Crucero Fiordos Noruegos. Etapa III Stavanger

Tercer día de crucero después de Copenhague y Oslo. Esta vez llegamos a una ciudad pequeñita, al menos no es una capital, porque Stavanger es la cuarta ciudad del país en población, es la capital noruega del petróleo aunque también presume de transporte marítimo, barcos y conservas (arenque sobre todo).

Noruega era un país pobre hasta mediados de los 70 que descubrieron petróleo y el país se volvió rico, pero la gente no presume de ello, se respira austeridad, creo que va más por dentro, cada uno en su casa se gasta el dinero en lo que quiere, pero no se ve ostentación.

Stavanger Diario de AbordoLlegamos a Stavanger a las 3 de la tarde, y teníamos la mañana tranquilamente para levantarnos algo tarde, desayunar en cubierta y disfrutar del recorrido a lo largo del Fiordo hasta el atraque. Comida incluida, claro.

En el barco podíamos recoger unas miniguías de lo que podíamos encontrar en la ciudad, pero no daban muchas indicaciones, la verdad.

Stavanger guíaComo podéis ver arriba en el diario de a bordo, las excursiones programadas eran básicamente al Fiordo Lyse y a El Púlpito y otra a la Granja de la Edad Hierro y Catedral. A mí me hubiera encantado llegar a El Púlpito, tiene que ser una pasada, pero sólo disponíamos de unas 3 horas escasas, y el recorrido a pie montaña a través te lleva un par de horas de subida, y otras de bajada, así que nos decantamos por el centro histórico y la Granja de Hierro y la Catedral.

Mientras terminábamos de comer vimos cómo llegábamos al puerto, Vågen Havn. Y ya desde el barco ves pinceladas de lo que te espera.

Stavanger mapaLlegas a una placita donde hay una serie de puestos de ropa típica noruega, souvenirs…

y justo enfrente tienes el casco histórico con la catedral, y a sus espaldas el lago Breiavatnet.

Callejeamos un poco y resulta curioso ver cómo están apuntaladas las casas y se sostienen unas con otras.

Las casas son de madera, la mayoría blancas, altas, estrechas, con grandes ventanales. Y desiertas. Pero merece la pena el paseo tranquilamente por sus calles adoquinadas.

Como no podíamos ir hasta El Púlpito y ver el fiordo desde arriba (espinita clavada para volver), decidimos indagar y ver qué más podíamos hacer, y nos dirigimos a la oficina de información y turismo. Allí la chica nos dio indicaciones de cómo llegar a la Granja de la Edad de Hierro. Pero además, nos comentó sobre una escultura junto al mar que merecía la pena. La chica, muy maja, nos anotó el bus que teníamos que tomar (29 que se coge a la derecha del lago, en la calle Haakon VIIs Gate) y la parada en que nos teníamos que bajar.

bus y parada

Y además, nos lo anotó en el mapa

LocalizaciónEl conjunto se llama Sverd i fjell, y se encuentra en el Hafrsfjord. Son 3 espadas de 10m de alto clavadas en una roca junto al fiordo. La historia cuenta que fue en ese lugar donde Harald Hårfagre unió Noruega en un solo reino en 872. Simboliza paz, unidad y libertad.

Es un monumento que no te deja indiferente, el paisaje, la majestuosidad de las espadas, el fiordo, un riachuelo que baja por la montaña, todo verde… muy bonito. Y en bus tardas media hora, así que mejor no perdérselo.

De vuelta cogimos el mismo bus que nos dejó entre el lago Breiavatnet y la estación del tren.

Y de nuevo en el centro partimos dirección la Granja de la Edad de Hierro. En principio a pie se tardaba unos cuarenta minutos (está a 3km), eso si no te pierdes, claro. Que no nos perdimos, pero había pocas indicaciones de cómo llegar, la verdad. Detrás del lago sigues recto, hay como una urbanización y tienes que tomar por la derecha una carretera que sube y rodea la ladera. Cuando llegas a la altura donde hay un colegio un cruce, ves estos edificios

pero desde el otro lado.  Los bordeas y ya te encuentras con la granja. Y es que la Granja apenas se ve, ya que son construcciones muy bajitas y cubiertas en el techo por hierba, por lo que quedan camufladas.

Si no queréis ir andando, podéis coger el bus 4B en el centro. Nosotros conseguimos llegar gracias a la comunicación con un señor que estaba lavando el coche delante de su casa, y de una señora de una lavandería de la urbanización de la ladera, que no hablaba mucho inglés, pero ella con su noruego, yo con mi alemán, llegamos a entendernos.

Después de ver el Museo Folkórico Noruego y sus casas de madera, sorprende ver estas casas de piedra, pero es que en la Edad de Hierro en Noruega no había mucho árbol, por lo que construían con lo que tenían. Lo del tejado de hierba, al igual que harían luego en las de madera, era para conservar el calor.

Los noruegos de aquella época sobrevivían por la pesca y la caza, pero apenas tenían ganado, por lo que no tenían mucha lana y era realmente costoso poder hacerse los ropajes.

Me sorprendió que las puertas de acceso fueran tan pequeñas, incluso yo con mi poco más de metro cincuenta me tuve que agachar. Tenemos la idea de que los noruegos son altos, grandes, pero claro, han evolucionado, y además, cuanto más grande sea la puerta, más se va el calor… Cosa que escaseava. Y eso que al parecer Stavanger está en región cálida…

La visita a la granja merece la pena, eso sí, no pagaría lo que te cobran por la excursión, ya que ellos lo único que hacen es llevarte en bus… puedes coger uno público. Luego la entrada es gratuita y, al igual que en el Museo Folklórico en Oslo, hay noruegos caracterizados y que te van explicando el interior de las construcciones, en inglés, claro. Y si no, siempre te puedes acoplar a una visita guiada de los cruceros… así disimuladamente.

Una vez finalizada nuestra visita, cogimos un bus de vuelta al centro, callejeamos otro rato porque eran las 6 y algo y teníamos de margen hasta las 7 para volver.

Y de vuelta al barco para ducharnos, cenar y espectáculo. Echado el día y rumbo a Bergen.