Viajar con el Interrail. Conclusiones y Reflexiones

¿Qué conclusiones saco de este interrail? Pues muchas cosas, como en cada viaje. He disfrutado de las ciudades que visto (algunas más que otras, claro), he aprendido de cada parada, de cada día. Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo ha cambiado el concepto Interrail desde hace unos 10-12 años cuando me planteé hacerlo por primera vez y con otros destinos (Grecia, Italia y Turquía).

Parece una tontería, pero los años no pasan en balde. Sí, ya, es una obviedad lo que estoy diciendo, pero no me refiero sólo al hecho de que yo, como persona, he cambiado. Pues claro, no soy la misma que hace 10-12 años, ni yo, ni mis circunstancias. Pero no me refiero sólo al apartado económico, ya que ya no estoy estudiando y viviendo con mis padres, sino que trabajo, soy independiente, y aunque tengo unas obligaciones financieras, hay mayor movilidad en ese sentido, más opciones encima de la mesa. Incluso teniendo en cuenta de que el propio billete de interrail es más caro si pasas los 25. Pero con todo ello, es lógico que hayamos buscado hoteles, económicos, sí, pero hoteles al fin y al cabo. Y no hemos hecho lo que se suele asociar típicamente al interrail, es decir, dormir en los trenes nocturnos, en albergues de mala muerte, o incluso en la estación. Tampoco hemos hecho kilómetros en tren y horas perdidas en trasbordos y esperas desde casa hasta nuestro destino.

Y a esto es a lo que me refiero con lo de que se nota esa década. Para empezar, hoy en día sale más rentable coger un vuelo hasta el destino de origen del interrail, en nuestro caso, Ámsterdam. No quiero ni pensar lo que habría supuesto hacer ese recorrido en tren. Seguramente habríamos necesitado 10 días para ir y volver, además de los 8 de interrail. Una locura y pérdida de tiempo, porque además, llegaríamos cansados al punto de partida. De esta forma, comienzas la ruta fresco y ávido de recorrer ciudades.

Por otro lado, en cuanto al tema alojamiento, ocurre algo similar. Resulta que hoy en día puedes encontrar una oferta hotelera bastante amplia y para todos los bolsillos. También depende del destino, está claro. Pero en Europa es raro no encontrar un Ibis, NH o similar por 50€ la habitación doble. Por no hablar de los easyhoteles, que salen más baratos incluso y que son una muy buena opción para estancias cortas como en este caso. Cuando estaba con los preparativos recuerdo buscar albergues y nos salían a 20€ por cabeza, sábanas y toallas aparte y con baño compartido. Así que al final, es que te sale más barato un hotel… Al menos teniendo en cuenta que éramos dos. Pero si vas en grupo, siempre puedes pedir habitaciones dobles o triples en función de los integrantes. Creo que sale más rentable.

Así que ya hemos quitado un par de características de lo que nos viene a la mente cuando pensamos en interrail: horas en andenes/trenes y dormir de cualquier manera y en cualquier sitio precario. Y creo que sin alterar mucho el presupuesto. Nosotros volamos con AirEuropa, no con una low cost y nos salió el vuelo por 200€ persona, pero ¿cuánto nos habría salido ir en tren Madrid-La Haya? Desde luego el avión gana. No sólo económicamente, sino como os decía al principio, en tiempo (que es casi más importante, el tiempo es oro).

Pero sobre todo, donde yo creo que ha cambiado la forma de viajar con el interrail es en las telecomunicaciones. Hoy en día es infinitamente más rápido preparar un viaje. Cuando planteábamos el interrail por el sur de Europa nos recorrimos las Embajadas de Turquía, Italia y Grecia (ojo las oficinas que tienen algunas con unas vistas impresionantes de todo Madrid), sin embargo con este, todo está al alcance de un ratón. Internet nos sirve para recopilar información sobre las ciudades, saber qué visitar y qué no con una simple búsqueda en google (lástima no haberme informado más de Rotterdam), hay millones de foros y blogs con consejos, pero a mí para lo que más me ayudó fue para saber las combinaciones posibles entre ciudades y la frecuencia de trenes. Que no está de mal saber si tienes un tren cada media hora o si sólo hay uno por la mañana y otro por la tarde. Para ello, la web de cabecera es die Bahn, la página del ferrocarril alemana. Pero no os asustéis, podéis consultarla en español, y tiene los horarios de un montón de países, aunque no sé si de toda Europa. Supongo que habrá más páginas donde consultar, pero yo ya conocía esta y funciona muy bien.

Eso sí, lo que nos da la vida hoy en día (o nos la quita, según cómo se mire) son los móviles, o tablets o con lo que sea que viaje cada uno. Y es que aunque yo llevaba la tarifa de datos desactivada durante todo el viaje, en los hoteles tienes wifi (al menos en la mayoría de los que cogimos, que para mí es un valor añadido y es algo que tengo en cuenta a la hora de decidirme, aunque primero están el precio y la comunicación) y en los Países Bajos en las estaciones y en los trenes regionales (practicamente el 99% de los que cogimos en el paso por el país), así que viene muy bien, aparte de para comunicarse con la familia y amigos y poner los dientes largos, sobre todo es de gran utilidad para improvisar sobre la marcha, consultar horarios y echar un vistazo a google como nos pasó con Amersfoort.

Así que quitaos (si la tenéis) la idea preconcevida de que el interrail es algo propio de la locura de juventud, creo que se puede hacer con cualquier edad, depende de la organización de cada uno. Hay que establecer unos puntos claves como cuál es el presupuesto, de qué días dispongo y qué ruta quiero hacer. Básicamente con eso, sólo queda buscar cómo llegar al punto de partida, y cómo unir las ciudades que quieres visitar. Puedes llevarlo más o menos cerrado, eso depende de lo cómodo que te sientas con la improvisación.

También está el tema mochila: que si soy mayor, que si me duele la espalda, que si hay muchas cosas que necesito y al final la mochila pesa demasiado… Hay que pensar en dónde se va uno de viaje. Porque gel/champú hay hasta en el último pueblo perdido de la Conchinchina. Porque si se te acaban los calcetines, seguro que encuentras un lidl, plus o similar donde reponerlos, por muy cutres que sean. Porque en las estaciones hay taquillas donde puedes dejar las mochilas… En fin, que hay mil opciones para viajar ligero de equipaje. Yo opté por llevarme una muda y camiseta por día, 3/4 pantalones, sólo uno de ellos largo, una chaqueta, unas zapatillas, chanclas para la ducha, productos básicos de aseo (cepillo de dientes y crema, desodorante, suavizante y cepillo para el pelo y crema solar. El champú y gel lo encontrábamos en cada hotel). Aparte, no puede faltar la documentación, cámara de fotos y los cargadores con sus adaptadores correspondientes. Importante ya que no en todos los países encontraréis la misma toma eléctrica que en casa.

Quizá lo simplifico demasiado, hay otros aspectos importantes como el idioma o la comida, pero que no son tan determinantes. El tema lingüístico a mí no me preocupó mucho a pesar de no hablar ni francés ni neerlandés, podría decirse que con el inglés queda prácticamente solventado, pero claro, depende dónde vayas. Aunque españoles, o gente que lo hable, hay en todos sitios, y si no, siempre están los gestos. Y en cuanto a la comida voy a confesar que soy algo especialita. No todo me sienta bien, sobre todo rebozados y picantes, pero bueno, siempre encuentras algo, aunque sea el típico bocadillo de supermercado: pan y embutido/queso. Eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios, que no siempre son como en España y te puedes volver loco a las 9 buscando un sitio donde cenar o comprar la cena para llevártela. Ah, y por supuesto, si no queréis sorpresas, perdid agua SIN gas. Si no, se sobreentiende que es CON. A no ser que os guste, claro.

Pero en general, no sé si por los países que recorrimos que están muy bien comunicados y son algo potentes económicamente, pero el caso es que fue un interrail muy tranquilo, sin tantos avatares como leí por aquí. Y es que no estoy muy de acuerdo con los 38 puntos mencionados. Sobre todo con:

Punto 6: Eso de llevar embutido para ir tirando… No se me ocurriría, no sé, vale que el jamón está muy rico, que cuando sales de España hay comidas que echas de menos… pero irte de interrail con el chorizo entre los calcetines… No lo veo… Y si viajas en avión, menos.

Punto 10: Lavar la ropa. Pues depende del tiempo que vayas… si vas un mes… pero 11 días como fuimos nosotros… no abultan tanto 11 mudas… La ropa interior es lo que menos ocupa.

Punto 13: ¿Perdona? ¿Tan extraño es ver a alguien mayor de 30 haciendo el interrail? Creo que ya he explicado los motivos por los que no tiene edad.

Punto 17: Lo de dormir en trenes nocturnos no termino de verlo. Si me encontrara en tal situación, me plantearía si me merece la pena hacer un trayecto en 5 horas maldurmiendo en el tren, o pagar una noche de hotel, descansar en condiciones y coger un tren a las 6 de la mañana, por poner un ejemplo, y tardar 3 en llegar al destino… Supongo que depende de las conexiones.

Punto 23: Dormir en las estaciones. Poco más que añadir con respecto al punto 17. Quizá lo que falla es la planificación de la ruta y de las escalas.

Eso sí, sí que estoy de acuerdo en lo de revisar el billete, el andén y el tren en el que te montas. Así como si es de 1ª ó 2ª clase o es un vagón silencioso (en los Países Bajos encontramos alguno y es una gozada la tranquilidad que se respira. Los viajeros aprovechan para dormir, leer, trabajar, o disfrutar del paisaje sin tener a las típicas cotorras detrás).

También estoy de acuerdo con lo de no saber en qué ciudad te has levantado, qué país es y qué idioman hablan. Afortunadamente con el € teníamos una preocupación menos. Pero bueno, esta sensación es similar a la del crucero. Pasa una semana y has visto 6-7 ciudades, de varios países, en los que hablan diferentes idiomas, con culturas tan diversas, que no sabes en qué mundo vives ni cuánto tiempo ha pasado cuando vuelves a casa, porque está todo tan concentrado que parece que has estado fuera el doble de días.

Y cuando deshaces el equipaje, hay que poner en orden los recuerdos y las fotos, madre mía, las fotos… Ardua tarea cuando vuelves con gigas y gigas y tienes que ir pensando qué ciudad era la que ves en la foto. Además, es algo que tienes que hacer cuanto antes, porque luego esos datos se dispersan. Aunque siempre quedará el código de tiempo en las propiedades de cada imagen, los tickets de compra que marquen el camino seguido o afortunadamente para mí, el gps de la cámara (cuando se encuentra) que me dice dónde está hecha cada foto. Aquí podéis ver la ruta de todas las fotos que hicimos y nos geolocalizó:

RecorridoUna pena que no marcara La Haya que me encantó. Sin embargo, ha tenido la buena decisión de no encontrarnos en Rotterdam, que mejor, porque es para olvidar.  Si pensáis en un recorrido similar, os recomiendo que toméis nota de las siguientes ciudades:

Países Bajos: La Haya, Haarlem, Leiden, Delt, Maastricht, Utrecht, Zaanse Schans, Amersfoort, Edam, Volendam, Marken y Ámsterdam (Omitiría Eindhoven y Rotterdam)

Bélgica: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas.

Luxemburgo podéis obviarlo. Está quizá demasiado lejos.

En fin, mil recuerdos que me ha llevado varios meses el poder ordenar y contar. Seguro que me he dejado cosas en el tintero. Y eso es lo bueno, que cada vez que recuerdas un viaje, te vienen a la mente diferentes momentos vividos. Pero de momento, con esto, zanjo el Interrail. Ahora a pensar en el próximo viaje.

¿Os habéis planteado alguna vez hacerlo? Ya conozco a dos personas que se están planteando hacer un interrail este verano, con destinos totalmente diferentes. Y creo que estaría más extendido si se le diera más publicidad. Es una forma tan buena como otra cualquiera de viajar y sale rentable si te lo montas bien. Es más, no sólo como viaje de verano de 10-15 días, sino que creo que puede ser muy útil para una escapada de un puente de 3-4 días. Para mí desde luego queda como opción para repetir.

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Interrail. Viajando por Benelux día 10. Ámsterdam – Edam – Volendam – Marken – Ámsterdam

Y seguimos con esta obra de El Escorial, que entre sacar tiempo, seleccionar fotos, editarlas y poderme sentar a escribir, me voy a juntar con el próximo viaje.

El sábado 10 ya no teníamos interrail, pero no paramos quietos en Ámsterdam, sino que le dedicamos la mañana a Waterland, en concreto a los pueblos de Edam, Marken y Volendam.

El primero de ellos es sin duda el más conocido, ¿os suena el nombre del queso, no? A mí por lo menos me dicen Edam o Gouda y son quesos más que ciudades… Aunque al parecer no está tan claro, pues había tres españoles por el pueblo y uno de ellos les estaba leyendo una guía a los demás y de repente salta “anda, pero que este es el Edam de los quesos”… Vamos que nos vamos…

Pero empecemos por el principio, ¿cómo se llega a estos pintorescos pueblos? Pues lo recomendable es en bus de la empresa EBS, que se coge en la estación central de Ámsterdam. Hay que cruzar toda la estación y arriba al aire libre hay varias líneas que van a pueblecitos de alrededor. No tiene pérdida porque está muy bien indicado en toda la estación. Y una vez arriba, hay que buscar una caseta amarilla donde compras el ticket.

TicketPor 10€ tienes el Waterland ticket y te dan un librito con información de la zona. Tiene validez de 24 horas y puedes coger tantos buses como quieras para moverte por esa región. Eso sí, hay que pasar la tarjeta por el lector tanto al subir como al bajar.

Nosotros partimos dirección Edam por ser la más alejada de las tres, con la intención de ir después a Volendam y acabar en Marken.

Desde Ámsterdam hay varios buses que llevan a Edam: 110 (que también va a Volendam), 112, 114, 116, 118. Coincidió que según estábamos pagando cuando salía el 118, así que llegar y besar el santo. En el autobús tienes pantallas indicativas que te van indicando el recorrido (también te lo va narrando volgende halte, pero ahí depende de tu oído para el neerlandés), por lo que te puedes ir orientando.Nosotros nos bajamos en Busstation.

Edam comenzó como ciudad comercial allá por el s. XIII y se especializó en el mundo naval y de la pesca. En el XVI ya era una de las ciudades con más influencia del norte de los Países Bajos dada su cantidad de muelles. Sin embargo, al estar tan expuesta al mar, sufría inundaciones, por lo que se cerró el puerto y en el XVII comenzó su decadencia.

Paralelamente, en el s. XVI, empezó a cobrar importancia el queso, por lo que es famosa sobre todo hoy en día.

Era pronto, por lo que cuando llegamos al pueblo apenas había movimiento, estaba muy tranquilo, salvo aquellos españoles que descubrieron que Edam era el pueblo de los quesos… vamos, pero si huele a queso y hay tiendas o indicativos por doquier…

En fin, paseamos un rato por las callejuelas empedradas, cruzando puentes y oliendo a queso. Los puentes son muy peculiares, tienen un punto.

Me encantó el pueblo, es muy bonito, y tiene casas cuyas fachadas recuerdan a la arquitectura de Zaanse Schans.

Cabe destacar del pueblo el Ayuntamiento, Damplein y la Grote Kerk.

También vimos alguna que otra peculiaridad, como la customización de las bicicletas (supongo que así la encuentras a la primera cuando llegas a un mega aparcamiento como los que vimos en las diferentes ciudades en las que hicimos escala) y tienda de ¿disfraces? con trajes de faralaes.

Un pueblo con mucho encanto como nos pasó con la mayoría de los Países Bajos, los canales, la arquitectura, los centros históricos… son pueblos con encanto. Disfruté mucho paseando por sus calles empedradas, con el agua al lado, todo verde, ese olor a campo…

Volvimos a la estación, donde cogimos el bus dirección Volendam y nos bajamos en Zeerstraat. Volendam originalmente era un pueblo de Edam. En el s. XIV los habitantes de Edam construyeron un canal más corto hacia el Zuider Zee y el antiguo quedó en desuso. Los agricultores y pescadores se fueron asentando y surgió el nuevo pueblo.

De camino de la parada al centro nos encontramos con un mercado con todo tipo de puestos, desde queso (lógico) a ropa, pasando por fresas de la zona, flores o embutido.

No tiene nada que ver con Edam. Sí, tiene su encanto, la arquitectura, las casitas, los trajes típicos… pero es muuuuuuuuuucho más turístico.

El puerto está plagado de tiendas y restaurantes, hay movimiento de grupos con guías. La zona es muy bonita, con su aspecto de pueblo pesquero, los barcos, las tiendecitas, el queso, los recuerdos…

pero era la hora de comer local, sobre las 12, y se notaba. Estaba plagado de turistas.

Me llamaron la atención las casas con amplios ventanales, sin rejas ni persianas y que cuando ibas paseando podías ver hasta el patio trasero de las casas. Vamos, que no hay vieja’l visillo, porque la verían desde fuera… Eso sí, se curran mucho la decoración de las cristaleras. No es que no les importe que mires, es que además, lo decoran para que se mire, todo muy simétrico, con sus jarrones, plantas…

Desde el puerto se ve Marken, al que se puede acceder por tierra o por mar. Aunque teníamos el Waterland ticket, decidimos (pese a mi miedo a los barcos) tomar un ferry de la compañía Marken Express.

Cuesta 6.5€ por adulto y hace su recorrido en unos 15 minutos y aunque hacía algo de fresco, por lo menos el aire no hizo que el barco se moviera mucho…

Ticket MarkenAún así, el trayecto se me hizo un poco largo, pero no voy a negar que la entrada en el puerto te deja fascinado.

Hasta ahora los dos pueblos vistos nos habían gustado, tenían su encanto, pero es que Marken es pintoresco, la forma de las casitas, todo muy tradicional, con sus zuecos, las casas de madera, pintadas de colores…Creo que hicimos bien en trazar esta ruta, porque vas de menos a más, cada pueblo que visitas te parece mejor que el anterior.

Como veis, estaba plagado de bicicletas, creo que hay gente que aprovecha para recorrer la región de una forma muy típica de los Países Bajos: a dos ruedas. De hecho, el ferry, iba bastante plagado.

Es sin duda un pueblo para perderse entre los pasillos y jardines.

Es curioso cómo cuidan los jardines, las entradas a las casas, con los detalles de los zuecos, ya sean de adorno sobre la pared, en el suelo a la entrada…

También me llamó la atención como en Volendam el adorno de las ventanas. Parece que les gusta decorarlas…

Sin duda, el mejor de los tres. Me recordó en cierta manera a la paz y nivel de emoción que tenía en Stavanger, de esos paseos que disfrutas ojiplática para no perder detalle y con una sonrisa constante.

Marken es una península, aunque era en su origen una isla. Lo peculiar del pueblo es que las casas están construidas de forma elevada, porque eran frecuentes las inundaciones, y de esta forma el agua pasa por debajo sin provocar destrozos. Posteriormente, al construirse en dique y convertirse en península, se drenó el agua, y ya no hay peligro, está más controlado.

Supongo que para los habitantes el agua es su vida, es raro quién no tenga una embarcación o se dé un chapuzón en la playita, por muy gélida que esté el agua

Para finalizar nuestra excursión, pasamos a un supermercado cerca de la marquesina donde paraba nuestro bus y compramos queso Gouda en lonchas con comino (riquísimo) y unos panecillos recién hechos. No había muchas más opciones. Si vais y queréis comer antes de volver a Ámsterdam, os recomiendo que lo hagáis en Volendam. A nosotros se nos hacía muy pronto para comer, pero cuando nos dio el hambre en Marken, no teníamos muchas opciones. Aún así, no me quejo, el bocadillo me supo a gloria. Además, ¡cómo vas a estar en la zona y no comer queso!

Para volver cogimos el 111 que nos dejó de nuevo en Ámsterdam Centraal. Está cerca de este puente la parada, justo atravesando el pueblo y dejando el puerto a las espaldas.

Una vez en Ásterdam dedicamos la tarde en hacer un recorrido en barco de unas dos horas por los canales de la ciudad. ¿No querías barco? Pues toma dos tazas.

Pero esto mejor os lo cuento otro día, que este post ya me ha quedado muy intenso.

Viajar con el Interrail. Preparativos

Vuelvo a escribir de viajes. Esta vez del interrail. Para los que no sabéis en qué consiste, es muy simple: se trata de viajar por un país, o varios con un abono de tren. A lo largo de los años ha sufrido modificaciones, hace años, iba por zonas: Mediterránea, Norte, Centroeuropa, Europa del Este… pero la cosa ha cambiado y ahora va por países y dentro de tu elección, puedes viajar en diversas modalidades: más o menos días. También tienes el Global Pass.

Mi hermano llevaba dos años haciendo el interrail, aprovechando para moverse antes de cumplir los 26 y que subiera el precio, y este año iba a ser su último como joven, y nosotros que aún no teníamos planeado un destino, valoramos la opurtunidad de unirnos. La elección era Benelux: Bélgica, Holanda y Luxemburgo (sí, son tres países, pero en este caso es un único pase). Los tres países estaban en nuestra lista de deseos, bueno, quizá Luxemburgo no muy arriba, pero ya que te pones… Cuadramos una fecha en la que pudiéramos ir los cuatro y después por motivos laborales empezó a caer gente, de forma que se acabó convirtiendo en un viaje en pareja.

Una vez sabíamos quiénes y cuántos íbamos a ir, iba todo sobre ruedas para comprar los billetes de avión. Si hubiera sido Italia el destino, habría buscado 3 ó 4 aeropuertos importantes, y habría comparado precios y a raíz de ahí trazar la ruta con un punto de partida y de finalización. En este caso no fue diferente, sólo que tienes que ver el conjunto de los tres países como un todo y básicamente teníamos 3 opciones: volar a Luxemburgo, a Bruselas (bien con low cost a Charleroi – que es como ir a Toledo y decir que vuelas a Barajas – o bien con compañía “normal”) o a Ámsterdam. La verdad es que la decisión no fue fácil. Bueno, Luxemburgo quedó fuera enseguida por ser la opción más cara y por no tener vuelo los domingos, que era nuestro día de regreso. Así pues, teníamos Bruselas y Ámsterdam. El precio era muy similar, pero la diferencia era que para a Bruselas y que nos saliera más barato, tendríamos que ir con low cost y ya no hablamos de Bruselas como tal… Así que ganó Ámsterdam. Ahora a definir la ruta.

Aquí otro quebradero de cabeza. Busqué información en las páginas oficiales de cada país para ver qué ciudades recomendaban en sus áreas de turismo, y además añadí las que me sonaban por nombre y las que me habían recomendado amigos y conocidos. Y a partir de ahí, mapa en mano, a marcar las ciudades y ver combinaciones de tren para ver cómo de cerca o lejos estaban… es realmente agotador… porque además queríamos irnos con hotel cerrado, y claro, para eso tienes que estimar qué tiempo vas a dedicar a cada ciudad… Es un rompecabezas.

Sé que la mayoría de la gente que piensa en interrail se imagina el típico mochilero que duerme en albergues, estaciones o incluso en la calle. En el pasado nosotros hemos dormido al aire libre con sólo el saco de dormir como cobijo, hemo viajado un fin de semana cargando con la mochila, hemos ido de camping, de albergue de campamento… pero hay que ser consciente de la situación en que se encuentra cada uno. Si yo ahora mismo tuviera 22 años, estuviera estudiando y tuviera un par de meses de vacaciones, me iba a la aventura, ya que por muy mal que duermas, por muy cansado que regreses, después te quedan vacaciones para recuperarte y seguir disfrutando. Nuestra diferencia es que tenemos 10 años más, que nos íbamos 11 días y que al día siguiente del regreso teníamos que volver al trabajo, con lo que si te vas a la aventura y te sale mal, no sólo no has disfrutado de tus vacaciones, sino que además vuelves con ganas de unas. Así que poniendo pros y contras sobre la mesa, decidimos buscar hoteles.

Para ello, con el mapa de trenes en mano, con las ciudades marcadas, trazamos una posible ruta, decidiendo dónde nos venía mejor pasar la noche, mirando si salía rentable o era necesario hacer algún cambio… y cuando parecía que estaba todo cuadrado, reservamos las noches de hotel hacia finales de junio.

Y a principios de julio compramos los billetes de interrail. Os he dicho que nos íbamos 11 días, pero nuestro billete era de 8 días, el primer día no contaba, pues llegábamos por la tarde al aeropuerto, y los últimos dos días ya no nos íbamos a mover en tren, así que tampoco. Finalmente la ruta quedaba de esta manera:

Suena muy ambicioso, pero como ya nos ha pasado alguna vez en la que piensas que verás una ciudad en 3 días y luego tardas menos preferimos llevar de más y luego en función de lo que nos fuese gustando un pueblo o ciudad, dedicarle más tiempo y obviar lo que no nos diese tiempo, siempre teniendo en cuenta el fin del día.

Para ello, gracias a www.bahn.de, la página de trenes alemana, busqué los horarios de todas las posibilidades que teníamos para saber si había una frecuencia de un tren cada hora o cada 20 minutos, porque en este último caso, sabes que puedes entretenerte pues si pierdes uno, al momento puedes recuperar, pero si tienes que esperar una hora… supone un mundo.

En fin, mediados de julio, teníamos avión, hoteles, ruta, horarios de trenes, billetes de interrail (te llegan por correo certificado en apenas una semana) e información y mapas sobre las ciudades que íbamos a visitar. Cuenta atrás y nos faltaba por ver tema equipaje. Y aquí otro quebradero de cabeza. Porque claro, debido a la ruta, la gran mayoría de los días tendríamos que llevar la mochila encima. Sí, existen casilleros en las estaciones, pero como realmente no había mucha intención de pasar dos veces por un mismo sitio… no tenía mucho sentido. Así que, ¿qué hacemos? ¿llevamos dos mochilas de 30 litros con lo básico? ¿O llevamos la de 50, facturamos y de perdidos al río? Al final optamos por llevar una de cada, la de 50, para facturar y meter objetos que no te dejan pasar como equipaje de mano, y la de 30 sin facturar con un par de mudas para cada uno. Que soy un poco maniática con eso de que me pierdan la maleta… Ah, y prescindimos de la toalla dado que íbamos a hoteles y se suponía que íbamos a tener allí. Al igual que de productos de higiene, que llevábamos lo básico: desodorante, cepillos y pasta de dientes y crema solar factor 50.

Así pues, todo en marcha, contando los días hasta que llegó el día 1 y empezó la aventura. Pero eso para otro día.