Recorriendo Wrocław III – Stare Miasto y Ostrów Tumski

Antes de marcharnos de la plaza de la Basílica de Santa Isabel buscamos más enanitos, y es que hay unos pocos en ella. Por un lado, bajo a la maqueta de la iglesia encontramos al Weteran.

Simboliza el valor de los soldados y el respeto por los que luchan en combate.

Más alejados se encuentran los Pożarki. Los encontramos al alejarnos para hacer la foto a la iglesia.

Son los enanitos bomberos y están listos con su manguera y escalera dispuestos a correr raudos y veloces a apagar el fuego.

Junto a ellos se halla la entrada subterránea de la ciudad y apoyado en ella se encuentra el Krasnal Śpioch.

En teoría es el guardia que supervisa la entrada, pero se pasa la mayor parte del tiempo dormitando. Aunque realmente, como las puertas son tan pequeñas, pocos intrusos cabrían por ella, por lo que poco tiene que vigilar.

Y de un dormilón a otro, y es que en la calle Kiełbaśnicza duerme Krasnal Chrapek.

Este enanito ha encontrado su lugar frente al Hotel Patio. Y un poco más adelante, ante el Art Hotel está su amigo Krasnal Podróznik.

Es el gnomo viajero, que cada dos por tres está empacando sus maletas y embarcándose en una nueva aventura.

Ahí dejamos a ambos y continuamos nuestro camino girando por la calle Jatki, un callejón lleno de galerías, donde está el Monumento a los animales sacrificados (Pomnik Pamięci Zwierząt Rzeźnych).

Este monumento colocado en 1997 está compuesto por un grupo de esculturas de animales y hace referencia a las carnicerías que hubo durante siglos en la calle. En su inauguración constaba del pavo, la cabra y los cerdos. Más tarde se añadieron el gallo y el conejo.

El desgaste del bronce se debe a que todo el mundo que pasa los frota, e incluso los niños se suben en los animales.

Y hablando de carnicerías, ¿qué enanito podíamos encontrar? El Krasnal Rzeźnik.

La profesión de carnicero es una de las más antiguas y aún quedan profesionales del gremio, aunque, al parecer, la mayoría de los enanitos ahora son vegetarianos. Por eso ahora este enanito tiene bastante tiempo libre para ver pasar a los turistas.

Tras saludarle, seguimos hacia la zona de la Universidad. En la Plac Uniwersytecki, se alza la fuente con el Espadachín.

Según la leyenda, el espadachín hace referencia a un estudiante que se emborrachó jugando a las cartas y además del dinero, también perdió la ropa. El resto de compañeros le dejaron portar una espada como símbolo de nobleza y honor masculino.

Hoy, esta fuente y monumento colocada en 1904 es uno de los lugares de encuentro preferidos por los estudiantes. Y también blanco de bromas y apuestas.

Muy cerca de la fuente se halla el Krasnal z parasolem.

Es uno de los primeros que se colocó en la ciudad, y no siempre ha tenido buena suerte, ya que ha sido robado un par de veces. La última vez que se colocó en su lugar fue en 2012.

A unos pasos de la plaza se halla la Iglesia de Jesús (Kościół Najświętszego Imienia Jezus).

Recibe este nombre porque fue construida por los jesuitas entre 1734 y 1755 y es una de las iglesias más ricas en decoración barroca, que se conserva gracias a que no sufrió grandes daños en 1945.

En el siglo XVIII se realizaron los frescos y se completó con esculturas, molduras, cornisas, lámparas y candelabros. A mediados de siglo, en 1748 quedó destruida como consecuencia de la explosión de la torre. Y en los años posteriores, durante la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) se transformó en el almacén de grano. En 1765 fue tomada por las autoridades prusianas. Y desde principios del siglo XIX pertenece a la Universidad Frederick William.

Entre 1879 y 1893 se llevaron a cabo grandes tareas de reconstrucción para recuperar las capillas laterales y sus elementos originales.

Junto a un cuidado jardín se encuentra la Parroquia de San Matías (Kościół pw św Macieja).

Esta parroquia de estilo gótico pertenecía a un convento construido en 1253. El convento se transformó entre los siglos XIV y XVII añadiendo primero torre y modificando la planta para que tuvera forma de cruz después.

Cuando desapareció la orden a la que pertenecía el convento, fue cuando se convirtió en parroquia.

En 1945 quedó seriamente dañada cuando la torre y las cubiertas se quemaron. En 1958 sufrió más daños aún cuando parte del brazo norte acabó derrumbándose. Tuvo que ser reconstruida en la década de los 60.

Seguimos hacia la Catedral de San Vicente y San Jacobo (Katedra Greckokatolicka pw. Świętych Wincentego i Jakuba).

Pertenecía a los franciscanos, pero cuando estos se marcharon de la ciudad o se convirtieron al protestantismo en el siglo XVI, pasó a manos de una orden de Ołbin. Con la secularización de esta a principios del XIX, la iglesia pasó a ser una parroquia y los edificios anexos, sede del Tribunal de Justicia.

En 1945, con la guerra, acabaron derrumbadas la torre, las paredes laterales y las bóvedas. Como consecuencia también se destruyó parte del interior.

En 1977, gracias los esfuerzos del Papa Juan Pablo II , fue entregada a la Iglesia grecocatólica.

En el camino hacia la iglesia, y todo su perímetro, encontramos diversas placas que marcan grandes acontecimientos de la historia de la ciudad. Se trata del Trotuar historii miasta.

Los puntos más relevantes son:

Año 1000 creación del obispado

Año 1241 invasión de los Mongoles

Año 1242 La ciudad recibe derechos municipales

Año 1335 Incorporación al Reino de Bohemia

Año 1526 Incorporación en la Monarquía Habsburgo de Austria

Año 1530 la concesión de pertenencia de armas

Año 1633 Peste bubónica

Año 1702 creación de la Universidad

Año 1741 la entrada en Prusia

Año 1793 Revolución de los modistos

Año 1802 la ocupación de Napoleón

Año 1842 la primera línea del ferrocarril en territorio polaco

Año 1913 la construcción de Ayuntamiento

Año 1945 Festung

Año 1980 Solidaridad

Año 1997 la inundación y Congreso Eucaristía

Año 2012 EURO 2012

Año 2016 Capital Europea de la Cultura

Este paseo histórico nos conduce al Hala Targowa, el mercado.

Se levantó en el lugar en que hubo una mansión de los obispos Lubuski del siglo XIV, que posteriormente fue reconstruida como Arsenal Piaskowy y demolido en 1905.

Fue construido entre 1906-1908 para organizar el comercio en el centro de la ciudad. De esta forma, finalizadas las obras, se cerraron todos los mercados de las plazas importantes (Rynek, plaza Solny y plaza Nowy Targ (el mercado nuevo)) quedando trasladados los comercios a los dos nuevos pabellones del mercado.

Su diseño exterior está basado en la Bolsa de Ámsterdam, sin embargo, su interior es más moderno. Se trata de un espacio diáfano de 85 metros de largo por 37 de ancho y 21 metros de altura. Su techo está sostenido por unos arcos parabólicos de hormigón.

Quedó seriamente dañado por la II Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruido.

Y de nuevo habíamos llegado al río. Y esta vez nos íbamos a salir del anillo que bordea el centro, para continuar con nuestra visita.

Cruzamos al otro lado del río, hasta la isla Wyspa Piasek y después tomamos el Puente Tumski para cruzar a Ostrów Tumski.

Este puente fue construido en 1889. Pero mucho antes, ya hubo otros puentes en ese lugar, uno de ellos de madera.

Hasta 1945 fue llamado Dombrücke (Puente de la Catedral). En aquel año fue sometido a una importante revisión, ya que había quedado dañado durante el asedio. También se lo conoce como el Puente de los Enamorados por su gran cantidad de candados. Un día vamos a tener una desgracia por el peso de los candaditos.

Y cómo no, no podíamos dar dos pasos sin encontrar un nuevo enanito, este encaramado a una farola y lleno de candados y telarañas. Este se llama Gazuś y es el encargado de que el distrito histórico de la ciudad esté correctamente iluminado.

Ostrów Tumski es el lugar en que nació la ciudad y suponía el límite de la jurisdicción eclesiástica. En la zona se erigen iglesias monumentales, una iglesia gótica, las casas de los clérigos y el palacio arzobispal, de estilo neoclásico. Y no puede faltar una placa a Juan Pablo II.

En el Museo de la Archidiócesis se conservan objetos sacros de gran valor histórico y artístico. Entre ellos se encuentra el Libro de Henryków, en el que se halla la primera frase escrita en polaco en el siglo XIII-XIV.

La primera que nos encontramos tras cruzar el puente es la Iglesia de la Santa Cruz y San Bartolomé (Kościół Rzymskokatolicki pw. Świętego Krzyża).

Esta iglesia construida en dos pisos, es el segundo templo religioso más importante de la ciudad.

Muy cerca se encuentra el Drukarz Kacper.

Este enanito estudió el arte de la impresión en Colonia y después se mudó a Breslavia. En su mano tiene una hoja de papel con el Padre Nuestro. Además está acompañado de su imprenta y libros.

Más adelante de la Iglesia de la Cruz se erige la Catedral de San Juan Bautista, de estilo gótico.

Fue construida en el siglo XIV, aunque investigaciones arqueológicas parecen indicar que ya había un templo de piedra en el X. Lo que vemos hoy en día poco tiene que ver con la construcción original, ya que fue renovada y ampliada en numerosas ocasiones. La última de ellas tras la II Guerra Mundial.

Estas renovaciones le han dejado elementos renacentistas y barrocos, que contrastan con el pórtico medieval.

Está construida en ladrillo y cuenta con dos torres de 91 metros, las más altas de toda la ciudad.

Tampoco cerca de ella podía faltar otro enanito. En este caso se trata de Wrocławiak.

Porta en sus manos un libro titulado Urodzię się w Wrocławiu / Ich bin en Breslau geboren (Nací en Breslavia). Su objetivo es promover la ciudad y hablar sobre personajes importantes que nacieron en ella.

También en Ostrów Tumski se halla el Jardín Botánico (Ogród Botaniczny) de principios del XIX, pero nosotros no lo visitamos, sino que continuamos hasta el edificio del Seminario Metropolitano (Metropolitalne Wyższe Seminarium Duchowne), construido en ladrillo rojo y en un estilo que me recordó a la Academia de Arte de Letonia en Riga.

El cielo se estaba nublando y amenazaba tormenta, por lo que continuamos hasta el puente Pokoju para volver al centro de la ciudad. Desde esta pasarela se ve el siguiente puente, el Grunwaldzki (Most Grunwaldzki), el más conocido de la ciudad construido entre 1908 y 1910 y que mide 112,5 metros de longitud por 18 metros de ancho.

Cuando se inauguró, en presencia de Wilhelm II, se llamó Puente Imperial. Y, aunque después de la I Guerra Mundial se le cambió por Puente de la Libertad, con el tiempo recuperaría su nombre original.

En la II Guerra Mundial quedó totalmente destrozado y quedó inutilizable. Tras dos años de obras, se volvió a levantar ya con el nombre actual, Grunwaldzki.

El puente Pokoju nos condujo al Museo Nacional de Breslavia (Muzeum Narodowe we Wrocławiu), inaugurado en el año 1948 y ascendido al rango de Nacional en 1970.

Es el principal museo de la ciudad y cuenta con colecciones que incluyen pinturas, esculturas, artesanías, gráficos y fotografías con especial énfasis en el arte de Silesia. Antes de este museo las obras se encontraban en el Museo Real de Arte y Antigüedades, en el Museo de Bellas Artes de Silesia y en el Museo de Artesanía Artística y Antigüedades de Silesia. Durante la II Guerra Mundial muchas colecciones fueron trasladadas para protegerlas, pero aún así, muchas se perdieron y quedaron dañadas. Dado que muchos de los museos mencionados quedaron totalmente destruidos, se creó este nuevo edificio en estilo neo-renacentista holandés.

Este museo cuenta con una de las colecciones de arte medieval más importantes e interesantes de Europa. Además, dispone de ejemplares de arte polaco de los siglos comprendidos entre el XVII y el XIX, así como unas 20.000 obras de contemporáneo.

Contrastando con el museo y su bella fachada cubierta de verde, el otro lado del puente se halla el edificio gubernamental de marcado estilo soviético.

Quizá desde el puente no destaca tanto y se ve como una construcción de oficinas sin más, bastante anodino. Pero una vez que miramos desde su fachada, con el contraste del museo tan de cerca, resulta una mole horrible.

Tomando la calle Jana Ewangelisty Purkyniego llegamos al  Bastion Ceglarski, restos de las fortificaciones que existieron en su día en la ciudad.

El bastión fue construido en 1585 y constaba de tres plantas. Servía como almacén, pero también contaba con un hospital militar en época de contienda. En 1807 las autoridades napoleónicas quisieron echarlo abajo, pero al final se conservó, aunque perdiendo su carácter bélico.

Frente a él destaca un peculiar museo, el Panorama Raclawicka.

Se trata de un edificio circular, un tanto feo, que alberga un cuadro de 120 metros de ancho por 15 de alto y que permite una visión 360º de la batalla de Raclawiece (guerra ruso-polaca) del 4 de abril de 1794.

La obra data del año 1893 y Jan Styka y Wojciech Kossak tardaron 9 meses en completarla. Estuvo expuesta en Lvov hasta la II Guerra Mundial, momento en que se llevó a un almacén para protegerla. De nuevo fue recuperada en 1980 y se expuso en esta peculiar construcción.

Parece que es una de las atracciones turísticas más visitadas de la ciudad, sin embargo, ni había entradas para el día, ni es que a nosotros el tema bélico nos interesase mucho. Así que, lo vimos por fuera, y poco más.

Bueno, y nos encontramos con un enanito más, el Panoramik.

Es un enanito histórico, y como tal va vestido y montado a su caballo.

Continuamos nuestro camino dirigiéndonos hacia la estación y nos topamos con la Iglesia de San Adalberto (Kościół Św. Wojciecha), bastante sencilla, pero de gran valor, pues en su parte sur está enterrado el patrón de la ciudad.

Junto al río, en un pasaje bajo la carretera, nos encontramos con una maqueta de la ciudad amurallada y un cañón. Están un poco escondidos, la verdad es que podrían haber elegido una parte más visual, como por ejemplo en algún parque o zona verde más de paso.

Y finalizamos nuestra visita donde la habíamos empezado, en la estación central.

La original estación de Wroclaw Glowny casi parece un castillo.

No era así cuando se construyó entre 1855 y 1857. La antigua contaba con grandes ventanales, un único anden y un punto de información para los pasajeros. Sin embargo, el ferrocarril se desarrollaba rápidamente y a finales del siglo XIX la ciudad necesitaba una estación más grande.

La modernización se llevó a cabo entre 1899 y 1904. La vía férrea se trasladó y se subió el nivel de los andenes. De uno pasó a tener cuatro andenes, cubiertos con un techo de cristal. El antiguo edificio hoy ha quedado como servicio para el viajero: restaurantes, salas de espera, depósito de equipajes…

Con la II Guerra Mundial no quedó muy dañada, por lo que en junio de 1945 estaba dando servicio con normalidad. La última renovación data de este siglo, poco antes de la EURO 2012. En esas obras se construyó un aparcamiento, se renovó la fachada y se crearon nuevos espacios comerciales, así como restaurantes y cafeterías. La verdad es que es una estación muy grande y con muchos servicios. En algunos momentos da la sensación de estar paseando por un centro comercial.

En la estación, como no podía ser menos, hay también enanitos. El primero de ellos lo vimos en el exterior, sentado sobre una maleta.

El segundo, al parecer se encuentra tumbado en el césped, pero no lo vimos. Sí que encontramos al tercero, el que va, maleta y billete en mano, a tomar el tren.

Y así estábamos nosotros también, con nuestras mochilas preparadas, a unos minutos de tomar el tren dirección a Cracovia tras un día bastante completo recorriendo Breslavia.

Esta vez el tren era más moderno. Habíamos dejado atrás los compartimentos estrechos de siglo pasado.

Había lugar para dejar el equipaje, los asientos eran cómodos, y además bastante espaciosos con su bandeja y reposapiés.

Así que nos preparamos para afrontar las tres horas y media que teníamos hasta que llegáramos a Cracovia. Allí pasaríamos dos noches en el Ibis Budget Stare Miasto, un hotel muy bien ubicado junto a la estación.

Este sí que lo reservamos aprovechando aquella oferta, y era del mismo estilo que el de Basilea en el que nos habíamos alojado en noviembre. Salvo que no tenía la litera.

Dado que en la estación había un supermercado y varios locales de comida, descargamos las mochilas y volvimos para hacernos con algo de cena y desayuno para los dos próximos días. Volvimos al hotel y tras ducharnos y cenar dimos por concluido el día, que había sido bien largo.

Recorriendo Wrocław II – Stare Miasto

Desde el enanito sonámbulo nos adentramos hacia el centro. Continuamos a la Plaza de la Sal (Plac Solny), que normalmente acoge el mercado de las flores, pero que parece que estaban preparando algún tipo de acto o evento, pues habían simulado una especie de playa.

Se cree que esta plaza se construyó en 1242 durante la invasión de los mongoles bajo el nombre de Polnischer Markt (Mercado Polaco), Salzring (Mercado de la sal) o Salzplatz (Plaza de la sal).

En 1827 se colocó en la plaza una estatua del marsical de campo Blücher y se renombró como Blücherplatz. Sin embargo, hoy no queda nada de este monumento, ya que se destruyó en la II Guerra Mundial. Pasó entonces a llamarse Plaza del Pueblo.

Pese a ser histórica, no es tan atractiva como pudiera ser una plaza principal. Sí que hay una parte con hilera de casitas de colores, pero sin más. Quizá destaca un poco más el edificio de la Antigua Bolsa (Stare Gieldy), de 1822 y estilo neoclásico.

En el siglo XV los ciudadanos de Breslavia quemaron objetos lujosos influenciados por los sermones de un franciscano. Y como recordatorio de aquel acto, en 1996 se erigió un obelisco en la plaza que simula una llama de fuego. O eso dicen.

Bajo la plaza hay un refugio con capacidad de 300 personas en unos 1000 metros cuadrados. Durante la guerra tenía sus propias letrinas, alcantarillado y dos salidas. Ahora una de ellas se ha convertido en un baño de mujeres.

La plaza nos conduce a la principal, la Plaza del Mercado (Rynek). Es el centro neurálgico. Y es que no podía faltar el lugar en torno al que se articula la ciudad. Wrocław perteneció a la Liga Hanseática y fue un importante centro comercial, así, era en ella donde confluían las principales rutas comerciales de Europa, entre ellas la Vía Regia y la Ruta del ámbar.

Esta plaza, que con sus dimensiones de 213 x 178 metros es una de las más grandes de Europa, sigue la misma tónica de las que estábamos viendo en el viaje. Está flanqueada por edificios de colores de diferentes estilos (renacentistas, góticos, barrocos…) y en su centro se erigen el ayuntamiento así como edificios de viviendas. No fue destruida durante la II Guerra Mundial, por lo que es una auténtica joya.

Hay uno de los lados de la plaza que es el que tiene las casas mejor conservadas.

En el número 2 se encuentra la la Pod Gryfami, que cuenta con una fachada renacentista y detalles manieristas.

En el 6, se alza la Pod Złotym Słońcem con una fachada de estilo barroco, que hoy en día es el Museo de Pan Tadeusz.

En ella fue donde se llevaron a cabo las conversaciones de paz en 1742 que condujeron al fin de la I Guerra Silesiana. También, en 1813 Federico Guillermo III, rey de Prusia, dio el discurso “A mi ejército”, llamando a los soldados y civiles a la lucha contra Napoleón.

Al lado, en el número 7 se encuentra el Pod Błękitnym Słońcem, que también es un pasaje comercial con techo de cristal.

A su izquierda, en el 8, se halla la Siedmiu Elektorów, que cuenta con una fachada ricamente decorada y un llamativo color amarillo.

En 1527, durante la visita del futuro emperador Fernando I de Habsburgo, las casas de los edificios 6, 7 y 8, fueron juntadas para establecer la sede de su corte.

Las casas originales de los números 9 al 11 fueron destruidas y en su lugar se construyó en 1931 un edificio que contrasta claramente con los anteriores. No solo por su altura, sino también por su diseño. Ahora está ocupado por un banco. Y en su fachada nos encontramos con un simpático enanito sacando dinero, el Krasnal Wypłatnik.

Pese a la relevancia de esa hilera de edificios, a mí no fue la que más me gustó. Y es que aunque haya un lado que conserve las casas más históricas, no hay que despreciar el resto de la plaza, que es espectacular.

Eso sí, lo único que choca es la Fontanna Zdrój demasiado moderna.

Frente a la fuente, delante de una tienda de recuerdos se encuentra el Krasnal Suverinek, el enanito que nos ha comprado un souvenir. ¡Más majo!

Se colocó en 1996 y en teoría solo iba a estar dos años en la plaza, sin embargo allí se quedó y hoy se ha convertido en punto de encuentro. También para refrescarse, como no podía ser menos teniendo en cuenta las temperaturas que estábamos encontrando.

Continuamos paseando por la plaza en dirección al Ayuntamiento, y nos topamos con el Monumento a Alexander Hr. Fredo.

Fue un escritor que luchó en el ejército polaco durante las Guerras Napoleónicas. Comenzó a su carrera literaria después, en 1817, dedicándose a comedias basadas en la nobleza polaca.

En una de las casas que se encuentran detrás, en la que hace esquina, se halla la tienda de los Krasnale.

Y un poco más adelante de la tienda, junto a la maqueta del ayuntamiento, hay un grupo de enanitos discapacitados: el sordo, el ciego y uno en silla de ruedas. Son Ślepak i Głuchak.

Juntos patrullan la ciudad en busca de barreras arquitectónicas que les dificulten la vida. Intentan cambiar la forma de pensar sobre las personas con discapacidad y los alienta a ser más activos.

El Ayuntamiento (Ratusz), del siglo XIII y estilo gótico burgués, es espectacular.

Para su construcción se necesitaron 250 años, por lo que el proyecto sufrió varios cambios y se fueron modificando tanto la estructura como la planta.

En su día contaba con una una sola planta con sótanos y una torre. Entre 1328 y 1333 se le añadió una nueva planta para alojar la Sala del Consejo y la de los Concejales. Durante el siglo XIV se añadieron además nuevas estancias puesto que el ayuntamiento se estaba convirtiendo en un lugar esencial para el comercio y administración de la ciudad.

En los siglos siguientes siguieron las ampliaciones, puesto que Breslavia era cada vez más próspera y se precisaba de edificios que cubrieran sus necesidades. Entre 1470 y 1510 se añadieron nuevas salas, se colocó una nueva bóveda en el Salón de los Burgueses y se construyó el Gran Salón.

En 1536 se añadió el escudo de la ciudad. Y unos años más tarde, entre 1558 y 1589 se llevaron a cabo las obras para reconstruir la parte superior de la torre.

Pero la ciudad seguía creciendo y el ayuntamiento debía asumir más funciones administrativas, por lo que tendría que alojar nuevas oficinas. Así pues, en el siglo XVII se hizo una reasignación del espacio en la que la planta baja se dejó para uso militar mientras que el sótano era el único espacio al que podía acceder el público.

En la segunda mitad de siglo la ciudad cayó en decadencia y se notó en el ayuntamiento. Aunque para compensarlo, se realizaron trabajos de decoración en el interior. Con la pertenencia de Breslavia a Prusia el edificio se destinó a la Administración de Justicia.

En el siglo XIX se trasladaron los juzgados y se llevaron a cabo diversas renovaciones para recuperar el lustre que había tenido el edificio en épocas anteriores. Además se le añadió decoración escultórica neogótica.

Durante el siglo XX continuaron las renovaciones, reparaciones y adiciones, como por ejemplo la de la estatua del Pequeño Oso.

En 1930 dejó su función administrativa y se convirtió en museo.

La II Guerra Mundial lo dejó bastante tocado. Los techos se habían dañado seriamente y como consecuencia se habían perdido algunas esculturas. En 1950 se comenzó la reconstrucción que duró prácticamente todo el siglo.

Actualmente acoge el Museo de Arte Burgués y acoge la celebración de muchos eventos culturales.

Junto al Ayuntamiento se alza la Picota (Pręgierz), una columna de piedra en la que se exponía a los criminales y las cabezas o cuerpos de los condenados.

Realmente esta que vemos hoy en día es una réplica de la 1492. Originalmente se trataba de un poste de madera.

Junto a una farola se encuentra una estatua bastante reciente, la de Leszek Cichoński, que fue colocada en abril de 2017.

Con la guitarra en alto, representa al organizador de un festival que se organiza todos los años en la plaza.

Muy cerca de la plaza, en la calle Świdnicka, se encuentran dos enanitos empujando una bola desde lados opuestos. Son los Krasnale Syzyfki.

Al parecer están ayudando en las renovaciones urbanas, pero parece que no se dan cuenta de que se entorpecen el uno al otro.

También en la misma calle se localiza Capgeminiusz Programista, el enanito programador.

Como no podía ser menos, se halla cerca del Starbucks. Dónde iba a estar si no un gnomo con ordenador…

La misma calle nos conduce a la Catedral de Santa María Magdalena (Kosciol pw sw Marii Magdaleny).

De estilo gótico tardío, es bastante sencilla, tanto por fuera como por dentro. Se erige en el lugar en que ya existía una iglesia en el siglo XI. Esta, que fue destruida en 1241 con la invasión de los mongoles fue sustituida por otra de estilo románico-gótico que acabó quemada.

Esta que vemos hoy en día, más grande que aquellas, data de 1342, aunque las torres se añadieron ya en el siglo XV. Aunque sus cubiertas se cambiaron un siglo más tarde, cuando la iglesia ya pertenecía al ayuntamiento.

El 23 de de marzo de 1887, durante la celebración del 90 cumpleaños del emperador Guillermo I se encendieron fuegos artificiales desde la torre norte con tal mala suerte que destruyeron la torre y las campanas. La reconstrucción se realizó entre los años 1890 y 1892.

En el siglo pasado, durante la II Guerra Mundial, las torres sufrieron un nuevo incendio. se vieron dañadas como consecuencia del fuego. El 17 de mayo de 1945 la torre sur se partió, la campana acabó destruida y el puente entre las torres se derrumbó como consecuencia de una explosión. También sufrió el portal principal, lo que provocó que se perdieron valiosas esculturas que lo adornaban. Hasta la década de los 60 no se llevarían a cabo tareas de reconstrucción.

El Puente de Penitentes es una pasarela que conecta ambas torres a una altura de 45 metros. Según la leyenda por él caminaban en penitencia los espíritus de las mujeres jóvenes que, en vez de cuidar de sus niños y de su casa, habían preferido irse con hombres. Qué desvergonzadas, oye.

En las escaleras de la iglesia nos encontramos un nuevo enanito. Que viendo que todos guardaban relación con su localización, lo lógico sería que hubiera sido un enanito religioso. Pero no, se trata del Krasnal Motocyklista, el primer gnomo motorizado.

La idea de crear un enanito motorista partió de los Wratislavia Bikers, una asociación de moteros. Su autora es Matylda Mika.

En la acera de enfrente está el Krasnal Klucznik, quien porta una llave.

Es la llave del subsuelo, de la ciudad escondida bajo tierra y tan solo él puede usarla.

Girando a la izquierda, en la Wita Stwosza 1-2, se hallan otros dos enanitos, Ciastuś i Amorinek.

Uno de ellos ha trepado hasta el alféizar de la ventana de una heladería y su compañero le ha atado una bandeja de postres al otro lado de la cuerda para que los suba.

En la esquina de la calle Kuźnicza con Wita Stwosza, junto a la joyería, encontramos al siguiente, al enanito herrero, Krasnal Kowal.

Es el encargado tanto de la creación de joyas como de artesanía de orfebrería, utensilios de hogar o espadas y armaduras. No hay encargo de la ciudad que no pase por sus manos.

Y muy cerca, tomando la calle Kuźnicza, en el alféizar de la cafetería Mr. Croissant, se encuentra el Krasnal Rogalik, que, como no podía ser menos, va cargado de croasanes.

Volvimos sobre nuestros pasos y volvimos a la Plaza del Mercado para seguir bordeándola. Allí encontramos al Krasnal Obieżysmak.

Es el más glotón de los enanitos. Está extendido sobre un plato frente al Pizza Hut. Parece que se ha puesto hasta reventar, tal y como muestra su tripa. Una tripa que, por cierto, se dice que si se frota trae felicidad y el viaje de tus sueños, de ahí que muestre un color diferente al resto del cuerpo.

Aún nos quedaban un par más de Krasnale en la plaza. Por un lado el Krasnal Turysta, que, como no podría ser menos, está delante de Información Turística y lleva su mochila, su cámara y su mapa.

Frente a la Biblioteca Pública de la Baja Silesia se encuentra Lady Wolność, la Estatua de la Libertad en versión gnoma con su antorcha y su libro. Eso sí, este tiene escrita la palabra “libertad” escrita en tres idiomas: polaco, inglés y francés.

Además, hay otro enanito un poco camuflado en una fuente en modo aspersor. Perfecta para días calurosos.

Dejando atrás los enanitos, seguimos caminando y la calle nos conduce a Krasnal WrocLovek, ya fuera de la plaza.

Se encuentra a la entrada de la plaza en que se halla la Basílica de Santa Isabel (Kosciol sw Elzbiety).

Esta iglesia es una de las dos más antiguas de la ciudad. Ya en el siglo XIII había una de ladrillo y piedra en estilo románico. Pero la actual, de tres naves, se construyó a principios del XIV siguiendo la arquitectura gótica.

En 1525 se convirtió en la primera de las iglesias de Silesia, pero cuatro años más tarde sufrió grandes daños cuando una tormenta derrumbó la torre de madera y muchos creyentes lo vieron como un castigo de Dios. La torre fue reconstruida entre 1531 y 1535, pero esta vez más pequeña.

A finales de siglo se restauró el techo con unos azulejos que forman un patrón de tablero de ajedrez rojo y verde, sin embargo, no duró mucho, pues en 1649 se derrumbó parte de la estructura que lo sostenía.

Más tarde, a principios del XIX, en el asedio de Napoleón volvió a sufrir daños en tejado y torre, por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo. Pero la suerte no estaba de su lado, ya que durante las obras se derrumbó una pared llevándose parte de la bóveda con ella.

Se salvó de grandes daños en la II Guerra Mundial, no así de un rayo en 1960. Este quemó el techo y la torre, que tuvieron que ser de nuevo renovados. Pero de nuevo la torre se volvió a quemar en 1945 haciendo arder también los andamiajes de madera que la rodeaban. Un año más tarde se quemó la iglesia entera.

Se volvió a comenzar su renovación en 1981 y parece que desde entonces ha tenido mejor suerte. Juan Pablo II la bendijo el 31 de mayo de 1997 y poco después se le concedió el estatus de Basílica Menor.

Se puede subir a la plataforma de observación a unos 75 metros tras subir 300 escaleras para obtener unas panorámicas de la ciudad e incluso de la región.

Nosotros, sin embargo, continuamos con nuestro recorrido, pues aún nos quedaba mucha ciudad por ver y muchos enanitos por encontrar.

Recorriendo Wrocław

Nuestro tren salía a las 09:06 y teníamos el desayuno incluido en la reserva del hotel, por lo que madrugamos, bajamos a desayunar, recogimos nuestras cosas y salimos sobre las 8 y algo camino de la estación.

En el mobiliario y decoración de la habitación se notaba que el hotel tenía unos años, sin embargo, por el contrario, la recepción y el restaurante eran bastantes modernos. Imagino que habían renovado las zonas comunes para darle un nuevo aire al hotel.

El buffet aunque no muy extenso, sí que ofrecía bastantes opciones, tanto de comida caliente como fría; dulce y salado; ligero y más contundente; zumos, té y café.

Tras cargar pilas y recoger, partimos. Nuestro destino era Wrocław, que se encuentra al suroeste de Polonia, en el Voivodato de Baja Silesia. El trayecto en tren dura apenas dos horas, por lo que a las 11 ya estábamos allí. Sin embargo, como no íbamos a pasar noche en la ciudad, sino que teníamos el hotel en Cracovia, lo primero que hicimos al llegar, fue buscar unas taquillas para dejar las mochilas e ir más ligeros.

La estación es grande, por lo que aprovechamos también para comprar unos sándwiches y bebida y así tener algo que comer en ruta si nos entraba hambre.

El tren a Cracovia lo teníamos a las 5 de la tarde, con lo que contábamos con unas seis horas para recorrer Wrocław. O Breslavia, como se llama en español. Que parece que no tiene mucho que ver con el nombre polaco, y es verdad, pero tiene su sentido. En alemán medio, Preßlau evolucionó a Breslau en alemán actual. Y como la ciudad fue alemana hasta después de la II Guerra Mundial, para nosotros tiene sentido que se haya tomado como referencia el término germano. Igual que hacemos con Dánzig/Gdańsk.

En el siglo X el rey Vratislav de Bohemia erigió un castillo y se asentó en la zona. Y ya en el año 1000 ya existía constancia de la ciudad bajo el nombre de Wrotizlawa.

Durante su historia Wrocław ha pertenecido a diferentes países. En 1241 fue saqueada por los mongoles y la población se refugió en el castillo. Por aquella época el nombre había derivado en Wrezlaw, Prezla o Breslaw.

Se refundó bajo influjo alemán y para el siglo XV ya formaba parte del Sacro Imprerio Romano Germánico siendo parte del Reino de Bohemia (Habsburgo). Pero de manos austriacas pasó a prusianas cuando, tras varias guerras, Federico el Grande se hizo con Silesia en el siglo XVIII.

En la primera mitad del siglo XIX la ciudad cobró importancia gracias al desarrollo industrial y económico y para finales de siglo, con la unificación de Alemania, era la sexta ciudad más grande del país gracias a la industria metalúrgica, a sus manufacturas del algodón y ropa, al comercio y al ser un importante nudo ferroviario.

También destacaba su universidad, uno de los centros educativos y de investigación más destacados del país.

En el siglo XX volvió a Alemania, tal y como estableció el Tratado de Versalles. Fue una de las ciudades alemanas que más apoyó a Hitler, a pesar de tener una de las comunidades judías más importantes de Alemania. En 1933 se construyó el Campo de Concentración Breslau-Dürrgoy y se trasladó a la mayoría de población judía que residía en Breslavia.

Durante la II Guerra Mundial siguió creciendo, pues quedó fuera de los bombardeos, y para 1939 ya era la ciudad alemana más grande al este de Berlín. No obstante, en 1945 el Ejército Rojo sí que pudo asediar y conquistar la ciudad, quedando prácticamente destruida y mermada de población.

Después de la guerra, Silesia volvió a Polonia y la población alemana fue deportada. Como la región quedó despoblada, se trasladaron polacos de otras partes del país, así como los que a su vez habían sido expulsados de otros territorios, como lo que hoy es Ucrania. Comenzó una nueva etapa en la que se intentó borrar cualquier vestigio alemán e incluso se le cambió el nombre por Wrocław.

No obstante, a pesar de la refundación de la ciudad y de este nuevo comienzo, en Breslavia se pueden apreciar influencias culturales y arquitectónicas de Bohemia, Austria, Hungría, Alemania y Polonia.

Comenzamos nuestra visita desde la estación tomando la calle Piłsudskiego, que nos lleva al Teatro Capitol, frente al que se encuentra el Monumento al Transeúnte Anónimo.

Es un conjunto escultórico que consta de varias personas a tamaño real en un paso de cebra. Sin embargo, el monumento no acaba ahí, sino que parece que estos misteriosos personajes caracterizados como en la década de los 70 se introducen bajo tierra y salen al otro lado de la calle.

Fue inaugurado en 2005 y ha recibido varios reconocimientos.

Muy cerca de allí, en la plac Kościuszki, buscamos el Krasnal Gazeciarz, y nos costó encontrarlo, pues estaba bien escondido.

Este simpático enanito de bronce es uno de los cientos que hay repartidos por la ciudad. Al parecer en la década de los 80 el movimiento Alternativa Naranja comenzó a grafitear enanitos como protesta política. Las autoridades los borraban, pero volvían a aparecer multiplicándose y se convirtieron en todo un símbolo que se extendió incluso a otras ciudades como Varsovia, Lodz o Lublin.

En 2005 Tomasz Moczek quiso rendir homenaje a este movimiento y colocó el primero de ellos. Desde entonces no han dejado de crecer y suponen una forma más de conocer la ciudad, pues están en cada rincón, generalmente caracterizados acorde con su geolocalización. Este, por ejemplo, está en un café.

Tienen web propia e incluso tienda, donde venden todo tipo de merchandising, incluido un mapa.

Sorprendidos por el tamaño del enanito, continuamos la calle hasta el río que bordea el centro de la ciudad. Junto a él transcurre el Promenade, construido en 1813 tras la demolición de las fortificaciones. Cuenta con un foso, tres avenidas y dos antiguos bastiones convertidos en puntos estratégicos: el Bastión Sakwowy y el Bastión Ceglarski.

En la plaza se alza el monumento ecuestre de Bolesław Chrobry.

Bolesław Chrobry fue el rey que consiguió que en el año 1000 se estableciera en Breslavia el obispado, convirtiendo así a la ciudad en capital de la región y acelerando su desarrollo.

Es el primer monumento de este estilo colocado en la ciudad tras la II Guerra Mundial y su ubicación no es fortuita. Se erige en el lugar en que hubo hasta 1945 uno del emperador Wilhelm I.

En la base de 10 metros de altura hay una inscripción en polaco, alemán y checo y un mapa de Europa del año 1000. Además está decorado con bajorrelieves. En su mano sostiene la lanza de St. Maurycego (símbolo del poder imperial).

Se supone que también en la plaza había otro enanito, pero después de minutos buscándolo, lo único que encontramos fue una marca en el suelo junto a la estación metereológica. No sé si es que se lo han cargado, o lo han retirado para algún tipo de arreglo.

Y buscando el enanito, en el parque Copérnico encontramos la otra estatua ecuestre, esta vez la de de Amor na Pegazie.

Es un monumento a Cupido montado sobre Pegaso portando el arco y el carcaj. Está hecho en bronce y se inauguró el 14 de junio de 1914.

Después del desvío en busca del enanito desaparecido, seguimos con nuestra ruta. Bordeamos la Iglesia Corpus Chisti y siguiendo la calle nos espera en la acera de enfrente el edificio de la Ópera.

Data de 1841, aunque tras un par de incendios tuvo que ser remodelada en 1865 y 1871.

No solo se ha usado para espectáculos operísticos, sino que entre 1945 y 1950 también sirvió como lugar de representaciones teatrales, de teatro de marionetas y operetas.

De nuevo se realizaron trabajos de rehabilitación entre 1977 y 2006. Hoy está considerada como una de las mejores de Europa, aunque su edificio es un tanto anodino.

En la calle opuesta se encuentra el Hotel Monopol, y frente a su fachada de la calle Świdnicka nos topamos con un enanito que no llevábamos anotado, el Krasnal Recyclinek.

Es el enanito reciclador, y allá va con su cubo de basura.

Un poco más adelante está el Krasnal Florianek, encargado de limpiar chimeneas

Siguiendo por la misma calle, tras el cruce con la Kazimierza Wielkiego, enlazamos con un tercero que no es tan difícil de ver, aunque no pensaba que perteneciera a la misma colección, ya que es diferente a los que habíamos fotografiado hasta el momento. Se trata del Papa Krasnale.

Parece que representa al Presidente del Consejo de los enanitos, algo así como Papá Pitufo. Y es el que menos me gustó de todos.

Mientras nos comíamos un sándwich, continuamos hasta el Palacio Real.

Construido en 1717 en estilo vienés se convirtió en la residencia de Federico el Grande cuando en 1750 Silesia pasó a formar parte de Prusia. Entre 1751 y 1753 se llevaron a cabo trabajos de ampliación en estilo barroco con un interior rococó. Se añadieron un ala transversal, un pasillo, una sala del trono y los aposentos privados del rey.

A finales de siglo, entre 1795 y 1796, su sobrino Federico Guillermo II realizó una nueva ampliación añadiendo las alas del lado norte, así como alguna habitación. En este caso se eligió un estilo clásico.

El ala sur fue incorporada a finales del siglo XIX con inspiración en el renacimiento florentino.

Desde 1918 el palacio pertenece a la ciudad. Quedó dañado en el asedio de 1945 y en la década de los 60 se demolió parcialmente. Tras su última renovación, alberga el museo que recoge la historia de la ciudad.

Al lado se encuentra la Iglesia de la Divina Providencia (Kościół Opatrzności Bożej we Wrocławiu), antes conocida como la Iglesia de la Corte por su proximidad al Palacio.

Esta iglesia de estilo barroco tardío fue construida en 1750 y es la sede del obispo de la diócesis luterana de Breslavia.

Y no muy lejos tenemos otro palacio. Siguiendo la calle, y girando a la primera a la izquierda llegamos al Palacio de Justicia (Sąd Okręgowy we Wrocławiu), un edificio construido en ladrillo rojo que fue diseñado como una fortaleza neogótica.

A mediados del XIX se estudió levantar una nueva prisión, pues las existentes se habían quedado pequeñas. Se decidió construir una cárcel con el Tribunal Municipal y las obras se llevaron a cabo entre 1845 y 1852. En el siglo XX fue ampliada dos veces.

En la II Guerra Mundial se quemó y tuvo que ser restaurada. En los años siguientes se dotó de personal y equipo de oficinas y lleva funcionando desde entonces.

Volvimos por la calle Krupnicza, una vía en la que sorprenden varios edificios con porte regia como el polideportivo a la orilla del río que parece un palacio, o la Galería Platón, una galería de arte.

Justo entre ambos sale la calle Pawła Włodkowica, en cuyo número cuatro se encuentra el Palacio de Ballestrem (Pałac Ballestremów).

Este Palacio construido a finales del siglo XIX a petición del presidente del Reichstag, el conde Franz Xaver von Ballestrem, quien pertenecía a una familia rica de Silesia.

Tras la II Guerra Mundial albergó la Oficina de Seguridad y después se dividió en apartamentos. Sin embargo, en las décadas posteriores el edificio quedó en el abandono y se acabó derrumbando. En 2012 un nuevo propietario llevó a cabo la renovación y ampliación del edificio. Ahora los pisos superiores están ocupados por oficinas y bufetes y en la última planta hay una sala de conferencias.

Un poco más adelante, en la acera opuesta, adentrándonos en un patio interior en el que hay un par de locales de ocio llegamos la Sinagoga de la cigüeña blanca (Synagoga Pod Białym Bocianem).

De estilo neoclásico, fue inaugurada en 1829 cuando la ciudad pertenecía a Prusia. Poco se conserva de su interior, ya que fue destruido durante la Noche de los Cristales Rotos. Sin embargo, no fue quemada como otras sinagogas de la ciudad, porque los nazis tenían miedo a que el fuego se extendiera a edificios cercanos no judíos.

Esta ciudad era a la que acudían los judíos conservadores, mientras que los liberales visitaban la Nueva Sinagoga. Al quedar destruida esta última, la de la cigüeña blanca quedó como lugar de culto para todos.

Durante la ocupación nazi se usó como almacén de los bienes expoliados a los judíos y en el patio era donde reunían a aquellos que después mandarían a campos de concentración.

Tras la guerra la sinagoga fue devuelta a la comunidad judía y se reconvirtió como lugar de culto y centro comunitario. Sin embargo, dejó de usarse para ceremonias religiosas en 1968 cuando la mayoría de los judíos abandonaron el país.

A partir de ahí ha tenido diferentes usos. En 1974 se cedió a la universidad y sirvió como biblioteca. Más tarde, en 1989, esta se la traspasó a la Academia Musical. En 1995 pasó a manos privadas y finalmente en volvió a la comunidad judía, quien, tras obras de recuperación, la reabrió en 2010 convertida en museo.

La sinagoga se emplaza en el Barrio de los 4 templos (Dzielnica Czterech Świątyń). En realidad no es un barrio en el sentido administrativo, sino más bien simbólico. El nombre surgió en 1995 y representa la unión de judíos, católicos, ortodoxos y protestantes en una misma zona. En 2005 fue reconocido en la lista de monumentos históricos por su relevancia histórica y cultural.

Se ubica entre las calles Kazimierza Wielkiego, Św. Mikołaja, Pawła Włodkowica y Św. Antoniego y en apenas 300 metros están la iglesia ortodoxa del Nacimiento de Santa Madre de Dios, la católica de San Antonio de Padua, la Sinagoga pod Białym Bocianem y la iglesia evangélica de la Divina Providencia.

Continuamos callejeando hasta nuestra siguiente parada en la ruta y nos encontramos otro patio interior en el que había varios cines que parecían abandonados (o al menos reconvertidos en locales de ocio) y decorado con coloridos graffitis.

Paseando por el barrio llegamos al cruce con la avenida Ruska, que circunvala el centro. En ella se encuentra la estación Rynek, con un diseño modernista acristalado que contrasta con la hilera de casas de colores que tiene al lado.

Muy cerca, en la calle Nicolás, se encuentra el Krasnal Lunatyk, el enanito sonámbulo.

No fue fácil de ver, pues está en una repisa sobre la puerta de un hotel. Hasta ahora los habíamos visto a ras de suelo, así que lo de buscar por encima de nuestras cabezas no entraba en nuestro planteamiento. Pero no cejamos en el empeño por encontrarlo.

Tras este primer paseo en el que habíamos ido bordeando el centro, tocaba meterse de lleno en él.