroe negro, no puedes situarlo en otro lugar.

Harlem se convierte en un personaje más, ya que no es solo un barrio, sino que refleja una realidad social. No creo que la serie pretenda llamar a la denuncia sobre el racismo, pero está ahí, de trasfondo. Y muy ligada al barrio está la música. Luke Cage cuenta con una potente banda sonora que mezcla el blus, el soul, el hip-hop, el rap y el R&B.

Harlem también configura en cierta medida el día a día del protagonista. Es el ambiente en el que se mueve intentando sobrevivir sin llamar mucho la atención. Sin embargo, todo cambia cuando aparece el crimen organizado. Es entonces cuando interviene para salvar al barrio y a sus habitantes. Porque no es un superhéroe que quiere salvar a toda la humanidad, él se centra en algo más mundano, en su entorno.

Para ello empleará su fuerza y resistencia sobrehumanas, consecuencia de un experimento con productos químicos que conducían la electricidad. Ya antes era un buen luchador, pero, desde que su tejido muscular se hizo más denso, soporta muy bien las peleas, ya que no sufre daño físico. A la vez, es capaz de demoler una pared. Además, su piel puede resistir balas, heridas, productos corrosivos o temperaturas extremas sin apenas inmutarse. También tiene una gran rapidez de recuperación tras una lesión, así que es prácticamente invencible.

Es un héroe diferente. Dejando los poderes aparte, es un personaje que vela por la seguridad de su barrio y de sus vecinos. Y a cara descubierta. En el primer episodio me han faltado muchos datos (culpa mía por no seguir el orden), pero aún así, me ha enganchado con ese toque pasota y calmado del protagonista.

El último de los cuatro integrantes de The Defenders es Iron Fist, el más descafeinado de todos. Danny Rand llega a Nueva York tras 15 años desaparecido. Su regreso no se parece nada al de Oliver Queen en Arrow.  Es cierto que todos le daban por muerto, ya que el avión en el que volaba con sus padres sufrió un accidente en la cordillera del Himalaya; sin embargo, han pasado tantos años, que nadie le reconoce. Ni siquiera sus dos amigos de la infancia (la chica que le gustaba y el abusón).

Danny se crió con unos monjes que le rescataron. Gracias a ellos es un experto en artes marciales, sin embargo, no conoce nada el mundo occidental y está fuera de sitio. De hecho, llega a la Gran Manzana descalzo, con pinta de indigente.  Y en eso se basa el primer episodio: en Danny llegando a Nueva York donde no encaja, y donde, además, Ward y Joey, sus antiguos amigos y actuales dirigentes de la empresa familiar, desconfían de su identidad e intentan quitárselo de en medio.

De su pericia en el arte de pelear, poco sabemos. No hay mucho combate épico, la verdad. Se nos presenta a Collen Wing, una profesora de artes marciales de Chinatown que rechaza cualquier tipo de proposición de Danny, aunque por el tráiler imagino que acabará uniéndose a él para luchar contra el mal. Por lo demás, poco más. Nada de peleas bien coreografiadas como en Daredevil o la rotundidad de Luke Cage. Y eso que puede convocar el poder del Puño de Hierro…

No sé si evolucionará a buen paso en el resto de la temporada, pero desde luego comienza lenta e insulsa. Abusa de los tópicos y apenas hay originalidad. Es una historia muy trillada. Por un lado tenemos el clásico protagonista heredero de una familia millonaria que reaparece tras años sin saberse nada de él. Por otro lado, el personaje que se encuentra fuera de lugar y es torpe en las relaciones sociales. Sin embargo, a pesar de esta ineptitud, tiene una habilidad sorprendente, en este caso en el Kung-Fu (que incluso se permite dar lecciones a Collen Wing). Muy manidas son también las personalidades de Ward y Joey, sus amigos. Ella la chica mona y manipulable, él el guaperas sociópata.

Cada una de las series anteriores tenía un estilo (y quizá un público): Daredevil es oscura y violenta, muy acorde con el personaje; Jessica Jones es un homenaje al género noir desde el punto de vista feminista; y Luke Cage representa la cultura negra. Sin embargo, no termino de entender qué es Iron Fist. ¿Busca la espiritualidad? ¿Llegar a los Millenials?

Con los cuatro personajes presentados, llegamos a The Defenders, que los agrupa a todos para salvar la ciudad de Nueva York (cómo no). Todos y cada uno de ellos son héroes solitarios, sin embargo, por una vez, deciden seguir la máxima de “la unión hace la fuerza”. La villana suprema -Alexandra-  está interpretada por Sigourney Weaver. No pinta mal.

El problema que encontré en el piloto es que estaba totalmente perdida, tanto con los personajes, como por las alusiones. Otra vez culpa mía por no seguir el orden.

Esta miniserie de ocho capítulos podría tratarse de una película larga del estilo de Los Vengadores. Conecta a los cuatro personajes, cada uno con sus complejidades y sus conflictos, en la lucha contra unos enemigos comunes. Lo que no entiendo es que Iron Fist parece ser el líder. Quizá porque así su serie sirve como antesala de esta nueva.

Cabe destacar la elección de la iluminación y de los colores en general. Al tratarse de una serie coral, cada héroe cuenta con un color. Así, Daredevil es rojo, Jessica Jones es azul, Luke Cage es amarillo y Iron Fist es verde. Por tanto, cuando la acción se centra en uno de ellos (incluso estando todos juntos en un mismo espacio), su color adquiere relevancia en pantalla. Ya sea por la ropa, por una pared tras el personaje, el color de una puerta o simplemente la iluminación por medio de neones, lámparas o luz natural.

Habrá que ver, sin embargo, cómo consiguen encajar a los cuatro y sus tramas en esta miniserie. Con el tono y las características de cada serie no parece fácil entretejerlo todo sin que nadie gane más protagonismo que el resto, o Iron Fist no desentone con respecto a sus compañeros de batalla.

Y por último lanzaron The Punisher, a quien ya habían presentado en la segunda de Daredevil (de nuevo me faltaban datos al visualizar el piloto) y que rompe con las series anteriores. Y es que Frank Castle no es un superhéroe. Y tampoco intenta serlo.

Castle es un personaje herido: unos sicarios asesinaron a su familia. Pero él se vengó, y una vez consumada la venganza, se retira y se refugia en una vida anodina trabajando en una obra, estando en segundo plano y sin llamar la atención. De hecho, todo el mundo le da por muerto. Sin embargo, aunque él la rehuya, pronto se verá envuelto de nuevo en una espiral de violencia.

Y aquí The Punisher se diferencia de las series anteriores. Además de no ser ningún superhéroe, The Punisher tampoco tiene líneas rojas, y si tiene que matar, lo hace. Y se nos muestra de una forma sangrienta y explícita ya desde el primer episodio. Que va a ser una serie de acción y violencia queda patente desde el enorme y sangriento tiroteo inicial.

Pero además de la historia de Castle, con su presente en la obra y sus flashbacks, hay una historia paralela, la de Dinah Madani. Esta agente del Departamento de Seguridad Nacional acaba de volver de Afganistán y comienza una investigación para esclarecer la muerte de su compañero. Cuando empieza a tirar de la manta el camino la conduce a Frank Castle.

Se entrevé una trama de conspiración política, policial y militar poniendo en tela de juicio la política exterior de Estados Unidos en lugares a los que se supone que fue para llevar la paz y donde, sin embargo, sembraron el caos.

Pero todo esto se aprecia muy de fondo, ya que el piloto apenas sirve para presentar a los personajes y sus intenciones. Habrá que ver cómo compagina las dos historias y si el ritmo es más ágil.

Por cierto, el actor protagonista lo borda, y más con esa cara de boxeador y su nariz más que rota. Ya solo con él, te crees el personaje.