Conclusiones del Itinerario por Escocia

Escocia ofrece todo tipo de puntos de interés; desde interesantes ciudades con históricas fortificaciones hasta escarpados acantilados, interminables playas, colosales montañas y misteriosos lagos. Por supuesto, no hay que olvidar los campos de batallas o los restos prehistóricos. Hay mucho que ver, y la elección dependerá de cada viajero y sus preferencias. En nuestro caso, queríamos un poco de todo: algo de ciudad, mucho de verde, un poco de historia, retazos de cultura… Quizá lo único que se quedaba fuera era el golf.

Con esta premisa, configurar un itinerario en el que intentar aunar todo, no es tarea fácil. Había que concentrar mucho en un par de semanas. Como ya comenté al inicio del relato, escribí a VisitScotland para saber por dónde empezar. Tras leer la información, lo primero que descartamos fueron las islas. Era imposible abarcar tanto. Nos quedábamos con la parte peninsular. Después, una vez elegido aeropuerto de entrada y salida, todo apuntó a la parte norte, dejando las Tierras Bajas para otro momento.

Partiendo de Edimburgo, con una ruta circular y contando con 13/14 días, empezamos marcando en el mapa puntos para ver y salen demasiados para verlos todos. Imposible por la climatología y las carreteras. Y aún así, in situ hubo que saltarse algunas paradas por ausencia de tiempo o reconfigurar el día por los horarios de visitas o la falta de luz. Aunque lo cierto es que en general cumplimos con la planificación inicial.

En Edimburgo no cambiamos mucho la planificación, sí que intentamos concentrar más cosas en el primer día por la previsión de lluvia para el segundo. Pero pese a los pequeños ajustes, conseguimos ver tanto la ciudad nueva como la vieja, así como el Castillo y ambas colinas.

En nuestro primer día de ruta (tercero de viaje) teníamos previsto Edimburgo – Aberdeen parando en Saint Andrews, Dundee, Glamis Castle y Dunnottar Castle. Tuvimos que dejar fuera Dundee, pues según íbamos cruzando el puente, y valorando los horarios de los castillos, decidimos que había que sacrificar algo. Y aún así llegamos a Stonehaven casi a la hora de cierre y no entramos al castillo. Sin embargo, sí que dimos un paseo por Aberdeen, aligerando así el siguiente día.

Aunque Glamis Castle resulta interesante, lo ideal habría sido: Edimburgo – Saint Andrews – Stonehaven – Dunnotar Castle – Aberdeen.

Pero bueno, como mi hermano se fue a vivir a Aberdeen, quizá nos espere una visita pronto y podamos resarcirnos. Así quedaría con la modificación:

El cuarto día teníamos previsto Aberdeen – Inverness con paradas en Huntly Castle, Destilería, Keith, Elgin, Cawdor Castle, Fort George y Culloden Battlefield. Demasiado para un mismo día, y eso que fuimos descartando. Comenzamos paseando por Old Aberdeen y visitamos el castillo por la mañana. Dedicamos la tarde a la destilería, pero para cuando quisimos llegar a Elgin y Fort George ya estaban cerrados. Keith fue una pérdida de tiempo, Cawdor Castle hubo que descartarlo y Culloden Battlefield directamente lo pospusimos porque no íbamos a ver nada ya casi al atardecer.

Así que, simplificaría el día de la siguiente manera:

El quinto día dejábamos Inverness para subir al norte, hasta Thurso. Las paradas del día eran Rogie Falls, Dornoch, Dunrobin Castle y los acantilados John O’Groats. Este día estaba bien ajustado, pues nos dio tiempo a todo. Eso sí quitando de la ecuación el Dunrobin Castle. A mi parecer, mucho más interesantes fueron las paradas en los acantilados que en un castillo que destacaba por sus jardines. Prefiero ver naturaleza abierta.

El sexto día seguimos en el norte y creo que no requiere de más ajustes que los que hicimos en ruta. Fuimos de Thurso a Durness parando en Melvich Bay, Fiordo de Eriboll y Smoo Cave. Seguimos la planificación del día salvo al final, que como no pudimos visitar la cueva, nos fuimos a descubrir rincones de Durness. Y de hecho, al tratarse de lugares al aire libre, aunque hubiéramos visitado la cueva, nos habría dado tiempo a darnos el paseo por la bahía y el pueblo.

Nuestro séptimo día vino en parte condicionado por los Highland Games en Durness, a partir de ahí, solo nos quedaba la tarde para llegar a nuestro destino en Ullapool. Sin embargo, era algo imprescindible, ya que era el único lugar en el que podríamos conocer este acontecimiento que se celebra en diferentes fechas por todo el país en verano. Como comenzaba a media mañana, aprovechamos a primera hora para probar suerte con Smoo Cave y a buscar la secret beach.

En principio teníamos previsto Balnakeil Bay, Ardvreck Castle y el Parque Natural de Knockan Crag. Pero Balnakeil quedó visto el día anterior, así que algo habíamos aligerado. El parque lo atravesamos sin más, no hubo que desviarse y Ullapool es un pueblecito pesquero pequeño por el que dimos un paseo pero que no nos llevó mucho tiempo. Así que la ruta quedaría así:

El octavo día volvíamos a Inverness con un día completito. Teníamos prevista la ruta circular por el Lago Ness, visitando Urquhart Castle y Fort Augustus. Sin embargo, dado que el cuarto día habíamos tenido que ajustar y se quedaron fuera Fort George y Culloden Battlefield, los incorporamos a esta jornada. Nos fuimos directos a Fort George desde Ullapool, después visitamos el campo de batalla, añadimos Clava Cairns y finalmente retomamos la planificación con el lago, el castillo y Fort Augustus, para finalizar en Inverness dando un corto paseo ya al atardecer bajo la lluvia intermitente.

Resultó ser un día agotador. Sin embargo, si lo volviera a hacer, dejaría fuera Fort George porque por muy importante que fuera en su momento, ni siquiera cumplió su función. Quizá hasta Culloden Battlefield, aunque es es un lugar muy señalado para la historia de Escocia. Ninguna de las dos paradas me resultó tan interesante como las Clava Cairns.

Eliminando una de estas dos visitas (o las dos), habría más tiempo para la naturaleza que nos ofrece el entorno del Lago Ness, así como un tranquilo paseo entre las ruinas del Urquhart Castle.

En nuestro noveno día de viaje, nos dirigimos hacia Skye. Si bien es cierto que habíamos dejado fuera las islas, parece que el acceso a esta región de las Hébridas Interiores parecía posible, así que ahí quedó en la planificación. Las paradas serían Dornie, Portree y Old Man of Storr. Ninguna pega a esta ruta, ya que tanto Dornie como Portree son pueblos pequeños, lo que realmente lleva su tiempo es la subida al Old Man of Storr. Sin duda uno de mis días favoritos. Fue exigente, pero si te gusta la naturaleza, es una caminata indispensable.

Además, como cuando terminamos la ruta nos quedaban horas de luz, adelantamos parte de lo previsto para el día siguiente subiendo hasta Uig y bajando por la costa parando en la cascada de Kilt Rock. Quedó rematado el día.

El décimo día era complicado, porque teníamos que estar en el ferry a última hora de la tarde. No es lo mismo la hora de llegada de un hotel que la de un transporte. Aunque si hubiéramos perdido el barco podríamos haber salido por el puente, tal y como entramos, sin embargo, nos habría supuesto muchos más kilómetros y tiempo. Tenía solución, pero mejor intentar cumplir con la previsión.

En principio la idea era Fairy Glen, Uig, Coral Beach, Dunvegan Castle, Neist Point Lighthouse y llegar a Armadale para coger el ferry a Mallaig. Con Uig ya visto, decidimos descartar también Fairy Glen. Seguro que es un paraje estupendo y totalmente místico, pero no daba tiempo. Y ya a las puertas del Dunvegan Castle también lo suprimimos porque preferíamos ver naturaleza, paisajes y acantilados antes que los restos de una bandera, con mucha historia, sí, pero hay que seleccionar y algo se tiene que quedar fuera.

Con estas exclusiones, quedó un día mucho más despejado, tranquilo y para disfrutar con calma. Incluso nos dio para descubrir en el camino Dun Beag Brog y entrar al castillo del Clan Donald.

El decimoprimer día sí que lo cambiamos totalmente porque no estaba bien organizado. La ruta era Mallaig – Oban pasando por Glenfinnan, Kinlochleven, Glencoe, Castle Stalker y Ardchattan Priory. Sin embargo, la noche anterior revisando la planificación, optamos por salir de Mallaig con tiempo de llegar a Glenfinnan a la hora del tren de vapor, después paseo por Fort William, recorrido de ida y vuelta por Glencoe, Dunstaffnage Castle y para finalizar Castle Stalker.

Quedaba un poco con idas y venidas, pero había que cuadrar horarios. En primer lugar por el tren, y después porque el Dunstaffnage Castle cerraba pronto. El Castle Stalker quedaba de camino, pero como está en una isla y solo lo íbamos a ver de lejos, pues pensamos que era mejor volver después del cierre del primer castillo y parar tranquilamente. Aunque lo cierto es que después no estuvimos mucho tiempo, porque empezó a chispear, así que lo justo para cuatro fotos.

En resumen, no estuvo mal del todo, pero creo que nos sobró Fort William, y ese tiempo ahorrado lo podríamos haber empleado en recorrer más tranquilamente, o más trecho, el Glencoe.

Oban quedó fuera porque cuando pasamos con el coche dirección a Dunstaffnage no nos pareció lo suficientemente interesante y ya llevábamos un día bastante cargado. Y lo que nos esperaba la jornada siguiente, más aún.

Esta es la ruta que recomiendo:

El decimosegundo día no tenía muchas paradas, pero sí que nos iban a llevar tiempo. Saldríamos del hotel, visitaríamos Balquidder, Loch Lommond, Doune Castle y Wallace Monument. Oban quedó totalmente obviado, como decía más arriba. Por lo demás, solo hicimos una variación, que fue no parar en el parque, sino simplemente atravesarlo, y completar la ruta con Stirling, tanto paseando por la ciudad, como visitando el castillo. De esta forma despejaríamos el penúltimo día.

Para ello, hay que madrugar, de forma que lleguemos con tiempo suficiente de recorrer todo el castillo antes de su cierre. Para la ciudad hay más tiempo dado que anochecía horas más tarde.

El decimotercer y último día de coche se vio condicionado por la entrega del coche. En principio estaba programado parar por el Campo de Batalla de Bannockburn y Falkirk Wheel, después visitar Glasgow y estar antes de las 18h en Edimburgo para devolver el Golf. Imposible, así que saltamos directamente a Falkrirk Wheel, que parecía más interesante que el Campo de Batalla. Aún así, vimos lo más céntrico de Glasgow limitados por la hora de regreso.

 

Quizá deberíamos haber elegido entre Stirling y Glasgow para haber podido dedicar más tiempo a una de las dos. O incluso haber devuelto el coche la mañana siguiente a primera hora y haber salido directamente para el aeropuerto. En cualquier caso, Stirling, Falkirk, Glasgow y Edimburgo están bastante próximas y bien comunicadas.

En definitiva, que hubo que ajustar y descartar algunas paradas previstas, pero en general, cumplimos bastante bien con el plan previsto. Dejamos fuera algún castillo que no estaba incluido en el Explorer Pass por falta de tiempo o interés y aprovechamos ese tiempo para disfrutar de los parajes escoceses.

Road Trip por Escocia. Día 13: Falkirk Wheel

El viaje se acababa y volvíamos a Edimburgo. Teníamos un día completo, pues queríamos parar en Glasgow y el coche había que entregarlo antes de las 6. Así pues, madrugamos y cargamos bien las pilas.

Como siempre, había un aparador con cereales, yogures, zumos, fruta fresca, mantequilla, mermelada, pan y tostadora. Y lo caliente, recién hecho de la cocina.

En algunos B&B teníamos la opción del Scottish Breakfast en su versión vegetariana con unas salchicas de tofu y un black pudding que imagino que en vez de llevar sangre, tendrá algún tipo de condimento que se le asimile.

Nos despedimos de nuestro anfitrión y de Stirling y tomamos la A9 dirección Falkirk.

En un desvío en la ruta hacia Glasgow está este pueblo donde se encuentra la Falkirk Wheel, un impresionante ascensor giratorio para barcos que conecta el canal Forth y Clyde con el canal Unión.

Hace tiempo los dos canales estaban unidos por 11 esclusas, pero en 1930 cayeron en desuso y se rellenaron de tierra. A finales del pasado siglo hubo un plan para reconstruir los canales de Escocia y conectar Glasgow con Edimburgo promovido por British Waterways y la financiación de Scottish Enterprise, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y la Comisión del Milenio. La idea era crear una obra de ingeniería digna del siglo XXI, así pues, se convocó un concurso. El arquitecto principal fue Tony Kettle y fue inaugurado por la reina Isabel II el 24 de mayo de 2002 como parte de la celebración de las Bodas de Oro con la Corona.

La rueda es el único ascensor rotacional de barcos en el mundo con un diseño original. Se considera como el mayor logro de ingeniería de Escocia y desde 2007 aparece en el anverso de los billetes de £50 del Banco de Escocia.

El diámetro de la rueda es de 35 metros y cuenta con dos brazos que se extienden hacia lados opuestos con una longitud de 15 metros desde el eje. Dos cajones, que pueden soportar 600 toneladas, están localizados en el centro y funcionan como esclusas en los que se mete la embarcación. Los cajones, con capacidad de 300 metros cúbicos cada uno, cambian sus posiciones en el transcurso de 15 minutos y así se salva el desnivel de 24 metros que hay entre los canales. Un gran avance frente al medio día que se necesitaba antiguamente con las esclusas.

El reto es que los cajones han de girar a la misma velocidad que la rueda, pero en dirección opuesta y a la vez procurando que el agua o los barcos se mantengan firmes durante el giro.

Se ve mucho más claro en este vídeo cómo funciona.

El uso de la rueda es meramente recreativo y cuesta £12.50 para los adultos. Ya no tiene la función logística de las esclusas siglos atrás. Ni las condiciones laborales. Los trabajadores del canal tenían unas duras condiciones (17 horas incluso a oscuras y con niebla en invierno) y cobraban poco. Además, la tasa de accidentes era una o dos muertes cada milla. Entre estos trabajadores se encontraban Burke y Hare, que se convirtieron en asesinos en serie llegando a matar 16 personas de Edimburgo en un año.

En los alrededores hay un centro de interpretación, tienda, cafetería y salón de exposiciones. Es un parque de ocio para familias, con un lago y una especie de columpios interactivos, como un tornillo que sirve de molino.

Asimismo, hay una gran vida animal. Las aguas de los canales de las Tierras Bajas son únicas en Escocia. Cruzan de costa a costa y tienen una fauna que normalmente se ve al sur de Inglatrerra.

Abandonamos esta obra de ingeniería y pusimos rumbo a Glasgow.

Road Trip por Escocia. Día 12 IV Parte: Stirling

Abandonamos el castillo a su cierre, es decir, prácticamente nos echaron. La lluvia parece que había parado y aprovechando que teníamos el coche bien aparcado y pagado, nos dimos un paseo por la ciudad.

En realidad Stirling es un pueblo pequeño. Se encuentra a 70 km de Edimburgo cobijado en una colina. Comenzó su expansión tras ser nombrada villa real hacia 1124. A partir de aquel momento empezaron a llegar mercaderes ricos, se asentaron nobles y cobró importancia. Obviamente, es conocida por la famosa Batalla del Puente de Stirling en 1297 en la que William Wallace y su armada escocesa derrotaron al ejército inglés.

También por la de Bannonckburn (a 3km) que tuvo lugar en 1314 bajo el mando de Robert Bruce. Además tiene renombre por haber sido la capital de Escocia durante muchos años. Se decía que aquel que dominase y mantuviese Stirling también lo haría con el país, lo que la hizo ganarse el apodo de llave del reino.

La ciudad se articula alrededor del magnífico castillo, muy similar al de Edimburgo, y del centro medieval, como suele ser lo habitual. La Old Town, un entramado de calles adoquinadas plagadas de edificios nobles de los siglos XV, XVI y XVII está rodeada por unas murallas del siglo XVI a las que se puede acceder y desde las que se obtienen unas espectaculares vistas de los alrededores.

Las murallas se levantaron en 1547 para evitar el asedio del rey inglés Enrique VIII que quería llevarse a María Estuardo para casarla con su hijo y unir ambos reinos. Hay un recorrido circular llamado The back walk  que sigue el recorrido de las antiguas murallas y da una vuelta casi completa a la parte baja del castillo.

Bajando la cuesta del castillo pasamos por Mar’s Wark, que recibe su nombre por el conde de Mar, su propietario, que fue príncipe regente de Escocia y Wark (trabajo en escocés). Fue un palacete renacentista del siglo XVI que estuvo habitado hasta el XVII por los condes de Mar, que apoyaban la causa jacobita. Cuando la primera rebelión fracasó, se convirtió en cuartel general, y tras la segunda quedó en ruinas por los daños producidos por la artillería.

Muy cerca se encuentra la Iglesia de Holy Rude, el segundo edificio más antiguo de la ciudad. Fue fundada en el siglo XII por David I, sin embargo, un gran incendio 1409 obligó a una reconstrucción completa. Es de estilo gótico y cuenta con el privilegio, junto con la Abadía de Westminster, de ese lugar de coronación de un monarca, ya que fue la iglesia en la que se proclamó rey James VI el 29 de julio de 1567 siendo aún un bebé. Además,María Estuardo fue bautizada en ella y el reformador John Knox predicó bajo su techo. Una iglesia llena de historia.

Como curiosidad, en 1656 fue dividida en dos partes porque había dos pastores enfrentados. En el siglo pasado, en 1940, se volvió a unir echando abajo el tabique. Además, se amplió el crucero y se construyó la sacristía y la sala capitular.

Actualmente se rinde culto presbiteriano dentro de la rama de la Iglesia de Escocia.

Cuenta con tres naves con cubierta de roble ( uno de los pocos techos medievales de este estilo que se conservan) y unas vidrieras impresionantes. La fachada está decorada con estatuas, gárgolas y tallas de piedras. Su torre del siglo XVI se ve desde muchos sitios de la ciudad y le da el honor de ser el segundo edificio más antiguo de la ciudad.

Lamentablemente, nos la encontramos cerrada, por lo que tuvimos que verla solamente por fuera.

Justo al lado está el Cowane’s Hospital, un asilo para pobres que fue construido entre 1637 y 1649. Su fundador fue el mercader local John Cowane, cuya figura está en la torre y que cuenta la leyenda que cobra vida y baila en la medianoche del primer día de Año Nuevo. Con el paso del tiempo el edificio fue también usado como escuela u hospital en época de epidemias.

Continuando la  bajada por St. John’s Street llegamos a Old Town Jail, la antigua cárcel de la ciudad que incluso se puede visitar y tener la experiencia de ser un prisionero del siglo XIX. No es nada raro visitar una cárcel, ya lo hicimos en Dublín o la famosa Alcatraz. Se han convertido en una atracción turística más, una forma de adentrarse más aún en la historia de la ciudad y sus célebres habitantes. En 1848 se convirtió en prisión militar. Esta vez no teníamos mucho tiempo, así que la omitimos y continuamos hasta llegar a Spittal Street, pasando por el The Stirling Highland Hotel, junto al que se encuentran el Hotel Colessio Stirling, de estilo clásico y que parece tener una iglesia al lado. Son de ese tipo de edificios que cuando vas caminando por la ciudad piensas que han de ser significativos por su estética, sin embargo, cuando te enteras de que son hoteles, te llevas una desilusión.

Más adelante la calle se convierte en King Street, una de las calles históricas. Recibe este nombre de calle real porque era donde finalizaba el trayecto que realizaba el rey cuando llegaba a Stirling y se dirigía al castillo.

Cobró dimensión comercial a finales del siglo XIX cuando se remodeló para adaptarse a una nueva época. Se llenó de tiendas y en 1882 surgió la galería victoriana The Stirling Arcade. Es una de las cinco que se conservan en Escocia. Fue restaurada tras la II Guerra Mundial y cuenta con un precioso techo de cristal que ilumina todo el espacio.

En el final de la calle, encontramos El Ateneo, otra construcción de la misma época, famoso por su escultura de William Wallace en la parte superior de su entrada.

A mano derecha sale la calle Corn Exchange, donde se encuentra la Biblioteca Pública.

Y si continuamos, a mano izquierda nos queda la Allan Park South Church, una iglesia de 1886 que cuenta con un rosetón y dos líneas de vidrieras.

Junto a ella se encuentra la estatua de Robert Burns. Este escritor y poeta del siglo XVIII se encuentra en cualquier rincón de Escocia. No solo por su importancia como figura literaria, sino porque además es considerado como el padre del renacimiento del sentimiento nacionalista escocés. Era un gran defensor de las costumbres nacionales. En 2009 incluso se declaró año festivo en toda Escocia para conmemorar los 250 años de su muerte.

Y en la acera de enfrente uno de los típicos memoriales dedicados a los caídos en las guerras.

Cerca se encuentra el monumento a Henry Campbell-Bannerman, un estadista británico liberal que fue Primer Ministro entre 1905 y 1908. Era un firme defensor del libre cambio, la autonomía irlandesa y la mejora de las condiciones sociales. Entre las medidas de su gobierno destaca la ley por la que los sindicatos no se harían responsables de los daños producidos durante las huelgas, introdujo las comidas en los colegios para todos los niños, y creó la primera pensión a todos los mayores de 70 años. Renunció a su puesto por problemas de salud y acabó muriendo 19 días después.

Volviendo hacia la King Street y siguiendo su curso llegamos a Murray Place, una de las calles principales del centro histórico que alberga la zona comercial. Es una de las calles más antiguas de la ciudad y en ella encontramos la Iglesia Baptista de Stirling,

Fue construida en 1853 por la Iglesia de Escocia y era conocida como la “iglesia sobre la roca” ya que se levantaba sobre una de las colinas rocosas de la ciudad. El edificio actual se vendió en 1987. Solo se puede visitar los domingos después de misa.

Se encuentra a unos minutos del centro y de las estaciones de tren y autobús.

Apovechamos la zona para comprar algo de cenar y llevárnoslo al B&B. Y retornamos al coche que teníamos aparcado en Broad Street. Para llegar al aparcamiento pasamos por Mercat Cross, que marca el centro comercial de la época medieval, es decir, donde se encontraba la plaza del mercado.

En esta plaza también era donde se reunía la población para celebraciones y ceremonias. Aunque también era lugar de revueltas y manifestaciones, la más famosa fue la de diciembre de 1706 cuando se produjo una gran revuelta contra el Acto de Unión con Inglaterra.

En el poste central tenemos la figura nacional, el unicornio, conocido como The Puggy.

Enfrente tenemos Tolbooth, una casa señorial que también fue ayuntamiento, cárcel, juzgado y parlamento. Desde 2002 es una de las mejores salas de concierto de todo el país. Podría confundirse con una iglesia.

Cogimos el coche y nos dirigimos al B&B. El elegido fue el Ravenswood Guest House regentado por Stuart. El alojamiento estaba en las afueras, en la carretera, pero no se notaba ruido desde la habitación en la segunda planta. El dormitorio estaba bastante bien, con sus detalles de bienvenida y un baño incorporado bastante moderno.

Como aún era de día, descargamos y aprovechamos para acercarnos a la Abadía de Cambuskenneth, que se encuentra en un meandro del río Forth. En su día, esta abadía fundada por la orden de los Agustinos en el siglo XII a petición de David I, fue una de las más importantes de Escocia. Alcanzó su mayor actividad entre los siglos XIII y XV gracias a su vinculación con el castillo y al desarrollo de Stirling como centro comercial por su posición próxima al río Forth, puerto de relevancia.

Sin embargo, hoy sólo son unas ruinas en las que apenas conservan la torre principal, que fue reconstruida antes de que se derrumbara del todo. Junto a ella hay un pequeño cementerio.

En la abadía descansan el rey James III y su esposa la reina Margarita de Dinamarca.

Desde allí nos dirigimos hacia el famoso Puente de Stirling. Sin embargo, el GPS nos llevaba dando un rodeo en el que había que volver hasta el Monumento de William Wallace, así que aprovechando que al lado queda la Universidad, nos adentramos en su campus. Esperaba encontrarme algo como Oxford o Old Aberdeen, sin embargo es bastante moderno, con edificios para nada históricos. Eso sí, parados en el aparcamiento reajustando el navegador vimos asomarse a un ciervo, así que no fue un viaje en balde.

Finalmente llegamos al Viejo Puente de Stirling, construido sobre el año 1500. Sin embargo, lo que vemos hoy en día no es el que usó William Wallace, sino una reconstrucción, que además se levantó unos metros más atrás de donde se encontraba el original. Es un puente peatonal que ofrece vistas del río Forth, de la ciudad, del castillo y del Monumento de Wallace al fondo.

Es el icono de la ciudad, junto con el casco histórico, y, aunque no es el original, podemos encontrar unas placas donde se encontraron los cimientos de aquel. Hay una inscripción, pero no fui capaz de descifrarla.

Para finalizar el día, regresamos al B&B, cenamos, nos duchamos y preparamos el último día de viaje. Esto se acaba…

Road Trip por Escocia. Día 12 III Parte: Castillo de Stirling

El castillo se erige sobre una colina de origen volcánico que tiene tres escarpados precipicios alrededor hasta ras del suelo. Esta posición estratégica favoreció que sobreviviera a 8 asedios. Es una de las más importantes fortalezas en la historia de Escocia. Ya en este promontorio se encontraba una primitiva capilla del siglo XI que mandó construir Alejandro I de Escocia. Desde entonces siempre ha habido una fortificación.

Se accede a él por una calle empedrada con bastante desnivel. La entrada está incluida en el Explorer Pass. Eso sí, el aparcamiento es prohibitivo: £4. Así que incluso en zona regulada de la ciudad sale más rentable que dejarlo arriba.

El conjunto tiene edificios de diferentes épocas. Unos datan de los siglos XV y XVI, hay alguno del XIV y las defensas exteriores con forma de estrella son del XVIII. El castillo se convirtió en Residencia Real a partir de 1216.

Es una parte importante de la herencia escocesa. Está lleno de historia, por un lado porque fue testigo de las diferentes batallas que tuvieron lugar en su colina. Además, fue protagonista de la Primera Guerra de Independencia de Escocia, que se inició con la invasión de las tropas de Eduardo I. Cuando los ingleses se hicieron con la Piedra del Destino y se la llevaron a la Abadía de Westminster, se inició una revuelta popular escocesa comandada por William Wallace. La última batalla que vivió fue la defensa ante el ataque jacobita en 1746.

Por otro lado, el castillo fue el lugar en el que se han coronado muchos reyes y reinas de Escocia, entre ellos María I de Escocia en 1542. Además, algunos de los reyes escoceses, como James III, nacieron en el castillo.

En la explanada, donde se suelen celebrar conciertos al aire libre, encontramos una estatua de Robert the Bruce que lo representa envainando la espada tras la batalla de Bannockburn en 1314. Robert sucedió a Wallace como Guardián de Escocia y fue entonces cuando el castillo cayó en manos de los ingleses (1303).

Tras pasar la entrada nos encontramos en la Guardroom Square, el antiguo cuerpo de guardia del castillo, donde se encuentra el Royal Bourgh of Stirling Visitor Centre. En él se pueden ver vídeos que nos acercan a la historia de la ciudad. Pasamos a la tienda a enseñar el Explorer Pass y el hombre en el mostrador nos dijo que no hacía falta, que un poco más adelante había una compañera que nos lo escanearía, pero nos dio un mapa y nos apremió a que fuéramos lo primero al Palacio, ya que aún habría gente caracterizada en las diferentes estancias y sería más completa la visita. Así pues, así lo hicimos.

Una vez pasado el patio, llegamos a la verdadera entrada principal y tras cruzar el arco con los torreones, nos encontramos en el patio interior donde podemos ver los cañones de la Grand Battery, que se instalaron en 1708, cuando se construyó este lado de la fortificación para defender el castillo del ataque de los jacobitas. A mano izquierda tendremos el Palacio, y de frente el Great Hall.

El Palacio fue el primer edificio renacentista construido en las islas británicas y de los mejor conservados de Gran Bretaña. De estilo gótico tardío, data de 1560, la época de James V para demostrar la riqueza y el poder del reino escocés.

Dentro se encontraban los Apartamentos Reales. Cuenta con dos apartamentos (Rey y Reina) con tres cámaras cada uno: el salón de las recepciones, el salón privado y el dormitorio.

La decoración de las seis salas principales del Palacio es abrumadoramente colorido, rico y elaborado. El motivo principal de esto es que James V y su esposa francesa María de Guisa tuvieron como objetivo presentarse a sí mismos como ricos y sofisticados.

Efectivamente nos encontramos con los actores caracterizados en unas salas decoradas con un estilo horror vacui. Tanto Jaime V como su esposa María de Guisa, francesa, querían hacer ostentación de su riqueza y sofisticación. No había nada sin detalle, desde los techos, hasta los suelos, pasando por los tapices, cortinas o mobiliario. Sin embargo, hubo gran parte de la decoración que se perdió cuando el castillo pasó a ser fortaleza militar, por lo que no se conserva tal y como era.

Destacan las chimeneas y los tapices, donde por supuesto no pueden fallar los unicornios, el símbolo escocés.

En los techos hay diferentes retratos de miembros reales y personajes de la corte en forma de monedas. Reciben el nombre de las Cabezas de Stirling y fueron encargadas por James V. No se encuentran en su emplazamiento original, sino que son restauraciones.

Salimos de nuevo al patio y entramos en el Great Hall. Se trata de una construcción anterior al Palacio, data de tiempos de Jaime IV. De color amarillo y con enormes ventanales que favorecen la entrada de la luz, fue construida en 1503 y se dedicaba para celebrar los grandes bailes y celebraciones del reino. Cuenta con un espacio despejado sin ninguna columna de 42×14 metros, así que podía acoger un gran número de invitados. También incluía galerías de juglares y trompetistas.

Es la sala de banquetes más grande de Escocia. El techo original se quitó a finales del siglo XVIII y se remplazó con un techo réplica de madera inspirado en el del Castillo de Edimburgo. Aquí también encontramos unicornios, tanto sobre la chimenea, como en unas cenefas alrededor de las paredes de toda la estancia.

Pasando un arco que hay entre ambos edificios, el Palacio y el Great Hall, llegamos a un segundo patio que tiene las paredes de estas dos construcciones, además de la Capilla y el Museo del Regimiento en el lugar donde se encontraba la Torre del Príncipe.

El Museo está dedicado al regimiento de los Highlanders que participó en varias guerras durante los siglos XIX y XX. Incluso en la Guerra Civil Española. En la exposición se muestran trajes, armas, condecoraciones y fotografías.

La Capilla se construyó en 1594, en apenas siete meses. Corrían los tiempos de James VI, que quería celebrar en ella el bautizo de su hijo Enrique. Sustituía una anterior en la que había sido coronada María Estuardo en 1543. Enrique fue bautizado, pero murió a los 18 años sin convertirse en rey.

Fue el último edificio real que se levantó Stirling mientras era Castillo Real, ya que cuando James VI asume la Corona de Inglaterra, el castillo pierde su importancia quedándose como fortaleza militar. En 1625 Carlos I sucede a James VI y 3 años más tarde se redecora la capilla para su coronación.

Si volvemos al primer patio, bajando por un arco salimos a la parte trasera donde hay una serie de edificios en la que hay exposiciones de trajes que realizan diversas agrupaciones para caracterizar a los personajes de obras de teatro.

Antes de salir, pasamos por las Great Kitchens, donde se nos representa con gran realismo una simulación de cómo se preparaba un banquete con su bullicio y prisas. Originalmente, este edificio servía como puerta a la parte norte del Castillo, pero en el siglo XVI las plantas superiores se remodelaron y convirtieron en cocinas. Esta planta parece que estaba conectada con el Gran Salón por un espacio que conectaba ambos espacios. En ocasiones importantes con grandes banquetes, las cocinas no eran suficientes y había que usar un edificio póximo a la Grand Battery.

La mayor alteración del edificio se llevó a cabo durante el siglo XVIII. En 1719 la primera planta se usó para hacer cerveza mientras que la segunda sirvió como almacén de armas. En esta época la conexión entre el Gran Salón y las cocinas ya no se usaba, había quedado en desuso y en ruinas y finalmente se demolió.

Había tanto figuras que representaban personajes, como los diferentes alimentos que allí se cocinaban o utensilios que se manejaban en la época.

Para finalizar, pasamos a la Castle Exhibition, que recoge la vida de los Estuardo e investigaciones arqueológicas en curso. Hay una parte de la exposición que parece sacada de un capítulo de Bones. En cualquier caso, muy interactiva, lo que la hace más atractiva.

Salimos a los Queen Anne Garden, unos jardines en los que en la Edad Media se celebraban las justas. Desde ellos se obtienen unas buenas vistas de toda la llanura de Stirling (también del cementerio). Y a lo lejos, el Monumento a William Wallace.

El recorrido nos da para comprender cómo funcionaba el castillo hace cuatro siglos. El de Edimburgo me gustó mucho, y además tiene las Joyas de la Corona y esas fantásticas vistas de la ciudad; sin embargo, el de Stirling es mucho más didáctico, más fácil de imaginar cómo era la vida en sus diferentes estancias gracias a las recreaciones o los actores que por allí se pasean. El conjunto hace que sea una visita muy atractiva, lúdica y didáctica.

Esta joya histórica de Escocia es un imprescindible en una visita a estas tierras.

Road Trip por Escocia. Día 12 II Parte: William Wallace Monument

Antes de llegar a Stirling paramos en el Monumento a William Wallace, que se encuentra en la colina Abbey Craig.

Hay un aparcamiento gratuito a los pies de la colina, donde también se encuentra la tienda y cafetería. Cerca, en la explanada, hay una parada de donde parte un minubús gratuito que sube y baja al monumento en apenas 5 minutos. También se puede subir andando por un sendero, pero estaba chispeando y no quisimos arriesgarnos a acabar empapados en la subida y hasta las orejas de barro.

El bus nos lleva hasta la puerta del monumento, una torre de 67 metros de altura de estilo gótico victoriano. Combina rasgos de la arquitectura tradicional como la torre, la entrada principal y la corona.

La estatua de Wallace hecha por el escultor DW Stevenson fue instalada 18 años después de la ceremonia de apertura.

En 1859 se abrió un concurso en el que ganó el diseño de Noel Paton. Mostraba un león escocés sobre una bestia mitológica inglesa. Sin embargo el comité lo desestimó poco después por considerarlo demasiado anti-inglés. Se hizo un nuevo concurso al que llegaron como finalistas Peddie & Kinnear con un diseño llamado “Libertad” y Rochead, que fue el ganador con su “Nada queda en la Tierra salvo la fama”.

Fue construida en 1869 tras una recaudación de fondos para honrar al famoso mártir patriota William Wallace. ¿Por qué dedicarle un monumento? Pues porque es considerado el primer héroe nacional que durante más de 500 años había inspirado a los escoceses y a su legado en la Nación. También porque en el siglo XIX estaba de moda construir monumentos a gente importante o acontecimientos. Por supuesto, había una tercera motivación, y era la intención política, ya que había comenzado un movimiento que unía los lazos entre ambos pueblos y algunos escoceses se comenzaron a preocupar por si se perdía su identidad.

A partir de ahí, surgieron más de 20 monumentos dedicados a Wallace por toda Escocia. A la hora de levantar esta torre se valoraron Edimburgo, Glasgow, Stirling y la costa oeste. Esta última opción servía para que los emigrantes que llegaran a la costa pudieran verlo según llegaban en barco. Sin embargo, ganó Stirling porque representaba un compromiso entre las ciudades rivales Edimburgo y Glasgow. Además, qué mejor lugar que en la población en la que tuvo lugar la gloriosa batalla contra los ingleses. Y en la colina de Abbey Craig porque se cree que sobrevivió al campo de batalla que se encontraba en dicho lugar y que en la colina es donde se encontraba su campamento.

La famosa Batalla del Puente de Stirling tuvo lugar el 11 de Septiembre de 1297.

 

Supuso la primera victoria de los escoceses sobre los ingleses en generaciones. Los ingleses tenían más experiencia y contaban con mayor número de hombres, sin embargo, William Wallace y Andrew de Moray planearon una estrategia para vencerles. Cuando los ingleses estaban cruzando el puente, los escoceses los atraparon a mitad de recorrido y destruyeron el puente. A partir de este hito histórico, Wallace recibe el título de Guardián de Escocia. Poco más tarde, en 1305 fue capturado y ejecutado, lo que encumbró aún más su figura.

La torre se inauguró, cómo no, el 11 de septiembre de 1869. Entre los años 1869 y 1885 tuvo una media de 12.600 visitantes al año. Al principio la entrada era gratuita en el piso inferior, pero costaba 2 peniques subir a la torre.

Hoy la entrada es de £9.99, aunque hay descuento con el Explorer Pass o con la entrada sencilla del Castillo de Stirling.

La torre está dividida en tres plantas con exposiciones y una cúpula que imita una corona real desde donde se puede disfrutar de las vistas.

Como suele ocurrir, la subida supone muchos y estrechos peldaños por una escalera de caracol. 246 en concreto.

En el interior del monumento nos encontramos un museo dedicado a este héroe de la historia de Escocia desde el triunfo de la batalla hasta la tragedia de su traición y captura. Se puede coger una audioguía en castellano, alemán, francés o italiano.

En la planta baja se encuentran los aposentos del guarda.

En el primer piso está la Sala de armas, donde se cuenta la famosa batalla del Puente de Stirling y se puede ver una película. En 1885 un McInnes donó una colección de armas para exhibirlas. El Secretario de Estado para la Guerra trajo la colección desde la armería de la Torre de Londres.

El segundo piso se centra en los héroes de Escocia, personas conocidas por sus batallas, hazañas, descubrimientos o inventos. Entre los años 1886 y 1907 se donaron 16 bustos.

Podemos ver la espada de Wallace, la principal atracción de la galería por ser considerado un símbolo de valor y destreza. Es enooooorme, mide 1,67m, dicen que William era muy alto, pero parece demasiado grande aún así.

Fue colocada el 17 de noviembre de 1887 traída desde el Castillo de Dumbarton.

Normalmente lo que pensamos que sabemos de William Wallace es lo que vimos en la película de Mel Gibson, en Braveheart. Sin embargo, esta se basa en, no es fiel a los hechos históricos. Tampoco es que se conozca con exactitud la vida de Wallace, pero sí que hay datos que difieren de la película:

  • Fue noble, no campesino.
  • No tuvo un romance con la Reina Isabel. De hecho, llegó a Escocia cuando él ya había muerto.
  • Su mujer se llamaba Marian, no Murron, y no muere antes de empezar la cruzada contra los ingleses, sino después. Fue asesinada por los ingleses como venganza por la derrota en el Puente de Stirling.

La tercera planta está dedicada a los aposentos reales. En ella se cuenta la polémica historia de la construcción del monumento, ya que hubo discusiones sobre dónde construirlo. También hay un puzzle en el suelo y un rompecabezas con forma de la torre.

Por fin, en la azotea, tras 246 escalones, podemos disfrutar de unas magníficas vistas de Stirling, el río Forth y el castillo a 91 metros sobre el nivel del mar. Se obtiene una panorámica de 360 grados de los alrededores.

En la azotea corría bien el aire y después de dar la vuelta de 360º, bajamos porque en la explanada había una representación que contaba la historia de William Wallace y su batalla.

Sin embargo, a mitad de relato, se puso a diluviar y tuvimos que resguardarnos. Aunque el señor seguía y seguía con su actuación mientras la gente iba desapareciendo poco a poco. Cuando se quedó sin público, se metió también en la torre. Y encima de vez en cuando se asomaba y decía “bueno, ¿seguimos?, que parece que ha escampado”. ¡Y seguía diluviando! Los escoceses y su clima…

Aprovechando que llegó el minibús, allá que nos fuimos y emprendimos la bajada, porque no parecía que fuera a escampar. Como era pronto, aún no eran ni las 4, decidimos resguardarnos bajo techo en el castillo, y dejar para el final la ciudad, a ver si con un poco de suerte, se habían ido las nubes, que en Escocia el tiempo es así, muy cambiante.