Trucos viajeros: Accesorios

En otras ocasiones ya he comentado que con el tiempo he ido reduciendo mi equipaje. De hecho, por eso cada vez usamos más mochila que maleta. Sin embargo, aunque sí que soy capaz de ajustar cada vez más en cuanto a la ropa y no llevar los famosos porsiacasos, por el contrario hay otras áreas que cada vez crecen más. Como por ejemplo ocurre con la electrónica y los accesorios.

En un primer bulto solemos llevar ropa, calzado, neceser, un pequeño botiquín, kit de costura y ese tipo de cosas, pero en el segundo, que siempre va con nosotros, no pueden fallar una serie de imprescindibles:

Documentación: Esto sin duda es lo más importante, ya que es lo que va a permitir que podamos viajar. Suelo llevar una carpeta de plástico de tamaño cuartilla en la que van los pasaportes, una libreta y un boli (importante cuando tienes que rellenar el papelito de aduanas), el seguro, visado en caso de que sea necesario y el itinerario o billetes de avión. Además, en el monedero no pueden faltar las tarjetas de débito/prepago y al menos una de crédito, la tarjeta sanitaria europea (si corresponde) y el carnet de conducir (a veces se requiere el internacional).

Móvil: Sin duda hoy en día ya no es que sea imprescindible para viajar, sino en nuestro día a día. No solo es teléfono sino cámara, GPS, linterna, despertador, calculadora, y además nos da acceso a internet y por tanto a múltiples apps que nos facilitan la vida (algunas funcionan offline) como traductor, pronóstico del tiempo o cambio de divisa entre muchas otras.

Tras la eliminación del Roaming en Europa lo tenemos más fácil para poder navegar en el extranjero, pero para cuando no hay, además valoraríamos llevar una SIM local.

Batería externa: Dado que seguramente estemos todo el día de acá para allá y tirando de mapas, cámara y demás aplicaciones, llevar una batería externa es otro de nuestros imprescindibles. Hace años nos compramos una normalita, pero como los móviles van exigiendo cada vez más carga y además rápida, nos hicimos con una segunda mucho más potente (22.400mAh). Eso sí, también pesa más.

Es recomendable que sea mínimo de 10.000mAh y que tenga varios puertos usb tanto para cargarla como para alimentar a varios dispositivos a la vez. La potencia también es importante. Lo suyo es que de salida fuera mínimo de 5V 2.4A.

Cables usb: Antes los móviles venían con un cargador completo, hoy sin embargo, según el modelo, puede que traiga un cargador en dos (cabeza y cable) o únicamente el cable. Obviamente lo vamos a necesitar para cargar nuestro dispositivo, por lo que no nos puede faltar en nuestro equipaje. Eso sí, me gusta llevarlos de al menos un metro, porque no siempre sabes lo cerca que vas a tener el enchufe.

Cargador puertos usb: El blanco sobre estas líneas es perfecto para cargar varios dispositivos a la vez, o uno que necesite varios puertos, como la batería. Es compacto y su potencia es de XX.

Adaptador de corriente universal: Tremendamente importante. Ya no solo por el adaptador en sí, sino porque el nuestro incorpora también un par de puertos usb, por lo que podemos cargar 3 objetos a la vez. Perfecto para la noche, o para un vuelo largo. Cuenta con las configuraciones de enchufes más comunes, por lo que se puede usar tanto en Reino Unido (tipo G) como en EEUU, Japón o Australia (tipo I). En la Europa continental predomina el C (Francia usa el E, que tiene un pitorro que sobresale), por lo que no suele haber problema, y con llevar el anterior tendríamos suficiente.

Para llevar todos los cables, cargadores y accesorios localizados, recogidos y organizados, compramos hace poco una especie de maletín con compartimentos.

En la parte que sirve de tapa lleva unas gomas donde se pueden enganchar auriculares, cables y ese tipo de objetos; mientras que en la parte más grande podemos distribuir el espacio al gusto gracias a unos separadores acolchados con velcro en sus extremos. Muy pero que muy práctico.

Ordenador: antes no pensaba que fuera necesario, pero al hacer tantas fotos, acaba siendo uno de los imprescindibles para hacer copias de seguridad, sobre todo en viajes largos. No se vino con nosotros ni a Balcanes, ni a Marruecos ni a Berlín, por ejemplo, porque era añadir un peso innecesario.

En ocasiones también llevo conmigo un disco duro externo de 2.5″ para hacer copias de seguridad, sin embargo, últimamente tiendo a subirlas a la nube. Ahorramos espacio, reducimos peso y evitamos posibles daños por el movimiento.

Cámara de fotos y accesorios: Antes nos llevábamos la cámara compacta con sus tarjetas y baterías, quizá el trípode moldeable y poco más. Ahora llevamos la Nikon D5300 con sus tarjetas, cargador y batería, el zoom 18-55 (de momento el 50mm no le he dado mucho uso), los filtros, el trípode pequeño, el trípode grande y según la ocasión, la funda estanca.

También llevamos el palo selfie, práctico para cuando no tienes a nadie que te haga una foto o no te apetece andar montando el trípode. Fácil y rápido.

Entretenimiento: No puede faltar en mi bolso o mochila de mano el kindle (larga vida desde 2012), música y auriculares, sobre todo para viajes largos en los que de vez en cuando apetece sentarse a descansar y leer un rato. También para largos trayectos en bus, tren o avión, claro.

Aislamiento: También puede ocurrir que queramos echar una cabezadita en estos viajes largos, sobre todo si viajamos en dirección este. Sin embargo, no siempre es fácil dormir en un asiento estrecho, con ruido y luz. Por eso conviene llevar a mano tapones, antifaz y almohada.

Un nuevo descubrimiento es la Almohada Trtl, mucho más ergonómica que las típicas con forma de U. Consta de una parte dura que sujeta la cabeza y una segunda parte que se enrolla en el cuello a modo de bufanda, pesa apenas 140g y su funda es lavable.

Seguridad: Generalmente forramos con film transparente las maletas, para que no se dañe con los roces y golpes en su transporte, pero además, para nuestro último viaje a EEUU compramos un par de candados TSA. Este tipo de candados que a priori no tienen mucha historia (un candado con código sin más) están homologados por la Transportation Security Administration, por lo que si quieren comprobar tu equipaje no te destrozarán el cierre, ya que tienen una clave maestra.

Añadir la correa una vez que ya lleva el candado no tiene mucho sentido, pero sí cuando la maleta va un poco llena y te interesa que quede bien compacta, o para identificarla, si es muy del montón.

Otros accesorios: Además, no puedo viajar sin una mochila o bolso más pequeño. Es decir, por un lado está el equipaje, pero luego para el día a día conviene llevar algo más ligero donde llevar una botella de agua, algo de picoteo, la funda de la cámara de fotos, la documentación, dinero, llaves, un pequeño neceser para un aseo rápido, bolsas de tela por si haces alguna compra…

Así listado parece mucho, pero en realidad se trata de objetos que llevaríamos en nuestro día a día como documentación, dinero, móvil… solo que añadiendo ordenador, cámara de fotos y cables. En realidad todo cabe en una mochila de 30L, que como digo, va siempre con nosotros bien localizada.

Trucos viajeros: Elegir Mochila

Nuestro tipo de viaje suele ser bastante itinerante tomando buses, trenes, metro, moviéndonos por las ciudades o la naturaleza y por eso cada vez usamos más la mochila. En los últimos 8 viajes solo hemos llevado maleta al crucero y al Road Trip. En el primer caso elegimos esta opción por el tipo de prendas que íbamos a llevar, que necesitaba de mejor espacio para no arrugarse, mientras que en el segundo porque necesitábamos más espacio para la ropa de 15 días y lo que pudiéramos comprar. Además, en este último la maleta nos daba una mejor accesibilidad a la ropa cuando cambiábamos cada 2-3 días de alojamiento.

Otro motivo es que en ambos casos apenas tendríamos que cargar con el equipaje (prácticamente solo el día de llegada y el de vuelta).

Pero en el resto de viajes (los otros seis) bien por el destino, por la movilidad, por ahorrar la facturación o porque la duración era inferior a una semana, hemos recurrido a la mochila. O mochilas, pues tenemos varias de diferentes tamaños y calidades (con el tiempo vas descubriendo qué es lo que te va mejor=. Las dos principales que sirven para ver los pros y los contras son una de 30L y otra de 50L, ambas de decathlon que ya están descatalogadas, pues tienen cerca de 20 años. Aunque ahí resisten como el primer día.

La que más amortizada está es esta de 30L. Es una mochila sencilla pero muy completa. Tiene un tamaño que hace que sirva tanto para el día a día como para una ruta de treking o como equipaje de mano para una escapada de unos días.

No tiene muchos bolsillos, pero tiene uno interior que ocupa toda la parte trasera y que viene muy bien para guardar documentos (o el portátil). En su parte exterior, en el frontal, hay otro bolsillo más accesible gracias a una cremallera vertical. Es práctico, pero lógicamente esta accesibilidad lo hace poco seguro. En cualquier caso es útil para llevar otros objetos de menor valor pero que necesitaremos en el viaje (pañuelos, auriculares de repuesto, un boli, bolsas de tela…). Además, cuenta con una salida para los cables de los auriculares (de la época en que se llevaba el reproductor de música dentro de la mochila), dos bolsillos laterales enrejados, una goma para sujetar una botella y un gancho muy práctico para que cuando te cuelgas una bolsa al hombro no se escurra.

La tela es resistente (lleva mucha tralla a sus espaldas y ahí sigue) y cuenta con una funda impermeable que se pliega en la parte baja de la mochila y que nos ha salvado el día en más de una ocasión (sin ir más lejos Utrecht o Génova).

La espalda está acolchada y tiene un sistema de transpiración, importante cuando la vas a llevar mucho tiempo encima. También están reforzadas las tiras y el cinturón, que además lleva unos bolsillitos en los que no cabe mucho, pero que tampoco vienen mal.

En definitiva, sus características la convierten en una mochila bastante completa. Aún así, a mí me viene algo grande, sobre todo porque es unisex y no se ajusta a mi anatomía correctamente. Para una postura correcta el cinturón debería quedar en la cadera, no dejando que la mochila caiga más de esa posición. Sin embargo, si me la ajusto así, me sobresale del cuello. En cambio, para alguien de más de 1.65 sí que se adapta bien. En mochilas más grandes sí que hay variedad anatómica y se pueden encontrar mochilas de hombre y mochilas de mujer. Estas últimas por ejemplo suelen tener una espalda más estrecha y corta, un cinturón que se adapta a las caderas y unas cintas superiores que tienen en cuenta el pecho. No obstante, pese a lo que diga la teoría, como cada persona es diferente, lo mejor es probarse varias para saber cuál se nos adapta mejor a nuestra fisionomía y a nuestro uso.

Otra consideración a tener en cuenta es la recomendación de que el peso total de la carga de la mochila no supere el 15-20% del peso corporal. Así, para mujeres lo óptimo sería oscilar entre 45 y 60L y en el de los hombres de 60 a 80 L. En mi caso, en mis días de acampada, me compré una de 50L, algo en teoría dentro del rango. Sin embargo, hoy, si tuviera que comprarme otra, no pasaría de los 40-45, porque esta resulta enorme. Al menos cuando no llevo el saco, claro, pues mi saco de -10º ocupa bastante.

Esta segunda mochila la usamos cuando nos vamos de interrail (o similar) y vamos a estar moviéndonos bastante. Es decir, cuando sabemos que empezaremos el día en una ciudad y acabaremos en otra, y que por tanto tenemos que llevar con nosotros nuestras pertenencias. Resulta muy práctica pues nos sirve para la ropa, el calzado y los productos de higiene de dos personas para una semana dejando la de 30L para la electrónica y documentación.

El material de la mochila es resistente, con sus costuras reforzadas y sus cremalleras fuertes. Aunque no tiene la funda impermeable, me gusta de esta mochila que se abre tanto por arriba como por abajo. La parte inferior parece estar indicada para meter el saco de dormir, pero es muy práctica también para meter las botas y la ropa sucia. En su interior, hay una separación mediante un trozo de tela con un agujero y un cordón que lo cierra, con lo que se puede guardar el equipaje considerándolo como dos partes o como una única.

Además, una cosa que me gusta mucho de esta mochila es que tiene una cremallera principal con forma de U invertida, por lo que se puede abrir casi por completo y permite ver su interior. Así, es fácil localizar lo que se está buscando. En sus laterales tiene redes muy útiles para guardar una botella o el paraguas y en la parte frontal una goma entrelazada que la verdad es que creo que hemos usado poco.

La espalda, el cinturón y las tiras están acolchadas, sin embargo no transpira mucho. Cuenta también con bolsillos en el cinturón y mejor aún, en los laterales del cuerpo. Son enormes y resultan muy útiles para guardar el botiquín o la bolsa de aseo con los botes de pie. Cuando estás en continuo movimiento, necesitas acceso a las cosas que usas todos los días, y sin duda, poder tener los productos de higiene a mano, es un plus. Además, así no se mezclan con la ropa y si hay un accidente, no acaba todo perdido.

En la parte superior, en la tapa, tiene además otro bolsillo bastante grande, que viene bien para aquellos objetos que queremos tener a mano pero no demasiado a la vista. Además, se le puede enganchar un aislante gracias a las cintas.

Esta mochila permite repartir el peso gracias a su distribución. Así, guardando el calzado en la parte inferior para que quede estabilizada, encima podemos colocar la ropa de mayor peso (generalmente los pantalones y sudaderas) para que quede lo más cerca posible de nuestro centro de gravedad. Sobre esto ya iría lo demás (camisetas y ropa interior). Los bolsillos quedarían para aquello que se va a usar más, ya que además de tener en cuenta la distribución del peso para que su transporte sea lo más cómodo posible, no nos podemos olvidar de nuestras necesidades.

Y por eso, aunque hay consideraciones básicas como las calidades, lo mejor es comparar varias mochilas, simular cómo nos encontramos con ellas a nuestra espalda y valorar cuál es la que mejor se ajusta a nuestra forma de viajar. No es un proceso fácil, pero mejor dedicarle tiempo antes de comprar la primera que veamos y luego arrepentirnos.

Trucos viajeros: ¿Viajar con mochila o maleta?

Hace años asociaba la mochila con el interrail o ir de camping. Para todo lo demás, maleta. Sin embargo, con el tiempo y los viajes, la percepción ha variado y cada vez soy más de mochila. Aunque lógicamente sigue habiendo situaciones y situaciones. Como todo, tanto una opción como otra tienen sus ventajas e inconvenientes.

Ventajas de viajar con mochila:

Comodidad y facilidad de movimiento: A priori no puede parecerlo porque hay que cargar con ella, pero se adapta al cuerpo y el peso queda repartido. Además, hay en muchos destinos en los que es más fácil moverse con mochila en la espalda que arrastrando una maleta de ruedas. Por ejemplo, da más libertad de movimiento ante escaleras, cuestas empinadas o terrenos desiguales como calles empedradas. Es más fácil correr para no perder un tren o un bus con una mochila a cuestas que tirando de una maleta mientras intentas no atropellar a nadie. Y además deja las manos libres.

Ligereza: No solo las mochilas pesan menos, sino que como hay que cargarla (desde el punto de vista de la salud se recomienda que no supere el 15-20% del peso corporal), somos un poco más selectivos a la hora de llenarla. No hay espacio para los porsiacasos. Aunque hay que reconocer que este aspecto también es algo que tiene mucho que ver con la práctica.

Se puede evitar la facturación: Se puede viajar con una mochila como equipaje de mano si se sabe empacar bien. Sí, sí, cabe más de lo que parece. De esta moda se elimina el factor riesgo de que te pierdan el equipaje, pues va contigo. Volviendo de Bombay a Mahé con Air Seychelles aprendimos que la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta. Los dos que llevaban una maleta de cabina además de su objeto personal, tuvieron que facturarla.

Flexibilidad: Como suelen ser de tela, son más fáciles de adaptar bajo un asiento, en un compartimento superior o en una taquilla. De hecho, en ocasiones, cuando el vuelo va muy lleno, suelen dejar pasar primero a los que llevan mochila porque como la pueden meter debajo del asiento delantero, no obstaculizan el pasillo ni llenan los compartimentos superiores. Nos pasó en la ida a Riga.

Para los que no llegamos a los maleteros de los aviones es además una ventaja, pues te evitas tener que pedir ayuda para subir el equipaje y, mejor aún, para bajarlo, que sale todo el mundo por patas.

Adaptabilidad: No solo se adapta al cuerpo, sino que lo hace a las necesidades. Una mochila se puede compactar más si va más vacía o extender si va más llena. Además, como suele llevar compartimentos y bolsillos, amplía la capacidad.

Sencillas de reparar: Dado que suelen ser de tela, si tiene un enganchón o un roto se puede solucionar con un parche. De la misma manera, tanto las cremalleras como los amarres pueden ser sustituidos. Aunque esto último quizá no podamos hacerlo nosotros mismos y haya que llevárselo a alguna costurera o servicio de reparación. Pero en cualquier caso, tiene una solución sencilla.

Desventajas de viajar con mochila:

No son para todo el mundo: Por ejemplo, no son recomendables para personas con dolencias de espalda.

Tampoco para todo tipo de viajes: Depende del contenido del equipaje y del tipo de prendas que necesitemos para el viaje (por ejemplo de negocios o en que se requiera llevar traje/vestidos).

Protección: Al ser flexibles el contenido puede verse dañado al no ir igual de protegido.

Accesibilidad: Si solo tienen cremallera superior, es más incómoda a la hora de buscar lo que necesitamos. Aunque esto se puede solucionar con una mejor planificación poniendo abajo del todo lo de menos uso y arriba lo más frecuente. Pero no siempre es posible porque ha de primar el equilibrio del peso.

Compra: Una buena mochila no se encuentra en cualquier sitio, sino que hay que buscar en una tienda un poco especializada.

Ventajas de viajar con maleta:

Facilidad de empaque: Al ver el espacio de un solo vistazo, es más sencillo empacar. Meter y cerrar.

Interior maleta

Protección: al ser más duras y constar de una estructura más sólida, el interior queda mejor protegido.

Menos arrugas: Aunque ya está muy extendida la costumbre de enrollar la ropa para aprovechar mejor el espacio, hay prendas como una americana o un vestido que necesitan ir estiradas. En este caso, la mejor opción es la maleta.

Se puede arrastrar/empujar: No hay que llevar nada encima, sino que se puede arrastrar. En caso de que además las ruedas giren 360º (recomendable), se pueden empujar, que es mucho más cómodo.

Maleta Blanca

Accesible: Al igual que a la hora de empacar, abriéndola se tiene todo a la vista y se encuentra mejor lo que se busca.

Precio y disponibilidad: Son fáciles de encontrar y hay ofertas incluso en los supermercados.

Desventajas de viajar con maleta:

Peso: Como llevan estructura ya de por sí, vacías, pueden llegar a pesar un par de kilos. A nada que la cargues, te plantas fácilmente en los 15-20. Y como además no se llevan encima, acabamos echando más de lo que necesitamos.

Movimiento limitado: Resulta incómodo moverse con una maleta por un territorio irregular como calles empedradas, con arena o barro, o subirla a pulso al tren… Además de que obliga a llevar al menos una mano ocupada.

Complicadas de reparar: Si sufren un golpe y se parte una rueda, o no funciona el asa extraíble prácticamente tendrás que buscar una nueva porque será una odisea moverse con ella.

Dimensiones fijas: el hecho de ser de un material rígido hace que no siempre entren en un compartimento o taquilla (o los cajones de prueba de las aerolíneas). Por muy vacía que vaya, sus dimensiones son las que son.

Hay un término medio que es el de las mochilas de ruedas, algo similar a las escolares, pero en formato viaje. Se pueden tanto arrastrar como llevar a la espalda. Aunque realmente este último uso queda limitado a momentos puntuales, ya que al llevar la estructura acaba haciendo daño. Además, no son ergonómicas y no están optimizadas para que el peso quede repartido y se pueda cerrar bien en torno al pecho y cintura. Yo no les veo mucho sentido. Y me quedaría con maleta o mochila según la ocasión.

La elección entre una opción u otra es algo muy personal y depende de cómo cada uno se sienta cómodo. Pero aún así, lo ideal sería elegir una maleta cuando los traslados van a ser sencillos (tanto por las infraestructuras o el medio de transporte como por el entorno), cuando se necesita llevar un equipaje especial (negocios o eventos con cierta etiqueta) o cuando no se puede o quiere cargar peso en la espalda. La mochila por su parte es perfecta cuando el viaje está abierto a la improvisación, cuando se viaja en transporte local con bastantes desplazamientos (buses, trenes, tuk-tuks…) o cuando se está en continuo movimiento no regresando a un alojamiento fijo y conviene llevar el equipaje a cuestas. Pero sobre todo, hay que olvidar los prejuicios y abrir la mente.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Interrail (o viajar en tren)

Aunque este último viaje no ha sido realmente un Interrail, en realidad bebe de su esencia. De echarse la mochila a la espalda y recorrer Europa. Pero empecemos por el principio, ¿Qué es el Interrail?

Se trata de un billete que funciona a modo de abono y que permite viajar en tren por un país o varios de Europa durante un período de tiempo determinado (en los ferrocarriles nacionales, no en las compañías privadas). Nació en 1972 para incentivar el movimiento de los jóvenes menores de 21 años por el continente y a lo largo de sus casi 50 años de historia ha ido sufriendo modificaciones. Por ejemplo, ya no es solo para jóvenes, ni tampoco para europeos, sino que está abierta a cualquier ciudadano independientemente de su edad o nacionalidad. El requisito es contar con pasaporte de cualquiera de los países participantes en el Interrail, además de Albania, Andorra, Bielorrusia, Chipre, Estonia, Islas Feroe, Gibraltar, Islandia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Malta, Moldavia, Mónaco, Rusia, San Marino o Ucrania; O justificando una residencia mínima de seis meses en cualquiera de los países que forman parte de la oferta. Para el caso de quienes vivan en otro continente o no lleguen a ese mínimo de tiempo residiendo en alguno de los países, pueden elegir la modalidad Eurorail.

El Interrail también ha cambiado en cuanto a su estructura, ya que antes se dividía por zonas: Mediterránea, Norte, Centroeuropa, Europa del Este… y en la actualidad va en función del país y duración del viaje. Así, hoy en día hay dos tipos de billetes:

Si queremos viajar a dos países, lo más seguro es que salga rentable comprar dos One Country, pero siempre hay que echar cuentas para ver a partir de qué momento compensa decantarse por el Global. Aunque también existen algunos pases singulares como el Interrail Premium Pass (disponible para viajar por Italia y por España en la opción de hasta 8 días en un mes y que permite la reserva anticipada de asientos de forma gratuita) o el de Benelux, que no incluye un país, sino tres.

Y aquí ocurre algo interesante, porque aunque el de Benelux también existe en Eurail, en esta opción de billete para no europeos existe también el combinado de Escandinavia (Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) con el que puedes visitar cuatro países por el precio de uno (aunque las conexiones ferroviarias en Noruega son como son).

Pero no solo eso, sino que hay una opción muy interesante que es la del Eurail Select Pass, en el cual se pueden elegir hasta tres países limítrofes. Así se podría jugar con diferentes combinaciones como Alemania-Italia-Suiza, Austria-Alemania-Italia, Austria-Alemania-Suiza, Austria-República Checa-Alemania, Austria-República Checa-Hungría, Benelux – República Checa – Alemania, República Checa-Francia-Alemania, Francia – Benelux – Italia… Además, en la web RailEurope se puede encontrar el Balkan FlexiPass, el European East Pass (que lo compramos para Capitales Imperiales en 2015 siendo europeos, y es que solo ponía que no servía para los residentes en los países que incluía ) o el Central Europe Triangle Pass.

Eso sí, cabe señalar que Eurail no tiene One Country Passes para Serbia, Suiza ni Turquía además de Bosnia y Montenegro.

Una vez que hemos decidido el tipo de billete, tenemos que escoger la duración:

En el caso del One Country se puede elegir entre 3, 4, 6 u 8 días de viaje en tren dentro del plazo de un mes. En cada día elegido se pueden realizar viajes ilimitados. Sin embargo, si elegimos el Global Pass, tenemos bastantes más opciones:

  • 3, 5 o 7 días en un mes (consecutivos o no)
  • 10 o 15 días en dos meses (consecutivos o no)
  • 15 o 22 días (continuos)
  • Un mes, dos o tres meses (consecutivos o no)

En este paso hay que hacerse alguna pregunta como ¿Cuántos días me voy a mover en realidad? ¿Cuánto cuestan los billetes individuales? Porque puede ocurrir que salgan más rentables que el Interrail. O que si nos vamos a mover 6 veces, interese comprar el de 5 días y pagar aparte el más barato de los trayectos.

En cualquier caso, es muy importante escribir la fecha del día que se viaja antes de montar el tren. Esto es lo que valida el billete y que comprobará el revisor.

Ojo: Un día de viaje empieza a las 00:01h y termina a las 00:00h.

Para finalizar hay un par de aspectos más que influyen en el precio: la edad y la clase.

Según la edad hay tarifa:

  • Infantil: de 4 a 11 años. Los niños menores de 4 años viajan gratis si van acompañados de adultos (que lo lógico es que no viajen solos…).
  • Joven: menos de 25 años
  • Adulto: A partir de 26
  • Adulto mayor: A partir de 60

Y según la clase:

  • 1ª clase: Con más servicios (por ejemplo acceso a salas VIP de las estaciones), mayor comodidad (vagones menos llenos, más espacio para piernas y equipajes, asientos ergonómicos) y, por supuesto, más cara.
  • 2ª clase: la más económica y frecuente. Y en la mayoría de los casos suficiente, pues los trenes de Europa en general son cómodos y modernos (sobre todo en Centroeuropa).

El número es claramente visible en en tren a la hora de subir.

Normalmente todos los trenes “normales” están incluidos en el Interrail, pero hay algunos casos en los que no. Sin embargo, en ocasiones se puede pagar un suplemento y saldría más barato que comprar el billete individualmente. El billete de Interrail además ofrece descuento en otros tipos de transportes, como el ferry y accesos a museos, actividades o incluso alojamientos.

Una vez aclarados los diferentes tipos de billetes, empezamos decidiendo el destino y el itinerario. Para quienes disfrutamos de los preparativos tanto como del propio viaje, esta etapa es muy entretenida. Sin embargo también puede ser un quebradero de cabeza. En primer lugar habría que ver ciudad de entrada y de salida, marcar en un mapa los puntos de interés por los que se quiere pasar y después intentar unirlos siguiendo las conexiones y horarios disponibles. En la web se puede descargar el mapa de conexiones y además es muy útil la web alemana de Deutsche Bahn. En algunos países es fácil, sobre todo en Centroeuropa; si nos movemos a la Europa del Este, el tema es algo más complicado, como ya hemos visto en nuestros varios intentos de recorrer los Balcanes. Hay que intentar ser realista y aceptar que seguramente no dará tiempo a pasar por todos los lugares marcados en la idea inicial y que es muy probable que muchos se caigan a medida que avancemos en la planificación.

Y por esto considero que es importante planificar la ruta, aunque luego se deje abierta a la improvisación. Contar con la información sobre distancias, conexiones y horarios nos puede ayudar a gestionar mejor el tiempo eligiendo el mejor trayecto o evitando esperas innecesarias en estaciones semiabandonadas. A mí me gusta llevar las etapas más o menos claras porque así puedo organizar mejor mis visitas. Hay veces que quieres realizar una excursión o actividad y necesitas saber cuándo se da o si hay algún día que es gratis (como la entrada a algunos museos). O al revés, evitar un evento que no te interesa y que va a saturar la ciudad, lo que puede complicar la cuestión del hospedaje.

Cabe recordar que el Interrail solo es un billete de tren, por lo que habría que buscar el alojamiento por otro lado. Tradicionalmente se ha asociado a dormir en trenes nocturnos, estaciones o albergues, pero no tiene que ser así. Y supongo que en el inicio era así, cuando había limitación de edad y solo lo hacían jóvenes veinteañeros. Sin embargo, dado que el Interrail solo determina que has de viajar el tren, el resto lo puedes organizar como quieras. Y yo, personalmente, si voy a estar todo el día de acá para allá, quiero llegar por la tarde noche y darme una ducha y poder descansar bien para el día siguiente estar otra vez al pie del cañón. Pero al final depende de cada persona. Lo bueno de este tipo de viaje es que es totalmente flexible y se adapta al presupuesto y a la mentalidad de cada uno. Y la oferta en Europa es tan amplia que hay mucho donde elegir entre dormir en una estación y un hotel. Están el couchsourfing los hostales, los albergues, los apartamentos…

Una vez que hemos decidido cómo queremos viajar, adónde y cuánto tiempo tan solo nos queda preparar la mochila. La recomendación básica es llevar lo mínimo posible. Aunque hoy en día cada vez es más frecuente encontrar grandes y buenas taquillas en las estaciones para dejar el equipaje (o incluso en el alojamiento), a veces no es posible y hay que cargar con él, por lo que es de sentido común que lo mejor es que pese poco. Es decir, la recomendación básica para cualquier viaje: olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas.

Cuando es verano es sencillo, pues la ropa es bastante más ligera y ocupa menos. El problema es que también se suda más. No obstante, si el viaje va a ser superior a una semana (o en invierno) y se prevé que se va a necesitar de más mudas, quizá sea planteable buscar una lavandería o un alojamiento con lavadora. En cualquier caso es recomendable revisar la típica lista: un chubasquero (sí, en verano te puede llover en agosto fuera de España), una gorra, gafas de sol, protector solar, una toalla de secado rápido y unas chanclas, un pequeño botiquín y dos pares de zapatillas diferentes por si unas se mojaran, rompieran o nos produjeran algún tipo de roce, herida o molestia. Si es invierno cambiaríamos chubasquero por una chaqueta impermeable, la gorra por un gorro además de guantes y en el calzado al menos uno de los pares debería ser resistente al agua.

A mano conviene llevar la documentación y todo aquello que tenga algo de valor o necesitemos un acceso rápido (móvil, libro electrónico, auriculares, cámara, portátil si se llevara, cables, cargadores, adaptador universal, batería de respaldo, candado/s…). En realidad para viajar por Europa tan solo es necesario el DNI, pero yo personalmente soy partidaria de llevar el pasaporte cada vez que salgo del país. Sobre todo porque es más fácilmente identificable y porque puede que te lleves sello (como en Bosnia).

El cambio de un país a otro no suele ser mucho problema, simplemente se monta la policía de fronteras y piden documentación. Nosotros hemos observado que generalmente al enseñar el pasaporte europeo casi ni nos miran.

Por otro lado habría que pedir antes de partir la Tarjeta Sanitaria Europea y valorar si conviene llevar también un seguro de viaje, ya que esta en algunos casos no sirve (como Bosnia precisamente) y porque normalmente cubre lo mismo que a un local y la sanidad europea a veces es de copago. Puede que compense pagar un seguro de unos 50€ y curarse en salud, nunca mejor dicho.

Por supuesto, no nos podemos olvidar del dinero, puesto que aunque gran parte de Europa es zona Euro, recordemos que hay países que conservan su propia moneda. Como siempre, yo recomiendo sacar en destino antes que cambiar, y desde que he descubierto la Revolut y la Bnext, ni me lo pienso.

Y si la moneda única y las tarjetas prepago nos facilitan la vida, las aplicaciones en nuestro teléfono no se quedan atrás. Son unas herramientas muy útiles que nos pueden sacar de más de un aprieto. Algunas interesantes son:

  • La propia app de Interrail Rail Planner, que permite buscar horarios de los trenes o realizar reservas de asientos de forma anticipada entre otras funcionalidades. En algunas ocasiones es necesario reservar con antelación. Tal es el caso por ejemplo de los de alta velocidad, panorámicos y la mayoría de los nocturnos, aunque también en temporada alta.
  • Aplicaciones para organizar la visita a la ciudad como Triposo o Tripwolf.
  • Aplicaciones meteorológicas como ElTiempo para anticiparse a las inclemencias del tiempo.
  • Aplicaciones de mapas como el propio Google Maps, CityMapper,  Maps.me, CityMaps2GO o Moovit.
  • Aplicaciones financieras como la de nuestro banco para comprobar lo que nos cargan mientras estamos fuera del país,  Splitwise para cuando los gastos del viaje son compartidos o XE para saber a cómo está el cambio de divisas cuando estamos en país que no es Euro.
  • Algún traductor como el de GoogleWord Lens TranslatorCamDictionary.
  • Y otras de música, podcasts ( iVoox) o juegos para entretenernos en trayectos largos y monótonos.

Y desde que se eliminó el Roaming, navegar por internet es un problema menos, aunque tampoco está de mal recurrir a la opción sin conexión siempre que sea posible. Y de todas formas, hay lugares, como los Países Bajos, en cuyas estaciones y trenes hay WiFi gratuito.

Recorrer Europa en tren es una experiencia que hay que probar alguna vez en la vida. No es imprescindible un billete Interrail, sobre todo para estancias cortas; pero si se va a hacer un viaje de más de una semana y además cambiando varias veces de país, sin duda es recomendable. Hay que desterrar la idea de que es solo para jóvenes y adaptarlo a nuestro bolsillo, nuestros gustos, nuestra edad y nuestras ganas. Al final es como cualquier otro viaje, solo cambia el medio de transporte.

Trucos Viajeros: Tarjetas Prepago o Monedero

Quien más, quien menos, cuando iba a viajar al extranjero calculaba un presupuesto y se acercaba a su banco a solicitar esa suma de la divisa en cuestión. Sobre todo antes del Euro. Con el paso del tiempo sin embargo hemos ido teniendo otras alternativas. La moneda común en Europa nos ha facilitado mucho la vida en ese aspecto, claro; pero cuando salimos fuera de la Eurozona descubrimos que era preferible pagar con tarjeta de débito o crédito antes que acudir a nuestra sucursal. En primer lugar porque el banco aplica una comisión por el cambio, pero por otro lado porque suponía llevar una importante cantidad de dinero, sobre todo si el viaje era algo más que una escapada en un puente. Por no hablar ya si necesitábamos diferentes divisas porque pisábamos varios países. También estaba el inconveniente de que si sobraba algo, después se lo tenías que vender y por ahí también perdías. Y solo en caso de billetes, ya que las monedas no las cambian.

Todo esto se solucionaba con el plástico. ¿Que necesito pagar algo? Tarjeta. No es mala opción, sin embargo, también tiene sus contras. El banco también aplica aquí una comisión que varía según la entidad (BBVA, ING o Santander cargan por ejemplo un 3%, Caixabank un 3,95%) y además una segunda en concepto de tasa de cambio.

En nuestro caso el siguiente paso fue descubrir que la mejor opción era sacar en un cajero en destino, ya que ING solo nos cobraba 2€ independientemente de la cantidad que retirásemos. El único problema es que podemos encontrarnos como al principio y cargar con una suma importante encima. Así, si el viaje era largo, alternábamos los pagos con tarjeta y los realizados con el efectivo previamente retirado en cajero.

Sin embargo, para este último Road Trip probamos una nueva alternativa: las tarjetas monedero o prepago. Como ya comenté, mi hermano se sacó un par de ellas la de Revolut y la de Monzo, y yo por mi parte elegí Revolut y Bnext. Hoy vamos a ver qué tal nos fue en la práctica con ellas. Pero antes de nada vamos a ver sus características:

MONZO

Monzo es en realidad un banco, por lo que lo primero es abrir una cuenta de toda la vida. Pordremos realizar transferencias, domiciliar recibos y pedir tarjetas. Una de ellas es la Mastercard rosa. El problema de este banco es que solo opera en Reino Unido, por lo que deberás ser residente en el país y mayor de 18 años.

La tarjeta se gestiona desde la app que además permite categorizar los gastos, fijar límites, ver estadísticas de la actividad bancaria, activar o desactivar la tarjeta o pagos contactless…

La Mastercard se puede usar en cualquier lugar del mundo sin comisiones. Permite retirada de efectivo en cajero sin coste hasta £200 al mes, a partir de ahí un 3% de comisión (en el Reino Unido son gratuitas).

REVOLUT

Es británica y su tarjeta es multidivisa, lo cual quiere decir que puedes cambiar o tener tu dinero en múltiples divisas en la misma cuenta. Para darse de alta hay que bajarse la App, completar los datos personales y solicitar la tarjeta. Para ello nos pedirá una foto del DNI y así verificarán nuestra identidad. A continuación podemos solicitar la tarjeta, pero antes habrá que recargarla, ya que su envío cuesta 6€ (te lo puedes ahorrar por este link). Eso en caso de que sea física, ya que también se puede pedir una virtual de forma gratuita.

La nueva tarjeta MasterCard Contactless tarda unos 7-10 días en llegar, aunque se puede recibir antes en caso de que se solicite la versión premium, que cuesta 8.99€ al mes.

Una vez recibida solamente hay que cargarle la cantidad deseada (para ello habrá que seleccionar una tarjeta de origen), activarla y a funcionar.

Tiene un máximo de retirada en cajeros de 200€ al mes (aunque no es natural, sino que cuenta desde que te diste de alta) y a partir de ese límite aplican el 2% de comisión. En la opción de pago el límite asciende a 400€ e incluye otras mejoras. Tiene seguro de viaje gratuito al extranjero y en caso de robo o pérdida de la tarjeta, te la mandan a cualquier lugar del mundo en que ten encuentres. También se tiene la posibilidad de contactar con el servicio técnico 24/7 y obtener tarjetas virtuales y virtuales desechables gratuitas.

La tarjeta Revolut permite realizar compras en moneda no Euro sin comisión hasta los 6.000€. Este límite es conjunto para pagos, transferencia e intercambios.

La aplicación además incorpora diversas funcionalidades, como una hucha en la que puedes configurar que te guarde los redondeos de todos tus pagos o bien unos pagos fijos por períodos de tiempo. También tiene la opción de comprar y pagar con Bitcoins. Pero es que estoy un poco pez en el asunto y no la hemos probado.

Lo que sí me resulta útil es el gráfico de los gastos y hacer un seguimiento de esas salidas de dinero por categoría (supermercados, compras, restaurantes, transporte, viajes, entretenimiento, salud, servicios, suministros, seguros, transferencias…), comercio o país. Además, puedes añadir los recibos a cada movimiento para tenerlo todo controlado.

También desde la app se puede activar y desactivar la tarjeta así como configurar el grado de seguridad que quieras darle, como por ejemplo limitar su uso en determinados países, desactivar el pago contactless o restringir determinadas compras.

Y tiene un acceso directo al conversor de moneda y cálculo de las divisas.

El único problema es que la app no funciona sin internet.

BNEXT

Pertenece a una empresa española fundada por dos extrabajadores de BBVA e ING. Es muy sencilla de tramitar. La App es muy intuitiva y va indicando los pasos para configurar la cuenta: Datos personales, foto del DNI por ambas caras (o NIE), una foto de nuestra cara, recarga inicial y solicitud de envío. Llega a casa en 24-48 horas totalmente gratuita. Si te invita un amigo, obtienes 10€ de bienvenida, y tu amigo otro tanto.

Una vez recibida, solo hay que activarla (el PIN nos llegará por SMS) y recargarla con un mínimo de 25€ para comenzar a funcionar.

El cambio oficial tanto para pagar como para sacar dinero en zonas no Euro es el que aplica VISA.

Al mes (natural) en el extranjero se pueden realizar tres retiradas de dinero en efectivo hasta un máximo de 500€ sin comisiones. A partir de dicha cantidad aplican el 1.4%. Además, en España se pueden realizar tres extracciones al mes. En cuanto a pagos en comercios internacionales (no Euro) el límite está fijado en 2.000€ al mes. En la zona Euro por su parte no hay máximo fijado. También se pueden realizar transferencias sin ningún tipo de coste adicional.

En caso de pérdida, robo o deterioro te la reponen gratuitamente una vez al año.

Me gusta que la recarga es instantánea y que la App es sencilla e intuitiva. Asimismo, son bastante resolutivos en el chat (que además es en español). Lo que sin embargo me gusta algo menos es que desglosa los cargos. Mientras que Revolut directamente te carga el importe resultante aplicando el cambio, Bnext por su parte te hace un primer cargo, y después una devolución de comisiones. El resultado es el mismo, pero a mí personalmente de un primer vistazo me resulta más sencilla la de la británica.

Cuenta con un programa de fidelización en el que cada compra realizada con la tarjeta sirve para sumar puntos que después se podrán canjear en pagos en alguno de los partners (Netflix, Amazon, Spotify, Glovo, Ticketmaster, Uber…). Además, los pagos en estos socios con la tarjeta de Bnext dan el doble de puntos.

Los puntos no caducan y no existe límite de acumulación al año, aunque sí para canjear (60.000 puntos, o lo que es lo mismo, 60€).

Como añadido, hay una suscripción Pro que permite ganar el doble de puntos con cada compra y que no tiene límite a la hora del canje.

Ninguna de las tres tarjetas tiene mantenimiento y además pueden ser bloqueadas y desbloqueadas a nuestro antojo desde la App. Además se puede traspasar dinero entre contactos, por lo que es muy útil para saldar deudas en pagos compartidos.

Ojo, porque no todas tienen el mismo tipo de cambio. Mientras que Revolut y Monzo aplican MasterCard, Bnext usa el de Visa. Normalmente el de MasterCard es algo mejor ya que usa el cambio del momento del pago, mientras que Visa aplica el del día en que se hace efectivo, por lo que puede haber unas 24-48 horas de diferencia y por tanto oscilación en el ratio de conversión de divisa. Por lo que conviene ir revisando cuál nos ofrece mejor opción en el momento concreto.

Hay que tener cuidado a la hora de retirar efectivo, ya que hay bancos que aplican comisión solo por el hecho de que la tarjeta no sea suya. En España Bnext nos devolvería este cargo, pero no en el extranjero, ya que no tienen acuerdos. De todas formas, el cajero siempre avisa, así que siempre estás a tiempo de decidir si sigues adelante con la operación, o no. Es importante además tener en cuenta que tanto a la hora de pagar como retirar dinero hay que elegir la moneda local para que así sea la tarjeta la que aplique el cambio y no el comercio (que aplicará comisión).

Así pues, teniendo en cuenta sus características, hay que llevar un control y jugar con pagos en comercio y disposición en efectivo para no pasarse. No obstante, no difiere mucho del día a día, ya que yo por ejemplo según el importe o comercio pago en efectivo o con tarjeta.

Con todo esto, ¿cuál elegir? Pues creo que tener dos diferentes va bien, ya que al no ofrecer lo mismo, permite ir jugando con los límites y cambios para obtener el mejor resultado. También por si acaso una de ellas falla o no es admitida. Y además, podemos llevar la de nuestro banco como complemento. Sobre todo la de crédito, ya que este tipo de tarjetas monedero no son aceptadas en caso de que haya que pagar fianzas. Y tampoco tiene mucho sentido tener bloqueado un importe durante varios días y que con ello lleguemos al límite. Mejor usar para eso la de crédito y dejar las monedero para el resto de pagos.

Se acabó pagar comisiones innecesarias.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Road Trip

En las últimas entradas he hablado mucho sobre los lugares que hemos visitado durante el viaje, pero no sobre el Road Trip en sí, una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Sin embargo, antes de echarse sin más a la carretera, hay que tener en consideración los pros y los contras así como algunos detalles organizativos.

Entre las ventajas encontramos sin duda la libertad que nos da para poder configurar un itinerario con su hora de salida y llegada de cada día, las paradas a realizar, los desvíos improvisados que puedan surgir… A diferencia de en un viaje organizado o en bus o tren, no dependeremos de la disponibilidad del transporte, los horarios, precios o conexiones. Es decir, se puede planificar una ruta más ambiciosa.

Sin embargo, no todo son ventajas, también tiene algún inconveniente, como por ejemplo largas etapas con paisajes monótonos que hacen que la conducción sea aburrida, encontrarse con algún atasco, tener alguna avería o imprevisto, comerse alguna multa e incluso perderse. Además, una vez llegamos a destino hay que aparcar el coche, y no siempre es fácil. En según qué lugares puede llevar a la desesperación.

Aún así, que no cunda el pánico, pues la mayoría de estos contras tienen sencilla solución: la monotonía se soluciona con buena compañía y alternando entre conductores, los atascos con paciencia y buena música, las averías con un seguro y las multas siendo precavido al volante. Lo de perderse… pasa, tarde o temprano, por mucho GPS o mapa. No es difícil acabar pasándose una salida. En cuanto al parking, lo mejor es coger un alojamiento en el que se pueda aparcar y desde ahí moverse en transporte público local o a pie.

Pero empecemos por el principio, ¿qué hay que tener en cuenta antes de echarse a la carretera?

DESTINO

Parece una tontería, pero no siempre es recomendable viajar así. A veces porque se trata de demasiados kilómetros de un punto a otro por carreteras aburridas. Otras veces por las condiciones de las carreteras (ya sea desde el punto de vista meteorológico, o por el estado general del asfaltado). Hay que valorar todas las opciones de transporte disponibles y comparar.

ELECCIÓN DE VEHÍCULO

Puede que se trate del coche propio o, lo más frecuente, que lo vayamos a alquilar. La primera opción yo la recomendaría para pequeñas escapadas, puesto que meterle muchos kilómetros al vehículo particular supone un desgaste importante. Sea como fuere, convendría hacer una revisión para comprobar el estado del coche (luces, limpiaparabrisas, presión de los neumáticos, liquido de frenos y nivel del aceite).

Si se elige la segunda opción hay que tener en cuenta el tipo de viaje que queremos hacer, los integrantes, el presupuesto que tenemos… Merece entrada aparte, pues son muchas cuestiones las que hay que valorar.

DOCUMENTACIÓN Y NORMAS DE CIRCULACIÓN

Si el vehículo es propio hay que revisar que se lleva la documentación en orden (incluido el seguro de viaje). Y por supuesto, averiguar si en el país de destino se precisa del carnet de conducir internacional. Adicionalmente, conviene conocer las normas de tráfico locales tales como las velocidades máximas permitidas, el tránsito en los cruces o las particularidades del aparcamiento. Por supuesto también es importante saber si se circula por la derecha o por la izquierda.

¿PLANIFICAR LA RUTA O IMPROVISAR?

Esto es algo bastante personal. En mi caso prefiero llevar siempre una ruta planificada con un comienzo y un fin así como con paradas intermedias de interés. No obstante, eso no implica que no quede lugar para la improvisación. Hay sin embargo quien prefiere viajar sin nada cerrado e ir decidiendo cuándo dar por concluida la etapa sobre la marcha. A gusto del viajero.

En cualquier caso, no está de mal plantearse grosso modo las etapas, sobre todo si se depende de querer realizar alguna excursión o actividad o hay que acabar en un determinado lugar para tomar un vuelo de vuelta. Por ejemplo, no es recomendable dejar atracciones o lugares muy turísticos para los fines de semana, pues puede que nos lo encontremos demasiado saturados e incluso que el precio sea más caro. Así, conviene anotar una lista de cosas por hacer/visitar con sus horarios (ojo con los días de cierre) y precios (los museos suelen contar con días gratuitos), calcular las distancias y estado de las carreteras, si hay peajes, puertos o cruce de fronteras, dónde sale mejor dormir y comer… y en base a esto, planificar un itinerario con sus etapas, aunque sea orientativo y quede abierto.

Además, tener una mínima planificación sirve para hacernos una idea del presupuesto, pues podemos calcular el gasto en carburante, peajes, entradas, alojamientos, comida…

INTEGRANTES

Es algo que se decide al principio de la planificación y que influye en el tipo de vehículo que vamos a llevar, como ya decía. Es importante elegir bien los compañeros de viaje, sobre todo porque son muchas horas juntos y conviene que todo el mundo esté en la misma onda. No tiene necesariamente que significar que todo el mundo quiera hacer las mismas cosas, pero sí que haya algo de sintonía y afinidad. Tienen que estar de acuerdo en cuanto al presupuesto y a las intenciones generales del viaje (si es de playa, de montaña, de andar mucho, de visitar museos…), si no, habrá un conflicto constante. Lo mejor es llegar a un punto de confluencia al principio de toda la planificación y crear una clara hoja de ruta. También conviene aclarar varios puntos antes de meterse en un habitáculo durante horas, como por ejemplo si se fuma o no, quién gestiona la música, quién se encarga de hacer de guía, quién conduce…

Y esto es también relevante. Cuantos más conductores mejor, ya que permite repartir las horas de conducción y que no aparezca la fatiga. A no ser que haya alguien al que le guste especialmente conducir o que las etapas sean generalmente cortas.

De todas formas, como en todo trabajo en equipo, lo mejor es aprovechar las virtudes de cada integrante para cada una de las responsabilidades del viaje y así repartir las tareas y que todo el mundo sea útil durante el viaje.

GPS Y MAPA

Aunque le quita algo del espíritu aventurero, es recomendable llevar un GPS. Bueno, quien dice GPS, dice móvil con alguna app de navegación, especialmente aquellas que permiten descargarse los mapas y funcionar offline para no gastarse los datos. No obstante, en según qué viajes podemos encontrarnos con que no hay señal de nada: ni cobertura, ni datos, ni ubicación… así que por si acaso, conviene echar también el típico mapa de carretera de toda la vida (o llevar la ruta impresa en papel)

APPS Y TECNOLOGÍA

Además de llevar instalado el navegador en el móvil (o los móviles), hay que tener en cuenta otras apps que pueden ser de utilidad como las que avisan del tráfico, de la previsión meteorológica, las de comparativas de precios de gasolineras, las de reservas de alojamiento en caso de que no se hayan cerrado previamente… Hoy en día somos un poco esclavos de la tecnología, pero hay que reconocer que también nos facilita la vida en muchas ocasiones.

Por supuesto, a más uso del terminal, mayor consumo de batería, por lo que mejor no olvidarse de llevar alguna batería extra, así como cargadores. En los coches modernos ya contamos con puertos usb, pero a veces nos tendremos que conformar con el mechero, así que un adaptador no viene de más.

Cuestión aparte es la cámara de fotos y sus accesorios. Es impensable hacer un viaje de este estilo y no llevar una cámara para captar la aventura.

ENTRETENIMIENTO

Para llenar las horas en tránsito está por supuesto la conversación. Pero a veces también apetece callarse y observar el paisaje. O incluso echarse una cabezadita. También se puede aprovechar para ver alguna serie o película en la tablet, móvil u ordenador, o leer. Los que usamos el transporte público a diario sabemos lo mucho que cunde la lectura en esos trayectos diarios. En coche sin embargo hay quien se marea. En cualquier caso, llevar un libro (en papel o electrónico) nunca está de más, ya no solo para el tiempo en movimiento, sino para los momentos de relax al final de la jornada. O mientras esperas a que el resto se vaya preparando por la mañana… Sé de uno que en los 15 días del Road Trip por la Costa Oeste se leyó el primer libro de Juego de Tronos…

Obvio es que para tantas horas en coche no puede faltar la música. También hay mil apps en las que crear una lista con canciones para todos los gustos. Nosotros en este último viaje aprovechamos el mes de prueba sin anuncios y con reproducción offline de Spotify. También tiramos de podcasts. Está la radio también, claro, pero nos puede pasar como con el GPS y que en según qué lugares no captemos ni Radio María.

COMIDA Y BEBIDA

Dado que vamos a pasar muchas horas dentro del coche, a veces con etapas largas o en las que no hay nada de interés entre el punto A y B, es aconsejable llevar siempre algo de picoteo.

Nosotros intentamos llevar siempre algo dulce y algo salado. Lo típico que viene a la mente es lo menos saludable: golosinas, chocolate, patatas fritas, sándwiches de a saber qué… Es verdad que es lo más socorrido porque viene envasado y tiene bastante caducidad. Sin embargo, no está de más llevar algo de fruta o frutos secos para no acabar con dolor de tripa. Además, ojo con lo que se come, pues si da sed y hay que beber mucho, luego también hay que cambiar el agua al canario, y no siempre es factible hacer una parada.

Algo muy útil es llevar una nevera portátil. No hace falta que sea la típica rígida de camping, las hay también de tela, plegables, que se pueden llevar en la maleta y sacar cuando sea necesario. Comprando hielo en una gasolinera (o si es en EEUU gratis en cualquier hotel/motel de carretera) puedes mantener refrigerada al menos la bebida.

Eso sí, para una mayor comodidad dentro del habitáculo, mejor ser limpios y no acabar con el suelo lleno de restos de comida y los bolsillos de las puertas llenos de envases, plásticos, servilletas…

Aparte del picoteo, conviene anticipar el tipo de etapas que vamos a hacer para saber si vamos a poder parar por el camino para comer, o por el contrario habría que comprar algún plato preparado que se pudiera comer en frío en un área de descanso (ensaladas, sándwiches, hummus/guacamole, latas de conserva…). Para ello, en previsión, hay que llevar a mano cubiertos, bolsas de basura para recoger los desperdicios y servilletas o toallitas para poder limpiarnos antes y después de comer.

Si se viaja con una furgoneta camperizada o una autocaravana esto es mucho más sencillo, claro, ya que al contar con camping gaz o cocina, se tiene mucha más autonomía y se podría incluso cocinar algo más elaborado. Pero contando con un coche o suv, o paramos en algún área de servicio o población intermedia, o nos tendremos que apañar con algo frío en un apartadero de la carretera.

EQUIPAJE

A ver, que estamos añadiendo muchas cosas, y al final, como no llevemos mucho maletero, nos estamos comiendo el espacio. En cualquier caso, para reducir el peso en el coche, y con ello el consumo de combustible, conviene viajar lo más ligero posible. Hay que olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas. Si va a ser un viaje largo, es mejor buscar un alojamiento con lavadora o una lavandería pública que ir cargados con 15 mudas de varias personas. Además, se puede ahorrar espacio compartiendo entre varios o todos los integrantes productos como crema solar, líquido de lentillas, gel, champú, pasta de dientes… y así no llevar cada uno mil botes. Lo mismo para un botiquín, es preferible hacer una lista y preparar uno entre todos. Y aún así, al final es inevitable acabar llenando el coche hasta los topes.

Por cierto, que algo que no puede faltar en el equipaje son unas gafas de sol. Habrá veces que el sol lo llevemos a la espalda, pero en el resto de los flancos, en según qué horas del día, puede llegar a ser muy molesto. Y si conduces, más aún.

OTRAS RECOMENDACIONES

Uno de los primeros aprendizajes de nuestro primer Road Trip por Estados Unidos fue que hay que procurar llevar el depósito de carburante lleno y repostar siempre que se dé la oportunidad, ya que puedes tirarte kilómetros y kilómetros (o millas y millas) sin ver una estación de servicio.

De todas formas, aunque seamos precavidos, podemos tener otro tipo de incidencias, así que conviene llevar a mano un móvil disponible. En Europa tras la eliminación del Roaming, seguramente funcionemos con el nuestro, pero en caso de salir de estas fronteras, es mejor hacerse con una tarjeta prepago. Y no hay que pensar en lo peor, pero por precaución mejor si informamos a familia o amigos de nuestro itinerario, por si ocurriera algo.

Algo que parece una tontería es la cuestión económica. Seguramente que llevemos tarjetas y en general para el viaje nos funcione bien, pero hay pequeños gastos como los peajes o los parquímetros para los que conviene llevar algo de efectivo. Y si es calderilla, mejor.

No obstante, también es aconsejable llevar algún billete de mayor importe, porque hay veces que las máquinas de las gasolineras no aceptan tarjetas extranjeras.

Por supuesto, sobra decir que es preferible mantenerse dentro de los límites de la ley en lo que a conducción se refiere. Y además, tener en cuenta las recomendaciones generales de descanso, nada de consumo de alcohol, ni de comidas muy copiosas que causen somnolencia o medicamentos contraindicados. Nada nuevo, vaya. De todas formas, lo mejor es llevar siempre un seguro de viaje que incluya cobertura de accidentes.

Por lo demás, un Road Trip es desconexión y vivir cada momento. No solo importa dónde vas a parar, sino lo que recorres por el camino. Se puede configurar de muchas maneras (improvisado, planeado, durmiendo en hoteles, en campings, en el propio vehículo, comiendo en el coche o en restaurantes locales….), pero está claro que sea como fuere, es toda una experiencia. Y no hace falta irse a la otra punta del mundo o elegir una ruta icónica, porque al final, un Road Trip es un viaje sobre ruedas y carreteras, hay muchas y con diversas historias que contar.

Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.