Balcanes IV. Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

Balcanes III. Aproximación a Croacia

Después del repaso por la antigua Yugoslavia, vamos a aproximarnos al primer país de nuestro viaje: Croacia. La Republika Hrvatska limita al noreste con Hungría, al este con Serbia, al sureste con Bosnia y Herzegovina y Montenegro, al noroeste con Eslovenia y al suroeste con el mar Adriático (donde comparte una frontera marítima con Italia). Tiene unos 57.000 km² divididos en veinte condados y la ciudad de Zagreb, su capital y ciudad más poblada.

El nombre de Croacia proviene del latín medieval Croatia, de Dux Croatorum (‘duque de los croatas’). Lo que no queda claro es su origen, aunque se cree que deriva de un término gótico o indoario que se usaba para referirse a los pueblos eslavos.

Los primeros habitantes de los que se tiene constancia fueron los neandertales de la época paleolítica. Mucho más tarde se establecieron en el territorio que hoy comprende Eslovenia, Croacia, Serbia, Kosovo, Montenegro y Albania los liburnianos y los ilirianos. Estos últimos lidiaron en la costa adriática con los griegos, quienes establecieron sus colonias en las islas de Korcula, Hvar y Vis. Por el norte presionaban a su vez los celtas.

En el año 9 d. C. Croacia quedó bajo el dominio del Imperio Romano como parte de la provincia de Dalmacia. Estos nuevos pueblos se organizadon en dos principados: Panonia (la actual Eslovenia, norte de Croacia y Bosnia, y partes de Austria, Eslovaquia, Hungría y Serbia) y Dalmacia (el resto de la actual Croacia y Bosnia, Montenegro, y partes de Albania y Serbia).

Durante esta época las ciudades se desarrollaron al modo romano con sus templos, anfiteatros, termas… y por supuesto calzadas romanas. Se construyeron hasta los mares Egeo y Negro y el río Danubio, lo que facilitó el comercio, la expansión de su cultura y el cristianismo. Teodosio fue el último emperador romano que gobernó el imperio unido, cuando murió en el 395 se dividió en dos (atravesando Montenegro a la mitad). La mitad oriental se convirtió en el Imperio Bizantino y perduró hasta 1435. Por contra, la occidental desapareció en el 476 con las invasiones de los visigodos, hunos y lombardos. Los godos ocuparon Dalmacia hasta el 535, cuando fueron expulsados por el emperador bizantino Justiniano.

En el siglo VII llegaron los ávaros, un pueblo nómada centroasiático conocido por su brutalidad. Sin embargo, fueron aniquilados en el Imperio Bizantino cuando incursionaron hacia Constantinopla gracias a la ayuda de dos tribus eslavas (los croatas y los serbios). Para el siglo VIII los croatas se habían instalado en la zona que hoy ocuparían Croacia y Bosnia. En ese momento el Ducado de Croacia comprendía casi toda la actual Dalmacia, partes de Montenegro y Bosnia occidental, mientras que el de Panonia incluía la actual Eslavonia, Zagorje y los alrededores de Zagreb. Ciudades costeras como Zadar, Split y Dubrovnik, además de las islas de Hvar y Krk pertenecían al Imperio Bizantino.

Los francos comenzaron a invadir poco a poco Europa Central desde el oeste y aunque tras la muerte de Carlomagno los croatas panonios intentaron revelarse, no lo consiguieron, pues no contaban con la ayuda de los dálmatas.

Tomislav fue el primer gobernante de Croacia que usó el título de rey de Croacia en una carta al Papa Juan X en 925. Unió por primera vez ambas ramas bajo un mismo reino que fue expandiéndose derrotando a húngaros y búlgaros.

Aunque los húngaros consiguieron el trono en 1102 al imponer el Pacta Conventa, que estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por la monarquía húngara. En los cuatro siglos posteriores el Reino de Croacia estuvo gobernado por el Parlamento (Sabor) y un Virrey (Ban) elegido por el rey húngaro. Durante este período hubo una lucha constante por el control de las costas del Adriático contra los avances del Imperio Otomano y la República de Venecia.

En 1428 los venecianos se hicieron con la mayor parte de Dalmacia, aunque la Ciudad-Estado de Dubrovnik consiguió mantenerse independiente. Por su parte los turcos conquistaron Krbava en 1493 y Mohács en 1526. Un año más tarde, tras la muerte del rey Luis II el parlamento eligió a Fernando I de Habsburgo como su sucesor con la condición de que mantuviera lejos a los turcos.

En 1538, tras las múltiples victorias otomanas, Croacia quedó dividida en una zona militar (controlada por el emperador austriaco) y otra civil. Por fin la primera derrota turca llegó en 1593 en la batalla de Sisak, lo que supuso una cierta estabilización de las fronteras. Poco más tarde, entre 1667–1698, tuvo lugar la Gran Guerra Turca, en la que los croatas recuperaron Eslavonia y los turcos comenzaron a retirarse del centro de Europa. Sin embargo, Bosnia continuó en el Imperio Otomano. Como consecuencia de la contienda bélica y de los movimientos fronterizos muchos croatas emigraron a Austria. Para compensar este flujo migratorio los Habsburgo reclutaron a los cristianos ortodoxos de Bosnia y Serbia para servir al ejército en la Frontera Militar.

Entre 1797 y 1809 el Primer Imperio francés fue ocupando la costa este del Adriático y terminando con las repúblicas de Venecia y Ragusa. Nacieron así las Provincias Ilirias. Napoleón encargó recuperar el territorio abandonado reforestando colinas, construyendo carreteras y hospitales así como escuelas primarias y secundarias y la universidad en Zadar.

Sin embargo, en 1815, tras la caída del imperio napoleónico y gracias al Congreso de Viena, Dalmacia fue anexionada por Austria y el resto de Croacia a la provincia húngara. Los croatas no quedaron muy contentos con este cambio, pues, aunque tradicionalmente los dálmatas de clase alta hablaban italiano y la nobleza del norte de Croacia alemán o húngaro; con la llegada de Napoleón y la educación implantada, había nacido en el sur un movimiento ilirio con una conciencia eslava que pretendía recuperar la lengua croata.

Durante la Revolución Húngara de 1848, el virrey Josip Jelačić ayudó a derrotar a las fuerzas húngaras, a lo que seguiría un proceso de germanización.​ Sin embargo, pronto esta política se vio que no funcionaba y en 1867 se celebró el Compromiso austrohúngaro por el que Croacia quedaba en manos de Hungría. Quedaban así unificados los reinos de Croacia y Eslavonia. Dalmacia por el contrario quedó bajo dominio austriaco. Cualquier intento de autogobierno en Croacia murió con este reparto.

No murió sin embargo el movimiento ilirio, ahora convertido en Partido Nacional y con aspiraciones a crear una entidad yugoslava que uniera a serbios y croatas). También apareció el Partido de los Derechos (liderado por el antiserbio Ante Starčević), que buscaba una una Croacia independiente integrada por Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Eslovenia, Istria y parte de Bosnia y Herzegovina. Como reacción se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente. Aún así, el espíritu de unidad creció y en 1905 los croatas de Rijeka y los serbios de Zadar se unieron para exigir la unificación de Dalmacia y Eslavonia.

Austría-Hungría pretendía conformar una federación en la que Croacia fuera una unidad federal, sin embargo, estalló la I Guerra Mundial y cayó el Imperio Austrohúngaro. El 29 de octubre de 1918 el parlamento declaró la independencia y como ya hemos visto en la entrada previa, Croacia se incorporó al recién formado Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, que a su vez se uniría en diciembre con Reino de Serbia formando así el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos con sede en Belgrado. La cosa no cambió mucho con respecto a la etapa anterior, ya que los croatas apenas contaban con autonomía. Y menos aún con la constitución de 1921 que abolió el Parlamento croata y centralizó el poder en Belgrado. El croata Stjepan Radić, que creía en una Yugoslavia federal, capitaneó la oposición y en vista de que era una seria amenaza contra el régimen acabó siendo asesinado en 1928 en la Asamblea Nacional.

El rey Alejandro I aprovechando el momento de caos y el miedo de la población a una guerra civil acabó imponiendo una dictadura monárquica. Abolió los partidos políticos y el Parlamento. Al día siguiente de esta proclamación el bosnio croata Ante Pavelić fundó en Zagreb el Movimiento de Liberación Croata de la Ustacha con el objetivo de conseguir la independencia. Contactó con revolucionarios macedonios antiserbios en Bulgaria y luego marchó a Italia donde gracias a Mussolini creó campos de entrenamiento. En 1934 asesinaron al rey en Marsella.

Pero no todo el mundo comulgaba con estas políticas y también hubo un importante movimiento antifascista: el de los partisanos de Liberación Nacional dirigidos por Josip Broz “Tito”, que obtuvo un amplio apoyo popular a su manifiesto por la Yugoslavia Federal.

En 1941 Alemania e Italia ocuparon Yugoslavia y algunas partes de Croacia se incorporaron al Estado Independiente de Croacia (NDH), que no era más que un estado títere de los nazis con miembros exiliados de la Ustacha en el poder. Pronto los ultranacionalistas introdujeron leyes antisemitas y de limpieza étnica. Se cargaron a judíos (se estima que de 39.000 solo sobrevivieron 9.000), a unos 537.000 serbios (aunque los datos son inciertos) y a gitanos. También unos 200.000 croatas fueron asesinados durante el conflicto.

En junio de 1941 se fundó el Primer Partido Separatista Sisak y nació una resistencia comunista multi-étnica y anti-fascista liderada por Tito. Los aliados, que se dieron cuenta de que los partisanos eran los verdaderos antinazis, los apoyaron logísticamente y en equipamiento, entrenamiento, asistencia de tropas y fuerzas aéreas. Así, el 20 de octubre de 1944, entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo y en 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y la Ustacha huyeron y los partisanos tomaron Zagreb. Para mayo de 1945 se habían hecho con el control de Yugoslavia y de las regiones cercanas de Trieste y Carintia. Tras la II Guerra Mundial Croacia se convirtió en una unidad federal socialista perteneciente a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

En 1967 varios autores y lingüistas croatas demandaron una mayor autonomía del idioma. Poco después surgió un movimiento que reclamaba más derechos civiles y la descentralización de la economía. Estas peticiones fueron el germen de la Primavera Croata de 1971. Y aunque las protestas fueron reprimidas por el gobierno, en la constitución yugoslava de 1974 se acabó incrementando la autonomía de las unidades federales.

Con la muerte de Tito en 1980 ya vimos en la entrada sobre Yugoslavia que el poder del Estado comenzó a inclinarse hacia Serbia mientras el resto de repúblicas miraban con desconfianza planteándose la disolución. Eslovenia fue la primera en plantarse ante Milošević y moverse hacia la independencia. Croacia miraba de reojo, pues si Eslovenia se independizaba le iba a ser insostenible quedarse en una Yugoslavia totalmente descompensada hacia el lado serbio.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas y ganó Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata. A finales del mismo año una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia (unos 600.000), que pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional. La nueva Carta Magna no garantizaba los derechos de las minorías, lo que provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Seguían las tensiones.

Tras el referéndum de mayo de 1991 en el que ganó por aplastante mayoría el sí, se proclamó la República el 25 de junio. Ante esto, los serbios declararon la autonomía de territorios para conformar la República Serbia de Krajina. Varios violentos enfrentamientos acabaron desembocando en una guerra que duró 6 meses y en la que murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos. El 3 de enero tuvo lugar el alto el fuego gracias a la intervención de la ONU. Las tropas se retiraron y disminuyeron las tensiones. La Unión Europea reconoció a Croacia como país y poco después lo hizo la ONU.

Los serbios de Krajina no querían ser croatas, sino que votaron a favor de unirse a la Gran Serbia, que incluía partes de Bosnia y Croacia controladas por los serbios. Ante este avance los croatas y los musulmanes bosnios se unieron, pero acabaron enfrentándose entre ellos y los primeros derribaron el antiguo puente de Mostar. El conflicto acabó en 1994 con la creación de la Federación croata-musulmana.

Paralelamente el Gobierno de Croacia se hizo con armas y en mayo de 1995 el Ejército y la policía conquistaron la ocupada Eslavonia occidental. Los serbios de Krajina respondieron bombardeando Zagreb. Sin embargo, sin el apoyo de Belgrado tuvieron que retroceder y el ejército serbio acabó huyendo al norte de Bosnia. Finalmente en 1995 se dio por concluida la guerra firmando el Convenio de Erdut donde Croacia recuperó sus territorios ocupados. Recuperó así la Eslavonia oriental.

En 1999 murió Franjo Tuđman y un año más tarde se celebraron unas elecciones en las que Stjepan Mesić se convirtió en el presidente del país. Hasta el momento la constitución contemplaba un sistema bicameral, pero en 2001 se cambió por uno unicameral aboliendo la Cámara de los Condados.

En 2013 Croacia se convirtió en el 28º país en ingresar en la Unión Europea, para lo que tuvo que resolver las disputas fronterizas que mantenía con Eslovenia. Sin embargo, de momento no ha entrado en el Euro y sigue manteniendo la Kuna.

En febrero del 2015, Kolinda Grabar-Kitarović, del partido ultraconservador Unión Democrática Croata, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de Croacia.

De las antiguas repúblicas que formaban Yugoslavia, Croacia es probablemente la que más se ha abierto al turismo y se encuentra dentro de los veinte destinos turísticos más visitados del mundo. Sobre todo la industria turística se centra en sus 1.779 kilómetros de costa y 1.244 islas, aunque también el interior recibe visitantes que buscan destinos de montaña, agroturismo (cuenta con ocho Parques Nacionales y diez Parques Naturales) y balnearios. Este crecimiento quizá se debe a la rápida mejora de sus infraestructuras llevada a cabo entre finales de los 90 y principios de los años 2000. Por ejemplo, se mejoraron las carreteras consiguiendo que Zagreb quedara conectada con casi todas las regiones y más allá, traspasando las fronteras a otras capitales europeas próximas como Liubliana, Belgrado, Sarajevo o Budapest. Asimismo cuenta con una importante red de ferrocarriles que cubre casi 3000 kilómetros y seis aeropuertos internacionales (Zagreb, Zadar, Split, Dubrovnik, Rijeka, Osijek y Pula).

Obviamente los puertos tienen gran relevancia, pues un país con una gran línea costera. El de carga más importante es el de Rijeka y los más transitados son los de Split y Zadar. Cuenta además con varios menores desde los que salen trasbordadores que unen la costa con las numerosas islas del país así como con Italia. A nivel fluvial, cabe destacar el de Vukovar, a orillas del Danubio.

Como consecuencia de su ubicación geográfica, Croacia aúna cuatro culturas diferentes. Por una parte sirve de eje entre la cultura occidental y oriental ya que osciló entre Imperio Romano e Imperio Bizantino. Por otra entre la cultura centroeuropea y la mediterránea.

El momento álgido de su cultura nacional fue la época iliria, cuando hubo un gran desarrollo de las artes y la cultura. Además supuso la emancipación del idioma croata, una lengua eslava meridional. Entre 1961 y 1991 el idioma oficial fue el serbocroata (también llamado como croataserbio). En aquel momento la serbia y la croata no eran consideraban como dos lenguas diferentes a pesar de que usaban alfabetos distintos (el croata usa el latino mientras que el serbio el cirílico serbio). En la actualidad se intenta mantener el idioma limpio de extranjerismos y se han adaptado para que parecieran eslavas palabras ya incorporadas a su vocabulario de origen austriaco, húngaro, italiano y turco.

La mayor parte de la población del país es croata (casi un 90%), del mismo modo, el catolicismo es la religión mayoritaria. Y es que la afiliación religiosa en Croacia va relacionada con la procedencia étnica, de forma que por ejemplo la mayor parte de los cristianos ortodoxos son de origen serbio y viven en las ciudades cercanas a la frontera con Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Según la constitución se trata de un estado laico donde hay libertad de culto y libertad de profesar de forma pública la convicción religiosa de cada uno.

A efectos reales, la iglesia y los grupos conservadores cuentan con una importante influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Queda especialmente patente en el debate sobre el derecho al aborto que, aunque es legal desde mediados de 1946 (cuando aún era Yugoslavia), desde 2003 la ley permite ejercer su derecho de objeción de conciencia a los médicos. Se estima que un 70% del personal médico se declara objetor de conciencia, algo que ya en 2014 provocó que en cinco hospitales públicos no se realizasen interrupciones voluntarias del embarazo. En aquel momento el partido socialista introdujo una medida por la que en tal caso se contratase a profesionales externos para garantizar la intervención. Sin embargo, esta medida fue eliminada al llegar el partido deGrabar-Kitarović al gobierno.

La Iglesia también intervino recientemente para exigir que el país no ratificara el Convenio de Estambul, pues se resisten a reconocer los derechos de las personas trans y el matrimonio igualitario. Las uniones civiles entre personas del mismo sexo fueron aprobadas en 2003, pero no estaban equiparadas a las heterosexuales, ya que no podían adoptar ni tenían derecho en relación a impuestos, propiedades, seguros médicos o pensiones. Hubo que esperar hasta 2014 cuando, gracias a 89 votos a favor y 16 en contra, se aprobó la nueva ley por la que los homosexuales consiguieron los derechos a heredar y pensionarse entre sí, así como los beneficios fiscales y de atención médica que ya tenían las parejas heterosexuales. Eso sí, sigue sin contemplar la adopción y no queda recogido como matrimonio sino como unión civil, ya que la Iglesia Católica de Croacia emprendió una campaña de recogida de firmas y un posterior referéndum que, a pesar de contar con una participación inferior al 40%, fue vinculante.

Religión y política aparte, hay muchos motivos para visitar Croacia, ya sea para conocer su historia, sus playas o su naturaleza. Ya habíamos pisado suelo croata en 2008 cuando visitamos Dubrovnik como escala del crucero por el Mediterráneo, así que esta vez descartamos la ciudad amurallada y decidimos comenzar por Zagreb, la ciudad más poblada de Croacia.

Balcanes II. Repaso de Historia. Recordando Yugoslavia

Antes de comenzar a recorrer Zagreb, vamos a ponernos un poco en situación sobre dónde nos encontramos para tener un contexto. En mi caso durante toda mi etapa escolar he sido una negada en Historia. Es curioso porque sin embargo siempre me han gustado mucho las letras en general y la lectura, pero tuve mala base en el colegio y de ahí me costó remontar. Nuestro profesor nos hacía leer en alto la lección y después copiarla. Había días que a lo mejor teníamos que hacer un par de ejercicios, pero cero interés o comprensión de la materia. Así que a pesar de los notables en mis notas hay un gran vacío en mi mente que voy llenando a medida que viajo y me intereso un poco sobre los lugares que voy a visitar.

Con la antigua Yugoslavia no podía ser menos, claro. No aprendí nada en su día, y eso que la desintegración del país me pilló en el último ciclo de la EGB y podría haber comprendido el contexto histórico sobre la marcha. Pero no, estábamos al copia y pega. A mediados del último curso de la ESO, allá por el 95/96, llegó un nuevo compañero procedente de Croacia, Zoran, que nos contó que había dejado atrás su país tras la guerra. Sin embargo, su falta de dominio del castellano y lo espinoso del tema influyeron en que no habláramos con él de ello. Así pues, no aprendí nada en su momento y ahora, más de veinte años después toca visitar aquellas tierras y de tratar de entender aquella guerra, el pasado y el presente. Allá vamos.

La pérdida de poder del Imperio Otomano a principios del siglo XIX y las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 contribuyeron a que en 1918 se constituyera un nuevo estado a partir de la unión de los Reinos de Serbia y de Montenegro con territorios que habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro (Croacia, Eslovenia y Vojvodina; Carniola, parte de Estiria y la mayor parte de Dalmacia del lado austríaco, además de la provincia imperial de Bosnia y Herzegovina). Nació así el  1 de diciembre Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos a las órdenes de Alejandro I, de la dinastía serbia Karađorđević. El reino fue llamado Yugoslavia o Yugoeslavia (tomando las palabras serbias Yug, que significa “sur”, y Slavija, que viene a ser “Tierra de eslavos”). Sin embargo, no fue fácil cohesionar a un país formado por tal diversidad. El estado contaba con cuatro culturas (con ocho raíces culturales diferentes), tres lenguas, dos alfabetos y siete religiones. Lo de Bélgica queda como un chiste si comparamos.

Ya desde el principio había tensiones entre las diferentes nacionalidades, pero la cosa se puso más complicada aún en 1928 cuando Stjepan Radić, líder del Partido Campesino Croata, fue asesinado en el parlamento y fue acusado un diputado montenegrino. El rey clausuró el parlamento y asumió el gobierno del país convirtiéndolo en el Reino de Yugoslavia. Y este no fue el único cambio, ya que la organización territorial pasó a tener una mirada en la que en el centro estaba la Gran Serbia, obviando así las nacionalidades históricas. Ahora parece claro ver que esto fue un error, pero si lo extrapolamos a otras situaciones, vemos que no hemos aprendido nada.

Pero la cosa fue a peor cuando en 1934 el rey Alejandro I fue asesinado en Marsella por un guerrillero búlgaro coordinado con facciones croatas en el exilio. Le sucedió en el trono el prepúber Pedro II, de tan solo doce años. Poco podía hacer el muchacho, así que tomó las riendas el príncipe Pablo. Pero resultó llevar a cabo políticas proalemanas, así que a principios de 1941 un Golpe de Estado llevó al trono a Pedro, que ya tenía 19 años. Este movimiento no contentó a Hitler, que el 6 de abril bombardeó Belgrado. A esta repuesta le siguió la invasión del país por parte de tropas alemanas, italianas, búlgaras, húngaras y rumanas, quienes desintegraron Yugoslavia repartiéndosela entre ellos. Nacieron en su lugar el Estado Independiente de Croacia, el Estado Independiente de Montenegro y el Estado Independiente de Serbia.

Tras la II Guerra Mundial y la pérdida de más del 10% de la población, los victoriosos partisanos de Tito organizaron la refundación del país: la Yugoslavia socialista. En 1945 se proclamó la República Democrática Federal de Yugoslavia con Ivan Ribar como presidente y con Josip Broz Tito como Primer Ministro. El 31 de enero de 1946 la nueva constitución estableció la nueva organización territorial formada por las seis repúblicas constituyentes:

  1. República Socialista de Bosnia y Herzegovina, con capital en Sarajevo;
  2. República Socialista de Croacia, con capital en Zagreb;
  3. República Socialista de Macedonia, con capital en Skopje;
  4. República Socialista de Montenegro, con capital en Titograd;
  5. República Socialista de Serbia, con capital en Belgrado, que incluía la Provincia Autónoma Socialista de Kosovo, con capital en Priština y la Provincia Socialista Autónoma de Vojvodina, con capital en Novi Sad y
  6. República Socialista de Eslovenia, con capital en Liubliana.

En noviembre del mismo año se llevaron a cabo reformas que acentuaron más el carácter socialista del país y se introdujo el sistema socioeconómico del socialismo de autogestión. También se cambió el nombre del país a República Federal Popular de Yugoslavia.

En 1953 Tito fue elegido presidente. En su gobierno pretendía corregir los errores cometidos con anterioridad y quería un Estado en el que no hubiera ningún grupo étnico dominante. Sin embargo, el equilibrio era complicado y el hecho de que el poder se concentrara en Belgrado no contentaba a todo el mundo. Además, las repúblicas más prósperas consideraban que su dinero se iba a las más pobres. Lo mismo de siempre, vaya.

En 1963 Tito fue declarado “Presidente de por vida”, momento en que se volvió a cambiar la denominación del país, convirtiéndose en República Federal Socialista de Yugoslavia (RFSY). En 1974 se reforzó el poder de autogestión de las seis repúblicas en la nueva constitución.

Cuando Tito murió en 1980 la Yugoslavia que quedó era profundamente inestable económica y políticamente. Algo que unido a la falta de liderazgo y a la batalla por la sucesión recrudeció las tensiones entre los diferentes pueblos. Sin un líder, creció la desconfianza entre los diferentes nacionalismos. En Serbia subió al poder el nacionalista Slobodan Milošević y con él la situación política iba empeorando cada más por las provocaciones hacia el resto de grupos étnicos. En 1989 la mayoría albanesa fue reprimida en la provincia serbia de Kosovo y los temores por una hegemonía serbia seguían en aumento.

En 1991 Eslovenia y Croacia declararon su intención de independizarse, pues veían cómo partidos nacionalistas serbios (ortodoxos) cada vez iban ganando más poder y no se sentían identificados con la idea que estos tenían de la Gran Serbia. A estas dos les siguieron Macedonia y Bosnia-Herzegovina en 1992. Yugoslavia, ahora conocida como República Federal de Yugoslavia tras abandonar el socialismo, se quedó únicamente formada por Serbia y Montenegro.

Eslovenia lo tuvo más fácil, ya que tras una guerra de 10 días se había independizado. La explicación es sencilla. En primer lugar tuvo rápidamente reconocimiento de países próximos y a la federación no le interesaba luchar contra potencias como Italia o Austria. Además el territorio no era muy grande, por lo que no parecía compensar meterse en tal jardín. Pero sobre todo, el principal motivo es que apenas había diversidad étnica. Prácticamente toda la población era eslovena.

Croacia viendo los resultados de Eslovenia tiró también para adelante. Sin embargo no fueron tan afortunados, pues al contrario que en Eslovenia, sí que contaban con una importante población serbocroata. En este caso sí que se encontró con más resistencia desembocando en una guerra contra el JNA, el Ejército Popular Yugoslavo, que reivindicaba territorios croatas con mayoría de población de origen serbio. Al líder nacionalista serbio Slobodan Milosevic y al serbo-bosnio Radovan Karadzic se les había metido en la cabeza que allá donde había un serbio había patria.

En mayo de 1991 se celebró un referéndum en el que un 93% de la población (con un 83% de participación) votó a favor de la independencia croata. Sin embargo, cuando la proclamó el 25 de junio los serbios declararon la autonomía de varias regiones para conformar la República Serbia de Krajina. Estos acontecimientos provocaron violentos enfrentamientos en Krajina, Baranja y Eslavonia dando inicio a la Guerra Croata de Independencia, un cruento conflicto que redujo el control croata a menos de una tercera parte de su territorio. Durante los seis meses que duró el enfrentamientos murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos.

Con dos repúblicas menos, se planteó celebrar un referéndum para conocer si la población estaba a favor o no de la independencia, algo que no fue bien visto por los serbo-ortodoxos, que abandonaron el parlamento para así manifestar su disconformidad (una costumbre que parece haberse adoptado por nuestros lares). El presidente del Partido Democrático Serbio, Radovan Karadzic insistía en que la secesión de Yugoslavia no se podía llevar a cabo contra la voluntad de la nación serbia. Además, amenazó con proclamar una nación serbia en Bosnia y Herzegovina. El referéndum tuvo lugar el 1 de marzo de 1992 con un 67% de participación y una aplastante victoria del sí con un 99,43% de los votos. Por tanto, como no hay dos sin tres, 4 días más tarde Bosnia y Herzegovina se autoproclamaba independiente. Tal y como habían anunciado, los serbios del país ocuparon el 49% del territorio bosnio estableciendo el 7 de marzo la República Srpska (República de los Serbios).

Comenzó la guerra entonces con Sarajevo como el epicentro del conflicto. La ciudad sufrió un asedio que duró desde el 5 Abril de 1992 hasta el 14 diciembre 1995. El VRS (Ejército de la República Srpska) bombardeó la ciudad cargándose mezquitas, iglesias, el parlamento, la biblioteca… Los ataques a civiles eran cada vez más sangrientos, no importando si se trataba de hospitales, colegios… Muchos soldados serbios lo veían como un juego. Se pasaban el día bebiendo y apostando a ver cuántas personas podían matar con sus disparos. Por supuesto las violaciones a mujeres y niñas estaban a la orden al día.

Finalmente la guerra concluyó básicamente por 3 motivos:

  • Por un lado porque la OTAN intervino bombardeando Serbia tras la masacre de Srebrenica en la que fueron aniquilados unos 8.000 musulmanes.
  • Por otro porque los propios soldados serbo-bosnios empezaron a darse cuenta de que luchaban por un imposible.
  • Y finalmente porque ya no quedaba limpieza étnica que hacer.

El 21 Noviembre 1995, en Dayton (EEUU) los presidentes de Bosnia, Croacia y Serbia firmaron un acuerdo de paz mediante el que Bosnia quedó dividida en dos partes (la República Srpska con el 49% del territorio donde viven bosnios-serbios) y la Federación de Bosnia y Herzegovina (con el 51% del territorio, dividida en 10 cantones, donde conviven sin mezclarse bosnios musulmanes y bosnios croatas).

Es decir, al final los serbios se quedaron con la mitad del país. Y además, mientras que antes de la guerra había una convivencia, una mezcla de las diferentes etnias; hoy en día hay una separación geográfica dejando a un país más separado aún de lo que estaba.

En 2003 la República Federal de Yugoslavia pasó a ser la unión de Estado de Serbia y Montenegro, aunque en 2006 Montenegro se independizó y se convirtieron en estados autónomos.

En la actualidad sigue habiendo conflicto en los Balcanes, pues Kosovo sigue en disputa entre Serbia y la autodenominada República de Kosovo. Aunque Kosovo ya ha sido reconocido como estado por 113 de los 193 miembros de la ONU (España no, claro, no sea que le repercuta a nivel interno).

Han pasado 25 años de aquel sangriento conflicto y los nuevos países han ido creciendo, pero seguro que queda mucho que descubrir en sus calles.

Balcanes I. Día 1: Vuelo y llegada a Zagreb

Los tres meses que transcurrieron entre nuestro Road Trip y el viaje a los Balcanes se hicieron duros, pero finalmente llegó el día del comienzo de nuestras vacaciones. Nuestro vuelo estaba programado para las 16:30, así que salimos de casa a las 2 de la tarde pues teníamos que facturar.

Esta vez íbamos a ser 3 (pues se venía con nosotros mi prima) y habíamos concentrado nuestro equipaje de forma que prácticamente el 85% quedara recogido en la mochila de 50 litros. Además, cada uno llevaríamos una mochila de mano: una de 25l con la ropa restante, otra de 30l en la que llevamos la electrónica (cargadores, baterías, cámara, cables…) y una tercera de estilo escolar con la documentación (billetes, reservas, información sobre el destino), una botella de agua y comida.

Tras facturar la mochila nos dirigimos al control y buscamos nuestra puerta de embarque. Y para hacer tiempo, nos sentamos tranquilamente a comernos nuestros bocadillos de tortilla francesa. En teoría teníamos una hora por delante de espera, pero acabó convirtiéndose en hora y media, porque el vuelo se retrasó y no salimos hasta las 16:50. Así, también tardamos algo más de lo previsto en llegar y, aunque recuperó en el trayecto, pisamos suelo croata a las 19:30. Después tuvimos que pasar por el control de pasaportes, lo que nos entretuvo fácilmente otra media hora.

Eso sí, cuando llegamos a la cinta para recoger el equipaje, nuestra mochila estaba ya allí dando vueltas, con lo que fue cogerla y buscar la salida.

Para llegar al alojamiento teníamos que coger un autobús, pero no llevábamos kunas, así que lo primero que hicimos fue buscar un cajero para sacar efectivo. La Revolut funcionó a la perfección en el cajero croata.

Tras un breve paso por la oficina de información para confirmar los datos del bus y hacernos con un mapa, nos fuimos directos a la dársena, pues el bus estaba ya con las puertas abiertas. El trayecto al centro de la ciudad nos costó 30 kunas por persona.

Al final, entre unas cosas y otras nos habían dado las 9 de la noche y teníamos que contactar con la anfitriona de nuestro alojamiento para hacerla saber que, aunque íbamos con retraso por el vuelo, estábamos al llegar. Nos costó contactar y encontrarnos por un malentendido con el número de portal, pero finalmente lo conseguimos. Después de enseñarnos el piso, comentarnos algunos detalles (como que cerráramos las ventanas si llovía porque entraría el agua dentro) y tomar nuestros datos para el registro, nos dejó solos.

El piso era bastante amplio, con un salón conectado a la cocina (parece que habían tirado una parte de la pared que los separaba), un baño y dos habitaciones. Era algo viejo, pero se veía que habían hecho algo de reforma y reacondicionamiento.

Pero tampoco nos entretuvimos mucho, pues era tarde y además de querer pasarnos por la estación para intentar sacar los billetes a Liubliana había que buscar cena.

Dadas las horas, las taquillas de la estación no estaban abiertas y el billete, al ser internacional, no se podía sacar en máquina, por lo que solo nos quedaba encontrar algo de comer. Siendo sábado por la noche solo había abiertos locales de comida rápida tipo kebab o pizzerías, así que acabamos en uno que además tenía una especie de bocadillos con pan parecido al de pita y tras comprar uno para cada uno y algo de beber (87 kunas), volvimos al apartamento.

Mientras cenamos nos replanteamos nuestros planes. Nos dimos cuenta de que habíamos cogido el apartamento para un día menos de lo que pensábamos estar en la ciudad  (cosas que pasan a veces), por lo que tuvimos que buscar otras opciones de alojamiento. Sin embargo, dado que vimos que había bastantes apartamentos disponibles en diferentes webs, lo pospusimos para el día siguiente para hablar con nuestra anfitriona y ver si podíamos alargar un día más en su casa. Si no, pues al menos sabíamos que tendríamos dónde elegir.

Otro tema a tratar fue la excursión a Liubliana, que teníamos pensada hacer el domingo (al día siguiente). No obstante, nos encontrábamos con dos problemas. Por un lado la previsión meteorológica amenazaba con un diluvio, y por otro el tren salía a las 7 de la mañana y no teníamos los billetes. Sin embargo, en Zagreb, aunque parecía que también iba a llover, la previsión auguraba tormentas intermitentes y de menor intensidad. Así pues, alteramos el orden y dejamos el viaje a la capital eslovena para el lunes, que ya la lluvia se habría marchado. De este modo podríamos sacar también con tiempo los billetes.

Tras deshacer las mochilas para repartirnos la ropa y unas duchas rápidas, nos fuimos a descansar entre truenos y relámpagos. Parece que sí que llegaba la lluvia. Eso sí, habíamos cerrado las ventanas y bajado las persianas para que no lloviera dentro.

Preparativos de nuestro viaje a los Balcanes

Volvimos de nuestro viaje por Estados Unidos y Canadá a mediados de mayo y aún no teníamos nada cerrado para verano. Sí que había algo en mente, pero no habíamos empezado a mover nada. Sin embargo, el tiempo se nos echaba encima. Seguíamos con la idea de recorrer los Balcanes y, aunque ya sabíamos por el año anterior que no iba a ser fácil debido a las conexiones, teníamos la esperanza de que las líneas ferroviarias se hubieran restituido y nos permitiera más opciones.

De nuevo eché mano de la idea que habíamos apartado de visitar Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje; solo que esta vez con un planteamiento más realista dejándolo en la mitad: Liubliana, Zagreb y Sarajevo. Y ya dejaríamos el resto para otro año. Este nuevo objetivo era algo más sencillo de llevar a cabo, eso sí, entrando por Croacia, que era el país que mejores combinaciones aéreas parecía a tener. Aunque no precisamente baratas. Pero era agosto, contábamos con ello.

Valoramos las diferentes combinaciones entre los tres aeropuertos de Croacia (Zagreb, Dubrovnik y Split) y tras obviar Dubrovnik para no repetir (ya la habíamos visitado en 2008 en el crucero y preferíamos conocer nuevos destinos), al final lo que mejor nos salía era volar a Zagreb y volver desde Split con Iberia.

Llegó junio y tocó el momento de plantear un itinerario. La parte más compleja, cómo no, era llegar a Sarajevo, que nos suponía dedicarle media jornada para cada trayecto en bus.

Pero por lo demás, de Zagreb a Liubliana había un tren internacional que conectaba ambas ciudades en unas dos horas y de Zagreb a Split uno nacional. Llegamos incluso a valorar acercarnos a Zadar desde Split, pero finalmente preferimos añadir ese tiempo a Sarajevo para verlo con más calma.  Así pues, la ruta nos quedó así:

Día 1: Vuelo Madrid a Zagreb
Día 2: Zagreb – Liubliana – Zagreb Día 2: Zagreb (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
Día 3: Zagreb
Día 4: Zagreb – Split
Día 5: Split a Sarajevo
Día 6: Sarajevo
Día 7: Sarajevo
Día 8: Sarajevo – Split
Día 9: Vuelo Split a Madrid

Con el itinerario claro comenzamos a sacar los billetes de bus y alojamientos. Para el tren tendríamos que esperar, ya que el de Zagreb a Liubliana no se podía comprar por internet y el de Zagreb a Split solo lo ponen a la venta con dos meses de antelación, por lo que tuvimos que postergarlo a julio.

También en julio concretamos lo que queríamos ver en cada ciudad y cerramos las rutas.

Por último, solo nos quedaba sacarnos el seguro del viaje, pues aunque Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea desde 2004 y 2013 respectivamente, Bosnia no, por lo que la tarjeta sanitaria europea no tiene validez.

En cuanto a la moneda, Eslovenia sí que adoptó el Euro en 2007. Croacia sin embargo mantiene aún la kuna (HRK). Además, Bosnia tiene el Marco Bosnio Convertible (BAM), así que necesitábamos llevar 3 divisas diferentes. No obstante, gracias a la Revolut y a la Bnext, solucionado. Sacaríamos algo de efectivo para compras pequeñas, y el resto pagando con ellas.

En Eslovenia y Croacia podríamos mantener nuestras tarifas de móviles. Bosnia sin embargo no se encuentra dentro del acuerdo del Roaming, por lo que tendríamos que buscar alternativa si queríamos contar con internet. En el país hay tres operadoras: BH Telecom, m:tel y HT Eronet, aunque la primera de ellas es la que tiene mayor cobertura. Comercializan la tarjeta Ultra prepago por unos 5 BAM (unos 2.55€) con una versión de 300 Mb sin voz, solo datos y SMS con una validez de 7 días. Nosotros íbamos a estar dos días en la ciudad, así que – aunque el precio no era excesivo – no parecía imprescindible. Podríamos esperarnos a llegar al alojamiento si queríamos navegar y por el día tirar de mapas sin conexión.

Y con todo listo, solo nos quedaba esperar a finales de agosto para poder disfrutar de tierras balcánicas.

Trucos Viajeros: Alquilar un vehículo

Los Road Trips tienen algo de especial, pues tienen un toque de aventura. De echarse a la carretera y vivir todo tipo de experiencias. Vale, quizá influye en nuestro imaginario haber visto demasiadas películas y series americanas en las que los protagonistas recorren punta a punta del país pasando por lugares inhóspitos. Y claro, no en todos sitios es así.

Lo que es innegable es que el coche ofrece la libertad de moverse a placer, de crear tu propio itinerario. Pero además, incluso con una ruta prefijada si en el camino hay algo que te llama la atención, puedes pararte. Esto por ejemplo no lo tenemos con el tren o el bus. Aparte de que hay lugares a los que no llega el transporte público. Además, viajar en coche puede suponer un ahorro cuando vamos en grupo, ya que los gastos del alquiler y gasolina se dividen y a veces es más barato que la suma de los billetes sencillos de tren, bus o incluso avión.

Así, nos da una gran autonomía para configurar un viaje. Nosotros decidimos la ruta, el ritmo, la música… El coche se convierte en una segunda casa y el tiempo que pasamos en él nos proporciona un gran número de anécdotas.

Puede ser que el coche sea nuestro, pero en caso de que viajemos al extranjero, lo más lógico y común es que sea de alquiler. Y hay una oferta de empresas tan amplia, que hay que tener varias consideraciones en cuenta.

En primer lugar habría que tener claro qué coche vamos a elegir. Para ello hay que saber el número de personas que van a viajar así como sus bultos, pues no es lo mismo 4 personas con dos mochilas y dos maletas de mano, que 4 personas con maleta grande y maleta de cabina. Por ejemplo, el primer caso lo vivimos en Seychelles, donde elegimos la gama más baja y cabía lo justo, llegando a tener que usar incluso la parte trasera porque el maletero era escaso.

Por otro lado, en nuestro Road Trip por Estados Unidos y Canadá, siendo las mismas personas, elegimos un modelo bien diferente porque cargábamos con mucho más equipaje y ya teníamos experiencia de un viaje similar en que habíamos ido justos… Además, un exceso de peso en el coche hace que el consumo de gasolina suba (cierto es que si subimos de categoría de vehículo, también gastará más), y que también sufran los neumáticos. Y no queremos sorpresas con reventones.

También influye el tipo de viaje y la orografía, pues no es lo mismo recorrer una isla pequeña durante un día, que Escocia con esas curvas y passing places o las carreteras de Norteamérica durante 17 días.

Las características de la conducción son importantes. No hay que olvidar que en unos países conducen por la izquierda (con el volante a la derecha) y otros por la derecha (con el volante a la izquierda), por lo que quizá sea interesante elegir uno automático cuando nos vamos a encontrar con lo opuesto a lo que estamos acostumbrados. Aunque los pedales y mandos no suelen cambiar.

Los modelos de coche no son iguales en todos los países, claro. A veces ocurre que es solo que la marca se llama diferente, como Opel en Reino Unido que es Vauxhall; pero otras es simplemente que el modelo que se lanza en un país, no se comercializa en otro. Por ejemplo los coches estadounidenses, que en muchos casos son tanques que no cabrían por calles estrechas europeas.

En cualquier caso, lo importante es definir plazas, maletero, si tiene aire acondicionado, si es manual o automático, si es diésel o gasolina… El resto de equipamiento, seguramente sea el de base, sin ningún tipo de extras estéticos.

Con la gama clara, lo siguiente es comparar por internet en diferentes empresas. Bien con agencias internacionales, con mayoristas, con buscadores o con empresas locales. Incluso las aerolíneas ofrecen opción de Vuelo + Coche porque tienen acuerdos con partners. Como norma general, las empresas de alquiler internacionales suelen tener una flota que se renueva con frecuencia, aunque sus precios quizá son un poco más elevados. Por su parte, las locales tienen menos variedad de modelos y menos rotación, pero también las tarifas son algo inferiores. Los comparadores de coches de alquiler mezclan un poco de ambas partes y puedes contrastar, aunque también puede que de esta forma no te puedas beneficiar de alguna oferta.

En nuestro caso para Seychelles, Sicilia y Escocia reservamos directamente con empresas locales. Sin embargo, en el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos lo hicimos con un buscador. En este último sin embargo fue con una empresa internacional (Avis) porque tenían una oferta con un partner (British Airways).

Lo importante es hacerlo cuanto antes, sobre todo si el viaje es en una fecha muy solicitada.

Para poder alquilar un coche vamos a necesitar el carnet de conducir en regla, lógicamente. Pero además, si se trata del extranjero, en algunas ocasiones necesitaremos el Permiso de Conducción Internacional. Según la DGT es necesario para poder conducir temporalmente por el territorio de países que no sean miembros de la Unión Europea o el Espacio Económico Europeo (que incluye Islandia, Liechtenstein y Noruega) y que no hayan adoptado el modelo de permiso previsto en los Convenios de Ginebra o Viena o no tengan un tratado internacional recíproco con España (como Andorra o Suiza).

El trámite es bastante sencillo y no merece la pena arriesgarse. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto. En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Además, la compañía de alquiler exige que el conductor tenga una tarjeta de crédito a su nombre. No vale de débito, ya que se usa como garantía en caso de que tengan que realizar un cargo posterior (por ejemplo multas o posibles daños). Por eso suelen cargar un depósito. En algunos casos es imprescindible incluso que la tarjeta tenga los números en relieve pues son más complicadas de falsificar. Normalmente el pago se realiza una vez se recoge el coche, aunque a veces puede que lo carguen en el momento de la reserva. En cualquier caso, puede haber cargos adicionales, sobre todo si se contrata algún extra, seguro o franquicia.

El seguro que suelen ofrecer en el contrato por defecto es el seguro a terceros, aunque no en todos los países es obligatorio, así que conviene leerlo bien para saber si conviene añadir uno complementario que cubra el robo, bajos y lunas, o contratar un seguro a todo riesgo (con o sin franquicia). Eso sí, todo suma, así que a veces un alquiler que a priori parece barato, puede duplicarse porque viene con lo básico. Es el tema más peliagudo y conviene dedicarle tiempo a leer todas las cláusulas bien.

La edad mínima para alquilar un coche varía. A veces es a los 18 años, pero en algunos casos a los 21. Y siempre que el conductor sea menor de 25 años, se aplicará un recargo.

Otro extra es el conductor adicional. Aunque a veces viene incluido por contrato. Por ejemplo, así fue en Escocia y también en nuestro viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos. En el primer lugar era por la compañía, en el segundo porque lo alquilamos en California, donde no cobran por conductores adicionales. En Illinois por ejemplo puede conducir el cónyuge o compañero sin tener que pagar una tarifa adicional.

Conviene informarse antes al respecto para no tener luego problemas, ya que si hay un accidente y quien iba al volante no estaba incluido en el alquiler, el seguro quedaría invalidado. En cualquier caso, en un viaje largo llevar varios conductores autorizados es más que recomendable. No solo para poder turnarse, sino porque si al principal le ocurriera algo que le incapacitara para la conducción, no quedaría chafado el viaje.

Los conductores adicionales deberán cumplir con los mismos requisitos que el principal, es decir, tener el carnet de conducir en vigor y, en caso necesario, aportar el permiso internacional de conducción.

Es importante tener en cuenta asimismo si podemos sacar el coche del Estado o país. En Estados Unidos no tienen problema con Canadá, no ocurre lo mismo con México, que lo tienen vetado. En cualquier caso, suelen exigir que se devuelva en el país de recogida.

Por cierto, que devolver en una oficina distinta de la de recogida suele incluir recargo, pues luego tienen que mover el vehículo a la original. En California no tuvimos problema (de San Francisco a Los Ángeles), pero en este último (de Chicago a Boston) suponía un extra de $300. Casi duplicaba la tarifa.

Otros extras pueden ser el GPS (a veces hay suerte y viene integrado), cadenas o sillitas para niños.

Antes de proceder a la recogida del vehículo, el agente de la oficina de alquiler se dará una vuelta por el coche y anotará los posibles desperfectos para después comparar a la entrega. Es el momento de asegurarse de que todos los detalles constan en el parte para que luego no nos carguen nada que no nos corresponda. Incluso no cortarse y hacer fotos por si acaso.

Es también la oportunidad de hacer todas las preguntas pertinentes relacionadas con el manejo del vehículo. Podemos tener mucha experiencia a nuestras espaldas, pero con los coches modernos nunca se sabe, pues cada vez incluyen más electrónica y pueden variar con respecto a nuestro coche habitual. Asimismo conviene consultar si tienen algún folleto sobre las normas de conducción, ya que suelen cambiar de un país a otro (y en Estados Unidos en cada Estado es diferente).

No hay que olvidar tampoco enterarse de cómo se abre el depósito y qué combustible usa. Así como la política de devolución. Cada empresa tiene su método y, mientras que unas entregan el coche lleno y así esperan que se devuelva (si no se hace, cobrarán un depósito completo al precio que les parezca a la entrega); otras te entregan vacío, con lo justo para llegar a la gasolinera más próxima.

El precio de la gasolina durante nuestro viaje puede oscilar notablemente si recorremos grandes distancias. Hoy en día hay Apps para todo y se puede averiguar dónde se encuentra la próxima gasolinera y cuál nos va a salir mejor. En cualquier caso, la experiencia me dice que mejor ir llenando de poco a poco para tener siempre el depósito lleno y no quedarnos tirados, como casi nos pasó de camino a Las Vegas (mea culpa).

Para Escocia aprendí y cada mañana a la que comprábamos provisiones en el Tesco, también echábamos unos litros, aunque fueran £5-10. Y es que hay zonas donde puedes conducir kilómetros y kilómetros sin ver ni una población, cuanto menos una estación de servicio. Esto es también importante con respecto a la comida. En un viaje por carretera conviene llevar unos sándwiches, bebidas, algo de fruta, algún snack

Otro gasto en movimiento pueden ser los peajes, y a veces suponen un gran pico. Hay compañías que ofrecen un Vía T (o e-Toll). A veces cobran una tarifa plana y otras te cargan a posteriori los movimientos que hayas realizado. Lo malo es que no siempre se puede elegir y que el dispositivo quizá solo sirva para los peajes del lugar donde alquilas en coche. En nuestro último viaje solo funcionaba en Illinois, una vez fuera del Estado, nos tocó pagar.

También es verdad que a veces es preferible evitar los peajes para tomar una ruta alternativa. Sí, quizá sea más lenta, pero en ocasiones también es más interesante paisajísticamente. Incluso puede que esté menos transitada.

A la hora de devolver el vehículo conviene no apurar la entrega, no sea que nos encontremos con tráfico, lleguemos tarde y nos carguen un día más. Si no se sabe si va a ser muy justa, es mejor añadir un día más a la hora de reservar y curarse en salud. Y es que a veces sale igual, o hay muy poca diferencia. Por ejemplo suele ocurrir con alquileres de 6 días, que apenas varía con respecto a una semana.

Tampoco hay que apurar si después tenemos coger un medio de transporte, no sea que con el papeleo nos retrasen y nos quedemos en tierra. Aunque puede ocurrirnos como en LAX que el agente ni lo revisó. Tan solo anotó las millas y el estado del depósito de gasolina. Nos dio un recibo y listo… Ahí quizá pecamos de confiados, pues lo suyo habría sido pedirle que revisara, anotara y nos diera copia del parte. Y además, hacer fotos nosotros como prueba. Pero no, solo revisamos los asientos, maletero, puertas y guantera para asegurarnos de no dejarnos nada personal. Afortunadamente no nos cargaron nada a posteriori, pero podríamos habernos encontrado con un cargo en nuestra tarjeta días después y, sin pruebas, poco podríamos haber hecho para reclamar. Y más desde otro país.

En caso de tener que interponer una queja en España existen las Juntas Arbitrales de Transporte en cada Comunidad Autónoma. En Europa se puede recurrir al Centro Europeo del Consumidor (CEC), quien se encarga de dar información, asesoramiento y asistencia gratuita. Si ha ocurrido con una compañía extracomunitaria, existe una Red Internacional de Protección al Consumidor y Aplicación de la Ley, pero funciona como AESA, que solo informa, no interviene, por lo que habría que recurrir a alguna empresa privada encargada en reclamaciones.

En fin, muchas consideraciones, pero que tenemos que tener en cuenta para saber cuáles son nuestros deberes y derechos como consumidores. Y para disfrutar de nuestro viaje con el menor número de percances posibles.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Road Trip

En las últimas entradas he hablado mucho sobre los lugares que hemos visitado durante el viaje, pero no sobre el Road Trip en sí, una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Sin embargo, antes de echarse sin más a la carretera, hay que tener en consideración los pros y los contras así como algunos detalles organizativos.

Entre las ventajas encontramos sin duda la libertad que nos da para poder configurar un itinerario con su hora de salida y llegada de cada día, las paradas a realizar, los desvíos improvisados que puedan surgir… A diferencia de en un viaje organizado o en bus o tren, no dependeremos de la disponibilidad del transporte, los horarios, precios o conexiones. Es decir, se puede planificar una ruta más ambiciosa.

Sin embargo, no todo son ventajas, también tiene algún inconveniente, como por ejemplo largas etapas con paisajes monótonos que hacen que la conducción sea aburrida, encontrarse con algún atasco, tener alguna avería o imprevisto, comerse alguna multa e incluso perderse. Además, una vez llegamos a destino hay que aparcar el coche, y no siempre es fácil. En según qué lugares puede llevar a la desesperación.

Aún así, que no cunda el pánico, pues la mayoría de estos contras tienen sencilla solución: la monotonía se soluciona con buena compañía y alternando entre conductores, los atascos con paciencia y buena música, las averías con un seguro y las multas siendo precavido al volante. Lo de perderse… pasa, tarde o temprano, por mucho GPS o mapa. No es difícil acabar pasándose una salida. En cuanto al parking, lo mejor es coger un alojamiento en el que se pueda aparcar y desde ahí moverse en transporte público local o a pie.

Pero empecemos por el principio, ¿qué hay que tener en cuenta antes de echarse a la carretera?

DESTINO

Parece una tontería, pero no siempre es recomendable viajar así. A veces porque se trata de demasiados kilómetros de un punto a otro por carreteras aburridas. Otras veces por las condiciones de las carreteras (ya sea desde el punto de vista meteorológico, o por el estado general del asfaltado). Hay que valorar todas las opciones de transporte disponibles y comparar.

ELECCIÓN DE VEHÍCULO

Puede que se trate del coche propio o, lo más frecuente, que lo vayamos a alquilar. La primera opción yo la recomendaría para pequeñas escapadas, puesto que meterle muchos kilómetros al vehículo particular supone un desgaste importante. Sea como fuere, convendría hacer una revisión para comprobar el estado del coche (luces, limpiaparabrisas, presión de los neumáticos, liquido de frenos y nivel del aceite).

Si se elige la segunda opción hay que tener en cuenta el tipo de viaje que queremos hacer, los integrantes, el presupuesto que tenemos… Merece entrada aparte, pues son muchas cuestiones las que hay que valorar.

DOCUMENTACIÓN Y NORMAS DE CIRCULACIÓN

Si el vehículo es propio hay que revisar que se lleva la documentación en orden (incluido el seguro de viaje). Y por supuesto, averiguar si en el país de destino se precisa del carnet de conducir internacional. Adicionalmente, conviene conocer las normas de tráfico locales tales como las velocidades máximas permitidas, el tránsito en los cruces o las particularidades del aparcamiento. Por supuesto también es importante saber si se circula por la derecha o por la izquierda.

¿PLANIFICAR LA RUTA O IMPROVISAR?

Esto es algo bastante personal. En mi caso prefiero llevar siempre una ruta planificada con un comienzo y un fin así como con paradas intermedias de interés. No obstante, eso no implica que no quede lugar para la improvisación. Hay sin embargo quien prefiere viajar sin nada cerrado e ir decidiendo cuándo dar por concluida la etapa sobre la marcha. A gusto del viajero.

En cualquier caso, no está de mal plantearse grosso modo las etapas, sobre todo si se depende de querer realizar alguna excursión o actividad o hay que acabar en un determinado lugar para tomar un vuelo de vuelta. Por ejemplo, no es recomendable dejar atracciones o lugares muy turísticos para los fines de semana, pues puede que nos lo encontremos demasiado saturados e incluso que el precio sea más caro. Así, conviene anotar una lista de cosas por hacer/visitar con sus horarios (ojo con los días de cierre) y precios (los museos suelen contar con días gratuitos), calcular las distancias y estado de las carreteras, si hay peajes, puertos o cruce de fronteras, dónde sale mejor dormir y comer… y en base a esto, planificar un itinerario con sus etapas, aunque sea orientativo y quede abierto.

Además, tener una mínima planificación sirve para hacernos una idea del presupuesto, pues podemos calcular el gasto en carburante, peajes, entradas, alojamientos, comida…

INTEGRANTES

Es algo que se decide al principio de la planificación y que influye en el tipo de vehículo que vamos a llevar, como ya decía. Es importante elegir bien los compañeros de viaje, sobre todo porque son muchas horas juntos y conviene que todo el mundo esté en la misma onda. No tiene necesariamente que significar que todo el mundo quiera hacer las mismas cosas, pero sí que haya algo de sintonía y afinidad. Tienen que estar de acuerdo en cuanto al presupuesto y a las intenciones generales del viaje (si es de playa, de montaña, de andar mucho, de visitar museos…), si no, habrá un conflicto constante. Lo mejor es llegar a un punto de confluencia al principio de toda la planificación y crear una clara hoja de ruta. También conviene aclarar varios puntos antes de meterse en un habitáculo durante horas, como por ejemplo si se fuma o no, quién gestiona la música, quién se encarga de hacer de guía, quién conduce…

Y esto es también relevante. Cuantos más conductores mejor, ya que permite repartir las horas de conducción y que no aparezca la fatiga. A no ser que haya alguien al que le guste especialmente conducir o que las etapas sean generalmente cortas.

De todas formas, como en todo trabajo en equipo, lo mejor es aprovechar las virtudes de cada integrante para cada una de las responsabilidades del viaje y así repartir las tareas y que todo el mundo sea útil durante el viaje.

GPS Y MAPA

Aunque le quita algo del espíritu aventurero, es recomendable llevar un GPS. Bueno, quien dice GPS, dice móvil con alguna app de navegación, especialmente aquellas que permiten descargarse los mapas y funcionar offline para no gastarse los datos. No obstante, en según qué viajes podemos encontrarnos con que no hay señal de nada: ni cobertura, ni datos, ni ubicación… así que por si acaso, conviene echar también el típico mapa de carretera de toda la vida (o llevar la ruta impresa en papel)

APPS Y TECNOLOGÍA

Además de llevar instalado el navegador en el móvil (o los móviles), hay que tener en cuenta otras apps que pueden ser de utilidad como las que avisan del tráfico, de la previsión meteorológica, las de comparativas de precios de gasolineras, las de reservas de alojamiento en caso de que no se hayan cerrado previamente… Hoy en día somos un poco esclavos de la tecnología, pero hay que reconocer que también nos facilita la vida en muchas ocasiones.

Por supuesto, a más uso del terminal, mayor consumo de batería, por lo que mejor no olvidarse de llevar alguna batería extra, así como cargadores. En los coches modernos ya contamos con puertos usb, pero a veces nos tendremos que conformar con el mechero, así que un adaptador no viene de más.

Cuestión aparte es la cámara de fotos y sus accesorios. Es impensable hacer un viaje de este estilo y no llevar una cámara para captar la aventura.

ENTRETENIMIENTO

Para llenar las horas en tránsito está por supuesto la conversación. Pero a veces también apetece callarse y observar el paisaje. O incluso echarse una cabezadita. También se puede aprovechar para ver alguna serie o película en la tablet, móvil u ordenador, o leer. Los que usamos el transporte público a diario sabemos lo mucho que cunde la lectura en esos trayectos diarios. En coche sin embargo hay quien se marea. En cualquier caso, llevar un libro (en papel o electrónico) nunca está de más, ya no solo para el tiempo en movimiento, sino para los momentos de relax al final de la jornada. O mientras esperas a que el resto se vaya preparando por la mañana… Sé de uno que en los 15 días del Road Trip por la Costa Oeste se leyó el primer libro de Juego de Tronos…

Obvio es que para tantas horas en coche no puede faltar la música. También hay mil apps en las que crear una lista con canciones para todos los gustos. Nosotros en este último viaje aprovechamos el mes de prueba sin anuncios y con reproducción offline de Spotify. También tiramos de podcasts. Está la radio también, claro, pero nos puede pasar como con el GPS y que en según qué lugares no captemos ni Radio María.

COMIDA Y BEBIDA

Dado que vamos a pasar muchas horas dentro del coche, a veces con etapas largas o en las que no hay nada de interés entre el punto A y B, es aconsejable llevar siempre algo de picoteo.

Nosotros intentamos llevar siempre algo dulce y algo salado. Lo típico que viene a la mente es lo menos saludable: golosinas, chocolate, patatas fritas, sándwiches de a saber qué… Es verdad que es lo más socorrido porque viene envasado y tiene bastante caducidad. Sin embargo, no está de más llevar algo de fruta o frutos secos para no acabar con dolor de tripa. Además, ojo con lo que se come, pues si da sed y hay que beber mucho, luego también hay que cambiar el agua al canario, y no siempre es factible hacer una parada.

Algo muy útil es llevar una nevera portátil. No hace falta que sea la típica rígida de camping, las hay también de tela, plegables, que se pueden llevar en la maleta y sacar cuando sea necesario. Comprando hielo en una gasolinera (o si es en EEUU gratis en cualquier hotel/motel de carretera) puedes mantener refrigerada al menos la bebida.

Eso sí, para una mayor comodidad dentro del habitáculo, mejor ser limpios y no acabar con el suelo lleno de restos de comida y los bolsillos de las puertas llenos de envases, plásticos, servilletas…

Aparte del picoteo, conviene anticipar el tipo de etapas que vamos a hacer para saber si vamos a poder parar por el camino para comer, o por el contrario habría que comprar algún plato preparado que se pudiera comer en frío en un área de descanso (ensaladas, sándwiches, hummus/guacamole, latas de conserva…). Para ello, en previsión, hay que llevar a mano cubiertos, bolsas de basura para recoger los desperdicios y servilletas o toallitas para poder limpiarnos antes y después de comer.

Si se viaja con una furgoneta camperizada o una autocaravana esto es mucho más sencillo, claro, ya que al contar con camping gaz o cocina, se tiene mucha más autonomía y se podría incluso cocinar algo más elaborado. Pero contando con un coche o suv, o paramos en algún área de servicio o población intermedia, o nos tendremos que apañar con algo frío en un apartadero de la carretera.

EQUIPAJE

A ver, que estamos añadiendo muchas cosas, y al final, como no llevemos mucho maletero, nos estamos comiendo el espacio. En cualquier caso, para reducir el peso en el coche, y con ello el consumo de combustible, conviene viajar lo más ligero posible. Hay que olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas. Si va a ser un viaje largo, es mejor buscar un alojamiento con lavadora o una lavandería pública que ir cargados con 15 mudas de varias personas. Además, se puede ahorrar espacio compartiendo entre varios o todos los integrantes productos como crema solar, líquido de lentillas, gel, champú, pasta de dientes… y así no llevar cada uno mil botes. Lo mismo para un botiquín, es preferible hacer una lista y preparar uno entre todos. Y aún así, al final es inevitable acabar llenando el coche hasta los topes.

Por cierto, que algo que no puede faltar en el equipaje son unas gafas de sol. Habrá veces que el sol lo llevemos a la espalda, pero en el resto de los flancos, en según qué horas del día, puede llegar a ser muy molesto. Y si conduces, más aún.

OTRAS RECOMENDACIONES

Uno de los primeros aprendizajes de nuestro primer Road Trip por Estados Unidos fue que hay que procurar llevar el depósito de carburante lleno y repostar siempre que se dé la oportunidad, ya que puedes tirarte kilómetros y kilómetros (o millas y millas) sin ver una estación de servicio.

De todas formas, aunque seamos precavidos, podemos tener otro tipo de incidencias, así que conviene llevar a mano un móvil disponible. En Europa tras la eliminación del Roaming, seguramente funcionemos con el nuestro, pero en caso de salir de estas fronteras, es mejor hacerse con una tarjeta prepago. Y no hay que pensar en lo peor, pero por precaución mejor si informamos a familia o amigos de nuestro itinerario, por si ocurriera algo.

Algo que parece una tontería es la cuestión económica. Seguramente que llevemos tarjetas y en general para el viaje nos funcione bien, pero hay pequeños gastos como los peajes o los parquímetros para los que conviene llevar algo de efectivo. Y si es calderilla, mejor.

No obstante, también es aconsejable llevar algún billete de mayor importe, porque hay veces que las máquinas de las gasolineras no aceptan tarjetas extranjeras.

Por supuesto, sobra decir que es preferible mantenerse dentro de los límites de la ley en lo que a conducción se refiere. Y además, tener en cuenta las recomendaciones generales de descanso, nada de consumo de alcohol, ni de comidas muy copiosas que causen somnolencia o medicamentos contraindicados. Nada nuevo, vaya. De todas formas, lo mejor es llevar siempre un seguro de viaje que incluya cobertura de accidentes.

Por lo demás, un Road Trip es desconexión y vivir cada momento. No solo importa dónde vas a parar, sino lo que recorres por el camino. Se puede configurar de muchas maneras (improvisado, planeado, durmiendo en hoteles, en campings, en el propio vehículo, comiendo en el coche o en restaurantes locales….), pero está claro que sea como fuere, es toda una experiencia. Y no hace falta irse a la otra punta del mundo o elegir una ruta icónica, porque al final, un Road Trip es un viaje sobre ruedas y carreteras, hay muchas y con diversas historias que contar.