El clima en Islandia

Una de las primeras dudas que surgen cuando se planea un viaje a Islandia es ¿cuándo ir? En nuestro caso teníamos claro que queríamos ir en verano, no obstante, eso no quita que tenga en mente volver en algún momento de mi vida en invierno y ver unos paisajes totalmente diferentes. Además de las auroras boreales, claro. Y es que Islandia es un país que se puede visitar en cualquier época del año, pues siempre tiene algo que ofrecer. Por tanto, dependerá de cada persona el decidir cuándo prefiere ir en función de sus intereses. Por supuesto, todas las épocas tienen sus ventajas e inconvenientes. Veamos:

La temporada alta es la que va de junio a agosto. Dado que los puntos de interés están al aire libre y no se rigen por horarios, esta es una buena época para viajar ya que se pueden aprovechar muy bien los días gracias a que hay muchas horas de luz solar. La temperatura es algo más suave (entre los 10 y 18º) y las carreteras están totalmente transitables. Así pues puedes hacer los días tan largos como aguantes. También se pueden avistar cetáceos o frailecillos.

Por contra, es la época en la que más viajeros recibe y por tanto los precios son más caros aún y es más complicado encontrar alojamiento. Además, no se pueden ver auroras (porque hay mucha luz) ni se pueden visitar cuevas de hielo. Pero sí se pueden hacer rutas de montaña con los caminos despejados.

La temporada media comprendería los meses de mayo y septiembre. En estas fechas las horas de luz son bastante aceptables (puede haber fácil unas 13-15 horas) por lo que los días cunden bastante. La ventaja con respecto a la temporada alta es que hay menos turistas y por tanto bajan los precios y no es tan complicado tramitar reservas.

Sin embargo, las horas de luz aún pueden impedir ver auroras y encima el clima es difícil de pronosticar, por lo que podemos encontrarnos con días soleados y despejados o bien con un tormentón huracanado.

Finalmente la temporada baja es aquella que trascurre de octubre a abril. Es la época en que hay menos afluencia de gente, por lo que se puede disfrutar de una ruta casi en soledad y unos precios más bajos. El aliciente de esta época es visitar las cuevas de hielo, encontrar cascadas heladas, lagunas glaciares congeladas y por supuesto ver las auroras.

Y claro, si hay auroras es porque hay pocas horas de luz. Por tanto, los días dan menos de sí y el itinerario deberá ser menos ambicioso. En noviembre la cosa es similar a nuestro invierno español, pero si nos metemos ya en diciembre o enero podemos encontrarnos con unas escasas tres – cuatro horas de luz. El clima es mucho más duro y es fácil rondar los bajo 0, sin embargo las temperaturas no son tan extremas como se esperaría por su situación. Y esto se debe a la corriente marina templada del Golfo. Las costas de las islas, pese a su cercanía al Ártico, se mantienen sin hielo durante el invierno, lo que no quita que la nieve haga acto de presencia. Por tanto, las carreteras de montaña estarán cerradas y se necesitará sí o sí un vehículo 4×4 (y cierta experiencia para conducir con esas condiciones) para el resto. Aún así, el clima difiere según la zona de la isla de la que hablemos. Las nevadas suelen ser más frecuentes en el norte que en el sur, mientras que en el sur las temperaturas son algo más suaves aunque ventosas.

Y ojo, porque este es un factor importante. Parece que sea la época que sea, el problema en Islandia no es la temperatura, sino el viento, que baja unos grados la sensación térmica. Así, en verano puede haber 15º, pero en un día ventoso sentir como si hubiera la mitad (o incluso menos). Desde luego el cortavientos y las orejeras son unos imprescindibles en el día a día. Además de por la temperatura corporal, hay que tener en cuenta el factor viento a la hora de abrir la puerta del coche. Y por supuesto, tener sentido común y no acercarse a precipicios o subirse a lugares poco estables para evitar males mayores.

Por otro lado, hay que contar con la lluvia. Es verdad que en verano menos, pero puede aparecer igual. Y lo mejor es llevar prendas y calzados impermeables. El paraguas mejor en casa, porque con el viento acabará destrozado. Y eso si lo puedes abrir.

Además hay que tener en cuenta el factor niebla y en invierno la nieve. Así que antes de echarse a la carretera conviene informarse de cómo va a ser el día. Aunque es meramente orientativo, porque el clima en Islandia es muy cambiante y, al igual que en Escocia, existe un dicho que alerta de que si no te gusta el tiempo, esperes cinco minutos. La corriente del Golfo lo mismo trae unas nubes bien cargadas que se las lleva y deja un día anticiclónico. En cualquier caso, hay que salir equipada para cualquier posibilidad. Sobre todo porque el 99.99% del tiempo se va a estar a la intemperie y a merced del clima.

Sea como fuere, merece la pena abrigarse y calzarse las botas para disfrutar de toda la belleza que ofrece Islandia, que, por otra parte, es lo que es gracias a los rigores del clima. Recomendaría hacer una mínima inversión en ropa y calzado (más aún en invierno), dado el tiempo que se pasa en el exterior. No digo que haya que arrasar en una tienda de montañismo, pero sí que interesa llevar una buena chaqueta ligera pero que abrigue y sea impermeable y un calzado apropiado.

Nosotros acertamos con el método de las capas. Ambos llevábamos dos prendas y por último la chaqueta impermeable. Eso sí, cada uno en función de su sensación térmica. Mientras que yo iba con manga larga + jersey/polar/sudadera, él optaba por manga corta + polar de la cazadora. De esta forma, para las pocas veces que entrábamos en interior (supermercado, restaurante o museo) podíamos quitarnos prendas según la temperatura. En cualquier caso las chaquetas (tanto la North Face como la del Decathlon) se portaron bien tanto con lluvia como cerca o bajo las cascadas. Desde luego el chubasquero a nosotros no nos habría servido de nada. Hay que tener en cuenta que con la cazadora ya puesta, se necesitaría uno tres tallas más grande. Tampoco un poncho, ya que en cuanto viene un poco de viento ha perdido su utilidad.

Las zapatillas también nos dieron buen servicio. Lo único que no recomiendo mucho son los pantalones de ski, puesto que aunque parezcan apropiados, es un tipo de prenda que limita los movimientos. Y según del producto que estén hechos, incluso dan mucho calor por falta de transpiración. El gorro, la braga, las manoplas/guantes y calcetines gordos, también son imprescindibles. En algún momento tuve mis dudas sobre si no me habría pasado, sobre todo con las manoplas, pero bien que se agradecen. Eso sí, para fotógrafos, mejor unas manoplas que lleven guantes sin dedos integrados.

Con todo, que el clima no eche para atrás a la hora de visitar un país como Islandia. Merece la pena ir con mil capas con tal de disfrutar de unos paisajes tan impresionantes.

Comunicarse en Islandia

El idioma nacional en Islandia es el islandés, aunque no quedó establecido como tal en la Constitución de 1944. Así de primeras es un idioma que parece élfico con palabras muy largas y caracteres que desconocemos. Sin embargo, después de un par de consideraciones todo toma sentido. Ayuda que sea una lengua germánica y que una sea licenciada en Filología Alemana, no lo voy a negar.

El islandés comparte varias cosas con el alemán, como por ejemplo que declina los sustantivos, los pronombres, artículos y adjetivos, que se lee casi como se escribe y en la forma de creación de sus palabras. Así, tiende a unir varios vocablos hasta obtener uno nuevo de tal longitud que a los hablantes de lenguas romances nos abruman.

Pero la característica que me hace comprender un poco cómo funciona el idioma es el haber estudiado Historia de la lengua alemana y que el islandés apenas haya evolucionado lingüísticamente. Tiene su lógica, claro, pues al ser una isla tan aislada ha tenido una menor influencia externa. Durante la ocupación danesa el danés se usaba solo para los comunicados oficiales, y con el inglés ocurrió lo mismo durante la ocupación estadounidense en la II Guerra Mundial. Aunque el islandés sí que ha evolucionado en el aspecto fonético desde la era de los vikingos (la traducción del Nuevo Testamento de 1540 separa el islandés antiguo o nórdico antiguo del islandés moderno); apenas lo ha hecho en la escritura. Además, los islandeses son bastante recelosos en aceptar neologismos. Por contra, intentan crear una palabra en su idioma o darle un nuevo significado a alguna antigua que esté en desuso. Hay un departamento de la Universidad de Islandia, en Reikiavik,que se encarga de ello. Por tanto, con tan poco cambio, un islandés actual podría leer cualquier texto de hace un siglo sin tener problema alguno de comprensión.

El islandés se escribía en alfabeto rúnico hasta el año 1000, que se incorporó el latino. Se tomaron 22 de las 26 letras de dicho alfabeto, excluyendo la c, la q, la w y la z. Además, añade letras propias:

  • 7 vocales: á (que se pronuncia [au]), é ([jε]), í, ó ([ou]), ú, ý y ö ;
  • la ligadura Æ/æ (pronunciada como [ai]) y
  • 2 consonantes:
    • Ð/ð: que suele ir en posición intervocálica y al final de palabra y se pronuncia parecida a la d española o a la th en la palabra inglesa that y
    • Þ/þ: que se usa al inicio de palabra o ante consonante sorda y suena como una z española o el sonido th  en la palabra inglesa thin

No voy a hacer un estudio lingüístico del islandés, pero sí quiero compartir algunos detalles que hemos visto durante el viaje y que pueden facilitar la visita a la isla.

Podemos empezar con lo básico, que son las palabras de cortesía:

  • Godan dag: Buenos días
  • Gott kvöld: Buenas tardes / noches
  • Góða nótt: Buenas noches
  • Halló: Hola
  • Bless: adiós
  • Já: Sí
  • Nei: No
  • Skál: Salud (al brindar)
  • Takk: gracias
  • Þakka þér fyrir: Muchas gracias
  • Verði þér að góðu/Gjörðu svo vel :de nada
  • Vertu blessaður! hasta luego, hasta pronto

Los números:

  • núll: cero
  • Einn: uno
  • Tveir: dos
  • Þrír: tres
  • Fjórir: cuatro
  • Fimm: cinco
  • Sex: seis
  • Sjö: siete
  • Átta: ocho
  • Níu: nueve
  • Tíu: diez

Pero sobre todo, conviene familiarizarse con algunas palabras que hacen referencia a la geografía y que se repiten mucho:

  • Foss (también fossar): Cascada. Por ejemplo: Dettifoss.
  • Jökull: Glaciar. Por ejemplo: Vatnajökull.
  • Kirkja: Iglesia. Por ejemplo: Hallgrímskirkja.
  • Fjall: Montaña o Volcán. Por ejemplo: Hverfjall.
  • Fjörður: Fiordo. Por ejemplo: Seyðisfjörður.
  • Vík: Bahía. Por ejemplo: Reykjavík.
  • Nes: Península. Por ejemplo: Vatnsnes
  • Laug: Piscina o poza termal. Por ejemplo: Laugavegur
  • Vegur: Camino. Por ejemplo: Laugavegur
  • Dalur: Valle. Por ejemplo: Hnefilsdalur

Y aunque no vayamos a pronunciar nada bien, hay que saber que el acento de las palabras en islandés suele recaer siempre en la primera sílaba.

Como curiosidad resulta que hay un vasco-islandés, que es aquello que hablaban los pescadores y balleneros vascos con los habitantes islandeses allá por los siglos XVII y XVIII. Un manuscrito del siglo XVII recoge un par de glosarios con unas 700 palabras de uso común en ambos idiomas. Lógicamente refleja términos propios de sus actividades marítimas y del medio.

Insisto, no es para nada necesario hablar islandés para viajar a Islandia, pero como siempre, conocer algunos datos y palabras claves, no está de más.

Conducir en Islandia

Está claro que la mejor opción para moverse por Islandia es alquilar un vehículo. Es como conseguiremos una mayor movilidad y autonomía, algo de vital si queremos disfrutar al máximo cada kilómetro. Eso sí, antes de echarse a la carretera hay que tener en cuenta varias cosas:

EL ALQUILER

DOCUMENTACIÓN

En primer lugar hay que saber que siendo españoles no es necesario el permiso internacional de conducción. Diferente sería para un conductor de un país cuyo alfabeto no fuera romano. Así pues, para alquilar un vehículo, además del carnet de conducir y del de identidad (o pasaporte) tan solo nos haría falta una tarjeta de crédito con los números en relieve. Y tener más de 20 años para turismos o 25 si se trata de un 4×4.

ELECCIÓN DE COMPAÑÍA DE ALQUILER Y TIPO DE VEHÍCULO

En realidad en este apartado suele primar precio y prestaciones. Es decir, el mejor postor, la compañía que mejores condiciones ofrezca a mejor precio. Pero también es importante saber cuántas oficinas repartidas por el país tiene, pues en caso de percance, puede facilitar bastante las cosas. No es lo mismo quedarse sin coche y esperar a que te lo repongan desde la otra punta de la isla, a que si están a 100 km.

Para decantarse por un vehículo u otro ya comenté en los preparativos que nos lo va a determinar el tipo de viaje que queramos hacer y las fechas. Salvo los meses de verano, el resto del año incluso para la carretera principal será necesario un 4×4. En verano dependerá más de las rutas que se quieran seguir, pero si se va a hacer un itinerario clásico (Ring Road con algún desvío por carretera asfaltada) con un turismo es suficiente. Además existe la alternativa camper o autocaravana. Como todo, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

Por ejemplo, la camper da la libertad de llevar la casa a cuestas y de parar en cualquier sitio a comer o descansar. Para dormir ya no se puede acampar libremente y hay que buscar campings, pero según la temporada puede salir más barato que la opción coche+alojamiento. No obstante, no son baratas de alquilar y aunque cuentan con una cama no incorporan inodoro o ducha. Tampoco la cocina es completa, lo que limita un poco. Además, no son recomendables en invierno por dos motivos. En primer lugar porque no suelen ser 4×4, así que limita bastante los movimientos; y en segundo lugar porque o te vas a dormir como el muñeco de michelín (o un buen saco de dormir) o te congelarás. Así que es opción para los meses de verano y aún así hay que echar muchas cuentas.

La autocaravana tiene las mismas ventajas que la camper, solo que además, al contar con una cocina completa y baño permite algo más de autonomía. También tiene el inconveniente de no poder acceder a según qué lugares y su elevado precio. Lo veo una buena opción para grupos de 3-4 personas, ya que cuanto más gente, más se reparten los gastos. Eso sí, han de ser personas con un buen nivel de tolerancia a pasar tantas horas juntos.

Por su parte el turismo cuenta con la ventaja de ser el vehículo más barato de alquilar (y con mayor variedad de segmentos), el problema es que no se puede circular con ellos en los meses más fríos en los que el clima es más duro. Por tanto, sería la opción perfecta para una ruta clásica en temporada alta y principio/final de la media.

Finalmente, el 4×4 permite una total movilidad en cuanto a carreteras. Siempre que no haya un anuncio expreso de que está prohibido el paso, puedes tirar millas. Incluidas las F. Lógicamente, son más caros de alquilar y consumen más. Así pues, es el vehículo a elegir en temporada media y baja.

Pero, en cualquier caso, hay que ser consciente de los fortalezas y debilidades de cada uno y elegir un tipo de vehículo que aporte comodidad y confianza. A lo mejor si nunca has conducido con nieve (con nieve de verdad, no con los cuatro copos que caen en Madrid y que no llegan al suelo), quizá no sea la mejor idea meterse de lleno por carreteras F en pleno enero y sin apenas horas de luz. Siempre hay opciones. A veces habrá otra ruta alternativa, otras no y habrá que tirar de excursión, pero no merece la pena acabar atascados en la nieve en medio de la nada por una imprudencia.

EXTRAS

Una vez que hemos decidido el vehículo, toca elegir los extras. En primer lugar, en caso de que no venga por defecto en el contrato, es interesante contar con el kilometraje ilimitado. Es un viaje en el que lo último que se quiere es echar cálculos de si sale rentable ir a tal o cual sitio por no excederse del límite. Como referencia, nosotros en total hicimos 3483 kilómetros. Pero en realidad solo miramos el cuentakilómetros al final de cada día por curiosidad y para tener el dato para el blog.

En segundo lugar es imprescindible el de Gravel Protection o protección contra la gravilla para prevenir daños por el tránsito por carreteras no asfaltadas.

También es recomendable añadir conductores extras. Mejor prevenir que curar no apostando todo a una única ficha.

Por otro lado, hay otros dos seguros que suelen ofrecer las compañías y que no son tan necesarios. Uno de ellos es el de Pérdida, robo y daños y otro el de Arena y ceniza. Este último se hizo popular tras la erupción del volcán Eyjafjallajökull, pero no es una circunstancia tan común como para contratarlo.

Y por último, totalmente innecesario pagar por un GPS cuando todos llevamos uno en el móvil.

LA CONDUCCIÓN

PREVIO

Dado que el tiempo en Islandia es tan cambiante, es recomendable revisar antes de salir la previsión y las condiciones de las carreteras de la ruta a realizar. Para ello conviene tener en favoritos las siguientes páginas:

  • vedur.is: es la agencia de meteorología. Además de dar los mismos datos que podríamos obtener en eltiempo.es o en weather.com,  esta web islandesa incorpora anuncios sobre la probabilidad de ver auroras boreales. Algo muy útil sobre todo si se viaja en una época propicia.
  • safetravel.is: esta página va algo más allá y avisa de alertas especiales como las avalanchas.
  • road.is/www.vegagerdin.is: es la web islandesa de tráfico y resulta muy útil para consultar el estado de las carreteras. Por si hay algún corte, accidente o incidencia en la calzada. Si la vía está en verde, se considera que es fácil de transitar. Sin embargo, si está en rojo está prohibido circular por ella. Entre ambas opciones podemos encontrar el amarillo, que significa que hay placas de hielo dispersas;  el azul, que resulta escurridiza; el blanco, que hay nieve en el asfalto; el rosa, que la conducción es difícil; y el negro, que indica que la vía se encuentra en unas condiciones lamentables. La página se actualiza constantemente desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche. Además, permite ver en directo el tramo gracias a las webcams instaladas.

CARBURANTE

Aunque el diésel es algo más barato que la gasolina, igualmente tienen unos precios altos (en la web GSMbensín se puede consultar el precio). Durante nuestro viaje vimos la gasolina oscilar entre las 227- 237 ISK/litro. Así, es recomendable conducir de forma no agresiva para ahorrar combustible. Y nunca está de más revisar la presión de los neumáticos, sobre todo si se va muy cargados.

Aparte de estos consejos generales, conviene saber que a veces las compañías de alquiler tienen convenio con algunas gasolineras, por lo que no te vayas de la oficina sin haber preguntado si cuentan con programa de descuento de combustible. En nuestro caso recibimos con las llaves un token que era válido para la cadena OB y para Olís.

En Islandia las estaciones de servicio son autoservicio (en contados casos se puede pagar dentro al dependiente), y tienen incorporado el lector para esta ficha y que se aplique el descuento. Dependiendo de la empresa, nos encontramos con que había que leerla antes o después de la introducir la tarjeta, pero por lo general solía ser al principio del todo.

A continuación llega el momento de elegir importe a cargar y pasar la tarjeta. No es nada extraordinario, ya que funciona como en España. Es tan sencillo como elegir el tipo de combustible que se desea, el importe a cargar y repostar. El único inconveniente es que no conoces el coche, la capacidad del depósito y cuánto va a consumir, porque no es el tuyo, así que puede que selecciones más de lo que luego necesitas. Además, el cambio de divisa puede despistar. Pero no hay problema, ya que luego en el cargo de la tarjeta en unas 24-48h se reajusta el cargo y se hace efectivo el importe que en realidad se ha servido. Para no liarnos con el cambio de divisas, comisiones y demás, usamos las tarjetas prepago, aunque la Revolut nos daba fallo en los surtidores autorservicio, algo que sin embargo no ocurría cuando había tienda o caseta en la que te cobraban en caja. Como llevábamos además la Bnext y la Verse, íbamos alternando en función de las necesidades.

En cualquier caso, es aconsejable llevar el depósito siempre lleno al comienzo del día e, incluso, con medio depósito conviene no desaprovechar si pasamos por un núcleo urbano medianamente importante, pues no se sabe cuándo te vas a adentrar en zonas menos pobladas o en las que no encontraremos las gasolineras con las que tenemos descuento. Para esto resulta muy útil consultar en sus propias webs y ver dónde tienen sedes:

CARRETERAS

Como ya adelanté también en los preparativos, en Islandia hay 4 tipos de carretera:

  • la N1 o Ring Road: carretera principal de 1340 kilómetros que da la vuelta a la isla y que está abierta todo el año. Similar a una nacional de la red española, cuenta con dos carriles (uno por sentido) y está asfaltada en su mayor parte, salvo en algunos pequeños tramos de los fiordos orientales. Su velocidad máxima es 90 km/h.

  • Las carreteras comarcales: salen de la N1 y pueden estar asfaltadas o ser de gravilla. Tienen un carril por sentido, pero son más estrechas y a veces no están ni delimitadas. En invierno pueden quedar intransitables por la nieve. Su velocidad máxima es de 80 km/h (algo exagerado cuando son de grava, la verdad).
  • Las pistas o caminos: son de un único carril de doble sentido. De tierra y con escaso mantenimiento. Su velocidad máxima es de 50 km/h (si los baches y obstáculos lo permiten).

  • Las carreteras F: se adentran en las tierras altas y únicamente son accesibles con un 4×4 no solo porque puedan ser de tierra o grava (incluso de ceniza), sino porque además puede encontrarse obstaculizada por un río y hay que vadearlo.

Para orientarse además conviene saber que la numeración empieza en el sur, cerca de Kálfafell, y va subiendo siguiendo el sentido horario hasta llegar al 9.

ALGUNAS NORMAS DE CIRCULACIÓN

Aunque hay algunas normas básicas comunes en los distintos códigos de circulación, además hay que conocer las particulares del país. Así, por ejemplo, en Islandia es obligatorio llevar siempre las luces encendidas y el cinturón de seguridad, los niños siempre deber ir en un asiento homologado (sea sillita o alzador) y está prohibido conducir bajo los efectos del alcohol.

Ya hemos visto que la velocidad máxima para la carretera principal es de 90 km/h y que baja a 80 en carreteras secundarias. Además, habría que añadir que el límite en “ciudad” es de 50 km/h y si se trata de zona residencial baja a 30.

Quizá las carreteras rectas y desiertas puedan animar a pisar el acelerador más de la cuenta, sin embargo, no es para nada recomendable. En primer lugar porque el tiempo cambia en cuestión de metros y se puede pasar del sol a un aguacero; en segundo lugar porque puede haber curvas cerradas o cambios de rasantes y por último porque hay muchos radares (tanto fijos como móviles) y la receta tiene precio islandés (por ejemplo, puede caer una multa de 600€ por sobrepasar el límite 20 km/h.). En el caso de los móviles además no hay forma de escapar, pues la policía, además de llevar cámara en el vehículo, cuentan con el TPV.

Por supuesto, estas son las  velocidades máximas generales, ya que pueden verse disminuidas en función de la peligrosidad de la zona o de las condiciones atmosféricas.

Por otro lado, en los pasos estrechos (como puentes o túneles de un carril para los dos sentidos) y en las intersecciones tiene prioridad el que llega primero. Y ante la duda, ceder el paso.

OTRAS RECOMENDACIONES

Cuidado con las ovejas. Al igual que nos pasara en Escocia, nos encontramos en varios tramos con ovejas que campaban a sus anchas (que para algo es su territorio). El peligro no es que ocupen la calzada, porque ahí las vas viendo cuando te aproximas al rebaño, el problema viene cuando se cruzan, que se lanza una y la siguen las demás.

Lleva gafas de sol a mano. Sí, es Islandia. Pero hay mucha luminosidad. Y no hay nada más incómodo que conducir cegado por el sol, sobre todo cuando está más bajo y da de lleno en los ojos.

Lleva música. Sintonizar la radio en algunos lugares no es que sea complicado, es que es imposible. Así que mejor llevar alguna alternativa. Hoy en día lo más común es que el coche tenga lector de usb o conexión bluetooth, por lo que con un pincho o con el propio móvil serviría; pero en algunas ocasiones los coches de alquiler son básicos en ese aspecto (igual que en muchos otros) y no está de más llevar un cable jack por si acaso.

Lleva provisiones. Tanto comida y bebida como ropa de abrigo. Islandia es un país con pocas poblaciones y muy dispersas, por lo que conviene prevenir por si no hubiera un súper, restaurante o tienda en kilómetros a la redonda.

Lleva Gasolina. Más importante incluso que el punto anterior. Precisamente por el mismo motivo. Aunque es verdad que en el sur, como es más turístico, es más fácil encontrar gasolineras; en el norte por el contrario es más complicado. Sobre todo porque no hay tantos pueblos. De todas formas, nosotros desde aquel viaje desde Death Valley a Las Vegas, no apuramos nunca el depósito.

No te flipes con las distancias. En Islandia aquella fórmula del cole de t=d/v no funciona. Las condiciones atmosféricas, el estado de las carreteras y la belleza del paisaje contribuyen a que todo sea mucho más lento.

Ojo con los nombres. Si cogemos un mapa podemos encontrarnos con que hay varios lugares de interés que se parecen. Pero no es así, es importante fijarse bien en la terminación, pues es un idioma que une las palabras y para traducir tendríamos que leer de derecha a izquierda. Además, es muy descriptivo, por lo que según su última palabra sabremos si nos encontramos en una bahía (-vík), en un puerto ( -höfn), en un fiordo (-fjördur), en un glaciar (-jökull), en una península (-nes), en una laguna (-lónið), en un valle (-dalur) o en un lago (-vatn).

Cuidado al abrir la puerta del coche cuando hace mucho aire. Parece ser que ha habido casos en los que han sido arrancadas de cuajo por la fuerza del viento. Nosotros no fuimos en la época más virulenta, pero sí que tuvimos un par de días con bastante aire y si no hay cerca una montaña, al no haber bosques, aquello es todo un campo abierto por donde se mueve con total facilidad.

Y sobre todo disfrutar del paisaje. Pocas veces vamos a encontrar un lugar de tal belleza como Islandia. No importa dejarse cosas en el tintero, lo importante es disfrutar del camino y si apetece parar mil veces y sentarse en una roca a observar el paisaje y sentir el viento en la cara, lo mejor es no dudarlo.

En 14 días gastamos 1.545,62€ en este aspecto. 1.221.59€ en el alquiler de coche y seguro y 324,03€ en repostaje.

Alojarse en Islandia

La infraestructura hotelera de Islandia no es comparable con la de otros países que hubiéramos visitado. Dado que hasta hace apenas una década solo recibía visitantes dispuestos a adentrarse por la naturaleza y que recurrían a las furgonetas camperizadas, albergues o autocaravanas, no es de extrañar que no tenga una gran oferta en alojamientos. Además, no se nos puede olvidar que son unos 300.000 habitantes y que para el turismo interior no habían tenido tal demanda. Ante la llegada masiva de nuevos viajeros, obviamente el poco alojamiento que hay disponible resulta escaso, sobre todo cuando nos alejamos de la capital. Además, los precios son bastante altos y la relación calidad/precio es peor que si la comparamos con otros países europeos. Por eso, una vez más, a la hora de organizar un viaje a Islandia es muy importante planificar con tiempo.

La opción más cara es el hotel, y no abundan. Después están los apartamentos, las guesthouses y granjas (similares a un B&B y suelen incluir desayuno), y los hostels y albergues que son más baratos y además te dan la opción de poder usar sus cocinas, algo que se agradece a la hora de la cena, por aquello de ingerir algo caliente. En estos últimos, en algunos casos (cada vez menos), no incluyen la ropa de cama, pues en muchos casos quien se aloja son mochileros que ya llevan su propio saco de dormir.

Por último quedaría la posibilidad del camping, necesaria cuando se viaja con autocaravana, ya que hoy en día la acampada libre en Islandia no está permitida. Sí se podía hacer hasta hace unos años, pero la llegada masiva de turistas incívicos forzó al gobierno islandés, como es lógico, a salvaguardar su entorno y ahora únicamente existe la excepción en los casos en que se trate de menos de tres tiendas y se elija un terreno no cultivable como espacio para pasar una noche, y siempre y cuando el propietario no indique lo contrario, claro. Quedan excluidas las autocaravanas, e igualmente de los aparcamientos, en muchos lo pone expresamente. Así pues, toca buscar hueco en los pocos campings que hay por la isla y cuya estancia suele oscilar entre los 450 ISK y los 900 ISK por persona y noche en función de los servicios que se contraten.

Siguiendo nuestra tónica habitual, hemos intentado buscar alojamientos que cumplieran dos características principales. En primer lugar que estuvieran en nuestra ruta y no nos hicieran desviarnos mucho, y en segundo que se ajustaran a nuestro presupuesto. En algunos casos teníamos varias opciones con mismo precio y similar ubicación, así que nos decantamos por aquellos que nos ofrecían alguna comodidad adicional como wifi, desayuno, que tuviera una pequeña cocina o incluso lavadora.

Estos fueron nuestros alojamientos:

Día 1 Reikiavik: Reservamos un apartamento en una población próxima a Reikiavik, ya que en la capital se nos iba todo de precio. Buscamos algo que nos quedara cerca de la Ring Road para salir directos al día siguiente y listo. No fue de los mejores que elegimos, pero llegamos tan cansados, que no nos importó. Teníamos una pequeña cocina, aunque la cena esa noche la compramos para llevar, pero nos pudimos preparar las bebidas calientes en el desayuno. Quizá la mayor pega fue el baño, pero no era cosa del apartamento, sino de la zona, y es que el agua caliente salía con olor a azufre. Demasiado impacto para el primer día. Nos costó 83,27€ la noche.

Día 2 Borgarnes: Lækjarkot Rooms and Cottages. En esta zona aún había bastante oferta hotelera, sin embargo, el precio seguía siendo alto. Encontramos este alojamiento a las afueras de Borgarnes y no fue una mala opción para pasar la noche. A pesar de que no dejaba de ser una especie de contenedor de barcos con apenas poco más que una cama, un escritorio, un pequeño armario, una cocina y un baño, lo cierto es que era tranquilo, estaba limpio y parecía bastante nuevo. Pudimos disfrutar de una tarde relajados, nos hicimos una cena caliente y además la ducha no olía a huevo podrido. Nos costó 76,80€.

Día 3 Búðardalur: Ravencliff Lodge. Ubicada casi en la intersección de las carreteras 54 y 60, se trataba de una casa familiar, que claramente había sido renovada y ampliada. Seguramente se trataba de una granja que dejó de funcionar como tal y los dueños han reconvertido en alojamiento. Además de esta casa principal, en el terreno había además algunas cabañas.

Esta vez tuvimos que compartir baño, pero lo cierto es que en la casa tan solo había una pareja de chavales jóvenes y un señor español que iba con otras dos parejas alojadas en las cabañas. La casa estaba muy bien equipada y no tuvimos ningún problema con las zonas compartidas. Como además está en medio de la nada, el entorno es bien tranquilo. Nos salió por 76,03€ la noche.

Día 4 Varmahlið: Este cuarto día repetimos en un apartamento. Aunque en realidad se trataba de un garaje reconvertido en casita de invitados, contaba con una cocina bastante completa y un aseo.

Para la ducha teníamos que salir sin embargo a otra estancia, un detalle tampoco nos preocupó en demasía, ya que al fin y al cabo solo nos íbamos a duchar una vez. Es verdad que era más caro que los anteriores (110,40€), pero a medida que seguíamos hacia el norte nos iba resultando más complicado encontrar opciones. Así pues, como nos pareció que tenía buena pinta y además estaba bien situado cerca de la Ring Road, no le dimos muchas vueltas. Luego además resultó que pudimos ver las auroras boreales desde allí.

Días 5, 6 y 7 Lago Mývatn: Como teníamos varios puntos de interés en torno a este lago, decidimos establecer un sitio base en lugar de movernos cada día. Encontramos el Hotel Gígur by Keahotels, que nos salía a 130,71€ la noche con desayuno incluido y en vista de las pocas alternativas, reservamos. La habitación era algo justa y con camas individuales, pero bueno, lo solucionamos juntándolas.

El problema real fue el olor a azufre de nuevo, esta vez mucho más persistente que en nuestro primer alojamiento. De hecho en sus pasillos tienen vinilos alertando de que si queremos agua caliente en esta zona, no nos queda otra que acostumbrarnos al olor. Menos mal que no pasamos mucho tiempo en el hotel.

Aunque tuvimos que salir pronto por las mañanas y no nos pudimos recrear mucho en los desayunos, la oferta era variada.

Día 8 Seyðisfjordur: Hafaldan HI hostel. Este fue uno de mis alojamientos favoritos a pesar de que teníamos el baño fuera de la habitación. Supongo que tenía mucho que ver el enclave tan remoto en que nos encontrábamos, pero también cómo el antiguo hospital se ha reacondicionado en hostel con sencillez y mucho gusto. 

Por 95,13€ teníamos no solo el alojamiento, sino una amplia cocina totalmente equipada y la posibilidad de usar la lavadora y secadora (previo pago) además de la sauna.

Día 9 Höfn: Arnanes Country Hotel. En este hotel rústico un poco en medio de la nada, por 103,45€ teníamos habitación (sin baño) y desayuno. No obstante, como teníamos la excursión al glaciar muy pronto, tuvimos que desayunar en la habitación porque si no, no llegábamos. De hecho, fue en uno de los alojamientos que menos tiempo pasamos, porque también llegamos bastante tarde. Nos sirvió básicamente para dormir y asearnos.

La única pega que le podría poner en base a nuestra estancia es que la wifi era muy muy lenta, casi inexistente.

Día 10 Kirkjubæjarklaustur: Hótel Laki. Aquí, a pesar de que habíamos elegido una cabaña en los Efri-Vík Bungalows, a nuestra llegada nos ofrecieron cambiar la reserva al edificio principal del hotel, donde, a diferencia de en las cabañas, tendríamos conexión a internet. Además nos dieron un vale para tomar una consumición en el bar. Con desayuno incluido, pagamos 129,60€ por la noche, quedando evidente que, a medida que nos movíamos por territorios más turísticos, el precio subía.

La habitación estaba en un ala anexa al edificio principal y tenía un buen tamaño. Daba a la parte trasera, precisamente hacia los bungalows y era bastante tranquila, lo cual nos vino bien, porque ese día sí que terminamos algo antes que los anteriores y pudimos aprovechar para descansar, hacer copia de seguridad de las fotos, reorganizar las maletas y tomarnos alguna cerveza local.

La única pega era el baño, que era un tanto básico y anticuado, pero estaba limpio y cumplió su función.

Día 11 Skógar: Tal y como habíamos hecho en Búðardalur, reservamos habitación con baño compartido en una casa estilo granja. El edificio parecía estar ubicado en un terreno familiar con varias casitas unifamiliares. Esta era bastante moderna, de hecho, no parecía haber vivido nadie, sino haberse usado únicamente como casa de alquiler. La compartimos con una pareja de alemanes y dos mujeres holandesas, pero únicamente nos cruzamos en la comida a la cena, coincidimos todos en el desayuno.

Nosotros llegamos a media tarde, porque ese día nos cayó un buen diluvio, pero estaba la casa abierta y vacía, por lo que pudimos disfrutar del salón tranquilamente. No es que nuestra habitación no fuera cómoda, pero sí que es verdad que era algo pequeña y al estar abuhardillada, preferimos quedarnos abajo.

El baño lo teníamos fuera, aunque no tuvimos que esperar en ningún momento para usarlo.

Teníamos el desayuno incluido en la reserva, por la que pagamos 119,58€, aunque no fue de los mejores que probamos.

Día 12 y 13 Hella: Welcome Riverside Guesthouse. Nuestra penúltima parada fue en Hella, donde elegimos este alojamiento cuyo edificio fue construido en la década de 1930 en Þingvellir para el rey Kristján X. Hoy es un albergue moderno y sencillo con una sala con mesas y sillas y una cocina doble completamente equipada. 

Es verdad que teníamos baño compartido y que la habitación era pequeña, pero nos era muy conveniente su localización a apenas 900 metros de la parada del bus que nos llevaría a Landamannalaugar. Además nos salió por 125,58€ las dos noches, que estaba bastante bien con respecto al importe medio que veníamos pagando.

Día 14 Keflavik: Breakfast Keflavík Airport Hotel. Para la última noche elegimos lo más próximo al aeropuerto posible, ya que teníamos el vuelo pronto y además había que devolver el coche antes. La habitación era enorme, aunque el baño, el mobiliario, la moqueta y el diseño en general nos trasladaban a los años 70. Nos salió por 98,17€ la noche y no pasamos en él ni 10 horas, lo justo para ducharnos, cenar, hacer las maletas y dormir.

En total en alojamiento gastamos 1.410,13€, que viene a ser 50,36€ por persona y noche. Es el doble de lo que solemos destinar en nuestros viajes, pero como digo, no queda otra, pues no hay mucha oferta y además el nivel de vida islandés es superior al nuestro. También es verdad que en algunos casos teníamos incluido el desayuno. En cualquier caso, creo que acertamos con todos y cada uno de ellos, aunque, lógicamente, algunos estaban mejor cuidados y preparados que otros.

Road Trip por Islandia XXXIII: Día 15. Regreso a Madrid

Teníamos el vuelo a las 9 de la mañana, por lo que habría que estar a eso de las 7 en el aeropuerto. Habíamos indicado devolver el coche a las 6 de la mañana, así que nos levantamos y, tras desayunar en la habitación como tantos otros días, pusimos rumbo a la oficina de alquiler. No tardamos mucho en llegar y tan solo teníamos una persona delante de nosotros haciendo la devolución, por lo que enseguida nos llegó nuestro turno. Como habíamos cogido el seguro completo ni siquiera nos comprobaron cómo lo entregábamos. Cualquier posible daño estaría cubierto.

Tras dejar el coche con 3483 kilómetros más que cuando lo recogimos un par de semanas antes, y cuando apenas nos habíamos movido de la oficina, vimos cómo llegaba el bus que hace la ruta a la terminal, así que corrimos como pudimos arrastrando las maletas para no perderlo y tener que esperar un cuarto de hora a la intemperie junto a un poste.

Una vez en el aeropuerto hicimos el checkin y nos buscamos un hueco donde sentarnos y tomarnos un segundo desayuno (nos quedaba un skyr que no podíamos pasar por el control al ser líquido). Allí vimos a un grupo de chinos monopolizar una de las máquinas de checkin. Uno de ellos tomó los pasaportes, se puso ante la máquina y empezó a sacar las etiquetas para las maletas. Nos pasamos un buen rato entretenidos viendo cómo montaban follón, algo que contrastaba con el carácter tranquilo de los islandeses.

Tras terminar el desayuno pasamos los controles y nos dirigimos a la pequeña sala de espera del aeropuerto para hacer tiempo hasta que pudimos embarcar. Y es que las puertas están en el pasillo y o te quedas haciendo cola y molestando, o te apartas a otro espacio.

El vuelo salió en hora y fue bastante tranquilo, sin embargo antes de aterrizar en Madrid estuvimos unos 20 minutos dando vueltas esperando pista. Y después, como suele ocurrir en Madrid y en verano, el aterrizaje fue un tanto lamentable al dar botes de una bolsa de aire a otra.

Recogimos la maleta y salimos al caluroso ambiente de Madrid, echando mucho de menos Islandia y pensando ya en cuándo sería nuestro próximo viaje. Aunque desde luego ni en las peores pesadillas imaginábamos lo que nos traería este peculiar 2020.

Road Trip por Islandia XXXII: Día 14 IV Parte. Selfoss y Reikiavik

Abandonamos el Parque Nacional de Þingvellir y pusimos rumbo a Selfoss, una de las mayores poblaciones de la zona. No encontramos mucho que ver aparte de su iglesia (Selfosskirkja), un parque y un puente colgante más histórico que atractivo.

El Puente colgante Ölfusárbrú sobre el río Ölfusá fue construido en septiembre de 1981 convirtiéndose en la se septiembre 1891 se convirtió en la construcción más grande del país. Gracias a él, la ciudad experimentó un gran crecimiento, pasando a ser la localidad más grande e importante del sur de Islandia centralizando el comercio y la industria de la zona.

Durante la II Guerra Mundial las tropas británicas, establecidas en Selfoss, se encargaron de protegerlo. Aunque eso no impidió el el 5 de septiembre de 1944 colapsara después de que se rompieran sus cables y hubiera que reconstruirlo. Fue reinaugurado el 21 de diciembre del 45.

Aprovechamos la parada en Selfoss para hacer compra en un Krónan y volvimos a la Ring Road rumbo a Hveragerði, un pueblo junto al río Varmá que está rodeado de aguas termales. Gracias a la presencia de estas, la pequeña localidad tiene un clima bastante benevolente. Y como además la tierra es rica en minerales es un buen lugar para el cultivo de plantas, frutas y hortalizas.

En las afueras se ve cómo la colina humea, por lo que seguimos el camino que nos llevaba a la zona donde abundaban columnas de vapor.

Dejamos el coche en un pequeño aparcamiento y seguimos un sendero que nos acercaba a las fumarolas. Cerca había unas piscinas y de la zona salían también rutas de senderismo por el área de Hengill

Como no teníamos tiempo ni para una cosa ni para otra y además el clima no nos acompañaba, volvimos a la carretera para intentar llegar a Reikiavik con luz, aunque no nos quedaba mucha tarde por delante.

Una hora después, sobre las 6 de la tarde, estábamos aparcando de nuevo en la primera calle que el primer día. Como ya sabíamos que ahí no había que pagar por el estacionamiento y que no nos quedaba lejos del centro, no nos complicamos mucho la vida. Aunque habíamos visto lo principal de la capital, lo cierto es que se nos habían quedado algunas cosas por ver, así que pusimos rumbo a la calle principal, la Laugavegur.

Con pocas horas por delante en el país, nos tomamos este paseo con más calma, observando las peculiares casas de colores, algunas más altas, otras más bajas, unas familiares, otras convertidas en negocio, pero todas con cierto encanto nórdico.

Anduvimos por las calles peatonales delimitadas por unas vallas con bicis y en las que predominaban locales comerciales en ambas aceras. Hicimos alguna compra de recuerdos de última hora y obviamos los restaurantes, ya que teníamos que gastar fideos de los que nos habíamos llevado de España.

El primer día nos habíamos dedicado a pasear por la parte comprendida entre el Lago Tjörnin (y sus alrededores), el puerto y la calle Snorrabraut, así que nos dirigimos más allá del lago, al cuadrante comprendido entre el Alþingi y el Puerto Viejo, tomando la calle Bankastræti.

En el cruce con la calle Lækjargata nos encontramos con el Stjórnarráðið, la oficina del Primer Ministro, frente al que se erige la estatua de Hannes Þórður Pétursson Hafstein, político y poeta islandés que en 1904 fue el primer islandés en ser nombrado miembro del gabinete danés como ministro de Islandia y responsable ante el Alþingi.

Continuamos por la Austurstræti, una calle muy animada por los restaurantes que ya estaban preparando sus mesas para el horario de cena.  Aunque aún se conservan las típicas construcciones de madera típicas islandesas, se intercalan entre otras más modernas, sobre todo de bancos.

Llegamos hasta Víkurgarður, también conocido como Fógetagarður, uno de los parques públicos más antiguos de la ciudad que en su origen fue un cementerio y albergaba una antigua iglesia que estuvo en pie de 1200 a 1789. En él se encuentra el árbol plantado más antiguo de Reikiavik, que data del verano de 1884. Sin embargo, lo encontramos tapiado porque se iba a construir un hotel. Solo se veía la estatua de Schierbeck.

Volvimos sobre nuestros pasos y nos paramos en Bernhöftstorfan, donde se ubican una serie de casas que fueron locales comerciales y que datan de 1834. Iban a ser destruidas en la década de los 70 con la nueva planificación urbanística (habían sufrido por un incendio), pero fueron reconstruidas y en 1979 se convirtieron en Patrimonio Nacional. Junto a las casas había un jardín, donde se instaló una bomba de agua que facilitó mucho la vida a la gente de los alrededores. Desde 2011 hay en su recuerdo una estatua de Sveinsson en honor a las aguadoras que acudían a la fuente a diario.

Para finalizar la visita a Reikiavik, regresamos a la Hallgrímskirkja, esta vez recorriendo el arco iris pintado en el suelo.

Finalmente pasadas las 8 de la tarde, ya casi sin luz, volvimos al coche para dar por concluido nuestro viaje. Para la última noche habíamos elegido el Bed and Breakfast Keflavík Airport Hotel, que se ubica junto al aeropuerto, ya que teníamos el vuelo a las 9 de la mañana. De esta forma no necesitaríamos reservar traslado, simplemente entregaríamos el coche antes de facturar.

Un poco antes de llegar al hotel paramos en una gasolinera para llenar el depósito y así no tener que hacerlo a primera hora y en una gasolinera próxima al aeropuerto, donde los precios serían superiores. El cuentakilómetros marcaba 320,3 para aquel día. Nos habíamos metido buena tunda con la tontería y entre unas cosas y otras acabamos llegando al alojamiento a las 9, por lo que tan solo nos dio tiempo a darnos una ducha, hacer el equipaje, cenar unos fideos chinos e intentar descansar algo antes de que el despertador sonara a las 5:30 de la mañana.

El hotel parecía bastante moderno en la recepción, sin embargo, en las habitaciones se notaba su antigüedad. El espacio era bastante amplio y estaba limpio, pero la moqueta, los armarios y el baño denotaban un aire años 70. Para el uso que le íbamos a dar, nos vino perfecto.

Road Trip por Islandia XXXI: Día 14 III Parte. Parque Nacional de Þingvellir

Dejando atrás la zona geotermal de Geysir, volvimos a la carretera 35. Tomamos después la 37 para desviarnos a la 365, que nos serviría de enlace con la 36, una carretera que nos adentraba de lleno en el Parque Nacional de Þingvellir. Un parque que aparece en varios episodios de las sagas islandesas y que fue declarado Parque Nacional desde 1928 debido a su importancia histórica, así como por su especiales características tectónicas y volcánicas. Además, fue considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004. 

Como ya venía siendo habitual en las zonas más turísticas de la zona sur, nos encontramos con que el aparcamiento era de pago. Había varias zonas habilitadas para ello y lo cierto es que estaba todo bastante lleno, no en vano el Þingvellir forma parte de la ruta turística más famosa de Islandia, el Círculo Dorado. Dejamos el coche en el primer hueco que vimos, buscamos la máquina para abonar la tarifa y emprendimos nuestra ruta.

El valle de Þingvellir fue por donde emergió la isla de Islandia. La dorsal Atlántica separa las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia y la llanura queda flanqueada por un muro rocoso. Las dos fallas más espectaculares de la zona son Almannagjá y Hrafnagjá. La primera de ellas, al oeste de la planicie, cuenta con 7,7 kilómetros de longitud y tiene en algunos puntos hasta unos 40 metros de profundidad, por lo que se puede ver claramente la separación entre las dos placas tectónicas.

Hoy en día hay una pasarela de madera sobre el rift, y es que el 31 de Marzo de 2011 apareció un agujero en el medio del camino de grava de la falla Almannagjá. Se descubrió entonces una falla nueva, y más profunda, que se extendía unos 15 metros hacia el suroeste. Parece ser que la causa de este agujero fue la caída de una gran roca, posiblemente alguna que se quedara suelta después de los terremotos de los años 2000 y 2008, que aunque tuvieron lugar lejos de la zona, se notaron claramente en el valle de Þingvellir.

La falla Hrafnagjá por su parte es algo más larga – 11 kilómetros – y también algo menos profunda -30 metros-.

El valle es uno de los lugares históricos más importantes de Islandia. Fue aquí donde en el año 930, Thorsteinn Ingólfsonn estableció el Alþingi, una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo. Este órgano se reunía anualmente en verano hasta finales de la Antigua Commonwealth (basada en las tradiciones germánicas) en el siglo XIII y con sus reuniones pretendía establecer un modelo de gobierno democrático. En términos modernos, se podría decir que el Alþingi tenía poder legislativo y judicial. Cuando tenían lugar las reuniones y no había tradición escrita, sino que el lögsögumaður (hablante de leyes) recitaba la ley a todos los congregados. Estas asambleas también servían para dictar sentencia contra los criminales.

El lögsögumaður era un puesto muy prestigioso y el único que tenía sueldo en el Alþingi. Sin embargo, a pesar de su conocimiento de las leyes, en la sociedad no tenía poder formal. Por su parte, el lögrétta era la máxima autoridad en la Antigua Commonwealth y era el encargado de promulgar las nueva leyes e intervenir en disputas legales. No obstante, no tenía poder de aplicación, sino que ambas partes eran las que se aseguraban de cumplir.

En el Alþingi tuvieron lugar eventos cruciales para la historia del país, como la adopción del cristianismo como religión oficial alrededor del año 1000 y la fundación de la República Islandesa el 17 de junio de 1944. Funcionó como Tribunal de Justicia hasta 1798 y después desapareció. Hoy ya no queda nada de aquel parlamento, tan solo encontramos una bandera islandesa que marca el lugar donde se cree que se encontraba la Lögberg o Roca de la Ley, donde se celebraban aquellas reuniones.

En las últimas décadas los islandeses han celebrado los eventos más importantes del país en Þingvellir. El primero fue el Festival Nacional de 1874 para conmemorar el asentamiento en la isla. Las festividades llegaron a su punto álgido cuando el Rey Christian IX proclamó la primera Constitución, que confería poderes legislativos y de presupuestos al Alþingi en Reikiavik. En 1950 se conmemoró el milenio de la fundación del Alþingi en el mismo lugar en que se celebraba la antigua asamblea en una sesión inaugurada por el Rey Christian X (por aquel momento aunque Islandia era un país soberano, aún dependía del Rey de Dinamarca). En 1994 acogió la celebración del 50 aniversario de la República y en el 2000 el milenio de la adopción del cristianismo.

En la época de la Antigua Commonwealth (930-1262) el poder ejecutivo en Islandia estaba muy limitado. En la Asamblea Nacional se promulgaban leyes y se trataba de juzgar los casos de acuerdo a estas normas, sin embargo, en realidad los veredictos tenían que ser asumidos por las partes. En los casos menores se imponían multas, mientras que en los casos más graves se imponía un exilio de 3 años e incluso de toda la vida. Si un convicto burlaba la pena y era encontrado donde no podía estar, podía ser asesinado por la familia de su víctima. Y es que los casos de venganza eran muy comunes. Después de que Islandia se acogiera en 1262 a las leyes del Reino de Noruega, los castigos dependían de aquel país.

Sin embargo, las condenas se hicieron más severas tras el Gran Edicto de 1564, que castigaba con grandes penas actos inmorales como incesto y fornicación. La jurisdicción de estos casos fue transferida de la iglesia a las autoridades seculares y durante el siglo XVI y XVII estas eran muy celosas de su cumplimiento porque se creía que Dios podría castigar a las sociedades en las que predominaba el pecado y el mal. Así, se hicieron populares las ejecuciones públicas para así desalentar a la población de cometer esos delitos. Para las penas menores en las que se imponía una multa, en ocasiones también se recurría al castigo corporal. Para las peores formas de incesto, el Gran Edicto establecía que los hombres tenían que ser decapitados (en Höggstokkseyri) y las mujeres ahogadas. El castigo por robar era penado con ahorcamiento en la roca Gálgaklettur. En total, se tiene constancia de 72 personas ejecutadas en el valle entre 1602 y 1750: 30 hombres decapitados, 9 quemados, 15 ahorcados y 18 mujeres ahogadas.

Durante los siglos XVII y XVIII la razón principal para la pena de muerte fue el incesto, seguida por el aborto. En las últimas décadas del XVII fueron abolidas las ejecuciones en las asambleas regionales y todas fueron trasladadas al Alþingi tras un juicio en la corte del Lögrétta. Para mediados del XVIII todas las penas de muerte se le comunicaban al rey, quien conmutaba las sentencias por cadena perpetua. El Gran Edicto no fue totalmente abolido hasta 1838, cuando en realidad ya las penas habían ido perdiendo gravedad.

En los tiempos antiguos el ahogamiento era ampliamente usado como método de ejecución como ya mencionaba un poco más arriba. En Þingvellir este método tenía lugar en Drekkingarhylur. A las condenadas se las ataba, se las metía en un saco y después eran arrojadas al agua. Una vez allí, sus cuerpos eran presionados hacia abajo para que no tuvieran ninguna posibilidad de salvarse.

Muy cerca se halla la Cascada Oxarárfoss, que toma su nombre del arrollo Öxará. El agua, procediente del continente americano, se precipita en el europea por la falla de Almannagjá, provocando una fumarola de vapor de agua antes de desembocar en el Lago de Þingvallavatn, el más grande de Islandia con sus 83 km2.

Continuamos nuestro paseo hasta la iglesia de madera, Þingvallakirka, construida en 1859, aunque en esta localización ya se habría erigido una de las primeras iglesias de la isla, en el siglo XI por iniciativa de St. Olaf, Rey de Noruega, quien envió madera y una campana al país, poco después de la adopción del cristianismo.

En uno de sus laterales encontramos una especie de regla. Resulta que en los tiempos antiguos se usaba como unidad de medida la distancia que había entre el codo y las puntas de los dedos de la mano. Sin embargo, como esta variaba de unas personas a otras, pues no resultaba muy útil para los comerciantes. La legislación más antigua sobre medidas se encuentra en el Stikulög, de 1195-1202. En ella se establece que una yarda equivale a 2 ell (1 ell = 49cm) y que esta medida ha de marcarse en cada parroquia que contara con cementerio. Por eso se marcó una escala de 20 ell en una pared de esta iglesia.

Para medir la lana y otros textiles se podía usar sin embargo el Kvarði o stika, lo que viene a ser una vara de medir de 2 ell.

Al este está el Cementerio Nacional, que data de 1940. En él están enterrados los poetas Jónas Hallfrímsson y Einar Benediktsson.

Al oeste de la iglesia se una edificación que data de 1930. Construida según los diseños del arquitecto Samúelson, hoy en día pertenece a la Oficina del Primer Ministro, quien la usa como residencia de verano. No obstante, no siembre fue así.

En 1907 se construyó una casa en los terrenos próximos a la cascada Öxarárfoss para la visita del Rey Frederik VIII de Dinamarca y por ello pasó a ser conocida como la Casa del Rey. Antes de la celebración del milenio del Alþingi en 1930 se movió a la costa del lago y el Rey Christian X y la Reina Alexandrina de Dinamarca residieron allí durante las celebraciones de la asamblea. En los años siguientes los ministros del gobierno, principalmente el Primer Ministro, comenzaron a usarla como casa de verano, pero el 10 de julio de 1970 un incendio acabó con ella y con las vidas del Primer Ministro Bjarni Benediktsson, de su mujer Sigridur Björnsdóttir y de su nieto Benedikt Vilmundarson. Fue entonces cuando la residencia de verano se trasladó a la edificación donde vivía el Director del Parque Nacional.

En un origen esta construcción tenía 3 casitas al estilo islandés con su tejado de turba. Con este traslado se añadieron dos más para acoger al Primer Ministro. La parte original de la casa dejó de ser el hogar del Director del Parque en 1995, aunque ahora uno de los edificios está habilitada para él y para el cura, aunque más como despacho o zona para recibir visitas.

Tras ver esta parte alejada de la ruta, volvimos al coche para continuar con nuestro día. Teníamos muchas cosas anotadas en la lista, pero desde luego habría que filtrar.

Road Trip por Islandia XXX: Día 14 II Parte. Círculo Dorado: Zona Geotermal de Geysir

Volvimos a la carretera 35, sobre nuestros pasos en dirección al Valle de Haukaladur, o lo que es lo mismo, la zona geotermal de Geysir. A unos 10 kilómetros de la cascada de Gullfoss nos encontramos con un gran centro de visitantes con tiendas y zonas de restauración junto al que había un gran aparcamiento. Dejamos el coche y nos dirigimos al área geotermal.

Islandia es uno de los pocos países del mundo donde se puede encontrar un géiser. De hecho, del islandés es de donde hemos tomado este préstamo que significa surtidor. Hay muchos a lo largo de todo el país, pero aquí es donde se encuentra uno de los más grandes del mundo, probablemente el segundo. Hasta hace 50 años había un gran Geysir que llegaba a alcanzar los 112 metros, pero hoy, como consecuencia del uso de productos químicos empleados para provocar sus explosiones, ya no expulsa vapor. Hoy solo queda una piedra en el lugar que se encontraba.

Hoy hay que conformarse con otros más pequeños. El que atrae ahora todas las miradas es el Strokkur, que tan solo alcanza los 20 metros. Es fácil localizarlo (además de por la piedra que lo marca) porque está rodeado de gente que espera su estallido.

Rodeamos el perímetro delimitado por una cuerda esperando encontrar el mejor lugar para ver su columna de vapor, y justo vimos cómo se alzaba de una forma un tanto tímida. Sin duda no había alcanzado los 20 metros.

Como después de una estallida suele tardar unos minutos en volver a actuar, nos dimos una vuelta por la zona, con cuidado de dónde pisábamos ya que estaba todo embarrado y el agua está a una alta temperatura.

En el recorrido pudimos ver otras señales que indicaban más géiseres, como el Litli o el Konungshver o el Blesi, aunque no los vimos en acción.

Aunque sí vimos otros borboteos dispersos en el camino.

Antes de marcharnos vimos al Strokkur en todo su esplendor.

Road Trip por Islandia XXIX: Día 14. Urriðafoss, Faxifoss y Gullfoss

Último día de viaje y teníamos un plato fuerte: El Círculo Dorado, la zona más turística de todo el país, que concentra, en muy poco espacio, lugares de gran interés. Nos levantamos pronto, pues necesitábamos todas las horas posibles para aprovechar bien la jornada. Y aún así, teníamos la certeza de que algo se quedaría fuera por falta de tiempo.

A las 8:45 ya estábamos en marcha en la Ring Road. Muy pronto hicimos la primera parada para ver la cascada Urriðafoss que, aunque no es una de las más famosas, con una caída de 6 metros es la más espectacular del río Þjórsá, el más largo de Islandia con 230 km. La mayor parte del agua de este río se origina en los glaciares Hofsjökull, Vatnajökull y Tungnafellsjökull. En este tramo, el río trascurre por el lado este del campo de lava Þjórsárhraun, uno de los más grandes formados por una única erupción desde la Edad de Hielo.

La cascada mide 6 metros de altura en su punto más alto y lleva un volumen promedio de 350 metros cúbicos por segundo (el único río que tiene un mayor volumen es el Ölfusá), mientras que durante la primavera llega a alcanzar los 1000-1500. En inviernos muy fríos se ha llegado a dar el caso en que hielos de un grosor de 30 metros han llegado hasta ella, pero hoy en día es algo complicado de ver como consecuencia de los embalses construidos río arriba. A principios del siglo XX, el poeta Einar Benediktsson planificó una central hidroeléctrica en Urriðafoss, pero la idea quedó en aguas de borrajas. Hoy, la compañía eléctrica Landsvirkun también ha pensado algo similar, pero para construir la planta el río debería incorporar una presa que reduciría el caudal de las cascadas, especialmente en invierno y en algunos casos llegaría a estar casi seca. Así pues, estos planes entran en conflicto con los principios de conservación de la naturaleza y la idea de una utilización responsable de los recursos energéticos y no parece que vayan a llevarse a cabo.

En este río los granjeros de la zona han pescado durante años tanto salmón como trucha. En la antigüedad se decía que el salmón tenía una inusual y poderosa cola que le permitía saltar la cascada, sin embargo, hoy en día no es algo tan frecuente de ver. Un poco más arriba parece que se pueden ver focas, que acuden a comer. Nosotros no vimos ni focas ni peces, además, estaba lloviendo y hacía aire, por lo que no era precisamente cómodo estar a la intemperie. Hicimos unas pocas fotos y en unos 5 minutos estábamos volviendo a la carretera.

Retomando la 359 y después la 35 nos dirigimos a la segunda cascada del día, la Faxifoss o Faxafoss. Es poco conocida dentro de la ruta del círculo dorado de Islandia, pero la carretera para llegar a ella está bien asfaltada. Tiene habilitado un aparcamiento cuyo precio nos resultó excesivo (700isk) para lo que luego es en sí la cascada. Estaba completamente vacío, seguramente porque era pronto, estaba lloviendo y la mayoría de la gente hace el recorrido en el sentido contrario. En cualquier caso, dejamos el coche en un trozo de tierra cerca de la carretera e hicimos el resto del camino a pie. Seguía lloviendo, por lo que tampoco nos paramos mucho tiempo.

La cascada se ve completamente de frente y se puede abarcar en su totalidad, lo que hace apreciar su longitudinalidad.

De regreso en la 35, seguimos hasta la tercera parada del día: Gullfoss, una de las cataratas mejor acondicionadas para el turismo de Islandia. En su entorno cuenta con un centro de visitantes con cafetería, restaurante y baños. Podemos dejar el coche en dos aparcamientos, uno en la parte superior (que es donde se encuentra este centro), y otro más pequeño en la inferior, que es donde lo dejamos nosotros. Ambas partes quedan comunicadas por una escalera, por lo que en realidad no va a alterar mucho la perspectiva. Sobre todo porque siempre nos podemos mover.

El camino que nos lleva junto al río es conocido como Sigríður, en memoria a Sigríður Tómasdottir, hija de Tómas Tómasson y Halldór Halldórsson, granjeros propietarios de la cascada. Los turistas comenzaron a visitar Gullfoss sobre 1875, y es que antes de aquella época era difícil de llegar hasta ella porque el terreno era complicado de transitar y los ríos imposibles de cruzar. Sigríður y sus hermanos comenzaron a guiar a los visitantes, creando así el primer camino que llevaba a la cascada.

Pero no solo lleva su nombre por esto, sino porque emprendió una lucha para conservar Gullfoss. A principios del siglo XX sus padres recibieron ofertas para comprarla, y aunque se resistieron a venderla, poco después la acabaron alquilando a inversores extranjeros, quienes pretendían usarla para generar electricidad. Sigríður buscó anular el contrato y que no se construyera la planta energética, algo que finalmente consiguió en 1929. Por esta batalla es recordada además como la primera ecologista del país. 

Después fue vendida al Estado, quien también se planteó explotar el río, pero que pronto acabó desistiendo y finalmente en 1979 tanto Gullfoss como su entorno fueron designados como Reserva Natural. En aquel mismo año se erigió también este memorial en honor a Sigríður con imagen del escultor Ríkarður Jónsson.

Parece que hay tres teorías diferentes para el nombre de esta cascada. Una de ellas dice que lo de “cascada dorada” se debe a que toma un matiz dorado en los días muy soleados. Otra parece indicar que viene inspirado por el arcoíris que a menudo aparece al incidir el sol en las gotas en suspensión de la caída. La última teoría está recogida en el diario de viaje de Sveinn Pálsson. En él cuenta que había un granjero llamado Gýgur que tenía mucho oro pero que no podía soportar que alguien lo heredara tras él, así que, para prevenirlo, lo puso en un cofre y lo tiró a la cascada.

Gullfoss en realidad consiste en dos cascadas, una superior de 11 metros y una inferior de 20. No son especialmente altas, pero destacan por la anchura y la potencia que lleva el río Hvítá: el promedio de agua que circula por Gullfoss es de 109 m³, pero hay ocasiones en las que puede llegar a alcanzar incluso los 2000. Entre ambas caídas hay un cambio de dirección de unos 45º, aunque para ver esta última hay que acercarse, ya que cae por una grieta casi oculta.

La garganta de Gullfoss, formada por inundaciones que se hicieron su camino a través de las capas de lava basáltico, es de aproximadamente 2.5 kilómetros de largo y 70 metros de profundidad. El río no se puede vadear por la zona de la cascada, y tampoco puede ser cruzada a caballo. Sin embargo, hay una historia del siglo XVII, que se cree cierta, en la que el hijo de unos granjeros de Brattholt mientras pastoreaba con las ovejas vio a una chica a la otra orilla. Ambos se miraban con curiosidad y ella le pidió a él que cruzara el río para estar con ella. No se sabe cómo lo hizo, pero parece que se casaron y tuvieron descendientes, por lo que debió conseguirlo.

Nosotros tomamos el camino sencillo para acercarnos a la cascada: el sendero bien marcado. Nos conduce a los pies de la cascada pequeña, aunque hay que tener mucha precaución porque la potencia con la que cae el agua empapa las rocas, y el terreno se vuelve muy resbaladizo. En nuestro caso además estaba lloviendo, por lo que había que ir con mil ojos.

Sobre las 11 de la mañana abandonamos el recinto y continuamos hacia el Parque Nacional de Þingvellir.

Road Trip por Islandia XXVII: Día 12 III Parte. Seljalandfoss y Gljúfrafoss

Íbamos por la Ring Road tras abandonar Skógafoss cuando nos sorprendió una valla llena de sujetadores en la granja Brekkukot. Según los rumores, todo empezó una noche allá por 2012 cuando unos locales estaban de fiesta y les dio por robar sujetadores a una vecina. Desde entonces, ha surgido la costumbre de que toda la que pasa, deja uno.

Parece que a los dueños del terreno no les importa mucho, eso sí, solo aceptan sujetadores, nada de ropa interior o calcetines. Incluso han habilitado una caja para que la gente deje donaciones para la investigación del cáncer de mama.

Unos kilómetros más adelante llegamos a nuestro destino, la cascada Seljalandfoss. 

Tomamos el desvío de la carretera 249 tal como indicaba la señal, sin embargo, nos encontramos con que el aparcamiento más próximo era de pago.

Ya nos había pasado en Svartifoss, pero al menos allí íbamos a dejar el coche el día entero por la excursión, así que de alguna manera amortizábamos el pago. En este caso no estimábamos que fuéramos a estar más de una hora y 750 ISK nos parecía un tanto desorbitado. Este aparcamiento parece de reciente creación como consecuencia del aumento del turismo en los últimos años. Cuenta con baños, varias casetas de comida y un merendero que permite observar la cascada.

No obstante, justo en la conjunción de la Ring Road con la 249 había otro pequeño aparcamiento (imagino que el que ha habido siempre), por lo que volvimos pues por donde habíamos venido, y probamos suerte. Coincidió que había varios coches que se iban, por lo que pudimos dejar el coche sin problema. Desde allí hay que caminar unos 800 metros, por lo que tampoco es un trauma no aparcar a los pies de la cascada. Es una distancia perfectamente asumible a pie. Incluso con lluvia intermitente.

Seljalandfoss tiene una altura de más de 60 metros y así desde lejos no parece tener nada que la haga destacar de otras tantas cascadas en el país. Sin embargo, tiene la peculiaridad de que se puede andar por detrás de ella gracias a un sendero que se mete hacia el propio acantilado por el que se precipita el agua del río Seljalandsá. Imagino que con el paso del tiempo la erosión ha ido desgastando esta parte de la roca y de ahí la cavidad.

Cae con bastante fuerza y, aunque hay cierta distancia, el baño es inevitable.

Hay que tener mucho cuidado con las cámaras, pues como además haga un poco de viento, la cosa se complica. En invierno no creo que sea muy recomendable hacer el recorrido, ya que seguramente esté todo el camino helado y sea fácil resbalarse.

Además de una perspectiva frontal o desde detrás, también se puede subir al acantilado para tener una vista cenital de la cascada.

A un corto paseo de Seljalandfoss hay una segunda cascada más pequeña y también menos conocida, la Gljúfrafoss.

También es llamada Gljúfrabúi (“la que se esconde en el cañón”), y es que queda oculta tras un acantilado. Para llegar a ella hay que entrar por una hendidura en la roca agarrándose a las paredes verticales y saltando de piedra a piedra parcialmente cubiertas por el río.

Es imprescindible para la aventura llevar calzado y ropa impermeable y mirar muy bien dónde se ponen los pies y las manos. Además, tiene la complicación añadida cuando hay gente, ya que o unos se esperan para salir, u otros para entrar. Todos a la vez es imposible. Salvo que el río vaya seco (se nutre del deshielo de primavera)… pero entonces, ¿dónde está el interés?

Una vez dentro, la vista es impresionante. A nosotros fue la cascada que más nos gustó. Es verdad que solo mide 40 metros, pero el hecho de tener que entrar hasta la cueva, de estar recogidos en el interior con todo cubierto de verde, con el silencio solo roto por el ruido del agua, la luz cenital…

Una maravilla.

Tras la visita de estas dos cascadas volvimos al coche, donde, antes de marchar, nos comimos unos sándwiches. Sobre las tres de la tarde volvimos a la carretera con la dirección de nuestro alojamiento como destino en el GPS, sin embargo, una hora y media después vimos desde la carretera el Krónan de Hvolsvöllur, así que paramos para hacer algo de compra, ya que al día siguiente teníamos una excursión a las Tierras Altas y tendríamos que llevarnos comida. Con el maletero lleno continuamos 13 kilómetros a Hella, donde íbamos a pasar un par de noches.

A pesar de ser un día en el que habíamos tenido que retroceder por la lluvia del día anterior, al final no se nos dio mal y no eran ni las cinco cuando llegamos al alojamiento, lo cual no nos venía mal dado que al día siguiente teníamos que madrugar e íbamos a estar todo el día de ruta de montaña.

Ese día sumamos otros 150 kilómetros.

Habíamos reservado una habitación en el Welcome Riverside Guesthouse, un alojamiento que originalmente fue construido en la década de 1930 en Þingvellir para el rey Kristján X (Rey de Dinamarca, pero también de Islandia pese a haberse independizado en 1918) en el aniversario del establecimiento de la Asamblea General en el año 930.

Reacondicionado como albergue, cuenta con varias habitaciones dispuestas en torno a una sala común en la que encontramos varias mesas.

El dormitorio en sí era algo pequeño, apenas cabían dos camas de 90 y un armario, pero elegimos este alojamiento porque nos daba la opción de cocinar y porque el autobús de la excursión a las Tierras Altas paraba a tan solo unos metros.

Teníamos un pequeño lavabo también, que no está mal para poder asearse, dado que los baños eran comunitarios.

La cocina estaba dispuesta de forma que en ambas paredes había lo mismo: una nevera, unos fuegos, un horno, un fregadero… Contaba con un gran termo, con tostadora, cafetera, calentador de agua, ollas, platos… En fin, estaba perfectamente equipada.

Buscamos un hueco en uno de los frigoríficos para dejar aquello que requería conservación en frío y descargamos el coche. Aprovechamos que teníamos tarde por delante para poner algo de orden en las maletas, preparar la ropa del día siguiente, copiar fotos al ordenador y para relajarnos un rato.

Ya a última hora de la tarde nos duchamos y preparamos la cena, una sopa y unos espaguetis. Una combinación un tanto rara, pero había que ir acabando con las existencias.

Tras reposar un rato la cena nos fuimos a acostar pronto, pues al día siguiente teníamos que madrugar.