Balcanes XII. Rumbo a Split

Abandonábamos Zagreb y poníamos rumbo a Split, la principal ciudad de la región de Dalmacia, la capital del condado de Split-Dalmacia y la segunda ciudad con más habitantes del país después de la capital. Asimismo es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático. También es un centro cultural y turístico importante gracias a sus playas y a la ciudad antigua declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

En la época de la Antigua Roma Dalmacia era una de las provincias del Imperio. En Salona, la que fuera su capital, y hoy conocida como Solin, nació en familia humilde un niño que se convertiría años después en el emperador romano Diocleciano. De mayor, este emperador que fue el primero en abdicar (en Maximiliano), se hizo construir un palacio en su tierra natal para retirarse. Al final solo vivió en el tres años, pues se acabó suicidando, pero siguió ocupado durante 300 años por sus sucesores.

La construcción, a pesar de haber nacido con una función residencial, tenía un corte militar y resultaba prácticamente inexpugnable. Así pues, cuando a principios del siglo VI los bárbaros arrasaron Salona, la gente se refugió en su interior convirtiendo el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo en la catedral de la ciudad.

Entre el 812 y 1089 Spalato (el nombre latino de Split) estuvo bajo el dominio del Imperio Bizantino, aunque conservó cierta autonomía.

A comienzos del siglo XII pasó a manos húngaras, pero seguían con ciertas concesiones, pues podían redactar sus propias leyes municipales e incluso acuñar su propia moneda. También respetaron la autonomía los venecianos, quienes llegaron en 1420, aunque quedaban bajo el control de un gobierno municipal dirigido por un príncipe-capitán veneciano. Esta etapa fue la más próspera, gracias en parte a que muchas familias venecianas de la aristocracia se mudaron a la ciudad y esta fue expandiéndose más allá de las murallas.

En 1797 Napoleón disolvió la República de Venecia y Spalato pasó a manos austriacas. En 1809, tras la Batalla de Wagram quedó bajo el dominio francés formando parte del Reino napoleónico de Italia. Más tarde se integraría en las Provincias Ilirias. Poco a poco, con los últimos movimientos, la población italiana fue disminuyendo a medida que aumentaba la croata.

Cuando el Imperio Austrohúngaro desapareció, Dalmacia se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1919 Spalato fue renombrada oficialmente en croata como Split.

Con la invasión de Yugoslavia por parte de los ejércitos del Eje, fue ocupada por Italia en abril del 41 y en mayo pasó a pertenecer a la Gobernación de Dalmacia del Reino de Italia. Fue liberada en septiembre de 1943 por las brigadas de Tito, aunque una semana más tarde quedó ocupada por el Estado Independiente de Croacia, de corte fascista. Fue finalmente recuperada por los partisanos el 26 de octubre de 1944 convirtiéndose en la capital provisional de Croacia hasta el fin de la guerra.

Entre 1945 y 1990, Split fue el centro administrativo de Dalmacia.

Hoy, a unos 400 kilómetros de la capital, es una de las principales ciudades para visitar en el país, no solo por su casco histórico y sus playas, sino porque también sirve como nexo para visitar las islas de Croacia gracias a los ferris que salen de sus puertos. También une Croacia con Italia gracias a la ruta con Ancona. Además del turismo, su economía se basa en la industria naval y en la viticultura.

Nosotros abandonamos Zagreb muy pronto, ya que teníamos el tren a las 7:35 de la mañana. El día anterior en Liubliana ya habíamos hecho compra para desayunar y picotear durante el viaje en previsión de poder aguantar las seis horas que duraría el viaje. Y la verdad es que se me hizo más ameno de lo que pensaba. El tren era bastante moderno y cómodo, además las vistas acompañaban.

Se trata de una ruta panorámica que pasa por zonas menos pobladas del país y atraviesa montañas. Cuando te quieres dar cuenta de repente aparece ante tus ojos la costa y en apenas unos minutos has llegado a Split.

Eso sí, la llegada no es muy glamurosa, puesto que la estación de tren claramente necesita un repaso, y no solo de pintura.

Hacía un calor horroroso y teníamos hambre, por lo que no perdimos mucho tiempo y nos fuimos en busca de nuestro apartamento, que estaba a unos 10 minutos de la estación. Bueno, realmente llamarlo apartamento era mucho, ya que realmente era un local en el bajo de un domicilio que había sido reacondicionado con fin meramente turístico. En un mismo espacio contábamos con dos camas, un sofá cama, un armario, una mesa con tres sillas y una cocina metida con calzador.

El baño sin embargo no estaba mal y tenía unas dimensiones algo más razonables.

Solo íbamos a estar una noche, así que no nos preocupaba mucho, pero la verdad es que para una estancia más larga habría sido claustrofóbico.

Nuestra anfitriona nos explicó dónde estaban las cosas en el pequeño apartamento y después nos mostró en un mapa los puntos más relevantes de la ciudad. Tras despedirnos de ella y de su madre, nos dirigimos a un supermercado para hacer algo de compra. No solo necesitábamos comida, sino que también queríamos dejar zanjado el desayuno y el picoteo del día siguiente, pues teníamos el bus bastante pronto también para Sarajevo. Y bastantes horas en la carretera.

Solucionamos la comida con una ensalada, unos paquetes de pasta fresca y tomate frito. No es que la cocina permitiera mucho movimiento, pero al menos nos daba la posibilidad de comer caliente.

Como habíamos madrugado y hacía demasiado calor para salir a la calle, decidimos echarnos un poco de siesta para reponer fuerzas, y salimos a recorrer la ciudad ya a media tarde.

Balcanes III. Aproximación a Croacia

Después del repaso por la antigua Yugoslavia, vamos a aproximarnos al primer país de nuestro viaje: Croacia. La Republika Hrvatska limita al noreste con Hungría, al este con Serbia, al sureste con Bosnia y Herzegovina y Montenegro, al noroeste con Eslovenia y al suroeste con el mar Adriático (donde comparte una frontera marítima con Italia). Tiene unos 57.000 km² divididos en veinte condados y la ciudad de Zagreb, su capital y ciudad más poblada.

El nombre de Croacia proviene del latín medieval Croatia, de Dux Croatorum (‘duque de los croatas’). Lo que no queda claro es su origen, aunque se cree que deriva de un término gótico o indoario que se usaba para referirse a los pueblos eslavos.

Los primeros habitantes de los que se tiene constancia fueron los neandertales de la época paleolítica. Mucho más tarde se establecieron en el territorio que hoy comprende Eslovenia, Croacia, Serbia, Kosovo, Montenegro y Albania los liburnianos y los ilirianos. Estos últimos lidiaron en la costa adriática con los griegos, quienes establecieron sus colonias en las islas de Korcula, Hvar y Vis. Por el norte presionaban a su vez los celtas.

En el año 9 d. C. Croacia quedó bajo el dominio del Imperio Romano como parte de la provincia de Dalmacia. Estos nuevos pueblos se organizadon en dos principados: Panonia (la actual Eslovenia, norte de Croacia y Bosnia, y partes de Austria, Eslovaquia, Hungría y Serbia) y Dalmacia (el resto de la actual Croacia y Bosnia, Montenegro, y partes de Albania y Serbia).

Durante esta época las ciudades se desarrollaron al modo romano con sus templos, anfiteatros, termas… y por supuesto calzadas romanas. Se construyeron hasta los mares Egeo y Negro y el río Danubio, lo que facilitó el comercio, la expansión de su cultura y el cristianismo. Teodosio fue el último emperador romano que gobernó el imperio unido, cuando murió en el 395 se dividió en dos (atravesando Montenegro a la mitad). La mitad oriental se convirtió en el Imperio Bizantino y perduró hasta 1435. Por contra, la occidental desapareció en el 476 con las invasiones de los visigodos, hunos y lombardos. Los godos ocuparon Dalmacia hasta el 535, cuando fueron expulsados por el emperador bizantino Justiniano.

En el siglo VII llegaron los ávaros, un pueblo nómada centroasiático conocido por su brutalidad. Sin embargo, fueron aniquilados en el Imperio Bizantino cuando incursionaron hacia Constantinopla gracias a la ayuda de dos tribus eslavas (los croatas y los serbios). Para el siglo VIII los croatas se habían instalado en la zona que hoy ocuparían Croacia y Bosnia. En ese momento el Ducado de Croacia comprendía casi toda la actual Dalmacia, partes de Montenegro y Bosnia occidental, mientras que el de Panonia incluía la actual Eslavonia, Zagorje y los alrededores de Zagreb. Ciudades costeras como Zadar, Split y Dubrovnik, además de las islas de Hvar y Krk pertenecían al Imperio Bizantino.

Los francos comenzaron a invadir poco a poco Europa Central desde el oeste y aunque tras la muerte de Carlomagno los croatas panonios intentaron revelarse, no lo consiguieron, pues no contaban con la ayuda de los dálmatas.

Tomislav fue el primer gobernante de Croacia que usó el título de rey de Croacia en una carta al Papa Juan X en 925. Unió por primera vez ambas ramas bajo un mismo reino que fue expandiéndose derrotando a húngaros y búlgaros.

Aunque los húngaros consiguieron el trono en 1102 al imponer el Pacta Conventa, que estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por la monarquía húngara. En los cuatro siglos posteriores el Reino de Croacia estuvo gobernado por el Parlamento (Sabor) y un Virrey (Ban) elegido por el rey húngaro. Durante este período hubo una lucha constante por el control de las costas del Adriático contra los avances del Imperio Otomano y la República de Venecia.

En 1428 los venecianos se hicieron con la mayor parte de Dalmacia, aunque la Ciudad-Estado de Dubrovnik consiguió mantenerse independiente. Por su parte los turcos conquistaron Krbava en 1493 y Mohács en 1526. Un año más tarde, tras la muerte del rey Luis II el parlamento eligió a Fernando I de Habsburgo como su sucesor con la condición de que mantuviera lejos a los turcos.

En 1538, tras las múltiples victorias otomanas, Croacia quedó dividida en una zona militar (controlada por el emperador austriaco) y otra civil. Por fin la primera derrota turca llegó en 1593 en la batalla de Sisak, lo que supuso una cierta estabilización de las fronteras. Poco más tarde, entre 1667–1698, tuvo lugar la Gran Guerra Turca, en la que los croatas recuperaron Eslavonia y los turcos comenzaron a retirarse del centro de Europa. Sin embargo, Bosnia continuó en el Imperio Otomano. Como consecuencia de la contienda bélica y de los movimientos fronterizos muchos croatas emigraron a Austria. Para compensar este flujo migratorio los Habsburgo reclutaron a los cristianos ortodoxos de Bosnia y Serbia para servir al ejército en la Frontera Militar.

Entre 1797 y 1809 el Primer Imperio francés fue ocupando la costa este del Adriático y terminando con las repúblicas de Venecia y Ragusa. Nacieron así las Provincias Ilirias. Napoleón encargó recuperar el territorio abandonado reforestando colinas, construyendo carreteras y hospitales así como escuelas primarias y secundarias y la universidad en Zadar.

Sin embargo, en 1815, tras la caída del imperio napoleónico y gracias al Congreso de Viena, Dalmacia fue anexionada por Austria y el resto de Croacia a la provincia húngara. Los croatas no quedaron muy contentos con este cambio, pues, aunque tradicionalmente los dálmatas de clase alta hablaban italiano y la nobleza del norte de Croacia alemán o húngaro; con la llegada de Napoleón y la educación implantada, había nacido en el sur un movimiento ilirio con una conciencia eslava que pretendía recuperar la lengua croata.

Durante la Revolución Húngara de 1848, el virrey Josip Jelačić ayudó a derrotar a las fuerzas húngaras, a lo que seguiría un proceso de germanización.​ Sin embargo, pronto esta política se vio que no funcionaba y en 1867 se celebró el Compromiso austrohúngaro por el que Croacia quedaba en manos de Hungría. Quedaban así unificados los reinos de Croacia y Eslavonia. Dalmacia por el contrario quedó bajo dominio austriaco. Cualquier intento de autogobierno en Croacia murió con este reparto.

No murió sin embargo el movimiento ilirio, ahora convertido en Partido Nacional y con aspiraciones a crear una entidad yugoslava que uniera a serbios y croatas). También apareció el Partido de los Derechos (liderado por el antiserbio Ante Starčević), que buscaba una una Croacia independiente integrada por Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Eslovenia, Istria y parte de Bosnia y Herzegovina. Como reacción se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente. Aún así, el espíritu de unidad creció y en 1905 los croatas de Rijeka y los serbios de Zadar se unieron para exigir la unificación de Dalmacia y Eslavonia.

Austría-Hungría pretendía conformar una federación en la que Croacia fuera una unidad federal, sin embargo, estalló la I Guerra Mundial y cayó el Imperio Austrohúngaro. El 29 de octubre de 1918 el parlamento declaró la independencia y como ya hemos visto en la entrada previa, Croacia se incorporó al recién formado Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, que a su vez se uniría en diciembre con Reino de Serbia formando así el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos con sede en Belgrado. La cosa no cambió mucho con respecto a la etapa anterior, ya que los croatas apenas contaban con autonomía. Y menos aún con la constitución de 1921 que abolió el Parlamento croata y centralizó el poder en Belgrado. El croata Stjepan Radić, que creía en una Yugoslavia federal, capitaneó la oposición y en vista de que era una seria amenaza contra el régimen acabó siendo asesinado en 1928 en la Asamblea Nacional.

El rey Alejandro I aprovechando el momento de caos y el miedo de la población a una guerra civil acabó imponiendo una dictadura monárquica. Abolió los partidos políticos y el Parlamento. Al día siguiente de esta proclamación el bosnio croata Ante Pavelić fundó en Zagreb el Movimiento de Liberación Croata de la Ustacha con el objetivo de conseguir la independencia. Contactó con revolucionarios macedonios antiserbios en Bulgaria y luego marchó a Italia donde gracias a Mussolini creó campos de entrenamiento. En 1934 asesinaron al rey en Marsella.

Pero no todo el mundo comulgaba con estas políticas y también hubo un importante movimiento antifascista: el de los partisanos de Liberación Nacional dirigidos por Josip Broz “Tito”, que obtuvo un amplio apoyo popular a su manifiesto por la Yugoslavia Federal.

En 1941 Alemania e Italia ocuparon Yugoslavia y algunas partes de Croacia se incorporaron al Estado Independiente de Croacia (NDH), que no era más que un estado títere de los nazis con miembros exiliados de la Ustacha en el poder. Pronto los ultranacionalistas introdujeron leyes antisemitas y de limpieza étnica. Se cargaron a judíos (se estima que de 39.000 solo sobrevivieron 9.000), a unos 537.000 serbios (aunque los datos son inciertos) y a gitanos. También unos 200.000 croatas fueron asesinados durante el conflicto.

En junio de 1941 se fundó el Primer Partido Separatista Sisak y nació una resistencia comunista multi-étnica y anti-fascista liderada por Tito. Los aliados, que se dieron cuenta de que los partisanos eran los verdaderos antinazis, los apoyaron logísticamente y en equipamiento, entrenamiento, asistencia de tropas y fuerzas aéreas. Así, el 20 de octubre de 1944, entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo y en 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y la Ustacha huyeron y los partisanos tomaron Zagreb. Para mayo de 1945 se habían hecho con el control de Yugoslavia y de las regiones cercanas de Trieste y Carintia. Tras la II Guerra Mundial Croacia se convirtió en una unidad federal socialista perteneciente a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

En 1967 varios autores y lingüistas croatas demandaron una mayor autonomía del idioma. Poco después surgió un movimiento que reclamaba más derechos civiles y la descentralización de la economía. Estas peticiones fueron el germen de la Primavera Croata de 1971. Y aunque las protestas fueron reprimidas por el gobierno, en la constitución yugoslava de 1974 se acabó incrementando la autonomía de las unidades federales.

Con la muerte de Tito en 1980 ya vimos en la entrada sobre Yugoslavia que el poder del Estado comenzó a inclinarse hacia Serbia mientras el resto de repúblicas miraban con desconfianza planteándose la disolución. Eslovenia fue la primera en plantarse ante Milošević y moverse hacia la independencia. Croacia miraba de reojo, pues si Eslovenia se independizaba le iba a ser insostenible quedarse en una Yugoslavia totalmente descompensada hacia el lado serbio.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas y ganó Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata. A finales del mismo año una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia (unos 600.000), que pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional. La nueva Carta Magna no garantizaba los derechos de las minorías, lo que provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Seguían las tensiones.

Tras el referéndum de mayo de 1991 en el que ganó por aplastante mayoría el sí, se proclamó la República el 25 de junio. Ante esto, los serbios declararon la autonomía de territorios para conformar la República Serbia de Krajina. Varios violentos enfrentamientos acabaron desembocando en una guerra que duró 6 meses y en la que murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos. El 3 de enero tuvo lugar el alto el fuego gracias a la intervención de la ONU. Las tropas se retiraron y disminuyeron las tensiones. La Unión Europea reconoció a Croacia como país y poco después lo hizo la ONU.

Los serbios de Krajina no querían ser croatas, sino que votaron a favor de unirse a la Gran Serbia, que incluía partes de Bosnia y Croacia controladas por los serbios. Ante este avance los croatas y los musulmanes bosnios se unieron, pero acabaron enfrentándose entre ellos y los primeros derribaron el antiguo puente de Mostar. El conflicto acabó en 1994 con la creación de la Federación croata-musulmana.

Paralelamente el Gobierno de Croacia se hizo con armas y en mayo de 1995 el Ejército y la policía conquistaron la ocupada Eslavonia occidental. Los serbios de Krajina respondieron bombardeando Zagreb. Sin embargo, sin el apoyo de Belgrado tuvieron que retroceder y el ejército serbio acabó huyendo al norte de Bosnia. Finalmente en 1995 se dio por concluida la guerra firmando el Convenio de Erdut donde Croacia recuperó sus territorios ocupados. Recuperó así la Eslavonia oriental.

En 1999 murió Franjo Tuđman y un año más tarde se celebraron unas elecciones en las que Stjepan Mesić se convirtió en el presidente del país. Hasta el momento la constitución contemplaba un sistema bicameral, pero en 2001 se cambió por uno unicameral aboliendo la Cámara de los Condados.

En 2013 Croacia se convirtió en el 28º país en ingresar en la Unión Europea, para lo que tuvo que resolver las disputas fronterizas que mantenía con Eslovenia. Sin embargo, de momento no ha entrado en el Euro y sigue manteniendo la Kuna.

En febrero del 2015, Kolinda Grabar-Kitarović, del partido ultraconservador Unión Democrática Croata, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de Croacia.

De las antiguas repúblicas que formaban Yugoslavia, Croacia es probablemente la que más se ha abierto al turismo y se encuentra dentro de los veinte destinos turísticos más visitados del mundo. Sobre todo la industria turística se centra en sus 1.779 kilómetros de costa y 1.244 islas, aunque también el interior recibe visitantes que buscan destinos de montaña, agroturismo (cuenta con ocho Parques Nacionales y diez Parques Naturales) y balnearios. Este crecimiento quizá se debe a la rápida mejora de sus infraestructuras llevada a cabo entre finales de los 90 y principios de los años 2000. Por ejemplo, se mejoraron las carreteras consiguiendo que Zagreb quedara conectada con casi todas las regiones y más allá, traspasando las fronteras a otras capitales europeas próximas como Liubliana, Belgrado, Sarajevo o Budapest. Asimismo cuenta con una importante red de ferrocarriles que cubre casi 3000 kilómetros y seis aeropuertos internacionales (Zagreb, Zadar, Split, Dubrovnik, Rijeka, Osijek y Pula).

Obviamente los puertos tienen gran relevancia, pues un país con una gran línea costera. El de carga más importante es el de Rijeka y los más transitados son los de Split y Zadar. Cuenta además con varios menores desde los que salen trasbordadores que unen la costa con las numerosas islas del país así como con Italia. A nivel fluvial, cabe destacar el de Vukovar, a orillas del Danubio.

Como consecuencia de su ubicación geográfica, Croacia aúna cuatro culturas diferentes. Por una parte sirve de eje entre la cultura occidental y oriental ya que osciló entre Imperio Romano e Imperio Bizantino. Por otra entre la cultura centroeuropea y la mediterránea.

El momento álgido de su cultura nacional fue la época iliria, cuando hubo un gran desarrollo de las artes y la cultura. Además supuso la emancipación del idioma croata, una lengua eslava meridional. Entre 1961 y 1991 el idioma oficial fue el serbocroata (también llamado como croataserbio). En aquel momento la serbia y la croata no eran consideraban como dos lenguas diferentes a pesar de que usaban alfabetos distintos (el croata usa el latino mientras que el serbio el cirílico serbio). En la actualidad se intenta mantener el idioma limpio de extranjerismos y se han adaptado para que parecieran eslavas palabras ya incorporadas a su vocabulario de origen austriaco, húngaro, italiano y turco.

La mayor parte de la población del país es croata (casi un 90%), del mismo modo, el catolicismo es la religión mayoritaria. Y es que la afiliación religiosa en Croacia va relacionada con la procedencia étnica, de forma que por ejemplo la mayor parte de los cristianos ortodoxos son de origen serbio y viven en las ciudades cercanas a la frontera con Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Según la constitución se trata de un estado laico donde hay libertad de culto y libertad de profesar de forma pública la convicción religiosa de cada uno.

A efectos reales, la iglesia y los grupos conservadores cuentan con una importante influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Queda especialmente patente en el debate sobre el derecho al aborto que, aunque es legal desde mediados de 1946 (cuando aún era Yugoslavia), desde 2003 la ley permite ejercer su derecho de objeción de conciencia a los médicos. Se estima que un 70% del personal médico se declara objetor de conciencia, algo que ya en 2014 provocó que en cinco hospitales públicos no se realizasen interrupciones voluntarias del embarazo. En aquel momento el partido socialista introdujo una medida por la que en tal caso se contratase a profesionales externos para garantizar la intervención. Sin embargo, esta medida fue eliminada al llegar el partido deGrabar-Kitarović al gobierno.

La Iglesia también intervino recientemente para exigir que el país no ratificara el Convenio de Estambul, pues se resisten a reconocer los derechos de las personas trans y el matrimonio igualitario. Las uniones civiles entre personas del mismo sexo fueron aprobadas en 2003, pero no estaban equiparadas a las heterosexuales, ya que no podían adoptar ni tenían derecho en relación a impuestos, propiedades, seguros médicos o pensiones. Hubo que esperar hasta 2014 cuando, gracias a 89 votos a favor y 16 en contra, se aprobó la nueva ley por la que los homosexuales consiguieron los derechos a heredar y pensionarse entre sí, así como los beneficios fiscales y de atención médica que ya tenían las parejas heterosexuales. Eso sí, sigue sin contemplar la adopción y no queda recogido como matrimonio sino como unión civil, ya que la Iglesia Católica de Croacia emprendió una campaña de recogida de firmas y un posterior referéndum que, a pesar de contar con una participación inferior al 40%, fue vinculante.

Religión y política aparte, hay muchos motivos para visitar Croacia, ya sea para conocer su historia, sus playas o su naturaleza. Ya habíamos pisado suelo croata en 2008 cuando visitamos Dubrovnik como escala del crucero por el Mediterráneo, así que esta vez descartamos la ciudad amurallada y decidimos comenzar por Zagreb, la ciudad más poblada de Croacia.

Preparativos de nuestro viaje a los Balcanes

Volvimos de nuestro viaje por Estados Unidos y Canadá a mediados de mayo y aún no teníamos nada cerrado para verano. Sí que había algo en mente, pero no habíamos empezado a mover nada. Sin embargo, el tiempo se nos echaba encima. Seguíamos con la idea de recorrer los Balcanes y, aunque ya sabíamos por el año anterior que no iba a ser fácil debido a las conexiones, teníamos la esperanza de que las líneas ferroviarias se hubieran restituido y nos permitiera más opciones.

De nuevo eché mano de la idea que habíamos apartado de visitar Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje; solo que esta vez con un planteamiento más realista dejándolo en la mitad: Liubliana, Zagreb y Sarajevo. Y ya dejaríamos el resto para otro año. Este nuevo objetivo era algo más sencillo de llevar a cabo, eso sí, entrando por Croacia, que era el país que mejores combinaciones aéreas parecía a tener. Aunque no precisamente baratas. Pero era agosto, contábamos con ello.

Valoramos las diferentes combinaciones entre los tres aeropuertos de Croacia (Zagreb, Dubrovnik y Split) y tras obviar Dubrovnik para no repetir (ya la habíamos visitado en 2008 en el crucero y preferíamos conocer nuevos destinos), al final lo que mejor nos salía era volar a Zagreb y volver desde Split con Iberia.

Llegó junio y tocó el momento de plantear un itinerario. La parte más compleja, cómo no, era llegar a Sarajevo, que nos suponía dedicarle media jornada para cada trayecto en bus.

Pero por lo demás, de Zagreb a Liubliana había un tren internacional que conectaba ambas ciudades en unas dos horas y de Zagreb a Split uno nacional. Llegamos incluso a valorar acercarnos a Zadar desde Split, pero finalmente preferimos añadir ese tiempo a Sarajevo para verlo con más calma.  Así pues, la ruta nos quedó así:

Día 1: Vuelo Madrid a Zagreb
Día 2: Zagreb – Liubliana – Zagreb Día 2: Zagreb (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
Día 3: Zagreb Día 2: Liubliana (Parte I, Parte II y Parte III)
Día 4: Zagreb – Split (Parte I y Parte II)
Día 5: Split a Sarajevo
Día 6: Sarajevo
Día 7: Sarajevo
Día 8: Sarajevo – Split
Día 9: Vuelo Split a Madrid

Con el itinerario claro comenzamos a sacar los billetes de bus y alojamientos. Para el tren tendríamos que esperar, ya que el de Zagreb a Liubliana no se podía comprar por internet y el de Zagreb a Split solo lo ponen a la venta con dos meses de antelación, por lo que tuvimos que postergarlo a julio.

También en julio concretamos lo que queríamos ver en cada ciudad y cerramos las rutas.

Por último, solo nos quedaba sacarnos el seguro del viaje, pues aunque Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea desde 2004 y 2013 respectivamente, Bosnia no, por lo que la tarjeta sanitaria europea no tiene validez.

En cuanto a la moneda, Eslovenia sí que adoptó el Euro en 2007. Croacia sin embargo mantiene aún la kuna (HRK). Además, Bosnia tiene el Marco Bosnio Convertible (BAM), así que necesitábamos llevar 3 divisas diferentes. No obstante, gracias a la Revolut y a la Bnext, solucionado. Sacaríamos algo de efectivo para compras pequeñas, y el resto pagando con ellas.

En Eslovenia y Croacia podríamos mantener nuestras tarifas de móviles. Bosnia sin embargo no se encuentra dentro del acuerdo del Roaming, por lo que tendríamos que buscar alternativa si queríamos contar con internet. En el país hay tres operadoras: BH Telecom, m:tel y HT Eronet, aunque la primera de ellas es la que tiene mayor cobertura. Comercializan la tarjeta Ultra prepago por unos 5 BAM (unos 2.55€) con una versión de 300 Mb sin voz, solo datos y SMS con una validez de 7 días. Nosotros íbamos a estar dos días en la ciudad, así que – aunque el precio no era excesivo – no parecía imprescindible. Podríamos esperarnos a llegar al alojamiento si queríamos navegar y por el día tirar de mapas sin conexión.

Y con todo listo, solo nos quedaba esperar a finales de agosto para poder disfrutar de tierras balcánicas.