Nadie se acordará de ella, Kat Rosenfield

Nadie se acordará de ella de Kat Rosenfield se desarrolla en Copper Falls, un pequeño y deprimido pueblo de Maine. La historia arranca cuando una mañana de octubre Lizzie Oullette es encontrada muerta en su casa del lago tras haber sido disparada a bocajarro. Está tan desfigurada que la identifican por una marca de nacimiento en la parte superior de su torso. Todo apunta a que el culpable es su marido Dwayne, pues tenían una relación un tanto tóxica y casualmente ha desaparecido.

Es la propia Lizzie quien ejerce de narradora de su propia historia. Retrocede en el tiempo y en su relato cuenta que su padre no nació en Copper Falls y por ello siempre fue tratado como un forastero. Por extensión, ella fue tratada de la misma manera y, desde que murió su madre, ambos, padre e hija, vivieron un poco apartados en su caravana ubicada en los terrenos de la chatarrería, el negocio familiar. No obstante, en el repaso de su infancia cuenta cómo hasta cierta edad no era consciente de que los demás la consideraban «basura de caravana», pues su padre siempre le mostró afecto y consiguió maquillarle la realidad.

Lizzie fue siempre una niña muy solitaria e independiente que soñaba con abandonar el pueblo. Cuando jugaba entre chatarra oxidada, coches desguazados y muebles abandonados se imaginaba un sinfín de historias en las que ella era la protagonista lejos de aquel lugar, lejos de burlas y abusones de instituto. Sin embargo, nunca llegó a marcharse, pues con apenas la mayoría de edad se quedó embarazada y acabó casada con, precisamente, uno de los abusones. Aunque sus sueños se vieron truncados con ese matrimonio, durante años tuvo que lidiar con el resentimiento de Dwayne, que se sintió atado a ella por obligación. Además, estaban también las críticas de los vecinos, quienes, después de que sufriera un aborto, llegaron a poner en duda hubiera existido criatura siquiera. Para todo el mundo Lizzie arruinó el prometedor futuro del buen hijo del pastor.

El otro personaje relevante de la novela es Adrienne Richards, la mujer florero de un multimillonario. Buscando desconectar del mundanal ruido de la ciudad y de la controversia de las prácticas financieras poco honestas del marido, la pareja abandona por un tiempo su residencia en Boston y se esconde durante un tiempo en la remota casita del lago de Lizzie. Ambas mujeres son muy distintas, contrapuestas, de hecho. Una marcada por la pobreza y el aislamiento, la otra por el privilegio y la exposición pública; sin embargo, de  algún modo parecen establecer una estrecha relación durante la estancia. Quizá porque ambas se sienten solas a su manera, pero sobre todo porque a Adrienne le gusta ser el centro de atención, sentirse envidiada, y Lizzie la ve como un modelo aspiracional, soñando como cuando era pequeña con una vida completamente diferente a la que le ha tocado en el pequeño pueblo de Copper Falls lleno de gente de mentes estrechas.

Kat Rosenfield combina una prosa ágil y envolvente con un ritmo que alterna entre la investigación policial del inspector Bird y el desarrollo íntimo de los personajes. La historia despierta interés desde el principio con su premisa inicial de joven marginada encontrada brutalmente asesinada en un pueblo pequeño. Ya sabemos que este tipo de acontecimientos en comunidades pequeñas saca lo peor de sus habitantes. Sin embargo, cuando consiguió engancharme fue al llegar a la segunda parte. El giro de guion ayuda a entender cómo estaban conectadas estas dos mujeres y por qué era relevante la historia de Adrianne en la muerte de Lizzie. Es entonces cuando encajan las piezas y quieres ver cómo acaba.

Nadie se acordará de ella es un thriller en que el misterio se mezcla con la crítica social. La tensión se construye a través de engaños y secretos mientras quedan en evidencia los contrastes entre la vida rural empobrecida y el mundo de apariencias y derroche de las élites urbanas. Y aunque la novela es un tanto cruda en ocasiones, lo cierto es que no podía ser de otra manera abordando temas como la discriminación por no formar parte desde siempre de una comunidad, la misoginia, el abuso de sustancias, o las diferencias de clase. Llevaba un tiempo un tanto desencantada con mis lecturas, pero con esta última he recuperado la fe. A ver si se mantiene la racha.