Aproximación a Suiza

Hay Suiza más allá de las cuentas bancarias de nuestros políticos. Tradicionalmente se la ha conocido por su chocolate (en realidad por inventar el chocolate con leche), sus quesos, sus navajas, sus relojes, sus montañas y lagos, por Heidi y por su neutralidad. Es la sede de varios organismos internacionales como la Cruz Roja, una de las dos oficinas de la ONU en Europa, de la FIFA y la UEFA o del COI.

Suiza se encuentra en el corazón de Europa sin salida al mar. Limita al norte con Alemania, al oeste con Francia, al sur con Italia y al este con Austria y Liechtenstein. Está dividida en 26 cantones y la parte más poblada del país es el norte, donde se encuentran las ciudades y los lagos más grandes del país. Las áreas metropolitanas más grandes son Zúrich, Ginebra-Lausana, Basilea y Berna, siendo esta última la capital de facto.

La moneda oficial es el Franco Suizo (CHF) con billetes coloridos y duros de 10, 20, 50, 100, 200 y 1000 francos y monedas de 1, 2 y 5 francos y 5, 10, 20 y 50 céntimos.

Suiza fue habitada por los Helvetii, una tribu celta que le dio nombre al país: Helvetia. Después, en el año 15 a.C, el territorio sería integrado al Imperio Romano pasando a formar parte de la provincia romana de Galia Bélgica y más tarde de la provincia Germania Superior. Mientras que la parte este de la actual Suiza pertenecía a la provincia romana de Raetia.

Entre los siglos VI y VIII Suiza perteneció al Imperio Franco, hasta el año 843 cuando, con el Tratado de Verdún, el imperio quedó dividido y también Suiza, que se fragmentó entre Francia Oriental y Francia Media. En el siglo XI sería unificada por el Sacro Imperio Romano Germánico y se comenzó a desarrollar un sistema feudal.

En 1291 se firmó la Carta Federal, que sentó las bases para la fundación de la Confederación Helvética con la unión de tres cantones. A mediados del siglo XIV se sumaron dos cantones más, así como las ciudades-Estado de Lucerna, Zúrich y Berna, lo que favoreció que la confederación incrementara su poder y riqueza pasando a controlar los territorios al sur y oeste del Rin hasta los Alpes.

En 1499 Suiza se independizó del Sacro Imperio al ganar la guerra de Suabia. Sin embargo, no sería reconocida oficialmente su independencia hasta 1648 con el Tratado de Westfalia.

En 1798 Suiza fue conquistada por las fuerzas de la Revolución Francesa que impusieron una nueva constitución por la que se centralizaba el gobierno y se abolían los cantones. La nueva República Helvética se cargó las tradiciones culturales y el país se vio sometido a fuertes represiones. Así, cuando estalló la guerra, Suiza se negó a combatir con los franceses. En 1815 El Congreso de Viena le volvería a dar la independencia a Suiza configurando unas fronteras que no se han visto modificadas desde entonces.

Pero no llegaría la calma para Suiza, ya que en 1847 estalló la guerra civil cuando algunos de los cantones católicos intentaron crear una alianza, la Sonderbund. Sin embargo, la contienda duró menos de un mes, ya que la sociedad se percató de que les iría mejor si se unían. Se promulgó una constitución inspirada en la estadounidense, con un diseño federal que daba el autogobierno a los cantones. Una de las cláusulas más importantes de esta nueva constitución era la que permitía que se pudiera modificar por completo en lugar de introducir pequeños cambios cada poco tiempo. También se estipuló que para realizar cualquier alteración en la carta magna, habría que votar en referéndum. Otro de los puntos más significativos es el artículo 11, por el que se prohibió el envío de tropas al extranjero, aunque se mantuvo la excepción con la Guarda Suiza. Para evitar más conflictos religiosos, se define como Estado consociacional en el que conviven la religión católica y la protestante.

Durante la Primera Guerra Mundial, Suiza dio asilo a Lenin, y durante la Segunda, sirvió como base de espionaje para ambos bandos e intervino como mediadora. Alemania planeó su invasión en varias ocasiones y pretendía anexársela, pero sin éxito. Esta neutralidad conllevó a que el país se quedara aislado en varias ocasiones ya que ambos bandos bloquearon le bloquearon el comercio. Además, quedó rodeada por el Eje cuando se cortó la línea ferroviaria que unía el país con Francia. No obstante, aunque no fue invadida, sí que varias ciudades (como Stein am Rhein, Basilea y Zúrich) sufrieron los bombardeos de los aliados en 1944 y 1945, aunque fuera por error.

Desde mediados del siglo XX Suiza pasó de ser un país rural a uno urbanizado en el que las mujeres no pudieron votar hasta 1971.

El Gobierno está formado por 7 miembros que van rotando cada año en la presidencia. Sin embargo, este cargo no le da plenos poderes, ya que a su vez sigue desempeñando su labor en su ministerio. El Parlamento consta de dos cámaras: el Consejo Nacional, que representa al pueblo, y el Consejo de los Estados que representa a los cantones. Muy similar a nuestro Congreso y Senado, aunque ambas tienen el mismo poder y en ellas se aprueban leyes federales.

Los suizos pueden participar activamente en la política proponiendo o rechazando las leyes mediante la recogida de firmas, un proceso similar al español. Sin embargo, por lo que destaca el sistema suizo es por sus referéndums, que sí que son frecuentes y forman parte de su día a día.

Un aspecto muy importante de la identidad suiza es su neutralidad, ya que ha contribuido a mantener la confederación fuerte y unida con el paso de los siglos y de los conflictos que se han desarrollado en Europa. Suiza pertenece a Naciones Unidas y a la Asociación para la Paz de la OTAN, pero no pertenece a la organización, porque es incompatible con su principio de neutralidad. Suiza no puede ingresar en alianzas militares si no ha recibido previamente un ataque. Es decir, sus Fuerzas Armadas únicamente intervienen en defensa propia, nunca para tomar posición en conflictos internacionales o para dejar paso.

El servicio militar es obligatorio para los hombres y voluntario para las mujeres. Tras la instrucción, una vez al año vuelven al ejército para refrescar la formación, de ahí que sea frecuente ver a jóvenes vestidos de uniforme cuando van o vuelven de sus maniobras. El servicio no es obligatorio si se vive en el extranjero, pero si se regresa a Suiza, se tiene que retomar según la edad y aptitudes. Las Fuerzas Armadas suizas apenas llegan a un 5% de militares, el resto lo completan jóvenes de edades entre 20 y 34 años, quienes guardan las armas en casa. Muy curioso. También lo es ley federal de 1963 que exige que existan refugios nucleares en los sótanos de las casas y que estén abastecidos ante un posible incidente.

La localización geográfica y la historia han influenciado en la cultura de Suiza, y también en su idioma. Hay cuatro idiomas oficiales: el alemán en el norte, este y centro del país; el francés en el oeste; y el italiano en el sur. Además, hay una lengua minoritaria, el romanche, que es hablada por una minoría en el cantón de Grisones. Los ciudadanos suizos estudian mínimo tres idiomas en su etapa escolar. En primer lugar el oficial de su cantón, como segunda lengua otra lengua oficial, y además inglés. Eso sí, en la calle tanto el alemán, el francés y el italiano son unas versiones dialectales de los idiomas oficiales que se hablan en Alemania, Francia o Italia.

El alemán que se habla en Suiza se conoce como Schwyzerdütsch, y guarda cierta proximidad con el que se habla en la zona sur de Alemania, sobre todo en la pronunciación de los sonidos que se corresponden con /x/ y /r/. Sí que se mantiene el estándar en la lengua escrita, en los medios, pero en la calle se oye el alemán suizo.

Por su parte, el francés suizo difiere menos del francés de Francia, y a su vez comparte aspectos con el francés belga, como el uso de huitante para ochenta, en lugar de quatre-vingts. 

En la parte italiana del país lo que se habla es el tesinés, un dialecto lombardo con muchos préstamos del francés y del alemán.

Nosotros íbamos a visitar únicamente Basilea y Zúrich, dos ciudades en las que se habla alemán. Allá vamos.

Preparativos de una escapada a Suiza

Me he dado cuenta de que nos pasa mucho últimamente que no hemos hecho un viaje que ya tenemos planeado y ya estamos buscando el siguiente. Cuando estábamos volviendo de Escocia, surgió la escapada a Atenas y Sofía. Pero es que antes de este viaje a Grecia y Bulgaria ya teníamos el de Bombay e incluso se comenzó a gestar del que hoy comienzo nueva tanda.

Nos íbamos a Atenas un 17 de diciembre, y en una reunión familiar unos días antes, mi padre comentó que había mirado el calendario laboral de 2017 y había visto que en mayo tenía un puente muy majo ya que el día del trabajo y el de la Comunidad de Madrid caían en lunes y martes respectivamente. Tenían la idea en mente de aprovechar para ir a Escocia y visitar a mi hermano. Así pues, echamos un ojo a los vuelos. Y ya esta primera aproximación intentando diferentes combinaciones, tiraba por tierra la idea. El principal problema es que no había vuelos directos Madrid-Aberdeen, y cualquier escala hacía perder dos días, el de ida y el de vuelta, por lo que adiós puente prácticamente. Así que empezamos a valorar otros destinos.

Buscamos lugares inexplorados en Europa, por aquello de que fuera un destino próximo con pocas horas de vuelo y a ser posible sin escala. Y lo más barato que encontramos descartando lo ya visitado fue Suiza. No obstante, por situaciones familiares, la idea quedó en el aire, y no sacamos los billetes hasta un mes después. En este caso volaríamos con Iberia Express. La ida a Basilea y la vuelta desde Zúrich.

Ya en febrero reservaríamos el alojamiento. El Ibis Budget Basel City para la primera noche en Basilea y dos noches en los Apartments Swiss Star de Zúrich. En ambos casos elegimos una habitación doble y otra triple.

Escribí un correo electrónico a la Oficina de Información y Turismo de Suiza, que me envió unos folletos por correo postal. Pero como nos íbamos a Bombay, el resto de la planificación quedó pospuesta hasta nuestro regreso en abril.

Teníamos el punto de inicio, el fin y el alojamiento. Dado que no teníamos muy lejos Liechtenstein, decidimos que podríamos visitar su pequeña capital.

Así pues, a la vuelta de la India, concretamos la estructuración del viaje y sacamos los billetes de tren para ir de Basilea a Zúrich y de Zúrich a Sargans, donde cogeríamos el bus hasta Liechtenstein. Podríamos haber esperado a estar allí para comprar los billetes de tren, pero sacándolos por internet había descuento del 50% en determinados trenes (imagino que los de las horas valle). Sí que es cierto que limita en cuanto a horario y ata más; pero teniendo en cuenta que Suiza es algo cara, nos venía bien recortar gastos.

Y poco más teníamos que preparar, ya que eran cuatro días y ni siquiera íbamos a facturar. Tanto Suiza como Liechtenstein no forman parte de la UE, sin embargo, sí que pertenecen a zona Schengen y tienen acuerdos en otras áreas, por lo que son admitidos el DNI y la Tarjeta Sanitaria Europea. En cuanto a la moneda, ambos países comparten el Franco Suizo, y como siempre, lo sacaríamos al llegar a destino en un cajero, que es lo que más rentable nos sale.

Empezamos.