El escándalo (Bombshell)

El escándalo (Bombshell) lleva a la gran pantalla la historia de la caída del magnate empresarial Roger Alies, quien había fundado Fox News en 1996 como una cadena de noticias abiertamente a favor del Partido Republicano. Su línea editorial se caracterizaba por un periodismo polarizante y pronto se convirtió en el altavoz de la propaganda de derechas logrando calar en un importante segmento de la población y siendo durante años líder de audiencia. Fue Alies quien estuvo detrás de las campañas de Nixon, Reagan, Bush padre e incluso asesoró a Trump para los debates. En julio de 2016 Gretchen Carlson, uno de los rostros de la cadena que había sido recientemente despedida, presentó una demanda de acoso sexual a la que se sumaron más de 20 mujeres del canal y que llevó a Rupert Murdoch, dueño de la cadena, a forzar a Ailes a abandonar la compañía o ser despedido. Finalmente renunció llevándose 40 millónes de dólares en su salida. Un año más tarde murió en su domicilio.

La película se basa en estos hechos reales y arranca con Megyn Kelly, periodista política de la cadena, explicando los entresijos de Fox News. Este inicio tiene cierto toque de documental con la presentadora dirigiéndose a cámara y guiando a través de los platós y las plantas del edificio en que se ubica la cadena. Sin embargo, pronto se pierde este estilo se nos van intercalando las historias de las tres protagonistas. Porque en realidad, aunque todo gira en torno a Ailes, El Escándalo nos ofrece la mirada a través de los ojos y la experiencia de las víctimas.

Megyn Kelly está en la cima de su carrera. Es la cara del principal telenoticias y goza de prestigio. Sin embargo, unos días antes de las elecciones recibe ataques del mismo Trump por haber sido incisiva con él en uno de los debates. Paralelamente conocemos a Kayla Pospisil, una joven periodista que acaba de llegar a la cadena y trata de hacerse un hueco para conseguir salir en pantalla. Este es el único de los tres personajes principales que no es real. No obstante, no es del todo ficticio, sino que está creado a partir de los relatos de otras muchas mujeres que sufrieron abusos del directivo. Con la introducción de este tercer personaje ficticio la cinta pretende resaltar la perpetuidad de los hechos a lo largo del tiempo. También sirve como mecanismo para mostrar los abusos y no tener que recurrir a los flashbacks de las otras dos presentadoras.

Cuando Gretchen Carlson es despedida y sale a la luz la demanda, estas dos mujeres se verán en la tesitura de dar un paso adelante también. Cada una de ellas representa un punto de vista diferente sobre los abusos. Por un lado Carlson es la veterana que ya está harta de todo y no tiene nada que perder; por otro Kelly lo ha dejado atrás y no quiere traerlo al presente y que se interponga en su carrera ahora que está en su mejor momento; y por último Pospisil que aún está asimilando lo que le acaba de pasar.

Tanto Charlize Theron como Nicole Kidman y Margot Robbie están muy bien en sus papeles, sin embargo, a la película le falta algo de profundización para poder empatizar con los personajes. Apenas llegamos a conocerlas. Ni siquiera interactúan entre ellas, tan solo una recriminación sorora de Pospisil a Kelly por no haber hablado antes y prevenir a las nuevas. Es quizás la joven a quien llegamos a conocer un poco más, pero aún así, no llegamos a saber cómo acaban sus historias. La trama, en ocasiones, da la sensación de avanzar muy rápida, como si únicamente quisiera presentar el momento en que estalló el escándalo sin ahondar en los hechos en sí o en los sentimientos de las protagonistas.

No obstante, en conjunto, sí que invita a reflexionar sobre la cultura de acoso sistemático a las mujeres ya sea bajo la petición explícita de favores sexuales, por agresiones físicas o por la exigencia de llevar determinado vestuario convirtiéndolas en mero objeto sexual. Y no solo pone el punto de mira en Ailes, sino que también apunta al entorno. Porque no es un caso de unos pocos, sino una cuestión sistémica en la que son tan responsables el agresor como los compañeros que callan y miran para otro lado. Cayó Royer Ailes, uno de esos hombres que se creían intocables, pero había muchos más cómplices a su alrededor que la cinta hace la vista gorda.

El Escándalo consigue mostrar el ambiente tan terriblemente machista en los medios en general y en Fox en particular, donde para triunfar debías ser una cara bonita (y joven), tener unas buenas piernas y llevar una falda muy corta. Un ambiente en que las mujeres aprenden pronto cómo sortear los comentarios paternalistas o sexuales de los compañeros y jefes. Logra incomodar y despertar la rabia, sobre todo con un personaje tan repulsivo como Roger Ailes, pero no consigue exprimir al máximo la historia real en que se basa.

Nueva serie a la lista “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Serie Terminada: Breaking Bad

Hace escasos días terminamos de ver Breaking Bad. Los 62 capítulos. Y me ha parecido una auténtica pérdida de tiempo. Si la estuviera viendo sola, habría visto los capítulos con el dedo pegado en el FF. O habría dejado de verla en el capítulo dos directamente.

Me la habían recomendado por activa y por pasiva, había leído críticas alabándola, ha sido reconocida con numerosos galardones, hasta Stephen King la ha llamado “la mejor serie de televisión de la historia”. Pero a mí me ha resultado infumable el dramón de Walter White y sus despropósitos.

Pongámonos en antecedentes. Para quien no lo sepa, la serie trata sobre un profesor de química de instituto, padre de un adolescente con parálisis cerebral y cuya mujer está embarazada, al que le diagnostican un cáncer pulmonar terminal. Ya sabemos cómo es la sanidad en EEUU y que cualquier visita al médico es prohibitiva; así que Walter echa números y ve que es imposible que su familia siga adelante con los ingresos de sus sueldos de sus dos trabajos (de docente y de su turno de tarde en el lavadero de coches) con todo lo que se le viene encima. Para garantizarles el futuro se asocia con Jesse Pinkman, un antiguo alumno que se mueve en el mundo de las drogas, para cocinar metanfetamina.

Hay quien la define como obra maestra con un argumento arriesgado. Bueno, el piloto no pintaba mal, tenía algún momento cómico dentro del drama gracias a situaciones surrealistas, pero a medida que avanzaban los capítulos yo creía estar viendo un telefilm de Antena3 de sábado por la tarde con esas tragedias familiares, desastres medioambientales, asesinos, secuestros y desapariciones. Bueno, incluso en las soporíferas películas de siesta hay más acción. Breaking Bad es lenta. Mucho. Sí, ya, me he cansado de oír que si la estructura narrativa, el simbolismo, las referencias… Me aburre.

Me da la sensación de que quisieron hacer un Fargo. Guarda un par de similitudes: por un lado, en el protagonista antihéroe, buen marido, buen empleado, que no levanta la voz, no se queja y aguanta todo. Por otro, en la estructura narrativa, en los silencios, en el simbolismo, en los detalles. Sin embargo, las diferencias es lo que hace que Breaking Bad me parezca un “quiero y no puedo”. En primer lugar, intenta tener humor negro, que el espectador se ría de las desgracias de White, de los acontecimientos surrealistas; pero se queda en dramón. Además, la lentitud y los silencios no provocan ni tensión ni gracia como sí ocurre en Fargo.

Después de ver las dos primeras temporadas estaba convencida de que la serie no tenía remedio. Sin embargo, llegamos al 3×05 y dije “venga, ahora parece que viene la acción, ahora sí que sí, ahora vamos a hablar del negocio, del narcotráfico, del trapicheo…”. Y unos días más tarde llegamos al 3×10, casi una hora de capítulo en el que todo gira en torno a una dichosa mosca que ha entrado en el laboratorio y que amenaza con contaminar el escenario. Un episodio que podría arrancar una sonrisa con la pugna de White por eliminarla, se convierte en tedio.

Y a partir de ahí, todo es declive (si es que alguna vez ha habido un punto álgido), que si pugnas por quién mata a quién, que si la DEA está demasiado cerca… Todo muy irreal, que ya no es que sea surrealista, es que no hay quién se lo crea. Y cuando terminas el último capítulo de la cuarta temporada en el que podría haber acabado todo con un cierre digno, aún te quedan 16 capítulos más de despropósito. Todo para nada, los acontecimientos se desarrollan precipitadamente hacia el final arrasando con todo y todos.

En cuanto a los personajes, interpretación actoral aparte, he de decir que no me resultan atractivos. Y ya no entro en una belleza física, sino en una atracción hacia lo que me está contando. Supongo que es otra vez lo mismo: me aburren. Han querido partir de la idea de un tío normal y al final más que normal, es insulso.

Sí, reconozco que Walter White sufre una transformación. El acercamiento al mundo de las drogas le vuelve despiadado, frío, calculador y sin escrúpulos pasando de ser el perseguido a perseguir. Sin embargo, al final de la serie vuelve a ser el desgraciado original, no queda nada de ese temido Heisenberg que apareció en un par de capítulos, sino que volvemos a un cobarde que no ha conseguido ninguno de sus propósitos (ni la solvencia económica para su familia – aunque parece que les deja una especie de paga por medio de sus exsocios – ni liderar el negocio de la meta).

También hay evolución en Skyler, la inocente esposa, que en determinado momento de la serie decide dejar de ser mera espectadora y tomar las riendas, llegando a plantar cara al dueño del lavadero de coches y a su marido. Incluso poniendo en su sitio a su antiguo jefe y amante para que no le salpique un caso de desfalco. Sin embargo, al final se vuelve a desdibujar e involuciona. Se cierra en sí misma lamentándose por las esquinas. No me lo creo. Si hemos visto que se pone el mundo por montera a mediados de la serie y que se encarga de poner orden en el manejo del dinero que entra y en tener controlado a Ted, no me convence ese derrumbamiento, esa apatía.

Por otro lado, su hermana es un personaje que me resulta cansino. Supongo que está porque de alguna manera había que meter a Hank, el agente de la DEA. El máximo esplendor del cuñadismo. Es el típico machote prepotente, siempre alardeando. Las conversaciones entre Walt y Hank suelen ser un “a ver quién mea más lejos”. Cada uno intenta imponer su punto de vista a toda costa y por supuesto nunca dando la razón al otro. White juega al ratón y al gato con su cuñado, intentando que no le descubra, pero a la vez cuando cree que es otro el autor de la famosa meta azul, el químico se siente ofendido y le intenta reconducir. Ese orgullo cuñadil.

Y si la relación de los cuñados es una continua competición, la de Walter y Jessie es de amor-odio. Ni contigo, ni sin ti. Tan pronto se lían a palos, como suplican a un tercero que no mate a su querido socio. Se protegen y se necesitan. También es un personaje con su evolución de drogadicto a ex-adicto. Tiene un punto protector hacia los niños y en las últimas temporadas queda algo apartado como segunda mano de Mike… Aunque en el fondo es el típico que siempre la lía. Y White al final se cansa y ordena su muerte… Pero vuelve a por él a liberarle poniendo en riesgo su propia vida.

Y es que otra cosa no, pero muertes, hay bastantes a lo largo de los 62 capítulos. Muchas de ellas de risa. No, no de risa en el buen sentido, sino de lamentable. Los “malos” (entendiéndolo como los enemigos de los protagonistas, no desde el punto de vista bien-mal) son malos hasta dejándose capturar. Tanto con el señor de los pollos que si no me mates, que si te lo ruego, que si apiádate de mí… Para luego quitárselo de encima con una bomba casera adosada a la silla de ruedas de un anciano moribundo y mudo.

Por supuesto no me olvido del famoso abogado Saul Goodman, que hasta se le ha dado un spin-off. Pues ya os lo digo, a mí que no me esperen.

En definitiva, una serie que pintaba interesante, con un personaje que se encuentra ante un bofetón de realidad y que se mete de lleno en un mundo desconocido y peligroso para asegurarle un futuro a su familia cuando él ya no esté y que se convierte en un dramón familiar de sobremesa con algún detalle del turbio negocio de las drogas. No la recomiendo.