Balcanes XII. Rumbo a Split

Abandonábamos Zagreb y poníamos rumbo a Split, la principal ciudad de la región de Dalmacia, la capital del condado de Split-Dalmacia y la segunda ciudad con más habitantes del país después de la capital. Asimismo es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático. También es un centro cultural y turístico importante gracias a sus playas y a la ciudad antigua declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

En la época de la Antigua Roma Dalmacia era una de las provincias del Imperio. En Salona, la que fuera su capital, y hoy conocida como Solin, nació en familia humilde un niño que se convertiría años después en el emperador romano Diocleciano. De mayor, este emperador que fue el primero en abdicar (en Maximiliano), se hizo construir un palacio en su tierra natal para retirarse. Al final solo vivió en el tres años, pues se acabó suicidando, pero siguió ocupado durante 300 años por sus sucesores.

La construcción, a pesar de haber nacido con una función residencial, tenía un corte militar y resultaba prácticamente inexpugnable. Así pues, cuando a principios del siglo VI los bárbaros arrasaron Salona, la gente se refugió en su interior convirtiendo el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo en la catedral de la ciudad.

Entre el 812 y 1089 Spalato (el nombre latino de Split) estuvo bajo el dominio del Imperio Bizantino, aunque conservó cierta autonomía.

A comienzos del siglo XII pasó a manos húngaras, pero seguían con ciertas concesiones, pues podían redactar sus propias leyes municipales e incluso acuñar su propia moneda. También respetaron la autonomía los venecianos, quienes llegaron en 1420, aunque quedaban bajo el control de un gobierno municipal dirigido por un príncipe-capitán veneciano. Esta etapa fue la más próspera, gracias en parte a que muchas familias venecianas de la aristocracia se mudaron a la ciudad y esta fue expandiéndose más allá de las murallas.

En 1797 Napoleón disolvió la República de Venecia y Spalato pasó a manos austriacas. En 1809, tras la Batalla de Wagram quedó bajo el dominio francés formando parte del Reino napoleónico de Italia. Más tarde se integraría en las Provincias Ilirias. Poco a poco, con los últimos movimientos, la población italiana fue disminuyendo a medida que aumentaba la croata.

Cuando el Imperio Austrohúngaro desapareció, Dalmacia se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1919 Spalato fue renombrada oficialmente en croata como Split.

Con la invasión de Yugoslavia por parte de los ejércitos del Eje, fue ocupada por Italia en abril del 41 y en mayo pasó a pertenecer a la Gobernación de Dalmacia del Reino de Italia. Fue liberada en septiembre de 1943 por las brigadas de Tito, aunque una semana más tarde quedó ocupada por el Estado Independiente de Croacia, de corte fascista. Fue finalmente recuperada por los partisanos el 26 de octubre de 1944 convirtiéndose en la capital provisional de Croacia hasta el fin de la guerra.

Entre 1945 y 1990, Split fue el centro administrativo de Dalmacia.

Hoy, a unos 400 kilómetros de la capital, es una de las principales ciudades para visitar en el país, no solo por su casco histórico y sus playas, sino porque también sirve como nexo para visitar las islas de Croacia gracias a los ferris que salen de sus puertos. También une Croacia con Italia gracias a la ruta con Ancona. Además del turismo, su economía se basa en la industria naval y en la viticultura.

Nosotros abandonamos Zagreb muy pronto, ya que teníamos el tren a las 7:35 de la mañana. El día anterior en Liubliana ya habíamos hecho compra para desayunar y picotear durante el viaje en previsión de poder aguantar las seis horas que duraría el viaje. Y la verdad es que se me hizo más ameno de lo que pensaba. El tren era bastante moderno y cómodo, además las vistas acompañaban.

Se trata de una ruta panorámica que pasa por zonas menos pobladas del país y atraviesa montañas. Cuando te quieres dar cuenta de repente aparece ante tus ojos la costa y en apenas unos minutos has llegado a Split.

Eso sí, la llegada no es muy glamurosa, puesto que la estación de tren claramente necesita un repaso, y no solo de pintura.

Hacía un calor horroroso y teníamos hambre, por lo que no perdimos mucho tiempo y nos fuimos en busca de nuestro apartamento, que estaba a unos 10 minutos de la estación. Bueno, realmente llamarlo apartamento era mucho, ya que realmente era un local en el bajo de un domicilio que había sido reacondicionado con fin meramente turístico. En un mismo espacio contábamos con dos camas, un sofá cama, un armario, una mesa con tres sillas y una cocina metida con calzador.

El baño sin embargo no estaba mal y tenía unas dimensiones algo más razonables.

Solo íbamos a estar una noche, así que no nos preocupaba mucho, pero la verdad es que para una estancia más larga habría sido claustrofóbico.

Nuestra anfitriona nos explicó dónde estaban las cosas en el pequeño apartamento y después nos mostró en un mapa los puntos más relevantes de la ciudad. Tras despedirnos de ella y de su madre, nos dirigimos a un supermercado para hacer algo de compra. No solo necesitábamos comida, sino que también queríamos dejar zanjado el desayuno y el picoteo del día siguiente, pues teníamos el bus bastante pronto también para Sarajevo. Y bastantes horas en la carretera.

Solucionamos la comida con una ensalada, unos paquetes de pasta fresca y tomate frito. No es que la cocina permitiera mucho movimiento, pero al menos nos daba la posibilidad de comer caliente.

Como habíamos madrugado y hacía demasiado calor para salir a la calle, decidimos echarnos un poco de siesta para reponer fuerzas, y salimos a recorrer la ciudad ya a media tarde.

Balcanes VII. Recorriendo Zagreb IV: Ciudad Alta

Tras comer volvimos a la plaza del mercado y, de camino, nos topamos con la estatua de Petrica Kerempuh, una figura literaria que aparece en varias obras folclóricas.

Se halla en una plaza que lleva su nombre y en donde tiene lugar el mercado de las flores. Cuando llegamos a la plaza de Dolac, ya estaba completamente recogida y desierta. Las características sombrillas rojas ya estaban plegadas. Una pena no haber pasado en pleno bullicio cuando los puestos aún están montados para haber vivido de lleno el trasiego del mayor mercado de la ciudad.

Lleva funcionando desde 1930, cuando el Ayuntamiento decidió crear un mercado de abastos entre la Ciudad Alta y la Baja. La idea llevaba rondando desde principios de siglo, pero se descartó en diversas ocasiones. Para su construcción hubo que demoler varios edificios de la zona.

Al principio era algo local, pues acudían los comerciantes de los pueblos de los alrededores, sin embargo, con el tiempo se ha ido abriendo y hoy ofrece productos de todo el país. Consta de dos plantas y un entrepiso (construido en 1997). Los puestos de la plaza al aire libre se centran sobre todo en frutas y verduras, mientras que a su alrededor hay varias cafeterías, bares, locales comerciales, tiendecitas de recuerdos y artesanía, pastelerías y puestos de flores.

Además de esta plaza, se disponen puestos de productos cárnicos y lácteos en la zona baja. Por otro lado, uno de los laterales está dedicado a la venta de pescado y cuenta con unos mostradores que los vendedores pueden llenar de hielo para exponer su mercancía. Un sistema de refrigeración incorporado cinco años después de la inauguración del mercado. También estaba recogido, pero aunque había llovido, aún olía.

Bajo la plaza, hay otro mercado, el Tržnica Dolac, un mercado de abastos tradicional.

Se encuentra junto a una escalera en cuyo peldaño superior se halla la estatua de Kumica Barica, una escultura realizada en bronce que, representada como una campesina que porta un cesto en su cabeza, simboliza a todos los comerciantes de la plaza.

Cuando bajamos las escaleras no nos dimos cuenta, pero desde abajo se ve cómo hay dibujadas varias manzanas en los peldaños y una señora que parece haberlas recogido.

Claramente está hecho para que se vea desde esa perspectiva, antes de acceder al mercado.
En el altiplano que desciende hacia el antiguo extramuros de Kaptol se halla también la Iglesia de Santa María (Crkva svete Marije), de estilo gótico.

No es una iglesia especialmente llamativa, quizá donde más se dirige la mirada es al mural de la escalera.

Desde el mercado continuamos de nuevo hacia la animada calle Tkalčića, pues nos quedaba tarde por delante y sin embargo prácticamente habíamos hecho todo el recorrido que teníamos planificado. Nos había gustado el ambiente y la estética de la calle y había un tramo que no habíamos recorrido.

En esta parte de la calle destaca en el número 70 el restaurante-pastelería Ivica y Marica (Hansel y Gretel), cuya decoración exterior imita a la casa de la bruja del cuento con el tejado cubierto de chocolatinas.

En un parque, donde confluye la calle Tkalčića con la Kožarska encontramos la estatua de Marija Jurić Zagorka, quien fuera la primera mujer periodista croata. Además, es una de las escritoras más leídas en todo el país.

En el mismo parque además llama la atención un banco con el respaldo rematado con dos corazones, el símbolo de Croacia.

De vuelta, continuamos hasta la plaza principal de la ciudad, la Trg Bana Josipa Jelačića.

Le debe su nombre al Ban Josip Jelačić, el virrey que intentó derrotar al ejército húngaro en el siglo XIX para así conseguir independizarse del imperio. Aunque llevó a las tropas a una desastrosa batalla y no consiguió su propósito, está considerados un héroe nacional por abolir la servidumbre y convocar las primeras elecciones a las Cortes Croatas.

En el centro de la plaza se erige su estatua ecuestre, como no podía ser menos.

Realizada por el escultor austriaco Anton Dominik Fernkorn, fue colocada en 1866 y se mantuvo en su puesto hasta 1947, cuando Tito ordenó su retirada por considerar a Jelačić como “servidor de intereses extranjeros” y renombró la plaza como Plaza de la República. Fue recuperada después en 1990, aunque se ha girado hacia el sur, hacia donde ha seguido creciendo la ciudad, en lugar de hacia Hungría como estaba situada en un principio.

La plaza se construyó en el siglo XVII, cuando las autoridades de la ciudad la eligieron como lugar para celebrar las ferias, aunque por aquel entonces fue bautizada como Harmica según la palabra húngara que significaba “treinta”, pues ese era el importe del impuesto aduanero. Comenzó a cobrar protagonismo en 1830, una época en que las ciudades se abrían a las calles y largas avenidas que confluían en imponentes plazas. De aquella época datan también la mayoría de los edificios, aunque no por ello hay una representación homogénea de estilos.

Desde entonces ha sido el centro neurálgico de la ciudad y sirve de escenario para diversos acontecimientos sociales y en Navidad se llena de abetos, luces y decoración navideña. De ella salen o pasan varías líneas de tranvía, por lo que es muy transitada. El reloj sirve como punto de encuentro para sus lugareños. Algo así como el oso y el madroño en Madrid.

En la parte este de la plaza se descubrió la fuente Manduševac durante las obras de 1987. No destaca especialmente y puede pasarse por alto, pero está vinculada con el origen del nombre de la ciudad que ya comentamos y parece que se localiza sobre el manantial que suministró agua a la ciudad hasta finales del siglo XIX.

Abandonamos la plaza y volvimos a la Catedral Ortodoxa, pues cerca se encuentra Oktogon, un famoso pasaje comercial que conecta la Plaza Petar Preradović con la calle Ilica a través del edificio de la antigua primera Caja de Ahorros de Croacia.

En la fachada del edificio nos sorprendió una placa con un perro. Esta:

Recuerda a Pluto, un perro que, después de acudir un día hambriento a la obra donde se estaba levantando el banco y ser alimentado por los obreros, comenzó a dormir en la zona. Se convirtió en guardián de la construcción ahuyentando a los ladrones.

Cuando las obras estaban terminando fue asesinado, así que los trabajadores decidieron dedicarle un monumento. Hasta hace poco esta placa estaba en el patio interior, pero se decidió trasladar en 2013 a la fachada para que la historia se conozca y todo el mundo pueda verla.

Pero no encontrábamos la entrada al pasaje, pues pasa desapercibido totalmente por el tipo de edificio. Pero es que además estaba lleno de andamios, por lo que no pudimos ver su mayor atracción, la cúpula octogonal que le da nombre. Nos encontramos con un pasaje lúgubre y vacío.

Y como era domingo, todos los comercios cerrados. Uno de estos comercios es una famosa tienda de corbatas Kravata-Croata, otro de los símbolos de Croacia.

El origen de la corbata data de mediados de siglo XVII, cuando miles de soldados de lo que hoy es Croacia fueron a París para apoyar a Luis XIII. Estos llevaban su traje tradicional, que incorporaba al cuello una especie de pañuelo anudado al que llamaban hrvatska. La prenda parece que gustó a los franceses y bajo el nombre de cravate la incorporaron a los atuendos de los funcionarios. Después se extendería su uso y también la vestirían los caballeros de la corte. Poco a poco fue extendiéndose en las clases altas hasta el punto de convertirse en la insignia de la aristocracia en la Revolución Francesa.
En la actualidad, además de corazones, en toda Croacia se pueden comprar corbatas y el día 18 de octubre se celebra su día en muchas ciudades del país.

Tras la visita fracasada continuamos hasta la calle Bogovićeva, en busca de una de las esculturas más populares de la ciudad: el Sol Aterrizado.

Realizado por el artista Ivan Kozaric, se trata de una bola dorada que representa al sol. Dicho así no parece gran cosa, y menos viendo la cantidad de pintadas que tiene, pero la obra es interesante porque inició la creación de todo el sistema solar en Zagreb. Tras el sol, se fueron añadiendo los planetas por toda la ciudad siguiendo una escala de 1:680 000 000. Es decir, quedaría representado todo el sistema según las proporciones reales. Intentamos buscar varios planetas según las coordenadas, pero no los encontramos. No sé si quizá los han retirado debido a actos incívicos (como con el sol) o que fuimos unos negados de la observación.

Con otra desilusión a nuestras espaldas continuamos por la calle paralela, la Teslina ulica, donde nos topamos con una gran escultura de Nikola Tesla, inventor e ingeniero mecánico de origen croata (nació en Smiljan, pero luego se nacionalizó estadounidense tras emigrar a América).

Es todo un referente para los croatas y cada día el de más gente, que diría Matías Prats. Y es que aunque fue muy relevante en el pasado, ha quedado bastante olvidado hasta entrado este siglo. Parte de la culpa la tiene Tesla Motors, que usa su nombre además de una de sus creaciones por la cara porque las patentes han caducado. Aunque también tiene mucho que ver que se han ido descubriendo que muchas ideas no eran tan descabelladas como parecían. Incluso hay quien dice que predijo internet cuando pensaba en una forma de interconectar el mundo por medio de redes.

Descubrió e inventó muchas cosas, pero no siempre se llevó el reconocimiento. Por ejemplo, hasta 1943 no se le reconoció el invento de las transmisiones por radio, algo que se le venía atribuyendo a Marconi. Al parecer, aunque tenía muchas ideas, no siempre conseguía financiar sus inventos porque no se explicaba bien y apenas aportaba planos, pues estaba todo en su cabeza.

La calle Tesla nos conduce al extremo oriental de la herradura, que comienza con el Parque Zrinjevac, un área de recreo que recibe su nombre en honor al virrey croata, Nikola Šubić Zrinski.

En el centro se halla el pabellón de música, que en verano se usa como escenario de conciertos al aire libre, una costumbre arraigada desde el siglo XIX.

Cuenta además con la primera fuente de la ciudad, la Prva Zagrebačka Fontana, colocada tras la instalación de las tuberías en la ciudad en 1878.

Además, en uno de sus extremos se ubica un pilar meteorológico realizado en mármol y que muestra la presión, la temperatura y la hora. En el extremo opuesto pueden verse varios bustos de grandes figuras de la historia de Croacia.

A este parque le sigue otro, el Josip Juraj Strossmayer, donde se erige el edificio de la Academia Croata de las Artes y las Ciencias, fundada en 1866 bajo el nombre de Academia Yugoslava de Ciencias y Artes y con el obispo Josip Juraj Strossmayer como benefactor principal.

Llegados a este punto, si continuábamos la herradura, llegaríamos a la estación y muy cerca teníamos el alojamiento. Por un lado, apenas eran las cinco de la tarde, por lo que era pronto para volver al apartamento; pero por otro al día siguiente tendríamos que madrugar bastante para coger el tren de las 7 de la mañana, con lo que tampoco nos venía mal ducharnos y cenar pronto para dormir al menos ocho horas.

Así pues, tras decidir que era hora de recogerse, estudiamos las opciones que teníamos para cenar y, después de darle varias vueltas, decidimos volver sobre nuestros pasos hasta la plaza de Dolac para comprar en una pekara que habíamos visto. Compramos un croasán enorme relleno de lechuga, jamón york, queso y huevo y una especie de pretzel aunque con otra masa y relleno de queso. Hicimos una parada también para comprar unas cervezas locales (por 10 kunas cada lata) y nos volvimos al apartamento.

Después de reposar un rato, recogimos y dejamos prácticamente cerradas las mochilas. Nos duchamos y cenamos mientras veíamos un programa de la RAI (la tele en croata no nos aportaba mucho) en que hacían un repaso musical al estilo del programa de TVE Viaje al centro de la tele, aunque de peor calidad y menos humor.

Y poco más dio de sí el día. Tocaba descansar para al día siguiente cambiar de país.

Balcanes VI. Recorriendo Zagreb III: Ciudad Alta

Desde la Plaza de San Marcos tomamos la calle Kamenita, que termina en la Puerta de Piedra (Kamenita vrata), la antigua entrada a la ciudad medieval de Gradec. Lamentablemente estaba en obras y tuvimos que verla desde la distancia.

En sí la puerta no es muy espectacular, pero se ha convertido en un lugar de culto y peregrinación (algo así como la Puerta de la Aurora en Vilna) porque en el interior hay una virgen que fue encontrada el 31 de mayo de 1731, un día después de que ocurriera un gran incendio que causó daños a la puerta. Desde entonces es la patrona de la ciudad y se conmemora el 31 de mayo.

Dado que no podíamos atravesarla sin llenarnos de barro hasta las orejas, continuamos por la calle Opatička hasta el Palača Rauch.

La manzana formada desde esta calle hasta la Demetrova (incluyendo Basaričekova y Mletačka) muestra el pasado medieval de la ciudad con casas señoriales, palacios y museos.

Pasado el museo de la ciudad, en la parte superior de la calle Opatija , se encuentra la Torre Popov, lo único que se conserva hoy en día del fuerte de Gracec. El sistema erigido fue construido a mediados del siglo XIII y la torre se incorporó en la primera mitad del XVI para proteger la puerta norte de la ciudad. El nombre coloquial se lo debe a que era propiedad del obispo. A mediados del XVII se convirtió en colegio.

En la primera mitad del siglo XIX se construyó el segundo piso y en 1903 se inauguró un observatorio en la cúpula.

Frente a la torre hay una pequeña plaza en la que hay una pequeña capilla hexagonal amurallada.

Se acercaba la hora de comer, por lo que tomando el callejón Felbingerove nos dirigimos a Kaptol, donde hay varias calles en las que abundan los restaurantes, sobre todo en la Tkalčića y en la Kaptol Ulica.

Fuimos echando un ojo a los menús y la oferta gastronómica. Parecía haber un claro favorito: el Ćevapi, un plato que consiste una especie de salchichas condimentadas acompañadas de cebolla picada y un pan parecido al del kebab llamado somum. En algunas variantes es sustituido por arroz blanco. Al parecer fueron los otomanos quienes introdujeron esta receta en la Península Balcánica tras habérsela copiado a los persas, por lo que no es raro que recuerde a los platos turcos.

Frente al Parque Opatovina encontramos una escultura de bronce de una mujer asomada a una ventana. Es de la artista croata Vera Dajht-Kralj y simboliza a las prostitutas que esperaban a los clientes en sus ventanas muy cerca de donde se encuentra.

Bordeando el parque llegamos al complejo de San Francisco de Asís, que incluye iglesia y monasterio.

La Iglesia de San Francisco (Crkva Svetog Franjo) fue construida en el siglo XIII, aunque parece que con anterioridad los franciscanos ya tenían una residencia en el lugar. Tanto la iglesia como el monasterio se vieron afectados por el terremoto de 1880, por lo que tuvieron que ser restaurados. Se intentó conservar el carácter gótico del edificio, aunque se aprovechó para añadir un nuevo campanario y una capilla.

Seguimos por la calle Kaptol echando un ojo a los restaurantes y opciones hasta llegar a la Catedral de Zagreb, dedicada a la Asunción de la Virgen María, aunque también es conocida como San Esteban, su segundo patrón.

Es otro de los símbolos de la ciudad, junto con la de San Marcos. Construida en el siglo XIII en estilo neogótico, es el templo más importante de Zagreb y el mayor edificio de este estilo en todo el país. Con una superficie de 1617 metros cuadrados puede acoger a más de 5.000 fieles.

La catedral se encontraba protegida por una fortificación medieval que fue ordenada por el obispo Thuz para que quedara protegida de los ataques otomanos. Sin embargo, la torre que había justo frente a la fachada fue demolida en 1906, tras la última restauración de la catedral y hoy se extiende una plaza en la que se erige una columna coronada por una figura dorada de la virgen.

En su base, sobre una fuente están las cuatro esculturas, también doradas, de los cuatro arcángeles.

Sin embargo, sí que se conservan las dos torres de sus flancos. Una junto al Palacio Arzobispal, y la otra en el flanco opuesto junto a los restos de la muralla.

En la muralla podemos ver además el antiguo reloj de la catedral, que marca las 7:03:03, el momento en que se paró el 9 de Noviembre de 1880 cuando un terremoto sacudió la ciudad.

Los temblores dañaron gravemente el templo, por lo que tuvo que ser restaurada. Fue entonces cuando se renovaron los campanarios neogóticos de 105 metros de altura y cuando la catedral adquirió el diseño actual, algo diferente del barroco renacentista original.

Frente al reloj contrastan dos columnas. Tras el terremoto, unos 150 albañiles trabajaron en la reconstrucción de la catedral, algo que se extendió hasta 1901. No obstante, se usó piedra de poca calidad de dos canteras cercanas debido al escaso presupuesto. La columna de la izquierda es una de aquellas “nuevas” y, como se puede ver, con el paso del tiempo, las condiciones atmosféricas fueron erosionando la piedra, que perdió sus detalles. La falta de fondos y el poco interés del comunismo en mantener edificios religiosos hicieron que no se restauraran y fueran deteriorándose más y más.
En 1990 se inició una nueva etapa de restauración en la que se fue sustituyendo cada una de las columnas deterioradas por una nueva como la de la derecha. Desde entonces, la catedral sigue pasando por constantes etapas de renovación, como se puede ver en los andamios, en que la fachada está demasiado limpia y en que faltan algunas figuras.

La catedral alberga un tesoro con importantes objetos históricos que van desde los siglos XI y XIX. Asimismo, acoge las tumbas de diversos héroes y mártires croatas. Las tres principales atracciones dentro de la iglesia son: el altar principal y su relieve plateado de la Sagrada Familia; la tumba de JosipJelačić y la lápida moderna de Alojzije Stepinac.

A mí sin embargo lo que más me llamó la atención fue la pared con un tipo de escritura que no había visto hasta la fecha (es lo que tiene ser filóloga).

Después, durante nuestro viaje, descubriríamos en las tiendas de recuerdos que se trata del alfabeto glagolítico, inventado por San Cirilo y San Metodio en el siglo IX. Estos dos hermanos eran de padre griego y madre búlgara, por lo que parece que se basaron en el alfabeto griego para la creación de este nuevo código que usarían para traducir textos religiosos al idioma de la región de la Gran Moravia. Desde entonces fue usado para el lenguaje litúrgico de la iglesia rusa hasta el siglo XII. En el siglo XIV nació el eslavo eclesiástico, una versión moderna que incluso hoy en día se utiliza en la iglesia ortodoxa rusa.

Y aquí está la pieza que siempre he sabido que me faltaba. Tras haber estudiado griego siempre he visto una clara similitud en algunos caracteres del alfabeto cirílico (su G (г) es claramente una Gamma, la P (п) una Pi, la R (р) una Ro, la F (ф) una Fi y la J (х) una Ji. Incluso se parece la D (д) a la Delta echándole algo de imaginación) y esto es porque claramente uno influyó en el otro. Bueno, realmente los hermanos Cirilio y Metodio, pues su discípulo búlgaro Kliment Ohridski fue quien inventó el alfabeto cirílico en el siglo X basándose en el glagolítico.

Tras salir de la catedral pusimos rumbo a Dolac, el bullicioso mercado de la ciudad que sin embargo estaba ya recogiendo, pues eran casi las dos. De lunes a sábado abre de 6.30 a las 3 de la tarde, pero los domingos cierra a la 1.

Así que, siguiendo las recomendaciones de mi hermano y mi prima, que habían estado hace unos años en la ciudad cuando hicieron el interrail, antes de continuar con la tarde, fuimos en busca de la Trattoria Leonardo, un restaurante en el que se comía bien, abundante y barato. A pesar de que nos sentamos por equivocación el la terraza del restaurante de al lado, no comimos nada mal.

Pedimos, como no podía ser menos, el famoso ćevapi, una ensalada griega y una pizza pequeña(que parece que también es un plato muy popular en la zona)

El servicio fue algo lento, lo cual nos permitió hacer una búsqueda de alojamiento para la noche del lunes al martes. Teníamos la duda de si elegir apartamento u hotel por la cuestión del equipaje. Y es que dado que íbamos a pasar el día a Liubliana, necesitábamos dejar el apartamento actual libre, pero a la vez no podríamos hacer la entrada en otro tan pronto (el tren era a las 7 de la mañana). Así pues, en ese sentido quizá buscar un hotel era la mejor alternativa ya que, aunque no tienes la habitación, sí que te guardan las pertenencias (como hicimos en Gdańsk). No obstante, al tratarse de una reserva de última hora los precios se disparaban. Por el contrario, los apartamentos costaban más o menos lo mismo que unos meses antes, así que la solución que encontramos fue dejar las mochilas en las taquillas de la estación de Zagreb y recogerlas a la vuelta.

Volviendo a la comida, las raciones estaban bien de tamaño, estaba rico y fue barato. Eso sí, el cévapi no me pareció para tanto. Estaba bien de sabor, sí, pero si lo valoramos como originalidad gastronómica, no deja de ser un rollo de carne sazonado. Pero bueno, quizá es cosa mía que no soy muy carnívora.

Y con esto concluimos la mañana de nuestro primer día.

Balcanes V. Recorriendo Zagreb II: De la Ciudad Baja a la Ciudad Alta

Dejando atrás la herradura, continuamos por la calle Masarykova, donde enseguida nos topamos con la Casa Museo de Viktor Kovačić, el apartamento en que residió el famoso arquitecto croata. Fue su mujer quien decidió dejarlo intacto a la muerte de este para acercar a generaciones futuras al trabajo de su marido y al estilo de vida de aquella época. Pertenece al Museo de la ciudad desde 1980 y fue abierta al público en 1994.

El edificio fue diseñado en 1906 para Antun Orsic y Regina Divkovic y Kovačić, en lugar de recibir compensación económica por su trabajo, a cambio pudo construirse un apartamento en la buhardilla.

Seguimos hacia el centro, donde en la calle Varšavska, aunque buscábamos otra escultura, nos encontramos con una estatua en honor al poeta Tin Ujević, representado como un transeúnte más, con su abrigo y sombrero.

En la plaza anexa, la Petar Preradovic, se erige la Catedral Ortodoxa de Zagreb (también conocida como Catedral de la Transfiguración del Señor), construida entre 1865 y 1866 según los diseños del arquitecto Franjo Klein.

Donde se erige hoy la Catedral ya había una iglesia católica dedicada a Santa Margarita allá por el siglo XIV. Sin embargo, al ser de madera, no sobrevivió a un incendio.

En su fachada, bastante austera, destacan dos imágenes que recuerdan que es de estilo ortodoxo.

La plaza en la que se encuentra recibe el nombre de un general y poeta croata, aunque también es conocida como la plaza de las flores pues es en ella donde se montan numerosos puestos. Nosotros no encontramos ningún mercado de flores, sino que con la lluvia la gente se resguardaba bajo los toldos de las terrazas de los restaurantes.

Giramos a la izquierda por la calle Ilica, una de las calles más largas de la ciudad con unos seis kilómetros de longitud. Es la calle más comercial de Zagreb, y en ella se encuentran las más populares firmas de ropa, también algunas de las más exclusivas.

No obstante, a nosotros no nos interesaban mucho las compras, sino llegar hasta el cruce con la calle Mesnička, donde se encuentra la estatua de Andrija Kačić, un monje franciscano croata que además fue poeta.

Esta calle nos conduce hasta el inicio de los túneles. Y es que bajo Zagreb hay una red de túneles secretos que se cree que incluso llegan hasta las montañas de Medvednica a unos 40 km de la ciudad o que conectan con el palacio del Parlamento en la Plaza de San Marcos. El único tramo que no es secreto es túnel de Grić.

Fue construido en 1943, durante la II Guerra Mundial, con la finalidad de ser usado como refugio antiaéreo. Tras la guerra sufrió daños ocasionados por filtraciones de agua, así que en 1947 fue asegurado. Dos años más tarde comenzó a ser empleado como almacén por una empresa dedicada a la alimentación. Sin embargo, con el tiempo acabó sirviendo como refugio para gente sin hogar y drogadictos.

En 1993 sirvió para la celebración de la Under City Rave, una de las primeras raves en Croacia, con DJs de Alemania y del Reino Unido. A la vez, durante los años de la Guerra de la Independencia de Croacia volvió a servir como refugio antiaéreo.

Fue remodelado en 2016 y se abrió al público como atracción turística. Aún se conservan algunas señalizaciones originales, aunque la restauración ha sido parcial y no se leen completamente.

Abre de 9 de la mañana a 9 de la noche y su acceso es gratuito. No es para nada lúgubre ni da claustrofobia, eso sí, si quieres ubicarte, más te vale seguir las señales o la orientación, porque el GPS pierde cobertura.

Consta de una sala central desde la que salen pasillos que conectan la calle Mesnička en el oeste y la calle Stjepan Radić al este, además de cuatro pasajes hacia el sur. Nosotros accedimos por Strossmayerovo šetalište y salimos por la calle Ilica 8, a un patio trasero en el que había un curioso bar, el Caffe Bar Vespa.

Además de tener una vespa en lo alto del tejado, nos llamó la atención por sus vaqueros colocados a lo largo de su terraza (también en la vespa) a modo de medio cuerpo.

Imagino que es uno de esos locales hipsters tan de moda…

Salimos a la Radićeva ulica, una calle empedrada con casas coloridas de un par de plantas que me recordó al barrio de Praga en que nos alojamos. Eso sí, estaba algo más tranquila. Imagino que en parte por la lluvia intermitente y en parte porque era media mañana y muchos de los locales en sus bajos eran restaurantes. Destaca la popular Krabata Zagreb, la marca más antigua de venta de corbatas.

No obstante, esta calle nos desviaba de nuestro propósito, por lo que nos metimos por Zakmardijeve stube, un curioso callejón que parecía tener una alfombra en todo su recorrido. Una pena que las firmas de las paredes le quitaran algo de encanto.

Al otro lado encontramos unas escaleras que nos condujeron a una terraza que permite obtener una buena panorámica de la ciudad. Por suerte las nubes parecían haber descargado (o estar por Liubliana) y lo único que impedía las vistas eran los frondosos árboles.

Parece que no es solo un lugar desde donde contemplar Zagreb, sino que también es el elegido para que los enamorados declaren su amor. O al menos eso piensan los amigos de los candados. Al menos esta vez no se trata de un puente…

Bajo esta terraza hay otra en la que encontramos un par de enormes murales, uno de ellos dedicado a Tesla.

Volviendo al piso superior nos encontramos con el lateral de la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría (Sveta Katarina Aleksandrijska),  una austera iglesia construida de 1620 a 1632 por los jesuitas que cuenta con una nave, seis capillas laterales y santuario.

Su fachada da a la plaza Katarinin Trg, flanqueada por una galería de arte, el Palača Dverce y el Museo de las Relaciones Rotas.

El Museo de las Relaciones Rotas es uno de los más curiosos que me he encontrado en mi vida. En 2003 Olinka Vištica (productora de cine) y Dražen Grubisic (escultor) terminaron su relación y crearon una colección de objetos personales a la que fueron añadiendo de sus amigos. Tres años más tarde montaron una exposición en Zagreb.

Tuvo tanto éxito que entre 2006 y 2010 la llevaron a recorrer mundo (Argentina, Bosnia y Herzegovina, Alemania, Macedonia, Filipinas, Serbia, Singapur, Eslovenia, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos), donde fue aumentando de forma espontánea gracias a las donaciones anónimas. Tras esta gira volvieron a casa y alquilaron el palacio barroco de Kulmer de 300 metros cuadrados donde se encuentra hoy en día. Aún así, cuenta con una exposición itinerante que sigue viajando internacionalmente y recogiendo nuevas aportaciones.

Parece que es uno de los museos más visitados de la ciudad (también es verdad que abre todos los días de la semana) y sigue llamando la atención por su peculiaridad. La contrapartida es que esta fama hace que no dejen de recibir nuevos objetos, por lo que cada vez cuentan con menos espacio. Pero han encontrado una interesante solución: crear una sala virtual que se puede ver online.

Aunque reconozco su originalidad, no nos llamaba especialmente la atención ver memorabilia de gente desconocida, por lo que continuamos nuestro camino hasta la Torre de Lotrščak, la que fuera en su día la torre principal del sistema defensivo de la ciudad.

Construida en el siglo XIII, según algunos dibujos antiguos, parece que tenía dos plantas y un tejado a cuatro aguas. Se entraba por el norte y contaba con una escalera exterior que conducía al piso superior. Cuando a finales del siglo XVI la amenaza turca disminuyó, la torre perdió la función defensiva y con el paso de los siglos se llevaron a cabo cambios que modificaron su aspecto.

Recibe el nombre por su campana interior, la campana latrunculorum (campana de los ladrones en latín), que en la Edad Media sonaba cada noche antes de que se cerraran las puertas de la ciudad. En 1857 se añadieron dos plantas más y se modificó la comunicación interior entre los diferentes pisos. Además, se colocó un cañón en la parte superior que desde 1877 marca el mediodía. Nosotros, sin habérnoslo propuesto, llegamos justo a tiempo de vivirlo en persona.

Esperábamos algo así como el del castillo de Edimburgo, sin embargo, nos llevamos un buen susto (de ahí el movimiento de la cámara), pues el volumen de sonido del cañón de Grič es de 130 dB.

Desde la terraza junto a la torre tenemos también otra perspectiva de los tejados de la ciudad.

Con la sorpresa en el cuerpo volvimos sobre nuestros pies de nuevo hasta el Museo de las Relaciones Rotas, donde tomamos la calle Ćirilometodska, donde se encuentra la Concatedral de San Cirilio y San Metodio (Sveti Ćiril i Metod).

Construida en 1886, se ubica en el lugar en que antes se encontraba la Iglesia de San Basilio, a la que acudían los griegos católicos. A cada lado del rosetón tiene las imágenes de los dos santos que le dan nombre.

Está pared con pared con el en el palacio de Raffay, que data del siglo XVIII y en el que se ubica el Museo Croata de Arte Naif.

A estas alturas de la calle ya casi alcanzamos a ver por completo la Iglesia de San Marcos (Crkva Svetog Marka), sin duda, uno de los símbolos de la ciudad.

Se erige en el centro de la Plaza San Marcos y destaca por su colorido tejado en el que se representan los escudos medievales del Reino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia a la izquierda y el de la Zagreb a la derecha. No obstante, estas tejas vidriadas son un añadido de la restauración neogótica llevada a cabo entre 1876 y 1882, no estaba en la construcción original en el siglo XIII.

De hecho, de su construcción románica solo quedan las tres naves, puesto que las bóvedas y el santuario se incorporaron en la segunda mitad del siglo XIV, cuando también se añadió el portal gótico de 15 estatuas.

El interior fue reconstruido entre 1936 y 1938 por el escultor Ivan Meštrović y el pintor Jozo Kljaković, quien pintó unos frescos que representan escenas del Antiguo y del Viejo Testamento.

La iglesia se encuentra flanqueada por dos edificios gubernamentales: el Banski dvori y el sabor.

El Banski dvori fue desde 1809 hasta 1918 la residencia oficial de los virreyes croatas, más tarde, durante la II Guerra Mundial y el Estado Independiente de Croacia sirvió como la oficina de Poglavnik Ante Pavelić, por lo que fue conocido como Corte de Poglavnik. Entre 1945 y 1991 fue la residencia oficial de la Presidencia de la República Socialista de Croacia, sin embargo, unos bombardeos el 7 de octubre de 1991 que pretendían atentar contra la vida del presidente croata Franjo Tuđman hicieron que la residencia presidencial se trasladara al palacio presidencial, antes conocido como Villa Zagorje. En 1995 fue reconstruido para borrar los restos de los ataques. Entre 2001 y 2002 se realizaron trabajos en los patios y en 2008 se restauró toda la fachada, dos salas de reuniones y el vestíbulo entre otras reparaciones. En 2017 se cambiaron los suelos, los sistemas de ventilación y se renovaron los sistemas de iluminación, instalaciones y grabaciones de TV, traducción de sonido y simultánea, sistemas de información para adecuarse al siglo XXI.

El Sabor, en el otro extremo de la plaza, es el Parlamento de Croacia, construido en 1908 en estilo neoclásico.

Es la única cámara del país. desde 2001 y está compuesto por 151 miembros que se renuevan cada cuatro años (140 elegidos en circunscripciones con varios escaños, 8 de las minorías y 3 de la diáspora croata).

En la parte posterior de la iglesia se halla el Tribunal Constitucional.

Estábamos justo en el meollo de la Ciudad Alta. Ahora nos tocaba callejear y perdernos por las calles empedradas llenas de palacios y museos.

Balcanes IV. Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

Balcanes III. Aproximación a Croacia

Después del repaso por la antigua Yugoslavia, vamos a aproximarnos al primer país de nuestro viaje: Croacia. La Republika Hrvatska limita al noreste con Hungría, al este con Serbia, al sureste con Bosnia y Herzegovina y Montenegro, al noroeste con Eslovenia y al suroeste con el mar Adriático (donde comparte una frontera marítima con Italia). Tiene unos 57.000 km² divididos en veinte condados y la ciudad de Zagreb, su capital y ciudad más poblada.

El nombre de Croacia proviene del latín medieval Croatia, de Dux Croatorum (‘duque de los croatas’). Lo que no queda claro es su origen, aunque se cree que deriva de un término gótico o indoario que se usaba para referirse a los pueblos eslavos.

Los primeros habitantes de los que se tiene constancia fueron los neandertales de la época paleolítica. Mucho más tarde se establecieron en el territorio que hoy comprende Eslovenia, Croacia, Serbia, Kosovo, Montenegro y Albania los liburnianos y los ilirianos. Estos últimos lidiaron en la costa adriática con los griegos, quienes establecieron sus colonias en las islas de Korcula, Hvar y Vis. Por el norte presionaban a su vez los celtas.

En el año 9 d. C. Croacia quedó bajo el dominio del Imperio Romano como parte de la provincia de Dalmacia. Estos nuevos pueblos se organizadon en dos principados: Panonia (la actual Eslovenia, norte de Croacia y Bosnia, y partes de Austria, Eslovaquia, Hungría y Serbia) y Dalmacia (el resto de la actual Croacia y Bosnia, Montenegro, y partes de Albania y Serbia).

Durante esta época las ciudades se desarrollaron al modo romano con sus templos, anfiteatros, termas… y por supuesto calzadas romanas. Se construyeron hasta los mares Egeo y Negro y el río Danubio, lo que facilitó el comercio, la expansión de su cultura y el cristianismo. Teodosio fue el último emperador romano que gobernó el imperio unido, cuando murió en el 395 se dividió en dos (atravesando Montenegro a la mitad). La mitad oriental se convirtió en el Imperio Bizantino y perduró hasta 1435. Por contra, la occidental desapareció en el 476 con las invasiones de los visigodos, hunos y lombardos. Los godos ocuparon Dalmacia hasta el 535, cuando fueron expulsados por el emperador bizantino Justiniano.

En el siglo VII llegaron los ávaros, un pueblo nómada centroasiático conocido por su brutalidad. Sin embargo, fueron aniquilados en el Imperio Bizantino cuando incursionaron hacia Constantinopla gracias a la ayuda de dos tribus eslavas (los croatas y los serbios). Para el siglo VIII los croatas se habían instalado en la zona que hoy ocuparían Croacia y Bosnia. En ese momento el Ducado de Croacia comprendía casi toda la actual Dalmacia, partes de Montenegro y Bosnia occidental, mientras que el de Panonia incluía la actual Eslavonia, Zagorje y los alrededores de Zagreb. Ciudades costeras como Zadar, Split y Dubrovnik, además de las islas de Hvar y Krk pertenecían al Imperio Bizantino.

Los francos comenzaron a invadir poco a poco Europa Central desde el oeste y aunque tras la muerte de Carlomagno los croatas panonios intentaron revelarse, no lo consiguieron, pues no contaban con la ayuda de los dálmatas.

Tomislav fue el primer gobernante de Croacia que usó el título de rey de Croacia en una carta al Papa Juan X en 925. Unió por primera vez ambas ramas bajo un mismo reino que fue expandiéndose derrotando a húngaros y búlgaros.

Aunque los húngaros consiguieron el trono en 1102 al imponer el Pacta Conventa, que estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por la monarquía húngara. En los cuatro siglos posteriores el Reino de Croacia estuvo gobernado por el Parlamento (Sabor) y un Virrey (Ban) elegido por el rey húngaro. Durante este período hubo una lucha constante por el control de las costas del Adriático contra los avances del Imperio Otomano y la República de Venecia.

En 1428 los venecianos se hicieron con la mayor parte de Dalmacia, aunque la Ciudad-Estado de Dubrovnik consiguió mantenerse independiente. Por su parte los turcos conquistaron Krbava en 1493 y Mohács en 1526. Un año más tarde, tras la muerte del rey Luis II el parlamento eligió a Fernando I de Habsburgo como su sucesor con la condición de que mantuviera lejos a los turcos.

En 1538, tras las múltiples victorias otomanas, Croacia quedó dividida en una zona militar (controlada por el emperador austriaco) y otra civil. Por fin la primera derrota turca llegó en 1593 en la batalla de Sisak, lo que supuso una cierta estabilización de las fronteras. Poco más tarde, entre 1667–1698, tuvo lugar la Gran Guerra Turca, en la que los croatas recuperaron Eslavonia y los turcos comenzaron a retirarse del centro de Europa. Sin embargo, Bosnia continuó en el Imperio Otomano. Como consecuencia de la contienda bélica y de los movimientos fronterizos muchos croatas emigraron a Austria. Para compensar este flujo migratorio los Habsburgo reclutaron a los cristianos ortodoxos de Bosnia y Serbia para servir al ejército en la Frontera Militar.

Entre 1797 y 1809 el Primer Imperio francés fue ocupando la costa este del Adriático y terminando con las repúblicas de Venecia y Ragusa. Nacieron así las Provincias Ilirias. Napoleón encargó recuperar el territorio abandonado reforestando colinas, construyendo carreteras y hospitales así como escuelas primarias y secundarias y la universidad en Zadar.

Sin embargo, en 1815, tras la caída del imperio napoleónico y gracias al Congreso de Viena, Dalmacia fue anexionada por Austria y el resto de Croacia a la provincia húngara. Los croatas no quedaron muy contentos con este cambio, pues, aunque tradicionalmente los dálmatas de clase alta hablaban italiano y la nobleza del norte de Croacia alemán o húngaro; con la llegada de Napoleón y la educación implantada, había nacido en el sur un movimiento ilirio con una conciencia eslava que pretendía recuperar la lengua croata.

Durante la Revolución Húngara de 1848, el virrey Josip Jelačić ayudó a derrotar a las fuerzas húngaras, a lo que seguiría un proceso de germanización.​ Sin embargo, pronto esta política se vio que no funcionaba y en 1867 se celebró el Compromiso austrohúngaro por el que Croacia quedaba en manos de Hungría. Quedaban así unificados los reinos de Croacia y Eslavonia. Dalmacia por el contrario quedó bajo dominio austriaco. Cualquier intento de autogobierno en Croacia murió con este reparto.

No murió sin embargo el movimiento ilirio, ahora convertido en Partido Nacional y con aspiraciones a crear una entidad yugoslava que uniera a serbios y croatas). También apareció el Partido de los Derechos (liderado por el antiserbio Ante Starčević), que buscaba una una Croacia independiente integrada por Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Eslovenia, Istria y parte de Bosnia y Herzegovina. Como reacción se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente. Aún así, el espíritu de unidad creció y en 1905 los croatas de Rijeka y los serbios de Zadar se unieron para exigir la unificación de Dalmacia y Eslavonia.

Austría-Hungría pretendía conformar una federación en la que Croacia fuera una unidad federal, sin embargo, estalló la I Guerra Mundial y cayó el Imperio Austrohúngaro. El 29 de octubre de 1918 el parlamento declaró la independencia y como ya hemos visto en la entrada previa, Croacia se incorporó al recién formado Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, que a su vez se uniría en diciembre con Reino de Serbia formando así el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos con sede en Belgrado. La cosa no cambió mucho con respecto a la etapa anterior, ya que los croatas apenas contaban con autonomía. Y menos aún con la constitución de 1921 que abolió el Parlamento croata y centralizó el poder en Belgrado. El croata Stjepan Radić, que creía en una Yugoslavia federal, capitaneó la oposición y en vista de que era una seria amenaza contra el régimen acabó siendo asesinado en 1928 en la Asamblea Nacional.

El rey Alejandro I aprovechando el momento de caos y el miedo de la población a una guerra civil acabó imponiendo una dictadura monárquica. Abolió los partidos políticos y el Parlamento. Al día siguiente de esta proclamación el bosnio croata Ante Pavelić fundó en Zagreb el Movimiento de Liberación Croata de la Ustacha con el objetivo de conseguir la independencia. Contactó con revolucionarios macedonios antiserbios en Bulgaria y luego marchó a Italia donde gracias a Mussolini creó campos de entrenamiento. En 1934 asesinaron al rey en Marsella.

Pero no todo el mundo comulgaba con estas políticas y también hubo un importante movimiento antifascista: el de los partisanos de Liberación Nacional dirigidos por Josip Broz “Tito”, que obtuvo un amplio apoyo popular a su manifiesto por la Yugoslavia Federal.

En 1941 Alemania e Italia ocuparon Yugoslavia y algunas partes de Croacia se incorporaron al Estado Independiente de Croacia (NDH), que no era más que un estado títere de los nazis con miembros exiliados de la Ustacha en el poder. Pronto los ultranacionalistas introdujeron leyes antisemitas y de limpieza étnica. Se cargaron a judíos (se estima que de 39.000 solo sobrevivieron 9.000), a unos 537.000 serbios (aunque los datos son inciertos) y a gitanos. También unos 200.000 croatas fueron asesinados durante el conflicto.

En junio de 1941 se fundó el Primer Partido Separatista Sisak y nació una resistencia comunista multi-étnica y anti-fascista liderada por Tito. Los aliados, que se dieron cuenta de que los partisanos eran los verdaderos antinazis, los apoyaron logísticamente y en equipamiento, entrenamiento, asistencia de tropas y fuerzas aéreas. Así, el 20 de octubre de 1944, entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo y en 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y la Ustacha huyeron y los partisanos tomaron Zagreb. Para mayo de 1945 se habían hecho con el control de Yugoslavia y de las regiones cercanas de Trieste y Carintia. Tras la II Guerra Mundial Croacia se convirtió en una unidad federal socialista perteneciente a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

En 1967 varios autores y lingüistas croatas demandaron una mayor autonomía del idioma. Poco después surgió un movimiento que reclamaba más derechos civiles y la descentralización de la economía. Estas peticiones fueron el germen de la Primavera Croata de 1971. Y aunque las protestas fueron reprimidas por el gobierno, en la constitución yugoslava de 1974 se acabó incrementando la autonomía de las unidades federales.

Con la muerte de Tito en 1980 ya vimos en la entrada sobre Yugoslavia que el poder del Estado comenzó a inclinarse hacia Serbia mientras el resto de repúblicas miraban con desconfianza planteándose la disolución. Eslovenia fue la primera en plantarse ante Milošević y moverse hacia la independencia. Croacia miraba de reojo, pues si Eslovenia se independizaba le iba a ser insostenible quedarse en una Yugoslavia totalmente descompensada hacia el lado serbio.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas y ganó Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata. A finales del mismo año una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia (unos 600.000), que pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional. La nueva Carta Magna no garantizaba los derechos de las minorías, lo que provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Seguían las tensiones.

Tras el referéndum de mayo de 1991 en el que ganó por aplastante mayoría el sí, se proclamó la República el 25 de junio. Ante esto, los serbios declararon la autonomía de territorios para conformar la República Serbia de Krajina. Varios violentos enfrentamientos acabaron desembocando en una guerra que duró 6 meses y en la que murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos. El 3 de enero tuvo lugar el alto el fuego gracias a la intervención de la ONU. Las tropas se retiraron y disminuyeron las tensiones. La Unión Europea reconoció a Croacia como país y poco después lo hizo la ONU.

Los serbios de Krajina no querían ser croatas, sino que votaron a favor de unirse a la Gran Serbia, que incluía partes de Bosnia y Croacia controladas por los serbios. Ante este avance los croatas y los musulmanes bosnios se unieron, pero acabaron enfrentándose entre ellos y los primeros derribaron el antiguo puente de Mostar. El conflicto acabó en 1994 con la creación de la Federación croata-musulmana.

Paralelamente el Gobierno de Croacia se hizo con armas y en mayo de 1995 el Ejército y la policía conquistaron la ocupada Eslavonia occidental. Los serbios de Krajina respondieron bombardeando Zagreb. Sin embargo, sin el apoyo de Belgrado tuvieron que retroceder y el ejército serbio acabó huyendo al norte de Bosnia. Finalmente en 1995 se dio por concluida la guerra firmando el Convenio de Erdut donde Croacia recuperó sus territorios ocupados. Recuperó así la Eslavonia oriental.

En 1999 murió Franjo Tuđman y un año más tarde se celebraron unas elecciones en las que Stjepan Mesić se convirtió en el presidente del país. Hasta el momento la constitución contemplaba un sistema bicameral, pero en 2001 se cambió por uno unicameral aboliendo la Cámara de los Condados.

En 2013 Croacia se convirtió en el 28º país en ingresar en la Unión Europea, para lo que tuvo que resolver las disputas fronterizas que mantenía con Eslovenia. Sin embargo, de momento no ha entrado en el Euro y sigue manteniendo la Kuna.

En febrero del 2015, Kolinda Grabar-Kitarović, del partido ultraconservador Unión Democrática Croata, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de Croacia.

De las antiguas repúblicas que formaban Yugoslavia, Croacia es probablemente la que más se ha abierto al turismo y se encuentra dentro de los veinte destinos turísticos más visitados del mundo. Sobre todo la industria turística se centra en sus 1.779 kilómetros de costa y 1.244 islas, aunque también el interior recibe visitantes que buscan destinos de montaña, agroturismo (cuenta con ocho Parques Nacionales y diez Parques Naturales) y balnearios. Este crecimiento quizá se debe a la rápida mejora de sus infraestructuras llevada a cabo entre finales de los 90 y principios de los años 2000. Por ejemplo, se mejoraron las carreteras consiguiendo que Zagreb quedara conectada con casi todas las regiones y más allá, traspasando las fronteras a otras capitales europeas próximas como Liubliana, Belgrado, Sarajevo o Budapest. Asimismo cuenta con una importante red de ferrocarriles que cubre casi 3000 kilómetros y seis aeropuertos internacionales (Zagreb, Zadar, Split, Dubrovnik, Rijeka, Osijek y Pula).

Obviamente los puertos tienen gran relevancia, pues un país con una gran línea costera. El de carga más importante es el de Rijeka y los más transitados son los de Split y Zadar. Cuenta además con varios menores desde los que salen trasbordadores que unen la costa con las numerosas islas del país así como con Italia. A nivel fluvial, cabe destacar el de Vukovar, a orillas del Danubio.

Como consecuencia de su ubicación geográfica, Croacia aúna cuatro culturas diferentes. Por una parte sirve de eje entre la cultura occidental y oriental ya que osciló entre Imperio Romano e Imperio Bizantino. Por otra entre la cultura centroeuropea y la mediterránea.

El momento álgido de su cultura nacional fue la época iliria, cuando hubo un gran desarrollo de las artes y la cultura. Además supuso la emancipación del idioma croata, una lengua eslava meridional. Entre 1961 y 1991 el idioma oficial fue el serbocroata (también llamado como croataserbio). En aquel momento la serbia y la croata no eran consideraban como dos lenguas diferentes a pesar de que usaban alfabetos distintos (el croata usa el latino mientras que el serbio el cirílico serbio). En la actualidad se intenta mantener el idioma limpio de extranjerismos y se han adaptado para que parecieran eslavas palabras ya incorporadas a su vocabulario de origen austriaco, húngaro, italiano y turco.

La mayor parte de la población del país es croata (casi un 90%), del mismo modo, el catolicismo es la religión mayoritaria. Y es que la afiliación religiosa en Croacia va relacionada con la procedencia étnica, de forma que por ejemplo la mayor parte de los cristianos ortodoxos son de origen serbio y viven en las ciudades cercanas a la frontera con Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Según la constitución se trata de un estado laico donde hay libertad de culto y libertad de profesar de forma pública la convicción religiosa de cada uno.

A efectos reales, la iglesia y los grupos conservadores cuentan con una importante influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Queda especialmente patente en el debate sobre el derecho al aborto que, aunque es legal desde mediados de 1946 (cuando aún era Yugoslavia), desde 2003 la ley permite ejercer su derecho de objeción de conciencia a los médicos. Se estima que un 70% del personal médico se declara objetor de conciencia, algo que ya en 2014 provocó que en cinco hospitales públicos no se realizasen interrupciones voluntarias del embarazo. En aquel momento el partido socialista introdujo una medida por la que en tal caso se contratase a profesionales externos para garantizar la intervención. Sin embargo, esta medida fue eliminada al llegar el partido deGrabar-Kitarović al gobierno.

La Iglesia también intervino recientemente para exigir que el país no ratificara el Convenio de Estambul, pues se resisten a reconocer los derechos de las personas trans y el matrimonio igualitario. Las uniones civiles entre personas del mismo sexo fueron aprobadas en 2003, pero no estaban equiparadas a las heterosexuales, ya que no podían adoptar ni tenían derecho en relación a impuestos, propiedades, seguros médicos o pensiones. Hubo que esperar hasta 2014 cuando, gracias a 89 votos a favor y 16 en contra, se aprobó la nueva ley por la que los homosexuales consiguieron los derechos a heredar y pensionarse entre sí, así como los beneficios fiscales y de atención médica que ya tenían las parejas heterosexuales. Eso sí, sigue sin contemplar la adopción y no queda recogido como matrimonio sino como unión civil, ya que la Iglesia Católica de Croacia emprendió una campaña de recogida de firmas y un posterior referéndum que, a pesar de contar con una participación inferior al 40%, fue vinculante.

Religión y política aparte, hay muchos motivos para visitar Croacia, ya sea para conocer su historia, sus playas o su naturaleza. Ya habíamos pisado suelo croata en 2008 cuando visitamos Dubrovnik como escala del crucero por el Mediterráneo, así que esta vez descartamos la ciudad amurallada y decidimos comenzar por Zagreb, la ciudad más poblada de Croacia.

Balcanes I. Día 1: Vuelo y llegada a Zagreb

Los tres meses que transcurrieron entre nuestro Road Trip y el viaje a los Balcanes se hicieron duros, pero finalmente llegó el día del comienzo de nuestras vacaciones. Nuestro vuelo estaba programado para las 16:30, así que salimos de casa a las 2 de la tarde pues teníamos que facturar.

Esta vez íbamos a ser 3 (pues se venía con nosotros mi prima) y habíamos concentrado nuestro equipaje de forma que prácticamente el 85% quedara recogido en la mochila de 50 litros. Además, cada uno llevaríamos una mochila de mano: una de 25l con la ropa restante, otra de 30l en la que llevamos la electrónica (cargadores, baterías, cámara, cables…) y una tercera de estilo escolar con la documentación (billetes, reservas, información sobre el destino), una botella de agua y comida.

Tras facturar la mochila nos dirigimos al control y buscamos nuestra puerta de embarque. Y para hacer tiempo, nos sentamos tranquilamente a comernos nuestros bocadillos de tortilla francesa. En teoría teníamos una hora por delante de espera, pero acabó convirtiéndose en hora y media, porque el vuelo se retrasó y no salimos hasta las 16:50. Así, también tardamos algo más de lo previsto en llegar y, aunque recuperó en el trayecto, pisamos suelo croata a las 19:30. Después tuvimos que pasar por el control de pasaportes, lo que nos entretuvo fácilmente otra media hora.

Eso sí, cuando llegamos a la cinta para recoger el equipaje, nuestra mochila estaba ya allí dando vueltas, con lo que fue cogerla y buscar la salida.

Para llegar al alojamiento teníamos que coger un autobús, pero no llevábamos kunas, así que lo primero que hicimos fue buscar un cajero para sacar efectivo. La Revolut funcionó a la perfección en el cajero croata.

Tras un breve paso por la oficina de información para confirmar los datos del bus y hacernos con un mapa, nos fuimos directos a la dársena, pues el bus estaba ya con las puertas abiertas. El trayecto al centro de la ciudad nos costó 30 kunas por persona.

Al final, entre unas cosas y otras nos habían dado las 9 de la noche y teníamos que contactar con la anfitriona de nuestro alojamiento para hacerla saber que, aunque íbamos con retraso por el vuelo, estábamos al llegar. Nos costó contactar y encontrarnos por un malentendido con el número de portal, pero finalmente lo conseguimos. Después de enseñarnos el piso, comentarnos algunos detalles (como que cerráramos las ventanas si llovía porque entraría el agua dentro) y tomar nuestros datos para el registro, nos dejó solos.

El piso era bastante amplio, con un salón conectado a la cocina (parece que habían tirado una parte de la pared que los separaba), un baño y dos habitaciones. Era algo viejo, pero se veía que habían hecho algo de reforma y reacondicionamiento.

Pero tampoco nos entretuvimos mucho, pues era tarde y además de querer pasarnos por la estación para intentar sacar los billetes a Liubliana había que buscar cena.

Dadas las horas, las taquillas de la estación no estaban abiertas y el billete, al ser internacional, no se podía sacar en máquina, por lo que solo nos quedaba encontrar algo de comer. Siendo sábado por la noche solo había abiertos locales de comida rápida tipo kebab o pizzerías, así que acabamos en uno que además tenía una especie de bocadillos con pan parecido al de pita y tras comprar uno para cada uno y algo de beber (87 kunas), volvimos al apartamento.

Mientras cenamos nos replanteamos nuestros planes. Nos dimos cuenta de que habíamos cogido el apartamento para un día menos de lo que pensábamos estar en la ciudad  (cosas que pasan a veces), por lo que tuvimos que buscar otras opciones de alojamiento. Sin embargo, dado que vimos que había bastantes apartamentos disponibles en diferentes webs, lo pospusimos para el día siguiente para hablar con nuestra anfitriona y ver si podíamos alargar un día más en su casa. Si no, pues al menos sabíamos que tendríamos dónde elegir.

Otro tema a tratar fue la excursión a Liubliana, que teníamos pensada hacer el domingo (al día siguiente). No obstante, nos encontrábamos con dos problemas. Por un lado la previsión meteorológica amenazaba con un diluvio, y por otro el tren salía a las 7 de la mañana y no teníamos los billetes. Sin embargo, en Zagreb, aunque parecía que también iba a llover, la previsión auguraba tormentas intermitentes y de menor intensidad. Así pues, alteramos el orden y dejamos el viaje a la capital eslovena para el lunes, que ya la lluvia se habría marchado. De este modo podríamos sacar también con tiempo los billetes.

Tras deshacer las mochilas para repartirnos la ropa y unas duchas rápidas, nos fuimos a descansar entre truenos y relámpagos. Parece que sí que llegaba la lluvia. Eso sí, habíamos cerrado las ventanas y bajado las persianas para que no lloviera dentro.