Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego

Ya he repetido en muchas ocasiones lo que me gustó la saga Millenium, publicada como trilogía tras la muerte de su autor Stieg Larsson y continuada por David Lagercrantz con otras tres novelas más. Así pues, cuando me enteré de que había un documental sobre Larsson, me picó la curiosidad.

Henrik Georgsson documental Stieg Larsson

Titulado Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego, su nombre en sueco Mannen som lekte med elden hace una clara referencia a su segunda novela (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina): Flickan som lekte med elden. Sin embargo, aunque esta miniserie documental de cuatro episodios arranca con una presentación del autor como el escritor de aquel fenómeno editorial, este aspecto pasa enseguida a un segundo planoy recorre la vida y carrera profesional de Larsson profundizando sobre todo en su lucha contra la extrema derecha y los neonazis. Y es que se dejó la vida (literalmente, pues vivía por y para trabajar) investigando, persiguiendo, destapando e informando sobre el auge del fascismo en su país.

Esta vocación antifascista parece que le viene de su infancia, cuando vivió en la granja de sus abuelos. Allí escuchaba durante horas a los leñadores discutir sobre política. De hecho, su propio abuelo era un gran defensor de los derechos democráticos y vivía preocupado por el avance nazi por Europa. Quienes conocieron a Larsson de crío cuentan que era un “niño que nació viejo”, siempre serio y con algún libro o cuaderno (por aquel entonces comenzó a escribir) en sus manos.

Dirigido por Henrik Georgsson (Bron/Broen o Wallander) el documental se sirve de testimonios de personas cercanas al autor (como su pareja Eva Gabrielsson, su padre Erland Larsson o colegas de profesión), de imágenes de archivo y de escenas dramatizadas para componer un repaso a la evolución de la ultraderecha en Suecia. Un recorrido que bien se podría extrapolar a buena parte de los países de Europa.

En los años 70, cuando todo el mundo pensaba que en Suecia no había nazis, Larsson se empeñó en demostrar que no era un fenómeno tan residual y comenzó a perseguir y destapar a los grupúsculos de extrema derecha que operaban en la clandestinidad estableciendo conexiones entre estos y otros de fuera de sus fronteras. Llegó incluso a adherirse con nombre falso a la organización neonazi Nordic Realm Party para poder recibir sus publicaciones. De sus investigaciones nació el principal archivo sobre ultras de Escandinavia. Tan nutrido era que ha sido utilizado durante años por periodistas e historiadores como una enciclopedia.

Durante la década de los 80 Larsson se implicó en política y participó en la fundación del proyecto Stop the Racism. En su afán por destapar a los nazis, acudía con su cámara a cualquier acto o reunión que estos realizaran e intentaba documentarlo todo: escenografía, simbología, participantes… Y es que si en los 70 actuaban en clandestinidad, en los 80 empezaron a sentir cierta impunidad y salieron a la luz numerosos grupos xenófobos. Por aquel entonces nació por ejemplo la organización Keep Sweden Swedish.

Pero el punto de inflexión para la historia de Suecia (y para la vida del autor) fue 1986, cuando el primer ministro Olof Palme fue tiroteado a quemarropa en las calles de Estocolmo cuando paseaba con su mujer. El asesinato conmocionó a la población y se convirtió en la obsesión de Larsson, quien pronto comenzó a realizar sus propias investigaciones. Tirando de los hilos consiguió conectar a la extrema derecha sueca con los servicios secretos sudafricanos (los mandatos de Palme estuvieron muy marcados por una fuerte política exterior que giraba en torno al respeto de los derechos humanos y financió la lucha contra el Appartheid) y La Liga Mundial Anticomunista (una organización con mucho dinero que servía de paraguas para asociaciones terroristas fascistas de todo el mundo). El escritor murió sin resolver el crimen, aunque le entregó a la policía 15 cajas llenas de documentación. El 10 de junio de este año la fiscalía sueca dio por resuelto el caso, aunque ni se ha encontrado el arma ni nuevas pruebas forenses. El supuesto culpable no será juzgado, pues se suicidó en el año 2000.

En 1991 Larsson coescribió con la periodista Anna-Lenna Lodenius, el libro Extremhögern (Extrema derecha), el primer documento que ofrecía una visión completa del movimiento ultraderechista en Suecia. Ambos autores recibieron amenazas por esta publicación a través de la revista nazi Storm, donde se llegaron a difundir incluso sus fotos de pasaporte y direcciones.

Los 90 habían arrancado con el país sumido en una crisis económica. El partido Demócratas de Suecia había conseguido entrar en el parlamento con un mensaje claramente xenófobo en el que culpaba al millón de refugiados soviéticos que habían llegado a Suecia huyendo de la Guerra de los Balcanes. La extrema derecha resurgió con más fuerza incendiando campos de refugiados o poniendo bombas en la Estación Central de Estocolmo y en una pizzería. Además, se hizo popular entre la juventud un movimiento musical conocido como Vikingarock, que no era otra cosa que rock fascista. Bajo la excusa del patriotismo consiguieron captar a muchos jóvenes suecos descontentos con el sistema y los partidos tradicionales. Gracias al éxito de bandas de rock vikingo como Division S, Uppsala, Vit Agression, Ultima Thule la extrema derecha encontró una forma de financiarse y de volverse influyente. Esto supuso un punto de inflexión, pues nacieron nuevos partidos y organizaciones anticomunistas y xenófobos. Algunos de ellos hasta se inspiraban en los partidos de los años 30 y copiaban los uniformes, consignas y forma de asociación o de crear comunidad. En 1995 los neonazis ya no se escondían, ese año mataron a 7 jóvenes.

Con este clima político, Larsson, que trabajaba como diseñador gráfico en la Agencia de noticias TT (Tidningarnas Telegrambyrå), fundó junto con otros jóvenes la revista antirracista y sin ánimo de lucro Expo. Una publicación que además sirvió como corresponsal de Escandinavia para su homóloga británica Searchlight. Eso sí, desde el anonimato. La revista nace para llenar un hueco antifascista y con el objetivo de destapar las redes que llevaba tejiendo desde hacía dos décadas la extrema derecha en Suecia. Expuso tanto a gente que se consideraba hasta entonces respetable como las fuentes de financiación. Esto, lógicamente, no gustó a la ultraderecha, que inició una campaña de acoso y derribo contra la publicación. No fue sin embargo algo que asustara a Larsson, quien ya estaba acostumbrado y se había convertido en todo un experto en seguridad que no se había casado ni tenía nada a su nombre para evitar que lo localizaran o que había aprendido a abrir un paquete bomba sin que le explotara. No obstante, cuando las amenazas se hicieron reales y los periodistas Peter Karlsson y Katarina Larsson sufrieron un atentado por coche bomba, muchos compañeros abandonaron la revista superados por la presión. En el documental hay quien prefiere mantenerse en las sombras pues incluso hoy en día siguen en el punto de mira. Larsson por su parte no cejó en su empeño y siguió investigando con ahínco. Y cuando la violencia siguió escalando y se multiplicaron los asesinatos a policías y sindicalistas las autoridades acabaron recurriendo a él y al trabajo que llevaba realizando durante dos décadas.

Con el nuevo siglo llega una nueva estrategia a las filas de la extrema derecha. Una vez que ya están en el parlamento, y conscientes de que la vestimenta de skinheads y otros grupos uniformados era demasiado llamativa, comienzan a vestir de traje y corbata, a dejar de raparse el pelo y a pulir su discurso para no resultar tan agresivos. No obstante, pese al cambio de retórica no dejaba de ser el mismo perro con distinto collar, y la revista Expo siguió investigándoles, hasta el punto de mandar a uno de sus reporteros como infiltrado para que documentara sus reuniones, entrevistas y estrategias.

En los últimos años de su vida, Larsson estaba obsesionado tanto con el presente como con el asesinato de Olof Palme. Para desconectar y aligerar la carga que llevaba sobre sus hombros decidió retomar la ficción. Ya de niño en casa de sus abuelos había llenado varios cuadernos (incluso le regalaron una máquina de escribir para que no gastara tanto papel) con una novela policial juvenil y otras de ciencia ficción, pero acababan en la hoguera porque no le parecían textos lo suficientemente buenos. Empezó la saga Millenium con el relato escrito en 2002 sobre un viejo que recibía todos los años unas flores. A partir de ahí aprovechó sus conocimientos sobre nazis, malversación de fondos, política… en definitiva de todo lo que había aprendido investigando a lo largo de su vida. Escribir ficción le permitió resolver los casos, algo que no podía hacer en la realidad. Aunque Mikael Blomkvist y su revista Millenium automáticamente nos lleven a pensar en Stieg Larsson y Expo, según la pareja del autor, Lisbeth Salander tiene mucho de su creador. Quizá es la justiciera que le gustaría haber sido si no hubiera tenido que atenerse a la legalidad.

Una pena que su estilo de vida (dormía poco y trabajaba mucho, comía mal, bebía toneladas de café y se fumaba dos paquetes diarios de tabaco) acabara con él cuando aún tenía mucho por aportar, no solo en su ámbito como novelista, sino como en su faceta como meticuloso e infatigable investigador. La serie documental está muy bien estructurada y, aunque le sobran las escenas de recreación, realiza un interesante recorrido no solo de su vida y su trabajo – íntimamente relacionados – , sino también de los movimientos fascistas en Suecia. Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego es analítica y nos insta a no dar la democracia por sentada. Como bien recoge al principio en una entrevista de 2004 del propio Larsson: “no es un don divino caído del cielo, sino algo por lo que debe luchar cada generación”. No se nos debería olvidar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Blinded

Blinded , adaptación de la exitosa novela Speed Blind de la periodista económica Carolina Neurath, quien a su vez se inspiró en hechos reales sucedidos recientemente en la banca sueca, gira en torno al día a día de la periodista financiera Bea Farkas, quien un día recibe un soplo que le alerta sobre irregularidades en el banco de inversiones ST, uno de los más importantes del país. Esta revelación podría ponerle sobre la pista de una muy buena historia que podría catapultar su carrera profesional, sin embargo el problema radica en que mantiene una relación sentimental con Peder Rooth, el CEO de la entidad, quien además está casado y tiene hijos. Así, Bea, una mujer que se considera independiente y profesional, se encontrará en la tesitura de tener que decidir entre ser una buena periodista e investigar sobre este mensaje anónimo o, por el contrario, mirar para otro lado para así salvar la carrera de Rooth.

Con el primer episodio, Blinded (Fartblinda en su versión original) me recuerda a la saga Millenium, no por la trama de Lisbeth Salander, sino por las de Mikael Blomkvist, otro sueco que también centraba su labor periodística en revelar y denunciar dudosas operaciones en el ámbito de banca y de los negocios. Y es que el mundo corporativo y financiero da para mucho: mentiras, desinformación, desfalcos, ilegalidades… Peder Rooth representa a ese paradigma de hombre de negocios con pico de oro que ha ido trepando a base de conquistar con su verborrea y contactos. Es un cliché andante con la típica esposa florero, los niños de anuncio, un casoplón de revista y un cochazo. Y una amante, claro, la joven e intuitiva reportera.

Aprovechando esta peculiar relación entre los dos protagonistas, la serie no solo reflexiona sobre el funcionamiento de las entidades bancarias y su oscura actividad, sino también sobre el periodismo. Bea no debería investigar el asunto por el hecho de que vaya a ascender u obtener prestigio, sino por ética periodística. Porque la profesión consiste en averiguar si las fuentes son fiables y presentar un artículo de la forma más objetiva posible, no de publicar todo lo que llega a la redacción con una mirada interesada.

Con solo un episodio no sabemos por dónde van a ir los tiros, si Bea guardará el secreto de Peder para salvar la relación o si él la manipulará de alguna forma para que calle y así no perder su estatus personal y profesional; pero desde luego el planteamiento resulta interesante. Como siempre, a mí la ficción escandinava (sea en formato libro o serie/película) con poco ya me tiene ganada, pues me gusta la manera en que se exponen los personajes y las tramas de una forma directa y clara. Sin duda, va a la lista de “series para ver“.

Serie Terminada: Bron/Broen

En Estados Unidos tienen las temporadas de series muy fijadas. Por un lado aquellas de 22/24 capítulos que cubren la temporada regular desde finales de septiembre hasta mediados de mayo, y por otro las de menor duración (10/13 episodios) que se emiten desde enero a mayo o bien en verano (dejando fuera cadenas por cable y nuevas plataformas). Así pues, es más o menos fácil seguir una serie año tras año.

En Europa sin embargo me da la sensación de que no hay un panorama tan definido y eso desde luego no favorece al visionado. Y menos con una oferta cada vez más amplia. En España es frecuente que una serie se tire años en un cajón antes de salir a antena. Por no hablar de los cambios de día de emisión para contraprogramar a otras cadenas, la larga duración de los episodios y el horario del prime time; tres factores que sin duda acaban con la paciencia de cualquier televidente. Las series británicas tienen un punto a su favor y es que suelen tener temporadas más cortas, sin embargo, también te puedes encontrar con que fácil transcurren un par de años entre una y otra, como por ejemplo pasaba con Sherlock. No sé cómo funciona el asunto en Suecia y Dinamarca, pero parece que se lo toman con la misma calma que los isleños, al menos así ha sido con la emisión de Bron/Broen, cuyo primer episodio se emitió en septiembre de 2011 y el último (de la cuarta temporada) en febrero de 2018. Nosotros vimos en su día el piloto y nos gustó, pero la dejamos apartada a la espera de que estuviera concluida. Y ha pasado tanto tiempo, que casi nos habíamos olvidado de ella.

Esta coproducción suecodanesa arranca fuerte. Una noche, el Puente de Øresund, una construcción de casi 8 kilómetros de longitud (más otros 4km de túnel) que une las ciudades de Copenhague y Malmö, sufre un apagón. Cuando vuelve la luz las autoridades descubren un cadáver en la línea que marca la frontera de ambos países. Como el cuerpo tiene la cabeza en Suecia y los pies en Dinamarca acuden al lugar las policías de ambos lados, por un lado Saga Norén (de Malmö), y por otro, Martin Rohde (Copenhague) para encargarse del caso. Ambos tendrán que colaborar en una investigación que pronto se irá enredando, pues el cadáver resulta estar formado por la mitad de una política sueca y la otra mitad de una prostituta danesa. El asesino, que se hace llamar el Terrorista de la Verdad, pretende llamar la atención sobre asuntos de inmigración, violencia policial, explotación infantil, indigencia… Nos encontramos con diferentes tramas que transcurren paralelas y que en principio no vemos que tengan relación, pero poco a poco todo va cobrando sentido y cada uno de los caminos acaba convergiendo al más puro estilo de la literatura nórdica.

Y aunque la historia es interesante, sin duda lo mejor de la serie, con diferencia, es la relación entre Saga y Martin, dos personas totalmente opuestas en caracteres y en forma de proceder, pero que sin embargo consiguen establecer una buena dinámica de trabajo. Bron/Broen parece articularse alrededor de un suceso, pero en realidad queda vertebrada sobre los protagonistas, especialmente en el de la sueca. Saga es un personaje atípico que está muy lejos de ser una heroína o la mujer perfecta. Además, se sale de los cánones estéticos habituales. Esto quizá tenga mucho que ver con que se trata de una producción de varios países escandinavos, donde predomina una mirada más feminista. Lleva siempre la misma ropa (que para nada sirve para realzar su figura), no lleva un peinado exageradamente elaborado, ni maquillaje (ni siquiera se intenta ocultar la cicatriz en el labio de la actriz). Lo que ha de destacar de ella como protagonista es su inteligencia y profesionalidad, no su cuerpo.

Saga Norén atrapa desde el primer minuto. Con treinta y pico años es una mujer fuerte, valiente, independiente y solitaria que no necesita a nadie que le saque las castañas del fuego. Es metódica, perfeccionista y concienzuda y sigue los procedimientos a rajatabla, lo que la convierte en una eficiente investigadora. Sin embargo, tiene dificultades para interpretar las convenciones sociales (parece tener algún grado de autismo o asperger), por lo que lo suyo no son los interrogatorios o las entrevistas con las familias de las víctimas (ni siquiera el trato con los compañeros). Carece de empatía y es brutalmente franca, diciendo las cosas tal y como las piensa, sin filtro alguno. No conoce la sutileza ni la mentira. Y aunque este carácter tan complejo y particular podría convertir a Saga en un personaje odioso, Sofía Helin consigue aportarle veracidad, calidez y humanidad.

También influye en este aspecto Martin, ya que al mirarla con sus ojos, el espectador consigue aceptarla tal y como es. Las conversaciones entre ambos nos dan las mejores escenas de la serie, provocando un refrescante tono cómico que aligera la tensión de una ficción tan gris. Frente al carácter distante y rígido de la sueca, el danés es cálido y con sentido del humor. Es impulsivo y emocional, no tiene problemas con incluso saltarse alguna regla y es todo un mujeriego (tiene varios hijos con tres mujeres diferentes y aún así no deja de ser infiel). El personaje interpretado por Kim Bodnia es todo lo opuesto a Saga y juntos acaban siendo el principal activo de Bron/Broen.

Tras una primera temporada bastante redonda, tenían difícil encontrar un nuevo argumento para seguir con la serie y que resultara original. En esta ocasión de nuevo el puente es protagonista cuando un buque se desvía de su ruta y acaba encallando en las barreras de hormigón sin que la Guardia Costera de Malmö pueda evitarlo. Dentro son descubiertas cinco personas encadenadas, y como dos de ellas son danesas, Saga enseguida se pone en contacto con la policía de Copenhague para pedir que Martin Rohde colabore con ella en la investigación.

En esta ocasión la historia central queda menos ramificada y por el contrario las subtramas van poco a poco entretejiéndose entre ellas. Además, el desarrollo de la investigación nos permite ir conociendo más aspectos de la personalidad de los dos protagonistas. La trama tiene un significativo impacto tanto en Martin por su relación con el asesino, pero también salen a la luz detalles del pasado de Saga. Ambos personajes evolucionan no solo de forma individual, sino también conjunta. Su amistad es cada vez más fuerte y de nuevo sus conversaciones in itinere intercaladas entre pistas y teorías son lo mejor de la temporada. Sobre todo con una Saga que ha comenzado a vivir con su novio pero que está muy perdida en cuanto a cómo debería comportarse y vuelca sus dudas en Martin. Quizá no sea la mejor referencia en cuanto a relaciones se refiere, pero es la única persona en la que confía.

Y por eso el final de temporada es tan doloroso. En los veinte capítulos se ha ido gestando una bonita amistad entre ambos, Saga ha ido evolucionando y creciendo como persona mejorando en sus habilidades sociales gracias a su relación con Martin, pero aún así, ella es coherente y no es capaz de salirse de su esquema de lo que está bien y lo que no. Así, no le queda otra que perder su amistad, porque de lo que no es capaz es de traicionar su deber como policía.

Seis meses después de la detención de Martin, Saga sigue aún dolida con él, porque la puso en el compromiso de tener que delatarle y lo echa de menos. Y más cuando aparece un nuevo caso sobre su mesa y ha de volver a colaborar con la policía danesa. En esta ocasión la temporada arranca cuando es encontrado en Malmö el cadáver de una mujer danesa defensora de la eliminación del género y creadora de la primera guardería de género neutro en Copenhague. Martin era el único que tuvo la paciencia de entenderla y ayudarla con sus limitaciones y ahora le asignan una nueva compañera que no tiene intención de seguir sus pasos. Es fría, distante y culpa a Saga de la encarcelación de su paisano. Sin embargo, las circunstancias pronto precipitan un cambio de compañero y formará pareja con Henrik Sabroe. La química entre ambos no es igual, y me temía que la serie perdiera su esencia, sin embargo, poco a poco se van conociendo y su relación se afianza. Es verdad que Henrik no es Martin, pero emocionalmente está casi tan roto como Saga, por lo que se crea una dinámica en la que ambos se necesitan y consiguen conectar a otro nivel.

Esta temporada gira en torno a la estructura familiar: en el caso ya vemos cómo el asesino parece estar en contra de los nuevos modelos de familia, a Henrik le atormenta la desaparición de su mujer y sus hijas hace ya 8 años, y la madre de Saga vuelve a escena para complicarle la vida. Esta es sin duda la temporada más dura emocionalmente para la protagonista. Su mundo parece desmoronarse y acaba bloqueada por la cantidad de sentimientos que se le vienen encima. Primero la ruptura con Martin, después la pérdida de Hans (quien más que un jefe era como un padre para ella), la llegada de una nueva jefa que no ha sido tan permisiva con sus peculiaridades, la entrada en escena de una madre maltratadora y manipuladora, remover el pasado de su hermana muerta… Son demasiados frentes abiertos y Sofía Helin logra que conectemos aún más con Saga y su sufrimiento. El final de temporada es además agónico cuando es acusada del asesinato de su madre.

La cuarta y última temporada arranca dos años más tarde del final de la tercera, y esta vez el caso comienza en Copenhague cuando la policía encuentra lapidada a la directora general del Servicio de Inmigración. Henrik lleva la investigación y es Saga, cuando es puesta en libertad tras más de un año en la cárcel, quien se une a él. De hecho, dado que no tiene apartamento donde vivir, se muda a casa del danés.

Esta cuarta etapa de la serie vuelve a ser redonda. El hecho de que tenga un par de capítulos menos que las tandas anteriores hace que la acción se precipite y sea un poco más rápida. No obstante, como siempre en Bron/Broen, lo importante no es tanto la trama, sino la evolución de sus protagonistas.

Henrik consigue recomponer parcialmente su vida al cerrar el caso de la desaparición de su mujer e hijas y superar su adicción a los analgésicos. No es un final feliz, pero es un punto y seguido que le permite seguir adelante. Me gusta que no hayan buscado el “fueron felices y comieron perdices”, ya que sería romper con la dinámica de la serie.

Saga ha ido dando pequeños pasos a lo largo de los años hasta abrirse a los sentimientos (incluso llegando a enamorarse). Consigue un final catártico cerrando el episodio de la muerte de su hermana quitándose la culpa que cargaba al descubrir la verdad. El viaje de nuestra (anti)heroína ha concluido y ya no necesita seguir resolviendo casos y encerrando criminales para obtener cierta paz mental. Ahora es libre para emprender una nueva vida y descubrirse a sí misma sin los lazos que la ataban al pasado. Y qué mejor lugar que en el Puente de Øresund, donde todo comenzó.

Es un cierre perfecto para una serie que ha puesto sobre la mesa temas que están presentes en la sociedad como la fidelidad, el terrorismo, la deshumanización de la migración, las enfermedades mentales, la desigualdad económica, la lealtad, la amistad, la muerte, la culpa, el aborto… para invitar al espectador a reflexionar sobre sus propias decisiones y comportamientos. Al igual que ocurre con la novela nórdica, Bron/Broen intenta descubrir las imperfecciones de lo que muchas veces se considera una sociedad idílica y remover la conciencia del público.

Aunque es cierto que el peso recaía sobre los personajes principales, ha conseguido mantener el interés en los casos centrales. Ha tenido siempre el mismo esquema: crimen que implica a ambos lados de la frontera que mientras se va enredando va afectando personalmente a los protagonistas. Sin embargo, ha sabido tejer una telaraña narrativa que atrapa al espectador gracias al ritmo, giros de un guion milimétricamente caulculado y su atmósfera gris, fría y desoladora. Y no solo por los exteriores que favorecen esa ambientación por el clima y los paisajes escandinavos, sino gracias también a unos interiores sobrios y casi diáfanos.

También han sido importantes los personajes secundarios y los episódicos, que han estado muy bien trazados e integrados dentro de la trama.

Bron/Broen termina aquí, pero es tan atemporal que ha traspasado fronteras y ha inspirado remakes como The Bridge en Estados Unidos (con la frontera con México como escenario) o The Tunnel, con el Canal de la Mancha como centro de la historia. Sin embargo, creo que es difícil superar al original, que se ha convertido en una auténtica referencia del género nordic noir. La echaremos de menos, igual que a Saga Norén, policía de Malmö.

Nadie lo ha visto, Mari Jungstedt

Una reciente tendinitis en la rodilla me ha llevado a pasar unos días con movilidad reducida y apalancada en el sofá. Oportunidad ideal para hacer maratón de series (y justo con la vuelta de Juego de Tronos), pero también para dedicarlo a la lectura.

Últimamente me cuesta encontrar un título que me atraiga, ya que me da la sensación de que todos los libros nuevos que van saliendo tienen los mismos argumentos, así que tiré de fondo de novela nórdica y de una autora que no había tocado hasta la fecha: la periodista sueca Mari Jungstedt.

Aún tengo un par de novelas pendientes de Camilla Läckberg y de su saga de Fjällbacka, pero decidí comenzar con esta serie del inspector Anders Knutas que ya acumula 11 libros. Su primera entrega es Nadie lo ha visto (Den du inte ser) y aunque fue publicada en Suecia en 2003, llegó a España en 2009.

Según podemos leer en la sinopsis de la contraportada La temporada turística empieza en la aparentemente tranquila isla sueca de Gotland. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla en la que pasó los primeros años de su vida y celebra una fiesta con sus amigos de la infancia. Pero Helena bebe más de la cuenta y acaba bailando con su amigo Kristian y provocando los celos de su marido Per. Cuando ya no puede soportarlo más, Per reacciona de forma violenta y pone punto y final al buen ambiente que se respiraba. Al día siguiente, Helena está paseando por la playa reflexionando sobre lo ocurrido cuando es salvajemente atacada. Cuando se encuentra su cuerpo, cruelmente asesinado, su pareja es inmediatamente inculpada.

Pero unos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en las mismas circunstancias. La psicosis se apodera del pueblo y el inspector Anders Knutas debe acelerar las investigaciones antes de que el asesino golpee de nuevo. Para ello cuenta con la colaboración, no siempre deseada, del inquieto periodista Johan…

Cuenta con el esquema clásico de la novela negra: un asesinato, la línea de investigación de la policía, el relato de la prensa y un acontecimiento pasado que sirve como nexo entre el asesino y la/s víctima/s. Sin embargo, no está al nivel de otros libros del género. No me ha enganchado tanto. El desarrollo es prácticamente lineal y la trama sencilla y predecible hacia mitad de la novela. No hay ningún giro que genere expectación.

Los personajes por su parte quedan bastante desdibujados. Y es algo que ocurre tanto con los secundarios como con los principales, por lo que no he llegado a empatizar ni con el periodista Johan Berg, ni con Knutas y mucho menos con su compañera Karin Jacobsson. Es verdad que va soltando pinceladas del inspector, su mujer comadrona y sus gemelos, pero poco más. En muchas ocasiones he tenido la sensación de que aporta datos que no son relevantes para la historia.

Y no solo con los personajes, sino también con las descripciones tan extensas sobre los lugares en los que se va desarrollando la historia. No dudo de la belleza de la isla de Gotland y de la de Visby, su capital, que además es Patrimonio de la Humanidad, pero parece como si los detalles estuvieran metidos con calzador en un lugar inoportuno a modo de relleno y no como escenario.

También me chirría la subtrama romántica y el aspecto sentimental. Con tanto enredo queda una novela en la que la trama policíaca resulta bastante deficiente y poco sorpresiva. Apenas hay toque de suspense ya que lo que menos seguimos es la investigación.

La prosa de Jungstedt no tiene nada que ver con la de Maj Sjöwal y Per Wahlöö, que pretendían hacer crítica social en sus novelas. Tampoco con la saga Millenium, más centrada en la investigación periodística y tejemanejes empresariales. A priori puede acercarse más a Läckberg (por aquello de que parece que le interesan más las relaciones personales), pero en realidad tampoco ahonda especialmente en ello. La de Fjällbacka dota de más carácter a sus personajes y sus historias tienen mucho más trasfondo. Quizá porque en sus novelas hay dos tramas paralelas que se cruzan en determinado momento, por un lado la de la escritora Erika y por otro la del policía Patrik. Ambos protagonistas están bien conformados y cuentan con un relato propio. En Nadie lo ha visto, como decía antes, sin embargo no hay investigación. Ni la de Knutas (que parece ir únicamente de un escenario del crimen a otro pasando entre medias por algún interrogatorio), ni la de Berg (que va cubriendo las noticias de los asesinatos sin más).

Así, la novela se queda en un quiero y no puedo. Parte del patrón de la novela negra escandinava, pero no aporta nada novedoso al género ni en argumento, ni en narración, ni en personajes. Resulta entretenida, es verdad que no me ha resultado tan tediosa como Aurora Boreal de Åsa Larsson, pero sin más. Quizá se deba a que es su primera publicación y la cosa va mejorando con las entregas, así que es probable que le dé una oportunidad al siguiente libro de la saga, Nadie lo ha oído. Eso sí, antes de más experimentos retomaré los dos pendientes de la saga de Läkberg :Tormenta de nieve y aroma de almendras y La bruja.

Saga Millenium

Hoy para acabar el año traigo una recomendación literaria. Hace ya más de una década (que se dice pronto) que salió a la luz Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la saga Millenium de Stieg Larsson.Este periodista comenzó a escribir una serie de novelas sin intención de publicarlas, más como entretenimiento. Sin embargo, en determinado momento cambió de opinión y envió a una editorial los tres primeros libros. Tenía pensado escribir 10, pero lamentablemente, murió de un infarto prematuramente y no pudo acabar la saga. De hecho los tres primeros se publicaron de forma póstuma.

Hoy hay toda una batalla legal por los textos que dejó inacabados Larsson. Eva Gabrielsson, su pareja durante 30 años, es quien los conserva, pero como no se casaron, legalmente no le pertenecen y no puede publicarlos. Son el hermano y el padre quienes han heredado los derechos multimillonarios y quienes han autorizado a que se continúe la saga. Así, a La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006) y La reina en el palacio de las corrientes de aire (2007) le siguen Lo que no mata te hace más fuerte (2015) y El hombre que perseguía su sombra (2017), escritos por David Lagercrantz, periodista sueco y escritor de la biografía del futbolista Ibrahimovic.

La saga recibe el nombre de la revista económica de la que el protagonista, Mikael Blomkvist, periodista de investigación, es co-editor. El otro personaje principal es Lisbeth Salander, una hacker veinteañera antisocial con memoria fotográfica.

En el primer libro Mikael es condenado por difamar al empresario millonario Hans-Erik Wennerström y, como consecuencia, queda apartado de la revista. Para escapar de la prensa antes de cumplir condena acepta un proyecto de escribir un libro sobre una acaudalada familia e investigar una desaparición ocurrida en los años 60. Los caminos de este trabajo harán que Mikael se cruce en el camino de Lisbeth, quien le ayudará no solo en la desaparición sino en la trama de corrupción por la que fue apartado. Y de paso conoceremos algo de esta misteriosa y fuerte joven.

A mí la novela policíaca siempre me ha gustado, pero fue con la saga Millenium cuando descubrí el género nórdico. La literatura policíaca escandinava tiene otro punto, esa oscuridad, esos relatos gélidos, esas tramas en pueblos perdidos e incomunicados… Con esa escena de fondo Larsson planteaba su narración con un estilo muy periodístico y complejo. Así, en el relato se mezclan varias historias, generalmente con un trasfondo político y económico que a veces cuesta seguir y requiere de una lectura sosegada para no perder detalle. Y cuando crees que las diferentes vías de investigación no guardan relación…¡Zas!, todo cobra sentido. Su estilo era ir dejando detalles a lo largo de la historia para hacerlos encajar hacia el final.

En La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina el periodista comienza a investigar sobre el tráfico sexual de mujeres de Europa del Este en Suecia.

Por su parte, La reina en el palacio de las corrientes de aire nos hace entender que la verdadera protagonista es Lisbeth. Mikael trabaja en la revista Millenium que da nombre a la saga y es el que busca la historia para su libro, pero en realidad, ella es el hilo conductor.

Y aunque no estaba concebido como trilogía, realmente podía haber concluido con la tercera entrega. Así pues, cuando leí que David Lagercrantz iba a continuar con la saga, tuve mis dudas sobre si continuar o no. De hecho, hasta que no salió el quinto volumen en septiembre de este año no me decidí. Y en dos semanas he devorado Lo que no mata te hace más fuerte y El hombre que perseguía su sombra.

Los temas se han actualizado y Lo que no mata te hace más fuerte se centra en temas más actuales. Por un lado la Millenium ha recibido una inyección económica de un grupo corporativo que parece que quiere dar un giro a la revista. Es la época del sensacionalismo, las noticias rápidas, del clickbait. Mikael y Erika quieren conservar el estilo de siempre, ser fieles a ese periodismo más tranquilo, que busca resquicios, fuentes, que ahonda en la noticia. Pero todo parece parado, no hay una gran historia. Hasta que aparece, y no es ni más ni menos que una trama de secretos corporativos, tráfico ilegal de información confidencial, internet profunda, inteligencia artificial y problemas matemáticos. En definitiva, un mundo más digital en el que más que nunca Mikael Blomkvist necesitará a Lisbeth Salander.

Tiene un poco de Wikileaks y del caso Snowden tratando el espionaje industrial, y cómo los servicios de inteligencia controlan nuestro día a día gracias a la huella digital. Esto unido a la inteligencia artificial da un poco de miedo, pues ocurre como con la bomba atómica, que un gran hallazgo en malas manos puede ser un desastre de magnitud mundial.

La historia engancha. Lagercrantz se encarga de crear un ambiente, las diferentes historias paralelas, de contarnos qué ha pasado con los protagonistas en este tiempo, de presentarnos a los nuevos personajes… y lo hace bien. Pero se nota la diferencia con Larsson. Mikael y Lisbeth no son los mismos y he echado en falta algo más de interacción entre ambos. Y en general más socialización entre los personajes.

En El hombre que perseguía su sombra creo que al buscar un estilo propio, sin querer seguir las primeras novelas, Lagercrantz ha recuperado aquel estilo. Es decir, cuanto más se ha querido distanciar, más se ha acercado al estilo Larsson. Y es que aquí volvemos a los orígenes, a la infancia de Lisbeth, a su compleja familia, a su tutor… Seguimos con el mundo hacker de fondo, claro, pero se entremezclan pasado y presente con varias tramas en torno al abuso de poder, al fanatismo religioso y a la experimentación con gemelos para determinar si es la herencia genética o el entorno lo que influye en lo que somos.

Creo que este último libro funciona mejor porque es Salander la protagonista desde la primera página. Como decía antes, es ella quien sirve de hilo conductor y nexo de unión de todas las ramificaciones de la novela. El personaje de Mikael no es nada novedoso. Podría ser periodista, detective o empresario, pero al final es un arquetipo muy visto: el típico héroe masculino que lucha con todo en contra. Ella sí que rompe con las reglas de la novela policíaca (y novela en general) en que la mujer es siempre esposa/hermana/hija/amiga del protagonista y/o víctima que acaba violada y/o asesinada. Mujeres que necesitaban que un hombre las protegiera. Lisbeth es lo opuesto a eso. Ella se vale por sí misma. Es un personaje que tiene su desarrollo y su pasado. Y no tiene que ser atractiva (aunque puede serlo). Supongo que influye mucho en la configuración del personaje que el autor sea sueco, ya que Suecia es uno de los países a la cabeza en igualdad.

Otro hecho que hace que este libro case mejor con los tres primeros es que ha vuelto a temas de denuncia social como la opresión de la mujer, el racismo y la intolerancia. Este era el sello de Larsson, el poner en relieve las injusticias sociales y las corrupciones políticas y económicas. De hecho al parecer antes de morir trabajaba en una trama sobre los asesinatos y desapariciones de las mujeres de Ciudad Juárez, en México.

Parece que nos queda un último libro que se publicará en 2019, pues David Lagercrantz ha dicho que con tres es suficiente y que quiere hacer otras cosas. Veremos a ver si es de verdad el último y si es conclusivo o deja la historia abierta. ¿Quizá trate sobre la crisis bursátil y la inestabilidad económica? Me da la sensación de que ha dado pinceladas en las dos entregas para que vaya por ahí la historia.

Mientras esperamos, nos quedan las películas. En versión sueca o americana, porque ya se sabe, a los estadounidenses si algo les gusta, lo rehacen. A ellos eso de doblar no les va. Yo tan solo he visto las suecas, y he de decir que me gustaron. Eso sí, si no me hubiera leído los libros, mucho más. Los personajes están muy bien conseguidos, la historia es ágil, la fotografía muy nórdica, con sus paisajes, su oscuridad, ese punto de novela negra… El problema es que al haber leído las novelas faltan cosas y otras se han modificado. Lo comprendo. Todo no cabe, son libros extensos… entiendo que se omitan detalles, personajes secundarios… pero que decidas no ahondar en una relación entre personajes como la de Mikael y Erika durante la primera película, y que luego de repente en la segunda sí le des importancia… al espectador se le queda una cara de O_O ¿esto a qué viene? Pero por lo demás, están muy bien, el personaje de Lisbeth está muy bien interpretado y caracterizado, es la imagen que yo tenía en mi cabeza. Eso sí, parece ser que para las nuevas entregas habrá cambio de actriz. Habrá que esperar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Modus

Cada vez llegan más series escandinavas a nuestra parrilla. Una de las últimas es Modus, del canal sueco TV4. Basada en la novela Noche cerrada en Bergen de la autora noruega Anne Holt, Modus es un thriller policíaco cuya protagonista es Inger Johanne Vik, una psicóloga y criminóloga que tras haber trabajado durante un tiempo para el FBI vuelve a Suecia. Durante la boda de su hermana su hija autista se convertirá en testigo accidental de un crimen. Por ello, y por su experiencia, la policía sueca pedirá su colaboración y tendrá que trabajar con el detective Ingvar Nymann de la Policía de Estocolmo.

Sin embargo, ya en el piloto vemos que el asesinato del que Stina, la hija de Inger, es testigo no es el único. En Nochebuena, la obispo Elisabeth Lindgren es asesinada en Uppsala. Hay un asesino en serie, que el espectador conoce desde el principio. Sin embargo, poco se sabe de él, no sabe qué le motiva. Tan solo que es un lobo solitario que sigue indicaciones de alguien que tan solo le hace llegar objetivo y lugar vía sms. Así pues, parece que la serie nos plantea un juego del gato y del ratón entre los dos inspectores y el asesino.

Es una serie sencilla con una única trama durante ocho episodios que transcurren en un desolado paisaje invernal sueco donde hay más horas de oscuridad que de luz. Esta falta de iluminación es un recurso típico de las producciones escandinavas. No es de extrañar que se les dé tan bien el thriller, ya que la oscuridad se convierte en un personaje más. Incluso esos paisajes nevados, tan luminosos, también provocan angustia, ansiedad, incertidumbre. Y si combinamos el silencio de un asesino que no sabes qué le mueve, la oscuridad/luz, la banda sonora… A mí me tienen enganchada.

La primera temporada se estrenó en 2015 en Suecia, y la segunda, basada en Crepúsculo en Oslo, este otoño de 2017. Es curioso que no sigan los libros en orden, ya que Noche Cerrada en Bergen era el cuarto de la saga y Crepúsculo en Oslo el segundo.

Crucero Capitales Bálticas. Conclusiones

Y acabó el crucero, yo creo que de los tres que hemos hecho, este es el que más agota. El Rondó Veneciano tiene escalas matutinas, y quitando Atenas, el resto de paradas son recogidas. En los Fiordos también se anda, Oslo y Copenhague son días de paliza, y la subida al Glaciar tiene su exigencia, pero es cierto que al ser una mezcla de ciudad y naturaleza, se lleva de otra forma. Este crucero al ser todo de ciudad es un no parar día tras día. El día de Tallín es quizá el más relajado, y quizá Malmö si no haces excursión a Copenhague, claro. La visita a San Petersburgo es extenuante, supongo que sobre todo por el hecho de ser guiada.

Es quizá la única pega que le pongo, el no poder tener la movilidad de visitar todo por libre y tener que contratar excursión en San Petersburgo. Aunque hay que reconocer que no habría visitado ni la mitad de los sitios a los que nos llevaron. Así que, tal vez no fue tan mala elección.

Como ya comenté, me hubiera gustado hacer escala en Riga en lugar de Wismar, pero bueno, al final tampoco se nos dio mal el día y me gustaron mucho las 3 ciudades que visitamos. Hay que buscar el lado positivo.

Si nos centramos en la experiencia en el barco, he de decir que he notado cierto bajón con respecto a la última vez con Pullmantur. Sí que es cierto que ha mejorado el embarque y desembarque, puesto que te olvidas del todo de las maletas. Tampoco hay queja en la atención de la tripulación, tanto de la chica de limpieza del camarote como de los camareros en los restaurantes. Donde quizá vi esa diferencia fue en la variedad de comidas y en detalles como tener botellas de agua gratuitas en todo momento. No nos engañemos, sé que Pullmantur es de las navieras más baratas, y había opciones para comer y no repetir, pero quizá había poca rotación. Eso sí, las opciones presentadas estaban ricas. La animación también me resultó algo pobre, la de Iberocruceros tenía más repertorio y era algo más innovadora, como por ejemplo con el patinaje sobre hielo. Si el espectáculo no te convecía podías ir a las discotecas, pero la noche que estuvimos estaba vacía y nuestro grupo (entre 30-35 años) era el más joven. La media de edad del crucero era más baja que en los Fiordos, quizá rondaba los 49-45. Y había incluso familias con críos en etapa preadolescente.

No tengo nada que añadir en cuanto a la elección de camarote o turno de comida. Seguimos el patrón anterior y volveríamos a elegir lo mismo. No necesitamos ventana y el orden cena y después espectáculo parece la más lógica.

Finalmente, si hablamos de presupuesto, en julio y con el camarote sencillo que elegimos nosotros, puede salir por unos 1000-1200€, depende de la previsión en la reserva, si consigues algún tipo de oferta en semana del crucero o similar. Es algo más caro que los del Mediterráneo, y un poco más barato que el de los Fiordos. Aparte de eso, no hay mucho más gasto al ser Todo Incluido. La excursión a San Petersburgo nos salió por 125€ por persona los dos días e incluía las comidas. El barco te cara unos 72€ por persona en concepto de tasas de servicio. Así pues, un total de unos 1300-1400€ en total, que si le sumas algún que otro souvenir o recuerdo, entradas o transporte en las escalas, o si compras en el duty free del barco, se puede ir a unos 1600-1700€. Sólo en Rusia y Suecia no tienen el Euro, y ya os comenté que en San Petersburgo nos llevaron a una tienda que aceptaban nuestra moneda, y en Suecia no hay problema por pagar con tarjeta.

Es un crucero que merece la pena, pero para mí sigue estando por encima el de los Fiordos, sin lugar a duda. ¡Ay, Noruega! He descubierto que Pullmantur hace con el Buque Empress un recorrido por el norte del país (Círculo Polar, Laponia) que se llama Sol de Medianoche. ¿Será el próximo?

Sol de medianoche

Crucero Capitales Bálticas. Etapa VII: Malmö

Y llegamos a la última parada, a Malmö, de nuevo en Suecia. La ciudad se encuentra en la costa sur occidental del país y es el puerto más grande de Suecia en la zona. Está a tiro de piedra de Copenhague gracias al puente de Öresund, una de las mayores estructuras arquitectónicas de Europa, de 8km de longitud y que permite cambiar de ciudad y de país en apenas 15 minutos. De ahí que al llegar a la escala en el crucero te vendan la excursión a la capital danesa. Nosotros como ya habíamos estado en el de los Fiordos, nos centramos en acercarnos al casco histórico y darle un paseo a Malmö.

Al ser la parada final no disponíamos de mucho tiempo. Pullmantur te acerca al aeropuerto, y según el horario de tu vuelo, así te van dando salida. Nuestro bus partía a las 12:45, así que desayunamos, recorrimos el centro, comimos algo, y partimos. Pero aún así, Malmö se ve en dos horas tranquilamente, queda todo bastante recogido. Si contratas la excursión, sales del barco y te dejan en el aeropuerto directamente. En el Rondó Veneciano merecía la pena si acababas en Atenas, pues había que cargar las maletas en el bus. Sin embargo, este año, las maletas las dejabas en la puerta del camarote antes de las 3 de la mañana de la noche anterior, y ellos las facturaban directamente y las recogías en destino, por lo que no era tan imprescindible para los de los últimos vuelos. Los de los primeros ya era otra cosa, puesto que el bus salía a las 10 de la mañana hacia el aeropuerto y ahí no te daba mucho margen de maniobra.

En fin, que nosotros dentro de lo malo, teníamos cierto margen de maniobra. Al bajar del barco había una carpa preparada para los que llegaban a sustituinos a los que nos marchábamos y en dicha carpa había un puesto de turismo con unas chicas que hablaban español y que nos dieron un mapa.

Mapa

Nuestro barco llegó al puerto Kryssninsfartyg y desde ahí nos dirigimos al centro de la ciudad, que es ideal para recorrer a pie. Si buscamos picos llegamos a St Petrikyrkam, la catedral de Malmö. Data del siglo XII y con el tradicional estilo de ladrillo rojo, del estilo de las de Lübeck. En el siglo XV las torres se vinieron abajo, así que en el s. XIX se levantó la que vemos en la actualidad. En su interior se pueden ver pinturas medievales.

Tras la catedral encontramos Stororget, la plaza sobre la que se desarrolla la ciudad. Preside la plaza el ayuntamiento y la residencia del gobernador. En el centro de la misma se levanta una estatua ecuestre de Carlos X Gustavo, quien conquistó la región de Escania a los daneses.

A la derecha del ayuntamiento, en la esquina con Södergatan se encuentra la farmacia más antigua de Suecia, la Apoteket Lejonet, fundada en 1662. Justo al lado de la Farmacia del León, se encuentra la orquesta optimista, varios músicos tocando instrumentos en fila.

A un par de minutos de esta zona hay dos plazas que fueron los tradicionales mercados: Möllevangstorget y Lilla Torg. Esta última tiene mucho encanto, llena de restaurantes, de vida, de ritmo.

Y en la Gustaf Adolfs Torg, otra plaza que enlaza las calles peatonales más comerciales y Lilla Torg, podemos encontrar  la escultura de Grifo

En el recorrido hacia las afueras nos encontramos con el Gamla Kyrkogarden, un cementerio que está abierto cual parque público. No es muy gore, pues no se ven muchas lápidas.

Después dimos un paseo por el parque cruzando al Västra Hammen, la zona moderna, en torno al Turning Torso, el principal rascacielos de la ciudad de 190 metros de alturay 54 pisos diseñado por Calatrava. Son 9 cubos y su rotación desde la base hasta la cúspide es de 90º. En la zona también se encuentra la fortaleza.

Personalmente, no me llamaron mucho la atención, ni la fortaleza, ni la zona nueva. Y finalmente, volvimos al barco… y a casa.

Crucero Capitales Bálticas. Etapa IV: Estocolmo

Recuperando una hora, llegamos a Estocolmo, Suecia. Bueno, realmente no llegamos a Estocolmo, sino a Nynäshamn, que debe ser más barato para atracar el barco. Y de hecho, no atraca, sino que fondea y después hay que coger una de las lanchitas de las narices (se nota que no me gustan, ¿no?). Estocolmo está a una hora en tren de Nynäshamn y la escala era larga, de 9 de la mañana a 19. A priori parece suficiente, pero Estocolmo tiene mucho para ver y se me quedó algo corta.

Nada más bajar de la lancha y pisar tierra, nos encontramos con la oficina de información, donde nos indican los horarios de los trenes a Estocolmo. Para llegar a la estación no hay pérdida, pues la acera está marcada por una línea azul. Sólo hay que seguirla durante unos 15 minutos. Los trenes salen cada media hora (a y 20 y a 50) y la vuelta con la misma frecuencia (a y 04 y a 34). Teniendo en cuenta que dura una hora y seis minutos el trayecto, teníamos como hora tope el de las 17:04 para estar a las 18:10 en Nynäshamn y llegar a tiempo para volver a puerto y tomar una de las lanchas que no fuera la última. Cogimos el tren de las 09:20, que llegaba a las 10:26, así que en realidad teníamos de 10:30 a 17:00 para ver Estocolmo, es decir unas seis horas y media. Ya digo que parece mucho tiempo, pero Estocolmo tiene mucho, mucho que ver.

Estocolmo

El billete, en realidad una tarjeta, se compra en un kiosco al lado del andén. Se trata de una tarjeta de 24 horas y que incluye el transporte de Estocolmo y Nynäshamn, así que nos servirá para ir y volver, y para movernos por Estocolmo. Se puede pagar con tarjeta (no llevábamos coronas suecas) y costaba en su momento al cambio unos 14€.

Estocolmo es la ciudad más grande del país. La moneda es la corona sueca y el idioma es el sueco, aunque dominan a la perfección el inglés, incluso la gente mayor. La ciudad tiene mucho que ver , consta de unas 14 islas unidas entre sí por más de 50 puentes. Nosotros nos centramos en pasear por la ciudad y no entramos a torres, museos o palacios. Sólo había dos museos que nos interesaban a priori: el Museo Vasa y el Skansen.

Museo Vasa. En él se encuentra el buque real Vasa, que se hundió en 1628 nada más salir de tierra. Cuando se deslizaba hacia la bocana del puerto, una repentina ráfaga de viento comenzó a soplar, se escoró y consiguió recuperarse, pero una segunda ráfaga golpeó el costado del barco, lo cual causó que el agua comenzara a entrar por las cañoneras y que el barco se fuera a pique. Fue sacado a flote y restaurado en 1961.

En la estación central de Estocolmo pedimos un mapa y que nos asesoraran sobre la ruta a seguir en el tiempo del que disponíamos, y la seca sueca (chica, si estás en información, sonríe un poco y da algo de información, no sólo un círculo al casco histórico…) nos dijo que tendríamos que priorizar y dejar algo fuera. Ya habíamos visto el de los barcos vikingos que sí navegaron en Oslo, así que decidimos visitar el Skansen en su lugar que parecía más interesante y era más grande.

Es un museo al aire libre bastante peculiar. Se fundó en 1891 y es un pedazo de historia sueca en miniatura. Contiene más de 150 edificaciones histórico-culturales de los siglos XVIII, XIX y XX llevadas desde todos los puntos de Suecia.

Se parece al de Oslo, tiene casas temáticas para ver cómo trabajaban los herreros, panaderos, lecheros, profesores…

Las típicas construcciones, desde iglesias a casas con los tejados de paja o musgo

Y además incorpora un zoo con animales salvajes y domesticados, linces, alces, renos, lobos…

Pero no sólo eso, sino que también tiene atracciones y restaurantes. Es una delicia para familias, de hecho estaba lleno de críos, parejas muy jóvenes con dos o tres críos en unos carros modo profesional. Ser padre en Suecia debe ser otro mundo.

Antes de marchar, es imprescindible asomarse a las vistas

Su entrada cuesta 20€. De nuevo pagamos con tarjeta sin problema.Está muy bien comunicado por tranvía (el 7), no tiene pérdida. Se encuentra en la isla de Djugarden en un entorno muy bucólico y verde.

Tras visitar el museo, de camino a la parada del tranvía, comimos unos bocadillos que nos habíamos hecho en el barco. Nos dirigimos al casco histórico, el Gamla Stan pasando por un par de museos.

Gamla Stan es la ciudad medieval llena de callejuelas y tiendas.

Gamla Stan

Las calles principales son Österlanggatan y Västerlanggatan, peatonales ambas y donde se encuentran la mayoría de las tiendas de recuerdos.

Recorrimos la Plaza Stortoget, donde se decapitaron a más de 80 nobles suecos en 1520. Fue una masacre que siguió a la invasión de Suecia por las fuerzas danesas.

Es el centro neurálgico, una plaza rodeada de casas aristocráticas desde donde salen callejuelas estrechas en todas direcciones. En ella se encuentra el viejo edificio de la Bolsa y la sede de la Academia Sueca.

De ahí fuimos a la plaza del Palacio Real. Se construyó sobre un antiguo castillo medieval del siglo XIII que había sido destrozado por el fuego. Es la residencia oficial del rey de Suecia, aunque una parte está abierta al público y se puede visitar. Hay cambio de guardia a las 12:15, aunque nos llegamos a tiempo. Hay unos cañones de tamaño importante.

Y de ahí, se puede ver el Parlamento.

Esta es una zona de las que más me gustó de la ciudad. Por sus edificios, por lo viva que se veía la ciudad, por las vistas…

De vuelta, tras pasar el Palacio Real se encuentra Storkyrkan,  la catedral donde se han coronado muchos reyes suecos. Dentro de la iglesia se encuentran las famosas estatuas de San Jorge y el Dragón. Es la iglesia más antigua de Estocolmo y la sede de la diócesis. Está construida de ladrillo y sus muros están pintados de amarillo con detalles en blanco. Su estilo original es del gótico del siglo XIII, pero el exterior se remodeló en estilo barroco.

Para finalizar, nos dirigimos hacia el Ayuntamiento. Es uno de los lugares más conocidos y representativos de la parte administrativa de la ciudad.

El banquete del Premio Nobel se celebra en uno de sus salones.  Está dominado por su torre que ofrece una vista panorámica de la ciudad.

Es un buen lugar para sentarse y disfrutar de las vistas.

Y de ahí, volvimos a la estación para volver a Nynäshmn. Una vez en el pueblo quisimos dar un paseo, pero las tiendas habían cerrado a las 6 y no había mucho que ver. Parecía una ciudad de vacaciones. Así que volvimos a la lancha y al barco.

Teníamos por delante un día de navegación y descanso antes de pisar noch einmal tierras alemanas.

Crucero Capitales Bálticas

Pues sí, este año tocó de nuevo crucero. En 2008 fue el Rondó Veneciano y en 2011 Fiordos Noruegos, así que parecía haber un patrón de 3 años que hemos decidido no romper. Y el destino estaba muy claro, nos encanta Europa, nos gusta seguir descubriendo países, y en verano buscamos el buen tiempo, lo que para nosotros viene siendo una temperatura entre los 25 y 30º como mucho.

Así pues, con el destino claro, hacia finales de 2013 comenzamos a mirar catálogos de cruceros para ver qué nos ofrecían las diferentes compañías. Y cuando todo parecía apuntar a Iberocruceros con el ya conocido Gran Mistral por las escalas que tenía (Tallín, Riga, San Petersburgo, Helsinki, Estocolmo y Copenhague, creo recordar), salió el nuevo catálogo de la temporada 2014 y ¡SORPRESA! el buque no se encontraba en la flota de la naviera. Así que de nuevo a revisar el resto de las compañías, comparar las escalas, mirar detenidamente si había algún cambio, comparar fechas y volver a decidir.

Al final la decisión no fue muy complicada, no teníamos muchas opciones, y quitando Pullmantur, el resto de navieras se nos iban de presupuesto o algo fallaba en las escalas. Por lo que volvimos a los orígenes.

Ya os conté aquí los pasos que recomiendo tener en cuenta a la hora de contratar este tipo de viajes, así que no me voy a enrollar mucho más:

1. Teníamos destino,

2. Elegimos compañía,

3. Nos decantamos por el itinerario que finalizaba en Malmö. Esta decisión era quizá la más clara. Esta escala tenía el atractivo de Copenhague a tiro de piedra, pero para nosotros no lo era, puesto que ya la habíamos visto (en medio del naufragio, pero la teníamos reciente). Así que la dejamos como punto final por si no dispusiéramos de muchas horas. Al menos nos quedaría Malmö.

itinerarioSi la hubiéramos tomado como partida, habríamos tenido más tiempo, pero, por contra, correríamos el riesgo de no ver la última, Tallín.

4. Descartamos agosto y queríamos la salida en junio, pero estaba completa, así pues, tuvimos que posponerlo a julio.

5. Lo demás va rodado. Mismo criterio de camarote, TI, primer turno de comida.

6. Preparativos. En este crucero teníamos una peculiaridad que no nos habíamos encontrado con anterioridad: el visado. Habíamos tenido que cambiar moneda en los Fiordos, pero al haber tratado Schengen, con el pasaporte te mueves sin problema, no necesitas contratar excursión para moverte. Sin embargo, Rusia es otro mundo.

Me informé sobre la posibilidad de recorrer San Petersburgo a nuestro aire, pero no es nada sencillo, ni sale económico. Necesitas un visado, pero no es como EEUU que para obtener el ESTA rellenas un formulario en internet, pagas unos $14 y listo. No, para Rusia tienes que pagar unos 70€ y acreditar un lugar de estancia durante tu visita. Algo complicado cuando vas a alojarte en un barco, que no tiene domicilio físico tradicional.

Así pues, a seguir buscando información y todo nos llevaba a descartar la opción por libre. Por lo que nos quedaba centrarnos en contratar una excursión, bien entre las que oferta Pullmantur, bien entre compañías externas. En ambos casos ellos se encargan del visado, no tienes que hacer nada más que pagar el importe de la excursión, te mandan unos pases que enseñas en el control al subir y bajar del barco y listo. Pero esto ya os lo contaré en la escala de San Petersburgo.

Por supuesto, imprescindible el llevar un seguro médico, pues cuando estás en Europa puedes usar la tarjeta sanitaria europea, pero claro, si es fuera de Europa… mejor no arriesgarse.

Si estáis pensando en un crucero para el próximo año, os animo a estar atentos a las próximas entradas.