Vuelo y llegada a Riga

Por tercera vez en 2017 estábamos en Barajas. Y en esta ocasión no íbamos ligeros de equipaje, sino que teníamos que facturar, así que nos dirigimos al mostrador de Air Baltic. Mientras esperábamos en la cola, un chaval que llevaba un par de bolsas de deportes voluminosas dejó una de ellas apoyada en una columna para no tener que estar moviéndola continuamente. Sin embargo, pasó uno de seguridad y al ver un bulto “abandonado”, activó protocolo y llamó a la policía. El incidente no fue a más, porque cuando el chico vio que rodeaban la bolsa los dos de seguridad y los dos policías, se acercó. Lo aclararon en un momento, eso sí, el chico se llevó una amonestación por ello.

Barajas

Según nos acercábamos al mostrador me di cuenta de que todo el mundo que llevábamos delante pesaba su equipaje y que nadie facturaba. Nosotros ya habíamos hecho el checkin online, por lo que tenía la tarjeta de embarque, y, al echarle un ojo, vi que no teníamos maleta incluida en el billete, solo bulto de mano y bolso personal que juntos no sumaran más de 9 Kg. Aquello me extrañó, ya que para la vuelta había pagado expresamente una maleta con Norwegian porque en su día vi que el de ida sí que incluía equipaje. Pero los nervios del momento me hicieron dudar. Sin embargo, la duda quedó resuelta al llegar nuestro turno. Al haber reservado por medio de la web de Iberia, y no con Air Baltic, el billete tenía otras condiciones.

Con todo aclarado y la maleta entregada, pasamos los controles y nos dirigimos a la puerta. Allí enseguida se formó la cola para el embarque, todo el mundo quería entrar cuanto antes para poder ubicar su equipaje en el maletero. Sin embargo, primero pasaron las personas con movilidad reducida, la gente con bebés y las familias con niños pequeños. Después llamaron a aquellos que llevaran bultos pequeños, como mochilas o bolsos. Así que aunque estábamos de los últimos en la cola, pudimos embarcar de los primeros. Eso sí, no nos sirvió de mucho, pues ya con todo el pasaje acomodado en el avión aún estaríamos una hora esperando a que nos dieran permiso para volar. Al parecer faltaba algún tipo de documentación de la aeronave.

Empezábamos mal las vacaciones, ya me veía presentando otra hoja de reclamación como con el viaje a Basilea. Por suerte, el resto del vuelo transcurrió con normalidad. Sin comida, claro, ya que se trata de una compañía de bajo coste.

El aeropuerto de Riga es bastante pequeño, lo cual está bien, porque así tampoco tuvimos que esperar mucho a que llegara nuestra mochila. Lo justo para intentar encontrar red en un par de ocasiones y mandar un mail a mi compañía al no obtener resultados satisfactorios. Esto del Roaming no era tan fácil como nos habían vendido.

Aeropuerto

Con nuestro equipaje al completo nos dirigimos a la oficina de información donde compramos los billetes del autobús número 22 de la compañía Rigas Satiksme. El ticket también se puede comprar en una máquina o al conductor, pero en este último caso es más caro. El bus sale cada 10-15 minutos y en apenas media hora llega al centro de la ciudad.

Ya era bastante tarde, así que nos dirigimos directamente al hotel. Habíamos reservado en el Opera Hotel & Spa y teníamos incluido el desayuno y una hora de spa. Eso sí, la habitación tenía dos camas en lugar de una.

Opera Hotel &Spa

Aunque la verdad es que nos daba igual, estábamos cansados y era tarde, por lo que nos dimos una ducha, comimos un bocadillo de tortilla francesa que llevábamos de casa y a dormir. Al día siguiente ya patearíamos Riga.

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Reclamación por Vuelo Retrasado

Como ya comenté al inicio del relato del viaje a Suiza, tuvimos una incidencia con el vuelo a Basilea. Todo comenzó normal: check-in online, embarque, despegue… pero cuando íbamos sobrevolando Francia a la altura de Limoges, el piloto nos comunicó por megafonía que volvíamos a Madrid porque se les había roto uno de los cristales interiores de la cabina. Al parecer no era peligroso y no impedía que siguiéramos volando con seguridad, sino que se trataba más de un tema logístico, pero que aún así, había que volver. Y así lo hicimos, como muestra la imagen de flightradar24.

Durante el tiempo que duró el trayecto de vuelta la tripulación fue dando información con cuentagotas asegurando que ese mismo día estaríamos en Basilea ya que en Barajas estaban avisados y nos iban a reubicar. Y fue así, llegamos a Baraja y nada más desembarcar nos indicaron que en la puerta contigua tendríamos que tomar un nuevo vuelo.

Hasta ahí todo correcto, pues fueron céleres en solucionar el problema. No obstante esa fue la única información que recibimos, ya que ni se nos informó de nuestros derechos ni se cumplió el Reglamento (CE) 261/2004 que establece que la compañía debe ofrecer información y asistencia a los pasajeros. Además, deberían habernos suministrado comida y bebida suficientes en función del tiempo de espera, así como dos llamadas telefónicas o mensajes de fax o correo electrónico. Nada de esto ocurrió.

Como conocía mis derechos, pues además no hacía mucho que había escrito un post sobre ello, me acerqué al mostrador de Iberia a pedir la hoja de reclamaciones. De forma educada y sin montar numerito.

Volvimos a embarcar y claro, ya se había hecho casi hora de cenar. Nosotros llevábamos unos sándwiches de la sala VIP, pero vimos cómo la mayoría de los pasajeros compró comida y bebida. Y es que había muchas familias con niños pequeños a las que no les quedó otra opción una vez dentro del avión. Así pues, la aerolínea hizo el agosto al pasar con el carrito. Finalmente pisamos suelo suizo pasadas las 9 de la noche, es decir, más de tres horas tarde.

En el alojamiento tranquilamente rellené la hoja de reclamaciones y pasamos nuestro puente intentando olvidarnos de que habíamos pedido media tarde. Sin embargo, nada más desembarcar, me dirigí a un mostrador de Iberia para entregar la hoja de reclamación por el vuelo de ida.

Pasados unos días entré a su web para ver en qué estado estaba mi reclamación, pero extrañamente no existía, así que puse otra vía formulario web. De nuevo, unos días más tarde, volví a consultar, pero me salía una alerta indicando que o bien mi expediente no existía o su antigüedad era superior a un año. Muy mal. Empezamos ya a sospechar que Iberia no iba a hacer mucho por su parte, y nos lo confirmó cuando días más tarde recibí un correo tipo en el que se disculpaban por las molestias ocasionadas y poco más.

Así pues, dado que parecía que esta vía no funcionaba, rellené el formulario de AESA. En él expuse de nuevo la incidencia y aporté la documentación que lo acreditaba, así como la respuesta de la compañía aérea. Y tras un par de meses, AESA me contestó:

3.- Compensación: El Reglamento CE 261/2004 prevé compensaciones para los supuestos de cancelación y denegación de embarque en vuelos. Asimismo, en caso de retraso de vuelos el pasajero también tiene derecho a compensación de acuerdo con lo establecido en la sentencia de fecha 23 de Octubre de 2012, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea C-581/10 y C-629/10), cuando lleguen al destino final tres horas o más después de la hora de llegada inicialmente prevista por el transportista aéreo, salvo que concurran circunstancias extraordinarias que escapan al control efectivo del transportista aéreo.

Teniendo en cuenta lo anterior, así como las pruebas aportadas por las partes, entiende AESA que la compañía no ha acreditado fehacientemente la concurrencia de circunstancias extraordinarias por lo que la compañía debe abonarle una compensación. Considerando que la distancia de su vuelo es inferior a 1,500 kilómetros y teniendo en cuenta el Artículo 7 del Reglamento (CE) 261/2004, la compensación debe ser de 250 euros por pasajero.

Tras la recepción de este oficio, y solo en caso de que proceda compensación y/o algún tipo de reembolso, le informamos que la compañía deberá contactar con usted para hacer efectivo el contenido de este oficio. No obstante, usted también puede dirigirse a la compañía aérea para interesarse.

Si transcurrido un plazo prudencial (1 mes) la compañía no contacta con usted, o no hace efectiva la resolución, podrá dirigirse a AESA para que intervenga nuevamente. Debe saber que el informe emitido por AESA no es vinculante para las partes, por lo que AESA no puede obligar a las compañías aéreas a que den cumplimiento al informe emitido.

Si a pesar de la intervención de AESA en la tramitación de la reclamación, la solución ofrecida por la compañía no le satisface plenamente o la compañía no atiende nuestro informe, usted deberá a acudir a los tribunales de justicia para que se restituyan sus derechos y solicitar una indemnización por daños y perjuicios, si lo cree conveniente.

Me daba la razón, sí; pero había letra pequeña, y es que su informe no es vinculante y por tanto no obliga a la compañía a que pague. Es decir, tenemos un organismo oficial que se dedica a revisar este tipo de reclamaciones, pero que solo sugiere. Deja el cumplimiento en manos de la buena fe de las aerolíneas. Todo bien. NO.

Escribí de nuevo a Iberia, haciéndoles llegar este documento de AESA para ver si se daban por aludidos, pero hicieron oídos sordos. Lo intenté por twitter, me vinieron a decir algo así como “ya contactaremos contigo”. Y tras siete meses mareando la perdiz, en diciembre decidí enviar el caso a ElReclamador.es, a ver si ellos tenían más suerte por la vía judicial. Les hice llegar toda la documentación y a esperar.

En febrero contactaron de nuevo conmigo para indicarme que Iberia también les había ignorado, por lo que habían preparado el borrador de la demanda. Sin embargo, los Juzgados Mercantiles están algo desbordados y parece que la admisión de demanda está en torno a los cuatro y seis meses, por lo que aquí estamos, en abril, esperando aún noticias. Imagino que hasta después del verano no tendremos novedades.

En cualquier caso, quería escribir al respecto porque aunque haya que armarse de paciencia, estamos en nuestro derecho como consumidores de ser indemnizados tal y como establece la ley. El no ya lo vamos a tener, porque parece que es el modus operandi habitual. De hecho, hace unos días el Juzgado de lo Mercantil Número 1 de Palma decretó el embargo de las cuentas de Iberia al no haber hecho efectivo el pago de la indemnización por el retraso de un vuelo tal y como establecía la sentencia de octubre de 2017. Así que, parece ser que no podremos cantar victoria cuando el juzgado dicte sentencia, sino que aún así nos quedará esperar a que la acate y pague.

En fin, no queda otra que paciencia. Quizá para finales de año tengamos noticias…

Vuelo y llegada a Basilea

Nuestro viaje comenzó el 29 de abril, sábado, dirigiéndonos hacia el aeropuerto. Esta vez no teníamos a nadie que nos pudiera acercar, pero en lugar de tomar el transporte público como otras veces, contratamos un servicio de recogida y aparcamiento. El día de regreso llegaríamos a las 9 de la noche y al día siguiente habría que trabajar, por lo que para evitar que se nos hiciera muy tarde, nos fuimos desde casa con el coche, que recogería en el aeropuerto la empresa contratada y nos lo devolvería a la vuelta.

Antes de entregar el vehículo, el empleado le da una vuelta como si se tratase de un alquiler y marca posibles desperfectos en un parte o incluso hace fotos. A la vuelta, de nuevo una comprobación para ver que se encuentra en el mismo estado que lo dejaste.

Hay diversas empresas que ofrecen este servicio y el precio varía en función del aparcamiento en que guarden el coche, ya que algunas lo llevan a un espacio abierto, mientras que otras lo guardan bajo techo. Además, en algunos casos, para no hacer kilometraje, mueven en coche con una grúa. Ojo porque no todas ofrecen la recogida y entrega en el aeropuerto, sino que has de llevarlo a donde tengan su sede.

Nosotros no habíamos usado el servicio hasta la fecha, pero nos pareció una buena opción. Salía más barato que dejar el coche aparcado en el aeropuerto o que coger un taxi y nos ahorraba tiempo. Avisamos antes de salir de casa de que íbamos para allá, y cuando llegamos a la terminal, allí nos estaban esperando. Como digo, el chico revisó el coche, anotó algún detalle, firmamos, entregamos las llaves, y listos para volar.

Llevábamos ya la facturación hecha y viajábamos con mochila, sin equipaje a facturar, así que nos fuimos a comer. A mis padres les habían dado en el banco unas tarjetas para poder entrar en la sala VIP de AENA con las que podían invitar cada uno a una persona, así que allí que nos fuimos los cuatro a hacer tiempo hasta que llegara la hora del vuelo y de paso comer.

Basilea

Salimos puntuales, lo cual estaba bien, porque nos encontraríamos con mi hermano en el aeropuerto de Basilea y nuestros vuelos llegaban con cinco minutos de diferencia. Sin embargo, cuando íbamos sobrevolando Francia a la altura de Limoges, el piloto nos habló por megafonía para comentarnos que volvíamos a Madrid porque se les había roto uno de los cristales interiores de la cabina. Al parecer no era peligroso y no impedía que siguiéramos volando con seguridad, sino que se trataba más de un tema logístico. Imagino que podría haber llegado a Basilea, pero una vez allí, ese avión no podría haber vuelto a despegar por normativa aérea y arreglarlo en un hangar en Suiza era más caro que volver a Madrid cuya T4 es completamente de Iberia.

En el pasaje se palpaba la tensión. Incluso había una mujer a la que le daba miedo volar que se dirigió a sus amigos aterrada diciendo que ella ya se quedaba en Madrid, que no la volvían a meter en otro avión. Por otra parte, muchos veíamos peligrar nuestras vacaciones. Otros, que volvían a casa, ya estaban pensando en cómo avisar a la familia o incluso al trabajo.

Durante el tiempo que duró el trayecto de vuelta la tripulación fue dando información con cuentagotas asegurando que ese mismo día estaríamos en Basilea ya que en Barajas estaban avisados y nos iban a reubicar.

Llegamos a Barajas a la hora en que teníamos que haber aterrizado en nuestro destino y según desembarcábamos nos indicaron que en la puerta contigua tendríamos que tomar un nuevo vuelo. No obstante esa fue la única información que recibimos, ni se nos informó de nuestros derechos ni se cumplió el Reglamento (CE) 261/2004. Según dicha normativa la compañía debe ofrecer información y asistencia a los pasajeros. Además, comida y bebida suficientes en función del tiempo de espera, así como dos llamadas telefónicas o mensajes de fax o correo electrónico. Creo que fui la única que se acercó al mostrador de Iberia a pedir la hoja de reclamaciones.

Basilea

Nada de esto ocurrió. Embarcamos en el nuevo vuelo e hicieron el agosto con la venta de comida y bebida, porque además, ya eran más de las 7 de la tarde y además había muchas familias con niños pequeños. Finalmente pisamos suelo suizo pasadas las 9 de la noche.

Mi hermano, que había llegado a las 6 de la tarde, estaba avisado de la incidencia, pues le había mandado varios mensajes cuando aterrizamos en Barajas. En ese lapso de tiempo en que nosotros tomábamos el segundo vuelo, él aprovechó para ir al hotel y recoger las llaves de nuestras habitaciones. También las tarjetas de transporte. Y es que todo viajero que se aloje en Basilea, recibe el Mobility Ticket, una tarjeta que permite utilizar de forma gratuita el transporte de la ciudad y alrededores durante su estancia. Tras acomodar sus cosas, se dio un paseo por las cercanías de la estación y volvió al aeropuerto a recogernos.

El aeropuerto de Basilea es peculiar, ya que es compartido entre tres países: Suiza, Francia y Alemania. En realidad se llama Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo. Es bastante pequeño y antes de salir nos encontramos con carteles que nos señalan hacia dónde hemos de dirigirnos según al país que queremos llegar. Francia y Alemania para un lado, Suiza para otro.

Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo

Ya fuera nos encontramos con mi hermano y tomamos el autobús número 50 que nos dejaba en la estación central, en Basel Bahnhof en apenas 15 minutos. Al tener el Mobility Ticket, era gratuito. Y aunque no lo hubiésemos tenido, con haber enseñado la reserva del hotel, también lo habría sido.

Después anduvimos un cuarto de hora hasta nuestro hotel, el Ibis Budget Basel City. Se trataba de un hotel bastante moderno y juvenil con un diseño muy colorido. Las habitaciones eran sencillas, aunque bien equipadas. Disponíamos de una cama doble sobre la que se encontraba una litera. Además, un perchero, un escritorio y la televisión.

Ibis Budget Basel City

El baño se dividía en dos partes, por un lado un espacio cerrado con el inodoro, y otro abierto con la ducha y el lavabo. Muy práctico.

Ibis Budget Basel City

Pedimos una doble y una triple, aunque nos dieron dos triples.

Tras dejar nuestras mochilas en el hotel, y aunque era tarde, salimos a dar un paseo para estirar las piernas y ventilarnos un poco después del accidentado día. A pesar de ser un sábado noche, estaban las calles prácticamente desiertas y cuando nos cansamos de andar, tomamos un tranvía y volvimos al hotel. Al día siguiente teníamos que aprovechar al máximo las horas, ya que con el retraso habíamos perdido toda la tarde y la planificación que teníamos prevista de la visita a la ciudad.

Basilea

Basilea

Basilea

Día 7 III Parte. Rumbo a París

Comenzamos 2018, pero aún queda mucha tela que cortar de 2017. Nos habíamos quedado en el aeropuerto de Mahé. Volvíamos a Europa. El vuelo a París no fue tan cómodo como la ida, ya que esta vez no contábamos con asientos en la primera fila. Eso sí, nos volvieron a repartir un nuevo kit con calcetines, antifaz, pasta y cepillo de dientes y tapones. Y teníamos mantita y almohada, así que, como había cansancio, conseguimos dormir algo. Las películas seguían siendo las mismas de la vez anterior, por lo que cuando no estaba echando alguna cabezada, estaba leyendo. O comiendo, ya que al poco de despegar nos sirvieron la cena.

Tuve la sensación de que Air Seychelles no tiene mucha variedad de menú. Aunque pensándolo más a fondo, en realidad la comida de avión (versión turista, claro) es siempre la misma: pollo, pescado o pasta. Así que la versión vegetariana, menos complicación aún.

Cena

Esta vez la ensalada era de garbanzos, que estaba bastante rica y bien aliñada. El plato principal constaba de arroz, espinacas, una especie de estofado de patatas y algo que no sé muy bien qué era. Quizá como una especie de pisto. Aunque estaba bastante condimentada, no estaba tan picante como la comida India, por lo que pude comer sin sufrir. De postre, fruta, en concreto una macedonia de melón, piña y sandía.

Para el desayuno más fruta (la misma, de hecho).

Desayuno

Desde luego es mejor opción que el croasán típico con mantequilla y yogur, y más después de días sin comer mucha fruta, que es de lo primero que echo de menos en los viajes. Sin embargo, ese desayuno se queda escaso, sobre todo porque además la sandía, piña y melón prácticamente son todo agua. Así que para la hidratación muy bien, pero para saciar, falta algo más.

Tras el desembarque pasamos por inmigración, aunque siendo ciudadanos europeos fue mucho más rápido que en la India o Seychelles, ya que no había que rellenar documento alguno ni hacerse fotos o toma de huellas dactilares. Tan solo pasar por la garita donde se encuentran los gendarmes. También estaba la opción automática escaneando el pasaporte digital, pero parece que solo funcionaba para los franceses.

Tras el control, nos dirigimos a la salida, ya que en el aeropuerto de Mahé, al contrario que en el de Bombay, no nos pusieron pegas con las maletas, así que no había que pasar por cinta.

Ya en la terminal buscamos las indicaciones del RER, que era el transporte que íbamos a tomar para ir a la ciudad, y porque en el vestíbulo es donde encontraríamos la oficina para sacarnos la tarjeta Navigo.

Oficina Transporte

Había leído en algún foro y blog que había gente que tuvo problema con la expedición de la tarjeta, ya que les ponían pegas por no ser franceses arguyendo que era solo para locales. Yo le enseñé al señor un pantallazo de la web y le dije que quería cuatro tarjetas de ese tipo. Y en un momento nos las tramitó. Pegó las fotos, rellenamos nuestro nombre y apellidos, pagamos y listo. Además, como era tan pronto, la oficina estaba vacía, por lo que fue casi entrar y salir.

Con nuestras tarjetas ya activadas buscamos el andén donde tomaríamos el tren hasta la Gare du Nord. Y es que, dado que no tendríamos las llaves del apartamento hasta las 2 de la tarde, habíamos planificado ver Montmartre mientras tanto. Pero para ir más ligeros, consideramos la opción de dejar los bultos en unas taquillas de la estación. No había que desviarse mucho y nos facilitaría el paseo.

Nos costó encontrarlas, porque nosotros llegamos en cercanías, una zona que parece un centro comercial (de hecho aprovechamos para comprarnos un café y un bollo). Sin embargo, las taquillas se encuentran en el piso inferior a la salida de los de largo recorrido.

Había casilleros de tres tamaños con tres precios diferentes, creo recordar que 5€, 7€ y 9€ por 24 horas. Como íbamos a dejar 5 bultos (dos maletas de mano y tres mochilas) elegimos una grande. Y más ligeros de peso volvimos al cercanías dirección Montmartre a comenzar nuestra visita a París.

Día 7. Rumbo a Seychelles

Amanecimos a una hora indecente, recogimos los pocos trastos que teníamos y bajamos a recepción a por nuestro taxi. Ya habíamos cerrado la cuenta del hotel la noche anterior, por lo que carretera y manta.

El trayecto hasta el aeropuerto fue corto, yo creo que tardamos menos que el día que llegamos. Y allí estábamos, a una hora intempestiva frente a un modernísimo aeropuerto en el que hay que pasar un control antes de entrar siquiera al vestíbulo donde se encuentran los mostradores. Y ya empezamos el día con mal pie.

Aeropuerto

Llegamos a la puerta y el militar/policía/señor de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Indio nos pidió nuestro billete de avión. Algo que no teníamos porque Air Seychelles no emite billetes electrónicos. Bueno, pues sin tarjeta de embarque no nos dejaba entrar en el aeropuerto en sí. Yo, que soy una maniática del orden y del control, siempre llevo los documentos de un viaje en formato papel y digital, además de tenerlo en la nube (google drive) y en el correo electrónico. Así que en medio de la estupefacción busqué entre mis papeles y le enseñé el itinerario del viaje que Air Seychelles me había mandado al correo cuando hicimos la reserva.

Después de poner caras, gesticulaciones indias, hablar con el compañero repantigado en una silla, nos miró y nos dijo que podíamos pasar, pero solo nosotros dos; mi hermano y su novia como tenían sus documentos en el correo y no tenían conexión a internet (la WiFi del aeropuerto solo funcionaba con SMS a un número de teléfono indio), no podían pasar. Además, el señor no atendía a ningún planteamiento u opción. Ni mirar el correo en otro dispositivo con conexión, ni acompañarles al mostrador de Air Seychelles, que estaba justo frente a la puerta de acceso. De hecho se quedó allí plantado y ni nos hablaba. Simplemente nos miraba altivamente de vez en cuando.

En ese momento te pueden los nervios y la indignación. Afortunadamente, dado que nosotros dos sí que podíamos pasar, cogimos sus pasaportes y nos dirigimos al mostrador. Allí le conté al azafato de Air Seychelles nuestro problema y en un momento me sacó su itinerario de viaje. Así que volvimos con ellos para que se lo enseñaran al “amable” portero, quien finalmente les permitió la entrada.

Lección aprendida: mejor lleva siempre tus documentos en varios formatos.

Pero la cosa no quedó ahí. Mientras que el azafato que me había dado los itinerarios había sido correcto, por contra el de facturación fue un tanto borde. Nos preguntó que cuántos bultos llevábamos para facturar y al decirle que ninguno, que era todo de mano, nos miró y remiró. Los que llevábamos bolso y mochila le parecimos aptos, pero quienes llevaban mochila y maleta de mano, no. Así que les pidió que las pesaran puesto que el máximo permitido eran 7Kg. Como se pasaban, tuvieron que facturar las maletas.

Air Seychelles

Sorprendidos dijimos “Uy, pues si vinimos tal cual en el vuelo de ida y no tuvimos problema” y su respuesta fue un cortante “Bueno, pues ahora lo tenéis”. Que sí, es la norma de la aerolínea y teníamos una maleta de 23Kg permitida con el billete, así que no había afán recaudatorio, pero nos sorprendió la diferencia de criterio en la ida y la vuelta. Aparte de que probablemente los de bolso y mochila llevábamos fácilmente el mismo peso. En fin, no era muy grave, pues en Mahé tampoco nos iba a retrasar mucho esperar en la cinta a la recogida, pero íbamos con los nervios a flor de piel de la tensión en la puerta y nos caldeó un poquito más el ánimo porque además tuvieron que reorganizar equipaje.

Lección aprendida 2: la combinación bolso (incluso grande) + maleta canta que menos que mochila + maleta.

En fin, con las maletas facturadas y nuestras tarjetas de embarque en mano, nos dirigimos al control de seguridad. Un control que está segregado por sexo y en el que además de escanear tus pertenencias, has de pasar por un reservado con cortinilla a que una policía te cachee y te pase un detector de metales. Y mientras esperas tienes que estar pendiente de que no se te cuelen, porque la fila en la India es otro concepto. Como dejes la distancia de seguridad y no te pegues al de delante, ya se te han colado. Después del control teníamos que darle el pasaporte a otro policía que estaba con un libro de actas donde anotaba los datos de los pasajeros y por fin éramos libres.

Bueno, eso nosotras, porque ellos tenían que esperar el triple, ya que había muchos más hombres que mujeres. Así que nos tocó esperarles. Y cuando parece que pasan el arco y van a recoger sus pertenencias, les retienen. ¿Qué más podría pasar? Pues que hay aeropuertos (todos los que habíamos frecuentado hasta la fecha) en los que te dejan pasar con un mechero, en Bombay parece que no. Y menos con tres. Y que una máquina para la apnea es un aparato electrónico con un amasijo de cables y una mascarilla y en un escáner parece llamar la atención si no la has visto nunca.

Lección aprendida 3: evita llevar mecheros.

Por fin juntos los cuatro y ya habiendo pasado más pruebas que Hércules, estábamos en la zona de embarque. Buscamos nuestra puerta y nos sentamos a esperar, que aún nos faltaba una hora para el despegue.

Aeropuerto

El vuelo fue tranquilo, nos dieron de cenar y nos echamos una siesta. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos de nuevo en Mahé bajando la escalerilla del avión.

Air Seychelles

Una vez en la terminal fue un poco caótico, puesto que no nos habían repartido la hoja de inmigración durante el vuelo.

Documentación Inmigración

Se les debía haber olvidado incluirlas en el avión, porque hubo una chica alemana que las pidió antes de bajar y la tripulación avisó de que los que necesitásemos el documento esperáramos un momento sentados. Sin embargo, a los cinco minutos nos dijeron que nos las darían en tierra. Y así fue, al desembarcar había personal de tierra repartiéndolas y tuvimos que rellenarlas en un pequeño hall que hay antes de los mostradores. Pero se aproximaba otro vuelo y comenzaron a meternos prisa para que no nos juntásemos los pasajeros de dos aviones. Por suerte el proceso en inmigración fue ágil y ya con nuestro sello en el pasaporte salimos a por las maletas facturadas.

De nuevo en Seychelles y amenazaba tormenta. ¿Mejoraría el día? Porque no habíamos empezado con muy buen pie en Bombay.

Día 2 IV Parte. Rumbo a Bombay

Llegó la hora de embarcar de nuevo y hubo un momento de confusión puesto que las pantallas mostraban dos vuelos para la misma puerta. Uno para París y otro para Bombay. La gente empezó a amontonarse, que parece que lo de hacer cola no se lleva mucho por allí, y cuando el personal de tierra tuvo que decir a un par que no era la puerta de embarque para París, la gente se puso algo nerviosa. Su vuelo iba retrasado.

Nosotros afortunadamente salimos en hora. Nos esperaba un vuelo de algo más de cuatro horas. La configuración del avión esta vez era de dos filas de 3. Más o menos el espacio estándar, pero contábamos con enchufes bajo el asiento y con pantalla con seguimiento del trayecto.

Vuelo SEZ a BOM

Vuelo SEZ a BOM

Parece que pertenecía a la flota de Ethiad, al menos el programa multimedia que incluía el menú en árabe y el Corán en formato audiolibro. Que llevara el logotipo de Ethiad también ayuda a confirmar mis sospechas.

Al igual que en el vuelo anterior, hice caso omiso del contenido audiovisual, nada que me llamara la atención especialmente. Esperé a la cena y después intenté echarme una siesta. Esta vez la cena vegetariana consistió en una ensalada de verduras, un guiso también de verduras con arroz, espinacas y una especie de puré. Como postre, una macedonia de frutas.

Cena vuelo SEZ a BOM

No tenía mala pinta y había hambre, así que comencé a comer. Estaba rico, pero después de varios bocados, aquello empezó a picar y me tuve que conformar con la ensalada, el arroz y las espinacas.

Y por fin llegamos a Bombay, aún de madrugada. Aunque todavía teníamos que pasar por inmigración, sacar dinero y encontrar al chófer del hotel que nos iba a recoger. Fue el desembarque más rápido que había visto en mi vida. La mayoría del pasaje era indio y en menos que canta un gallo ya se habían levantado y circulaban por el pasillo. Nosotros aún estábamos medio dormidos.

Un poco antes de llegar a los mostradores de inmigración había una especie de vestíbulo donde los extranjeros teníamos que rellenar unas tarjetas. En realidad es un mini visado con algunos datos personales, vuelo de entrada, alojamiento… Así que paramos a rellenarlo y nos dirigimos al control. Acostumbrados a Europa donde los pasajeros nacionales o de UE tenemos una salida rápida y no UE tienen que esperar largas colas, pensábamos que aquí iba a ser igual. Pero no, nada más lejos de la realidad. Y es que Bombay tiene unos veinte millones de habitantes. Así que, mientras que en la zona de nacionales había colas y colas, nosotros solo tuvimos dos personas por delante.

Entregamos la hoja que acabábamos de rellenar, el pasaporte y la Visa que nos sacamos en casa. Tras la comprobación tuvimos que mirar a cámara, facilitar huellas y responder a las típicas preguntas. Que si vienes de turismo, que si la primera vez, bla bla bla. Sello y puede usted pasar.

Aeropuerto Bombay

Como no teníamos equipaje que recoger, fuimos directamente a la salida a buscar un cajero, sin embargo, no parecía funcionar, o no aceptaba al menos mi tarjeta. Ya que nos estaba esperando el chófer del hotel, decidimos sacar dinero directamente en la ciudad cuando saliéramos a pasear. Y nos fuimos en busca del señor que nos estaba esperando cartel en mano. Lo primero que notamos al salir al exterior fue humo y ruido de motores. Y es que en la planta inferior, en la zona de aparcamiento, había numerosos taxis tipo tuc tuc en marcha. En aquel momento el primer pensamiento que tuve fue que moriríamos de inhalación de humos antes que de un mosquito o de una diarrea.

Montamos en el coche y en la hora que dura el recorrido al hotel fuimos descubriendo pinceladas de un Bombay que despertaba, aunque parecía ser una ciudad que nunca duerme. Había mucho trasiego para ser las 5 de la mañana. No solo de tráfico, sino de personas.

Finalmente, unas 48 horas más tarde desde que saliéramos de casa, llegamos a nuestro destino final. En el hotel nos recibieron con un refrigerio que nos bebimos mientras hacíamos el ckeck-in. Como eran más de las 6 de la mañana y el desayuno comenzaba a las 7, subimos a desempacar y darnos una ducha, que ya nos hacía falta.

La habitación tenía un buen tamaño, aunque se echaba en falta algo más de armario. No es que nosotros lleváramos mucha ropa, pero por lo menos para poder guardar las mochilas y que no estuvieran en medio.

Habitación

Habitación

Eso sí, contaba con aire acondicionado, lo cual era necesario. Y no solo por el calor, que también, pero sobre todo porque una de las recomendaciones sanitarias es que evites dormir con ventanas abiertas pues pueden entrar mosquitos. No obstante, se echa de menos el ventilar de vez en cuando. Pero claro, como el aire exterior muy limpio tampoco era… Y eso por no hablar del ruido.

El baño estaba bastante bien, aunque se notaba la falta de refrigeración, por lo que había que dejar la puerta abierta para que fluyera el aire frío.

Baño

Baño

Me pareció curioso que hubiera una manguera junto al inodoro, pero luego lo vimos más veces a lo largo del viaje. Y es que es una forma de ahorrar en papel. No solo por un tema económico, sino también ambiental. Imagino que también influye el sistema de desagüe del país. De esta forma se evitan atrancos. Al final es la versión económica del chorro de los inodoros japoneses.

En general las habitaciones parecían bastante modernas. Incluso en algún aspecto demasiado, como en el caso de la iluminación. Para encender o apagar las luces había que tocar mil botones hasta acertar.

Mandos

Algo más aseados, bajamos a desayunar. En la sala estaba dispuesta una zona buffet con salchichas, cereales, tés, cafés, bollería, zumos y fruta. No había mucha variedad, pero lo justo para poder ir alternando cada día.

Buffet

Además, en un pequeño apartado había comida india caliente y dos puestos en los que te hacían crepes, gofres y tortillas al momento a elección (francesa sin más, o rellena de verduras). También se podían pedir tostadas.

Comida Caliente

Desayuno

En definitiva, había opciones. Bien versión más continental, bien la local. Yo probé la india, pero como mi tolerancia al picante es más bien nula, me quedé con las ganas de probar más. Había unas patatas cortadas en cuadraditos sazonadas con diversas especies que estaban muy ricas, pero tras el primer bocado no pude seguir. Una pena.

Con el estómago lleno, volvimos a nuestras habitaciones con intención de dormir unas 4-5 horas y así poder aprovechar la tarde.

Día 1: Rumbo a Seychelles

Comenzamos un nuevo viaje con una peregrinación hasta el aeropuerto de Barajas. Estaba la línea 8 de metro cortada, por lo que tuvimos que ir en tren. Pero la renfe llega a la T4 y nosotros esta vez salíamos de la T2, por lo que, una vez nos bajamos del tren, necesitamos coger un bus. Llegamos bastante pegados a la hora, pero bueno, como tampoco teníamos que facturar, nos sobraba tiempo para pasar control e irnos hacia la puerta de embarque.

El avión parecía ser bastante nuevo. El espacio entre filas era más o menos el estándar, pero la bandeja contaba con un sujetavaso en la parte de abajo, para poder usarlo cuando está plegada, y el asiento tenía un gancho en un lateral.

Durante el vuelo nos dieron un tentempié. Había donde elegir entre varios tipos de sándwiches, bocadillos y wraps. Directamente las azafatas pasaban con una cesta surtida y cada uno elegía el que quería.

Como el día estaba despejado, pudimos otear París minutos antes del aterrizaje, llegando incluso a ver la famosa Torre Eiffel o el Arco del Triunfo. Pero París tendría que esperar unos días, de momento íbamos de paso.

Llegamos a las 15:00 de la tarde y el siguiente vuelo lo teníamos a las 19:45, así que contábamos con unas horas entre medias para hacer el cambio de terminal, encontrarnos con los escoceses y hacer el embarque de nuestra siguiente escala. Tuvimos un momento de confusión cuando bajamos del avión, porque al tener un segundo vuelo, un miembro del aeropuerto que va canalizando el flujo de pasajeros nos indicó un camino que conducía a una nueva zona de control. Sin embargo, nosotros teníamos que salir a la zona de los mostradores de facturación dado que aún no teníamos las tarjetas de embarque. Y es que Air Seychelles no permite check-in online. Pero bueno, íbamos con tiempo, así que rectificamos y finalmente nos encontramos con mi hermano y su novia.

Air Seychelles

Tras pasar por el mostrador de facturación y obtener nuestras tarjetas de embarque París – Mahé y Mahé – Bombay, hicimos una parada técnica en el McDonald’s para picar algo. Después, nos dirigimos al control y tras pasarlo buscamos nuestra puerta de embarque. Nos dieron la más alejada, que se encuentra en una especie de satélite circular al final de la terminal 2A donde apenas hay una cafetería, los baños, el acceso a una de las salas VIP, zonas de sillones y, algo que nos sorprendió, una zona recreativa con pantallas planas y PS4.

Vuelo Air Seychelles

Nuestro avión recibía el nombre de Vallée de Mai y tenía una disposición de 2-4-2.

Avión Valle de Mahé

Avión CDG-SEZ

Cuando mi hermano reservó los billetes, pudo elegir asientos, y optó por la primera fila después de business. Un lado para ellos, otro para nosotros. Sin embargo, a ellos los movieron un par de filas más atrás para que pudiera sentar una pareja con un bebé. Y es que en la pared que hay frente a esta fila se pueden acoplar las cunas. Nosotros tuvimos la suerte de mantener la reserva, así que teníamos bastante espacio. Lo cual es de agradecer en un vuelo de 11 horas.

Fila 5

Fila 5

En nuestros asientos nos encontramos con la almohada y manta de viaje, así como con los auriculares. En el brazo derecho teníamos el mando para controlar la televisión, y, bajo una tapa, la bandeja plegada. En nuestro brazo izquierdo podíamos encontrar la pantalla. Asimismo, en su parte inferior estaban equipados con toma de enchufe y usb. Muy útil para cargar los aparatos electrónicos durante el vuelo.

Una vez ya sentados, las azafatas repartieron una bolsita de Air Seychelles con un kit que constaba de cepillo de dientes y crema, tapones, antifaz y unos calcetines, por si te quieres descalzar para que no te ensucies los tuyos.

Antes del despegue, las azafatas pulverizaron en todo el avión un antiinsectos para evitar que nos llevásemos algún bicho a las islas que se pudiera cargar su ecosistema. Y nos dirigimos hacia la pista y rumbo a las Seychelles.

Vuelo a Seychelles

Aún era pronto para dormir, y como nos iban a servir la cena, empecé a enredar con el sistema multimedia. Sin embargo, aunque había bastante surtido y películas bastante recientes, no encontré nada que me interesara, ni siquiera un mapa de seguimiento del avión para ver el recorrido; así que me puse a leer.

Sistema Multimedia

En la cena había para elegir entre carne, pescado o pasta.

Pollo

Pasta

Para los vegetarianos ovolácteos pasta con verduras y una pequeña ensalada de zanahoria, pimientos y guisantes. De acompañamiento pan, mantequilla y queso de untar. De postre, macedonia de fruta.

Cena Ovoláctea Vegetariana

La ensalada muy rica, bien aliñada. Por contra, la pasta, aunque estaba bien de sabor, las verduras estaban más bien blandas. Hubiera mejorado el plato si estuvieran un poco crujientes.

Después del servicio de cena bajaron la intensidad de las luces e intenté dormir. Nunca es fácil en un avión, y aunque teníamos espacio para estirar las piernas, yo suelo dormir boca abajo, así que no encontraba postura. Aún así, dormí unas tres horas y media según mi fitbit. Una siestecilla.

Una hora antes del aterrizaje volvieron a subir las luces y repartieron unas toallitas calientes. Algo que se agradece para espabilar un poco. Seguidamente repartieron la documentación para inmigración. No hay rellenar tantos datos como para entrar en EEUU, ni como para la visa de la India. Apenas hay que indicar los datos personales, propósito de la visita y alguna pregunta de dinero y salud (aunque no es necesaria vacuna alguna. Incluso el agua corriente de las principales islas es potable y se puede beber sin precaución adicional).

Además, hay que escribir la dirección del alojamiento. Dado que nosotros íbamos en tránsito, pusimos “Transit“.

Documentación Inmigración

A continuación se sirvió el desayuno, un bollo, un croasán, mantequilla, mermelada, un yogur de fresa y, por supuesto, las bebidas.

Desayuno

Para la versión vegetariana cambiaba el yogur por uno bio.y la mantequilla por margarina.

Desayuno

Y mientras desayunamos vemos cómo nos acercamos a las islas. Ya había amanecido por completo y, aunque había algunas nubes, se veía con bastante nitidez el archipiélago.

Mahé

Nosotros íbamos a Mahé, donde se encuentrea el aeropuerto internacional. En el aterrizaje parecía que tal y como llegábamos a la pista, nos íbamos a salir y acabar en el mar.

Aterrizaje

Pista aterrizaje

Pero no, en un momento dado, el avión gira y aparca. Ni finger ni inventos. Escaleras.

Aeropuerto de Mahé

Tocaba desembarcar y pisar suelo Seychellois. ¿Qué nos depararía Mahé?