Berlín I. Día 1: Vuelo y llegada a Berlín

Por fin llegó el 6 diciembre y con él nuestro viaje a Berlín. Volábamos con Easyjet, compañía que solo permite UNA pieza de equipaje de mano de máximo de 56 x 45 x 25 cm (eso sí, sin límite de peso), por lo que llevábamos a rebosar los bolsillos de nuestros abrigos. Básicamente repartimos entre los compartimentos todo aquello que habríamos llevado en un bolso de mano, pero pareciendo el muñeco de Michelín.

El vuelo fue tranquilo y aprovechamos para hacer una merienda-cena, ya que llegábamos a las 21:45 a Tegel y seguramente estaría todo cerrado. El plan del día era llegar al alojamiento lo antes posible y descansar para el día siguiente estar con las pilas cargadas. Poco más.

En el mismo aeropuerto de Tegel, junto a la parada del autobús, compramos los tres pases semanales (7-Tage-Karte) para la zona ABC. Por un importe de 37,50€ tendríamos cubiertos los trayectos para toda nuestra estancia, incluida la ida y vuelta al aeropuerto, así como las excursiones a Sachsenhausen y Potsdam. Tiene la peculiaridad de que entre semana de 20h a 3 de la mañana y los sábados, domingos y festivos, se puede llevar sin coste adicional a un adulto y hasta tres niños (de 6 a 14 años – los menores de 6 van siempre gratis). El billete también incluye un perro o una mascota pequeña, equipaje de mano, sillita infantil o silla de ruedas. No así la bicicleta, que requiere un billete aparte.

Berlín cuenta con U-Bahn (metro), S-Bahn (tren), bus y tranvía. Tan solo este último no estaba incluido en los pases, pero con los otros tres íbamos sobrados para nuestros planes. Además, podíamos coger los trenes regionales.

El área metropolitana queda dividida en tres zonas tarifarias: A, B y C. Como decía, nosotros compramos el billete semanal que servía para las tres zonas, ya que, aunque Tegel está en zona B, Sachenhausen y Potsdam están en la C. En la web de la VBB se pueden consultar los diferentes billetes para echar cuentas y decidirse por el que salga más rentable en cada caso. También es útil para ver cuándo hay incidencias en la red o descargarse planos de los distintos medios de transportes. Además, cuenta con una App en la que incluso se pueden comprar los billetes evitando así llevarlos en papel.

Una vez que sacamos los pases en la máquina buscamos la máquina de validación para activarlos antes de subir al bus. De esta moda pudimos entrar directamente a la parte trasera y buscar un sitio donde acomodarnos. En el caso de los billetes como el nuestro con picarlo una vez, ya es suficiente, la fecha impresa será la que marque el inicio del período válido. En caso de encontrarnos con un revisor, se enseña y listo.

Tomamos el bus TXL hasta la parada Beusselstrasse, donde enlazamos con la S41 que nos llevaría a la parada Schönhauser Allee. Desde allí teníamos unos 10 minutos al apartamento. Para cuando quisimos llegar eran las 11 de la noche, pero como teníamos la llave esperándonos en una caja fuerte y nos habían enviado la clave, no hubo problema. El apartamento era como esperábamos, tal y como habíamos visto en las fotos. Un espacio que servía como dormitorio – salón – comedor con una cama doble, un armario, un sofá-cama, una mesa con tres sillas y una tele colgada en la pared.

Además, contaba con un baño bastante espacioso y una pequeña cocina que nos vendría perfecta para los desayunos y las cenas.

Para aquel primer día la cena fue algo ligera, pues como comentaba más arriba, ya habíamos comido algo en el avión. Acabamos con los bocadillos de tortilla francesa que nos habían quedado para que no se nos pusieran malos y tras una ducha rápida y acomodo de equipaje, nos fuimos a descansar, para poder madrugar y aprovechar bien el día siguiente.

Marruecos I. Día 1: Vuelo y llegada a Marrakech

Prácticamente cuando la gente ya estaba pensando en volver de puente, comenzamos nosotros nuestro viaje a Marrakech. Salíamos el sábado a las 11:35, y como no íbamos a facturar y ya llevábamos nuestras tarjetas de embarque, llegamos al aeropuerto una hora antes. Pasamos los controles pertinentes, tomamos el trenecito que lleva a la satélite de la T4 y para cuando quisimos llegar a nuestra puerta ya era casi hora de embarcar. Nos dio tiempo a pasar al baño y poco más, pues salimos muy puntuales rumbo a Marruecos, nuestro primer país de África (que no del suelo africano, pues las Seychelles también cuentan). Y, ¿qué conocíamos de nuestro país vecino? Pues poca cosa, la verdad, pero lo solucionamos en un momento.

Aparte de limitar al norte con España, lo hace al este con Argelia (aunque la frontera se encuentra cerrada desde 1994), al suroeste con el Sáhara Occidental y al sur con Mauritania. Además, tiene una línea costera de 1835 kilómetros sumando la parte mediterránea al norte y la atlántica al oeste. Destaca por sus llanuras (más extensas que las de Argelia o Túnez) y por la gran altitud de sus montañas (el pico más alto de Marruecos y de toda África del Norte está en el Alto Atlas). Cuenta con cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Anti-Atlas.

El área hoy ocupada por Marruecos parece haber estado habitado desde el año 8000 a. C. Mucho más tarde se asentaron los bereberes, los fenicios, los romanos, vándalos, visigodos y bizantinos. Aún así, a pesar del cambio de manos, las montañas siguieron bajo dominio bereber. A finales del siglo VII con la llegada del Islam, se produjo una modernización del país convirtiéndose en centro cultural y la mayor potencia regional. Creció aún más cuando varias dinastías bereberes sustituyeron a los idrisíes árabes. Primero llegaron los almorávides y después los almohades (quienes dominaron no sólo Marruecos, sino también gran parte del noroeste del continente y territorios de la Península Ibérica). Acabarían cayendo como consecuencia de varias guerras civiles.

Los siglos XV y XVI estuvieron dominados por la política colonialista de África por parte de Portugal. Al igual que hicieron en la India, construyeron fortificaciones, sin embargo, poco a poco tuvieron que ir abandonando sus posiciones ante los ataques musulmanes. La Corona española también hizo sus movimientos y en 1497 conquistó Melilla. Además, cuando Felipe II fue coronado en 1580 rey de Portugal, las posesiones que aún seguían perteneciendo a los lusos se incorporaron al Imperio Español. Cuando en 1640 Portugal recuperó su independencia, Ceuta sin embargo se quedó integrada en el territorio español. Además, cedieron Tánger a Inglaterra en 1661 como parte de la dote de Catalina de Braganza al casarse con el rey Carlos II.

En 1666 llegó la dinastía alauíta, que consiguió unificar un país dividido y mantener una estabilidad ante constantes ataques españoles y otomanos. Además, en 1684, tras persistentes presiones, consiguieron que los ingleses abandonaran Tánger.

En 1777 Marruecos fue uno de los primeros países en reconocer a los EEUU como nación independiente y en 1783 firmaron un Tratado de Amistad con John Adams y Thomas Jefferson que es el más antiguo de todos los que tiene el país americano.

Durante el siglo XVIII Europa estaba en plena Revolución Industrial y miraba con interés hacia África como fuente de riqueza además de como objetivo estratégico. Francia y España se centraron en Marruecos. España declaró la guerra en 1860 por Ceuta que acabó ganando y además en 1884 creó un protectorado frente a las Islas Canarias.

A principios del siglo XX tanto Francia como España establecieron zonas de influencia en el país y tras una crisis y una posterior conferencia en Algeciras, se permitió tanto a Francia como a España controlar la política de Marruecos. Más tarde, en 1912, con el Tratado de Fez, Marruecos se convirtió en un protectorado de Francia, mientras que Ceuta, Melilla y los territorios del sur fronterizos con el Sáhara Español quedaron bajo el protectorado de España.

En teoría Marruecos sería un Estado autónomo protegido por ambos países pero bajo la soberanía de un sultán. Sin embargo, en la realidad, tanto Francia como España controlaban la Hacienda, el Ejército y la Política Exterior.

Tánger, en 1923, obtuvo carácter de ciudad internacional. Como era de esperar, gran parte de la población marroquí se oponía a esta ocupación colonial y se produjeron varias revueltas llegando incluso a proclamarse la Repíblica del Rif, que ocupó entre 1921 y 1927 la parte norte del actual Marruecos. Sin embargo, españoles y franceses se unieron para declararles la guerra y recuperar el territorio.

Durante el protectorado galo cerca de medio millón de franceses llegaron a Marruecos y se hicieron con las mejores tierras de cultivo obligando a minifundistas marroquíes a vendérselas. También explotaron minas de hierro, cobre, manganeso, plomo, zinc y, sobre todo, los fosfatos de Juribga y Yusufía. Por otro lado, los franceses construyeron carreteras, puertos, ferrocarriles, redes de telefonía y mejoraron la conexiones aéreas. No se preocuparon sin embargo de invertir en vivienda o educación y muchos locales se vieron en la ruina al perder sus fuentes de ingreso tradicionales, sobre todo agricultores o artesanos.

Frente a este abusivo protectorado, aparecieron varios partidos nacionalistas (entre ellos el Partido Istiqlal) que luchaban por una independencia. Ya en la Carta Atlántica elaborada durante la Segunda Guerra Mundial elaborada entre EEUU y el Reino Unido quedaba reflejado que la población tenía derecho a elegir su forma de gobierno.

Durante los años 50 el nacionalismo siguió su expansión llegando a Casablanca, Rabat, Fez, Tetuán y Tánger. Primero comenzaron a apoyarlo la burguesía urbana, pero pronto se unieron también los campesinos. El Partido Istiqlal contaba con el apoyo de Mohammed V y de la Liga Árabe y en 1952 la situación acabó llevándose a la ONU. Francia pronto respondió y un año más tarde mandó al exilio a Mohammed V y colocó al sultán Mohammed Ben Aarafa, lo que provocó un mayor malestar si cabe en la población. Francia no solo gozaba de buena reputación en Marruecos, sino que no consiguió respaldo exterior.

La situación siguió escalando y durante el verano de 1955 en Marruecos se produjo una serie de atentados terroristas contra franceses lo que desembocó en una fuerte represión policial. Sin embargo, cuando en el otoño Aarafa abdicó, Francia, que estaba a la vez luchando una batalla en Argelia y tenía demasiados frentes abiertos, permitió el regreso de Mohammed V y un año más tarde comenzaron las negociaciones por la independencia, que será proclamada el 2 de marzo de 1956 provocando que un mes después Francia abandonara el país. En los dos años siguientes Marruecos recuperó territorios que habían estado controlados por España.

El 3 de marzo de 1961 Hassan II se proclamó Rey de Marruecos y el país se constituyó como una monarquía constitucional y de derecho divino al mismo tiempo. Ahí es nada. Un año más tarde, el 7 de diciembre, se aprobó la Constitución, aunque supuso un distanciamiento entre el rey y los partidos políticos, pues parece que Hassan II no era muy partidario de la democracia (y es que Monarquía y Democracia no terminan de casar bien).

En 1963 estalló una breve guerra con Argelia por sus fronteras conocida como la Guerra de las Arenas. Marruecos exigía el control de Béchar y Tinduf que, durante el protectorado galo, Francia había anexionado a Argelia, que por aquel entonces era su colonia. Durante esta década las tierras pertenecientes a los colonos europeos volvieron a terratenientes marroquíes.

En 1965 tuvo lugar una revuelta en Casablanca, lo que sirvió de excusa perfecta para el monarca para proclamar el Estado de Excepción y suspender la Constitución hasta 1970, cuando se proclamó una nueva. Eso sí, esta ya iba a medida del rey, lo que provocó la oposición de varios partidos políticos. Finalmente acabó aprobándose una tercera dos años más tarde. Durante esos años Hassan II sufrió tres intentos de asesinato por parte del ejército. Parece que no era muy querido.

En 1974 España anunció que iba a dejar el Sáhara y organizar para el año siguiente un referéndum de autodeterminación. Marruecos, que llevaba reclamando el territorio desde su independencia, se opuso a dicha consulta y pidió a la Corte Internacional de Justicia que se pronunciara al respecto. Esta respondió reconociendo que si bien el Sáhara Occidental tenía lazos legales de lealtad con Marruecos antes de la llegada de los españoles; esto no implicaba su soberanía y por tanto reconocía el derecho del Sáhara sobre su autodeterminación. Aún así, en noviembre del 75 Hassan II promovió una marcha civil y pacífica conocida como marcha verde para recuperar el territorio. No obstante, esta ocupación no está reconocida por la ONU y el Sáhara Occidental está considerado legalmente como un territorio no autónomo (aún no descolonizado) sin autoridad administrativa.

En la década de los 80 Marruecos entró en crisis económica, lo que provocó varias revueltas a lo largo del país. Se privatizaron varios sectores, el paro subió, el dirham cayó, hubo fuga de capitales, se recortaron subvenciones a productos de primera necesidad, se recortó en sanidad, educación, se pararon las contrataciones de funcionarios… La situación era crítica y hubo diversas huelgas y manifestaciones.

En los 90 se produjeron varios avances. En 1991 se llevó a cabo una reforma política y entre 1994 y 1996 se realizaron amnistías de presos políticos. En 1995 se reconoció la enseñanza en bereber y en 1996 se volvió a reformar la Constitución. Esta vez todo el Parlamento se elegía por sufragio universal y se creó una Cámara de Consejeros (algo similar a nuestro Senado). Un año más tarde hubo elecciones, aunque con el parlamento muy dividido.

Cuando en 1999 murió Hassan II, ascendió al trono Mohammed VI, quien al poco de suceder a su padre reformó el código jurídico de la mujer. Y más tarde, en 2004 introdujo importantes cambios en el código de la familia (al menos en la teoría). Por ejemplo pasó de 15 a 18 la edad mínima para casarse, quedaron abolidas la poligamia y la tutela del padre o hermano mayor sobre la mujer adulta no casada, las mujeres podrían elegir marido e incluso pedir el divorcio en igualdad de condiciones con respecto a la custodia de los hijos. No obstante, paralelamente también hubo retroceso de las libertades civiles. Cuando en 2003 Casablanca sufrió un atentado terrorista se amplió la prisión preventiva, se aprobó que la policía pudiera entrar en viviendas particulares sin orden judicial, interceptar el correo, las llamadas telefónicas y las cuentas corrientes.

En 2011, como consecuencia de las revueltas de la Primavera Árabe, se promulgó una nueva Constitución que fue respaldada por la mayoría de la población. En este último texto, entre otras medidas, se redujo el poder del rey a favor del Presidente del Gobierno, se garantizó que la Justicia sería un poder independiente y que los ministros serián elegidos en las urnas. Además, había un mayor reconocimiento de los derechos fundamentales y libertades básicas como igualdad de sexos, libertad de creación, expresión y opinión así como de acceso a información pública, de reunión, de manifestación, asociación y afiliación sindical y política; prohibición de la tortura, derecho a no ser detenido arbitrariamente, a presunción de inocencia, a no declarar, a la asistencia jurídica, a juicio justo, a la inviolabilidad del domicilio, a una educación pública, a la propiedad, al matrimonio…

Económicamente el país se ha estabilizado en las últimas décadas. Tiene una importante industria automovilística, siendo el país que más coches fabrica en todo el continente (por delante de Suráfrica). Dado que políticamente también ha estado bastante tranquilo con respecto a otros del continente, el turismo ha seguido creciendo en los últimos años llegando en 2013 a los 10 millones de visitantes. Los principales destinos son Rabat, Casablanca, Tánger, Fez y Marrakech, precisamente nuestro destino.

El vuelo fue muy tranquilo y en algo menos de dos horas estábamos aterrizando. A medida que el avión iba perdiendo altura pudimos ver cómo el paisaje árido y marrón pasaba a ser más verdoso, algo que me sorprendió bastante, la verdad.

El desembarque lo hicimos directamente por escalera a la pista y dado que no teníamos maleta facturada nos fuimos directamente a la salida. Aunque previamente teníamos que pasar por el control de pasaporte. Había varios puestos y aunque parece que los funcionarios no eran especialmente céleres, en unos veinte minutos habíamos pasado el trámite.

En el vuelo la tripulación nos había adelantado una tarjeta de inmigración en la que había que rellenar los datos personales, profesión y dirección durante nuestra estancia en el país. Una vez en la garita hubo que entregárselo al policía para que verificara los datos con el pasaporte. Además, nos hicieron una foto para registrar la entrada. A algunos nos preguntó si era nuestra primera vez en el país, a otros simplemente les realizó las comprobaciones rutinarias y, tras sellar el pasaporte y anotarnos el número de entrada, nos dejó continuar.

Un poco más adelante había otro agente que comprobaba que efectivamente teníamos el sello antes de salir de la terminal. Pero además, antes de salir a la calle había un mini escáner por el que tuvimos que pasar el equipaje. Marrakech se estaba haciendo de rogar.

Balcanes XXII. Día 8: Regreso a Madrid

Nuestro vuelo de vuelta a Madrid era a las 11:35 de la mañana por lo que calculábamos que teníamos que estar en el aeropuerto a las 9:30 de la mañana para llegar con tiempo de facturar la mochila grande. Así pues, algo había que madrugar. No obstante, ya habíamos dejado prácticamente todo recogido por la noche, por lo que fue desayunar, prepararnos y salir.

Teníamos dos opciones de autobús: por un lado la línea 37 y por otro una de la empresa Pleso Prijevoz. La primera opción es una línea regular y por tanto era más barata (17 Kunas), pero también tardaba más (50 minutos), ya que realizaba más paradas. La segunda tenía menos frecuencia (uno a la hora en lugar de dos) y además costaba casi el doble (30 Kunas), sin embargo, tardaba apenas media hora en el trayecto. Teníamos nuestras dudas sobre cuál nos convenía más, así que, después de valorar pros y contras, nos decidimos por la segunda opción, ya que nos cuadraba mejor el horario y la cabecera (en la estación de autobuses). Yo pensé que por la hora y el día que era no íbamos a tener mucho problema, pero menos mal que habíamos salido con tiempo del apartamento, pues el bus se acabó llenando. De hecho, una pareja fue de pie todo el trayecto.

Cuando llegamos al aeropuerto nos encontramos junto a la parada una carpa para hacer la facturación. Fue muy extraño, porque por fuera se veía una terminal bastante moderna y lo último que te esperarías es que tuvieran varios mostradores en el exterior.

Nos pusimos a la cola de uno de ellos (era indiferente con quién volaras y cuál fuera tu destino) y a esperar.

Tras facturar la mochila grande y obtener nuestras tarjetas de embarque nos dirigimos a la terminal propiamente dicha. Y ahí lo entendimos. El aeropuerto es realmente pequeño, por lo que en temporada alta no puede albergar a tantos viajeros y evitan colapsar montando las carpas temporales. Tampoco teníamos mucho que hacer, la verdad, era absurdo dar paseos por donde no hay espacio, así que pronto pasamos el control y buscamos nuestra puerta de embarque.

Y si la parte de mostradores era limitada, la zona de embarque no se quedaba atrás. Además hacía un calor infernal.

Está claro que el aeropuerto de Split se ha quedado muy pequeño. Al menos, como digo, en verano. No había asientos suficientes y te encontrabas a gente por los suelos, encima de radiadores, sentados en maletas… o de pie esperando. Por suerte, nuestro vuelo no salió con retraso y no tuvimos que esperar allí más de lo necesario.

Con nuestra llegada a Madrid se acabó oficialmente nuestro verano. Tan solo nos quedaba contar los días para el próximo viaje: Marrakech.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 16: Regreso a Madrid

Teníamos el vuelo a las 17:35 y el apartamento quedaba a una media hora del aeropuerto, por lo que no teníamos prisa, al menos con destino Madrid, ya que los escoceses habían madrugado bastante para llegar a su vuelo a las 07:50 de la mañana. Las maletas estaban prácticamente cerradas a falta de un par de cosas, por lo que desayunamos y nos duchamos tranquilamente, terminamos de empacar, revisamos el apartamento y a la hora límite de la reserva marchamos hacia el aeropuerto.

Dado que los vuelos de Aer Lingus se consideran domésticos, no teníamos que ir a la misma terminal del día anterior, sino a la C. Sin embargo, no es que fuera mucho más grande. Sí que tenía algo más de movimiento, pero apenas había algunos locales de comida y alguna tienda. Como aún no estaba abierto nuestro mostrador de facturación, nos buscamos un asiento y nos sentamos a esperar tranquilamente.

Tras facturar nuestras maletas destino Madrid, nos preparamos para pasar el control cuanto antes, ya que sabíamos que iba a ser tedioso por ser Estados Unidos. No obstante, a pesar de tener que desarmar el equipaje de mano y descalzarse, fue bastante rápido y enseguida estábamos en el interior.

Al otro lado sí que la terminal era mucho más grande, con zonas de ocio, restauración y espacios infantiles.

Había que andar un buen trecho para llegar a nuestra puerta de embarque, pero como no habíamos comido, aprovechamos para ir fijándonos en la oferta disponible. Acabamos cogiendo unas ensaladas y unos sándwiches, pues tampoco queríamos hincharnos mucho antes de un vuelo tan largo. Buscamos un hueco donde sentarnos con el ordenador e hicimos tiempo mientras veíamos The Amazing Race.

El vuelo duró 6 horas y transcurrió tranquilo.

Enseguida nos sirvieron los snacks, y prácticamente a continuación la cena. Esta vez el menú incluía ensalada y lasaña de verduras. De postre, fruta. Aunque la ensalada la sirven sin aliño, he de decir que la lasaña estaba bastante rica.

Además, al recoger las bandejas volvieron a ofrecernos el helado, al igual que para la ida. Después, bajaron las luces y nos dejaron descansar. Intentamos dormir, ya que llegaríamos a Madrid a las 10 de la mañana y tendríamos que aguantar todo el día en pie para evitar el jet lag e incorporarnos al trabajo al día siguiente. No fue sencillo, pero sí que alguna siesta conseguimos echar.

Una hora antes del aterrizaje nos sirvieron un ligero desayuno: una magdalena y un zumo de naranja.

Llegamos a Dublín sobre las cuatro de la mañana, un poco antes de la hora prevista. Teníamos el vuelo de conexión a las 6:15, así que perfecto para nosotros que no tendríamos que ir a la carrera con la legaña en el ojo y medio dormidos. Sin embargo, el enlace resultó más sencillo de lo que parecía, ya que el personal de tierra nos fue dirigiendo. Tras bajar del avión (en pista) nos dirigimos a la terminal y allí nos quedamos esperando a que saliera en los paneles nuestra puerta de embarque, pues aún era pronto. No obstante, tras una media hora el personal empezó a anunciar destinos y horarios y nos fueron conduciendo a los autobuses que nos trasladarían a la terminal de nuestras puertas de embarque. Una vez localizada nuestra puerta, nos sentamos a esperar y dar alguna cabezada. Ya era martes 15 y todos llevábamos buenas caras de sueño.

El segundo vuelo fue también tranquilo. Ya sabíamos que el avión iba a ser algo más pequeño, que dispondríamos de menos espacio, pero en aquel momento solo queríamos dormir. Llegamos a Madrid en hora y nuestras maletas no tardaron mucho en salir, por lo que pudimos abandonar el aeropuerto de Barajas y volver a nuestra rutina después de tantos días de desconexión. El cansancio te hace querer llegar a casa, pero sabes que eso significa que el viaje ha acabado. Eso sí, la cabeza ya estaba en la planificación de las vacaciones de verano.

Vuelta a Madrid

Amaneció nuestro último día de viaje. Teníamos el vuelo a las 13:30, por lo que en un principio, al planificar la ruta, di por hecho que nos daría tiempo a ver algo, como por ejemplo el barrio de Muranów. Pero claro, eso era teniendo en cuenta que había marcado mal el hotel en mi ruta, y ahora estábamos en una zona completamente diferente y ya no teníamos que volver a la estación central para ir al aeropuerto.

Así pues, la noche anterior repasamos nuestras opciones. Si consideramos que tendríamos que estar en el aeropuerto un par de horas antes, habría que salir de la estación sobre las 10:45 – 11 como muy tarde. Pero había que llegar antes a esa zona, y recorrer Muranów cargados (o dejar las mochilas en la estación). Así que al final pensamos que era un madrugón innecesario. Que intentar verlo a la carrera no merecía la pena.

Por tanto, nos levantamos, desayunamos tranquilamente, terminamos de empacar y salimos del hotel. En lugar de ir a la estación central, descubrimos que en la misma parada en que nos habíamos bajado al llegar a la ciudad teníamos un bus que llevaba directamente al aeropuerto, así que para allá que nos fuimos.

La verdad es que el transporte público se extiende por casi toda la ciudad. Entre autobuses, tranvías, tren ligero y metro, es raro el sitio donde no se puede llegar. Los autobuses tienen la numeración en base a su recorrido. De forma que por ejemplo del 101 al 199 circulan por el centro, los numerados del 400 al 500 conectan el centro con los barrios aledaños, los nocturnos van del 600 al 699, del 700 en adelante van desde el centro a las afueras y los que llevan la E antes del número son los express.

Esta vez el conductor no llevaba billetes de la tarifa general, por lo que nos dio dos por persona de la reducida. Al final el precio era el mismo.

El trayecto hasta el aeropuerto Varsovia-Frederic Chopin no fue tan largo como pensábamos. En apenas media hora estábamos allí. Este es el principal aeropuerto de la ciudad ( y del país) y se encuentra a unos 10 kilómetros de Varsovia. A 35 se localiza el aeropuerto de Varsovia-Modlin, inaugurado en 2012 y en el que principalmente operan las Low Cost.

No obstante, en la terminal principal del Chopin también hay una parte de la terminal dedicada a compañías de bajo coste. La T2 sirve vuelos nacionales e internacionales de la Star Alliance.

Nuestro vuelo era con Norwegian, así que seguimos las indicaciones y nos dirigimos hacia el hall en busca de unas pantallas en las que localizar nuestro vuelo y saber dónde podíamos facturar la mochila grande. Pero, sorpresa, resulta que nuestro vuelo a pesar de salir, no tenía mostrador asignado. De hecho, mirando el resto de vuelos, me di cuenta que ninguno de Norwegian lo tenía.

Así que, como íbamos bien de tiempo, nos dimos una vuelta por la pequeña terminal a ver si era cuestión de tiempo, pues aún era algo pronto. Pero nada, un rato más tarde, seguía sin aparecer mostrador. Y los vuelos que llegaban a su hora de despegue (de Norwegian) tampoco lo mostraban. Y como más vale prevenir que ir a la carrera, me acerqué al puesto de información a preguntar.

Y parecía que sí había mostrador asignado, porque la chica me lo buscó y facilitó al momento. Era la primera vez que volábamos con Norwegian y estaba empezando a ponerme nerviosa, no sabía si tomármelo como mala señal.

Sin embargo, aquello mejoró. Estábamos en la cola cuando abrieron la facturación e inmediatamente me llegó el sms de la compañía informando de ello. Bien, vamos mejorando.

La facturación fue rápida pues teníamos la maleta pagada ya desde la reserva. Así que después de descargar, nos fuimos a la sala a esperar el embarque, que hicimos desde la pista, con escalera.

El avión parecía bastante nuevo. Los asientos eran de imitación cuero, pero me recordaron por grosor a los de easyjet. Podríamos decir que el tipo de avión, espacio, acomodación y equipación era similar. Lo justo para un vuelo de corta distancia.

La anécdota del día la tuvimos cuando íbamos a acomodarnos en nuestra fila. El azafato que estaba en nuestra zona dando la bienvenida y ayudando a subir el equipaje en los maleteros había sido compañero mío en la facultad. ¡El mundo es un pañuelo!

El vuelo transcurrió tranquilo y más rápido que nunca gracias a la WiFi gratuita de Norwegian. Había oído y leído sobre ella, pero es de estas cosas que hasta que no las vives en directo, no te las terminas de creer. Pero sí, doy fe de que existe y de que funciona. Cuando se apaga la señal luminosa de “abróchense los cinturones”, simplemente hay que buscar la red “Norwegian Internet Access” y conectarse. Al abrir el navegador pedirá aceptar condiciones y listo. Yo usé sin problemas tanto ordenador como móvil.

La misma web de Norwegian también permite ver la televisión en directo (Bloomberg Television y TV 2 News) o vídeos a la carta entre una selección de películas y series. Por lo que vi, algunas opciones son gratuitas, para otros casos hay que pagar 5€ y el acceso al contenido es válido para 24 horas, por lo que se puede seguir viendo en segundo vuelo, por ejemplo en una conexión.

Esta opción de entretenimiento equipara cualquier dispositivo con las pantallas multimedia en los respaldos, algo que no suele existir en los vuelos de corta distancia. La mayoría ya volamos con un dispositivo (si no más) a bordo, así que, está bien tener la opción.

En el menú también podemos acceder al mapa que nos localiza por dónde volamos en ese preciso momento, así como la distancia recorrida/por recorrer, la altura y otro tipo de datos.

Nosotros sobrevolamos los Alpes y aún había nieve.

Por último, podemos pedir la comida directamente, pagar, y la tripulación te la acercará a tu asiento. Imagino que tendrán algún tipo de dispositivo en el que les saldrá la alerta de que el pasajero del 23F ha pedido X. Porque eso sí, la comida no está incluida, porque no hay que olvidar que se trata de una low cost. Nosotros habíamos gastado los últimos zlotys que nos quedaban en comprar unos sándwiches y una chocolatina, así que con eso nos apañamos hasta llegar a casa.

Así que entre comer, trastear con la web de Norwegian, ver lo que ofrecían, navegar y hablar WhatsApp y Telegram, el vuelo se pasó volando, nunca mejor dicho, y a las 17:10 estábamos aterrizando en Madrid dando por concluidas nuestras vacaciones de verano. Pero aquí no acababa nuestro año viajero. Ya teníamos reservado el siguiente para noviembre.

En breve comenzará una nueva serie viajera.

Vuelo y llegada a Riga

Por tercera vez en 2017 estábamos en Barajas. Y en esta ocasión no íbamos ligeros de equipaje, sino que teníamos que facturar, así que nos dirigimos al mostrador de Air Baltic. Mientras esperábamos en la cola, un chaval que llevaba un par de bolsas de deportes voluminosas dejó una de ellas apoyada en una columna para no tener que estar moviéndola continuamente. Sin embargo, pasó uno de seguridad y al ver un bulto “abandonado”, activó protocolo y llamó a la policía. El incidente no fue a más, porque cuando el chico vio que rodeaban la bolsa los dos de seguridad y los dos policías, se acercó. Lo aclararon en un momento, eso sí, el chico se llevó una amonestación por ello.

Según nos acercábamos al mostrador me di cuenta de que todo el mundo que llevábamos delante pesaba su equipaje y que nadie facturaba. Nosotros ya habíamos hecho el checkin online, por lo que tenía la tarjeta de embarque, y, al echarle un ojo, vi que no teníamos maleta incluida en el billete, solo bulto de mano y bolso personal que juntos no sumaran más de 9 Kg. Aquello me extrañó, ya que para la vuelta había pagado expresamente una maleta con Norwegian porque en su día vi que el de ida sí que incluía equipaje. Pero los nervios del momento me hicieron dudar. Sin embargo, la duda quedó resuelta al llegar nuestro turno. Al haber reservado por medio de la web de Iberia, y no con Air Baltic, el billete tenía otras condiciones.

Con todo aclarado y la maleta entregada, pasamos los controles y nos dirigimos a la puerta. Allí enseguida se formó la cola para el embarque, todo el mundo quería entrar cuanto antes para poder ubicar su equipaje en el maletero. Sin embargo, primero pasaron las personas con movilidad reducida, la gente con bebés y las familias con niños pequeños. Después llamaron a aquellos que llevaran bultos pequeños, como mochilas o bolsos. Así que aunque estábamos de los últimos en la cola, pudimos embarcar de los primeros. Eso sí, no nos sirvió de mucho, pues ya con todo el pasaje acomodado en el avión aún estaríamos una hora esperando a que nos dieran permiso para volar. Al parecer faltaba algún tipo de documentación de la aeronave.

Empezábamos mal las vacaciones, ya me veía presentando otra hoja de reclamación como con el viaje a Basilea. Por suerte, el resto del vuelo transcurrió con normalidad. Sin comida, claro, ya que se trata de una compañía de bajo coste.

El aeropuerto de Riga es bastante pequeño, lo cual está bien, porque así tampoco tuvimos que esperar mucho a que llegara nuestra mochila. Lo justo para intentar encontrar red en un par de ocasiones y mandar un mail a mi compañía al no obtener resultados satisfactorios. Esto del Roaming no era tan fácil como nos habían vendido.

Con nuestro equipaje al completo nos dirigimos a la oficina de información donde compramos los billetes del autobús número 22 de la compañía Rigas Satiksme. El ticket también se puede comprar en una máquina o al conductor, pero en este último caso es más caro. El bus sale cada 10-15 minutos y en apenas media hora llega al centro de la ciudad.

Ya era bastante tarde, así que nos dirigimos directamente al hotel. Habíamos reservado en el Opera Hotel & Spa y teníamos incluido el desayuno y una hora de spa. Eso sí, la habitación tenía dos camas en lugar de una.

Aunque la verdad es que nos daba igual, estábamos cansados y era tarde, por lo que nos dimos una ducha, comimos un bocadillo de tortilla francesa que llevábamos de casa y a dormir. Al día siguiente ya patearíamos Riga.

Reclamación por Vuelo Retrasado

Como ya comenté al inicio del relato del viaje a Suiza, tuvimos una incidencia con el vuelo a Basilea. Todo comenzó normal: check-in online, embarque, despegue… pero cuando íbamos sobrevolando Francia a la altura de Limoges, el piloto nos comunicó por megafonía que volvíamos a Madrid porque se les había roto uno de los cristales interiores de la cabina. Al parecer no era peligroso y no impedía que siguiéramos volando con seguridad, sino que se trataba más de un tema logístico, pero que aún así, había que volver. Y así lo hicimos, como muestra la imagen de flightradar24.

Durante el tiempo que duró el trayecto de vuelta la tripulación fue dando información con cuentagotas asegurando que ese mismo día estaríamos en Basilea ya que en Barajas estaban avisados y nos iban a reubicar. Y fue así, llegamos a Baraja y nada más desembarcar nos indicaron que en la puerta contigua tendríamos que tomar un nuevo vuelo.

Hasta ahí todo correcto, pues fueron céleres en solucionar el problema. No obstante esa fue la única información que recibimos, ya que ni se nos informó de nuestros derechos ni se cumplió el Reglamento (CE) 261/2004 que establece que la compañía debe ofrecer información y asistencia a los pasajeros. Además, deberían habernos suministrado comida y bebida suficientes en función del tiempo de espera, así como dos llamadas telefónicas o mensajes de fax o correo electrónico. Nada de esto ocurrió.

Como conocía mis derechos, pues además no hacía mucho que había escrito un post sobre ello, me acerqué al mostrador de Iberia a pedir la hoja de reclamaciones. De forma educada y sin montar numerito.

Volvimos a embarcar y claro, ya se había hecho casi hora de cenar. Nosotros llevábamos unos sándwiches de la sala VIP, pero vimos cómo la mayoría de los pasajeros compró comida y bebida. Y es que había muchas familias con niños pequeños a las que no les quedó otra opción una vez dentro del avión. Así pues, la aerolínea hizo el agosto al pasar con el carrito. Finalmente pisamos suelo suizo pasadas las 9 de la noche, es decir, más de tres horas tarde.

En el alojamiento tranquilamente rellené la hoja de reclamaciones y pasamos nuestro puente intentando olvidarnos de que habíamos pedido media tarde. Sin embargo, nada más desembarcar, me dirigí a un mostrador de Iberia para entregar la hoja de reclamación por el vuelo de ida.

Pasados unos días entré a su web para ver en qué estado estaba mi reclamación, pero extrañamente no existía, así que puse otra vía formulario web. De nuevo, unos días más tarde, volví a consultar, pero me salía una alerta indicando que o bien mi expediente no existía o su antigüedad era superior a un año. Muy mal. Empezamos ya a sospechar que Iberia no iba a hacer mucho por su parte, y nos lo confirmó cuando días más tarde recibí un correo tipo en el que se disculpaban por las molestias ocasionadas y poco más.

Así pues, dado que parecía que esta vía no funcionaba, rellené el formulario de AESA. En él expuse de nuevo la incidencia y aporté la documentación que lo acreditaba, así como la respuesta de la compañía aérea. Y tras un par de meses, AESA me contestó:

3.- Compensación: El Reglamento CE 261/2004 prevé compensaciones para los supuestos de cancelación y denegación de embarque en vuelos. Asimismo, en caso de retraso de vuelos el pasajero también tiene derecho a compensación de acuerdo con lo establecido en la sentencia de fecha 23 de Octubre de 2012, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea C-581/10 y C-629/10), cuando lleguen al destino final tres horas o más después de la hora de llegada inicialmente prevista por el transportista aéreo, salvo que concurran circunstancias extraordinarias que escapan al control efectivo del transportista aéreo.

Teniendo en cuenta lo anterior, así como las pruebas aportadas por las partes, entiende AESA que la compañía no ha acreditado fehacientemente la concurrencia de circunstancias extraordinarias por lo que la compañía debe abonarle una compensación. Considerando que la distancia de su vuelo es inferior a 1,500 kilómetros y teniendo en cuenta el Artículo 7 del Reglamento (CE) 261/2004, la compensación debe ser de 250 euros por pasajero.

Tras la recepción de este oficio, y solo en caso de que proceda compensación y/o algún tipo de reembolso, le informamos que la compañía deberá contactar con usted para hacer efectivo el contenido de este oficio. No obstante, usted también puede dirigirse a la compañía aérea para interesarse.

Si transcurrido un plazo prudencial (1 mes) la compañía no contacta con usted, o no hace efectiva la resolución, podrá dirigirse a AESA para que intervenga nuevamente. Debe saber que el informe emitido por AESA no es vinculante para las partes, por lo que AESA no puede obligar a las compañías aéreas a que den cumplimiento al informe emitido.

Si a pesar de la intervención de AESA en la tramitación de la reclamación, la solución ofrecida por la compañía no le satisface plenamente o la compañía no atiende nuestro informe, usted deberá a acudir a los tribunales de justicia para que se restituyan sus derechos y solicitar una indemnización por daños y perjuicios, si lo cree conveniente.

Me daba la razón, sí; pero había letra pequeña, y es que su informe no es vinculante y por tanto no obliga a la compañía a que pague. Es decir, tenemos un organismo oficial que se dedica a revisar este tipo de reclamaciones, pero que solo sugiere. Deja el cumplimiento en manos de la buena fe de las aerolíneas. Todo bien. NO.

Escribí de nuevo a Iberia, haciéndoles llegar este documento de AESA para ver si se daban por aludidos, pero hicieron oídos sordos. Lo intenté por twitter, me vinieron a decir algo así como “ya contactaremos contigo”. Y tras siete meses mareando la perdiz, en diciembre decidí enviar el caso a ElReclamador.es, a ver si ellos tenían más suerte por la vía judicial. Les hice llegar toda la documentación y a esperar.

En febrero contactaron de nuevo conmigo para indicarme que Iberia también les había ignorado, por lo que habían preparado el borrador de la demanda. Sin embargo, los Juzgados Mercantiles están algo desbordados y parece que la admisión de demanda está en torno a los cuatro y seis meses, por lo que aquí estamos, en abril, esperando aún noticias. Imagino que hasta después del verano no tendremos novedades.

En cualquier caso, quería escribir al respecto porque aunque haya que armarse de paciencia, estamos en nuestro derecho como consumidores de ser indemnizados tal y como establece la ley. El no ya lo vamos a tener, porque parece que es el modus operandi habitual. De hecho, hace unos días el Juzgado de lo Mercantil Número 1 de Palma decretó el embargo de las cuentas de Iberia al no haber hecho efectivo el pago de la indemnización por el retraso de un vuelo tal y como establecía la sentencia de octubre de 2017. Así que, parece ser que no podremos cantar victoria cuando el juzgado dicte sentencia, sino que aún así nos quedará esperar a que la acate y pague.

En fin, no queda otra que paciencia. Quizá para finales de año tengamos noticias…