Japón por libre XXXI: Día 17. Los Cinco Lagos y Odawara

La región de los Cinco Lagos se encuentra en la zona norte de la base del Monte Fuji.  Tras las últimas erupciones, la lava embalsó los ríos y de ahí surgieron los lagos. Se considera una zona turística por la belleza de la zona y porque es la famosa vista del Fuji. Los lagos son el Kawaguchi, Motosu, Sai, Shoji y Yamanaka. El más famoso de ellos es el primero.

La idea era ir a verlos, al menos un par de ellos, aprovechando el Hakone Free Pass que era de dos días. Así que, habría que hacer como el día anterior. Es decir, el Shinkansen hasta Odawara, allí el tren hasta Yumoto y el funicular hasta Gora. Una vez allí, tomar un bus hasta Gotemba, y otro de la compañía Fujikyu. Sin embargo, cuando llegamos a Gora, el bus que nos tendría que llevar a Gotemba sólo tenía un horario por la mañana y el siguiente era a las 5 de la tarde.

Así que, pérdida de tiempo. Dimos un paseo por la zona para hacer tiempo, y cogimos de nuevo el funicular de vuelta. Aprovechamos para dar un paseo por Odawarta, por no dar por perdido el día del todo.

Odawara es una ciudad sencilla y rápido de ver, nada que ver con las ciudades turísticas. Lo mas importante es su Castillo Medieval. Data de la época Edo y forma parte de los mas de veinte castillos medievales que quedan en Japón.

Está a unos diez minutos de la estación y había bastante movimiento en la zona. En los alrededores del castillo había varios grupos de chavales haciendo representaciones teatrales disfrazados. Y cómo no, gente disfrutando del Hanami.

Me sorprendió que en el parque que rodea el castillo hubiera una jaula con monos ( o primos hermanos)

El castillo está en una colina, con lo que era un importante lugar para defenderse. Estaba rodeado por fosos, murallas y acantilados, lo que le permitió repeler ataques de sus enemigos.

Hubo guerra de clanes y pasó por diferentes familias. Fue destruido en la etapa Meiji, y reconstruido posteriormente en 1960. Hoy en día es un museo.

En los alrededores del castillo, en el parque, podemos encontrar un Santuario, el Hotoku Ninomiya. Es pequeño, pero está en una zona muy frondosa y tranquila.

Aunque no entramos en el castillo, la verdad es que hay mucho que ver en su parque, hasta había atracciones y un montón de familias con los críos disfrutando del entorno.

Pero poco más hicimos, vimos el castillo por fuera, el santuario, paseamos por el parque y compramos la comida para aprovechar en el Shinkansen.

La conclusión que saco de esta salida de dos días es que quizá merece la pena buscarse una excursión con guía, o, al menos, intentar hacer noche en Hakone y moverse de ahí al día siguiente a la zona de los Cinco Lagos. A mí me gustó la ruta en transporte para ver la zona de Hakone. La experiencia con el tren por el valle, el funicular, los teleféricos, los huevos, el barco… pero sí que es cierto que pasas más tiempo en cada uno de los transportes (o haciendo cola) que en poder sentarte a disfrutar de las vistas o hacer alguna rutilla. Desde luego, el segundo día fue un auténtico fiasco. Eso sí, el Hakone Free Pass merece la pena aunque sólo sea para un día.

Para intentar remontar, una vez en Tokio nos fuimos a ver la Torre de Tokio de noche. Subimos a la planta de souvenirs e hicimos algunas compras.

Y de vuelta al hotel.