Serie Terminada: Scandal

Hace un par de años que vimos el piloto de Scandal y se quedó en la lista de series para ver. En abril del año pasado llegó a su fin tras siete temporadas y era momento de rescatarla para verla del tirón. Vaya pérdida de tiempo.

En el primer capítulo se nos presentaba Olivia Pope & Associates, una agencia de gestión de crisis y escándalos cuya misión es proteger y defender la imagen de sus acaudalados clientes. La trama se centra en Washington D. C. y la Olivia Pope que da nombre al bufete es una abogada con contactos hasta en la misma Casa Blanca, puesto que fue directora de campaña (y amante) del ahora Presidente Grant. Su personaje está basado en Judy Smith, jefa de prensa de la administración de George H. W. Bush (quien además pertenece al equipo de producción de la serie). El resto de su equipo está formado por su mano derecha Stephen Finch, su amiga Abby Whelan, el hacker Huck, Harrison Wright y la recién llegada Quinn Perkins. Todos tienen en común que fueron salvados por su jefa en algún momento de su vida.

Durante los siete episodios de la primera temporada podemos ver cómo Pope y su fiel equipo de gladiadores con traje (como se hacen llamar) se encargan de solucionar los problemas de sus clientes gestionando sobre todo la comunicación. En el fondo no es muy diferente de The Catch, también de Shonda Rhimes: mujer de alto nivel adquisitivo que dirige un bufete, clientes exclusivos con problemas que no quieren que salgan a la luz y una relación romántica tortuosa. Sí que es verdad que la primera tenía una fotografía más luminosa (estaba centrada en Los Ángeles), pero se recurren a los mismos flashes, pantallas partidas y ritmo frenético.

Pero volviendo a Scandal, con estas premisas planteadas de inicio, parecía indicar que se iba a tratar de un drama político de capítulos autoconclusivos al estilo procedimental con una subtrama romántica entre Pope y el presidente. Pensé que los intríngulis políticos, el debate moral y las estrategias de comunicación serían el leit Motiv de Scandal; sin embargo, la política pasó a segundo plano en la segunda temporada cambiando totalmente el estilo y la estructura de la serie. Entonces se convirtió en una telenovela en la que todo giraba en torno a la relación tóxica entre Olivia y Fritz. Todo un melodrama pasado de vuelta.

 

Así, en el resto de temporadas, lejos queda la fórmula inicial de la serie siendo sustituida por un sindiós narrativo plagado de conspiraciones paranoicas que restan cualquier ápice de credibilidad a la historia. No sé qué se fumaban para escribir los guiones, pero da la sensación de que intentaban buscar lo más descabellado, cualquier giro que sorprendiera a la audiencia por muy inverosímil que fuera. Sin embargo, acaba convirtiéndose en un insulto a la inteligencia del espectador. A saber: amaño de elecciones, conspiraciones, espionaje, juegos sucios, chantajes, torturas, asesinatos, secuestros, organizaciones secretas, progenitores sin escrúpulos que salen de la nada… todo lo que pueda sonar disparatado vale en Scandal, tanto que entra en un círculo vicioso del que no podrá salir.

Los personajes no se salvan claro, están también muy mal definidos. Olivia es independiente, ambiciosa y brillante en su trabajo. Hasta ahí bien, excepto por el pequeño detalle que parece que siempre tiene un as bajo la manga y que es capaz de enfrentarse a todo. Incluso al aparato de una agencia de inteligencia secreta. Por otro lado se nos presenta como fría, frívola y cruel, pero que a su vez cae una y otra vez en los mismos errores. Parece tener síndrome de Estocolmo con sus padres y con Fritz. Las absurdas incoherencias la convierten en un personaje inverosímil. Un individuo puede tener contradicciones y dobleces, pero siempre con cierta coherencia con respecto a su historia. Aquí parece que Rhimes ha querido que todo le pase a ella. No me extraña que se dé al alcohol.

El personaje de Fitzgerald Grant III es horroroso. Cincuentón blanco que viene de familia adinerada y que representa el poder. Es definido como el líder del mundo libre. Sin embargo, resulta que ha llegado al puesto gracias a un amaño en las elecciones y no es más que una marioneta en manos de todos aquellos que llevaron su campaña. Incluso cuando es presidente ni siquiera gobierna, sino que está dirigido por sus asesores, y por Olivia, claro, que es la cabeza pensante de todo esto. Por si fueran pocos estereotipos, además es un marido infiel e insoportable que desprecia a su mujer y que acaba convirtiendo a su amante en un florero en cuanto la relación da un paso más serio.

Y luego está Mellie Grant, esa primera dama que sacrifica todo (personal y profesionalmente) por su marido. Traga carros y carretas, pero en lugar de crear un personaje hacia el que el espectador pueda sentir cierta pena; por el contrario es presentada bien como una insufrible damisela siempre lloriqueando (incluso cuando es por algo tan razonable como la pérdida de un hijo), o bien como una mujer malvada que está tramando un plan maquiavélico (y que no siente apego por los niños pequeños). La mujer débil o la mujer desalmada. Sin embargo, es una superviviente. Pone en pausa su vida para que su marido llegue al poder con la esperanza de que después ese empeño sea recompensado de la misma forma. Pero claro, su marido no está a la altura. Sin duda Mellie es quien tiene más coherencia y quien más evoluciona de toda la serie. Aunque he de decir que el doblaje no le hace nada bien.

En fin, que la trama es un despropósito plagada de incongruencias, los guiones son nefastos y los personajes no transmiten empatía. Sobre todo en esos monólogos interminables recitados a viva voz. Tanto Cyrus Beene (jefe de gabinete del presidente), como los padres de Olivia (especialmente Rowan) y ella misma sueltan unos irritantes soliloquios llenos de frases vacías. Eso sí, parece que los actores se lo toman en serio y creen estar interpretando a el papel de sus vidas en Broadway.

Porque esa es otra, el elenco no se salva. No he visto cosa peor que Huck, un señor que parece que solo sabe gesticular con los ojos: o los achina o los abre mucho. Ya está, esa es su capacidad actoral. Por no hablar de Jake Ballard, interpretado por Scott Foley, el Noel de Felicity, un tipo que se ha encasillado en “el yerno perfecto” y no termina de encajar como despiadado asesino de una agencia secreta. Pero quien se lleva la palma es Kerry Washington, la mismísima protagonista. No transmite, no sabe expresar emociones, es demasiado hierática.

En definitiva, Scandal es un quiero y no puedo. Prometía un drama político plagado de escándalos y giros de guion y se convirtió en un mal culebrón.

Familie Braun

Hace poco, en los comentarios de una columna sobre la creciente subida de votos de los partidos fascistas, leí la recomendación de la serie Familie BraunTras leer la sinopsis no pude por menos que verla, pues parte de una premisa bastante chocante.

Thomas Braun y Kai Stahl son dos veinteañeros neonazis que comparten piso en Berlín. Un buen día entre jijis, jajas, saludos a Hitler y vídeos en youtube sobre cómo hacer cosas nazis reciben una visita. Se trata de un antiguo rollo de una noche de Thomas, que le comunica que tiene que marcharse a Eritrea y no puede llevarse con ella a la hija de seis años que tienen en común. Así de golpe el protagonista no solo se entera de que es padre, sino de que lo es de una niña negra.

Aunque Thomas se queda algo desencajado, pronto se encarga de Lara, sin embargo, Kai no reacciona de la misma forma. En primer lugar alucina por el hecho de que su amigo haya sido capaz de liarse con una negra (era más clara, dice Thomas como excusa), y después ante la actitud que toma hacia la niña, asumiendo su papel de padre. Padre de una niña negra. Siendo neonazi…

Así, intenta por todos los medios que la niña desaparezca tal y como llegó, pero Lara es realmente perspicaz y vuelve para quedarse. En los restantes episodios vemos cómo la mirada limpia de una niña de seis años y sus preguntas y comentarios desmontan el “argumentario” de la ideología nazi.

Obviamente, la serie tiene sus puntos flacos, como el planteamiento inicial, pues a qué madre en su sano juicio se le ocurriría dejar a su hija con un tipo que no la ha visto en la vida y que además es un neonazi… Pero bueno, aceptamos la licencia para marcar el chocante arranque del piloto. Pero en cualquier caso, resulta entretenida y, a pesar de lo dramático, arranca la carcajada por lo surrealista de las situaciones.

Lamentablemente Familie Braun solo consta de una temporada de 8 capítulos realmente cortos (rondan los cinco minutos), por lo que sabe a poco.

Está disponible en Youtube (con subtítulos) y en la web de ZDF.

 

Serie Terminada: New Girl

Últimamente no estaba teniendo mucha suerte con las comedias. A priori los pilotos parecen divertidos y novedosos, pero luego acaban degenerando. Ya me pasó con Cómo conocí a vuestra madre, con Cougar Town, con Suburgatory, con Awkward, con Finales Felices, con la Liga, y más recientemente con Modern Family o The Big Bang Theory.  Con estos antecedentes comencé con cierto reparo y distancia a ver New Girl. Sin embargo, a pesar de ciertos altibajos y de algunas situaciones tópicas, quizá es una de las series que mejor ha mantenido su esencia.

Creada por Elizabeth Meriweather, guionista de la comedia romántica Sin Compromiso, protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, New Girl arranca cuando Jess Day, una treinteañera profesora de infantil, pilla a su novio con otra. Con el corazón roto comienza la búsqueda de un nuevo sitio para vivir y responde a un anuncio de un espacioso loft en el que residen tres amigos. Aquí empieza la locura, las rarezas, el humor desenfadado y un tanto absurdo. Los tres compañeros a priori tienen sus dudas con respecto a que la convivencia con una mujer en el apartamento vaya a funcionar. Sin embargo, tras una extraña entrevista acaban aceptándola como inquilina.

La base de la serie es la adaptación de todos los integrantes a la nueva situación. Por un lado tenemos a Nick, un tipo que también acaba de salir de una relación y que tiene alma de señor mayor que no para de quejarse. Un carácter que contrasta de primeras con la optimista Jess, pero que se ve a la legua que va a haber química entre ambos. Dejó su carrera de abogado y ahora trabaja en un bar mientras sueña con ser escritor. Quizá es el más normal de todo, aunque tiene un cierto complejo de Peter Pan, ya que parece no querer asumir las responsabilidades de la vida adulta.

El segundo compañero es Schmidt, compañero de la universidad de Nick. Se dedica al marketing en una empresa en la que parece ser el único hombre, así que va por la vida intentando mostrar su masculinidad y explotando una faceta de mujeriego. Aunque a la vez es un tipo que expresa sus emociones y no se avergüenza por ello. También es tremendamente obsesivo en cuanto al orden y es un esclavo de su imagen, en parte porque estuvo gordo en su época universitaria.

El tercero en el piloto era Coach, apodo tomado de su profesión, pues tras abandonar la competición es entrenador personal. Sin embargo, este personaje desaparece a partir del segundo capítulo porque Damon Wayans Jr, el actor que lo interpreta, tuvo que regresar a Finales Felices tras su inesperada renovación. Así, en su lugar apareció Winston, amigo de la infancia de Nick, que regresa de Letonia tras una desastrosa etapa como jugador profesional de baloncesto. Al principio se nota que el personaje está algo menos planificado que el resto y que se ha añadido después, pero enseguida adquiere su propia personalidad y resulta tener una curiosa vis cómica.

Además de los residentes en el loft, completa el grupo Cece, la mejor amiga de Jess, que pone cierto punto de cordura en las disparatadas aventuras del resto (aunque también tiene sus cosillas). Trabaja como modelo y encandilará a Schmidt desde el principio.

Con este arranque y estos personajes, está claro que la serie no planteaba nada novedoso, ya hay un montón de series basadas en amigos. Porque aunque el punto de partida de New Girl sea la llegada de la chica nueva al loft con sus excentricidades, en realidad en pocos capítulos la dinámica se convierte en una comedia de amigos. Sí, tienen la particularidad de compartir piso y esto hace que algunas tramas giren en torno a la convivencia, pero los personajes y sus conflictos evolucionan y se abren al mundo exterior. Eso sí, siempre que uno tiene un problema, los demás acuden. Enseguida hacen piña y se cuidan. Y si tienen que subirse al carro de alguna locura para mostrar su amistad, ahí están.

Y aunque el centro de la serie es Jess, hay cierta química en todo el equipo que hace que se complementen y que a partir de la segunda temporada se vuelva más coral. Es verdad que el personaje de Zooey Deschanel lleva gran parte del peso de la ficción (y se nota cuando la sustituye Megan Fox durante su baja maternal); pero cada uno aporta su punto y se complementan bastante bien. Nick tiene su pasado con Wiston y con Schmidt, así como Jess lo tiene con Cece, pero las nuevas relaciones también dejan momentos divertidos, como los momentos entre Wiston y Cece.

A partir de la tercera temporada New Girl cambia un poco de rumbo al introducir las relaciones amorosas entre los integrantes del grupo. Se pierde un poco el tono irreverente y el espíritu del principio. Incluso aparecen tramas que no tienen mucho sentido, como la relacionada con la hermana rebelde de Jess, una niñata insoportable.

La cuarta temporada podría no haber existido, pues realmente aportó poco. Jess comenzó varias relaciones, una de ellas con un compañero profesor que tan pronto como llega de Inglaterra, se va; Schmidt sale con una política y vuelve Entrenador, quien al final acaba también emparejado y marchándose a Nueva York en el último episodio. No es de extrañar, pues no terminaba de encajar en la complicidad del resto de personajes.

Y algo similar ocurre con la llegada de Megan Fox en la quinta. Interpreta a Reagan, una representante farmacéutica que viaja mucho y con un carácter distante que rompe la dinámica del grupo. Con Jess fuera como jurado, Nick y Reagan mantienen una cierta tensión sexual no resuelta, Wiston lidia con sus propia atracción a su compañera Aly y Schmidt y Cece planean su boda. Sin Jess la serie va sin un rumbo fijo. Incluso a su vuelta, parece una serie de parejas, pues ella vuelve a salir con un antiguo ex.

En la sexta temporada parece que se encauza la historia y se recupera parte del tono que tenía la serie al principio, aunque ya todo ha evolucionado a unos personajes encaminados a la vida adulta. Los recién casados buscan, compran y reforman una casa en la que comenzarán una vida juntos con un bebé ya en camino. Por su parte, Wiston y Aly tienen una relación estable, mientras que Nick consigue terminar y publicar su primera novela y Jess asciende a directora. Además, la temporada concluye con Nick y Jess comenzando una relación en serio, lo que podría haber sido también un fin de serie.

Sin embargo, decidieron darle un cierre con una temporada más de 8 capítulos parece que como regalo para los fans. Arranca con un salto temporal de tres años en el que Nick es un autor famoso y Jess vuelve a trabajar en un colegio; Cece lleva su empresa de representante de modelos mientras Schmidt se queda en casa cuidando a su hija; y Wiston y Aly, ya casados, esperan su primer hijo. En el fondo la temporada no es más que una excusa para despedirse de los personajes y para escenificar la boda de Nick y Jess que, como no podía ser de otra manera (ninguna boda en la serie es “normal”), es una sucesión de desafortunados incidentes.

Además, sirve para despedirse de Furguson (el querido gato de Wiston) y de Entrenador. Pero sobre todo estos capítulos sirven para cerrar una etapa, para abandonar el loft. Y como no podía ser menos, con el True American, esa locura de juego que se volvió todo un fenómeno en Estados Unidos y la cadena acabó publicando sus complicadísimas reglas.

El suelo es lava, por lo que hay que evitarlo. Para ello, hay que preparar la estancia con sillas, mesas, cojines… cualquier cosa por la que los participantes se puedan desplazar. En el centro de la habitación hay que construir un “castillo” con una botella (el rey) y cuatro filas de latas de cervezas, el primero que llegue a la botella, gana.

Juegan varias veces a lo largo de la serie, pero es bastante rápido y cuesta seguirlo. El primer jugador debe gritar “1, 2, 3, 4, JFK” y los demás responder “FDR”. Cada uno coge una cerveza del castillo, se mueve a un lugar seguro y le da un sorbo a la cerveza. A partir de ahí uno de ellos comienza a retar a los demás con la cuenta (todos los jugadores gritan “1,2,3” y marcan un número con los dedos en la frente. Quienes no repitan, avanzan una posición), con completar la cita (ya sea literaria, histórica o musical) o con algo en común (el jugador en turno habla de dos personas, lugares o cosas que tengan algo en común y quien acierte primero, avanza).

Queda descalificado quien pise el suelo o se quede sin bebida. Aunque se puede reincorporar bebiéndose de golpe una cerveza.

Imposible de seguir y de entender, pero resulta cómico y representa en cierta manera la locura de la serie. New Girl es una comedia fresca, ágil, entretenida y sin muchas pretensiones. Su trama es simple y su objetivo es entretener con un humor directo pero que a la vez roza lo esperpéntico. Schmidt y su tarro de chorradas, Wiston y sus camisas o su daltonismo, Jess y su ingenuidad o la capacidad para meter la pata, Nick y su amigo chino, las bromas que se gastan unos a otros…

A pesar de sus altibajos, la serie seguía siendo ligeramente graciosa y divertida, algo que de por sí es complicado en una comedia tras tantas temporadas, pero claro, ya no era lo mismo. Era el momento de terminarla y han sabido cerrarla manteniendo el espíritu con que comenzó. No es la serie de mi vida, pero, al menos, como comedia, ha cumplido su función.

Nuevas series a la lista “para ver”: The Gifted y Marvel’s Runaways

Desde que se estrenó X-Men en 2008, las películas y series de superhéroes no han parado de estrenarse. Algunas con mejor suerte que otras, todo hay que decirlo. Hoy traigo una de cal y otra de arena.

The Gifted narra un mundo en el que la organización Sentinel Services persigue a aquellos que poseen el Gen X por considerarlos una gran amenaza para la humanidad. Puede que hayan cometido crímenes, puede que no, ya que también son detenidos como prevención, a lo Minority Report. Y así arranca el capítulo, con unos mutantes intentando escapar y con esta policía interrogándolos. Uno de estos hombres de negro del gobierno es el fiscal del distrito Reed Strucker.

Strucker tiene una familia típica americana residente en las afueras: mujer y dos hijos adolescentes. Todo muy normal. Pero de repente su tranquila vida da un giro de 180º cuando su hijo Andy descubre tener poderes en un momento de estrés tras el continuado acoso de sus compañeros. Lauren, la hija mayor, también es mutante, pero ella ya hace tiempo que lo descubrió. Para evitar problemas ha aprendido a dominarlos y a llevarlo en secreto, e intentará ayudar a su hermano. Sin embargo, no hay tiempo, ya que en el momento en que el estado se entera no les queda otra solución que huir en busca de un lugar seguro.

El fiscal, que sabe muy bien cómo va el asunto, no dudará en cambiar de bando y en hacer todo lo que esté en su mano para proteger a sus hijos. Incluso recurrir a una organización de mutantes que vive en la clandestinidad, Mutan Underground.

Reed se pone en contacto con Eclipse, uno de estos mutantes que huían a principio del capítulo, y le ofrece un quid pro quo. A partir de aquí se abre una colaboración y Strucker conoce la realidad que viven aquellos a los que se dedica(ba) a perseguir.

Aunque la serie tiene un toque adolescente, también cuenta con una buena historia detrás. Los personajes resultan interesantes y es visualmente atractiva gracias a los efectos especiales de los poderes. También es verdad que en un único capítulo no da demasiado tiempo para entrar en profundidad, pero deja un poso de curiosidad. Quizá los seguidores de todo el mundo Marvel estén más situados en cuanto a quién es quién, pero los no iniciados necesitamos algo más de tiempo.

En cierta medida me recordó al comienzo de Héroes, cuando cada uno de los personajes descubre sus poderes, el alcance y cómo manejarlos. Esperemos que no acabe como aquella, que la primera temporada empezó muy bien, pero después con las siguientes la serie terminó decayendo.

El piloto de The Gifted engancha y deja con ganas de ver cómo evoluciona la historia, qué poderes tiene cada personaje. Es tan rápido y presenta a tantos mutantes, que es difícil poder concentrar todo en apenas 40 minutos. Habrá que seguir visionándola para ver si consigue mantener este juego del gato y el ratón con cierta tensión.

La primera temporada consta de 10 episodios y ya ha sido renovada por una segunda.

Y había dicho que iba a traer la cal y la arena. Nunca sé cuál es la mala, pero la que sea, esa es Marvel’s Runaways.

Si The Gifted me mantuvo atenta, Marvel’s Runaways no terminó de engancharme. Para decir que ocurre algo interesante, habría que avanzar a los dos últimos minutos. Pero empecemos por el principio.

La serie comienza presentando a unos adolescentes que parecen no tener nada en común salvo que sus padres son amigos. Y esto lo vamos descubriendo poco a poco, ya que el capítulo piloto nos muestra un poco de la vida de cada familia.

Por un lado están los Wilder. Alex es el chico introvertido que pasa mucho tiempo jugando a las consolas. Lleva dos años sin salir desde que algo le ocurrió a una tal Amy y sus padres están preocupados por él.

Nico Minoru es la hermana de la misteriosa Amy. Desde la desaparición de esta se ha escondido en un aspecto gótico y no se relaciona mucho con la gente.

Chase Stein es el típico deportista popular que parece tener algún problema de maltrato por parte de su padre, ya que se palpa la tensión cuando se descubre que las notas no son tan buenas como esperaban de él.

Karolina Dean es la Mrs. Wonderful. Vive en un mundo de colores superfeliz (aunque quizá no tanto). Sus padres son los líderes de la Iglesia de Gibborim, una especie de secta, y ella es su prototipo.

Gert Yorks es la feminista, e intenta crear un club en el instituto para hablar sobre el tema, pero casi todo el mundo la ignora. Otro cliché: la típica chica rellenita, con gafas que es feminista, pero que está enamorada del típico chico deportista, guapo y popular.

Con ella vive Molly Hernández, cuyos padres murieron y ha sido adoptada por los Yorks. Es la benjamina del grupo.

Los personajes se han repetido hasta la saciedad en numerosas ficciones. Quizá como novedoso es que se habla de temas muy candentes como las sectas, la pérdida de un amigo, el acoso escolar, la violación, el feminismo y la regla y sus dolores.

Unos dolores que Molly confunde con unos poderes sobrehumanos. Parece que todos los protagonistas tendrán algún tipo de habilidad, pero de momento solo vemos a Molly descubriendo que tiene una fuerza impresionante.

La mayoría del tiempo del piloto me sentía viendo un capítulo de una serie adolescente de niños ricos tipo OC, Gossip Girl o One Three Hill. No convence. No tiene ritmo, ni diálogos interesantes, ni tensión. O quizá es que va dirigido a otro tipo de público en el que no me encuentro.

Durante todo el capítulo se juega con el misterio en torno a Amy, aquello que distanció a los jóvenes, y la intención de Alex por reunirlos de nuevo a todos. Aunque en un principio nadie acude a su casa, al final, todos acaban allí reunidos. Y es justo en el final de este primer episodio cuando llega el gancho. Los jóvenes descubren que esas reuniones misteriosas que hacen sus padres no son fiestas de adultos normales, sino que tienen una organización criminal secreta y que realizan rituales en un sótano oculto.

Poco más da de sí el metraje de este capítulo. Pero todo apunta a que en los 9 capítulos restantes la pandilla decidirá reunirse para así derrotar a estos villanos que además son sus padres. No sé si mejorará, pero no sienta las bases para enganchar lo suficiente.

Nueva serie a la lista “para ver”: Mindhunter

Series sobre crímenes hay muchas, y sobre asesinos también, pero Mindhunter propone un enfoque distinto. Basada en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas nos traslada a finales de la década de los años 70 cuando dos agentes del FBI comenzaron a estudiar la psique de los asesinos en serie y violadores.

Está dirigida por David Fincher, Asif Kapadia, Tobias Lindholm y Andrew Douglas y los protagonistas están basados en los primeros agentes que trabajaron en este campo. En este sentido me recuerda a Masters of Sex. En ambos casos se parte de unos personajes reales (aunque en Mindhunter se han cambiado los nombres de los agentes) que rompieron con la dinámica de la época. Johnson y Masters estudiaron la sexualidad humana, pero también acabaron descubriendo que la mente era importante. Así, se adentraron en la psicología para determinar cómo esta influía en el sexo y en el comportamiento de las personas. Sus conclusiones no fueron bien recibidas inicialmente por una sociedad demasiado pacata y cerrada.

El momento histórico de Mindhunter refleja también eso. En una época en la que había varios psicópatas asesinos entre rejas o en busca y captura la sociedad americana hablaba de ellos como tarados, gente con una crueldad innata… Sin embargo, estos dos agentes se plantearon que quizá si analizaban su mente, se podrían anticipar a detectar otros criminales. Nace así el desarrollo de los perfiles psicológicos para entender qué paso en el caso en cuestión, pero también para poder resolver otros casos abiertos y evitar que haya más víctimas. La sociedad puritana y conservadora estadounidense no aceptaba esta hipótesis de que el criminal se hace en función de su pasado (abusos, barrio pobre, ingreso en instituciones). Y es que dar por válida esta premisa suponía aceptar que el sistema estaba fallando y era inestable.

El primer capítulo sirve para sentar esas bases. El joven Holden Ford trabaja en Quantico, la sede central del FBI, dando jornadas de formación y tras conocer a Deborah ‘Debbie’ Mitford, estudiante de posgrado, considera la opción de volver a la universidad y abrir su mente a nuevas técnicas. Se une a Bill Tench para recorrer la geografía americana y tener charlas con otros policías y así retroalimentarse unos a otros. Es un episodio en el que se sientan las bases de la serie. Hay sobre todo diálogo entre ambos protagonistas y no parece que vaya a ser una serie de acción y de persecución de criminales sino más bien con un enfoque intelectual. Lo más importante son los personajes intercambiando información u opiniones, debatiendo sobre la psicología y sociología. Ford con su ímpetu innovador y Tench con su toque de veterano poniéndole los pies sobre la tierra de vez en cuando.

Tras este capítulo inicial que sirve como carta de presentación de los personajes, los investigadores (a los que se les sumará la psicóloga Wendy) se centrarán en hacer entrevistas a estos asesinos en serie encarcelados para intentar obtener toda la información posible para comenzar a trazar perfiles. Y todo ello desde el thriller. Lo importante radica en esas conversaciones, en el juego mental, en la caza del gato y el ratón. Crea atmósfera y deja lugar para la imaginación. El horror queda reflejado en los relatos de los criminales sin entrar demasiado en imágenes escabrosas. Se retratan así algunos de los criminales históricos más relevantes de Estados Unidos.

Durante los 10 episodios de la temporada nos adentra en un viaje por el país en una época en la que se sabía muy poco de la mente de los asesinos y en la que dos agentes del FBI y una psicóloga decidieron aproximarse a lo más oscuro del ser humano con nuevas metodologías de investigación.

La segunda temporada se centrará en los años comprendidos entre 1979 y 1981 y en los crímenes de Atlanta, en los que al menos fueron asesinados 28 afroamericanos. Pero parece que hay cuerda para rato, ya que en total los creadores tienen planeadas 5 temporadas.

Nuevas series a la lista “para ver”: The Defenders y The Punisher

Hace ya un par de años que vimos el piloto de Jessica Jones. Sin embargo, cuando leí un poco sobre la serie para saber si tenía continuidad o es de estas que cancelan tras una primera temporada, me encontré con que, a pesar de ser independiente, se ve ligada a otras cuatro series y esta no era la primera de ellas.

Para que las tramas guarden cierto sentido, este sería el orden correcto:

  • Temporada 1 de Daredevil
  • Temporada 1 de Jessica Jones
  • Temporada 2 de Daredevil
  • Temporada 1 de Luke Cage
  • Temporada 1 de Iron Fist
  • Temporada 1 de The Defenders
  • Temporada 1 de The Punisher
  • Temporada 2 de Jessica Jones
  • Temporada 3 de Daredevil

De hecho, incluso recomiendan ver la película Los Vengadores, ya que sienta las bases del inicio de Daredevil. Al parecer, hay una batalla apoteósica entre los héroes más famosos y unos extraterrestres que tiene terribles consecuencias en Nueva York. Todo el mundo se refiere a este acontecimiento como “El Incidente”. A partir de ahí, entramos en el mundo seriéfilo de esta unión de Marvel Studios con Netflix.

El protagonista de la primera serie es Matt Murdock, quien con nueve años quedó ciego al ser rociado por unas sustancias químicas. Como consecuencia de este suceso, desarrolla el resto de sus sentidos. Hoy, de adulto, ejerce como abogado de los débiles junto con su compañero Foggy Nelson, con quien monta un buffete.

Sin embargo, por las noches ejerce de vigilante justiciero de su barrio, Hell’s Kitchen, uno de los que más dañado ha quedado por el famoso Incidente. En Daredevil el mal no está representado en un villano con superpoderes, sino que viene bajo un formato más cotidiano: delincuencia, corrupción (política, policial económica e inmobiliaria), mafias, tráfico de drogas y personas, secuestros… Gracias a ese sentido del radar hiperdesarrollado, así como a su agilidad y reflejos es capaz de moverse y pelear como si pudiera ver.

Daredevil me hizo pensar en Arrow, quizá influenciada porque antes del piloto había visto las cinco primeras temporadas del arquero. Aún así, salvando las distancias, guardan cierta similitud. Y es que ambos deciden salvar sus vecindarios sin poder específico, solamente con sus habilidades. Además, aunque cruentos, ambos tienen una línea roja propia que juran no traspasarán nunca.

En ambas series se juega con la oscuridad. Lógico, teniendo en cuenta que el protagonista es ciego. Pero también por el escenario en que se mueve: la parte más sombría de la ciudad.

También tiene en común con la serie de DC la violencia y peleas. Casi toda la acción se desarrolla en peleas cuerpo a cuerpo a pie en callejones oscuros, muelles o edificios en ruinas. Daredevil es violenta, cruda y brutal, aunque, por lo visto en el primer episodio, no parece que explícita y sangrienta rozando lo gore. Pero de alguna forma tiene que representar esa crueldad de las mafias que campan a sus anchas por el barrio.

La primera temporada a lo largo de sus 13 episodios nos cuenta la génesis del personaje. El cómo Matt evoluciona desde ese niño que sufre un accidente que le deja ciego hasta que se convierte en Daredevil. Habrá que ver la temporada completa para conocer la historia de este peculiar héroe, porque el primer capítulo me ha dejado con ganas de más, aunque también por momentos se me hizo algo largo. Puede ser porque dura algo más de los 40 minutos a los que estoy acostumbrada, o simplemente por tratarse de la presentación de la historia y personajes.

Después de visionar las temporadas iniciales de Daredevil y de Jessica Jones y la segunda de Daredevil, correspondería continuar con Luke Cage,  ya que sigue la trama de Jessica Jones. Dado que vimos el capítulo sin ver la temporada completa de la detective, había muchos detalles que se me escaparon.

Luke, que era camarero en la serie anterior, ahora se ha mudado a Harlem, como no podía ser menos. Este barrio neoyorquino está habitado en su mayoría por ciudadanos negros o latinos, así que, cuando tienes un superhéroe negro, no puedes situarlo en otro lugar.

Harlem se convierte en un personaje más, ya que no es solo un barrio, sino que refleja una realidad social. No creo que la serie pretenda llamar a la denuncia sobre el racismo, pero está ahí, de trasfondo. Y muy ligada al barrio está la música. Luke Cage cuenta con una potente banda sonora que mezcla el blus, el soul, el hip-hop, el rap y el R&B.

Harlem también configura en cierta medida el día a día del protagonista. Es el ambiente en el que se mueve intentando sobrevivir sin llamar mucho la atención. Sin embargo, todo cambia cuando aparece el crimen organizado. Es entonces cuando interviene para salvar al barrio y a sus habitantes. Porque no es un superhéroe que quiere salvar a toda la humanidad, él se centra en algo más mundano, en su entorno.

Para ello empleará su fuerza y resistencia sobrehumanas, consecuencia de un experimento con productos químicos que conducían la electricidad. Ya antes era un buen luchador, pero, desde que su tejido muscular se hizo más denso, soporta muy bien las peleas, ya que no sufre daño físico. A la vez, es capaz de demoler una pared. Además, su piel puede resistir balas, heridas, productos corrosivos o temperaturas extremas sin apenas inmutarse. También tiene una gran rapidez de recuperación tras una lesión, así que es prácticamente invencible.

Es un héroe diferente. Dejando los poderes aparte, es un personaje que vela por la seguridad de su barrio y de sus vecinos. Y a cara descubierta. En el primer episodio me han faltado muchos datos (culpa mía por no seguir el orden), pero aún así, me ha enganchado con ese toque pasota y calmado del protagonista.

El último de los cuatro integrantes de The Defenders es Iron Fist, el más descafeinado de todos. Danny Rand llega a Nueva York tras 15 años desaparecido. Su regreso no se parece nada al de Oliver Queen en Arrow.  Es cierto que todos le daban por muerto, ya que el avión en el que volaba con sus padres sufrió un accidente en la cordillera del Himalaya; sin embargo, han pasado tantos años, que nadie le reconoce. Ni siquiera sus dos amigos de la infancia (la chica que le gustaba y el abusón).

Danny se crió con unos monjes que le rescataron. Gracias a ellos es un experto en artes marciales, sin embargo, no conoce nada el mundo occidental y está fuera de sitio. De hecho, llega a la Gran Manzana descalzo, con pinta de indigente.  Y en eso se basa el primer episodio: en Danny llegando a Nueva York donde no encaja, y donde, además, Ward y Joey, sus antiguos amigos y actuales dirigentes de la empresa familiar, desconfían de su identidad e intentan quitárselo de en medio.

De su pericia en el arte de pelear, poco sabemos. No hay mucho combate épico, la verdad. Se nos presenta a Collen Wing, una profesora de artes marciales de Chinatown que rechaza cualquier tipo de proposición de Danny, aunque por el tráiler imagino que acabará uniéndose a él para luchar contra el mal. Por lo demás, poco más. Nada de peleas bien coreografiadas como en Daredevil o la rotundidad de Luke Cage. Y eso que puede convocar el poder del Puño de Hierro…

No sé si evolucionará a buen paso en el resto de la temporada, pero desde luego comienza lenta e insulsa. Abusa de los tópicos y apenas hay originalidad. Es una historia muy trillada. Por un lado tenemos el clásico protagonista heredero de una familia millonaria que reaparece tras años sin saberse nada de él. Por otro lado, el personaje que se encuentra fuera de lugar y es torpe en las relaciones sociales. Sin embargo, a pesar de esta ineptitud, tiene una habilidad sorprendente, en este caso en el Kung-Fu (que incluso se permite dar lecciones a Collen Wing). Muy manidas son también las personalidades de Ward y Joey, sus amigos. Ella la chica mona y manipulable, él el guaperas sociópata.

Cada una de las series anteriores tenía un estilo (y quizá un público): Daredevil es oscura y violenta, muy acorde con el personaje; Jessica Jones es un homenaje al género noir desde el punto de vista feminista; y Luke Cage representa la cultura negra. Sin embargo, no termino de entender qué es Iron Fist. ¿Busca la espiritualidad? ¿Llegar a los Millenials?

Con los cuatro personajes presentados, llegamos a The Defenders, que los agrupa a todos para salvar la ciudad de Nueva York (cómo no). Todos y cada uno de ellos son héroes solitarios, sin embargo, por una vez, deciden seguir la máxima de “la unión hace la fuerza”. La villana suprema -Alexandra-  está interpretada por Sigourney Weaver. No pinta mal.

El problema que encontré en el piloto es que estaba totalmente perdida, tanto con los personajes, como por las alusiones. Otra vez culpa mía por no seguir el orden.

Esta miniserie de ocho capítulos podría tratarse de una película larga del estilo de Los Vengadores. Conecta a los cuatro personajes, cada uno con sus complejidades y sus conflictos, en la lucha contra unos enemigos comunes. Lo que no entiendo es que Iron Fist parece ser el líder. Quizá porque así su serie sirve como antesala de esta nueva.

Cabe destacar la elección de la iluminación y de los colores en general. Al tratarse de una serie coral, cada héroe cuenta con un color. Así, Daredevil es rojo, Jessica Jones es azul, Luke Cage es amarillo y Iron Fist es verde. Por tanto, cuando la acción se centra en uno de ellos (incluso estando todos juntos en un mismo espacio), su color adquiere relevancia en pantalla. Ya sea por la ropa, por una pared tras el personaje, el color de una puerta o simplemente la iluminación por medio de neones, lámparas o luz natural.

Habrá que ver, sin embargo, cómo consiguen encajar a los cuatro y sus tramas en esta miniserie. Con el tono y las características de cada serie no parece fácil entretejerlo todo sin que nadie gane más protagonismo que el resto, o Iron Fist no desentone con respecto a sus compañeros de batalla.

Y por último lanzaron The Punisher, a quien ya habían presentado en la segunda de Daredevil (de nuevo me faltaban datos al visualizar el piloto) y que rompe con las series anteriores. Y es que Frank Castle no es un superhéroe. Y tampoco intenta serlo.

Castle es un personaje herido: unos sicarios asesinaron a su familia. Pero él se vengó, y una vez consumada la venganza, se retira y se refugia en una vida anodina trabajando en una obra, estando en segundo plano y sin llamar la atención. De hecho, todo el mundo le da por muerto. Sin embargo, aunque él la rehuya, pronto se verá envuelto de nuevo en una espiral de violencia.

Y aquí The Punisher se diferencia de las series anteriores. Además de no ser ningún superhéroe, The Punisher tampoco tiene líneas rojas, y si tiene que matar, lo hace. Y se nos muestra de una forma sangrienta y explícita ya desde el primer episodio. Que va a ser una serie de acción y violencia queda patente desde el enorme y sangriento tiroteo inicial.

Pero además de la historia de Castle, con su presente en la obra y sus flashbacks, hay una historia paralela, la de Dinah Madani. Esta agente del Departamento de Seguridad Nacional acaba de volver de Afganistán y comienza una investigación para esclarecer la muerte de su compañero. Cuando empieza a tirar de la manta el camino la conduce a Frank Castle.

Se entrevé una trama de conspiración política, policial y militar poniendo en tela de juicio la política exterior de Estados Unidos en lugares a los que se supone que fue para llevar la paz y donde, sin embargo, sembraron el caos.

Pero todo esto se aprecia muy de fondo, ya que el piloto apenas sirve para presentar a los personajes y sus intenciones. Habrá que ver cómo compagina las dos historias y si el ritmo es más ágil.

Por cierto, el actor protagonista lo borda, y más con esa cara de boxeador y su nariz más que rota. Ya solo con él, te crees el personaje.

The Handmaid’s Tale – El cuento de la criada

Mucho se habló en 2017 de The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada), una serie que ha ganado ocho premios Emmy y que está basada en la novela homónima de Margaret Atwood, autora que fue condecorada con el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008.

La novela fue publicada en 1985, cuando estaba reciente la victoria del régimen de los ayatolás en Irán y a la vez en varios estados de EEUU aprobaron leyes contra el aborto. Y ahora, cuando parece que estamos retrocediendo en lo que a libertades de las mujeres se trata, es más actual que nunca.

La novela ya fue adaptada para el cine en 1990, sin embargo, pasó sin pena ni gloria. Quizás porque tuvo que concentrar en apenas hora y media todo el relato. Aunque parece que también influyó el hecho de que el director y el guionista decidieran presentarla como un triángulo amoroso y se olvidaran del trasfondo. También ha sido ópera y obra de teatro. Pero parece que lo que realmente ha encajado ha sido el carácter episódico de una serie de televisión y en el lenguaje audiovisivo de este siglo. O quizás es que este es el momento adecuado.

The Handmaid’s Tale es una distopía que transcurre en un futuro no muy lejano de los Estados Unidos en el que tras una amenaza terrorista islámica se comienzan a recortar libertades de la sociedad. Después de un golpe de Estado nace la República de Gilead, con un gobierno fundamentalista y puritano. En un contexto en el que la contaminación ambiental ha provocado un alarmante descenso de la natalidad (y niños nacidos con deformidades o discapacidades) se establece una nueva jerarquía en la que las mujeres son despojadas de sus derechos (como trabajar o tener independencia económica) y pasan a ser meras vasijas incubadoras a disposición del Estado. Es decir, ni siquiera son poseedoras de su propio cuerpo.

En esta sociedad totalitaria y teocrática, son clasificadas en función de su capacidad reproductiva, ya que la fertilidad es el único valor de la mujer. Las lesbianas son consideradas traidoras a su género y son “reconvertidas”. Queda así una sociedad estratificada en Esposas, Criadas, Marthas, Tías, Jezabel, Hijas, mujeres de clase baja y mujeres no válidas.

Las esposas visten de azul y son amas de casa. Se encargan de su marido, de llevar la casa, de controlar a la criada, y de criar a los hijos (si los consiguen). Su vida social consiste en acompañar a su marido a actos públicos o en relacionarse con las otras esposas en reuniones para tomar el té o celebrar algún nacimiento. Como entretenimiento pueden dedicarse a las manualidades como el jardín, pintar o tejer.

Las criadas (o doncellas) son las mujeres fértiles. Son detenidas y reeducadas para pasar a servir a la élite como incubadoras. Son violadas una vez al mes (en su ovulación) en una ceremonia pseudo-religiosa en el lecho conyugal mientras la esposa la apoya en su vientre y le sostiene los brazos. Solo pueden relacionarse entre ellas, siempre de dos en dos (para vigilarse una a la otra), y apenas pueden hablar salvo frases establecidas, casi como un guion. Visten de rojo – el color de la sangre – con una especie de toca blanca en la cabeza que les impide ver su alrededor y pierden hasta su nombre. Asumen el de su Comandante, el señor de la casa. Cada dos años cambian de casa y cuentan con tres oportunidades para engendrar una criatura. Si no se quedan embarazadas son enviadas a las colonias a limpiar residuos radiactivos, o directamente ejecutadas.

Las Marthas van de verde y se encargan de cocinar y limpiar la casa. Son mujeres que ya pasaron su etapa fértil.

Las Tías van de marrón y son las educadoras. Son las encargadas de someter a las criadas. Con su curso de formación las vuelven sumisas a base de rezos, entrenamientos y severos castigos. Portan una varilla eléctrica como la que se usa con el ganado para “enderezar” a las que se resisten.

Las hijas van de blanco hasta que se convierten en Esposas. Se espera que las nuevas generaciones ya sean fértiles.

Las llamadas Jezabel son las trasladadas a los prostíbulos, generalmente por su rebeldía.

Las mujeres de clase baja visten de rayas y se ocupan de la función de esposa, criada y Martha.

Y por último, las que no sirven para ningún grupo anterior, son enviadas a las colonias.

Cada Comandante puede tener en su casa a una esposa, una criada y una Martha.

En Gilead además están los Ojos, una especie de vigilantes de paisano camuflados en la cotidianidad, y los Ángeles, que controlan los desplazamientos de los ciudadanos de una forma similar a un ejército.

Esta nueva sociedad están prohibidos los periódicos y la divulgación de la ciencia así como los vicios o el alcohol. Se han cerrado las universidades, el dinero ya no existe y el café queda relegado a la élite.

Normalmente suelo leer el libro y después ver la adaptación televisiva o cinematográfica. Sin embargo, en este caso tras ver los tres primeros episodios decidí comenzar el libro. No era necesario, pero era una forma de vivir la experiencia completa y completar el relato, de no perder detalle. Sin embargo por primera vez en mi vida, me quedo con la adaptación. No sé si iba con las expetativas demasiado altas o que se le notan los 30 años que han pasado, pero me da la sensación de que le falta algo a la narración. Y comparada con la serie, esta gana de calle.

Y eso que me costó arrancar. El piloto me resultó muy lento, y no terminaba de entrar en la historia. Sin embargo, me ganó su fotografía, esos planos con todas las criadas de rojo y blanco en grandes espacios abiertos que se adueñan de la pantalla. Y como contraste, unos espacios cerrados minimalistas en los que apenas entra un rayo de luz y crea un ambiente claustrofóbico.

La protagonista es Offred (Defred en la versión española), una de estas mujeres que se han convertido en esclavas del sistema. En una vida anterior ella era June, una mujer independiente, que trabajaba, que estaba casada y tenía una hija. Sin embargo, con el nuevo gobierno todo eso le fue arrebatado. Intentó escapar, pero fue capturada, y no sabe nada de su familia desde entonces. Su motivación para seguir adelante en este calvario es el recuperar un día a su hija.

A medida que avanzan los capítulos vemos la rutina de Offred en la República de Gilead. Su existencia reducida a su habitación y al mercado. Ella misma nos guía con su voz en off, por lo que conocemos sus miedos, sus preguntas, sus desconfianzas, sus esperanzas, su sarcasmo… Esta narración permite también explicar el organigrama de la sociedad y sus ritos.

A la vez, esta historia se entrelaza con los flashbacks de los personajes principales, lo que nos da a conocer cómo han llegado hasta ahí. Hay una tercera línea temporal, que es el presente de Luke, el marido de June, y cómo consiguió escapar y lucha por encontrarla. Poco a poco, vamos uniendo los retazos hasta componer un puzle.

La historia atrapa por su dureza y porque en el fondo no parece tan distópica como se presenta de inicio. Elisabeth Moss está brillante en el personaje y sus primeros planos lo dicen todo. Expresa sensibilidad, fuerza, asco y odio con tan solo una mirada. Y es que con esa vestimenta, su cara es lo único que le queda visible.

En The Handmaid’s Tale los personajes están muy bien trazados, hasta el último secundario. Las criadas, Tía Lidia, pero sobre todo Serena Joy, una mujer sobria que despierta odio y lástima en igual medida. Ella fue una de las ideólogas de esta República, cuando aún era una mujer trabajadora e independiente. Junto con su marido, sentó las bases de esta nueva sociedad, sin embargo, a medida que fue tomando forma, la dejaron de lado. Ahora ha quedado relegada a su posición de esposa y, aunque no puede evitar recurrir a una criada, en la realidad parece verla como una rival y tener celos de ella. Yvonne Strahovski, a quien ya conocía de Chuck y Dexter, tiene un físico que le permite mostrarse tanto dulce como fría y las escenas que comparte con Moss son brutales.

En una entrevista el showrunner comentaba que había decidido cambiar el personaje de Serena por una mujer más joven para que la confrontación de ambas mujeres fuera más real. Mientras que en el libro la esposa es mayor y tiene una pequeña cojera, aquí es de la misma edad que la criada. Esto permite que sea más visual su enfrentamiento. Que incluso se pueda pensar que en un mundo pre-Gilead, podrían haber sido amigas.

Además se han introducido cambios en otros personajes. Por ejemplo, conocemos el destino de Deglen, la compañera de Defred. También el de Moira o Luke, que en la serie se reencuentran mientras que en el libro no sabemos qué ocurre con ninguno de los dos, ya que solo tenemos el punto de vista de Defred. Por otro lado, la serie nos permite adentrarnos más en el pasado de Nick y de los Waterfords mediante los flashbacks, conformando unos personajes más completos.

Sin embargo, la madre de June ha sido borrada de un plumazo. Aunque en la novela reflexiona varias veces sobre la relación que tenían y sobre el activismo feminista de su madre, en la serie ni se menciona.

No es el único cambio con respecto a la novela. También se han modificado algunas escenas, reordenado las tramas y actualizado algunos aspectos (como incluir redes sociales o referencias a la tecnología). Todo esto, unido al aspecto visual, hace que la serie quede más redonda que el libro, con una estructura más coherente.

El soliloquio en la novela resulta a veces frío y muy cansino. En la serie, por contra, al añadir las imágenes y la música, los pasajes reflexivos ganan otro cáriz más efectivo. Tenemos en una misma escena la fachada de cara a la galería, esas normas que tiene que cumplir la criada, y por otro lado, su frustración, angustia y desesperación.

El epílogo del libro nos aporta algún dato que hace entender el relato desordenado de la criada. Simula una conferencia del año 2195 en el contexto del Duodécimo Simposio de Estudios Gileadianos. En él, diferentes ponentes exponen sus teorías sobre el Régimen de Gilead, que parece que ha quedado superado. Se aborda el nacimiento, el desarrollo y el funcionamiento de aquella sociedad y completa la narración. Estas notas explicativas se han incorporado a la serie desde el principio y permiten un acercamiento diferente.

The Handmaid’s Tale trata muchos temas: los Derechos Humanos, el control de la sociedad mediante la opresión, el poder y la censura, la pérdida de derechos, el medioambiente, el fanatismo religioso. Mucho se ha hablado de que es una serie feminista, pero yo no la veo tanto como una crítica al machismo, sino al totalitarismo y abuso de poder. Lo que ocurre es que siempre que una sociedad es desigual, la mujer es la que más lo sufre.

Sin embargo, no me parece feminista por muchas razones. Para empezar porque las mujeres siguen siendo retratadas como malvadas. Las mujeres siguen siendo enemigas de las mujeres. En este caso las criadas fértiles frente a las esposas estériles (aunque también lo son sus maridos pese a que ellos eso no lo digan). Esta vez no se enfrentan unas a otras por un hombre o por ver quién es más guapa; pero al final está esa lucha, esos celos, esa competitividad. El mejor ejemplo es el de Serena vs Defred y el hecho de que el showrunner haya decidido que sean dos mujeres jóvenes las que estén frente a frente, luchando como dos leonas.

Las esposas son víctimas de su propio sistema. Está muy claro en Serena, que fue una de las ideólogas y que incluso escribió un libro en su época pre-Gilead. Como decía Simone de Beauvoir: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Las víctimas están de su lado, contra su propio beneficio. Para crear a Serena, Atwood se inspiró en Phyllis Schlafly, una congresista que se oponía a la Ley de Igualdad bajo el pretexto de que “le robaría a las mujeres el maravilloso derecho de ser esposa y madre a tiempo completo en su casa a cuenta de su marido”.

Pero si las esposas son unas auténticas villanas, las Tías son directamente unas sádicas. Se supone que tienen poder, pero no dejan de estar al servicio del sistema heteropatriarcal.

No es feminista que cuando la protagonista está privada de libertad lo que le recuerde al pasado y le dé un momento de desconexión sean las revistas “femeninas”, esas que te imponen otro tipo de dictadura, la de la estética. Maquíllate así, haz esta dieta, copia este look, así conquistarás al hombre… y todo ese tipo de patrañas. No sé, a lo mejor estando en un despacho lleno de libros, el Comandante le podría haber ofrecido uno. Las criadas también tienen prohibido leer, por lo que se habría mostrado esa transgresión igualmente sin necesidad de caer en banalidades.

Tampoco es feminista por el modo en que se afronta el amor. Defred y el Comandante tienen una conversación en que él le pregunta que qué es más importante que los hijos y ella responde que el amor. Y a mí esa conversación me recordó Kate Millet, quien afirmó que “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”. Y es que se habla mucho de que El cuento de la Criada trata sobre el drama de las mujeres que son forzadas a entregar su cuerpo a familias más adineradas, pero luego la autora pone en boca de esa protagonista que no es dueña de sí misma que lo importante es el amor. Pues no sé, yo habría pensado en mi libertad antes que en el amor…

Por eso quizá me chirría un poco la trama con Nick. No entiendo esa necesidad de meter una relación con el chófer más allá de que le sirve como aliado para escapar. Tampoco me convence la relación con Luke, ese marido que cuando June ha sido despedida y se ha dado cuenta de que le han congelado su cuenta le dice “no te preocupes, yo cuidaré de ti”. Ah, pues muy bien, ella ha perdido toda su independencia, pero no importa, ahí está el príncipe azul al rescate.

Para mí tampoco es feminista el abordaje que se hace de los niños y la maternidad. Sí, es cierto que hablamos de un contexto en el que no hay nacimientos y que por tanto, cada vez que nace un niño, todas se alegran. Pero esa criatura representa el sistema opresor, no sé si corresponde mucho representarlo como una festividad, sonrisas y enhorabuenas.

Es verdad que el libro y la serie invitan a la reflexión. Que remueven las tripas porque lo que cuentan no parece tan distópico, sino que muchas de las cosas que se exponen están pasando en algún lugar del mundo (y no lejos, sino también en nuestro entorno). A saber: cosificación y mercantilización del cuerpo de las mujeres; violencia machista; gestación subrogada; violación; matrimonio infantil; mutilación sexual; persecución de los homosexuales o cualquier identidad sexual que “traicione” a lo heteronormativo; recorte de las libertades; diferencias de clases; o control del gobierno de nuestra privacidad. Todos estos detalles nos llevan a repensar sobre la moral, la religión, la ideología, la política y el poder.

Quizá a priori pensamos que sería una sociedad impensable hoy en día, pero me recuerda a la teoría del puente en que no se cambia un puente de un día para otro. Sino que un día se cambian los tornillos, otro la pasarela, otro las barandillas… y cuando te quieres dar cuenta, tienes puente nuevo. Defred lo dice en sus reflexiones: no sabe realmente cómo empezó todo, pero fue poco a poco. Primero el recorte de libertades porque había habido un atentado, después ejército en las calles, después no dejan a las mujeres trabajar ni tener independencia económica… y de repente, te ves en un curso de formación para ser un útero andante.

Da un poco de miedo ver cómo Atwood fue una visionaria. Porque el recorte de libertades desde el 11S es un claro ejemplo de lo que expone en su obra, también la Ley Mordaza… y poco a poco, los ciudadanos vamos teniendo menos derechos, hasta que somos totalmente sumisos y estamos controlados.

La primera temporada agotó prácticamente toda la versión literaria, por lo que hay expectación por descubrir cómo se va a afrontar una segunda, de 13 episodios. Todo apunta a que se va a recurrir a aspectos de la novela que no habían sido abordados por falta de metraje y que va a introducir una nueva trama tras el encuentro de Luke y Moira.

Para la segunda temporada Atwood ha colaborado con el Bruce Miller para construir esta nueva etapa de Defred una vez que ha dejado la casa de los Waterford y mantener cierta fidelidad a la obra. Y parece que el showrunner de la serie tiene intención de hacer 10 temporadas, que muchas me parecen. De momento, veremos si esta nueva entrega que se estrena en unas horas cumple con la expectativa.