Viajar IV (2015)

2015 se salió un poco de lo habitual, pues no paramos. Primero la Luna de Miel a Japón. Creo que ha sido el viaje en el que hemos tenido un mayor contraste con sus paisajes, sus templos, su cultura, su gente, su comida…

Fueron 21 días a tope, empezando por Kioto, con un ambiente mucho más tradicional, hasta llegar a Tokio, mucho más moderno y caótico. Y entre medias, las montañas, otro mundo.

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Una pasada cada ciudad, cada rinconcito, la afabilidad de la gente, la comida, los templos

Después en verano volvimos a hacer un interrail, esta vez por las Capitales Imperiales: a las tradicionales Viena, Praga y Budapest añadimos Bratislava, que está a tiro de piedra. Nada que ver la arquitectura imperial y la historia de estas ciudades con Japón. De un extremo a otro.

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

Bratislava es la capital de Eslovaquia desde el 1 de Enero de 1993, año en que nace la República Eslovaca tras la disolución de la antigua Checoslovaquia. Básicamente tiene tres puntos de interés. La zona de la Ciudad Vieja, que es la más interesante desde el punto de vista monumental; el Castillo, que teníamos cerca del hotel; y el Palacio Grassalkovich.

Lamentablemente no queda mucha historia de la ciudad en sus calles, puesto que en los años 60 los planes urbanísticos arrasaron con el barrio antiguo que se encontraba entre la Catedral de San Martín y el Castillo. Parece que era más importante hacer llegar las carreteras que comunicaban Viena o Budapest con Bratislava que mantener siglos de historia. Así pues, ahora discurre la Calle Staromeska, una de las principales arterias de la ciudad y que desemboca en el Puente Nuevo.

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres. Tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante. Es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Y para finalizar, de imperios iba el año: el Imperio del Sol Naciente, Capitales Imperiales y el antiguo Imperio Otomano. En noviembre viajamos en familia a Estambul. Hablando de contrastes…

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

Fue un gran año viajero. Y 2016 también, empezamos 2017 en breve y yo con un año de retraso. ¡Si es que el tiempo vuela!

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Interrail

Capitales Imperiales era un destino que teníamos en mente desde hacía tiempo y que, como comenté, lo habíamos ido posponiendo porque no eran muy factibles las opciones que veíamos. Sin embargo, tras hacer el interrail por Benelux, se nos planteó una nueva forma de viajar y se nos abrió el mundo.

Elegimos el billete de 5 días contando con los desplazamientos del primer y último día, así como los traslados Budapest – Bratislava, Bratislava – Viena y Viena – Praga. Sin embargo, gastamos menos días, ya que los traslados desde y hasta el aeropuerto tanto en Budapest como en Praga no eran factibles en tren. Mal cálculo. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así pudimos acercarnos a Graz, que no nos pillaba de camino como Brno.

La elección de la ruta vino determinada por los vuelos, ya que era más barato llegar a Hungría y volver desde República Checa, y a posteriori, viendo cómo fue el verano de caluroso, me alegro de haberlo hecho así. No quiero ni pensar cómo habría sido subir a Buda con el sol y la humedad. Al menos en Praga teníamos zonas de callejas estrechas con sombra.

En cuanto al número de días, creo que también es lo acertado, al menos lo mínimo que habría que ir, dos días y medio por ciudad (exceptuando Bratislava que con uno la doy por vista). Luego depende de cada uno si quiere hacer alguna actividad en particular que lleve un tiempo específico, como unos baños en Budapest o ir a la ópera en Viena.

Yo calculé tres, pero con los desplazamientos es fácil que se vaya la mañana. Nosotros madrugamos para aprovechar bien los días, pero la proximidad entre las ciudades y la frecuencia de los trenes hace que no sea tan necesario ponerse en marcha tan pronto. El día que se hizo más largo fue el de Viena a Praga, que fue por lo que paramos en Brno, pero no lo recomiendo especialmente.

El resto de ciudades sí que me gustó. No sabría con cuál quedarme, porque cada una tiene algo. Budapest nos conquistó el primer día con su atardecer, pero tenemos la rutilla por Buda con las espectaculares vistas de Pest, el Bastión de los Pescadores, o cómo no, el famoso Parlamento.

Viena, la famosa Viena con su Hofburg, los edificios históricos de la Ringstrasse, sus parques, su catedral, Sissí, Mozart, la Hundertwasserhaus…

y Praga, con su Puente de Carlos, el Castillo y sus vistas, el Barrio Judío, Kafka y por supuesto el reloj astronómico.

Bratislava es famosa por el castillo, pero ni siquiera me gustaron las vistas. Me quedaría con su casco histórico, con Santa Isabel y las peculiares estatuas repartidas por la ciudad.

Hemos descubierto unas ciudades que reflejan el lujo y esplendor de otra época en la que dominaban Europa con sus imperios. Unas capitales que cautivan al viajero que recorre sus calles con los restos de la historia (la buena y la mala).

Interrail Capitales Imperiales-01

Es un viaje tan clásico como imprescindible que animo a emprender.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Viena

Viena, la famosa Viena. Recuerdo a mi profesor de Literatura alemana del siglo XIX que en cada clase nos preguntaba “¿Habéis estado en Viena? ¿Y a qué esperáis? Buscad un vuelo e id a pasar el fin de semana” Pues bien, tenía yo la espinita desde entonces. Tenía ganas de descubrir qué nos podía ofrecer la ciudad para que estuviera tan obsesionado con ella.

Le voy a reconocer que merece la pena visitarla. Me gustó su casco histórico con la Catedral (que recuerda un poco a la Iglesia de Matías de Budapest), El Hofburg, la Iglesia Votiva, el Antiguo Ayuntamiento, sus parques, sus edificios señoriales y también los modernos, como la Hundertwasserhaus. Además, si se es aficionado a la ópera o a visitar cámaras de palacios, se disfrutará aún mucho más. Eso sí, se necesitará de más días.

Mi profesor decía que le dedicáramos un fin de semana. Obviamente, una ciudad con tanta historia no da para verla en apenas dos días. Pero nosotros concentramos lo importante y nos cundió bastante. La idea inicial era dedicarle los mismos días que a Budapest: dos y medio. Es decir, el día que llegábamos, que contábamos con solo la tarde; y dos días completos. Al final, con día y medio nos bastó. Bueno, el tercer día nos acercamos a la Hundertwasserhaus, pero nos llevaría media hora. El clima del primer día también nos condicionó un poco, pues tuvimos que resguardarnos de la lluvia.

En cualquier caso, creo que Viena se puede ver en dos días si se tiene predisposición a andar y sobre todo si tenemos horas de luz, claro, en invierno no dan igual de sí los días. Lo estructuraría:

Día 1: Ringstrasse. La recorrería tranquilamente a pie descubriendo sus rincones, edificios, monumentos e iglesias. Me adentraría en el centro histórico para comer aprovechando para pasear entre sus callejuelas y después volvería al recorrido circular.

Si se hace pesado, se puede tomar el tranvía que recorre la Ringstrasse y así adelantar en tramos menos interesantes.

Día 2: Palacios y Prater. Este día lo dejaría para lo más alejado. Se puede llegar cómodamente en transporte público, así que tampoco se pierde mucho yendo de un lado a otro. Visitaría primero Schönnbrunn, que está en las afueras y es más grande.

Lleva más tiempo y conviene ir con las pilas cargadas para recorrer sus jardines y subir a la glorieta. Después, me iría a Belvedere y buscaría cerca de la zona un sitio donde comer. Aunque como dije en su día, tampoco le dedicaría mucho tiempo sólo por ver sus jardines.

El Stadtpark merece mucho más la pena. Finalmente la tarde para el Prater.

Y en caso de que quedara algo del centro por ver, intentaría volver a media tarde y ya buscaría un lugar donde cenar y rematar el día.

Como siempre, depende de los intereses de cada uno. Si se quiere ver los palacios por dentro, quizá habría que dejar el Prater para otro día. Pero quizá no estés interesado en los parques de atracciones. Para acudir a la ópera solo hay que dejarse parar por alguno de los figurantes disfrazados de Mozart y Sissí en cada esquina de la ciudad. Reparten folletos y te venden las entradas.

En general, la ciudad es cómoda de ver. Tiene muy buena comunicación gracias a las diversas líneas de tren, metro y tranvía. Además, el centro queda recogido por la Ringstrasse y lo más importante está muy concentrado, así que no tiene mucha pérdida.

Para comunicarse e interactuar, cabe recordar que hablan alemán, con unas erres muy sonora (mucho), pero alemán. Eso sí, dominan bastante bien el inglés. Y para pagar, pues están dentro de la zona Euro, así que no hay que andar echando cuentas de a cómo está el cambio, de cuánto sacar/cambiar, de cuánto cuesta una entrada…

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

¿Habéis estado en Viena? ¿Y a qué esperáis? Buscad un vuelo e id a pasar el fin de semana. Podéis descubrir una nueva Viena.

 

Interrail por Capitales Imperiales. Día 7 II Parte: Viena

Aprovechando que aún nos quedaban unas horas de luz cuando regresamos de Graz a Viena, nos fuimos en busca de algún rinconcillo que nos quedaba por localizar.

Se trataba de la Hundertwasserhaus, un edificio residencial construido entre 1983 y 1985 que se encuentra en la Kegelgasse. Corresponde a un proyecto de 1977 de construir unas viviendas sociales. Lleva el nombre de su creador, Friedensreich Hundertwasser.

A mí me recordó mucho a las obras de Gaudí, con su fachada ondulante, su colorido, con vegetación que crece por los diferentes pisos. No se adapta a ninguna concepción convencional de la arquitectura, sino que es una muestra de la creatividad. No obstante, no todo es tan bonito como parece, ya que su peculiaridad no quiere decir que sea práctico, ya que se tienen que realizar labores de mantenimiento específicas para evitar que las raíces deterioren el edificio, o recurrir a andamios y elevadores especiales para poder limpiar los cristales de la fachada.

Los bajos del edificio tienen el suelo en forma de ola. Que puede resultar muy llamativo, atractivo, diferente… pero me parece un peligro para cualquier peatón, más aún la gente mayor, o quien intente llevar un carrito infantil, una bicicleta…

Consta de 52 viviendas, 4 locales, 16 terrazas privadas, un jardín de invierno, 3 azoteas comunitarias y 2 áreas de juegos infantiles. Junto a los edificios también se puede visita Hundertwasser Village, un centro comercial que sigue la misma estética.

De camino a la Hundertwasserhaus nos encontramos con la iglesia ortodoxa rusa de San Nicolás, dedicada a San Nicolás y a Alexander Newskij. Fue construida en el siglo XIX siguiendo el estilo de las iglesias ortodoxas rusas. Es la iglesia principal de la Iglesia Ortodoxa en Viena, ya que es la sede de la diócesis de Viena y Austria.

Destacan sus dos torres con las típicas cúpulas de cebolla.

Fue gravemente dañada durante la II Guerra Mundial, sin embargo, no se cerró al público, sino que dado que la zona estaba bajo el control soviético, se mantuvo abierta y mientras tanto se llevó a cabo su restauración. Los trabajos terminaron en 1949.

Para finalizar el día, fuimos al Akakiko a por la cena y volvimos al hotel para preparar las mochilas porque al día siguiente partiríamos hacia Praga.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 6: Viena II

Nos habíamos quedado en la parada para comer. Encontramos el japonés Japanika de casualidad callejeando en la Rotenturmstrasse.

Vaya descubrimiento. Delicioso. Y tras unos noodles con salmón y un plato de arroz frito con verduras y calamares, continuamos la ruta.

Tras salir, a mano derecha se encuentra la Plaza Lugeck, con el monumento a Johannes Gutenberg.

Y volviendo sobre nuestros pasos y siguiendo un poco más, tenemos la Hoher Markt, la plaza más antigua de Viena y uno de los centros de la ciudad romana. En la época de los romanos era donde se desarrollaban los mercados de pescado y tejidos, de ahí su nombre. También se llevaban a cabo ejecuciones públicas.

En el centro de la plaza se encuentra la Josefsbrunnen, fuente de la boda de San José con la Virgen.

Leopoldo I prometió que la construiría si su hijo José regresaba del asedio de Landau. Se ve que en la época eran muy de construir monumentos como pago por promesas cumplidas.

Muy cerca tenemos el famoso reloj Anker, de bronce y cobre, que se encuentra sobre un puente que une dos edificios de oficinas.

Recibe tal nombre por la empresa Anker Insurance Company, que fue la encargada de su construcción. Se terminó en 1914.

Cada hora es señalada por un personaje histórico. Además, a las doce del medio día, los doce personajes salen y desfilan juntos al son de la música del órgano.

El resto que nos quedaba de tarde lo dejamos para los palacios. Comenzamos por el más alejado: Schönbrunn.

Fue el palacio de verano preferido de la familia hasta que en 1918 se derrocó a la monarquía. Hay varios tipos de entrada para visitarlo, pero nosotros no teníamos mucho interés en visitar habitaciones recargadas donde se peinaba Sissí, sino que preferíamos disfrutar de los exteriores. Así pues, decidimos pasear tranquilamente por los jardines, que ya de por sí lleva su tiempo.

Se accede al recinto por un patio en el que encontramos un par de fuentes. A mano izquierda encontramos la Orangerie y a mano derecha el Museo de carrozas.

Dejando de lado el Palacio, nos adentramos en el jardín que está dividido en varias secciones.

Tiene de todo. De lo más completo: un Prado de recreo, un obelisco, la fuente Schöner Brunnen, la de Neptuno, varios estanques (uno en forma de estrella, otro redondo), la rosaleda, una Casa de las Palmeras, un jardín botánico, un jardín japonés, un labertinto y hasta el zoológico más antiguo del mundo (de 1752).

Lo mejor, sin duda, subir a la colina, hasta la Glorieta, una puerta de tres arcos con amplias escalinatas, para disfrutar de las vistas del palacio y de parte de la ciudad, llegando incluso a atisbar a lo lejos la catedral.

Y de un Palacio a otro. Dejamos Schönbrunn y nos acercamos al Palacio Belvedere. También residencia de verano, pero esta del Príncipe Eugenio de Saboya.

Se trata de dos palacios unidos por un jardín francés. El jardín está dividido en tres niveles: la parte inferior representa el dominio de los cuatro elementos, la central es el Parnaso y la superior evoca al monte Olimpo.

En lo alto del jardín se encuentra el Alto Belvedere, el edificio principal con una fachada más elaborada. En su interior se muestran colecciones de pintura desde la Edad Media hasta nuestros días.

En el Bajo Belvedere, de menor tamaño y fachada menos llamativa se encuentras exposiciones de arte barroco austriaco.

Cerca podemos encontrar el edificio que era utilizado como invernadero y que hoy en día alberga exposiciones temporales.

Si no se cuenta con mucho tiempo, yo obviaría su visita, porque no destaca por su majestuosidad especialmente.

Para finalizar el día volvimos al hotel, a descansar. Que vaya tute de día. Al final habíamos finiquitado la ciudad en dos días, cuando lo teníamos previsto para tres. Así que mientras degustábamos sushi del Akakiko (otro gran descubrimiento) y degustaba un nestea de frutos rojos, navegamos en busca de ciudades próximas para poder escaparnos al día siguiente.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 6: Viena

El domingo 28 decidimos continuar descubriendo la Ringstrasse. Así pues, partimos desde el Stadtpark, como el día anterior, sólo que esta vez nos dirigimos hacia la izquierda en lugar de a la derecha. En este parque se halla uno de los elementos más fotografiados de Viena, la estatua dorada de Johan Strauss.

También podemos encontrar la de Franz Schubert.

Tomando la calle Am Heumarkt llegamos a la plaza Schwarzenberg, donde encontramos la estatua ecuestre del Príncipe Carlos Felipe de Schwarzenberg, un diplomático y militar que fue comandante del cuerpo austríaco de la Armada de Napoleón durante la campaña contra Rusia en 1812. Un año más tarde, cuando Austria se había unido a la coalición contra Napoleón, Schwarzenberg fue nombrado Comandante en Jefe de las tropas aliadas del Gran Ejército de Bohemia. Comandó las tropas en la Batalla de Leipzig, que fue decisiva para la derrota de Napoleón en 1814.

Al fondo de la plaza, encontramos una fuente de agua a propulsión a chorro que se inauguró en 1873 y que conmemora el primer acueducto de Viena.

Y detrás, se levantó en 1945 el Monumento a los Soldados Soviéticos (o Monumento a los Héroes del Ejército Rojo). Un monumento que recuerda a los 17.000 soldados soviéticos que murieron en combate mientras luchaban contra los alemanes en la Batalla de Viena en abril y que puso fin a la ocupación nazi en Austria. Tras la guerra Viena quedó dividida en cuatro zonas de ocupación: americana, soviética, francesa e inglesa.

El monumento consta de una estatua de bronce de 12 metros de un soldado ruso sobre una columna que anima a sus tropas a entrar en acción. El soldado tiene la bandera soviética en una mano y un escudo de armas dorado en la otra. En la base de la estatua se puede leer una inscripción del poeta Sergei Michaelkow. Un elogio a los soldados que liberaron la ciudad.

Enmarcan la estatua un arco del triunfo y una columnata semicircular de mármol blanco con palabras doradas en la parte superior.

No obstante, no parece que este monumento tenga buena fama entre los lugareños, ya que les recuerda la dureza de la ocupación soviética. Los soviéticos lo llamaban liberación de los nazis, pero mucha gente lo consideró la sustitución de una ocupación por otra.

Continuamos el recorrido dejándonos llevar por la cúpula y de la Karlskirche, dedicada a San Carlos Borromeo. Fue construida por petición de Carlos VI, que prometió en 1713 durante la epidemia de peste que cuando la ciudad quedara liberada de la enfermedad le dedicaría un templo al patrón de la lucha contra la misma.

La bordeamos y su fachada es impresionante. Incluso en obras como nos la encontramos.

Destacan las dos columnas inspiradas en la Columna de Trajano de Roma. En ellas podemos observar una decoración en espiral que representa escenas de la vida de San Carlos Borromeo.

Cerca podemos encontrar el Musikverein, el edificio en el que tiene lugar cada año el Concierto de Año Nuevo.

De pronto nos encontramos con el Edificio Secesión, una sala de exposiciones de estilo Jugendstil que presentaba obras de Klimt o Wagner. Es un cubo compacto casi sin ventanas con cuatro torres y una esfera dorada de filigranas. Es el espacio expositivo más antiguo de la ciudad dedicado al arte contemporáneo.

Y si nos adentramos hacia el interior de la ciudad llegamos hasta la famosa Ópera de Viena. Es el edificio icono de la ciudad. Qué sería de Viena sin el vals, sin la música clásica, sin Mozart, sin Schubert, sin Strauss, sin el concierto de Año Nuevo.

En realidad el edificio que podemos ver hoy en día es una reconstrucción del original. Aún así, se mantienen la fachada principal, la gran escalera y el vestíbulo y el resto se remodeló siguiendo el diseño inicial renacentista. Un diseño que no triunfó mucho en su época. El arquitecto se suicidó desolado por las críticas. Se contrató a un nuevo arquitecto que murió de un infarto, al parecer provocado por el estrés de la presión mediática.

Fue el primer edificio del proyecto de la Ringstrasse que se finalizó. Se inauguró en 1869 con la presentación de una obra de Mozart. Quedó dañado en 1945 por el impacto de una bomba. Es tal la importancia de la Ópera en la ciudad, que se consideró como una agresión simbólica a la ciudad. Se tardaron diez años en poder repararla y volver a abrirla.

Para visitarla hay que contratar una guía en grupo reservando previamente. O comprar una entrada para asistir a una representación.

Cerca se encuentra el reconocido Hotel Sacher, que da nombre a la famosa tarta de chocolate con mermelada de albaricoque de mismo nombre. Obviamente no entramos a degustarla, no nos daba el bolsillo para sus precios desorbitados, así pues, seguimos el anillo adentrándonos en el Burggarten, un jardín que los Habsburgo decidieron levantar entre 1819 y 1823 donde antiguamente se encontraba parte de la antigua muralla de la ciudad. Está diseñado siguiendo un estilo inglés con estanque, valle y altolozano. En su origen fue privado, pero finalmente en 1918 fue abierto al público.

En él se encuentra un momunento a Mozart con su estatua y una zona ajardinada con flores y plantas que forman una clave musical. También podemos encontrar las estatuas de Francisco I al lado del estanque central y la de Francisco José II cerca de la Goethegasse.

Y Goethe también está delante de una de las entradas al Burggarten.

Al noroeste del jardín se halla la Casa de las Palmeras, un invernadero de 280 m2  que data de 1905 y tiene un diseño de estilo Art Nouveau.

En el interior hay un restaurante y la Casa de las Mariposas.

 

Es una buena zona de recreo, podías encontrar a gente disfrutando del domingo en el césped, haciendo un picnic, leyendo, e, incluso, haciendo yoga. Además, se encuentra en una zona en la que podrías pasear durante horas, ya que se encuentra detrás del Hofburg, entre el Neue Burg, la Biblioteca y el Museo Albertina.

La Biblioteca Nacional de Austria se encuentra en el Hofburg, concebida como ala anexa del palacio, y contiene valiosos fondos (como la Biblia de Gutenberg, incunables, manuscritos, partituras, documentos islámicos del siglo XIII y hasta un Museo del Papiro), puesto que es heredera de la antigua Biblioteca Imperial de los Habsburgo. Pero por fuera también es digna de apreciar, de estilo barroco, fue construida a mediados del siglo XVIII según el encargo del Emperador Carlos VI.

La fachada de la biblioteca da a la Plaza de los Héroes, una plaza con mucha historia, como el anuncio de Hitler de la anexión de Austria al III Reich, hecho que la ha llenado de connotación negativa a la hora de poder ser elegida en eventos y ocasiones importantes de la ciudad.

La plaza fue construida durante el reinado del Emperador Francisco José. Y es impresionante con tantos edificios importantes a su alrededor. En un giro de 360º nos encontraríamos con el Hofburg, el Neue Hofburg, la Ringstrasse con el Parlamento y Ayuntamiento, y el Burgteather.

Además, en ella se erigen dos estatuas ecuestres. Una del Príncipe Eugenio de Saboya y otra del Archiduque Carlos de Austria que parece estar guiando a las tropas.

Se accede a la plaza por la Burgtor, o Puerta del Palacio, construida en 1824 para conmemorar la victoria sobre Napoleón en 1813.

Más tarde se convirtió en el monumento al Soldado Desconocido.

Desde la plaza atisbamos a lo lejos el Ayuntamiento, al que nos dirigiríamos después. Es una zona en la que se conservan una gran variedad de monumentos y edificios interesantes.

Cerca de la plaza encontramos otro punto de referencia de la ciudad: la Plaza María Teresa o plaza de los museos, ya que está flanqueada a la izquierda (según hemos entrado desde la Plaza de los Héroes) por el Museo de Historia del Arte de Viena y a la derecha por el de Historia Natural, ambos de finales del siglo XIX de estilo neo-renacentista. Ambos edificios son simétricos.

En el centro, un gran monumento dedicado a María Teresa, la emperatriz del reino entre 1740 y 1780. María Teresa tiene en su mano la Pragmática Sanción, por la que su padre Carlos VI declaró la indivisibilidad de las regiones de Austria. En la plaza también están los Establos de la Corte, del siglo XVIII, y que hoy en día sirven como escenario para el Palacio de Ferias y Exposiciones.

Volviendo a la Ringstrasse, llegamos al Parlamento, justo enfrente del Volksgarten, un jardín en contraoposición al Burggarten. En su origen el Burggarten se llamaba Kaisergarten, el Jardín del Emperador. Este es el Jardín del Pueblo. Es una superficie de 9 hectáreas que constituye una de las áreas recreativas públicas más antiguas de Viena. Fue diseñado en 1819 sobre las murallas y ampliado cuando se inauguró la Ringstrasse. Se basa en un estilo formal francés con anchas y largas sendas. En el extremo norte del parque destaca el monumento a la Emperatriz Sissí que se colocó tras el asesinato de ésta en 1898. Paseando por él encontramos restos de decoración de Eurovisión.

Si seguimos el camino, llegamos al Parlamento, que alberga la Asamblea Federal de Austria.

Consta de dos cámaras: el Nationalrat (Consejo Nacional) y el Bundesrat (Consejo Federal). Es de mármol blanco, con una fachada neoclásica y columnas helenísticas. Se construyó como parte del proyecto de renovación de la Ringstrasse y con un estilo historicista, con intención de que recordara a la Antigua Grecia como cuna de la democracia.

En su entrada una Palas Atenea de 4,5 metros recibe a los visitantes. El frontón del edificio está decorado con escenas en relieve del Imperio Austrohúngaro. El techo del edificio está decorado con cuatro cuádrigas de bronce.

Comenzó su construcción en 1874 y finalizó diez años después. Fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, pero se han realizado trabajos de restauración para recuperarlo.

En el interior destacan la Cámara de la Asamblea Federal y el Salón de los Pilares. La primera está diseñada al estilo de un anfiteatro griego. Consta de 516 asientos y al fondo unas columnas de mármol cargan el frontón. El salón está formado por 24 pilares de 16 toneladas cada uno. Se puede visitar con guía en alemán e inglés.

Próximo al Parlamento encontramos el Monumento a la República, que consta de tres bustos de los mandatarios social-democráticos Jakob Reumann (Alcalde de Viena de 1919 a 1923), Viktor Adler (co-fundador de la Primera República, Ministerio de Asuntos Exteriores en 1918) y Ferdinand Hanusch (Ministro de Asuntos Sociales de 1918 a 1920).

Nuestra siguiente parada fue el Ayuntamiento, la sede de la alcaldía y el centro de conferencias del senado de la ciudad/gobierno federal y consejo municipal/parlamento federal.

Es un edificio de estilo neogótico que se inspiró en el de la Grand Place de Bruselas. Fue construido entre 1872 y 1883 para sustituir al antiguo y se necesitaron unos 30 millones de ladrillos y más de 40.000 metros cúbicos de piedra natural. La fachada principal tiene cinco torres, en la central de 97,9 metros se encuentra una escultura dorada de 3,4 metros de altura que representa a un portaestandarte que se ha convertido en un símbolo de la ciudad. En todo su perímetro se abren arquerías con estatuas de personalidades históricas del país.

Su patio es uno de los patios interiores más grandes de Europa con 2.804 m². El interior del edificio alberga la Biblioteca Municipal y los Archivos Municipales y Provinciales.

Frente al Ayuntamiento encontramos otro parque, el Rathauspark, que se aprovecha para diversos eventos, por ejemplo, a partir de noviembre alberga el típico mercado navideño y la plaza se convierte en una pista de hielo entre enero y marzo.

Más allá del parque tenemos el Teatro Nacional, uno de los escenarios más prestigiosos del mundo de habla germana. El teatro original, que se construyó durante el reinado de María Teresa, se sustituyó en 1888 por el actual de estilo renacentista. En 1945 le cayó una bomba y destrozó el edificio casi por completo, sólo se salvaron las alas laterales y las grandes escalinatas.

El Ayuntamiento estaba en obras, al igual que su plaza. Debe ser que el verano es la época preferida para los trabajos de mantenimiento de edificios y monumentos.

Desde el Ayuntamiento divisamos las torres de la Iglesia Votiva, así que nos dirigimos hacia ella pasando por la Universidad. Esta zona tiene unos precios de aparcamiento de zona azul de 17€ la hora. ¡17€ la hora!

La Iglesia Votiva es una de las construcciones sacras neogóticas más importantes del mundo. Destacan sus dos torres gemelas de 99 metros que recuerdan a la Catedral de Colonia. Y cómo no, una gran lona cubría su fachada, pues estaba también en obras.

Una pena porque es impresionante, sus amplias vidrieras dejan pasar la luz iluminando su interior siguiendo el estilo de los templos franceses. En el interior se guardan varias reliquias. Por un lado el sarcófago del comandante al mando de las tropas austriacas en la época del asedio turco de 1529. Y además, destaca el altar de la Virgen de Guadalupe, en conmemoración del Emperador de México (hermano de Francisco José), donde resalta la Vela Bárbara de cuatro metros de altura, tres de ancho y 264 kilos.

Su historia me recuerda a la de la Sangre Derramada de San Petersburgo. En 1853 Francisco José sufrió un intento de asesinato. Tras este suceso, se abrió una colecta para construir un templo en el lugar del ataque. Fue inaugurada en 1879 con motivo de las bodas de plata de la pareja real. Fue gravemente dañada en ambas guerras mundiales y tuvo que ser restaurada.

Con ella cerramos el anillo y volvimos al centro de la ciudad pasando por Schottenstift y llegando a Minoritenkirche, una iglesia de estilo gótico francés de las más antiguas de la ciudad. Fue construida en 1224 por frailes Menores. Su nombre completo es Iglesia Nacional Italiana de María de las Nieves, puesto que José II se la dio a los italianos en 1782. Pertenece a una orden franciscana.

Consta de una torre octogonal cuya parte superior fue reducida por los turcos en 1529. Se le añadieron elementos barrocos, pero en 1784 se eliminaron, volviendo a la iglesia gótica original de líneas sencillas. Contrasta bastante con el Ayuntamiento y la Iglesia Votiva, de un estilo mucho más recargado.

En su interior destaca una copia mosaico de la Última Cena de da Vinci que encargó Napoleón en 1806 con intención de colgarlo en el Belvedere. Sin embargo, no cabía en el palacio y Francisco I lo compró y lo llevó a la iglesia.

Siguiendo la Herrengasse llegamos al Hofburg, entrando esta vez a su patio interior, donde podemos encontrar una estatua de Francisco I.

Tomando Kohlmarkt nos adentramos en la zona de entramado de calles medievales que lindan con estructuras barrocas y casas burguesas. Llegamos hasta la Iglesia de San Pedro, inspirada en la Basílica de San Pedro de Roma. En su lugar se levantó en su día la primera cristiana de la ciudad en la época medieval. Sin embargo, un par de incendios la dejaron arrasada. El edificio actual data del siglo XVIII y es de estilo barroco.

La iglesia presenta una planta ovalada coronada por una cúpula en la que destacan los frescos que representan la Asunción de la Virgen. Su interior está excesivamente recargado, lleno de pilares de mármol, esculturas doradas, estatuas…

Próxima a la Iglesia de San Pedro se encuentra la calle Graben, una de las principales de Viena. En época de los romanos era una zanja para proteger la antigua ciudad. A lo largo de los siglos se ha ido cargando de historia. Es una calle comercial, un poco al estilo de Preciados en Madrid, pero intercalándose con los comercios de marcas exclusivas podemos encontrar edificios y monumentos históricos. Esta zona se reformó en los siglos XVII y XVIII para demostrar el poder de los Habsburgo.

En la Plaza se levantan dos fuentes idénticas: la de San José, en el estado noroeste, y la de San Leopoldo, en el sureste.

En el centro, la Columna de la Peste (Pestsäule). En una epidemia de peste el Emperador Leopoldo prometió que donaría un monumento cuando no quedaran restos de la plaga. La misma historia que la de la Iglesia San Carlos Borromeo.

En su parte alta se pueden ver representaciones de figuras y muchas cabezas de ángeles. En su parte baja uno de los ángeles empuja a una señora vieja, que simboliza la peste. Por otro lado, una mujer joven con una cruz representa la fe. En el centro se ve al Emperador Leopoldo rezando, y a su lado, un ángel sosteniendo la corona dorada.

Como edificios destacables podemos nombrar el Palais Equitable o en el número 10 la famosa Ankerhaus, el estudio de Otto Wagner.

Nuestra siguiente parada fue la Catedral de San Esteban, la Stephansdom, una joya del gótico austriaco que tuvo que ser reconstruida tras los bombardeos de la II Guerra Mundial. Recibe el nombre de San Esteban porque fue levantada sobre las ruinas de una iglesia romántica dedicada a dicho santo.

Es Patrimonio de la Humanidad desde 2002 y es la sede principal de la archidiócesis de Viena. Es su símbolo religioso más importante y está coronada por una gran torre con forma de aguja de 137 metros de altura que puede verse desde diferentes puntos de la ciudad.

En el exterior destaca el Tejado de los Azulejos, formado por más de 25.000 azulejos que quedaron dañados en la guerra y tuvieron que ser restaurados; las dos torres campanario y los pórticos de entrada al templo: el de los Cantores, el de las Torres, el del Obispo y el Gigante.

La torre sur se conoce como la Torre del Águila, por la esfera de bronce coronada por el águila bicéfala emblema de los Habsburgo. La torre mide 137 metros y es el símbolo de la catedral y de la ciudad. También recibe el nombre de Steffl o aguja. Podemos asomarnos a su mirador a 72 metros de altura.

La torre norte, más baja alberga la Campana Pummerin, que se hizo fundiendo los cañones que dejaron las tropas turcas en 1683. Quedó destrozada en 1945 por un incendio, pero se volvieron a fundir los restos para crear la actual.

El interior consta de tres naves y numerosos altares. Recoge una gran variedad de objetos y obras de arte donadas por diferentes ciudadanos. En su interior se encuentran los restos mortales de gran parte de los miembros de la familia Habsburgo. Me llamó la atención que en varios pilares había pantallas planas de televisión. Supongo que para que los feligreses puedan seguir las misas se encuentren donde se encuentren en la nave. Las bóvedas guardan obras de arte de gran importancia de diferentes etapas.

En la catedral se casó y se ofició el funeral de Mozart.

Y ya que estábamos en el centro, decidimos hacer una parada para comer y reponer fuerzas. Pero eso, para el próximo día, que estoy extendiéndome mucho.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 5: Viena

El sábado 27 nos levantamos pronto, ya que teníamos desayuno incluido en el hotel y una media hora hasta la estación.

Aprovechamos el buffet y con el estómago bien cargado, nos dirigimos hasta Bratislava hl. st. para tomar el tren a las 9:43 dirección a Viena.

En poco más de una hora se llega a Wien Hauptbahnhof, la estación central de Viena.

Viena es la capital de Austria, un país que tiene una mezcla fascinante de varias culturas europeas gracias a su privilegiada situación geográfica. Viena, ciudad imperial, es rica en tradiciones que adquirió su carácter en la época de la monarquía austrohúngara. Contrasta su vida cultural con los bosques y espacios recreativos a lo largo de toda la ciudad.

El centro de Viena está delimitado por la Ringstrasse, una calle circular (como su propio nombre indica) que acoge gran partes de las obras arquitectónicas más importantes de la capital austriaca (Palacio Real Hofburg, el Ayuntamiento, la Bolsa, el Parlamento, el Burgtheater, la Iglesia Votiva, la Universidad, el Museo de Historia del Arte o el Museo de Historia Natural).

La ciudad de Viena se encontraba protegida por una muralla desde el siglo XIII, hasta que, a partir del año 1850, fue creciendo y se formaron varios barrios en el exterior de los muros. En1857 comenzó el derribo de la muralla para dejar más espacio a la urbe y en su lugar se construyó un gran bulevar: La Ringstrasse. Este anillo se divide en varios tramos: Schubertring, Parkring, Stubenring, Franz-Josephs-Kai, Schottenring, Dr. Karl-Lueger Ring, Dr. Karl-Renner Ring, Burgring, Opernring y Kärntner.

Nada más llegar a la estación nos dirigimos en busca del hotel, el Best Western Plus Amedia Wien. Estaba a un cuarto de hora del Castillo Belvedere, pero tenía buena comunicación con buses y tranvías, incluso estaba cerca del S-bahn Rennweg. El hotel parece bastante nuevo y la habitación estaba muy bien, amplia, completa y llena de comodidades. Como llegamos muy pronto, no pudimos subir, pero sí nos recogieron las mochilas. Así que más ligeros, nos dimos un paseo hacia el centro. Tomamos la Ungargasse hasta Wien Mitte, cruzamos el Stadtpark y salimos a la Ringstrasse a la altura de Stubenring.

Sin más intención que pasear y observar los edificios históricos, comenzamos a recorrer el anillo en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Por esta zona nos iremos encontrando con edificios de gran importancia, como el majestuoso Regierungsgebäude, un edificio que en su día fue el Ministerio de la Guerra y hoy alberga varios ministerios (Ministerio de Economía y Empleo, el Ministerio de Agricultura, Bosques, Medio Ambiente y Gestión del Agua, el Ministerio de Seguridad Social, Generaciones y Consumo, además de secciones del Ministerio de Transporte, Innovación y Tecnología y el Ministerio de Sanidad).

Resultó seriamente dañado durante la II Guerra Mundial y se restauró en 1952. Destaca su águila bicéfala imperial de casi 15 metros y 40 toneladas.

Al llegar a Urania deberemos seguir el curso del río. Este edificio se construyó en 1910 y es la sede de la institución educativa no escolar más antigua de Viena. Hoy en día alberga salas de conferencias, un escenario teatral y un teatro de títeres permanente.

También cuenta con un cine y un planetario.

La zona a orillas del Danubio es la menos interesante, a mi gusto, así pues, tras recorrer un tramo de Schottenring, donde pudimos ver el edificio de la Bolsa, nos adentramos por Schottengasse y Herrengasse hacia el centro.

No obstante, hay un tranvía que recorre el anillo si no queremos andar tanto.

En la Schottengasse se encuentra el Schottenstift, o Iglesia de los Escoceses, un monasterio católico de sencilla fachada que fue fundado en 1155 por monjes irlandeses que venían de un monasterio de Ratisbona, Alemania. El hecho de que fueran monjes irlandeses y pero el nombre nos lleve a pensar a Escocia se debe a que en el siglo XII Irlanda era conocida en latín como Scotia Maior. El edificio fue transformado al barroco en 1638 tras quedar destrozado tras un rayo y un incendio que éste provocó. Posteriormente, entre 1882 y 1893 fue reformado en estilo renacentista-neobarroco.

En esta iglesia se celebró el funeral del compositor Franz Joseph Haydn, durante el cual se interpretó el Requiem K626 de W.A. Mozart.

Siguiendo la Herrengasse llegamos a la Michaelerplatz, una plaza donde se encontraba el teatro de la Corte y que fue convertida en pasadizo del Hofburg. A ambos lados de la puerta hay sendas fuentes de pared que datan del siglo XIX y representan el poder imperial en tierra y mar.

Bajo la plaza se han descubierto restos de un campamento romano, así como algunas ruinas medievales que han quedado expuestas.

Se puso a llover y era la hora de comer, así que tras resguardarnos un rato esperando a que escampara cerca de Stephansplatz, finalmente decidimos continuar la marcha de nuevo por la Singerstrasse dirección Stadtpark, por donde habíamos entrado al anillo del centro de la ciudad.

Paramos para comer en la estación de Wien Mitte, en un italiano y volvimos al hotel.

La recepcionista se lamentaba de que nos hubiéramos encontrado el día nublado y con algo de lluvia, y nosotros encantados porque sabíamos que en España había llegado un verano muy caluroso con temperaturas que no bajaban de los 35º. Sin embargo ella insistía en que nos cambiaba sin pensar el calor de Madrid por el tiempo cambiante de Viena. Al final me tiré un rato hablando con ella mientras nos registraba. Le sorprendió que hablara alemán siendo española y coincidió que cumplíamos años el mismo día.

Finalmente pudimos subir a la habitación, bastante amplia y cómoda, donde reposamos un rato y revisamos los mapas para ver qué hacíamos en lo que nos quedaba de tarde.

Nos decidimos por el Prater, que es lo que mas alejado nos quedaba y como se podía llegar en S-Bahn, así aprovecharíamos el pase de Interrail. Así pues, volvimos a Wien Mitte y nos bajamos en Praterstern.

El Parque Prater es el pulmón de la ciudad. Se trata de un espacio de recreo en el que se encuentra en parque de atracciones más antiguo del mundo. Fue utilizado durante siglos como coto imperial de caza hasta que, en 1766, fue abierto al público. En 1895 se inauguró un parque de atracciones del que se conservan hoy en día muchas de las atracciones.

Uno de los iconos de la ciudad es la noria, que mide 60 metros de altura. Se inauguró en 1897, en el cincuenta aniversario de la coronación de Francisco José I. A lo largo de la historia ha sobrevivido a diferentes catástrofes y contiendas bélicas. Durante la I Guerra Mundial dejó de funcionar dos años y en la II Guerra Mundial quedó gravemente dañada por los bombardeos. Se pudo reconstruir, pero no se pudieron volver a colocar todas las cabinas, así que hoy en día son antiguos vagones de metro. Algunas de las originales están bajo la noria a modo de exposición.

También podemos encontrar la típica atracción de sillas giratorias, eso sí desde una altura considerable…

No pueden faltar montañas rusas, pasajes del terror, atracciones más infantiles, tiovivo, lanzadera, tómbolas y, cómo no, puestos de comida. No es un parque de atracciones al uso, sino que tiene cierto encanto con un aire antiguo.

Su entrada es gratuita y abre de 10 de la mañana a 12 de la noche, por lo que suele tener gran afluencia de público. En nuestra visita estaba un poco desierto por la climatología.

Cuando se nos hizo de noche volvimos al tren y de vuelta al hotel paramos en un supermercado a comprar la cena, algo de bebida y el desayuno del día siguiente, ya que los domingos no abren los centros comerciales. Como en el hotel teníamos nevera, cafetera, calentador de agua y tés, prácticamente lo teníamos todo. Volvimos al hotel a dar por finiquitado el día.